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<publisher-name><![CDATA[Facultad de Ciencias Jurídicas de la Pontificia Universidad Javeriana]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[DERECHO URBANÍSTICO Y DESARROLLO TERRITORIAL COLOMBIANO. EVOLUCIÓN DESDE LA COLONIA HASTA NUESTROS DÍAS]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[URBAN LAW AND TERRITORIAL DEVELOPMENT IN COLOMBIA. EVOLUTION FROM THE COLONY TO OUR DAYS]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article shows, chronologically, the evolution of the Colombian Urban Law, from the Spanish legislation uttered during the Colony to our days. The main purpose of the article is to study the different institutions that originated the current urban laws, from the Statue of Felipe II, to the current Law 388 of 1997, including the Civil Code regulations and its amendments, the causes that led to the Law 9 of 1989 (also known as the Urban Reform Law), as well as the regulations derived from the latter and the 1991 Constitution.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>DERECHO URBAN&Iacute;STICO Y DESARROLLO TERRITORIAL COLOMBIANO. EVOLUCI&Oacute;N DESDE LA COLONIA HASTA NUESTROS D&Iacute;AS<sup>*</sup></b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b><i>URBAN LAW AND TERRITORIAL DEVELOPMENT IN COLOMBIA. EVOLUTION FROM THE COLONY TO OUR DAYS</i></b></font></p>     <p align="center"><b><i>Felipe Arbouin-G&oacute;mez<sup>**</sup></i></b></p>     <p><sup>*</sup>El presente art&iacute;culo corresponde al trabajo realizado por el autor dentro del marco del primer a&ntilde;o de estudios de Doctorado en Ciencias Jur&iacute;dicas en la Pontificia Universidad Javeriana y hace parte de la producci&oacute;n del Grupo de Investigaci&oacute;n en Derecho Privado de esta universidad.         <br>     <sup>**</sup>Abogado de la Pontificia Universidad Javeriana, Especialista en Derecho Urban&iacute;stico y estudiante de Doctorado en Ciencias Jur&iacute;dicas de la misma Universidad. Profesor Investigador de los Departamentos de Derecho Privado y Derecho Procesal de la Pontificia Universidad Javeriana, profesor de derecho civil, derecho inmobiliario y derecho urban&iacute;stico de diferentes Universidades de Colombia. Abogado litigante. <a href="mailto:farbouin@javeriana.edu.co">farbouin@javeriana.edu.co</a></p>        <p><i>Fecha de recepci&oacute;n: 01 de Marzo de 2012 Fecha de aceptaci&oacute;n: 30 de Marzo de 2012</i></p> <hr>     <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>        <p>El presente art&iacute;culo muestra, de manera cronol&oacute;gica, la evoluci&oacute;n del derecho urban&iacute;stico colombiano, iniciando desde las legislaciones espa&ntilde;olas proferidas en la colonia hasta nuestros d&iacute;as. El principal objetivo del texto es estudiar las diferentes instituciones que dieron origen a las normas urban&iacute;sticas vigentes en la actualidad, comenzando con las recopilaciones contenidas en las ordenanzas de Felipe II, pasando por las disposiciones del C&oacute;digo Civil y su legislaci&oacute;n posterior, por los antecedentes que dieron origen a la Ley 9 de 1989 (Ley de Reforma Urbana), por las normas urban&iacute;sticas establecidas en dicha ley y por la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991, hasta llegar a la actualmente vigente Ley 388 de 1997.</p>     <p><b>Palabras clave autor: </b>derecho urban&iacute;stico colombiano, desarrollo territorial, normas urban&iacute;sticas, normas de contenido urban&iacute;stico, urbanismo.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>     <p>This article shows, chronologically, the evolution of the Colombian Urban Law, from the Spanish legislation uttered during the Colony to our days. The main purpose of the article is to study the different institutions that originated the current urban laws, from the Statue of Felipe II, to the current Law 388 of 1997, including the Civil Code regulations and its amendments, the causes that led to the Law 9 of 1989 (also known as the Urban Reform Law), as well as the regulations derived from the latter and the 1991 Constitution.</p>     <p><b>Keywords author: </b>Colombian Urban Law, Territorial Development, Urban Laws, Urban Related Laws, Urbanism.</p> <hr>     <p><b>SUMARIO</b></p>      <p>INTRODUCCI&Oacute;N.- I. DE LA COLONIA A LA LEY 9 DE 1989: DE LOS OR&Iacute;GENES A LA CONSOLIDACI&Oacute;N DEL DERECHO URBAN&Iacute;STICO COLOMBIANO.- <i>A. Legislaci&oacute;n espa&ntilde;ola anterior al C&oacute;digo Civil Colombiano.- B. El C&oacute;digo Civil de Bello.- C. Legislaci&oacute;n posterior al C&oacute;digo Civil. Antecedentes de la Ley 9 de 1989.- D. Ley 9 de 1989. Ley de Reforma Urbana.- </i>II. LA CONSTITUCI&Oacute;N POL&Iacute;TICA DE 1991 Y LA POL&Iacute;TICA URBANA DEL SALTO SOCIAL: EL CAMINO A LA LEY 388 DE 1997.- <i>A. La Constituci&oacute;n Nacional de 1991.-B. Ciudades y ciudadan&iacute;as. La &quot;pol&iacute;tica urbana del salto social&quot;.- C. Ley 388 de 1997: Ley de Ordenamiento Territorial.- </i>CONCLUSIONES.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>     <p>El presente art&iacute;culo, elaborado dentro del marco del primer a&ntilde;o de doctorado en Ciencias Jur&iacute;dicas en la Pontificia Universidad Javeriana, presenta un recuento normativo del derecho urban&iacute;stico colombiano, iniciando desde las primeras disposiciones que dieron origen a los centros poblados proferidas en la Colonia, hasta el sistema de desarrollo territorial consagrado en la Ley 388 de 1997.</p>     <p>Para poder entender las normas existentes en la actualidad, es necesario conocer cu&aacute;les fueron sus antecedentes y cu&aacute;les los fundamentos que llevaron a su adopci&oacute;n. Si bien es cierto que en la actualidad el derecho urban&iacute;stico hace parte del derecho p&uacute;blico, los or&iacute;genes del mismo a partir de la independencia se encuentran en el derecho privado. Entender estos antecedentes es fundamental no solo para poder aplicar las normas vigentes de la mejor manera, sino para continuar con el desarrollo de dicha materia, buscando siempre que las normas que se pretendan aplicar correspondan a las necesidades de los diferentes territorios. El objetivo del presente documento, por consiguiente, no es el de plantear una definici&oacute;n, ni estudiar los contenidos o la naturaleza jur&iacute;dica del derecho urban&iacute;stico colombiano; por el contrario, lo que se pretende es analizar la evoluci&oacute;n del mismo hasta hoy, para poder, con estas bases, formular m&aacute;s adelante los conceptos correspondientes.</p>     <p>Conforme a lo anterior y para efectos del presente escrito, se entender&aacute; al derecho urban&iacute;stico como el conjunto de normas de derecho administrativo que regulan los procedimientos e instrumentos legales necesarios para el desarrollo f&iacute;sico de los municipios y distritos, encaminados al correcto y eficaz ejercicio de la funci&oacute;n p&uacute;blica del urbanismo, a la ejecuci&oacute;n de los instrumentos de gesti&oacute;n y al cumplimiento de los principios rectores del desarrollo territorial<sup><a href="#1" name="1.">1</a></sup>.</p>     <p>Asimismo, se entender&aacute; por urbanismo a la <i>&quot;organizaci&oacute;n del espacio para la vida del hombre en las ciudades&quot;<sup><a href="#2" name="2.">2</a></sup>  </i>y por desarrollo territorial a la serie de instituciones relativas a la clasificaci&oacute;n de usos del suelo y la organizaci&oacute;n f&iacute;sica del territorio de los municipios o distritos del pa&iacute;s, encaminadas al mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes y a la satisfacci&oacute;n de las necesidades de la vida urbana.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A su vez, se har&aacute; referencia tanto a normas urban&iacute;sticas como a normas de contenido urban&iacute;stico, entendiendo a las primeras como aquellas disposiciones de derecho p&uacute;blico que buscan regular el desarrollo territorial en Colombia. Por su parte, las normas de contenido urban&iacute;stico se entender&aacute;n como aquellas reglas que no obstante tener naturaleza jur&iacute;dica diferente, pues provienen por ejemplo del derecho civil, limitan el derecho real de dominio de un particular sobre un inmueble y el ejercicio de los poderes de uso, goce y disposici&oacute;n que este otorga, por razones netamente urban&iacute;sticas.</p>     <p>El presente art&iacute;culo, entonces, muestra de manera cronol&oacute;gica las normas de contenido urban&iacute;stico existentes en Colombia desde la legislaci&oacute;n espa&ntilde;ola, pasando por las normas del C&oacute;digo Civil y legislaci&oacute;n posterior, por los antecedentes que dieron origen a la Ley 9 de 1989 (conocida como la Ley de Reforma Urbana), por las normas urban&iacute;sticas establecidas en esta ley, por la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991 y por la Pol&iacute;tica Urbana del Salto Social, hasta llegar a la actualmente vigente Ley 388 de 1997 (conocida como Ley de Ordenamiento Territorial).</p>     <p><b>I. DE LA COLONIA A LA LEY 9 DE 1989: DE LOS OR&Iacute;GENES A LA CONSOLIDACI&Oacute;N DEL DERECHO URBAN&Iacute;STICO COLOMBIANO</b></p>     <p><b>A. Legislaci&oacute;n espa&ntilde;ola anterior al C&oacute;digo Civil Colombiano</b></p>     <p>Tal y como lo se&ntilde;ala Fernando Galvis Gait&aacute;n en su libro referente al municipio en Colombia<sup><a href="#3" name="3.">3</a></sup> , desde la &eacute;poca precolombina existe urbanismo en el territorio nacional. Para ser m&aacute;s precisos, hay que decir que desde que las primeras comunidades se asentaron en el territorio se desarrollaron una serie de concepciones sobre la forma de organizaci&oacute;n f&iacute;sica de las ciudades o centros poblados, las cuales han marcado la distribuci&oacute;n espacial de las mismas desde sus or&iacute;genes.