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<journal-title><![CDATA[Revista Colombiana de Psiquiatría]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[VISIÓN PSICOANALÍTICA DEL TRASTORNO MENTAL FRENTE A OTRAS CONDICIONES PSICOLÓGICAS EN EL CÓDIGO PENAL COLOMBIANO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Forensic psychiatry can be of assistance to criminal justice in other matters besides insanity defense. Insurmountable fear, intense fear, wrath and intense pain and so many other terms brought from psychology by the lawyer, to attenuate the conviction of the accused, can be understood and explained by the expert. The purpose of this paper is to disclose other possibilities to the minds of judges, those investigated and their attorneys.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="right">Articulos Originales </p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p>        <center>     <font size="4"><b>VISI&Oacute;N PSICOANAL&Iacute;TICA     <br>     DEL TRASTORNO MENTAL FRENTE A OTRAS    <br>     CONDICIONES PSICOL&Oacute;GICAS EN EL C&Oacute;DIGO PENAL COLOMBIANO </b></font>    </center> </p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="3"><b>Mental Disorder versus Other Psychological    Conditions in the Colombian Penal Code</b></font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><b>Lisandro Antonio Dur&aacute;n Robles</b></p>     <p align="left">M&eacute;dico psiquiatra, especialista en Antropolog&iacute;a    Forense y en Prevenci&oacute;n del Maltrato Infantil. <a href="mailto:laduranr@yahoo.es">laduranr@yahoo.es</a></p> <hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>     <p>La psiquiatr&iacute;a forense puede ayudar a la justicia, en materia penal,    en dict&aacute;menes distintos al de la inimputabilidad. As&iacute;, miedo insuperable,    temor intenso, ira e intenso dolor y otros tantos t&eacute;rminos tra&iacute;dos    desde la psicolog&iacute;a por el derecho, para atenuar la pena de la persona    imputada, pueden ser entendidos y explicados por el perito. En este art&iacute;culo    se intentan abrir otras posibilidades a la mente de los juzgadores, los investigados    y sus apoderados.</p>     <p> <b>Palabras clave</b>: defensa por insania, ira, miedo.</p> <hr size="1">     <p> <b>Abstract</b> </p>     <p>Forensic psychiatry can be of assistance to criminal justice in other matters    besides insanity defense. Insurmountable fear, intense fear, wrath and intense    pain and so many other terms brought from psychology by the lawyer, to attenuate    the conviction of the accused, can be understood and explained by the expert.    The purpose of this paper is to disclose other possibilities to the minds of    judges, those investigated and their attorneys.</p>     <p> <b>Key words:</b> Insanity defense, anger, fear.</p> <hr size="1">     <p>En su cotidiana labor, el psiquiatra forense realiza dict&aacute;menes sobre    inimputabilidad, y con ello responde a la autoridad judicial, que solicita establecer    si la persona investigada por haber cometido un il&iacute;cito present&oacute;    trastorno mental o inmadurez psicol&oacute;gica &#8212;inimputabilidad, art&iacute;culo    33 del C&oacute;digo Penal (CP)&#8212;. Existen otras condiciones psicol&oacute;gicas    contempladas en el CP que no son utilizadas por el apoderado, el fiscal o la    correspondiente autoridad judicial. Por lo mismo, en las solicitudes no se interroga    sobre miedo insuperable (art&iacute;culo 32 del CP), emoci&oacute;n, pasi&oacute;n    excusable, temor intenso (art&iacute;culo 55 del CP), condiciones de inferioridad    ps&iacute;quica (art&iacute;culo 55 del CP) e ira o intenso dolor (art&iacute;culo    57 del CP). El tener en cuenta esas condiciones o circunstancias puede ser favorable    para el sindicado.</p>     <p> De la misma manera, la persona v&iacute;ctima de lesiones personales o de    delitos contra la libertad, la integridad y la formaci&oacute;n sexuales puede    presentar perturbaci&oacute;n ps&iacute;quica (art&iacute;culo 115 del CP),    incapacidad de resistir o estado de inconsciencia, al igual que condiciones    de inferioridad ps&iacute;quica (art&iacute;culos 207 y 210 del CP) (1). El    CP, en el art&iacute;culo 33, anota:</p> <ul>   Inimputabilidad</i>. Es inimputable quien en el momento de ejecutar la conducta    t&iacute;pica y antijur&iacute;dica no tuviere la capacidad de comprender su    ilicitud o de determinarse de acuerdo con esa comprensi&oacute;n, por inmadurez    psicol&oacute;gica, trastorno mental, diversidad sociocultural o estados similares.    No ser&aacute; inimputable el agente que hubiere preordenado su trastorno mental.    