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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Psicoeducación, el litio de las psicoterapias Algunas consideraciones sobre su eficacia y su implementación en la práctica diaria*]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The physician-patient relationship must evolve towards greater interactivity and the promotion of pro-activity. For such a purpose, it is indispensable to have therapeutic educational programs for patients. Prognosis of many non-psychiatric pathologies i.e., cardiopathies, breathing diseases, diabetes, asthma) clearly improves with such programs and the same happens with psychiatric pathologies, such as bipolar disorder. The first psycho-educational programs were focused on information, while current approaches have a much more therapeutic focus, including work on the disease significance, identifying personal triggers as well as prodromes, managing symptoms and overcoming problems of adherence to pharmaceutical drugs. Today, psychoeducation is part of the routine of bipolar treatment, suitable to the physician's model. Psycho-education has likewise demonstrated its efficiency in the prophylaxis of all sorts of two and five-year relapses, remarkably reducing episode duration, hospitalizations and adherence problems. Besides, as time passes, its efficiency is maintained, something that does not occur with other sorts of psycho-therapies. Furthermore, its implementation saves health resources. However, this type of programs is recommended as soon as possible, in the course of the disease. This article introduces a series of evidences and practical considerations on the implementation of psycho-education, which in the bipolar disorder psychotherapy has the same role than lithium in pharmacotherapy.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p>Art&iacute;culos de revisi&oacute;n</p>      <p align="center"><FONT size="4"><b>Psicoeducaci&oacute;n, el litio de las psicoterapias Algunas consideraciones sobre su eficacia y su implementaci&oacute;n en la pr&aacute;ctica diaria<Sup>*</Sup></b></FONT></p>      <p align="center"><FONT size="3"><b>Psycho-education, the Lithium of Psycho-therapies. Some Considerations Regarding its efficiency and Implementation in Daily Practice</b></FONT></P>      <P align="center">Francesc Colom<Sup>1</Sup></P>      <P>*Agradecimientos y fuentes de financiaci&oacute;n: El autor agradece el apoyo y la financiaci&oacute;n del Ministerio de Ciencia e Innovaci&oacute;n (Gobierno de Espa&ntilde;a), Instituto de Salud Carlos III y CIBERSAM. Este trabajo ha sido financiado por los fondos "Miguel Servet" (CP08/00140) y FIS (PS09/01044).    <br> <sup>1</sup>PsyD, MSc, PhD. Responsable del &aacute;rea de Psicoeducaci&oacute;n y Tratamientos Psicol&oacute;gicos, Programa de Trastornos Bipolares IDIBAPS-CIBERSAM, Barcelona, Espa&ntilde;a.</P>      <P><b>Conflictos de inter&eacute;s</b>: El autor manifiesta que no tiene conflictos de inter&eacute;s en este art&iacute;culo.</P>      <P>Correspondencia    <br> <I><b>Francesc Colom</b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Instituto de Neurociencias    <br> Hospital Clinic Villarroel    <br> 170, Barcelona 08036, Espa&ntilde;a.</I>    <br> <a href="mailto:fcolom@clinic.ub.es">fcolom@clinic.ub.es</a></P>      <P>Recibido para evaluaci&oacute;n: 15 de julio del 2011. Aceptado para publicaci&oacute;n: 10 de agosto del 2011</P>  <hr>      <p align="center"><FONT size="3"><b>Resumen</b></font></p>      <P align="justify">La relaci&oacute;n entre el m&eacute;dico y su paciente debe evolucionar hacia una mayor interactividad y fomentar la proactividad. Para ello, es imprescindible contar con programas de educaci&oacute;n terap&eacute;utica de los pacientes. El pron&oacute;stico de muchas patolog&iacute;as no psiqui&aacute;tricas (cardiopat&iacute;as, enfermedades respiratorias, diabetes, asma) mejora claramente con estas intervenciones, y lo mismo ocurre con las psiqui&aacute;tricas, como el trastorno bipolar. Los primeros programas psicoeducativos se centraban en la informaci&oacute;n, mientras que los actuales hacen &eacute;nfasis en un enfoque m&aacute;s terap&eacute;utico, que incluye trabajar con el significado de la enfermedad, identificar los desencadenantes individuales y los pr&oacute;dromos, manejar los s&iacute;ntomas y superar los problemas de adherencia a los f&aacute;rmacos. Hoy la psicoeducaci&oacute;n forma parte de las rutinas de tratamiento del trastorno bipolar, y encaja en su modelo m&eacute;dico. As&iacute; mismo, ha mostrado su eficacia en la profilaxis de todo tipo de reca&iacute;das a los dos y a los cinco a&ntilde;os, con lo cual se ha reducido de forma notoria la duraci&oacute;n de los episodios, las hospitalizaciones y los problemas de adherencia. Adem&aacute;s, no pierde eficacia con el paso del tiempo, algo que s&iacute; ocurre con otras psicoterapias, y su implementaci&oacute;n conlleva un ahorro de recursos sanitarios. No obstante, se recomienda implementar este tipo de programas lo antes posible en el curso de la enfermedad. El presente art&iacute;culo presenta una serie de evidencias y reflexiones pr&aacute;cticas acerca de la implementaci&oacute;n de la psicoeducaci&oacute;n, que es a la psicoterapia del trastorno bipolar lo que el litio es a su farmacoterapia.</P>      <P><B>Palabras clave:</B> Trastorno bipolar, psioeducaci&oacute;n, adherencia, pr&oacute;modo, prevenci&oacute;n.</P>  <hr>      <p align="center"><font size="3"><b>Summary</b></font></p>      <P align="justify">The physician-patient relationship must evolve towards greater interactivity and the promotion of pro-activity. For such a purpose, it is indispensable to have therapeutic educational programs for patients. Prognosis of many non-psychiatric pathologies i.e., cardiopathies, breathing diseases, diabetes, asthma) clearly improves with such programs and the same happens with psychiatric pathologies, such as bipolar disorder. The first psycho-educational programs were focused on information, while current approaches have a much more therapeutic focus, including work on the disease significance, identifying personal triggers as well as prodromes, managing symptoms and overcoming problems of adherence to pharmaceutical drugs. Today, psychoeducation is part of the routine of bipolar treatment, suitable to the physician's model. Psycho-education has likewise demonstrated its efficiency in the prophylaxis of all sorts of two and five-year relapses, remarkably reducing episode duration, hospitalizations and adherence problems. Besides, as time passes, its efficiency is maintained, something that does not occur with other sorts of psycho-therapies. Furthermore, its implementation saves health resources. However, this type of programs is recommended as soon as possible, in the course of the disease. This article introduces a series of evidences and practical considerations on the implementation of psycho-education, which in the bipolar disorder psychotherapy has the same role than lithium in pharmacotherapy.</P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><B>Key words:</B> Bipolar disorder, pychoeducation, adherence, prodroms, prevention</P>  <hr>      <P align="center"><FONT size="3"><B>Un nuevo modelo en la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente</b></font></P>      <P align="justify">La relaci&oacute;n entre el doctor y su paciente en cualquier &aacute;mbito, pero especialmente en psiquiatr&iacute;a, debe evolucionar progresivamente hacia un plano m&aacute;s horizontal -en el sentido de menos jer&aacute;rquico- e interactivo. La noci&oacute;n de autoridad debe ser sustituida por un principio de confianza. La colaboraci&oacute;n toma el lugar del paternalismo y el acuerdo informado destierra la obediencia acr&iacute;tica. La proactividad y la educaci&oacute;n del paciente se convierten en elementos imprescindibles de la relaci&oacute;n terap&eacute;utica.</P>      <P align="justify">Este nuevo enfoque es v&aacute;lido para todas las especialidades m&eacute;dicas. Hoy en d&iacute;a hay evidencia suficiente de que el pron&oacute;stico de determinadas patolog&iacute;as no psiqui&aacute;tricas puede mejorarse al incluir en las rutinas terap&eacute;uticas aspectos relativos a h&aacute;bitos saludables e higiene comportamental, y, en todo caso, cambios conductuales que pueden mejorar el curso de la condici&oacute;n tratada, el manejo de los s&iacute;ntomas y los aspectos de adherencia terap&eacute;utica. Es el caso, por ejemplo, de determinadas cardiopat&iacute;as (1,2), obstrucci&oacute;n pulmonar cr&oacute;nica (3), diabetes (4,5), osteoporosis (6) y asma (7).</P>      <P align="justify">Pero, en todo caso, si estos modelos son importantes en cualquier especialidad m&eacute;dica, en psiquiatr&iacute;a deber&iacute;an ser simplemente imprescindibles (8,9). En el caso de los trastornos bipolares (TB), la propia oscilaci&oacute;n t&iacute;mica a menudo produce una dualidad de posicionamientos hacia la enfermedad, el tratamiento o la relaci&oacute;n terap&eacute;utica, lo cual hace que estos negociados sean imprescindibles durante la eutimia, para fijar unas bases s&oacute;lidas que no se desvanezcan, sino ante episodios realmente graves. A tal fin aparecen los programas psicoeducativos.