</p>     <p>Sin embargo, no fue sino hasta la &eacute;poca de la colonia cuando comenzaron a expedirse las primeras normas de contenido netamente urban&iacute;stico en Am&eacute;rica, mediante las cuales la corona espa&ntilde;ola buscaba regular la fundaci&oacute;n y desarrollo de nuevos centros poblados en los territorios colonizados. Y fue posteriormente, a trav&eacute;s de las ordenanzas reales de 1573, expedidas por el rey Felipe II y denominadas <i>Ordenanzas de descubrimiento y nueva poblaci&oacute;n, </i>que el entonces Imperio Espa&ntilde;ol compil&oacute; las primeras reglas de contenido urban&iacute;stico, en virtud de las cuales <i>&quot;la fundaci&oacute;n y el desarrollo de los centros poblados contaron con un estatuto org&aacute;nico, que puede catalogarse como el origen de la planeaci&oacute;n y derecho urban&iacute;stico colombianos&quot;<sup><a href="#4" name="4.">4</a></sup> .</i></p>     <p>En palabras de Fernando Galvis Gait&aacute;n y a modo de ejemplo, en las ordenanzas de Felipe II se fijaron como requisitos para hacer fundaciones de ciudades que las tierras descubiertas fueran saludables, f&eacute;rtiles, pobladas por indios para poderlos catequizar, con buenas entradas por mar y tierra, etc. Asimismo, las ordenanzas se&ntilde;aladas establec&iacute;an que una vez se realizaba un descubrimiento, los conquistadores deb&iacute;an poner un nombre a todas las tierras y provincias descubiertas, a los montes y r&iacute;os m&aacute;s importantes ubicados all&iacute;, as&iacute; como a los pueblos y ciudades que ellos fundaren, determinando si estos &uacute;ltimos ser&iacute;an villas, ciudades o lugares<sup><a href="#5" name="5.">5</a></sup> .</p>     <p>Para efectos netamente urban&iacute;sticos, las referidas ordenanzas establecieron, entre otras, las siguientes disposiciones o instrucciones para el desarrollo de los centros poblados<sup><a href="#6" name="6.">6</a></sup>:</p>  <ul> 	    <Li><i>Se haga la planta del lugar reparti&eacute;ndola por sus plazas, calles y solares a cordel y regla, comenzando desde la Plaza Mayor; y desde all&iacute; sacando las calles a las puertas y caminos principales, y dejando tanto comp&aacute;s abierto, que aunque la poblaci&oacute;n vaya en gran crecimiento, se pueda siempre proseguir en la misma forma.</i></li> 	    <li>De la Plaza salgan cuatro calles principales, una por medio de cada costado de la plaza; y dos calles por cada esquina de la plaza. Las cuatro esquinas de la Plaza miren a los cuatro vientos principales; porque de esta manera, saliendo las calles de la Plaza, no estar&aacute;n expuestas a los cuatro vientos principales, que ser&iacute;a de mucho inconveniente.</li> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Las calles en lugares fr&iacute;os, sean anchas; y en las calientes, sean angostas. Pero para defensa donde hay caballos, son mejores anchas.</li> 	    <li>A trechos de la poblaci&oacute;n, se vayan formando plazas menores, en buena proporci&oacute;n, en donde se han de edificar los templos de la Iglesia mayor, parroquias y monasterios.</li> 	    <li>Para el templo de la Iglesia mayor, parroquia o monasterios, se se&ntilde;alen solares; los primeros despu&eacute;s de las plazas y calles; y sean en isla entera, de manera que ning&uacute;n otro edificio se les arrime, sino el perteneciente a su comodidad y ornato.</li> 	    <li>Se&ntilde;&aacute;lese luego sitio para la Casa Real, Casa de Concejo y Cabildo, Aduana y Atarazana (arsenal), junto al mismo templo y puerto, de manera que en tiempo de necesidad se puedan favorecer las unas a las otras; el hospital se ponga junto al templo y por claustro de &eacute;l; para los enfermos de enfermedad contagiosa se ponga el hospital en parte que ning&uacute;n viento da&ntilde;oso, pasando por &eacute;l, vaya a herir al resto de la poblaci&oacute;n. Y si edificare en un lugar levantado, ser&aacute; mejor.</li> 	    <li>El sitio y solares para carnicer&iacute;as (mataderos), pescader&iacute;as, tener&iacute;as y otras oficinas que causan inmundicias, se den en parte que con facilidad se puedan conservar sin ellas.</li> 	    <li>Dispongan los solares y edificios (...) de manera que en la habitaci&oacute;n de ellos se pueda gozar de los aires del medio d&iacute;a y del norte por ser los menores (...) y procuren en cuanto fuese posible que los edificios sean de una forma por el ornato de la poblaci&oacute;n<sup><a href="#7" name="7.">7</a></sup>.</li>     </ul>     <p>Como se observa de lo anterior, las disposiciones de las ordenanzas de Felipe II establec&iacute;an verdaderas normas urban&iacute;sticas, compuestas por directrices referentes a la forma de organizaci&oacute;n de las nuevas ciudades fundadas. As&iacute; pues, el sistema de ordenaci&oacute;n de las ciudades deseado por los espa&ntilde;oles para las Am&eacute;ricas<sup><a href="#8" name="8.">8</a></sup>, se basaba en el sistema que ser&iacute;a conocido como cuadr&iacute;cula, conformado por una plaza central de la cual part&iacute;an las calles, generando nuevas manzanas de la misma forma geom&eacute;trica de la plaza central, y repiti&eacute;ndose as&iacute; a medida que iban creciendo las ciudades. Bajo este esquema, emerger&iacute;an la mayor&iacute;a de los municipios y distritos colombianos, modelo que es f&aacute;cilmente identificable en la actualidad.</p>     <p>Una vez finalizada la &eacute;poca colonial y derogada la legislaci&oacute;n espa&ntilde;ola, las normas urban&iacute;sticas desaparecieron dando paso a normas de contenido urban&iacute;stico, consagradas principalmente en la legislaci&oacute;n civil. Fue de esta manera como el C&oacute;digo Civil de 1887 estableci&oacute; una serie de figuras encaminadas principalmente a limitar el derecho de propiedad inmobiliaria de los particulares, para efectos de protecci&oacute;n del espacio p&uacute;blico y el establecimiento de servidumbres en favor de predios colindantes.</p>     <p><b>B. El C&oacute;digo Civil de Bello</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con posterioridad a la independencia y dada la abolici&oacute;n de la totalidad de la normatividad espa&ntilde;ola que a&uacute;n se encontraba rigiendo en el pa&iacute;s, formalizada por medio del art&iacute;culo 15 de la Ley 153 de 1887, las &uacute;nicas normas de contenido urban&iacute;stico que quedaron vigentes en Colombia fueron las consagradas en el C&oacute;digo Civil, estatuto proveniente del proyecto de C&oacute;digo Civil Chileno de don Andr&eacute;s Bello, sancionado por primera vez a nivel nacional el 26 de mayo de 1873 y adoptado de manera definitiva en el ordenamiento colombiano a trav&eacute;s de la Ley 57 de 1887<sup><a href="#9" name="9.">9</a></sup>. El C&oacute;digo Civil referido, no obstante contener disposiciones sustantivas relativas a los derechos y obligaciones de los particulares, conforme a lo establecido en el art&iacute;culo 1&deg; del mismo, dispuso una serie de normas espec&iacute;ficas de contenido claramente urban&iacute;stico, encaminadas a limitar el derecho real de propiedad de los titulares de bienes inmuebles ubicados dentro del territorio.</p>     <p>Dichas limitaciones, si bien no constituyeron un cuerpo ordenado y uniforme que pudiese considerarse como un estatuto urban&iacute;stico, fijaron una serie de reglas espec&iacute;ficas en materia de construcci&oacute;n, que para efectos de este art&iacute;culo, se dividir&aacute;n en las siguientes categor&iacute;as, a saber: a) la primera, conformada por aquellas normas encaminadas a la protecci&oacute;n del espacio p&uacute;blico ubicado dentro de los centros poblados; b) la segunda, referida a las servidumbres prediales y c) la tercera categor&iacute;a, referente a las acciones. Vale la pena aclarar que no obstante el C&oacute;digo Civil trae otra serie de disposiciones relacionadas con temas de construcci&oacute;n de edificaciones, estas no contienen reglas de contenido urban&iacute;stico, pues su finalidad se limita a determinar la titularidad de un derecho real en situaciones particulares y concretas<sup><a href="#10" name="10.">10</a></sup>.</p>     <p>La primera categor&iacute;a se&ntilde;alada anteriormente corresponde a aquellas normas que limitan el derecho real de dominio, buscando proteger los bienes de uso p&uacute;blico que lindan con construcciones de propiedad particular. De esta manera, se encuentran los siguientes art&iacute;culos:</p> 	    <blockquote> 		    <p><i>Art&iacute;culo 680.- Las columnas, pilastras, gradas, umbrales y cualesquiera otras construcciones que sirvan para la comodidad u ornato de los edificios, o hagan parte de ellos, no podr&aacute;n ocupar ning&uacute;n espacio, por peque&ntilde;o que sea, de la superficie de las calles, plazas, puentes, caminos y dem&aacute;s lugares de propiedad de la Uni&oacute;n.</i></p> 		    <p><i>Los edificios en que se ha tolerado la pr&aacute;ctica contraria, estar&aacute;n sujetos a la disposici&oacute;n de este art&iacute;culo, si se reconstruyeren.</i></p> 		    <p><i>Art&iacute;culo 681.-En los edificios que se construyan a los costados de calles o plazas, no podr&aacute; haber, hasta la altura de tres metros, ventanas, balcones, miradores u otras obras que salgan m&aacute;s de medio dec&iacute;metro fuera del plano vertical del lindero; ni podr&aacute; haberlos m&aacute;s arriba que salgan de dicho plano vertical sino hasta la distancia horizontal de tres dec&iacute;metros.</i></p> 		    <p><i>Las disposiciones de este art&iacute;culo se aplicar&aacute;n a las reconstrucciones de dichos edificios.