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<journal-title><![CDATA[Revista Colombiana de Psiquiatría]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Octavio Paz y el surrealismo: una mirada desde el psicoanálisis]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Octavio Paz and Surrealism, a Psychoanalytical View]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this essay I try to show the resistance of Octavio Paz to psychoanalysis, his ambivalence with surrealism, his dialectics in poetic construction, his own way of naming the unconscious, his struggle to withstand the ties with reality, his utopias of omnipotence, his cosmovision. I don&#8217;t intend to cover everything, these are only scraps of the essential&#8230; to read it is essential.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Psicoanálisis]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana"size="2">      <p align="right">Epistemolog&iacute;a, filosof&iacute;a de la mente y bio&eacute;tica </p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="4"><b>Octavio Paz y el surrealismo: una mirada desde    el psicoan&aacute;lisis </b></font></p>     <p align="center">&nbsp; </p>     <p align="center"><font size="3" face="Verdana"><b>Octavio Paz and Surrealism,    a Psychoanalytical View</b></font></p>     <p>&nbsp; </p>     <p><b>Juan Carlos Rojas Fern&aacute;ndez</b>    <br> <sup>1</sup> Psiquiatra, docente de la Facultad de Medicina de la Universidad    Libre de Cali. Trabajo expuesto en la Universidad del Valle, en la Maestría    de Literatura Colombiana y Latinoamericana, en el Seminario la Obra de Octavio    Paz, 2004. <i><a href="mailto:juanrojasfernandez@yahoo.com"> juanrojasfernandez@yahoo.com    </a></i> </p>     <p>  <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Resumen</b></p>     <p> En este ensayo se intenta mostrar las resistencias al psicoan&aacute;lisis    de Octavio Paz, sus ambivalencias con el surrealismo, su dial&eacute;ctica en    la construcci&oacute;n po&eacute;tica, su manera de nombrar el inconsciente,    sus luchas por no sucumbir a las ataduras de la realidad, sus utop&iacute;as    de omnipotencia y su cosmovisi&oacute;n. No pretendo abarcarlo todo: son pinceladas,    porque lo esencial es leerlo.</p>     <p> <b>Palabras clave: </b>Psicoan&aacute;lisis, poes&iacute;a.</p> <hr size="1">     <p><b>Abstract:</b> In this essay I try to show the resistance of Octavio Paz    to psychoanalysis, his ambivalence with surrealism, his dialectics in poetic    construction, his own way of naming the unconscious, his struggle to withstand    the ties with reality, his utopias of omnipotence, his cosmovision. I don&rsquo;t    intend to cover everything, these are only scraps of the essential&hellip; to    read it is essential. </p>     <p><b>Key words:</b> psychoanalysis, poetry.</p> <hr size="1">     <p><b><font size="3">Introducci&oacute;n</font></b></p>     <p> El autor del manifiesto surrealista y el definidor de este movimiento, en    1924, es el poeta franc&eacute;s Andr&eacute; Breton. En esta proclama se invita    a los escritores y a los artistas a expresar en sus obras la actividad original    del pensamiento de forma irracional, prescindiendo de cualquier preocupaci&oacute;n    exterior, de toda norma est&eacute;tica; a excluir toda l&oacute;gica o preocupaci&oacute;n    moral, y a exaltar el inconsciente, los sue&ntilde;os, la libre asociaci&oacute;n    de im&aacute;genes y de ideas y las manifestaciones de la vida ps&iacute;quica.</p>     <p>As&iacute;, en literatura, el surrealismo se manifiesta principalmente en la    expresi&oacute;n de sentimientos de impotencia ante la realidad.</p>     <p> Paz y su iniciaci&oacute;n A trav&eacute;s de la amistad de Benjamin P&eacute;ret,    Octavio Paz conoce a Breton, en 1945, cuando viaja a Par&iacute;s como agregado    cultural del gobierno mexicano. A este respecto, conviene destacar que el contacto    de Paz en vivo con el surrealismo es tard&iacute;o, pues en aquel tiempo Paz    defend&iacute;a con vehemencia que el surrealismo no hab&iacute;a muerto y que,    frente a lo cotidiano, &ldquo;bosteza lo real sus nader&iacute;as, se repite    en horrores desventrados a&uacute;n se erigen la imaginaci&oacute;n y el deseo&rdquo;.