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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p>Epistemología, filosofía de la mente y bioética</p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="4"><b>El advenimiento de la met&aacute;fora mente-computador<a href="#l1" name="1" >*</a>    Del alma al software (3)</b></font></p>     <p>&nbsp; </p>     <p><b>Felipe de Brigard</b><a href="#l2" name="2">**</a></p>     <p> <a href="#1" name="l1">*</a> En el art&iacute;culo pasado consideramos, en    primera instancia, los argumentos en contra de la   postura conductista. Dicho an&aacute;lisis nos llev&oacute; a los or&iacute;genes    del reduccionismo fisicalista en la   teor&iacute;a de identidad de tipos. Sin embargo, tras considerar sus m&aacute;s    importantes objeciones, llegamos   a una sin salida, en la que el materialismo eliminativo parec&iacute;a ser la    soluci&oacute;n. Ahora la historia se   bifurca. Lo que sigue a continuaci&oacute;n no ha de verse necesariamente como    una cr&iacute;tica al materialismo   eliminativo, pues es bien sabido que una rama importante &#8212;y muy comedida&#8212;    de la filosof&iacute;a de   la mente y de las ciencias cognitivas sigue siendo partidaria de esta corriente.    La teor&iacute;a de identidad   de instancias, con la que comienza esta &uacute;ltima parte, puede verse como    una alternativa a la ya   mencionada teor&iacute;a de identidad de tipos, m&aacute;s que como una propuesta    contra el materialismo   eliminativo (aunque oponerlas no resulta en lo absoluto descabellado). Al igual    que en el art&iacute;culo   pasado, la numeraci&oacute;n de las tesis y los subt&iacute;tulos mantiene coherencia    con los anteriores.</p>     <p> <a href="#2" name="l2">**</a> Pontificia Universidad Javeriana. Facultad de    Filosof&iacute;a. </p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Teor&iacute;a de identidad de instancias</b></p>     <p> Existe, por otra parte, una versi&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil de la teor&iacute;a    de identidad que,   en lugar de exigir una equivalencia entre tipos de estados mentales y   tipos de estados f&iacute;sicos o cerebrales, sostiene que:</p>     <p> &#91;Enunciado 9&#93; Para cada instancia o ejemplar (token) particular   de un estado/suceso mental deber&aacute; haber alg&uacute;n estado/   suceso o estado neurofisiol&oacute;gico al que sea id&eacute;ntico (tesis de   la identidad de instancias).</p>     <p> Esto implica, por otra parte, que una persona puede estar en el mismo   estado mental en dos ocasiones distintas pero, en cada una, en un tipo de   estado cerebral diferente, y viceversa.</p>     <p> Una de las versiones m&aacute;s controvertidas de la teor&iacute;a de identidad    de instancias   la propuso hace unos a&ntilde;os Donald Davidson. &Eacute;l sosten&iacute;a    que los   materialistas se enfrentan a una aparente contradicci&oacute;n a la hora de    responder la pregunta: &quot;&iquest;c&oacute;mo puede   reconciliarse el hecho de que los estados   mentales se resistan a ser   capturados por la red nomol&oacute;gica   de la teor&iacute;a f&iacute;sica, con el hecho de   que ellos juegan un papel causal en   el mundo f&iacute;sico?&quot; (1). Y la contradicci&oacute;n   surge -en su opini&oacute;n- de la   supuesta imposibilidad de reconciliar   tres principios aceptados por los   materialistas: (1) el principio de   interacci&oacute;n causal, que sostiene que   por lo menos algunos sucesos mentales   interact&uacute;an causalmente con   sucesos f&iacute;sicos; (2) el principio del   car&aacute;cter nomol&oacute;gico de la causalidad,   que dice que donde hay causalidad   hay una ley, esto es, los sucesos   relacionados como causa y   efecto caen bajo leyes deterministas   estrictas, y (3) el principio de la anomal&iacute;a   de lo mental, que propone que   no hay leyes deterministas estrictas   bas&aacute;ndose en las cuales puedan   predecirse y explicarse los sucesos   mentales.</p>     <p> As&iacute;, para evitar la pretendida inconsistencia   que acarrear&iacute;a aceptarlos   sin m&aacute;s, Davidson propuso una   nueva postura -conocida como   monismo an&oacute;malo- que, a pesar de   afirmar que un mismo evento puede   ser a la vez f&iacute;sico y mental (de   ah&iacute; que sea monismo), niega la   existencia de leyes que relacionen   la descripci&oacute;n mental con la descripci&oacute;n   f&iacute;sica (por lo cual es an&oacute;malo).   De ah&iacute; que asevere: &quot;El monismo   an&oacute;malo se parece al materialismo   al afirmar que todos los eventos son   f&iacute;sicos, pero rechaza la tesis, usualmente   considerada esencial para el   materialismo, de que los fen&oacute;menos   mentales pueden ser dados en explicaciones   puramente f&iacute;sicas&quot; (1).La raz&oacute;n de este rechazo, dice   &eacute;l, es que si bien podr&iacute;amos llegar a   desarrollar generalizaciones que ligaran   eventos descritos en t&eacute;rminos   mentales con eventos descritos f&iacute;sicamente,   estas generalizaciones   no tendr&iacute;an el car&aacute;cter de una ley,   es decir, no ser&iacute;an legaliformes;   pues los predicados que se unir&iacute;an   en ese enunciado pertenecen a vocabularios   distintos. Lo m&aacute;ximo que   &eacute;stas podr&iacute;an hacer por nosotros   ser&iacute;a proveernos de &quot;sabidur&iacute;as   pr&aacute;cticas&quot;, que asumir&iacute;amos como   toscamente ciertas y en virtud de   las cuales formular&iacute;amos predicciones   en t&eacute;rminos, si acaso, probabil&iacute;sticos.   Para que pudi&eacute;ramos   formular leyes psicof&iacute;sicas adecuadas,   los predicados mentales, por   un lado, y los predicados f&iacute;sicos, por   otro, que se vincularan en &eacute;stas,   deber&iacute;an pertenecer a un mismo   marco ling&uuml;&iacute;stico cerrado, &quot;pero no   es plausible que los conceptos mentales   puedan proveernos de un   marco tal, simplemente porque lo   mental no constituye, en principio,   un sistema cerrado&quot; (1). As&iacute;, el monismo   an&oacute;malo se convierte en una   teor&iacute;a materialista de la mente que   se opone al reduccionismo, pero no   neg&aacute;ndolo desde un punto de vista   ontol&oacute;gico, sino desde uno nomol&oacute;gico.</p>     <p>Una de las ventajas que, se supone,   presenta esta postura frente   a la vieja teor&iacute;a de identidad de tipos   es que resiste las cr&iacute;ticas modales   de Kripke a la identidad.McGinn (2) desarroll&oacute; con cierto   detalle este argumento a favor de la   teor&iacute;a del monismo an&oacute;malo. De   acuerdo con su exposici&oacute;n, la teor&iacute;a   de identidad de instancias permite   que &quot;ellos [los ejemplares de   estados mentales] puedan ser (y ser   esencialmente) de un tipo tal que   otros ejemplares de ese tipo fallen   en tener propiedades que ellos, qua   ejemplares, necesariamente tienen&quot;   (2). De esta forma, cuando las propiedades   que vinculan los dos lados   de la identidad son esenciales   a los eventos f&iacute;sicos y a los eventos   mentales como ejemplares y no   como tipos, la relaci&oacute;n puede entenderse   como necesaria para estos   casos en particular, y se evita as&iacute; la   tentaci&oacute;n de entender tambi&eacute;n esta   identidad como contingente.</p>     <p> No obstante, sostener la postura   de la identidad de instancias nos   acerca a una dif&iacute;cil conclusi&oacute;n: si   es verdad que s&oacute;lo hay eventos f&iacute;sicos   en el mundo, de los cuales algunos   de ellos son a la vez mentales,   pero no es posible formular leyes   psicof&iacute;sicas estrictas, entonces la   posibilidad de llevar a cabo una psicolog&iacute;a   cient&iacute;fica -esto es, con leyes   cient&iacute;ficas- se pondr&iacute;a peligrosamente   en tela de juicio. Un an&aacute;lisis   de los eventos mentales en t&eacute;rminos   &uacute;nicamente de sus ejemplares   nos impedir&iacute;a, por ejemplo, dar razones   de por qu&eacute;, si es que no compartimos   un tipo de estado mental,   podemos, a pesar de ello, coincidir   en tener una determinada creencia   o esperanza. Al parecer, dicen sus   objetores, la &uacute;nica manera en que   podemos establecer leyes psicof&iacute;sicas   estrictas es reconciliando tipos de   estados mentales y tipos de estados   f&iacute;sicos pero, como vimos anteriormente,   esto no se puede hacer.</p>     <p> Por ello -entre otras razones-   surgi&oacute; una postura que no s&oacute;lo permite   formular leyes de este estilo   sino que, adem&aacute;s, resulta compatible   con la teor&iacute;a de identidad de instancias.En lugar de promulgar   correlaciones entre tipos de estados   f&iacute;sicos y tipos de estados mentales,   en virtud de alguna propiedad f&iacute;sica   compartida por todos los ejemplares   de dicha clase, lo hace en   virtud de una propiedad funcional.   