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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">      <p> <font size="4">        <center>     <b>PAUL RIC&#338;UR, <i>IN MEMORIAM</i> </b>    </center>   </font></p>     <p><font size="3">        <center>     <b>PAUL RIC&#338;UR, <i>IN MEMORIAM</i> </b>    </center>   </font></p>      <p><b>Luis Augusto Campos, pbro.</b><sup><a href="#1">1</a></sup> </p>     <p><a href="mailto:camposluisaugusto@hotmail.com">camposluisaugusto@hotmail.com</a>  </p> <hr size="2">     <p>        <center>     <b>El reconocimiento y el olvido imposible</b>    </center> </p>     <p>&quot;&iquest;Hasta nuestra muerte, el olvido por la puesta en reserva ser&aacute;    tan fuerte como el olvido por la desaparici&oacute;n de las huellas?&quot; (Ric&#339;ur    2002: 91). El viernes 20 de mayo de 2005 muere Paul Ric&#339;ur en su casa,    en las afueras de Par&iacute;s. Una obra como la suya no puede ni ser dejada    de lado, ni ser borrada como las huellas que desaparecen. Admiraci&oacute;n    y observaci&oacute;n atenta son las actitudes que suscita en el lector com&uacute;n    o en el investigador toda aproximaci&oacute;n a la vida y a la obra de este    pensador. Admiran la integraci&oacute;n natural que este fil&oacute;sofo logr&oacute;    entre una personalidad inmensamente rica, y la sencillez y gran capacidad de    apertura, de atenci&oacute;n y de di&aacute;logo con sus interlocutores, vinieren    de donde vinieren. Admira, as&iacute; mismo, la magnitud de una obra que puede    ser considerada como monumental por la riqueza de sus fuentes, la variedad y    complejidad de sus an&aacute;lisis y discusiones, as&iacute; como por la abundancia    de sus producciones. La finura con que perfila y asume sus posiciones metodol&oacute;gicas,    as&iacute; como la amplitud y rigurosa articulaci&oacute;n de la problem&aacute;tica    filos&oacute;fica e intelectual por &eacute;l desarrollada, exigen del lector    un minucioso trabajo de reflexi&oacute;n para abrirse a la comprensi&oacute;n    de aquello que &eacute;l mismo llama el &quot;mundo del texto&quot;, descubierto    por sus escritos.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   El t&iacute;tulo de una de sus obras, realizada bajo la forma de entrevista,    poco usual en &eacute;l, identifica muy bien los t&eacute;rminos de la tensi&oacute;n    que caracteriza su vida y su obra: la cr&iacute;tica y la convicci&oacute;n    (<i>cf</i>. Ric&#339;ur 1995). En Ric&#339;ur, el desenlace de su vida va estrechamente    unido a las &quot;peripecias&quot; de su pensamiento. Por una parte, su precoz    iniciaci&oacute;n en el mundo de los libros, debida a la educaci&oacute;n recibida    y a una cierta soledad en la cual creci&oacute; por la temprana muerte de sus    padres, hizo de &eacute;l un lector &aacute;vido, un gran conocedor de la tradici&oacute;n    filos&oacute;fica y un analista agudo de las ideas de su tiempo: pr&aacute;cticamente    estuvo presente en todos los grandes debates intelectuales del siglo veinte.    Por otra parte, la formaci&oacute;n protestante recibida en su hogar hizo de    &eacute;l un creyente confeso y militante, hecho que determin&oacute; decididamente    un firme compromiso socio-pol&iacute;tico y algunos de sus intereses intelectuales,    especialmente los que tienen que ver con sus estudios de hermen&eacute;utica    aplicada al campo b&iacute;blico.    <br>   Ric&#339;ur naci&oacute; el 27 de febrero de 1913, en Valence (Francia). Su    formaci&oacute;n escolar b&aacute;sica culmin&oacute; en la secundaria con un    vivo inter&eacute;s por la filosof&iacute;a, gracias especialmente a la influencia    de su maestro, el profesor Dalbiez. Desde este momento, su vocaci&oacute;n filos&oacute;fica    se perfil&oacute; con gran nitidez. Su trabajo de &quot;ma&icirc;trise&quot;,    <i>Le probl&egrave;me de Dieu chez Lachelier et Lagneau</i>, de 1934, lo introdujo    de lleno en una de las corrientes del pensamiento franc&eacute;s de la cual    se reconoce profundamente deudor, la &quot;filosof&iacute;a reflexiva&quot;,    que conocer&aacute; una significativa innovaci&oacute;n con otro pensador muy    influyente en Ric&#339;ur, Jean Nabert. Importante fue para &eacute;l su vinculaci&oacute;n    a los famosos &quot;viernes&quot; del c&iacute;rculo de Gabriel Marcel, as&iacute;    como su contacto con pensadores como Robin, Br&eacute;hier y Brunschvicg, siendo    estudiante en la Sorbona. De esta misma &eacute;poca, los a&ntilde;os treinta,    data su lectura cuidadosa de Marcel y de Husserl, as&iacute; como su simpat&iacute;a    por la b&uacute;squeda, hecha al lado de Mounier, de una &quot;tercera v&iacute;a&quot;,    personalista, distinta de las propuestas por el materialismo individualista    y el materialismo colectivista.    <br>   El inter&eacute;s por un cristianismo social, apoyado por los movimientos de    la juventud socialista, tiene una diversidad de fuentes de inspiraci&oacute;n,    que van desde Karl Barth y de Andr&eacute; Philip, hasta Marx y Henri de Man,    adem&aacute;s de los aportes recibidos por la vinculaci&oacute;n directa a varias    publicaciones como la <i>Revue du christianisme social</i>, <i>&Ecirc;tre</i>    o <i>Terre nouvelle</i>, revista de extrema izquierda, concebida como &oacute;rgano    de cristianos revolucionarios y de trabajadores partidarios de la revoluci&oacute;n    social. Esta preocupaci&oacute;n social se enriquecer&iacute;a con las tesis    pacifistas que propugnaba Ric&#339;ur en la l&iacute;nea de la izquierda socialista    o an&aacute;rquico-sindicalista. La lectura de Heidegger ocupa su atenci&oacute;n    en esta &eacute;poca, que coincide con su servicio militar y su posterior movilizaci&oacute;n    para la segunda guerra mundial, en septiembre de 1939.    <br>   Su dedicaci&oacute;n al trabajo intelectual no se detuvo, ni siquiera en esta    etapa oscura de la historia. Enviado a un campo de prisioneros en Pomerania,    entre 1940 y 1945, no tard&oacute; en conformar un c&iacute;rculo de fil&oacute;sofos    en el cual se impuls&oacute; una intensa actividad intelectual y cultural. Los    a&ntilde;os que siguen a la liberaci&oacute;n est&aacute;n marcados por una    intensa difusi&oacute;n del pensamiento de Sartre y, en lo que respecta a Ric&#339;ur,    por su incursi&oacute;n en el universo del existencialismo (bajo la influencia    de Marcel, de Jaspers y de Kierkegaard) y de la fenomenolog&iacute;a, bajo la    inspiraci&oacute;n de Merleau-Ponty.     <br>   Su experiencia docente en Estrasburgo, de 1948 a 1956, representa un per&iacute;odo    de una muy rica actividad intelectual. Los tr&aacute;gicos acontecimientos del    siglo veinte suscitan una intensa reflexi&oacute;n sobre el fen&oacute;meno    de la violencia y de la barbarie, tal como lo testimonian textos c&eacute;lebres    como el de Jaspers, <i>La culpabilidad alemana</i>, o aquel de Hans Jonas, <i>El    concepto de Dios despu&eacute;s de Auschwitz</i>. Por su parte, Ric&#339;ur    comienza una cuidadosa investigaci&oacute;n, que se prolongar&aacute; pr&aacute;cticamente    