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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ESTADO CONSTITUCIONAL DB DERECHO Y PONDERACIÓN: HACIA LA SUPERACIÓN DE LA FALSA DISYUNTIVA ENTRE LIBERTAD Y SATISFACCIÓN DE LOS DERECHOS SOCIALES FUNDAMENTALES]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper analyzes social rights in the context of contemporary constitutionalism and proposes the use of the proportionality tests overcome the false dichotomy between freedom and social rights.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><font size="4"><b>ESTADO CONSTITUCIONAL DB DERECHO Y PONDERACI&Oacute;N: HACIA LA SUPERACI&Oacute;N DE LA FALSA DISYUNTIVA ENTRE LIBERTAD Y SATISFACCI&Oacute;N DE LOS DERECHOS SOCIALES FUNDAMENTALES<sup>*</sup></b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b><i>CONSTITUTIONAL STATE OF LAW AND WEIGHTING: THROUGH THE OVERCOMING OF THE FAKE JUNCTURE BETWEEN FREEDOM AND SATISFACTION OF THE FUNDAMENTAL SOCIAL RIGHTS</i></b></font></p>     <p align="center"><b><i>J. Ignacio N&uacute;&ntilde;ez Leiva<sup>**</sup></i></b></p>     <p align="right">La era est&aacute; pariendo un coraz&oacute;n...    <br> y hay que quemar el cielo si es preciso, por vivir <i>por cualquier hombre en el mundo, por cualquier casa </i>Silvio Rodr&iacute;guez, <i>La era est&aacute; pariendo un coraz&oacute;n</i></p>     <p><sup>*</sup>El presente art&iacute;culo es fruto de la investigaci&oacute;n realizada por el autor en el &aacute;rea de Derecho P&uacute;blico de la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile.    <br> <sup>**</sup>Abogado. Licenciado en Derecho por la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile. Diplomado en Derechos Humanos por la Universidad Cat&oacute;lica del Uruguay. Post Graduado en Derecho por la Universidad de Castilla La Mancha, Espa&ntilde;a: especialista en Constitucionalismo y Garant&iacute;smo (2009) y especialista en Justicia Constitucional y Procesos Constitucionales (2012). Mag&iacute;ster en Derecho P&uacute;blico por la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile. Diploma de Estudios Avanzados y Doctor en Derecho por la Universidad de Castilla La Mancha. Profesor de la Universidad Jesuita Alberto Hurtado, Chile. Correo electr&oacute;nico: <a target="_blank" href="mailto:jinunez@uc.cl">jinunez@uc.cl</a></p>     <p><i>Fecha de recepci&oacute;n: 20 de agosto de 2013 Fecha de aprobaci&oacute;n: 1&deg; de octubre de 2013 Disponible en l&iacute;nea: 30 de junio de 2014</i></p> <hr>     <p align="center"><b>Para citar este art&iacute;culo / To cite this article</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>J. Ignacio N&uacute;&ntilde;ez Leiva, <i>Estado constitucional de derecho y ponderaci&oacute;n: Hacia la superaci&oacute;n de la falsa disyuntiva entre libertad y satisfacci&oacute;n de los derechos sociales fundamentales, </i>128 <i>Vniversitas </i>(2014). doi:10.11144/ <a target="_blank" href="http://Javeriana.VJ128.ecdp">Javeriana.VJ128.ecdp</a></p> <hr>     <p><font size="3"><b>RESUMEN</b></font></p>     <p>El presente trabajo analiza los derechos sociales en el contexto del Estado constitucional de derecho y propone el uso de la ponderaci&oacute;n para superar la falsa dicotom&iacute;a entre libertad y derechos sociales.</p>     <p><b>Palabras clave: </b>Estado constitucional de derecho; derechos sociales</p> <hr>     <p><font size="3"><b><i>ABSTRACT</i></b></font></p>     <p>This paper analyzes social rights in the context of contemporary constitutionalism and proposes the use of the proportionality tests overcome the false dichotomy between freedom and social rights.</p>     <p><b>Keywords: </b>Constitutional rule of law; social rights</p> <hr>     <p><font size="3"><b>SUMARIO</b></font></p>     <p>INTRODUCCI&Oacute;N.- I. UN PROLOG&Oacute;MENO TERMINOL&Oacute;GICO.- II. EL ESTADO CONSTITUCIONAL DE DERECHO: EL ESCENARIO DE LA PONDERACI&Oacute;N.- II. EL ESTADO CONSTITUCIONAL DE DERECHO: EL ESCENARIO DE LA PONDERACI&Oacute;N.- III. LA PONDERACI&Oacute;N DE DERECHOS SOCIALES.- CONCLUSIONES Y REFLEXIONES FINALES.</p>     <p>doi:10.11144/Javeriana.VJ128.ecdp</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>     <p>Este trabajo tiene como prop&oacute;sito contextualizar la figura de la ponderaci&oacute;n en el escenario que le ha servido, al mismo tiempo, de origen y espacio fecundo para su desarrollo: el Estado constitucional de derecho.</p>     <p>Este ejercicio de geograf&iacute;a conceptual no obedece a un mero af&aacute;n te&oacute;rico sino a un objetivo concreto: afirmar que dentro de tal panorama los denominados derechos sociales &mdash;al igual que todo derecho fundamental&mdash; dejan de ser considerados disposiciones program&aacute;ticas para ser estimados como normas especiales con el car&aacute;cter de principios o directrices, factor que determina su obligatoriedad para todos los sujetos normativos de las Constituciones y que sugiere el uso de la ponderaci&oacute;n como t&eacute;cnica para su aplicaci&oacute;n concreta, particularmente ante potenciales conflictos con otros derechos fundamentales. Se propone finalmente aprovechar la estructura de principios que actualmente ostentan los derechos fundamentales y la alternativa de la ponderaci&oacute;n, no &uacute;nicamente para resolver conflictos de derechos, sino tambi&eacute;n para dar lugar a un argumento defendido por Robert Alexy, y de alguna manera tambi&eacute;n por Garz&oacute;n Vald&eacute;s y Luis Prieto, &uacute;til para eludir la artera y artificial idea que sugiere la existencia de una dicotom&iacute;a irreconciliable entre la protecci&oacute;n de la libertad y los derechos sociales fundamentales.</p>     <p><font size="3"><b>I. UN PROLOG&Oacute;MENO TERMINOL&Oacute;GICO</b></font></p>     <p>El supuesto car&aacute;cter prestacional de los denominados derechos sociales es uno de sus rasgos m&aacute;s frecuentemente subrayados, tal vez porque, desde el punto de vista jur&iacute;dico, resulta m&aacute;s explicativo o definidor que aquellos otros que se basan en consideraciones hist&oacute;ricas, ideol&oacute;gicas o sociol&oacute;gicas. El criterio delimitador de tal adjetivo residir&iacute;a &mdash;seg&uacute;n el maestro Prieto Sanch&iacute;s&mdash; en el contenido de la obligaci&oacute;n que, usando terminolog&iacute;a kelseniana, constituye el reflejo del derecho: en los derechos civiles o individuales, el contenido de la obligaci&oacute;n consiste en una abstenci&oacute;n u omisi&oacute;n, en un no hacer nada que comprometa el ejercicio de la libertad o el &aacute;mbito de inmunidad garantizado; en cambio, en los derechos sociales el contenido de la obligaci&oacute;n es de car&aacute;cter positivo, de dar o de hacer<sup><a name="s1" href="#1">1</a></sup>.