Coincide con la teor&iacute;a de identidad   de instancias al afirmar que cada   ejemplar de estado mental es id&eacute;ntico   a un estado f&iacute;sico particular   (que, como veremos, no tiene que   ser necesariamente cerebral), pero   se separa de ella -y, en general, de   las teor&iacute;as fisicalistas- al proponer   que las descripciones de los estados   mentales deben darse en t&eacute;rminos   funcionales. Esta teor&iacute;a se   conoce como funcionalismo, y terminaremos   este breve paso por la   historia de la filosof&iacute;a de la mente   con un an&aacute;lisis de sus principales   caracter&iacute;sticas.</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Funcionalismo</b></font></p>     <p> El funcionalismo constituye   una de las m&aacute;s importantes teor&iacute;as   filos&oacute;ficas sobre la mente de los &uacute;ltimos   tiempos. Aunque existen algunas   variantes de la teor&iacute;a, todas   ellas coinciden en la idea primigenia   de que:</p>     <p> &#91;Enunciado 10&#93; La caracter&iacute;stica   esencial o definitoria de un estado   mental es el conjunto de las   interacciones causales mutuas   que mantiene con (1) los efectos   del ambiente sobre el cuerpo (o   est&iacute;mulos), (2) otros estados mentales   y (3) el comportamiento corporal   (tesis funcionalista).</p>     <p> Probablemente, como anota   Block (3), el funcionalismo en su   versi&oacute;n original tiene dos fuentes   principales: por una parte, la opini&oacute;n   expuesta por Smart (4), quien,   preocupado por el hecho de que los   estados mentales parec&iacute;an tener   propiedades tanto f&iacute;sicas como   irreductiblemente mentales, propone   para ellos un an&aacute;lisis conceptual   &quot;tem&aacute;ticamente neutral&quot;, cuyo objetivo   era formular descripciones de   los estados mentales que no se comprometieran   ni con la f&iacute;sica ni con   la mente. Esta idea promovi&oacute; una   l&iacute;nea investigativa en la que el lenguaje   utilizado para describir los   estados mentales carec&iacute;a de un compromiso   ontol&oacute;gico, lo cual, como   veremos, es una de las caracter&iacute;sticas   m&aacute;s importantes del funcionalismo.</p>     <p> La otra fuente se remonta a   1960, cuando Putnam (5) propuso   comparar los estados mentales de   una persona con los estados de una   tabla de una m&aacute;quina de Turing, vali&eacute;ndose   de la noci&oacute;n de equivalencia   funcional. En t&eacute;rminos muy   generales, una m&aacute;quina de Turing   puede describirse como un dispositivo   abstracto para resolver funciones   matem&aacute;ticas de forma   totalmente mec&aacute;nica, en virtud de   una serie de reglas determinadas   que especifican el modo en que la   m&aacute;quina ha de comportarse seg&uacute;n   sus datos de entrada, sus datos de   salida y otros estados en que pudiere   encontrarse. Al conjunto de   reglas que gobiernan las operaciones   de la m&aacute;quina se le llama tabla   de la m&aacute;quina. As&iacute;, Putnam propuso   entender a los seres con estados   mentales como si fueran funcionalmente   isom&oacute;rficos o equivalentes   a una determinada tabla de   m&aacute;quina de Turing, de forma que   pudiera darse una correspondencia   uno-a-uno entre sus estados mentales   y los estados de dicha tabla.La posibilidad de esta equivalencia   funcional lo llev&oacute;, en consecuencia,   a suponer que los seres con estados   mentales pod&iacute;an considerarse   aut&oacute;matas probabil&iacute;sticos (aunque,   estrictamente, la versi&oacute;n de m&aacute;quina   que Turing propuso era determin&iacute;stica),   en el sentido en que la tabla   de m&aacute;quina que gobernar&iacute;a el comportamiento   global del sistema estar&iacute;a   definida seg&uacute;n unas ciertas   probabilidades de emitir tal o cualoutput (o dato de salida), y ciertas   otras probabilidades de pasar a tal   o cual estado subsiguiente, en virtud   de un espec&iacute;fico input (o dato   de entrada).</p>     <p> Aunque este modo de pensar   puede ser similar al conductismo,   dado que nuestros criterios para   identificar si un organismo est&aacute; o   no, digamos, en estado de &#39;dolor&#39; siguen   siendo comportamentales, tiene   una importante diferencia con   aqu&eacute;l, al sostener que una caracterizaci&oacute;n   adecuada de los estados   mentales involucra una ineliminable   referencia a otros estados mentales   internos con los cuales est&aacute;   relacionado. Adem&aacute;s, se opone tambi&eacute;n   al reduccionismo fisicalista de   la teor&iacute;a de identidad de tipos, al argumentar   que no es en virtud de   una propiedad f&iacute;sica, sino m&aacute;s bien   de una propiedad funcional, esto es,   un determinado rol causal dentro   de la organizaci&oacute;n funcional del organismo   (6) hace que un espec&iacute;fico   estado mental sea de tal o cual tipo.   De ah&iacute; que Putnam afirme que los   predicados psicol&oacute;gicos son independientes   de los predicados f&iacute;sicos,   puesto que no es posible llegar a   una identificaci&oacute;n entre los unos y   los otros:</p>     <p> ...si podemos encontrar aunque   sea s&oacute;lo un predicado psicol&oacute;gico   que pueda claramente ser aplicado   tanto a un mam&iacute;fero como   a un pulpo (digamos &quot;hambriento&quot;)   pero cuyos correlatos f&iacute;sicoqu&iacute;micos   sean diferentes en los   dos casos, la teor&iacute;a del estadocerebro   &#91;reduccionismo fisicalista   de la teor&iacute;a de identidad de tipos]   ha colapsado. (6)</p>     <p> Es en este sentido -en el que   debe entenderse la independencia   ontol&oacute;gica del funcionalismo-, lo   importante para &#39;lo mental&#39; no es la   materia con que una criatura est&aacute;   hecha, sino la estructura de las   actividades internas, es decir, el   conjunto de operaciones o computaciones   que dicha materia soporta.Tambi&eacute;n debe quedar claro que   el hecho de que el funcionalismo se   oponga a la idea de reducir la mente   a la f&iacute;sica no significa que sea   incompatible con ella, as&iacute; como tampoco   resultar&iacute;a incompatible con   una teor&iacute;a dualista, dado que podr&iacute;a   ser posible que un sistema con   cuerpo y alma fuera un aut&oacute;mata   probabil&iacute;stico (6). Lo que busca, en   cambio, al caracterizar los estados   mentales como funcionales, es que   los intereses de la psicolog&iacute;a se establezcan   en una forma que abstrae   la actividad mental de su constituci&oacute;n   f&iacute;sica. As&iacute;, veamos qu&eacute; tendr&iacute;a   que decir el funcionalismo con respecto   a cada una de las tesis que   arroj&oacute; el an&aacute;lisis de las secciones   anteriores.</p>     <p> En primer lugar, puede considerarse   que, en un sentido, coincide   con la tesis de la teor&iacute;a de identidad   de instancias (enunciado 9),   al aceptar que, en el caso de los seres   humanos, para cada ejemplarparticular de estado mental debe   haber un estado cerebral que le corresponda.   No obstante, se distancia   un poco de &eacute;sta cuando afirma   su independencia ontol&oacute;gica con   respecto a un tipo particular de   material que insta a determinada   funci&oacute;n, dado que es con su descripci&oacute;n   funcional -y no con el tipo   de sustancia que la soporta- con lo   que ha de identificarse un estado   mental. En segundo lugar, se opone   radicalmente a la tesis del materialismo   eliminativo (enunciado 8),   al procurar establecer un nivel de   descripci&oacute;n (el funcional), que no   tiene por qu&eacute; coincidir con el de   descripci&oacute;n neurol&oacute;gico o f&iacute;sico,   dado que las categor&iacute;as que se establecen   en el primero est&aacute;n lejos   -al parecer- de coincidir con las que   se establecen en el segundo. Adem&aacute;s,   como veremos m&aacute;s adelante,   el funcionalismo podr&iacute;a incluso convertirse   en una estrategia te&oacute;rica   para preservar el lenguaje de la psicolog&iacute;a   popular, lejos de eliminarlo.</p>     <p> Por otra parte, debe resultar   tambi&eacute;n evidente que el funcionalismo   se opone a la tesis de la identidad   de tipos (enunciado 7), al sostener   que no es en virtud de una   propiedad f&iacute;sica, sino m&aacute;s bien de   una funcional, que los tipos de   estados mentales se correlacionan   con tipos de estados f&iacute;sicos, que,   dada su noci&oacute;n de independencia   ontol&oacute;gica, pueden o no ser cerebrales.Similarmente, se opondr&iacute;a    tambi&eacute;n   a la tesis del conductismo   (enunciado 6), al sostener que, adem&aacute;s   de los est&iacute;mulos y las respuestas,   debe haber una ineludible referencia   a estados internos del   organismo en la caracterizaci&oacute;n de   un estado mental. Consecuentemente,   tampoco podr&iacute;a aliarse con   la tesis del positivismo fisicalista   (enunciado 5), porque sostiene que   un enunciado psicol&oacute;gico podr&iacute;a ser   significativo, aun cuando no pudiere   ser reducido al lenguaje de la f&iacute;sica.As&iacute; tampoco tomar&iacute;a    partido por   la tesis del monismo radical (enunciado   4), ya que al no comprometerse   con un tipo particular de ontolog&iacute;a,   establece un nivel de   explicaci&oacute;n para la psicolog&iacute;a que   nada tiene que ver con si se es   monista o dualista. Razones de m&aacute;s   para suponer, finalmente, que el   funcionalismo s&iacute; aceptar&iacute;a la tesis   de la irreductibilidad de lo mental   (enunciado 3), pero por motivos radicalmente   distintos a los de Descartes,   es decir, no porque existan   dos sustancias distintas en el mundo,   sino porque las categor&iacute;as que   usamos en el lenguaje de la psicolog&iacute;a   no pueden reconciliarse con   las de la f&iacute;sica, cuando s&iacute; lo hacen   con nuestras caracterizaciones funcionales.   