hasta el final de su vida, sobre la cuesti&oacute;n de la culpabilidad y del    mal. Es preciso problematizar, tanto como sea posible, los fundamentos de la    culpabilidad. La aproximaci&oacute;n ric&#339;uriana conocer&aacute;, entonces,    una considerable ampliaci&oacute;n de horizontes: de la filosof&iacute;a pasa    a la Biblia, al psicoan&aacute;lisis y a la teolog&iacute;a misma, de la cual    criticar&aacute; frontalmente la que ser&aacute; caracterizada como &quot;mito-moral&quot;    del pecado, propugnando la superaci&oacute;n de la &quot;cultura del pecado    original&quot; y proponiendo una &quot;moral sin pecado&quot;. Todos estos an&aacute;lisis    van a llevar a Ric&#339;ur a la elaboraci&oacute;n de uno de los temas decisivos    de su filosof&iacute;a, la &quot;ontolog&iacute;a de la desproporci&oacute;n&quot;    y de la asimetr&iacute;a, verdadero soporte de un ambicioso proyecto, una &quot;filosof&iacute;a    de la voluntad&quot;, que comenzar&aacute; a cristalizarse un poco m&aacute;s    tarde en dos obras mayores, <i>El voluntario y el Involuntario y Finitud y culpabilidad</i>.    <br>   Al tiempo que esta gran empresa comienza a adelantarse, los temas abordados    por Ric&#339;ur se multiplican, coincidiendo con una estrecha vinculaci&oacute;n    a la revista <i>Esprit</i>. As&iacute;, pues, pasar&aacute;n por su pluma problem&aacute;ticas    tales como la historia, la pol&iacute;tica y sus paradojas, la cuesti&oacute;n    fronteriza de la relaci&oacute;n entre <i>socius</i> y pr&oacute;jimo, los v&iacute;nculos    entre <i>logos</i> filos&oacute;fico y sus fuentes no-filos&oacute;ficas. Menci&oacute;n    especial merece la introducci&oacute;n de Husserl en el &aacute;mbito franc&eacute;s,    cuyos antecedentes se remontan a la &eacute;poca de su cautividad, durante la    segunda guerra; all&iacute;, en el campo de prisioneros y de manera clandestina,    Ric&#339;ur tradujo, en las m&aacute;rgenes del texto alem&aacute;n, las <i>Ideas</i>    de Husserl.    <br>   Los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la d&eacute;cada de los cincuenta y todos    los sesenta representan, en la vida de Ric&#339;ur, un per&iacute;odo de una    intensidad poco com&uacute;n. Al tiempo que se va perfilando su consagraci&oacute;n    como profesor en la Sorbona, se formaliza su pertenencia a la comunidad intelectual,    lideraba por Mounier en las afueras de Par&iacute;s, conocida con el nombre    de &quot;Les Murs blancs&quot;. Una verdadera pl&eacute;yade de pensadores se    congrega all&iacute;: adem&aacute;s de Mounier y de Ric&#339;ur, viven all&iacute;    Marrou, Domenach, Fraisse y Badoulene. En lo que respecta a su militancia pol&iacute;tica,    &eacute;sta sigue los cauces del cristianismo social, con el cual simpatizaba    ya, al tiempo que su pacifismo se centra en una cr&iacute;tica abierta a la    guerra en Argelia.    <br>   El t&iacute;tulo de un c&eacute;lebre art&iacute;culo de 1958, que aparecer&aacute;    igualmente en la conclusi&oacute;n de la <i>Simb&oacute;lica del mal</i>, se&ntilde;alar&aacute;    la ruta por donde se aventurar&aacute; el pensamiento ric&#339;uriano y que    caracterizar&aacute; definitivamente su filosof&iacute;a: &quot;El s&iacute;mbolo    da qu&eacute; pensar&quot;. Se est&aacute; aqu&iacute; en el umbral de aquello    que Ric&#339;ur mismo llamar&aacute; la &quot;<i>greffe</i>&quot; (el injerto)    de la hermen&eacute;utica sobre la fenomenolog&iacute;a. Precisamente, como    respuesta a la cuesti&oacute;n referente a la tradici&oacute;n filos&oacute;fica    a la cual &eacute;l mismo reconoce pertenecer, Ric&#339;ur afirma: &quot;Yo    quisiera caracterizar la tradici&oacute;n filos&oacute;fica de la cual dependo    con tres rasgos: est&aacute; en la l&iacute;nea de una filosof&iacute;a <i>reflexiva</i>;    permanece en la esfera de influencia de la <i>fenomenolog&iacute;a</i> husserliana;    quiere ser una variante <i>hermen&eacute;utica</i> de esta fenomenolog&iacute;a&quot;(    Ric&#339;ur 1986a: 25).    <br>   Esta triple referencia filos&oacute;fica est&aacute; en relaci&oacute;n estrecha    con el proyecto fundamental que atraviesa la obra de Ric&#339;ur y que, seg&uacute;n    &eacute;l mismo, consiste en la elaboraci&oacute;n de una &quot;antropolog&iacute;a    filos&oacute;fica&quot;. Por una parte, es preciso reconocer en cada una de    estas l&iacute;neas unas problem&aacute;ticas propias, al tiempo que un inter&eacute;s    com&uacute;n por reflexionar sobre la cuesti&oacute;n del estatuto y del conocimiento    que el sujeto tiene de s&iacute; mismo. Por otra parte, y de modo inverso, la    reflexi&oacute;n constante y progresiva sobre el &laquo;s&iacute; mismo&raquo;    constituye uno de los factores que va a obligar a Ric&#339;ur a revisar, a reformular    y a modificar sus presupuestos metodol&oacute;gicos y sus posiciones te&oacute;ricas.    <br>   En raz&oacute;n de la importancia que tiene esta triple referencia dentro del    desarrollo del pensamiento ric&#339;uriano, vale la pena detenerse en esta cuesti&oacute;n.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Seg&uacute;n Ric&#339;ur, la c&eacute;lebre tesis kantiana seg&uacute;n la cual    el &quot;yo pienso&quot; debe poder acompa&ntilde;ar todas las representaciones,    constituye una especie de patrimonio com&uacute;n a las diferentes variantes    del pensamiento reflexivo. Sin embargo, la f&oacute;rmula es susceptible de    un serio cuestionamiento en lo que se refiere a la manera como el &quot;yo pienso&quot;    se conoce o se reconoce a s&iacute; mismo. La cuesti&oacute;n puede formularse    de la siguiente manera: la reivindicaci&oacute;n de aquella forma de pensamiento    reflexivo, que supone una total transparencia de la conciencia y una perfecta    coincidencia del sujeto consigo mismo &iquest;es verdaderamente sostenible?    Seg&uacute;n Ric&#339;ur, al interior mismo de la filosof&iacute;a hay siempre    un momento reflexivo gracias al cual el sujeto realiza un retorno para reapropiarse    de s&iacute; mismo. Sin embargo, este movimiento reflexivo no tiene nada que    ver con la pretenciosa afirmaci&oacute;n seg&uacute;n la cual la conciencia    est&aacute; en condiciones de captarse y de afirmarse a s&iacute; misma de un    modo directo. Por ello, el interrogante puesto a la f&oacute;rmula kantiana    sugiere la existencia de ciertos elementos de opacidad y de sombra en el conocimiento    que el sujeto tiene de s&iacute; mismo. Y si tal es el caso, la investigaci&oacute;n    sobre la condici&oacute;n del sujeto debe explorar otras perspectivas diferentes    de esta filosof&iacute;a reflexiva de corte subjetivista.    <br>   La fenomenolog&iacute;a, tempranamente descubierta y largamente explorada por    Ric&#339;ur (<i>cf</i>. Ric&#339;ur 1986b; 1986a: 39-73), aparece a sus ojos    como una &quot;variante innovadora de la tradici&oacute;n reflexiva del pensamiento    moderno&quot; (Ric&#339;ur 2002: 7). Ric&#339;ur reconoce, sin dudarlo un instante,    el valor inapreciable de la fenomenolog&iacute;a en cuanto m&eacute;todo descriptivo    que permite aprehender los fen&oacute;menos en su fondo esencial, as&iacute;    como las articulaciones fundamentales de la experiencia. Sin embargo, &eacute;l    es muy cr&iacute;tico frente a ciertas posiciones de la fenomenolog&iacute;a    consideradas como idealistas, en la medida en que en ellas aparece siempre presente    la pretensi&oacute;n de la conciencia a la &quot;autofundaci&oacute;n radical    en la m&aacute;s completa claridad intelectual&quot; (Ric&#339;ur 1986a: 26).    De modo parad&oacute;jico, la fenomenolog&iacute;a misma cuenta con valiosos    recursos para desarrollar la autocr&iacute;tica necesaria que le permita superar    esta desviaci&oacute;n idealista, que encarna el sue&ntilde;o de una &quot;fundaci&oacute;n    radical en la transparencia del sujeto a s&iacute; mismo&quot; (Ric&#339;ur    1986a: 26). Pi&eacute;nsese particularmente en lo que comporta el descubrimiento    fundamental de la fenomenolog&iacute;a, a saber, la intencionalidad: la conciencia    se manifiesta siempre como volcada hacia fuera, lo que quiere decir que la conciencia    &quot;de algo&quot; prima siempre sobre la conciencia de s&iacute;. A este respecto    sostiene Ric&#339;ur que &quot;en su sentido riguroso, la intencionalidad significa    que el <i>acto</i> de apuntar a algo no se alcanza a s&iacute; mismo sino por    medio de la unidad identificable e re-identificable de <i>sentido</i> visualizado&quot;    (Ric&#339;ur 1986a: 26). Esto significa que una conciencia aislada, capaz de    una inmediatez total respecto de s&iacute; misma, absolutamente independiente    de su visualizaci&oacute;n de sentido, es inconcebible. As&iacute;, la identificaci&oacute;n    entre conciencia y conciencia-de-s&iacute; queda definitivamente rota. La pretensi&oacute;n    de una transparencia inmediata y absoluta de la conciencia se presenta, entonces,    como irrealizable, a la vez que exige la b&uacute;squeda de otros caminos para    sobrepasar esta apor&iacute;a de la fenomenolog&iacute;a idealista.    <br>   La apertura de la fenomenolog&iacute;a hacia otras opciones metodol&oacute;gicas    y te&oacute;ricas es preparada y realizada por Ric&#339;ur en sus investigaciones    sobre la voluntad. En una primera instancia, la atenci&oacute;n se centra en    la dualidad fundamental del sujeto, que vive la tensi&oacute;n entre lo voluntario    y lo involuntario, &eacute;ste &uacute;ltimo considerado como originario y primordial.    Ahora bien, si es cierto que en la constituci&oacute;n misma del hombre existe    tal ruptura, tal debilidad radical &iquest;puede &eacute;l reivindicar la pretensi&oacute;n    de considerarse como origen y fundamento &uacute;ltimo? Esta fractura, de orden    estructural u &quot;ontol&oacute;gico&quot;, sugiere la necesidad de continuar    el an&aacute;lisis sobre la condici&oacute;n del sujeto por otros caminos. La    problem&aacute;tica se agudiza una vez que Ric&#339;ur toma en consideraci&oacute;n    una cuesti&oacute;n que, hasta ahora, hab&iacute;a dejado en suspenso. Se trata,    en efecto, de ir m&aacute;s all&aacute; de la simple dial&eacute;ctica voluntario-involuntario,    para centrarse en un punto m&aacute;s radical a&uacute;n, que se refiere a las    experiencias de no-ser (enti&eacute;ndase, experiencias de mal) atestiguadas    de modo privilegiado por la voluntad. La voluntad est&aacute; en tensi&oacute;n    consigo misma, en la medida en que ella puede situarse de manera activa y efectiva    en el origen mismo de esta negatividad<sup><a href="#2">2</a></sup>.     <br>   La investigaci&oacute;n se proyecta, a partir de este momento, m&aacute;s all&aacute;    del an&aacute;lisis &quot;neutro&quot; del deseo y de la emoci&oacute;n, para    reflexionar sobre el r&eacute;gimen concreto e hist&oacute;rico de la voluntad.    Aqu&iacute; &eacute;sta &uacute;ltima se presenta no simplemente como finita    y limitada, sino tambi&eacute;n como falible, expuesta a la servidumbre de las    pasiones, capaz de realizar efectivamente el mal.    <br>   &quot;Ex&eacute;gesis&quot; y &quot;culpabilidad&quot; son dos palabras que    caracterizan esta etapa en la cual entra el pensamiento de Ric&#339;ur. Un arduo    trabajo de interpretaci&oacute;n y de decodificaci&oacute;n se perfila en el    horizonte, centrado sobre la experiencia de un no-ser en el ser humano, reflejado    en la situaci&oacute;n de falta y culpabilidad. La consecuencia antropol&oacute;gica    es importante: la referencia a la deficiencia ontol&oacute;gica es inevitable;    toda comprensi&oacute;n de s&iacute; que descuide esta insuficiencia, es incompleta.    Al ser humano le pertenece esta ruptura. El <i>Cogito</i> real que debe ser    comprendido, es un &quot;<i>Cogito</i> roto&quot;.    <br>   Seg&uacute;n Ric&#339;ur, la realizaci&oacute;n efectiva del mal por parte del    hombre no es algo que se pueda explicar, sino que se debe narrar. Por ello,    para estudiar esta problem&aacute;tica de la condici&oacute;n culpable del hombre,    Ric&#339;ur centra el an&aacute;lisis en la interpretaci&oacute;n de los grandes    s&iacute;mbolos y mitos a trav&eacute;s de los cuales la humanidad ha expresado    esta conciencia de la culpabilidad, lo cual ser&aacute; el tema de <i>La simb&oacute;lica    del mal</i>. La entrada en la hermen&eacute;utica queda as&iacute; cumplida.    <br>   Por decirlo de manera concisa, la posici&oacute;n hermen&eacute;utica en la    cual se sit&uacute;a definitivamente Ric&#339;ur tiene como tesis central la    afirmaci&oacute;n del car&aacute;cter mediato de la comprensi&oacute;n de s&iacute;.    El hombre solamente se comprende a s&iacute; mismo gracias a un laborioso rodeo    a trav&eacute;s de ciertas mediaciones que, para Ric&#339;ur, son fundamentalmente    los signos, los s&iacute;mbolos y los textos. Para el fil&oacute;sofo, &quot;una    filosof&iacute;a hermen&eacute;utica es una filosof&iacute;a que asume todas    las exigencias de este largo rodeo, y que renuncia al sue&ntilde;o de una mediaci&oacute;n    total, al final de la cual la reflexi&oacute;n se igualar&iacute;a nuevamente    a la intuici&oacute;n intelectual en la transparencia a s&iacute; mismo de un    sujeto absoluto&quot; (Ric&#339;ur 1986a: 32).    <br>   La hermen&eacute;utica de los signos subraya la condici&oacute;n originariamente    &quot;ling&uuml;&iacute;stica&quot; de la experiencia humana: todo lo que el    hombre percibe y vive, incluso sus deseos m&aacute;s ocultos, es susceptible    de ser llevado al lenguaje para ser dicho: &quot;como la palabra es escuchada    antes de ser pronunciada, el m&aacute;s corto camino de s&iacute; a s&iacute;    mismo es la palabra del otro, que me hace recorrer el espacio abierto de los    signos&quot; (Ric&#339;ur 1986a: 33).    <br>   Concebidos los s&iacute;mbolos como expresiones de doble sentido, la hermen&eacute;utica    de los mismos consiste en la explicitaci&oacute;n y explicaci&oacute;n del &quot;sentido    segundo&quot; escondido. En este per&iacute;odo de elaboraci&oacute;n de una    hermen&eacute;utica de los s&iacute;mbolos, la filosof&iacute;a de Ric&#339;ur    asume un car&aacute;cter claramente conflictivo, dando lugar al famoso &quot;conflicto    de las interpretaciones&quot;, que se debate entre la desmitificaci&oacute;n    total del simbolismo y la recolecci&oacute;n de un sentido todav&iacute;a m&aacute;s    rico. Una vez m&aacute;s hay que llamar la atenci&oacute;n sobre lo asombroso    del escenario intelectual de discusi&oacute;n y de confrontaci&oacute;n en el    cual se mueve Ric&#339;ur. En efecto, su paso por los &quot;maestros de la sospecha&quot;,    deteni&eacute;ndose de modo especial en Freud, cuya obra analiza exhaustivamente    desde el punto de vista filos&oacute;fico, se prolonga en su confrontaci&oacute;n    abierta con Lacan, con el estructuralismo y con el marxismo althusseriano, as&iacute;    como en el &quot;combate amoroso&quot; con Greimas. La cuesti&oacute;n de la    desmitologizaci&oacute;n ser&aacute; abordada desde el punto de vista de la    teolog&iacute;a, cat&oacute;lica y protestante, al tiempo que los trabajos sobre    hermen&eacute;utica b&iacute;blica se desarrollar&aacute;n sin pausa. Una temperada    incursi&oacute;n en la filosof&iacute;a de Heidegger viene acompa&ntilde;ada    de la definici&oacute;n m&aacute;s clara de un horizonte que estaba ya presente    a comienzos de su obra, el po&eacute;tico.    <br>   La hermen&eacute;utica de los textos puede ser considerada como abiertamente    militante, habiendo pasado ya la etapa de la legitimaci&oacute;n. En realidad,    para Ric&#339;ur, la textualidad constituye la justa escala en la cual se puede    desarrollar ampliamente la &quot;plurivocidad&quot; del s&iacute;mbolo, a la    vez que permite el despliegue del conflicto de las interpretaciones concurrentes.    La entrada de la hermen&eacute;utica en el universo del texto, es decir, del    <i>logos</i>, es decisiva. Para Ric&#339;ur, hay hermen&eacute;utica all&iacute;    donde el acento es puesto sobre el <i>verbo</i>, tr&aacute;tese de la palabra    o de la escritura. Hay hermen&eacute;utica all&iacute; donde el acento es puesto    sobre la historicidad de la transmisi&oacute;n de la palabra proclamada. Hay    hermen&eacute;utica all&iacute; donde la actividad de interpretaci&oacute;n    es incorporada a la constituci&oacute;n misma de la tradici&oacute;n: interpretaci&oacute;n    de la palabra transmitida, interpretaci&oacute;n en el coraz&oacute;n mismo    de la actividad de transmisi&oacute;n. Y como elemento com&uacute;n a estos    tres rasgos de la hermen&eacute;utica, Ric&#339;ur se&ntilde;ala el elemento    de la proclamaci&oacute;n.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Es precisamente en este contexto donde Ric&#339;ur propone sus &quot;criterios    de la textualidad&quot;, que representar&aacute;n uno de sus m&aacute;s importantes    aportes personales al gran movimiento filos&oacute;fico de la hermen&eacute;utica.    Ricoeur los enuncia as&iacute;: 1) Efectuaci&oacute;n del lenguaje como discurso.    2) Efectuaci&oacute;n del discurso como obra estructurada, gracias a lo cual    un procedimiento de &quot;distanciaci&oacute;n&quot; garantiza la autonom&iacute;a    y la independencia del discurso respecto de su autor, de su contexto y de sus    destinatarios primitivos, lo cual permite que el discurso, as&iacute; como la    obra de arte, permanezca abierto a un n&uacute;mero indeterminado de interpretaciones.    La hermen&eacute;utica buscar&aacute; entonces la restituci&oacute;n de un acontecimiento    original a trav&eacute;s de un trabajo de reconstrucci&oacute;n, a partir de    la estructura interna de una forma de discurso espec&iacute;fico<sup><a href="#3">3</a></sup>.    