</p>     <p>Con todo, si consideramos que en estricto rigor un derecho prestacional es aquel en cuya virtud se asegura a su titular algo que, si tuviese medios econ&oacute;micos suficientes y se encontrase disponible en el mercado, podr&iacute;a adquirir por s&iacute; mismo de particulares<sup><a name="s2" href="#2">2</a></sup>, la idea de identificarlo autom&aacute;ticamente con los derechos sociales es inconveniente por las siguientes razones.</p>     <p>El primer problema de asimilar a niveles de esencialidad los derechos sociales con los derechos prestacionales, consiste en que al hacerlo un n&uacute;mero no menor de importantes derechos tradicionalmente considerados sociales &mdash;en su dimensi&oacute;n teleol&oacute;gica, esto es su funcionalidad para alcanzar la igualdad sustancial&mdash; resultar&iacute;an excluidos debido a que no incluyen en su contenido ninguna clase de prestaci&oacute;n o al menos no lo hacen en sentido estricto. Tal es el caso de todos los que expresan restricciones a la autonom&iacute;a individual en el contrato de trabajo: como la limitaci&oacute;n de jornada, un salario m&iacute;nimo, las vacaciones anuales, o el derecho a huelga y el derecho a sindicaci&oacute;n. En segundo lugar &mdash;siguiendo nuevamente a Prieto&mdash; cuando hablamos de derechos prestacionales en sentido estricto nos referimos fundamentalmente a bienes o servicios econ&oacute;micamente evaluables: subsidios de desempleo, enfermedad o vejez, sanidad, educaci&oacute;n, vivienda, etc. De otro modo todos los derechos fundamentales &mdash;incluso los no sociales&mdash; merecer&iacute;an el r&oacute;tulo de prestacionales, dado que todos ellos exigen en mayor o menor medida una organizaci&oacute;n estatal que permita su ejercicio o que los defienda frente a intromisiones ileg&iacute;timas<sup><a name="s3" href="#3">3</a></sup>. Desde la tutela judicial efectiva hasta el derecho de sufragio, pasando por denominado derecho a defensa jur&iacute;dica t&eacute;cnica, casi todos los derechos requieren de un dar o hacer estatal, esto es de prestaciones en sentido amplio. En tercer lugar, conviene advertir que las t&eacute;cnicas prestacionales no pertenecen en exclusiva a alguna clase de derechos, sino que en general son aplicables a cualquiera de los fines del Estado, incluso a los derechos civiles y pol&iacute;ticos. Prieto se ha referido a esto en su obra <i>Curso de derecho eclesi&aacute;stico </i>acudiendo al caso de la libertad religiosa que, seg&uacute;n una opini&oacute;n difundida, no solo ha de ser respetada, sino tambi&eacute;n protegida y hasta subvencionada a fin de que su ejercicio pueda resultar verdaderamente efectivo<sup><a name="s4" href="#4">4</a></sup>. Otros ejemplos pueden estar constituidos por los derechos pol&iacute;ticos que resultan subvencionados mediante prestaciones en los Estados en donde existe financiamiento p&uacute;blico de partidos pol&iacute;ticos o por la libertad de expresi&oacute;n que suele estimularse a trav&eacute;s de la existencia &mdash;no monop&oacute;lica&mdash; de medios de comunicaci&oacute;n pertenecientes al Estado.</p>     <p>Por otra parte, y a consecuencia de lo anterior, en t&eacute;rminos argumentativos asimilar autom&aacute;ticamente a derechos sociales con derechos prestacionales deja injustificadamente abierto un flanco de cr&iacute;tica para los derechos sociales que no suponen prestaci&oacute;n alguna. Y lo hacen justamente ante el argumento m&aacute;s difundido en contra la eficacia de los derechos sociales: que la satisfacci&oacute;n de los derechos prestacionales depende de la potencia de la hacienda p&uacute;blica.</p>     <p>Finalmente, la identificaci&oacute;n a priori de los derechos sociales con derechos de prestaci&oacute;n en sentido estricto, envuelve una paradoja. En general los derechos prestacionales requieren, para ser reconocidos como tales, de una suficiente determinaci&oacute;n de sus titulares, contenidos y sujetos pasivos, adem&aacute;s de la asignaci&oacute;n de una garant&iacute;a jurisdiccional. Sin embargo, justamente uno de los factores de aparente debilidad de los derechos fundamentales sociales est&aacute; constituido por la apretura de su supuesto de hecho, la sub-determinaci&oacute;n de sus consecuencias jur&iacute;dicas y la dificultad para dispensarles tutela judicial. Es decir, de alguna manera hablar sin m&aacute;s de derechos sociales como derechos prestacionales en sentido estricto importa confundir su configuraci&oacute;n positiva real con su estatuto deseado. Con todo, como veremos a continuaci&oacute;n, la apertura o indeterminaci&oacute;n de las normas constitucionales no es &oacute;bice para su obediencia en calidad de normas jur&iacute;dicas plenas en el Estado constitucional de derecho.</p>     <p><font size="3"><b>II. EL ESTADO CONSTITUCIONAL DE DERECHO: EL ESCENARIO DE LA PONDERACI&Oacute;N</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el plano te&oacute;rico, el constitucionalismo contempor&aacute;neo tiene el af&aacute;n de describir y destacar los logros de la constitucionalizaci&oacute;n, es decir de aquel proceso causado por una revitalizada Constituci&oacute;n que ha ocasionado una modificaci&oacute;n de los sistemas jur&iacute;dicos respecto de lo existente antes del despliegue del proceso mismo y que deviene en el Estado constitucional de derecho.</p>     <p>Seg&uacute;n Prieto Sanch&iacute;s, estos conceptos sirven para designar un modelo te&oacute;rico, pero tambi&eacute;n para referirse a una forma de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica que se viene abriendo paso desde mediados del siglo XX, que no necesariamente re&uacute;ne en todas sus manifestaciones signos de uniformidad, sino unos rasgos esenciales que permiten hablar de algo diferente, no radicalmente nuevo, pero s&iacute; distinto a lo que pudo representar el Estado de derecho decimon&oacute;nico<sup><a name="s5" href="#5">5</a></sup>.