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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Terapia de pareja: una mirada a sus procesos]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Objective: To review some of the main aspects of the process of couples therapy. Development: Therapy begins with an initial assessment of the family, its characteristics, family dynamics and the factors that determine its functionality. This will then be used as a guide for approaching the couples therapy. Important topics to consider will be the couple’s conformation, evaluation, course and dynamics. Attached to this work is a brief historical review of a couple’s therapy as a means to examine the essential aspects of intervention. Finally some of the most used intervention processes are described.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><b> </b></p>     <p align="center"><font size="4"><b>Terapia de pareja: una mirada a sus procesos</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Couple Therapy: Viewing the Process</b></font></p>     <p><b> Eduardo Castrill&oacute;n Mu&ntilde;oz<sup>1</sup></b></p>     <p><sup>1</sup> M&eacute;dico psiquiatra, Universidad del Valle, Cali, Colombia.    Especialista en Familia, Pontificia Universidad Javeriana, Cali, Colombia. Profesor    asociado, Departamento de Psiquiatr&iacute;a, Universidad del Valle.</p>     <p> Correspondencia   Eduardo Castrill&oacute;n Mu&ntilde;oz   Departamento de Psiquiatr&iacute;a   Escuela de Medicina, Facultad de Salud   Universidad del Valle   Hospital Universitario del Valle, piso 6   Cali, Colombia <a href="mailto:educas50@yahoo.es">educas50@yahoo.es</a> </p>     <p> </p> Recibido para evaluaci&oacute;n: 15 de julio de 2008 Aceptado para publicaci&oacute;n:  11 de agosto de 2008 <hr size="1">     <p> <font size="3"><b>Resumen</b></font></p>     <p> <b>Objetivo</b>: Revisar algunos de los aspectos b&aacute;sicos en el proceso    de la terapia de pareja. <b>Desarrollo</b>: Se parte de una primera aproximaci&oacute;n    al tema de la familia, sus caracter&iacute;sticas, su din&aacute;mica y factores    que determinan su funcionalidad, como gu&iacute;a para el abordaje espec&iacute;fico    del tema de la terapia de pareja. En el tema de la pareja se contemplan los    aspectos de su conformaci&oacute;n, evaluaci&oacute;n, curso y din&aacute;mica,    revisando aspectos esenciales en los casos de intervenci&oacute;n. Se adiciona    al presente trabajo una breve rese&ntilde;a de una revisi&oacute;n hist&oacute;rica    del curso de la evoluci&oacute;n de la terapia de pareja. Finalmente se da paso    a una somera descripci&oacute;n de algunos de los procesos de intervenci&oacute;n    m&aacute;s utilizados en la actualidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <b><font size="3">Palabras clave</font></b>: terapia de pareja, pareja, terapia    familiar.</p> <hr size="1">     <p> <b><font size="3">Abstract</font></b></p>     <p> <b>Objective</b>: To review some of the main aspects of the process of couples    therapy. <b>Development</b>: Therapy begins with an initial assessment of the    family, its characteristics, family dynamics and the factors that determine    its functionality. This will then be used as a guide for approaching the couples    therapy. Important topics to consider will be the couple&#8217;s conformation,    evaluation, course and dynamics. Attached to this work is a brief historical    review of a couple&#8217;s therapy as a means to examine the essential aspects    of intervention. Finally some of the most used intervention processes are described.</p>     <p align="left"> <b><font size="3">Key words</font></b>: Couple therapy, couple,    family therapy.</p> <hr size="1"> <b><font size="3">Introducci&oacute;n</font></b>      <p> Adentrarnos en una sistematizaci&oacute;n de los procesos de terapia de pareja    requiere un contexto que de alguna forma va a actuar como gu&iacute;a del te    rritorio por recorrer. Para ello es necesario abordar algunos aspectos de la    familia; sin embargo, aqu&iacute; no es preciso reforzar la importancia de la    familia en el orden social, aun cuando cobre una vida ps&iacute;quica propia    y tenga una din&aacute;mica cambiante, que se aparta cada vez m&aacute;s de    la tradicional familia del siglo recientemente finalizado. Diferentes patrones    conllevan situaciones distintas que generan una sensaci&oacute;n de inestabilidad,    incertidumbre y temor. Por lo tanto, debemos mantener en mente una actitud de    flexibilidad.