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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[INIMPUTABILIDAD Y RIESGO DE VIOLENCIA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper presents a case report of insanity defense in relation to the crime of personal injuries. The patient is interned under safety measures in a private clinic. Estimation of the risk of violence in this case, has allowed the individual to integrate progressively with the social milieu. The evaluation of the risk of violence is a difficult task that is not exclusive of forensic psychiatrists, since on occasions it must also be done by general psychiatrists. The majority of the existing literature comes from the legal arena, where it applies to patients who have previously committed a crime and is necessary to define the risk of the violent event presenting again.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="right">Articulos Originales </p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p>        <center>     <font size="4"><b>INIMPUTABILIDAD Y RIESGO DE VIOLENCIA</b></font>    </center> </p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="3"><b>Insanity and the Risk of Violence</b></font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><b>Paola Andrea Tejada<sup>1</sup> Franklin Escobar-C&oacute;rdoba<sup>2</sup></b></p>     <p align="left"> <sup>1</sup> M&eacute;dica cirujana; residente de tercer a&ntilde;o    de Psiquiatr&iacute;a, Facultad de Medicina, Universidad Nacional de Colombia.       ]]></body>
<body><![CDATA[<br><sup>2</sup> Profesor asociado de Psiquiatr&iacute;a, Facultad de Medicina,    Universidad Nacional de Colombia; mag&iacute;ster en Psiquiatr&iacute;a Forense;   Ph. D. (candidato) Universidad Nacional de La Plata, Argentina.<a href="mailto:feescobarc@unal.edu.co">    feescobarc@unal.edu.co</a></p> <hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>     <p>En este art&iacute;culo se presenta un reporte de caso de inimputabilidad en    relaci&oacute;n con el delito   de lesiones personales. El paciente se encuentra interno bajo medida de seguridad    en una   cl&iacute;nica privada. En este caso, la estimaci&oacute;n del riesgo de violencia    ha permitido que el individuo   se integre progresivamente al medio social. A partir del caso, se analiza cu&aacute;n    dif&iacute;cil es   evaluar el riesgo de violencia, sobre todo cuando dicha acci&oacute;n, en algunos    casos, no s&oacute;lo   est&aacute; en manos de los psiquiatras forenses, sino en los psiquiatras generales.    La bibliograf&iacute;a   existente, en su mayor&iacute;a, procede del &aacute;mbito legal, donde aplica    a pacientes que han cometido   un delito; de ah&iacute; la necesidad de definir el riesgo de que el evento    violento se vuelva a   presentar.</p>     <p> <b>Palabras clave</b>:defensa por insania, factores de riesgo, informes de    casos, violencia.</p> <hr size="1">     <p> <b>Abstract</b> </p>     <p>This paper presents a case report of insanity defense in relation to the crime    of personal injuries.   The patient is interned under safety measures in a private clinic. Estimation    of the risk of   violence in this case, has allowed the individual to integrate progressively    with the social   milieu. The evaluation of the risk of violence is a difficult task that is not    exclusive of forensic   psychiatrists, since on occasions it must also be done by general psychiatrists.    The majority of   the existing literature comes from the legal arena, where it applies to patients    who have   previously committed a crime and is necessary to define the risk of the violent    event presenting   again.</p>     <p> <b>Key words:</b> Insanity defense, case report, risk factors, violence.</p> <hr size="1">      <p>Paciente declarado inimputable por   el delito de lesiones personales; se   encuentra bajo medida de seguridad   en instituci&oacute;n psiqui&aacute;trica. La estimaci&oacute;n   del riesgo de nuevos episodios   de violencia, en este caso, ha   permitido que el individuo retome   de manera paulatina el contacto con   su medio en un ambiente ambulatorio.   La evaluaci&oacute;n del riesgo de   violencia es una habilidad que no   es exclusiva de los psiquiatras forenses,   ya que en ocasiones debe ser   hecha por psiquiatras generales,   aunque la mayor&iacute;a de la literatura   existente procede del &aacute;mbito legal,   donde aplica a pacientes que han   cometido previamente un delito; por   ello es necesario definir el riesgo de   que el evento violento se vuelva a   presentar.