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<article-id pub-id-type="doi">10.1016/j.rcp.2015.07.005</article-id>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Manifestaciones psiquiátricas por priones. Una revisión narrativa]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Prion diseases are a group of rare and rapidly progressive neurodegenerative conditions that may cause neuropsychiatric symptoms. This group of diseases has been described since the 18th century, but they were recognized decades later, when it became clear that the humans were affected by infected animals. There was controversy when the problem was attributed to a single protein with infective capacity. The common pathological process is characterized by the conversion of the normal cellular prion protein into an abnormal form. In humans, the illness has been classified as idiopathic, inherited and acquired through exposure to exogenous material containing abnormal prions. The most prominent neurological manifestation of prion diseases is the emergence of a rapidly progressive dementia, mioclonus associated with cerebellar ataxia and also extra pyramidal symptoms. Psychiatric symptoms occur in early stages of the illness and can contribute to timely diagnosis of this syndrome. Psychiatric symptoms have traditionally been grouped in three categories: affective symptoms, impaired motor function and psychotic symptoms. Such events usually occur during the prodromal period prior to the neurological manifestations and consists in the presence of social isolation, onset of delusions, irritability/aggression, visual hallucinations, anxiety and depression, and less frequent first-rank symptoms among others. Definite diagnosis requires post mortem examination. The possibility that a large number of cases may occur in the next years or that many cases have not been considered with this diagnosis is a fact. In our opinion, psychiatrists should be aware of symptoms of this disease. The main objective of this research consisted of assessing the correlation between this disturbance and neuro-psychiatric symptoms and particularly if this psychiatric manifestations integrate a clinical picture suggestive for the diagnosis of these diseases, but firstly reviewed taxonomic, pathogenic and pathological aspects. The authors of this project also added an element in relation to some diagnostic considerations based on scientific evidence. For the search controlled descriptors applied to the research for indexing scientific articles in databases were used. The electronic data bases used were PubMed, EMBASE and also PsycInfo. The descriptors were prion diseases, psychotic disorders, depression, mood disorders, pathology, classification, prion protein, history, neurological manifestations, and psychiatric manifestations. The selection criteria for the material were qualitative. To conclude, and based on the extensive literature review, the authors propose that the period where the evidence is more robust for mental impaired is named "psychiatric symptoms phase, which can be extended for a few months, being the psychiatric affective symptoms the most characteristic of this phase. In conclusion, we considered that the identification of these symptoms in a patient with risk factors for developing the disease will contribute to the early identification, and would regulate the guidelines in suspected diagnosis of this group of disorders. The intention is provide a better quality of life to the sick people.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Enfermedades priónicas]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p><a href="http://dx.doi.org/10.1016/j.rcp.2015.07.005" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1016/j.rcp.2015.07.005</a></p>      <p><b>Art&iacute;culo de revisi&oacute;n</b></p>      <p align="center"><font size="4"><b>Manifestaciones psiqui&aacute;tricas por priones. Una revisi&oacute;n narrativa</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>Psychiatric manifestations by prions. A narrative review</b></font></p>      <p align="center"><i>Daniel Carrillo Robles</i><sup>a,*</sup><i> y Gerardo Garc&iacute;a Maldonado</i><sup>a,b</sup></p>      <p><sup>a</sup> <i>Hospital Psiqui&aacute;trico de Tampico, Secretaria de Salud, Tampico, Tamaulipas, M&eacute;xico</i>    <br> <sup>b</sup> <i>Universidad del Noreste, Tampico, Tamaulipas, M&eacute;xico</i></p>      <p><sup>*</sup> Autor para correspondencia. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:drjdaniel_cr@hotmail.com">drjdaniel_cr@hotmail.com</a> (D. Carrillo Robles).</p>      <p><i><b>Historia del art&iacute;culo: </b></i>Recibido el 6 de noviembre de 2014 Aceptado el 23 de julio de 2015 <i>On-line</i>el 15 de septiembre de 2015</p> <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Resumen</b></p>      <p>Las enfermedades pri&oacute;nicas son un grupo de enfermedades neurodegenerativas raras y r&aacute;pidamente progresivas que causan s&iacute;ntomas neuropsiqui&aacute;tricos diversos. Estas enfermedades se describieron hace m&aacute;s de 200 arios, y con el tiempo se reconoci&oacute; que los animales eran portadores de esta alteraci&oacute;n; sin embargo, hasta finales de los noventa este problema conmocion&oacute; Europa, ya que para entonces la enfermedad hab&iacute;a cruzado la barrera de especie y pod&iacute;a afectar al hombre. La pol&eacute;mica fue mayor al atribuirse la alteraci&oacute;n a una prote&iacute;na con capacidad infecciosa. El proceso patol&oacute;gico com&uacute;n se caracteriza por la conversi&oacute;n de la prote&iacute;na pri&oacute;nica celular normal (PsPc) a una forma an&oacute;mala y patol&oacute;gica (PrPSc). En el ser humano se han clasificado como padecimientos idiop&aacute;ticos, hereditarios o adquiridos por la exposici&oacute;n a material ex&oacute;geno con contenido pri&oacute;nico. La manifestaci&oacute;n neurol&oacute;gica m&aacute;s sobresaliente de las prionopat&iacute;as consiste en la aparici&oacute;n de una demencia r&aacute;pidamente progresiva asociada a mioclon&iacute;as y ataxia cerebelosa, adem&aacute;s de s&iacute;ntomas extrapiramidales. Los s&iacute;ntomas psiqui&aacute;tricos ocurren en etapas tempranas de la enfermedad y su presencia, adem&aacute;s de la valoraci&oacute;n de factores de riesgo, puede contribuir al diagn&oacute;stico oportuno de este s&iacute;ndrome. Cl&aacute;sicamente los s&iacute;ntomas psiqui&aacute;tricos se han agrupado en tres categor&iacute;as: s&iacute;ntomas afectivos, alteraciones de la motricidad y s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos. Este tipo de manifestaciones suele aparecer durante un periodo prodr&oacute;mico previo a los signos neurol&oacute;gicos y consiste en la aparici&oacute;n de aislamiento social, ideas delirantes, irritabilidad/agresi&oacute;n, alucinaciones predominantemente visuales, ansiedad y depresi&oacute;n, as&iacute; como otros menos frecuentes. El diagn&oacute;stico definitivo requiere de un estudio <i>post mortem. </i>La posibilidad de que un n&uacute;mero mayor de casos pueda ocurrir en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os o que en muchos pacientes no se haya considerado el diagn&oacute;stico es una realidad. En opini&oacute;n de los autores de este trabajo, los psiquiatras debemos tener conocimiento de los s&iacute;ntomas de esta enfermedad. El objetivo de esta investigaci&oacute;n es evaluar las alteraciones neuropsiqui&aacute;tricas presentes en las prionopat&iacute;as y, en particular, determinar si las manifestaciones psiqui&aacute;tricas en conjunto integran un cuadro cl&iacute;nico que apunte al diagn&oacute;stico de estas enfermedades, aunque en primer t&eacute;rmino se revisan aspectos taxon&oacute;micos, patog&eacute;nicos y patol&oacute;gicos. Como elemento agregado en este trabajo, los autores hacen algunas consideraciones diagn&oacute;sticas basadas en la evidencia cient&iacute;fica disponible hasta el momento. Los descriptores controlados aplicados a la b&uacute;squeda bibliogr&aacute;fica son los utilizados para indexaci&oacute;n de art&iacute;culos cient&iacute;ficos en las bases de datos. Las bases de datos y EMBASE, aunque tambi&eacute;n se emple&oacute; PsycInfo. Los descriptores empleados son: enfermedades pri&oacute;nicas, trastornos psic&oacute;ticos, depresi&oacute;n, trastornos afectivos, patolog&iacute;a, clasificaci&oacute;n, prote&iacute;na pri&oacute;nica, historia, manifestaciones neurol&oacute;gicas y manifestaciones psiqui&aacute;tricas. Los criterios de selecci&oacute;n de material fueron cualitativos. Como conclusi&oacute;n y con base en la extensa bibliograf&iacute;a revisada, los autores plantean que el periodo en que hay m&aacute;s evidencia de alteraciones en la esfera mental se denomine &laquo;fase de s&iacute;ntomas psiqui&aacute;tricos&raquo;, la cual puede extenderse por algunos meses (hasta 4). Los s&iacute;ntomas afectivos son los m&aacute;s caracter&iacute;sticos de dicha fase. Como conclusiones, se considera que la identificaci&oacute;n de estos s&iacute;ntomas en un paciente con factores de riesgo de sufrir esta enfermedad contribuir&iacute;a a la identificaci&oacute;n temprana del padecimiento y normar&iacute;a qu&eacute; pautas seguir ante la sospecha del diagn&oacute;stico de este grupo de trastornos, sobre todo con la idea de mejorar la calidad de vida de estos pacientes.