Mas, &iquest;qu&eacute; ocurre con la   tesis de la autonom&iacute;a de la psicolog&iacute;a   (enunciado 2) y con la tesis de   la introspecci&oacute;n (enunciado 1)? Para   poder descubrir la posici&oacute;n que el   funcionalismo adoptar&iacute;a respecto de   ellas tenemos antes que estudiar   algunas de las m&aacute;s relevantes objeciones   que se le formular&iacute;an.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una de ellas es esgrimida por   Block (7), quien al considerar al   funcionalismo como una teor&iacute;a &#39;intermedia&#39;   entre el conductismo y el   reduccionismo fisicalista, lo convierte   en heredero de importantes problemas   de una y otra postura. &Eacute;l   sostiene que, al igual que el conductismo,   el funcionalismo apela a criterios   comportamentales para caracterizar   los fen&oacute;menos mentales; pero,   a diferencia de &eacute;ste, interpreta los   estados mentales como estados internos   y les otorga un papel causal   en la producci&oacute;n de la conducta.</p>     <p> Y al apoyar los procesos mentales   como procesos internos, el   funcionalismo podr&iacute;a estar de acuerdo   con la teor&iacute;a de identidad, aunque   diferir&iacute;a de ella en que no insiste   en qu&eacute; tipo de estados mentales se   identifican con estados del cerebro.</p>     <p> No obstante, arguye, el funcionalismo,   como el conductismo,   podr&iacute;a ser acusado de &#39;liberalidad&#39;,   al permitir atribuirle estados mentales   a seres que parecer&iacute;an tenerlos   pero que en realidad no los   tienen. De modo similar, podr&iacute;a tambi&eacute;n   ser acusado de &#39;chauvinista&#39;,   como la teor&iacute;a de identidad de tipos,   al no permitir la atribuci&oacute;n de estados   mentales a organismos que s&iacute;   los tienen. &quot;A qu&eacute; problema sucumbir&aacute;   el Funcionalismo depende, de   acuerdo con Block, de la forma de   funcionalismo que se adopte&quot;(8).</p>     <p> Por otra parte, Block y Fodor (9)   desarrollaron un par de experimentos   mentales que buscaban demostrar   que los funcionalistas, en su   definici&oacute;n relacional de los estados   mentales, olvidan el aspecto cualitativo   -el car&aacute;cter qualia- de los estados   mentales. En el primero de   ellos, conocido como experimento de   los qualia invertidos, nos piden que   imaginemos a un organismo cuyos   estados funcionales son id&eacute;nticos a   los nuestros, pero que ve invertidos   los colores del espectro (por ejemplo,   rojo como verde). Consideran   que dado que no podemos comparar   nuestros estados cualitativos y   que todos (nosotros y el individuo   imaginado) hacemos las mismas   discriminaciones observacionales,   no hay forma de mantener que   nuestros espectros est&aacute;n invertidos,   es decir, que aun cuando nuestros   espectros est&eacute;n invertidos permaneceremos   funcionalmente isom&oacute;rficos.Un segundo experimento   mental, esbozado por ellos y luego   reformulado individualmente por   Block (7), busca que imaginemos la   existencia de un ser con los mismos   estados funcionales que nosotros,   pero sin car&aacute;cter cualitativo alguno   asociado a ellos. En su reformulaci&oacute;n,   Block imagina a una especie   de organismo (o un robot), cuyo   procesador es toda la poblaci&oacute;n de   China accionando palancas y dispositivos   diversos. La tabla de la   m&aacute;quina de este ser -el conjunto de   instrucciones que son ejecutadas   por los chinos- ser&iacute;a funcionalmente   equivalente al de nosotros,   no obstante, parece imposible quelos estados funcionales de dicho sistema   puedan tener un car&aacute;cter cualitativo. <sup><a href="#p1" name="1">1</a></sup></p>     <p> Finalmente, Block y Fodor (9)   se encargan tambi&eacute;n de demostrar   que hay un gran n&uacute;mero de rasgos   de los fen&oacute;menos psicol&oacute;gicos que   no pueden manejarse con el funcionalismo,   por ejemplo, la distinci&oacute;n   entre estados que ocurren efectivamente   (sensaciones, pensamientos,   sentimientos, etc.) y estados disposicionales   (creencias, deseos, inclinaciones,   etc.), pues al ser todos   estados de una tabla de una m&aacute;quina   de Turing, dicha diferenciaci&oacute;n   resulta impracticable (9). De   hecho, unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, Block   afirmar&iacute;a -siguiendo esta misma l&iacute;nea   argumentativa- que lo que le da   a un sistema una organizaci&oacute;n funcional   en un momento dado no es   lo que hace en ese momento, sino   tambi&eacute;n los contraf&aacute;cticos, que son   verdaderos de &eacute;l en ese preciso instante,   &quot;lo que hubiera hecho (y lo   que hubieran sido sus transiciones   de estado) de haber tenido un input   diferente o de haber estado en un   estado diferente&quot; (7).</p>     <p> Por otra parte, ambos fil&oacute;sofos   anotan que el funcionalismo es una   teor&iacute;a que puede dar cuenta de comportamientos   producto de una serie   de estados psicol&oacute;gicos sucesivos,   pero que no permitir&iacute;a que en sus   computaciones se presentaran estados   intermedios simult&aacute;neos,   cosa que evidentemente ocurre en   la realidad con los seres con mentalidad.   Consideran, adem&aacute;s, que   mientras los estados de una tabla   de m&aacute;quina pueden ser listados, los   estados psicol&oacute;gicos, al ser productivos,   son potencialmente infinitos   y que, a lo m&aacute;ximo, el conjunto de   estados mentales de una persona   podr&iacute;a ser especificado por axiomatizaci&oacute;n   finita (9). Y, finalmente,   piensan que el funcionalismo no   puede explicar la noci&oacute;n de constituyente,   pues si la mente es s&oacute;lo   una lista de estados, no se ver&iacute;a la   similaridad entre quien cree que P   y quien cree que P &amp; Q; es decir, no   se puede mostrar que P es constituyente   de P &amp; Q (9). En este orden   de ideas, afirman que &quot;...con los   estados psicol&oacute;gicos como con las   oraciones, el hecho de que ellos sean   productivos y el hecho de que ellosexhiban estructura interna son dos   aspectos del mismo fen&oacute;meno&quot; (9).</p>     <p> Para superar estas dificultades   proponen una reformulaci&oacute;n de la   teor&iacute;a computacional de la mente,   planteada por el funcionalismo, bas&aacute;ndose   igualmente en la analog&iacute;a   entre la mente y la m&aacute;quina computadora,   y que toma a la mente   como un sistema formal autom&aacute;tico   e interpretado, es decir, como un   sistema en el que s&iacute;mbolos discretos   (esto es, representaciones mentales)   se manipulan de acuerdo con   un conjunto finito de reglas que   operan en virtud, no de la sem&aacute;ntica   de esos s&iacute;mbolos, sino de su sintaxis.   Esta nueva versi&oacute;n del funcionalismo   ha sido principalmente   desarrollada por Fodor, a lo largo   de su trayectoria filos&oacute;fica, aunque   es posible encontrar en los trabajos   de otros fil&oacute;sofos -como Stephen   Stich (11)- versiones de una teor&iacute;a   computacional de la mente un poco   distintas.</p>     <p> En t&eacute;rminos generales, lo que   busca una teor&iacute;a computacional de   la mente (o lo que deber&iacute;a buscar)   es proveernos de una suerte de &quot;programa   para la mente&quot; (3); de este   modo, una vez contemos con la descripci&oacute;n   del software humano,   podr&iacute;amos encontrar razones suficientes   para negar que la tesis de la   introspecci&oacute;n (enunciado 1) tenga   que ser un postulado irrefutable de   una teor&iacute;a psicol&oacute;gica cient&iacute;fica. No   obstante, en caso de ser cierto que   nuestra mente sea una especie de   programa de computador, quiz&aacute; s&iacute;   resulten valiosos los avances en   neurociencia, en la medida en que   mostrar&iacute;an algo acerca del hardware   en que corre dicho programa.   Por ello, a menos que podamos establecer   criterios espec&iacute;ficos para   determinar qu&eacute; corresponde al programa   de la mente y qu&eacute; a su hardware,   no podr&iacute;amos aceptar la tesis   de la autonom&iacute;a de la psicolog&iacute;a   (enunciado 2), seg&uacute;n la cual ning&uacute;n   conocimiento del cerebro podr&aacute; darnos   luces acerca del nuestro respecto   a la mente. Pero &iquest;cu&aacute;l podr&iacute;a ser   la naturaleza de un software mental?   Esto, justamente, es lo que intentar&eacute;   dilucidar a continuaci&oacute;n.