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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="right"><b>Editorial</b></p>     <p align="center"> <font size="4" face="verdana"><b>Salud mental infantil: particularidades    de nuestro oficio</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p> La psiquiatr&iacute;a de ni&ntilde;os y adolescentes es una disciplina relativamente    reciente, y la posibilidad de formarse en esta especialidad en Colombia lo es    a&uacute;n m&aacute;s. Resulta fundamental, entonces, conocer qu&eacute; hacemos,    como lo hacemos y por qu&eacute; o con base en qu&eacute; sustentamos nuestra    elecci&oacute;n al hacer el oficio. Los art&iacute;culos compilados en este    Suplemento de la Revista Colombiana de Psiquiatr&iacute;a son una muestra del    origen plural de los modelos y de la variedad de campos epist&eacute;micos y    de acci&oacute;n en los que nos movemos quienes de una u otra forma estamos    vinculados con la salud mental infantil.</p>     <p> Al tratarse de un Suplemento dedicado a la psiquiatr&iacute;a de ni&ntilde;os,    quisimos resaltar algunas circunstancias que deben ser consideradas, pues el    devenir de nuestras acciones est&aacute; determinado en gran parte por lo que    hagamos de ellas:</p>     <p> &bull; Confusi&oacute;n entre diagnosticar y clasificar: al ponerle a un ni&ntilde;o    el r&oacute;tulo correspondiente al lugar que ocupa en una clasificaci&oacute;n    (el uno en el todo), lo alejamos de su unicidad y, a la vez, nosotros -quienes    deber&iacute;amos poder ayudarlo- nos alejamos de la gnosis (el conocimiento    de ese individuo particular). No queremos generar un mal entendido: diagnosticar    es fundamental; pero no es igual a clasificar. Lo primero se refiere a la persona,    abre opciones, da oportunidades para intervenir en la cl&iacute;nica; lo segundo    tiende a ser el objetivo de la b&uacute;squeda de un lenguaje com&uacute;n con    fines investigativos.</p>     <p> &bull; La comprensi&oacute;n del t&eacute;rmino s&iacute;ntoma: los s&iacute;ntomas    tienen un sentido, nos cuentan que algo no anda bien. Un manejo exclusivamente    sintom&aacute;tico ofrecido a un paciente responde, con frecuencia, a nuestras    necesidades y a nuestra incapacidad de espera; oculta los s&iacute;ntomas, los    cambia e, incluso, puede parecer que se hubieran ido, pero ninguna de estas    opciones implica que el sufrimiento haya cesado; tan s&oacute;lo se posterga,    pero como lo que no ha sido resuelto insistir&aacute; en mostrarse y pedir ayuda    de nuevo, los s&iacute;ntomas reaparecer&aacute;n o vendr&aacute;n unos nuevos.    Son un lenguaje, y mirarlos as&iacute; nos invita a averiguar qu&eacute; subyace    a ellos, para qu&eacute; aparecieron, por qu&eacute; en determinado momento    y no antes, por qu&eacute; de nuevo, por qu&eacute; los mismos o por qu&eacute;    otros&hellip; El cuerpo y el comportamiento se imponen con vehemencia para contarnos    lo que las palabras no pueden porque se quedan cortas, porque no son entendidas,    porque no han sido escuchadas, porque todav&iacute;a no est&aacute;n o no son    claras&hellip; Afortunadamente incluso desde antes del nacimiento -y para siempre-    contamos con el cuerpo y el comportamiento.</p>     <p> &bull; La riqueza sintom&aacute;tica corre el riesgo de ser err&oacute;neamente    interpretada como comorbilidad, refractariedad, fuente de polidiagn&oacute;stico,    etc. Esto deja de lado las ideas de evolutividad (posibilidad de cambio, apertura    desde la organizaci&oacute;n, a diferencia de lo que pasa con la estructura    fija de un paciente adulto) y disarmon&iacute;a (coexistencia de &aacute;reas    que funcionan bien con otras que no lo hacen, lo cual abre la opci&oacute;n    de apuntalar lo sano y apoyarnos en ello para impulsar lo que va mal.</p>     <p> &bull; El ni&ntilde;o no est&aacute; solo: si bien el ni&ntilde;o es una persona    completa, su vida est&aacute; ligada a la de sus padres y, por lo tanto, es    vital acogerlos y hacerlos part&iacute;cipes del tratamiento. En algunas ocasiones    los padres tambi&eacute;n requieren su propio proceso terap&eacute;utico; en    otras ser&aacute;n ellos los que se beneficien de un tratamiento al que son    remitidos por la consulta por sus hijos; tambi&eacute;n puede ser un tratamiento    conjunto. En aquellos procesos en los que se recomienda ver al ni&ntilde;o solo,    la &uacute;nica posibilidad de hacerlo es mostr&aacute;ndoles a los padres las    razones por las que la decisi&oacute;n se ha tomado y dejar claro que su papel    es el pilar del tratamiento y que son irremplazables. El concepto de familia    -tan ampliamente discutido- necesita ser tomado en consideraci&oacute;n; en    el contexto colombiano tenemos la fortuna de contar con otras personas cuando    los padres no pueden hacerse cargo continuamente de los ni&ntilde;os: la familia    extensa y el jard&iacute;n o el colegio forman parte de la vida del ni&ntilde;o.