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<journal-title><![CDATA[Revista Colombiana de Psiquiatría]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Impacto emocional del embarazo de alto riesgo]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Emotional Impact of a High-Risk Pregnancy]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this article the author reviews the psychological evolution of a normal pregnancy. The four stages of the process of bereavement unleashed by the news of a high-risk pregnancy or by the birth of a child with difficulties are examined. The main psychological mechanism used by the parents in each one of these stages is described in detail. Finally, the author formulates recommendations for the management of the attitudes of parents in this situation.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align=right>Art&iacute;culos de revisi&oacute;n/actualizaci&oacute;n</p>     <p><b>      <center>       <p>&nbsp;</p>       <p><font size="4">Impacto emocional del embarazo de alto riesgo<a href="#(1)"><sup>1</sup>      </a> </font> </p> </center> </b></p>      <p>&nbsp; </p> <b>      <center>       <p><font size="3">Emotional Impact of a High-Risk Pregnancy</font></p>       <p>&nbsp; </p> </center> </b><b>Manuel Torres Guti&eacute;rrez</b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> M&eacute;dico  psiquiatra, jefe Servicio de Salud Mental, Fundaci&oacute;n Cardio-Infantil, Instituto  de Cardiolog&iacute;a.     <br>Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:maantorres@hotmail.com.">maantorres@hotmail.com.</a>  <hr size="1">     <p> <b>Resumen</b></p>     <p> En este art&iacute;culo se revisa la evoluci&oacute;n psicol&oacute;gica del    embarazo normal, se examinan las   cuatro etapas del proceso de duelo disparado por la noticia de un embarazo de    alto riesgo o   por el nacimiento de un ni&ntilde;o con dificultades, se detalla el mecanismo    psicol&oacute;gico principal   utilizado por los padres en cada una de las etapas y se formulan recomendaciones    para el   manejo de las actitudes de los padres en esta situaci&oacute;n.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> embarazo, embarazo de alto riesgo, duelo, padres.</p> <hr size="1">     <p> <b>Abstract</b></p>     <p> In this article the author reviews the psychological evolution of a normal    pregnancy. The   four stages of the process of bereavement unleashed by the news of a high-risk    pregnancy or   by the birth of a child with difficulties are examined. The main psychological    mechanism   used by the parents in each one of these stages is described in detail. Finally,    the author   formulates recommendations for the management of the attitudes of parents in    this situation.</p>     <p> <b>Key words:</b> pregnancy, high-risk pregnancy, bereavement, parents.</p> <hr size="1">     <p> Para hablar del impacto emocional   del embarazo de alto riesgo resultan   convenientes algunas consideraciones   sobre las caracter&iacute;sticas   psicol&oacute;gicas del embarazo normal.Debo partir de dos afirmaciones   esenciales casi obvias: la primera,   que el embarazo es una situaci&oacute;n   natural, resultado de la acci&oacute;n de   un instinto b&aacute;sico y que resulta ser   la culminaci&oacute;n de la sexualidad   adulta. De hecho, la madurez de   una pareja suele estar se&ntilde;alada por   la disposici&oacute;n y la capacidad para   ser padres. La segunda, que casi   todas las mujeres desean tener un hijo. Las fantas&iacute;as de las no embarazadas   alrededor de la maternidad   son casi universales. Todas las mujeres   que ya la han vivido califican   la experiencia como significativa e   intensa. Casi todas ellas la perciben   como un suceso grandioso y terrible,   que las acerca a los misterios   de la vida y de la muerte. Por la misma   raz&oacute;n, todas experimentan ambivalencia   frente al embarazo. Tienen   intenso deseo de ser madres,   pero temen a la experiencia o al resultado. </p>     <p>En el aspecto psicol&oacute;gico, el embarazo   es el per&iacute;odo durante el cual   deben realizarse tareas de maduraci&oacute;n   emocional que preparan a la   mujer para su futuro papel de madre.   Esas tareas son esencialmente   tres (1): </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>1. La aceptaci&oacute;n del embarazo, es   decir, la adaptaci&oacute;n a los inevitables   y progresivos cambios   corporales y a las molestias f&iacute;sicas,   as&iacute; como la aceptaci&oacute;n de   la amenaza inexorable del parto   con sus riesgos y su dolor. </p>     <p>2. La adaptaci&oacute;n al papel materno,   esto es, la aceptaci&oacute;n definitiva   de que existe un ni&ntilde;o, que   ese ni&ntilde;o impondr&aacute; cambios en   el rol personal y cambios en la   pareja; la asignaci&oacute;n al feto de   una identidad, y la asunci&oacute;n de   una actitud de protecci&oacute;n y pertenencia. </p>     <p>3. El desarrollo de apego materno   fetal, que puede describirse   como el progreso de la interacci&oacute;n   psicol&oacute;gica de la madre   con el feto, que se hace progresiva   y permanente y que es la   base de la futura relaci&oacute;n afectiva   con el ni&ntilde;o.