</p>     <p> <b><font size="3">Teor&iacute;as computacionales de   la mente</font></b></p>     <p> La noci&oacute;n de algoritmo, y en   particular la de m&aacute;quina de Turing,   nos ha provisto de una interesante   perspectiva, seg&uacute;n la cual una habilidad   que se cre&iacute;a inteligente puede   simplificarse en una serie de   operaciones mec&aacute;nicas que no requieren   inteligencia para ser llevadas   a cabo. Y sobre la base de dicha   concepci&oacute;n, heredada del funcionalismo,   se ha formulado una de   las doctrinas m&aacute;s ampliamente   aceptadas sobre la naturaleza de   nuestro software mental: la teor&iacute;a   computacional de la mente (TCM en   adelante), la cual sostiene, en breve,   que todo proceso mental escomputacional y que la mente cuenta   con una serie de reglas operativas   que conducen la computaci&oacute;n. No   obstante, a pesar de que la TCM est&eacute;   basada en la doctrina funcionalista,   no est&aacute; necesariamente comprometida   con la tesis de que la mente (esto   es, en nuestro caso, el cerebro) sea   literalmente una m&aacute;quina de Turing;   la tesis afirma, sencillamente, que   algunos marcos computacionales   pueden explicar y replicar procesos   cognitivos humanos, pero no nos   obliga a aceptar ning&uacute;n tipo particular   de estructura (por ejemplo,   Turing o Von Newmann) para dichas   computaciones (12).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Ahora bien, si concebimos nuestra   mente de acuerdo con los par&aacute;metros   de una TCM, y reconocemos   que para ello se necesita que &eacute;sta   cuente, adem&aacute;s, con un sistema de   representaciones con las cuales   operan las computaciones, dispondr&iacute;amos   de un aparato te&oacute;rico para   explicar la manera como manejamos   nuestras representaciones   mentales durante nuestras actividades   cognitivas.<sup><a href="#p2" name="2">2</a></sup> Es decir, contar&iacute;amos   con una TCM que sostendr&iacute;a   que nuestra mente funciona   &quot;seg&uacute;n un conjunto de reglas b&aacute;sicas   que el cerebro efect&uacute;a, no en   virtud de que se represente c&oacute;mo   deben ser efectuadas, sino en virtud   de su constituci&oacute;n f&iacute;sica&quot; (13),   y que operar&iacute;an sobre nuestras   representaciones mentales, las cuales,   por una parte, tienen una dimensi&oacute;n   sem&aacute;ntica y, por otra, una   dimensi&oacute;n formal -que adem&aacute;s es   f&iacute;sica, para el caso del cerebro humano-.</p>     <p> Los estados y los procesos mentales,   as&iacute; entendidos, ser&iacute;an simb&oacute;licos,   porque se definir&iacute;an sobre   representaciones, y como su naturaleza   es representar algo, &eacute;stas   habr&aacute;n de tener un contenido   sem&aacute;ntico. Asimismo, ser&iacute;an formales,   porque apelar&iacute;an a la forma   (posiblemente sint&aacute;ctica) de las representaciones   para determinar el   rol funcional que desempe&ntilde;ar&iacute;an   dentro del procesamiento cognitivo.   De ah&iacute; que para definir las representaciones   mentales, teniendo una   dimensi&oacute;n formal y una sem&aacute;ntica,   estemos obligados a aceptar que la   &uacute;nica manera como en el &aacute;mbito   computacional dos instancias de representaciones   mentales cuenten   como distintas es si formalmente se   diferencian. Adem&aacute;s, este mismo   hecho nos permite evadir el dualismo,   en cuanto podemos concebirdichos objetos sint&aacute;cticos oper&aacute;ndose   entre s&iacute; seg&uacute;n su forma f&iacute;sica,   en virtud de una serie de reglas   predefinidas, y no de alg&uacute;n tipo de   &#39;fantasma de la m&aacute;quina&#39;, que se   encargar&aacute; de operar las representaciones   ateniendo a la sem&aacute;ntica.   En este sentido, en caso de que el   enfoque computacional-representacional   de la mente resultara cierto,   podr&iacute;amos suscribirnos a la opini&oacute;n   de Sterelny, quien sostiene que:</p>     <p> Una teor&iacute;a computacional de la   cognici&oacute;n junto con un reporte de   las relaciones causales entre la   mente y el mundo explican c&oacute;mo   podemos tener nosotros mentes   representadoras. La descomposici&oacute;n   de las capacidades complejas   en simples, junto con un reporte   de c&oacute;mo las operaciones simples   pueden ser construidas dentro de   la organizaci&oacute;n f&iacute;sica de la mente,   explican c&oacute;mo es que tenemos   mentes computadoras.(13)</p>     <p> Cabe anotar, en todo caso, que   aunque Putnam pensara en un   principio que la mente humana pod&iacute;a   ser como una m&aacute;quina de   Turing, Block y Fodor (v&eacute;ase secci&oacute;n   III) creyeron que &eacute;ste s&oacute;lo modelo   realmente no reflejaba toda la complejidad   de la psicolog&iacute;a humana.   Sin embargo, resulta evidente que   los avances con respecto al procesamiento   de informaci&oacute;n, conseguidos   principalmente por los desarrollos   de la l&oacute;gica simb&oacute;lica y de la   teorizaci&oacute;n de la m&aacute;quina de Turing,   le ofrecen a las TCM un enorme poder   explicativo dentro de un marco   te&oacute;rico naturalista. Por una parte,   porque m&aacute;s all&aacute; del modelo algor&iacute;tmico   que Turing propuso, en realidad   lo que finalmente demostr&oacute; es   que si un proceso puede ser formalmente   especificable, entonces puede   ser mecanizado. Y, por otra, porque   la l&oacute;gica simb&oacute;lica moderna ha   mostrado que la mayor parte del razonamiento   puede ser formalizado,   de forma que si interpretamos el pensamiento   racional como transacciones   de representaciones, entonces es   posible suponer que la mayor parte   de las relaciones sem&aacute;nticas entre   s&iacute;mbolos puede ser enteramente   capturada por las propiedades y relaciones   formales-sint&aacute;cticas entre   ellos; entre otras cosas porque, como   Turing lo habr&iacute;a sugerido, las transacciones   sint&aacute;cticas entre s&iacute;mbolos   se pueden hacer respetando su contenido   sem&aacute;ntico.</p>     <p> Por ello, desde hace ya varios   a&ntilde;os, Fodor se ha dado a la tarea   de construir una versi&oacute;n simb&oacute;lica   de la teor&iacute;a computacional de la   mente -conocida como la hip&oacute;tesis   del lenguaje del pensamiento (LDP   desde ahora)-, que busca superar   las dificultades se&ntilde;aladas por &eacute;l   para el funcionalismo, dando cuenta   de c&oacute;mo es posible que sistemas   f&iacute;sicos como los humanos puedan   tener estados mentales que: (a) representen   el mundo, (b) tengan poder   causal sobre el comportamiento   y (c) est&eacute;n definidos dentro de un   marco explicativo que, sin contradecir a la neurofisiolog&iacute;a, permitan   la formulaci&oacute;n de leyes y explicaciones   en el lenguaje de la psicolog&iacute;a.   Teniendo en mente estas condiciones,   pretendi&oacute; demostrar que la   &uacute;nica teor&iacute;a adecuada para explicar   la naturaleza de los estados y operaciones   mentales ser&iacute;a aquella que   sostuviera la existencia de un medio   de representaci&oacute;n mental, un   sistema representacional interno   definido computacionalmente y con   las caracter&iacute;sticas de un lenguaje,   de manera que los pensamientos   tendr&iacute;an la forma de una oraci&oacute;n   (sentence-like). En t&eacute;rminos del propio   Fodor:</p>     <p> Lo que tratar&eacute; de demostrar es que,   prescindiendo de las propias suposiciones   sobre los detalles de las   teor&iacute;as psicol&oacute;gicas de la cognici&oacute;n,   su estructura general presupone   procesos computacionales y un   sistema representacional en que se   realizan tales procesos [...] Una forma   de describir mi punto de vista   es que los organismos (o, en cualquier   caso, los organismos que tengan   alg&uacute;n tipo de comportamiento)   tienen no s&oacute;lo los lenguajes naturales   que puedan tener, sino tambi&eacute;n   un lenguaje privado en que   realizan las computaciones que   est&aacute;n en la base de sus conductas.   (14)</p>     <p> Su teor&iacute;a busca &quot;naturalizar la   psicolog&iacute;a popular&quot; sin eliminarla,   integr&aacute;ndola, m&aacute;s bien, dentro del   complejo marco de la imagen cient&iacute;fica.   Y para hacerlo empez&oacute; por   demostrar la necesidad de ese sistema   representacional interno para   poder dar cuenta de algunos procesos   cognitivos (toma racional de   decisiones, aprendizaje de conceptos   y percepci&oacute;n) que, de otro modo   -seg&uacute;n &eacute;l- no podr&iacute;an explicarse.   