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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL LIBERTADOR Y SU MÉDICO EL Dr. REVEREND LA HISTORIA CLÍNICA Y LA AUTOPSIA DE SIMÓN BOLIVAR]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	<font face="verdana" size="2"> 	    <p align="right"><b>OPINIONES, DEBATES Y CONTROVERSIAS</b></p>  	    <p><b>    <center><font face="verdana" size="4">EL LIBERTADOR Y SU M&Eacute;DICO EL Dr. REVEREND LA HISTORIA CL&Iacute;NICA Y LA AUTOPSIA DE SIM&Oacute;N BOLIVAR</font></center></b></p> 	    <p>&nbsp;</p> 	    <p><b>    <center><font face="verdana" size="3">The libertador and his physician Dr:Reverend. Simon Bolivar's clinical history and autopsy</font></center></b></p> 	    <p>&nbsp;</p> 	    <p><b>Ignacio Vergara Garc&iacute;a<sup>1</sup>, Gabriel Toro Gonz&aacute;lez<sup>2</sup></b></p> 	    <p><sup><b>1.</b></sup>Neur&oacute;logo. Profesor Honorario. Facultad de Medicina. Universidad Nacional de Colombia. Bogot&aacute;. 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<br><sup><b>2.</b></sup>Neuropat&oacute;logo. Profesor Honorario.Facultad de Medicina. Universidad Nacional de Colombia. Bogot&aacute;. Investigador Em&eacute;rito. Instituto Nacional de Salud. Bogot&aacute;.</p> 	<hr size="1"> 	    <p>Comprender los vaivenes de la mente con base en cambios anat&oacute;micos sutiles explorados apenas con la luz del ojo humano nunca ha sido posible y tal vez nunca lo sea, pero ello no prohibe breves incursiones en razonamientos l&oacute;gicos. Del mismo modo tratar de encontrar la causa de la muerte de quien hace 175 a&ntilde;os yace en la inmortalidad siempre ser&aacute; un intento atrevido y por ello pedimos su comprensi&oacute;n, amigo lector y a cambio le garantizamos que sus dudas, que este breve an&aacute;lisis no disipar&aacute;n, son tambi&eacute;n las nuestras.</p> 	    <p>    <center>"El &uacute;ltimo rostro es el rostro con el que te recibe la muerte&quot;Tomado de Alvaro Mutis (16)</center></p> 	    <p>&nbsp;</p>  <hr size="1"> 	    <p><b><font face="verdana" size="3">Introducci&oacute;n</font></b></p> 	 	    <p>La enfermedad que tuvo el Libertador a lo largo de su vida y las muchas crisis que present&oacute; en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de ella sin duda tuvieron que influir en alguna forma en el desarrollo de las guerras de la independencia, el nacimiento de la rep&uacute;blica y tal vez mucho m&aacute;s, en la evoluci&oacute;n de los hechos que llevaron a la desintegraci&oacute;n de su obra pol&iacute;tica. Para conocer la secuencia y evoluci&oacute;n cl&iacute;nica de su enfermedad se ha tomado fielmente la mayor informaci&oacute;n posible de los diversos autores citados, representativos de la inmensa bibliograf&iacute;a que hay sobre el Libertador, transcribiendo casi textualmente muchos de sus textos. En forma somera hemos tenido el cuidado de relacionar los per&iacute;odos de su enfermedad con el contexto hist&oacute;rico que se viv&iacute;a en ese momento, sin embargo no pretendemos realizar una investigaci&oacute;n hist&oacute;rica exhaustiva. Intentamos construir y estructurar el conocimiento de la historia cl&iacute;nica y relacionarlo con la informaci&oacute;n que conocemos de sus &uacute;ltimos momentos y de la autopsia del hombre m&aacute;	s grande intimamente ligado a la historia de nuestra Am&eacute;rica.</p> 	 	    <p><b>La familia. Quebrantos de salud</b></p>  	 	    <p>Sim&oacute;n Bol&iacute;var naci&oacute; en Caracas el 24 de julio de 1783, de una rica familia de la aristocracia criolla. El padre Juan Vicente muri&oacute;, probablemente de tuberculosis, en el a&ntilde;o de 1786 cuando el ni&ntilde;o Sim&oacute;n ten&iacute;a tres a&ntilde;os. Su madre, Concepci&oacute;n Palacios de qui&eacute;n se dijo&quot;tiene d&eacute;biles los pulmones", se mostr&oacute; de naturaleza enfermiza, entristeci&oacute; el hogar, viv&iacute;&oacute; alejada de &eacute;l encerrada en sus habitaciones; no lo pod&iacute;a atender por que estaba enferma de&quot;tisis&quot;y muri&oacute; de&quot;consunci&oacute;n&quot;el 6 de junio de 1792, quedando el ni&ntilde;o Sim&oacute;n bajo la tutela del abuelo materno y de los t&iacute;os Palacios, Feliciano y Carlos en Caracas y Esteban en Madrid. Tuvo muchos preceptores que fracasaron con &eacute;l y finalmente su educaci&oacute;n qued&oacute; a cargo de Sim&oacute;n Rodr&iacute;guez quien lo acompa&ntilde;&oacute; a Europa y mantuvo su amistad hasta la muerte (6). </p> 	 	    <p>Los antecesores de Bol&iacute;var que no hab&iacute;an muerto en guerras o revoluciones hab&iacute;an ca&iacute;do v&iacute;ctimas del mal familiar, pulmones d&eacute;biles y tuberculosos (6). Muy joven contrajo matrimonio en Madrid el 26 de Mayo de 1.802, con Mar&iacute;a Teresa del Toro, hija de adinerados caraque&ntilde;os, se instalaron en su hacienda de San Mateo, cerca de Caracas. Ella muri&oacute; en junio 20 de 1.803 de una enfermedad aguda que seg&uacute;n algunos era&quot;fiebres perniciosas&quot;(paludismo?) (14) y seg&uacute;n otros fue fiebre amarilla (12) Sim&oacute;n ten&iacute;a 20 a&ntilde;os. Volvi&oacute; a Europa y vivi&oacute; varios a&ntilde;os en Par&iacute;s. En 1807 llevaba una vida bohemia y disipada; su salud desmejor&oacute; sensiblemente y se avanza la posibilidad de que fue entonces cuando contrajo la tuberculosis que se torn&oacute; evolutiva y fatal. Debi&oacute; despu&eacute;s someterse a un largo reposo en su residencia campestre de Caracas y se recuper&oacute; notablemente. Alguien escribi&oacute; que&quot;la tisis comienza por entonces a roer sus pulmones&quot;(6).</p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Las guerras</b></p> 	 	    <p>Luego vinieron sus a&ntilde;os de guerras, exilios y toda la lucha libertadora por la independencia de Am&eacute;rica. Era un hombre de talla baja 162 cent&iacute;metros y 88 libras de peso. Se jactaba de sus proezas f&iacute;sicas y de haber vencido a los llaneros de P&aacute;ez en nadar y cabalgar, con lo que se gan&oacute; su respeto. Era ambidextro y manejaba el sable con ambas manos lo que le di&oacute; ventajas en sus muchas batallas. No beb&iacute;a licores fuertes, tomaba vino seco y espumoso en poca cantidad (12). Ten&iacute;a algo de mestizo y muchos mal querientes lo llamaban el&quot;zambo&quot;Bol&iacute;var. Tuvo muchas amantes pero no tuvo hijos. De tanto cabalgar se le hab&iacute;a formado alrededor del&quot;siezo un callo escabrozo como una penca de barbero que le mereci&oacute; el apodo honorable de culo de fierro&quot;(8). Desde que empezaron las guerras de independencia hab&iacute;a cabalgado unas 18.000 leguas (una legua = 5.572 metros) recorriendo muchas veces en esta epopeya a la Am&eacute;rica del Sur de norte a sur y de sur a norte. Y la &uacute;ltima vez ya muy enfermo un a&ntilde;o antes de morir, en 1829 	cuando la invasi&oacute;n de los peruanos al Ecuador, viaj&oacute; de Bogot&aacute; a Quito y regres&oacute; luego de que Sucre los derrot&oacute; en la batalla del Portete de Tarqui. Y su viaje final en 1830, de Bogot&aacute; a Santa Marta y a la inmortalidad.</p> 	 	    <p>En junio de 1822 despu&eacute;s de la batalla de Pichincha hizo su entrada triunfal a Quito, comenzaron sus amores con Manuela S&aacute;enz y&quot;estaba ya en la primera fase de la tuberculosis". Nuevamente regres&oacute; a Quito en el a&ntilde;o nuevo de 1.823, ven&iacute;a de Pasto. Lleg&oacute; muy cansado, completamente agotado y su m&eacute;dico personal el Dr. Charles Moore, de la legi&oacute;n Brit&aacute;nica, le propuso el descanso como el mejor remedio posible (12). </p> 	 	    <p>Bol&iacute;var lleg&oacute; a Lima en septiembre 1 de 1.823 y en enero de 1.824 decidi&oacute; viajar al norte, al puerto de Trujillo a donde lleg&oacute; la flota con el ej&eacute;rcito colombiano. Seg&uacute;n unos (14) al tomar el camino de la costa, por los ardientes arenales y el clima malsano se afect&oacute; profundamente su organismo y se vio forzado a detenerse en la peque&ntilde;a poblaci&oacute;n de Pativilca. Seg&uacute;n otros viajaba por barco y tosi&oacute;, escupi&oacute; sangre, vomit&oacute; durante varios d&iacute;as y estuvo tendido con los escalofr&iacute;os de la fiebre. Temiendo por su vida el capit&aacute;n del barco lo desembarc&oacute; en Pativilca, peque&ntilde;o puerto situado a unas 30 leguas al norte de Lima (12). Estuvo postrado durante ocho d&iacute;as con fiebre violenta, delirando, ten&iacute;a tos, v&oacute;mitos, escalofr&iacute;os, c&oacute;licos, sudores fr&iacute;os. Todos tem&iacute;an por su vida. As&iacute; dur&oacute; ocho d&iacute;as, del 1- 8 de enero y comenz&oacute; a recuperarse lentamente. El diagn&oacute;stico de los m&eacute;dicos fue vago, dijeron que tuvo&quot;tabardillo&quot;pero es posible que fuera una vecrudecencia de tuberculosis (6) o por la diseminaci&oacute;n de nuevas lesiones o reactivaci&oacute;n de las antiguas. Los delirios eran frecuentes y los m&eacute;dicos lanzaron la hip&oacute;tesis de una&quot;fiebre cerebral&quot;(14).