</p>     <p> <b>La muerte de Andr&eacute; Breton</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Es relevante hacer especial referencia a la c&aacute;lida nota necrol&oacute;gica    que escribi&oacute; Paz sobre Breton, quien muere en 1966, en la que resalta    su temor ante la posibilidad de la reprobaci&oacute;n de &eacute;ste: &ldquo;confieso    que durante mucho tiempo me desvel&oacute; la idea de hacer o decir algo que    pudiese provocar su reprobaci&oacute;n [...] En muchas ocasiones escribo como    si sostuviese un di&aacute;logo silencioso con Breton&rdquo;. Tal confesi&oacute;n,    tan significativa desde la voz de donde procede, es signo de reconocimiento    del Otro, que representa autoridad y respeto y que es poseedor de un supuesto    saber. &Eacute;ste es el espacio que ocupa el Padre o el psicoanalista en su    transferencia, dado por el imaginario del que se quiere analizar o quien a trav&eacute;s    de la amistad se deja confrontar o moldear por la din&aacute;mica de una identificaci&oacute;n    idealizada, como todas. El hecho de que Breton sea igual a surrealismo, indica    que al morir Breton, de muchas maneras muere el surrealismo.</p>     <p><b> Paz influenciado por el surrealismo</b></p>     <p> En 1959, Paz le dijo a Claude Couffon: &ldquo;Para m&iacute; la influencia    ha sido decisiva, pero m&aacute;s como mentalidad, como actitud...&rdquo;. Mi    propuesta anal&oacute;gica se alimenta a&uacute;n m&aacute;s ante la negaci&oacute;n    por medio de la cr&iacute;tica que hace Paz de Breton, por su dependencia de    Freud, y la del propio Paz, de Breton. Tan importante es Breton en la vida de    Paz que le ayud&oacute; encontrar el sentido de su destino, su vocaci&oacute;n    de poeta, sin que &eacute;ste se lo propusiera como objetivo, como es la &uacute;nica    manera de que esto pueda suceder. En palabras de Paz, &ldquo;he encontrado en    el surrealismo la idea de rebeli&oacute;n, la idea del amor y de la libertad    en relaci&oacute;n con el hombre&rdquo;. En relaci&oacute;n con esto, en 1966,    el poeta Jos&eacute; Emilio Pacheco, quien sintetiz&oacute; la &eacute;poca    anterior al surrealismo de Paz y quien elabor&oacute; as&iacute; el mito de    los dos Paz, dice: &ldquo;el joven poeta, brillante y comprometido, de los a&ntilde;os    treinta y el hombre corrompido de los a&ntilde;os cincuenta; corrompido por    la infecci&oacute;n surrealista&rdquo;. Breton tambi&eacute;n estuvo infectado    o, mejor, contaminado del lenguaje de Freud &mdash;inconsciente, represi&oacute;n,    principio del placer&mdash; y aliment&oacute; su poes&iacute;a del valor de    lo on&iacute;rico, y plante&oacute; el principio fundamental del surrealismo,    como es la escritura autom&aacute;tica. </p>     <p> <b>Paz y la escritura autom&aacute;tica</b> </p>     <p> Paz se distanciaba de la escritura autom&aacute;tica, creo yo, sin saber del    todo por qu&eacute;. Al no ser esto m&aacute;s que una propuesta similar a la    de Freud, como m&eacute;todo de saber o camino del conocimiento del inconsciente,    conocimiento de ese Otro que nos habita (que s&iacute; aceptaba Paz, pero en    sus palabras), mediante la asociaci&oacute;n libre. Freud invitaba a sus pacientes    a comunicar todo aquello que acude a su pensamiento, aunque &eacute;ste lo juzgara    secundario, impertinente o incoherente, vergonzoso o penoso, es decir, un intento    de desplazar el factor resistencia. Freud ve en las ocurrencias espont&aacute;neas    ramificaciones de los productos ps&iacute;quicos reprimidos (ideas e impulsos)    o deformaciones impuestas por la resistencia que se opone a su reproducci&oacute;n.    Cuanto m&aacute;s intensa sea la resistencia, tanto mayor ser&aacute; esta deformaci&oacute;n;    se trata de deducir de las deformaciones un arte de la interpretaci&oacute;n:    &ldquo;Extraer del mineral (representado por las ocurrencias involuntarias)    el metal de las ideas reprimidas&rdquo;. Esto &uacute;ltimo lo extraigo de un    ensayo publicado, sin nombre del autor, con el t&iacute;tulo de &ldquo;Die Freud&rsquo;sche    psychoanalytische methode&rdquo;, 1904. </p>     <p> Paz rechaz&oacute; la escritura autom&aacute;tica, porque no era una forma    de escribir, sino un ejercicio ps&iacute;quico; pero aprobaba la idea de que    era una manera de destrucci&oacute;n sistem&aacute;tica del ego, de la objetivizaci&oacute;n    del sujeto. &iquest;Qu&eacute; quiso decir con esto &uacute;ltimo? Dicha actitud    tambi&eacute;n la traslad&oacute; a la hipnosis, a los r&eacute;cits on&iacute;ricos,    a los poemas-objetos, a los juegos colectivos. Afirm&oacute; que muchos de los    textos surrealistas no eran sino &ldquo;textos psicol&oacute;gicos&rdquo; (1).    