As&iacute;, por ejemplo, nos dice que en la   elecci&oacute;n de una conducta el organismo   debe ser capaz de representarse,   primero, una situaci&oacute;n (S),   luego las opciones conductuales   (B1... Bn) y, posteriormente, computar   las probabilidades y los valores   que &eacute;l mismo les asigna a las posibles   consecuencias (C1... Cn) que se   derivan de las conductas que se ha   representado. De modo similar, present&oacute;   un modelo de aprendizaje de   conceptos que resulta ser, b&aacute;sicamente,   un proceso de formaci&oacute;n y   confirmaci&oacute;n de hip&oacute;tesis, en el que   &quot;la conducta del organismo depender&aacute;   de la relaci&oacute;n de confirmaci&oacute;n   entre los datos y las hip&oacute;tesis, de   forma que las explicaciones de su   conducta requieran informaci&oacute;n   sobre la manera en que, en el curso   del aprendizaje, se representan los   datos y las hip&oacute;tesis&quot; (14). Y su idea   es que la postulaci&oacute;n y confirmaci&oacute;n   de hip&oacute;tesis implica relaciones   con representaciones cuyos contenidos   reflejan propiedades de los   objetos de la experiencia.</p>     <p> Sin ir m&aacute;s lejos, a lo que Fodor   quiere llegar es a la conclusi&oacute;n de   que procesos cognitivos, como los   que ocurren al tomar una decisi&oacute;n   o al aprender un concepto, exigen   un medio en el cual las representaciones puedan efectuarse, un sistema   representacional interno que,   como el lenguaje, presente ciertas   condiciones que posibiliten dicho   procedimiento. Esto es, Fodor sugiere   que para poder realizar estos   procesos cognitivos, el agente debe   tener la posibilidad de representarse   el mundo como es y como podr&iacute;a   ser, y debe tambi&eacute;n ser capaz de   extraer inferencias apropiadas de   esas representaciones; por eso requiere   (1) un sistema representacional   para formular las hip&oacute;tesis,   (2) una manera de ordenar las hip&oacute;tesis   candidatas para las pruebas,   (3) un sistema para representar   los datos y (4) un medio para   poder parear datos e hip&oacute;tesis (13).   En conclusi&oacute;n, la cognici&oacute;n necesita   un sistema representacional interno,   anterior al lenguaje natural   (porque aprender un lenguaje es un   caso particular de aprendizaje de   conceptos), pero que sea como un   lenguaje, para poder representar   esos muchos e indefinidos estados   complejos actuales y posibles de su   entorno. Y supone que el mejor   medio es el LDP.</p>     <p> &iquest;C&oacute;mo debe ser el LDP, este   particular sistema representacional   interno, para poder mediar procesos   como &eacute;stos? Por un lado, el LDP   debe considerarse una propuesta   que surge de la sugerencia de Fodor   de que una TCM habr&aacute; de suponer   la existencia de un sistema representacional   en el cual acaezcan las   computaciones mentales. El LDP,   justamente, es ese sistema de representaciones   mentales, las cuales tienen   la forma de oraciones y exhiben,   adem&aacute;s, dos dimensiones distintas:   una sem&aacute;ntica (pues al ser representaciones,   deben significar algo)   y una sint&aacute;ctica o formal. Por otra   parte, la TCM le permite asegurar   que esas representaciones o f&oacute;rmulas   en el LDP puedan combinarse   entre ellas en virtud de principios   computacionales sensibles &uacute;nicamente   a la sintaxis (es decir, a la   forma) de los s&iacute;mbolos mentales, y   garantizar en todo caso su coherencia   sem&aacute;ntica, lo cual, como antes   hab&iacute;a dicho, lo habr&iacute;a pensado   Turing.</p>     <p> Por otra parte, considera que el   sistema de s&iacute;mbolos que comprenden   el LDP tiene importantes paralelos   sem&aacute;nticos y sint&aacute;cticos con   el lenguaje. En primer lugar, sostiene   que el pensamiento, como el   lenguaje, es productivo, lo que significa   que hay, en principio, infinitas   oraciones que uno puede entender,   producir o captar, idea &eacute;sta que estar&iacute;a   amparada en la divisi&oacute;n   chomskiana entre competencia y   desempe&ntilde;o (performance) ling&uuml;&iacute;stico.   Aqu&iacute; la productividad del pensamiento   debe entenderse en cuanto   a capacidad, de forma que uno puede   tener una capacidad ling&uuml;&iacute;stica   infinita aunque un finito desempe&ntilde;o,   debido a nuestras humanas limitaciones   de tiempo. En segundo   lugar, el pensamiento, como el lenguaje,   es sistem&aacute;tico, de modo quesi puedo pensar aRb, puedo tambi&eacute;n   pensar bRa. Aparentemente, el   argumento a favor de la sistematicidad   del pensamiento se basa en   el hecho -alegadamente emp&iacute;rico-   de que la habilidad para captar ciertos   pensamientos est&aacute; intr&iacute;nsecamente   conectada con la habilidad   de captar ciertos otros. Y podr&iacute;a incluso   llegar a suponerse, por analog&iacute;a   con el lenguaje, que si es una   ley que la habilidad para entender   una oraci&oacute;n est&aacute; sistem&aacute;ticamente   conectada con la habilidad para   entender muchas otras, entonces es   una ley que la habilidad para pensar   un pensamiento est&aacute; sistem&aacute;ticamente   conectada a la habilidad   para pensar muchos otros (15). Tal   requerimiento legaliforme podr&iacute;a   exponerse, en t&eacute;rminos de Fodor,   as&iacute;: &quot;La sistematicidad requiere que,   en general, si un lenguaje puede expresar   la proposici&oacute;n P y la proposici&oacute;n   P es sem&aacute;nticamente cercana   a la proposici&oacute;n Q, entonces el lenguaje   puede tambi&eacute;n expresar la   proposici&oacute;n Q&quot; (16).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Finalmente, tanto la sistematicidad   como la productividad del   pensamiento quedar&iacute;an garantizadas   por el paralelo sem&aacute;ntico (y, en   cierto modo, tambi&eacute;n sint&aacute;ctico) con   otra importante caracter&iacute;stica de los   lenguajes: su composicionalidad.   Desde hace alg&uacute;n tiempo, la vieja   idea de que uno aprende el lenguaje   como si memorizara puntualmente   un diccionario se ha puesto seriamente   en duda, pues nos obligar&iacute;a   a preguntarnos c&oacute;mo puede ser posible   que alguien que no ha o&iacute;do   nunca una oraci&oacute;n como &quot;existen   ovejas de cuernos cuadrados en el   mar de la Tranquilidad&quot; pueda, sin   embargo, entenderla -por m&aacute;s absurdo   que resulte su significado-.   La idea, en contraposici&oacute;n a la vieja   doctrina, es que nuestro lenguaje   tiene elementos at&oacute;micos, que son   los que se combinan en las distintas   oraciones que, aun cuando no   hayamos o&iacute;do, podemos entender.   Quiz&aacute; si vi&eacute;ramos todas las oraciones   del lenguaje como &aacute;tomos,   entonces la sistematicidad en su   comprensi&oacute;n ser&iacute;a un misterio; pero   si reconocemos una estructura   sint&aacute;ctica constitutiva en &eacute;ste, la   sistematicidad de nuestra capacidad   ling&uuml;&iacute;stica queda garantizada.   Adem&aacute;s, siguiendo con los paralelos   ling&uuml;&iacute;sticos, el LDP, en virtud de   ser composicional, debe tener una   sintaxis y una sem&aacute;ntica combinatorias,   de forma que los pensamientos   sistem&aacute;ticamente conectados   tambi&eacute;n est&aacute;n sem&aacute;nticamente   relacionados, por lo cual los pensamientos   resultantes se compondr&iacute;an   de los mismos elementos sem&aacute;nticos.</p>     <p> Esto es, el mismo constituyente   sint&aacute;ctico har&iacute;a la misma contribuci&oacute;n   sem&aacute;ntica en otra configuraci&oacute;n   en la que apareciera. Y si el   sistema representacional interno   tiene una sintaxis y una sem&aacute;ntica   combinatorias, entonces debe haber   un conjunto de reglas sint&aacute;cticas deformaci&oacute;n -que estar&iacute;an    computacionalmente   definidas- que gobiernen   la construcci&oacute;n de expresiones   bien formadas en el sistema. Tales   reglas sint&aacute;cticas de combinaci&oacute;n   determinan la estructura sint&aacute;ctica   o formal de las representaciones   mentales complejas, y resolver&iacute;an la   manera como las operaciones mentales   se llevar&iacute;an a cabo, por el hecho   de ser sensibles a su estructura   sint&aacute;ctica (formal). Este car&aacute;cter   combinatorio de los &aacute;tomos simb&oacute;licos   del LDP asegura, en consecuencia,   la sistematicidad, la productividad   y la composicionalidad   del pensamiento (15).</p>     <p> En suma, podemos decir que el   LDP es un sistema representacional   interno que consiste en representaciones,   que est&aacute; f&iacute;sicamente realizado   en el cerebro y que tiene una   sintaxis y una sem&aacute;ntica combinatorias   tales que las operaciones hechas   sobre las representaciones son   causalmente sensibles &uacute;nicamente   a las propiedades sint&aacute;cticas de   &eacute;stas. En este sentido, el pensamiento,   simplemente, consistir&iacute;a en operaciones   sint&aacute;cticas definidas sobre   tales representaciones, por lo cual   no resulta absurdo afirmar que uno   piensa en &#39;mentales&#39;.</p>     <p> No obstante la fuerza de la teor&iacute;a,   el modelo simb&oacute;lico -como el   propuesto por el LDP- no es la &uacute;nica   TCM trabajada en el interior de   los c&iacute;rculos investigativos en ciencia   cognitiva. Recientemente ha venido   tomando fuerza una postura   computacional distinta, en la que   las representaciones mentales no   tienen forma proposicional o ling&uuml;&iacute;stica   (esto es, no son lenguagelike)   y, por lo tanto, no se comportan   seg&uacute;n los par&aacute;metros del LDP, sino   que se encuentran distribuidas a lo   largo de diversos patrones neuronales.   