</i></p> </blockquote> 	    <p>Es claro el contenido eminentemente urban&iacute;stico de los art&iacute;culos antes citados, por medio de los cuales se limita el derecho de un particular sobre un bien inmueble que le pertenece, estableciendo condiciones espec&iacute;ficas de construcci&oacute;n de edificaciones, con miras a proteger el espacio p&uacute;blico. Los art&iacute;culos referidos, sin lugar a dudas, constituyen el origen de las normas de protecci&oacute;n al espacio p&uacute;blico en la actualidad,contenidas hoy en la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991, la Ley 9 de 1989 y la Ley 388 de 1997, con sus disposiciones reglamentarias.</p> 	    <p>La segunda categor&iacute;a de normas de contenido urban&iacute;stico consagradas en el estatuto civil se refiere a las relacionadas con el derecho real de servidumbre, en virtud de las cuales la limitaci&oacute;n de car&aacute;cter o contenido urban&iacute;stico que se impone busca proteger, no al espacio p&uacute;blico circundante a los predios privados, sino a los inmuebles de propiedad particular que limitan con aquellos objeto de restricci&oacute;n. En este orden de ideas, el C&oacute;digo Civil estableci&oacute; las siguientes normas de construcci&oacute;n:</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p><i>Art&iacute;culo 902.-El due&ntilde;o de un predio tiene derecho para cerrarlo o cercarlo por todas partes, sin perjuicio de las servidumbres constituidas a favor de otros predios.</i></p> 		    <p><i>El cerramiento podr&aacute; consistir en paredes, fosos, cercas vivas o muertas.</i></p> 		    <p><i>Art&iacute;culo 913.- Cualquiera de los condue&ntilde;os que quiera servirse de pared medianera para edificar sobre ella, o hacerla sostener el peso de una construcci&oacute;n nueva, debe primero solicitar el consentimiento de su vecino, y si este lo reh&uacute;sa, provocar&aacute; un juicio pr&aacute;ctico en que se dicten las medidas necesarias para que la nueva construcci&oacute;n no da&ntilde;e al vecino.</i></p> 		    <p><i>En circunstancias ordinarias se entender&aacute; que cualquiera de los condue&ntilde;os de una pared medianera puede edificar sobre ella introduciendo maderos hasta la distancia de un dec&iacute;metro de la superficie opuesta; y que si el vecino quisiere, por su parte, introducir maderos en el mismo paraje, o hacer una chimenea,tendr&aacute; el derecho a recortar los maderos de su vecino, hasta el medio de la pared, sin El due&ntilde;o de una pared no medianera puede abrirlas en ella en el n&uacute;mero y de las dimensiones que quiera.</i></p> 		    <p><i>Si la pared no es medianera sino en una parte de su altura, el due&ntilde;o de la parte no medianera goza de igual derecho en &eacute;sta.</i></p> 		    <p><i>No se opone al ejercicio de la servidumbre de luz la contiguidad de la pared al predio vecino.</i></p> 		    <p><i>Art&iacute;culo 933.-La servidumbre legal de luz est&aacute; sujeta a las condiciones que van a expresarse:</i></p> 		    <p><i>1<sup>a</sup>) La ventana estar&aacute; guarnecida de rejas y hierro, y de una pared de alambre, cuyas mallas tengan tres cent&iacute;metros de abertura o menos;</i></p> 		    <p><i>2<sup>a</sup>) La parte inferior de la venta distar&aacute; del suelo de la vivienda a que da luz tres metros a lo menos.</i></p> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Art&iacute;culo 934.- El que goza de la servidumbre de luz, no tendr&aacute; derecho para impedir que en el suelo vecino se levante una pared que le quite la luz. (...).</i></p> 		    <p><i>Art&iacute;culo 935.- No se pueden tener ventanas, balcones, miradores o azoteas, que den vista a las habitaciones, patios o corrales de un predio vecino, cerrado o no, a menos que intervenga una distancia de tres metros.</i></p> 		    <p><i>La distancia se medir&aacute; entre el plano vertical de la l&iacute;nea m&aacute;s sobresaliente de la ventana, balc&oacute;n, etc., y el plano vertical de la l&iacute;nea divisoria de los dos predios, siendo ambos planos paralelos.</i></p> 		    <p><i>No siendo paralelos los dos planos se aplicar&aacute; la misma medida a la menor distancia entre ellos.</i></p> </blockquote> 	    <p>Esta categor&iacute;a de normas de contenido urban&iacute;stico, como se se&ntilde;al&oacute; anteriormente, tiene como finalidad establecer una serie de limitantes entre el ejercicio del derecho de propiedad de un particular y el derecho de dominio del propietario del predio colindante, buscando, m&aacute;s que propender por el desarrollo ordenado de las ciudades, restringir las construcciones particulares, evitando que con ellas se violen derechos ajenos al perturbar la propiedad de sus vecinos. En este orden de ideas, las limitaciones referidas tienen un contenido diametralmente diferente a las se&ntilde;aladas en la primera categor&iacute;a, pues el inter&eacute;s que se busca proteger no es el inter&eacute;s general de protecci&oacute;n al espacio p&uacute;blico, como aquellas, sino el derecho real de dominio del vecino propietario del predio colindante; podr&iacute;a decirse, por consiguiente, que las normas transcritas anteriormente pueden considerarse tambi&eacute;n como disposiciones concernientes al r&eacute;gimen de las relaciones de vecindad.</p> 	    <p>La tercera categor&iacute;a de normas de contenido urban&iacute;stico ubicadas en el c&oacute;digo citado, por su parte, es aquella que hace referencia a las acciones con las que cuentan, tanto los particulares como el Estado, para exigir el cumplimiento de las que, para efectos del presente art&iacute;culo, se denominan normas de contenido urban&iacute;stico del C&oacute;digo Civil. Las principales disposiciones en este sentido son las siguientes:</p> 	    <blockquote> 		    <p><i>Art&iacute;culo 987.- Son obras nuevas denunciables las que, construidas en el predio sirviente, embarazan el goce de una servidumbre constituida en &eacute;l.</i></p> 		    <p><i>Son igualmente denunciables las construcciones que se trata de sustentar en edificio ajeno, que no est&eacute; sujeto a tal servidumbre.</i></p> 		    <p><i>Se declara especialmente denunciable toda obra voladiza que atraviesa el plano vertical de la l&iacute;nea divisoria de los predios, aunque no se apoye sobre el predio ajeno, ni d&eacute; vista, ni vierta aguas lluvias sobre &eacute;l.</i></p> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Art&iacute;culo 988.-El que tema que la ruina de un edificio vecino le depare perjuicio, tiene derecho de querellarse al juez para que se mande al due&ntilde;o de tal edificio derribarlo, si estuviere tan deteriorado que no admita reparaci&oacute;n; o para que, si la admite, se le ordene hacerla inmediatamente; y si el querellado no procediere a cumplir elfallo judicial, se derribar&aacute; el edificio o se har&aacute; la reparaci&oacute;n a su costa.</i></p> 		    <p><i>Si el da&ntilde;o que se teme del edificio no fuere grave, bastar&aacute; que el querellado rinda cauci&oacute;n de resarcir todo perjuicio que por el mal estado del edificio sobrevenga.</i></p> 		    <p><i>Art&iacute;culo 989.- En el caso de hacerse por otro que el querellado la reparaci&oacute;n de que habla el art&iacute;culo precedente, el que se encargue de hacerla conservar&aacute; la forma y dimensiones del antiguo edificio en todas sus partes, salvo si fuere necesario alterarlas para precaver el peligro (...).</i></p> 		    <p><i>Art&iacute;culo 998.-El due&ntilde;o de una casa tiene derecho para impedir que cerca de sus paredes haya dep&oacute;sitos o corrientes de agua o materias h&uacute;medas que puedan da&ntilde;arla.</i></p> 		    <p><i>Tiene as&iacute; mismo derecho para impedir que se planten &aacute;rboles a menos distancia que la de quince dec&iacute;metros, ni hortalizas o flores a menos distancia que la de cinco dec&iacute;metros.</i></p> 		    <p><i>Si los &aacute;rboles fueren de aquellos que extienden a gran distancia sus ra&iacute;ces, podr&aacute; eljuez ordenar que se planten a la que convenga para que no da&ntilde;en a los edificios vecinos; el m&aacute;ximum de la distancia se&ntilde;alada por el juez ser&aacute; de cinco metros.</i></p> 		    <p><i>Los derechos concedidos en este art&iacute;culo subsistir&aacute;n contra los &aacute;rboles, flores u hortalizas plantadas, a menos que la plantaci&oacute;n haya precedido a la construcci&oacute;n de las paredes.</i></p> 		    <p><i>Art&iacute;culo 1005.-La municipalidad y cualquiera persona del pueblo tendr&aacute; en favor de los caminos, plazas u otros lugares de uso p&uacute;blico, y para la seguridad de los que transitan por ellos, los derechos concedidos a los due&ntilde;os de heredades o edificios privados.</i></p> 		    <p><i>Y siempre que a consecuencia de una acci&oacute;n popular haya de demolerse o enmendarse una construcci&oacute;n, o de resarcirse un da&ntilde;o sufrido, se recompensar&aacute; al actor, a costas del querellado, con una suma que no baje de la d&eacute;cima, ni exceda de la tercera parte de lo que cueste la demolici&oacute;n o enmienda, o el resarcimiento del da&ntilde;o; sin perjuicio de que si se castiga el delito o negligencia con una pena pecuniaria, se adjudique al actor la mitad.</i></p> </blockquote> 	    <p>Esta &uacute;ltima categor&iacute;a de normas descrita contiene una serie de disposiciones de tipo procesal de claro contenido urban&iacute;stico cuya importancia radica en que, adicional a continuar vigentes en la actualidad, son el origen de las infracciones urban&iacute;sticas actualmente reguladas por la Ley 810 de 2003 y de las acciones populares consagradas en la Ley 472 de 1998<sup><a href="#11" name="11.">11</a></sup>.</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como era de esperarse, la que podr&iacute;a llamarse normatividad de contenido urban&iacute;stico del C&oacute;digo Civil no correspondi&oacute; a una estructura espec&iacute;fica de planeamiento urban&iacute;stico en s&iacute; misma considerada, es decir, su finalidad no era en principio promover un desarrollo urbano ordenado o uniforme de las ciudades, sino que se limit&oacute; a establecer reglas espec&iacute;ficas o limitaciones particulares al derecho real de dominio en determinadas circunstancias. Teniendo claro lo anterior, y partiendo de la base que las normas del C&oacute;digo Civil no se encuentran basadas en principios de planeamiento urbano o urbanismo, se puede afirmar entonces que en Colombia, y a partir de la &eacute;poca republicana, el derecho urban&iacute;stico naci&oacute; como una limitaci&oacute;n de car&aacute;cter legal al derecho de dominio o propiedad<sup><a href="#12" name="12.">12</a></sup>.