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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Salud mental y violencia política. Atender al enfermo psiquiátrico o reconocer al sujeto de la micropolítica]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Abstract Introduction: Political violence is a global phenomenon, especially in low- to middle-income countries. This phenomenon increasingly involves civilians. This situation is a priority in collective health, as it produces multiple and complex effects on physical and mental health, and human and social ecosystems. The objective of this article is to present the main tendencies that coexist in research and practice on the understanding of the effects of political violence on mental health. The biomedical approach of psychiatric trauma and the wider perspective of social sciences, which incorporate the collective dimension of these effects, are also taken into account. Methods: Review of research determines the relationship with political violence / collective violence and mental health in international databases and national documentation centers, academics and NGOs within the last decade of the twentieth century, and the first of this century under the headings of trauma, war, armed conflict and political violence. Results: The limitations of general explanations of psychiatric trauma in understanding the complex effects of political violence on mental health are shown. The constructs that incorporate social and collective dimensions increase this comprehension of these effects and knowledge of mental health, both conceptually as methodologically. Conclusions: In a political violence context it urgent to change attitudes about mental health. It is a way to overcome the biomedical, individualistic, and short term epidemiology, and to remove medication from mental health. This means acknowledging that people who experience the effects of political violence effects are not sick. They are powerful people who can transform and produce the life they dream of.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p><B>Art&iacute;culo de revisi&oacute;n </b></p>      <p align="center"><font size="4"><b>Salud mental y violencia pol&iacute;tica. Atender al enfermo psiqui&aacute;trico o reconocer al sujeto de la micropol&iacute;tica</b></font><Sup>*</Sup></p>     <p align="center"><font size="3"><B>Mental Health and Political Violence. Care of Psychiatric Patient or Acknowledge of the Micropolitics of the Subject</b></font></p>     <p align="center"><B><I>Beatriz Elena Arias L&oacute;pez</I></B><sup>**</sup></p>     <p><Sup>*</Sup>Este art&iacute;culo forma parte de las revisiones y reflexiones derivadas de la tesis doctoral de la autora, titulada &laquo;Violencia, Resistencia y Subjetividad. Hilos que (des)tejen y tejen la salud mental. Estudio de caso&raquo;, Municipio de San Francisco, Oriente Antioque&ntilde;o, Colombia, iniciada en 2011 y actualmente en curso, para optar al t&iacute;tulo de Doctora en Salud Mental Comunitaria en la Universidad Nacional de Lan&uacute;s (Buenos Aires, Argentina). Este proyecto no recibe financiaci&oacute;n ni subvenci&oacute;n distinta de la derivada de la comisi&oacute;n de estudios concedida por la Universidad de Antioquia.    <br> <sup>**</sup><I>Enfermera, Mag&iacute;ster en Educaci&oacute;n y Desarrollo Comunitario, Doctoranda en Salud Mental Comunitaria, Universidad Nacional de Lan&uacute;s, Lan&uacute;s, Buenos Aires, Argentina; Docente, Facultad de Enfermer&iacute;a, Universidad de Antioquia, Medell&iacute;n, Colombia </I></p>     <p><sup>*</sup>Autor para correspondencia. <I>Correo electr&oacute;nico:</I> <a href="mailto:barias@udea.edu.co">barias@udea.edu.co</a>; <a href="mailto:beelcosturero@gmail.com">beelcosturero@gmail.com</a> (B.E. Arias L&oacute;pez).</p>     <p>Recibido el 25 de febrero de 2013 Aceptado el 27 de junio de 2013 </p> <hr>     <p><b><font size="3">Resumen</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><I>Introducci&oacute;n:</I> La violencia pol&iacute;tica es un fen&oacute;meno, presente en todo el mundo, que involucra de manera creciente a la poblaci&oacute;n civil, especialmente en pa&iacute;ses de medianos y bajos ingresos. Es una situaci&oacute;n prioritaria en el campo de la salud colectiva, por sus m&uacute;ltiples y complejos efectos para la salud f&iacute;sica y mental y los ecosistemas humanos y sociales. El objetivo es presentar las principales tendencias, que coexisten en la investigaci&oacute;n y la pr&aacute;ctica, en la forma de comprender los efectos en salud mental, incluyendo la mirada biom&eacute;dica del trauma psiqui&aacute;trico y la incorporaci&oacute;n de la dimensi&oacute;n colectiva de dichas afectaciones, resultante del di&aacute;logo de disciplinas de la salud y las ciencias sociales.    <br> <I>M&eacute;todos:</I> Revisi&oacute;n de producci&oacute;n investigativa de la relaci&oacute;n violencia pol&iacute;tica-violencia colectiva y salud mental en bases de datos internacionales y centros de documentaci&oacute;n universitarios y de organizaciones no gubernamentales nacionales, en una delimitaci&oacute;n temporal que ocupa la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo xx y la primera de este siglo, bajo los nominadores trauma, guerra, conflicto armado y violencia pol&iacute;tica.    <br> <I>Resultado:</I> Se muestran las limitaciones de la generalizaci&oacute;n explicativa del trauma psiqui&aacute;trico para entender la compleja incidencia de la violencia pol&iacute;tica en salud mental. Los constructos que incorporan las dimensiones social, pol&iacute;tica y colectiva ampl&iacute;an dicha comprensi&oacute;n y expanden, conceptual y metodol&oacute;gicamente, el saber de la salud mental, reorientando sus preguntas.    <br> <I>Conclusiones:</I> Se esboza una ruta superadora de la mirada epidemiol&oacute;gica biom&eacute;dica, individualizada y de corto plazo, conducente a su desmedicalizaci&oacute;n, y al reconocimiento de que, m&aacute;s que enfermos, las personas y comunidades que sufren los efectos de la violencia pol&iacute;tica son sujetos potentes para poner en escena alternativas que les permitan transformar y realizar la vida que sue&ntilde;an.</p>     <p><I><b>Palabras clave</b>: </I> Violencia, Guerra, Salud mental, Pol&iacute;tica.</p> <hr>      <p><b><font size="3">Abstract</font></b></p>     <p><I>Introduction:</I> Political violence is a global phenomenon, especially in low- to middle-income countries. This phenomenon increasingly involves civilians. This situation is a priority in collective health, as it produces multiple and complex effects on physical and mental health, and human and social ecosystems. The objective of this article is to present the main tendencies that coexist in research and practice on the understanding of the effects  of political violence on mental health. The biomedical approach of psychiatric trauma and the wider perspective of social sciences, which incorporate the collective dimension of these effects, are also taken into account.    <br> <I>Methods:</I> Review of research determines the relationship with political violence / collective violence and mental health in international databases and national documentation centers, academics and NGOs within the last decade of the twentieth century, and the first  of this century under the headings of trauma, war, armed conflict and political violence.    <br> <I>Results: </I>The limitations of general explanations of psychiatric trauma in understanding the complex effects of political violence on mental health are shown. The constructs that  incorporate social and collective dimensions increase this comprehension of these effects  and knowledge of mental health, both conceptually as methodologically.    <br> <I>Conclusions:</I> In a political violence context it urgent to change attitudes about mental health. It is a way to overcome the biomedical, individualistic, and short term epidemiology, and to remove medication from mental health. This means acknowledging that people who  experience the effects of political violence effects are not sick. They are powerful people who can transform and produce the life they dream of.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><I>Keywords: </I></b>Violence, War, Mental health, Politics.</p>  <hr>     <p><B><font size="3">Introducci&oacute;n</font></b></p>      <p>La incorporaci&oacute;n de los problemas relacionados con la violencia en la agenda de los gestores de pol&iacute;ticas de salud es relativamente reciente; aunque el inter&eacute;s por conocer el impacto de fen&oacute;menos como las guerras y los conflictos armados en la salud est&aacute; presente desde principios del siglo pasado. Los primeros estudios, en los a&ntilde;os sesenta y setenta del siglo xx, asociados a violencia familiar y de g&eacute;nero, y el inter&eacute;s suscitado por la situaci&oacute;n de crisis humanitaria en Biafra, Nigeria, son precursores importantes de su incorporaci&oacute;n oficial en los discursos de la Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud (OPS) y la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS), en la d&eacute;cada de los noventa<Sup>1-5</Sup>. El inter&eacute;s en estos fen&oacute;menos se incrementa por el impacto que tienen en la calidad de vida, la morbilidad y la mortalidad, por el sufrimiento y la discapacidad que producen y, adem&aacute;s, por el aumento de costos que causan a los servicios de salud. En el &laquo;Informe Bruntland&raquo; (OMS, 2000), se se&ntilde;ala la mayor vulnerabilidad de las poblaciones traumatizadas por violencia y la probabilidad de incremento de trastornos mentales en dichas poblaciones<Sup>6</Sup>. Una parte sustancial de los problemas de salud mental en los pa&iacute;ses de bajos y medianos ingresos se puede atribuir a la violencia, de tal manera que las intervenciones dirigidas a disminuirla podr&iacute;an tener un impacto positivo en la salud mental de sus poblaciones<Sup>7</Sup>.</p>      <p>La OMS<Sup>8 </Sup>define el hecho violento como &laquo;el uso intencional de la fuerza y el poder, real o en grado de amenaza, contra la propia persona, contra otros, contra un grupo o una comunidad, que resulte en lesiones, muerte, da&ntilde;os f&iacute;sicos, psicol&oacute;gicos, deficiencia de desarrollo o privaci&oacute;n&raquo;. Seg&uacute;n sean los actores involucrados en los actos violentos, diferencia dichos actos como autoinfligidos (comportamientos suicidas y autolesiones), interpersonales (familia, pareja o comunidad) y colectivos (econ&oacute;mica, pol&iacute;tica y social). El Centro de Investigaci&oacute;n y Educaci&oacute;n Popular (CINEP) define violencia pol&iacute;tica, incluida en la violencia colectiva y foco de inter&eacute;s de este art&iacute;culo, como &laquo;un medio de lucha pol&iacute;tico-social, ya sea con el fin de mantener, modificar, sustituir o destruir un modelo de Estado o de sociedad; tambi&eacute;n para destruir o reprimir a un grupo humano &mdash;est&eacute; o no organizado&mdash; con identidad dentro de la sociedad, por su afinidad social, pol&iacute;tica, gremial, &eacute;tnica, racial, religiosa, cultural o ideol&oacute;gica&raquo;<Sup>9</Sup>. La OMS estima que las tasas de mortalidad en el a&ntilde;o 2000 atribuibles a guerras y conflictos armados oscilaban entre menos de 1/100.000 hab. en pa&iacute;ses de ingresos altos y 6,2/100.000 hab. en pa&iacute;ses de bajos y medianos ingresos<Sup>4</Sup>. Esta afectaci&oacute;n desigual no solo se expresa en la mortalidad, sino en la variedad adicional de efectos que produce<Sup>10</Sup>: enfermedades f&iacute;sicas, discapacidades y angustia; destrucci&oacute;n de la infraestructura material, social y cultural, expresada en las redes sociales y los ecosistemas naturales y humanos, alteraci&oacute;n del tejido social, de las formas de convivencia, de las redes de solidaridad y cooperaci&oacute;n, de la din&aacute;mica de la vida cotidiana y las historias de vida<Sup>4,11-14</Sup>. El terror generalizado, la polarizaci&oacute;n social y la militarizaci&oacute;n forzada de la vida cotidiana, da lugar a cambios significativos en las formas de vida de la poblaci&oacute;n civil, dif&iacute;ciles de medir y evaluar<Sup>13</Sup>.</p>      <p>Estos impactos se han incrementado como resultado de un cambio importante en los patrones de los conflictos armados o guerras en los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os, que han cambiado de enfrentamientos entre Estados a enfrentamientos internos que involucran en forma creciente a la poblaci&oacute;n civil<Sup>13</Sup>, por lo que constituyen emergencias humanitarias complejas<Sup>15</Sup>, homologables a cat&aacute;strofes sociales marcadas por la destrucci&oacute;n de la infraestructura pol&iacute;tica, econ&oacute;mica, sociocultural y de los cuidados de salud, sumada a la inhabilidad de la poblaci&oacute;n afectada para ser econ&oacute;micamente autosuficiente<Sup>16-18 </Sup>. El foco central de la atenci&oacute;n a dichas emergencias se ha dirigido fundamentalmente al evento inmediato y no a sus causas, y ha generado respuestas humanitarias respaldadas por un creciente n&uacute;mero de agencias de todo el mundo concediendo un lugar marginal a los an&aacute;lisis de tipo pol&iacute;tico y econ&oacute;mico<Sup>18</Sup>.