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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ENTRE EL REPUBLICANISMO Y EL CONSTITUCIONALISMO POPULAR. ¿CÓMO POTENCIAR LA PARTICIPACIÓN DEMOCRÁTICA EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA POLÍTICA PÚBLICA Y CONSTITUCIONAL DEL BIEN COMÚN?]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[BETWEEN REPUBLICANISM AND POLITICAL CONSTITUTIONALISM. HOW DEMOCRATIC PARTICIPATION CAN BE PROMOTED IN BUILDING COMMON GOOD PUBLIC AND CONSTITUCIONAL POLICY?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article is the result of the first year of doctorate studies of the author at Pontificia Universidad Javeriana in Bogotá-Colombia. It is a revision and investigation of republicanism and political constitutionalism theories, which seeks to recover the institutional legitimacy through active political participation by citizens. Republicanism and popular constitutionalism allow to highlight the leading role that should be permanent to the citizen as a creator of this track to achieve the common good. Democracy seems to oppose liberalism and the latter focuses on the protection of individual rights. Meanwhile, republicanism assumes that man seeks to build a public sphere of himself in which to develop a better collective life. Popular constitutionalism, in turn, also has as central theme: the idea that the government belongs to the people, with this competition over their representatives and the judiciary. These schools of thought are united on the premise that the collective issues are to be solved collectively and in a direction "bottom-up". Democracy ceases to be merely procedural aspiration to become a stage with a predetermined agenda: to achieve the common good for all. Citizen participation mechanisms also become indispensable tools for republicanism.]]></p></abstract>
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<body><![CDATA[<p>El art&iacute;culo es el resultado del primer a&ntilde;o del Doctorado en Ciencias Jur&iacute;dicas en la Pontificia Universidad Javeriana. Es un documento de revisi&oacute;n y al mismo tiempo de investigaci&oacute;n sobre el republicanismo y el constitucionalismo popular. El objetivo general del documento es encontrar una teor&iacute;a que permita recuperar la legitimidad institucional a trav&eacute;s de una participaci&oacute;n pol&iacute;tica activa por parte de los ciudadanos. El republicanismo y el constitucionalismo popular permiten resaltar el lugar y el papel protag&oacute;nico que debe tener el ciudadano como creador permanente de su presente encaminado a la realizaci&oacute;n del bien com&uacute;n. En este aspecto, la democracia pareciera oponerse al liberalismo, ya que este &uacute;ltimo se centra en la protecci&oacute;n de los derechos subjetivos. Por su parte, el republicanismo parte del supuesto de que el hombre busca la construcci&oacute;n de una esfera p&uacute;blica de autorealizaci&oacute;n, en la cual se pueda desarrollar una vida colectiva mejor. El &eacute;nfasis est&aacute; puesto en el <i>status </i>del hombre como ciudadano, y desde sus inicios pretende redefinir una aut&eacute;ntica posici&oacute;n igualitaria de este que se concretice en un verdadero autogobierno. Lo &quot;p&uacute;blico&quot; debe estar por lo tanto al servicio del pueblo, porque al emanar de este participativa y deliberativamente, responde claramente a sus necesidades.</p>     <p>El constitucionalismo popular, por su parte, tiene tambi&eacute;n como eje central la idea de que el gobierno le pertenece al pueblo, estando esta competencia por encima de sus representantes y del poder judicial. Estas corrientes te&oacute;ricas se unen en la premisa de que los asuntos colectivos sean resueltos colectivamente y asimismo &quot;de abajo hacia arriba&quot;. La democracia deja de tener entonces una aspiraci&oacute;n meramente procedimental, para convertirse en un escenario con una agenda predeterminada: la de alcanzar el bien com&uacute;n para todos. Los mecanismos de participaci&oacute;n ciudadana se vuelven tambi&eacute;n herramientas indispensables para el republicanismo.</p>     <p><b>Palabras clave autora: </b>Republicanismo, constitucionalismo popular, democracia, ciudadano, virtud c&iacute;vica, liberalismo, derechos subjetivos, participaci&oacute;n, deliberaci&oacute;n.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>     <p>This article is the result of the first year of doctorate studies of the author at Pontificia Universidad Javeriana in Bogot&aacute;-Colombia. It is a revision and investigation of republicanism and political constitutionalism theories, which seeks to recover the institutional legitimacy through active political participation by citizens.</p>     <p>Republicanism and popular constitutionalism allow to highlight the leading role that should be permanent to the citizen as a creator of this track to achieve the common good. Democracy seems to oppose liberalism and the latter focuses on the protection of individual rights. Meanwhile, republicanism assumes that man seeks to build a public sphere of himself in which to develop a better collective life. Popular constitutionalism, in turn, also has as central theme: the idea that the government belongs to the people, with this competition over their representatives and the judiciary. These schools of thought are united on the premise that the collective issues are to be solved collectively and in a direction &quot;bottom-up&quot;. Democracy ceases to be merely procedural aspiration to become a stage with a predetermined agenda: to achieve the common good for all. Citizen participation mechanisms also become indispensable tools for republicanism.</p>     <p><b>Keywords author: </b>Republicanism, Popular Constitutionalism, Democracy, Citizen, Civic Virtue, Liberalism, Individual Rights, Participation, Deliberation.</p> <hr>     <p><b>SUMARIO</b></p>     <p>INTRODUCCI&Oacute;N.- I. EL LIBERALISMO Y LA LIMITACI&Oacute;N AL PODER &iquest;POPULAR?.- II. EL REPUBLICANISMO O EL COMPROMISO CON LA REALIZACI&Oacute;N DEL BIEN COM&Uacute;N A TRAV&Eacute;S DE LAS VIRTUDES C&Iacute;VICAS.- III. UN POCO DE HISTORIA REPUBLICANA.- IV. EL CONSTITUCIONALISMO POPULAR O EL DERECHO A RECUPERAR LA IGUALDAD CIUDADANA E INSTITUCIONAL EN LA INTERPRETACI&Oacute;N CONSTITUCIONAL.- V. CR&Iacute;TICAS AL REPUBLICANISMO Y AL CONSTITUCIONALISMO POPULAR E INTENTOS DE RESPUESTA.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El objetivo del presente escrito es tratar de encontrar un sustento te&oacute;rico que me permita resolver una preocupaci&oacute;n que he tenido de manera constante en relaci&oacute;n al sistema pol&iacute;tico-jur&iacute;dico del pa&iacute;s, y es la ausencia casi total de participaci&oacute;n popular en la construcci&oacute;n de la cosa p&uacute;blica. &iquest;C&oacute;mo legitimar e inclusive justificar las instituciones estatales si estas no son el resultado de la voluntad popular, ni tampoco se encuentran bajo su control? Muchos, si no la mayor&iacute;a de los temas trascendentales, est&aacute;n fuera de toda regulaci&oacute;n democr&aacute;tica. Asuntos capitales relacionados con la gente se encuentran sometidos a relaciones de autoridad intrasist&eacute;mica, muchas de las veces t&eacute;cnicas (tanto econ&oacute;micas como jur&iacute;dicas) que el ciudadano desconoce, no puede controlar, y frente a las cuales no tiene ninguna participaci&oacute;n (como ejemplos podemos citar la salud, la agricultura o el sistema financiero entre otros).</p>     <p>Redescubrir el republicanismo y encontrar el constitucionalismo popular (es necesario advertir desde ya que no son lo mismo) me ha permitido recuperar te&oacute;ricamente, y espero que alg&uacute;n d&iacute;a se logre en la pr&aacute;ctica, el lugar y el papel protag&oacute;nico que para m&iacute; debe tener el ciudadano como creador permanente de su presente. Su presencia viva y su constante participaci&oacute;n deliberativa, debe reflejarse en la construcci&oacute;n del bien com&uacute;n y en su m&aacute;xima expresi&oacute;n, como lo es el constitucionalismo, el cual debe ser entendido como el espacio en el cual &quot;se constituye&quot; en permanencia una sociedad.</p>     <p>El republicanismo parte del supuesto de que el hombre es un animal c&iacute;vico <i>(zoon politikon) </i>y por lo tanto busca la construcci&oacute;n de una esfera p&uacute;blica de autorealizaci&oacute;n, en la cual se pueda desarrollar una vida colectiva mejor, sin desigualdades<sup><a href="#1" name="1.">1</a></sup>. El &eacute;nfasis est&aacute; puesto en el <i>status </i>del hombre como ciudadano<sup><a href="#2" name="2.">2</a></sup>  y, desde sus inicios, pretende redefinir una aut&eacute;ntica posici&oacute;n igualitaria de  estos (se da por entendido que los hombres son diversos pero que en su condici&oacute;n  de ciudadanos tienen su espacio y pueden actuar de manera igualitaria) que se  concretice en un verdadero autogobierno. Lo &quot;p&uacute;blico&quot; debe estar por lo tanto al servicio del pueblo, porque al emanar de este participativa y deliberativamente, responde claramente a sus necesidades. Pretende por lo tanto que los ciudadanos controlen democr&aacute;ticamente los principales aspectos de su vida en sociedad, no centr&aacute;ndose en la esfera individual y subjetiva del ser humano.</p>     <p>Profundizaremos en ello m&aacute;s adelante y veremos que el republicanismo es muy antiguo y complejo, no pudiendo ser en muchos casos definido de una manera un&iacute;voca y definitiva. Sin embargo, es necesario decir que me ubico te&oacute;ricamente en la lectura que realiz&oacute; J.G.A. Pocock sobre el republicanismo en su texto <i>El momento Maquiav&eacute;lico<sup><a href="#3" name="3.">3</a> </sup></i>y que otros han continuado y profundizado, como Skinner<sup><a href="#4" name="4.">4</a></sup>, Pettit<sup><a href="#5" name="5.">5</a></sup>, Arent<sup><a href="#6" name="6.">6</a></sup> o Spitz<sup><a href="#7" name="7.">7</a></sup>, y en Latinoam&eacute;rica Gargarella<sup><a href="#8" name="8.">8</a></sup>, Aguilar<sup><a href="#9" name="9.">9</a></sup>, Ovejero y Hern&aacute;ndez<sup><a href="#10" name="10.">10</a></sup> entre otros. Maquiavelo, Harrington<sup><a href="#11" name="11.">11</a></sup> y Rousseau ser&aacute;n entonces autores de referencia. Hannah Arendt explica por su parte &quot;lo p&uacute;blico&quot; como el espacio en el que se realiza el republicanismo c&iacute;vico, el lugar de la vida buena, el escenario de la libertad, y de igualdad entre los ciudadanos<sup><a href="#12" name="12.">12</a></sup>. Resume bien lo que pretendo defender.</p>     <p>El constitucionalismo popular al que tambi&eacute;n har&eacute; referencia en el texto, tiene asimismo como eje central la idea de que el gobierno le pertenece al pueblo<sup><a href="#13" name="13.">13</a></sup>, estando esta competencia por encima de sus representantes y del poder judicial. Es fundamental decir que esta teor&iacute;a es m&aacute;s radical que el republicanismo y que algunos<sup><a href="#14" name="14.">14</a> </sup>consideran que est&aacute; m&aacute;s cercano al comunitarismo<sup><a href="#15" name="15.">15</a></sup> que al republicanismo. Sin embargo, me interesa como aplicaci&oacute;n te&oacute;rica para el desarrollo del art&iacute;culo, puesto que comparte con el republicanismo la idea de la preeminencia del poder popular, su distanciamiento del poder judicial y su similitud de encontrar en los antifederalistas parte de su origen.