Este sistema te&oacute;rico se conoce   t&eacute;cnicamente con el nombre de   modelos de redes neuronales, pero   el t&eacute;rmino conexionismo se ha popularizado   m&aacute;s a la hora de hablar   de dicha postura.</p>     <p> Contrario al modelo simb&oacute;lico,   que se basa en la idea de arquitectura   computacional propuesta inicialmente   por Turing, el modelo   conexionista propone un acercamiento   a la estructura de la mente   a partir de la morfolog&iacute;a misma de   las neuronas. Esto hace que dicho   modelo se acerque m&aacute;s a la realidad   biol&oacute;gica y que as&iacute; explique   mejor ciertos procesos mentales,   como el r&aacute;pido acceso a los registros   en memoria, la asignaci&oacute;n por   omisi&oacute;n, la degradaci&oacute;n elegante y   la generalizaci&oacute;n espont&aacute;nea (17).   En palabras de uno de sus principales   exponentes:</p>     <p> El enfoque de PDP<sup><a href="#p3" name="3">3</a></sup> sugiere que   debemos formular la pregunta directamente   acerca del tipo decomputador que el cerebro puede   ser, experimentar con computadores   &#39;tipo cerebro&#39;, y luego extraer   nuestra inspiraci&oacute;n de esos sistemas   computacionales. En breve,   queremos reemplazar la met&aacute;fora   del computador con la   met&aacute;fora del cerebro para los   sistemas cognitivos. &#91;...En general&#93;   los modelos de PDP, como los   cerebros, consisten en grandes redes   de trabajo de simples unidades   de procesamiento, que se   comunican a trav&eacute;s del paso de   mensajes inhibitorios y excitatorios   de una a otra &#91;...&#93;. (18)</p>     <p> Cabe anotar, en todo caso, que   la idea de construir modelos abstractos   para explicar el funcionamiento   del cerebro bas&aacute;ndose en la   actividad neuronal no es nueva. Probablemente   el primer intento serio   en este campo fue realizado por   McCulloch y Pitts (19), en su teor&iacute;a   de redes neuronales formales. En   &eacute;sta se propon&iacute;a un sistema expresado   en l&oacute;gica formal proposicional,   cuyas reglas reflejaban ciertas propiedades   de las neuronas, particularmente   la &quot;ley del todo o nada&quot;, y   su capacidad de excitaci&oacute;n e inhibici&oacute;n.   Los descubrimientos posteriores   en neurociencia y en inteligencia   artificial invalidar&iacute;an varios   de los postulados de su teor&iacute;a, por   lo cual su aceptaci&oacute;n pronto se vio   disminuida (20).</p>     <p> Sin embargo, la nueva perspectiva   conexionista parece superar esa   brecha entre la parte neurol&oacute;gica y   la parte funcional en la explicaci&oacute;n   de la mente. La estrategia b&aacute;sica de   esta nueva postura es, en t&eacute;rminos   muy generales, tomar como su unidad   fundamental de procesamiento   algo cercano a una neurona abstracta   e imaginar que las computaciones   se efect&uacute;an a trav&eacute;s de la simple   interacci&oacute;n entre esas unidades de   procesamiento o nodos. En estos   modelos se propone que tales nodos   se comunican entre s&iacute;, enviando n&uacute;meros   por medio de las l&iacute;neas que   los conectan, y que ellos representan   conexiones inhibitorias o excitatorias   (17).</p>     <p> Se asume, por otra parte, que   -contrario a los modelos simb&oacute;licos-   las unidades de los sistemas conexionistas   no son significativas, es   decir, la informaci&oacute;n procesada en   sus computaciones no es nunca   una propiedad de alg&uacute;n nodo particular,   sino que se encuentra distribuida   a lo largo de todo el patr&oacute;n   de conexi&oacute;n neuronal. Adem&aacute;s,   dado que las operaciones cognitivas   son sumamente r&aacute;pidas, a pesar de   que las neuronas son bastante m&aacute;s   lentas que los componentes de los   computadores actuales, se propone   que las computaciones involucran   gran cantidad de procesamientos   en paralelo, y no &uacute;nicamente   uno secuencial (de ah&iacute; que a este   tipo de sistemas se les llame procesamiento   distribuido paralelo) (20).</p>     <p> Ciertamente, el modelo conexionista   es mucho m&aacute;s complejo de lo   aqu&iacute; esbozado, y ahondar en suspormenores es una tarea que no me   propongo desarrollar. Es suficiente,   considero, con haber se&ntilde;alado   el hecho de que en el &aacute;mbito computacional   parece haber una interesante   alternativa para el modelo   simb&oacute;lico, sobre la cual a&uacute;n hoy se   realizan sendas investigaciones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp; </p>     <p><b><font size="3">Una &uacute;ltima consideraci&oacute;n metodol&oacute;gica</font></b></p>     <p> Hasta ahora hemos visto, con   cierto detalle, algunas de las m&aacute;s   influyentes concepciones de la filosof&iacute;a   de la mente, que se remontan   hasta hace unos quince a&ntilde;os. A mi   juicio, esta discusi&oacute;n filos&oacute;fica contempor&aacute;nea   en torno a la mente y a   los estados mentales es muy similar   a las viejas discusiones escol&aacute;sticas   que giraban alrededor de la   naturaleza del alma. Adem&aacute;s del   hecho de que ahora contamos con   algunos conceptos t&eacute;cnicos distintos   a los de anta&ntilde;o, quiz&aacute; la &uacute;nica   diferencia significativa entre las dos   &eacute;pocas radica en que mientras los   viejos pensadores se dedicaban a   formular explicaciones &#39;psicol&oacute;gicas&#39;   que no contradijeran lo dicho en las   Sagradas Escrituras, los te&oacute;ricos de   nuestros d&iacute;as se preocupan por no   contrariar la &#39;biblia&#39; que escriben los   cient&iacute;ficos. Posiblemente este af&aacute;n   de coherencia con las doctrinas cristianas   fue lo que motiv&oacute; a Descartes   a postular su teor&iacute;a dualista. Y   nuestro posterior afecto hacia las   ciencias f&iacute;sicas, influido en parte por   el arraigo del enfoque positivista en   la investigaci&oacute;n, empez&oacute; a conducir   a los fil&oacute;sofos, psic&oacute;logos y, en   general, a los cient&iacute;ficos de la mente,   hacia la creaci&oacute;n de teor&iacute;as basadas   en supuestos ontol&oacute;gicos   monistas. Conjuntamente, la inevitable   dificultad que se seguir&iacute;a de   aceptar la propuesta dualista de   Descartes, al momento de dar cuenta   del poder causal de los estados   mentales (problema que, como vimos,   se ha denominado el problema   mente-cuerpo), ha servido tambi&eacute;n   para convencernos de que la   mejor -si no la &uacute;nica- soluci&oacute;n viable   es adoptar una teor&iacute;a de la mente   materialista.</p>     <p> El problema mente-cuerpo termin&oacute;   por convertirse en una especie   de paradigma y, como hemos   visto, durante mucho tiempo se   mantuvo la idea de que la &uacute;nica forma   de no caer en el absurdo que   representaba sostener alg&uacute;n tipo de   mentalismo era considerarse a s&iacute;   mismo un materialista. Sin embargo   -como ya lo hab&iacute;a anunciado-,   comparto la opini&oacute;n de Searle (21),   quien dice que en la base de esta   concepci&oacute;n se oculta otra suerte de   dualismo que podr&iacute;a llamarse conceptual,   un punto de vista que nos   invita a creer que &#39;f&iacute;sico&#39; implica &#39;no   mental&#39; y &#39;mental&#39; implica &#39;no f&iacute;sico&#39;.   La t&aacute;cita adopci&oacute;n de este supuesto   llev&oacute; a los partidarios de casi   todas las clases de reduccionismo   a sostener que la aceptaci&oacute;n de   cualquier tipo de mentalismo implicaba necesariamente casarse con el   dualismo, al igual que la conformidad   con el monismo implicaba necesariamente   la adopci&oacute;n de alg&uacute;n   tipo de teor&iacute;a materialista.</p>     <p> Quiz&aacute; sea por la adopci&oacute;n del   dualismo conceptual que la reiterativa   pregunta filos&oacute;fica original   -&iquest;qu&eacute; distingue a los eventos del   mundo f&iacute;sico de los eventos del   &#39;mundo ps&iacute;quico&#39;?- haya adquirido   hoy la forma de otro interrogante   con marcados visos materialistas:   &iquest;por qu&eacute; seguimos resisti&eacute;ndonos   a creer que alg&uacute;n d&iacute;a podremos   construir un marco te&oacute;rico para los   eventos mentales que sea f&aacute;cilmente   ubicable dentro de nuestro amplio   marco te&oacute;rico de la f&iacute;sica? Algunos   sostienen -Davidson (1), por   ejemplo- que nuestros eventos mentales   esencialmente se distinguen de   los eventos f&iacute;sicos, porque se resisten   a caer en la red nomol&oacute;gica de   las leyes causales con la que trabaja   dicha ciencia. Pero, podr&iacute;amos   inquirir, &iquest;acaso eso es necesariamente   cierto? En un sentido parece   serlo, pero en otro no. Un neur&oacute;logo   podr&iacute;a, en caso de contar con las   herramientas y conocimientos suficientes,   hacer un rastreo de todos   los eventos neurol&oacute;gicos que precedieron   a mi elocuci&oacute;n &quot;creo que est&aacute;   lloviendo afuera&quot;, e incluir&iacute;a desde   los impulsos sin&aacute;pticos que, proviniendo   de los conos de mi retina,   recorrieron mi v&iacute;a &oacute;ptica hasta llegar   al l&oacute;bulo occipital, hasta el recorrido   de los impulsos subsiguientes   que, tras pasar por el &aacute;rea 44   de Brodmann, arriban a la zona   prefrontal, la cual se encarga de regular   el movimiento de mis &oacute;rganos   fonoarticuladores. Y parece adem&aacute;s   cierto de suyo que en caso de que   mis sinapsis hubieran sido diferentes,   yo no habr&iacute;a pronunciado dicha   frase, tal vez habr&iacute;a emitido otro   sonido o ninguno en lo absoluto.   