</p>     <p>   Presentaci&oacute;n del caso</p>     <p>   Paciente de 34 a&ntilde;os de edad, natural   de Los Cedros (Boyac&aacute;), soltero,   escolaridad segundo de primaria,   agricultor, religi&oacute;n cat&oacute;lica. Actualmente   se encuentra interno en la   Cl&iacute;nica de Nuestra Se&ntilde;ora de La Paz,   entidad privada, adonde fue remitido   por el Ministerio de la Protecci&oacute;n   Social, al programa de rehabilitaci&oacute;n,   como inimputable por el delito   de lesiones personales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El paciente presenta primer episodio   de enfermedad mental a los 19   a&ntilde;os de edad, aproximadamente.   Este episodio se caracteriza por   hiperbulia, inquietud motora, agresividad,   irritabilidad, insomnio global,   ideas delirantes de tipo persecutorio   y alucinaciones auditivas.   Por este episodio es hospitalizado en   la unidad de salud mental de un   hospital p&uacute;blico donde, refiere el paciente,   se hace diagn&oacute;stico de trastorno   afectivo bipolar (TAB). Desde   entonces, el paciente ha requerido   cuatro hospitalizaciones m&aacute;s, todas   en la misma instituci&oacute;n. Describe   que las crisis presentadas son de   caracter&iacute;sticas similares y desencadenadas   por el consumo de alcohol   et&iacute;lico.</p>     <p>   Hace un a&ntilde;o aproximadamente,   dice el sujeto, que hab&iacute;a suspendido   por un mes la medicaci&oacute;n formulada   para ese entonces, haloperidol   decanoato y otras que no recuerda,   ya que su familia no dispon&iacute;a de   dinero para suministr&aacute;rselas. Comenta   que una semana antes de los   hechos por los que se le conden&oacute;   como inimputable, presenta una   reactivaci&oacute;n sintom&aacute;tica. Para ese   entonces, viv&iacute;a en Neiva, con su hermano. &Eacute;ste, al ver el inicio de los s&iacute;ntomas, le entrega dinero y lo env&iacute;a a la terminal de transporte para que tome un bus a Bogot&aacute; y sea valorado nuevamente por psiquiatr&iacute;a. Respecto a los hechos imputados, el paciente refiere:</p> <ul>   Estaba muy asustado, sent&iacute;a que la   gente me miraba y me quer&iacute;a hacer   algo, miraba pasar a los gamines y   me daba miedo, hab&iacute;a una se&ntilde;ora vendiendo tamales y yo me rob&eacute;    uno   de los cuchillos y lo guard&eacute; para defenderme.   Cuando llegu&eacute; al terminal   el se&ntilde;or con el cual me hab&iacute;a enviado   mi hermano para que me cuidara,   me dej&oacute; ah&iacute;, yo vi a la gente y sent&iacute;a   que me iban a robar, entonces saqu&eacute;   el cuchillo y chuc&eacute; a nueve personas.    </ul>     <p>   Todas las v&iacute;ctimas eran desconocidas.   Posterior a esto, varias personas   que se encontraban en el lugar   tratan de atacarlo, hasta que interviene   la Polic&iacute;a. Es llevado inicialmente   a los calabozos de la Polic&iacute;a   Judicial (SIJIN) por tres d&iacute;as, luego   es internado en el Hospital Moncaleano   Perdomo de la ciudad de Neiva   (Huila) durante un mes. De all&iacute; es   trasladado a la cl&iacute;nica psiqui&aacute;trica   de car&aacute;cter privado, donde se encuentra   interno actualmente.</p>     <p>  A su ingreso, en abril de 2004, es   un paciente colaborador, est&aacute; alerta,   es hiperpros&eacute;xico, tiene memoria   de fijaci&oacute;n y evocaci&oacute;n parcialmente   conservada, est&aacute; orientado,   no presenta alteraciones sensoperceptivas   o ideas delirantes, su lenguaje   es coherente. Por otra parte,   tiene afecto poco resonante, conducta   motora inhibida y temblor   fino en manos. Su inteligencia fronteriza,   juicio y raciocinio no est&aacute;n   comprometidos.</p>     <p>  En su historia personal se destaca   baja escolaridad, repiti&oacute; primero de   primaria una vez, refiere haber dejado   de estudiar porque &#8220;no le gustaba&#8221;.   Sabe leer, escribir, sumar y   restar. Siendo &eacute;l todav&iacute;a peque&ntilde;o,   su familia se muda al Guaviare, y   es all&iacute; donde el paciente realiza sus   estudios. Al hacerse mayor trabaja   en cultivos de coca, hasta presentar   por primera vez un episodio de enfermedad   mental, momento en el   cual se traslada a Bogot&aacute;. Ha trabajado   ocasionalmente en construcci&oacute;n.   Es soltero, pero ha tenido relaciones   afectivas previas, la &uacute;ltima   hace un a&ntilde;o.