</p>      <p><i><b>Palabras clave: </b></i>Enfermedades pri&oacute;nicas, Manifestaciones neurol&oacute;gicas, Manifestaciones psiqui&aacute;tricas, Prote&iacute;na pri&oacute;nica.</p> <hr>      <p><b>Abstract</b></p>      <p>Prion diseases are a group of rare and rapidly progressive neurodegenerative conditions that may cause neuropsychiatric symptoms. This group of diseases has been described since the 18<sup>th</sup> century, but they were recognized decades later, when it became clear that the humans were affected by infected animals. There was controversy when the problem was attributed to a single protein with infective capacity. The common pathological process is characterized by the conversion of the normal cellular prion protein into an abnormal form. In humans, the illness has been classified as idiopathic, inherited and acquired through exposure to exogenous material containing abnormal prions. The most prominent neurological manifestation of prion diseases is the emergence of a rapidly progressive dementia, mioclonus associated with cerebellar ataxia and also extra pyramidal symptoms. Psychiatric symptoms occur in early stages of the illness and can contribute to timely diagnosis of this syndrome. Psychiatric symptoms have traditionally been grouped in three categories: affective symptoms, impaired motor function and psychotic symptoms. Such events usually occur during the prodromal period prior to the neurological manifestations and consists in the presence of social isolation, onset of delusions, irritability/aggression, visual hallucinations, anxiety and depression, and less frequent first-rank symptoms among others. Definite diagnosis requires post mortem examination. The possibility that a large number of cases may occur in the next years or that many cases have not been considered with this diagnosis is a fact.</p>      <p>In our opinion, psychiatrists should be aware of symptoms of this disease. The main objective of this research consisted of assessing the correlation between this disturbance and neuro-psychiatric symptoms and particularly if this psychiatric manifestations integrate a clinical picture suggestive for the diagnosis of these diseases, but firstly reviewed taxonomic, pathogenic and pathological aspects. The authors of this project also added an element in relation to some diagnostic considerations based on scientific evidence. For the search controlled descriptors applied to the research for indexing scientific articles in databases were used. The electronic data bases used were PubMed, EMBASE and also PsycInfo. The descriptors were prion diseases, psychotic disorders, depression, mood disorders, pathology, classification, prion protein, history, neurological manifestations, and psychiatric manifestations. The selection criteria for the material were qualitative. To conclude, and based on the extensive literature review, the authors propose that the period where the evidence is more robust for mental impaired is named &quot;psychiatric symptoms phase, which can be extended for a few months, being the psychiatric affective symptoms the most characteristic of this phase. In conclusion, we considered that the identification of these symptoms in a patient with risk factors for developing the disease will contribute to the early identification, and would regulate the guidelines in suspected diagnosis of this group of disorders. The intention is provide a better quality of life to the sick people.</p>      <p><i><b>Keywords: </b></i>Prion deseases, Neurological manifestations, Psychiatric manifestations, Prion protein.</p> <hr>      <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>      <p>Las enfermedades pri&oacute;nicas (tambi&eacute;n conocidas como prionopat&iacute;as o encefalopat&iacute;as espongiformes transmisibles) son un grupo de afecciones neurodegenerativas descritas por primera vez en el ganado ovino hace m&aacute;s de 200 a&ntilde;os. A finales de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os noventa esta enfermedad conmocion&oacute; al mundo tras sus primeras apariciones en seres humanos en el continente europeo<sup>1</sup>. El diagn&oacute;stico definitivo de este padecimiento se basa en el examen neuropatol&oacute;gico <i>post mortem </i>del cerebro, pues no existe una prueba cl&iacute;nica diagn&oacute;stica sensible y espec&iacute;fica en vida.</p>      <p>El diagn&oacute;stico probable se alcanza en funci&oacute;n de los criterios cl&iacute;nicos establecidos por la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS), los cuales se basan en la combinaci&oacute;n de caracter&iacute;sticas cl&iacute;nicas compatibles y un electroencefalograma caracter&iacute;stico o por la detecci&oacute;n de una prote&iacute;na neuronal que se acumula en el l&iacute;quido cefalorraqu&iacute;deo (LCR) en situaciones de destrucci&oacute;n neuronal importante, la cual se le conoce como prote&iacute;na 14-3-3. Los estudios de imagen servir&aacute;n de apoyo, pero solo son importantes para descartar otras enfermedades. Seg&uacute;n lo encontrado en diferentes reportes, durante la fase inicial de la enfermedad predominan s&iacute;ntomas neuropsiqui&aacute;tricos que pueden contribuir a la identificaci&oacute;n temprana del padecimiento.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Considerando el inter&eacute;s en el tema, as&iacute; como su trascendencia y su relevancia, y tomando en cuenta la importancia de que el psiquiatra en su actividad cl&iacute;nica cotidiana est&eacute; familiarizado con enfermedades potencialmente generadoras de manifestaciones psiqui&aacute;tricas, aun cuando estos padecimientos no sean muy frecuentes, se estim&oacute; pertinente explorar el estado actual de los conocimientos sobre el particular. En respuesta a este inter&eacute;s, se efectu&oacute; una revisi&oacute;n de la literatura. El objetivo general de este trabajo es conocer diversos aspectos relacionados con esta enfermedad teniendo como centro principal las manifestaciones neuropsiqui&aacute;tricas.</p>      <p>Para cumplir con este objetivo, se tom&oacute; la decisi&oacute;n de dividir este trabajo en tres apartados. El primero, muy breve, aborda t&oacute;picos muy generales de tipo hist&oacute;rico. La segunda secci&oacute;n incluye aspectos de definici&oacute;n y clasificaci&oacute;n, y acto seguido se examina lo concerniente a las caracter&iacute;sticas de la prote&iacute;na pri&oacute;nica celular, as&iacute; como la patogenia y la patolog&iacute;a. Tras esto, se establece una aproximaci&oacute;n a los tipos y las caracter&iacute;sticas de las manifestaciones neuropsiqui&aacute;tricas, no sin antes se&ntilde;alar brevemente elementos cl&iacute;nicos de tipo neurol&oacute;gico. Finalmente, en el tercer apartado se analizan detalles relacionados con la fenomenolog&iacute;a de las expresiones conductuales y psiqui&aacute;tricas de las prionopat&iacute;as. Con el prop&oacute;sito de que no sea solamente una revisi&oacute;n narrativa y descriptiva, los autores plantean algunas opiniones en el apartado de discusi&oacute;n con base en la bibliograf&iacute;a sobre algunas consideraciones diagn&oacute;sticas tomando en cuenta diversos elementos cl&iacute;nico-psiqui&aacute;tricos y, b&aacute;sicamente, seg&uacute;n el tiempo de evoluci&oacute;n o curso cl&iacute;nico de la enfermedad.