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<journal-title><![CDATA[Revista Colombiana de Psiquiatría]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Asociacion Colombiana de Psiquiatria.]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El celador dormilón]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Sleepy Watchman]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Docente Universidad del Cauca  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Presenting a case of narcolepsy in a man, 36 years old, night watchman, discuss about ethiology, physiopathology, diagnosis process and the laboral implications of the sleep disorders.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">     <p><b>Reporte de Caso</b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="4"><b>El celador dormil&oacute;n</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="3"><b>The Sleepy Watchman.</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b> Andr&eacute;s Dulcey<sup>1</sup></b></p>     <p><sup>1 </sup>M&eacute;dico- Psiquiatra. Docente Universidad del Cauca</p> <hr size="1">     <p> <b>Resumen</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Este art&iacute;culo presenta un caso de narcolepsia en un paciente de 36    a&ntilde;os de edad, celador de   profesi&oacute;n; se discuten la etiolog&iacute;a, la fisiopatolog&iacute;a,    el proceso diagn&oacute;stico y las implicaciones   laborales de los trastornos de sue&ntilde;o.</p>     <p><b> Palabras clave</b>: narcolepsia, sue&ntilde;o, polisomniograma, test de    latencias m&uacute;ltiples de sue&ntilde;o,   alucinaciones hipnag&oacute;gicas.</p> <hr size="1">     <p>   <b>Abstract</b></p>     <p> Presenting a case of narcolepsy in a man, 36 years old, night watchman, discuss    about   ethiology, physiopathology, diagnosis process and the laboral implications of    the sleep   disorders.</p>     <p><b> Key words</b>: narcolepsy, sleep, polisomniography, multiple sleep latency    test, hypnagogic   hallucination. </p> <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p>Un adulto de 36 a&ntilde;os de edad,   celador, es remitido al servicio de   Psiquiatr&iacute;a desde la dependencia de   Salud Ocupacional de su empresa.   El motivo de tal remisi&oacute;n es la fuerte   sospecha de los superiores de encontrarse   ante un caso de simulaci&oacute;n   por parte del paciente, quien   aparentemente intenta evadir unas   sanciones, consecuencia de un proceso   disciplinario en su contra.</p>     <p>En los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os, el paciente   se ha quedado dormido en   todas partes y a todas horas; adicional   a esto, ha presentado &#39;desmayos&#39;   durante el ejercicio de sus   labores, lo cual condujo a la realizaci&oacute;n   de diversos estudios paracl&iacute;nicos:   electroencefalogramas con   deprivaci&oacute;n de sue&ntilde;o (en tres ocasiones)   electrocardiogramas (en   cuatro ocasiones), mediciones de   glucemia en ayunas, curva de glucemia   y hemogramas (en m&aacute;s de diez   ocasiones). Dado que todos y cada   uno de estos ex&aacute;menes paracl&iacute;nicos   fueron normales, se presume que   el paciente est&aacute; fingiendo una patolog&iacute;a,   pues se encuentra ad portas de un despido; por esa raz&oacute;n se   remite a Psiquiatr&iacute;a, para concederle   el beneficio de la duda o, bien,   confirmar tal sospecha y, de ser   posible, despedirlo.</p>     <p>Al interrogar al celador, &eacute;ste   expone que desde su adolescencia,   pero agravado en los &uacute;ltimos cinco   a&ntilde;os, presenta episodios de sue&ntilde;o   incontrolables, los cuales han incrementado   su n&uacute;mero, al punto que   han pasado de ser algo espor&aacute;dico   a tener una periodicidad diaria. Asociado   con esto, presenta una excesiva   y casi constante somnolencia.   