En cuanto a la relativa indiferencia ante las exploraciones surrealistas de    la locura o el humor negro, Paz no compart&iacute;a la pasi&oacute;n por las    coincidencias, los encuentros casuales, los <i>trouvailles</i>; sin embargo,    su proximidad a Breton lo llevaba a afirmar que el amor er&oacute;tico era regenerador,    que la mujer era la respuesta al enigma o la mediadora y que la poes&iacute;a    era la clave para los problemas de la vida. </p>     <p> <b>Freud y el poeta</b> </p>     <p> Me temo que la claridad de Freud es la que nos asusta y distancia de sus teor&iacute;as,    descarnadas y directas: </p>     <p>El poeta hace lo mismo que el ni&ntilde;o que juega; crea un mundo fant&aacute;stico    y lo toma muy en serio; esto es se siente &iacute;ntimamente ligado a &eacute;l,    aunque sin dejar de diferenciarlo resueltamente de la realidad. Pero de esta    irrealidad del mundo po&eacute;tico nacen consecuencias muy importantes para    la t&eacute;cnica art&iacute;stica, pues mucho de lo que siendo real, no podr&iacute;a    procurar placer ninguno, puede procurarlo como juego de la fantas&iacute;a,    y muchas emociones penosas en s&iacute; mismas pueden convertirse en una fuente    de placer para el auditorio del poeta. (2) </p>     <p> Sobre el poeta y los sue&ntilde;os diurnos, Freud nos dice m&aacute;s: &ldquo;los    instintos insatisfechos son las fuerzas impulsoras de las fantas&iacute;as,    y cada fantas&iacute;a es una satisfacci&oacute;n de deseos, una rectificaci&oacute;n    de la realidad insatisfactoria [...] Son deseos ambiciosos, tendientes a la    elevaci&oacute;n de la personalidad, o bien deseos er&oacute;ticos&rdquo; (2).    Paz lo dir&aacute; de la siguiente manera, en forma de un interrogante en su    ensayo &ldquo;Puertas al campo&rdquo;: &ldquo;&iquest;Se ha observado que tanto    en la vida como en el arte, la pasi&oacute;n reclama para satisfacerse un m&aacute;ximo    de artificio y que no se contenta jam&aacute;s con la realidad si no la trasmuta    antes en s&iacute;mbolo? [...] Vivimos en un mundo de signos&rdquo;. Para este    punto es necesario traer al escenario virtual de un pretendido debate a Sade,    quien encarna la libre expresi&oacute;n del deseo al hacer de &eacute;l un padre    del surrealismo. Como dijo Paul Eluard, &ldquo;el volc&aacute;nico Sade liber&oacute;    el amor regenerando los instintos y la pasi&oacute;n&rdquo;. La liberaci&oacute;n    del deseo es el sue&ntilde;o surrealista, la utop&iacute;a. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <b>Paz y la contradicci&oacute;n</b> </p>     <p> Octavio Paz pretendi&oacute; rechazar o distanciarse de las ra&iacute;ces    del surrealismo, dadas esencialmente por el psicoan&aacute;lisis de Freud, como    un acto pretendidamente consciente de separar el principio de la pr&aacute;ctica    y la actitud de la actividad, lo cual no deja de ser contradictorio, cuando    este autor valoraba las exploraciones surrealistas de la inspiraci&oacute;n,    relacionadas con el concepto del Otro (l&eacute;ase inconsciente) frente al    ego dominante, la falsa persona y sus distintos papeles. Para &eacute;l los    conceptos de utop&iacute;a, analog&iacute;a e instante po&eacute;tico convert&iacute;an    al surrealismo en algo universal, en algo m&aacute;s que un estilo literario.  </p>     <p> En 1952, Paz volvi&oacute; a M&eacute;xico. Ya era un surrealista &lsquo;ortodoxo&rsquo;.    Como amigo de Breton, hab&iacute;a abrevado en las fuentes. En 1954 dict&oacute;    una conferencia sobre el surrealismo con el siguiente mensaje: &ldquo;El surrealismo    en lo que tiene de mejor y m&aacute;s valioso seguir&aacute; siendo una invitaci&oacute;n    y un signo; una invitaci&oacute;n a la aventura interior y al redescubrimiento    de nosotros mismos&rdquo;. </p>     <p> &iquest;No es esto la aventura propuesta por el psicoan&aacute;lisis? </p>     <p><b>Freud y el inconsciente</b> </p>     <p> La dificultad con el concepto freudiano del inconsciente (que como el propio    Freud observ&oacute;, exist&iacute;a en una forma menos rigurosamente definida    antes de &eacute;l en la obra de numerosos escritores y poetas) es que no podemos    tener acceso directo a &eacute;l ya qua por definici&oacute;n, la naturaleza    del inconsciente es protegernos de lo que es demasiado penoso para vivir con    ello concientemente. A veces, cuando alcanzamos a ver algo de &eacute;l en nosotros    mismos, nos da la impresi&oacute;n de que al mismo tiempo conocemos y no conocemos    su contenido. Tal vez lo reconocemos cuando o&iacute;mos el grito