</p>     <p>   El hecho de que estas tareas   acompa&ntilde;en a un proceso normal no   las hace autom&aacute;ticamente tareas   psicol&oacute;gicas f&aacute;ciles o exentas de patolog&iacute;a.El estereotipo    cultural nos   las muestra como procesos felices,   que ocurren tranquilamente y, en   general, sin alteraci&oacute;n. La realidad   es bien distinta. Un embarazo, incluso   el m&aacute;s normal, constituye una   situaci&oacute;n de estr&eacute;s real. Utilizo de   manera precisa la definici&oacute;n de estr&eacute;s   de Lazarus y Folkman: &#8220;Una relaci&oacute;n   entre la persona y su ambiente,   que es evaluada por la persona   como amenazante, que excede sus   recursos y que pone en peligro su   bienestar&#8221; (2).</p>     <p>   Mas a&uacute;n, si seguimos la clasificaci&oacute;n   de la intensidad de las situaciones   estresantes, el embarazo normal   corresponde a un grado de estr&eacute;s   elevado, que se comparte con   eventos como la muerte de una persona   amada, las p&eacute;rdidas financieras   importantes y las enfermedades e   intervenciones quir&uacute;rgicas. Es sabido   que una situaci&oacute;n de estr&eacute;s se   acompa&ntilde;a de un estado emocional   desagradable. Se recomienda llamarla   tensi&oacute;n emocional, puesto que la   misma situaci&oacute;n puede provocar ansiedad,   verg&uuml;enza, c&oacute;lera y, a veces,   hasta una emoci&oacute;n indefinible. Pero la mayor parte de los autores aceptan   que el estado emocional caracter&iacute;stico   del estr&eacute;s es la ansiedad.</p>     <p>   El estr&eacute;s del embarazo es debido,   en gran parte, al presagio del parto,   pero aceptar el embarazo implica   no s&oacute;lo asumir esa amenaza inevitable.Al margen del gran acontecimiento,   ocurren muchos y peque&ntilde;os   sucesos breves, peque&ntilde;as exigencias   y molestias que originan estr&eacute;s por   s&iacute; mismas: trastornos f&iacute;sicos que   pueden causar inquietud, n&aacute;useas,   v&eacute;rtigo, cambio del apetito o disuria;   aumento de peso; deformaci&oacute;n corporal;   necesidad de acudir al m&eacute;dico   y aceptar exploraciones y pruebas;   obtenci&oacute;n de ciertos papeles en   la empresa de salud, etc. La gestaci&oacute;n   favorece esas peque&ntilde;as irritaciones   que la escuela de Lazarus   considera tal vez m&aacute;s importantes   que los acontecimientos mayores   para la producci&oacute;n del estr&eacute;s.</p>     <p><b>   &iquest;En qu&eacute; consiste la adaptaci&oacute;n   al papel materno?</b></p>     <p>   La escuela psicoanal&iacute;tica ha insistido   en que el embarazo impone   una crisis de maduraci&oacute;n. Helen   Deutsch sostiene, por ejemplo, que   el embarazo &#8220;pone a la mujer cara   a cara con la realidad, intensificando   su percepci&oacute;n de la misma&#8221; (3).Esos &#8220;darse cuenta&#8221;,    &#8220;hacerse cargo   de la realidad&#8221;, &#8220;hacerse consciente&#8221;   constituyen para la escuela   psicoanal&iacute;tica la caracter&iacute;stica m&aacute;s   importante de la madurez. </p>     <p>Simult&aacute;neamente, con la maduraci&oacute;n   y precisamente para acceder   a ella, la mujer gestante experimenta   una regresi&oacute;n a las etapas   tempranas de su desarrollo y conducta.La regresi&oacute;n es un mecanismo   inconsciente de defensa del Yo. Se presenta en muchas otras circunstancias,   en muchas otras crisis   vitales, y desempe&ntilde;a una funci&oacute;n   de adaptaci&oacute;n. Regresi&oacute;n significa   el retorno del sujeto a etapas ya superadas   de su desarrollo. En este   caso, devuelve a la mujer a los conflictos   del desarrollo infantil y puberal   y, especialmente, a los problemas   con su madre. En ello insiste   exhaustivamente Mar&iacute;a Langer (4)   en su libro Maternidad y sexo. Es   decir, el modelo que la embarazada   tiene ante s&iacute; es el de su propia madre.   Paula Heiman sostiene que la   gestaci&oacute;n &#8220;es una preparaci&oacute;n para   la maternidad que incluye la repetici&oacute;n   y la reactivaci&oacute;n de los conflictos   tempranos de la mujer con   su propia madre&#8221; (5). La gestante   debe admitir, rechazar o modificar   el modelo materno. El proceso no   es completamente consciente ni perfectamente   racional.</p>     <p>   Muchos otros investigadores no   psicoanalistas han hecho observaciones   parecidas. Las entrevistas a   primigr&aacute;vidas y a sus madres sugieren   que la relaci&oacute;n madre-hija es   esencial para la adaptaci&oacute;n de la   gestante al papel materno. En general,   los problemas de la hija gestante   reflejan los de la madre, hasta el punto de que se ha hablado de   transferencia generacional. Con   mayor precisi&oacute;n, dir&iacute;amos entonces   que el trabajo de identificaci&oacute;n con   la madre o de rechazo del modelo   materno y la aceptaci&oacute;n de la propia   gestaci&oacute;n se facilitan por el mecanismo   de regresi&oacute;n, en el que la   mujer se ve inconsciente e involuntariamente   inmersa. La gestante se   identifica con su propio hijo y revive   las etapas de su propio desarrollo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Para terminar la descripci&oacute;n de   