</p>     <p>El cambio mencionado se produce a partir de la introducci&oacute;n de conceptos como el valor normativo de la Constituci&oacute;n y la vinculaci&oacute;n de la jurisdicci&oacute;n a los derechos fundamentales<sup><a name="s6" href="#6">6</a></sup>. Ello es el corolario de la fusi&oacute;n de dos tradiciones, la de las Constituciones materiales; aquellas que presentan un denso contenido sustantivo integrado por normas de diferente valoraci&oacute;n (valores, principios, derechos, directrices) y las Constituciones garantizadas, caracterizadas porque su protecci&oacute;n o efectividad se encomienda a jueces o, si se prefiere, en su sistema existen normas secundarias, de organizaci&oacute;n y procedimiento, destinadas a depurar o sancionar toda infracci&oacute;n de las normas sustantivas o relativas a derechos. As&iacute; la Constituci&oacute;n se convierte en l&iacute;mite y norma directiva fundamental. Frente al rousseauniano poder constituyente que nunca termina de constituirse &mdash;nos dice Prieto&mdash; y que desemboca en la superioridad del parlamento y de su ley &mdash;l&oacute;gica b&aacute;sica de los sistemas de ra&iacute;z francesa&mdash; el poder constituyente toma cuerpo en un texto jur&iacute;dico supremo, v&aacute;lido, vigente y garantizado<sup><a name="s7" href="#7">7</a></sup>. Todo lo anterior, agregar&iacute;a Manuel Arag&oacute;n, ha sido producto de adicionar al concepto liberal de constituci&oacute;n la impronta social y democr&aacute;tica de derecho reconociendo su valor de norma jur&iacute;dica<sup><a name="s8" href="#8">8</a></sup>.</p>     <p>El resultado de esta combinaci&oacute;n, se&ntilde;ala con contundencia Ferrajoli, es un nuevo modelo de derecho y democracia: el Estado constitucional de derecho, que es fruto de un verdadero cambio de paradigma respecto al modelo paleo-positivista del Estado legislativo de derecho<sup><a name="s9" href="#9">9</a></sup> y en el cual la Constituci&oacute;n es fuente del derecho en un triple sentido: primero, por contener normas, segundo, por disponer par&aacute;metros sustantivos y procedimentales para abrogar y/o invalidar normas inferiores preconstitucionales e invalidar normas posteriores que la contravengan, y tercero &mdash;siendo quiz&aacute;s esto lo m&aacute;s destacable&mdash; por entenderse que las normas constitucionales son id&oacute;neas para disciplinar directamente no solo la organizaci&oacute;n estatal y las relaciones entre el Estado y las personas, sino tambi&eacute;n las que ocurran ente estas &uacute;ltimas, y son por tanto susceptibles de ser aplicadas por cualquier juez y no solo por el juez constitucional.</p>     <p>Todo lo anterior claramente altera el paradigma decimon&oacute;nico del Estado de derecho y afecta las bases del sistema de fuentes elaborado a su amparo, las de su teor&iacute;a constitucional y del derecho, y su concepto de democracia.</p>     <p>Con respecto al sistema de fuentes, la Constituci&oacute;n irrumpe como fuente del derecho en el sentido pleno de la expresi&oacute;n, es decir, como origen inmediato de derechos y obligaciones, y no solo como fuente de las fuentes. Ello altera la relaci&oacute;n Constituci&oacute;n-ley. De una din&aacute;mica en la cual los derechos y obligaciones contenidos en la Constituci&oacute;n adquir&iacute;an fuerza en tanto eran desarrollados por la ley, se pasa a una relaci&oacute;n de subordinaci&oacute;n en donde &mdash;en palabras de Susanna Pozzolo&mdash; la ley opera como un mero factor de mediaci&oacute;n entre las exigencias constitucionales y las exigencias pr&aacute;cticas<sup><a name="s10" href="#10">10</a></sup>. Lo cual, de paso, nos obliga adem&aacute;s a repensar el principio din&aacute;mico con el que por tanto tiempo se caracteriz&oacute; el sistema jur&iacute;dico, pues la innovaci&oacute;n por parte de normas sub-constitucionales, de acuerdo a esta nueva l&oacute;gica, es v&aacute;lida en tanto su contenido sea deudor de los principios y valores contenidos en la Constituci&oacute;n, rasgo propio de los sistemas est&aacute;ticos<sup><a name="s11" href="#11">11</a></sup>.</p>     <p>En s&iacute;ntesis, la Constituci&oacute;n se instala como aquel derecho por sobre el derecho y opera como una convenci&oacute;n sobre el coto vedado<sup><a name="s12" href="#12">12</a></sup>, o acerca de lo que es indecidible para cualquier mayor&iacute;a<sup><a name="s13" href="#13">13</a></sup> .</p>     <p>Esto &uacute;ltimo es efecto de lo que Prieto Sanch&iacute;s denomina &quot;rematerializaci&oacute;n constitucional&quot;, factor que resulta clave para entender la existencia de este nuevo derecho (el constitucional) que se ubica por sobre el resto del derecho (principalmente el legal)<sup><a name="s14" href="#14">14</a></sup>. Las Constituciones actuales est&aacute;n dotadas no solo de normas formales, de competencia o procedimiento, dirigidas a orientar el ejercicio de los poderes estatales y la relaci&oacute;n entre los mismos, sino tambi&eacute;n &mdash;y sobre todo&mdash; de normas sustantivas que pretenden trazar l&iacute;mites negativos y v&iacute;nculos positivos a lo que dichos poderes est&aacute;n en condiciones de decidir leg&iacute;timamente. Siguiendo al mismo autor, justamente aquello que Kelsen tem&iacute;a es el sello de identidad de este nuevo derecho: gira en torno y se subordina a derechos, valores, principios y directrices<sup><a name="s15" href="#15">15</a></sup>.</p>     <p>En efecto, estas nuevas piezas fundamentales del derecho son normas <i>&quot;muy generales&quot;, &quot;redactadas en t&eacute;rminos particularmente vagos&quot;, </i>son <i>&quot;program&aacute;ticas&quot; </i>en el sentido de que imponen la obligaci&oacute;n de perseguir determinados fines, <i>&quot;expresan los valores superiores del ordenamiento jur&iacute;dico&quot; </i>y sirven como <i>&quot;criterio de interpretaci&oacute;n del derecho subconstitucional&quot;, </i>por mencionar solamente algunos de los sentidos o caracter&iacute;sticas con que seg&uacute;n Atienza y Ruiz Manero se les ha atribuido<sup><a name="s16" href="#16">16</a></sup>.