</p>     <p> Los problemas planteados crecer&aacute;n y, en forma directamente proporcional,    demandar&aacute;n soluciones de manera constante. Sin importar lo cambiante    de los tiempos, permanecen determinadas dimensiones de las familias funcionales.    Cualquier grupo familiar demanda alguna forma de organizaci&oacute;n, unos canales    o modos de comunicaci&oacute;n y, si existen, un modelo de protecci&oacute;n    para los menores de edad. En el desarrollo de un individuo, la familia (cualquiera    sea su modelo) se convierte en el grupo m&aacute;s importante para alcanzar    desde el desarrollo psicol&oacute;gico, el aprendizaje de las interacciones    emocionales y el mantenimiento de la autoestima. En una familia, las emociones    se mostrar&aacute;n de diversas maneras y en diversos momentos.</p>     <p> Las familias y las parejas son diferentes a cualquier otro grupo humano, ya    que difieren en aspectos como la duraci&oacute;n, la intensidad y las relaciones    funcionales de sus miembros.</p>     <p> La familia es un grupo en el que suceder&aacute;n las experiencias m&aacute;s    fuertes de amor y odio, a la par que se experimentar&aacute;n en ella las m&aacute;s    profundas satisfacciones y, a la vez, los m&aacute;s profundos desacuerdos.    Por lo tanto, dadas las m&uacute;ltiples interacciones entre sus miembros, su    principio fundamental como unidad familiar ser&aacute; mucho m&aacute;s que    la suma de las partes. El conocimiento de cada uno de ellos como individuo en    ning&uacute;n momento nos conducir&aacute; al inmediato conocimiento de la familia    como un sistema. Esta posee una historia y un funcionamiento que le son propios,    los cuales difieren de la historia y funcionamiento de cada uno de sus individuos.</p>     <p> Por consiguiente, las familias y, por ende, las parejas necesitan ser entendidas    en contextos de interactividad en los cuales de manera constante vamos a tener    una serie de transacciones entre las diferentes partes del sistema. Desde esa    perspectiva, la acci&oacute;n de un miembro necesariamente afectar&aacute; a    la familia y la acci&oacute;n de la familia afectar&aacute; a cada uno de los    individuos.</p>     <p> Existe una estabilidad basal en cada grupo, que mantiene a cada miembro dentro    de su posici&oacute;n en el sistema familiar. La familia es un sistema en equilibrio    din&aacute;mico que se mantendr&aacute; oscilando entre unos per&iacute;odos    de balance y unos per&iacute;odos de desequilibrio. El concepto de homeostasis    familiar, que se refiere a la tendencia de la familia a mantenerse en una relativa    estabilidad, es fundamental para comprender las acciones que desde la intervenci&oacute;n    terap&eacute;utica en un momento dado se nos proponen.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> A partir de dicho concepto, debemos considerar que cuando el sistema, como    un todo, o alguno de sus miembros se encuentra en un estado de desequilibrio,    ocurrir&aacute;n las acomodaciones necesarias para volver a esa l&iacute;nea    de base. Nuestra misi&oacute;n entonces es comprender c&oacute;mo las familias    y las parejas se mueven hacia un nuevo equilibrio. Dado lo anterior, debemos    pensar que dentro de las familias los individuos van a tener ciertos patrones    caracter&iacute;sticos, lo cual conlleva estilos de pensar y maneras de interactuar.    As&iacute;, algunos autores han caracterizado los grupos familiares tanto por    los elementos cognitivos utilizados en los procesos de resoluci&oacute;n de    problemas como por su estructura organizacional.</p>     <p><b> Funcionalidad</b></p>     <p> La funcionalidad de una familia se eval&uacute;a desde los patrones caracter&iacute;sticos    que le permiten moverse y responder a las diferentes situaciones de tensi&oacute;n    generadas en el interior o en el exterior del sistema, acaecidas a lo largo    de su ciclo vital.</p>     <p> En 1993, Walsh (1) propuso los procesos que caracterizan a las familias funcionales:</p>     <p> 1. Una comunicaci&oacute;n y conectividad entre sus miembros, para sentirse    cuidados entre ellos y con una sensaci&oacute;n de apoyo mutuo.