la crisis psicol&oacute;gica del embarazo   normal, unas breves palabras sobre   las caracter&iacute;sticas psicol&oacute;gicas de la   parturienta. En t&eacute;rminos de ansiedad,   el parto constituye el acm&eacute; de   la gestaci&oacute;n. Tiene un car&aacute;cter de   inevitabilidad que obliga a una soluci&oacute;n,   est&eacute; dispuesta o no la mujer.Todos los m&eacute;dicos saben que durante   el parto hay momentos de disociaci&oacute;n   de la conciencia, alteraciones de   la percepci&oacute;n, p&eacute;rdida de la capacidad   de raciocinio y juicio cr&iacute;tico y   perturbaciones del autocontrol. La   individualidad y la autosuficiencia se   reducen. La mujer se siente en una   situaci&oacute;n de emergencia y se vuelve   como un ni&ntilde;o peque&ntilde;o. Pide ayuda   del exterior y, en particular, necesita   la colaboraci&oacute;n de una figura materna.Se produce una nueva   reactivaci&oacute;n de los conflictos y de las   conductas infantiles.</p>     <p>   Muchas mujeres y todos los   m&eacute;dicos confirman el car&aacute;cter gozoso   del dar a luz. Vale la pena no   confundir la situaci&oacute;n de la mujer   despu&eacute;s el nacimiento, sobre todo   de un hijo deseado y sano, con la   situaci&oacute;n que ella tiene durante el   parto. El estr&eacute;s del parto es el m&aacute;s   intenso del embarazo. Es importante   que la sociedad y la familia se   preocupen por prestarle apoyo y rodearla   de afecto y seguridad.</p>     <p>   <b>&iquest;Cu&aacute;l es la situaci&oacute;n emocional   en el embarazo de alto riesgo?</b> </p>     <p>El amor materno, como lo conocemos   hoy, es un descubrimiento   de finales del siglo XVIII. Antes de   esa &eacute;poca ni la sociedad ni la familia   proteg&iacute;an la vida del ni&ntilde;o que   estaba por nacer. Tener hijos era un   asunto del destino. La multiparidad   era la norma social. Las familias   eran numerosas en miembros y extensas   en v&iacute;nculos, y casi todas las   mujeres de edad media hab&iacute;an pasado   por la experiencia de perder   uno o varios hijos en el proceso del   embarazo y del parto. No dudamos   de su dolor, pero la muerte durante   el proceso era tenida en mente como   una contingencia cierta, sujeta a &#8220;la   voluntad de Dios&#8221;. Y las parejas parec&iacute;an   mejor dispuestas aceptarla   con sentimientos de resignaci&oacute;n y   pasividad.</p>     <p>   La sociedad urbana del siglo XXI   no s&oacute;lo est&aacute; muy unida a la tecnolog&iacute;a,   sino que est&aacute; sumamente medicalizada.Asistimos a la intervenci&oacute;n   de todos los procesos vitales y de   todo el proceso reproductivo. La obstetricia moderna ofrece fertilidad   asistida y control casi perfecto de la   fecundidad, vigilancia total del embarazo   y parto programado. Nos enorgullecemos   de nuestra capacidad   para el diagn&oacute;stico precoz de muchas   de las condiciones maternas y   para el diagn&oacute;stico prenatal del estado   fetal. La intervenci&oacute;n m&eacute;dica   permite hoy la sobrevida de fetos de   muy escasa edad y la correcci&oacute;n   quir&uacute;rgica de muchas malformaciones   cong&eacute;nitas, aspectos que dan   una esperanza de vida aceptable a   ni&ntilde;os antes condenados.</p>     <p>   Los progresos han provocado   enormes cambios en la relaci&oacute;n madre-   hijo: el embarazo suele ser planeado,   es decir, buscado de forma deliberada   y consciente por los padres.   Su curso se conf&iacute;a a la vigilancia   m&eacute;dica mensual. Cada signo de alarma   tiene una respuesta en la medicina.El parto es un proceso tan confiablemente   controlado que algunos   padres lo planean y hasta solicitan   su filmaci&oacute;n. El puerperio inmediato   se vive como un per&iacute;odo seguro. </p>     <p>No es raro que los padres se   sientan con el derecho a esperar y   a exigir la mayor precisi&oacute;n del sistema   de salud, de manera que se   les garantice &#8212;se les d&eacute; la seguridad&#8212;   que el proceso empezado terminar&aacute;   felizmente. La p&eacute;rdida de un   embarazo, el diagn&oacute;stico precoz de   una situaci&oacute;n desfavorable insoluble   o la muerte del reci&eacute;n nacido se   viven como una tragedia sin equivalentes,   y seguramente provocan   reacciones psicol&oacute;gicas much&iacute;simo   m&aacute;s intensas que antes.</p>     <p>   Las parejas que se enfrentan a   la expectativa de dar a luz en medio   de dificultades m&eacute;dicas, de tener un   hijo con malformaciones o con reducidas   posibilidades de vida y de desarrollo   experimentan una ruptura   del proceso psicol&oacute;gico normal del   embarazo. El curso natural se ve   reemplazado por otro, una secuencia   de reacciones emocionales que   agrupamos bajo el r&oacute;tulo com&uacute;n de   reacciones de duelo. Pero esto rara   vez ocurre de manera sencilla y clara.   La mayor&iacute;a de las veces se produce   una mezcla entre los dos procesos   y el resultado final depende   mucho del per&iacute;odo en el cual se recibe   la noticia, de la naturaleza de   las dificultades mismas (es decir, de   su pron&oacute;stico), de la historia y el   grado de ajuste de la pareja y de la   personalidad de los padres.