</p>      <p><B>La mirada traumatog&eacute;nica de la violencia y su inclusi&oacute;n en el diagn&oacute;stico psiqui&aacute;trico</b></p>      <p>La mirada convencional para entender los efectos de situaciones devastadoras como las derivadas de la violencia pol&iacute;tica est&aacute;n cobijadas bajo la noci&oacute;n com&uacute;n de trauma. Seg&uacute;n Hacking<Sup>19</Sup>, esta palabra se ha convertido en una met&aacute;fora para nombrar cualquier evento desagradable y sus efectos psicol&oacute;gicos, corporales y morales. Hasta el siglo xviii, era un t&eacute;rmino usado en el &aacute;mbito de la cirug&iacute;a para referirse a lesiones en el cuerpo, que pod&iacute;a llegar a producir afecciones potencialmente mortales producto de un da&ntilde;o multisist&eacute;mico<Sup>19,20</Sup>. En el siglo xix, el trauma dio un salto del &aacute;mbito del cuerpo f&iacute;sico al &aacute;mbito de la mente, mediado por unas corrientes que privilegiaron su explicaci&oacute;n som&aacute;tica y otras que se centraron en lo psicol&oacute;gico. En la primera se resalt&oacute; el papel del sistema nervioso como estructura afectada de referencia y los mecanismos fisiol&oacute;gicos de dolor y miedo. La corriente psicol&oacute;gica, por su parte, centr&oacute; su inter&eacute;s en la amnesia y el papel patog&eacute;nico de ciertos recuerdos. Hacia finales del siglo xx, el denominado s&iacute;ndrome de estr&eacute;s postraum&aacute;tico (PSTD) tom&oacute; el lugar hegem&oacute;nico explicativo<Sup>19-21 </Sup>. Este conjunto de explicaciones se inscribe en el paradigma moderno de pensamiento en el campo de la salud, en el cual se cruzan ecl&eacute;cticamente orientaciones anatomocl&iacute;nicas, fisiopatol&oacute;gicas y etiopatol&oacute;gicas<Sup>22,23</Sup>.</p>      <p>La incorporaci&oacute;n del diagn&oacute;stico de PSTD en el Manual Diagn&oacute;stico y Estad&iacute;stico de Trastornos Mentales (DSM), de la Asociaci&oacute;n Americana de Psiquiatr&iacute;a, en su tercera versi&oacute;n en 1980, obedeci&oacute; a un asunto coyuntural, mediante el cual los excombatientes de la guerra del Vietnam solicitaban compensaciones econ&oacute;micas al gobierno de Estados Unidos, en relaci&oacute;n con las secuelas permanentes producidas por su participaci&oacute;n en dicha guerra, lo cual, seg&uacute;n McNally<Sup>24</Sup> y Summerfield<Sup>25</Sup>, constituye la principal fuente de sus contradicciones. El PSTD es un s&iacute;ndrome centrado en el miedo condicionado y los procesos psicobiol&oacute;gicos desencadenados<Sup>26</Sup>, inscrito en el cruce entre la epidemiolog&iacute;a psiqui&aacute;trica y el trauma psicol&oacute;gico<Sup>27</Sup>. Los criterios diagn&oacute;sticos consideran no solo la presencia de los s&iacute;ntomas asociados al s&iacute;ndrome (intrusi&oacute;n, evasi&oacute;n e irritabilidad), sino adem&aacute;s la obligatoria exposici&oacute;n a un evento traum&aacute;tico identificable<Sup>24,27,28</Sup>. Dicho evento etiol&oacute;gico puede ser una variada gama de situaciones que combina miedo, amenaza, p&eacute;rdida, degradaci&oacute;n, humillaci&oacute;n, deshumanizaci&oacute;n, separaci&oacute;n o relocalizaci&oacute;n, exposici&oacute;n a situaciones grotescas, ser testigo de actos de violencia contra seres queridos o causar la muerte o graves da&ntilde;os a otros. Se adjetivan como traum&aacute;ticos los eventos inesperados, inexplicables e incontrolables y que, por lo tanto, logran exceder los recursos de afrontamiento de las personas o el quiebre de sus defensas<Sup>26,29</Sup>. El abanico tan amplio de posibilidades hace que cualquier evento se pueda tipificar como potencialmente traum&aacute;tico, con el riesgo de producir una excesiva medicalizaci&oacute;n de la vida cotidiana, una patologizaci&oacute;n de la expresi&oacute;n humana de sufrimiento y una sobrevaloraci&oacute;n de la explicaci&oacute;n traumatog&eacute;nica<Sup>24,25</Sup>, y de ah&iacute;, el riesgo de encuadrar los efectos de la guerra como un asunto de orden psicol&oacute;gico, m&aacute;s que de orden pol&iacute;tico<Sup>30</Sup>.</p>      <p><B>Debates sobre la perspectiva del trauma </b></p>      <p>A pesar del predominio del lugar explicativo del PSTD y el crecimiento de entidades dedicadas a su investigaci&oacute;n, en paralelo han aparecido debates que se&ntilde;alan sus l&iacute;mites y controversias. Un primer debate, de orden epistemol&oacute;gico, se&ntilde;ala c&oacute;mo el PSTD propone un modelo occidental &uacute;nico, capaz de ofrecer herramientas est&aacute;ndar para cualquier tipo de poblaci&oacute;n<Sup>31-33</Sup> desconociendo las particularidades de cada contexto. Al abordar respuestas fisiol&oacute;gicas universales, esta tendencia refuerza el positivismo hegem&oacute;nico con el que la psiquiatr&iacute;a contempor&aacute;nea ha esencializado el modelo biom&eacute;dico, imponiendo categor&iacute;as sin el reconocimiento y la validaci&oacute;n cultural debidos. Kleinman ha llamado a este pretendido universalismo la falacia del diagn&oacute;stico de PSTD, que pretende homologar la interpretaci&oacute;n de s&iacute;ntomas semejantes en contextos culturales diversos<Sup>23</Sup>. La respuesta a estas cr&iacute;ticas ha conducido a la adaptaci&oacute;n de los instrumentos y las herramientas de diagn&oacute;stico y reconocer la presencia de factores moduladores de la respuesta al trauma, tales como la gravedad y la intensidad, y algunas caracter&iacute;sticas del individuo, como sexo, experiencia previa, caracter&iacute;sticas de la personalidad, antecedentes psicopatol&oacute;gicos, etc.<Sup>34</Sup>. En segundo lugar, desde el punto de vista sociot&eacute;cnico, se discute el posicionamiento de medidas terap&eacute;uticas altamente medicalizadas, en detrimento de mecanismos end&oacute;genos, locales y culturales de recuperaci&oacute;n y afrontamiento. Al subestimar los factores socioculturales y situacionales, la v&iacute;ctima se convierte en consumidor pasivo, mientras el experto asume el papel protag&oacute;nico<Sup>32,35</Sup>. Una tercera controversia hace referencia a la prioridad que se asigna al an&aacute;lisis individual basado en la respuesta psicofisiol&oacute;gica, desconociendo la dimensi&oacute;n colectiva y los factores socioculturales que subyacen a las respuestas particulares<Sup>12,31,32,36</Sup>. Esta cr&iacute;tica se correlaciona con la descontextualizaci&oacute;n tanto de las respuestas de las poblaciones como de las intervenciones requeridas. No es deseable, ni &eacute;tica ni pol&iacute;ticamente, generar intervenciones individuales sobre un fen&oacute;meno colectivo como es la guerra<Sup>26</Sup>, en tanto esta no es una experiencia privada, y el sufrimiento que genera debe resolverse necesariamente en el contexto social<Sup>12</Sup>. Finalmente, y m&aacute;s all&aacute; de las discusiones de orden pragm&aacute;tico y/o instrumental, Kienzler<Sup>34 </Sup>afirma que lo m&aacute;s importante es reconocer que el conocimiento psicol&oacute;gico es el producto de una cultura particular en un momento particular, esto es, forma parte de un sistema etnom&eacute;dico, como cualquier otro. Por lo tanto, el PSTD no es solo producto del trauma en s&iacute; mismo, sino del trauma y la cultura actuando juntas. Supone que tanto v&iacute;ctimas como investigadores y profesionales forman parte de dichos circuitos culturales. Este supuesto debe acompa&ntilde;ar cualquier acercamiento al fen&oacute;meno.