</p> 	 	    <p>Su amigo don Joaqu&iacute;n Mosquera quien regresaba de Chile, sali&oacute; de Lima&quot;segu&iacute; por tierra a Pativilca y encontr&eacute; al Libertador ya sin riesgo de muerte del&quot;tabardillo&quot;que hab&iacute;a hecho crisis, pero tan flaco y extenuado que me caus&oacute; su aspecto muy acerba pena. Estaba sentado en una pobre silla de vaqueta, recostado contra la pared de un peque&ntilde;o huerto, atada la cabeza con un pa&ntilde;uelo blanco y sus pantalones de jin que me dejaban ver sus dos rodillas puntiagudas, sus piernas descarnadas, su voz hueca y d&eacute;bil y su semblante cadav&eacute;rico".&quot;Le pregunt&eacute; y que piensa hacer usted ahora? Entonces avivando sus ojos huecos con tono decidido me contest&oacute;: Triunfar"(14,17). Se recup&oacute; lentamente y sigui&oacute; su viaje al puerto de Trujillo. El general C&oacute;rdoba que ven&iacute;a de Guayaquil a Trujillo con el ej&eacute;rcito colombiano, al encontrarlo relat&oacute;&quot;parec&iacute;a mucho m&aacute;s viejo de los 41 con que en realidad contaba, rasurado el bigote, con profundas ojeras, escapado milagrosamente de la muerte, su estado general era el de una persona sumamen	te d&eacute;bil&quot;(1).</p> 	 	    <p> Se recuper&oacute; completamente y fue capaz de dirigir la organizaci&oacute;n del ej&eacute;rcito, ascender la cordillera y llegar a la sierra con alturas de 3.000 y m&aacute;s metros sobre el nivel del mar sin desfallecer ni enfermar del&quot;soroche", pasar el cerro de Pasco (4.331 metros) y en las llanuras de Jun&iacute;n dirigir la batalla que derrot&oacute; a los ej&eacute;rcitos espa&ntilde;oles en agosto 6 y 7 de 1.824. Luego se dirigi&oacute; a Lima y en diciembre de ese a&ntilde;o despu&eacute;s de la batalla de Ayacucho (diciembre 9) cuando el ej&eacute;rcito colombiano comandado por el general Sucre (honrado luego con el t&iacute;tulo de Mariscal de Ayacucho), derrot&oacute; al ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol en la batalla definitiva por la liberaci&oacute;n del Per&uacute;, fue capaz de volver a la sierra, ir al Cuzco y luego al Alto Per&uacute; en donde fundar&iacute;a la Rep&uacute;blica que lleva su nombre (17). </p> 	 	    <p>En los &uacute;ltimos meses de 1.827,&quot;meses decisivos para su obra que amenaza con derrumbarse, sus actos se nos presentan como faltos de continuidad y en su conducta pueden observarse bruscos saltos de entusiasmo, seguidos casi inmediatamente de verticales ca&iacute;das de &aacute;nimo, que obedec&iacute;an a la decadencia de su salud y a su escepticismo frente a los problemas a que se hallaba enfrentado en aquellos momentos en los cuales su obra pol&iacute;tica comenzaba a derrumbarse en el convulsionado escenario del continente&quot;(14).&quot;Se sent&iacute;a d&eacute;bil y demasiado enfermo". Se hundi&oacute; durante semanas en el letargo de la indecisi&oacute;n, tembloroso en las agon&iacute;as nocturnas de la fiebre y en las agon&iacute;as diurnas de la melancol&iacute;a (12). En los primeros meses del a&ntilde;o de 1.828,&quot; la salud de Bol&iacute;var iba declinando notoriamente, ya no pod&iacute;a andar a caballo dos horas continuas sin fatigarse&quot;(17).</p> 	 	    <p>En abril 9 de 1.828 se instal&oacute; la Convenci&oacute;n de Oca&ntilde;a, convocada para dar una nueva Constituci&oacute;n a la Rep&uacute;blica. El Libertador envi&oacute; su mensaje que fue le&iacute;do para la instalaci&oacute;n, viaj&oacute; a Bucaramanga y all&iacute; esper&oacute; los resultados. La mayor&iacute;a de los delegados eran del partido del general Santander. Uno de sus ayudantes el coronel Luis Per&uacute; de Lacroix dej&oacute; un diario de todo lo que aconteci&oacute; durante los tres meses que permaneci&oacute; all&iacute;, de marzo a junio (13). Durante esta permanencia en Bucaramanga su salud no tuvo mayores novedades; solamente anot&oacute; que el 13 de mayo&quot;ten&iacute;a el est&oacute;mago cargado y un gran dolor de cabeza". Su m&eacute;dico el Doctor Moore le recet&oacute; un vomitivo y el Libertador le dijo que no lo tomar&iacute;a.&quot;Los m&eacute;dicos son como los obispos, aquellos dan recetas y estos bendiciones".&quot;El Doctor Moore est&aacute; enorgullecido de ser mi m&eacute;dico y le parece que esta colocaci&oacute;n aumenta su ciencia, creo que efectivamente necesita de tal apoyo; en una palabra mi m&eacute;dico es para mi un mueble de lujo y aparato, no de necesida	d; lo mismo que me pasa con mi capell&aacute;n a qui&eacute;n he despedido&quot;(13). </p> 	 	    <p>La convenci&oacute;n fracas&oacute; y se disolvi&oacute; el 10 de junio. Un movimiento en la capital el 13 de junio desconoci&oacute; la convenci&oacute;n y en actas copiosamente respaldadas por firmas nombr&oacute; al Libertador como Supremo Dictador de Colombia; en los d&iacute;as siguientes en actas p&uacute;blicas en las principales ciudades lo respaldaron como &uacute;nica autoridad con poderes dictatoriales. Su oponente el General Santander qued&oacute; cesante de la Vicepresidencia y todo esto llev&oacute; a la conspiraci&oacute;n contra su vida en el mes de septiembre de 1.828 (9, 10,14, 15, 17). </p> 	 	    <p><b>La conspiraci&oacute;n y el atentado</b></p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la noche del 25 de septiembre el Libertador que estaba enfermo con fiebre y accesos de tos llam&oacute; a Manuela S&aacute;enz que viv&iacute;a a pocos pasos de la Casa de San Carlos, residencia del Presidente. A la media noche se produjo el atentado y Manuelita le salv&oacute; la vida haci&eacute;ndolo escapar por la ventana de su habitaci&oacute;n. Recorri&oacute; pocas cuadras y se refugi&oacute; bajo el puente del Carmen sobre el r&iacute;o de San Agust&iacute;n. Permaneci&oacute; cerca de cuatro horas en el fr&iacute;o y empapado por las aguas del r&iacute;o. Pas&oacute; la noche tiritando de fr&iacute;o y de desenga&ntilde;o. Al ser rescatado&quot;estaba p&aacute;lido y demacrado, la voz era d&eacute;bil, los ojos sin brillo y temeroso de los enemigos&quot;(1). Estos deplorables sucesos causaron en el &aacute;nimo de Bol&iacute;var la impresi&oacute;n m&aacute;s profunda y duradera. Mir&aacute;balos como un sue&ntilde;o y dec&iacute;a que jam&aacute;s hab&iacute;a podido pensar que el odio y la maldad de sus enemigos llegaran hasta el extremo de irlo a asesinar&quot;(2,3,15, 17).&quot; En los d&iacute;as siguientes a la conspiraci&oacute;n la salud del Libertador sufri&oacute; un grav&iacute;simo quebranto porque la amargura y la desilusi&oacute;n, al apoderarse de un esp&iacute;ritu tan susceptible a los agravios como el suyo y las horas que estuvo sometido al fr&iacute;o y a la humedad bajo las arcadas del puente del Carmen afectaron profundamente sus pulmones, ya muy enfermos y determinaron la presentaci&oacute;n de los inequ&iacute;vocos s&iacute;ntomas de la enfermedad que contribuir&iacute;a decisivamente a llevarle a la tumba&quot;(14). Viv&iacute;a en el refugio de su dormitorio atormentado por la fiebre y torturado por las dudas, la tos hab&iacute;a vuelto y en sus labios con frecuencia hab&iacute;a una saliva sanguinolenta, el rostro chupado y seco. La enfermedad lo estaba consumiendo visiblemente. Su aspecto empeoraba de d&iacute;a en d&iacute;a. En reemplazo del viejo Doctor Moore lo atend&iacute;a un joven m&eacute;dico escoc&eacute;s, el Doctor R	ichard Cheyne, de 25 a&ntilde;os, que hab&iacute;a estudiado en Edimburgo y que diagnostic&oacute; un retorno de la tuberculosis (12).