</p>     <p>   El duelo es un per&iacute;odo normal   para cualquiera que sufra una p&eacute;rdida   emocional significativa (6). Es   un proceso indispensable de adaptaci&oacute;n   a la p&eacute;rdida. Si sus etapas   no son vividas adecuadamente, si   los sentimientos no son expresados,   si la angustia es ocultada y la tristeza   no es consolada, si la culpa evoluciona   en silencio, es mucho m&aacute;s   frecuente que se presenten complicaciones   psiqui&aacute;tricas posteriores   (en particular, depresi&oacute;n prolongada   y enfermedades psicosom&aacute;ticas).</p>     <p>Las variaciones del cuadro cl&iacute;nico   o de las manifestaciones son   tan numerosas como los pacientes. La amenaza de aborto sorprende de   manera distinta a la mujer joven,   primigestante, casada, que ha recorrido   r&aacute;pidamente y con entusiasmo   el camino de aceptaci&oacute;n de su papel,   que a la adolescente soltera que enfrenta   un embarazo no deseado, en   medio de la hostilidad de su familia   y tiene buenos motivos para desear   la muerte del hijo en curso. En ella,   probablemente, las reacciones psicol&oacute;gicas   inmediatas no sean tan   dram&aacute;ticas, pero las consecuencias   a mediano plazo (ideas de culpa intensas,   autodesprecio y conducta   autoagresiva y una franca depresi&oacute;n   posterior) pueden ser catastr&oacute;ficas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El diagn&oacute;stico precoz de las malformaciones   evidencia cu&aacute;nto puede   cambiar la situaci&oacute;n dependiendo   del momento del diagn&oacute;stico. Los   estudios que reflejan las diferencias   psicol&oacute;gicas entre padres a los cuales   se entreg&oacute; un diagn&oacute;stico falso   negativo para s&iacute;ndrome de Down con   respecto a parejas a las cuales no se   ofreci&oacute; la posibilidad del diagn&oacute;stico   prenatal o que declinaron la oportunidad   de realizar esa prueba (7)   nos revela que los primeros, los padres   del grupo que recibi&oacute; una noticia   falsamente negativa, se mostraban   m&aacute;s ansiosos, m&aacute;s culpables y   ten&iacute;an m&aacute;s frecuentemente actitudes   negativas hacia sus ni&ntilde;os. Y,   algo nada sorprendente, ten&iacute;an m&aacute;s   rabia y esa rabia estaba dirigida contra   los m&eacute;dicos y contra el sistema   de salud. Los estudios sobre actitudes   de los padres ante otros diagn&oacute;sticos   prenatales ominosos muestran   resultados semejantes (8).</p>     <p>   El tema de las malformaciones   ha sido ampliamente investigado   por los equipos de salud mental. Los   estudios exploran el proceso psicol&oacute;gico   de los padres desde el diagn&oacute;stico   hasta la decisi&oacute;n de terminar   el embarazo y se&ntilde;alan la ambivalencia   que acompa&ntilde;a a la decisi&oacute;n,   as&iacute; como la generaci&oacute;n de fuertes   sentimientos de culpa cuando   la toman y la actitud ambivalente,   si no francamente negativa, ante el   hijo cuando &#8212;voluntariamente, o   por obediencia a la ley o por su c&oacute;digo   religioso&#8212; permiten su nacimiento.Pero, desde luego, es muy   distinto el proceso si la decisi&oacute;n debe   ser tomada en los primeros meses,   que sobre el segundo trimestre,   cuando la madre ya ha realizado la   tarea de asumir el rol materno.</p>     <p>   Es completamente distinta la   situaci&oacute;n si la malformaci&oacute;n diagnosticada   es visible &#8212;como un paladar   hendido complicado con labio   leporino&#8212; que si se trata de una   malformaci&oacute;n interior, aun cuando   &eacute;sta ponga en un riesgo a&uacute;n mayor   la vida del ni&ntilde;o (9). Las madres estudiadas   se sienten mejor dispuestas   a enfrentar con amor las dificultades   de un ni&ntilde;o con una cardiopat&iacute;a   cong&eacute;nita que de un ni&ntilde;o con   deformidad f&iacute;sica. Pero resulta evidente que no se sienten autorizadas   para expresar esta preferencia   de manera p&uacute;blica.</p>     <p>   El cuadro de duelo es mucho   m&aacute;s claro cuando los padres evidencian   el diagn&oacute;stico durante el parto,   sobre todo, porque han tenido el   tiempo suficiente para la elaboraci&oacute;n   de sus papeles y para el pleno   desarrollo de sus fantas&iacute;as de un   ni&ntilde;o perfecto a quien cuidar y con   el cual corregir sus propias limitaciones   y frustraciones. La presencia   del hijo defectuoso o enfermo destruye   de manera s&uacute;bita esa fantas&iacute;a   y los precipita m&aacute;s claramente   hacia la reacci&oacute;n de duelo, que es   a&uacute;n m&aacute;s intensa cuando el ni&ntilde;o debe   ser separado de la madre y llevado   a una unidad de cuidados especiales,   frecuentemente en un piso   distinto o en un hospital diferente.   Un duelo tiene cuatro etapas claramente   diferenciadas (10):</p>     <p>   &#8226; Negaci&oacute;n.      <br> &#8226; Rabia y rechazo.      <br>&#8226; Depresi&oacute;n.      <br>&#8226; Resoluci&oacute;n del conflicto. </p>     <p>En la primera etapa, el proceso   empieza inmediatamente con la   &#8216;mala&#8217; noticia, e interrumpe toda la   elaboraci&oacute;n psicol&oacute;gica normal en   el punto en el que ella se encuentre.   