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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font face="verdana" size="4"><b>El rol educativo de la psiquiatr&iacute;a de enlace</b></font></p>      <p align="center"><b>Fuera del paradigma tradicional de ense&ntilde;anza de la medicina</b></p>  <hr>      <p>La psiquiatr&iacute;a de enlace es el &aacute;rea de las ciencias de la salud mental que se  encarga del abordaje psiqui&aacute;trico del paciente con patolog&iacute;a m&eacute;dico-quir&uacute;rgica,  ya sea intra o extrahospitalario. Ya desde la d&eacute;cada de los setenta, Zbigniew  Lipowski, uno de los padres de esta disciplina, hab&iacute;a descrito los tres &aacute;mbitos  que la sustentan: el trabajo cl&iacute;nico, el papel educativo y el desarrollo de  distintas l&iacute;neas de investigaci&oacute;n (1).</p>      <p>El segundo de ellos, la docencia, se basa en un paradigma no tradicional de    ense&ntilde;anza m&eacute;dica, dirigida a estudiantes de medicina, residentes de psiquiatr&iacute;a    y de otras &aacute;reas, asistentes m&eacute;dicos de diversas especialidades y profesionales    de la salud de distintas disciplinas, como enfermer&iacute;a, psicolog&iacute;a y trabajo  social (2).</p>      <p>Sin demeritar la educaci&oacute;n formal cl&aacute;sica basada en clases presenciales o  sesiones cl&iacute;nicas estructuradas, la psiquiatr&iacute;a de enlace privilegia un sistema  de docencia pr&aacute;ctica, que procura abordar la importancia de aspectos  psiqui&aacute;tricos y su interacci&oacute;n con elementos som&aacute;ticos en cada uno de los casos  tratados, <i>junto a la cama del paciente</i>, durante la intervenci&oacute;n cl&iacute;nica y, sobre  todo, mientras se retroalimenta al equipo que solicit&oacute; la interconsulta (2-4).</p>      <p>Distintas autoridades en el tema coindicen en que este proceso debe llevarse a  cabo desde el paradigma m&eacute;dico (2-4). Es decir, se hace hincapi&eacute; en una  relaci&oacute;n horizontal, en la cual el lenguaje empleado, el tipo de relaci&oacute;n y las  estrategias de intervenci&oacute;n se basan en un discurso pr&aacute;ctico, esquem&aacute;tico y,  sobre todo, cl&iacute;nico, que adem&aacute;s conjuga los otros dos dominios de trabajo de la  psiquiatr&iacute;a de enlace.</p>      <p>La psiquiatr&iacute;a, sin embargo, ha mostrado hist&oacute;ricamente l&iacute;neas humanistas que no  se pierden cuando se aborda este tema (5). El respeto tradicional hacia el  paciente y el sufrimiento humano, sobre todo en el plano emocional, debe ser un  elemento transmitido al resto del personal hospitalario, como parte de un  proceso de sensibilizaci&oacute;n hacia la patolog&iacute;a mental y las distintas estrategias  a las que se tiene acceso y que en ocasiones son desconocidas por el resto del  equipo de salud, como la psicoterapia en sus diversas tendencias o incluso la  farmacoterapia.</p>      <p>Cuando se eval&uacute;an en conjunto estos elementos, se hace evidente que este proceso  educativo se refiere a una interacci&oacute;n bidireccional (2-6), en la cual el  especialista en psiquiatr&iacute;a de enlace est&aacute; recibiendo informaci&oacute;n y educaci&oacute;n  desde distintos &aacute;mbitos, lo cual a su vez le permite fortalecer y complementar  la visi&oacute;n integral que se tenga hacia la patolog&iacute;a f&iacute;sica y su relaci&oacute;n con  componentes emocionales y psiqui&aacute;tricos.</p>      <p>Una situaci&oacute;n particular se presenta con el estudiante de medicina: para el  momento en que &eacute;ste llega al tercer o cuarto a&ntilde;o de estudios, por lo general ha  sido expuesto a una serie de prejuicios, mitos e ideas preconcebidas sobre la  patolog&iacute;a mental. En este sentido, la educaci&oacute;n a trav&eacute;s de la psiquiatr&iacute;a  asilar cl&aacute;sica no contribuye a eliminar estos preceptos; por el contrario, en  muchos casos los aumenta. El principal riesgo es, entonces, que el aprendiz  llegue a ver la enfermedad mental como ajena al &aacute;mbito de acci&oacute;n de la medicina  y de la mayor&iacute;a de sus especialidades.