</p>      <p><font size="3"><b>M&eacute;todos</b></font></p>      <p>De acuerdo con la pr&aacute;ctica basada en la evidencia, se efectu&oacute; una b&uacute;squeda computarizada de informaci&oacute;n utilizando la estrategia PICO (paciente o problema, intervenci&oacute;n, comparaci&oacute;n o control y <i>outcomes </i>o resultados). La idea de esta investigaci&oacute;n surgi&oacute; para responder el interrogante de si las prionopat&iacute;as son generadoras de alteraciones neuropsiqui&aacute;tricas. Seg&uacute;n la estrategia PICO, se describieron todos los componentes relacionados con el problema identificado y se estructur&oacute; la pregunta de investigaci&oacute;n: &iquest;Cu&aacute;les son las caracter&iacute;sticas m&aacute;s sobresalientes de las prionopat&iacute;as desde &aacute;ngulos tan diversos pero tan complementarios como los taxon&oacute;micos, cl&iacute;nicos y fenomenol&oacute;gicos (principalmente neuropsiqui&aacute;tricos), as&iacute; como patog&eacute;nicos y patol&oacute;gicos?</p>      <p>Acto seguido se inicio la b&uacute;squeda bibliogr&aacute;fica seleccionando en primer lugar como t&eacute;rminos de b&uacute;squeda descriptores relacionados con cada una de las etapas de la estrategia PICO. Los descriptores controlados aplicados son los utilizados para indexaci&oacute;n de art&iacute;culos cient&iacute;ficos en las bases de datos. Se utiliz&oacute; el MeSH (MEDLINE/PubMed) y el EMTREE (EMBASE). Las bases de datos electr&oacute;nicas utilizadas son precisamente PubMed y EMBASE, aunque tambi&eacute;n se emple&oacute; PsycInfo. Asimismo se manejaron los operadores boleanos (delimitadores) representados por los t&eacute;rminos AND, NOT y OR, con los que se realizaron combinaciones de palabras. Los descriptores empleados son: enfermedades pri&oacute;nicas, trastornos psic&oacute;ticos, depresi&oacute;n, trastornos afectivos, patolog&iacute;a, clasificaci&oacute;n, prote&iacute;na pri&oacute;nica, historia, manifestaciones neurol&oacute;gicas y manifestaciones psiqui&aacute;tricas. Los criterios de car&aacute;cter cualitativo para seleccionar el material fueron: art&iacute;culos originales, revisiones, metan&aacute;lisis o editoriales en idioma ingl&eacute;s o espa&ntilde;ol, publicados de 1980 a abril del 2014; estudios cuantitativos, y trabajos con metodolog&iacute;a cient&iacute;fica y editoriales con aportaciones concretas. Se excluyeron trabajos que repet&iacute;an informaci&oacute;n o con evidentes sesgos metodol&oacute;gicos. Del material recabado (110 art&iacute;culos), se seleccionaron finalmente 66 referencias, en funci&oacute;n de su relevancia y su aportaci&oacute;n te&oacute;rica o pr&aacute;ctica. Art&iacute;culos anteriores al periodo establecido se consideraron en consenso entre los autores solamente si eran contribuciones que hab&iacute;an trascendido a pesar del tiempo transcurrido, siempre y cuando se apegaran a los criterios establecidos.</p>      <p><font size="3"><b>Antecedentes hist&oacute;ricos</b></font></p>      <p>Los registros m&aacute;s antiguos de las enfermedades por priones corresponden a las observaciones efectuadas a mediados del siglo XVIII<sup>1</sup> sobre una enfermedad que afectaba al ganado ovino en muchos pa&iacute;ses de Europa y que por sus s&iacute;ntomas se denomin&oacute; <i>scrapie </i>en Inglaterra, <i>traberkrankheit des schafes </i>en Alemania y <i>tremblante du mouton </i>en Francia<sup>2</sup>.</p>      <p>A principios de 1920, Creutzfeldt y Jakob<sup>3</sup> describieron los primeros casos de encefalopat&iacute;a espongiforme en el ser humano, por lo que dicha enfermedad recibi&oacute; la denominaci&oacute;n de enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (CJD, por sus siglas en ingl&eacute;s).</p>      <p>En 1936, los trabajos de Cuill&eacute; et al<sup>4</sup> demostraron el car&aacute;cter contagioso de la enfermedad y su largo periodo de incubaci&oacute;n, lo que llevar&iacute;a a Sigurdsson<sup>5</sup> en 1953 a denominarlas &laquo;infecciones lentas&raquo;. Trabajos posteriores demostraron la transmisi&oacute;n del <i>scrapie </i>a otras especies como el vis&oacute;n, las cabras y algunos roedores<sup>6-8</sup>. Seis a&ntilde;os despu&eacute;s, Hadlow<sup>9</sup> relacion&oacute; el <i>scrapie </i>con una enfermedad end&eacute;mica en los nativos de Nueva Guinea, llamada enfermedad de Kuru. M&aacute;s tarde, Gibbs et al<sup>10</sup> transmitieron experimentalmente la CJD a los chimpanc&eacute;s, y en los a&ntilde;os siguientes reprodujeron dicho procedimiento en otras especies animales.</p>      <p>Estas estrategias y las observaciones derivadas de ello permitieron clasificar las encefalopat&iacute;as como espongiformes transmisibles; ejemplos de estas son el s&iacute;ndrome de Gerstmann-Str&aacute;ussler-Scheinker en humanos<sup>11</sup> y la encefalopat&iacute;a transmisible del vis&oacute;n o las encefalopat&iacute;as de los c&eacute;rvidos silvestres <i>(chronic wasting disease </i>&#91;CWD&#93;)<sup>12</sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En 1960, el grupo de Gajdusek<sup>10</sup> termin&oacute; por demostrar su transmisibilidad y en 1982 Prusiner<sup>13</sup> descubri&oacute; al agente pat&oacute;geno, los priones, y demostr&oacute; que se trataba de part&iacute;culas puramente proteicas sin &aacute;cido nucleico. Por estos hallazgos le fue otorgado al autor el Premio Nobel de Medicina en 1997.</p>      <p>Durante la &uacute;ltima d&eacute;cada se han descubierto nuevas formas de encefalopat&iacute;as espongiformes transmisibles del gato<sup>14</sup>, el ant&iacute;lope<sup>15</sup> y el ciervo eland<sup>16</sup>; de estas, la encefalopat&iacute;a espongiforme bovina es la de mayor publicidad porque se ha demostrado que se transmite a los seres humanos.</p>      <p><font size="3"><b>Definici&oacute;n</b></font></p>      <p>Las prionopat&iacute;as constituyen un conjunto de enfermedades neurodegenerativas producidas por acumulaci&oacute;n de una iso-forma anormal de la prote&iacute;na pri&oacute;nica celular (PrPc). La PrPc es fundamental para la transmisi&oacute;n sin&aacute;ptica en el sistema nervioso central<sup>17</sup>. Esta evidencia ha dado lugar a que diversos autores consideren estas enfermedades alteraciones en la conformaci&oacute;n proteica normal de la membrana plasm&aacute;tica celular<sup>17,18</sup>.</p>      <p>Este grupo de enfermedades tambi&eacute;n recibe el nombre de encefalopat&iacute;as espongiformes transmisibles (ETT) y afectan tanto a humanos como a animales<sup>19</sup>. En el ser humano, seg&uacute;n lo observado por Arranz et al<sup>20</sup>, se pueden clasificar como padecimientos espor&aacute;dicos/idiop&aacute;ticos, hereditarios o adquiridos por exposici&oacute;n a material ex&oacute;geno que contenga priones<sup>21</sup>. En la <a href="#t1">tabla 1</a> se describe con m&aacute;s detalle esta clasificaci&oacute;n.</p>     <p align="center"><a name="t1"></a><img src="img/revistas/rcp/v45n2/v45n2a10t1.jpg"></p>      <p>Una de las manifestaciones m&aacute;s comunes y devastadoras asociadas a las prionopat&iacute;as<sup>22</sup> es la aparici&oacute;n de una demencia r&aacute;pidamente progresiva evidente hasta en un 62% de los casos.</p>      <p><b>Caracter&iacute;sticas de la prote&iacute;na pri&oacute;nica celular</b></p>      <p>La PrPc es una glucoprote&iacute;na de la membrana plasm&aacute;tica compuesta por 253 amino&aacute;cidos y un puente disulfuro, con un peso molecular de 33-35 kDa; se codifica en el ser humano normalmente por un gen situado en el brazo corto del cromosoma 20 humano (20p12). Entre los diferentes polimorfismos de este gen, destaca el situado en el cod&oacute;n 129, que puede codificar para valina (V) o metionina (M), lo cual resulta relevante para el desarrollo de la enfermedad. Investigaciones recientes han vinculado la mutaci&oacute;n de otros genes como <i>E200K, D178N, P102L </i>y <i>V210I </i>en la patogenia de formas espor&aacute;dicas de este grupo de enfermedades<sup>23</sup>. Estudios realizados en Alemania han asociado la mutaci&oacute;n del cod&oacute;n 178 de la PRNP con el insomnio familiar letal (IFL), una forma hereditaria de enfermedad pri&oacute;nica con un fenotipo variado y caracterizada por mioclon&iacute;as, desorientaci&oacute;n espacial y alucinaciones, as&iacute; como disfunci&oacute;n neurovegetativa que, al igual que en el resto de estas enfermedades culmina con una demencia r&aacute;pidamente progresiva<sup>24</sup>. Esta prote&iacute;na se encuentra presente en el ser humano desde el inicio de la embriog&eacute;nesis, y en la edad adulta se encuentra distribuida en diferentes tejidos como m&uacute;sculo esquel&eacute;tico, cardiaco y linforreticular, pero es principalmente abundante en el sistema nervioso central, sobre todo en las neuronas del cerebro y la m&eacute;dula espinal, as&iacute; como en las c&eacute;lulas gliales. Al gen que codifica para PrPc se lo denomina &laquo;gen de la prote&iacute;na pri&oacute;nica&raquo; (PRNP), y su polimorfismo marca el tipo de enfermedad por priones que padece el paciente<sup>25</sup>. El desarrollo de las prionopat&iacute;as depende de los cambios que esta prote&iacute;na sufra. La prote&iacute;na pri&oacute;nica y la forma patol&oacute;gica (PrPSc) comparten la misma estructura primaria, esto es, la misma secuencia de amino&aacute;cidos; la diferencia fundamental radica en su conformaci&oacute;n.