</p>     <p>Como diferencia, el republicanismo acepta a unos representantes controlados por el poder popular y la idea de asamblea, parlamento o congreso (cierto nivel de institucionalidad), mientras que el constitucionalismo popular puede prescindir de ellos. Debo aclarar entonces que al constitucionalismo popular que har&eacute; referencia en el presente texto no es la corriente m&aacute;s cercana al comunitarismo sino al que nace en los Estados Unidos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y que tiene a Larry D. Kramer<sup><a href="#16" name="16.">16</a></sup> como autor central y que podr&iacute;a ser m&aacute;s similar al republicanismo contempor&aacute;neo. Como autor citado por ambas corrientes podemos mencionar a Sandel<sup><a href="#17" name="17.">17</a></sup>.</p>     <p>Es necesario recordar que desde el siglo XVIII los Estados constitucionales se han caracterizado por dos ideas clave: la de la soberan&iacute;a popular y la de la protecci&oacute;n a los derechos individuales. Habermas describe bien la tensi&oacute;n presente entre el liberalismo, que antepone los derechos individuales, y el republicanismo, que da primac&iacute;a a la soberan&iacute;a popular:</p>     <blockquote> 	    <p><i>As&iacute; no es accidental el hecho de que los derechos humanos y el principio de soberan&iacute;a popular constituyan las ideas a la luz de las cuales el derecho positivo puede a&uacute;n ser legitimado (...) las tradiciones &quot;liberales&quot; o lockeanas conciben los derechos humanos como la encarnaci&oacute;n de la autonom&iacute;a, y le otorganprioridad frente a la soberan&iacute;a popular, mientras que las tradiciones &quot;republicanas&quot; conciben la soberan&iacute;a popular como la expresi&oacute;n de la autorealizaci&oacute;n &eacute;tica de un pueblo, y le otorgan prioridad sobre los derechos humanos. En ambas concepciones, los derechos humanos y la soberan&iacute;a popular no se presuponen ni complementan demasiado entre s&iacute;, sino que m&aacute;s bien compiten entre s&iacute;<sup><a href="#18" name="18.">18</a></sup>.</i></p> </blockquote>     <p>En el fondo, lo que est&aacute; detr&aacute;s de esta competencia es una discusi&oacute;n muy antigua, que intenta resolver la dicotom&iacute;a entre qui&eacute;n prima, si el individuo o la sociedad. Las teor&iacute;as liberales (con todas las aristas que esta acepci&oacute;n implica), m&aacute;s modernas, parten de la idea de que primero est&aacute; el individuo con sus necesidades y que despu&eacute;s viene la sociedad como resultado del acuerdo realizado entre los individuos para la satisfacci&oacute;n de sus exigencias<sup><a href="#19" name="19.">19</a></sup>. Aqu&iacute; se unen el liberalismo, el iusnaturalismo y el contractualismo, porque finalmente solo se puede otorgar la voluntad para realizar el contrato, si yo-individuo la poseo antes del mismo. Ese espacio anterior al contrato es el estado de naturaleza, despu&eacute;s del contrato (acuerdo de voluntades entre los individuos para Hobbes; entre los individuos y el soberano para Locke) resulta la sociedad y aparejado el Leviant&aacute;n. Sin embargo, esta premisa que nos parece tan clara y en la cual hemos sido educados, ha sido fuertemente cuestionada desde Arist&oacute;teles, pasando por todas las visiones organicistas, incluyendo el republicanismo. Para estos, la sociedad est&aacute; primero que el individuo. La m&aacute;xima aristot&eacute;lica que fundamenta lo expuesto es que &quot;el <i>todo es primero que las partes&quot;<sup><a href="#20" name="20.">20</a></sup>. </i>Es importante saber que la visi&oacute;n aristot&eacute;lica del mundo fue la dominante hasta la implantaci&oacute;n del contractualismo (siglos XVI y XVII), lo que represent&oacute; una verdadera ruptura de la &eacute;poca, introduciendo una nueva relaci&oacute;n individuo-sociedad. Desde ese momento, la sociedad y su aparato organizacional est&aacute;n al servicio del individuo y no de la sociedad en su conjunto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero &iquest;qu&eacute; ha pasado hoy con los principios democr&aacute;ticos y el concepto de soberan&iacute;a popular<sup><a href="#21" name="21.">21</a></sup>? &iquest;Por qu&eacute; solo unos pocos pueden interpretar a la gente y saber qu&eacute; le hace bien? &iquest;Por qu&eacute; el &quot;pueblo&quot; no puede ser determinado por nosotros/ellos/yo/mismos en vez de necesitar un int&eacute;rprete de sus necesidades? <sup> <a href="#22" name="22.">22</a></sup></p>     <p>Al formular dichas preguntas surge otra, y es si para determinar la legitimidad institucional sigue siendo hoy fundamental el papel del ciudadano colombiano &quot;de a pie&quot;. Yo acojo las tesis sostenidas por el republicanismo y el constitucionalismo popular en que el papel del ciudadano com&uacute;n es indispensable en el momento de construir las instituciones y los valores colectivos. Nuestros significantes deben ser el resultado de una construcci&oacute;n colectiva, participativa y culturalmente autoreferenciada. La apuesta est&aacute; en que podemos crear a partir de nuestras propias experiencias sociales.</p>     <p>Ser&aacute;n entonces los espacios te&oacute;ricos mencionados dentro de los cuales me adentrar&eacute; para desarrollar el planteamiento. Veremos en su momento que el republicanismo y el constitucionalismo popular son tambi&eacute;n aproximaciones doctrinales susceptibles de cr&iacute;ticas, algunas de ellas muy fuertes. Sin embargo, considero que pueden traer elementos interesantes al debate. As&iacute; como el liberalismo tiene aspectos sumamente positivos, como la salvaguarda de los derechos individuales, tanto el republicanismo como el constitucionalismo popular aportan espacios indispensables y posiblemente insustituibles para la recuperaci&oacute;n de la legitimidad de lo p&uacute;blico.</p>     <p>Para un comprensible desarrollo del escrito, ser&aacute; necesario exponer primero brevemente qu&eacute; entiendo por liberalismo en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos, para as&iacute; mismo poder aprehender cu&aacute;les ser&iacute;an los aportes de las otras propuestas que se considerar&aacute;n como v&aacute;lidas alternativas al mismo. Terminar&eacute; presentando algunas de los reparos formulados a las teor&iacute;as enunciadas. Veremos que finalmente lo que est&aacute; en juego es la b&uacute;squeda de una posible legitimidad institucional. Se tratar&aacute; entonces de sopesar dos modelos distintos de democracia, que resultan a su vez de distintas tradiciones pol&iacute;ticas: la liberal y la republicana (asumiendo que republicanismo y constitucionalismo popular se acercan en este punto)<sup><a href="#23" name="23.">23</a></sup>.</p>     <p><font size="3"><b>I. EL LIBERALISMO Y LA LIMITACI&Oacute;N AL PODER &iquest;POPULAR?</b></font></p>     <p>El liberalismo, como teor&iacute;a de la organizaci&oacute;n social, pareciera gozar de una aceptaci&oacute;n generalizada a partir de finales del siglo XX y algunos sit&uacute;an su dominio desde el siglo XVIII. Desde entonces, su doctrina se ha impuesto casi de manera un&aacute;nime, como la forma m&aacute;s racional de articulaci&oacute;n social tanto pol&iacute;tica como econ&oacute;micamente hablando. Las ideas del libre mercado por un lado, que irradia no solamente el sistema econ&oacute;mico sino el pol&iacute;tico y de la &quot;mano invisible&quot;, que propende por un Estado peque&ntilde;o y casi ausente, se han tomado la mayor&iacute;a de los Estados contempor&aacute;neos.</p>     <p>Pero aunque aparentemente triunfante en el mundo actual y visto en nuestro pa&iacute;s como la (tambi&eacute;n moderna) &uacute;ltima y &uacute;nica salvaci&oacute;n, el liberalismo puede as&iacute; mismo ser un espacio excluyente, aunque aparentemente neutral<sup><a href="#24" name="24.">24</a></sup>, en sus reglas de juego puede llegar a ser tir&aacute;nico<sup><a href="#25" name="25.">25</a></sup>.</p>     <p>Sin embargo, debemos reconocer que su posici&oacute;n dominante en el mundo globalizado no es fortuita, ya que al liberalismo se le debe much&iacute;simo. Desde el siglo XVIII fue la doctrina que abander&oacute; la lucha por la separaci&oacute;n del Estado y la Iglesia, bajo la &eacute;gida de que cada individuo tiene el derecho de profesar la religi&oacute;n que considere. La posibilidad de que el Estado utilizara su aparato coercitivo para imponer un tipo determinado de religi&oacute;n motiv&oacute; la oposici&oacute;n de muchos ingleses; no olvidemos que aquellos que emigraron a los Estados Unidos lo hicieron bajo esa consigna: la libertad religiosa. A partir de entonces, se empez&oacute; a tener una n&iacute;tida diferenciaci&oacute;n entre los aspectos p&uacute;blicos del Estado y los privados de los individuos. Desde ese momento se debe respetar, en menor o mayor grado dependiendo del Estado a que hagamos referencia, la autonom&iacute;a personal y esto, mientras no se afecte a otros<sup><a href="#26" name="26.">26</a></sup>. Y ha sido esa protecci&oacute;n tenaz y frontal de los derechos fundamentales individuales lo que le ha generado al liberalismo ese lugar de preeminencia<sup><a href="#27" name="27.">27</a></sup>, y que hace que no exista en principio otra forma de concebir la vida en sociedad. El liberalismo se identifica entonces con una Carta de Declaraci&oacute;n de Derechos y con la salvaguarda de los mismos. Concebir hoy una organizaci&oacute;n social sin protecci&oacute;n de los derechos individuales es pr&aacute;cticamente imposible.</p>     <p>La clara diferenciaci&oacute;n entre lo p&uacute;blico y lo privado llev&oacute; a exigir del Estado que se comportase como un ente neutral, que no deb&iacute;a utilizar en ning&uacute;n caso su aparato burocr&aacute;tico y coactivo para imponer alg&uacute;n ideal. Las instituciones se organizaron entonces de manera espec&iacute;fica para obtener la protecci&oacute;n de los derechos individuales, ya que era lo que se pretend&iacute;a. Es necesario subrayar que la principal amenaza a los derechos individuales que se deb&iacute;a evitar institucionalmente era el actuar del soberano, sea un individuo o el pueblo a trav&eacute;s las mayor&iacute;as a trav&eacute;s del Congreso. Este temor exigi&oacute;, entonces, la construcci&oacute;n de un estricto sistema representativo y del sistema de frenos y contrapesos, como veremos m&aacute;s adelante, llevando a fortalecer el &quot;principio de distinci&oacute;n&quot;<sup><a href="#28" name="28.">28</a></sup> que aseguraba un cada vez mayor distanciamiento entre los ciudadanos y sus representantes. Para lograr hacer su trabajo, los representantes dentro del liberalismo deben ser representantes de un &quot;algo&quot; abstracto que ellos denominan inter&eacute;s nacional, que les permite interpretar a la gente, actuando exclusivamente seg&uacute;n su propio criterio.</p>     <p>Parte de lo que sucede es que liberalismo y democracia no son sin&oacute;nimos y, como hemos visto, presentan una encrucijada estructural que es la oposici&oacute;n entre lo individual y lo colectivo. La dificultad se encuentra en que el liberalismo pretende un Estado con poderes limitados para proteger la libertad individual (entendida como libertad negativa), mientras que la democracia implica otorgarle el poder a todos, o por lo menos a la mayor cantidad posible de ciudadanos. Benjamin Constant<sup><a href="#29" name="29.">29</a></sup> citado por Bobbio<sup><a href="#30" name="30.">30</a></sup>, hablaba del enfrentamiento entre la libertad de los modernos y la libertad de los antiguos, que evidenciaba la dificultad entre limitar el poder, por un lado, y lograr repartirlo, por otro:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	    <p><i>El fin de los antiguos era la distribuci&oacute;n del poder pol&iacute;tico entre todos los ciudadanos de una misma patria: ellos llamaban a esto libertad. El fin de los modernos es la seguridad en los goces privados: ellos llaman libertad a las garant&iacute;as acordadas por las instituciones para estos goces.