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El psiquiatra de enlace se encuentra, por lo tanto, en una posici&oacute;n &uacute;nica para  mostrar la diversidad de c&iacute;rculos viciosos que se establecen entre la patolog&iacute;a  f&iacute;sica y la mental y la importancia de su detecci&oacute;n (6), sea cual sea el &aacute;mbito  que el futuro m&eacute;dico vaya a desempe&ntilde;ar m&aacute;s adelante. En otras palabras, est&aacute; en  capacidad de mostrar el aspecto psiqui&aacute;trico de cualquier condici&oacute;n m&eacute;dica, para  que as&iacute; el alumno pueda contar con una mejor capacidad diagn&oacute;stica y con una  visi&oacute;n terap&eacute;utica pr&aacute;ctica. Lo anterior se ve complementado con la  incorporaci&oacute;n del paradigma de la medicina basada en la evidencia, que rige  m&uacute;ltiples programas de entrenamiento de distintas especialidades en todo el  mundo (7).</p>      <p>Seg&uacute;n la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (8), los trastornos neuropsiqui&aacute;tricos  suman cuatro de las diez principales causas de discapacidad alrededor del mundo.  El cuarto lugar lo ocupa la depresi&oacute;n, pero se proyecta que para el a&ntilde;o 2020  habr&aacute; ascendido al primer o segundo puesto, como consecuencia de la creciente  cantidad de conflictos armados, migraciones, pobreza y desastres naturales.  Durante el 2002, se calcul&oacute; que 154 millones de personas en el mundo sufr&iacute;an  depresi&oacute;n.</p>      <p>Adicionalmente, se sabe que existe una alt&iacute;sima prevalencia de comorbilidad  f&iacute;sica y mental, que esta relaci&oacute;n generalmente pasa inadvertida y que cuando  ambas condiciones coinciden y no son tratadas, el pron&oacute;stico funcional a largo  plazo y la mortalidad tienden a aumentar dr&aacute;sticamente (2-6).</p>      <p>En este sentido, los estudios de la colaboraci&oacute;n IMPACT (9-11) han demostrado  cient&iacute;ficamente que la intervenci&oacute;n psiqui&aacute;trica en pacientes de la comunidad a  quienes previamente no se les hab&iacute;a diagnosticado alg&uacute;n trastorno mental permite  no s&oacute;lo reducir los gastos de atenci&oacute;n (12), sino adem&aacute;s mejorar la sobrevida y  m&uacute;ltiples par&aacute;metros m&eacute;dicos en diab&eacute;ticos (13), adultos mayores (14) o  pacientes con dolor y artritis (15). Todo lo anterior, se realiza con la  colaboraci&oacute;n de m&eacute;dicos de atenci&oacute;n primaria, quienes, por lo tanto, desde la  &eacute;poca de estudiantes deber&iacute;an estar sensibilizados ante el tema.</p>      <p>Lo anterior genera distintos cuestionamientos respecto a la planificaci&oacute;n de la  docencia en las escuelas de medicina: &iquest;el tiempo que se dedica a la educaci&oacute;n de  la psiquiatr&iacute;a durante los estudios de pregrado es proporcional a la posible  exposici&oacute;n a patolog&iacute;as mentales durante el futuro ejercicio de la profesi&oacute;n?,  &iquest;la docencia psiqui&aacute;trica debe estar enfocada hacia la patolog&iacute;a mental pura o,  por el contrario, debe hacer hincapi&eacute; en su v&iacute;nculo con entidades f&iacute;sicas a las  que por estad&iacute;stica el m&eacute;dico general y de especialidades no psiqui&aacute;tricas se  ver&aacute; m&aacute;s expuesto?, &iquest;necesitan los profesionales en salud general ser part&iacute;cipes  de este proceso de educaci&oacute;n continua?, &iquest;existe academia dedicada a la  prevenci&oacute;n de entidades mentales como modo de evitar el futuro desarrollo de  enfermedades m&eacute;dico-quir&uacute;rgicas?</p>      <p>Se pretende, de esta manera, contribuir a una de las intenciones iniciales de  Lipowski cuando fund&oacute; las bases te&oacute;ricas a&uacute;n vigentes de la psiquiatr&iacute;a de  enlace: la equiparaci&oacute;n de la medicina en general con la salud mental, de modo  tal que la brecha hist&oacute;rica en cuanto a recursos y atenci&oacute;n se reduzca,  favoreciendo modelos de salud verdaderamente integrales, basados en las  necesidades actuales de la poblaci&oacute;n mundial.</p>      <p align="right"><b>    <br> </b><i>Ricardo Mill&aacute;n-Gonz&aacute;lez    <br> M&eacute;dico psiquiatra, especialista en psiquiatr&iacute;a de enlace    <br> Profesor de Psiquiatr&iacute;a de la Universidad de Costa Rica    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Unidad de Neurociencias, Hospital Dr. Rafael &Aacute;ngel Calder&oacute;n Guardia    <br> y Centro  Costarricense de Investigaciones M&eacute;dicas.</i></p>  <hr>      <p><font face="verdana" size="3"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>1. Lipowski ZJ. Gonsuitation-liaison psychiatry: an overview. Am J  Psychiatry 1974;131(6):623-30.