</p> 	    <p>Con posterioridad a la entrada en vigencia del C&oacute;digo Civil, y hasta principios de los a&ntilde;os sesenta del siglo XX, la legislaci&oacute;n nacional en materia urban&iacute;stica continu&oacute; con la misma l&iacute;nea consagrada por el estatuto civil de 1887. La concepci&oacute;n individualista de derecho de propiedad que consagraba dicho c&oacute;digo fue desapareciendo poco a poco para dar origen a normas urban&iacute;sticas propiamente dichas. Todas ellas constituyeron los antecedentes de la Ley 9 de 1989.</p> 	    <p><b>C. Legislaci&oacute;n posterior al C&oacute;digo Civil. Antecedentes de la Ley 9 de 1989</b></p> 	    <p>Posterior a la expedici&oacute;n del C&oacute;digo Civil, se profirieron en Colombia diversas normas de contenido urban&iacute;stico, todas del mismo tenor que las consagradas por el C&oacute;digo de Bello. Diferentes leyes, tales como la Ley 4 de 1913 (C&oacute;digo del R&eacute;gimen Pol&iacute;tico y Municipal), las leyes 97 de 1913, 1<sup>a</sup> de 1943, 88 de 1947, 115 de 1948, 61 de 1978 y el Decreto-Ley 2811 de 1974 (C&oacute;digo de Recursos Naturales Renovables y Medio Ambiente), codificadas por los art&iacute;culos 38 a 51 del Decreto-Ley 1333 de 1986, por el cual se expidi&oacute; el C&oacute;digo del R&eacute;gimen Pol&iacute;tico y Municipal<sup><a href="#13" name="13.">13</a></sup>, establecieron una serie de normas de contenido urban&iacute;stico, que lejos de conformar un esquema ordenado y uniforme de ordenamiento del suelo, conservaron la misma naturaleza de limitaci&oacute;n al derecho de dominio establecida por el c&oacute;digo centenario. Sin embargo, hay que resaltar que leyes como la 182 de 1948 y 16 de 1985, en materia de propiedad horizontal y el Decreto-Ley 2811 de 1974, atr&aacute;s referido, introdujeron al ordenamiento figuras o reg&iacute;menes que despu&eacute;s ser&iacute;an trascendentales para el desarrollo urbano de los municipios y distritos colombianos, aspectos que terminar&iacute;an de consolidarse con la declaratoria de la funci&oacute;n ecol&oacute;gica de la propiedad, efectuada por el art&iacute;culo 58 de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991.</p> 	    <p>No obstante lo anterior, desde 1960 surgieron en Colombia una serie de proyectos y estudios de reforma urbana<sup><a href="#14" name="14.">14</a></sup>, encaminados a establecer una verdadera pol&iacute;tica de desarrollo ordenado de las ciudades y poblados, abandonando la concepci&oacute;n individualista que el C&oacute;digo Civil tra&iacute;a en la materia. Durante casi 30 a&ntilde;os, varios proyectos de ley fueron presentados sin &eacute;xito ante el Congreso de la Rep&uacute;blica, siendo enterrados por la f&eacute;rrea oposici&oacute;n exteriorizada por algunos sectores, quienes consideraban que con dichas figuras podr&iacute;a ponerse en riesgo la propiedad privada inmobiliaria, que tanto se hab&iacute;a defendido hasta el momento<sup><a href="#15" name="15.">15</a></sup>.</p> 	    <p>No fue sino hasta el 11 de enero de 1989, con la expedici&oacute;n de la Ley 9 de dicho a&ntilde;o, que dichas pol&iacute;ticas de desarrollo territorial planteadas desde la d&eacute;cada de los sesenta, pudieron adoptarse en el pa&iacute;s.</p> 	    <p><b>D. Ley 9 de 1989. Ley de Reforma Urbana</b></p> 	    <p>Para la mayor&iacute;a de los doctrinantes citados en el presente art&iacute;culo, la sanci&oacute;n por parte del gobierno de Virgilio Barco Vargas de la Ley 9 de 1989, parti&oacute; en dos el desarrollo territorial colombiano; es desde esta fecha, de acuerdo con la opini&oacute;n de la mayor&iacute;a de los autores se&ntilde;alados, que en Colombia pudo hablarse de la existencia un verdadero derecho urban&iacute;stico. Es muy importante aclarar que, no obstante, en 1989 la mayor&iacute;a de ciudades del pa&iacute;s contaban con normas de desarrollo del suelo de aplicaci&oacute;n local -por ejemplo, el Acuerdo 6 de 1990 de Bogot&aacute;-, la denominada Ley de Reforma Urbana constituy&oacute; el primer paso para la consolidaci&oacute;n de un verdadero derecho urban&iacute;stico en Colombia, concretando la funci&oacute;n social de la propiedad y fijando una serie de competencias de los agentes p&uacute;blicos y privados que interven&iacute;an en el proceso de transformaci&oacute;n del suelo<sup><a href="#16" name="16.">16</a></sup>. Ah&iacute; la importancia de dicha ley.</p> 	    <p>Si bien el tr&aacute;mite de expedici&oacute;n de la Ley 9 no fue f&aacute;cil<sup><a href="#17" name="17.">17</a></sup>, m&aacute;s a&uacute;n teniendo en cuenta los antecedentes mencionados y la suerte que corrieron todos los proyectos que en el mismo sentido se presentaron desde 1960, el entonces presidente Barco, justific&oacute; el proyecto presentado de la siguiente manera:</p> 	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>El problema de la propiedad del suelo y de la apropiaci&oacute;n particular de rentas de valorizaci&oacute;n, que por su naturaleza deber&iacute;an ser de usufructo com&uacute;n se extiende a las ciudades. La carencia de vivienda adecuada en los sectores m&aacute;s pobres y la persistencia de asentamientos irregulares reclamaba un r&eacute;gimen de intervenci&oacute;n en la propiedad del suelo urbano, capaz de garantizar los instrumentos fiscales, de expropiaci&oacute;n y de regulaci&oacute;n necesarios para hacer frente a las situaciones de injusticia. (...) Desde hace varios lustros, los colombianos han estado conscientes de la necesidad de una acci&oacute;n m&aacute;s decisiva y efectiva del Estado en el proceso de urbanizaci&oacute;n. Durante m&aacute;s de veinticinco a&ntilde;os, los gobiernos y los legisladores buscaron infructuosamente que se aprobaran propuestas de reforma urbana. Este viejo anhelo de cambio se ha hecho realidad. Con la aprobaci&oacute;n de la ley de reforma urbana se inicia una nueva era en la cual el Estado podr&aacute; intervenir de manera m&aacute;s eficaz para solucionar la falta de vivienda de los sectores populares y los principales problemas que aquejan a nuestras ciudades grandes y peque&ntilde;as<sup><a href="#18" name="18.">18</a></sup>.</i></p> </blockquote> 	    <p>Puede decirse, entonces, que la ley referida fue el resultado de la necesidad creciente del Estado de crear mecanismos eficientes para que las entidades territoriales pudieran intervenir efectivamente en los procesos de transformaci&oacute;n f&iacute;sica del territorio, con el objeto de mitigar los efectos nocivos del desarrollo fragmentado o aislado, conjurar la falta de equidad en la distribuci&oacute;n de los costos y beneficios derivados del proceso de desarrollo de las ciudades y frenar los predominantes procesos de urbanizaci&oacute;n y construcci&oacute;n ilegales<sup><a href="#19" name="19.">19</a></sup>. A&ntilde;os despu&eacute;s de su expedici&oacute;n, el entonces Ministerio de Desarrollo Econ&oacute;mico se&ntilde;al&oacute; lo siguiente con respecto a la ley estudiada:  	<i>&quot;La Ley de Reforma Urbana no es un instrumento m&aacute;s del viejo intervencionismo estatal, ni puede considerarse tampoco como la versi&oacute;n citadina de la reforma agraria. Es un instrumento del Modelo Alternativo de Desarrollo, una herramienta de gesti&oacute;n local que adecuadamente utilizada puede convertirse en una poderosa palanca del desarrollo urbano&quot;<sup><a href="#20" name="20.">20</a></sup>.</i></p> 	    <p>De esta manera, la denominada Ley de Reforma Urbana trat&oacute; temas como la planificaci&oacute;n del desarrollo municipal, el espacio p&uacute;blico, la expropiaci&oacute;n, la protecci&oacute;n a los moradores en los proyectos de renovaci&oacute;n urbana, la legalizaci&oacute;n de t&iacute;tulos para vivienda de inter&eacute;s social, las licencias y sanciones urban&iacute;sticas, los bancos de tierras, la integraci&oacute;n inmobiliaria y el ajuste de tierras y la extinci&oacute;n del dominio en suelo urbano<sup><a href="#21" name="21.">21</a></sup>. Aunque algunos de estos temas se encuentran a&uacute;n vigentes y otros fueron derogados por la Ley 388 de 1997, es importante resaltar que la Ley 9 de 1989, adicional a establecer las normas fundantes y en su mayor&iacute;a a&uacute;n vigentes referentes al espacio p&uacute;blico, allan&oacute; el camino para que el tema urban&iacute;stico hiciera parte de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991.</p> 	    <p><b>II. LA CONSTITUCI&Oacute;N POL&Iacute;TICA DE 1991 Y LA POL&Iacute;TICA URBANA DEL SALTO SOCIAL: EL CAMINO A LA LEY 388 DE 1997</b></p> 	    <p><b>A. La Constituci&oacute;n Nacional de 1991</b></p> 	    <p>Si bien la Ley 9 de 1989 fue una herramienta fundamental para el surgimiento del derecho urban&iacute;stico colombiano, la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991 termin&oacute; de abrir el camino normativo necesario para la consolidaci&oacute;n de dicha disciplina en el pa&iacute;s. A las importantes herramientas establecidas en la Ley de Reforma Urbana, r&aacute;pidamente se sumaron varias disposiciones de la nueva Carta Pol&iacute;tica encaminadas principalmente a definir las competencias en materia de desarrollo territorial; vale la pena se&ntilde;alar que la Constituci&oacute;n de 1886 no conten&iacute;a disposiciones relativas al derecho urban&iacute;stico, lo cual podr&iacute;a ser atribuido a que en la &eacute;poca la sociedad era predominantemente rural y a que la necesidad de incluir preceptos de dicha naturaleza surgi&oacute; posteriormente a causa de la presi&oacute;n generada por la constante migraci&oacute;n campesina a las ciudades<sup><a href="#22" name="22.">22</a></sup>.