de la p&eacute;rdida    y el anhelo en una canci&oacute;n popular de amor, en una inquietante imagen    visual o en un verso de un poema o un pasaje de una novela u obra teatral que    nos hace contener el aliento y nos desconcierta moment&aacute;neamente, porque    conecta con algo en nosotros que no sab&iacute;amos que supi&eacute;ramos. (3)  </p>     <p> A mi manera de ver, el psicoan&aacute;lisis es una forma de interpretar el    mundo, como lo es el acto po&eacute;tico, como lo es todo lo que se puede describir    como arte. El surrealismo, a manera de propuesta est&eacute;tica, es heredero    directo o, mejor, hijo natural del psicoan&aacute;lisis. &iquest;Se puede creer    en el hijo negando al padre? Recordemos la confesi&oacute;n inicial de Paz en    relaci&oacute;n con el temor a ser reprobado por Breton. Es necesario el parricidio    para poder ser sujeto, para distanciarse del discurso parental, para poder crear    el propio discurso; s&oacute;lo as&iacute; se podr&iacute;a entender la actitud    de Paz con respecto al supuesto rechazo de las bases del surrealismo. </p>     <p> Otro principio destacable en el surrealismo es la unidad entre la vida y el    arte. El surrealismo reinterpreta la vida y la muerte, y se ocupa del tiempo,    de la ca&iacute;da, de la inocencia y de la redenci&oacute;n. Para Wilson, Paz    hereda los gritos doloridos de los surrealistas, de los existencialistas, de    todos los que sufren orfandad (1). Lo que condiciona la obra es la actitud vital,    mientras que los &lsquo;encuentros&rsquo; reales afectan primero la vida y despu&eacute;s    la poes&iacute;a. No se trata de m&iacute;mica estil&iacute;stica, sino de estilo    de vida. </p>     <p> <b>Extra&ntilde;os pr&oacute;fugos</b> </p>     <p> Paz no adopt&oacute; una pose surrealista: comparti&oacute; el esp&iacute;ritu.    Es preciso en este punto considerar lo que dice William Ospina, en su ensayo    <i>Esos extra&ntilde;os pr&oacute;fugos de occidente</i>, cuando con respecto    a uno de los grandes precursores del surrealismo, como lo fue Rimbaud, anota:  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Existen poetas como Rimbaud, en los que la vida y la obra se entretejen y    se modifican continuamente la una a la otra. Leer el poema &ldquo;El barco ebrio&rdquo;,    e incluso hay momentos en que ambas lecturas parecen confundirse, como si el    poema no fuera m&aacute;s que una transcripci&oacute;n simb&oacute;lica de lo    que habr&iacute;a de ser la vida, o como si la biograf&iacute;a no hubiera sido    m&aacute;s que una aplicaci&oacute;n o ejecuci&oacute;n de los sue&ntilde;os    del muchacho que lo escribi&oacute;. Y un grito dolorido ser&iacute;a &ldquo;Est&aacute;bamos    borrachos de esperanzas terribles&rdquo;. (4) </p>     <p> Uno de los ejemplos m&aacute;s representativos del surrealismo, lo retoma    Juan Carlos Moyano en su ensayo &ldquo;Hijo de Dios y primo del Diablo&rdquo;,    dedicado a Antonin Artaud: </p>     <p> Para Antonin Artaud, como para Rimbaud, la poes&iacute;a es un acto de vida,    es una actitud y una manera de superar las apariencias y de acceder a la entretela    de la combusti&oacute;n humana, al epicentro de la crisis, al ojo del &ldquo;mierdero&rdquo;    universal, donde nadie se salva y donde los s&iacute;mbolos, los signos, los    lenguajes y los silencios danzan y se hunden en un abismo perpetuo. (5) </p>     <p> Para Moyano, Artaud termin&oacute; siendo el m&aacute;s surrealista de los    surrealistas. Este autor escribi&oacute;, en 1925, <i>El pesanervios: el ombligo    de los limbos</i>, un libro de ruptura, mixto, insurrecto, esot&eacute;rico    en su tem&aacute;tica e intimista y experimental en su realizaci&oacute;n literaria.    Desde sus primeras l&iacute;neas es un desaf&iacute;o: &ldquo;Donde los otros    proponen obras yo no pretendo m&aacute;s que mostrar mi esp&iacute;ritu. La    vida es quemar preguntas. </p>     <p> No concibo una obra separada de la vida&rdquo; (6). Es mi interpretaci&oacute;n    que para Artaud no le era dif&iacute;cil ser surrealista, lo que no pod&iacute;a    era ser realista, no ten&iacute;a otra opci&oacute;n; su psiquismo no se lo    permit&iacute;a, ni sus luchas internas, ni sus grandes conflictos y sus l&iacute;mites    tenues con la psicosis, ni su represi&oacute;n que se dilu&iacute;a con el ritmo    de su respirar. S&oacute;lo a trav&eacute;s de la locura se pueden cumplir todos    los condicionamientos del surrealismo. </p>     <p> Parad&oacute;jicamente, Artaud, aunque fue el presidente del movimiento surrealista,    siete meses despu&eacute;s de su nombramiento fue expulsado del movimiento.    