Pero &iquest;es esto dar cuenta de la causaci&oacute;n   mental? Si alguien me preguntara   por qu&eacute; dije lo que dije, &iquest;ser&iacute;a   suficiente -para efectos de una   explicaci&oacute;n psicol&oacute;gica- contestar   con una historia como la anterior?   Probablemente el sentido com&uacute;n   nos invitar&iacute;a a dar una respuesta   diferente: &quot;siento que est&aacute; haciendo   fr&iacute;o afuera&quot; o &quot;creo que o&iacute; gotas   cayendo sobre el tejado&quot;, etc. Mas   este aspecto, evidentemente, no se   considera en el rastreo neurol&oacute;gico.</p>     <p> Parece, en consecuencia, que   una parte de nuestras explicaciones   psicol&oacute;gicas todav&iacute;a se resiste a la   reducci&oacute;n neurol&oacute;gica; pero que,   con todo, parece tambi&eacute;n ineliminable.   Tal vez s&oacute;lo hasta que el   funcionalismo apareci&oacute; en escena la   verdad de la presunci&oacute;n del dualismo   conceptual se puso en tela de   juicio. La noci&oacute;n de equivalencia   funcional, que trajo consigo dicha   teor&iacute;a, heredada de la met&aacute;fora   mente-computador, permiti&oacute; crear   un contexto te&oacute;rico para las doctrinas   de la mente que quisieran seguir   sosteniendo el mentalismo sin   caer en el riesgoso dualismo de sustancias. Sin embargo, la idea de establecer   una identidad entre la actividad   cognitiva y un cierto tipo de   arquitectura algor&iacute;tmica, que bien   puede ser simb&oacute;lica, conexionista o   de otro tipo, resulta tambi&eacute;n problem&aacute;tica.   A este respecto me   suscribo a la opini&oacute;n de Carello,   Turvey, Kugler y Shaw, quienes afirman   que:</p>     <p> La mera existencia de un algoritmo   no constituye la explicaci&oacute;n   de un fen&oacute;meno. [...] Simplemente   porque un algoritmo pueda ser   escrito para simular una actividad   dada de un organismo, no se   sigue necesariamente que el organismo   use tal algoritmo al efectuar   la actividad en cuesti&oacute;n. El   algoritmo es meramente una descripci&oacute;n   de la actividad; &eacute;sta puede   ser s&oacute;lo una de las muchas   descripciones alternativas. (22).</p>     <p> Esto no significa, tampoco, que   yo est&eacute; apoyando el que los modelos   y explicaciones funcionales/   computacionales deban dejarse de   lado. &Eacute;stos tienen, a pesar de las   limitaciones que muchos autores les   han se&ntilde;alado (y que no considero   oportuno indicar aqu&iacute;), una gran   importancia. Son -digamos- posibles   v&iacute;nculos entre nuestros t&eacute;rminos   del lenguaje intencional y los   eventos cerebrales. De hecho, el   propio Fodor habr&iacute;a reconocido en   ellos este valor:</p>     <p> ...la relaci&oacute;n entre los constructos   neurol&oacute;gicos y psicol&oacute;gicos [...]   est&aacute; en perfecta consonancia con   los argumentos que defendimos   anteriormente en favor de la no   eliminabilidad del lenguaje mental   de las teor&iacute;as de la conducta   &#91;...&#93; Tendr&iacute;amos que acudir al lenguaje   mental para establecer las   condiciones que permitieran efectuar   esas adscripciones de equivalencia   funcional. (16)</p>     <p> Finalmente, todo lo que pasa en   el mundo es f&iacute;sico, aunque uno puede   dar explicaciones de dichos eventos   desde distintas esferas. Aquello   que en nuestra vida cotidiana agrupamos   como creencias o temores   pueden ser, descritos f&iacute;sicamente,   procesos neuronales que no tienen   m&aacute;s caracter&iacute;stica com&uacute;n que la de   ser realizados por (y en) el cerebro y,   por lo tanto, las descripciones neurol&oacute;gicas   no necesariamente coincidir&aacute;n   con nuestras descripciones   psicol&oacute;gicas; no obstante, los datos   acerca de nuestro cerebro -de los que   podr&iacute;a dar cuenta la neurolog&iacute;a-   pueden participar (y de hecho lo hacen)   en nuestras explicaciones y predicciones   psicol&oacute;gicas. Incluso es   posible que las mejores explicaciones   psicol&oacute;gicas de uno u otro evento,   que com&uacute;nmente catalogamos   como &#39;mental&#39;, tengan la estructura   de una disposici&oacute;n conductual, sin   que eso signifique, en todo caso, que   deban identificarse necesariamente   como tales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Algo similar puede decirse entonces   con respecto a las teor&iacute;as   computacionales de la mente: todo   parece indicar que tampoco tenemos   buenas razones para agruparlos conceptos intencionales seg&uacute;n   tal o cual descripci&oacute;n funcional, por   el hecho de que este tipo de explicaciones   no depende de c&oacute;mo es el   mundo, sino de c&oacute;mo podemos construir   una alternativa viable para explicarlo.   Podemos, para ciertos   efectos, utilizar explicaciones funcionales   de los eventos cerebrales   que se asemejen a la hip&oacute;tesis del   LDP, mientras que en otros casos   ser&aacute; mejor usar modelos conexionistas,   como el de procesamiento   distribuido paralelo (23).</p>     <p> Lo que quiero sugerir, en &uacute;ltimas,   es que agrupar una serie de   operaciones cerebrales dentro del   caj&oacute;n de &#39;creencias&#39; o de &#39;deseos&#39; es   algo que hacemos en virtud de que   tomamos el lenguaje natural -esto   es, las viejas explicaciones de la   psicolog&iacute;a popular- como casillero,   y no porque exista realmente un   espacio funcional en el que ocurra   algo as&iacute;.</p>     <p> La hip&oacute;tesis del LDP tiene el   gran atractivo de procurarnos explicaciones   muy similares en forma   y contenido a las explicaciones de   nuestro lenguaje com&uacute;n intencional,   pero no tenemos m&aacute;s raz&oacute;n   para suponer la verdad del lenguaje   del pensamiento que el hecho de   que su estructura &quot;guarda un aire   de familia&quot; con la estructura del lenguaje   en el que com&uacute;nmente describimos   nuestra la psicolog&iacute;a   popular. Creo, incluso, que la decisi&oacute;n   entre adoptar uno u otro modelo   funcional depende de nosotros.   Siempre queremos que nuestras   explicaciones sean las m&aacute;s adecuadas   a la verdad y, por eso mismo, si   en el &aacute;mbito computacional el modelo   conexionista funciona mejor   que el simbolista, apliquemos la   navaja de Occam y salgamos de una   buena vez de la carga de una teor&iacute;a   que postula entidades tan problem&aacute;ticas   como las de Fodor. Y si llegara   a haber otro mejor, &iexcl;hag&aacute;moslo   de nuevo!</p>     <p> Con todo, no parece viable adoptar   ninguna teor&iacute;a de las analizadas   en este art&iacute;culo como &quot;estructura   metate&oacute;rica&quot; para la psicolog&iacute;a. Y   pareciera que la &uacute;nica forma en la   cual la psicolog&iacute;a puede adquirir el   estatuto de ciencia es encontrando   los pilotes metate&oacute;ricos adecuados   para poder construir, sobre ellos, las   leyes de una disciplina cient&iacute;fica.   &iquest;Debemos entonces aceptar que la   psicolog&iacute;a no tiene, ni tendr&aacute;, m&aacute;s   valor que el de clasificar bajo un solo   t&eacute;rmino una cantidad de expresiones   &#39;populares&#39;? Algunos te&oacute;ricos   parecer&iacute;an sostener algo as&iacute;, por   ejemplo, Daniel Dennett (24), uno   de los principales exponentes de la   postura instrumentalista, quien sostiene   un punto de vista en el que   los t&eacute;rminos que usamos para referirnos   a los estados mentales apuntan   simplemente a entidades   ficticias, que no tienen verdadera   existencia, sino que son postuladas   para ejercer una labor meramente   pr&aacute;ctica o heur&iacute;stica. Pero &iquest;estar&iacute;amos dispuestos    a renunciar a la   cientificidad de la psicolog&iacute;a, arguyendo   que sus expresiones no tienen   m&aacute;s valor que el meramente   pr&aacute;ctico?</p>     <p> Quiz&aacute; la respuesta est&eacute; un poco   m&aacute;s atr&aacute;s, en la definici&oacute;n misma   de ciencia. Y tal vez la dificultad que   aparece en nuestros intentos por   encuadrar a la psicolog&iacute;a dentro de   un marco te&oacute;rico m&aacute;s &#39;cient&iacute;fico&#39; se   deba al simple hecho de que no parece   haber un marco tal que pueda   contener los muchos fen&oacute;menos que   la mente humana carga consigo. El   ser humano est&aacute; definido en gran   parte por su vida mental, pero con   vida mental nos referimos a muchas   cosas, m&aacute;s que a su (no tan) simple   vida cerebral. Tener vida mental implica   estar inmerso en una sociedad,   haber vivido una serie de experiencias   emocionales, tener problemas,   ambiciones, desenga&ntilde;os.   