</p>     <p> 2. El respeto por las diferencias del individuo, esto es, permitir su autonom&iacute;a,    procurando el desarrollo y el bienestar de cada uno de los miembros de cada    generaci&oacute;n, desde los m&aacute;s j&oacute;venes hasta los m&aacute;s    viejos.</p>     <p> 3. Un principio de liderazgo y autoridad por parte de alguno de los miembros    del sistema familiar, para el cuidado, la protecci&oacute;n y la socializaci&oacute;n    de los ni&ntilde;os, lo mismo que de los miembros m&aacute;s vulnerables del    sistema familiar.</p>     <p> 4. Para las parejas, el mantenimiento de una relaci&oacute;n caracterizada    por el respeto mutuo, el apoyo y el compartir equilibrado del poder y las responsabilidades.</p>     <p> 5. Una estabilidad de la organizaci&oacute;n, caracterizada por la claridad,    la consistencia y la predictibilidad de los patrones de interacci&oacute;n.</p>     <p> 6. Adaptabilidad, es decir, la fl exibilidad para enfrentarse a las demandas    internas y externas para el cambio, para manejar las situaciones de tensi&oacute;n,    lo mismo que para superar las transiciones propias del ciclo vital.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> 7. Una comunicaci&oacute;n abierta, caracterizada por la claridad de las reglas;    una interacci&oacute;n placentera, y un rango de expresiones emocionales emp&aacute;ticas.</p>     <p> 8. Unos procesos efectivos de resoluci&oacute;n de problemas y conflictos.</p>     <p> 9. Un sistema compartido de creencias, que genere confianza, conectado con    las generaciones pasadas y futuras, as&iacute; como con un conjunto de valores    &eacute;ticos.</p>     <p> 10. Recursos adecuados para una seguridad econ&oacute;mica y un apoyo psicosocial    generado en una red de amigos y del sistema comunitario y social que lo rodea.</p>     <p> Otro modelo se basa s&oacute;lo en tres dimensiones: resoluci&oacute;n de    problemas, organizaci&oacute;n y clima emocional. Estas dimensiones se consideran    fundamentales para una r&aacute;pida revisi&oacute;n de la evaluaci&oacute;n    y representan el n&uacute;cleo central de la escala Global Assessment of Relational    Functioning Scale (GARF). Al enfocarnos en la pareja como un sistema, consideremos    lo que planteaba Lewis, en 1998 (2): el proceso y decisi&oacute;n m&aacute;s    importante que cada miembro en una pareja realiza es el de seleccionar a una    persona con quien va a gastar su existencia y con quien conjuntamente va a estar    construyendo una relaci&oacute;n. Esta decisi&oacute;n no ocurre en un sitio    aislado. Est&aacute; &iacute;ntimamente conectada con los otros. La relaci&oacute;n    de pareja es de alguna forma la m&aacute;s importante relaci&oacute;n para el    crecimiento de cada uno de sus miembros.</p>     <p> La habilidad de la pareja para comunicarse claramente, para resolver problemas    y para tener una proyecci&oacute;n interna razonable de cada uno como individuo,    de manera independiente, sin que esto llegue a convertirse en agendas incompatibles,    se construir&aacute; sobre las necesidades intraps&iacute;quicas de sus miembros    y a partir de los comportamientos reflexivos que cada uno trae desde su familia    de origen.</p>     <p> En resumen, la pareja es una combinaci&oacute;n de las necesidades de cada    uno de los individuos junto con las necesidades propias que ha generado la relaci&oacute;n.    De ah&iacute; que en el territorio de la pareja &#8212;recorrido previo al tema    central de nuestro trabajo&#8212; consideremos los aspectos tempranos de la    construcci&oacute;n de la pareja y c&oacute;mo su constituci&oacute;n estar&aacute;    mejor hecha cuando ambos individuos hayan completado sus tareas de reestructuraci&oacute;n    de las relaciones con sus familias de origen.</p>     <p> En t&eacute;rminos de los procesos de individuaci&oacute;n y diferenciaci&oacute;n,    cuando los miembros de la pareja hayan aprendido de s&iacute; mismos, en t&eacute;rminos    del reconocimiento de sus propios caracteres, esto los conducir&aacute; a desarrollar    una identidad como pareja, a alcanzar formas efectivas de comunicaci&oacute;n    y resoluci&oacute;n de problemas y a establecer un patr&oacute;n mutuo de relaci&oacute;n    con sus familias, amigos y &aacute;mbitos de trabajo. En este punto la pareja    comprender&aacute; que se trata b&aacute;sicamente de lograr proveerse de manera    mutua un espacio para el crecimiento personal.