</p> 	 	    <p>M&aacute;s debilitado ya el cuerpo del Libertador por las fatigas de una guerra de 16 a&ntilde;os, fue moralmente asesinado el 25 de septiembre; jam&aacute;s se restablecer&iacute;a de la honda y dolorosa impresi&oacute;n que le causaron los pu&ntilde;ales asesinos. Parec&iacute;ale dondequiera especialmente en la noche, que los ve&iacute;a brillar y que iba a ser su v&iacute;ctima infalible&quot;(17). </p> 	 	    <p>Y llegaron a Bogot&aacute; los d&iacute;as del&quot;terror&quot;con detenciones de todos los sospechosos, juicios sumarios muy r&aacute;pidos, condenas a muerte, fusilamientos y ahorcados en la plaza mayor, prisiones y destierros. El General Santander fue condenado a muerte pero se le conmut&oacute; la pena por prisi&oacute;n en Cartagena y el destierro. El Libertador pas&oacute; una larga temporada de reposo en la quinta del pi&eacute; de Monserrate con la compa&ntilde;&iacute;a de Manuelita a qui&eacute;n llamaba&quot;la&quot;Libertadora del Libertador&quot;a ra&iacute;z de su actuaci&oacute;n la noche del atentado. Luego sigui&oacute; a Bojac&aacute; (2, 3, 5, 9, 10, 11, 14, 15, 17). </p> 	 	    <p><b>&uacute;ltimas guerras y abandono del poder</b></p> 	 	    <p>De Bojac&aacute; parti&oacute; en diciembre al Cauca a combatir un alzamiento del General Obando y la invasi&oacute;n del Per&uacute; al sur de Colombia (Ecuador) con la intensi&oacute;n de anexarse la provincia de Guayaquil. El Libertador todav&iacute;a muy d&eacute;bil viaj&oacute; a Guayaquil; el Mariscal Sucre ya estaba en el Ecuador, qued&oacute; al mando de los ej&eacute;rcitos y se termin&oacute; la guerra al derrotar Sucre a los ej&eacute;rcitos del Per&uacute; en la batalla del Portete de Tarqui el 27 de febrero de 1.829. En Guayaquil, Bol&iacute;var&quot;cay&oacute; gravemente enfermo desde el 3 de agosto y estuvo en riesgo inminente de morir hasta el d&iacute;a 10 cuando comenz&oacute; a mejorar. Padeci&oacute; un violento ataque de nervios y de c&oacute;lera morbo con fuertes calenturas. Esta grave enfermedad que le dejar&aacute; d&eacute;bil y extenuado, provino en parte del clima insalubre en la estaci&oacute;n del invierno y de los cuidados de la campa&ntilde;a; pero se atribuye principalmente a una fuerte pasi&oacute;n de &aacute;nimo causada por los continuos ataques y escritos que se publicaron contra &eacute;l….&quot;Para reponer su salud tuvo que trasladarse a la isla de S	antay al frente de Guayaquil (agosto 31). En carta al General O'Leary dijo&quot;no es cre&iacute;ble el estado en que estoy, seg&uacute;n lo que he sido toda mi vida, y bien sea mi robustez espiritual ha sufrido mucha decadencia o que mi constituci&oacute;n se ha arruinado en gran manera, lo que no deja duda es que me siento sin fuerzas para nada y que ning&uacute;n est&iacute;mulo puede reanimarme. Una calma universal m&aacute;s bien una tibieza absoluta me ha sobrecogido y me domina completamente. Estoy tan compenetrado de mi incapacidad para continuar m&aacute;s tiempo en el Servicio P&uacute;blico, que me he cre&iacute;do obligado a descubrir a mis m&aacute;s &iacute;ntimos la necesidad que veo de separarme del mando supremo para siempre…..&quot;(14, 15, 17). </p> 	 	    <p>El 22 de septiembre se firm&oacute; el tratado definitivo de paz con el Per&uacute; y el 23 viaj&oacute; a la ciudad de Quito a donde lleg&oacute; el 20 de Octubre. En julio y septiembre hab&iacute;a enviado cartas a sus Secretarios (Ministros) en las que dec&iacute;a estaba&quot;aniquilado moral y f&iacute;sicamente&quot;y que ha resuelto&quot;separarse definitivamente del mando. El alzamiento y muerte del General C&oacute;rdoba en Antioquia en septiembre y octubre de 1829, lo afect&oacute; mucho y escribi&oacute;&quot;estoy cansado….no puedo m&aacute;s, no puedo m&aacute;s". Hab&iacute;a convocado a un Congreso Constituyente que se reunir&iacute;a el a&ntilde;o siguiente en enero. Lleg&oacute; a Quito en octubre 20 y parti&oacute; para Bogot&aacute; en octubre 29 para llegar el 15 de enero de 1.830 (14, 17). </p> 	 	    <p>Esta &uacute;ltima entrada a Bogot&aacute; fue dram&aacute;tica. Ya no fue como las entradas triunfales de a&ntilde;os atr&aacute;s a Bogot&aacute;, Quito o Lima. El gobierno hab&iacute;a organizado un desfile militar impresionante, con un ej&eacute;rcito de 4.000 hombres de milicias y caballer&iacute;a, arcos de triunfo, descargas de ca&ntilde;ones, rep&iacute;ques de campanas, pero la multitud permaneci&oacute; triste y en silencio y el Libertador estaba muy enfermo, p&aacute;lido, extenuado, con la voz honda apenas perceptible, las mejillas chupadas, los labios l&iacute;vidos, el rostro febril y continuaba con la tos devastadora. Estaba indiferente a todo (14).Los cambios que se operaban en el Libertador se advierten mejor observando la iconograf&iacute;a de la &eacute;poca desde 1.824 a 1.830. El empeoramiento de la enfermedad se aprecia mejor en los retratos del pintor granadino Jos&eacute; Mar&iacute;a Espinosa en 1.830. Estos cuatro retratos hechos a l&aacute;piz entre enero y mayo de ese a&ntilde;o, antes de su viaje de Bogot&aacute; a Honda, muestran la evoluci&oacute;n del semblante envejecido, exhausto, demacrado en plena decadencia f&iacute;sica y se anuncia la pr&oacute;xima disoluci&oacute;n de su cuerpo (4, 8, 16). De estos cuadros seleccionamos s&oacute;lo el que a nuestro juicio es el m&aacute;s representativo de lo que le acontec&iacute;a <a href="#f1">(Figura 1).</a> </p> 	 	    <p>    <center><a name="f1"><img src="img/revistas/rfmun/v53n2/v53n2a09f1.jpg"></center></p>  	    <p>El Congreso Constituyente se instal&oacute; en enero 20 de 1.830, all&iacute; ley&oacute; su mensaje y solicit&oacute; separarse del ejercicio del poder por hallarse muy enfermo, pero no le aceptaron ni nombraron sucesor. Entonces en marzo 1, encarg&oacute; del poder ejecutivo al general granadino Domingo Caycedo, entreg&oacute; el mando y se refugi&oacute; en el campo o quinta de Fucha, en los extramuros de la ciudad, a reponer su salud que se 	hal laba muy deteriorada, tanto por el trabajo, como por los sufrimientos morales que le causaban sus enemigos en la Nueva Granada y en Venezuela. Desde aquel d&iacute;a no volvi&oacute; a ejercer el poder ejecutivo. Se volvi&oacute; irritable y col&eacute;rico, entraba en conflicto con los Generales Urdaneta y Castillo. Da expresiones duras y pierde la calma en una reuni&oacute;n del Consejo de Ministros (17).&quot;Estaba gastado f&iacute;sica y moralmente. Sus largos trabajos y fatigas as&iacute; como sus crueles sufrimientos morales en medio de la tempestad que por todas partes se hab&iacute;a levantado contra &eacute;l, debilitaron su cuerpo y su alma ya no obraba con su antigua energ&iacute;a y acierto". Aconsejado por sus amigos acepta separarse del poder y salir del pa&iacute;s y as&iacute; dirige al Consejo su &uacute;ltimo mensaje. El Congreso le contesta el 30 de abril, nombra como Presidente a su amigo Don Joaqu&iacute;n Mosquera y Vicepresidente al General Domingo Caycedo (14, 15, 17). </p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En Fucha permaneci&oacute; hasta la partida al exilio. Manuelita lo visitaba con frecuencia pero no se quedaba all&iacute;. Se encontraba muy deprimido como lo evidencia una larga conversaci&oacute;n que tuvo a finales del mes de abril, con su amigo el entonces Coronel Joaqu&iacute;n Posada Guti&eacute;rrez y que este deja consignada en sus memorias:&quot;una tarde salimos solos a pasear a pi&eacute; por aquellas bellas praderas… su andar era lento y fatigoso su voz casi apagada. Mirando la corriente del riachuelo:&quot;Cu&aacute;nto tiempo", me dijo, tardar&aacute; esta agua en confundirse con la del inmenso oc&eacute;ano, como se confunde el hombre en la podredumbre del sepulcro con la tierra de donde sali&oacute;? Una gran parte se evapora y se sutiliza, como la gloria humana, como la fama. De repente apretando las manos contra las sienes, exclam&oacute; con voz tr&eacute;mula:&quot;&iexcl;Mi gloria!, &iexcl;Mi gloria!, &iquest;Por qu&eacute; me la arrebatan?, &iquest;Por qu&eacute; me calumnian?….&quot;(2, 14, 15). El Libertador pas&oacute; la &uacute;ltima noche en la casa de un amigo. Antes de irse Manuelita que lo visitaba, present&oacute; un severo acceso 	de tos y luego su servidor Jos&eacute; Palacios encontr&oacute; al General a merced del delirio. Le oy&oacute; decir frases descosidas que cab&iacute;an en una sola:&quot;nadie entendi&oacute; nada". El cuerpo ard&iacute;a en la hoguera de la calentura….."Era lo que &eacute;l llamaba mis crisis de demencia&quot;que ya no alarmaban a nadie, pues hac&iacute;a m&aacute;s de cuatro a&ntilde;os que las padec&iacute;a. En la casa estaban reunidos muchos amigos civiles, militares y diplom&aacute;ticos y un destacamento militar para protegerlo, pues se presum&iacute;a un nuevo atentado contra el Libertador. Se despidi&oacute; de Manuelita, que se ir&iacute;a para su casa y al d&iacute;a siguiente lo ver&iacute;a de lejos salir de la ciudad. En la reuni&oacute;n de despedida un diplom&aacute;tico coment&oacute;&quot;esto parece un funeral". Lo acompa&ntilde;ar&iacute;an en la primera jornada un grupo de delegados del gobierno, militares, diplom&aacute;ticos y amigos. El diplom&aacute;tico ingl&eacute;s escribi&oacute; en un informe a su gobierno:&quot;el tiempo que le queda le alcanzar&aacute; a duras penas para llegar a la tumba&quot;(8).</p> 	 	    <p><b>El &uacute;ltimo viaje</b></p> 	 	    <p>Bol&iacute;var sali&oacute; de Santa Fe de Bogot&aacute; el 8 de mayo de 1.830 a las 6 horas de una ma&ntilde;ana lluviosa y triste con rumbo a Cartagena y sin saber a donde ir&iacute;a despu&eacute;s. Iba acompa&ntilde;ado por un grupo de amigos y un peque&ntilde;o destacamento militar para protegerlo.