No se pod&iacute;a tolerar tanta provocaci&oacute;n, tanta angustia, tanto dolor    descarnado, heridas abiertas incurables. Pongo esto como efecto de polaridad    entre un Paz y un Artaud. Qu&eacute; distintos eran. El poeta mexicano Xavier    Villaurrutia (1903-1950), quien tradujo a Breton y despert&oacute; en Paz el    inter&eacute;s inicial por el surrealismo, dice: &ldquo;El irracionalismo, el    automatismo de las nuevas escuelas po&eacute;ticas, no ha entrado con la fuerza    invasora que ha entrado en otras cosas, por la raz&oacute;n de que el mexicano    es un ser reducido, cuya embriaguez mayor consiste precisamente en mantenerse    l&uacute;cido y que, aun a la hora de so&ntilde;ar, gusta de mantenerse despierto&rdquo;.  </p>     <p> Paz se mantuvo l&uacute;cido y despierto, tal como lo corroboran sus propias    palabras: &ldquo;amo el lenguaje son&aacute;mbulo, pero desconf&iacute;o de    los poetas son&aacute;mbulos&rdquo;. Sin embargo para Paz era f&aacute;cil tener    una actitud surrealista y no &lsquo;ser&rsquo; surrealista, como lo era Artaud,    puesto que la actitud surrealista se basa en una serie de &ldquo;signos en rotaci&oacute;n&rdquo;    o analog&iacute;as, una cadena de met&aacute;foras donde cada una representa    a la otra. En cambio, el &lsquo;ser&rsquo; surrealista era sucumbir a la tentadora    fascinaci&oacute;n y arrojarse en la boca de un vac&iacute;o por medio del cual,    esquivando la angustia, se llegar&iacute;a a los palacios del deseo o a las    puertas del delirio, de la locura o del Infierno. </p>     <p> <b>Otras definiciones</b> </p>     <p> Parece correcta la queja de Sartre de que el surrealismo resulta dif&iacute;cil    de definir, de que es <i>proteico</i>, en el sentido de que hablar de deseo    es hablar del amor; hablar del amor er&oacute;tico, hablar de la mujer, de la    poes&iacute;a, de la libertad, de la palabra, y as&iacute; sucesivamente. Esta    cadena de analog&iacute;as puede reducirse, seg&uacute;n Wilson, a los tres    conceptos a que se refer&iacute;a Paz, los cuales conforman el tri&aacute;ngulo    incandescente o los &ldquo;sin&oacute;nimos candentes&rdquo;: amor, poes&iacute;a    y libertad (1). </p>     <p> El surrealismo respondi&oacute; a muchos de los problemas de Paz: fue una    &ldquo;desesperada tentativa por encontrar la v&iacute;a de salida&rdquo;. En    un comentario fechado en 1974 lo describe como &ldquo;osm&oacute;tico&rdquo;,    como algo que elude toda clasificaci&oacute;n castradora, &ldquo;una actitud    vital, total, &eacute;tica y est&eacute;tica, que se expres&oacute; en la acci&oacute;n    y participaci&oacute;n&rdquo; (7). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <b>Paz y Sade</b> </p>     <p> Paz discrepa de Breton cuando se&ntilde;ala la falla moral de la sospechosa    claridad de Sade. &ldquo;!Todo es espejo&iexcl; Tu imagen te persigue&rdquo;.    El ego&iacute;smo total del libertino convierte al otro en un objeto; niega    su humanidad. S&oacute;lo sobrevive el libertino, quien se ve &uacute;nicamente    a s&iacute; mismo en un espejo atrapado en su yo, detr&aacute;s de su muro.    El placer del libertino es solitario, &ldquo;rabia fr&iacute;a&rdquo;, carente    de comunicaci&oacute;n humana, cada uno est&aacute; solo en su celda. Esto es    una hermosa explicaci&oacute;n de la estructura ps&iacute;quica de la perversi&oacute;n,    otra coincidencia con el psicoan&aacute;lisis. </p>     <p> Paz dice claramente que: &ldquo;El hombre est&aacute; habitado por silencio    y vac&iacute;o&rdquo;. Su premisa es que el significado del hombre radica en    el acto de comunicaci&oacute;n (la poes&iacute;a). Paz pregunta: &iquest;c&oacute;mo    acallar este silencio y poblar su vac&iacute;o?, y se responde: &ldquo;S&oacute;lo    en mi semejante me trasciendo, s&oacute;lo su sangre da fe de otra existencia&rdquo;.    Pero Sade explota y destruye la moral convencional, los sue&ntilde;os explotan,    disuelven la realidad racionalizada y liberan el deseo reprimido: otra constante    surrealista. </p>     <p>son&aacute;mbulo, pero desconf&iacute;o de los poetas son&aacute;mbulos&rdquo;.    