</p>     <p> Calidad de la relaci&oacute;n de pareja En 1998, Lewis (2) planteaba cinco    aspectos fundamentales para tener en cuenta cuando deseamos determinar la calidad    de una relaci&oacute;n:</p>     <p> 1. Poder. &iquest;Qui&eacute;n est&aacute; a cargo? Este es un aspecto complejo,    dada la definici&oacute;n misma del t&eacute;rmino. Existen muchas clases de    poder que estar&aacute;n presentes en la din&aacute;mica de las parejas, por    ejemplo, ser&aacute; ejercido por un miembro o por el otro en diferentes circunstancias    o ser&aacute; compartido en otras; pero lo esencial es que de la manera como    se resuelvan estas situaciones de poder, se determinar&aacute; buena parte de    la evoluci&oacute;n de las parejas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> 2. Proximidad-distancia. Se entiende como la intensidad emocional, la cantidad    de actividades y valores compartidos. Cada uno de los miembros de la pareja    determinar&aacute; qu&eacute; tipo de distancia emocional considerar&aacute;    como pr&oacute;xima y en qu&eacute; momentos se asumir&aacute; como muy distante.    Tambi&eacute;n se establecer&aacute; qu&eacute; clase de comportamientos denotar&aacute;n    intimidad.</p>     <p> 3. Inclusi&oacute;n-exclusi&oacute;n. Esta dupla indica qui&eacute;n es m&aacute;s    considerado como parte del sistema de la pareja. Esta clase de l&iacute;mites    no solamente se aplicar&aacute;n a familiares y otras personas, sino que tambi&eacute;n    involucran aspectos como intereses profesionales, lo mismo que los recreativos.</p>     <p> 4. Compromiso de pareja. Ambos miembros de la pareja necesitan experimentar    y sentir que cada uno y los dos est&aacute;n comprometidos con la relaci&oacute;n    y que son prioritarios en la vida del otro.</p>     <p> 5. Intimidad. Comprendida como la posibilidad del conocimiento del otro m&aacute;s    all&aacute; de la imagen construida en la interacci&oacute;n familiar o social,    por ejemplo, la posibilidad de compartir de manera rec&iacute;proca los aspectos    vulnerables de cada uno. Adicionalmente, la construcci&oacute;n de espacios    y tiempos propios de la pareja.</p>     <p> Dado que es muy probable que la terapia de pareja tendr&aacute; como escenario    de trabajo parejas en conflicto, de acuerdo con Olson (3), es necesario plantear    cu&aacute;les factores podr&iacute;an ser considerados los mejores predictores    de lo que es una buena relaci&oacute;n. B&aacute;sicamente son la comunicaci&oacute;n,    la habilidad para resolver conflictos, la capacidad de comunicar las diferentes    necesidades frente al otro, las compatibilidades en la personalidad, unas expectativas    realistas frente al otro como compa&ntilde;ero y como pareja y un acuerdo en    los principios religiosos.</p>     <p> <b>Momentos</b></p>     <p> de la terapia de pareja La terapia de pareja constituye un &aacute;rea de    la psicoterapia que, en la opini&oacute;n de muchos, es larga en historia pero    corta en tradici&oacute;n. Olson (3), el primer cronista del campo de la terapia    de pareja, se refer&iacute;a a esta como una joven que no ha desarrollado sus    bases te&oacute;ricas de manera s&oacute;lida y que no ha evaluado sus principales    fundamentos.</p>     <p> Un aspecto interesante lo constituye el que los tempranos pioneros de la terapia    familiar expl&iacute;citamente consideraban la terapia de pareja como un asunto    no fundamental en su labor. El asumir la terapia de pareja como un elemento    de segunda importancia en el ampl&iacute;simo campo de la terapia familiar se    mantiene a&uacute;n, pese a las afirmaciones de uno de los fundadores de la    terapia familiar, como Nathan Ackerman (4), quien identificaba la terapia de    los trastornos de pareja como el n&uacute;cleo del cambio familiar. Lo mismo    ocurr&iacute;a con Fraenkel (5), otro de los grandes en el campo, quien suger&iacute;a    que al menos hist&oacute;ricamente las dos modalidades, la terapia de familia    y la terapia de pareja, se manejaban desde el mismo cuerpo de conceptos y de    t&eacute;cnicas, aunque esto pareciera en ocasiones ser menos cierto.