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<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL MODELO HIGIENISTA EN EL "NUEVO REYNO DE GRANADA" DURANTE LOS SIGLOS XVI Y XVII]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	<font face="verdana" size="2"> 	    <p align="right"><b>OPINIONES, DEBATES Y CONTROVERSIAS</b></p> 	    <p><b>    <center><font face="verdana" size="4">EL MODELO HIGIENISTA EN EL "NUEVO REYNO DE GRANADA" DURANTE LOS SIGLOS XVI Y XVII</font></center></b></p> 	    <p>&nbsp;</p> 	    <p><b>    <center><font face="verdana" size="3">Hygienist model in "Nuevo Reyno de Granada" in XVIth centuries</font></center></b></p> 	    <p>&nbsp;</p> 	    <p><b>Emilio Quevedo V.<sup>1</sup></b></p> 	    <p><sup><b>1.</b></sup>MD., PhD. Profesor Asociado y Director del Centro de Historia de la Medicina, Instituto de Salud P&uacute;blica, Facultad de Medicina, Universidad Nacional de Colombia. 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  <hr size="1"> 	    <p>    <center><i>"Eran tierras nuevas, con hombres nuevos y el efecto de la enfermedad fue desolador".    <br> 	Francisco Guerra. El intercambio epidemiol&oacute;gico tras el descubrimiento de Am&eacute;rica"(1).</i></center></p> 		 	    <p><b><font face="verdana" size="3">La higiene p&uacute;blica europea</font></b></p> 	 	    <p>Durante la gran pandemia de peste ocurrida en la Europa medieval, 1347-1351, llamada "La Muerte Negra" (2), fueron los italianos quienes, apoy&aacute;ndose en la teor&iacute;a miasm&aacute;tica, intentaron por primera vez poner en pr&aacute;ctica una estructura de vanguardia en Europa en la prevenci&oacute;n sanitaria, instaurando unas medidas que, en contraposici&oacute;n con el modelo de la higiene privada hipocr&aacute;tica, podr&iacute;an llamarse medidas de higiene p&uacute;blica, ya que iban m&aacute;s all&aacute; de los m&eacute;todos y controles individuales (3).</p> 	 	    <p>Se instauraron as&iacute; en Venecia y en Florencia, a partir de 1348, Juntas de Sanidad cuya tarea era "considerar diligentemente todos los medios posibles de mantener la salud p&uacute;blica y evitar la corrupci&oacute;n del medio" (2). Estas juntas tuvieron un car&aacute;cter temporal, pues solo funcionaban mientras duraba la epidemia. Pero en la primera mitad del siglo XV (1486-1527), estas juntas fueron transformadas en magistraturas permanentes (3). Este modelo de juntas sanitarias se fue extendiendo por el resto de la Toscana y luego por las otras ciudades europeas. Se establecieron as&iacute;, de manera m&aacute;s o menos sistem&aacute;tica, unas medidas de control ambiental para evitar la propagaci&oacute;n de los miasmas y prevenir la extensi&oacute;n de las epidemias. No obstante, una vez desaparecido este episodio epid&eacute;mico, las Juntas de Sanidad fueron desapareciendo y s&oacute;lo se reinstauraban temporalmente en caso de la aparici&oacute;n de nuevas epidemias.</p> 	 	    <p>Durante el siglo XVII, debido a la alta frecuencia de peste y de tifus exantem&aacute;tico, se volvieron a instaurar medidas permanentes de control, con la creaci&oacute;n de nuevas Juntas de Sanidad en varias ciudades europeas. Coherentemente con el paradigma miasm&aacute;tico, estas juntas ordenaron desde 1607 mantener las aldeas "limpias y pulcras de todo tipo de porquer&iacute;as". Se trataba de eliminar todas las fuentes de malos olores que abundaban por todos lados. Se consideraba que los mecanismos inadecuados de control de excretas, los llamados pozos negros, o incluso la falta de ellos, eran una de las fuentes principales de tremendos hedores, continuo peligro para la salud p&uacute;blica. A los excrementos y basuras, resultado del diario vivir y convivir humano, se sumaban los excrementos de animales (caballos, asnos y mulas utilizados como medio de transporte) que se albergaban en establos anexos a las casas dentro de las aldeas. Todos estos elementos, aunados a otros como los fertilizantes a base de esti&eacute;rcol animal, que eran c		orrientemente usados en la agricultura, las aguas estancadas y las actividades productivas en las que se utilizaban o se produc&iacute;an residuos malolientes como la cr&iacute;a del gusano de