</p>     <p>   En su historia familiar informa que   es el octavo de una familia de once   hermanos, cuatro hombres y siete   mujeres; el paciente es el menor de   los hombres. Su madre tiene 65   a&ntilde;os y se dedica al hogar. Su padre   muri&oacute; hace ocho a&ntilde;os en un accidente   de tr&aacute;nsito. Refiere buenas   relaciones con sus padres y describe   un ambiente de crianza arm&oacute;nico y   de apoyo. Actualmente, su red de   soporte est&aacute; compuesta por su familia   en Bogot&aacute;, conformada por su   madre, dos hermanos, un sobrino   y un hermano mayor que vive en   Neiva.</p>     <p>   Especifica antecedentes patol&oacute;gicos   positivos para paludismo y parotiditis.   Es fumador de cigarrillo ocasional.   Hasta hace diez a&ntilde;os, era bebedor   frecuente de guarapo y cerveza.   En su familia, el padre y los hermanos   son bebedores excesivos de alcohol   et&iacute;lico. Una prima segunda   paterna presenta un TAB y otra t&iacute;a   paterna enfermedad mental no es pecificada. El resto de antecedentes   son negativos, incluso los judiciales.</p>     <p>  En marzo de 2005 es valorado por   psiquiatr&iacute;a forense en el Instituto   Nacional de Medicina Legal y Ciencias   Forenses (INMLCF), donde el   perito determina que el examinado   no ten&iacute;a un plan previo para la realizaci&oacute;n   del acto, ni tampoco las   personas que hiri&oacute; ten&iacute;an alg&uacute;n tipo   de relaci&oacute;n con el examinado, y,   adem&aacute;s, que las personas agredidas   tampoco ten&iacute;an relaci&oacute;n entre s&iacute;.</p>     <p>   Dictamina que el sindicado, momentos   antes de los hechos que se   le imputan, presentaba sintomatolog&iacute;a   psic&oacute;tica aguda consistente en   ideaci&oacute;n delirante persecutoria y   alucinaciones auditivas. En el examen   mental de esa fecha no se encuentran   s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos agudos.   Se concluy&oacute; que el examinado   present&oacute;, para el momento de los   hechos, s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos que   comprometieron su capacidad de   comprensi&oacute;n y autodeterminaci&oacute;n;   debido a un <i>trastorno mental permanente</i>,   en t&eacute;rminos psiqui&aacute;tricos   forenses, que le impidi&oacute; comprender   su actuar il&iacute;cito y autodeterminarse   seg&uacute;n esa comprensi&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   La evoluci&oacute;n del paciente ha sido   buena; en el &uacute;ltimo a&ntilde;o ha recibido   tratamiento con moduladores del   estado de &aacute;nimo, benzodiacepinas   y antipsic&oacute;ticos. Actualmente, est&aacute;   en tratamiento con carbonato de   litio (900 mg diarios), clonacepam   (1,5 mg diarios) y clozapina (100 mg   diarios). Es un paciente con tendencia   al aislamiento pero con buenas   relaciones con sus compa&ntilde;eros,   acepta l&iacute;mites y se relaciona adecuadamente   con su entorno. Durante   su internamiento de catorce   meses no ha presentado episodios   de violencia. El equipo de salud   mental tratante es enf&aacute;tico al describir   el compromiso permanente de   su familia.</p>     <p>   En enero de 2005, se solicita autorizaci&oacute;n   al juzgado de ejecuci&oacute;n de   penas correspondiente, para que el   paciente pueda acceder a salidas   parciales vigiladas, las cuales son   aprobadas y llevadas a cabo hasta   la actualidad, sin que sean reportados   episodios de agresividad o violencia. </p>     <p><b>Revisi&oacute;n del tema</b></p>     <p>   Si bien la gran mayor&iacute;a de las personas   con enfermedad mental o retardo   psicomotor no presentan por esta   raz&oacute;n un peligro para los dem&aacute;s,   hay situaciones donde se hace preciso   determinar el riesgo de que estas   personas puedan cometer un   acto violento. El riesgo se define   como la probabilidad de que una   persona pueda cometer un acto violento   contra otro en el futuro bajo   ciertas circunstancias. Esta definici&oacute;n,   a su vez, tiene tres componentes   (1):</p>     <p>1. El riesgo s&oacute;lo se puede determinar   cuando no hay certeza de que   una u otra probabilidad puede   ocurrir. Es decir, si hubiera una   certeza absoluta sobre la ocurrencia   de un resultado determinado,   no existir&iacute;a el riesgo.   </p>     <p>2. Se deben sopesar los posibles   resultados en caso de que un posible   acto ocurra o no ocurra.   </p>     <p>3. Se deben considerar los posibles   beneficios o consecuencias negativas   que se deriven del riesgo   definido.   </p>     <p>De igual forma, la ocurrencia de   cualquier evento adverso, incluido   el riesgo de violencia, requiere la   presencia de tres factores: un perpetrador,   una v&iacute;ctima potencial y un   ambiente u oportunidad para que   el evento ocurra. La importancia de   esto radica en que, a la hora de un   plan de intervenci&oacute;n, cualquier intento   para manejar el riesgo se debe   hacer interviniendo uno o m&aacute;s de   estos tres factores (1).</p>     <p>   <b>Factores de riesgo   </b>  </p>     <p>Se han descrito varias condiciones   que ponen en riesgo de actos de violencia   a los pacientes psiqui&aacute;tricos.   En general, los mejores <i>predictores</i>   de futuros cr&iacute;menes en personas   con trastornos mentales son similares   a las del resto de poblaci&oacute;n,   por ejemplo: cr&iacute;menes previos, antecedentes   judiciales en la familia, red   social pobre, etc. (2). Las personas   con enfermedad mental severa,   como esquizofrenia o TAB, presentan   un riesgo aumentado cuando   tienen s&iacute;ntomas activos. A su vez,   si estos pacientes usan sustancias   psicoactivas (SPA) o alcohol et&iacute;lico,   el riesgo es mayor. Las personas con   psicopat&iacute;a tambi&eacute;n tienen mayor   riesgo de ser peligrosos para los   dem&aacute;s. Estos riesgos son acumulativos,   es decir, una persona con una   enfermedad activa, que utilice SPA   o alcohol et&iacute;lico y que tenga rasgos   psicop&aacute;ticos, presentar&aacute; el mayor   grado de riesgo (2).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Algunos estudios han sugerido que   dentro de los pacientes psic&oacute;ticos,   aquellos que presentan ideas delirantes   de control o persecutorias   tienen un riesgo mayor de desarrollar   eventos violentos, pero, de igual   forma, hay estudios donde esta   relaci&oacute;n no es tan clara (3).</p>     <p>   Otros factores de riesgo descritos   incluyen haber sido arrestado antes   de los 16 a&ntilde;os, haber estado en instituciones   penales juveniles, no   haber cumplido con per&iacute;odos de   prueba o libertad condicional, as&iacute;   como tener problemas de empleo   antes del encarcelamiento, trastornos   de conducta y tendencia a la   impulsividad (4),(5).</p>     <p>   En un estudio realizado exclusivamente   en mujeres, se encontr&oacute; que   cuando &eacute;stas son violentas, la posibilidad   de recidiva es similar a la   encontrada en hombres, por lo cual se se&ntilde;alan factores de riesgo similares,   como son la comorbilidad con   SPA, los trastornos de personalidad   y el inicio de episodios violentos a   temprana edad (6).</p>     <p>   En pacientes con alg&uacute;n tipo de   discapacidad mental se han descrito   otros factores asociados a mayor   riesgo de violencia, como afecto inapropiado,   comportamiento sexual   inadecuado, amenazas, autoagresi&oacute;n,   pensamientos recurrentes de   contenido violento o sexual, s&iacute;ntomas   psic&oacute;ticos, impulsividad, pobre   alianza terap&eacute;utica, abuso de SPA   y oportunidad de acceder a la v&iacute;ctima   (7).</p>     <p>   <b>Aproximaciones</b></p>     <p>   Se han descrito dos tipos de acercamientos   para la valoraci&oacute;n del   riesgo: la actuarial, basada en unos   factores de riesgo definidos, y la cl&iacute;nica,   la cual trata de definir los factores   de riesgo espec&iacute;ficos para cada   persona (1),(8).</p> </font>    <p><font size="2" face="Verdana">     <b>Aproximaci&oacute;n actuarial</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Las variables descritas como actuariales   no necesitan un entrenamiento   especial para ser medidas. Los   m&eacute;todos actuariales permiten tomar   decisiones basadas en datos que   pueden ser codificados. Las decisiones   son sistem&aacute;ticas y se enfocan   en un n&uacute;mero relativamente peque&ntilde;o   de factores de riesgo conocidos   (9). En su mayor&iacute;a, se consideran   est&aacute;ticas porque se refieren a variables   demogr&aacute;ficas como edad, g&eacute;nero,   antecedentes judiciales previos   o edad del primer delito, y cambian   poco o nada en el tiempo o como   respuesta a una intervenci&oacute;n (1).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">   El riesgo est&aacute;tico incluye s&oacute;lo factores   hist&oacute;ricos como problemas de   comportamiento en la infancia,   patrones de crianza, diagn&oacute;sticos   psiqui&aacute;tricos previos, si se han cometido   delitos anteriormente y la   naturaleza de estos delitos, historia   de abuso de alcohol u otras SPA y   diagn&oacute;sticos de trastornos de personalidad.