</p>     <p> El estatus de segundo plano de las representaciones de la terapia de pareja    se ha dado dentro de lo que Gurman y Fraenkel (5) llamaban la larga negaci&oacute;n    del hecho de que la mayor&iacute;a de los terapeutas de familia predominantemente    trabajan con parejas, m&aacute;s que con dos generaciones de familias. As&iacute;,    una encuesta de Rait entre terapeutas familiares mostraba c&oacute;mo una quinta    parte de sus casos eran terapia de pareja y, adem&aacute;s, hall&oacute; en    las intervenciones familiares que los tres problemas m&aacute;s frecuentemente    identificados eran dificultades de pareja.</p>     <p> Simmons y Doverty (6) evaluaron los patrones de pr&aacute;ctica de los terapeutas    de familia y encontraron que las dificultades de la pareja, con el 59% de los    casos, exced&iacute;an los problemas familiares. Recordemos la importancia que    cobra como asunto de salud p&uacute;blica la terapia de pareja, si consideramos    las consecuencias de las rupturas, cada vez m&aacute;s frecuentes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> No es tan reciente que un alto porcentaje de personas demanden la atenci&oacute;n    de terapeutas desde lo individual, pero en muchas ocasiones la causa de la consulta    se origina en dificultades maritales: conflictos de roles, insatisfacci&oacute;n    sexual o violencia. En 1960, Gurin (7) mostraba c&oacute;mo en el 40% de las    personas que buscaban ayuda psicol&oacute;gica centraban sus problemas en dificultades    de pareja.</p>     <p> El conflicto marital recurrente y las rupturas est&aacute;n asociados con    un amplio n&uacute;mero de secuelas en adultos y ni&ntilde;os. Los miembros    de las parejas en problemas tienen cada uno una mayor probabilidad de sufrir    ansiedad, depresi&oacute;n y suicidio, sin descontar abuso de sustancias, problemas    m&eacute;dicos generales, as&iacute; como conductas que los exponen a enfermedades    de transmisi&oacute;n sexual.</p>     <p> Dados los antecedentes anteriores y a la hora de trabajar con parejas en conflicto,    es necesario definir la expresi&oacute;n terapia de pareja, que ha venido a    reemplazar la de terapia marital, porque la primera est&aacute; centrada en    el enlace y en el v&iacute;nculo entre dos personas, sin el tono de juicio social    o de valor implicado por el t&eacute;rmino tradicional previo. As&iacute; mismo,    es necesario tener en cuenta el aspecto temporal en que se va a realizar la    terapia, y que se refiere a la fase de la relaci&oacute;n en que ocurre el problema.</p>     <p> El foco de la mayor parte de las terapias de pareja es remedial, es decir,    ocurre durante la fase prolongada de la relaci&oacute;n, que contin&uacute;a    o prosigue a alguno de los rituales simb&oacute;licos que afirman un acuerdo    de continuidad de largo t&eacute;rmino. Cuando una intervenci&oacute;n en esta    fase ocurre y no es de car&aacute;cter remedial, podr&iacute;amos verla como    prevenci&oacute;n primaria o enriquecimiento.</p>     <p> Cuando ocurre previo a un ritual, se habla de consejer&iacute;a premarital,    y si reviste un car&aacute;cter remedial, se considerar&aacute; prevenci&oacute;n.</p>     <p> Curiosamente, se ha incrementado su ejercicio, pero no se ha desarrollado    un cuerpo de doctrina. Gurman y Fraenkel (5) plantearon cuatro etapas en su    desarrollo hist&oacute;rico. En el trabajo de estos dos autores, se examinan    las mayores influencias conceptuales en el campo de la terapia de pareja en    cada per&iacute;odo y se presta particular atenci&oacute;n a las teor&iacute;as    y m&eacute;todos que han mostrado influencias m&aacute;s fuertes y perdurables.</p>     <p> La primera fase se describe como la comprendida entre 1930 y 1963, denominada    formaci&oacute;n no te&oacute;rica en el campo de la consejer&iacute;a matrimonial.    De manera oficial, por asuntos de organizaciones que trabajaban en este campo,    al menos, en Estados Unidos, los primeros institutos se constituyeron justamente    entre 1930 y 1932. B&aacute;sicamente, la intervenci&oacute;n se dirig&iacute;a    a parejas sin afectaciones en su desempe&ntilde;o que las hicieran francamente    disfuncionales. Tampoco estaban incluidas dentro de los grupos de intervenci&oacute;n    aquellas parejas en quien alguno de sus miembros padec&iacute;a alg&uacute;n    tipo de padecimiento psiqui&aacute;trico grave. La idea central de su discurso    era el de hacer que las parejas funcionaran mejor.