&quot;En el sitio de Cuatro Esquinas, donde empezaba el camino empedrado, Manuela S&aacute;enz sola y a caballo esper&oacute; el paso de la comitiva y le hizo al General desde lejos un &uacute;ltimo adi&oacute;s con la mano. &eacute;l le correspondi&oacute; de igual modo y prosigui&oacute; la marcha. Nunca m&aacute;s se vieron&quot;(8,12). </p> 	 	    <p>Atraves&oacute; la sabana esplendorosa y lleg&oacute; a Facatativ&aacute; donde pas&oacute; la primera noche, luego sigui&oacute; ya por tierra caliente y pas&oacute; la segunda noche cerca de Guaduas. Todo el tiempo ten&iacute;a fiebre. En la &uacute;ltima etapa de este viaje lleg&oacute; hasta Honda donde permaneci&oacute; varios d&iacute;as. La primera noche en Honda&quot;est&aacute; postrado de la fiebre, sucumb&iacute;a a la calentura, desvariando casi a gritos en un pantano de sudor". El segundo d&iacute;a estaba mejor, fue a un paseo y pudo nadar sin fatiga durante media hora. En la &uacute;ltima noche fue a un baile en su honor y bail&oacute; tres horas seguidas (8). </p> 	 	    <p>El 16 de mayo inici&oacute; la navegaci&oacute;n por el r&iacute;o Magdalena. Viaja en una peque&ntilde;a flota de champanes con un peque&ntilde;o s&eacute;quito de militares. En Monpox tuvo dificultad para subir al puerto,&quot;titubeando a cada paso y sosteni&eacute;ndose a duras penas pero logr&oacute; llegar con la dignidad intacta". En la noche habl&oacute; dormido&quot;prosigui&oacute; con un salterio de lamentos amargos, residuos de una gloria desbaratada que el viento de la muerte se llevaba en piltrafas&quot;(8). Reinici&oacute; el viaje el 21 de mayo. En Zambrano no recuerda hechos previos y el General&quot;est&aacute; cada vez m&aacute;s inquieto con las goteras de su memoria". Por todos los sitios donde se hab&iacute;a quedado, el temor a la tisis hac&iacute;a que quemaran los tendidos de su cama y enterraran las vajillas. Lleg&oacute; a Turbaco el 25 de mayo. Primero desembarc&oacute; en Barranca Nueva y en mulas sigui&oacute; a Turbaco. Se aloj&oacute; en la casa que fuera del Virrey Caballero y G&oacute;ngora. En realidad estaba peor de lo que revelaba su mal humor, as&iacute; se empe&ntilde;ara en ocultarlo, y hasta su mismo s&eacute;quito observaba d&iacute;a tras d&iacute;a su erosi&oacute;n insaciable. No pod&iacute;a con su alma El color de su piel hab&iacute;a pasado del verde p&aacute;lido al amarillo mortal. Ten&iacute;a fiebre y el dolor de cabeza se hab&iacute;a vuelto eterno, deliraba de fiebre. Los huesos eran visibles a trav&eacute;s de la piel y no consegu&iacute;a fijar la mirada. Estaba consciente de la fetidez y calor de su aliento. Los amigos notaban que hab&iacute;a disminuido de estatura. Un visitante al salir dijo:&quot;ya tiene cara de muerto". Permaneci&oacute; en Turbaco 29 d&iacute;as (8).>El 24 de junio viaj&oacute; de Turbaco a Cartagena con la intenci&oacute;n de viajar a Inglaterra lo que se va aplazando y se abandona. El primero de julio lleg&oacute; a Cartagena la noticia del asesinato del Mariscal Sucre ocurrido el 4 de junio en la monta&ntilde;a de Berruecos cerca de Pasto, en su viaje de Bogot&aacute; a Quito (3). Esto le produjo al Libertador un&quot;dolor profundo por la desgraciada y temprana muerte de un jefe y compa&ntilde;ero de armas tan c&eacute;lebre como querido".&quot;Por una coincidencia fatal, se expuso a un viento fr&iacute;o y h&uacute;medo aquella noche en que contrajo el constipado que se le agrav&oacute; despu&eacute;s hasta conducirle al sepulcro". Adem&aacute;s el 14 de julio le informaron de la resoluci&oacute;n del Congreso Venezolano de mayo 28, en la cual&quot;se negaba a entrar en relaci&oacute;n con el resto de Colombia mientras el General Bol&iacute;var permaneciera en su territorio". Bol&iacute;var sinti&oacute; profundamente este agravio, su salud ya mala se empeor&oacute; y esta nueva pena obr&oacute; poderosamente en su alma devorada en amargura hasta el sepulcro (14, 17). </p> 	 	    <p>Se traslad&oacute; de la residencia en Cartagena a una m&aacute;s fresca en el cerro de la Popa. La fiebre y la tos se recrudecieron. El primero de octubre emprendi&oacute; viaje a Santa Marta, pensando en seguir viaje a Jamaica y luego a Europa. La primera jornada fue a Turbaco. La lluvia, los dolores en el bazo y en el h&iacute;gado, la fiebre y la postraci&oacute;n lo llevaron a la villa de la Soledad en donde permaneci&oacute; los meses de octubre y noviembre. La primera noche en Soledad sufri&oacute; un ligero vah&iacute;do. Se sinti&oacute; tan mal que acept&oacute; que lo viera un m&eacute;dico, pero con la condici&oacute;n de que no lo examinara y que no pretendiera darle nada de beber. Entonces vino el Doctor H&eacute;rcules Gastelbondo, s&oacute;lo para charlar. El doctor era un anciano comprensivo, pl&aacute;cido y muy paciente, con gran incredulidad a los medicamentos. Establecieron una buena relaci&oacute;n y el Doctor Gastelbondo lo sigui&oacute; visitando hasta que viaj&oacute; a Santa Marta. El mayor peligro era caminar. Un d&iacute;a cuando se dispon&iacute;a a bajar solo las escaleras, se le desvaneci&oacute; el mundo,&quot;me ca&iacute; de m		is propios pies, sin saber c&oacute;mo y medio muerto". La soledad y la ingratitud de sus amigos le provocaron una profunda melancol&iacute;a y un gran decaimiento de &aacute;nimo, se agrav&oacute; su enfermedad&quot;catarro pulmonar descuidado&quot;(8). </p> 	 	    <p>El primero de diciembre se embarc&oacute; rumbo a Santa Marta en el bergant&iacute;n&quot;Manuel&quot;de propiedad del espa&ntilde;ol Joaqu&iacute;n de Mier; iba escoltado por la fragata&quot;Grampus&quot;de los Estados Unidos que ten&iacute;a abordo a un buen cirujano, el Doctor Night. El General Montilla vio el estado de l&aacute;stima en que se encontraba el Libertador y consult&oacute; a su m&eacute;dico local. El Doctor Gastelbondo le dijo&quot;no creo siquiera que soporte la traves&iacute;a". El movimiento del barco en la &uacute;ltima parte del viaje afect&oacute; mucho al pasajero. Llegaron en la tarde a Santa Marta, lo bajaron del barco en silla de manos y lo alojaron en la casa de la Aduana. Don Joaqu&iacute;n de Mier recuerda&quot;la criatura de pavor que desembarcaron en andas, apenas con un soplo de vida", recuerda&quot;su mano ardiente, su aliento arduo". En los d&iacute;as siguientes se aliviaron algo la tos, el dolor en el pecho y el insomnio (8).</p> 	 	    <p>Tan pronto lleg&oacute; a la casa de la Aduana lo atendi&oacute; el Doctor Alejandro Pr&oacute;spero Reverend, el m&eacute;dico franc&eacute;s de Santa Marta, quien se dio cuenta de que hab&iacute;a empezado a morir desde hac&iacute;a a&ntilde;os. Por la languidez del cuello, la contracci&oacute;n del pecho y la amarillez del rostro pens&oacute; que la causa mayor eran los pulmones da&ntilde;ados. El Doctor Reverend y el Doctor Night no se pusieron de acuerdo, el primero estaba convencido de una lesi&oacute;n pulmonar y el segundo que era un paludismo cr&oacute;nico. El d&iacute;a 6 lo llevaron al campo, a la quinta de San Pedro Alejandrino. La primera noche durmi&oacute; bien y al d&iacute;a siguiente restablecido de sus dolores hizo un recorrido por los trapiches y el d&iacute;a 10 completamente despejada su mente dict&oacute; cartas, hizo testamento y dict&oacute; su &uacute;ltima proclama. Lo visit&oacute; el obispo Est&eacute;vez a puerta cerrada durante 14 minutos. El obispo sali&oacute; descompuesto, se va y no vuelve a visitarlo ni asiste al entierro. Que sucedi&oacute; ? 	Nadie lo supo. Despu&eacute;s le dice a su servidor Jos&eacute; Palacios&quot;carajos. C&oacute;mo voy a salir de este laberinto?&quot;(18). Poco despu&eacute;s en uno de sus delirios le dice a su servidor&quot;v&aacute;monos, v&aacute;monos… esta gente no nos quiere en esta tierra… v&aacute;monos muchachos… lleven mi equipaje a bordo de la fragata…&quot; (15).</p> 	 	    <p>Esta vivencia debemos ampliarla, pero en lugar de intentarlo nosotros preferimos transcribir un corto fragmento de&quot;El General en su laberinto&quot;(1.989) de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez (8), quien a su vez la tom&oacute; del Doctor Reverend (1886) (8, 18):&quot;No me imagin&eacute; que esta vaina fuera tan grave como para pensar en los santos &oacute;leos", le dijo.&quot;Yo, que no tengo la felicidad de creer en la vida del otro mundo".&quot;No se trata de eso", dijo Reverend.&quot;Lo que est&aacute; demostrado es que el arreglo de los asuntos de la conciencia le infunde al enfermo un estado de &aacute;nimo que le facilita mucho la tarea del m&eacute;dico".</p> 	 	    <p>"El general no le prest&oacute; atenci&oacute;n a la maestr&iacute;a de la respuesta, porque lo estremeci&oacute; la revelaci&oacute;n deslumbrante de que la loca carrera entre sus males y sus sue&ntilde;os llegaba en aquel instante a la meta final. El resto eran las tinieblas".     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>"Carajos", suspir&oacute;.&quot;C&oacute;mo voy a salir de este laberinto!