Los menores de dieciocho (18) a&ntilde;os estar&aacute;n sometidos al Sistema    de Responsabilidad Penal Juvenil. (1)      ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>     <p> As&iacute;, el art&iacute;culo 33 del CP es argumentado en un buen n&uacute;mero    de consultas, para buscar una medida de seguridad por parte de los apoderados.    Los funcionarios judiciales descuidan filtrar aquellas solicitudes que no contienen    la adecuada motivaci&oacute;n (2).</p>     <p> <b>Trastorno mental</b></p>     <p> El individuo que presenta trastorno mental, desde el punto de vista psicodin&aacute;mico,    tiene menoscabado el yo en sus funciones aut&oacute;nomas, al punto de interferir    notablemente con la capacidad para evaluar el sentido y prueba de realidad.    La sensopercepci&oacute;n, el pensamiento, el juicio y el raciocinio est&aacute;n    tan perturbados que no puede diferenciar los est&iacute;mulos del mundo externo    de los del mundo interno. Existe alteraci&oacute;n en diferenciar el yo del    resto del mundo en t&eacute;rminos de persona, lugar y tiempo. Otras facultades    del yo, como la memoria, la conciencia, la atenci&oacute;n, el afecto podr&aacute;n    estar m&aacute;s o menos perturbadas. En el trastorno mental, el yo del sujeto    est&aacute; perturbado en sus funciones aut&oacute;nomas y por ello no tiene    capacidad para comprender la ilicitud. Tampoco puede autodeterminarse de acuerdo    con esa comprensi&oacute;n para el momento de cometer el hecho investigado (2).</p>     <p> Funciones aut&oacute;nomas del yo, dice el psicoan&aacute;lisis. En t&eacute;rminos    de Luria, las facultades mentales superiores. Examen mental para la semiolog&iacute;a    psiqui&aacute;trica. Otros (3) sostienen que ya no se denominan de esa manera,    sino de otra forma. Y los que han sido psiquiatras forenses dicen cognoscitivo    y volitivo:</p> <ul>   Lo que se demanda del trastorno es su situaci&oacute;n devastadora sobre los    procesos cognoscitivo y volitivo, procesos en los cuales se involucran casi    todas las funciones ps&iacute;quicas, tomadas aisladamente. Puesto que la cognici&oacute;n    es la acci&oacute;n y efecto de conocer, es el conocimiento, es el averiguar    por el ejercicio de las facultades mentales, es el entender, el percibir y distinguir;    y la volici&oacute;n es el acto de la voluntad, el hacer o no hacer a la elecci&oacute;n    de la cosa, el admitir o rehuir, el determinarse libremente. (4)      </ul>     <p> Un sujeto con un trastorno psic&oacute;tico tiene notablemente alteradas las    funciones aut&oacute;nomas del yo, y esto da inimputabilidad. En caso excepcionales    podr&aacute; ser considerado imputable. Los s&iacute;ndromes mentales org&aacute;nicos    (demencias, psicosis alcoh&oacute;licas o por drogas, no preordenados) dan al    sujeto la caracter&iacute;stica de inimputabilidad.</p>     <p> Las personas con trastorno de personalidad o los desviados sexuales tienen    un buen contacto con la realidad; las funciones aut&oacute;nomas del yo se encuentran    conservadas, y esto se traduce en buena capacidad para comprender la ilicitud    y autodeterminarse. La reacci&oacute;n aguda ante gran tensi&oacute;n, dependiendo    del tipo de il&iacute;cito cometido y de las circunstancias que rodean al hecho,    podr&aacute; considerarse trastorno mental transitorio en t&eacute;rminos psiqui&aacute;trico    forenses (art&iacute;culo 71 del CP).</p>     <p> Recu&eacute;rdese que la aparici&oacute;n de s&iacute;ntomas emocionales o    comportamentales en respuesta a un factor de estr&eacute;s psicosocial identificable    tiene lugar dentro de los meses siguientes a la presencia del estresante y que    el DSM-IV clasifica en agudo o cr&oacute;nico dentro de los trastornos adaptativos    con estado de &aacute;nimo depresivo (F43.20), con ansiedad (F43.28), mixto    con ansiedad y estado de &aacute;nimo depresivo (F43.22), con trastorno del    comportamiento (F43.24) y con alteraci&oacute;n mixta de las emociones y el    comportamiento (F43.25).</p>     <p> Cuando la enfermedad que ha dado inimputabilidad es cr&oacute;nica, se habla    de trastorno mental permanente. Si la alteraci&oacute;n es de evoluci&oacute;n    aguda, pero el sujeto queda con perturbaci&oacute;n despu&eacute;s del hecho,    se habla de trastorno mental transitorio que requiere tratamiento breve. El    CP considera el trastorno mental transitorio con base patol&oacute;gica (art&iacute;culo    71) y el trastorno mental transitorio sin base patol&oacute;gica (art&iacute;culo    75). Para los redactores del C&oacute;digo existir&iacute;a trastorno con base    patol&oacute;gica y sin &eacute;sta. Desde otro punto de vista, ello es cuestionable    (2), pero el an&aacute;lisis sobre el asunto desborda la intenci&oacute;n de    este escrito.