seda, el remojo de lino, la maceraci&oacute;n del c&aacute;&ntilde;amo, la peleter&iacute;a y la carnicer&iacute;a, se constitu&iacute;an en las causas de los malos olores urbanos. Por otra parte la utilizaci&oacute;n de las iglesias como cementerios, con cad&aacute;veres enterrados superficialmente en el piso de tierra o en las paredes y la presencia de animales carro&ntilde;eros y de perros o gallinas que escarbaban la tierra buscando comida, permit&iacute;an la liberaci&oacute;n de vapores p&uacute;tridos por toda la poblaci&oacute;n. Las nuevas Juntas de Sanidad centraron pues su atenci&oacute;n en el control de todos estos elementos malignos que inficcionaban el aire (4).</p> 	 	    <p>Por su parte, la higiene personal sigui&oacute; existiendo paralelamente, como un conjunto de pr&aacute;cticas alimenticias, de ejercicio, de vestimenta y de limpieza basadas en la antigua teor&iacute;a humoral hipocr&aacute;tica, teor&iacute;a que sigui&oacute; orientando tanto la pr&aacute;ctica de la medicina como la vida personal. Por otra parte, esta higiene personal o privada se fue enriqueciendo con otro tipo de pr&aacute;cticas como el ba&ntilde;o colectivo, muy com&uacute;n en Roma y desarrollado ampliamente en la cultura &aacute;rabe, cultura que tambi&eacute;n adopt&oacute; la teor&iacute;a humoralista y las pr&aacute;cticas de la medicina hipocr&aacute;ticogal&eacute;nica desde los siglos VII y VIII. Pero, como bien dice Georges Vigarello, no ser&aacute;n los higienistas ni los m&eacute;dicos los que dicten las normas y criterios de limpieza en la Europa medieval y renacentista sino los autores de libros que tratan del decoro personal, los peritos en conductas y no los sabios de la salud (4).</p> 	 	    <p>La higiene privada tiene pues una historia diferente y un proceso de institucionalizaci&oacute;n distinto al de la higiene p&uacute;blica. Una historia tambi&eacute;n muy compleja, la cual se conjuga con otras historias, aquellas que tocan con la historia de las im&aacute;genes del cuerpo, de sus envolturas como la de la ropa interior y exterior, las del medio que rodea al cuerpo como el agua, etc. 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No obstante, durante los siglos XV y XVI, como consecuencia de las repetidas epidemias de peste bub&oacute;nica que continuaron present&aacute;ndose, la teor&iacute;a miasm&aacute;tica, fundamento de la higiene p&uacute;blica, fue invadiendo algunos aspectos de la higiene privada. Como dice Vigarello, el contacto personal fue apareciendo lentamente, en caso de epidemia, como un riesgo grave. Las ciudades v&iacute;ctimas de la peste se conviertieron en verdaderas trampas humanas condenadas al horror. Por esto comenzaron all&iacute; a formularse reglamentos prohibitivos para regular la vida social y  disminuir el riesgo de muerte y contagio. Las decisiones de los alcaldes, consejales o prebostes de los mercaderes implicaron una higiene social que tocaba con la higiene privada: paulatinamente se fueron limitando los contactos de manera progresiva, especialmente se prohibi&oacute; la asistencia a los lugares de reunion social, los cuales, consecuentemente se fueron cerrando. Se suprimieron los espacios de comunicaci&oacute;n entre las personas, para evitar exponer los cu		erpos tanto al aire infectado como a los otros cuerpos. Se instal&oacute; as&iacute; una desconfianza que interrumpi&oacute; el frecuentamiento de lugares como las escuelas, las iglesias y los ba&ntilde;os p&uacute;blicos, entre otros (1).    <br> 	El caso de los ba&ntilde;os p&uacute;blicos es t&iacute;pico para entender como la teor&iacute;a miasm&aacute;tica, fundamento de la higiene p&uacute;blica, influy&oacute; en la higiene individual. Los m&eacute;dicos, en &eacute;pocas de peste, denunciaron desde el siglo XV a los ba&ntilde;os p&uacute;blicos y a los ba&ntilde;os turcos como lugares en donde se codeaban los cuerpos desnudos y donde las personas ya atacadas por enfermedades contagiosas pod&iacute;an difundir a otros su enfermedad. La observaci&oacute;n de que el agua caliente y el vapor de agua abr&iacute;an los poros de la piel hizo suponer que los miasmas penetraban m&aacute;s f&aacute;cilmente