Para el observador su primer   indicio suele ser una actitud de choque   psicol&oacute;gico, que incluye conmoci&oacute;n,   par&aacute;lisis e incredulidad. La   conmoci&oacute;n puede durar desde horas   hasta d&iacute;as, y suele ser seguida   del mecanismo de negaci&oacute;n. Las   personas parecen aturdidas y se   sienten perplejas.</p>     <p>   Durante el per&iacute;odo de choque,   dir&iacute;ase, hay una cierta escisi&oacute;n de   la conciencia, porque los sentimientos   est&aacute;n como &#8216;embotados&#8217; y comprometida   la percepci&oacute;n del transcurso   del tiempo. Muchas mujeres   act&uacute;an como si no entendieran las   circunstancias que se est&aacute;n produciendo.De hecho, no entienden las   explicaciones que les da su m&eacute;dico o   el personal param&eacute;dico y luego, obviamente,   no pueden recordarlas   o las deforman de acuerdo con sus   necesidades interiores. &Eacute;ste es el   momento en que se tipifica en la vi&ntilde;eta   del obstetra que informa a los   padres que el ni&ntilde;o est&aacute; &#8220;en malas   condiciones&#8221; y que debe ser remitido   a una unidad especializada y la   madre le pregunta si el beb&eacute; saldr&aacute;   de esa unidad a tiempo para irse a   la casa con ella.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Algunas mujeres pueden recordar   con absoluta precisi&oacute;n los eventos   y hasta las palabras exactas   usadas por el m&eacute;dico, pero refieren   sentirlas como si &#8220;no fuera con   ellas&#8221;. Algunos padres expresar&aacute;n   esta misma idea con frases como   &#8220;esto no puede estar pas&aacute;ndonos&#8221;.La negaci&oacute;n (11),    es decir, la actitud   de desconocimiento de una situaci&oacute;n   evidente, es una respuesta psicol&oacute;gica   que amortigua el impacto   de la noticia, que les permite &#8220;tomar aire&#8221;, organizar sus recursos    internos   y demorar la respuesta. El per&iacute;odo   es m&aacute;s o menos breve, de   acuerdo con la inminencia de la   amenaza o las necesidades de   actuar frente a ella.</p>     <p>   Cuando el evento m&eacute;dico lo permite,   el per&iacute;odo se prolonga por d&iacute;as   o semanas. En el caso del diagn&oacute;stico   prenatal ominoso, los padres pueden   retraerse o no regresar a la consulta   para evitar el dolor de aceptar   la situaci&oacute;n. O, incluso, pueden ir   de m&eacute;dico en m&eacute;dico en b&uacute;squeda   de uno que contradiga la predicci&oacute;n.Si son necesarias nuevas pruebas   diagn&oacute;sticas o si los m&aacute;rgenes de   error de las pruebas utilizadas permiten   la duda, sobre todo, si el m&eacute;dico   apoya con su actitud las dudas   de los padres, recurrir&aacute;n a nuevos y   nuevos ex&aacute;menes, pruebas y esfuerzos,   con la esperanza de que la realidad   amenazante se esfume y pueda   regresar la fantas&iacute;a feliz.</p>     <p>   Otro es el caso si la situaci&oacute;n   exige la toma de decisiones inmediatas.&Eacute;sta es la circunstancia cuando   el reci&eacute;n nacido necesita reanimaci&oacute;n   y luego cuidados especiales.Entonces el mecanismo de negaci&oacute;n   se rompe y surge de manera abrupta   la conciencia de realidad, acompa&ntilde;ada   de fuertes sentimientos de   hostilidad, angustia, culpa y verg&uuml;enza.De nuevo, el predominio de   uno o de otro de estos sentimientos   depende tanto del per&iacute;odo de desarrollo   psicol&oacute;gico del embarazo en   curso como de la personalidad de los   miembros de la pareja.</p>     <p>   No es f&aacute;cil dar indicaciones de   manejo para el per&iacute;odo de negaci&oacute;n.Cuando el estado de perplejidad    es   tan evidente, el m&eacute;dico deber&iacute;a tener   en cuenta que no debe dar explicaciones   muy extensas y que,   menos a&uacute;n, resulta necesario o considerado   que haga apreciaciones   sobre las posibilidades futuras, los   m&aacute;rgenes estad&iacute;sticos de confiabilidad   de los diagn&oacute;sticos o que exhiba   estad&iacute;sticas acerca de las perspectivas   de &#8216;estos ni&ntilde;os&#8217;. En realidad,   es preferible que ofrezca una   explicaci&oacute;n sencilla y asuma una   actitud reposada y segura. No tiene   sentido discutir con los padres conmocionados   y es preferible citarlos   para una nueva reuni&oacute;n (si se trata   de un diagn&oacute;stico prenatal amenazante)   o indicarles que debe ocuparse   del tratamiento del ni&ntilde;o (si el   evento ocurre despu&eacute;s del parto).</p>     <p>   En la segunda fase, la rabia suele   ser el sentimiento predominante.En general, es el resultado inmediato   de la frustraci&oacute;n de las ilusiones   de los padres y de la verg&uuml;enza por   su eventual participaci&oacute;n en el defecto   del hijo. Un dispositivo inconsciente,   el mecanismo de proyecci&oacute;n   (11), dirige la rabia hacia otros y as&iacute;   protege al yo de ser abrumado por   los sentimientos de culpa.