</p>      <p>La prote&iacute;na se pliega en h&eacute;lices alfa principalmente, yposee escasas l&aacute;minas beta; este cambio conformacional es lo que confiere a la prote&iacute;na pri&oacute;nica de capacidad autoduplicarse, adem&aacute;s de resistencia a diversos agentes fisicoqu&iacute;micos<sup>26,27</sup>. El patr&oacute;n de glucosilaci&oacute;n y el fragmento resistente a proteasas definen las distintas cepas de PrPSc, de las cuales hasta el momento se han caracterizado cinco tipos<sup>27</sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Patogenia y patolog&iacute;a</b></font></p>      <p>Las enfermedades pri&oacute;nicas del ser humano son biol&oacute;gicamente &uacute;nicas y, como ya se ha comentado, pueden dividirse en heredadas, espor&aacute;dicas y adquiridas<sup>20,21,28</sup>. Aproximadamente el 85% de ellas ocurren de manera espor&aacute;dica<sup>29</sup> y alrededor del 15% de estas enfermedades se han asociado con mutaciones autos&oacute;mico dominantes en el gen <i>PRNP<sup>30</sup>.</i></p>      <p>Las formas adquiridas se han confinado a situaciones extremadamente raras e inusuales, como en la transmisi&oacute;n de priones a trav&eacute;s de hormonas tiroideas derivadas de cad&aacute;veres humanos, implantes de duramadre o corneales y con el uso concomitante de electrodos electroencefalogr&aacute;ficos; esta constituir&iacute;a la transmisi&oacute;n por v&iacute;a intracerebral<sup>31</sup>.</p>      <p>Seg&uacute;n diversas investigaciones<sup>32</sup>, la v&iacute;a cerebral resulta ser la m&aacute;s efectiva para la transmisi&oacute;n de priones, lo cual es l&oacute;gico teniendo en cuenta que el tejido nervioso es el &oacute;rgano diana principal de estas enfermedades. Esta v&iacute;a de acceso evade los sistemas inmunol&oacute;gicos innatos y adquiridos, as&iacute; como la barrera hematoencef&aacute;lica.</p>      <p>En la CJD iatrog&eacute;nica (iCJD), la transmisi&oacute;n ocurre v&iacute;a neuroquir&uacute;rgica o tras los injertos de duramadre<sup>31</sup>. La transmisi&oacute;n oral de priones ha causado grandes epidemias; el caso m&aacute;s com&uacute;n ser&iacute;a el del Kuru, una enfermedad pri&oacute;nica transmitida por los rituales de canibalismo practicados por las tribus del norte de Pap&uacute;a-Nueva Guinea<sup>33,34</sup>.</p>      <p>Otro ejemplo m&aacute;s reciente es la variante de CJD causada por el consumo de carne contaminada de bovinos con encefalopat&iacute;a espongiforme en Reino Unido y algunos pa&iacute;ses de Am&eacute;rica<sup>35,36</sup>. Estudios recientes<sup>37,38</sup> han demostrado que los priones se transmiten con eficacia entre algunas especies de animales como ratones y c&eacute;rvidos (mam&iacute;feros rumiantes) a trav&eacute;s de part&iacute;culas en aerosol o gotas de Fl&uuml;gge.</p>      <p>Hallazgos como los de Budkay et al<sup>39</sup> muestran que no se aprecian anormalidades macrosc&oacute;picas en cerebros de pacientes con enfermedad pri&oacute;nica, pero en el examen microsc&oacute;pico se puede encontrar cambios histopatol&oacute;gicos caracter&iacute;sticos consistentes en vacuolizaci&oacute;n y degeneraci&oacute;n neuronal, lo que da a la materia gris una apariencia microvacuolar o &laquo;espongiforme&raquo;, adem&aacute;s de la proliferaci&oacute;n de c&eacute;lulas de la astrogl&iacute;a. Otro hallazgo que resulta incluso m&aacute;s frecuente en estas enfermedades es la astrogliosis y microgliosis<sup>40</sup>.</p>      <p>En revisiones como la de Wadsworth<sup>41</sup> se describe como caracter&iacute;stica especial la falta de respuesta inflamatoria en linfocitos. El diagn&oacute;stico de certeza de una infecci&oacute;n por priones se hace demostrando inmunorreactividad a la PrPSc o m&aacute;s espec&iacute;ficamente con la detecci&oacute;n bioqu&iacute;mica de esta en la sustancia gris por t&eacute;cnicas de inmunotransferencia; todo esto <i>post mortem, </i>como ya se ha mencionado<sup>39</sup>.</p>      <p>Otras formas de enfrmedades pri&oacute;nicas se caracterizan por el dep&oacute;sito de placas de amiloide compuestas de agregantes insolubles de PrPSc<sup>24,40</sup>. Estas placas son notablemente caracter&iacute;sticas en el Kuru y el s&iacute;ndrome de Gerstmann-Str&aacute;ussler-Scheinker. Los hallazgos de car&aacute;cter histopatol&oacute;gico en CJD son constantes y se distinguen de otras enfermedades pri&oacute;nicas; sobresalen las placas amiloideas con gran n&uacute;mero de PrPSc y un tejido adyacente a la placa de apariencia microvacuolar que da a las placas una morfolog&iacute;a que semeja una flor<sup>42</sup>.</p>      <p><font size="3"><b>Manifestaciones neurol&oacute;gicas</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Seg&uacute;n lo se&ntilde;alado previamente, lo m&aacute;s sobresaliente es la presencia de una demencia r&aacute;pidamente progresiva que se asocia a mioclon&iacute;as y ataxia cerebelosa en un 90% de los pacientes<sup>43</sup>. Otros s&iacute;ntomas extrapiramidales incluyen temblor, coreoatetosis y parkinsonismo (60%). En el 50% de los pacientes hay signos de afecci&oacute;n piramidal<sup>43,44</sup>.</p>     <p>La evoluci&oacute;n es invariablemente fatal. La CJD es la forma m&aacute;s com&uacute;n de encefalopat&iacute;a espongiforme. La media de edad al inicio es alrededor de los 65 a&ntilde;os, con una media de supervivencia de 4 meses<sup>45</sup>. Los pacientes con enfermedad secundaria a injertos son t&iacute;picamente m&aacute;s j&oacute;venes y pueden desarrollar manifestaciones con predominio de la ataxia sobre la demencia. En la <a href="#t2">tabla 2</a> se se&ntilde;alan los criterios determinados por la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) para el diagn&oacute;stico de la CJD espor&aacute;dica<sup>46,47</sup>.</p>     <p align="center"><a name="t2"></a><img src="img/revistas/rcp/v45n2/v45n2a10t2.jpg"></p>      <p>Datos obtenidos de la Unidad Nacional de Vigilancia de la CJD en Edimburgo (Reino Unido) reportan una serie de diferencias entre la forma espor&aacute;dica y una nueva variante de dicho padecimiento (vCJD) (<a href="#t3">tabla 3</a>)<sup>48,49</sup>.</p>     <p align="center"><a name="t3"></a><img src="img/revistas/rcp/v45n2/v45n2a10t3.jpg"></p>      <p><FONT size="3"><b>Manifestaciones psiqui&aacute;tricas</b></FONT></p>      <p>El fenotipo cl&iacute;nico de la vCJD es relativamente distinto de su forma espor&aacute;dica. Las principales caracter&iacute;sticas corresponden a una mayor duraci&oacute;n de la enfermedad, edad m&aacute;s joven al momento de la muerte (16-40 a&ntilde;os ) y el predominio de s&iacute;ntomas psiqui&aacute;tricos en las etapas tempranas de la enfermedad<sup>50</sup>. Sin embargo, la poca especificidad de estos s&iacute;ntomas dificulta el reconocimiento temprano.</p>      <p>Seg&uacute;n los hallazgos de Will et al<sup>51</sup> en una poblaci&oacute;n de 33 casos de vCJD confirmados, el primer especialista involucrado en la valoraci&oacute;n inicial de los pacientes en m&aacute;s de la mitad de los casos de su muestra fue un psiquiatra. Asimismo los autores se&ntilde;alaron que el tiempo transcurrido desde el inicio de la enfermedad hasta la primera consulta fue de alrededor de 8 meses.</p>      <p>En esos estudios, los principales s&iacute;ntomas psiqui&aacute;tricos fueron  aislamiento,  ideas delirantes persecutorias, irritabilidad/agresi&oacute;n, alucinaciones predominantemente visuales, s&iacute;ntomas afectivos como ansiedad y depresi&oacute;n y otros menos frecuentes, como s&iacute;ntomas del primer rango de Schneider (pensamiento sonoro, o&iacute;r voces que discuten o dialogan entre s&iacute;, o&iacute;r voces que comentan las propias acciones, robo e inserci&oacute;n del pensamiento), ideaci&oacute;n suicida y olvidos frecuentes.