al cuerpo despu&eacute;s del ba&ntilde;o y, por tanto, los ba&ntilde;os se convert&iacute;an en focos de contagio. As&iacute;, las personas adquirieron la costumbre de aplicarse cremas y aceites en el cuerpo en vez de ba&ntilde;arse, con la finalidad de tapar los poros para protegerse. Igualmente, la forma de vestir cambi&oacute; pues las personas decidieron usar ropas de seda y de sat&iacute;n que, al ser lisas, no permit&iacute;an que los miasmas se adhirieran a ellas. As&iacute; pues, la teor&iacute;a miasm&aacute;tica modific&oacute; tambi&eacute;n el comporta		miento del cuidado personal, al menos en ciertos momentos, lo que de todas formas no fue obst&aacute;culo para que la higiene privada europea continuase su curso con cierta independencia de la higiene p&uacute;blica (1).</p> 	 	    <p>En Espa&ntilde;a, desde sus comienzos como Estado Nacional durante el siglo XV, el problema de la higiene p&uacute;blica fue de inter&eacute;s tanto para el poder municipal, creando formas de organizaci&oacute;n del control de la salud en las ciudades, como para la monarqu&iacute;a que fund&oacute; y apoy&oacute; el Protomedicato, instituci&oacute;n encargada del control y de la supervisi&oacute;n de la profesi&oacute;n m&eacute;dica (5).</p> 	 	    <p><b><font face="verdana" size="3">Las epidemias en el Nuevo Continente</font></b></p> 	 	    <p>Con la conquista y la colonizaci&oacute;n de Am&eacute;rica por parte de los europeos llegaron al continente americano no s&oacute;lo los conquistadores, las armas, los caballos, la lengua, la religi&oacute;n y los ideales y costumbres metropolitanas. Tambi&eacute;n llegaron las enfermedades europeas.</p> 	 	    <p>Como bien dicen Frank y Percy M. Ashburn "cuando el hombre se traslada a otros lugares lleva consigo gran parte de su bagaje tradicional, en particular su lenguaje, sus costumbres, sus creencias, sus enfermedades; no obstante, en el nuevo ambiente no encuentra reacciones similares pues sus nuevos vecinos tienen diferentes lenguajes, costumbres y creencias, por lo cual surgen desavenencias, comparaciones ofensivas, enemistades, conflictos, antagonismos raciales y la lucha por el poder" (6). Y, en lo que a nosotros interesa, los nuevos vecinos trajeron condiciones inmunol&oacute;gicas distintas y enfermedades desconocidas para los habitantes locales. As&iacute; llegaron a Am&eacute;rica la influenza, la viruela, la lepra, la malaria, el sarampi&oacute;n y muchas otras epidemias desconocidas por los abor&iacute;genes, diezmando una buena parte de la poblaci&oacute;n local (7) que "no pose&iacute;a inmunidad natural ni adquirida y cuyo cuerpo, sin ofrecer resistencia, sirvi&oacute; de combustible a aquellos males, como la paja al fuego" (6).Este fue un per&iacute;odo de gran movilizaci&oacute;n de enfermedades y de implantaci&oacute;n de ellas en pueblos nuevos. A parte de las mencionadas epide-3. Esta instituci&oacute;n del Protomedicato fue creada por los Reyes Cat&oacute;licos, Fernando e Isabel, como un alto tribunal Real que supervisaba la pr&aacute;ctica m&eacute;dica y de las profesiones afines como los algebristas, los alb&eacute;iteres, los cirujanos y los boticarios. mias de peste en el mediterr&aacute;neo durante el reinado de Justiniano y la de 1347 en Europa (2), el proceso de conquista y colonizaci&oacute;n del continente americano fue uno de los ejemplos mas impresionantes de la influencia de las enfermedades en la historia (6).</p> 	 	    <p>Un buen ejemplo es el de la conquista de M&eacute;xico: la viruela fue uno de los grandes ayudantes de los conquistadores espa&ntilde;oles en M&eacute;xico. Sin su concurso habr&iacute;a sido pr&aacute;cticamente imposible para Hern&aacute;n Cort&eacute;s y sus soldados lograr la conquista de un gran imperio de valientes con una civilizaci&oacute;n tan avanzada como la de los Aztecas. Seg&uacute;n Bernal D&iacute;az del Castillo, la primera gran epidemia de viruela, que lleg&oacute; a la isla de La Espa&ntilde;ola en 1518 y que luego fue importada a M&eacute;xico por un negro de los ej&eacute;rcitos de P&aacute;nfilo de Narv&aacute;ez, desencaden&oacute; entre los Aztecas una epidemia de tan grandes proporciones que pr&aacute;cticamente fue la que abri&oacute; la brecha en las filas de Moctezuma, permitiendo el triunfo final de Hern&aacute;n Cort&eacute;s (6). Esta epidemia tambi&eacute;n fue descrita por el cronista L&oacute;pez de G&oacute;mara (7). Seg&uacute;n Shattuck, citado por Ashburn & Ashburn, el n&uacute;mero de v&iacute;ctimas fue de tres y medio millones (6).