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><B>Inclusi&oacute;n de la dimensi&oacute;n social y colectiva del trauma: la ampliaci&oacute;n de la mirada </b></p>      <p>Las cr&iacute;ticas se&ntilde;aladas al PSTD se dirigen a los supuestos del positivismo y su correlato en el modelo biom&eacute;dico psiqui&aacute;trico, y abogan por la exploraci&oacute;n de otras v&iacute;as de abordaje. Los debates alrededor del trauma indican que tanto la epidemiolog&iacute;a cl&aacute;sica como los estudios focalizados en el PSTD se han vuelto limitados, te&oacute;rica y metodol&oacute;gicamente, para la exploraci&oacute;n de la violencia pol&iacute;tica y el trauma colectivo y el dise&ntilde;o de intervenciones efectivas, muy especialmente en el campo de la salud mental<Sup>37</Sup>. El sentido del debate no es negar la naturaleza traumatog&eacute;nica de la violencia pol&iacute;tica, sino el absolutismo de una respuesta &uacute;nica que, desde la perspectiva biom&eacute;dica del trauma, no logra captar en su totalidad la experiencia de las v&iacute;ctimas y los supervivientes<Sup>26</Sup>.</p>      <p>En el seno de las pr&aacute;cticas biom&eacute;dicas, y alimentadas en buena medida por los aportes de las ciencias sociales, aparece una serie de propuestas cuyo prop&oacute;sito es contribuir conceptual y metodol&oacute;gicamente a incorporar las necesidades de las comunidades afectadas por la guerra, as&iacute; como de los profesionales que acompa&ntilde;an a dichas poblaciones. Respecto a la salud mental, estas perspectivas permiten explorar las formas particulares de expresi&oacute;n del bienestar y la angustia, y al tiempo incorporar el significado personal y social de la experiencia en los pasos siguientes de integraci&oacute;n y recuperaci&oacute;n<Sup>27</Sup>. La experiencia violenta aparece de esta forma atravesada por estructuras sociales, econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y culturales que permean tanto la construcci&oacute;n de su significado como las respuestas materiales y/o simb&oacute;licas implementadas por los individuos y los grupos sociales<Sup>31</Sup>. Estas nuevas miradas ampl&iacute;an su alcance en una perspectiva colectiva que enfatiza las relaciones y los intercambios sociales. Desde la dimensi&oacute;n cultural, el trauma aparece como experiencia compartida de los miembros de una colectividad que les ha dejado marcas en su conciencia grupal, su memoria y sus procesos identitarios. M&aacute;s all&aacute; del evento en s&iacute;, son los significados compartidos de la experiencia lo que va configurando el proceso del trauma cultural y construye respuestas sociales y simb&oacute;licas a lo sucedido, las v&iacute;ctimas, los perpetra-dores, las comunidades y sus interrelaciones<Sup>38</Sup>. Otros aportes en esta misma l&iacute;nea son los de Martin Bar&oacute; en Centroam&eacute;rica, quien en la d&eacute;cada de los ochenta introdujo el constructo de trauma psicosocial. Esta noci&oacute;n permite nombrar los efectos de la guerra en la forma de ser y actuar de las personas, as&iacute; como su cristalizaci&oacute;n en las relaciones entre ellas y los grupos sociales: &laquo;El efecto m&aacute;s delet&eacute;reo de la guerra en la salud mental hay que buscarlo en el socavamiento de las relaciones sociales, que es el andamiaje donde nos construimos hist&oacute;ricamente como personas y como comunidad humana. Aflore o no en trastornos individuales, el deterioro de la convivencia social es ya, en s&iacute; mismo, un grave trastorno social, un empeoramiento en nuestra capacidad colectiva de trabajar y amar, de afirmar nuestra peculiar identidad, de decir nuestra palabra personal y comunitaria en la historia de los pueblos&raquo;<Sup>39</Sup>.</p>      <p>Por su parte, Janine Puget, desde el lugar del psicoan&aacute;lisis, considera que los eventos traum&aacute;ticos instauran una nueva subjetividad social, en la medida en que irrumpen en los v&iacute;nculos sociales y de intercambio. Define el traumatismo social como el efecto derivado de dichos eventos en las modalidades y las expresiones del intercambio subjetivo<Sup>40</Sup>. Desde la antropolog&iacute;a, por su parte, se acu&ntilde;a la noci&oacute;n de sufrimiento social. Dicha noci&oacute;n nombra los efectos de la estructura de poderes institucionalizados y su influencia en las respuestas sociales<Sup>41</Sup>. Involucra niveles de an&aacute;lisis tanto macroestructurales como microsociales, lo cual permite entender c&oacute;mo se genera el sufrimiento en el conjunto de unas condiciones hist&oacute;ricas y sociales determinadas<Sup>27</Sup>, y no de forma aislada<Sup>13</Sup>. El sufrimiento se considera una experiencia humana universal, en la que individuos y grupos soportan determinados cargas, problemas y heridas graves en el cuerpo y el esp&iacute;ritu. Sin embargo, no hay una sola forma de sufrir, las percepciones y las expresiones son diversas, incluso en la misma comunidad: diferencias de sexo, edad, grupo, etnia, religi&oacute;n, y situaci&oacute;n econ&oacute;mica, as&iacute; como los procesos globales, influyen en los mundos locales y transforman el sufrimiento en una experiencia intersubjetiva compleja<Sup>34</Sup>. El sufrimiento repercute en los cuerpos y los lugares sociales, agrupando un amplio espectro de situaciones de dolor producto de la experiencia social, as&iacute; como una serie de m&eacute;todos de resistencia visibles en el cuerpo y en el lenguaje<Sup>42</Sup>.