</p>     <p> La aproximaci&oacute;n estaba enfocada en el motivo de consulta, de car&aacute;cter    breve y con elementos claramente did&aacute;cticos. Un aspecto que llamaba la    atenci&oacute;n era que aunque los terapeutas estaban interesados en el bienestar    de las parejas, la intervenci&oacute;n conjunta con ella ocurr&iacute;a con    poca frecuencia. De hecho, en 1940 tan s&oacute;lo alcanzaba un 5%, y en 1960,    un 15%. Este per&iacute;odo se caracteriza por la carencia de un cuerpo de doctrina    o filosof&iacute;a a la cual se adhirieran las intervenciones. Para entonces    la terapia familiar apenas estaba creciendo.</p>     <p> La segunda fase de esta evoluci&oacute;n hist&oacute;rica se denomina de experimentaci&oacute;n    psicoanal&iacute;tica, y va desde 1931 hasta 1966. Mientras que la consejer&iacute;a    matrimonial trataba de establecer su identidad profesional, un modelo de intervenci&oacute;n    en la pareja fue emergiendo progresivamente como una nueva fuerza, que caminaba    en paralelo con la otra corriente. Era el grupo de quienes ten&iacute;an una    formaci&oacute;n psicoanal&iacute;tica o propon&iacute;an las intervenciones    desde ah&iacute;.</p>     <p> De hecho, durante d&eacute;cadas algunos autores psicoanal&iacute;ticos hab&iacute;an    estado profundamente interesados en el complejo proceso de la selecci&oacute;n    de compa&ntilde;ero, en el significado del matrimonio, as&iacute; como en los    efectos de la intervenci&oacute;n psicoanal&iacute;tica en algunos de sus miembros,    y c&oacute;mo afectaba o no la relaci&oacute;n de pareja. En 1948, Mittelman    planteaba la intervenci&oacute;n concurrente, en que ambos miembros de la pareja    eran tratados individualmente, pero sincr&oacute;nicamente por el mismo terapeuta    (8).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Nuevos modelos de experimentaci&oacute;n psicoanal&iacute;tica se dieron entre    los a&ntilde;os cincuenta y sesenta, pero como lo anotara Sager, en 1966, la    mayor&iacute;a de estas contribuciones no evidenciaban nuevos desarrollos en    el campo de lo te&oacute;rico, m&aacute;s bien comprend&iacute;an diferentes    formatos de intervenci&oacute;n terap&eacute;utica (8-10).</p>     <p> La tercera fase corresponde a la incorporaci&oacute;n de la terapia familiar,    entre 1963 y 1985. Durante este per&iacute;odo se destacaron cuatro te&oacute;ricos,    Don D. Jackson, Virginia Satir, Murria Bowen y Jay Haley. Ellos estimularon    una l&iacute;nea de pensamiento que contin&uacute;a teniendo influencia en todos    los modelos contempor&aacute;neos de pr&aacute;ctica. Jackson propuso la homeostasis    familiar.</p>     <p> El denominado quid pro quo fue la piedra angular en el desarrollo de los m&eacute;todos    de la terapia de pareja. Su esencia era el esfuerzo inconsciente de ambos compa&ntilde;eros    por asegurarse a ellos mismos que eran iguales, que ellos eran pares. De alguna    forma, Jackson estaba luchando contra algunos postulados de la perspectiva de    la psicoterapia psicoanal&iacute;tica y utilizando como ideas centrales la de    la homeostasis familiar; por ende, el quid pro quo marital defin&iacute;a sus    intervenciones que adem&aacute;s se caracterizaban por ser conjuntas y cortas    en duraci&oacute;n. Las parejas pod&iacute;an recibir su ayuda entre tres y    diez sesiones.</p>     <p> En los a&ntilde;os sesenta, Virginia Satir fue la m&aacute;s carism&aacute;tica    de las figuras de la terapia de familia y de pareja entre las audiencias profesionales.    Al igual que Jackson, fue fundadora del Mental Research Institute (MRI). Ella    fue la primera en establecer el primer programa formal de terapia familiar en    un programa de residencia en psiquiatr&iacute;a. Lo esencial que planteaba en    su pensamiento era el funcionamiento y la experiencia del individuo en t&eacute;rminos    de c&oacute;mo se relacionaba dentro del contexto, el papel que asum&iacute;amos    las personas en las relaciones m&aacute;s pr&oacute;ximas (razonables, culpables,    irrelevantes o acusadores), todo lo cual contribu&iacute;a a la formaci&oacute;n    de la autoestima y al c&oacute;mo me relaciono dentro de una pareja.