Sin embargo para Paz era f&aacute;cil tener una actitud surrealista y no &lsquo;ser&rsquo;    surrealista, como lo era Artaud, puesto que la actitud surrealista se basa en    una serie de &ldquo;signos en rotaci&oacute;n&rdquo; o analog&iacute;as, una    cadena de met&aacute;foras donde cada una representa a la otra. En cambio, el    &lsquo;ser&rsquo; surrealista era sucumbir a la tentadora fascinaci&oacute;n    y arrojarse en la boca de un vac&iacute;o por medio del cual, esquivando la    angustia, se llegar&iacute;a a los palacios del deseo o a las puertas del delirio,    de la locura o del Infierno. Otras definiciones Parece correcta la queja de    Sartre de que el surrealismo resulta dif&iacute;cil de definir, de que es proteico,    en el sentido de que hablar de deseo es hablar del amor; hablar del amor er&oacute;tico,    hablar de la mujer, de la poes&iacute;a, de la libertad, de la palabra, y as&iacute;    sucesivamente. Esta cadena de analog&iacute;as puede reducirse, seg&uacute;n    Wilson, a los tres conceptos a que se refer&iacute;a Paz, los cuales conforman    el tri&aacute;ngulo incandescente o los &ldquo;sin&oacute;nimos candentes&rdquo;:    amor, poes&iacute;a y libertad (1). El surrealismo respondi&oacute; a muchos    de los problemas de Paz: fue una &ldquo;desesperada tentativa por encontrar    la v&iacute;a de salida&rdquo;. En un comentario fechado en 1974 lo describe    como &ldquo;osm&oacute;tico&rdquo;, como algo que elude toda clasificaci&oacute;n    castradora, &ldquo;una actitud vital, total, &eacute;tica y est&eacute;tica,    que se expres&oacute; en la acci&oacute;n y participaci&oacute;n&rdquo; (7).    Paz y Sade Paz discrepa de Breton cuando se&ntilde;ala la falla moral de la    sospechosa claridad de Sade. &ldquo;!Todo es espejo&iexcl; Tu imagen te persigue&rdquo;.    El ego&iacute;smo total del libertino convierte al otro en un objeto; niega    su humanidad. S&oacute;lo sobrevive el libertino, quien se ve &uacute;nicamente    a s&iacute; mismo en un espejo atrapado en su yo, detr&aacute;s de su muro.    El placer del libertino es solitario, &ldquo;rabia fr&iacute;a&rdquo;, carente    de comunicaci&oacute;n humana, cada uno est&aacute; solo en su celda. Esto es    una hermosa explicaci&oacute;n de la estructura ps&iacute;quica de la perversi&oacute;n,    otra coincidencia con el psicoan&aacute;lisis. Paz dice claramente que: </p>     <p> &ldquo;El hombre est&aacute; habitado por silencio y vac&iacute;o&rdquo;.    Su premisa es que el significado del hombre radica en el acto de comunicaci&oacute;n    (la poes&iacute;a). Paz pregunta: &iquest;c&oacute;mo acallar este silencio    y poblar su vac&iacute;o?, y se responde: &ldquo;S&oacute;lo en mi semejante    me trasciendo, s&oacute;lo su sangre da fe de otra existencia&rdquo;. Pero Sade    explota y destruye la moral convencional, los sue&ntilde;os explotan, disuelven    la realidad racionalizada y liberan el deseo reprimido: otra constante surrealista.  </p>     <p>Paz y los sue&ntilde;os El sue&ntilde;o de Paz debe vivirse de d&iacute;a,    es un sue&ntilde;o despierto. Volvamos a la claridad de nuestro ensayista por    excelencia, Willian Ospina, en su &uacute;ltimo libro titulado <i>La decadencia    de los dragones,</i> cuando se refiere a los sue&ntilde;os: </p>     <p> Los sue&ntilde;os son tan reales como las oficinas, las evidencias de la vida    cotidiana no borran el hecho de que nuestra vida es una metamorfosis continua,    que el pasado perdura en forma de memoria, de obsesiones, de miedos; que esos    miedos asumen en nuestra imaginaci&oacute;n formas innumerables y que a veces    incluso nos tiranizan; que la vida est&aacute; llena de belleza, de amor, de    locura, de presentimientos, de imaginaciones. Una literatura que excluyera todas    esas cosas. O que las considerara s&oacute;lo como irrealidades inocuas, no    ser&iacute;a una literatura verdaderamente realista. (8) </p>     <p> Y, m&aacute;s adelante, con cierta nostalgia, dice: &ldquo;Parecer&iacute;an    haber quedado definitivamente atr&aacute;s los sue&ntilde;os y los delirios,    la fantas&iacute;a, las verdades de la imaginaci&oacute;n, los poderes del sentimiento&rdquo;    (8). Dir&iacute;a Paz: &ldquo;Quiz&aacute;s la realidad tambi&eacute;n es una    met&aacute;fora&rdquo;. </p><b>Paz y Freud</b>     <p></p>     <p> Paz desaf&iacute;a al lector y a &eacute;l mismo a seguir a Sade y a los surrealistas:    &ldquo;s&oacute;lo el riesgo permite ganar la libertad, esa libertad color de    hombre que buscaba Breton&rdquo;. Por lo descrito, me atrevo a decir que Paz    no tem&iacute;a ser reprobado por Breton, tem&iacute;a, de cierta manera, encontrarse    con Freud. Estos dos hombres ten&iacute;an la misma lucidez racionalista y el    mismo goce por el conocimiento; eran tentados por la misma mujer enigm&aacute;tica,    como continente por descubrir, y profesaban respeto por la poes&iacute;a como    acto creativo: en Freud, expresi&oacute;n del inconsciente en Paz, di&aacute;logo    con el Otro, lo que est&aacute; en &ldquo;la otra orilla&rdquo; la &ldquo;otredad&rdquo;.    