</i></p> </blockquote>     <p>El deseo de distribuci&oacute;n del poder que implica la democracia puede tener como consecuencia para los liberales la supresi&oacute;n de la libertad individual, ya que al otorgarle m&aacute;s poder a m&aacute;s gente puede reducir al individuo a la autoridad del conjunto. Aqu&iacute; es donde viene el temor a la tiran&iacute;a de las mayor&iacute;as. Alexis de Tocqueville, quien era liberal pero no dem&oacute;crata, dec&iacute;a: <i>&quot;&iquest;Podr&aacute; sobrevivir y c&oacute;mo, la libertad en la sociedad democr&aacute;tica? (...) Quieren la igualdad en la libertad y si no pueden obtenerla la quieren con esclavitud. Est&aacute;n dispuestos a soportar la pobreza, pero no la aristocracia&quot;<sup><a href="#31" name="31.">31</a></sup>.</i></p>     <p>Lo que para los liberales estaba en juego era la posibilidad de perder libertad en aras de obtener igualdad. Esto ha generado que para preservar la libertad, los liberales est&eacute;n en principio dispuestos a sacrificar la igualdad entendida como la participaci&oacute;n de todos, y por eso hemos sido formados en la idea, muy arraigada, de que la democracia directa, como ya lo mencionamos, es un imposible pr&aacute;ctico. Esa &quot;certeza&quot; esconde el deseo real y profundo de quitarle poder a las mayor&iacute;as ya que estas, m&aacute;s que por la libertad, se inclinar&iacute;an por la igualdad, seg&uacute;n sus temores. Los representantes se instituyen entonces para jugar el papel de catalizadores o, mejor dicho, de reguladores de la opini&oacute;n p&uacute;blica.</p>     <p>Madison dec&iacute;a en <i>El Federalista </i>que era necesario <i>&quot;refinar y ampliar la voz p&uacute;blica, pas&aacute;ndola por el tamiz de un cuerpo escogido de ciudadanos ya que estos estaban en capacidad de reconocer mejor el 'bienp&uacute;blico' </i>&quot;<i><sup><a href="#32" name="32.">32</a></sup></i>.</p>     <p>Gargarella, citando a Burke<sup><a href="#33" name="33.">33</a></sup>, lo expone muy bien en su texto: &quot;La <i>ciudadan&iacute;a deb&iacute;a hacerle conocer 'sus males', sus 'dolencias' pero, en definitiva deb&iacute;an ser los mismos representantes quienes, como los 'm&eacute;dicos', deb&iacute;an diagnosticar la enfermedad y encontrar los 'remedios' adecuados para curarla&quot;.</i></p>     <p>En definitiva, para el liberalismo quienes estaban en condiciones de encontrar el tratamiento correcto eran los representantes y no los representados. Aqu&iacute; empezamos a ver el verdadero temor que se esconde tras las instituciones &quot;democr&aacute;ticas&quot; liberales y, asimismo, el comienzo de su marcado elitismo.</p>     <p>La otra instituci&oacute;n clave concebida para contener el poder o &quot;los excesos&quot; de la c&aacute;mara baja en los Estados Unidos, identificada con la representaci&oacute;n del pueblo, fue el sistema de pesos y contrapesos. Es importante recalcar que los principales controles estaban destinados al &oacute;rgano legislativo puesto que este era el m&aacute;s sensible a las mayor&iacute;as populares. La figura del senado o la posibilidad de los vetos presidenciales a las normas eran un claro ejemplo de control a lo popular. Pero fue y ha sido la posibilidad de la revisi&oacute;n judicial de las leyes lo que m&aacute;s ha desatado pol&eacute;mica, puesto que son unos pocos quienes determinan qu&eacute; es ley y qu&eacute; no. Finalmente todas estas instituciones son claras muestras del deseo de controlar y limitar al ciudadano y su sentir popular.</p>     <p>El liberalismo, como hemos visto, tanto en sus inicios como en la actualidad, refuerza la divisi&oacute;n ciudadano/representante. Dentro del modelo, los individuos se sienten cada vez m&aacute;s alejados de la vida p&uacute;blica, y entienden los asuntos de Estado como tema de expertos, t&eacute;cnicos y profesionales de la pol&iacute;tica, la econom&iacute;a o el derecho. El alejamiento de los ciudadanos de sus representantes fue buscado, entre m&aacute;s &quot;neutro&quot; y abstracto aparentara ser el Estado mejor.</p>     <p>Continuando con la idea, si la preocupaci&oacute;n clave del liberalismo es proteger al individuo del poder del Estado, podr&iacute;amos tambi&eacute;n preguntarnos &iquest;qui&eacute;n es el Estado para los liberales? Lo que nos queda claro es que el Estado deben ser &quot;unos pocos&quot; escogidos, pero definitivamente no &quot;unos muchos&quot; que son b&aacute;sicamente percibidos como incapaces, susceptibles de que si se vuelven mayor&iacute;a, pueden convertirse en una amenaza, &iquest;para los &quot;pocos&quot;, quiz&aacute;?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es importante decir, que aunque la generalidad de los federalistas<sup><a href="#34" name="34.">34</a></sup> estaba a favor de contrarrestar el poder popular por medio de estructuras end&oacute;genas, o sea a trav&eacute;s de instituciones del poder p&uacute;blico creadas para ello, la voz de Thomas Jefferson, dem&oacute;crata, republicano y antifederalista, era distinta. Este estaba en pro de permitir y apoyar controles ex&oacute;genos, es decir, no dentro de la misma estructura institucional, sino a trav&eacute;s de la ciudadan&iacute;a<sup><a href="#35" name="35.">35</a></sup>. La voz de Jefferson, veremos, ser&aacute; retomada tanto por el republicanismo contempor&aacute;neo como por el constitucionalismo popular  -versi&oacute;n Kramer-, teor&iacute;as que han sido en el pasado y a&uacute;n en el presente, alternativas interesantes a la liberal como formas de organizaci&oacute;n social.</p>     <p><FONT size="3"><b>II. EL REPUBLICANISMO O EL COMPROMISO CON LA REALIZACI&Oacute;N DEL BIEN COM&Uacute;N  A TRAV&Eacute;S DE LAS VIRTUDES C&Iacute;VICAS</b></FONT></p>     <p>El republicanismo ha sido cr&iacute;tico con el liberalismo y pretende, al igual que otras corrientes como el comunitarismo, subsanar muchos de los problemas que este ha agudizado, como el excesivo individualismo y subjetivismo que caracterizan al liberalismo y que ha aumentado la desigualdad y ha llevado a una p&eacute;rdida de inter&eacute;s por la cosa p&uacute;blica y por lo que es de &quot;todos&quot; como espacio de realizaci&oacute;n colectiva y personal. La &quot;cosa p&uacute;blica&quot; importa cada vez menos, y por lo tanto la distancia es cada vez m&aacute;s grande entre los ciudadanos y la toma de decisiones de los asuntos p&uacute;blicos. Este alejamiento impide una vigilancia y una posible limitaci&oacute;n por parte del ciudadano de la gran mayor&iacute;a de los temas centrales que ata&ntilde;en a lo que pertenece a la esfera de lo p&uacute;blico.</p>     <p>Como podemos ver, el republicanismo recupera la pol&iacute;tica entendida como el espacio de lo colectivo, no se centra &uacute;nicamente en lo individual y en lo que dicte la autonom&iacute;a de cada quien, sino que cree en la construcci&oacute;n por parte del ciudadano de espacios y virtudes c&iacute;vicas comunes, resultado de la deliberaci&oacute;n y la participaci&oacute;n. El republicanismo afirma que el pueblo es en s&iacute; mismo virtuoso y que los representantes de este solo ser&aacute;n confiables en la medida en que el pueblo tenga el control sobre ellos. Pero esto solo ser&aacute; posible si la representaci&oacute;n es plena y equitativa.</p>     <p>Para poder entender el republicanismo y su distancia con el liberalismo, es preciso saber que este no centra sus preocupaciones en los derechos individuales y/o la autonom&iacute;a personal, sino en la construcci&oacute;n participativa del bien com&uacute;n. Para el republicanismo, es plausible ponerse igualitaria y colectivamente de acuerdo en qu&eacute; es lo mejor para los ciudadanos. Ya no se trata &uacute;nicamente de poner en competencia los intereses de todos en el libre mercado pol&iacute;tico y que gane el mejor o el m&aacute;s fuerte, sino que se trata de un constructo elaborado por el ciudadano; nada se encuentra dado naturalmente. Esto significa que el eje central de su pensamiento se ubica en lo colectivo. Su n&uacute;cleo de pensamiento se fundamenta en la firme creencia de la posibilidad del autogobierno participativo. Habermas<sup><a href="#36" name="36.">36</a></sup> lo explica muy bien:</p>     <blockquote> 	    <p><i>El concepto republicano de &quot;pol&iacute;tica&quot; no se refiere a los derechos subjetivos de cada uno a la vida, la libertad, la propiedad sino preeminentemente, a la pr&aacute;ctica de la autolegislaci&oacute;n realizada por ciudadanos orientados al bien com&uacute;n, que se ven a s&iacute; mismos como miembros libres e iguales de una comunidad cooperativa y autogobernada (...) En el republicanismo la solidaridad y la orientaci&oacute;n hacia el bien com&uacute;n aparecen como una tercera fuente de integraci&oacute;n social (...) As&iacute;, la &quot;raison d'&ecirc;tre&quot; del Estado no se encuentra fundamentalmente en la protecci&oacute;n de iguales derechos privados, sino en garantizar la formaci&oacute;n de una opini&oacute;n inclusiva, y la formaci&oacute;n de la voluntad en la cual los ciudadanos libres e iguales alcanzan una comprensi&oacute;n acerca de qu&eacute; objetivos y qu&eacute; normas act&uacute;an en el inter&eacute;s com&uacute;n de todos.</i></p> </blockquote>     <p>Como vemos, en vez de aproximarse a lo &quot;colectivo&quot; como a un enemigo del cual hay que defenderse para proteger los derechos individuales de sus posibles amenazas, lo entienden como un espacio de emancipaci&oacute;n y de ayuda. En el fondo, son los creadores de la idea de libertad positiva que implica que el Estado contribuye efectivamente a la realizaci&oacute;n de la propia libertad, es decir, no solo se trata de que el Estado &quot;me deje ser&quot; sin interferencias, sino que me apoye y me proporcione los medios para &quot;poder ser&quot;, que es lo que conocemos hoy como libertad positiva. La esfera de lo p&uacute;blico no est&aacute; por lo tanto en contra del individuo, sino que se convierte en un soporte que permite desarrollar su libertad y su igualdad. Al respecto, Ney Ferreira afirma:</p>     <blockquote> 	    <p><i>El republicanismo aprecia afirmativamente las instituciones colectivas, puesto que son la fuente de creaci&oacute;n y mantenimiento de la ley que asegura la libertad. La autoridad pol&iacute;tica no es per se un instrumento de dominaci&oacute;n y, en consecuencia, una amenaza potencial a la libertad, siempre y cuando sea leg&iacute;tima, es decir constituida y actuante seg&uacute;n el criterio de la libertad como no dominaci&oacute;n. Esta garant&iacute;a no la proporciona cualquier ley, sino la que se atiene a los intereses y necesidades relevantes de los ciudadanos seg&uacute;n la interpretaci&oacute;n que ellos mismo hacen de sus necesidades e intereses y no la de ning&uacute;n tutor iluminado<sup><a href="#37" name="37.">37</a></sup>.</i></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero para que esta normatividad sea real, es indispensable que la asamblea (congreso o parlamento) piense lo mismo que el pueblo en su diversidad y localidad. Como bien est&aacute; expuesto en la cita anterior, no se trata de &quot;la ley&quot; por el mismo hecho de serla. Los republicanos especifican cu&aacute;l ser&iacute;a el tipo de ley de que se trata, que debe ser altamente participativa y deliberativa. Los representantes que la producen deben poseer y ejecutar mandatos precisos de sus representantes, no pueden ser en ning&uacute;n caso independientes de los representados y no deben por ning&uacute;n motivo &quot;interpretar&quot; al pueblo o sus necesidades (liberalismo), no existe tampoco la idea del inter&eacute;s nacional.</p>     <p>Pero para esto es necesario que cambie la cultura pol&iacute;tica-ciudadana y que representantes y representados entiendan de manera distintas sus roles. Primero que todo, debe comenzarse por recuperar el inter&eacute;s por la pol&iacute;tica y por la cosa p&uacute;blica, para que los individuos participen y deliberen activamente en la construcci&oacute;n de los aspectos colectivos de la vida en sociedad. Es necesario, por supuesto, generar espacios propicios que deben ser amplios y altamente participativos<sup><a href="#38" name="38.">38</a></sup>.