</P>      <P align="justify">Entre los antecedentes a los programas psicoeducativos modernos podemos encontrar las cl&iacute;nicas de litio, que ganaron gran popularidad en Europa y en los Estados Unidos a mediados de los a&ntilde;os setenta. Estos equipos estaban t&iacute;picamente formados por psiquiatras y personal de apoyo (enfermer&iacute;a y, m&aacute;s raramente, psic&oacute;logos), y ten&iacute;an como objetivo familiarizar a los pacientes bipolares con su enfermedad y su tratamiento cr&oacute;nico, a la vez que se monitoreaban los niveles s&eacute;ricos de litio. Podr&iacute;amos decir que esta intervenci&oacute;n fue pionera en los modelos de "psicoeducaci&oacute;n informativa", que posteriormente tendr&iacute;an gran arraigo en Centroeuropa, fundamentalmente en Holanda. Desafortunadamente, no se publicaron estudios que de mostraran la eficacia de este modelo.</P>      <P align="justify">La distinci&oacute;n entre los modelos de psicoeducaci&oacute;n centrados en la informaci&oacute;n y los modelos de psicoeducaci&oacute;n centrados en la conducta no es balad&iacute; y tendr&aacute; una gran repercusi&oacute;n en algunos malentendidos que han aparecido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en esta &aacute;rea. Los programas de "psicoeducaci&oacute;n informativa" suelen ser breves o muy breves (alrededor de cinco a seis sesiones); como su nombre lo indica, priorizan la transmisi&oacute;n de informaci&oacute;n acerca de la enfermedad por encima de otros elementos (como el modelado, el cambio de actitudes, la reestructuraci&oacute;n de modelos de enfermedad, etc.) y tienen una eficacia limitada.</P>      <P align="justify">Sus estudios de eficacia suelen utilizar el conocimiento sobre la enfermedad como medida de dicha eficacia (10,11), aunque esta tenga una repercusi&oacute;n cl&iacute;nica escasa (un paciente puede "saber" mucho sobre su enfermedad y seguir sufriendo constantes reca&iacute;das si no modifica actitudes y conductas respecto a la detecci&oacute;n precoz de episodios, toma de medicaci&oacute;n, h&aacute;bitos de salud, etc.). Por el contrario, la psicoeducaci&oacute;n "conductual" se suele caracterizar por programas largos -porque, al fin y al cabo, el cambio al que aspira tambi&eacute;n es mayor-, en los que se priorizan aspectos como el trabajo pr&aacute;ctico en la detecci&oacute;n e intervenci&oacute;n precoces ante un nuevo episodio, manejo de s&iacute;ntomas, regularidad de h&aacute;bitos, reestructuraci&oacute;n de prejuicios acerca de la enfermedad, identificaci&oacute;n de desencadenantes, etc. Sus medidas de eficacia suelen ser variables cl&iacute;nicas "duras": n&uacute;mero de episodios, duraci&oacute;n, n&uacute;mero de hospitalizaciones, lo que permite que el cl&iacute;nico se sienta m&aacute;s seguro de su implementaci&oacute;n.</P>      <P align="justify">La psicoeducaci&oacute;n, por lo tanto, nace a partir de una necesidad cl&iacute;nica: dotar al paciente de herramientas que le permitan ser m&aacute;s proactivo en la comprensi&oacute;n y tratamiento de su TB, con la finalidad de reducir el n&uacute;mero y duraci&oacute;n de reca&iacute;das, y evitar ingresos (12,13). Parte de la implementaci&oacute;n exitosa de la psicoeducaci&oacute;n en la cl&iacute;nica reside, precisamente, en que es un modelo nacido en un hospital, que, debido a sus buenos resultados, ha alcanzado un cierto reconocimiento acad&eacute;mico. Justo lo contrario de lo que sucede con otros paradigmas psicoterap&eacute;uticos nacidos en elegantes despachos de acad&eacute;micos, situados lo suficientemente lejos de la cl&iacute;nica para poder crear elaborados modelos ut&oacute;picos de imposible generalizaci&oacute;n.</P>      <P align="justify">La psicoeducaci&oacute;n eficaz va mucho m&aacute;s all&aacute; de la informaci&oacute;n y aspira a modificar actitudes o conductas del paciente que le permitan una mejor adaptaci&oacute;n a la enfermedad, mediante cambios en su estilo de vida, en sus cogniciones acerca de la enfermedad, en la adhesi&oacute;n al tratamiento, en el manejo de los desencadenantes o en la detecci&oacute;n precoz de reca&iacute;das (14).</P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Hoy en d&iacute;a, la psicoeducaci&oacute;n forma parte de las rutinas habituales de tratamiento del TB, como queda reflejado en su inclusi&oacute;n prioritaria en distintas gu&iacute;as cl&iacute;nicas, que la consideran un&aacute;nimemente como un elemento esencial del tratamiento de los TB (15-17). Hay terapias m&aacute;s complejas que ser&aacute;n &uacute;tiles, o eso esperamos, para pacientes que no respondan a la psicoeducaci&oacute;n, pero la psicoeducaci&oacute;n sigue siendo el tratamiento psicol&oacute;gico prioritario para el trastorno bipolar, del mismo modo que el litio es su tratamiento farmacol&oacute;gico prioritario (18).</P>      <P align="justify">Uno de los motivos que explican por qu&eacute; la psicoeducaci&oacute;n encaja arm&oacute;nicamente en el modelo psiqui&aacute;trico/biologicista de los TB es que no lo discute, sino que lo asume plenamente. Esto distingue la psicoeducaci&oacute;n, una terapia "simple", de otras psicoterapias "complejas" -terapia cognitiva, psicoan&aacute;lisis-, que generan modelos propios de entender -malentender, en realidad- el trastorno, con base en una serie de supuestos no testados (18), que se caracterizan por su "profundidad" y acaban requiriendo un entrenamiento largo, caro y casi religioso.</P>      <P align="justify">La psicoeducaci&oacute;n encaja en el modelo m&eacute;dico del trastorno bipolar y deja atr&aacute;s visiones obsoletas y estigmatizantes de la enfermedad. La psicoeducaci&oacute;n, por lo tanto, no es solo una t&eacute;cnica, sino una actitud del terapeuta tratante. Dado que el TB es una condici&oacute;n cr&oacute;nica, los pacientes que la sufren y no aprenden a manejarla pueden acabar por ser incapaces de guiar su propia vida y terminar por sufrir la doloros&iacute;sima experiencia de indefensi&oacute;n aprendida ("no importa lo que haga, voy a tener una reca&iacute;da"), lo que limitar&aacute; su bienestar, su calidad de vida y su funcionamiento.</P>      <P align="justify">La psicoeducaci&oacute;n no cura el trastorno bipolar, pero cura la incomprensi&oacute;n, el reproche, la culpa y la indefensi&oacute;n aprendida, a menudo asociados con el trastorno. La psicoeducaci&oacute;n sustituye la culpa por la responsabilidad, la indefensi&oacute;n por la proactividad, la negaci&oacute;n por la integraci&oacute;n y el autoestigma por la autoestima.</P>      <P align="justify">Los pacientes incluidos en un grupo psicoeducativo son capaces de entender que los profesionales sabemos c&oacute;mo entender y tratar aquello -pensamiento, emociones, conductas- que ellos viv&iacute;an con verg&uuml;enza, extra&ntilde;eza, aislamiento. El paciente psicoeducado sabe que sabemos y sabe aprender, lo que permite una interacci&oacute;n psiquiatra-paciente en la que este es proactivo. </P>      <P align="center"><font size="3"><B>Eficacia de la psicoeducaci&oacute;n</b></font></P>      <P align="justify">La psicoeducaci&oacute;n en grupo ha mostrado su eficacia en la profilaxis de todo tipo de reca&iacute;das a los dos a&ntilde;os. En un ensayo cl&iacute;nico aleatorizado (19), 120 pacientes bipolares -tipo I o II- que hab&iacute;an estado eut&iacute;micos (YMRS &lt; 6, HDRS &lt; 8) al menos seis meses antes de su entrada en el estudio fueron asignados de forma aleatoria a recibir un programa psicoeducativo en grupo de 21 sesiones de duraci&oacute;n -para manual, cons&uacute;ltese Colom y Vieta (20)-, o bien, 21 sesiones de grupos de discusi&oacute;n no directivos. Ambos grupos de pacientes continuaron con su tratamiento psiqui&aacute;trico habitual.</P>      <P align="justify">Queremos enfatizar aqu&iacute; la utilidad de este tipo de dise&ntilde;o para el estudio de la eficacia de una intervenci&oacute;n psicol&oacute;gica. A menudo los dise&ntilde;os de los ensayos cl&iacute;nicos de psicoterapias presentan errores que ser&iacute;an impensables en otro &aacute;mbito (21), y un buen ejemplo de ello son los ensayos de psicoterapia que comparan la combinaci&oacute;n de psicoterapia m&aacute;s tratamiento habitual con el tratamiento habitual por s&iacute; solo, y concluyen ambiciosamente, en caso de existir diferencias, que la combinaci&oacute;n funcion&oacute;. En realidad, dado que estos dise&ntilde;os no controlan los aspectos inespec&iacute;ficos para el paciente de acudir m&aacute;s frecuentemente al hospital o tener mayor contacto con personal sanitario, lo &uacute;nico que se puede concluir de este tipo de dise&ntilde;o es que "hacer algo -no sabemos qu&eacute;- es mejor que no hacer nada", lo que es un beneficio altamente inespec&iacute;fico, que raramente justifica la inversi&oacute;n de dinero, ilusi&oacute;n y tiempo que conlleva un ensayo de estas caracter&iacute;sticas.