</p>     <p>Tal vez, los elementos m&aacute;s importantes en estas nuevas Cartas Fundamentales sean los principios y las directrices. Los primeros se caracterizan por estar formulados como enunciados que correlacionan siempre casos con la calificaci&oacute;n normativa de una determinada conducta, pero de manera abierta. A diferencia de las reglas, carecen de una condici&oacute;n de aplicaci&oacute;n determinada. No se trata de que posean una condici&oacute;n de aplicaci&oacute;n con una periferia m&aacute;s o menos amplia, sino de que tales condiciones no se encuentran ni siquiera gen&eacute;ricamente determinadas<sup><a name="s17" href="#17">17</a></sup>. Las segundas se distinguen porque no solo sus condiciones de aplicaci&oacute;n son abiertas o aplicables a &mdash;pr&aacute;cticamente&mdash; infinitos supuestos de hecho sino porque adem&aacute;s su consecuencia jur&iacute;dica (su modelo de conducta prescrita) tampoco est&aacute; determinada<sup><a name="s18" href="#18">18</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En lo relativo a la teor&iacute;a constitucional, las relaciones rec&iacute;procas entre las funciones del Estado se alteran sustantivamente. El esquema decimon&oacute;nico en el cual el legislador se encuentra investido con la capacidad de representar a la soberan&iacute;a y por tanto invocar su inviolabilidad, resulta alterado por la aparici&oacute;n de una jurisdicci&oacute;n, ya sea ordinaria o espec&iacute;ficamente constitucional, capaz de oponerse al contenido sustancial de sus decisiones, sea impidiendo que se conviertan en derecho vigente o suprimi&eacute;ndolas del sistema jur&iacute;dico con efecto general o particular seg&uacute;n sea el caso, encargada de un continuo adecuamiento de la legislaci&oacute;n a la Constituci&oacute;n mediante la tutela de las exigencia de la justicia sustancial en cada caso concreto y que se erige como el principal agente racionalizador del sistema jur&iacute;dico<sup><a name="s19" href="#19">19</a></sup>. Una funci&oacute;n muy dif&iacute;cil de encuadrar en la formulaci&oacute;n tripartita de la separaci&oacute;n de poderes, e incluso en ciertos casos contra-mayoritaria.</p>     <p>Por su parte, la democracia operativa dentro del paradigma <i>paleopositivista </i>&mdash;citando a Ferrajoli&mdash; se ha convertido en democracia constitucional. Este es un modelo que no se limita a programar solo las formas de producci&oacute;n del derecho mediante normas procedimentales sino que adem&aacute;s programa sus contenidos. Est&aacute; constituido por normas meta-legales que disciplinan la m&aacute;xima expresi&oacute;n de las mayor&iacute;as contingentes presentes en el proceso de generaci&oacute;n de las leyes. En s&iacute;ntesis, la Constituci&oacute;n es aquel derecho por sobre el derecho y opera como una convenci&oacute;n sobre el coto vedado<sup><a name="s20" href="#20">20</a></sup>  o acerca de lo que es indecidible para cualquier mayor&iacute;a<sup><a name="s21" href="#21">21</a></sup>.</p>     <p>La constitucionalizaci&oacute;n r&iacute;gida de los derechos fundamentales &mdash; nos sugiere el c&eacute;lebre jurista de Florencia&mdash; impone obligaciones y prohibiciones a los poderes p&uacute;blicos y ha insertado en la democracia una dimensi&oacute;n sustancial. Si las normas formales de la Constituci&oacute;n, esto es aquellas que disciplinan la organizaci&oacute;n de los poderes p&uacute;blicos, aseguran la dimensi&oacute;n formal de la democracia pol&iacute;tica, aquellas que establecen los principios y derechos fundamentales garantizan lo que se puede denominar democracia sustancial, y se refieren a qu&eacute; no puede ser decidido o debe ser decidido por toda mayor&iacute;a, vinculando toda la legislaci&oacute;n bajo pena de invalidez a los derechos, principios y valores fundamentales. Ello cambia tambi&eacute;n la relaci&oacute;n entre derecho y pol&iacute;tica, pues ya no es el primero quien se subordina a la segunda, sino a la inversa.</p>     <p>As&iacute;, el contexto del Estado Constitucional de Derecho, la condici&oacute;n &mdash;el esp&iacute;ritu del tiempo en que vivimos&mdash; expresa Zagrebelsky, deambula no entre uno sino entre varios principios o valores que configuran la convivencia colectiva: la libertad versus las reformas sociales, la igualdad gen&eacute;rica versus las leg&iacute;timas diferencias en los casos concretos, la protecci&oacute;n de los derechos individuales, pero tambi&eacute;n la de los sociales<sup><a name="s22" href="#22">22</a></sup>. Si cada valor se entendiese como absoluto, ser&iacute;a imposible admitir la coexistencia de unos junto a otros. Si cada valor fuere a priori determinado o determinable, no existir&iacute;a aquella tendencial incompatibilidad entre ellos mismos y entre los diversos proyectos que albergan.</p>     <p>Tan significativa ha sido la irrupci&oacute;n &mdash;o la detecci&oacute;n&mdash; de los principios en las Constituciones que alg&uacute;n reputado jurista como Gustavo Zagrebelsky se atreve a afirmar que los principios ser&iacute;an normas propiamente constitutivas o constitucionales, mientras que las reglas &mdash;aun cuando se encuentren en la Constituci&oacute;n&mdash; no ser&iacute;an m&aacute;s que leyes reforzadas: a las reglas, por su simpleza, se las obedece, a los principios, se les presta adhesi&oacute;n<sup><a name="s23" href="#23">23</a></sup>.</p>     <p>El reconocimiento de los derechos fundamentales sociales en las cartas fundamentales del constitucionalismo contempor&aacute;neo enfatiza la dimensi&oacute;n objetiva de aquellos. En cuanto que normas objetivas, las cl&aacute;usulas que recogen derechos sociales vinculan a todos los poderes p&uacute;blicos, incluido el legislador, por lo que, en</p>     <p>principio, nada impide que sean invocados en cualquier instancia jurisdiccional y, por supuesto, que sirvan de par&aacute;metro para el juicio de constitucionalidad. B&ouml;ckenf&ouml;rde ha resumido esa vinculaci&oacute;n efectiva en tres aspectos: el fin o programa que supone un derecho social se sustrae a la en otro caso libertad del legislador; es inadmisible la inactividad o la desatenci&oacute;n evidente y grosera por parte de los poderes p&uacute;blicos; y, por &uacute;ltimo, la satisfacci&oacute;n conferida a un derecho prestacional, una vez establecida, se muestra relativamente irreversible, en el sentido de que est&aacute; protegida frente a una supresi&oacute;n definitiva o frente a una reducci&oacute;n que traspase los l&iacute;mites hacia la desatenci&oacute;n grosera<sup><a name="s24" href="#24">24</a></sup>.</p>     <p><font size="3"><b>III. LA PONDERACI&Oacute;N DE DERECHOS SOCIALES</b></font></p>     <p>La particularidad (funcional) de los principios estar&iacute;a dada en que mientras las reglas, normas binarias, altamente determinadas en sus condiciones de aplicaci&oacute;n y consecuencias jur&iacute;dicas, proporcionan pautas n&iacute;tidas acerca de c&oacute;mo debemos, no debemos o podemos actuar, los principios no nos dicen nada a este respecto, pero s&iacute; nos entregan criterios para adoptar posiciones ante situaciones concretas, pero que en principio no aparecen de manera evidente contenidas en su espectro normativo<sup><a name="s25" href="#25">25</a></sup>. Los principios no tienen eficacia en abstracto, requieren de casos concretos para ser operativos<sup><a name="s26" href="#26">26</a></sup>.