</p>      <p><B>El enfoque psicosocial: una mirada integradora </b></p>      <p>En el panorama de la investigaci&oacute;n y la pr&aacute;ctica del cuidado de la salud mental, aparecen fundamentalmente dos propuestas polarizadas. Por un lado, est&aacute;n las centradas en la perspectiva del trauma psiqui&aacute;trico anteriormente presentada y, por el otro, las aproximaciones desde el llamado enfoque psicosocial<Sup>43</Sup>. Este enfoque recoge los elementos conceptuales relacionados con la dimensi&oacute;n colectiva del trauma y fundamentalmente se constituye en una propuesta metodol&oacute;gica y pr&aacute;ctica de acompa&ntilde;amiento. All&iacute;, se otorga un lugar central a las situaciones de la cotidianidad que inundan las narrativas de las v&iacute;ctimas, incluso en mayor proporci&oacute;n que las directamente relacionadas con la experiencia de guerra<Sup>44,45</Sup>. El enfoque psicosocial invita a integrar lo emocional y lo social tanto en la evaluaci&oacute;n de los impactos de la violencia pol&iacute;tica en individuos, familias y comunidades como en los procesos de recuperaci&oacute;n. Enmarcada en las particularidades del contexto donde se genera la experiencia y la categor&iacute;a de sujetos de derechos, se enfatiza en esta propuesta la importancia de las redes de soporte social y el reconocimiento de los recursos propios<Sup>17,46-48</Sup>. Hay quienes afirman que el acompa&ntilde;amiento psicosocial supera el abordaje de la atenci&oacute;n en salud mental tradicional<Sup>47</Sup>, mientras otros entienden lo psicosocial como una forma de abordaje de la salud mental.</p>      <p>El aporte importante de las propuesta de acompa&ntilde;amiento psicosocial es su pretensi&oacute;n expl&iacute;cita de no homogeneizar a las v&iacute;ctimas ni las situaciones. Cada situaci&oacute;n es una experiencia particular y diferencial, pero adem&aacute;s din&aacute;mica en su temporalidad. La situaci&oacute;n de los sujetos es distinta antes, durante y despu&eacute;s del conflicto. Las personas afectadas no pueden ser tomadas como una categor&iacute;a homog&eacute;nea<Sup>44</Sup>. Su experiencia subjetiva est&aacute; atravesada por moduladores como sexo, clase y etnia, que la hacen heterog&eacute;neas<Sup>49-51 </Sup>. Los supervivientes no son recipientes pasivos de los efectos psicol&oacute;gicos negativos. Por el contrario, son sujetos activos en los procesos de resolver sus problemas, negociar la vida interrumpida, sus p&eacute;rdidas, los choques culturales, la configuraci&oacute;n de s&iacute; mismos, de sus comunidades y, finalmente, el legado de la guerra en s&iacute; misma, dentro de sus trayectorias vitales individuales y colectivas<Sup>34</Sup>.</p>      <p>Desde este lugar comprensivo, las tradiciones culturales y comunitarias representan importantes fuentes de resiliencia y se constituyen en recursos para dar sentido a la experiencia vivida y desarrollar estrategias de afrontamiento<Sup>26</Sup>. La utilizaci&oacute;n de recursos end&oacute;genos pone en escena la tensi&oacute;n entre el punto de vista m&eacute;dico terap&eacute;utico y el sociomoral, la centralidad de los procesos psicol&oacute;gicos frente a los procesos sociales y la importancia de la reconstrucci&oacute;n y la recuperaci&oacute;n en el &aacute;mbito de la vida diaria. Summerfield<Sup>12</Sup>, enfatiza: &laquo;la pregunta de c&oacute;mo las personas se recuperan de las atrocidades y de la guerra es profunda, pero la lecci&oacute;n que la historia nos ense&ntilde;a es muy sencilla. Recuperarse no es un proceso discreto, sino por sobre todo pr&aacute;ctico y relativamente simple: sucede en la vida de la gente m&aacute;s que en sus mecanismos intraps&iacute;quicos  o en su psicolog&iacute;a. Recuperase es un retorno a la vida cotidiana, familiar y comunitaria, en lo cultural, lo religioso y en la recuperaci&oacute;n de las funciones econ&oacute;micas, que hacen al mundo inteligible&raquo;.</p>     <p><B>A modo de cierre: la salud mental en el &aacute;mbito de lo micropol&iacute;tico </b></p>      <p>La perspectiva que introducen las ciencias sociales al campo de la salud mental indica su insoslayable incursi&oacute;n en las arenas de lo micropol&iacute;tico. Esto conlleva una forma alternativa de entender la pol&iacute;tica y, por ende, el poder; es situar el poder en procesos micro como los que envuelven a las situaciones personales y emocionales, y darles legitimidad en lo p&uacute;blico. Lo p&uacute;blico no es en este caso el terreno de lo institucional-estatal, sino el escenario de encuentro de las personas y las cosas, en el espacio de lo cotidiano y lo pr&oacute;ximo<Sup>52</Sup>. En ellos se expresa y se experimenta el sufrimiento y los efectos de la violencia pol&iacute;tica en la producci&oacute;n y la transformaci&oacute;n de la vida cotidiana. Una mirada desde lo pol&iacute;tico permite examinar las diversas din&aacute;micas por cuyo medio se movilizan recursos, con el fin de &laquo;agredir, defenderse, protegerse, acallarse y olvidar o recordar y hacer el duelo&raquo;<Sup>53</Sup>. Como se&ntilde;ala Jimeno, &laquo;referirse a la violencia anteponiendo la palabra &lsquo;experiencia' busca apuntalar el enfoque que considera la acci&oacute;n violenta desde el punto de vista de los sujetos involucrados, a mirarla desde su perspectiva, a colocarla en el terreno mismo de la subjetividad&raquo;<Sup>54</Sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La aproximaci&oacute;n a lo micropol&iacute;tico se logra en la medida en que se redimensionan los alcances de la experiencia violenta sobre la vida cotidiana y las relaciones sociales, y se reconoce all&iacute; un terreno propicio para entender la salud mental como un &aacute;mbito eminentemente relacional e hist&oacute;rico, antesala de la acci&oacute;n pol&iacute;tica y la responsabilidad social. Cuando un colectivo conoce la fuente de su sufrimiento, se hace cargo de ella y comparte el sufrimiento de otros, se fortalece su sentido de solidaridad<Sup>38</Sup> y dirige su mirada a la recuperaci&oacute;n de las heridas en los &aacute;mbitos locales<Sup>52</Sup>. Adicionalmente, esta mirada micropol&iacute;tica alude al distanciamiento necesario de sistemas de diagn&oacute;stico que ocultan la dimensi&oacute;n social, rompiendo con los roles y guiones predeterminados, tanto de los profesionales como de los individuos y los colectivos<Sup>55</Sup>. Parte de la lucha es salirse de la estructura dicot&oacute;mica del modelo biom&eacute;dico que pone el sufrimiento del lado de la patolog&iacute;a, en el sentido m&eacute;dico del t&eacute;rmino, y la ausencia de sufrimiento como una buena salud mental. Como se ha expuesto anteriormente, sufrir no es una enfermedad, sino una situaci&oacute;n de la existencia, que permite al sujeto interactuar con su realidad y constituirse como tal<Sup>56</Sup>. El reciente fen&oacute;meno de las comisiones de la verdad representa un amplio deseo de hablar acerca de lo que ha sucedido y c&oacute;mo la gente ha sufrido, en un contexto social y pol&iacute;tico m&aacute;s que en un contexto m&eacute;dico. Las personas que han sido afectadas por violencia pol&iacute;tica usualmente no se ven a s&iacute; mismas como enfermas. Verlos como enfermos, y no como v&iacute;ctimas de un sistema opresivo, contribuye a aumentar su sufrimiento. La medicalizaci&oacute;n en este contexto es despolitizaci&oacute;n, cuando no nueva opresi&oacute;n, pero adem&aacute;s entorpece los procesos de recuperaci&oacute;n, en la medida en que el se&ntilde;alamiento como enfermos los distancia del contexto pol&iacute;tico de su sufrimiento y de la intencionalidad pol&iacute;tica que lo ha causado<Sup>57</Sup>. Esto no significa desconocer que hay personas afectadas gravemente que requieren un soporte especializado, pero s&iacute; evitar la estigmatizaci&oacute;n, que tiende a ver a todos como traumatizados, de tal forma que se patologizan respuestas normales y se reduce a t&eacute;rminos m&eacute;dicos una compleja situaci&oacute;n pol&iacute;tica, hist&oacute;rica y cultural<Sup>17,44</Sup>.