</p>     <p> En su teor&iacute;a familiar de los sistemas, el psiquiatra Murray Bowen trabaj&oacute;    sobre los conceptos de la diferenciaci&oacute;n del self, esencialmente en la    habilidad para distinguir entre lo racional y lo emocional. Adem&aacute;s, en    su propuesta contaba con el elemento transgeneracional, en t&eacute;rminos de    c&oacute;mo determinados patrones van de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n    y c&oacute;mo nosotros-individuos deber&iacute;amos alcanzar el proceso de diferenciaci&oacute;n    en relaci&oacute;n con nuestra familia de origen.</p>     <p> Jay Haley plante&oacute; c&oacute;mo la din&aacute;mica central de la relaci&oacute;n    de pareja correspond&iacute;a a los elementos de control y poder. Los problemas    en la pareja emergen cuando la estructura jer&aacute;rquica no est&aacute; clara,    cuando existe una carencia de fl exibilidad o cuando la relaci&oacute;n est&aacute;    marcada por una r&iacute;gida simetr&iacute;a o complementariedad. Esto conduc&iacute;a    a que sus intervenciones terap&eacute;uticas fueran planeadas y enfocadas en    romper los patrones de comportamiento que parec&iacute;an mantener el problema    principal de la pareja. Correspond&iacute;a a una intervenci&oacute;n dentro    de un modelo estrat&eacute;gico.</p>     <p> La cuarta fase se ha denominado la fase del refinamiento, la extensi&oacute;n,    la diversificaci&oacute;n y la integraci&oacute;n, y se ubica entre 1986 y el    2002, fecha en que se publica la revisi&oacute;n que plantea estas cuatro etapas    (5). Para mediados de los a&ntilde;os ochenta, la terapia de pareja se hab&iacute;a    reafirmado en su existencia y establecido en sus teor&iacute;as. Finalmente,    se han puesto sobre el tapete unos modelos de intervenci&oacute;n que son los    predominantes en la actualidad.</p>     <p><b> Modelos de intervenci&oacute;n Terapia psicoanal&iacute;ticamente orientada</b></p>     <p> Desde esta perspectiva se exploran los conflictos no resueltos con las figuras    parentales y en el interior de la relaci&oacute;n de pareja se eval&uacute;a    c&oacute;mo los comportamientos que son parte de un problema recurrente en la    relaci&oacute;n proceden de dichos conflictos no resueltos.</p>     <p> Se trata de entender las interacciones interpersonales en conexi&oacute;n    con el desarrollo temprano del individuo, trabajando de manera simult&aacute;nea    con los procesos de separaci&oacute;n e individuaci&oacute;n, hasta alcanzar    la constituci&oacute;n de un self independiente. Implica tambi&eacute;n analizar    la introyecci&oacute;n como introyecto del objeto de amor, que es la madre y,    por lo tanto, esta ser&aacute; la base de la representaci&oacute;n consciente    e inconsciente de los otros. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b> Terapia de pareja centrada en las relaciones objetales</b></p>     <p> Se explora el modelo de las relaciones objetales. Se trata de crear un ambiente    de neutralidad e imparcialidad para entender las distorsiones y los conflictos    intraps&iacute;quicos interiorizados con los que cada miembro est&aacute; contribuyendo    para llegar a un comportamiento disfuncional. Este modelo propone que hay una    personalidad complementaria entre las parejas, que es inconsciente y que llena    ciertas necesidades.</p>     <p> Adem&aacute;s, sostiene que el pensamiento de una figura materna es la principal    instituci&oacute;n para la selecci&oacute;n de un compa&ntilde;ero. El escoger    una figura materna induce m&aacute;s represi&oacute;n, as&iacute; como el no    desarrollo de determinadas porciones de la personalidad, que no fueron bien    desarrolladas, entonces se experimenta una p&eacute;rdida de una parte de s&iacute;    mismo. En consecuencia, esto originar&iacute;a las dificultades en la pareja.</p>     <p><b> Terapia comportamental de pareja</b></p>     <p> Est&aacute; dirigida a incrementar los intercambios positivos, tratando de    que se reduzcan aquellas interacciones negativas y de acusaci&oacute;n. Este    modelo se enfoca en la influencia del ambiente para crear y mantener un comportamiento    determinado en la relaci&oacute;n. El intercambio de comportamientos fluye entre    los miembros de la relaci&oacute;n, y las historias previas afectan las interacciones.    Se trata de c&oacute;mo mantener un balance entre los reforzadores positivos    y ansiosos que conducen al sentimiento de insatisfacci&oacute;n en la relaci&oacute;n.