Implica tambi&eacute;n haber sufrido ciertas   enfermedades, haber le&iacute;do ciertos   libros, saber jugar ciertos juegos,   guardar secretos, desarrollar h&aacute;bitos   y hasta alergias. Quiz&aacute; simplemente   ocurra que estudiar la mente   humana sea poner al ser humano,   como un todo, bajo el microscopio   de una ciencia casi exacta, y puede   ser posible que el objeto de estudio   -por lo pronto- venza los mecanismos   cient&iacute;ficos con que dicha ciencia   cuenta.</p> <hr size="1">     <p><b>Pies de p&aacute;gina</b></p>     <p><sup><a href="#1" name="p1">1</a></sup> Este argumento contra el funcionalismo guarda un aire de familia    (un fuerte aire, de hecho) con   una de las m&aacute;s importantes cr&iacute;ticas esbozadas por Searle a la    inteligencia artificial: el argumento   del Cuarto Chino. Searle (10) nos pide que imaginemos un cuarto en el que hay    una persona   encerrada que no sabe hablar chino, pero tiene con &eacute;l una serie de cestos    con s&iacute;mbolos en ese   idioma y un instructivo para traducirlos al ingl&eacute;s, atendiendo s&oacute;lo    a su forma. La idea es que   personas de afuera del cuarto introducen en &eacute;ste preguntas en chino que,    gracias al instructivo, el   hombre traduce al ingl&eacute;s y emite respuestas en este &uacute;ltimo idioma.    El punto que busca concluir   Searle es que si bien este cuarto se comporta como si entendiera chino, en realidad    no lo hace,   raz&oacute;n por la cual no tenemos razones suficientes para suponer que algo    que tenga un programa   (software) para, digamos, pensar, piense en realidad.</p>     <p><sup><a href="#2" name="p2">2</a></sup> La idea de que nuestra mente funcione de acuerdo con los par&aacute;metros    de una TCM y, adem&aacute;s,   que sea por naturaleza un sistema de representaciones parece que proviniera    de dos ideas distintas.   En principio se podr&iacute;a sostener una teor&iacute;a representacional de    la mente que no sea computacional   o una computacional que no cuente con representaciones. No obstante, la exposici&oacute;n    que sigo   aqu&iacute; se suscribe a la idea de Fodor, de que una TCM debe suponer la existencia    de un sistema de   representaciones en la mente para poder funcionar, y pretendo que la solidez    de sus argumentos   me evite el trabajo de analizar otras alternativas.</p>     <p><sup><a href="#3" name="p3">3</a></sup> PDP: procesamiento distribuido en paralelo, una de las m&aacute;s    completas variantes de los modelos   conexionistas. </p> <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><font size="3">Bibliograf&iacute;a</font></b></p>     <!-- ref --><p> 1. Davidson D. Mental events. In: Block N,   editor. Readings in philosophy of psychology.   Cambridge: Harvard University   Press; 1980. p. 107-19.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0034-7450200400010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 2. McGinn C. Anomalous monism and   kripke&#39;s cartesian intuitions. In: Block N,   editor. Readings in philosophy of psychology.   Cambridge: Harvard University   Press; 1980. p. 156-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0034-7450200400010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 3. Block N. Introduction: what is functionalism.   In: Block N, editor. Readings in   philosophy of psychology. Cambridge:   Harvard University Press; 1980. p. 171-   84.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0034-7450200400010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 4. Smart JJC. Sensations and brain processes.   In: Chappell V C, editor. The   philosophy of mind. Englewood: Prentice   Hall; 1962.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0034-7450200400010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 5. Putnam H. Minds and machines. In:   Hook S, editor. Dimensions of mind.   New York: New York University Press   1960.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0034-7450200400010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 6. Putnam H. The nature of mental states.   In: Block N, editor. Readings in philosophy   of psychology. Cambridge: Harvard   University Press; 1980. p. 223-31.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0034-7450200400010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 7. Block N. Troubles with functionalism. In:   Block N, editor. Readings in philosophy   of psychology. Cambridge: Harvard   University Press; 1980. p. 268-305.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0034-7450200400010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 8. Bechtel W. Filosof&iacute;a de la mente: una   panor&aacute;mica para la ciencia cognitiva.   Madrid: Tecnos; 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0034-7450200400010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 9. Block N, Fodor J. What psychological   states are not. In: Block N, editor. Readings   in philosophy of psychology.   Cambridge: Harvard University Press;   1980. p. 237-50.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0034-7450200400010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 10. Searle JR. Minds, brains and programs.   In: The behavioral and brain sciences;   1980.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0034-7450200400010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 11. Stich S. From folk psychology to cognitive   science: the case against belief.   Cambridge: MIT Press; 1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0034-7450200400010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 12. Chalmers DJ. A computational foundation   for the study of cognition.   1995. Available from: URL: <a href="http://www.u.arizona.edu/%7Echalmers/papers/computation.html." target="_blank">http://   www.u.arizona.edu/~chalmers/papers/   computation.html. </a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0034-7450200400010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Sterelny K. The representational theory   of mind: an introduction. Cambridge:   Blackwell; 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0034-7450200400010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 14. Fodor JA. El lenguaje del pensamiento.   Madrid: Alianza; 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0034-7450200400010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 15. Aydede M. The language of thought   hypothesis. In: The Stanford encyclopedia   of philosophy. 1988. Available from:   URL: <a href="http://www.plato.stanford.edu/entries/%20language-thought/" target="_blank">http://www.plato.stanford.edu/entries/    language-thought/</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0034-7450200400010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 16. Fodor JA, Lepore E. Why meaning (probably)   isn&#39;t conceptual role. In: Stich S,   editor. Mental representation. Cambridge:   Blackwell; 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0034-7450200400010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 17. Rumelhart DE, McClelland JL, The PDP   Research Group. Parallel distributed   processing: explorations in the microestructure   of cognition. Cambridge: MIT   Press; 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0034-7450200400010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 18. Rumelhart DE. Towards a microestructural   account of human reasoning. In:   Davis S, editor. Connectionism: theory   and practice. New York: Oxford University   Press; 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0034-7450200400010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 19. McCulloch WS, Pitts WH. A logical calculus   of the ideas inmanent in nervous   activity. In: McCulloch WS. Embodiments   of mind. Cambridge: MIT Press; 1965.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0034-7450200400010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 20. Monta&ntilde;&eacute;s P, De Brigard F. Neuropsicolog&iacute;a   cl&iacute;nica y cognoscitiva. Bogot&aacute;:   Universidad Nacional de Colombia;   2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0034-7450200400010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 21. Searle JR. El redescubrimiento de la   mente. Barcelona: Cr&iacute;tica; 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0034-7450200400010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 22. Carello C, Turvey MT, Kugler N, Shaw   RE. Inadequacies of the computer metaphor.   In: Gazzaniga MS, editor.   Handbook of neuroscience. 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Barcelona:   Gedisa; 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0034-7450200400010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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