</p>     <p>Al inicio del texto dijimos que el republicanismo era muy antiguo; a continuaci&oacute;n haremos un breve arqueo que da muestra de su permanencia en la historia, unas veces con mayor &eacute;xito que otras, pero siempre dando la batalla a trav&eacute;s del tiempo por la participaci&oacute;n popular y el autogobierno.</p>     <p><font size="3"><b>III. UN POCO DE HISTORIA REPUBLICANA</b></font></p>     <p>Aunque hemos mencionado a Arist&oacute;teles como una de las fuentes del republicanismo, es necesario decir que, adem&aacute;s de Atenas, su origen tambi&eacute;n se encuentra en Esparta, donde comienzan a surgir las ideas que sustentar&aacute;n los valores c&iacute;vicos y los embriones del gobierno mixto. Ser&aacute;n m&aacute;s adelante Roma, Venecia y Florencia, con sus ya constituidas rep&uacute;blicas mixtas, que tra&iacute;an el control del ejercicio del poder a trav&eacute;s de la participaci&oacute;n de distintos estamentos sociales en la toma de decisiones, las que le den las claves a Maquiavelo para su redescubrimiento y reinterpretaci&oacute;n. Posteriormente, el radicalismo ingl&eacute;s en el siglo XVII y su acogida en el siglo XVIII por algunos norteamericanos, le dar&aacute;n un vigor que a&uacute;n hoy puede percibirse<sup><a href="#39" name="39.">39</a></sup>.</p>     <p>Pero ser&aacute; J.A.G Pocock quien redescubra la influencia del republicanismo cl&aacute;sico y renacentista en el constitucionalismo norteamericano, tanto es as&iacute;, que califica la independencia norteamericana m&aacute;s como el &uacute;ltimo efecto del renacimiento, que como el primer acto del liberalismo. Seg&uacute;n Pocock, la principal influencia vino entonces de Maquiavelo (a trav&eacute;s de Harrington) y no de Locke, lo que siempre se hab&iacute;a sostenido y que implic&oacute; un gran cambio de paradigma. Todo esto suscitado por su texto escrito en 1975 como resultado de las investigaciones realizadas dentro de la Escuela de Cambridge con la colaboraci&oacute;n de otros historiadores de la talla de Quentin Skinner<sup><a href="#40" name="40.">40</a></sup>.</p>     <p>El republicanismo cl&aacute;sico y renacentista comparte con los principios del pensamiento democr&aacute;tico griego la noci&oacute;n de que el ser humano es por naturaleza un animal social y pol&iacute;tico, y que por ende es necesario que viva en comunidad para lograr materializar todas sus potencialidades. Asimismo, que un &quot;buen&quot; hombre debe ser un &quot;buen&quot; ciudadano, y buen ciudadano es aquel que posee la virtud c&iacute;vica, entendida esta como la inclinaci&oacute;n a generar el bien en todos los asuntos p&uacute;blicos. Un &quot;buen&quot; sistema pol&iacute;tico ser&aacute; por lo tanto aquel que est&eacute; conformado por buenos ciudadanos, conscientes de la virtud c&iacute;vica y que no solo la aplican, sino que la fomentan entre sus cong&eacute;neres. Tambi&eacute;n es muy importante la idea de que los ciudadanos son iguales ante la ley y que no deben existir relaciones de subordinaci&oacute;n entre un ciudadano y otro<sup><a href="#41" name="41.">41</a></sup>.</p>     <p>Sin embargo, desde ya podemos identificar una de las principales fragilidades del planteamiento y es que los &quot;ciudadanos&quot; no se encuentran necesariamente identificados con el pueblo, y que la categorizaci&oacute;n de los primeros, no es ni igualitaria, ni precisamente democr&aacute;tica. Los fines entre las personas son la m&aacute;s de las veces dis&iacute;miles, dividi&eacute;ndose estos casi siempre en intereses que pertenecen a facciones aristocr&aacute;ticas y/o olig&aacute;rquicas que a su vez est&aacute;n en oposici&oacute;n a facciones populares. Esto se ha conocido como la oposici&oacute;n entre los &quot;pocos&quot; y los &quot;muchos&quot; quienes normalmente promueven, y por lo tanto pretender satisfacer, intereses distintos<sup><a href="#42" name="42.">42</a></sup>.</p>     <p>Podr&iacute;a decirse que esta b&uacute;squeda de un equilibrio que reflejara y permitiera  la participaci&oacute;n de &quot;el uno&quot;, &quot;los pocos&quot; y &quot;los muchos&quot; radica el &eacute;xito de la  rep&uacute;blica romana, as&iacute; como la veneciana y la florentina, inspiradas en esta y  redefinidas por Maquiavelo como ejemplos exitosos de continuidad de poder. Este  sistema de gobierno se conoce como la &quot;Rep&uacute;blica mixta&quot; que inclu&iacute;a elementos de  monarqu&iacute;a, aristocracia y democracia que, al convivir, finalmente se traduc&iacute;an  en el bienestar de todos. En la Roma republicana concurr&iacute;an los c&oacute;nsules  (principio mon&aacute;rquico), el senado (principio aristocr&aacute;tico u olig&aacute;rquico) y los  tribunos o comicios del pueblo (principio democr&aacute;tico -<i>potestas in populo</i>- quien ten&iacute;a poder de veto para proteger el bien com&uacute;n)<sup><a href="#43" name="43.">43</a></sup> <sup> <a href="#44" name="44.">44</a></sup>.</p>     <p>Pero es realmente en el radicalismo ingl&eacute;s donde se ubica el reforzamiento de la teor&iacute;a republicana. Para Gargarella<sup><a href="#45" name="45.">45</a></sup> esta tradici&oacute;n se encuentra completamente evidenciada en la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII (&quot;Momento maquiav&eacute;lico&quot;), donde se vive una fuerte influencia del radicalismo. Es importante decir que los radicales ingleses defendieron enf&aacute;ticamente los ideales igualitarios en todos sus aspectos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute; pues, la idea de un autogobierno con un alto contenido de paridad popular sedujo a una gran porci&oacute;n de los ingleses de la &eacute;poca. Uno de ellos (nacido en Inglaterra pero radicado posteriormente en los Estados Unidos) fue Thomas Paine<sup><a href="#46" name="46.">46</a></sup> quien cre&iacute;a que todos los ciudadanos ten&iacute;an la misma capacidad para ejercer sus derechos, y que por encima de todo deb&iacute;a defenderse el &quot;consenso de los que viven&quot;, en contraposici&oacute;n al imperio de los muertos. Lo que buscaban los radicales era suprimir la distancia entre los ciudadanos y sus representantes, quienes eran percibidos como corruptos, pidiendo para los ciudadanos un papel preponderante en los aspectos p&uacute;blicos e institucionales del gobierno. Para lograrlo, los radicales ingleses pretend&iacute;an una mayor participaci&oacute;n de los ciudadanos en el parlamento, instaurar elecciones anuales y la obligatoriedad de alternancia en los cargos p&uacute;blicos, entre otras peticiones encaminadas a lograr una verdadera sujeci&oacute;n de los representantes a los representados. Todas estas ideas y propuestas concretas, iban en clara contraposici&oacute;n con el pensamiento conservador de la &eacute;poca.</p>     <p>En los Estados Unidos, el republicanismo aparece a finales del siglo XVIII a trav&eacute;s de los &quot;antifederalistas&quot;, quienes fueron unos ac&eacute;rrimos cr&iacute;ticos de la Constituci&oacute;n de 1787. Paine, ya norteamericano, hab&iacute;a elaborado un proyecto de Constituci&oacute;n para Pensilvania en 1776 que fue considerada como radical. En ella se planteaban sesiones parlamentarias abiertas a la gente, la iniciativa popular legislativa y la posibilidad de revocar el mandato de los representantes cuando el pueblo as&iacute; lo determinase. El poder pol&iacute;tico se encontraba por su parte ubicado en el &oacute;rgano legislativo, que era unicameral ya que se consideraba que la voluntad del pueblo era una sola<sup><a href="#47" name="47.">47</a></sup>. Dicha Carta fue la inspiraci&oacute;n para muchos radicales norteamericanos, quienes la usaron para oponerse a la Constituci&oacute;n Federal. Pretend&iacute;an asimismo minar el poder ejecutivo, reclamando que este deb&iacute;a ser elegido por el legislativo, suprimi&eacute;ndole tambi&eacute;n sus podres de veto. Adicionalmente, en abierta contradicci&oacute;n con el poder judicial, solicitaban la revisi&oacute;n de las leyes por la base popular<sup><a href="#48" name="48.">48</a></sup>.</p>     <p>En definitiva, son los ciudadanos quienes deben ser los encargados de la vida pol&iacute;tica y todas las medidas que se estimulaban estaban orientadas a que la pol&iacute;tica estuviera bajo el control popular. Thomas Jefferson compart&iacute;a las ideas que defend&iacute;an un ciudadano activo en lo p&uacute;blico, ya que este propugnaba por confiar en los ciudadanos que, seg&uacute;n &eacute;l, posee la total capacidad de hacer juicios correctos. Esta cimentaci&oacute;n de lo colectivo como resultado de la participaci&oacute;n ciudadana lleva de la mano la idea de que los derechos subjetivos deben estar subordinados a la comunidad y a los valores que le son caros a esta. Veremos m&aacute;s adelante que esa supeditaci&oacute;n de lo individual a lo colectivo, as&iacute; sea el resultado del consenso, es una de las mayores cr&iacute;ticas que se le formulan al republicanismo.</p>     <p>Por su parte, hoy el republicanismo goza de una salud renovada y se apoya en la recuperaci&oacute;n de la ley, resultado del m&aacute;s amplio autogobierno popular, como eje del ejercicio leg&iacute;timo de las instituciones del Estado.</p>     <blockquote> 	    <p><i>En efecto, mientras que en la visi&oacute;n liberal la ley busca asegurar nuestra libertad poniendo l&iacute;mites a la capacidad coercitiva del estado, en la visi&oacute;n republicana la ley vendr&iacute;a a asegurar la libertad obligando a cada uno a actuar de una forma determinada &#91;resultado&#93; del cultivo de ciertas virtudes c&iacute;vicas<sup><a href="#49" name="49.">49</a></sup>.</i></p> </blockquote>     <p>&iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a entonces el papel del Estado para el republicanismo? Ser&iacute;a el de un Estado comprometido con la formaci&oacute;n de sus ciudadanos en determinadas virtudes c&iacute;vicas que le aseguren igualdad, libertad positiva, participaci&oacute;n, deliberaci&oacute;n, construcci&oacute;n colectiva, en fin, que sea el resultado de un autogobierno verdadero, de origen popular y no limitado por la &eacute;lite decisional de los expertos. Si es popular, participativo y deliberativo, necesariamente no buscar&aacute; da&ntilde;ar los derechos individuales, ello implicar&iacute;a una participaci&oacute;n y por lo tanto legitimaci&oacute;n de la dominaci&oacute;n, lo que estar&iacute;a en franca contradicci&oacute;n con la idea de libertad republicana. El Estado republicano es por lo tanto abiertamente no neutral, sino involucrado con los principios que quiere vehicular (bien com&uacute;n), identificados con el republicanismo c&iacute;vico que pretende una vida buena.</p>     <p>Es evidente, como lo reconocen varios autores<sup><a href="#50" name="50.">50</a></sup>, el gran riesgo que implica poner en manos del Estado la promoci&oacute;n de las virtudes c&iacute;vicas; &iquest;qu&eacute; hacer si el Estado se equivoca, se excede (gran temor del liberalismo), o si sus usos son <i>per se </i>sin&oacute;nimo de dominaci&oacute;n (certeza de los comunitaristas)? Para el republicanismo, el control del Estado debe estar en los ciudadanos y ser&aacute; a trav&eacute;s de la participaci&oacute;n popular que se logre la contenci&oacute;n del posible abuso. No olvidemos que al estar los ciudadanos en completa proximidad de los representantes y al ser estos sus subordinados, los peligros de desmanes deben minimizarse. En todo caso, los autores concluyen que no hay otra posibilidad leg&iacute;tima que correr el riesgo y estar ah&iacute; (todos y cada uno) para evitarlo.