</p>     <p><b> Terapia cognitiva-comportamental</b></p>     <p> Este modelo propone que cada uno de los miembros de la pareja, a trav&eacute;s    de un proceso de educaci&oacute;n, tenga un mejor conocimiento sobre c&oacute;mo    asumir al otro miembro y sepa cu&aacute;les son las percepciones acerca de &eacute;l    mismo y c&oacute;mo son las interacciones entre la pareja. Est&aacute; basado    en el modelo de la terapia marital-comportamental.</p>     <p> Se plantea que una disfunci&oacute;n emocional y comportamental est&aacute;    relacionada con un proceso de informaci&oacute;n inapropiada, as&iacute; como    una aproximaci&oacute;n cognitiva que podr&iacute;amos calificar como negativa.Este    modelo intenta descubrir los llamados tipos negativos de pensamiento que conducen    a comportamientos negativos.</p>     <p> <b> Terapia emocionalmente enfocada</b></p>     <p> La propuesta en este modelo es la de ayudar al paciente para conocer, acceder    y expresar las emociones relacionadas con las situaciones de angustia o sufrimiento.    El modelo propuesto analiza la emoci&oacute;n y la cognici&oacute;n, al tiempo    que plantea c&oacute;mo el pensar se constituye en una acci&oacute;n interdependiente    y la emoci&oacute;n ser&iacute;a el conductor primario de la expresi&oacute;n    interpersonal.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El planteamiento primario en este modelo es que el malestar de la pareja proviene    de necesidades emocionales no expresadas o desconocidas. Por lo tanto, la disfunci&oacute;n    emerge de las interacciones negativas o de las emociones que han estado encubiertas    por cada uno de los miembros.</p>     <p> <b><font size="3">Referencias</font></b></p>     <!-- ref --><p> 1. Walsh F, editor. Normal family processes. 2nd ed. New York: Guilford; 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0034-7450200800050001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 2. Glick ID, Berman EM, Clarkin JF, Rait DS. Marital and family therapy. 4th    ed. Arlington: American Psychiatric Press; 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0034-7450200800050001500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 3. Thomas V, Olson D. Problem families and the Circumplex Mode: observational    assessment using the Clinical Rating Scale (CRS). J Marital Fam Ther. 1993;19:159-76.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0034-7450200800050001500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 4. Carter EA, McGoldrick M. Conceptual overview. In: Carter B, McGoldrik M,    editors. The changing family life cycle: a framework for family therapy. 2nd    ed. New York: Gardner; 1988. pp 3-25.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0034-7450200800050001500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 5. Gurman AS, Fraenkel P. The history of couple therapy: a millennial review.    Fam Process. 2002;41(2):199-260.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0034-7450200800050001500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 6. Doherty WJ, Simmons DS. Clinical practice patterns of marriage and family    therapists: a national survey of therapists and their clients. J Marital Fam    Ther. 1996;22(1):9-25.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0034-7450200800050001500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 7. Framo JL. A personal retrospective of the family therapy field: then and    now. J Marital Fam Ther. 1996;22(3):289- 316.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0034-7450200800050001500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 8. Gurman AS, Jacobson NS, editors. Clinical handbook of couple therapy. 3rd    ed. New York: Guilford; 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0034-7450200800050001500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 9. Gottman JM. Predicting the longitudinal courses of marriage. J Marital    Fam Ther. 1991;17(1):3-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0034-7450200800050001500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 10. Johnson S, Lebow J. The &#8220;coming of age&#8220; of couple therapy:    a decade review. J Marital Fam Ther. 2000;26(1):23-38. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0034-7450200800050001500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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