</p> 	 	    <p>Una vez establecido el gobierno colonial, estas nuevas enfermedades fueron desperdig&aacute;ndose por el continente y asentando sus ra&iacute;ces en nuestras tierras. La primera epidemia en el Per&uacute;, despu&eacute;s de la conquista, acaeci&oacute; en 1533 y, seg&uacute;n Pedro Cieza de Le&oacute;n, murieron m&aacute;s de 200.000 nativos (6). En Brasil la epidemia comenz&oacute; en 1563 y mat&oacute; a m&aacute;s de 30.000 indios. Le siguieron las de 1621, 1642, 1666 y 1669. En Canad&aacute; ser&iacute;an muchos los estragos causados por la viruela entre los indios desde 1635 (6). En el Nuevo Reino de Granada se present&oacute; la primera epidemia de viruela en 1558, dejando m&aacute;s de 40 mil muertos, seg&uacute;n el padre Aguado. Las siguientes se presentaron entre 1564 y 1573, 1587 y 1590, 1693 y 1701 (7). Las dos &uacute;ltimas del per&iacute;odo colonial neogranadino se dieron en 1782 y 1802 (5).</p> 	 	    <p>Tambi&eacute;n el tabardillo (tifo exantem&aacute;tico), el sarampi&oacute;n, la erisipela y el paludismo, entre otras, hicieron su agosto entre los moradores nativos del Nuevo Continente. A su vez, como resultado de la colonizaci&oacute;n, otras enfermedades locales cambiaron su aspecto, volvi&eacute;ndose m&aacute;s mort&iacute;feras. Tal fue el caso de la fiebre amarilla que, siendo antes de la conquista una epizootia (epidemia en los animales), posiblemente de los monos, transmitida por un mosquito (Haemagogus) que habitaba las copas de los &aacute;rboles selv&aacute;ticos, modific&oacute; su comportamiento cuando, acompa&ntilde;ando a los esclavos negros en los barcos negreros, llegaron nuevos mosquitos africanos que habitaban en las ciudades. El virus causante de esta enfermedad aprendi&oacute; a vivir en el interior de estos mosquitos urbanos y logro abandonar su acostumbrado h&aacute;bitat en las copas de los &aacute;rboles, para morar en los pueblos y ciudades, logrando atacar a una buena parte de los propios conquistadores y colonizadores.</p> 	 	    <p><b><font face="verdana" size="3">La higiene p&uacute;blica en el Nuevo Reyno de Granada</font></b></p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con relaci&oacute;n a la higiene p&uacute;blica en Am&eacute;rica y, especialmente, en el Nuevo Reyno de Granada, las cosas no funcionaron como en Europa. Hechos tales como que la conquista fuese una empresa privada, que las distancias fuesen muy grandes y que los recursos econ&oacute;micos del Estado Espa&ntilde;ol en las Indias fuesen muy reducidos, hicieron que el control de los problemas de salud se convirtiera casi en un imposible. Adem&aacute;s, la escasez de m&eacute;dicos era muy marcada y los hospitales, instituciones de car&aacute;cter religioso, estaban destinados m&aacute;s a evangelizar que a atender personas enfermas. Por otra parte, el Protomedicato nunca funcion&oacute; bien en el Nuevo Reyno, lo que s&iacute; ocurri&oacute; en otras partes de Am&eacute;rica (5).</p> 	 	    <p>No obstante, la situaci&oacute;n sanitaria del Nuevo Continente que hemos venido describiendo, hizo que, desde el principio, sus nuevos habitantes vislumbraran la necesidad de ejercer acciones contra estas peligrosas enfermedades. Aunque no conocemos -no se han encontrado a&uacute;n- textos m&eacute;dicos neogranadinos que nos hablen expl&iacute;citamente de la higiene como disciplina, s&iacute; se han encontrado una serie de documentos que dan cuenta de las acciones sanitarias puestas en pr&aacute;ctica por la poblaci&oacute;n en esos a&ntilde;os en caso de epidemias y que eran similares a las propuestas por la higiene europea.