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">   Varios instrumentos se han creado   basados en &eacute;stas y otras variables.   La Violence Risk Appraisal Guide   (VRAG) (10), la MacArthur Guided   Decision Making Scale (11) y la Psychopathy   Checklist Revised (PCL-R)   (12) son algunos ejemplos de escalas   que miden factores de riesgo   (1),(13). Una de las cr&iacute;ticas que se   han hecho es que este tipo de escalas   han sido utilizadas poco en individuos   con alg&uacute;n tipo de discapacidad   mental (7). Tambi&eacute;n se ha criticado   que algunas de ellas son de   dif&iacute;cil aplicaci&oacute;n y requieren bastante   tiempo; adem&aacute;s, se ha se&ntilde;alado   que son escalas usadas, principalmente,   en &aacute;mbitos forenses pero   poco pr&aacute;cticas en escenarios cl&iacute;nicos   (9).</font></p> <font face="Verdana" size="2">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Aproximaci&oacute;n cl&iacute;nica</b></p>     <p>   Las variables cl&iacute;nicas se definen   como factores din&aacute;micos que pueden   cambiar, requieren el uso de un   juicio cl&iacute;nico entrenado y la realizaci&oacute;n   de un examen mental. Este   proceso se basa en los datos consignados   en la historia cl&iacute;nica y demanda   que los psiquiatras realicen   una evaluaci&oacute;n subjetiva bas&aacute;ndose   en su experiencia cl&iacute;nica. En este   caso, la valoraci&oacute;n del riesgo va a   depender de la habilidad individual   del psiquiatra (1). Estos factores   est&aacute;n m&aacute;s inmediatamente relacionados   con el &uacute;ltimo incidente agresivo,   tienen menos influencias hist&oacute;ricas   y m&aacute;s influencias inmediatas   (7).</p>     <p>   El abordaje cl&iacute;nico generalmente es   valorado desde una perspectiva de   equipo y genera una hip&oacute;tesis causal   del riesgo en un individuo en   particular (1). Desde este punto de   vista, se enfatiza que, para pacientes   que han sido violentos, es importante   hacerles preguntas acerca   del riesgo de ser violentos nuevamente   o sobre disparadores. A la   hora de evaluar el riesgo siempre se   debe tener en cuenta su opini&oacute;n.   Tambi&eacute;n se recomienda hacer preguntas   directas sobre planes   estructurados, familiaridad y acceso   a armas, manejo de situaciones   estresantes y empat&iacute;a hacia los   otros, especialmente hacia v&iacute;ctimas   potenciales (1).</p>     <p>   La aproximaci&oacute;n cl&iacute;nica ha sido criticada   por su baja validez y su falla   para especificar c&oacute;mo se llevo a cabo   el proceso de toma de decisiones, y   por tener un valor de predicci&oacute;n inferior   al que se logra con las escalas   actuariales. Otros consideran que   tiene ventajas como la flexibilidad y   se enfocan en los mecanismos a trav&eacute;s   de los cuales la violencia se produce,   lo cual puede contribuir a la   prevenci&oacute;n (13).</p>     <p><b>   La HCR-20: un modelo   de evaluaci&oacute;n actual (14),(15)</b></p>     <p>   La HCR-20 es una herramienta que   se ha desarrollado desde hace pocos   a&ntilde;os y trata de recoger informaci&oacute;n   actuarial que la combina con datos   cl&iacute;nicos y situacionales. La escala   HCR-20 (<i>Violence Risk Assessment   Scheme</i>) utiliza factores de riesgo   derivados de estudios de violencia   y enfermedad mental. Su ventaja es   que puede ser usada en poblaciones   generales o forenses. La HCR-20 se   vale de factores respaldados emp&iacute;ricamente,   pertenecientes a las tres   dimensiones temporales: pasado (hist&oacute;ricos),   presente (cl&iacute;nicos) y futuro   (medioambientales). Con ellos se   puede obtener un puntaje global o   destacar los aspectos parciales que   orientan hacia la estimaci&oacute;n del   riesgo de violencia del sujeto.</p>     <p>   Las siglas del t&iacute;tulo provienen de la   denominaci&oacute;n que en el original en ingl&eacute;s se le dio a los tres    tipos de   factores: <i>historical, clinical, risk   management</i>; el n&uacute;mero <i>20</i> se refiere   a la cantidad de &iacute;tems que   constituyen el instrumento. Mientras   los factores hist&oacute;ricos son los   m&aacute;s est&aacute;ticos, los factores cl&iacute;nicos   y medioambientales son los m&aacute;s   din&aacute;micos.