</p>     <p>El republicanismo contempor&aacute;neo plantea tres pilares indispensables para realizar esa nueva posibilidad de organizaci&oacute;n social. Se debe partir de una nueva idea de libertad, de un compromiso con la formaci&oacute;n y elaboraci&oacute;n colectiva de las virtudes c&iacute;vicas y de una democracia fortalecida y din&aacute;mica para lograrlo<sup><a href="#51" name="51.">51</a></sup>.</p>     <p>La libertad debe significar entonces mucho m&aacute;s que la no interferencia por parte del Estado en la vida privada de los individuos, debe dejar de ser exclusivamente el respeto por la libertad negativa y, m&aacute;s bien, encaminarse decididamente hacia la libertad positiva, que requiere de la participaci&oacute;n del Estado para poder ser y hacer tanto individual como colectivamente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para autores centrales del republicanismo<sup><a href="#52" name="52.">52</a></sup> esta nueva libertad debe implicar asimismo, la no dominaci&oacute;n, tanto en la esfera p&uacute;blica como en la privada y ausencia total de dependencia. La primera implica que no solo el individuo debe ser libre sino tambi&eacute;n la sociedad, y para lograrlo esta debe ser el resultado de la voluntad general (ciudadanos pol&iacute;ticamente activos) de todos los miembros de la comunidad. La segunda hace referencia a que la libertad no debe ser meramente ausencia de coerci&oacute;n, sino que debe ser el resultado del autogobierno sin depender de otro u otros, incluidos los dem&aacute;s pa&iacute;ses.</p>     <p>La virtud c&iacute;vica, por su parte, comporta la idea de una ciudadan&iacute;a pol&iacute;ticamente comprometida, como ya lo hemos mencionado. El ciudadano debe buscar el bien com&uacute;n, no solo debe limitarse a ser guardi&aacute;n de sus propios derechos, sino que tambi&eacute;n debe ser consciente de que posee deberes que van m&aacute;s all&aacute; del simple respeto por los dem&aacute;s. Se requiere que el ciudadano asuma compromisos con la sociedad como el servir al bienestar de todos. Es importante recordar que desde Arist&oacute;teles el ciudadano no es nadie sin la comunidad a la cual pertenece, de modo que la identidad individual se encuentra en &iacute;ntima relaci&oacute;n al grupo y a su conglomerado cultural.</p>     <blockquote> 	    <p><i>La vida p&uacute;blica implica ser visto y ser o&iacute;do por una pluralidad de individuos que participa en un debate entre opiniones, en un &aacute;mbito que exige publicitaci&oacute;n, apertura y reconocimiento; aunque tambi&eacute;n exposici&oacute;n y riesgo. En cambio la esfera privada, el oikos, corresponde al &aacute;mbito prepol&iacute;tico de la casa (...)<sup><a href="#53" name="53.">53</a></sup>.</i></p> </blockquote>     <p>Philip Pettit<sup><a href="#54" name="54.">54</a></sup> considera que una mayor participaci&oacute;n y deliberaci&oacute;n popular en la construcci&oacute;n de dichas virtudes deben conducir como consecuencia natural a un mayor respeto por las leyes<sup><a href="#55" name="55.">55</a></sup>, ya que estas, al estar en &iacute;ntima relaci&oacute;n con los ciudadanos y surgir de ellos, responden a sus intereses. Este andamiaje de mayor compromiso debe asimismo mejorar el orden jur&iacute;dico y el sistema democr&aacute;tico en general. Como corolario para el autor &quot;todas las acciones del gobierno deben sobrevivir al desaf&iacute;o popular&quot;. As&iacute; los ciudadanos no hagan directamente todas las leyes, s&iacute; est&aacute;n en condiciones de rechazar las que no consideren pertinentes. Finalmente, para los republicanos modernos, la virtud c&iacute;vica fomenta la intervenci&oacute;n y la discusi&oacute;n ciudadanas, las cuales deben estar necesariamente al servicio de la justicia social.</p>     <p>El &uacute;ltimo pilar promovido por el republicanismo es aquel que clama por una democracia fortalecida<sup><a href="#56" name="56.">56</a></sup> que sirva de soporte a los principios deliberativos y participativos. Este es un ideal de discusi&oacute;n abierta y p&uacute;blica, en la que debe haber un &eacute;nfasis particular en que los excluidos, entendidos como todos los ciudadanos que no son normalmente escuchados, intervengan activamente. Se trata de promover procesos de comunicaci&oacute;n inclusivos y entusiastas. Es importante recalcar que debe desestimularse la presencia de una aristocracia de funcionarios ungidos con la capacidad exclusiva de representar e interpretar a los otros. Las discusiones p&uacute;blicas deben dejar de ser a puerta cerrada y se debe procurar que cada persona pueda exponer p&uacute;blicamente sus puntos de vista.</p>     <p>La estructura as&iacute; dise&ntilde;ada aparece en clara contraposici&oacute;n a la democracia liberal pluralista y meramente instrumental que conocemos, en la que la pol&iacute;tica se convierte en un asunto de grupos de inter&eacute;s en competencia resultado de la cual debe ganar &quot;el mejor o el m&aacute;s fuerte&quot;. En la democracia republicana, quienes tomen decisiones por asuntos ego&iacute;stas deber&aacute;n justificarlo ante los dem&aacute;s. Es indudable que al escucharse entre todos se podr&aacute;n reconocer errores y aciertos, y se lograr&aacute; asimismo revisar las propias razones, porque al enfrentarse con las dem&aacute;s, se posibilita un cambio de parecer cuando se nos expongan razones justificadas o que consideremos m&aacute;s acertadas.</p>     <p>El republicanismo asume as&iacute; que de las discusiones colectivas resultan invaluables experiencias ya que por medio de estas se genera legitimidad y compromiso. Desde luego, esto implica un cambio de cultura que conlleva aparejado como natural, que solo debe aprobarse lo p&uacute;blica y colectivamente debatido. Para conseguirlo es clave materializar la igualdad pol&iacute;tica sin ning&uacute;n distingo de los ciudadanos y comprender que la democracia deja de tener una aspiraci&oacute;n meramente procedimental para convertirse en un escenario con una agenda predeterminada: la de alcanzar el bien com&uacute;n para todos.</p>     <p>La dificultad que surge es si todo debe someterse a la discusi&oacute;n p&uacute;blica. El republicanismo es consciente de las dificultades pr&aacute;cticas y por eso busca que por lo menos se respeten tres espacios<sup><a href="#57" name="57.">57</a></sup>: Deben darse discusiones de los representantes entre s&iacute;, entre los representantes y los ciudadanos, y entre los propios ciudadanos para que puedan ejercer control real frente a los representantes. Adicionalmente, debe disminuirse lo m&aacute;s posible el di&aacute;logo &uacute;nico entre t&eacute;cnicos, es fundamental que la discusi&oacute;n se realice de &quot;abajo hacia&nbsp; arriba&quot; y que los ciudadanos a quienes les ata&ntilde;e la medida, participen en la toma de decisiones. Los mecanismos de participaci&oacute;n ciudadana como la iniciativa popular legislativa, el referendo, el plebiscito, la revocatoria del mandato y los derechos de petici&oacute;n, se vuelven tambi&eacute;n herramientas indispensables para el republicanismo. Se parte asimismo del supuesto de que el di&aacute;logo con los representantes es permanente y de que hay momentos definidos para la rendici&oacute;n de cuentas por parte de estos a sus representados.</p>     <p>Otra mirada que recupera la idea de que el poder gubernamental pertenece al pueblo es la del constitucionalismo popular. Reitero que al constitucionalismo que har&eacute; referencia no se relaciona directamente con el comunitarismo ni con el multiculturalismo, sino que centra su preocupaci&oacute;n en el control judicial de constitucionalidad exclusivo por parte de los jueces. Algunos, como Kramer, piensan que la Constituci&oacute;n debe quitarse de las manos de los tribunales y d&aacute;rsela a poderes m&aacute;s democr&aacute;ticos, mientras que otros, como Tushnet (quien es aun m&aacute;s radical), creen que no debe haber ning&uacute;n tipo de control de constitucionalidad. A continuaci&oacute;n describiremos brevemente la teor&iacute;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>IV. EL CONSTITUCIONALISMO POPULAR O EL DERECHO A RECUPERAR LA IGUALDAD CIUDADANA E INSTITUCIONAL EN LA INTERPRETACI&Oacute;N CONSTITUCIONAL</b></font></p>     <p>La premisa principal, como ya lo mencionamos en la introducci&oacute;n, es que para el constitucionalismo popular el gobierno y el control constitucional le pertenecen al pueblo, antes que a sus representantes o al poder judicial. Por lo tanto, esta teor&iacute;a cuestiona fuertemente la idea de que la Corte Suprema norteamericana y sus jueces sean los &uacute;nicos y exclusivos int&eacute;rpretes de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica. Para el ordenamiento norteamericano, y para el colombiano tambi&eacute;n, son los tribunales constitucionales los que deben determinar el alcance y el contenido del texto constitucional, y ello no solo frente a las otras ramas del poder p&uacute;blico, sino frente a los ciudadanos en general.</p>     <p>Kramer desconf&iacute;a de la fijaci&oacute;n que existe en torno al poder judicial y trae una lectura diferente del origen del constitucionalismo norteamericano, entendido tradicionalmente como meramente liberal, posici&oacute;n en la que coincide con Pocock. Pero para el autor el movimiento constitucional norteamericano fue realizado en un ambiente popular, y para ejemplificarlo rescata a personajes como Thomas Jefferson o Lincoln, quienes promulgaban por un l&iacute;mite al poder de los jueces (aqu&iacute; se unen republicanismo y constitucionalismo popular al considerar a Jefferson como republicano). Para ellos, debe ser el ciudadano quien posea la &quot;&uacute;ltima palabra&quot; y por ende el verdadero &oacute;rgano de cierre, sobre el contenido y la expresi&oacute;n misma de la Constituci&oacute;n, no un grupo elitista y en principio considerado como superior (liberalismo). Fundamentalmente lo que busca es relacionar la historia constitucional de los Estados Unidos con el pueblo y los distintos movimientos sociales.</p>     <p>Esta corriente trae un tema que es para m&iacute; del mayor inter&eacute;s y es la teor&iacute;a &quot;departamentalista&quot; o &quot;concurrente&quot; sostenida por Jefferson, y que postula que ninguna de las ramas del poder p&uacute;blico es superior a las otras al momento de interpretar la Constituci&oacute;n, as&iacute; como la idea de que las decisiones judiciales resultan sin sentido si no tienen el apoyo de las otras ramas del poder p&uacute;blico y, sobre todo, la acogida y aceptaci&oacute;n real del pueblo<sup><a href="#58" name="58.">58</a></sup>. Finalmente, la teor&iacute;a concluye, como lo hace el republicanismo, que debe ser la sociedad (entendida como los ciudadanos o el pueblo) quien debe autodefinirse y al hacerlo debe lograrlo de manera igualitaria. Antonio Leal<sup><a href="#59" name="59.">59</a> </sup>se hace las siguientes preguntas al abordar su an&aacute;lisis del tema, las cuales comparto en su integralidad por resumir gran parte de la problem&aacute;tica: <i>&quot;&iquest;Implica que los distintos &oacute;rganos del poder p&uacute;blico no tienen ninguna funci&oacute;n de interpretaci&oacute;n de la Carta Pol&iacute;tica? Y, m&aacute;s significativamente, &iquest;Implica lo anterior que el pueblo no tiene ning&uacute;n rol en la interpretaci&oacute;n de <b>su </b>Constituci&oacute;n? &iquest;Debe limitarse a obedecer? &iquest;Es, entonces la Constituci&oacute;n un monopolio de la Corte Constitucional?&quot;.</i></p>     <p>Lo que detecta y denuncia el constitucionalismo popular es que el &uacute;nico papel que le dejan a los ciudadanos en la actualidad es el de someterse a los dict&aacute;menes &quot;jur&iacute;dicos&quot; de la Corte Constitucional, cuando su rol principal deber&iacute;a ser el de autogobernarse. En el fondo, lo que ha sucedido es que la aproximaci&oacute;n del pueblo a sus instituciones dej&oacute; de ser pol&iacute;tica en el sentido m&aacute;s amplio del t&eacute;rmino, y pas&oacute; a ser un asunto exclusivamente jur&iacute;dico depositado en las manos de especialistas.