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b> Inmadurez psicol&oacute;gica</b></p>     <p> El inmaduro psicol&oacute;gico tendr&aacute; falta de madurez global de su    personalidad. La falta de madurez necesariamente tiene bases en las deficiencias    en el desarrollo del sistema nervioso central (SNC), as&iacute; como en el desarrollo    psicosocial. Recu&eacute;rdese que en las deficiencias mentales los factores    psicol&oacute;gicos y sociales tienen un peso tan importante como los factores    gen&eacute;ticos y biol&oacute;gicos (5). Pero no puede ser cualquier inmadurez    psicol&oacute;gica, sino aquella que altera la capacidad para comprender la    ilicitud o de determinarse de acuerdo con esa comprensi&oacute;n para el momento    del hecho legalmente descrito.</p>     <p> Como la inmadurez es global y perfectamente instaurada, no puede hablarse    de inmadurez psicol&oacute;gica transitoria. Las personas con retardo mental    moderado, grave y profundo son inmaduras psicol&oacute;gicas. No as&iacute;    las que presentan el grado leve y el fronterizo. El sujeto con retardo mental    leve, dependiendo de las circunstancias que rodearon el hecho y de otros factores,    podr&aacute; ser considerado inimputable por trastorno mental transitorio (2),(6-11).</p>     <p> El CP, en el art&iacute;culo 32, anota: &#8220;Ausencia de responsabilidad.    No habr&aacute; lugar a responsabilidad penal cuando: 9. Se obre impulsado por    miedo insuperable&#8221; (1). El miedo insuperable ha sido contemplado en las    Cortes. As&iacute; la sentencia C-563 de 1995 dice:</p> <ul>   Pero es dable suponer, por ejemplo, que alguien &#8212;por excepci&oacute;n&#8212;    sea presa del llamado &#8220;miedo p&aacute;nico&#8221; (incontrolable, determinante    e insuperable para el sujeto que lo padece) y, en consecuencia, siembre el terror    entre la tropa con exclamaciones de alarma, huya o no concurra al combate. Pueden    incidir en esa conducta inusitada, factores como el temperamento apocado, el    escaso entrenamiento en el ejercicio castrense, la insuficiente compenetraci&oacute;n    ideol&oacute;gica con el objetivo que se persigue, o incluso el repudio racional    del medio utilizado para alcanzarlo (caso de los objetores de conciencia). Todos    esos factores y circunstancias deber&aacute;n ser identificados por el juez    en el caso concreto para darle a la persona el tratamiento jur&iacute;dico adecuado,    conforme a las normas que precaven esa eventualidad, tales como la fuerza mayor,    prevista como causal de inculpabilidad en el art&iacute;culo 36-1 del C&oacute;digo    Penal Militar, excluyente de responsabilidad, o la contemplada en el 58-3 (&#8220;temor    intenso&#8221;) causal de atenuaci&oacute;n punitiva. Porque en esos casos el    comportamiento no connota el vicio de la cobard&iacute;a o al menos no merece    el reproche total. (12)      </ul>     <p>La sentencia tiene en cuenta el C&oacute;digo Penal Militar (Decreto 2550 de    1988). Este c&oacute;digo considera el temor intenso como circunstancia de atenuaci&oacute;n    punitiva (13). Por otra parte, sobre el miedo, Agudelo dice:</p> <ul>       <p> A esto, casi enseguida, aludi&oacute; la mente privilegiada de Luis Jim&eacute;nez      de As&uacute;a demostrando que a veces el miedo s&iacute; puede ser considerado      como causal de Inimputabilidad: &#8220;El profesor Echeverry hablaba del miedo&#8221;,      que ordinariamente puede ser y debe ser causa de inculpabilidad, y yo creo      que puede ser causa de inimputabilidad. Cre&iacute; que tanto el C&oacute;digo      chileno y el espa&ntilde;ol se refieren igualmente al &#8220;miedo insuperable      de un mal igual o mayor&#8221;. El que puede calcular si el mal es igual o      mayor, no se halla en estado de inimputabilidad y por eso se trata de un estado      de inculpabilidad. Pero pensamos en esa conferencia de Mira L&oacute;pez sobre      el miedo. El que est&aacute; pasando desde la situaci&oacute;n de alarma o      tensi&oacute;n, a la que &eacute;l llama de terror cuando queda como la tierra,      por eso dice &#8220;aterrorizado&#8221;, ese sujeto es absolutamente inimputable.      (14)      </ul>     <p> Agudelo realiza su discusi&oacute;n teniendo en cuenta el CP de 1980, para    considerar el miedo intenso como circunstancia de inimputabilidad. Ahora, en    el CP del a&ntilde;o 2000, se contempla una figura nueva como circunstancia    de ausencia de responsabilidad cuando es miedo insuperable. Tanto en la sentencia    563 de 1995 como en el alegato de Agudelo se considera el &#8220;miedo p&aacute;nico&#8221;    o el &#8220;miedo insuperable y aterrorizado&#8221;, que corresponder&iacute;a    a lo denominado por la psiquiatr&iacute;a como trastorno por estr&eacute;s agudo    (F43.0). Ahora bien, si se pregona el miedo insuperable en la persona investigada,    entonces se debe documentar la historia de trastorno de p&aacute;nico.