En los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os, adem&aacute;s de   lo anterior, describe episodios que   &eacute;l denomina &quot;una muerte chiquita&quot;,   consistentes en la incapacidad para   mover segmentos de su cuerpo: la   mand&iacute;bula o dificultad para articular   las palabras, y recientemente   una ca&iacute;da al piso en la que no pod&iacute;a   mover un solo m&uacute;sculo, todo ello   sin relajaci&oacute;n de esf&iacute;nteres y sin   confusi&oacute;n posterior. Estos eventos   se disparan o tornan m&aacute;s graves en   situaciones de tensi&oacute;n emocional   extrema: &quot;en plena indagatoria del   disciplinario me desmay&eacute;&quot;.</p>     <p>Tres meses antes de la consulta   aparece un signo muy perturbador   para nuestro celador, quien asegura   estar &quot;viendo pitufos&quot;. Dice ver unas   figuras peque&ntilde;as, antropom&oacute;rficas,   que salen de las paredes, del techo   y del piso bailando ante sus ojos.   Posterior a esto cae al piso y pierde   la conciencia por pocos minutos.   Entre sus antecedentes personales   figura uno que sucedi&oacute; en   1997: sufri&oacute; un traumatismo encefalocraneano   grave, con estado de   coma por lapso de 17 d&iacute;as, por el   que fue intervenido quir&uacute;rgicamente   para el drenaje de un hematoma   epidural derecho. Al cabo de cuatro   meses se recuper&oacute; sin aparentes   secuelas funcionales. El paciente   enfatiza mucho en que su somnolencia   y sus crisis de sue&ntilde;o empeoraron   seriamente a partir de ese incidente,   pero que desde su adolescencia   ya estaban presentes. En   abril del 2000 se le practica una   resonancia nucleomagn&eacute;tica de cerebro,   la cual, aparte de la cicatriz   quir&uacute;rgica poscraneotom&iacute;a, es   normal.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El manejo previo de este paciente   ha sido claramente multidisciplinario:   neur&oacute;logos, cardi&oacute;logos, internistas,   m&eacute;dicos naturistas y brujos,   quienes han sugerido diversos   diagn&oacute;sticos como epilepsia, s&iacute;ncope,   anemia, hipoglucemia y un maleficio.   Los manejos planteados han   partido desde las recomendaciones   diet&eacute;ticas y los suplementos vitam&iacute;nicos,   una &#39;limpia&#39;, hasta la medicaci&oacute;n   de piracetam, fenitoina y   carbamacepina. En vista de que los   anteriores diagn&oacute;sticos planteados   se descartan, su m&eacute;dico laboral   sugiere el diagn&oacute;stico de simulaci&oacute;n   y remite a psiquiatr&iacute;a.</p>     <p> La cl&iacute;nica de este paciente concordaba   claramente con las descripciones de Gelineau (1) acerca de la   narcolepsia: somnolencia excesiva,   crisis de sue&ntilde;o incontrolable, episodios   de p&eacute;rdida del tono muscular,   par&aacute;lisis del sue&ntilde;o y la aparici&oacute;n   de alucinaciones hipnag&oacute;gicas.   Cabe resaltar c&oacute;mo los signos de la   narcolepsia aparecieron en una progresi&oacute;n   temporal (las crisis de aton&iacute;a   y las alucinaciones s&oacute;lo se presentaron   tard&iacute;amente), lo cual, en   principio, dificultaba el diagn&oacute;stico,   al no corresponder su cuadro con   las descripciones cl&aacute;sicas.</p>     <p> Con lo anterior, se ordena la   realizaci&oacute;n de un estudio polisomniogr&aacute;fico   y un posterior test de latencias   m&uacute;ltiples de sue&ntilde;o, los cuales   confirmaron la sospecha de narcolepsia   (v&eacute;anse figuras <a href="#fig1">1</a> y <a href="#fig2">2</a>).</p>           <p>    <center><a name="fig1"><img src="img/revistas/rcp/v32n4/v32n4a07fig1.gif"></a></center></p>             <p>    <center><a name="fig2"><img src="img/revistas/rcp/v32n4/v32n4a07fig2.gif"></a></center></p>     <p>El m&eacute;todo utilizado en los estudios   consisti&oacute; en la aplicaci&oacute;n de   electrodos para electroencefalograma   en las zonas cef&aacute;lica, seg&uacute;n el   sistema internacional 10/20; periocular,   para registro de los movimientos   oculares, y precordial, para   el respectivo electrocardiograma, as&iacute;   como en dos m&uacute;sculos estriados,   para el electromiograma. Incluy&oacute;,   adem&aacute;s, un ox&iacute;metro de pulso e instrumentos   de medida para el flujo   a&eacute;reo oronasal. La interpretaci&oacute;n de   los resultados tom&oacute; en cuenta los criterios   de Restchaffen y Kales.