</p> 	    <p>De acuerdo con lo se&ntilde;alado por el entonces Ministerio de Desarrollo Econ&oacute;mico, la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991 le otorg&oacute; especial importancia al problema del ordenamiento f&iacute;sico-espacial urbano, y a trav&eacute;s de disposiciones sobre planificaci&oacute;n y ordenamiento territorial, precis&oacute; las responsabilidades gubernamentales. Dichas disposiciones especiales, reconocieron el car&aacute;cter urbano del pa&iacute;s y su elevada din&aacute;mica, las carencias y desequilibrios en cuanto a oportunidades de los ciudadanos para acceder a los beneficios de la urbanizaci&oacute;n, el gasto p&uacute;blico ineficiente por la inadecuada planificaci&oacute;n, la no incorporaci&oacute;n de criterios territoriales en las acciones sectoriales, las limitadas facilidades urbanas para la inversi&oacute;n y la condici&oacute;n de ciudades en construcci&oacute;n y formaci&oacute;n, carentes en su mayor&iacute;a de reglas para el ordenamiento territorial<sup><a href="#23" name="23.">23</a></sup>.</p> 	    <p>Al reconocer la Constituci&oacute;n Nacional al municipio como la entidad fundamental de la divisi&oacute;n pol&iacute;tico-administrativa del Estado<sup><a href="#24" name="24.">24</a></sup>, estableci&oacute; que le corresponde prestar los servicios p&uacute;blicos que determina la ley, construir las obras que demande el progreso local, ordenar el desarrollo de su territorio<sup><a href="#25" name="25.">25</a></sup>, promover la participaci&oacute;n comunitaria y el mejoramiento social y cultural de sus habitantes. Particularmente, la Constituci&oacute;n estableci&oacute; como funciones de los concejos<sup><a href="#26" name="26.">26</a></sup>, entre otras, adoptar los planes y programas de desarrollo econ&oacute;mico y social y de obras p&uacute;blicas, reglamentar los usos del suelo y, dentro de los l&iacute;mites que le fije la ley, vigilar y controlar las actividades relacionadas con la construcci&oacute;n y enajenaci&oacute;n de inmuebles destinados a vivienda<sup><a href="#27" name="27.">27</a></sup>.</p> 	    <p>Con posterioridad a la entrada en vigencia de la nueva Constituci&oacute;n, y teniendo ya al desarrollo f&iacute;sico de las ciudades como un tema obligatorio dentro de la agenda de los gobiernos tanto nacionales como locales, el Congreso de la Rep&uacute;blica se embarc&oacute; en la expedici&oacute;n de una serie de normas con contenidos claramente urban&iacute;sticos las cuales, aparte de desarrollar las disposiciones de la Carta del 91, serv&iacute;an como complemento de las disposiciones a&uacute;n vigentes de la Ley 9 de 1989. De esta manera, se expidieron las Leyes 3 de 1991 (Ley de Vivienda), 99 de 1993 (Ley del Medio Ambiente), 128 de 1994 (Ley Org&aacute;nica de &Aacute;reas Metropolitanas), 142 de 1994 (Ley de Servicios P&uacute;blicos Domiciliarios) y la Ley 152 de 1994 (Ley Org&aacute;nica del Plan).</p> 	    <p>Sin embargo, no fue sino hasta 1995 cuando el gobierno del entonces presidente Ernesto Samper Pizano (quien hab&iacute;a sido el senador ponente del proyecto de ley que dio origen a la Ley 9 de 1989), present&oacute; su pol&iacute;tica en materia de desarrollo territorial denominada &quot;Ciudades y ciudadan&iacute;a, la pol&iacute;tica urbana del salto social&quot;. Dicha pol&iacute;tica, sin duda revolucionaria en materia de derecho urban&iacute;stico en Colombia, conten&iacute;a las estrategias y programas propuestos a los municipios y distritos del pa&iacute;s para pensar, planificar y gestionar la ciudad de manera m&aacute;s racional<sup><a href="#28" name="28.">28</a></sup>.</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>B.Ciudades y ciudadan&iacute;as. La &quot;pol&iacute;tica urbana del salto social&quot;</b></p> 	    <p>La denominada &quot;Pol&iacute;tica urbana del salto social&quot;, lanzada, como se se&ntilde;al&oacute;, por el Gobierno Nacional en el a&ntilde;o de 1995, busc&oacute; darle un giro de ciento ochenta grados al tema del desarrollo territorial. La visi&oacute;n de los municipios, en t&eacute;rminos de dicha pol&iacute;tica, ya no deber&iacute;a seguir siendo la de permitir el crecimiento f&iacute;sico a trav&eacute;s de la generaci&oacute;n puntual de ofertas de vivienda de bajo costo alejada de los centros urbanos y la de autorizar actuaciones urban&iacute;sticas aisladas en peque&ntilde;os lotes o predios resultantes de la divisi&oacute;n predial incontrolada sino, m&aacute;s bien, la de la promoci&oacute;n del desarrollo urbano integral donde, por ejemplo, la soluci&oacute;n al d&eacute;ficit cuantitativo y cualitativo de la vivienda fuera tan solo uno de sus cap&iacute;tulos o de sus componentes<sup><a href="#29" name="29.">29</a></sup>. Visto de otra manera, la pol&iacute;tica referida incorpor&oacute; en Colombia la necesidad de realizar operaciones urbanas integrales, abandonando el modelo tradicional de desarrollo individual u atomizado de los centros urbanos, incorporando de esta manera un nuevo concepto de ciudad.</p> 	    <p>En resumen, los objetivos principales de &quot;Pol&iacute;tica urbana del salto social&quot;, fueron los siguientes:</p> 	<ul> 	    <li>El planteamiento de una nueva forma de pensar la ciudad colombiana, para comprender los factores fundamentales que determinan el espacio urbano construido y definir estrategias y programas para actuar en ella, en el nivel de intermediaci&oacute;n entre las pol&iacute;ticas macroecon&oacute;micas y sectoriales nacionales y los planes y programas de gobierno departamentales y locales, de manera que se aprovechen sus ventajas y se contribuya significativamente a la soluci&oacute;n de problemas que afectan las condiciones de vida de los ciudadanos. </li> 	    <li>El reconocimiento de que la ciudad no es solamente una construcci&oacute;n f&iacute;sica sino principalmente un hecho socio-pol&iacute;tico que demanda coordinaci&oacute;n y concertaci&oacute;n con criterios t&eacute;cnicos, buscando solucionar los problemas actuales y adem&aacute;s creando las bases para proyectos de ciudades con visi&oacute;n de futuro.</li> 	    <li>La propuesta de actuar e intervenir en los centros urbanos desde una perspectiva integral, comprendiendo los aspectos al interior de la ciudad y en relaci&oacute;n con otras ciudades o la regi&oacute;n en que se encuentran, procurando vincular las acciones de todos los niveles que participan directamente e indirectamente en su conformaci&oacute;n, crecimiento y desarrollo<sup><a href="#30" name="30.">30</a></sup>.</li> 	    </ul> 	    <p>Sin embargo, los ambiciosos objetivos de la &quot;Pol&iacute;tica urbana del salto social&quot; no eran del todo compatibles con las normas vigentes en dicho momento. Si bien la Ley 9 de 1989 y la legislaci&oacute;n expedida con posterioridad a la Constituci&oacute;n del 91 constitu&iacute;an un conjunto relativamente ordenado de disposiciones referentes al desarrollo territorial, estas no eran suficientes para desarrollar las nuevas concepciones de ciudad planteadas por el Gobierno Nacional. Bajo esta perspectiva, se inici&oacute; el camino pol&iacute;tico y legislativo que llevar&iacute;a a la expedici&oacute;n de la Ley 388 de 1997, denominada Ley de Ordenamiento Territorial.</p> 	    <p><b>C. Ley 388 de 1997: Ley de Ordenamiento Territorial</b></p> 	    <p>Sin lugar a dudas, la &quot;Pol&iacute;tica urbana del salto social&quot; fue la plataforma necesaria para la expedici&oacute;n de la Ley 388 de 1997. Si bien la Ley 9 de 1989 fue una verdadera revoluci&oacute;n en materia de derecho urban&iacute;stico, se requer&iacute;a de la expedici&oacute;n de una norma que pudiere compaginar las disposiciones de dicha ley, los principios y preceptos de la Constituci&oacute;n de 1991 y los planteamientos de la pol&iacute;tica urbana referida.</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Dicha pol&iacute;tica, como se se&ntilde;al&oacute; anteriormente, buscaba que las ciudades se proyectaran como el sustrato espacial de las grandes metas de tipo social y econ&oacute;mico, y no como el resultado de la iniciativa liderada exclusivamente por el inter&eacute;s individual de los propietarios de las tierras. Se trataba de establecer las bases para que se pudieran adoptar legalmente las herramientas, los mecanismos o los instrumentos necesarios para alcanzar ciudades gobernables, m&aacute;s competitivas, ambientalmente sostenibles y con mayores niveles de identidad colectiva<sup><a href="#31" name="31.">31</a></sup>.</p> 	    <p>Con respecto al proyecto de ley que dio origen a la Ley de Ordenamiento Territorial<sup><a href="#32" name="32.">32</a></sup>, el profesor Humberto Molina (part&iacute;cipe fundamental del proceso de formaci&oacute;n de las leyes 9 de 1989 y 388 de 1997), se&ntilde;al&oacute; que el Ministerio de Desarrollo Econ&oacute;mico jug&oacute; un papel protag&oacute;nico en el estudio del nuevo proyecto de ley. Estando de Viceministro de Vivienda y Agua Potable el doctor Fabio Giraldo Isaza, se&ntilde;ala Molina, la cartera integr&oacute; un equipo de asesores expertos cuya misi&oacute;n era la de revisar la Ley 9 de 1989 y verificar cu&aacute;les podr&iacute;an o deber&iacute;an ser los instrumentos de una pol&iacute;tica que tuviera como objetivo hacer un completo estatuto de derecho urban&iacute;stico, capaz de responder al conjunto de las problem&aacute;ticas planteadas por el crecimiento desordenado e incontrolado de las ciudades. Fue as&iacute;, concluye, como naci&oacute; el proyecto de Ley de Desarrollo Territorial<sup><a href="#33" name="33.">33</a></sup>.