</p>     <p>   En s&iacute;ntesis, la HCR-20 proporciona   una gu&iacute;a estructurada que los profesionales   pueden usar a la hora de tomar decisiones acerca de los planes   de liberaci&oacute;n anticipada, de alta   y de supervisi&oacute;n extrahospitalaria   (en la comunidad) con base en un   listado expl&iacute;cito de factores de riesgo,   seleccionados en funci&oacute;n de investigaciones   previas y del consenso entre   expertos. La HCR-20 no se dise&ntilde;&oacute;   simplemente como una herramienta   de investigaci&oacute;n de la predicci&oacute;n   de la violencia, sino para ser usada,   tambi&eacute;n, en el control del riesgo de   violencia (1),(8) (<a href="#(tab1)">v&eacute;ase Tabla 1</a>).</p>      <center>   <a name="#(tab1)"><img src="img/revistas/rcp/v35s1/v35s1a12tab1.gif"></a>  </center>    <p></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La HCR-20 posee ventajas invaluables   entre las que se destaca que   sus resultados no dependen de conceptos   subjetivos, ni de las habilidades   individuales del entrevistador,   que bien puede o no ser versado en   el tema, puesto que la escala incluye   factores medibles que confluyen   en la problem&aacute;tica y, por lo tanto,   predicen con mayor certeza la presentaci&oacute;n o no de una conducta.</p>     <p>   Esto es importante en el caso de los   inimputables, cuando se trata de   predecir el resurgimiento de conductas   violentas, dado que si se   determina el cambio de medida de   seguridad por libertad vigilada y   reincide en la conducta violenta y   agresiva, &eacute;sta puede ser de consecuencias   catastr&oacute;ficas a escala social   o individual o ambas; por lo tanto,   sin lugar a dudas, los esfuerzos   que se realicen para que el personal   de salud, en cabeza del psiquiatra   cl&iacute;nico o forense, tome una determinaci&oacute;n   basada en elementos   objetivos, medibles, cuantificables   son bien realizados.</p>     <p>   <b>Tratamiento</b></p>     <p>   La valoraci&oacute;n del riesgo puede ser   usada con m&uacute;ltiples prop&oacute;sitos,   como son definir intervenciones o   tratamientos, programas de tratamiento,   o tomar decisiones acerca   de la ubicaci&oacute;n de un paciente o del   tipo de personal encargado de su   tratamiento (7).</p>     <p>   Ning&uacute;n paciente inimputable debe   egresar de un hospital hasta que se   decida que &eacute;ste puede vivir de forma   segura en comunidad y que va a   tener a su disposici&oacute;n el tratamiento,   la supervisi&oacute;n y el soporte necesarios   (2). La probabilidad de que el   riesgo aumente con la exposici&oacute;n a   factores estresantes o socioecon&oacute;micos   dif&iacute;ciles y con la falta de redes   de apoyo hace que &eacute;stos sean   agentes que deben ser intervenidos   en la medida de lo posible (4).</p>     <p>   En el caso de los inimputables que   permanecen intramuros, previo al   egreso para su reintegro a la sociedad,   deben tener un concepto del   equipo de salud mental tratante,   basado en elementos objetivos medibles   y predecibles; una peritaci&oacute;n   psiqui&aacute;trica, como lo ordena el C&oacute;digo   de Procedimiento Penal (16), y   la opini&oacute;n del defensor del pueblo encargado   de vigilar el bienestar de los   enfermos mentales y del juez de ejecuci&oacute;n   de penas, quienes considerar&aacute;n   los informes de cada uno de   los profesionales involucrados para   emitir su providencia al respecto.</p>     <p>   El proceso que se debe seguir para   tomar esta decisi&oacute;n debe cumplir   con los siguientes pasos (2),(17):</p>     <p>   1. Asegurar que la informaci&oacute;n relevante   pasada y presente est&eacute;   disponible, incluyendo historia   cl&iacute;nica, informaci&oacute;n de terceros,   autorreporte del paciente, examen   del estado mental y resulta dos de pruebas practicadas. La   informaci&oacute;n acerca del comportamiento   previo es muy importante   ya que el mejor predictor   de violencia en el futuro es la violencia   en el pasado. Se deben   incluir datos demogr&aacute;ficos, de   personalidad, cognitivos, hist&oacute;ricos   y contextuales.</p>     <p>   2. Definir circunstancias futuras   que puedan aumentar el riesgo   en ese individuo en particular.   En algunas ocasiones, es posible   identificarlas y se pueden proponer   medidas para la intervenci&oacute;n   o modificaci&oacute;n de &eacute;stas.  </p>     <p>3. Buscar ayuda de otras instituciones,   grupos, personas o instancias   cuando sea necesario.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>4. Dejar constancia en la historia   cl&iacute;nica sobre el tratamiento del   riesgo encontrado y cu&aacute;ndo ser&aacute;   evaluado nuevamente.