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000026&pid=S0034-7450201000010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Stern T, Fricchione G, Gassem N, Jellinek M, Rosenbaum J. Massachusetts  General Hospital: Handbook of general hospital psychiatry. Mosby: New York;  2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000027&pid=S0034-7450201000010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Gitlin DF, Levenson JL, Lyketsos G. Psychosomatic medicine: a new  psychiatric subspecialty. Acad Psychiatry 2004;28(1):4-11.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000028&pid=S0034-7450201000010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Kornfeld DS. Gonsultation-liaison psychiatry: contributions to medical  care. Am J Psychiatry 2002; 159(12):1964-72.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000029&pid=S0034-7450201000010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Smith FA, Querques J, Levenson JL, Stern TA. Psychiatric Assessment and Gonsultation. FOGUS 2005; 3(2):241-51.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000030&pid=S0034-7450201000010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Mill&aacute;n-Gonz&aacute;lez R. Psiquiatr&iacute;a de enlace: hacia una verdadera integraci&oacute;n de  la  medicina. Medicina, Vida y Salud 2009;2:36-37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000031&pid=S0034-7450201000010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Guyatt G, Rennie D, Meade MO, Gook DJ. JAMA evidence: Users&#39; guidelines  to the medical literature. New York: McGraw-Hill Medical; 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000032&pid=S0034-7450201000010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. World Health Organization. Ministerial Round Tables 2001. 54th World  Health Assembly. Geneve: World Health Organization; 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000033&pid=S0034-7450201000010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Un&uuml;tzer J, Katon WJ, Callahan GM, Williams JW Jr, Hunkeier E, Harpoie L,  et al. Depression treatment in a sample of 1,801 depressed older adults in  primary care. J Am Geriatr Soc 2003;51(4):505-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000034&pid=S0034-7450201000010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Un&uuml;tzer J, Katon WJ, Callahan GM, Williams JW Jr, Hunkeier E, Harpoie L,  et al. Gollaborative care management of late-life depression in the primary care  setting: a randomized controlled trial. JAMA 2002; 288(22):2836-45.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000035&pid=S0034-7450201000010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Oishi SM, Shoai R, Katon W, Callahan G, Un&uuml;tzer J, Arean P et al.  Impacting late life depression: integrating a depression intervention into  primary care. Psychiatr Q 2003;74(1):75-89.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000036&pid=S0034-7450201000010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Katon WJ, Schoenbaum M, Fan MY Callahan GM, Williams J Jr, Hunkeier E, et  al. Gost-effectiveness of improving primary care treatment of late-life  depression. Arch Gen Psychiatry 2005;62(12):1313-20.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000037&pid=S0034-7450201000010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Williams JW Jr, Katon W, Lin EH, N&ouml;el PH, Worchel J, Cornell J, et al.  The effectiveness of depression care management on diabetes-related outcomes in  older patients. Ann Intern Med 2004;140(12):1015-24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000038&pid=S0034-7450201000010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. No&euml;l PH, Williams JW Jr, Un&uuml;tzer J, Worchel J, Lee S, Cornell J, et al. Depression and  comorbid illness in elderly primary care patients: impact on multiple domains of  health status and well-being. Ann Fam Med  2004;2(6):555-62.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S0034-7450201000010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Lin EHB, Katon WJ, Von Korff M, Tang L, Williams JW, Kroenke K, et al. Effect of  improving depression care on pain and function among older adults with  arthritis. Journal of the American Medical Association 2003;290(18):2428-29.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000040&pid=S0034-7450201000010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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