</p>     <p>En este contexto, una jerarqu&iacute;a de valores (o principios y directrices) resulta in&uacute;til e insuficiente<sup><a name="s27" href="#27">27</a></sup>. Si as&iacute; ocurriere existir&iacute;a una incompatibilidad entre la Constituci&oacute;n y el car&aacute;cter pluralista de la sociedad. En caso de conflicto, el principio o valor de mayor rango privar&iacute;a de valor a todos los principios (constitucionales) inferiores y dar&iacute;a lugar a una amenazante tiran&iacute;a de los valores, esencialmente destructiva. El pluralismo &mdash;la multiplicidad de principios vertebradores de diversos proyectos morales y pol&iacute;ticos&mdash; y la consecuente ausencia de una preferencia respecto de algunos de ellos (de una jerarqu&iacute;a formal) exige que no exista, parafraseando a Zagreblesky, una ciencia sobre su articulaci&oacute;n sino prudencia en su aplicaci&oacute;n<sup><a name="s28" href="#28">28</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Quiz&aacute;s la principal novedad o propuesta metodol&oacute;gica surgida bajo el Estado constitucional de derecho sea el famoso principio de proporcionalidad (tambi&eacute;n llamado m&eacute;todo de la ponderaci&oacute;n), instituto sobre el cual no ahondaremos pues sus perfiles son de amplio conocimiento. Con todo destacaremos que su aplicaci&oacute;n, si bien no asegura una y solo una respuesta para cada caso concreto impone al sentenciador, aunque sea de manera perfectible, la necesidad de fundamentar sus decisiones a la hora de resolver un conflicto normativo que no admite la aplicaci&oacute;n de las cl&aacute;sicas herramientas de soluci&oacute;n de antinomias<sup><a name="s29" href="#29">29</a></sup>, pues normalmente acontece entre disposiciones que <i>&quot;dicen mucho al legislador&quot; </i>pero <i>&quot;muy poco al juez&quot;<sup><a name="s30" href="#30">30</a></sup>.</i></p>     <p>En un modelo donde la aplicaci&oacute;n del derecho no depende de procedimientos provistos &uacute;nicamente de l&oacute;gica formal y con aplicaci&oacute;n autom&aacute;tica y en el cual corresponde al sentenciador la b&uacute;squeda del derecho no solo en las normas de procedencia estatal &mdash;orientado permanentemente por la consideraci&oacute;n y ponderaci&oacute;n de los intereses sociales&mdash;, el rol de la judicatura no puede ser concebido simplemente como el de un ejecutor de las prescripciones gen&eacute;ricas contenidas en las normas emanadas del legislador.</p>     <p>En un contexto donde el derecho ha de verse como una pr&aacute;ctica social compleja, consistente en decidir casos, justificar aquellas decisiones y producir normas derivadas de preceptos altamente abstractos, el ordenamiento jur&iacute;dico no es un dato dado de antemano (a la espera de que un jurista te&oacute;rico o un juez lo sistematicen), sino una actividad en la que te&oacute;ricos y jueces participan<sup><a name="s31" href="#31">31</a></sup>, y no desde afuera.</p>     <p>Por eso, Zagreblesky afirma que el car&aacute;cter de la actividad jurisdiccional, que se desenvuelve entre los principios y las reglas, entre los hechos y el derecho, deber&iacute;a conducir a la pregunta de si no resulta incongruente la gesti&oacute;n de un derecho ya no solo estatal bajo un modelo estatista que trata al funcionario judicial como un mero administrador, un bur&oacute;crata lleno de apat&iacute;a social, encargado de una aplicaci&oacute;n exacta y geom&eacute;trica de la ley, distante de toda influencia. El punto sobre el que sugiere insistir es en <i>&quot;la posici&oacute;n dual que necesariamente corresponde a los jueces en el Estado Constitucional: una especial&iacute;sima y dificil&iacute;sima posici&oacute;n de intermediaci&oacute;n entre el Estado (como poder pol&iacute;tico-legislativo) y la sociedad (como sede de los casos que plantean pretensiones en nombre de los principios constitucionales), que no tiene paralelo en ning&uacute;n otro tipo de funcionarios p&uacute;blicos&quot;<sup><a name="s32" href="#32">32</a></sup>.</i></p>     <p>En este contexto, y a prop&oacute;sito de los derechos sociales, Luis Prieto afirma que las desigualdades inmerecidas deben ser compensadas mediante la adopci&oacute;n de medidas &mdash;regulaciones o prestaciones&mdash; pues, en palabras de Kymlicka, <i>&quot;lasporciones distributivas no debieran estar influidas por factores que son arbitrarios desde el punto de vista moral&quot;. </i>Es obvio que no toda diferencia debe combatirse; al contrario, algunas deben tolerarse y hasta tutelarse. Como escribe Ferrajoli, <i>&quot;el principio (o deber) de tolerancia sirve para fundar el conjunto de los derechos de libertad, pero adem&aacute;s debe hablarse de un principio (o deber) de no tolerancia, que vale para fundamentar el concepto de los derechos sociales: aquello que est&aacute; en la base de los derechos civiles, creencias y planes de vida, debe ser tolerado; aquello otro que est&aacute; en la base de los derechos sociales, carencias o pobreza, no debe tolerarse&quot;<sup><a name="s33" href="#33">33</a></sup>.</i></p>     <p>En el mismo sentido &mdash;sum&aacute;ndose a la soluci&oacute;n ponderativa de Alexy que enseguida revisaremos&mdash; Garz&oacute;n Vald&eacute;s, propone que el argumento principal a favor de los derechos sociales es la satisfacci&oacute;n del principio de la dignidad humana. As&iacute; lo hace cuando se pregunta &iquest;No podr&iacute;a suponerse que la no concesi&oacute;n de derechos sociales conduce a la exclusi&oacute;n de una buena parte de la ciudadan&iacute;a, es decir a una sociedad indecente?<sup><a name="s34" href="#34">34</a></sup></p>     <p>Finalmente, Robert Alexy (desde una &oacute;ptica incluso m&aacute;s precaria, pues la Ley Fundamental alemana no consagra directamente derechos de esta &iacute;ndole, sino que han sido jurisprudencialmente construidos en base al derecho general de igualdad) propone un modelo general justificativo de la satisfacci&oacute;n de los derechos fundamentales sociales basado en dos pilares: la ponderaci&oacute;n y la superaci&oacute;n de la falsa dicotom&iacute;a libertad-igualdad.</p>     <p>Para el iusfil&oacute;sofo alem&aacute;n, los derechos fundamentales &mdash;todos&mdash; son posiciones que, desde el punto de vista constitucional, son tan importantes que su atribuci&oacute;n o denegaci&oacute;n no puede quedar en manos de la mayor&iacute;a parlamentaria. Esto implica que a cada uno le corresponden las posiciones jur&iacute;dicas prestacionales de tal importancia que su provisi&oacute;n no pueda quedar en manos de las mayor&iacute;as. De conformidad a este modelo, el interrogante acerca de cu&aacute;les son los derechos sociales fundamentales que tiene el individuo &mdash;y particularmente su contenido, en el caso de derechos formulados bajo el formato de principios o directrices&mdash; es un asunto de ponderaci&oacute;n. Veamos.