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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="right"><b>EDITORIAL </b></p>       <p><b>    <center><font face="verdana" size="4">Obesidad y peso al nacer</font></center></b></p>     <p>&nbsp; </p>     <p>Se ha dicho que el sujeto obeso podr&iacute;a ser un adicto a la comida y que podr&iacute;a pasar una gran parte de su vida en la ambivalencia entre sus ansias de comer y su deseo de bajar de peso. Comer en exceso se ha considerado como una manifestaci&oacute;n de falta de voluntad, de carencia de autocontrol y se ha calificado, en sociedades cristianas, como un pecado, el de la gula (1). Se ha propuesto que en la obesidad se presenta una deficiencia en los circuitos de recompensa de manera similar a lo que ocurre en la adicci&oacute;n a las drogas o al juego (2). Estudios con tomograf&iacute;a de emisi&oacute;n de positrones (PET) y radioligandos de los receptores de dopamina tipo 2 han mostrado disminuci&oacute;n en el n&uacute;mero de estos receptores en el cerebro de sujetos obesos que recuerda a las observadas en consumidores de coca&iacute;na y opi&aacute;ceos (3). Sin embargo se ha concluido, hasta ahora, que no es posible establecer si los cambios en los circuitos que involucran a los neurotransmisores cl&aacute;sicos son causa o consecuencia de la obesidad (4). En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, se ha avanzado en la comprensi&oacute;n de los mecanismos que intervienen en la sensaci&oacute;n de hambre y apetito y los efectos de hormonas y otros neurotransmisores se han involucrados en el disbalance energ&eacute;tico que conduce al incremento de peso, pero a&uacute;n falta mucho por elucidar sobre los eventos que conducen a la obesidad, eventos que parecen remontarse a la &eacute;poca fetal y posiblemente a la &eacute;poca anterior a la concepci&oacute;n y cuyo conocimiento posiblemente permita comprender la dificultad para luchar contra la obesidad, entidad que resulta de complejas interacciones entre la gen&eacute;tica y el medioambiente (5,6).</p>     <p>Los reci&eacute;n nacidos con peso bajo o elevado para la edad gestacional presentan una mayor susceptibilidad a desarrollar obesidad en la vida extrauterina (6). La obesidad materna se asocia con un mayor riesgo de peso elevado del reci&eacute;n nacido y un incremento de tejido adiposo durante la vida fetal (7). La resistencia a la insulina durante el embarazo es mayor en la gestante obesa y se acompa&ntilde;a de alteraciones en la placenta con aumento de la expresi&oacute;n de citocinas proinflamatorias, entre las cuales se encuentra el factor de necrosis tumoral a (TNF-a), citocinas que a su vez incrementan la resistencia a la insulina (8). Una mayor disponibilidad de glucosa, amino&aacute;cidos y &aacute;cidos grasos libres que pasan al feto favorecen el aumento de peso, pero no se descartan otros mecanismos que influyan en el incremento del tejido adiposo fetal (9). Se ha descrito una elevada frecuencia de resistencia a la insulina en ni&ntilde;os de 11 a&ntilde;os, hijos de madres obesas (10).</p>     <p>Llama la atenci&oacute;n la coexistencia de obesidad en adultos y desnutrici&oacute;n en los ni&ntilde;os de la misma familia en los pa&iacute;ses con un nivel de desarrollo intermedio. Esta paradoja podr&iacute;a deberse a condiciones socioecon&oacute;micas en las que intervienen adem&aacute;s del trabajo asalariado de las madres, el costo relativo de los alimentos, el &eacute;xodo de la regiones rurales a las urbanas y las consiguientes modificaciones en el estilo de vida (11). Pero otros factores adem&aacute;s de la dieta y del ejercicio f&iacute;sico de un sujeto podr&iacute;an intervenir en la relaci&oacute;n desnutrici&oacute;n temprana y obesidad del adulto. Los resultados de varios estudios epidemiol&oacute;gicos han llevado a considerar que la desnutrici&oacute;n en la vida intrauterina aumenta el riesgo de enfermedades cr&oacute;nicas de la vida adulta. Se ha planteado el concepto de programaci&oacute;n durante el desarrollo en el que un medioambiente prenatal desfavorable podr&iacute;a desencadenar adaptaciones que mejoran la supervivencia fetal o preparan al feto teniendo como expectativa un medioambiente particular (12). Se ha sugerido que el feto de una madre desnutrida responde a una suplencia energ&eacute;tica reducida mediante una modificaci&oacute;n permanente en la expresi&oacute;n de genes que le permiten optimizar la conservaci&oacute;n de energ&iacute;a y que luego, en el transcurso de la vida, ese sujeto presenta una propensi&oacute;n a desarrollar obesidad si tiene acceso a nutrientes de alto valor cal&oacute;rico (13).