</p>      <p>Esta incursi&oacute;n en lo micropol&iacute;tico privilegia la atenci&oacute;n sobre lo local, lo marginal, lo perif&eacute;rico, como &laquo;otros&raquo; lugares reticulados del poder y la resistencia, y terap&eacute;uticamente implica reconocer la imposibilidad de cambiar al otro, la necesidad de construir respuestas conjuntamente, evitando discursos moralizadores y predicciones basadas en estatus profesionales y cient&iacute;ficos<Sup>55</Sup>. Parte de esta ruta es contribuir desde el campo de la salud mental a fortalecer los procesos que permitan a los sujetos que han sufrido eventos violentos transitar de su situaci&oacute;n de v&iacute;ctimas hacia la de supervivientes con capacidad de agencia<Sup>44</Sup>. Como afirma Furtos<Sup>56</Sup>, la propuesta por una nueva salud mental apuesta a que quien sufre no desaparezca en tanto que sujeto y tenga, por el contrario, un lugar para ocupar tanto en la escena privada como en las diferentes escenas p&uacute;blicas.</p>      <p>As&iacute;, incursionar en lo micropol&iacute;tico desde la salud mental implica superar la mirada individualista e interrogar las relaciones interpersonales e intergrupales que emergen en el seno de acontecimientos, como los que origina la violencia pol&iacute;tica<Sup>39</Sup>. Igualmente, se orienta a reconocer las movilizaciones suscitadas en la capacidad de transformaci&oacute;n de la realidad por los sujetos, su participaci&oacute;n en la toma de decisiones, la producci&oacute;n de beneficios colectivos, la creatividad, la respuesta cr&iacute;tica a los problemas sociales<Sup>58</Sup>, es decir, c&oacute;mo los contextos de violencia pol&iacute;tica modifican el sentido de lo p&uacute;blico, de la cohesi&oacute;n social y el tejido comunitario<Sup>59</Sup>. La categor&iacute;a de sufrimiento, por oposici&oacute;n a la categor&iacute;a de enfermedad, permite politizar e historizar el proceso de constituci&oacute;n de los sujetos, en relaci&oacute;n con la singularidad de la experiencia vivida y de los eventos de la vida cotidiana<Sup>37</Sup>. Desde esta perspectiva, las preguntas y los debates se extienden en complejidad y alcance, en una ruta superadora de la mirada epidemiol&oacute;gica biom&eacute;dica, individualizada y de corto plazo. Atender a quien sufre partiendo de categor&iacute;as m&aacute;s activas para el sujeto y su dignidad, apart&aacute;ndose del convencional lenguaje del trauma, no significa minimizar el sufrimiento, sino, al contrario, dar cr&eacute;dito y valor a los recursos propios y a las redes de soporte<Sup>60</Sup>, que son pilares fundamentales para la salud mental.</p>      <p><B><font size="3">Conflicto de intereses</font></b></p>      <p>La autora declara no tener ning&uacute;n conflicto de intereses.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>1. Minayo MC. Social violence from a public health perspective. Cad Sa&uacute;de P&uacute;bl. 1994;10 Supl 1:7-18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0034-7450201300030000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Relaciones entre procesos sociales, violencia y calidad      de vida. Salud Colect. 2005;1:69-78.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0034-7450201300030000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>3. A inclus&atilde;o da viol&ecirc;ncia na agenda da sa&uacute;de: trajet&oacute;ria  hist&oacute;rica. Cien Saude Colet. 2007;11 Supl:1259-67.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0034-7450201300030000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4. Krug EG, Dahlberg LL, Mercy JA, Zwi AB, Lozano R. Collective violence. En: World report on violence and health. Geneva: World Health Organisation; 2002. p. 215-40.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0034-7450201300030000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Dahlberg LL, Krug EG. Viol&ecirc;ncia: um problema global      de sa&uacute;de p&uacute;blica. Cien Saude Colet. 2007;11 Supl:1163-78.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0034-7450201300030000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. Prieto A. Salud mental: situaci&oacute;n y tendencias.      Rev Salud P&uacute;blica (Bogot&aacute;). 2002;4:74-88.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0034-7450201300030000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7. Ribeiro WS, Andreoli SB, Ferri CP, Prince M, Mari J. Exposure to violence and mental health problems in low and middle-income countries: a literature review. Rev Bras Psiquiatr. 2009;31 Supl II:49-57.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0034-7450201300030000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>8. World report on violence and health: summary. Geneva:      WHO; 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0034-7450201300030000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>9. Marco Conceptual Banco de Datos de Derechos Humanos      y Violencia Pol&iacute;tica. Bogot&aacute;: CINEP; 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0034-7450201300030000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. Matzopoulos R, Bowman B, Butchart A, Mercy JA. The impact of violence on health in low- to middle-income countries. Int J Inj Contr Saf Promot. 2008;15:177-87.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0034-7450201300030000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. Pellegrini A. La violencia y la salud p&uacute;blica. Rev Panam Salud P&uacute;blica. 1999;5:219-21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0034-7450201300030000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12. Summerfield D. War and mental health: a brief overview. BMJ. 2000;321:232-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0034-7450201300030000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>13. Pedersen D. Political violence, ethnic conflict, and contemporary wars: broad implications for health and social well-being. Soc Sci Med. 2002;55:175-90.