</p> 	 	    <p>Por ejemplo, seg&uacute;n las investigaciones de Ren&aacute;n Silva, durante la epidemia de tabardillo en Tunjuelo, localidad cercana a Santaf&eacute; de Bogot&aacute;, en 1646, el encargado de tomar las medidas del caso era el Corregidor, quien oficiaba como polic&iacute;a sanitario. As&iacute;, deber&iacute;a proceder a la quema de las ropas y enseres de todos los que murieran v&iacute;ctimas del contagio; pero igualmente, deber&iacute;a mandar quemar todas las habitaciones familiares, sin ninguna consideraci&oacute;n por el nuevo sitio de albergue de los familiares que sobreviv&iacute;an a la cat&aacute;strofe (6). En otras ciudades, durante los per&iacute;odos epid&eacute;micos se prohib&iacute;a el paso o la circulaci&oacute;n de personas de una ciudad a otra, con el fin de evitar el contacto y neutralizar el contagio. As&iacute; mismo, se tomaban otras dos medidas b&aacute;sicas de higiene p&uacute;blica: se aislaba a los enfermos fuera de las ciudades bajo el cuidado policivo de dos individuos que evitaban su contacto con otras personas y que a veces tambi&eacute;n les hac&iacute;an curaciones y se aislaba a los enfermos en su propia casa, pe		ro la familia corr&iacute;a con los riesgos legales si la infecci&oacute;n se propagaba. Tambi&eacute;n a veces se pon&iacute;an en pr&aacute;ctica medidas relacionadas con la limpieza de las ciudades (8).</p> 	 	    <p>Adem&aacute;s del corregidor, el sacerdote o cura p&aacute;rroco tambi&eacute;n jug&oacute; un papel importante en la puesta en marcha de medidas preventivas, especialmente solicitando a los poderosos que interviniesen en el cuidado de indios y esclavos. Por ejemplo, hacia 1762, se present&oacute; una epidemia de sarampi&oacute;n en Chipaque y fue el cura doctrinero quien inici&oacute; las peticiones de ayuda ante el Corregidor y el juez ordinario, declarando que el mal llevaba m&aacute;s de tres meses y que "se suelen enterrar cinco o seis al d&iacute;a", y planteando que era obligaci&oacute;n del Encomendero el aportar todos los remedios necesarios. As&iacute; se obtendr&iacute;a el concepto favorable del Fiscal, no s&oacute;lo conforme a las Leyes del Reino, "sino conforme a lo que dicta la natural raz&oacute;n de que cada cual cuide de la salud y buen tratamiento de aquellos que le sirven...para que no mueran" (8).</p> 	 	    <p>Las autoridades locales diferenciaban entre las "pestes chapetonas", o sea las que llegaban en los barcos a la costa norte del Nuevo Reino, especialmente a Cartagena de Indias y penetraban al continente con los viajeros y las "pestes formales", aquellas que ten&iacute;an su origen localmente.    <br> 	Cuando las autoridades confirmaban que la epidemia se trataba de una "peste formal" "porque ya hab&iacute;a picado a los naturales", no trat&aacute;ndose de una simple "chapetonada", pasaban a tomar las medidas o providencias del caso, las cuales ya para el siglo XVII estaban relativamente establecidas (8).    <p> 	 	    <p>La medida fundamental de higiene p&uacute;blica era el establecimiento de los llamados "degredos", o lugares de aislamiento (zonas despobladas y atravesadas por vientos continuos), ubicadas a una distancia m&iacute;nima de 10 leguas de las ciudades, evitando la llegada al puerto poblado de ropas, enseres y personas a las que se reconociese como enfermas y viniesen de la Ciudad de Cartagena o de la villa de Mompox (8). Los degredos eran pues el equivalente a las cuarentenas europeas.</p> 	 	    <p>Una vez iniciada la cuarentena se sacaban al aire las ropas y enseres de los viajeros retenidos, para hacer uso del poder curativo y purificador del aire en movimiento, el cual regaba los miasmas en una atm&oacute;sfera despoblada. Los infractores de la cuarentena se somet&iacute;an a castigos. Igualmente, se preparaba un interrogatorio a los detenidos para tratar de averiguar el origen de la epidemia.</p> 	 	    <p>Tambi&eacute;n, en caso de epidemias, el Gobierno Colonial nombraba provisionales juntas de sanidad, al estilo de las europeas medievales, para que colaboraran en el control de dichos brotes epid&eacute;micos. Estas juntas estaban por lo general formadas por personas que no conoc&iacute;an los asuntos de higiene y se desintegraban una vez pasada la epidemia.