</p>     <p>El intento liberal de evitar las &quot;presiones&quot; populares a sus instituciones ha sido muy efectivo, tanto que hoy la gente percibe el Estado, el gobierno y su funcionamiento (incluidas todas las normas que produce), como algo que ya no les ata&ntilde;e, y la verdad es que hace rato que efectivamente ya no les incumbe. Cuando lo que la ciudadan&iacute;a piensa, dice o hace no corresponde a las estrictas narrativas profesionalizantes del derecho<sup><a href="#60" name="60.">60</a></sup>, ya no son expresiones leg&iacute;timas de su sentir pol&iacute;tico y ciudadano.</p>     <p>En este punto, el constitucionalismo popular es enf&aacute;tico en afirmar que una cosa es el &quot;control judicial&quot;, y otra la &quot;supremac&iacute;a judicial&quot;. Debe existir una profunda distinci&oacute;n entre las dos, si bien es la segunda la que recibe mayores cr&iacute;ticas de varios autores<sup><a href="#61" name="61.">61</a></sup>. La teor&iacute;a sostiene que ninguna rama del poder p&uacute;blico es superior a las otras, en relaci&oacute;n a la guarda de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica. Existe un acentuado antielitismo con relaci&oacute;n a la funci&oacute;n de la Cortes como los &uacute;nicos int&eacute;rpretes constitucionales, se considera que sus facultades son desproporcionadas y tienen como resultado una creciente sensibilidad &quot;antipopular&quot;<sup><a href="#62" name="62.">62</a></sup>.</p>     <p>Los jueces se han convertido as&iacute; en los &quot;&uacute;ltimos int&eacute;rpretes&quot; de la Constituci&oacute;n. El origen de dicha facultad tuvo lugar en el conocido y considerado para algunos, como el m&aacute;s importante fallo de la Corte Suprema norteamericana: &quot;Marbury vs. Madison&quot;<sup><a href="#63" name="63.">63</a></sup> (1803) en el cual, por primera vez, la Corte declar&oacute; la inconstitucionalidad de una ley. A partir de ese momento la tesis del juez Marshall se impuso en el sentido de que la Corte Suprema (los tribunales constitucionales) se convierten en la &uacute;ltima instancia para resolver los conflictos constitucionales de una sociedad.</p>     <p>Para nosotros, como colombianos, dichas aproximaciones pueden ser dif&iacute;cil de comprender, puesto que en nuestro pa&iacute;s el papel jugado por una Corte Constitucional progresista como la nuestra ha sido muy positivo, o por lo menos ese ha sido el ideal en el que hemos sido formados a partir de la Constituci&oacute;n de 1991. Gargarella<sup><a href="#64" name="64.">64</a></sup> habla sin embargo del fin de la &quot;utop&iacute;a judicial&quot; como una realidad. Expone que la seguridad de que el espacio para el cambio social se encontraba exclusivamente en los jueces y sus tribunales ha terminado. Hoy es necesario generar ambientes m&aacute;s inclusivos y participativos.</p>     <p>La idea de que eran los jueces los llamados a generar los cambios sociales, se origin&oacute; en los Estados Unidos con la llamada &quot;Corte Warren&quot; (1953-1969) debido a los logros reformistas en materia de derechos civiles que esta conquist&oacute;. Se ha comprobado que las Cortes se muestran mucho m&aacute;s eficientes y r&aacute;pidas al momento de tomar decisiones que un congreso o parlamento que por su esencia es mucho m&aacute;s lento, al ser plural, heterog&eacute;neo, m&aacute;s representativo y deliberativo. Mucho del activismo en materia de derechos humanos encontr&oacute; eco en los tribunales constitucionales (juristas formados de una manera similar) que pod&iacute;an, con base en la interpretaci&oacute;n hac&iacute;an del texto constitucional, reestructurar los derechos all&iacute; consagrados.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero como consecuencia l&oacute;gica del hecho de depender para el cambio social de una sola instituci&oacute;n (por dem&aacute;s aristocr&aacute;tica y excluyente) que deja de lado (sus miembros) una tendencia progresista, la desilusi&oacute;n frente a su rol como motor de transformaci&oacute;n es inevitable. Eso fue lo que sucedi&oacute; con el ejercicio de la Corte Suprema de Justicia bajo la presidencia del magistrado William Rehnquist (1986-2005) en los Estados Unidos. Al constatar que se trataba de una Corte conservadora (nada le exige a los magistrados ser unos int&eacute;rpretes del texto constitucional comprometidos con el cambio y en materia de derechos humanos) se volvi&oacute; a mirar hacia los ciudadanos como el estamento id&oacute;neo y natural para obtener realmente el cambio social.</p>     <p>El pueblo y sus mayor&iacute;as desean tanto la igualdad como la libertad positivas,  por lo que deben ser los ciudadanos quienes generen sus normas. Estas est&aacute;n para  beneficio del ciudadano y deben ser ellos quienes las decidan; al tener que  realizar procesos participativos y deliberativos hay un menor riesgo de que la  mayor&iacute;a se equivoque. Aqu&iacute; podemos hacer tambi&eacute;n una fuerte cr&iacute;tica al poder contra mayoritario que ha ejercido la autoridad judicial.</p>     <p>El constitucionalismo popular busca demostrar entonces que el papel del pueblo fue y ha sido esencial para la generaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n norteamericana. Primero, argumenta que la Constituci&oacute;n como actitud y vivencia, precedi&oacute; al texto formal, lo que demostrar&iacute;a que la esencia de la Carta se encuentra en la gente y no en unos art&iacute;culos; en segundo lugar, sostiene que el pueblo, los ciudadanos, han sido quienes la han interpretado e implementado desde siempre<sup><a href="#65" name="65.">65</a></sup>. De estas afirmaciones se desprenden otras consecuencias como que la Constituci&oacute;n vive m&aacute;s all&aacute; de las Cortes (movimientos sociales, costumbres populares, identidad) y por consiguiente que los ciudadanos pueden defender y nutrir en permanencia su Constituci&oacute;n, entendida como la carta de navegaci&oacute;n presente que desean tener los ciudadanos para su destino com&uacute;n. La recuperaci&oacute;n del Congreso como int&eacute;rprete de la Constituci&oacute;n se convierte tambi&eacute;n en una prioridad, al entenderlo como el espacio m&aacute;s representativo y cercano al poder popular.</p>     <p>Hay un aspecto trascendental que no debemos olvidar, y es la aceptaci&oacute;n y la confirmaci&oacute;n por parte del constitucionalismo popular de que el derecho se produce tambi&eacute;n por fuera de los espacios formalmente normativos, es decir, la ciudadan&iacute;a crea derecho de forma permanente, independientemente de que lo haga desde los &aacute;mbitos judiciales o institucionales.</p>     <p>Existe otro argumento en que esta teor&iacute;a se une vigorosamente con el republicanismo y es que aboga tambi&eacute;n porque los asuntos colectivos sean resueltos colectivamente. Desafortunadamente, como qued&oacute; evidenciado desde el principio del texto, pareciera que los derechos fundamentales y la soberan&iacute;a popular entran en franca pugna, ya que en algunos casos son finalmente los derechos individuales los que limitan las decisiones de origen popular.</p>     <p>En &uacute;ltimas, podr&iacute;amos afirmar que esta teor&iacute;a pretende modificar la manera como se desempe&ntilde;a el derecho hoy d&iacute;a. Es muy cr&iacute;tica con este, ya que afirma que el derecho se ha convertido en un mundillo de expertos due&ntilde;os de la verdad, que posee la capacidad de decirle a los dem&aacute;s c&oacute;mo deben vivir la vida. En las teor&iacute;as mencionadas este anhelo es en cambio el resultado de un di&aacute;logo entre ciudadanos iguales y como consecuencia de un amplio proceso participativo y deliberativo que resulta en una estructura que va creciendo &quot;de abajo hacia arriba&quot;.</p>     <p>Consideramos sin embargo importante, ya para concluir, traer a colaci&oacute;n un recuento de las principales cr&iacute;ticas que le han sido formuladas tanto al republicanismo como al constitucionalismo popular, observaciones sin las que el panorama presentado no podr&iacute;a ser representativo.</p>     <p><font size="3"><b>V. CR&Iacute;TICAS AL REPUBLICANISMO Y AL CONSTITUCIONALISMO POPULAR E INTENTOS DE RESPUESTA</b></font></p>     <p>Como lo dijimos desde el principio del texto, no es una casualidad que la doctrina liberal aparezca como la teor&iacute;a dominante en el mundo contempor&aacute;neo, eso con mayor o menor &eacute;xito desde el siglo XVIII. Su compromiso con la protecci&oacute;n de los derechos individuales y con la autonom&iacute;a personal le ha otorgado el lugar de privilegio que hoy le concedemos.</p>     <p>El republicanismo desde la edad antigua y el constitucionalismo popular m&aacute;s  recientemente, se han constituido en rivales de peso, pero es precisamente de  los elementos caracter&iacute;sticos del liberalismo que hemos mencionado de donde  surgen las cr&iacute;ticas m&aacute;s dif&iacute;ciles de refutar. Sobre todo, la dificultad que  resulta de la promoci&oacute;n desde el aparato estatal de las virtudes c&iacute;vicas. El  problema central radica en que se podr&iacute;a tratar de valores que pueden resultar  impuestos por medio del poder coercitivo del Estado, si no se consolida un  verdadero control c&iacute;vico-popular. Otro inconveniente detectado es que el Estado  puede dedicarse &uacute;nicamente a satisfacer las necesidades de la mayor&iacute;a resultante  de la voluntad popular y ocultar completamente las demandas de las minor&iacute;as.  Esto se dar&iacute;a si no hubiera una verdadera representaci&oacute;n de todos los estamentos  sociales. Algunos cr&iacute;ticos perciben un intento, inclusive autoritario, por  imponer medidas perfeccionistas que alienten ciertos prototipos de vida y que como consecuencia terminan por interferir en la esfera privada de los individuos<sup><a href="#66" name="66.">66</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las preguntas que se hace Dahl<sup><a href="#67" name="67.">67</a></sup> son importantes &iquest;C&oacute;mo inculcar las virtudes c&iacute;vicas sin violar las libertades fundamentales? &iquest;C&oacute;mo inculcar el ser un &quot;buen ciudadano&quot;? Para el autor, esto lleva a tener una extrema prudencia por parte de los republicanos al momento de precisar las diversas propuestas institucionales.</p>     <p>Otros autores entienden que los riesgos enunciados existen pero que en el fondo son resultado de la condici&oacute;n humana y que por lo tanto inevitables hasta cierto punto:</p>     <blockquote> 	    <p><i>La pol&iacute;tica republicana es una pol&iacute;tica de riesgos, una pol&iacute;tica sin garant&iacute;as. Y el riesgo que implica se vincula con su proyecto formativo. Concederle a la comunidad pol&iacute;tica la posibilidad de influir en la formaci&oacute;n del car&aacute;cter de los ciudadanos implica aceptar la posibilidad de que malas comunidades formen malos caracteres. La dispersi&oacute;n del poder y la existencia de m&uacute;ltiples sitios para la formaci&oacute;n c&iacute;vica pueden reducir estos riesgos, pero no eliminarlos. Esta es la verdad en la queja liberal acerca de la pol&iacute;tica republicana<sup><a href="#68" name="68.">68</a></sup>.</i></p> </blockquote>     <p>Parte del peligro radicar&iacute;a en que se acabar&iacute;a con la neutralidad estatal tan preciada por el liberalismo, y aunque se afirma tambi&eacute;n que esa neutralidad no es honesta, est&aacute; claro que el liberalismo propugna por el libre comercio, el capitalismo y la ley de oferta y demanda, donde las consecuencias para los excluidos no son tenidas en cuenta. El liberalismo se ha convertido en el gobierno de los &quot;pocos&quot;, y se podr&iacute;a decir incluso que desde siempre la voluntad general ha sido deso&iacute;da. &iquest;Qu&eacute; riesgo real habr&iacute;a en escuchar a las mayor&iacute;as? Posiblemente para algunos los peligros ser&aacute;n inminentes, pero para muchos podr&iacute;a consistir en una oportunidad.