Eran seres similares que se repel&iacute;an, lo cual asocio con la gran angustia    que ten&iacute;a Borges de mirarse en el espejo: &iquest;ser&iacute;a el temor    de verse a s&iacute; mismo o de verse Otro, desconocido, que lo habita y lo    gobierna, como el sol de los aztecas? </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <b>Paz y la palabra</b> </p>     <p> Eliot Weinberger ha escrito que para Paz, &ldquo;La revoluci&oacute;n de la    palabra es la revoluci&oacute;n del mundo, y que ambas no pueden existir sin    la revoluci&oacute;n del cuerpo; la vida como arte, una vuelta a la unidad perdida    m&iacute;tica del pensamiento y del cuerpo, hombre y la naturaleza, yo y el    otro&rdquo;. En Las peras del olmo, Paz lo dice as&iacute;: </p>     <p> En la comuni&oacute;n, el poeta descubre la fuerza secreta del mundo, esa    fuerza que la religi&oacute;n intenta canalizar y utilizar, a trav&eacute;s    de la burocracia eclesi&aacute;stica. Y el poeta no s&oacute;lo la descubre    y se hunde en ella: la muestra en toda su aterradora y violenta desnudez al    resto de los hombres, latiendo en su palabra, viva en ese extra&ntilde;o mecanismo    de encantamiento que es el poema. (9) </p>     <p> As&iacute;, en un poema surrealista, se dirigi&oacute; a la palabra para gritarle:    &ldquo;Estalla. Vuelve a ser sol&rdquo;. Y &eacute;ste es otro de los principios    b&aacute;sicos del surrealismo: la visi&oacute;n cosmog&oacute;nica, el gusto    por lo maravilloso y la puerta a lo absoluto, a lo m&iacute;stico y a lo esot&eacute;rico,    as&iacute; el poeta tiene la prerrogativa que Mallarm&eacute; le conced&iacute;a:    la misi&oacute;n de aportar una explicaci&oacute;n &oacute;rfica de la tierra.    &ldquo;La analog&iacute;a o mejor dicho, la identidad entre la persona amada    y la naturaleza&rdquo;. </p>     <p> Diego Mart&iacute;nez Torr&oacute;n, en el pr&oacute;logo del libro de Octavio    Paz <i>La b&uacute;squeda del comienzo: escritos sobre el surrealismo</i>, refiere    que: </p>     <p> Paz pide un imposible. Pero en &eacute;l, la poes&iacute;a cobra una nueva    vida, la palabra una nueva aspiraci&oacute;n. &Eacute;ste es el secreto de su    duende, &eacute;sta es la fuerza de su poes&iacute;a. Trascender la materia,    para divinizarla de nuevo. Integrar el mundo con su origen, con la tierra madre,    con el limo, con el sustrato que percibe en el confuso arquetipo de todos sus    sue&ntilde;os. (7) </p>     <p> Es aqu&iacute; donde intuyo un acercamiento m&aacute;s a la teor&iacute;a    psicoanal&iacute;tica de Jung y, por ende, un distanciamiento de Freud; un intento    de explicarlo todo bajo una sola visi&oacute;n, la poes&iacute;a, la palabra.    Es elevarnos al nivel de Dios. Aqu&iacute; es donde algunos lectores, como yo,    nos distanciamos de tal intento prepotente de llegar a ser ese Octavio Paz,    siempre tan l&uacute;cido y compuesto, tan poseedor de la verdad a la que otros    mortales no se han podido ni acercar. Quiero intentar decirlo sin residuos de    iron&iacute;a. </p>     <p> <b>Conclusiones</b> </p>     <p> A manera de conclusi&oacute;n breve, si es que los t&eacute;rminos caben,    veamos el resumen que plantea Mart&iacute;nez Torr&oacute;n (7) sobre las peculiaridades    del surrealismo de Paz: </p>     <p> &bull; La importancia de la imaginaci&oacute;n surrealista en su poes&iacute;a,    el gusto por lo maravilloso. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> &bull; El contacto personal con el surrealismo franc&eacute;s. </p>     <p> &bull; El aporte a los temas surrealistas con la mitolog&iacute;a azteca.  </p>     <p> &bull; La importancia central que concede a la concepci&oacute;n m&aacute;gica    del universo, la nueva analog&iacute;a, la identidad amor-poes&iacute;a o escritura-    cuerpo. </p>     <p> &bull; El rechazo de las t&eacute;cnicas de escritura autom&aacute;tica. Para    Paz la creaci&oacute;n po&eacute;tica se entiende como un fen&oacute;meno consciente,    premeditado, aun cuando fundamentalmente depende de &ldquo;otra voz&rdquo;,    cuyo origen es desconocido (vaya una peque&ntilde;a contradicci&oacute;n).