</p>      <p>Al considerar dichos s&iacute;ntomas -como indican algunos autores<sup>52,53</sup> en sus respectivos trabajos-, el problema cl&iacute;nico pareciera ser compatible con el diagn&oacute;stico de diversos trastornos afectivos, como depresi&oacute;n mayor, trastorno afectivo bipolar u otras alteraciones del comportamiento e incluso esquizofrenia.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por otra parte, los escasos especificidad, sensibilidad y valores predictivos de los estudios de gabinete, como resonancia magn&eacute;tica o electroencefalograma, as&iacute; como los an&aacute;lisis sangu&iacute;neos o de LCR, resultan ser poco &uacute;tiles para el diagn&oacute;stico en etapas tempranas de la enfermedad. Brown et al<sup>54</sup> se&ntilde;alan que los s&iacute;ntomas de d&eacute;ficit neurol&oacute;gico, caracter&iacute;stico de la demencia por priones, podr&iacute;an no aparecer hasta pasadas algunas semanas o incluso meses, lo que complica la identificaci&oacute;n inicial y la evoluci&oacute;n de la enfermedad.</p>      <p>Otros expertos<sup>55</sup> llegan a considerar como patognom&oacute;nica la asociaci&oacute;n de s&iacute;ntomas neurol&oacute;gicos y psiqui&aacute;tricos y hallazgos caracter&iacute;sticos en el electroencefalograma. Se&ntilde;alan el enlentecimiento generalizado con ondas agudas irregulares de 0,5-1/s, y con una duraci&oacute;n de 200-600 ms, pero este patr&oacute;n solo aparece a la mitad o en la fase final de la enfermedad.</p>      <p>En el an&aacute;lisis realizado por Wall et al<sup>56</sup> en una muestra de 126 pacientes con diagn&oacute;stico de CJD, el 92% de los participantes presentaron al menos una manifestaci&oacute;n psiqui&aacute;trica durante el curso de la enfermedad, y el 86% la present&oacute; en los primeros 100 d&iacute;as de iniciado el padecimiento (etapa temprana). En esta etapa, el 79% de los pacientes presentaron alteraciones del ciclo sue&ntilde;o-vigilia, particularmente insomnio. Los s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos aparecieron en el 42% de los casos, en los que se incluy&oacute; una difusa gama de fen&oacute;menos alucinatorios y delirantes que iban desde delirios de persecuci&oacute;n y paranoia hasta alucinaciones visuales, aunque tambi&eacute;n auditivas.</p>      <p>Otros autores reportan una mayor incidencia de delirios celot&iacute;picos<sup>51,53</sup>. En m&aacute;s de la mitad de los casos (77%), los s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos se presentaron en la etapa temprana. Los s&iacute;ntomas depresivos, como se ha se&ntilde;alado ya, no solo forman parte de la fase temprana, sino que tambi&eacute;n se manifiestan en la fase prodr&oacute;mica del trastorno. Entre las manifestaciones afectivas, se incluyen afecto deprimido, aislamiento, hiporexia y p&eacute;rdida de peso, lo cual no se atribuye a los trastornos motores de las fases tard&iacute;as.</p>      <p>Menos frecuente es la presencia de fatiga, anhedonia y apat&iacute;a, y se reportan ansiedad y &laquo;nerviosismo&raquo; hasta en un 21% de los pacientes del estudio<sup>56</sup>.</p>      <p>Otra manifestaci&oacute;n psiqui&aacute;trica com&uacute;nmente reportada es agitaci&oacute;n psicomotriz y conducta violenta, pero este hallazgo es similar a lo reportado en otros tipos de demencia<sup>57</sup>; no obstante, ser&iacute;a importante ampliar esta informaci&oacute;n, ya que habitualmente estas dos circunstancias son motivo de atenci&oacute;n psiqui&aacute;trica en los servicios de urgencias de hospitales psiqui&aacute;tricos y generales. Los diferentes estudios revisados<sup>51-56</sup> se&ntilde;alan la aparici&oacute;n de al menos un s&iacute;ntoma psiqui&aacute;trico durante el curso de esta enfermedad; de estos, al menos el 25% de los s&iacute;ntomas ocurren en la fase prodr&oacute;mica. Este padecimiento se puede confundir con una amplia variedad de trastornos psiqui&aacute;tricos, particularmente afectivos, debido a los cambios en el comportamiento observados al inicio de la enfermedad.</p>      <p>La falta de respuesta al tratamiento y una mejor&iacute;a &uacute;nicamente sintom&aacute;tica podr&iacute;an ser elementos de sospecha de la enfermedad para orientar el diagn&oacute;stico. La identificaci&oacute;n de alteraciones cognitivas asociadas a los s&iacute;ntomas psiqui&aacute;tricos incrementa la posibilidad de un trastorno org&aacute;nico subyacente. Ante la presencia de un cuadro cl&iacute;nico compatible con encefalopat&iacute;a espongiforme, la primera consideraci&oacute;n sin lugar a dudas debe ser la sCJD.</p>      <p>Fenomenolog&iacute;a de las alteraciones conductuales y psiqui&aacute;tricas de las enfermedades pri&oacute;nicas.</p>      <p>Se han observado s&iacute;ntomas psiqui&aacute;tricos y alteraciones conductuales desde los primeros casos de enfermedades pri&oacute;nicas publicados. Desde 1990, los s&iacute;ntomas de la esfera psiqui&aacute;trica forman parte de los criterios diagn&oacute;sticos establecidos por la OMS para identificar la enfermedad<sup>58</sup>.Por desgracia, pese a los grandes esfuerzos realizados para identificar y entender esta enfermedad, no se ha logrado obtener informaci&oacute;n suficiente sobre prevalencia, historia natural y fenomenolog&iacute;a de estas manifestaciones.</p>      <p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, los s&iacute;ntomas psiqui&aacute;tricos y las alteraciones del comportamiento asociados a los trastornos demenciales han adquirido mayor relevancia cl&iacute;nica y cient&iacute;fica. Hay una serie de retos que obstaculizan el estudio de los s&iacute;ntomas conductuales y psiqui&aacute;tricos en las enfermedades pri&oacute;nicas, en comparaci&oacute;n con las demencias m&aacute;s comunes. La poca frecuencia con que aparecen y el curso r&aacute;pidamente progresivo de la enfermedad en combinaci&oacute;n con la tendencia diagnosticar en fases tard&iacute;as del padecimiento son factores que dificultan los estudios prospectivos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con base en los hallazgos de estudios previos, parecer&iacute;a conveniente clasificar los s&iacute;ntomas psiqui&aacute;tricos y las alteraciones conductuales propias de este grupo de enfermedades en tres categor&iacute;as principales: s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos, alteraciones en la motricidad y alteraciones del estado de &aacute;nimo<sup>51-54,56,59</sup>.</p>      <p>Los s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos pueden asociarse con agitaci&oacute;n psicomotriz o alteraciones del comportamiento o no. Un s&iacute;ntoma com&uacute;n en este grupo de enfermedades es las alucinaciones visuales, que a su vez pueden correlacionarse con otras alteraciones como la agnosia visual<sup>60,61</sup>. Se ha descrito la presencia de ilusiones en un amplio n&uacute;mero de pacientes. Algunos estudios sobre la fenomenolog&iacute;a de este suceso lo describen como una fragmentaci&oacute;n o distorsi&oacute;n desagradable de objetos y caras, &laquo;como si se tratara de un Picasso&raquo;<sup>59</sup>.</p>      <p>En cuanto al contenido de las alucinaciones, la mayor&iacute;a reporta zoopsias y figuras humanas. En algunos casos se han descrito alucinaciones multimodales como ver, o&iacute;r, sentir e incluso oler animales<sup>59</sup>. En estos pacientes y en estadios avanzados de la enfermedad, se observ&oacute; una franca actitud alucinada con perplejidad y expresi&oacute;n de miedo en el rostro. Resulta importante mencionar que una cantidad importante de pacientes parece cursar con alucinaciones durante etapas tempranas de la enfermedad. Otro s&iacute;ntoma que indica psicosis en las prionopat&iacute;as es las ideas delirantes, que suelen ser simples y relacionadas con persecuciones, robo o infidelidad<sup>58</sup>.</p>      <p>En un estudio de Cooper et al<sup>62</sup>, con una muestra de 204 pacientes con sCJD, 6 sujetos presentaron al inicio de la enfermedad &uacute;nicamente alteraciones visuales, caracterizadas por p&eacute;rdida de la agudeza visual y distorsiones, mientras que otros 29 presentaron alucinaciones e ilusiones asociadas a otros s&iacute;ntomas de la enfermedad durante la etapa temprana. La agitaci&oacute;n y las alteraciones conductuales parecen ocurrir frecuentemente aun en ausencia de psicosis. La descripci&oacute;n t&iacute;pica, seg&uacute;n diversos autores<sup>59,62</sup>, incluye irritabilidad, conducta desafiante y hostilidad.