&quot;    <br>"Examin&oacute; el aposento con la clarividencia de sus v&iacute;speras, y por primera vez vio la verdad: la &uacute;ltima cama prestada, el tocador de l&aacute;stima cuyo turbio espejo de paciencia no lo volver&iacute;a a repetir, el aguamanil de porcelana descarchada con el agua y la toalla y el jab&oacute;n para otras manos, la prisa sin coraz&oacute;n del reloj octogonal desbocado hacia la cita ineludible del 17 de diciembre a la una y siete minutos de su tarde final. Entonces cruz&oacute; los brazos contra el pecho y empez&oacute; a oir las voces radiantes de los esclavos cantando la salv&eacute; de las seis en los trapiches, y vi&oacute; por la ventana el diamante de Venus en el cielo que se iba para siempre, las nieves eternas, la enredadera nueva cuyas camp&aacute;nulas amarillas n	o  ver&iacute;a florecer el s&aacute;bado siguiente en la casa cerrada por el duelo, los &uacute;ltimos fulgores de la vida que nunca m&aacute;s, por los siglos de los siglos, volver&iacute;a a repetirse&quot;(8).</p> 	 	    <p>M&aacute;s tarde sufri&oacute; una reca&iacute;da s&uacute;bita de la cual no se volvi&oacute; a recuperar. Despu&eacute;s se extingui&oacute; lentamente su vida, turbadas sus facultades mentales eran frecuentes el desvar&iacute;o y los delirios y muri&oacute; a la 1 de la tarde del d&iacute;a 17 de diciembre a los 47 a&ntilde;os de edad, rodeado de su m&eacute;dico, sus amigos y su s&eacute;quito de militares (8, 9, 11, 14, 15,17).</p> 	 	    <p>El Doctor Reverend llevaba un&quot;Diario sobre la enfermedad que padeci&oacute; S.E. El Libertador. Sus progresos, disminuciones y m&eacute;todo curativo seguido por el m&eacute;dico de cabecera Dr. Alejandro Pr&oacute;spero Reverend&quot;(18). Escribi&oacute; 33 boletines desde el 1 al 17 de diciembre de 1830, que se pueden resumir as&iacute;:</p> 	 	    <p>No. 1- Diciembre 1: Muy flaco y extenuado. La voz ronca, una tos profunda con esputos viscosos. Una inquietud de &aacute;nimo constante.</p> 	 	    <p>No. 3- Diciembre 3: Duerme muy poco, 2 a 3 horas las primeras de la noche, el resto desvelado y con desvar&iacute;os.</p> 	 	    <p>No. 4- Diciembre 4: Tos, expectoraci&oacute;n y fiebre; come muy poco.</p> 	 	    <p>No. 8- Diciembre 8: Tiene fiebre, hipo amodorrado, entorpecimiento de sus facultades intelectuales.</p> 	 	    <p>No. 9- Diciembre 9: Tiene fiebre, hipo, delirio en la noche, trabajo para expresarse.</p> 	 	    <p>No. 11 al 12- Diciembre 10: En la noche peor,&quot;s&iacute;ntomas de congesti&oacute;n en el cerebro". Hipo, tos, expectoraci&oacute;n. Disposiciones espirituales y temporales con serenidad y sin fallas en facultades intelectuales.</p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No. 15 al 16- Diciembre 12: Hipo, tos, fiebre, delirio. Aparece incontinencia de orina, que persistir&aacute;. Confusi&oacute;n mental fluctuante.</p> 	 	    <p>No.17 al 18- Diciembre 13: Inquieto, incontinencia de orina, se agrava en el d&iacute;a, n&aacute;useas, v&oacute;mito, tos, ya no expectora, muy abatido, sensaciones entorpecidas, confuso,&quot;aberraci&oacute;n de la memoria".</p> 	 	    <p>No. 19 al 21- Diciembre 14: Sigue confuso, torpeza de sensaciones, incontinencia, facies hipocr&aacute;tica, sopor.</p> 	 	    <p>No. 22 al 27- Diciembre 15: Persiste estuporoso, balbucea, muy poca comida, confuso, hipo, extremidades fr&iacute;as, confuso,&quot;desvar&iacute;a continuamente", balbucea, escaso alimento.</p> 	 	    <p>No. 28 al 30- Diciembre 16: Peor, en anuria, postrado, confuso, sigue delirando con disnea y pulso d&eacute;bil.</p> 	 	    <p>No. 32 al 33- Diciembre 17: Facies hipocr&aacute;tica, estuporoso, respiraci&oacute;n anhelosa. A las 12 m ronquido y expira a la 1 pm.</p> 	 	    <p>A las 4 pm el Dr. Reverend realiz&oacute; la autopsia del Libertador por el significado que este documento tiene para nuestra historia de la medicina ya que todo parece indicar que es el primer estudio postmortem publicado en Colombia de un caso de tuberculosis que compromete el sistema nervioso, transcribimos su texto literalmente:</p> 	 	    <p><b>Protocolo de la autopsia del Libertador</b></p> 	 	    <p>El 17 de diciembre de 1.830, a las 4 de la tarde, en presencia de los se&ntilde;ores generales benem&eacute;ritos Mariano Montilla y Jos&eacute; Laurencio Silva, habi&eacute;ndose hecho la inspecci&oacute;n del cad&aacute;ver en una de las salas de habitaci&oacute;n de San Pedro, en donde falleci&oacute; S.E. el General Bol&iacute;var, ofreci&oacute; las caracter&iacute;sticas siguientes: </p> 	 	    <p>1.	Habitud del cuerpo. Cad&aacute;ver a los dos tercios de marasmo, descolorimiento universal, tumefacci&oacute;n en la regi&oacute;n del sacro, m&uacute;sculos muy poco descoloridos, consistencia natural.</p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>2.	Cabeza. Los vasos de la aracnoides en su mitad posterior ligeramente inyectados, las desigualdades y circunvoluciones del cerebro recubiertas por una materia parduzca de consistencia y transparencia gelatinosa, un poco de serosidad semiroja bajo la dura-m&aacute;ter; el resto del cerebro y cerebelo no ofrecieron en su substancia ning&uacute;n signo patol&oacute;gico.</p> 	 	    <p>3.	Pecho. De los dos lados posterior y superior estaban adheridas las pleuras pulmonares a las pleuras costales por producciones semimembranosas; endurecimiento en los dos tercios superiores de cada pulm&oacute;n; el derecho casi desorganizado present&oacute; un manantial abierto de color de las heces del vino, jaspeado de algunos tub&eacute;rculos de diferentes tama&ntilde;os, no muy blandos; el izquierdo, aunque menos desorganizado, ofreci&oacute; la misma afecci&oacute;n tuberculosa, y dividi&eacute;ndola con el escalpelo se descubri&oacute; una concreci&oacute;n calc&aacute;rea irregularmente angulosa de tama&ntilde;o de una peque&ntilde;a avellana . Abierto el resto de los pulmones con el instrumento, derram&oacute; un moco pardusco que por la presi&oacute;n se hizo espumoso. El coraz&oacute;n no ofreci&oacute; nada particular, aunque ba&ntilde;ado en un l&iacute;quido ligeramente verdoso, contenido en el pericardio.</p> 	 	    <p>4. Abdomen. El est&oacute;mago, dilatado por un licor amarillento de que estaban fuertemente impregnadas sus paredes, no present&oacute; sin embargo ninguna lesi&oacute;n ni flogosis; los intestinos delgados estaban ligeramente meteorizados; la vejiga enteramente vac&iacute;a y pegada bajo el pubis, no ofreci&oacute; ning&uacute;n car&aacute;cter patol&oacute;gico. El h&iacute;gado de un volumen considerable, estaba un poco escoriado en su superficie convexa; la vejiga de hiel muy extendida; las gl&aacute;ndulas mesent&eacute;ricas obstruidas; el bazo y los ri&ntilde;ones en buen estado. Las v&iacute;sceras del abd&oacute;men en general no sufr&iacute;an lesiones graves.</p> 	 	    <p>Seg&uacute;n este examen es f&aacute;cil reconocer que la enfermedad de que ha muerto S.E. el Libertador era en su principio un catarro pulmonar, que habiendo sido descuidado pas&oacute; al estado cr&oacute;nico y consecutivamente degener&oacute; en tisis tuberculosa.</p> 	 	    <p>San Pedro, Diciembre 17 de 1.830, a las ocho de la noche. </p> 	 	    <p>Alejandro Pr&oacute;spero Reverend&quot;Tomado fielmente del original (18)</p> 	 	    <p>El cad&aacute;ver fue trasladado a la casa de la Aduana en Santa Marta, la misma que habit&oacute; a su llegada y all&iacute; fue embalsamado por el mismo Dr. Reverend. El general Mariano Montilla dispuso el entierro lo mejor posible el cual se realiz&oacute; el d&iacute;a 20, con la asistencia de su s&eacute;quito de militares, sus pocos amigos, los veteranos de la independencia y la poblaci&oacute;n de Santa Marta. Fue enterrado en una humilde b&oacute;veda en la catedral, sin distinci&oacute;n alguna que le pusiera el gobierno. All&iacute; permaneci&oacute; durante 12 a&ntilde;os. En 1.842 el gobierno de Venezuela quiso reparar las ofensas infligidas al Libertador y traslad&oacute; sus restos a Caracas. Se hizo un magn&iacute;fico funeral y qued&oacute; colocada la urna de sus restos en una capilla de la catedral en un hermoso monumento (7,11,14,15,17, 18, 19). </p> 	 	    <p>S&oacute;lo la muerte se atrevi&oacute; a ignorar que Su Excelencia era inmortal</p> 	          <p><b> El Doctor Reverend </b></p> 	  	    <p>Esta nota transcrita textualmente, nos fue facilitada por el Dr. H&eacute;ctor Reverend Pacheco y pertenece a su archivo familiar: 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>"En febrero de 1.796 naci&oacute; en Falaise (Normand&iacute;a)1 Alejandro Pr&oacute;spero Reverend. Estudi&oacute; en el Liceo de Caen. En 1.814 se alist&oacute; como soldado en un cuerpo de caballer&iacute;a del ej&eacute;rcito de Napole&oacute;n y particip&oacute; en la desgraciada campa&ntilde;a del Loire de 1.820. Radicado en Par&iacute;s, estudi&oacute; medicina. Partidario ardiente de las ideas republicanas y crey&eacute;ndose inseguro en Francia, se dirigi&oacute; a Colombia y arrib&oacute; a Santa Marta en 1.824. All&iacute; fue m&eacute;dico del hospital militar, miembro de la Junta de Sanidad, Cirujano mayor del ej&eacute;rcito en 1.830, a&ntilde;o en que lleg&oacute; el Libertado enfermo a Santa Marta cuando Reverend se encarg&oacute; de asistirlo. Del 1 al 17 de diciembre public&oacute; treinta y tres boletines relativos al Libertador, y tres horas despu&eacute;s de muerto este hizo su autopsia. Despu&eacute;s, en 1.838, desempe&ntilde;&oacute; en Santa Marta el consulado de Francia. 	 	    <p>En 1.842, cuando fueron repatriados los restos de Bol&iacute;var a Reverend le toc&oacute; identificarlos. En 1.866 public&oacute; en Francia una colecci&oacute;n de documentos titulada: La &uacute;ltima enfermedad, los &uacute;ltimos momentos y los funerales de Sim&oacute;n Bol&iacute;var Libertador de Colombia y del Per&uacute;. En 1.867 se acu&ntilde;o en Venezuela una medalla con esta inscripci&oacute;n:&quot;Congreso de 1.867. Venezuela agradecida a A Pr&oacute;spero Reverend". M&aacute;s tarde se le condecor&oacute; con el busto del Libertador y se le asign&oacute; una pensi&oacute;n. </p> 	 	    <p>Regresaba de Par&iacute;s cuando muri&oacute; en Santa Marta el 1 de diciembre de 1.881, a los 811 a&ntilde;os de una vida consagrada a los m&aacute;s bellos ideales&quot; (7, 18, 19). </p> 	 	    <p>En abril 27 de 1.938 el Sr. Charles Gautier, C&oacute;nsul de Francia en Santa Marta, le env&iacute;a una carta a la Sta. Do&ntilde;a Mar&iacute;a Teresa Reverend que dice:&quot;Como se lo he prometido tengo el placer de remitir a Ud dos retratos de su abuelo Doctor Reverend, el m&aacute;s apagado es el que trajo de su &uacute;ltimo viaje que hizo para Francia en la ciudad de Fecamp1 donde naci&oacute;, el otro es un facsimille que se hizo para acompa&ntilde;ar el pasaporte que trajo y que le he remitido al Sr.Gobernador Goenaga para depositarlo en San Pedro Alejandrino cuando se trasladaron los restos del Dr. Reverend al pi&eacute; del altar de la quinta. Que estos retratos sean para Ud y sus padres un recuerdo precioso por haber sido su abuelo el m&eacute;dico del Libertador el Gran h&eacute;roe Sim&oacute;n Bol&iacute;var. Reciba Ud los respetuosos saludos de su servidor, Charles Gautier". (transcrito del original) (19) <a href="#f2">(Figura 2).</a></p> 	 	    <p>    <center><a name="f2"><img src="img/revistas/rfmun/v53n2/v53n2a09f2.jpg"></center></p> 	 	    <p>En la &uacute;ltima parte del escrito titulado&quot;Detalles muy interesantes ocurridos entre el Libertador y su m&eacute;dico de cabecera&quot;del Dr. Reverend narra sus conversaciones con el Libertador y dej&oacute; claro el estado mental del enfermo en el curso de su enfermedad. Dej&oacute; escrito que despu&eacute;s de la entrevista privada con el obispo Est&eacute;vez, tienen una conversaci&oacute;n que termina con la frase famosa&quot;&iexcl;C&oacute;mo saldr&eacute; yo de este laberinto!&quot;(18).</p>  	 	    <p>Adem&aacute;s el Dr. Reverend dej&oacute; claro para la historia que el General Mariano Montilla en su momento gobernador de la provincia de Cartagena, le solicit&oacute; que presentara la cuenta de su asistencia al General Bol&iacute;var; el se neg&oacute; y dijo:&quot;nunca pens&eacute; ni pienso sacar una recompensa pecuniaria de mi asistencia al Libertador. Qu&eacute; m&aacute;s premio que el honor insigne de haber sido su m&eacute;dico?". Por otra parte fue notorio que los gobiernos de Colombia nunca le expresaron sus agradecimientos y se negaron a conferirle un t&iacute;tulo de Cirujano Mayor del Ej&eacute;rcito Ad Honorem que el General Montilla hab&iacute;a solicitado se tramitara. El gobierno de Venezuela, tard&iacute;amente le manifest&oacute; sus agradecimientos y lo premi&oacute; con condecoraciones y con una pensi&oacute;n! (a&ntilde;o de 1.867) (7,18,19).</p> 	 	    <p><b>An&aacute;lisis de esta historia cl&iacute;nica</b></p> 	 	    <p>Est&aacute;n consignados los principales hechos, casi todos coherentes, de la historia m&eacute;dica del Libertador que se conocen de diversas fuentes. Fue claro para varios de los m&eacute;dicos que atendieron a Bol&iacute;var, que ten&iacute;an experiencia aprendida en Europa en donde esta enfermedad era prevalente, que ten&iacute;a tuberculosis (Tisis). La madre muri&oacute; tuberculosa cuando Bol&iacute;var era ni&ntilde;o y &eacute;l posiblemente tuvo la primoinfecci&oacute;n en la infancia o la adquiri&oacute; durante su vida en Par&iacute;s luego de muerta su esposa. La primoinfecci&oacute;n cicatriz&oacute; dadas las buenas condiciones de vida y su buena alimentaci&oacute;n. En la autopsia el n&oacute;dulo calcificado que se hall&oacute; en el pulm&oacute;n izquierdo, del tama&ntilde;o de una avellana (de 1 a 2 cts. de di&aacute;metro), era la cicatriz de esa primoinfecci&oacute;n?</p>  	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La reactivaci&oacute;n se produjo, posiblemente, cerca de 1.822 y luego de la situaci&oacute;n cr&iacute;tica de 1.824 en Pativilca ("tabardillo&quot;para sus m&eacute;dicos en ese momento) se hizo manifiesta la enfermedad pulmonar. Sorprenden la recuperaci&oacute;n y la capacidad para pocos meses despu&eacute;s, so	portar el ascenso de la sierra andina a cerca de los 3.000 metros de altura sobre el nivel del mar, resistir el ascenso al cerro de Pasco de m&aacute;s de los 4.000 metros, organizar su ej&eacute;rcito y luego dar la batalla de Jun&iacute;n, de la que salieron victoriosos. Meses despu&eacute;s, luego de la batalla de Ayacucho, viaj&oacute; al Cuzco y al Alto Per&uacute; con alturas de cerca de los 3.600 metros sin desfallecer.</p> 	 	    <p>Despu&eacute;s de esta etapa la enfermedad pulmonar fue m&aacute;s aparente, con estados febriles muy frecuentes, accesos severos de tos y expectoraci&oacute;n hemopt&oacute;ica, con varias crisis severas y desde 1.828 ya era manifiesta su decadencia f&iacute;sica y an&iacute;mica. Con frecuencia presentaba estados confusionales, delirios, cefaleas muy severas que ya indican un compromiso men&iacute;ngeo y del sistema nervioso central. Para entonces algunos m&eacute;dicos mencionaron la&quot;fiebre cerebral&quot;y el Libertador se refer&iacute;a a estos episodios como&quot;mis delirios".</p> 	 	    <p>Luego del atentado de septiembre 25 de 1.828, su situaci&oacute;n se agrav&oacute; posiblemente por la exposici&oacute;n al fr&iacute;o en la noche del atentado cuando se refugi&oacute; debajo del puente del Carmen y la presi&oacute;n emocional tan severa que tuvo. Es muy probable que haya vivido una experiencia de lo que hoy se conoce como s&iacute;ndrome de estr&eacute;s postraum&aacute;tico, seguido de un estado depresivo cr&oacute;nico hasta el final de sus d&iacute;as. </p> 	 	    <p>La tuberculosis sigui&oacute; progresando, el da&ntilde;o pulmonar empeor&oacute;, ten&iacute;a severos accesos de tos con expectoraci&oacute;n hemopt&oacute;ica, fiebre casi continua, debilitamiento y manifestaciones fluctuantes del cuadro de compromiso cerebral y men&iacute;ngeo. Todo esto fue m&aacute;s severo a partir de 1.829 y de su &uacute;ltimo viaje a Quito. El regreso a Bogot&aacute; en enero de 1.830 fue un esfuerzo demasiado grande para el enfermo y la descripci&oacute;n de su aspecto relatada por varios historiadores es dram&aacute;tica. Nada mejor para apreciarla que los cuadros hechos por el pintor Espinosa en el per&iacute;odo de enero a mayo de ese a&ntilde;o, que muestran la decadencia f&iacute;sica del ilustre enfermo.</p> 	 	    <p>Todos estos s&iacute;ntomas persistieron, los cambios mentales fueron m&aacute;s aparentes, se quejaba de fallas de memoria, estaba irritable y a veces col&eacute;rico o melanc&oacute;lico y se sinti&oacute; incapaz de seguir gobernando, de tomar decisiones y de prever su futuro. Antes de su partida de Bogot&aacute; al exilio se acent&uacute;o la depresi&oacute;n (&iexcl;Mi gloria&iexcl; Por que me la arrebatan?) y hubo premoniciones de muerte. En los meses finales de su vida se acentuaron estas manifestaciones en especial durante todo el viaje de Bogot&aacute; a Cartagena y finalmente a Santa Marta. Hubo fluctuaciones de su estado mental, delirios y estados confusionales, con deterioro de su memoria y las cefaleas eran persistentes. Los &uacute;ltimos l7 d&iacute;as de su vida quedaron muy bien rese&ntilde;ados por su m&eacute;dico de cabecera y la autopsia que le practic&oacute; confirmaron el diagn&oacute;stico de tuberculosis pulmonar y del compromiso men&iacute;ngeo (18). No es f&aacute;cil establecer correlaciones de las fluctuaciones de estos s&iacute;ntomas con los hallazgos de la autopsia, bien pueden relacionarse a la meningitis y 	a una posible hidrocefalia con un s&iacute;ndrome de hipertensi&oacute;n endocraneana intermitente. En este contexto es sorprendente que en el d&iacute;a 10 presenta lucidez mental y puede dictar su testamento, su &uacute;ltima proclama y las disposiciones finales, para caer luego en el delirio y la confusi&oacute;n mental. Adem&aacute;s hay que considerar que en los &uacute;ltimos d&iacute;as de la enfermedad debi&oacute; presentarse un trastorno metab&oacute;lico importante: deshidrataci&oacute;n, anemia, desnutrici&oacute;n y marasmo, falla renal, agreg&aacute;ndole a la meningitis una encefalopat&iacute;a metab&oacute;lica.