</p>     <p> El informe del polisomniograma   resalta una eficiencia de sue&ntilde;o muy   aumentada, con un breve per&iacute;odo de   latencia REM, el cual en condiciones   normales dura aproximadamente 45minutos, pero en el caso de este paciente   tuvo una duraci&oacute;n muy corta:   ocho minutos; adem&aacute;s de esto,   el tiempo de latencia del sue&ntilde;o (el   per&iacute;odo entre el acostarse e iniciar   franca actividad de sue&ntilde;o) fue brev&iacute;simo   (tres minutos &uacute;nicamente).   Estos resultados suger&iacute;an fuertemente   una narcolepsia, aunque tambi&eacute;n   pod&iacute;an deberse a una simple   deprivaci&oacute;n de sue&ntilde;o la noche anterior,   y dado el empleo del paciente   como celador era necesario un nuevo   examen confirmatorio: el test de   latencia m&uacute;ltiples de sue&ntilde;o. No sobra   anotar que este paciente no hab&iacute;a   realizado turnos nocturnos en las   &uacute;ltimas quince noches antes del estudio.   Otras causas de somnolencia,   como el s&iacute;ndrome de apnea obstructiva   del sue&ntilde;o, se descartaron al no   registrarse episodios de desaturaciones   de ox&iacute;geno, ya que el n&uacute;mero de   apneas y ronquidos registrados no   alcanza a exceder los l&iacute;mites normales   para estos eventos.</p>     <p> El test de latencias m&uacute;ltiples   registra una actividad de sue&ntilde;o   diurno horas despu&eacute;s de que el celador   despierta, luego de un estudio   polisomniogr&aacute;fico. En este caso   se someti&oacute; d&iacute;as m&aacute;s tarde a un nuevo   polisomniograma con las mismas   especificaciones t&eacute;cnicas, el cual   arroj&oacute; id&eacute;nticos resultados, y despu&eacute;s   de levantarse de su sue&ntilde;o (de   8 horas 25 minutos de duraci&oacute;n) se   inici&oacute; a las 07:00 de la ma&ntilde;ana el   test de latencias m&uacute;ltiples de sue&ntilde;o,   que mostr&oacute; los siguientes   resultados:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El paciente, luego de una noche   de sue&ntilde;o tranquilo, pleno y   reparador, durmi&oacute; cinco siestas enuna ma&ntilde;ana, las cuales sumaron    1   hora 35 minutos de duraci&oacute;n, con   tiempos de latencia muy breves (de   menos de diez minutos cada uno) y   entr&oacute; en un sue&ntilde;o REM directamente   en una ocasi&oacute;n. Estos datos son   absolutamente confirmatorios del   diagn&oacute;stico de narcolepsia. Normalmente   los per&iacute;odos de latencia para   el sue&ntilde;o son de 12 minutos, y para   el sue&ntilde;o REM entre 45 y 90 minutos,   por eso una latencia REM m&iacute;nima,   como en este caso, luego de   una noche de sue&ntilde;o profundo, asegura   el diagn&oacute;stico. </p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Discusi&oacute;n</font></b></p>     <p>La narcolepsia es una entidad   descrita desde el siglo XIX por el   m&eacute;dico Eduoard Gelineau, quien   &#8212;fiel a la escuela m&eacute;dica francesa&#8212;   realiz&oacute; una esmerada y precisa descripci&oacute;n   cl&iacute;nica de un caso, bautizado   por &eacute;l como &laquo;el pollero dormil&oacute;n   &raquo;, de un paciente vendedor de   aves, quien sufr&iacute;a hasta de 200 episodios   al d&iacute;a de crisis incontrolables   de sue&ntilde;o. Gelineau traz&oacute; con nitidez   las diferencias cl&iacute;nicas entre un   evento epil&eacute;ptico y la narcolepsia,   as&iacute; como las existentes entre una   hipersomnia continua, como las   causadas por apnea obstructiva del   sue&ntilde;o, y las crisis agudas de sue&ntilde;o   incontrolable presentes en la   narcolepsia.