</p>      <p>En algunos pacientes, y sobre todo durante fases tempranas, las alteraciones conductuales consisten en signos de frontalizaci&oacute;n que incluyen desinhibici&oacute;n e impulsividad<sup>62</sup> .En estadios avanzados de la enfermedad, la agitaci&oacute;n psicomotriz parece ser m&aacute;s reactiva ante est&iacute;mulos sensitivos, y esta coexiste con mioclon&iacute;as. Otros autores<sup>51-54</sup> asocian las alteraciones de la motricidad a una respuesta exagerada a cualquier est&iacute;mulo sensorial; esto es particularmente com&uacute;n en fases avanzadas de la enfermedad.</p>      <p>Algunos pacientes han manifestado que en determinados momentos cursan con alteraciones del humor, particularmente s&iacute;ntomas depresivos &laquo;cl&aacute;sicos&raquo;, que son relativamente frecuentes al inicio<sup>63</sup>. Otras manifestaciones habituales son la tendencia al aislamiento y el retraimiento<sup>64</sup>. Los pacientes en fases intermedias de la enfermedad tienen mayor tendencia a cursar con labilidad emocional, apat&iacute;a y abulia, al tiempo que comienzan a sufrir deterioro de la expresi&oacute;n del lenguaje y la funci&oacute;n ejecutiva frontal<sup>65,66</sup>. Los s&iacute;ntomas afectivos en etapas finales de la enfermedad son poco caracter&iacute;sticos.</p>      <p><font size="3"><b>Discusi&oacute;n y conclusiones</b></font></p>      <p>Hist&oacute;ricamente, las enfermedades pri&oacute;nicas han sido descritas como enfermedades inusuales, pero existe la posibilidad de que un n&uacute;mero mayor de casos pueda ocurrir en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os o que en muchos casos no se haya considerado el diagn&oacute;stico. Por ello, en opini&oacute;n de los autores de este trabajo, los psiquiatras debemos tener conocimiento de los s&iacute;ntomas de esta enfermedad, tenerla en mente como parte del diagn&oacute;stico diferencial ante afecciones compatibles con cuadros demenciales de r&aacute;pida progresi&oacute;n y para los que la mayor&iacute;a de las veces no se logra identificar factores desencadenantes o causales.</p>      <p>Tambi&eacute;n se estima necesario ser cl&iacute;nicamente escrupulosos, ante la dificultad que plantea el diagn&oacute;stico de estos padecimientos en particular durante las etapas tempranas, sin olvidar por supuesto que &eacute;l dictamen definitivo es <i>post mortem. </i>La mayor&iacute;a de las caracter&iacute;sticas cl&iacute;nicas de las enfermedades pri&oacute;nicas resultan de la p&eacute;rdida irreversible de las funciones mentales y no remiten una vez que se inician. Las alteraciones conductuales y psiqui&aacute;tricas son comunes en todos v los tipos de enfermedad por priones aunque, como ya se ha mencionado, hay una heterogeneidad significativa entre los diferentes tipos de la enfermedad<sup>58</sup>.</p>      <p>Estos s&iacute;ntomas en general representan una carga significativa de morbilidad para los pacientes y sus cuidadores, pero tambi&eacute;n se debe considerar que f&aacute;cilmente pueden pasar inadvertidos, a menos que los psiquiatras tratantes consideren esta eventualidad. Como se establece en la proped&eacute;utica m&eacute;dica, el primer paso para identificar un s&iacute;ntoma es indagar acerca de &eacute;l.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la mayor&iacute;a de los casos reportados en la literatura actual, gran cantidad de los pacientes (25%) manifiestan al menos un s&iacute;ntoma psiqui&aacute;trico durante el curso de la enfermedad, que en su mayor&iacute;a aparecen durante la fase prodr&oacute;mica.</p>      <p>Ciertos factores de riesgo pueden orientar la b&uacute;squeda de s&iacute;ntomas espec&iacute;ficos de este tipo de trastorno, entre otros los de &iacute;ndole sociodemogr&aacute;fica y cultural, como el consumo de carne contaminada en regiones end&eacute;micas o los rituales de canibalismo, as&iacute; como factores identificados m&aacute;s recientemente, como el antecedente de una intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica del sistema nervioso central, sobre todo cirug&iacute;as con aplicaci&oacute;n de aloinjertos, y el no menos importante papel de la predisposici&oacute;n gen&eacute;tica.</p>      <p>Para fines de la propuesta de este trabajo, y tomando en cuenta los hallazgos descritos, se plantea que el periodo con m&aacute;s evidencia de alteraciones en la esfera mental se denomine &laquo;fase de s&iacute;ntomas psiqui&aacute;tricos&raquo;, que puede extenderse algunos meses. En la <a href="#f1">figura 1</a> <sup>20,21,28,30-34,59,61,65</sup> se describen los s&iacute;ntomas compatibles con enfermedad por priones, categoriz&aacute;ndolos en s&iacute;ntomas afectivos y psic&oacute;ticos y alteraciones de la motricidad acordes con el tiempo de instauraci&oacute;n.</p>     <p align="center"><a name="f1"></a><img src="img/revistas/rcp/v45n2/v45n2a10f1.jpg"></p>      <p>La aparici&oacute;n y la identificaci&oacute;n de un deterioro cognitivo de r&aacute;pida evoluci&oacute;n agregado a los s&iacute;ntomas psiqui&aacute;tricos puede incrementar la posibilidad de una alteraci&oacute;n cerebral subyacente, lo que aunado a los factores de riesgo ya comentados puede orientar a que se considere la enfermedad pri&oacute;nica entre los diagn&oacute;sticos diferenciales. Si bien es cierto que establecer un diagn&oacute;stico es un proceso imperfecto, la comprensi&oacute;n y el conocimiento de las diversas enfermedades pueden disminuir el grado de incertidumbre en la situaci&oacute;n cl&iacute;nica.</p>      <p>En el caso de enfermedades que no se resuelven espont&aacute;neamente o no responden a tratamiento, sospecharla y analizar los s&iacute;ntomas a trav&eacute;s del seguimiento pueden constituirse en m&eacute;todos de referencia, de ah&iacute; que tener en mente las prionopat&iacute;as no sea un ejercicio &aacute;rido, vano o in&uacute;til. Consideramos que el caso del &eacute;bola es un claro ejemplo de que actualmente hay que valorar todas las posibilidades. Aunque no existe tratamiento espec&iacute;fico para las enfermedades pri&oacute;nicas, la calidad de vida del paciente y sus cuidadores se podr&iacute;a beneficiar con el oportuno tratamiento sintom&aacute;tico de las manifestaciones neuropsiqui&aacute;tricas comentadas.</p>      <p>Es factible mejorar estos s&iacute;ntomas, particularmente en casos graves de agitaci&oacute;n psicomotriz y/o cuadros de psicosis, mediante el manejo farmacol&oacute;gico u otro tipo de intervenci&oacute;n. Algunos datos indican que la mejor&iacute;a de los s&iacute;ntomas psiqui&aacute;tricos puede ser sustancial sin intervenci&oacute;n espec&iacute;fica, pero esto deber&aacute; quedar a consideraci&oacute;n del psiquiatra tratante. Es un requisito agregado tomar en cuenta el riesgo-beneficio de la prescripci&oacute;n de f&aacute;rmacos.</p>      <p>La monitorizaci&oacute;n constante de los casos identificados y la intervenci&oacute;n temprana en pacientes con sospecha de esta enfermedad pueden minimizar los factores que empeoran su curso cl&iacute;nico, que ya es letal en s&iacute; mismo.</p>      <p><font size="3"><b>Conflicto de intereses</b></font></p>      <p>Los autores declaran no tener ning&uacute;n conflicto de intereses.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>1. Prusiner SB. Prion. SciAm. 1982; 246: 4-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782627&pid=S0034-7450201600020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>2. Rubio T, Verdecia M. Enfermedades pri&oacute;nicas. Medisan. 2009; 13: 1-13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782629&pid=S0034-7450201600020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>3. Kimberlin RH. Scrapie agent: prion sor virinos. Nature. 1987; 297: 107-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782631&pid=S0034-7450201600020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>4. Cuill&eacute; J. Chelle CL. La maladie dite tremblante du mouton, est elle inoculable. Seances Acad Sci. 1936; 203: 1552-4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782633&pid=S0034-7450201600020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>5. Fernandez N, Castilla J. Priones, m&aacute;s de 200 a&ntilde;os de historia. Virolog&iacute;a. 2011; 14: 48-54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782635&pid=S0034-7450201600020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>6. Cuill&eacute; J, Chelle PL. Experimental transmission of trembling to the goat. C R Seances Acad Sci. 1939; 208: 1058-60.