</p>     <p>De una parte, en cualquier ponderaci&oacute;n que envuelva derechos sociales &mdash;ya sea la ocasionada por la impugnaci&oacute;n de una medida legislativa que desarrolle un derecho fundamental social o por una que lo limite, pasando por los conflictos en sede de amparo de derechos fundamentales donde comparezca uno de los derechos en comento&mdash; se encontrar&aacute; alguna libertad basada en el principio de libertad f&aacute;ctica como inter&eacute;s que se desee superponer a &eacute;l. Tambi&eacute;n podr&aacute;n tomar parte en el conflicto concreto algunos principios institucionales, como la competencia legislativa y la separaci&oacute;n de poderes.</p>     <p>En este modelo te&oacute;rico y especulativo (pues como ya mencionamos, la ponderaci&oacute;n es una operaci&oacute;n de razonamiento pr&aacute;ctico) la generalizada condici&oacute;n estructural de los derechos sociales nos dir&aacute; muy poco acerca de las prestaciones espec&iacute;ficas que envuelve. Con todo, s&iacute; nos ayudar&aacute; a identificar cu&aacute;les facultades subjetivas puede tener un individuo justificadas en la igualdad sustancial que promueven los derechos sociales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En efecto, y como ejercicio general y ejemplar, ante un conflicto que implique la ponderaci&oacute;n de un derecho social, seg&uacute;n Alexy, habr&aacute; que considerar: (1) con qu&eacute; urgencia la satisfacci&oacute;n de la libertad f&aacute;ctica y la igualdad sustancial exigen el respeto de ese derecho, y (2) si los principios que orientan la competencia legislativa y la separaci&oacute;n de poderes se ven afectados en una medida inferior a la satisfacci&oacute;n del derecho social que se privilegia<sup><a name="s35" href="#35">35</a></sup>.</p>     <p>El tel&oacute;n de fondo de este prototipo de ponderaci&oacute;n no es otro que un cuestionamiento directo a la propuesta (casi ideol&oacute;gica) de que existir&iacute;a un conflicto irreconciliable entre los derechos sociales (prestacionales o no) y la libertad en sus diferentes dimensiones. Tal afirmaci&oacute;n se resume en la f&oacute;rmula: &quot;a mayor igualdad menor libertad&quot;. Enunciado carente de parcialidad que toma abierto partido por un sacrificio de la igualdad en pos de la libertad. Empero, como lo sugieren a trav&eacute;s de diversos argumentos Garz&oacute;n Vald&eacute;s, Prieto y Alexy, la verdadera libertad &mdash;<i>f&aacute;ctica </i>como la denomina el autor alem&aacute;n&mdash; depende del reconocimiento de derechos que se orienten a la obtenci&oacute;n de un m&iacute;nimo indispensable para hablar en propiedad de actos realmente voluntarios, igualdad sustancial seg&uacute;n Prieto &mdash;todo con el prop&oacute;sito enunciado por Garz&oacute;n Vald&eacute;s de evitar la configuraci&oacute;n de una sociedad indecente&mdash;. Lo interesante, m&aacute;s all&aacute; de las propuestas de estos autores, viene dado por el recurso a la ponderaci&oacute;n y al aprovechamiento del escenario en que ella se desenvuelve, para probar que la exigencia de igualdad no tiene otro fin que la garant&iacute;a de la libertad.</p>     <p><font size="3"><b>CONCLUSIONES Y REFLEXIONES FINALES</b></font></p>     <p>El supuesto car&aacute;cter prestacional de los denominados derechos sociales es uno de sus elementos m&aacute;s mencionados, tal vez porque, desde el punto de vista jur&iacute;dico, resulta m&aacute;s explicativo o definidor que aquellos otros que se basan en consideraciones hist&oacute;ricas, ideol&oacute;gicas o sociol&oacute;gicas.</p>     <p>Con todo, si consideramos que en estricto rigor &mdash;siguiendo a Alexy&mdash; un derecho prestacional es aquel en cuya virtud se asegura a su titular algo que, si tuviese medios econ&oacute;micos suficientes y se encontrase disponible en el mercado, podr&iacute;a adquirir por s&iacute; mismo de particulares, la idea de identificarlo autom&aacute;ticamente con los derechos sociales es inconveniente por diversas razones.</p>     <p>La identificaci&oacute;n a priori de los derechos sociales con derechos de prestaci&oacute;n en sentido estricto, envuelve una paradoja. En general los derechos prestacionales requieren, para ser reconocidos como tales, de una suficiente determinaci&oacute;n de sus titulares, contenidos y sujetos pasivos, adem&aacute;s de la asignaci&oacute;n de una garant&iacute;a jurisdiccional. Sin embargo, justamente uno de los factores de aparente debilidad de los derechos fundamentales sociales est&aacute; constituido por la apretura de su supuesto de hecho, la sub-determinaci&oacute;n de sus consecuencias jur&iacute;dicas y la dificultad para dispensarles tutela judicial. Es decir, de alguna manera hablar sin m&aacute;s de derechos sociales como derechos prestacionales en sentido estricto importa confundir su configuraci&oacute;n positiva real con su estatuto deseado.</p>     <p>En la actualidad es posible hablar de un nuevo modelo de derecho y democracia: el Estado constitucional de derecho, que es fruto de un verdadero cambio de paradigma respecto al modelo paleo-positivista del Estado legislativo de derecho y en el cual, la Constituci&oacute;n es plenamente fuente del derecho. Contiene normas, dispone par&aacute;metros sustantivos y procedimentales para abrogar y/o invalidar normas inferiores preconstitucionales e invalidar normas posteriores que la contravengan, y se entiende que las normas constitucionales son id&oacute;neas para disciplinar directamente no solo la organizaci&oacute;n estatal y las relaciones entre el Estado y las personas, sino tambi&eacute;n las que ocurran ente estas &uacute;ltimas, y son por tanto susceptibles de ser aplicadas por cualquier juez y no solo por el juez constitucional.</p>     <p>Tal vez, los elementos m&aacute;s importantes en estas nuevas cartas fundamentales sean los principios y las directrices. Los primeros se caracterizan por estar formulados como enunciados que correlacionan siempre casos con la calificaci&oacute;n normativa de una determinada conducta, pero de manera abierta. A diferencia de las reglas, carecen de una condici&oacute;n de aplicaci&oacute;n determinada.