</p> 	 	    <p>En conclusi&oacute;n con las limitaciones de la autopsia y con las observaciones cl&iacute;nico patol&oacute;gicas disponibles no queda duda de que el Libertador muri&oacute; de tuberculosis pulmonar ("tisis") con compromiso del sistema nervioso central.. Esto ocurri&oacute; cincuenta y dos a&ntilde;os antes del descubrimiento del Mycobacterium tuberculosis por Robert Koch.</p> 	 	    <p>Para comprender mejor el estado del conocimiento acerca de esta entidad en 1.830 y su desarrollo posterior hasta nuestros d&iacute;as, veamos esta breve rese&ntilde;a hist&oacute;rica.</p>  	 	    <p>El m&eacute;dico escoc&eacute;s Robert Whytt hizo la primera descripci&oacute;n de la meningitis tuberculosa a finales del siglo XVIII, en una monograf&iacute;a en la que describi&oacute; la hidrocefalia aguda de los ni&ntilde;os (1.768), que se llam&oacute; enfermedad de Whytt. M&aacute;s tarde el cirujano ingl&eacute;s Percival Pott describi&oacute; la espondilitis tuberculosa (1.778), el llamado Mal de Pott. En 1.850 la tuberculosis pulmonar y sus complicaciones eran la causa de aproximadamente el 25&#37; de todas las muertes en Inglaterra y en los Estados Unidos.</p> 	 	    <p>En el Siglo XIX aparecieron las descripciones de la patolog&iacute;a de esta enfermedad, as&iacute;: en Francia en 1.830 Paparoni y en 1.835 Fabre y Constant establecieron la autonom&iacute;a de la meningitis tuberculosa entre las meningitis simples y las hidropes&iacute;as cerebrales, y describieron la aracnoiditis tuberculosa. Rillet y Barthez en 1.842 describieron las diferentes formas anatomocl&iacute;nicas y Bouchut en 1.866 y 1.876 describi&oacute; los tub&eacute;rculos coroideos, m&aacute;s tarde se estudi&oacute; el LCR por la punci&oacute;n lumbar que fue desarrollada por el alem&aacute;n Quincke en 1.891. En 1.882 el sabio alem&aacute;n Robert Koch aisl&oacute; el Mycobacterium tuberculosis como el agente causal de la&quot;consunci&oacute;n&quot;que para esa &eacute;poca era la enfermedad infecciosa m&aacute;s devastadora, y con los estudios del LCR se estableci&oacute; la relaci&oacute;n entre la cl&iacute;nica y los conceptos microbiol&oacute;gicos de la enfermedad.</p> 	 	    <p>Rich y McCordock cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1.933, aclararon la patog&eacute;nesis estudiando los peque&ntilde;os granulomas del cerebro, plejos coroides y men&iacute;nges y su valor en la evoluci&oacute;n de la enfermedad (los focos de Rich) y explicaron los mecanismos inmunol&oacute;gicos en la activaci&oacute;n de los focos preexistentes.</p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A partir de 1.944 con la introducci&oacute;n de los antibi&oacute;ticos para el tratamiento de la tuberculosis, la estreptomicina en 1.944 y la isoniazida en 1.952, cambi&oacute; el espectro de esta enfermedad y se trasform&oacute; la situaci&oacute;n epidemiol&oacute;gica en el mundo; situaci&oacute;n que desde hace un poco m&aacute;s de dos d&eacute;cadas (1.981-82), est&aacute; siendo agravada por el impacto causado a la defensa inmune por la epidemia del virus de la inmunodeficiencia humana el VIH. </p> 	    <p><b>Agradecimientos</b></p> 	    <p><i>Al Profesor Doctor <b>HECTOR REVEREND PACHECO</b> por facilitarnos la fotograf&iacute;a del Dr. Alejandro Pr&oacute;spero Reverend y los documentos de su archivo familiar.</i> 	 	    <p><b><font face="verdana"size="3">Referencias</font></b></p> 	 	    <!-- ref --><p>1.	Pilar Moreno de Angel,: Jos&eacute; Mar&iacute;a C&oacute;rdova. Biograf&iacute;a. Planeta Colombiana Bogot&aacute; 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-0011200500020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>2.	Arismendi Posada, Ignacio: Presidentes de Colombia 1.810 - 1.990. Planeta Colombiana Editorial, Bogot&aacute; 1.989, pp. 43-60.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-0011200500020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>3.	Arteaga Hernandez Manuel, Arteaga Carvajal Jaime: Historia Pol&iacute;tica de Colombia. Intermedio Editores, Bogot&aacute; 1.986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-0011200500020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>4.	Boulton, Alfredo: El rostro de Bol&iacute;var. Macano Ediciones, Caracas, 1.982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-0011200500020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>5.	Cordovez Moure, Jos&eacute; Mar&iacute;a: Reminicencias de Santaf&eacute; y Bogot&aacute;. Primera Edici&oacute;n Colombiana, Abril 23, 1.997. Fundaci&oacute;n para la Investigaci&oacute;n y la Cultura, FICA, Cali. Gerardo Rivas Moreno (Editor). Bogot&aacute; 1.997. Impresor Panamericana Formas e Impresos, S.A. Bogot&aacute;, Marzo 2.000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-0011200500020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>6.	Cortejoso, Leopoldo (MD): Tuberculosos C&eacute;lebres. Grandes personalidades forjadas por la tuberculosis. 2ª. Edici&oacute;n. Editorial Mateu. Barcelona 1.958. pp 571-578.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-0011200500020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>7.	Garc&iacute;a Lopenza, Pedro: Alejandro Pr&oacute;spero Reverend. Bicentenario. El Universal. Caracas 2 de junio, 1.997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-0011200500020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->	</p> 	 	    <!-- ref --><p>8.	Garc&iacute;a Marquez, Gabriel: El general en su laberinto. 1ª Edici&oacute;n.. Editorial La Oveja Negra. Bogot&aacute; 1.989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-0011200500020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>9.	Garc&iacute;a Ortiz, Laureano: El General Santander. Hombre de las Leyes. Imprenta y Publicaciones de las Fuerzas Militares. Bogot&aacute; 1.979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-0011200500020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>10.	Gonz&aacute;lez, Florentino: Memorias. Bolsilibros Bedout. Editorial Bedout S.A Medell&iacute;n, 1.975.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0120-0011200500020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>11.	Henao, Jes&uacute;s Mar&iacute;a, Arrubla, Gerardo.: Historia de Colombia. Para la ense&ntilde;anza secundaria. Tomos I y II. 5ªEdici&oacute;n. Librer&iacute;a Colombiana Camacho Rold&aacute;n & Cia. Bogot&aacute; 1.929. pp 539, 551, 568-583.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-0011200500020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>12.	Hagen, von V&iacute;ctor W.: Las cuatro estaciones de Manuela. Carlos Valencia Editores. Printer Colombiana. Bogot&aacute; 1.982. Traducci&oacute;n del original ingl&eacute;s:&quot; The four seasons of Manuela. The love story of Manuela S&aacute;enz and Sim&oacute;n Bol&iacute;var". 1.952.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-0011200500020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>13.	Lacroix, de Luis Per&uacute;: Diario de Bucaramanga. Vida p&uacute;blica y privada del Libertador Sim&oacute;n Bol&iacute;var. A&ntilde;o 1.828. FICA. Fundaci&oacute;n para la investigaci&oacute;n y la cultura. Bucaramanga. 1.999. Primera edici&oacute;n por Cornelio Hispano (Ismael L&oacute;pez, Buga: 1.880-1.962). Par&iacute;s, marzo 1.912.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-0011200500020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>14.	Lievano Aguirre, Indalecio: Bol&iacute;var. Imprenta del Ministerio de Educaci&oacute;n de Venezuela. Caracas 1.974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-0011200500020000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>15.	Masur, Gerhard: Sim&oacute;n Bol&iacute;var. 1ª Edici&oacute;n en Ingl&eacute;s. The University of New Mexico Press 1.948. Edici&oacute;n actualizada: Ediciones de la Presidencia de la Rep&uacute;blica. Academia Nacional de Historia. Grijalba, S.A. Caracas, Venezuela 1.987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0120-0011200500020000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>16.	Mutis, Alvaro: El &uacute;ltimo rostro (fragmento). Revista Nacional de Cultura. Caracas, Venezuela. A&ntilde;o XXXIX, N&deg; 233 (Sept.