</p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con excepci&oacute;n de estas medidas extraordinarias en caso de epidemia, el Estado Colonial no interven&iacute;a directamente en cuestiones de sanidad pues, en general, y siguiendo los preceptos hipocr&aacute;tico-gal&eacute;nicos, se consideraba que el problema de la salud era responsabilidad de cada individuo.</p> 	 	    <p>En resumen, las ideas de la higiene p&uacute;blica medieval hac&iacute;an parte del acerbo cultural que los colonizadores trajeron al Nuevo Mundo y fueron estas herramientas conceptuales las que aqu&iacute; sirvieron para enfrentar estas calamidades, desde los comienzos de la Colonia hasta las postrimer&iacute;as del siglo XVII y los inicios del XVIII, a pesar de la ausencia de m&eacute;dicos y de otras personas id&oacute;neas en el campo de la higiene.</p>	 	 	    <p>Paralelamente a estas pr&aacute;cticas higi&eacute;nicas de origen europeo, debieron existir en nuestro medio una serie de pr&aacute;cticas higi&eacute;nicas ind&iacute;genas, de origen local y negras, de origen africano, que seguramente eran puestas en marcha por los pueblos conquistados y esclavizados en el continente y en el Nuevo Reyno de Granada, posiblemente de manera complementaria o contestataria con relaci&oacute;n a las de origen europeo. No obstante, no hay estudios que den cuenta de dichas pr&aacute;cticas y por tanto, desconocemos esa dimensi&oacute;n de la realidad de la higiene p&uacute;blica neogranadina.</p> 	 	 	    <p><b><font face="verdana" size="3">Referencias</font></b></p> 	 	    <!-- ref --><p>1.	Francisco Guerra, &laquo;El Intercambio Epidemiol&oacute;gico Tras El Descubrimiento De Am&eacute;rica,&raquo; En Misterio y Realidad. Estudios Sobre La Enfermedad Humana. Madrid Agust&iacute;n Albarrac&iacute;n Teul&oacute;n : CSIC, 1988:117-137.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0120-0011200500010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> 	 	    <!-- ref --><p>2.	Robert S. Gottfried, La Muerte Negra. Desastres Naturales y Humanos en la EuropaMedieval. Trans. Juan Jos&eacute; Utilla. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1993.246.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0120-0011200500010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> 	 	    <!-- ref --><p>3.	Carlo M. Cipolla, Contra Un Enemigo Mortal e Invisible. Trans. Mireia Carol.  Barcelona: Critica-Grijalbo, 1993, 15, 24-42,246-248.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0120-0011200500010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>4. Georges Vigarello. Lo Limpio y Lo Sucio. La Higiene Del Cuerpo Desde La Edad Media Madrid: Alianza Editorial, 1991,15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0120-0011200500010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> 	 	    <!-- ref --><p>5. Emilio Quevedo, &laquo;La Institucionalizaci&oacute;n De La Medicina En Colombia: Antecedentes De Un Proceso,&raquo; Emilio Quevedo, in Historia Social De La Ciencia En Colombia, ed. ed Bogot&aacute;: Colciencias/Tercer Mundo Editores, 1993;31,35.&laquo;La Institucionalizaci&oacute;n De La Medicina En Colombia: Antecedentes De Un Proceso,&raquo; 36.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0120-0011200500010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> 	 	    <!-- ref --><p>6. Percy Moreau Ashburn, Frank D. Ashburn. Las Huestes De La Muerte. Una Historia M&eacute;dica De La Conquista De Am&eacute;rica. Enrique Estrada, 2a edici&oacute;n ed. M&eacute;xico, D. F.: Instituto Mexicano del Seguro Social, 1981;19.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0120-0011200500010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> 	 	    <!-- ref --><p>7. Franciso L&oacute;pez de Gomarra. Mortandad Por Viruelas. En Historia General De Las Indias Barcelona: Ediciones Orbis 1985:150.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0120-0011200500010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> 	 	    <!-- ref --><p>8. Ren&aacute;n Silva. Las Epidemias de la Viruela de 1782 y 1802. En La Nueva Granada, Cali: on Universidad del Valle, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0120-0011200500010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> 	    ]]></body>
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