</P>      <P align="justify">Es el caso, por ejemplo, de uno de los principales estudios del STEPBD sobre la eficacia de los tratamientos psicol&oacute;gicos. En el citado estudio (22), los pacientes asignados al tratamiento activo recibieron 30 sesiones de psicoterapia (terapia cognitivo-conductual, terapia interpersonal de ritmos sociales o terapia centrada en la familia), mientras que los pacientes del grupo de comparaci&oacute;n recibieron &uacute;nicamente tres sesiones de "apoyo". Los resultados incluyen mejoras en el funcionamiento y en la calidad de vida de los pacientes asignados al tratamiento activo, que los autores interpretan como una muestra de la eficacia de la terapia cognitivo-conductual, la terapia interpersonal de ritmos sociales o la terapia centrada en la familia, aunque, siendo rigurosos, la conclusi&oacute;n tambi&eacute;n podr&iacute;a ser que 30 sesiones de "no importa qu&eacute;" dan mejores resultados que 3 sesiones de "otra cosa"... dado que no se controla la especificidad del tratamiento. Por ello, es esencial controlar aspectos como el tiempo que pasan los pacientes en cada grupo en presencia de personal sanitario, ya que probablemente el efecto placebo asociado con esta variable no es desde&ntilde;able.</P>      <P align="justify">Un 67% de pacientes que hab&iacute;an recibido psicoeducaci&oacute;n sufri&oacute; una reca&iacute;da en los dos a&ntilde;os posteriores, comparado con un 92% de pacientes no psicoeducados (p &lt; 0,001), mientras que el n&uacute;mero de reca&iacute;das fue claramente menor para los pacientes psicoeducados. En lo referido al tiempo, hasta la primera recurrencia, los pacientes psicoeducados tardaron m&aacute;s en presentar cualquier tipo de episodio afectivo (log rank = 13,453, df = 1, p &lt; 0,0002), un episodio depresivo (log rank = 15,473, df = 1, p &lt; 0,0001), un episodio mixto (log rank = 7,95, df = 1, p &lt; 0,05) o un episodio maniaco o hipomaniaco (log rank = 7,79, df = 1, p &lt; 0,006).</P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Los datos referentes a las hospitalizaciones no muestran diferencia alguna respecto al n&uacute;mero de pacientes que necesitaron ser ingresados en cada grupo, pero s&iacute; hubo diferencias respecto al n&uacute;mero de hospitalizaciones por paciente (0,304 para los pacientes psicoeducados frente a 0,780 para los no psicoeducados, U = -2,14, p &lt; 0,05). De este modo, la psicoeducaci&oacute;n evita el constante reingreso de un grupo de pacientes particularmente graves, lo que la mayor&iacute;a de nosotros conocemos con el nombre de "fen&oacute;meno de puerta giratoria" (19).</P>      <P align="justify">La psicoeducaci&oacute;n tambi&eacute;n ha mostrado su eficacia incluso en aquellos pacientes particularmente complejos, por ejemplo, en pacientes con un trastorno com&oacute;rbido de la personalidad (23). Esto es de particular inter&eacute;s si consideramos el pobre pron&oacute;stico que habitualmente presenta este subtipo de pacientes y la complejidad de su tratamiento. Buena prueba de ello es que el porcentaje de pacientes com&oacute;rbidos no psicoeducados con una reca&iacute;da antes de los dos a&ntilde;os fue del 100%, a pesar del tratamiento farmacol&oacute;gico.</P>      <P align="justify">El efecto de la psicoeducaci&oacute;n en la adhesi&oacute;n terap&eacute;utica tambi&eacute;n ha sido probado: los pacientes psicoeducados que est&aacute;n tratados con litio presentan litemias significativamente m&aacute;s altas y m&aacute;s estables que aquellos pacientes que toman litio, pero no han recibido psicoeducaci&oacute;n (24). Esto sugiere que su regularidad en la toma de f&aacute;rmacos es mayor y explica, en parte, su pron&oacute;stico, al ser bien conocido que la estabilidad en los niveles s&eacute;ricos de litio es uno de los mejores predictores de buen pron&oacute;stico en el TB (25).</P>      <P align="justify">Ante tal eficacia de la psicoeducaci&oacute;n en la mejora de la adherencia nos llegamos a plantear qu&eacute; porcentaje de la utilidad de la psicoeducaci&oacute;n en la prevenci&oacute;n quedaba explicado &uacute;nicamente por aspectos relacionados con el cumplimiento. Esta duda no era en absoluto ret&oacute;rica, ya que, de llegar a la conclusi&oacute;n de que el &uacute;nico elemento que explica el &eacute;xito de la psicoeducaci&oacute;n es la mejora de la adhesi&oacute;n, se hubiesen podido suprimir o minimizar otros aspectos del programa y acortar su duraci&oacute;n. Por ello, realizamos un estudio paralelo en el que fueron incluidos 50 pacientes bipolares I con historia de buen cumplimiento terap&eacute;utico (evaluado por dos entrevistas semiestructuradas a paciente y familiar, y niveles s&eacute;ricos de f&aacute;rmacos, siempre que ello fuera posible). De este modo, cuando dichos pacientes mostraron respuesta a la psicoeducaci&oacute;n, pudimos concluir que no &uacute;nicamente la mejora de la adherencia explicaba su eficacia (26).</P>      <P align="justify">La psicoeducaci&oacute;n, al igual que otras intervenciones psicol&oacute;gicas, se presenta como una herramienta profil&aacute;ctica en la prevenci&oacute;n de reca&iacute;das en el TB. Obviamente, por definici&oacute;n, cualquier tratamiento de mantenimiento debe tener eficacia a largo plazo. Desafortunadamente, la mayor&iacute;a de psicoterapias en el TB han sido testadas &uacute;nicamente a los dos a&ntilde;os de seguimiento -algo similar ocurre con la mayor&iacute;a de los f&aacute;rmacos-, lo que limita las conclusiones a largo plazo. La psicoeducaci&oacute;n es la terapia psicol&oacute;gica que cuenta con datos de seguimiento a m&aacute;s largo plazo; concretamente, a cinco a&ntilde;os.</P>      <P align="justify">A los cinco a&ntilde;os de seguimiento (27), los pacientes psicoeducados presentaron un mayor tiempo hasta la primera reca&iacute;da (log rank = 9,953, p &lt; 00202) y menos reca&iacute;das que los pacientes no psicoeducados (3,86 frente a 8,37, t = 4,33, p &lt; ,001). Lo m&aacute;s relevante, sin embargo, no es la diferencia en el n&uacute;mero medio de episodios a los cinco a&ntilde;os -exactamente la mitad para los pacientes psicoeducados-, sino su duraci&oacute;n: los pacientes psicoeducados pasan un 75% menos de tiempo presentando criterios de episodio que los pacientes no psicoeducados (153,72 d&iacute;as frente a 586,45 d&iacute;as, Z = 36,49, p &lt; ,0001). Es interesante se&ntilde;alar que el n&uacute;mero de d&iacute;as con s&iacute;ntomas agudos de los pacientes no psicoeducados es exactamente el mismo que el de distintos estudios observacionales a gran escala, tanto norteamericanos como europeos (28,29), lo que valida la representatividad de la muestra estudiada. Gran parte de estas diferencias se deben a las diferencias existentes en el tiempo pasado en depresi&oacute;n (364 d&iacute;as frente a 399, t = 5,387, p &lt; 0,0001). Es interesante se&ntilde;alar que el n&uacute;mero de d&iacute;as en depresi&oacute;n ha sido identificado por el STEP-BD como el predictor m&aacute;s potente de recurrencias (30).</P>      <P align="justify">El n&uacute;mero de hospitalizaciones por paciente tambi&eacute;n fue claramente mejor para los pacientes psicoeducados a los cinco a&ntilde;os (0,24 frente a 0,96, t = 2,284, p = 0,025) y lo mismo sucedi&oacute; con la duraci&oacute;n de las hospitalizaciones; los pacientes psicoeducados estuvieron ingresados una media de 32 d&iacute;as, mientras que los no psicoeducados estuvieron ingresados una media de 68 d&iacute;as (t = 2,57, p = 0,016). Debemos destacar, as&iacute; mismo, la eficacia de la psicoeducaci&oacute;n en la mejora del funcionamiento en pacientes bipolares II (31) a los cinco a&ntilde;os.</P>      <P align="justify">La psicoeducaci&oacute;n mantiene o gana eficacia con el paso de los a&ntilde;os; en cualquier entrenamiento bien realizado (clases de piano, aprender a batear o a realizar traqueotom&iacute;as) el sujeto no aprende &uacute;nicamente un contenido, sino que "aprende a aprender", lo que permite el aprendizaje prolongado por ensayo y error, y explica que usted sea mejor profesional hoy que hace cinco a&ntilde;os, mi hijo lea m&aacute;s fluidamente y, sobre todo, que los tama&ntilde;os del efecto a los cinco a&ntilde;os para la psicoeducaci&oacute;n sean superiores que los efectos de los dos a&ntilde;os de seguimiento (d de Cohen para tama&ntilde;o del efecto de 0,87 frente a 0,79).</P>      <P align="justify">Creemos que el entrenamiento espec&iacute;fico en detecci&oacute;n precoz de episodios puede explicar este fen&oacute;meno en particular, que es especialmente cierto para la prevenci&oacute;n de episodios maniacos (d de Cohen para tama&ntilde;o del efecto de 0,57 frente a 0,4). Es destacable que en el plazo en que la mayor&iacute;a de psicoterapias pierden eficacia, la psicoeducaci&oacute;n la gana, todo ello sin ninguna sesi&oacute;n de recuerdo.</P>      <P align="justify">Por todo esto, no nos debe extra&ntilde;ar que la psicoeducaci&oacute;n represente un ahorro econ&oacute;mico; si bien es cierto que los pacientes psicoeducados consumen m&aacute;s servicios ambulatorios -algo perfectamente l&oacute;gico si tenemos en cuenta que el programa les entrena a pedir ayuda a tiempo y a acudir a los profesionales siempre que sea necesario-, consumen menos servicio de urgencias -exactamente por los mismos motivos- y representan una diferencia dr&aacute;stica en lo relativo a gastos de hospitalizaci&oacute;n, con lo que comportan un ahorro de m&aacute;s de 3.000 euros por paciente -y en esta cantidad ya se computa el propio costo de la intervenci&oacute;n psicoeducativa- (32).