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0034-7450201300030000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>14. Kirmayer LJ, Kienzler H, Afana AH, Pedersen D. Trauma and disasters in social and cultural context. En: Bhugra D, Morgan C, editores. Principles of social psychiatry. 2.<Sup>a</Sup> ed. New York: Wiley-Blackwell; 2010. p. 155-77.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0034-7450201300030000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. McDougal L, Beard J. Revisiting Sphere: new standards of service delivery for new trends in protracted displacement. Disasters. 2010;35:87-101.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0034-7450201300030000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16. Mollica RF, Cardozo BL, Osofsky H J, Raphael B, Ager A, Salama P. Mental health in complex emergencies. Lancet. 2004;364:2058-67.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0034-7450201300030000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17. Ager A. Psychosocial needs in complex emergencies. Lancet. 2002;360 Suppl:43-4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0034-7450201300030000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>18. Calhoun C. The idea of emergency: Humanitarian action and global (dis)order. En: Fassin D, Pandolfi M, editores. Contemporary states of emergency. The politics of military and humanitarian interventions. Cambridge: MIT; 2010. p. 29-58.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0034-7450201300030000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>19. Hacking I. Rewriting the Soul. Multiple personality and the sciences of memory. Princeton: Princeton University Press; 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0034-7450201300030000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>20. Young A. The armony of illusions: inventing post-traumatic stress disorder. Princeton: Princeton University Press; 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0034-7450201300030000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>21. Young A. An alternative history of traumatic stress. En: Shalev A, Yehuda R, McFarlane A, editores. International handbook of human response to trauma. New York: Kluwer Academic/Plenum; 2000. p. 51-66.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0034-7450201300030000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>22. Quevedo E. El proceso S-E: hacia una cl&iacute;nica y una epidemiologia no positivistas. En: Cardona A, coordinador. Sociedad y salud. Bogot&aacute;: Zeus Asesores; 1992. p. 5-85.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0034-7450201300030000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>23. Miller KE, Kulkarni M, Kushner H. Beyond trauma-focused psychiatric epidemiology: bridging research and practice with war-affected populations. Am J Orthopsychiatry. 2006;76:409-22.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0034-7450201300030000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>24. McNally RJ. Progress and controversy in the study of posttraumatic stress disorder. Annu Rev Psychol. 2003;54:229-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0034-7450201300030000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. Summerfield D. The invention of post-traumatic stress disorder and the social usefulness of a psychiatric category. BMJ. 2001;322:95-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0034-7450201300030000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>26. Kirmayer LJ, Rousseau C, Measham T, Khan Y. Sociocultural considerations. En: Benedek D, Wynn GH, editores. Clinical manual for the management of posttraumatic stress disorder. Washington: American Psychiatric Publishing; 2010. p. 1-42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0034-7450201300030000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>27. Kirmayer LJ, Lemelson R, Barad M. Understanding trauma: Integrating biological, clinical, and cultural perspectives. New York: Cambridge University Press; 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0034-7450201300030000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>28. Theidon K. Entre pr&oacute;jimos. El conflicto armado interno y la pol&iacute;tica de la reconciliaci&oacute;n en el Per&uacute;. Lima: IEP; 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0034-7450201300030000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>29. Shalev A. Treating survivors in the immediate aftermath of traumatic events. En: Yehuda R, editor. Treating trauma survivors with PTSD. Washington: American Psychiatric Publishing; 2002. p. 157-88.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0034-7450201300030000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>30. Pupavac V. War on the couch. The emotionology of the New International Security Paradigm. Eur J Soc Theory. 2004;7:149-70.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0034-7450201300030000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>31. Bracken P, Giller J, Summerfield D. Responses to war and atrocity: the limitations of current concepts. Soc Sci Med. 1995;40:1073-82.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0034-7450201300030000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>32. Summerfield D. El impacto de la guerra y de la atrocidad en las poblaciones civiles. En: Casta&ntilde;o B, Jaramillo L, Summerfield D, editores. Violencia pol&iacute;tica y trabajo psicosocial. Aportes al debate. Bogot&aacute;: Corporaci&oacute;n AVRE Prisma; 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0034-7450201300030000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>33. Bracken P. Trauma: culture, meaning and philosophy. London: Whurr; 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0034-7450201300030000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>34. Kienzler H. Debating war-trauma and post-traumatic stress disorder (PTSD) in an interdisciplinary arena. Soc Sci Med. 2008;67:218-27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0034-7450201300030000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>35. Young A, Breslau N. Troublesome memories: Reflections on the future. J Anxiety Disord. 2007;21:230-2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0034-7450201300030000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>36. Kleinmahn A, Cohen A. El problema mundial de los trastornos mentales. Investig Cienc. 