</p>     <p> El CP anota en el art&iacute;culo 55: &#8220;Circunstancias de menor punibilidad.    Son circunstancias de menor punibilidad, siempre que no hayan sido previstas    de otra manera: 3. El obrar en estado de emoci&oacute;n, pasi&oacute;n excusables,    o de temor intenso&#8221; (1). Los estados de emoci&oacute;n y pasi&oacute;n    excusables son reconocidos por los magistrados de la misma manera que en la    psiquiatr&iacute;a: &#8220;Se sabe ya que a veces las emociones se estabilizan    en pasiones, de modo que no son estados antit&eacute;ticos sino m&aacute;s bien    complementarios&#8221; (15). De la misma manera, Agudelo dice:</p> <ul>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el lenguaje coloquial, se habla indistintamente de emoci&oacute;n y de      pasi&oacute;n como si se tratara de fen&oacute;menos id&eacute;nticos. Ello      no es as&iacute; en psicolog&iacute;a, sin embargo, un gran cient&iacute;fico      franc&eacute;s expres&oacute; de manera sint&eacute;tica el siguiente pensamiento      a&uacute;n no superado: &#8220;La pasi&oacute;n es en el orden afectivo lo      que la idea fija en el orden intelectual&#8221; (7bis). &iquest;Qu&eacute;      quiere decir esto? ve&aacute;moslo: entre emoci&oacute;n y pasi&oacute;n no      existe diferencia sustancial, ambas son manifestaciones de la vida afectiva      del individuo y por ello no existe diferencia en su naturaleza como tampoco      la diferencia est&aacute; en el grado. La distinci&oacute;n se ha encontrado,      mejor, en la duraci&oacute;n y as&iacute; puede decirse que la pasi&oacute;n      es la emoci&oacute;n estabilizada en el tiempo. (14)      </ul>     <p> Las circunstancias contempladas en el art&iacute;culo 55 del CP son distintas    de la ira e intenso dolor (art&iacute;culo 57). Al respecto, P&eacute;rez dice:</p> <ul>       <p> La norma vigente excluye el dolor y la ira injustamente provocada, a fin      de que estos dos sentimientos no se confundan con los estados que no responden      a conductas ajenas, graves e injustas. En lugar de la ira, se inscribe el      temor como causa de atenuaci&oacute;n. La emoci&oacute;n y la pasi&oacute;n      excusables, tanto como el temor intenso, pueden haber sido provocados o causados      por persona distinta de quien sufri&oacute; la acci&oacute;n, o ser propias      del agente, o derivar de especiales condiciones, como las producidas por una      enfermedad, o por hechos calamitosos o desventurados. La emoci&oacute;n y      la pasi&oacute;n deben ser excusables, aunque no intensas. El temor s&iacute;      debe ser intenso. En derecho, excusable es lo que admite excusa, esto es,      el comportamiento que se explica razonablemente y que por eso lo siguen o      adoptan la mayor parte de las personas, en circunstancias an&aacute;logas.      Es un proceder com&uacute;n y corriente, alegable por quien lo cumple para      merecer disculpas que se reconocen aun en el caso de que no se aleguen expresamente.      As&iacute;, en las actividades ordinarias se excusa de un servicio, de una      obligaci&oacute;n, de un compromiso. (15)      </ul>     <p> Pero hay que tener en cuenta lo dicho desde el psicoan&aacute;lisis por Rivi&egrave;re:</p>     <p> Desde luego, al ser v&iacute;ctimas de ataques, robo, privaci&oacute;n o injuria,    tanto el individuo normal como la mayor&iacute;a de los animales reaccionan    con agresi&oacute;n. Pero adem&aacute;s del ataque externo, el sentimiento de    p&eacute;rdida y dolor puede provenir de otra fuente. Un &#8220;deseo insatisfecho&#8221;,    si es suficientemente intenso, da origen a una sensaci&oacute;n similar de despojo    y pena, y suscita la misma agresi&oacute;n que la que provocar&iacute;a un ataque.    (16)</p>     <p> El psiquiatra ha de documentar esa emoci&oacute;n y pasi&oacute;n excusable    en la historia de la persona que examina, porque ha de tenerse cuidado en considerar    a todo dolor e ira como estado de emoci&oacute;n y pasi&oacute;n excusable.    Los celos, el miedo, el dolor, la c&oacute;lera, la deshonra, la herida narcisista    en un car&aacute;cter infantil narcisista (diferente de la personalidad narcisista)    (17) y la misma personalidad narcisista que presenta ira inapropiada frente    a las cr&iacute;ticas o las frustraciones (18). &iquest;Hace parte de un trastorno    de ansiedad, del estado de &aacute;nimo o de un trastorno l&iacute;mite de personalidad?    