-Dic.) 1.977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0120-0011200500020000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>17.	Restrepo, Jos&eacute; Manuel: Historia de la Revoluci&oacute;n de la Rep&uacute;blica de Colombia. Reedici&oacute;n en Bolsilibros Bedout, en VI tomos. Editorial Bedout Medell&iacute;n 1.969. Primera edici&oacute;n: Par&iacute;s 1.827. Segunda edici&oacute;n definitiva Impresa en Besanzon, en 1.858.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-0011200500020000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>18.	Reverend, Alejandro Pr&oacute;spero: La &uacute;ltima enfermedad los &uacute;ltimos momentos y los funerales de Sim&oacute;n Bol&iacute;var Libertador de Colombia y del Per&uacute; por su m&eacute;dico de cabecera el Dr. A.P. Reverend. Imprenta Hispano-Americana de Casson y Comp. Par&iacute;s 1.886.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-0011200500020000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>19.	Reverend, H&eacute;ctor: Datos biogr&aacute;ficos del Dr. Alejandro Pr&oacute;spero Reverend. Del archivo familiar. In&eacute;dito.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-0011200500020000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>	  	    <!-- ref --><p>21.	Bernal B, Velandia F.: Tuberculomas del sistema nervioso central. Neurolog&iacute;a Col. 1.984; 8: 41 45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-0011200500020000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>22.	Biom&eacute;dica, 2.004: 24 (supl): Tuberculosis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0120-0011200500020000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>23.	Cardona R, Ochoa A, Garc&iacute;a LF y cols.: Inmunoglobulinas en LCR y suero de pacientes con meningitis tuberculosa.. Acta M&eacute;dica Colombiana 1.986; 11: 43-51&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0120-0011200500020000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24.	Escobar J.A, Belsey MA, Due&ntilde;as A:, Medina P.: Infecciones agudas del sistema nervioso central en ni&ntilde;os de Cali, Colombia. Acta M&eacute;dica Valle. 1.976; 7: 1-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-0011200500020000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>25.	Escobar J A, Belsey MA, Medina P, Due&ntilde;as A.: Terapia con esteroides y reducci&oacute;n de mortalidad en meningitis tuberculosa. Acta M&eacute;dica Valle. 1.976; 7: 49-53.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-0011200500020000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p> 	 	    <!-- ref --><p>26.	Guzman S, Torres G.: Algunos comentarios sobre meningitis tuberculosa en la infancia. Rev. Soc. Col. De Pediatr&iacute;a y Puericultura. Vol. III N&deg; 1 y 2 enero- julio 1.960; 31-38.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-0011200500020000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>27.	Latorre P.: Tuberculosis: Lecciones derivadas del conocimiento de su historia natural. Acta M&eacute;dica Colomb. 1.988; 13: 101-105.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-0011200500020000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>28.	Lizarazo J.: Aparici&oacute;n parad&oacute;jica de tuberculomas encef&aacute;licos durante el tratamiento de tuberculosis en pacientes inmunocompetentes. Biom&eacute;dica 2.004; 24 (supl): 34-42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-0011200500020000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>29.	Luj&aacute;n-Piedrahita M, Gonz&aacute;lez-Arroyave AM, Tob&oacute;n AM, Cadena J. et al: Tuberculosis extrapulmonar en una poblaci&oacute;n VIH negativa. Acta Med Colomb 2.004; 29: 59-71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-0011200500020000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>30.	Palma R, Lizarazo J.: Meningitis tuberculosa. Un informe de 19 casos. Acta Neurol Colomb 1.986; 2:16-19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0120-0011200500020000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>31.	Palma R, Lizarazo J.: Absceso cerebral tuberculoso. Acta Neurol Colomb 1.987; 3: 16-19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0120-0011200500020000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>32.	Palma R., Lizarazo J, Vergara I, Toro G, Saravia J.: La infecci&oacute;n tuberculosa del sistema nervioso central. Acta Med Colomb 1.988; 13: 106-124.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0120-0011200500020000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>33.	Pinilla AE: Caso cl&iacute;nico de la Unidad de Medicina Interna Integral: TBC miliar con tuberculomas del sistema nervioso. rev.fac.med. UN Col. 1.995; 43: 78-86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0120-0011200500020000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>34.	Reverend AP: La &uacute;ltima enfermedad los &uacute;ltimos momentos y los funerales de Sim&oacute;n Bol&iacute;var Libertador de Colombia y del Per&uacute; por su m&eacute;dico de cabecera el Dr. A.P. Reverend. Imprenta Hispano- Americana de Casson y Comp. Par&iacute;s 1.886.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0120-0011200500020000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>35.	Rom&aacute;n G: Conceptos actuales sobre diagn&oacute;stico y tratamiento de la meningitis tuberculosa. Tribuna M&eacute;dica de Colombia. 1.976.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0120-0011200500020000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>36.	S&aacute;nchez E, Pardo R, Caballero A: Meningitis tuberculosa.&quot;Un vistazo a un viejo problema". Acta Neurol Colomb 1.992; 8: 143-150.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0120-0011200500020000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>37.	Toro G, Rom&aacute;n G, Navarro de Rom&aacute;n L: Neurolog&iacute;a Tropical. Aspectos neuropatol&oacute;gicos de la medicina tropical.Bogot&aacute;: Editorial Printer 1.983: 131-137.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0120-0011200500020000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>38.	Torres Uma&ntilde;a C.: Tuberculosis infantil. Facultad de Medicina Universidad Nacional, febrero 1.937; 7: 8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0120-0011200500020000900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>39.	Torres Uma&ntilde;a C.: Diagn&oacute;stico y semiolog&iacute;a pedi&aacute;tricos. Meningitis TBC. Bogot&aacute;: Osma 1956; II 731-732.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0120-0011200500020000900038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>40.	Trujillo J, Toro G, Corso C: Tuberculomas cerebrales. Rev.Fac. Med. UN Colombia 1.971; 37: 412-416.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0120-0011200500020000900039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>41.	Uribe Uribe A. A prop&oacute;sito de una meningitis tuberculosa. rev.fac.med. UN Colombia. 1.948; 17: 1-14.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0120-0011200500020000900040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>42.	Uribe H, Restrepo A, D&iacute;az F.: Estudio prospectivo cl&iacute;nico, microbiol&oacute;gico de la meningitis subaguda y cr&oacute;nica. Antioquia M&eacute;dica 1973; 23: 153-164.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0120-0011200500020000900041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>43.	Vergara I, Saravia J, Toro G, Rom&aacute;n G, Navarro L.: Meningitis del adulto. rev.fac.med. UN Colombia 1.971;37: 321-379.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0120-0011200500020000900042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>44.	Vergara I, Saravia J, Toro G. y col: La infecci&oacute;n tuberculosa del sistema nervioso central: Estudio de 165 casos. Acta Med Colomb. 1.976; 1: 33-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0120-0011200500020000900043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>45.	Vergara I, Saravia J, Toro G: Infecci&oacute;n tuberculosa del sistema nervioso central. En: Infecciones del sistema nervioso central. Editores: G. Toro, I. Vergara , J. Saravia, Ch. Poser. Bogot&aacute;. Fondo Educativo Interamericano S.A. 1.978. pp 76-93.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0120-0011200500020000900044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 	    <!-- ref --><p>46.	Vergara I.: Meningitis tuberculosa. En: Tratado de Medicina Interna. Editores: F. Chalem, J.Campos, R. Esguerra, Ph. Chalem. 4ª Edici&oacute;n. Bogot&aacute;. Editorial Celsus. 2.005. Vol. 1 pp 705-707.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0120-0011200500020000900045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> 	 </font> 	       ]]></body><back>
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