</p>     <p>   La hostilidad del padre, por   ejemplo, puede estar dirigida con tra la vida misma, contra su esposa   o contra el m&eacute;dico o el personal del   servicio. Todos sabemos que no es   imposible que alguno golpee o insulte   a los miembros del equipo. Con frecuencia es posible ver a los   dos padres culp&aacute;ndose mutuamente   o a uno de ellos aprovechando los   antecedentes familiares del otro o   de su familia para descargar su ira. </p>     <p>No es raro que se culpe al m&eacute;dico   por errores supuestos o reales en el   curso o en la atenci&oacute;n del embarazo   o del parto. &Eacute;sta es una situaci&oacute;n que suele   ser dif&iacute;cil de enfrentar; por ello es una   enorme tentaci&oacute;n para el m&eacute;dico   calificar a estos padres como &#8216;dif&iacute;ciles&#8217;.Ciertamente lo    son. Pero el resultado   de esa categorizaci&oacute;n es el   alejamiento afectivo del personal. No   es infrecuente que el abandono sea   total, que no s&oacute;lo no se les ofrezca   apoyo emocional, sino que la informaci&oacute;n   que se les brinda sea incompleta,   breve y descorazonadora.Abandonados a su angustia, los padres   tendr&aacute;n mejores argumentos   para la proyecci&oacute;n de su rabia. </p>     <p>Los psiquiatras y psic&oacute;logos   sabemos que solamente cuando los   sentimientos hostiles pueden ser expresados   es posible el paso a la siguiente   etapa del duelo. Pero no es   f&aacute;cil para el m&eacute;dico, en medio de la   emergencia, asumir una actitud   comprensiva. Y tampoco me parece   humano ped&iacute;rsela. Sin embargo, resulta   deseable que pueda comprender   y asumir una que no sea de enojo   y alejamiento definitivos. En realidad,   en ese momento, &eacute;l es el &uacute;nico   que puede apoyarlos y evitar con   ello una actitud m&aacute;s dif&iacute;cil a largo   plazo. A prop&oacute;sito, para el caso, no   resulta &uacute;til el llamado de emergencia   al psiquiatra de turno o al servicio   de seguridad.</p>     <p>   Culturalmente, es m&aacute;s frecuente   que las madres expresen su rabia   en forma de p&aacute;nico. En el caso   de la muerte neonatal y, sobre todo,   ante la noticia de malformaciones,   es posible que se nieguen a ver al   ni&ntilde;o. El personal deber&iacute;a estar entrenado   para apoyarlas en el acercamiento   al hijo y su indispensable   visualizaci&oacute;n. Las fantas&iacute;as sobre el   mortinato nunca visto son siempre   peores que la m&aacute;s frustrante de las   realidades, y las perseguir&aacute;n toda   su vida. La mayor&iacute;a de las mujeres   expresa alivio despu&eacute;s de verlos. </p>     <p>La tercera etapa, el per&iacute;odo de   depresi&oacute;n, suele ser m&aacute;s larga que   las dos anteriores. Su mecanismo   psicol&oacute;gico secreto es la introyecci&oacute;n   (11) de la culpa. Sus s&iacute;ntomas son   los que caracterizan a cualquier otro   tipo de depresi&oacute;n: llanto frecuente,   tristeza, rumiaci&oacute;n de ideas de culpa,   aislamiento social, laconismo o   mutismo, sensaci&oacute;n de futuro   inexistente, abandono de las otras   responsabilidades, p&eacute;rdida del inter&eacute;s   en el entorno, s&iacute;ntomas som&aacute;ticos   diversos, anorexia e insomnio. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es &eacute;ste el per&iacute;odo de las preguntas:</p>     <p>&iquest;por qu&eacute; me sucedi&oacute; a m&iacute;? &iquest;Qu&eacute; estuvo   mal? &iquest;Por qu&eacute; Dios quiso esto?   Generalmente se formulan en doloroso   silencio y no tienen respuesta.</p>     <p>   Si el duelo se dispara en el per&iacute;odo   posparto y el ni&ntilde;o sobrevive,   los padres tendr&aacute;n que iniciar sus   contactos con &eacute;l en el marco de este   sentimiento. Si se trata de un diagn&oacute;stico   ominoso hecho durante el   embarazo, la tristeza ser&aacute; el sentimiento   que ti&ntilde;a y modifique los meses   y los procesos psicol&oacute;gicos que   habr&aacute;n de darse. &Eacute;ste es el per&iacute;odo   en el que m&aacute;s frecuentemente se   invita a participar al equipo de salud   mental y en el que resulta m&aacute;s fruct&iacute;fero   que lo haga. Sus estrategias   especializadas no son motivo de esta   revisi&oacute;n. Dedicar&eacute; las l&iacute;neas que me   restan a mostrar sus s&iacute;ntomas y a   recordar algunas recomendaciones   pertinentes para el equipo m&eacute;dico.En particular, en aquellos casos en   que hay un ni&ntilde;o luchando por sobrevivir   y unos padres tratando de rehacerse   emocionalmente para acogerlo. </p>     <p>Se puede ayudar enormemente   a los padres en su proceso de duelo   si el ambiente y el personal fomentan   el desarrollo del apego con el   ni&ntilde;o. Lo normal es que el apego de   la madre a su beb&eacute; surja espont&aacute;neamente,   sean cuales sean las condiciones   de &eacute;ste; sin embargo, dos   factores se oponen a su despliegue   natural: en primer lugar, la tecnolog&iacute;a   empleada en la atenci&oacute;n m&eacute;dica   del ni&ntilde;o y, en segundo lugar,   la depresi&oacute;n de la madre. En la   mayor parte de las unidades los ni&ntilde;os   permanecen en la incubadora   y los padres apenas pueden verlos   a trav&eacute;s de una ventana. A veces les   permiten alzarlos unos breves segundos   o alimentarlos. Pero nada   m&aacute;s. Los padres generalmente se   turnan para acompa&ntilde;arlos, y suele   ser la madre la que permanece m&aacute;s   tiempo, inm&oacute;vil y silenciosa, junto   a la ventana. Algunos padres toleran   s&oacute;lo visitas breves al comienzo   y deben salir de la sala para manejar   su dolor. Nosotros recomendamos   no s&oacute;lo aceptar su conducta,   sino indicarles que eso es normal.