</p> 	    <p>Sin embargo, la Ley 388 de 1997 trajo un problema conceptual desde su expedici&oacute;n, el cual no ha sido f&aacute;cil de superar. Si bien es claro que la ley descrita hace referencia al desarrollo f&iacute;sico del territorio de los municipios y distritos y a la clasificaci&oacute;n de usos del suelo, la misma fue bautizada como Ley de Ordenamiento Territorial, concepto que a la luz de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991 es sustancialmente distinto. Tal y como lo se&ntilde;ala Jaime Vidal Perdomo, haciendo referencia a la Ley Org&aacute;nica de Ordenamiento Territorial (LOOT), recientemente expedida, <i>&quot;otra dificultad adicional ha estado localizada en el significado del concepto de 'ordenamiento territorial', si comprende lo pol&iacute;tico  	-distribuci&oacute;n del poder pol&iacute;tico del Estado en funci&oacute;n de la poblaci&oacute;n del centro y de la periferia-, o si se limita a la mejor organizaci&oacute;n del suelo, establecidas ya las opciones pol&iacute;ticas en la Constituci&oacute;n, como aparece m&aacute;s l&oacute;gico; en este sentido m&aacute;s t&eacute;cnico, el lenguaje se acerca al concepto franc&eacute;s de 'am&eacute;nagement du territoire ', que evoca m&aacute;s la planeaci&oacute;n f&iacute;sica y que se expresa en pol&iacute;ticas como las que contiene la Ley 388 de 1997&quot;<sup><a href="#34" name="34.">34</a></sup>.</i></p> 	    <p>En ese mismo sentido, Pedro Pablo Morcillo Dosman se&ntilde;ala lo siguiente:  	<i>&quot;Desarrollo territorial fue el t&eacute;rmino usado por la ley 388 de 1997para reformar la ley 9<sup>a</sup>de 1989, sobre reforma urbana, y titular su texto legal. As&iacute; se habr&iacute;a podido emplear, si no hubiera sido por el t&eacute;rmino ordenamiento territorial con el cual denomin&oacute; la misma ley una serie de instituciones urban&iacute;sticas que cre&oacute; y de referencias legales que hizo. (...) Entonces la misma ley se encarg&oacute; de crear confusi&oacute;n entre ordenamiento territorial -seg&uacute;n la Carta, de sentido pol&iacute;tico-administrativo (art. 288)- y el ordenamiento territorial, de sentido urban&iacute;stico, de la ley 388. Este qued&oacute; en nuestro lenguaje profesional, ya de imposible modificaci&oacute;n o correcci&oacute;n. Actualmente, se usa indistintamente el t&eacute;rmino con las dos acepciones&quot;<sup><a href="#35" name="35.">35</a></sup>.</i></p> 	    <p>Aparte de lo se&ntilde;alado por Jaime Vidal Perdomo en el texto citado, otra explicaci&oacute;n de la confusi&oacute;n existente entre los dos conceptos se&ntilde;alados parece provenir del derecho espa&ntilde;ol, para cuya legislaci&oacute;n  	<i>&quot;la ordenaci&oacute;n del territorio persigue fijar los destinos y usos del espacio f&iacute;sico en su totalidad, as&iacute; como ordenar y distribuir valoradamente las acciones p&uacute;blicas sobre el territorio e infraestructuras, reservas naturales, extensiones o &aacute;reas de influencia de los n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n, comunicaciones, etc. &quot;<sup><a href="#36" name="36.">36</a></sup>.  	</i>Es claro que el concepto de ordenaci&oacute;n del territorio del derecho espa&ntilde;ol se asemeja, aunque en un sentido m&aacute;s amplio, a lo que se entiende por desarrollo territorial en Colombia y es a este tema, al cual se refiere la Ley 388 de 1997.</p> 	    <p>Se evidencia, entonces, que la Ley 388 de 1997 gener&oacute; una confusi&oacute;n entre dos t&eacute;rminos que aunque similares tienen connotaciones diferentes: por un lado, el ordenamiento territorial, que hace referencia a la divisi&oacute;n pol&iacute;tico-administrativa del Estado y su estructura en las diversas entidades territoriales, con el concepto de desarrollo territorial por el otro, referente a la clasificaci&oacute;n de usos del suelo y organizaci&oacute;n f&iacute;sica del territorio. El primero de los conceptos, tal y como se&ntilde;alan los autores citados, se refiere a la divisi&oacute;n de las entidades territoriales realizada por la Constituci&oacute;n, y la forma como aquellas se encuentran organizadas desde el punto de vista pol&iacute;tico y administrativo. En este orden de ideas, el ordenamiento territorial en la primera acepci&oacute;n presentada, se refiere a la forma como los municipios, distritos, &aacute;reas metropolitanas, provincias, regiones, entre otros, deben conformarse y operar o funcionar desde el punto de vista administrativo.</p> 	    <p>Por el contrario el ordenamiento territorial de la Ley 388 de 1997, se refiere al desarrollo territorial que se defini&oacute; en la introducci&oacute;n del presente art&iacute;culo, claramente dirigido a una concepci&oacute;n urban&iacute;stica de crecimiento ordenado de los municipios y distritos.</p> 	    <p>Realizada la anterior aclaraci&oacute;n y con referencia a la Ley 388, se encuentra que la denominada Ley de Ordenamiento Territorial retom&oacute; algunos temas de la Ley 9 de 1989 tales como la expropiaci&oacute;n, e introdujo una serie de herramientas necesarias para el desarrollo f&iacute;sico de los municipios y distritos colombianos, otorgando facultades expresas a los entes territoriales para cumplir con las pol&iacute;ticas del Salto Social. Con el desarrollo de los diferentes instrumentos de gesti&oacute;n urbana (instrumentos de planeamiento, actuaci&oacute;n, financiaci&oacute;n y control), la Ley 388 fue un paso m&aacute;s adelante que la Ley de Reforma Urbana, creando la plataforma necesaria para iniciar una verdadera reforma urban&iacute;stica en el pa&iacute;s.</p> 	    <p>Lejos de centrarse dicha ley en los aspectos eminentemente t&eacute;cnicos del manejo del suelo, lo cual es competencia de los municipios y se enmarca en el &aacute;mbito de sus respectivas autonom&iacute;as territoriales, lo que en ella se busc&oacute; fue reconocer expresamente que las entidades p&uacute;blicas locales necesitaban de herramientas efectivas que les permitieran ejercer adecuadamente la funci&oacute;n p&uacute;blica que les compete en materia de urbanismo e imponer efectivamente sus determinaciones en tal &aacute;mbito con tal de lograr, en inter&eacute;s general, ciudades con aceptables niveles de calidad de vida para todos sus habitantes<sup><a href="#37" name="37.">37</a></sup>.</p> 	    <p>Desde otro punto de vista, al establecer y dotar a las entidades territoriales locales de los instrumentos adecuados de intervenci&oacute;n en los usos y aprovechamientos del suelo, la Ley 388 de 1997 afianz&oacute; el proceso de descentralizaci&oacute;n y la autonom&iacute;a territorial para los municipios y distritos, en que desde hace varias d&eacute;cadas se ha empe&ntilde;ado el Estado colombiano<sup><a href="#38" name="38.">38</a></sup>.</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>CONCLUSIONES</b></p> 	    <p>Si bien es cierto que el camino a la consolidaci&oacute;n del derecho urban&iacute;stico en Colombia no ha sido f&aacute;cil, tambi&eacute;n lo es el hecho que con la expedici&oacute;n de la Ley 388 de 1997 se cerr&oacute; un cap&iacute;tulo importante en la historia inmobiliaria nacional, pues con ella se logr&oacute; finalmente construir una estructura jur&iacute;dica s&oacute;lida para lograr el desarrollo f&iacute;sico ordenado de los municipios y distritos. Si bien la ley contiene algunas imprecisiones conceptuales que generan confusi&oacute;n a la hora de su aplicaci&oacute;n, evidentemente con ella sola no ser&aacute; suficiente para solucionar los problemas de ordenamiento actualmente existentes, de su correcta reglamentaci&oacute;n y aplicaci&oacute;n depender&aacute; que el esfuerzo realizado durante tantos a&ntilde;os para dotar a las entidades territoriales de herramientas eficaces para su desarrollo no se pierda.</p> 	    <p>Es evidente que el derecho urban&iacute;stico es una disciplina muy joven dentro del ordenamiento jur&iacute;dico colombiano; no obstante, desde la Colonia existieron normas urban&iacute;sticas, m&aacute;s adelante seguidas por las disposiciones del C&oacute;digo Civil, y no fue sino hasta 1989 que se consolid&oacute; un cuerpo normativo uniforme dedicado a la materia. De las normas dispersas existentes antes de la Constituci&oacute;n de 1991 se pas&oacute; a una disciplina con consagraci&oacute;n constitucional, que finalmente se desarroll&oacute; a trav&eacute;s de la Ley 388 de 1997, gracias al aporte fundamental realizado por la Pol&iacute;tica Urbana del Salto Social. Entender a la ciudad como un conjunto de relaciones integrales desde el punto de vista de su desarrollo y no solo como un conjunto de edificaciones aisladas entre s&iacute;, fue sin lugar a dudas la gran revoluci&oacute;n urbana de los &uacute;ltimos a&ntilde;os.</p> 	    <p>Despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os de desarrollo informal, la adecuada aplicaci&oacute;n de los instrumentos consagrados en la ley depender&aacute; del correcto entendimiento que las administraciones locales y los jueces de la Rep&uacute;blica tengan sobre las herramientas consagradas en la misma. La correcta y eficiente aplicaci&oacute;n de los instrumentos de gesti&oacute;n, de los sistemas de reparto de cargas y beneficios, de los instrumentos de habilitaci&oacute;n del suelo, de la aplicaci&oacute;n coordinada entre las diferentes entidades participantes y evidentemente la inclusi&oacute;n de verdaderas pol&iacute;ticas de desarrollo urbano sostenible ser&aacute;n los nuevos retos con los que se encontrar&aacute;n las administraciones locales y nacionales en adelante. De su correcta aplicaci&oacute;n y del compromiso de las administraciones depender&aacute; el futuro de las ciudades colombianas.