</p>     <p>El reconocimiento de los derechos fundamentales sociales en las cartas fundamentales del constitucionalismo contempor&aacute;neo enfatiza la dimensi&oacute;n objetiva de aquellos. en cuanto que normas objetivas, las cl&aacute;usulas que recogen derechos sociales vinculan a todos los poderes p&uacute;blicos, incluido el legislador, por lo que, en principio, nada impide que sean invocados en cualquier instancia jurisdiccional y, por supuesto, que sirvan de par&aacute;metro para el juicio de constitucionalidad.</p>     <p>En este contexto, autores como Luis Prieto, Robert Alexy y Ernesto Garz&oacute;n Vald&eacute;s sugieren diversos argumentos a favor de los derechos fundamentales sociales. Particularmente interesante resulta la propuesta de Alexy en cuanto sugiere &mdash;reconociendo el car&aacute;cter de principios de los derechos fundamentales sociales&mdash; la ponderaci&oacute;n como herramienta para no solo resolver eventuales conflictos entre derechos sociales fundamentales y libertades fundamentales, sino tambi&eacute;n como una v&iacute;a para disipar la supuesta tensi&oacute;n entre tales clases de derechos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El tel&oacute;n de fondo de este prototipo de ponderaci&oacute;n no es otro que un cuestionamiento directo a la propuesta (casi ideol&oacute;gica) de que existir&iacute;a un conflicto irreconciliable entre los derechos sociales (prestacionales o no) y la libertad en sus diferentes dimensiones. Tal afirmaci&oacute;n se resume en la f&oacute;rmula: &quot;a mayor igualdad menor libertad&quot;, enunciado carente de parcialidad que toma abierto partido por un sacrificio de la igualdad en pos de la libertad. Empero, como lo sugieren a trav&eacute;s de diversos argumentos Garz&oacute;n Vald&eacute;s, Prieto y Alexy, la verdadera libertad &mdash;f&aacute;ctica como la denomina el autor alem&aacute;n&mdash; depende del reconocimiento de derechos que se orienten a la obtenci&oacute;n de un m&iacute;nimo indispensable para hablar en propiedad de actos realmente voluntarios &mdash;igualdad sustancial, seg&uacute;n Prieto&mdash; todo con el prop&oacute;sito, enunciado por Garz&oacute;n Vald&eacute;s de evitar la configuraci&oacute;n de una sociedad indecente.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>PIE DE P&Aacute;GINA</b></font></p>     <p><sup><a href="#s1" name="1">1</a></sup>Luis Prieto Sanch&iacute;s, <i>Los derechos sociales y el principio de igualdad sustancial, Revista del Centro de Estudios Constitucionales, </i>No. 22, 9-56 (1995). P&aacute;g. 15.    <br> <sup><a href="#s2" name="2">2</a></sup>Robert Alexy, <i>Teor&iacute;a de los derechos fundamentales, </i>Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, Madrid, 391 (2008).    <br> <sup><a href="#s3" name="3">3</a></sup>Prieto, &oacute;p. cit., 15.    <br> <sup><a href="#s4" name="4">4</a></sup>Prieto, &oacute;p. cit., 16.    <br> <sup><a href="#s5" name="5">5</a></sup>Luis Prieto Sanch&iacute;s, <i>Justicia constitucional y derechos fundamentales, </i>Trotta, Madrid, 107 (2003).    <br> <sup><a href="#s6" name="6">6</a></sup>Alexei Julio Estrada, <i>Los tribunales constitucionales y la eficacia entre particulares de los derechos fundamentales </i>en Miguel Carbonell, ed., <i>Teor&iacute;a del neoconstitucionalismo, ensayos escogidos, </i>121-148, Trotta, Madrid, 148 (2007).    <br> <sup><a href="#s7" name="7">7</a></sup>Luis Prieto Sanch&iacute;s, <i>El constitucionalismo de los derechos, </i>en Miguel Carbonell, ed., <i>Teor&iacute;a </i>Vniversitas. Bogot&aacute; (Colombia) N&deg; 128: 153-172, enero-junio de 2014<i> del neoconstitucionalismo, ensayos escogidos, </i>213-236, Trotta, Madrid, 214 (2007).    <br> <sup><a href="#s8" name="8">8</a></sup>Manuel Arag&oacute;n Reyes. <i>La constituci&oacute;n como paradigma </i>en Miguel Carbonell, ed., <i>Teor&iacute;a del neoconstitucionalismo, ensayos escogidos, </i>29-40, Trotta, Madrid, 35 (2007).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a href="#s9" name="9">9</a></sup>Luigi Ferrajoli, <i>Sobre los derechos fundamentales </i>en Miguel Carbonell ed., <i>Teor&iacute;a del neoconstitucionalismo, ensayos escogidos, </i>71-90, Trotta, Madrid, 71 (2007).    <br> <sup><a href="#s10" name="10">10</a></sup>Susana Pozzolo, <i>Neoconstitucionalismo y especificidad de la interpretaci&oacute;n constitucional, Doxa, </i>No. 21, 339-353 (1998). P&aacute;g. 341.    <br> <sup><a href="#s11" name="11">11</a></sup>Alfonso Garc&iacute;a Figueroa, <i>Principios y positivismo jur&iacute;dico, El no positivismo principialista en las teor&iacute;as de RonaldDworkin y Robert Alexy, </i>Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, Madrid, 62 (1998).    <br> <sup><a href="#s12" name="12">12</a></sup>Ernesto Garz&oacute;n Vald&eacute;s, <i>Algo m&aacute;s acerca del coto vedado, </i>Doxa, No. 6, 209-213 (1989).    <br> <sup><a href="#s13" name="13">13</a></sup>Luigi Ferrajoli, <i>Derecho y raz&oacute;n. Teor&iacute;a del Garant&iacute;smopenal, </i>Trotta, Madrid, 858 (1998).    <br> <sup><a href="#s14" name="14">14</a></sup>Prieto, &oacute;p. cit., 119. (2007).    <br> <sup><a href="#s15" name="15">15</a></sup>Prieto, &oacute;p. cit., 215 (2007).    <br> <sup><a href="#s16" name="16">16</a></sup>Manuel Atienza y Juan Ruiz, <i>Las piezas del derecho, </i>Ariel, Barcelona, 4 (1996).    <br> <sup><a href="#s17" name="17">17</a></sup>Atienza y Ruiz, &oacute;p. cit., 9 (1996).    <br> <sup><a href="#s18" name="18">18</a></sup>Atienza y Ruiz, &oacute;p. cit., 10 (1996).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a href="#s19" name="19">19</a></sup>Pozzolo, &oacute;p. cit., 342 (1998).    <br> <sup><a href="#s20" name="20">20</a></sup>Ernesto Garz&oacute;n Vald&eacute;s, <i>Algo m&aacute;s acerca del coto vedado, Doxa, </i>No. 6, 209-213 (1989).    <br> <sup><a href="#s21" name="21">21</a></sup>Luigi Ferrajoli, <i>Derecho y raz&oacute;n. Teor&iacute;a del garantismo penal, </i>Trotta, Madrid, 858 (1998).    <br> <sup><a href="#s22" name="22">22</a></sup>Gustavo Zagrebelsky, <i>El derecho d&uacute;ctil. Ley, derechos, justicia, </i>Trotta, Madrid, 16 (2008).    <br> <sup><a href="#s23" name="23">23</a></sup>Zagrebelsky, &oacute;p. cit., 110 (2008).    <br> <sup><a href="#s24" name="24">24</a></sup>Luis Prieto Sanch&iacute;s, <i>Ley, principios, derechos, </i>Dikynson, Madrid, 99 (1998).    <br> <sup><a href="#s25" name="25">25</a></sup>Zagrebelsky, &oacute;p. cit., 110 (2008).    <br> <sup><a href="#s26" name="26">26</a></sup>Jos&eacute; Juan Moreso, <i>Constituci&oacute;n: un modelo para armar, </i>Marcial Pons, Madrid, 233 (2009).    <br> <sup><a href="#s27" name="27">27</a></sup>Zagrebelsky, &oacute;p. cit., 124 (2008).    <br> <sup><a href="#s28" name="28">28</a></sup>Zagrebelsky, &oacute;p. cit., 125 (2008).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a href="#s29" name="29">29</a></sup>Luis Prieto Sanch&iacute;s, <i>Neoconstitucionalismo y Ponderaci&oacute;n Judicial, </i>en Miguel Carbonell, <i>Neoconstitucionalismos, </i>Trotta, Madrid, 152 (2005).    <br> <sup><a href="#s30" name="30">30</a></sup>Prieto, &oacute;p. cit., 217 (2007).    <br> <sup><a href="#s31" name="31">31</a></sup>Manuel Atienza y Juan Ruiz, <i>Para una teor&iacute;a postpositivista del derecho, </i>Palestra, Lima, 152 (2009).    <br> <sup><a href="#s32" name="32">32</a></sup>Zagrebelsky, &oacute;p. cit., 149 (2008).    <br> <sup><a href="#s33" name="33">33</a></sup>En Prieto, &oacute;p. cit., 91 (1998).    <br> <sup><a href="#s34" name="34">34</a></sup>Ernesto Garz&oacute;n Vald&eacute;s, <i>Cinco consideraciones acerca de la concepci&oacute;n de derechos sociales de Robert Alexy, </i>en <i>VVAA. Robert Alexy, derechos sociales y ponderaci&oacute;n, </i>151-162 (2009).    <br> <sup><a href="#s35" name="35">35</a></sup>Robert Alexy, <i>Teor&iacute;a de los derechos fundamentales, </i>Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, Madrid, 454 (2008).</p> <hr>     <p><font size="3"><b>REFERENCIAS</b></font></p>     <p><b>Libros</b></p>     <!-- ref --><p>Alfonso Garc&iacute;a Figueroa, <i>Principios y positivismo jur&iacute;dico, El no positivismo principialista en las teor&iacute;as de Ronald Dworkin y Robert Alexy, </i>Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, Madrid (1998).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0041-9060201400010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Jos&eacute; Juan Moreso, <i>Constituci&oacute;n: un modelo para armar, </i>Marcial Pons, Madrid (2009).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0041-9060201400010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Luigi Ferrajoli, <i>Derecho y raz&oacute;n. Teor&iacute;a delgarantismo penal, </i>Trotta, Madrid (1998).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0041-9060201400010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Luigi Ferrajoli, <i>los derechos fundamentales </i>en Miguel Carbonell, ed., <i>Teor&iacute;a del neoconstitucionalismo, ensayos escogidos, </i>71-90, Trotta, Madrid (2007).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0041-9060201400010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gustavo Zagrebelsky, <i>El derecho d&uacute;ctil. Ley, derechos, justicia, </i>Trotta, Madrid (2008).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0041-9060201400010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Luis Prieto Sanch&iacute;s, <i>Justicia constitucional y derechos fundamentales, </i>Trotta, Madrid (2003).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0041-9060201400010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Luis Prieto Sanch&iacute;s, <i>Ley, principios, derechos, </i>Dikynson, Madrid (1998).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0041-9060201400010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Manuel Atienza y Juan Ruiz, <i>Las piezas del derecho, </i>Ariel, Barcelona (1996).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0041-9060201400010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>__</i>, <i>Para una teor&iacute;a postpositivista del derecho, </i>Palestra, Lima (2009).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0041-9060201400010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Robert Alexy, <i>Teor&iacute;a de los derechos fundamentales, </i>Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, Madrid (2008).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0041-9060201400010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p><b>Contribuciones en obras colectivas</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Alexei Julio Estrada, <i>Los tribunales constitucionales y la eficacia entre particulares de los derechos fundamentales </i>en Miguel Carbonell, ed., <i>Teor&iacute;a del neoconstitucionalismo, ensayos escogidos, </i>121-148, Trotta, Madrid (2007).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0041-9060201400010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ernesto Garz&oacute;n Vald&eacute;s, <i>Algo m&aacute;s acerca del coto vedado, Doxa, </i>No. 6, 209-213 (1989).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0041-9060201400010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>__</i>, <i>Cinco consideraciones acerca de la concepci&oacute;n de derechos sociales de Robert Alexy, </i>en <i>VVAA. Robert Alexy derechos sociales y ponderaci&oacute;n, </i>151-162 (2009).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0041-9060201400010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Luis Prieto Sanch&iacute;s, <i>El constitucionalismo de los derechos, </i>en Miguel Carbonell, ed., <i>Teor&iacute;a del neoconstitucionalismo, ensayos escogidos, </i>213-236, Trotta, Madrid (2007).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0041-9060201400010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>__</i>, <i>Neoconstitucionalismo y ponderaci&oacute;n judicial, </i>en Miguel Carbonell,<i> Neoconstitucionalismos, </i>Trotta, Madrid (2005).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0041-9060201400010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Manuel Arag&oacute;n Reyes. <i>La constituci&oacute;n como paradigma </i>en Miguel Carbonell, ed., <i>Teor&iacute;a del neoconstitucionalismo, ensayos escogidos, </i>29-40, Trotta, Madrid (2007).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0041-9060201400010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p><b>Art&iacute;culos de revistas</b></p>     <!-- ref --><p>Luis Prieto Sanch&iacute;s, <i>Los derechos sociales y el principio de igualdad sustancial, Revista del Centro de Estudios Constitucionales, </i>No. 22, 9-56 (1995).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0041-9060201400010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Susana Pozzolo, <i>Neoconstitucionalismo y especificidad de la interpretaci&oacute;n constitucional, Doxa, </i>No. 21, 339-353 (1998).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0041-9060201400010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body><back>
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