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782637&pid=S0034-7450201600020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>7. Chandler RL. Encephalopathy in mice produced by inoculation with scrapie brain material. Lancet. 1961; 1: 1378-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782639&pid=S0034-7450201600020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>8. Chandler RL. Experimental scrapie in the mouse. Res Vet Sci. 1963; 4: 276-85.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782641&pid=S0034-7450201600020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>9. Hadlow WJ. Scrapie and kuru. Lancet. 1959; 2: 289-90.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782643&pid=S0034-7450201600020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>10. Gajdusek DC, Gibbs CJ, Alpers MP. Experimental transmission of a kuru-like syndrome to chimpanzees. Nature. 1966; 209: 794-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782645&pid=S0034-7450201600020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>11. Tateishi J, Kitamoto T, Doh K, Sakaki Y, Steinmetz G, Tranchant C, et al. Immunochemical, molecular genetic, and transmission studies on a case of Gerstmann-Str&aacute;ussler-Scheinker syndrome. Neurology. 1990; 40: 1578-81.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782647&pid=S0034-7450201600020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>12. Williams ES, Young S. Chronic wasting disease of captive mule deer: a spongiform encephalopathy. J Wildl Dis. 1980; 16: 89-98.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782649&pid=S0034-7450201600020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>13. Bolton DC, McKinley MP, Prusiner SB. Identification of a protein that purifies with the scrapie prion. Science. 1982; 218: 1309-11.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782651&pid=S0034-7450201600020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>14. Pearson GR, Smerdon TN, Gruffydd TJ, Wells GA, Wilesmith JW. Naturally occurring scrapie-like spongiform encephalopathy in five domestic cats. Ve Rec. 1991; 129: 233-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782653&pid=S0034-7450201600020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>15. Jeffrey M, Wells GA. Spongiform encephalopathy in a nyala <i>(Tragelaphus angasi). </i>Vet Pathol. 1988; 25: 398-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782655&pid=S0034-7450201600020001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>16. Fleetwood AJ, Furley CW. Spongiform encephalopathy in an eland. Vet Rec. 1990; 126: 408-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782657&pid=S0034-7450201600020001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>17. Prusiner SB. Neurodegenerative diseases and prions. N Engl J Med. 2001; 344: 1516-26.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782659&pid=S0034-7450201600020001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>18. Johnson R. Prion diseases. Lancet Neurol. 2005; 4: 635-42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782661&pid=S0034-7450201600020001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>19. Collinge J. Prion diseases of humans and animals: their causes and molecular basis. Ann Rev Neurosci. 2001; 24: 519-50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782663&pid=S0034-7450201600020001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>20. Imran M, Mahmood S. An overview of human prion diseases. Virol J. 2011; 8: 1-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782665&pid=S0034-7450201600020001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>21. Arranz E, Trilla G, Ruiz A, Ares S. Prionopat&iacute;as: las encefalopat&iacute;as por priones. Semergen. 2010; 36: 443-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782667&pid=S0034-7450201600020001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>22. Geschwind MD, Shu H. Rapidly progressive dementia. Ann Neurol. 2008; 64: 97-108.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782669&pid=S0034-7450201600020001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>23. Mancuso M, Siciliano G, Capellari S, Orsucci D, Moretti P, Di Fede G, et al. Creutzfeldt-Jakob disease with E200 K <i>PRNP </i>mutation: a case report and revision of the literature. Neurol Sci. 2009; 30: 417-20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782671&pid=S0034-7450201600020001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>24. Krasnianski A, Sanchez PJ, Ponto C, Bartl M, Heinemann U, Varges D, et al. A proposal of new diagnostic pathway for fatal familial insomnia. J Neurol Neurosurg Psychiatry. 2014; 85: 654-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782673&pid=S0034-7450201600020001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>25. Wadsworth J, Collinge J. Molecular pathology of human prion disease. Acta Neuropathol. 2011; 121: 69-77.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782675&pid=S0034-7450201600020001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>26. Kellings K, Prusiner SB, Riesner D. Nucleic acids in prion preparations: unspecific background or essential component. Philos Trans R Soc Lond &#91;Biol&#93;. 1994; 343: 425-30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782677&pid=S0034-7450201600020001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>27. Bessen RA, Marsh RF. Distinct PrP properties suggest the molecular basis of strain variation in transmisible mink encephalopathy. J Virol. 1994; 68: 7859-68.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782679&pid=S0034-7450201600020001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>28. Collinge J. Molecular neurology of prion disease. J Neurol Neurosurg Psychiatry. 2005; 76: 906-19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782681&pid=S0034-7450201600020001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>29. Brown P, Cathala F, Raubertas RF, Gajdusek DC, Castaigne P. The epidemiology of Creutzfeldt-Jakob disease: conclusion of a 15-year investigation in France and review of the world literature. Neurology. 1987; 37: 895-904.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782683&pid=S0034-7450201600020001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>30. Hill AF, Joiner S, Beck J. Distinct glycoform ratios of protease resistant prion protein associated with PRNP point mutations. Brain. 2006; 129: 676-85.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782685&pid=S0034-7450201600020001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>31. Brown P, Preece MA, Will RG. &quot;Friendly fire&quot; in medicine: hormones, homografts, and Creutzfeldt-Jakob disease. Lancet. 1992; 340: 24-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782687&pid=S0034-7450201600020001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>32. Brown P, Preece M, Brandel JP. Iatrogenic Creutzfeldt-Jakob disease at the millennium. Neurology. 2000; 55: 1075-81.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782689&pid=S0034-7450201600020001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>33. Alpers MP. The epidemiology of kuru: monitoring the epidemic from its peak to its end. Philos Trans R Soc Lond B Biol Sci. 2008; 363: 3707-13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782691&pid=S0034-7450201600020001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>34. Collinge J, Whitfield J, McKintosh E. Kuru in the 21st century—an acquired human prion disease with very long incubation periods. Lancet. 2006; 367: 2068-74.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782693&pid=S0034-7450201600020001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>35. Collinge J. Variant Creutzfeldt-Jakob disease. Lancet. 1999; 354 :317-23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782695&pid=S0034-7450201600020001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>36. Will RG, Ironside JW, Zeidler M. A new variant of Creutzfeldt-Jakob disease in the UK. Lancet. 1996; 347: 921-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782697&pid=S0034-7450201600020001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>37. Denkers ND, Seelig DM, Hoover EA. Aerosol and nasal transmission of chronic wasting disease in cervidized mice. J Gen Virol. 