O &iquest;hace parte de ese car&aacute;cter infantil narcisista que puede hacer    parte de toda estructura de personalidad?</p>     <p>La otra condici&oacute;n en el inciso 3 de art&iacute;culo 55 del CP es el    temor intenso que ha de ser diferente del miedo insuperable. El psiquiatra documentar&aacute;    si la persona examinada presenta alguna forma cl&iacute;nica o subcl&iacute;nica    de trastorno de ansiedad que se manifest&oacute; en el momento del hecho que    se le imputa. A veces, la diferencia entre temor intenso y miedo insuperable    exige un mayor estudio. Sin embargo, ha de tenerse en cuenta que para el miedo    insuperable la persona tuvo que haber estado expuesta a un acontecimiento traum&aacute;tico    en el que ha respondido con un horror intenso.</p>     <p> El CP, en el art&iacute;culo 55, anota: &#8220;Circunstancias de menor punibilidad.    9. Las condiciones de inferioridad ps&iacute;quica determinadas por la edad    o por circunstancias org&aacute;nicas, en cuanto hayan influido en la ejecuci&oacute;n    de la conducta punible&#8221; (1). La minor&iacute;a de edad, la vejez, el estado    de gravidez, la sordomudez, la enfermedad f&iacute;sica son circunstancias que    pueden determinar inferioridad ps&iacute;quica; deben influir de manera decisiva    en la comisi&oacute;n del hecho para que opere la atenuante. De la misma manera,    es de considerar la embriaguez simple, por alcohol et&iacute;lico o por cualquier    otra sustancia, como circunstancia de inferioridad ps&iacute;quica determinada    por la alteraci&oacute;n org&aacute;nica transitoria que produce el etanol.    Es bien conocido, al igual que vivenciado por las personas que han presentado    alg&uacute;n grado de embriaguez alcoh&oacute;lica, que la conciencia, la orientaci&oacute;n,    el pensamiento, el afecto, la conaci&oacute;n, la memoria se encuentran afectadas,    en menor o mayor intensidad o calidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Otro tanto puede decirse de la sensopercepci&oacute;n, el juicio y el raciocinio.    Un individuo en tales condiciones de alteraci&oacute;n org&aacute;nica cerebral    es f&aacute;cilmente influenciable o manipulable, al igual que sus respuestas    agresivas o similares no tienen el control que usualmente lo tiene en estado    sobrio. Por ello Reyes Echand&iacute;a relaciona la embriaguez con el trastorno    mental:</p> <ul>       <p> Si, en cambio, la embriaguez del sujeto produjo un trastorno mental de leve      intensidad que no alcanz&oacute; a oscurecer su conciencia y no le impidi&oacute;,      por lo mismo, darse cuenta de la antijuridicidad del comportamiento realizado      en tales condiciones (lo que sucede ordinariamente en la llamada ebriedad      com&uacute;n o simple) se est&aacute; ante persona imputable respecto de la      cual cabe juicio positivo de responsabilidad culpabilista de pena. (2),(19)      </ul>     <p> El CP, en el art&iacute;culo 57, anota: &#8220;Ira o intenso dolor. El que    realice la conducta punible en estado de ira o de intenso dolor, causados por    comportamiento ajeno grave e injustificado, incurrir&aacute; en pena no menor    de la sexta parte del m&iacute;nimo ni mayor de la mitad del m&aacute;ximo de    la se&ntilde;alada en la respectiva disposici&oacute;n&#8221; (1). Al respecto    Gait&aacute;n-Mahecha dice:</p> <ul>       <p> La provocaci&oacute;n &#8212;en su acepci&oacute;n general&#8212; consiste      en irritar o estimular a alguien con palabras u obras para que se enoje y      en su acepci&oacute;n jur&iacute;dico-penal, en que tales palabras u obras      sean graves e injustas, y tanto, que puedan producir estados emocionales o      pasionales generadores de reacci&oacute;n. Desde este punto de vista, son      t&iacute;picas &#8212;por lo graves e injustas&#8212; aquellas frases que      en s&iacute; envuelven la intenci&oacute;n injuriosa o calumniosa, esto es,      que vulneran o lesionan la integridad o el patrimonio moral de las personas.      El car&aacute;cter &#8216;injusto&#8217; de la provocaci&oacute;n &#8212;en      consecuencia al car&aacute;cter il&iacute;cito, es decir, prohibido por la      ley penal, de la frase o hecho que constituyen la provocaci&oacute;n; y su      gravedad, a las consecuencias que la frase o hecho pueden acarrear a la dignidad      del procesado [...] El requisito de la simultaneidad de la inmediatabilidad,      no est&aacute; expresado en la norma del texto: lo que exige es que el culpable,      provocado, act&uacute;e en estado de ira. Ahora, seg&uacute;n nociones muy      elementales de psicolog&iacute;a, tal estado de ira puede tambi&eacute;n no      ser inmediato, sino subsiguiente a una faz de depresi&oacute;n s&iacute;quica      (intenso dolor) que puede tambi&eacute;n perdurar por alg&uacute;n tiempo.      (20)      </ul>     <p> Otro reconocido jurista agrega:</p> <ul>   El acto o los actos determinantes de los estados emocionales de ira o dolor,    consisten asimismo en ultrajes a ideas o sentimientos tan importantes como el    patriotismo, la religi&oacute;n, el partido pol&iacute;tico de que se es afiliado,    la organizaci&oacute;n profesional, deportiva, universitaria, escolar o sindicalista    de que se forma parte. Existe, pues, est&iacute;mulo agresivo, o provocador,    o ultrajante, o demeritador, tanto en el ataque a la dignidad o la honra de    la madre o de cualquier otro ser querido, como en infamias a un grupo, y aun    en la invectiva contra un programa, si con ello se busca demeritar a alguien.    (15)      </ul>     <p> No todo puede ser considerado como ira e intenso dolor, y Rivi&egrave;re ayuda    a comprender el concepto cuando escribe sobre el odio:</p> <ul>   Tambi&eacute;n la sensaci&oacute;n de agravio e injusticia, la idea de que &#8220;nadie    me ayuda&#8221;, se origina en la proyecci&oacute;n del conocimiento inconsciente    de la propia holgazaner&iacute;a y mezquindad para con los dem&aacute;s. Cuando    es demasiado fuerte y no est&aacute; contrarrestada por cierta buena disposici&oacute;n    y capacidad de percepci&oacute;n interna esta proyecci&oacute;n constituye germen    de la mayor&iacute;a de las formas de locura delirante, en las que el enfermo    imagina que otras personas le roban, le envenenan o conspiran contra &eacute;l.    (16)      </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> La proyecci&oacute;n masiva est&aacute; definiendo el car&aacute;cter paranoide,    y la &#8220;locura delirante&#8221;, el trastorno delirante. Si se tratara del    segundo caso,habr&iacute;a que considerar, antes que una causal de atenuaci&oacute;n    de la pena, una circunstancia de inimputabilidad. El psiquiatra evaluar&aacute;    si se trata de ira e intenso dolor, porque es la respuesta que usualmente se    encontrar&iacute;a en la estructura paranoide de personalidad. O tal vez se    trata de un derivado cultural del patriarcado. Ha de tenerse en cuenta el car&aacute;cter    infantil narcisista.</p>     <p> <b>Las v&iacute;ctimas</b></p>     <p> La persona v&iacute;ctima de lesiones personales o de delitos contra la libertad,    la integridad y la formaci&oacute;n sexuales tiene la posibilidad de presentar    perturbaci&oacute;n ps&iacute;quica (art&iacute;culo 115 del CP), incapacidad    de resistir o estado de inconsciencia, as&iacute; como condiciones de inferioridad    ps&iacute;quica (art&iacute;culos 207 y 210 del CP). El CP, en el art&iacute;culo    111, anota:</p>     <p> <i>Lesiones</i>. El que cause a otro da&ntilde;o en el cuerpo o en la salud,    incurrir&aacute; en las sanciones establecidas en los art&iacute;culos siguientes.    Art&iacute;culo 115. <i>Perturbaci&oacute;n ps&iacute;quica</i>. Si el da&ntilde;o    consistiere en perturbaci&oacute;n ps&iacute;quica transitoria, la pena ser&aacute;    de prisi&oacute;n de dos (2) a siete (7) a&ntilde;os y multa de veintis&eacute;is    (26) a cuarenta (40) salarios m&iacute;nimos legales mensuales vigentes. Si    fuere permanente, la pena ser&aacute; de tres (3) a ocho (8) a&ntilde;os de    prisi&oacute;n y multa de veintis&eacute;is (26) a treinta y seis (36) salarios    legales mensuales vigentes. (1)</p>     <p> La perturbaci&oacute;n ps&iacute;quica corresponder&iacute;a a lo descrito    en el DSM-IV como trastorno por estr&eacute;s postraum&aacute;tico, que consiste    en la aparici&oacute;n de s&iacute;ntomas emocionales o comportamentales en    respuesta a un estresante identificable, y que puede considerarse agudo (transitorio)    o cr&oacute;nico (permanente). El trastorno adaptativo del DSM-IV est&aacute;    descrito por Fenichel as&iacute;:</p> <ul>   Los s&iacute;ntomas de las neurosis traum&aacute;ticas son: a) bloqueo o disminuci&oacute;n    de diversas funciones del yo; b) accesos de emoci&oacute;n incontrolables, especialmente    de ansiedad y frecuentemente de rabia, e incluso, ocasionalmente, ataques convulsivos;    c) insomnio o perturbaciones graves en el dormir, con sue&ntilde;os t&iacute;picos    en los que el trauma es experimentado una y otra vez; tambi&eacute;n repeticiones,    en horas del d&iacute;a, de la situaci&oacute;n traum&aacute;tica, ya sea en    conjunto o en parte, bajo la forma de fantas&iacute;as, pensamientos o sensaciones;    d) complicaciones psiconeur&oacute;ticas secundarias. (21)      </ul>     <p> El CP, en el art&iacute;culo 207, anota:</p>     <p> Acceso carnal o acto sexual en persona puesta en incapacidad de resistir.    