</p>     <p>   Los padres pueden estar tan impactados   e incluso tan &#8216;aplastados&#8217;   por su dolor que pueden resistirse   a establecer una relaci&oacute;n emocional   con el ni&ntilde;o, sobre todo cuando   est&aacute; en duda su supervivencia. Por   lo general, se preparan para su   muerte y simult&aacute;neamente rezan   para que viva. Ellos tienden a abstenerse   de tocar al ni&ntilde;o. Nosotros actuamos   al contrario: los empujamos   al contacto f&iacute;sico y visual con la   certeza de que aun la muerte posterior   no va a empeorar el proceso de   duelo.</p>     <p>   Sabemos que es importante que   ambos padres est&eacute;n exactamente   informados de la condici&oacute;n del ni&ntilde;o.Por experto que sea el personal    de   enfermer&iacute;a, su m&eacute;dico deber&iacute;a ser   la &uacute;nica persona que les da la informaci&oacute;n   cardinal sobre el empeora miento, la recuperaci&oacute;n o la muerte. Creemos    que debe usar un optimismo cauteloso para informarlos.   No tiene sentido decirles que la   muerte o el retardo mental son una   probabilidad real. Son desenlaces   dif&iacute;ciles de asegurar y, en cambio,   la afirmaci&oacute;n hecha ser&aacute; determinante   para el establecimiento de la   relaci&oacute;n si el ni&ntilde;o sobrevive. </p>     <p>Para acelerar el proceso de duelo   los padres siempre deben ver al   ni&ntilde;o lo m&aacute;s pronto posible, preferiblemente   en el momento mismo del   parto, antes de que sea remitido a   otra unidad. Deben ser informados   con anterioridad de las condiciones   de salud, deben dar su consentimiento   para el traslado y, hasta   donde sea posible, deben viajar con   &eacute;l. Asimismo, hay que animar a los   padres a visitar, tocar, acariciar, hablar   y cuidar al ni&ntilde;o hospitalizado.   Si se puede, la madre debe ser estimulada   a darle de mamar al pecho   o con biber&oacute;n. Esto ofrece una oportunidad   de contacto que no se logra   de otra forma. Durante esos momentos   hay que retirar las vendas   de los ojos del beb&eacute; para facilitar el   contacto visual de la mam&aacute; con su   hijo. La idea es que los padres deben   participar en algunas de las   actividades de cuidado del ni&ntilde;o. Al   principio quiz&aacute; s&oacute;lo puedan cambiar   su pa&ntilde;al o limpiarle la boca con una   gasa. Incluso las m&aacute;s elementales   tareas pueden disminuir el sentimiento   de desesperanza y contribuir   a desarrollar el rol parental.</p>     <p>   Debemos proteger a los padres   de la frustraci&oacute;n y de los sentimientos   de incompetencia advirti&eacute;ndoles   algunas reacciones t&iacute;picas de un   ni&ntilde;o enfermo o debilitado. Por ejemplo,   un ni&ntilde;o muy prematuro apenas   exhibe reflejo de moro y llora d&eacute;bilmente   si lo tocan. La madre puede   creer que no es querida por el beb&eacute;   y que sus atenciones han sido rechazadas.Puede interpretar el hecho   de comer poco, de dormirse   mientras lo alimenta o de regurgitar   como indicios de su ineptitud como   madre. Recomendamos que la enfermera   no le quite el ni&ntilde;o de inmediato   y la reemplace con su habitual   eficacia. Los sentimientos de inadecuaci&oacute;n   y el resentimiento se imponen   sobre todas las otras dificultades   psicol&oacute;gicas.</p>     <p>   La intimidad es casi imposible   en la mayor parte de las unidades, y   al principio es necesario que la enfermera   est&eacute; presente en las visitas;   pero luego debe dejar a los padres   solos con su ni&ntilde;o. La supervisi&oacute;n   constante del personal tiende a inhibir   las conductas parentales de   tocar al hijo y de mirarlo a los ojos. </p>     <p>Los padres necesitan permanente   est&iacute;mulo y aseguramiento   para aprender a cuidar al beb&eacute;. La   enfermera debe guiarlos, m&aacute;s que   suplantarlos. Su competencia puede   descorazonarlos. Cuando los padres   aceptan entrar a participar del   cuidado, su manera de acercarse y   de tocar al ni&ntilde;o revela su estado emocional. Al principio ellos prefieren   tocarlo con las puntas de los   dedos, m&aacute;s que estrecharlo entre   sus brazos. Temen hacerle da&ntilde;o y   la presencia de cat&eacute;teres y aparatos   de registro electr&oacute;nico no ayuda.Los padres inseguros se ven m&aacute;s   tensos e inc&oacute;modos y tienden a   mantener al ni&ntilde;o lejos de su cuerpo. Ellos buscan reaseguramiento   permanente de la enfermera. Es frecuente   que hagan una y otra vez las   mismas preguntas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No siempre las madres deprimidas   lloran. Las m&aacute;s afectadas llaman   poco, molestan menos y casi   no vienen de visita. Las enfermeras   las detectan por su escaso inter&eacute;s   en participar de los cuidados del   ni&ntilde;o y porque sostienen al beb&eacute; sobre   sus rodillas, con la cabeza en el   antebrazo y a distancia de su t&oacute;rax.En el caso m&aacute;s pat&eacute;tico,    en lugar   de hacer contacto visual con el ni&ntilde;o,   sus ojos vagan por la habitaci&oacute;n o   permanecen fijas en alg&uacute;n punto   neutro, ap&aacute;ticas y desinteresadas.   