</p>     <p>Otro peligro enunciado desde el liberalismo es el riesgo de caer en el populismo, que para algunos llega a ser sin&oacute;nimo de todos los males en la actualidad. La ignorancia, la demagogia, el inmediatismo, la falta de raz&oacute;n, de previsi&oacute;n, son como m&iacute;nimo los padecimientos que se le encuentran al populismo, siguiendo el prejuicio de que las mayor&iacute;as identificadas con el pueblo son incapaces. Peor a&uacute;n si el fen&oacute;meno se une con el caudillismo y el estatismo. Gargarella<sup><a href="#69" name="69.">69</a></sup> considera, sin embargo, que el peligro de caer en el populismo es exagerado ya que este implicar&iacute;a la falta de l&iacute;mites al Estado, y lo que plantea el republicanismo (y podemos decir que el constitucionalismo popular tambi&eacute;n) no es la ausencia de l&iacute;mites sino la presencia de l&iacute;mites diferentes. Los l&iacute;mites ya no ser&iacute;an end&oacute;genos (las Cortes) sino ex&oacute;genos (la ciudadan&iacute;a). Es decir, los l&iacute;mites se encontrar&iacute;an en el pueblo, que como Jefferson dec&iacute;a, posee todas las capacidades para discernir entre qu&eacute; est&aacute; bien y qu&eacute; est&aacute; mal, sobre todo si ha sido educado en la b&uacute;squeda del bien com&uacute;n, el cual ha sido construido igualitaria, participativa y deliberadamente.</p>     <p>Existe una cr&iacute;tica espec&iacute;fica al constitucionalismo popular y es que su censura a las Cortes constitucionales perece excesiva. La verdad es que las Cortes progresistas han hecho mucho para redistribuir, sobre todo en pa&iacute;ses como Colombia. El problema que sigue estando presente y que detecta el constitucionalismo popular es que los efectos de las decisiones judiciales quedan muy disminuidos si no son el resultado del di&aacute;logo hacia adentro, hacia afuera (ciudadan&iacute;a) y de abajo hacia arriba (ciudadanos, aplicadores y decisores). Sin el apoyo de las otras ramas, ejecutiva y legislativa y sin el respaldo y aceptaci&oacute;n popular, sus medidas se tornan ineficaces la mayor&iacute;a de las veces.</p>     <p>Sin embargo, las dos dificultades m&aacute;s grandes que he encontrado en el an&aacute;lisis para poner en pr&aacute;ctica las doctrinas estudiadas y que para m&iacute; a&uacute;n persisten son las siguientes: primero, &iquest;qui&eacute;n es el &quot;pueblo&quot; para las teor&iacute;as mencionadas? Nos ha quedado claro que tanto para el republicanismo como para el constitucionalismo popular no puede haber ning&uacute;n sistema pol&iacute;tico considerado leg&iacute;timo, apropiado o justo si excluye la participaci&oacute;n del pueblo en su gobierno<sup><a href="#70" name="70.">70</a></sup>. Pero en concreto &iquest;qu&eacute; significa el gobierno del pueblo? &iquest;Qui&eacute;nes son (integran) el pueblo? &iquest;Qui&eacute;n los determina? &iquest;Qu&eacute; significa que ellos gobiernen? &iquest;C&oacute;mo se convierte uno en ciudadano? Hist&oacute;ricamente ha existido un problema de exclusiones permanente, en raz&oacute;n de la raza, el g&eacute;nero o las posibilidades econ&oacute;micas entre otros. El segundo problema que persiste es el del tama&ntilde;o y la gran cantidad de poblaci&oacute;n de los pa&iacute;ses en la actualidad, &iquest;se puede ser verdaderamente democr&aacute;ticos a gran escala, es decir, participativos y deliberativos a plenitud, cuando hoy las sociedades son tan grandes y, al mismo tiempo, fuertemente heterog&eacute;neas?<sup><a href="#71" name="71.">71</a></sup></p>     <p>A pesar de que las cr&iacute;ticas planteadas son de peso, deseo concluir que soy optimista y que comparto tanto los planteamientos del republicanismo como los del constitucionalismo popular. Rescatar lo p&uacute;blico significa abrir los espacios para generar libertad, igualdad y la procura de una vida buena. Implica entrar en comunicaci&oacute;n y escucha deliberativa, participativa y productiva con los integrantes de la sociedad logrando autorealizaci&oacute;n e incluso autorevelaci&oacute;n<sup><a href="#72" name="72.">72</a></sup>.</P> <hr>     <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina:</b></font></p> <sup><a name="1" href="#1.">1</a></sup>Carlos Kohn W., <i>Teor&iacute;a y pr&aacute;ctica del republicanismo c&iacute;vico: La perspectiva arendtiana, </i>138 <i>Filosof&iacute;a Unisinos </i>(2005).    ]]></body>
<body><![CDATA[<BR> <sup><a name="2" href="#2.">2</a></sup>Pablo Ney Ferreira, <i>La tradici&oacute;n perdida. El republicanismo. </i>Serie Convivencias (LXVIII). Disponible en: <a  target="_blank" href="http://www.chasque.net/frontpage/relaci%c3%b3n/0403/Republicanismo.htm">http://www.chasque.net/frontpage/relaci&oacute;n/0403/Republicanismo.htm</a>    <BR> <sup><a name="3" href="#3.">3</a></sup>J.G.A. Pocock, <i>El momento maquiav&eacute;lico. El pensamiento pol&iacute;tico florentino y la tradici&oacute;n republicana atl&aacute;ntica </i>(Tecnos, Madrid, 2002). El original fue publicado en ingl&eacute;s en 1975.    <BR> <sup><a name="4" href="#4.">4</a></sup>Quentin Skinner, <i>The foundations of modern political thought </i>(Cambridge University Press, Cambridge, 1978); <i>Machiavelli </i>(Oxford University Press, Oxford, 1981); <i>Liberty before Liberalism </i>(Cambridge University Press, Cambridge, 1998).    <BR> <sup><a name="5" href="#5.">5</a></sup>Philip Pettit, <i>Republicanismo: una teor&iacute;a sobre la libertad y el gobierno </i>(Paid&oacute;s, 1999).    <BR> <sup><a name="6" href="#6.">6</a></sup>Hanna Arent, <i>Crises of the republic </i>(Harcourt Brace Jovanovich, New York, 1972); <i>La condici&oacute;n humana </i>(Paid&oacute;s, Barcelona, 1993); <i>El pasado y el futuro </i>(Pen&iacute;nsula, Barcelona, 1996).    <BR> <sup><a name="7" href="#7.">7</a></sup>Jaen-Fabien Spitz, <i>La libert&eacute; politique: essai de g&eacute;n&eacute;alogie conceptuelle </i>(PUF, Collection L&eacute;viathan, Par&iacute;s, 1995).    <BR> <sup><a name="8" href="#8.">8</a></sup>Ampliamente citado durante todo el texto, lo mismo que Ovejero.    <BR> <sup><a name="9" href="#9.">9</a></sup>Jos&eacute; Antonio Aguilar &amp; Rafael Rojas, coord., <i>El republicanismo en Hispanoam&eacute;rica </i>(Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 2002).    <BR> <sup><a name="10" href="#10.">10</a></sup>Andr&eacute;s Hern&aacute;ndez, <i>Republicanismo contempor&aacute;neo </i>(Siglo del Hombre, Universidad de los    <BR>Andes, CIDER, Bogot&aacute;, 2004).    ]]></body>
<body><![CDATA[<BR> <sup><a name="11" href="#11.">11</a></sup>Principal exponente del radicalismo ingl&eacute;s del siglo XVIII.    <BR> <sup><a name="12" href="#12.">12</a></sup>Carlos Kohn, op. cit., 141.    <BR> <sup><a name="13" href="#13.">13</a></sup>Roberto Gargarella, <i>El nacimiento del constitucionalismo popular. Sobre The people Themselves de Larry Kramer. </i>Disponible en: <a  target="_blank" href="http://www.juragentium.unifi.it/surveys/latina/gargarel.pdf">http://www.juragentium.unifi.it/surveys/latina/gargarel.pdf</a> (febrero de 2010).    <BR> <sup><a name="14" href="#14.">14</a></sup>Conversaciones con Roberto Vidal L&oacute;pez, quien considera que el Constitucionalismo popular no se puede relacionar con el republicanismo debido a que el primero busca otra cosa, y es romper con la institucionalidad y sus formas.    <BR> Otro autor de corriente similar a la de Vidal es Ricardo San&iacute;n Restrepo en su texto <i>Teor&iacute;a cr&iacute;tica constitucional. Rescatando la democracia del liberalismo </i>(Pontificia Universidad Javeriana, Bogot&aacute;, 2009). Se trata de miradas comunitaristas.    <BR> <sup><a name="15" href="#15.">15</a></sup>El comunitarismo viene de la propuesta multiculturalista y de la pol&iacute;tica del reconocimiento. Critica al liberalismo y los valores ilustrados de la modernidad. No cree, como los republicanos, en la neutralidad del liberalismo. Como exponentes de la teor&iacute;a comunitarista se puede mencionar a MackIntyre, Selznik, Taylor, Walser o Sandel a quien otros autores consideran republicano.    <BR> <sup><a name="16" href="#16.">16</a></sup>Autor del libro <i>The People Themselves </i>(Oxford University Press, Nueva York, 2004). Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Stanford Estados Unidos. Existen numerosos autores del constitucionalismo popular, tales como Mark Tushnet, Jeremy Waldrom, Akhil Amar o Jack Balkin, entre otros.    <BR> <sup><a name="17" href="#17.">17</a></sup>Michel J. Sandel, <i>Liberalism and the limits of Justice </i>(Cambridge University Press, 1998); <i>Justice a Reader </i>(Oxford University Press, 2007).    <BR> <sup><a name="18" href="#18.">18</a></sup>Jurgen Habermas, Derechos humanos y soberan&iacute;a popular: las versiones liberal y republicana, en Nuevas ideas republicanas, 191-197 (Ovejero, Mart&iacute; &amp; Gargarella, comp., Paid&oacute;s, Espa&ntilde;a,2004).    <BR> <sup><a name="19" href="#19.">19</a></sup>Norberto Bobbio, <i>Liberalismo y democracia, </i>15-16 (11<sup>a</sup> ed., Fondo de Cultura Econ&oacute;mica,M&eacute;xico, 2006).    ]]></body>
<body><![CDATA[<BR> <sup><a name="20" href="#20.">20</a></sup>Norberto Bobbio, <i>Liberalismo y Democracia, </i>op. cit., 15-16.    <BR> <sup><a name="21" href="#21.">21</a></sup>Democracia entendida como la defin&iacute;a Lincoln: &quot;El <i>gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo&quot;.</i>    <BR> <sup><a name="22" href="#22.">22</a></sup> Entiendo que la noci&oacute;n de ciudadano y de pueblo son pol&eacute;micas considerando que en la historia de nuestro pa&iacute;s ha habido un trato discriminatorio frente a quienes se les otorga o no la ciudadan&iacute;a. Durante mucho tiempo solo pod&iacute;an ser ciudadanos quienes sab&iacute;an leer y escribir y quienes pose&iacute;an rentas; de forma similar, la mujer solo adquiri&oacute; la capacidad de voto con el plebiscito de 1957. Al ser pues una noci&oacute;n abstracta est&aacute; llena de contradicciones e injusticias.    <BR> <sup><a name="23" href="#23.">23</a></sup>Ambrosio Velasco, <i>Liberalismo y republicanismo: dos tradiciones pol&iacute;ticas, </i>en <i>Republicanismo y multiculturalismo </i>(Siglo XXI editores, M&eacute;xico,  2006).    <BR> <sup><a name="24" href="#24.">24</a></sup>Vidal afirma que no es neutral sino que favorece ampliamente a las leyes del mercado, posici&oacute;n que comparto.    <BR> <sup><a name="25" href="#25.">25</a></sup>Daniel Bonilla, Colon Crawford &amp; Carmen Gonz&aacute;lez, <i>Derecho, democracia y econom&iacute;a de mercado </i>(Colecci&oacute;n Biblioteca Jur&iacute;dica Uniandina, Bogot&aacute;, 2009).    <BR> <sup><a name="26" href="#26.">26</a></sup>Roberto Gargarella, <i>La comunidad igualitaria y sus enemigos, </i>76 en <i>Republicanismo contempor&aacute;neo </i>(Andr&eacute;s Hern&aacute;ndez, comp., Siglo del Hombre Editores, Bogot&aacute;, 2002).    <BR> <sup><a name="27" href="#27.">27</a></sup>Ib., 75.    <BR> <sup><a name="28" href="#28.">28</a></sup>Ib., 77-79.    <BR> <sup><a name="29" href="#29.">29</a></sup>Francia, 1767-1830.    ]]></body>