1997;248:32-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0034-7450201300030000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>37. Augsburger C, Gerlero S. La construcci&oacute;n interdisciplinaria: potencialidades para la epidemiolog&iacute;a en salud mental. Kairos. 2005;9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0034-7450201300030000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>38. Alexander JC. Cultural trauma and collective identity. Berkeley: University of California Press; 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0034-7450201300030000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>39. Mart&iacute;n-Bar&oacute; I. Guerra y salud mental. Estud Cent Am. 1984;429/430:503-14.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0034-7450201300030000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>40. Puget J. Traumatismo social: memoria social y sentimiento de pertenencia. Memoria social-memoria singular. Psicoan&aacute;lisis APdeBA. 2000;32:455-82.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0034-7450201300030000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>41. Kleinman A, Das V, Lock M. Social suffering. Berkeley: University of California Press; 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0034-7450201300030000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>42. Coin de Carvalho J. Viol&ecirc;ncia e sofrimento social: a resistencia feminina na obra de Veena Das. Sa&uacute;de Soc. 2008;17:9-18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0034-7450201300030000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>43. Miller K E, Rasmussen A. War exposure, daily stressors, and mental health in conflict and post-conflict settings: Bridging the divide between trauma-focused and psychosocial frameworks. Soc Sci Med. 2010;70:7-16.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0034-7450201300030000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>44. Wessells MG. Do no harm: Toward contextually appropriate psychosocial support in international emergencies. Am Psychol. 2009;64:842-54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0034-7450201300030000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>45. Kirmayer L J. Nightmares, neurophenomenology and the cultural logic of trauma. Cult Med Psychiatry. 2009;33:323-31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0034-7450201300030000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>46. Ar&eacute;valo NL. Atenci&oacute;n y reparaci&oacute;n psicosocial en contextos de violencia sociopol&iacute;tica: una mirada reflexiva. Rev Estudios Sociales. 2010;36:29-39.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0034-7450201300030000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>47. Corporaci&oacute;n AVRE y Corporaci&oacute;n V&iacute;nculos. Los derechos de las v&iacute;ctimas y conceptos clave del acompa&ntilde;amiento psicosocial. Bogot&aacute;: AVRE y V&iacute;nculos; 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0034-7450201300030000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>48. Rebolledo O, Rond&oacute;n L. Reflexiones y aproximaciones al trabajo psicosocial con v&iacute;ctimas individuales y colectivas en el marco del proceso de reparaci&oacute;n. Rev Estudios Sociales. 2010;36:40-50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0034-7450201300030000600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>49. Cockburn C. Gender, armed conflict and political violence. En: Moser C, Clark F, editores. Victims, perpetrators or actors? Gender, armed conflict and political violence. London: Zed Books; 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0034-7450201300030000600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>50. Cockburn C. From where we stand: war, women's activism and feminist analysis. London: Zed Books; 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0034-7450201300030000600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>51. Menjivar C. Violence and women's lives in Eastern Guatemala: a conceptual Framework. Working Paper. 2008;290:1-23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0034-7450201300030000600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>52. Blair E. Micropol&iacute;tica de la(s) memoria(s): El sentido pol&iacute;tico de la dignidad. Desde la regi&oacute;n. 2011;54:19-30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0034-7450201300030000600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>53. Ortega F. Violencia social e historia: el nivel del acontecimiento. Universitas human&iacute;stica. 2008;66:31-56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0034-7450201300030000600053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>54. Jimeno M. Lenguaje, subjetividad y experiencias de violencia. Ant&iacute;poda. 2007;5:169-90.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0034-7450201300030000600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>55. Pakman M. Palabras que permanecen, palabras por venir. Micropol&iacute;tica y po&eacute;tica en psicoterapia. Barcelona: Gedisa; 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0034-7450201300030000600055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>56. Furtos J. Sufrir sin desaparecer. En: Rodr&iacute;guez A, compilador. Psiquiatr&iacute;a y sociedad. La salud mental frente al cambio social. Bogot&aacute;: Kimpres; 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0034-7450201300030000600056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>57. Blackwell D. Psychotherapy, politics and trauma: Working with survivors of torture and organized violence. Group Analysis. 2005;38:307-23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0034-7450201300030000600057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>58. Rodr&iacute;guez R. El Hombre como ser social y la salud mental positiva. Investigaci&oacute;n en salud. 2005;7:105-11.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0034-7450201300030000600058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>59. Galende E. De un horizonte incierto. Psicoan&aacute;lisis y salud mental en la sociedad actual. Buenos Aires: Paid&oacute;s; 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0034-7450201300030000600059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>60. Summerfield D. Cross-cultural perspectives on the medicalization of human suffering. En: Rosen G, editor. Posttraumatic stress disorder. Issues and controversies. West Sussex: John Wiley &amp; Sons; 2004. p. 233-45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0034-7450201300030000600060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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