</P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Algunos modelos que incluyen la psicoeducaci&oacute;n como parte del paquete de servicios han mostrado tambi&eacute;n su eficacia. Por una parte, el Life-Goals Program, de Bauer y colaboradores (33), es una intervenci&oacute;n dise&ntilde;ada para medir la eficiencia -o mal llamada "eficacia en el mundo real", lo que nos sit&uacute;a, a los otros programas, en un mundo... &iquest;ficticio?- de un programa integral de atenci&oacute;n al TB. Como queda dicho, la psicoeducaci&oacute;n ser&iacute;a solo una parte de dicho programa, que incluye adem&aacute;s la aplicaci&oacute;n de gu&iacute;as cl&iacute;nicas concretas y el trabajo integrado con enfermer&iacute;a. Este programa, comparado con el tratamiento habitual, se ha mostrado eficaz en la reducci&oacute;n del 14% de la duraci&oacute;n de los episodios a los tres a&ntilde;os -incluyendo una reducci&oacute;n significativa del 23% de la duraci&oacute;n de la man&iacute;a, aunque no de los episodios depresivos ("solo" un 11%, que no alcanz&oacute; significaci&oacute;n estad&iacute;stica)-. Como ocurri&oacute; en el caso de la psicoeducaci&oacute;n, la intervenci&oacute;n tambi&eacute;n se mostr&oacute; costo-eficaz.</P>      <P align="justify">Por otra parte, el Systematic Care Program, dise&ntilde;ado por Simon y colaboradores (34), es otra intervenci&oacute;n multicomponente dise&ntilde;ada para ser implementada por personal de enfermer&iacute;a psiqui&aacute;trica, conjuntamente con psiquiatras. El programa tiene una duraci&oacute;n de dos a&ntilde;os e incluye cinco componentes; a saber: "Plan de evaluaci&oacute;n y cuidados" (que incluye medicaci&oacute;n, entrenamiento en detecci&oacute;n precoz de pr&oacute;dromos e identificaci&oacute;n de un cuidador en la familia), "Llamadas telef&oacute;nicas mensuales" (la enfermera llama al paciente mensualmente para evaluar sus s&iacute;ntomas mediante el uso de escalas, valorar el cumplimiento y los efectos secundarios del tratamiento), "Feedback al equipo de salud mental", "Programa de grupos psicoeducativos estructurados" (nada menos que 48 sesiones) y "Coordinaci&oacute;n de apoyo, cuidados y educaci&oacute;n seg&uacute;n las necesidades del paciente".</P>      <P align="justify">En un estudio aleatorizado con dos a&ntilde;os de seguimiento (35), la gravedad de la man&iacute;a fue menor para el grupo de intervenci&oacute;n, pero, desafortunadamente, no hubo otros cambios significativos. En lo que concierne al costo-eficacia, debemos se&ntilde;alar que los pacientes que recibieron el tratamiento estructurado realizaron m&aacute;s visitas m&eacute;dicas de seguimiento y tomaron m&aacute;s antipsic&oacute;ticos at&iacute;picos, aunque ninguna de estas diferencias fue significativa. Los costos totales de implementaci&oacute;n fueron superiores para el grupo de intervenci&oacute;n (1.251 d&oacute;lares m&aacute;s), con lo cual la intervenci&oacute;n no puede considerarse costo-eficaz.</P>      <P align="center"><font size="3"><B>Los cinco ingredientes de la psicoeducaci&oacute;n </b></font></P>      <P align="justify">A principios de los a&ntilde;os noventa aparecieron distintos modelos psicoeducativos para pacientes bipolares en todo el mundo, desarrollados por profesionales que no necesariamente ten&iacute;an contacto directo entre ellos (para los lectores m&aacute;s j&oacute;venes: por incre&iacute;ble que parezca, la implementaci&oacute;n masiva de internet, las redes sociales y la dependencia del correo electr&oacute;nico no llegaron hasta un poco m&aacute;s tarde). Lo sorprendente era que, al comparar modelos que hab&iacute;an sido desarrollados de modo independiente, estos pod&iacute;an diferir en su duraci&oacute;n o en peque&ntilde;os detalles, pero coincid&iacute;an plenamente en sus temas prioritarios -conciencia de enfermedad, adherencia terap&eacute;utica, manejo de desencadenantes, detecci&oacute;n precoz de pr&oacute;dromos, regularidad de h&aacute;bitos- (36).</P>      <P align="justify">Y no era casualidad: solo hay una manera de resolver correctamente una ecuaci&oacute;n (e infinitas formas de equivocarse), y dado que los modelos psicoeducativos nac&iacute;an como respuesta del cl&iacute;nico ante necesidades cl&iacute;nicas de sus pacientes bipolares, y estas son pr&aacute;cticamente las mismas en todo el mundo, es l&oacute;gico que los modelos fueran muy parecidos. Puede parecer una visi&oacute;n teleol&oacute;gica de la psicoeducaci&oacute;n, pero en cualquier caso es mejor que la visi&oacute;n casi teol&oacute;gica de otros modelos psicoterap&eacute;uticos.</P>      <P align="justify">A continuaci&oacute;n se exponen los cinco ingredientes del 'Programa de Psicoeducaci&oacute;n' de Barcelona (20) que son comunes a otros programas similares.</P>       <P align="justify"><FONT size="3"><I><b>Conciencia de enfermedad</b></I></font></P>      <P align="justify">Los profesionales no debemos caer en la trampa de considerar como "obvia" o sabida por nuestros pacientes toda la informaci&oacute;n relativa al conocimiento de las causas y s&iacute;ntomas de la enfermedad, ya que la mayor parte de nuestros pacientes ignoran el car&aacute;cter biol&oacute;gico, cr&oacute;nico y recurrente de su trastorno.</P>      <P align="justify">M&aacute;s de la mitad de los pacientes tienen o han tenido problemas de aceptaci&oacute;n de la enfermedad, que suelen derivar en problemas de adherencia (37). Esto es ciertamente l&oacute;gico si consideramos el gran estigma social asociado con los trastornos psiqui&aacute;tricos, y los t&oacute;picos y mitos acerca de ellos que flotan libremente en la sociedad y los medios de comunicaci&oacute;n. Pero, por otra parte, tambi&eacute;n es cierto que las actitudes y el lenguaje de determinados cl&iacute;nicos no facilitan precisamente la aceptaci&oacute;n.</P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Por ello, el programa de Barcelona dedica un n&uacute;mero muy importante de sesiones -las primeras cinco- a este tema, considerando tres razones fundamentales: 1. por un lado, porque este es el punto que merece m&aacute;s trabajo espec&iacute;fico, como demuestran las altas tasas de ausencia de conciencia de enfermedad que se asocia con el mal cumplimiento; 2. porque de alg&uacute;n modo es una forma de volver a "centrar" al paciente incluido en un grupo psicoeducativo en el aspecto fundamental de su tratamiento: su car&aacute;cter biol&oacute;gico y la necesidad de f&aacute;rmacos; 3. facilita y justifica el resto del programa.</P>      <P align="justify">No se trata de actuar de un modo paternalista en cuanto a trasladar nuestro modelo a los pacientes, sino de intentar que el paciente adapte su modelo con base en sus nuevos conocimientos. No obstante, en general, la mayor&iacute;a de personas que sufren un TB acaban por sentirse c&oacute;modas con el modelo m&eacute;dico de esta enfermedad, ya que es realista, racionalista, pr&aacute;ctico, orientado al tratamiento y desculpabilizante. La mejora de la conciencia de enfermedad se relaciona directamente con el buen pron&oacute;stico de esta (38).</P>      <P align="justify"><I><b>Mejora del cumplimiento</b></I></P>      <P align="justify">La mejora del cumplimiento terap&eacute;utico debe ser uno de los objetivos primarios de cualquier intervenci&oacute;n psicol&oacute;gica en los TB, ya que el problema de la mala adhesi&oacute;n es, sin duda, la piedra angular de la mala evoluci&oacute;n de muchos de nuestros pacientes (39,40). El problema es grave si consideramos que pr&aacute;cticamente la totalidad de los pacientes bipolares piensa seriamente, alguna vez en su vida, en abandonar el tratamiento, y no es arriesgado afirmar que m&aacute;s de la mitad de los pacientes dejan de tomar los f&aacute;rmacos sin que su psiquiatra se lo haya indicado, incluso durante periodos de eutimia (40,41).</P>      <P align="justify">El abandono de la medicaci&oacute;n, por otra parte, es la causa m&aacute;s com&uacute;n de reca&iacute;da en los pacientes bipolares (42); de hecho, el riesgo de ingreso es cuatro veces mayor entre los pacientes que no cumplen debidamente con su tratamiento de mantenimiento (43,44). La baja adherencia se asocia fuertemente con el deterioro cognitivo a medio plazo (45). La mortalidad, especialmente por suicidio, es tambi&eacute;n mayor en los pacientes no tratados (46). Por otra parte, detr&aacute;s de la demasiado usada etiqueta de refractariedad -por ejemplo, en el caso de la depresi&oacute;n bipolar- puede hallarse en realidad un fen&oacute;meno de no adherencia (47,48).       <P align="justify">Estas consideraciones, unidas con las altas tasas de mal cumplimiento hallados en la poblaci&oacute;n bipolar, nos obligan a hacer un gran esfuerzo para mejorar el cumplimiento de nuestros pacientes. Por ello, dedicamos hasta siete sesiones a este tema en nuestro programa.