<body><![CDATA[<BR> <sup><a name="30" href="#30.">30</a></sup>Norberto Bobbio, <i>Liberalismo y democracia, </i>8 (11<sup>a</sup> ed., Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 2006).    <BR> <sup><a name="31" href="#31.">31</a></sup>Ib., 64.    <BR> <sup><a name="32" href="#32.">32</a></sup>James Madison, <i>El Federalista No </i>10. Citado por Gargarella, op. cit., 79.    <BR> <sup><a name="33" href="#33.">33</a></sup>Gargarella, op. cit., 80.    <BR> <sup><a name="34" href="#34.">34</a></sup> Citamos a los federalistas puesto que son entendidos como los m&aacute;ximos exponentes del liberalismo norteamericano, siendo los fundadores del constitucionalismo en los Estados Unidos.    <BR> <sup><a name="35" href="#35.">35</a></sup> Gargarella, op. cit., 80.    <BR> <sup><a name="36" href="#36.">36</a></sup> Jurgen Habermas, op. cit., 198-200.    <br> <sup><a name="37" href="#37.">37</a></sup>Pablo Ney Ferreira, op. cit., 2-3.    <BR> <sup><a name="38" href="#38.">38</a></sup>Ambrosio Velasco, op. cit., cap. II, <i>Liberalismo y republicanismo: dos tradiciones pol&iacute;ticas.</i>    <br> <sup><a name="39" href="#39.">39</a></sup>Robert Dahl, op. cit., 30-38. En nuestro pa&iacute;s est&aacute;n presentes elementos del radicalismo desde finales del siglo XVIII y hasta mediados del XIX. Aunque no haremos en el presente escrito un examen del movimiento en Colombia, no podemos dejar de hacer referencia a Manuel Murillo Toro y a Manuel Mar&iacute;a Madiedo, puesto que fueron sus m&aacute;s reconocidos representantes (Gargarella, op. cit.).    ]]></body>
<body><![CDATA[<BR> <sup><a name="40" href="#40.">40</a></sup>Jos&eacute; Antonio Aguilar, op. cit., 57 y ss.    <BR> <sup><a name="41" href="#41.">41</a></sup>Robert Dahl, <i>La democracia y sus cr&iacute;ticos, </i>36-37 (2<sup>a</sup> ed., Paid&oacute;s, Espa&ntilde;a, 1993).    <BR> <sup><a name="42" href="#42.">42</a></sup>Ambrosio Velasco, op. cit., cap. II, Liberalismo y republicanismo: dos tradiciones pol&iacute;ticas.    <BR> <sup><a name="43" href="#43.">43</a></sup>Ib., 37.    <BR> <sup><a name="44" href="#44.">44</a></sup>Norberto Bobbio, <i>Estado, gobierno y sociedad, </i>154-156 (12<sup>a</sup> ed., Fondo de Cultura Econ&oacute;mica,M&eacute;xico, 2006)    <BR> <sup><a name="45" href="#45.">45</a></sup>Roberto Gargarella, op. cit., 84-86.    <BR> <sup><a name="46" href="#46.">46</a></sup>Ib., 87 y ss.    <BR> <sup><a name="47" href="#47.">47</a></sup>7Ib.    <BR> <sup><a name="48" href="#48.">48</a></sup>Ib., 88.    <BR> <sup><a name="49" href="#49.">49</a></sup>F. Ovejero, J.L. Mart&iacute; &amp; R. Gargarella, <i>La Alternativa republicana, </i>en <i>Nuevas ideas republicanas, </i>34 (Paid&oacute;s, Barcelona, 2004).    ]]></body>
<body><![CDATA[<BR> <sup><a name="50" href="#50.">50</a></sup>Sandel y Skinner citados por Ovejero et &aacute;l., op.cit., 34.    <BR> <sup><a name="51" href="#51.">51</a></sup>F. Ovejero et &aacute;l., op. cit., 18-31.    <BR> <sup><a name="52" href="#52.">52</a></sup>Skinner &amp; Pettit, citados por Ovejero et &aacute;l., op. cit., 19-20.    <BR> <sup><a name="53" href="#53.">53</a></sup>Carlos Kohn, op. cit., 141.    <BR> <sup><a name="54" href="#54.">54</a></sup>Pettit, citado por Ovejero et &aacute;l., op. cit., 24-25.    <BR> <sup><a name="55" href="#55.">55</a></sup>Esto podr&iacute;a ser contrario a algunos comunitaristas, &iquest;por qu&eacute; habr&iacute;a que obedecer la ley que proviene del Estado?    <BR> <sup><a name="56" href="#56.">56</a></sup>Ovejero et &aacute;l., op. cit., 27-30.    <BR> <sup><a name="57" href="#57.">57</a></sup> Ovejero et &aacute;l., op. cit., 27 y ss.    <BR> <sup><a name="58" href="#58.">58</a></sup>R. Gargarella, op. cit.    <BR> <sup><a name="59" href="#59.">59</a></sup>Antonio Leal Holgu&iacute;n, <i>En nombre del pueblo y por mandato de la Constituci&oacute;n. Constitucionalismo popular en la historia de Colombia, </i>monograf&iacute;a de grado para obtener el t&iacute;tulo de abogado bajo la direcci&oacute;n de Esteban Restrepo Saldarriaga. Sin publicar (Bogot&aacute;, 2008).    ]]></body>
<body><![CDATA[<BR> <sup><a name="60" href="#60.">60</a></sup>R. Gargarella, op. cit., 1-7.    <BR> <sup><a name="61" href="#61.">61</a></sup>Ib.    <BR> <sup><a name="62" href="#62.">62</a></sup>Ib.    <BR> <sup><a name="63" href="#63.">63</a></sup>Ib.    <BR> <sup><a name="64" href="#64.">64</a></sup> Ib.    <BR> <sup><a name="65" href="#65.">65</a></sup> Antonio Leal Holgu&iacute;n, op. cit., 3.    <BR> <sup><a name="66" href="#66.">66</a></sup>R. Gargarella, op. cit., 94-96.    <BR> <sup><a name="67" href="#67.">67</a></sup>R. Dahl, op. cit., 30.    <BR> <sup><a name="68" href="#68.">68</a></sup>Ovejero et &aacute;l. citando a Sandel, op. cit.    <BR> <sup><a name="69" href="#69.">69</a></sup>R. Gargarella, op. cit., 1-7.    ]]></body>
<body><![CDATA[<BR> <sup><a name="70" href="#70.">70</a></sup>R. Dahl, op. cit., 36    <br> <sup><a name="71" href="#71.">71</a></sup>Ib.    <br> <sup><a name="72" href="#72.">72</a></sup>C. Khon, op. cit., 141.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A Libros</b></font></p>     <!-- ref --><p>Alexy, Robert, <i>El concepto y la validez del derecho </i>(Gedisa, Espa&ntilde;a, 1997).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0041-9060201100020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Aguilar Rivera, Jos&eacute; Antonio, <i>En pos de la quimera </i>(Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 2000).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0041-9060201100020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Aguilar Rivera, Jos&eacute; Antonio &amp; Rojas, Rafael, <i>El republicanismo en Hispanoam&eacute;rica </i>(Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 2002).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0041-9060201100020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Blanco Vald&eacute;s, Roberto L., <i>El valor de la Constituci&oacute;n </i>(Alianza Editorial, Madrid, 2006).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0041-9060201100020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bobbio, Norberto, <i>Liberalismo y democracia </i>(XI reimpresi&oacute;n, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 2006).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0041-9060201100020000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>-</i>, <i>Estado, gobierno y sociedad </i>(XII reimpresi&oacute;n, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 2006).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0041-9060201100020000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Dahl, Robert A. <i>La democracia y sus cr&iacute;ticos </i>(2<sup>a</sup> ed., Paid&oacute;s, Espa&ntilde;a, 1993).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0041-9060201100020000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Garganella, Roberto, <i>El nacimiento del constitucionalismo popular. Sobre </i>The people themselves, <i>de Larry Kramer. </i>Disponible en: <a  target="_blank" href="http://www.juragentium.unifi.it/surveys/latina/gargarel.pdf">http://www.juragentium.unifi.it/surveys/latina/gargarel.pdf</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0041-9060201100020000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>-</i>, <i>La justicia frente al gobierno. Sobre el car&aacute;cter contramayoritario del poder judicial </i>(Ariel, Barcelona, 1996).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0041-9060201100020000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>-</i>, <i>Las teor&iacute;as de la justicia despu&eacute;s de Rawls </i>(Paid&oacute;s, Barcelona,1999).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0041-9060201100020000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>-</i>, <i>Los fundamentos de la desigualdad. El constitucionalismo en Am&eacute;rica (1776-1860) </i>(Siglo XXI, Madrid, 2005).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0041-9060201100020000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kennedy, Duncan. <i>A critique of adjudication (fin de si&egrave;cle) </i>(Harvard University Press, USA, 1998).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0041-9060201100020000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kramer, Larry D. <i>The People Themselves: Popular constitutionalism and judicial review </i>(Oxford University Press, New York, 2004).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0041-9060201100020000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Lavroff, Dimitri Georges. <i>Les grandes &eacute;tapes de la pens&eacute;e politique </i>(Pr&eacute;cis Dalloz, Par&iacute;s, 1993).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0041-9060201100020000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>San&iacute;n Restrepo, Ricardo. <i>Teor&iacute;a cr&iacute;tica constitucional. Rescatando la democracia del liberalismo </i>(Colecci&oacute;n monograf&iacute;as Depalma-Pontificia Universidad Javeriana-Ib&aacute;&ntilde;ez, Bogot&aacute;, 2009).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0041-9060201100020000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Velasco, Ambrosio. <i>Republicanismo y multiculturalismo </i>(Siglo XXI editores, M&eacute;xico, 2006).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0041-9060201100020000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p><b>Contribuciones en obras colectivas</b></p>     <!-- ref --><p>Gargarella, Roberto, <i>La comunidad igualitaria y sus enemigos. Liberalismo, republicanismo e igualitarismo, </i>en <i>Republicanismo contempor&aacute;neo </i>(Hern&aacute;ndez, Andr&eacute;s, comp., Siglo del Hombre-Universidad de los Andes-CIDER, Bogot&aacute;, 2002).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0041-9060201100020000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Habermas, J&uuml;rgen, <i>Derechos humanos y soberan&iacute;a popular: las versiones liberal y republicana, </i>en <i>Nuevas ideas republicanas. Autogobierno y libertad </i>(Ovejero, F., Mart&iacute;, J.L. &amp; Gargarella, R., comp., Paid&oacute;s, Espa&ntilde;a, 2004).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000231&pid=S0041-9060201100020000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Ovejero, F&eacute;lix, Mart&iacute;, Jos&eacute; Luis &amp; Gargarella, Roberto, <i>La alternativa republicana, </i>en <i>Nuevas ideas republicanas. Autogobierno y libertad </i>(Paid&oacute;s, Espa&ntilde;a, 2004).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000233&pid=S0041-9060201100020000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p><b>Revistas</b></p>     <!-- ref --><p>Cruz Prados, Alfredo. <i>Republicanismo y democracia liberal: dos conceptos de participaci&oacute;n, </i>XXXVI/I <i>Anuario Filos&oacute;fico, </i>Universidad de Navarra (2003).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000236&pid=S0041-9060201100020000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kohn. W, Carlos. <i>Teor&iacute;a y pr&aacute;ctica del republicanismo c&iacute;vico: la perspectiva arentiana, </i>138 <i>Filosof&iacute;a Unisinos, </i>Universidad Central de Venezuela (mayo-agosto de 2005).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000238&pid=S0041-9060201100020000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ortiz Leroux, Sergio. <i>Rep&uacute;blica y republicanismo: una aproximaci&oacute;n a sus itinerarios de vuelo, </i>20 <i>Argumentos, </i>53, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana-Xochimilco (enero-abril).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000240&pid=S0041-9060201100020000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p><b>Tesis de grado</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Leal Holgu&iacute;n, Antonio. <i>En nombre del pueblo y por mandato de la Constituci&oacute;n Constitucionalismo popular en la historia de Colombia, </i>monograf&iacute;a de grado para obtener el t&iacute;tulo de abogado. Dirigida por Esteban Restrepo Saldarriaga. Sin publicar (Universidad de los Andes, Bogot&aacute;, 2008).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000243&pid=S0041-9060201100020000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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