</p>     <p>Pareciera que su fisiopatolog&iacute;a   est&aacute; bien comprendida, pues se define   como una intromisi&oacute;n del sue&ntilde;o   REM en la vigilia, que desata s&uacute;bitamente   todos los fen&oacute;menos de   aparici&oacute;n normal durante el REM:   p&eacute;rdida del tono muscular y par&aacute;lisis,   lo cual explica las ca&iacute;das al piso;   alucinaciones hipnag&oacute;gicas, las   cuales ser&iacute;an un equivalente a so&ntilde;ar   despierto, y crisis inexplicables de   sue&ntilde;o. Es de anotar c&oacute;mo esta enfermedad   puede constituirse en un   reto para el cl&iacute;nico, cuando las alucinaciones   son el elemento fenomenol&oacute;gico   m&aacute;s evidente, y de hecho   se aconseja tomarla como diagn&oacute;stico   diferencial para un episodio   esquizofreniforme agudo (2).</p>     <p>Un estudio reciente comprueba   c&oacute;mo los pacientes narcol&eacute;pticos y   aqu&eacute;llos con hipersomnio idiop&aacute;tico   presentan un d&eacute;ficit de producci&oacute;n   del p&eacute;ptido hipocretina, (llamado   tambi&eacute;n orexina) en el l&iacute;quido cefalorraqu&iacute;deo.   Este p&eacute;ptido se encuentra   involucrado en la supresi&oacute;n   fisiol&oacute;gica de la aton&iacute;a muscular   normal que se presenta durante el   REM y por ese motivo su ausencia   podr&iacute;a explicarnos la raz&oacute;n de las   crisis catapl&eacute;jicas en esta enfermedad.   Para la asociaci&oacute;n hipersomnio   idiop&aacute;tico-hipocretina baja, los autores   de ese trabajo no se atreven   todav&iacute;a a sugerir hip&oacute;tesis explicativas   (3),(4).</p>     <p>Si bien la fisiopatolog&iacute;a parece   conocerse, o existe por lo menos una   hip&oacute;tesis elegante para explicarla,   con la etiolog&iacute;a no parece habersellegado a una aproximaci&oacute;n clara    y   en la actualidad se sugieren las siguientes   ideas:</p>     <p>En primer lugar, es de origen   gen&eacute;tico: esto basado inicialmente   en los estudios de William Dement,   quien observ&oacute; los mismos cambios   cl&iacute;nicos de la narcolepsia en perros   Doberm&aacute;n y hall&oacute; adem&aacute;s un patr&oacute;n   de transmisi&oacute;n hereditario   autos&oacute;mico recesivo para esta enfermedad:   si padre y madre eran   narcol&eacute;pticos, toda su camada lo ser&iacute;a   tambi&eacute;n; si uno solo de los progenitores   era narcol&eacute;ptico, un 25% de   la camada presentar&iacute;a el problema   (5). Posteriormente, en 1984, Honda,   Juji y Sato, en el Jap&oacute;n, describieron   c&oacute;mo en el 100% de sus narcol&eacute;pticos   estudiados estaba presente   el ant&iacute;geno de histocompatibilidad   leucocitario HLA DR2 (6);   sin embargo, la euforia inicial del   descubrimiento disminuy&oacute; notoriamente   tiempo despu&eacute;s al comprobar   c&oacute;mo en pacientes narcol&eacute;pticos   no asi&aacute;ticos este marcador de histocompatibilidad   no era ni suficiente   ni necesario para diagnosticar esta   patolog&iacute;a, ya que tambi&eacute;n existen   casos documentados de gemelos   monocig&oacute;ticos en los cuales uno es   narcol&eacute;ptico y el otro no.</p>     <p>Adem&aacute;s del ant&iacute;geno inicialmente   descrito, se han reportado   otros como el HLA DQB1*602 (7),   el cual est&aacute; presente en el 90% de   los narcol&eacute;pticos de Estados Unidos,   por lo que ni es necesario ni   suficiente para desencadenar la enfermedad.   Aparentemente, estamos   ante una enfermedad de gen&eacute;tica   compleja en la cual, probablemente,   varios genes originan un fenotipo   igual o parecido, y adem&aacute;s requieren   ciertos factores favorecedores   del ambiente para desencadenarla.</p>     <p>En segundo lugar, es de origen   autoinmune: el grupo de Jerome   Siegel, en la Universidad de California,   al estudiar los cerebros de una   cepa de perros narcol&eacute;pticos, ha detectado   cambios histol&oacute;gicos en el   complejo nuclear amigdalino de estos   animales, cambios que sugieren   fuertemente una reacci&oacute;n autoinmune,   la cual s&oacute;lo est&aacute; presente   al inicio de la enfermedad y provoca   una suerte de encefalopat&iacute;a est&aacute;tica,   no progresiva (8).