</P>      <P align="justify">Cualquier programa que pretenda mejorar el abordaje de los trastornos debe tener en cuenta el impacto de los tratamientos "alternativos" -esto es, "alternativos a los que funcionan"- entre las personas con TB. De acuerdo con estudios norteamericanos recientes (49), m&aacute;s de la mitad de los pacientes usan remedios alternativos como la oraci&oacute;n/ sanaci&oacute;n espiritual (54%), meditaci&oacute;n o remedios herbales (50%); as&iacute;, los pacientes que reciben anticomiciales o antipsic&oacute;ticos at&iacute;picos son m&aacute;s proclives a este error. Por ello creemos imprescindible explicar el m&eacute;todo cient&iacute;fico a nuestros pacientes, para que puedan distinguir entre "opini&oacute;n" y "conocimiento" -distinci&oacute;n, por otra parte, poco com&uacute;n en la sociedad en general-. M&aacute;s tarde les podemos explicar que un ensayo cl&iacute;nico es el &uacute;nico modo de averiguar realmente la eficacia, tolerabilidad y seguridad de cualquier tratamiento, y c&oacute;mo ninguno de los tratamientos que se presentan como "alternativos" (por ejemplo, homeopat&iacute;a) cuenta con alguna evidencia acerca de su eficacia.</P>      <P align="justify">Contrario a lo que la mayor&iacute;a de psiquiatras puedan pensar, los efectos secundarios no son una de las razones de m&aacute;s peso para abandonar el tratamiento (41,50,51); de hecho, la mayor encuesta sobre temores de los pacientes respecto a la medicaci&oacute;n situaba los efectos secundarios &uacute;nicamente como la s&eacute;ptima causa de preocupaci&oacute;n de los pacientes respecto a su tratamiento farmacol&oacute;gico (52). Por el contrario, el prejuicio y la desinformaci&oacute;n s&iacute; explican muchas de las conductas de no adherencia. Y eso es algo que podemos -debemos- mejorar mediante el uso de la psicoeducaci&oacute;n (53,54).</P>      <P align="justify"><I><b>Evitaci&oacute;n del uso de sustancias</b></I></P>      <P align="justify">La comorbilidad entre TB trastornos de abuso/dependencia de sustancias (TADS) es muy elevada. Algunos estudios de muestras cl&iacute;nicas la cifran entre el 35% y el 60% (55-57); el alcohol es la sustancia de abuso m&aacute;s frecuente, seguida por el uso de coca&iacute;na y marihuana (56).</P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">En el mayor estudio de coocurrencia de TB y trastornos por uso de sustancias, que eval&uacute;a a m&aacute;s de 40.000 personas en los Estados Unidos (58), aport&oacute; datos de prevalencia vida del 60% para la comorbilidad entre TB I y trastornos por uso de alcohol, y del 38% para otros t&oacute;xicos. Algo similar ocurre con el TB II (59). La comorbilidad con TADS es la segunda m&aacute;s prevalente en el caso de TB, solo superada por los trastornos de ansiedad. De hecho, un paciente bipolar tiene seis veces m&aacute;s probabilidades de presentar un TADS que la poblaci&oacute;n general.</P>      <P align="justify">Los pacientes bipolares con un TADS com&oacute;rbido presentan una recuperaci&oacute;n de sus episodios m&aacute;s lenta, m&aacute;s hospitalizaciones (60,61), m&aacute;s deterioro cognitivo (62), y un riesgo de suicidio m&aacute;s elevado (63). Algunos autores refieren que la influencia de la comorbilidad con uso de drogas y alcohol sobre el pron&oacute;stico del TB es mucho mayor que la de cualquier caracter&iacute;stica cl&iacute;nica (64). Los pacientes bipolares que presentan un TADS representan un grupo especialmente proclive a la no adherencia terap&eacute;utica (41,42,50,51,65), con diferencias entre grupos que podr&iacute;an alcanzar los 20 puntos porcentuales. El fen&oacute;meno de la especial relaci&oacute;n entre mal cumplimiento y trastornos de abuso/dependencia de sustancias puede ser explicado desde distintos &aacute;ngulos, incluyendo un estilo de vida desorganizado (57), elevada impulsividad (65) y deterioro cognitivo (66).</P>      <P align="justify">Algunos estudios certifican que, en el caso de los pacientes bipolares, la presencia com&oacute;rbida de un TADS activo tiene mayores implicaciones sobre el funcionamiento y el cumplimiento si se compara con un TADS en remisi&oacute;n. El mismo estudio sit&uacute;a el funcionamiento de los pacientes bipolares con historia personal de un TADS en remisi&oacute;n como comparable a aquellos pacientes bipolares sin comorbilidad con un TADS (66).</P>      <P align="justify">Este mismo hallazgo ha sido replicado en el caso de la adherencia; mientras que el riesgo de mala adherencia para los pacientes bipolares con un TADS com&oacute;rbido es enorme, el riesgo de mala adherencia para los pacientes bipolares con historia personal de un TADS en remisi&oacute;n es el mismo que el de los pacientes bipolares sin comorbilidad con un TADS (65). Los estudios m&aacute;s recientes se&ntilde;alan claramente tanto la diferencia de pron&oacute;stico, como diferencias respecto a la adherencia y respuesta terap&eacute;utica entre pacientes bipolares con un TADS activo o en remisi&oacute;n (67).</P>      <P align="justify">Parece claro, por lo tanto, que, primero, la comorbilidad entre TB y trastornos de abuso/dependencia de sustancias es muy elevada; segundo, dicha comorbilidad empeora el pron&oacute;stico de ambas condiciones, y tercero, la mejora de una de las dos condiciones mejora el pron&oacute;stico de la otra.</P>      <P align="justify">A pesar de que la mayor&iacute;a de estudios sobre intervenciones psicol&oacute;gicas sobre TADS han excluido tradicionalmente a los pacientes con TB, el grupo de Boston ha de mostrado la eficacia de una terapia integrada de grupo (TIG) con pacientes con TB y TADS. Dicha terapia se focaliza en la relaci&oacute;n entre ambos trastornos, al enfatizar las similitudes entre ambos en lo que respecta a conductas y cogniciones implicadas en la recuperaci&oacute;n de cada trastorno (68). Dos estudios han demostrado la eficacia de la TIG. En un estudio abierto (69), los pacientes que recibieron TIG presentaron menos d&iacute;as de consumo de sustancias y m&aacute;s duraci&oacute;n de los periodos de abstinencia. Un ensayo controlado y aleatorizado posterior (68), que comparaba TIG y counselling grupal -una terapia que ya hab&iacute;a demostrado eficacia en TADS- mostr&oacute; la superioridad de la TIG: los pacientes que recibieron TIG presentaron nuevamente menos d&iacute;as de consumo de sustancias y menor tiempo hasta la abstinencia. Sin embargo, la TIG no mostr&oacute; ninguna eficacia a&ntilde;adida en la prevenci&oacute;n de recurrencias del TB. Una de las razones aducidas por los propios autores para esta ausencia de efecto sobre el TB es la formaci&oacute;n de los terapeutas que implementaron la TIG, que fundamentalmente ten&iacute;an amplia formaci&oacute;n en el abordaje de las TADS y menor formaci&oacute;n en TB.</P>      <P align="justify">Los programas de psicoeducaci&oacute;n para el TB, si bien no est&aacute;n dise&ntilde;ados expresamente para esta comorbilidad, no la evitan, y por ello cuentan entre sus contenidos con varias sesiones al respecto. Ya que se exige que el paciente est&eacute; razonablemente eut&iacute;mico, y en pocas ocasiones esto suceder&aacute; en pacientes con una toxicoman&iacute;a com&oacute;rbida activa, solemos hacer m&aacute;s &eacute;nfasis en la prevenci&oacute;n de t&oacute;xicos "soft" (cafe&iacute;na o tabaco) que otros, aunque la prevenci&oacute;n en el uso del alcohol tambi&eacute;n ocupa un lugar prioritario.</P>      <P align="justify"><I><b>Detecci&oacute;n precoz de reca&iacute;das</b></I></P>      <P align="justify">Quiz&aacute; el mejor estudio sobre intervenci&oacute;n psicol&oacute;gica individual en trastornos bipolares es el de Perry y colaboradores (70); el tipo de intervenci&oacute;n utilizado comprend&iacute;a un n&uacute;mero variable de sesiones -entre siete y doce- en las que el terapeuta -con un abordaje claramente psicoeducativo- ayudaba al paciente a identificar cu&aacute;les eran sus se&ntilde;ales de reca&iacute;da m&aacute;s habituales. Los resultados indican que los pacientes del grupo de tratamiento (n = 34) tardaban m&aacute;s tiempo en presentar una reca&iacute;da maniaca y, al final del seguimiento, presentaban menos reca&iacute;das maniacas que el grupo control (n = 35). No parec&iacute;a haber efecto alguno de prevenci&oacute;n de los episodios depresivos. Lamentablemente, cuando se intent&oacute; replicar este estudio con un periodo de seguimiento m&aacute;s largo y un mayor tama&ntilde;o muestral, la intervenci&oacute;n no ofreci&oacute; ning&uacute;n beneficio (71), lo que nos indica que este es un elemento importante de la psicoeducaci&oacute;n, pero que no funciona de un modo independiente (18).</P>      <P align="justify">Durante la psicoeducaci&oacute;n se trabajan listas de pr&oacute;dromos individuales para cada paciente. Un pr&oacute;dromo v&aacute;lido debe ser una conducta observable, operativizable, sutil, conocida, distinta de lo habitual y aplicable a cada d&iacute;a (20).