</p>     <p> &bull; La concepci&oacute;n est&eacute;tica, su concepci&oacute;n metaf&iacute;sica    del mundo, que en este caso aporta una visi&oacute;n pante&iacute;sta. </p>     <p> &bull; El tratamiento de la imagen y met&aacute;fora, o en el <i>leitmotiv    </i>de la unidad de contrarios. </p>     <p> &bull; Puede ser considerado como el primer poeta que ha traducido y divulgado    las ideas surrealistas a la po&eacute;tica contempor&aacute;nea de habla hispana.  </p>     <p> &bull; &Uacute;nico continuador de la tradici&oacute;n surrealista, incluso    sus referencias a Oriente se canalizaron inicialmente a trav&eacute;s del movimiento    de Breton. </p>     <p> &bull; El centrarse en algunas nociones clave, como <i>otredad, erotismo y    nueva analog&iacute;a,</i> a partir de las cuales ha desarrollado su propia    concepci&oacute;n del mundo. Quiero terminar mi ensayo con un fragmento del    &ldquo;Poema circulatorio&rdquo; (para la desorientaci&oacute;n general), dedicado    al escritor Juli&aacute;n R&iacute;os, que sintetiza la posici&oacute;n de Paz:  </p>     <p> El surrealismo pas&oacute; pasar&aacute; por M&eacute;xico espejo magn&eacute;tico    s&iacute;guelo sin seguirlo es llama y ama y llama.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <font size="3" face="Verdana"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p> 1. Wilson J. Octavio Paz: un estudio de su poes&iacute;a. Bogot&aacute;: Pluma;    1980. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0034-7450200400040000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 2. Freud S. Obras completas. Madrid: Biblioteca Nueva-Almagro, 1981. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0034-7450200400040000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 3. Minsky R. Psicoan&aacute;lisis y cultura: estados de &aacute;nimo contempor&aacute;neos.    Madrid: C&aacute;tedra; 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0034-7450200400040000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 4. Ospina W. Esos extra&ntilde;os pr&oacute;fugos de occidente. Bogot&aacute;:    Norma; 1994. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0034-7450200400040000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 5. Moyano JC. Hijo de Dios y primo del Diablo. Revista Casa Silva 1998;(11):37-56.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0034-7450200400040000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 6. Artaud A. El pesanervios: el ombligo de los limbos. 3th ed. Madrid: Visor    Libros; 1992. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0034-7450200400040000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 7. Paz O. La b&uacute;squeda del comienzo: escritos sobre el surrealismo.    Madrid: Fundamentos; 1983. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0034-7450200400040000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 8. Ospina W. La decadencia de los dragones. Bogot&aacute;: Alfaguara; 2002.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0034-7450200400040000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 9. Paz O. Las peras del olmo. Bogot&aacute;: Oveja Negra; 1984. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0034-7450200400040000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 10. Mallarm&eacute; S. Antolog&iacute;a. 4th ed. Madrid: Visor Libros; 1991.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0034-7450200400040000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 11. Paz O. El arco y la lira. Bogot&aacute;: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica;    1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0034-7450200400040000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 12. Paz O. La poes&iacute;a contempor&aacute;nea. En: Historia de la literatura    latinoamericana. Bogot&aacute;: Oveja Negra; 1984. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0034-7450200400040000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 13. Paz O. Los hijos del limo/vuelta. Bogot&aacute;: Oveja Negra; 1985. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0034-7450200400040000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 14. Paz O. Teatro de signos. Madrid: Fundamentos- Omagraf; 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0034-7450200400040000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p> <i>Recibido para publicaci&oacute;n:</i> 12 de mayo de 2004. <i>Aceptado para    publicaci&oacute;n</i>: 20 de octubre de 2004. </p> </font>       ]]></body><back>
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