El que realice acceso carnal con persona a la cual haya puesto en incapacidad    de resistir o en estado de inconsciencia, o en condiciones de inferioridad ps&iacute;quica    que le impidan comprender la relaci&oacute;n sexual o dar su consentimiento,    incurrir&aacute;en prisi&oacute;n de ocho (8) a quince (15) a&ntilde;os. Si    se ejecuta acto sexual diverso del acceso carnal, la pena ser&aacute; de tres    (3) a seis (6) a&ntilde;os. (1)</p>     <p> Ha de considerarse la persona que se encuentra bajo los efectos de una sustancia    depresora del SNC como condici&oacute;n de inferioridad ps&iacute;quica. Igualmente,    a aqu&eacute;llas cuya escala de evaluaci&oacute;n global (eje V del DSMIV)    punte&eacute; muy disminuido. Seg&uacute;n los peritos que laboran en los laboratorios    del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, existe combinaci&oacute;n    de alcohol y benzodiacepinas, mediante el uso de t&oacute;xicos, en las personas    v&iacute;ctimas. Tambi&eacute;n se ha informado casos de intoxicaci&oacute;n    por escopolamina. Las benzodiacepinas, por lo general lorazepam, son suministradas    en galletas, dulces o en gaseosas en lata que han sido previamente preparadas.    La escopolamina, al parecer, es suministrada en una bebida cuando la v&iacute;ctima    se encuentra distra&iacute;da.</p>     <p> El CP, en el art&iacute;culo 210, anota: &#8220;Acceso carnal o acto sexual    abusivos con incapaz de resistir. El que acceda carnalmente a persona en estado    de inconsciencia, o que padezca trastorno mental o que est&eacute; en incapacidad    de resistir, incurrir&aacute; en prisi&oacute;n de cuatro (4) a ocho (8) a&ntilde;os&#8221;    (1). Las personas con trastornos psic&oacute;ticos se encuentran en circunstancias    de trastorno mental, que conlleva incapacidad de resistir, dada la perturbaci&oacute;n    en la prueba, el sentido y la adaptaci&oacute;n de la realidad. La expresi&oacute;n    trastorno mental, en este caso, no tiene la connotaci&oacute;n de inimputabilidad.    Las personas con retardo mental moderado, grave y profundo tambi&eacute;n tienen    limitada la capacidad para resistir.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <b>Conclusi&oacute;n</b></p>     <p> El escrito ha pretendido llamar la atenci&oacute;n sobre algunos temas de    la labor forense en el terreno de la psiquiatr&iacute;a. Existen otras posibilidades    diferentes al trastorno mental y la inmadurez psicol&oacute;gica, como son el    miedo insuperable, la emoci&oacute;n y la pasi&oacute;n excusable, el temor    intenso, las condiciones de inferioridad ps&iacute;quica, la ira y el intenso    dolor. Somos los psiquiatras los llamados a conceptuar acerca de las circunstancias    anotadas, pero con previa ilustraci&oacute;n y documentaci&oacute;n sobre lo    que piensan los juristas al respecto.</p>     <p> As&iacute; como los abogados deben evitar caer en la sinonimia del trastorno    mental como circunstancia de inimputabilidad (art&iacute;culo 33 del CP) y el    trastorno mental de la nosolog&iacute;a psiqui&aacute;trica, el psiquiatra debe    tener cuidado al interpretar las circunstancias a las que se refiere la atenuaci&oacute;n    punitiva.</p>     <p><b>Bibliograf&iacute;a </b></p>     <!-- ref --><p> 1. Ley 599/2000 del 24 de julio, C&oacute;digo Penal colombiano.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0034-7450200500050000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 2. Dur&aacute;n L, Carre&ntilde;o MI. Principios de psiquiatr&iacute;a forense.    Medell&iacute;n: Se&ntilde;al Editora; 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0034-7450200500050000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. L&oacute;pez G. Comunicaci&oacute;n personal. Procedente del Encuentro Interinstitucional    para la Atenci&oacute;n Integral de la poblaci&oacute;n Inimputable; 2004 May    20; Bogot&aacute;. Bogot&aacute;: Ministerio de Protecci&oacute;n Social; 2004.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0034-7450200500050000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Gaviria-Trespalacios J. Enfoque psiqui&aacute;trico del trastorno mental    como fuente de inimputabilidad. Revista Colombiana de Psiquiatr&iacute;a. 1982;1:47-62.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0034-7450200500050000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Bar&oacute;n-Buitrago P. Retardo mental. En: G&oacute;mez-Restrepo C, et    al., editors. Fundamentos de psiquiatr&iacute;a cl&iacute;nica ni&ntilde;os,    adolescentes y adultos. Bogot&aacute;: Centro Editorial Javeriano; 2002. p.    515. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0034-7450200500050000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. D&iacute;az D. Comunicaci&oacute;n personal. Procedente del Segundo Encuentro    de Psiquiatr&iacute;a y Psicolog&iacute;a Forense; 1996 May 30-31 y Jun 1; Chinauta    (Colombia). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0034-7450200500050000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Rodr&iacute;guez-Gama A. Comunicaci&oacute;n personal. Procedente del Segundo    Encuentro de Psiquiatr&iacute;a y Psicolog&iacute;a Forense; 1996 May 30-31    y Jun 1; Chinauta (Colombia). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0034-7450200500050000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Jim&eacute;nez-Uribe I. Comunicaci&oacute;n personal. Procedente del Segundo    Encuentro de Psiquiatr&iacute;a y Psicolog&iacute;a Forense; 1996 May 30-31    y Jun 1; Chinauta (Colombia). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0034-7450200500050000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Carre&ntilde;o MI. Comunicaci&oacute;n personal. Procedente del Segundo    Encuentro de Psiquiatr&iacute;a y Psicolog&iacute;a Forense; 1996 May 30-31    y Jun 1; Chinauta (Colombia). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0034-7450200500050000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Murcia D. Comunicaci&oacute;n personal. 1980 Feb; Bogot&aacute;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0034-7450200500050000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Villalba P. Comunicaci&oacute;n personal. 1980 Feb; Bogot&aacute;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0034-7450200500050000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Sentencia C-563/1995, Cobard&iacute;a. [fecha de acceso 26 de julio de    2005]. Disponible en: <a href="http://web.minjusticia.gov.co/jurisprudencia/CorteConstitucional/1995/    Constitucionalidad/C-563-95.htm"target_blank">http://web.minjusticia.gov.co/    jurisprudencia/CorteConstitucional/1995/ Constitucionalidad/C-563-95.htm </a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0034-7450200500050000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Decreto 2550/1988, C&oacute;digo Penal Militar. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0034-7450200500050000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Agudelo N. Emoci&oacute;n violenta e inimputabilidad penal. Medell&iacute;n:    Manuel Arroyave; 1990. p. 27. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0034-7450200500050000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. P&eacute;rez LC. Derecho penal. Bogot&aacute;: Temis; 1982. p. 222. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0034-7450200500050000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Rivi&egrave;re J. Odio, voracidad y agresi&oacute;n. En: Klein M. Obras    completas. Buenos Aires: Paid&oacute;s; 1976. p. 107. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0034-7450200500050000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Kernberg O. Trastornos graves de la personalidad. M&eacute;xico: Manual    Moderno. 1987:172. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0034-7450200500050000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Millon, Davis. Trastornos de la personalidad en la vida moderna. Barcelona:    Masson; 2001. p. 306. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0034-7450200500050000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Reyes-Echand&iacute;a A. Imputabilidad. Bogot&aacute;: Temis; 1989. p.    66. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0034-7450200500050000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Gait&aacute;n-Mahecha B. Curso de derecho penal. Bogot&aacute;: Lerner;    1963. p. 259. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0034-7450200500050000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Fenichel O. Teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica de las neurosis. Buenos    Aires: Paid&oacute;s; 1966. p. 141-53.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0034-7450200500050000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>&nbsp; </p>     <p>Recibido para publicaci&oacute;n: 2 de mayo de 2005    <br>   Aceptado para publicaci&oacute;n: 8 de agosto de 2005</p> </font>       ]]></body><back>
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<label>1</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[Ley 599/2000 del 24 de julio: Código Penal colombiano]]></source>
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<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
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<surname><![CDATA[Carreño]]></surname>
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