</P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><I><b>Regularidad de h&aacute;bitos</b></I></P>      <P align="justify">La regularidad de h&aacute;bitos y el manejo del estr&eacute;s son fundamentales en el mantenimiento de los trastornos bipolares. Tanto es as&iacute; que constituyen el ingrediente b&aacute;sico de la interpersonal social rhythm therapy (IPSRT) (72), una terapia compleja que ha mostrado cierta eficacia en la prevenci&oacute;n de reca&iacute;das en el trastorno bipolar (73). La psicoeducaci&oacute;n trata de establecer pautas adecuadas que conjuguen el estilo personal de cada paciente con la necesidad de mantener una regularidad de h&aacute;bitos, fundamentalmente de sue&ntilde;o, ejercicio f&iacute;sico y manejo del estr&eacute;s laboral (74).</P>      <P align="justify"><I><b>&iquest;Todo son buenas noticias?</b></I></P>      <P align="justify">Ser&iacute;a absurdo pretender que la psicoeducaci&oacute;n, o cualquier otro tratamiento, no tenga l&iacute;mites, que es &uacute;til para todos los pacientes y todas las situaciones, y que no hay caracter&iacute;sticas que delimiten respondedores y no respondedores. La psicoeducaci&oacute;n, al igual que otras psicoterapias testadas en el trastorno bipolar, ofrece m&aacute;s garant&iacute;as cuando antes se implemente en el curso del trastorno de cada paciente.</P>      <P align="justify">En el estudio negativo sobre la eficacia de la terapia cognitiva en el TB (75) se pudo ver que un grupo especialmente no respondedor era el conformado por pacientes con m&aacute;s de once episodios previos a la terapia, mientras que los pacientes con menos de cinco episodios s&iacute; respond&iacute;an. Algo similar sucedi&oacute; en el caso de la psicoeducaci&oacute;n para familiares, una terapia eficaz sobre todo para prevenir episodios maniacos (76,77), que, sin embargo, pierde su eficacia cuando los pacientes est&aacute;n en un estadio avanzado de la enfermedad (78,79). Por &uacute;ltimo, tambi&eacute;n la psicoeducaci&oacute;n es m&aacute;s eficaz cuanto m&aacute;s precozmente se implemente (80). Se postulan varias hip&oacute;tesis que explican esta falta de eficacia en pacientes bipolares con m&aacute;s de once a doce episodios; la m&aacute;s probable tiene que ver, por una parte, con un fen&oacute;meno de sensibilizaci&oacute;n y, por otra parte, con el deterioro cognitivo, mucho m&aacute;s notorio en pacientes "veteranos" que en fases precoces de la enfermedad.</P>      <P align="justify">Aun as&iacute;, siguen siendo necesarios estudios sobre implementaci&oacute;n rutinaria de la psicoeducaci&oacute;n, sus l&iacute;mites y sus efectos secundarios, a la vez que conviene definir mejor el perfil cl&iacute;nico, cognitivo y psicobiol&oacute;gico del paciente no respondedor.</P>      <P align="center"><font size="3"><B>Conclusiones</b></font></P>      <P align="justify">La psicoeducaci&oacute;n es un elemento b&aacute;sico en el tratamiento de los trastornos bipolares. Ha mostrado su eficacia en distintos estudios controlados y aleatorizados, y con distintas subpoblaciones. Cuenta, adem&aacute;s, con la ventaja de su f&aacute;cil adaptaci&oacute;n al entorno cl&iacute;nico est&aacute;ndar y sencilla implementaci&oacute;n, sin requerir largos y costosos entrenamientos de sus terapeutas (81). En este sentido, es mejor que el profesional que quiera ejercer de terapeuta psicoeducador tenga larga experiencia cl&iacute;nica en el TB, m&aacute;s que una prestigiosa -y elitista- reputaci&oacute;n como "psicoterapeuta".</P>      <P align="justify">En una equivalencia no exenta de romanticismo y riesgo podr&iacute;amos decir que la psicoeducaci&oacute;n ser&iacute;a "el litio de las psicoterapias". Con todo, la psicoeducaci&oacute;n es del todo ineficaz en monoterapia, a diferencia del litio. Pero es su excelente compa&ntilde;era. Al fin y al cabo, cualquier buen caballero necesita un digno escudero.</P>  <hr>      <P align="center"><font size="3"><B>Referencias</b></font></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. Linden W. Psychological treatments in cardiac rehabilitation: review of rationales and outcomes. J Psychosom Res. 2000;48:443-54.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0034-7450201100050001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Pladevall M, Brotons C, Gabriel R, et al. Multicenter cluster-randomized trial of a multifactorial intervention to improve antihypertensive medication adherence and blood pressure control among patients at high cardiovascular risk (the COM99 study). Circulation. 2010;122:1183-91.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0034-7450201100050001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Bird S, Noronha M, Sinnott H. An integrated care facilitation model improves quality of life and reduces use of hospital resources by patients with chronic obstructive pulmonary disease and chronic heart failure. Aust J Prim Health. 2010;16:326-33.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0034-7450201100050001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Olmsted MP, Daneman D, Rydall AC, et al. The effects of psychoeducation on disturbed eating attitudes and behavior in young women with type 1 diabetes mellitus. Int J Eat Disord. 2002;32:230-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0034-7450201100050001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Wolever RQ, Dreusicke M, Fikkan J, et al. Integrative health coaching for patients with type 2 diabetes: a randomized clinical trial. Diabetes Educ. 2010;36:629-39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0034-7450201100050001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Nielsen D, Ryg J, Nielsen W, et al. Patient education in groups increases knowledge of osteoporosis and adherence to treatment: a two-year randomized controlled trial. Patient Educ Couns. 2010;81:155-60.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0034-7450201100050001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Durna Z, Ozcan S. Evaluation of self-management education for asthmatic patients. J Asthma. 2003;40:631-43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0034-7450201100050001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Vieta E, Pacchiarotti I, Valent&iacute; M, et al. A critical update on psychological interventions for bipolar disorders. Curr Psychiatry Rep. 2009;11:494-502.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0034-7450201100050001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Colom F. Achieving remission and recovery in bipolar disorder. J Clin Psychiatry. 2010;71:e32.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0034-7450201100050001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Harvey NS, Peet M. Lithium maintenance: Effects of personality and attitude on health information acquisition and compliance. Br J Psychiatry. 1991;158:200-4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0034-7450201100050001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Peet M, Harvey NS. Lithium maintenance: I. A standard education program for patients. Br J Psychiatry. 1991;158:197.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0034-7450201100050001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Scott J, Colom F. Psychosocial treatments for bipolar disorders. Psychiatr Clin North Am. 2005;28:371-84.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0034-7450201100050001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Colom F, Lam D. Psychoeducation: improving outcomes in bipolar disorder. Eur Psychiatry. 2005;20:359-64.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0034-7450201100050001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>14. Scott J, Colom F. Gaps and limitations of psychological interventions for bipolar disorders. Psychother Psychosom. 2008;77:4-11.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0034-7450201100050001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Yatham LN, Kennedy SH, Schaffer A, et al. Canadian Network for Mood and Anxiety Treatments (CANMAT) and International Society for Bipolar Disorders (ISBD) collaborative update of CANMAT guidelines for the management of patients with bipolar disorder: update 2009. Bipolar Disord. 2009;11:225-55.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0034-7450201100050001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Goodwin GM, Consensus Group of the British Association for Psychopharmacology. Evidence-based guidelines for treating bipolar disorder: revised second edition--recommendations from the British Association for Psychopharmacology. J Psychopharmacol. 2009;23:346-88.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0034-7450201100050001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Velligan DI, Weiden PJ, Sajatovic M, et al. Strategies for addressing adherence problems in patients with serious and persistent mental illness: recommendations from the expert consensus guidelines. J Psychiatr Pract. 2010;16:306-24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0034-7450201100050001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Colom F. Keeping therapies simple: psychoeducation in the prevention of relapse in affective disorders. Br J Psychiatry. 2011;198:338-40.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0034-7450201100050001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Colom F, Vieta E, Martinez-Aran A, et al. A randomized trial on the efficacy of group psychoeducation in the prophylaxis of recurrences in bipolar patients whose disease is in remission. Arch Gen Psychiatry. 