</p>     <p>   Algunos autores dicen que el resultado   de la evaluaci&oacute;n no necesita   dar una medida o porcentaje exacto,   sino que es m&aacute;s &uacute;til una discriminaci&oacute;n   sencilla: bajo riesgo de violencia,   medio o alto riesgo (7). As&iacute;,   lo que se puede cuantificar para predecir   con la mayor certeza el porcentaje   en bajo, medio o alto riesgo   de la aparici&oacute;n o no de la conducta   es, sin lugar a dudas, el camino que   se va a escoger. </p>     <p>El tratamiento del riesgo no es efectivo   o completo si no es comunicado   de una forma amplia y efectiva a los   dem&aacute;s. Aqu&iacute; se incluye al paciente,   su familia y las instituciones que tengan   que ver con su cuidado. Cuando   se comunica el riesgo, el lenguaje   debe ser claro, debe evitar t&eacute;rminos   t&eacute;cnicos y debe reflejar los elementos   tenidos en cuenta a la hora de   tomar una decisi&oacute;n (1).</p>     <p>   Compartir la informaci&oacute;n cuando   un paciente ha sido violento es sumamente   importante. Siempre deben   ser registrados e informados   estos incidentes. En dichos individuos,   la informaci&oacute;n que puede ser   de mayor ayuda es aquella que especifica   las circunstancias en las   cuales ocurri&oacute; el hecho, c&oacute;mo fue   tratado y c&oacute;mo estas situaciones   pueden ser evitadas (2).</p>     <p>   Una vez que se ha identificado el   riesgo de un comportamiento potencialmente   peligroso, se tiene la responsabilidad   de tomar alguna acci&oacute;n   al respecto. Esto incluye proponer   un plan terap&eacute;utico. Este plan   de tratamiento debe ser flexible, ya   que el riesgo var&iacute;a en el tiempo, y   esto hace necesario que las medidas   tomadas deban ser revisadas   peri&oacute;dicamente.</p>     <p>   <b>Conclusiones  </b>  </p>     <p>La responsabilidad de evaluar el   riesgo de recidiva de episodios violentos   en pacientes psiqui&aacute;tricos no   siempre est&aacute; a cargo de especialistas   forenses; muchas veces son los   psiquiatras generales los encarga dos de esta evaluaci&oacute;n. Si bien en   la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica se cuenta con experiencia   a la hora de evaluar otros   riesgos, como el riesgo suicida, la   evaluaci&oacute;n del riesgo de heteroagresividad   es poco conocida y en nuestro   medio no existe un consenso sobre   c&oacute;mo se debe hacer.</p>     <p>   Realizar este tipo de evaluaciones   siempre se presenta como una disyuntiva   de radical importancia; por   un lado, se debe proteger al paciente   y evitar etiquetarlo; por otro, se debe   tener en cuenta la responsabilidad   social que implica prevenir a los   dem&aacute;s de ser v&iacute;ctimas de las acciones   de un individuo.</p>     <p>   En general, se puede concluir que   a la hora de definir el riesgo de violencia   debe tenerse en cuenta no   s&oacute;lo una evaluaci&oacute;n transversal del   paciente, sino todos los factores de   riesgo. Asimismo se deben valorar   las intenciones violentas, las acciones   de heteroagresi&oacute;n previas, detectarse   trastornos psiqui&aacute;tricos y   evaluar otros factores asociados con   un mayor riesgo de violencia. Esta   evaluaci&oacute;n tiene que ser interdisciplinaria   y valerse de todas las herramientas   que se consideren necesarias.</p>     <p>   Cualquier estudio que se realice   para definir factores de riesgo de   comportamientos violentos en nuestra   poblaci&oacute;n contribuir&aacute; notoriamente   a mejorar el acercamiento de   evaluaci&oacute;n y tratamiento de este   tipo de pacientes. De igual forma,   se sugiere la validaci&oacute;n para nuestro   medio de algunas de las escalas   utilizadas con &eacute;xito en otros pa&iacute;ses.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <b>Bibliograf&iacute;a</b></p>     <!-- ref --><p>   1. Kumar S, Simpson A. Application of risk   assessment for violence methods to general   adult psychiatry: a selective literature   review. Aust N Z J Psychiatry. 2005;39:   328-35.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0034-7450200500050001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Reed J. Risk assessment and clinical risk   management: the lessons from recent inquiries.   Br J Psychiatry. 1997;170(32):4-7.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0034-7450200500050001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Appelbaum P, Clark P, Monahan J. Violence   and delusions: data from the   macarthur violence risk assessment study.   Am J Psychiatry. 2000;157:566-72.