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Independientemente de nuestra orientaci&oacute;n, de si tenemos una inclinaci&oacute;n    m&aacute;s investigativa o m&aacute;s cl&iacute;nica, de la proveniencia de    nuestros constructos te&oacute;ricos o las figuras de identificaci&oacute;n    que sirvieron de base para la constituci&oacute;n de nuestra identidad profesional,    tenemos un elemento com&uacute;n: aceptamos la gran responsabilidad de hacernos    cargo de un psiquismo que se transforma, que est&aacute; en proceso de cambio    y tiene un enorme potencial evolutivo.</p>     <p> Es tambi&eacute;n un privilegio tener la opci&oacute;n de actuar a favor de    la subjetividad, de rescatar lo que significa ser una persona; poder formar    parte transitoriamente del desarrollo de alguien que s&oacute;lo podr&aacute;    sentir que existe como tal si nosotros contamos con un espacio ps&iacute;quico    que d&eacute; cabida a su cuerpo y a su comportamiento, pero tambi&eacute;n    a sus afectos, sus impulsos, sus fantas&iacute;as, sus ilusiones, sus pensamientos,    sus ideas acerca de por qu&eacute; no va bien, etc. </p>     <p>Por otra parte, un psi a la cabeza -referente para garantizar la coherencia    y la cohesi&oacute;n en aquellos casos que requieren intervenciones m&uacute;ltiples-    ayuda a evitar la escisi&oacute;n, la fragmentaci&oacute;n, la cosificaci&oacute;n    y la des-subjetivaci&oacute;n del paciente, as&iacute; como a prevenir la desilusi&oacute;n    del paciente y sus padres y, en consecuencia, los abandonos terap&eacute;uticos.    De lo contrario, la propuesta de tratamiento puede ser parcial, reduccionista    e, incluso, nociva si en el marco terap&eacute;utico se reproduce la disociaci&oacute;n    que aqueja al paciente, empobreciendo as&iacute; su vida ps&iacute;quica. Si    el foco es el paciente -en su realidad interna y externa- se podr&aacute; beneficiar    desde las distintas opciones.</p>     <p> El hecho de que el coeditor de este Suplemento en torno a la psiquiatr&iacute;a    de ni&ntilde;os sea de orientaci&oacute;n biol&oacute;gica, con un estilo de    trabajo que va del s&iacute;ntoma al s&iacute;ndrome y de all&iacute; al diagn&oacute;stico    y al tratamiento, con una inclinaci&oacute;n investigativa hacia la comprensi&oacute;n    de los s&iacute;ndromes con sus variables, y que la coeditora sea de orientaci&oacute;n    psicoanal&iacute;tica, con una mirada al s&iacute;ntoma como la puerta de entrada    a ver qu&eacute; pasa con ese individuo en una dimensi&oacute;n evolutiva y    en un contexto particular, constituy&oacute; una experiencia interesante. Y    a esto contribuy&oacute;, sobre todo, el respeto por el trabajo del otro, los    aportes que recib&iacute;amos mutuamente y la capacidad de encontrar sorpresas    interesantes en lo desconocido&hellip; sin invalidar lo dem&aacute;s.</p>     <p> No se trata de mezclar ni mucho menos de perder la identidad en el oficio,    sino de la posibilidad de ver que hay un vasto campo de acci&oacute;n para que    en las distintas disciplinas, perspectivas, enfoques e intereses y en las pol&iacute;ticas,    la cl&iacute;nica, la investigaci&oacute;n y la docencia cada especialista encuentre    su oportunidad de actuar.</p>     <p> <b>Martha Isabel Jord&aacute;n Quintero, </b><b>Juan David Palacio Ortiz</b>  </p>     <p>M&eacute;dica psiquiatra de ni&ntilde;os y adolescentes Profesora y coordinadora    de la Especializaci&oacute;n en Psiquiatr&iacute;a de Ni&ntilde;os y Adolescentes    Pontificia Universidad Javeriana Bogot&aacute;, Colombia <a href="mailto:mijordanq@yahoo.com">mijordanq@yahoo.com</a></p>     <p> M&eacute;dico psiquiatra de ni&ntilde;os y adolescentes Profesor Universidad    de Antioquia Medell&iacute;n, Colombia <a href="mailto:tdahcartagena@gmail.com">tdahcartagena@gmail.com</a></p> </font>       ]]></body>
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