2003;60:402-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0034-7450201100050001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Colom F, Vieta E. Psychoeducation manual for bipolar disorder. Cambridge: University Press; 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0034-7450201100050001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Colom F, Vieta E. The need for publishing the silent evidence from negative trials. Acta Psychiatr Scand. 2011;123:91-4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0034-7450201100050001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Miklowitz DJ, Otto MW, Frank E, et al. Intensive psychosocial intervention enhances functioning in patients with bipolar depression: results from a 9-month randomized controlled trial. Am J Psychiatry. 2007;164:1340-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0034-7450201100050001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Colom F, Vieta E, S&aacute;nchez-Moreno J, et al. Psychoeducation in bipolar patients with comorbid personality disorders. Bipolar Disord. 2004;6:294-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0034-7450201100050001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Colom F, Vieta E, S&aacute;nchez-Moreno J, et al. Stabilizing the stabilizer: group psychoeducation enhances the stability of serum lithium levels. Bipolar Disord. 2005;7 Suppl 5:32-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0034-7450201100050001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Perlis RH, Sachs GS, Lafer B, et al. Effect of abrupt change from standard to low serum levels of lithium: a reanalysis of double-blind lithium maintenance data. Am J Psychiatry. 2002;159:1155-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0034-7450201100050001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Colom F, Vieta E, Reinares M, et al. Psychoeducation efficacy in bipolar disorders: beyond compliance enhancement. J Clin Psychiatry. 2003;64:1101-5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0034-7450201100050001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Colom F, Vieta E, S&aacute;nchez-Moreno J, et al. Group psychoeducation for stabilised bipolar disorders: 5-year outcome of a randomised clinical trial. Br J Psychiatry. 2009;194:260-5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0034-7450201100050001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Kupka RW, Nolen WA, Altshuler LL, et al. The Stanley Foundation Bipolar Network. 2. Preliminary summary of demographics, course of illness and response to novel treatments. Br J Psychiatry Suppl. 2001;41:s177-83.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0034-7450201100050001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Judd LL, Akiskal HS, Schettler PJ, et al. The long-term natural history of the weekly symptomatic status of bipolar I disorder. Arch Gen Psychiatry. 2002;59:530-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0034-7450201100050001100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Perlis RH, Ostacher MJ, Patel JK, et al. Predictors of recurrence in bipolar disorder: primary outcomes from the Systematic Treatment Enhancement Program for Bipolar Disorder (STEPBD). Am J Psychiatry. 2006;163:217-24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0034-7450201100050001100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Colom F, Vieta E, S&aacute;nchez-Moreno J, et al. Psychoeducation for bipolar II disorder: an exploratory, 5-year outcome subanalysis. J Affect Disord. 2009;112:30-5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0034-7450201100050001100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Scott J, Colom F, Popova E, et al. Long-term mental health resource utilization and cost of care following group psychoeducation or unstructured group support for bipolar disorders: a cost-benefit analysis. J Clin Psychiatry. 2009;70:378-86.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0034-7450201100050001100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Bauer MS, McBride L. Structured Group Psychotherapy for Bipolar Disorder: The Life Goals Program 2nd ed. New York: Springer Publishing Company; 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0034-7450201100050001100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Simon GE, Ludman E, Un&uuml;tzer J, et al. Design and implementation of a randomized trial evaluating systematic care for bipolar disorder. Bipolar Disord. 2002;4:226-36.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0034-7450201100050001100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Simon GE, Ludman EJ, Bauer MS, et al. Long-term effectiveness and cost of a systematic care program for bipolar disorder. Arch Gen Psychiatry. 2006;63:500-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0034-7450201100050001100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Vieta E, Colom F. Psychological interventions in bipolar disorder: From wishful thinking to an evidence-based approach. Acta Psychiatr Scand Suppl. 2004;34-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0034-7450201100050001100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Copeland LA, Zeber JE, Salloum IM, et al. Treatment adherence and illness insight in veterans with bipolar disorder. J Nerv Ment Dis. 2008;196:16-21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0034-7450201100050001100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Yen CF, Chen CS, Yen JY, et al. The predictive effect of insight on adverse clinical outcomes in bipolar I disorder: a two-year prospective study. J Affect Disord. 2008;108:121-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0034-7450201100050001100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Colom F, Vieta E, Mart&iacute;nez-Ar&aacute;n A, et al. Clinical factors associated with treatment noncompliance in euthymic bipolar patients. J Clin Psychiatry. 2000;61:549-55.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0034-7450201100050001100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Colom F, Vieta E, Tacchi MJ, et al. Identifying and improving non-adherence in bipolar disorders. Bipolar Disord. 2005;7 Suppl 5:24-31.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0034-7450201100050001100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Sajatovic M, Ignacio RV, West JA, et al. Predictors of nonadherence among individuals with bipolar disorder receiving treatment in a community mental health clinic. Compr Psychiatry. 2009;50:100-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0034-7450201100050001100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. Baldessarini RJ, Perry R, Pike J. Factors associated with treatment nonadherence among US bipolar disorder patients. Hum Psychopharmacol. 2008;23:95-105.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0034-7450201100050001100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Scott J, Pope M. Self-reported adherence to treatment with mood stabilizers, plasma levels, and psychiatric hospitalization. Am J Psychiatry. 2002;159:1927-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0034-7450201100050001100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Hassan M, Lage MJ. Risk of rehospitalization among bipolar disorder patients who are nonadherent to antipsychotic therapy after hospital discharge. Am J Health Syst Pharm. 2009;66:358-65.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0034-7450201100050001100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. Mart&iacute;nez-Ar&aacute;n A, Scott J, Colom F, et al. Treatment nonadherence and neurocognitive impairment in bipolar disorder. J Clin Psychiatry. 2009;70:1017-23.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0034-7450201100050001100045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. Angst F, Stassen HH, Clayton PJ, et al. Mortality of patients with mood disorders: follow-up over 34-38 years. J Affect Disord. 2002;68:167-81.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0034-7450201100050001100046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. Pacchiarotti I, Mazzarini L, Colom F, et al. Treatment-resistant bipolar depression: towards a new definition. Acta Psychiatr Scand. 2009;120:429-40.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0034-7450201100050001100047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>48. Vieta E, Colom F. Therapeutic options in treatment-resistant depression. Ann Med. 2011, in press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0034-7450201100050001100048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. Kilbourne AM, Copeland LA, Zeber JE, et al. Determinants of complementary and alternative medicine use by patients with bipolar disorder. Psychopharmacol Bull. 2007;40:104-15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0034-7450201100050001100049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>50. Manwani SG, Szilagyi KA, Zablotsky B, et al. Adherence to pharmacotherapy in bipolar disorder patients with and without co-occurring substance use disorders. J Clin Psychiatry. 