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0034-7450200500050001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Folino J, Marengo C, Marchiano S, Ascazibar   M. The risk assessment program   and the court of penal execution in the   Province of Buenos Aires, Argentina. Int   J Offender Ther Comp Criminol. 2004;   48(1):49-58.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0034-7450200500050001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Langstrom N, Grann M. Psychopathy and   violent recidivism among young criminal   offenders. Acta Psychiatr Scand Suppl.   2002;(412):86-92.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0034-7450200500050001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Putkonen H, Komulainen E, Virkkunen M,   Eronen M, L&ouml;nnqvist J. Risk of repeat   offending among violent female offenders   with psychotic and personality disorders.   Am J Psychiatry. 2003;160:947-51.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0034-7450200500050001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Lindsay W, Murphy L, Smith G, Murphy   D, Edwards Z, Chittock C, et al. The dynamic   risk assessment and management   system: an assessment of immediate risk   of violence for individuals with offending   and challenging behaviour. Journal of   Applied Research in Intellectual Disabilities.   2004;17:267-74.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0034-7450200500050001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Folino JO, Escobar-C&oacute;rdoba F. Nuevos   aportes a la evaluaci&oacute;n del riesgo de violencia.   Med UNAB 2004;7(20):99-105.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0034-7450200500050001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Monahan J, Steadman H, Appelbaum P,   Robbins P, Mulvey E, Silver E, et al. Developing   a clinically useful actuarial tool for   assessing violence risk. Br J Psychiatry.   2000;176:312-19.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0034-7450200500050001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Harris GT, Rice ME, Quinsey VL. Violent   recidivism of mentally disordered offenders:   the development of a statistical   prediction instrument. Crim Justice Behav.   1993;20:315-35.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0034-7450200500050001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Grisso T, Appelbaum PS. The MacArthur   treatment competence study, III: abilities   of patients to consent to psychiatric and   medical treatments. Law Hum Behav.   1995;19:149-74.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0034-7450200500050001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Hare RD. The hare psychopathy checklist:   revised. Toronto: Multi-Health Systems   Inc; 1990.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0034-7450200500050001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Dolan M, Doyle M. Violence risk prediction:   clinical and actuarial measures and   the role of the psychopathy checklist. Br   J Psychiatry. 2000;177:303-11.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0034-7450200500050001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Webster CD, Douglas KS, Eaves D, Hart   SD. Predicting violence in mentally and   personality disordered individuals. In:   Webster CD, Jackson MA, editors. Impulsivity:   theory, assessment and treatment.   New York: Guilford; 1997.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0034-7450200500050001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Webster CD, Eaves D, Douglas KS, Wintrup   A. The HCR-20 scheme: the assessment   of dangerousness and risk. Burnaby   (British Columbia): Simon Fraser University   and Forensic Psychiatric Services   Commission; 1995.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0034-7450200500050001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. C&oacute;digo Penal y de Procedimiento Penal   (leyes 599 y 600 de 2000). Compilado,   concordado y anotado por Mario Arboleda   Vallejo. 6th ed. Bogot&aacute;: Leyer; 2001.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0034-7450200500050001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Stone M. Prediction of violent recidivism   Acta Psychiatr Scand. 2002;106(412):44-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0034-7450200500050001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>&nbsp;</p>     <p>Recibido para publicaci&oacute;n: 21 de mayo de 2005     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Aceptado para publicaci&oacute;n: 21 de julio de 2005</p> </font>      ]]></body><back>
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