2010; 91: 1651-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782699&pid=S0034-7450201600020001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>38. Haybaeck J, Heikenwalder M, Klevenz B, Schwarz P, Margalith I, Bridel C, et al. Aerosols transmit prions to immunocompetent and immunodeficient mice. Plos Pathogens. 2011; 7: 1-19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782701&pid=S0034-7450201600020001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>39. Budka H, Aguzzi A, Brown P. Neuropathological diagnostic criteria for Creutzfeldt-Jakob disease (CJD) and other human spongiform encephalopathies (Prion diseases). Brain Pathol. 1995; 5: 459-66.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782703&pid=S0034-7450201600020001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>40. Budka H. Neuropathology of prion diseases. Br Med Bull. 2003; 66: 121-30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782705&pid=S0034-7450201600020001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>41. Wadsworth JD, Collinge J. Update on human prion disease. Biochem Biophys Acta. 2007; 1772: 598-609.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782707&pid=S0034-7450201600020001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>42. Ironside JW, Head MW. Neuropathology and molecular biology of variant Creutzfeldt-Jakob disease. Curr Top Microbiol Immunol. 2004; 284: 133-59.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782709&pid=S0034-7450201600020001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>43. Appleby BS, Appleby KK, Rabins PV. Does the presentation of Creutzfeldt-Jakob disease vary by age or presumed etiology? A meta-analysis of the past 10 years. J Neuropsychiatry Clin Neurosci. 2007; 19: 428-35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782711&pid=S0034-7450201600020001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>44. Brown P, Cathala F, Castaigne P, Gajdusek DC. Creutzfeldt-Jakob disease: clinical analysis of a consecutive series of 230 neuropathologically verified cases. Ann Neurol. 1986; 20: 597-602.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782713&pid=S0034-7450201600020001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>45. Brown P, Gibbs CJ Jr, Rodgers-Johnson P, Asher DM, Sulima MP, Bacote A, et al. Human spongiform encephalopathy: the national institutes of health series of 300 cases of experimentally transmitted disease. Ann Neurol. 1994; 35: 513-29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782715&pid=S0034-7450201600020001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>46. Global surveillance, diagnosis and therapy of human transmisible spongiform encephalopathies: report of a WHO consultation. Ginebra: WHO/EMC/ZDI/98. 9; 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782717&pid=S0034-7450201600020001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>47. WHO manual for surveillance of human transmissible spongiform encephalopathies including variant Creutzfeldt-Jakob disease. Geneva: World Health Organization; 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782719&pid=S0034-7450201600020001000047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>48. Henry C, Knight R. Clinical features of variant Creutzfeldt-Jakob disease. Rev Med Virol. 2002; 12: 143-50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782721&pid=S0034-7450201600020001000048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>49. Spencer M, Knight R, Will R. First hundred cases of variant Creutzfeldt-Jakob disease: retrospective case note review of early psychiatric and neurological features. BMJ. 2002; 324: 1479-82.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782723&pid=S0034-7450201600020001000049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>50. Johnstone EC, Bamber WK. New variant Creutzfeldt-Jakob disease: psychiatric features. Lancet. 1997; 350: 908-10.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782725&pid=S0034-7450201600020001000050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>51. Will RG, Stewart G, Zeidler M, Macleod MA, Knigt SG. Psychiatric features of new variant Creutzfeldt-Jakob disease. Psychiatric Bull. 1999; 23: 264-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782727&pid=S0034-7450201600020001000051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>52. Tho JH, Binnie CD, Vowels G. Creutzfeldt-Jakob disease presenting with unusualpsychiatric symptoms: Report of an Asian patient. Neurology Asia. 2005; 10: 131-3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782729&pid=S0034-7450201600020001000052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>53. Zeppegno P, Lombardi A, Feggi A, Cantello R, Torre E. Creutzfeldt-Jacob Disease with psychiatric onset: a case report. J Psychopathol. 2013; 19: 73-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782731&pid=S0034-7450201600020001000053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>54. Brown P. Transmissible spongiform encephalopathy in the 21st century: neuroscience for the clinical neurologist. Neurology. 2008; 70: 713-22.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782733&pid=S0034-7450201600020001000054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>55. Steinhoff BJ, Racker S, Herrendorf G, Poser S, Grosche S, Zer I, et al. Accuracy and reliability of periodic Sharp wave complexes in Creutzfeldt-Jakob disease. Arch Neurol. 1996; 52: 162-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782735&pid=S0034-7450201600020001000055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>56. Wall CA, Rummans TA, Aksamit AJ, Krahn LE, Pankratz VS. Psychiatric manifestations of Creutzfeldt-Jakob disease: a 25-year analysis. J Neuropsychiatry Clin Neurosci. 2005; 17: 489-95.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782737&pid=S0034-7450201600020001000056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>57. Lyketsos C, Lopez O, Jones B. Prevalence of neuropsychiatric symptoms in dementia and mild cognitive impairment: results from the Cardiovascular Health Study. JAMA. 2002; 288: 1475-83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782739&pid=S0034-7450201600020001000057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>58. The revision of the surveillance case definition for variant Crequtzfeldt-Jakob disease (vCJD): Report of a WHO consultation. Edinburgh: World Health Organization, Department of Communicable Disease Surveillance and Response; 2001. Disponible en: <a href="http://whqlibdoc.who.int/hq/2002/WHO-CDS.CSR_EPH-2001.5.pdf" target="_blank">http://whqlibdoc.who.int/hq/2002/WHO-CDS.CSR_EPH-2001.5.pdf</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782741&pid=S0034-7450201600020001000058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>59. Thompson A, MacKay A, Rudge P, Likic A, Porter M, Lowe J. Behavioral and psychiatric symptoms in prion disease. 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Ann Neurol. 2008; 64: 97-108.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782747&pid=S0034-7450201600020001000061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>62. Cooper SA, Murray KL, Heath CA, Will RG, Knight RS. Isolated visual symptoms at onset in sporadic Creutzfeldt-Jakob disease: the clinical phenotype of the Heidenhain variant. Br J Ophthalmol. 2005; 89: 1341-2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782749&pid=S0034-7450201600020001000062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>63. Jiang T, Moses H, Gordon H, Obah E. Sporadic Creutzfeldt-Jakob disease presenting as major depression. South Med J. 1999; 92: 807-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782751&pid=S0034-7450201600020001000063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>64. Azorin J, Donnet A, Dassa D. Creutzfeldt-Jakob disease misdiagnosed as depressive pseudodementia. Compr Psychiatry. 1993; 34: 42-4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2782753&pid=S0034-7450201600020001000064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>65. Yen C, Lin R, Liu C. The psychiatric manifestation of Creutzfeldt-Jakob disease. 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<surname><![CDATA[Prusiner]]></surname>
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