</p> 	<hr> 	    <p><font size="3"><b>Pie de P&aacute;gina</b></font></p> 	    <p><sup><a name="1" href="#1.">1</a></sup>Otra definici&oacute;n sobre derecho urban&iacute;stico se encuentra en la obra de Pedro Pablo Morcillo, quien lo define como  	<i>&quot;la ciencia jur&iacute;dica que estudia las normas que regulan las conductas humanas relacionadas con el uso y goce del suelo urbano y rural y el ordenamiento del territorio de los municipios, tanto en los aspectos sustantivos como de procedimiento y la administraci&oacute;n de la aplicaci&oacute;n de dichas normas&quot;.  	</i>Pedro Pablo Morcillo, Derecho urban&iacute;stico colombiano - Historia, normativa y gesti&oacute;n, Temis S.A., Bogot&aacute;, p. 137 (2007).    <br> 	<sup><a name="2" href="#2.">2</a></sup>Hans Rother, <i>Derecho urban&iacute;stico colombiano,  	</i>Temis S.A., Bogot&aacute;, p. 15 (1990).    <br> 	<sup><a name="3" href="#3.">3</a></sup>Fernando Galvis Gait&aacute;n, <i>El municipio colombiano,  	</i>4<sup>a</sup> ed., Temis S.A., Bogot&aacute;, 114. (2007).    <br> 	<sup><a name="4" href="#4.">4</a></sup>Pedro Pablo Morcillo, <i>La planeaci&oacute;n en Colombia,  	</i>Universidad Piloto de Colombia-Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez Ltda., Bogot&aacute;, 95-99 (2002).    <br> 	<sup><a name="5" href="#5.">5</a></sup>Fernando Galvis Gait&aacute;n, op. cit., 114.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	<sup><a name="6" href="#6.">6</a></sup>La totalidad del contenido de las ordenanzas de Felipe II se pueden consultar en: Jos&eacute; Mar&iacute;a Ots Capdequ&iacute;,  	<i>Historia del derecho espa&ntilde;ol en las Indias, </i>Universidad Nacional de Colombia-Editorial Minerva S.A., Bogot&aacute;, 150 y ss. (1940).    <br> 	<sup><a name="7" href="#7.">7</a></sup>Pedro Pablo Morcillo, <i>Laplaneaci&oacute;n en Colombia,  	</i>op. cit., pp. 100 y ss.    <br> 	<sup><a name="8" href="#8.">8</a></sup>Sobre el plan urbanizador espa&ntilde;ol en Am&eacute;rica y la clase de ciudades desarrolladas, se puede consultar: Jairo Morales Cruz,  	<i>Urbanizaciones piratas: la explotaci&oacute;n de la miseria, </i>Instituto de Estudios Sociales Juan Pablo II /fiel, Bogot&aacute;, 18-19 (1993), y Guillermo Le&oacute;n Escobar, Uta Kohler, y Juan Enrique Ni&ntilde;o,  	<i>Alcaldes, concejales y ciudadanos. Manual del municipio colombiano, </i>Ed. Fundaci&oacute;n Sim&oacute;n Bol&iacute;var, Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos, Bogot&aacute;, pp. 186-187 (1988).    <br> 	<sup><a name="9" href="#9.">9</a></sup><i>Como es bien sabido, en virtud de la Constituci&oacute;n colombiana de 1858 se cre&oacute; una federaci&oacute;n compuesta por los estados de Cundinamarca, Antioquia, Bol&iacute;var, Boyac&aacute;, Cauca, Magdalena, Panam&aacute; y Santander, los cuales quedaron con facultades para dictar leyes sobre materia civil y penal que deb&iacute;an regir en sus respectivos territorios. En 1958, el Estado soberano de Santander adopt&oacute; el C&oacute;digo Civil de Bello, con peque&ntilde;as modificaciones. (...) Posteriormente el 26 de mayo de 1873, por iniciativa del presidente Murillo Toro, se expidi&oacute; el C&oacute;digo Civil de la Uni&oacute;n, que deb&iacute;a regir en forma un&aacute;nime en todos los Estados. Se tom&oacute; como modelo el adoptado por el Estado de Santander, el cual, seg&uacute;n se acaba de exponer, no fue otro sino el de Bello. El C&oacute;digo Civil de 1873 fue sancionado nuevamente en el a&ntilde;o de 1887por la ley 57 (...)&quot;.  	</i>Arturo Valencia Zea &amp; &Aacute;lvaro Ortiz Monsalve, <i>Derecho Civil, parte general y personas,  	</i>Tomo I, Temis S.A., Bogot&aacute;, p. 32 (1997). Sobre la evoluci&oacute;n del derecho civil colombiano, ver tambi&eacute;n Eduardo Rodr&iacute;guez Pi&ntilde;eres,  	<i>Derecho Civil Colombiano, </i>Tomo I, 3<sup>a</sup> ed. corregida, Biblioteca Jur&iacute;dica Dik&eacute;, Medell&iacute;n, pp. 21 y ss. (1990).    <br> 	<sup><a name="10" href="#10.">10</a></sup>Como ejemplo de lo anterior, se encuentran los art&iacute;culos 738 y 739 referentes a la accesi&oacute;n de mueble a inmueble, los art&iacute;culos 676 y 682 referentes a las construcciones realizadas por particulares en bienes de uso p&uacute;blico o en bienes fiscales, los art&iacute;culos 815 y 818 referentes a la propiedad fiduciaria civil, los Art&iacute;culos 856, 857, 858 y 860 correspondientes al derecho real de usufructo y los art&iacute;culos 886, 895, 904, 909, 910 y 915 concernientes al derecho real de servidumbre, entre otros.    <br> 	<sup><a name="11" href="#11.">11</a></sup>El art&iacute;culo 4 de la Ley 472 de 1998 declar&oacute; expresamente en su literal m) el derecho a la realizaci&oacute;n de construcciones y edificaciones respetando las disposiciones urban&iacute;sticas como un derecho colectivo, defendible por v&iacute;a de acci&oacute;n popular. Lo que realiz&oacute; en la pr&aacute;ctica la citada ley, no fue otra cosa que ampliar el ejercicio de las acciones populares en materia de derecho urban&iacute;stico, pues el art&iacute;culo 1005 del C&oacute;digo Civil las hab&iacute;a reservado exclusivamente para la protecci&oacute;n de los bienes de uso p&uacute;blico.    <br> 	<sup><a name="12" href="#12.">12</a></sup>Algunos doctrinantes de derecho civil se&ntilde;alan que las disposiciones urban&iacute;sticas, no obstante hacer parte del derecho p&uacute;blico, son limitaciones al derecho real de dominio y propiedad. Ver en este sentido Luis Guillermo Vel&aacute;squez Jaramillo,  	<i>Bienes, </i>Temis S.A., Bogot&aacute;, pp. 186 y ss. (2000) e Iv&aacute;n Santos Ballesteros,  	<i>De los bienes y otros temas agrarios, </i>1<sup>a</sup> ed., Editorial Jur&iacute;dica DAvila, Bucaramanga, pp. 187-188 (2010). Por su parte, otros autores consideran que en la actualidad las disposiciones urban&iacute;sticas no pueden catalogarse como simples limitaciones al dominio, sino que se desprenden de la funci&oacute;n social de la propiedad. En este sentido Hans Rother, op. cit., Cap&iacute;tulo V. y Fernando Laserna Silva,  	<i>El naciente derecho urbano en Colombia y los nuevos modelos de desarrollo territorial local,  	</i>Trabajo de Grado, Especializaci&oacute;n en Derecho Urban&iacute;stico, Pontificia Universidad Javeriana, p. 5 (2011).    <br> 	<sup><a name="13" href="#13.">13</a></sup>Fernando Galvis Gait&aacute;n, op. cit., 115.    <br> 	<sup><a name="14" href="#14.">14</a></sup>Muchos de ellos influidos por los estudios realizados por profesionales tales como el profesor  	Lauchlin Currie. Para referencia, ver entre otros Lauchlin Currie,  	<i>Urbanizaci&oacute;n y desarrollo, </i>Fondo Editorial Camacol, Bogot&aacute;, (1988).    <br> 	<sup><a name="15" href="#15.">15</a></sup>Para consultar la historia y antecedentes de los proyectos referidos, presentados en la etapa de 1960 a 1989, consultar: Hans Rother, op. cit., Pedro Pablo Morcillo,  	<i>Derecho urban&iacute;stico colombiano - Historia, normativa y gesti&oacute;n, </i>op. cit., Fabio Giraldo Izasa, (ed.),  	<i>Reforma urbana y desarrollo social, </i>Camacol, Bogot&aacute;, (1989), Juan Felipe Pinilla Pineda,  	<i>Evoluci&oacute;n legal y jurisprudencial del derecho urban&iacute;stico colombiano, </i>Universidad de los Andes-Lincon  	Institute of Land Policy-Fedevivienda, Bogot&aacute;, (2003), Fernando Laserna Silva, op. cit., Mar&iacute;a Mercedes Maldonado Copello (ed.),  	<i>Reforma Urbana y desarrollo territorial: experiencias y perspectivas de aplicaci&oacute;n de las leyes 9 de 1989y 388 de 1997,  	</i>Universidad de los Andes-ciDER, Bogot&aacute; (2003).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	<sup><a name="16" href="#16.">16</a></sup>Juan Felipe Pinilla Pineda, op. cit., p. 238.    <br> 	<sup><a name="17" href="#17.">17</a></sup>Pedro Pablo Morcillo, <i>Derecho urban&iacute;stico colombiano-Historia, normativa y gesti&oacute;n, 	</i>op. cit., p.    <br> 	<sup><a name="18" href="#18.">18</a></sup>Fernando Galvis Gait&aacute;n, op. cit., 116.    <br> 	<sup><a name="19" href="#19.">19</a></sup>Fernando Laserna Silva, op. cit., 16.    <br> 	<sup><a name="20" href="#20.">20</a></sup>Ministerio de Desarrollo Econ&oacute;mico, <i>Ciudades y ciudadan&iacute;a,  	</i>Tercer Mundo Editores, Bogot&aacute;    <br> 	<sup><a name="21" href="#21.">21</a></sup>Ib.    <br> 	<sup><a name="22" href="#22.">22</a></sup>Fabio Giraldo Isaza, <i>La Ley de Desarrollo Territorial - Ley 388 de 1997,  	</i>en Mar&iacute;a Mercedes Maldonado Copello (ed.), op. cit., 141.    <br> 	<sup><a name="23" href="#23.">23</a></sup>Ministerio de Desarrollo Econ&oacute;mico, Viceministerio de Vivienda, Desarrollo Urbano y Agua Potable,  	<i>Presentaci&oacute;n general de la Ley de Desarrollo Territorial, </i>pp. 18-19 (Bogot&aacute;, 1997).    <br> 	<sup><a name="24" href="#24.">24</a></sup>Art&iacute;culo 311, Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991.    <br> 	<sup><a name="25" href="#25.">25</a></sup>La autonom&iacute;a de los municipios para determinar el desarrollo f&iacute;sico de sus territorios ha sido ampliamente tratado por la jurisprudencia nacional. En este sentido, ver, entre otras, Corte Constitucional, Sentencia C -149 de 2010, M. P.: Jorge Iv&aacute;n Palacio Palacio.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	<sup><a name="26" href="#26.">26</a></sup>Art&iacute;culo 313, Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991.    <br> 	<sup><a name="27" href="#27.">27</a></sup>Ministerio de Desarrollo Econ&oacute;mico, Viceministerio de Vivienda, Desarrollo Urbano y Agua Potable, op. cit., pp. 18-19.    <br> 	<sup><a name="28" href="#28.">28</a></sup>Ib., p. 17.    <br> 	<sup><a name="29" href="#29.">29</a></sup>Fernando Laserna Silva, op. cit., p. 32.    <br> 	<sup><a name="30" href="#30.">30</a></sup>Ministerio de Desarrollo Econ&oacute;mico, Viceministerio de Vivienda, Desarrollo Urbano y Agua Potable, op. cit., pp. 17-18...    <br> 	<sup><a name="31" href="#31.">31</a></sup>Fernando Laserna Silva, op. cit., p. 34.    <br> 	<sup><a name="32" href="#32.">32</a></sup>Para consultar historia y antecedentes de la Ley 388 de 1997, ver Oscar Borrero Ochoa,  	<i>Evoluci&oacute;n de la posici&oacute;n de los gremios inmobiliarios y constructores ante las Leyes de Reforma Urbana,  	</i>en Mar&iacute;a Mercedes Maldonado Copello (ed.), op. cit., pp. 105 - 114. Fabio Giraldo Isaza, op. cit., pp. 137-148. Fernando Laserna Silva, op. cit., pp. 28 - 40. Ministerio de Desarrollo Econ&oacute;mico,  	Viceministerio de Vivienda, Desarrollo Urbano y Agua Potable, op. cit., pp. 17-20. Humberto Molina Giraldo, &quot;Territorio y ordenamiento urbano&quot;, en Mar&iacute;a Mercedes Maldonado Copello, (ed.), op. cit., pp. 115. Pedro Pablo Morcillo,  	<i>Derecho urban&iacute;stico colombiano - Historia, normativa y gesti&oacute;n.</i>    <br> 	<sup><a name="33" href="#33.">33</a></sup>Humberto Molina Giraldo, op. cit., p. 124.    <br> 	<sup><a name="34" href="#34.">34</a></sup>Jaime Vidal Perdomo, <i>Derecho administrativo,  	</i>12<sup>a</sup> ed., Legis, Bogot&aacute;, p. 50 (2004).     <br> 	<sup><a name="35" href="#35.">35</a></sup>Pedro Pablo Morcillo, <i>Derecho urban&iacute;stico colombiano - Historia, normativa y gesti&oacute;n,  	</i>op. cit., pp. 125 y 126.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	<sup><a name="36" href="#36.">36</a></sup>Santiago Gonz&aacute;lez-Varas Ib&aacute;&ntilde;ez, <i>Urbanismo y ordenaci&oacute;n del territorio,  	</i><i>5&quot; </i>ed., Aranzadi S.A., Cizur Menor (Navarra), pp. 49 (2009). Sobre el particular ver tambi&eacute;n Enrique S&aacute;nchez Goyanes, (ed.),  	<i>Ley de Suelo, comentario sistem&aacute;tico de la Ley 8/2007, de mayo 28, de Suelo,  	</i>1<sup>a</sup> ed., La Ley-El Consultor de los Ayuntamientos, Madrid, pp. 161 y ss. (2007), Fernando L&oacute;pez Ram&oacute;n,  	<i>Introducci&oacute;n al derecho urban&iacute;stico, </i>3<sup>a</sup> ed., Marcial Pons Ediciones Jur&iacute;dicas y Sociales S.A., Madrid, pp. 61 y ss. (2009), Ricardo Est&eacute;vez Goytre,  	<i>Manual de Derecho Urban&iacute;stico, </i>4<sup>a</sup> ed., Comares S.L., Granada, pp. 12 y ss. (2005). Antonio Jes&uacute;s Alonso Tim&oacute;n,  	<i>Introducci&oacute;n al Derecho Urban&iacute;stico, </i>Tirant Lo Blanch, Valencia, pp. 75 y ss. (2008).    <br> 	<sup><a name="37" href="#37.">37</a></sup>Fernando Laserna Silva, op. cit., p. 41.    <br> 	<sup><a name="38" href="#38.">38</a></sup>Fabio Giraldo Isaza, op. cit., p. 143.</p><hr> 	    <p><font size="3"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p> 	    <!-- ref --><p>Antonio Jes&uacute;s Alonso Tim&oacute;n, <i>Introducci&oacute;n al Derecho Urban&iacute;stico, </i>Tirant Lo Blanch, Valencia (2008).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0041-9060201200010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Ricardo Barrios Zuluaga, <i>Tratado sobre el municipio contempor&aacute;neo, </i>Editorial Grijalbo Ltda., Bogot&aacute; (1997).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0041-9060201200010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>&Oacute;scar Borrero Ochoa, Evoluci&oacute;n de la posici&oacute;n de los gremios inmobiliarios y constructores ante las Leyes de Reforma Urbana, en Mar&iacute;a Mercedes Maldonado Copello (ed.),  	<i>Reforma Urbana y desarrollo territorial: experiencias y perspectivas de aplicaci&oacute;n de las leyes 9 de 1989y 388 de 1997,  	</i>Universidad de los Andes-CIDER, Bogot&aacute; (2003).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0041-9060201200010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Lauchlin Currie, <i>Urbanizaci&oacute;n y desarrollo, </i>Fondo Editorial Camacol, Bogot&aacute; (1988).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0041-9060201200010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Guillermo Le&oacute;n Escobar, Uta Kohler &amp; Juan Enrique Ni&ntilde;o, <i>Alcaldes, concejales y ciudadanos -Manual del Municipio Colombiano,  	</i>Ed. Fundaci&oacute;n Sim&oacute;n Bol&iacute;var, Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos, Bogot&aacute; (1988).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0041-9060201200010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Ricardo Est&eacute;vez Goytre, <i>Manual de Derecho Urban&iacute;stico, </i>4<sup>a</sup> ed., Editorial Comares S.L., Granada (2005).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0041-9060201200010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Fernando Galvis Gait&aacute;n, <i>El municipio colombiano, </i>4<sup>a</sup> ed., Temis S.A., Bogot&aacute; (2007).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0041-9060201200010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Fabio Giraldo Isaza, &quot;La Ley de Desarrollo Territorial - Ley 388 de 1997&quot;, en Mar&iacute;a Mercedes Maldonado Copello (ed.),  	<i>Reforma Urbana y desarrollo territorial: experiencias </i>y <i>perspectivas de aplicaci&oacute;n de las leyes 9 de 1989 y 388 de 1997,  	</i>Universidad de los Andes-CIDER, Bogot&aacute; (2003).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0041-9060201200010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Fabio Giraldo Izasa (ed.), <i>Reforma urbana y desarrollo social, </i>Camacol, Bogot&aacute; (1989).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0041-9060201200010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Santiago Gonz&aacute;lez-Varas Ib&aacute;&ntilde;ez, <i>Urbanismo y Ordenaci&oacute;n del Territorio,  	</i>5<sup>a</sup> ed., Aranzadi S.A.-Cizur Menor, Navarra (2009).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0041-9060201200010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Fernando Laserna Silva, <i>El naciente derecho urbano en Colombia y los nuevos modelos de desarrollo territorial local,  	</i>Trabajo de Grado, Especializaci&oacute;n en Derecho Urban&iacute;stico, Pontificia Universidad Javeriana, Bogot&aacute; (2011).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0041-9060201200010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Fernando L&oacute;pez Ram&oacute;n, <i>Introducci&oacute;n al Derecho urban&iacute;stico, </i>3<sup>a</sup> ed., Marcial Pons Ediciones Jur&iacute;dicas y Sociales S.A., Madrid (2009).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0041-9060201200010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Mar&iacute;a Mercedes Maldonado Copello (ed.), <i>Reforma Urbana y desarrollo territorial: experiencias y perspectivas de aplicaci&oacute;n de las leyes 9 de 1989 y 388 de 1997,  	</i>Universidad de los Andes-CIDER, Bogot&aacute; (2003).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0041-9060201200010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Ministerio de Desarrollo Econ&oacute;mico, <i>Ciudades y ciudadan&iacute;a, </i>Tercer Mundo Editores, Bogot&aacute; (1995).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0041-9060201200010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Ministerio de Desarrollo Econ&oacute;mico, Viceministerio de Vivienda, Desarrollo Urbano y Agua Potable,  	<i>Presentaci&oacute;n General de la Ley de Desarrollo Territorial, </i>Bogot&aacute; (1997).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0041-9060201200010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Humberto Molina Giraldo, <i>Territorio y ordenamiento urbano, </i>en Mar&iacute;a Mercedes Maldonado Copello (ed.),  	<i>Reforma Urbana y desarrollo territorial: experiencias y perspectivas de aplicaci&oacute;n de las leyes 9 de 1989y 388 de 1997,  	</i>Universidad de los Andes-CIDER,Bogot&aacute; (2003).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0041-9060201200010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Morales Cruz, Jairo, <i>Urbanizaciones piratas: la explotaci&oacute;n de la miseria,  	</i>Instituto de Estudios Sociales Juan Pablo II-fiel, Bogot&aacute; (1993).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0041-9060201200010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Pedro Pablo Morcillo, <i>Derecho urban&iacute;stico colombiano - Historia, normativa y gesti&oacute;n,  	</i>Temis S.A., Bogot&aacute; (2007).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0041-9060201200010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><i>_</i>, <i>La planeaci&oacute;n en Colombia, </i>Universidad Piloto de Colombia-Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez Ltda., Bogot&aacute; (2002).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0041-9060201200010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Jos&eacute; Mar&iacute;a Ots Capdequ&iacute;, <i>Historia del derecho espa&ntilde;ol en las Indias,  	</i>Universidad Nacional de Colombia-Editorial Minerva S.A., Bogot&aacute; (1940).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0041-9060201200010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Juan Felipe Pinilla Pineda, <i>Evoluci&oacute;n legal y jurisprudencial del derecho urban&iacute;stico colombiano,  	</i>Universidad de los Andes-Lincon Institute of Land Policy-Fedevivienda,Bogot&aacute; (2003).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0041-9060201200010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Eduardo Rodr&iacute;guez Pi&ntilde;eres, <i>Derecho Civil Colombiano, </i>Tomo I, 3<sup>a</sup> ed. corregida, Biblioteca Jur&iacute;dica Dik&eacute;, Medell&iacute;n (1990).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0041-9060201200010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    <!-- ref --><p>Hans Rother, <i>Derecho Urban&iacute;stico Colombiano, </i>Temis S.A. Bogot&aacute; (1990).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0041-9060201200010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	    ]]></body>
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