Con tan pobre atenci&oacute;n es frecuente   que el tetero est&eacute; sostenido incorrectamente   y que el chupo se llene   con aire y no con leche. Hay que   detectarlas tempranamente y remitirlas   para ayuda psiqui&aacute;trica y psicol&oacute;gica.Es dif&iacute;cil trazar    la frontera   entre una intensa reacci&oacute;n de duelo   y una patolog&iacute;a como un trastorno   depresivo mayor o el comienzo   de un episodio sic&oacute;tico.</p>     <p>   Los padres encuentran inapropiado   compartir sus temores con   los m&eacute;dicos y el personal que cuida   a su hijo enfermo. Temen que,   de manera m&aacute;gica, su pesimismo   pueda influir el curso del tratamiento.   En cambio, se sienten m&aacute;s   seguros de reconocerlo con otros   padres y con personas que no est&eacute;n   directamente involucradas en el   cuidado.</p>     <p>   La &uacute;ltima etapa del desarrollo   del duelo, la aceptaci&oacute;n de la realidad,   puede tardar muchos meses   y puede no llegar, especialmente en   el caso de ni&ntilde;os seriamente limitados.   Es un proceso largo que nace   en el anterior y que evoluciona gradualmente   hasta que la familia alcanza   un nuevo estado de equilibrio. Toma meses. Durante ellos el   estado de &aacute;nimo es a&uacute;n bajo y los   padres se sienten frecuentemente   exhaustos. Pero mejora insensiblemente.   Con frecuencia hay retrocesos   y recurrencia en los estados   emocionales propios de los estados   previos.</p>     <p>   En consecuencia, a pesar del   serio compromiso afectivo y de la   realidad de su condici&oacute;n de padres,   a la par frustrante y exigente, si les   damos oportunidad y ayuda, saldr&aacute;n   lentamente hacia esa situaci&oacute;n de   aceptaci&oacute;n madura, aunque siempre   dolorosa, de las condiciones dif&iacute;ciles   de su hijo.</p>     <p><b><font size="3">Comentarios</font></b></p>     <p><a name="#(1)">1</a> Conferencia presentada en el Primer Congreso Internacional    de Medicina Materno-Fetal.   Bogot&aacute;, 6-18 de octubre de 2003.</p>     <p><b><font size="3">Bibliograf&iacute;a</font></b></p>     <!-- ref --><p> 1. Salvatierra V. Psicobiolog&iacute;a del embarazo   y sus trastornos. Barcelona:   Mart&iacute;nez Roca; 1989. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0034-7450200400030000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Lazarus RS, Folkman S. Stress, appraisal   and coping. New York: Springer;   1984. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0034-7450200400030000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Deutsch H. The psychology of women.   New York: Grune-Stratton; 1945. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0034-7450200400030000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Langer M. Maternidad y sexo. Buenos   Aires: Paid&oacute;s; 1974. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0034-7450200400030000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Heiman P. Aspectos psicoanal&iacute;ticos del   embarazo. In: Rovinsky J, Guttmacher   A, editors. Complicaciones m&eacute;dicas,   quir&uacute;rgicas y ginecol&oacute;gicas del embarazo.   M&eacute;xico: Interamericana; 1965. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0034-7450200400030000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Fenichel O. Teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica de las   neurosis. Buenos Aires: Paid&oacute;s; 1982. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0034-7450200400030000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Hall S, Bobrow M, Marteau T. Psychological   consequences for parents of false   negative results on prenatal screening   for Down&#8217;s syndrome: retrospective interview   study. BMJ 2000;320:407-12. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0034-7450200400030000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Polnay JC, Davidge A, Lyn Ch, Smyth   AR. Parental attitudes: antenatal diagnosis   of cystic fibrosis. Arch Dis Child   2002;87:284-6. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0034-7450200400030000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Sklansky M, Tang A, Levy D, Grossfeld   P, Kashani I, Shaughnessy R, et al. Maternal   psychological impact of fetal   echocardiography. J Am Soc Echocardiogr   2002;15(2):159-66. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0034-7450200400030000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Sadock B, Sadock V, editors. Comprehensive   textbook of psychiatry. 7th ed.   Philadelphia: Lippincott Williams &amp; Wilkins;   2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0034-7450200400030000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Laplanche J, Pontalis JB. Diccionario de   psicoan&aacute;lisis. 3rd ed. Barcelona: Labor;   1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0034-7450200400030000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>&nbsp; </p> </font>       ]]></body><back>
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