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La prevalencia de la narcolepsia   var&iacute;a notoriamente, de 1 por cada   10.000 habitantes en Israel, hasta   1 por cada 2.000 en el Jap&oacute;n; en   nuestro pa&iacute;s, al no disponer de estad&iacute;sticas   precisas, debemos trabajar   con cifras importadas, asumiendo   que &eacute;sta es una patolog&iacute;a poco   frecuente (9). Este &uacute;ltimo hecho tal   vez explique por qu&eacute; en este caso   se lleg&oacute; a su diagn&oacute;stico en una etapa   tard&iacute;a, y debemos empezar a preguntarnos   si no ser&aacute; necesario considerar   el estudio rutinario de la medicina   de sue&ntilde;o en varias profesiones,   como la de celador, la m&eacute;dica,   la de conducci&oacute;n, etc&eacute;tera.</p>     <p>Este caso es llamativo por las   variadas hip&oacute;tesis diagn&oacute;sticas que   provoc&oacute;; por la aparici&oacute;n escalonada   de sus s&iacute;ntomas, lo cual no es   habitual, y por la progresi&oacute;n en   cuanto a la gravedad de sus manifestaciones,   ya que probablemente   el traumatismo encefalocraneano y   el estado de coma posterior actuaron   como factores agravantes de   una patolog&iacute;a preexistente. El paciente   actualmente recibe un manejo   con ritalina, lo cual asociado a   una reubicaci&oacute;n laboral ha mejorado   satisfactoriamente su calidad de   vida.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3"> Bibliograf&iacute;a</font></b></p>     <!-- ref --><p> 1. Gelineau J. De la narcolepsie. Goz Hop   Par&iacute;s 1880;53:626-37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0034-7450200300040000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 2. Bhat S. Narcolepsy presenting as schizophrenia.   American Journal of   Psychiatry 2002; 150(7):1245-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S0034-7450200300040000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 3. Ebrahim I, Sharief Mk, De Lacy S, Semra   YK. Hipocretin (orexin) deficiency   in narcolepsy and primary hipersomnio.   Journal of Neurology, Neurosurgery and   Psychiatry 2003;74(1):127-38.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0034-7450200300040000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 4. Thannickal TC, Moore RY, Nienhuis R.   Reduced number of hipocretin neurons   in human narcolepsy. Neuron 2000;   27:469-74.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S0034-7450200300040000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 5. Dement W, Restchaffen A, Gulevich G.   The nature of narcoleptic sleep attack.   Neurology 1966;16:18-33.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0034-7450200300040000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 6. Juji T, Honda Y, Sato K. HLA antigens in   patients with narcolepsy: all patients   were positive. Tissue Antigens 1984;24:   316-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0034-7450200300040000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 7. Mignot E. Perspectives in narcolepsy   research and therapy. Current Opinion   in Pulmonary Medicine 1996;2:482-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0034-7450200300040000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 8. Siegel J. Narcolepsia. Investigaci&oacute;n y   Ciencia 2000;282:46-51.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0034-7450200300040000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 9. Lavi&eacute; P. Narcolepsia: inversi&oacute;n del orden   natural. En: Lavi&eacute; Peretz. El fascinante   mundo del sue&ntilde;o. Barcelona: Grijalbo   Mondadori; 1997. p. 234-42.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0034-7450200300040000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 10. Dulcey A. Trastornos del sue&ntilde;o. En: G&oacute;mez-   Restrepo C, Hern&aacute;ndez Bayona G,   Rojas Urrego A, Santacruz Oleas H, Uribe   Restrepo M, editors. Fundamentos   de psiquiatr&iacute;a cl&iacute;nica ni&ntilde;os adolescentes   y adultos. Bogot&aacute;: Centro Editorial Javeriano   (CEJA); 2002. p. 561-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0034-7450200300040000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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