</p>     <p>Los niveles de leptina en el cord&oacute;n umbilical y en el plasma de los ni&ntilde;os con bajo peso al nacer est&aacute;n reducidos. Se ha postulado a partir de resultados obtenidos de estudios en animales que los niveles de leptina perinatales modifican la sensibilidad hipotal&aacute;mica a esta hormona y que la programaci&oacute;n de los circuitos hipotal&aacute;micos orexig&eacute;nicos ocurre en la vida intrauterina y en etapa posnatal temprana (14). Una falta relativa de sensibilidad a la leptina podr&iacute;a ser responsable de la ganancia r&aacute;pida (&rdquo;catch-up&rdquo;) de peso que presenta una gran parte de estos ni&ntilde;os en la vida posnatal y que tambi&eacute;n se ha observado en otras especies y parece corresponder a una respuesta para aumentar las posibilidades de supervivencia y reproducci&oacute;n cuando las fuentes externas son limitadas, a&uacute;n a costa de una disminuci&oacute;n de la duraci&oacute;n de la vida (15). En las especies estudiadas, el crecimiento r&aacute;pido se asocia m&aacute;s tarde a obesidad, resistencia a la insulina y diabetes. Trabajos realizados en roedores reci&eacute;n nacidos han demostrado que la restricci&oacute;n cal&oacute;rica postnatal previene estos efectos adversos en el rat&oacute;n de bajo peso al nacer y que la sobrealimentaci&oacute;n incluso en ratones de peso normal incrementa el riesgo de resistencia a la insulina y obesidad (16). </p>     <p>El estado nutricional de la madre, incluyendo el periodo de la preimplantaci&oacute;n, influye sobre el estado epigen&eacute;tico del feto mediante modificaciones postraduccionales (acetilaci&oacute;n, metilaci&oacute;n o fosforilaci&oacute;n) de histonas y por metilaci&oacute;n del DNA. Las alteraciones epigen&eacute;ticas tienen efectos sobre la estructura/estabilidad de la cromatina, la modulaci&oacute;n de genes espec&iacute;ficos de tejido y la impronta gen&oacute;mica (17). As&iacute; por ejemplo, una hipermetilaci&oacute;n del promotor del gen del supresor 3 de la se&ntilde;alizaci&oacute;n de citocinas (SOCS-3) provoca su represi&oacute;n. En la v&iacute;a de se&ntilde;alizaci&oacute;n de la leptina, el SOCS-3 es un inhibidor de la transducci&oacute;n desencadenada por la uni&oacute;n de la hormona a su receptor y adem&aacute;s interviene en la sensibilidad a la insulina. La metilaci&oacute;n incrementada de SOCS-3 podr&iacute;a provocar trastornos en el eje adipoinsular y alterar el desarrollo pancre&aacute;tico (18). Las modificaciones epigen&eacute;ticas pueden ser transmitidas de una generaci&oacute;n a la siguiente (19).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El descubrimiento de la leptina y las otras adipocitocinas que permitieron entender al tejido adiposo como un &oacute;rgano endocrino, el hallazgo de las incretinas, del ghrelin y los circuitos hipotal&aacute;micos que intervienen en la saciedad, han llevado a un mayor conocimiento de los mecanismos del apetito y una mayor comprensi&oacute;n de las complicaciones causadas por el exceso de tejido adiposo pero no han proporcionado los elementos suficientes para encontrar un tratamiento para la obesidad. La cirug&iacute;a bari&aacute;trica y los medicamentos como la sibutamina, el orlistat y el reciente rimonabant no constituyen la soluci&oacute;n para la mayor&iacute;a de los sujetos obesos (20,21). La prevenci&oacute;n de la obesidad es importante y si bien parece conveniente planear y ejercer medidas para disminuir el consumo de ciertos alimentos e incrementar el gasto energ&eacute;tico en los ni&ntilde;os de ciertos grupos poblacionales, otras acciones que involucren la b&uacute;squeda de un estado nutricional adecuado de las mujeres en edad necesarias. El neonato merece especial atenci&oacute;n, siendo indispensable establecer pautas bien definidas sobre el manejo del reci&eacute;n nacido con bajo peso y los m&aacute;rgenes entre los cuales se debe mantener su velocidad de ganancia de peso.  </p>     <p align="right"><b>Ismena V. Mockus S.</b>    <br>   Docente    <br>   Facultad de Medicina.     <br>   Universidad Nacional de Colombia    <br>   correspondencia: <a href="mailto:ivmockuss@unal.edu.co">ivmockuss@unal.edu.co</a></p>     <p><b><font face="verdana" size="3">Referencias</font></b></p>     <p>1. Elster J. Sobre las pasiones. Emoci&oacute;n, adicci&oacute;n y conducta humana. Ediciones Paid&oacute;s Ib&eacute;rica, 2001.</p>     <p> 2. Nestler EJ. Is there a common molecular pathway for addiction? Nat Neurosci. 2005; 8:1445-1449.</p>     <p> 3. Wang GJ, Volkow ND, Logan J, Pappas NR, Wong CT, Wei Zhu W, et al. Brain dopamine and obesity. Lancet. 2001; 357:354-357. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> 4. Volkow ND, Wise RA. How can drug addiction help us understand obesity? Nat Neurosci. 2005; 8:555-560.</p>     <p> 5. Arora S, Anubhuti. Role of neuropeptides in appetite regulation and obesity &ndash; A review. Neuropeptides. 2006; 40:375-401.</p>     <p> 6. McMillen IC, Edwards LJ, Duffield J, Muhlhausler BS. Early origins of obesity: programming the appetite regulatory system. J Physiol. 2005; 565:9-17.</p>     <p> 7. Catalano PM. Obesity and Pregnancy&mdash;The Propagation of a Viscous Cycle?. J Clin Endocrinol Metab. 2003; 88:3505-3506.</p>     <p> 8. Varastehpour A, Radaelli T, Minium J, Ortega H, Herrera E, Catalana P, et al. Activation of phospholipase A2 is associated with generation of placental lipid signals and fetal obesity. J Clin Endocrinol Metab. 2006; 91:248-255</p>     <p> 9. Catalano PM, Kirwan JP, Haugel-de Mouzon S, King J. Gestational diabetes and insulin resistance: Role in short- and long-term implications for mother and fetos. J Nutr. 2003; 133:1674S-1683S.</p>     <p> 10. Boney CM, Verma A, Tucker R, Vohr BR. Metabolic syndrome in childhood: association with birth weight, maternal obesity, and gestational diabetes mellitus. Pediatrics. 2005; 115:290-296.</p>     <p> 11. Caballero B. A nutrition paradox - Underweight and obesity in developing countries. N Engl J Med. 2005: 325;1514-1516.</p>     <p> 12. MCmillen IC, Robinson JS. Developmental origins of the metabolic syndrome: prediction, plasticity, and programming. Physiol Rev. 2005; 85:571-633.</p>     <p> 13. Schwartz J, Morrison JL. Impact and mechanisms of fetal physiological programming. Am J Physiol Regulatory Integrative Comp Physiol. 2005; 288:11-15.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> 14. McMillen IC, Edwards LJ, Duffield J, Muhlhausler BS. Regulation of leptin synthesis and secretion before birth: implications for the early programming of adult obesity. Reproduction. 2006; 131:415-427.</p>     <p> 15. Jim&eacute;nez-Chillaron JC, Patti ME. To catch up or not to catch up: is this the question? Lessons from animal models. Curr Opin Endocrinol Diabetes Obes. 2007: 14:23-29.</p>     <p> 16. Hales CN, Ozanne DE. The dangerous road of catch-up growth. J. Physiol. 2003; 547:5-10.</p>     <p> 17. Charalambous M, Teixeira da Rocha S, Ferguson-Smith AC. Genomic imprinting, growth control and the allocation of nutritional resources: consequences for postnatal life. Curr Opin Endocrinol Diabetes Obes. 2007; 14:3-12.</p>     <p> 18. Holness MJ, Sugden MC. Epigenetic regulation of metabolism in children born small for gestational age. Curr Opin Clin Nutr Metab Care. 2006; 9:482-488.</p>     <p> 19. Wu Q, Suzuki. Parental obesity and overweight affect the body-fat accumulation in the offspring: the possible effect of a high-fat diet through epigenetic inheritance. Obesity reviews. 2006; 7:201-208.</p>     <p> 20. Xanthakos SA, Inge TH. Nutritional consequences of bariatric surgery. Curr Opin Clin Nutr Metab Care. 2006; 9:489-496.</p>     <p>   21. Padwal RS, Majumdar SR. Drug treatments for obesity: orlistat, sibutramine, and rimonabant. Lancet. 2007; 369:71-77. </p> </font>      ]]></body>
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