2007;68:1172-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0034-7450201100050001100050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>51. Perlis RH, Ostacher MJ, Miklowitz DJ, et al. Clinical features associated with poor pharmacologic adherence in bipolar disorder: results from the STEP-BD study. J Clin Psychiatry. 2010;71:296-303.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0034-7450201100050001100051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. Morselli PL, Elgie R, Cesana BM. GAMIAN-Europe/BEAM survey II: crossnational analysis of unemployment, family history, treatment satisfaction and impact of the bipolar disorder on life style. Bipolar Disord. 2004;6:487-97.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0034-7450201100050001100052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. Colom F, Vieta E. Non-adherence in psychiatric disorders: misbehaviour or clinical feature? Acta Psychiatr Scand. 2002;105:161-3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0034-7450201100050001100053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>54. Berk L, Hallam KT, Colom F, et al. Enhancing medication adherence in patients with bipolar disorder. Hum Psychopharmacol. 2010;25:1-16.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0034-7450201100050001100054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>55. Kessler RC, Crum RM, Warner LA, et al. Lifetime co-occurrence of DSMIII-R alcohol abuse and dependence with other psychiatric disorders in the National Comorbidity Survey. Arch Gen Psychiatry. 1997;54:313-21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0034-7450201100050001100055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>56. Goldberg JF, Garno JL, Leon AC, et al. A history of substance abuse complicates remission from acute mania in bipolar disorder. J Clin Psychiatry. 1999;60:733-40.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0034-7450201100050001100056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>57. Weiss RD.	 Adherence to pharmacotherapy in patients with alcohol and opioid dependence. Addiction. 2004;99:1382-92.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0034-7450201100050001100057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>58. Grant BF, Hasin DS, Stinson FS, et al. Co-occurrence of 12-month mood and anxiety disorders and personality disorders in the US: results from the national epidemiologic survey on alcohol and related conditions. J Psychiatr Res. 2005;39:1-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0034-7450201100050001100058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>59. Regier DA, Farmer ME, Rae DS, et al. Comorbidity of mental disorders with alcohol and other drug abuse. Results from the Epidemiologic Catchment Area (ECA) Study. JAMA. 1990;264:2511-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0034-7450201100050001100059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>60. Brady KT, Casto S, Lydiard RB, et al. Substance abuse in an inpatient psychiatric sample. Am J Drug Alcohol Abuse. 1991;17:389-97.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0034-7450201100050001100060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>61. Simon NM, Otto MW, Weiss RD, et al. Pharmacotherapy for bipolar disorder and comorbid conditions: baseline data from STEP-BD. J Clin Psychopharmacol. 2004;24:512-20.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0034-7450201100050001100061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>62. S&aacute;nchez-Moreno J, Mart&iacute;nez-Ar&aacute;n A, Colom F, et al. Neurocognitive dysfunctions in euthymic bipolar patients with and without prior history of alcohol use. J Clin Psychiatry. 2009;70:1120-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0034-7450201100050001100062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>63. Baldassano CF. Illness course, comorbidity, gender, and suicidality in patients with bipolar disorder. J Clin Psychiatry. 2006;67 Suppl 11:8-11.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0034-7450201100050001100063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>64. Lagerberg TV, Andreassen OA, Ringen PA, et al. Excessive substance use in bipolar disorder is associated with impaired functioning rather than clinical characteristics, a descriptive study. BMC Psychiatry. 2010;10:9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0034-7450201100050001100064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>65. Sajatovic M, Bauer MS, Kilbourne AM, et al. Self-reported medication treatment adherence among veterans with bipolar disorder. Psychiatr Serv. 2006;57:56-62.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0034-7450201100050001100065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>66. Weiss RD, Ostacher MJ, Otto MW, et al. Does recovery from substance use disorder matter in patients with bipolar disorder? J Clin Psychiatry. 2005;66:730-5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0034-7450201100050001100066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>67. Teter CJ, Falone AE, Bakaian AM, et al. Medication adherence and attitudes in patients with bipolar disorder and current versus past substance use disorder. Psychiatry Res. 2011, in press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0034-7450201100050001100067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>68. Weiss RD, Griffin ML, Kolodziej ME, et al. A randomized trial of integrated group therapy versus group drug counseling for patients with bipolar disorder and substance dependence. Am J Psychiatry. 2007;164:100-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0034-7450201100050001100068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>69. Weiss RD, Griffin ML, Greenfield SF, et al. Group therapy for patients with bipolar disorder and substance dependence: results of a pilot study. J Clin Psychiatry. 2000;61:361-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0034-7450201100050001100069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>70. Perry A, Tarrier N, Morriss R, et al. Randomised controlled trial of efficacy of teaching patients with bipolar disorder to identify early symptoms of relapse and obtain treatment. BMJ. 1999;318:149-53.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0034-7450201100050001100070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>71. Lobban F, Taylor L, Chandler C, et al. Enhanced relapse prevention for bipolar disorder by community mental health teams: cluster feasibility randomised trial. Br J Psychiatry. 2010;196:59-63.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0034-7450201100050001100071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>72. Frank E, Hlastala S, Ritenour A, et al. Inducing lifestyle regularity in recovering bipolar disorder patients: results from the maintenance therapies in bipolar disorder protocol. Biol Psychiatry. 1997;41:1165-73.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0034-7450201100050001100072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>73. Frank E, Kupfer DJ, Thase ME, et al. Two-year outcomes for interpersonal and social rhythm therapy in individuals with bipolar I disorder. Arch Gen Psychiatry. 2005;62:996-1004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0034-7450201100050001100073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>74. Colom F, Vieta E. A perspective on the use of psychoeducation, cognitive-behavioral therapy and interpersonal therapy for bipolar patients. Bipolar Disord. 2004;6:480-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0034-7450201100050001100074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>75. Scott J, Paykel E, Morriss R, et al. Cognitive-behavioural therapy for severe and recurrent bipolar disorders: randomised controlled trial. Br J Psychiatry. 2006;188:313-20.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0034-7450201100050001100075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>76. Reinares M, Vieta E, Colom F, et al. Impact of a psychoeducational family intervention on caregivers of stabilized bipolar patients. Psychother Psychosom. 2004;73:312-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0034-7450201100050001100076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>77. Reinares M, Colom F, S&aacute;nchez-Moreno J, et al. Impact of caregiver group psychoeducation on the course and outcome of bipolar patients in remission: a randomized controlled trial. Bipolar Disord. 2008;10:511-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0034-7450201100050001100077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>78. Kapczinski F, Dias VV, Kauer-Sant'Anna M, et al. Clinical implications of a staging model for bipolar disorders. Expert Rev Neurother. 2009;9:957-66.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0034-7450201100050001100078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>79. Reinares M, Colom F, Rosa AR, et al. The impact of staging bipolar disorder on treatment outcome of family psychoeducation. 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