3) Relaci&oacute;n estrecha entre la palabra y la escritura, &eacute;sta &uacute;ltima    garante tambi&eacute;n de una especial autonom&iacute;a del texto. 4) La proyecci&oacute;n    de un mundo en la obra del discurso, es decir la &quot;cosa del texto&quot;,    el &quot;mundo del texto&quot;. Ric&#339;ur es muy claro a este respecto en    la medida en que su visi&oacute;n representa una clara demarcaci&oacute;n respecto    de otras concepciones de la hermen&eacute;utica, especialmente aquella de corte    rom&aacute;ntico: &quot;Recu&eacute;rdese nuestra insistencia en definir la    tarea de hermen&eacute;utica no m&aacute;s a partir de la intenci&oacute;n del    autor, supuestamente escondida detr&aacute;s del texto, sino a partir de la    calidad de ser-en-el-mundo desplegado delante del texto, como la referencia    de ese texto&quot;<sup><a href="#4">4</a></sup> (Ricoeur 1984: 46). 5) La apropiaci&oacute;n    del mundo del texto. ya que &quot;comprender es comprenderse delante del texto&quot;    (Ricoeur 1986&ordf;: 116-117). En efecto, el sujeto renuncia a imponer al texto    su capacidad limitada de comprensi&oacute;n. para &quot;exponerse al texto y    recibir de &eacute;l un s&iacute; m&aacute;s vasto&quot;<sup><a href="#5">5</a></sup>.    En consecuencia, tanto el discurso como la obra de discurso son considerados    como mediaci&oacute;n en la comprensi&oacute;n que el sujeto tiene de s&iacute;    mismo.    <br>   Se comprende ahora m&aacute;s claramente c&oacute;mo este tipo de hermen&eacute;utica    juega en Ric&#339;ur un papel decisivo en la constituci&oacute;n de su antropolog&iacute;a    filos&oacute;fica. Por una parte, hay que mencionar la prolongaci&oacute;n de    esta hermen&eacute;utica textual en una hermen&eacute;utica de la acci&oacute;n,    en la medida en que &eacute;sta &uacute;ltima puede estructurarse con los mismos    criterios y elementos de un texto. Por otra parte, se aprecia mejor que todo    este largo rodeo por el mundo de los signos, de los s&iacute;mbolos y de los    textos, tiene como meta &uacute;ltima la constituci&oacute;n de una &quot;hermen&eacute;utica    de s&iacute;&quot;, meta &uacute;ltima del proyecto filos&oacute;fico de Ricoeur.    <br>   En esta laboriosa investigaci&oacute;n sobre los textos se enmarcan sus trabajos    sobre la met&aacute;fora y la narraci&oacute;n, que coinciden con una intensa    actividad acad&eacute;mica en Europa y en los Estados Unidos, especialmente    en Chicago, donde suceder&aacute; a Tillich y trabajar&aacute; de cerca con    uno de sus grandes amigos, Eliade. De esta &eacute;poca son los textos considerados    como &quot;gemelos&quot;, <i>La Met&aacute;fora viva</i> y <i>Tiempo y narraci&oacute;n</i>,    obras que abordan el tema de la actividad creadora de la imaginaci&oacute;n,    m&aacute;s precisamente de la innovaci&oacute;n sem&aacute;ntica que se produce    a nivel del discurso. De lo que se trata es de la producci&oacute;n de una &quot;nueva    pertinencia sem&aacute;ntica a trav&eacute;s de una atribuci&oacute;n impertinente&quot;,    en el caso de la met&aacute;fora, o de la producci&oacute;n de una &quot;nueva    congruencia en el tratamiento de los incidentes&quot;, en el caso de la &quot;intriga    fingida&quot; propia de la narraci&oacute;n (Ric&#339;ur 1983: 11).    <br>   La experiencia temporal del hombre es asumida igualmente en esta discusi&oacute;n.    Agust&iacute;n hab&iacute;a presentado ya las apor&iacute;as de la concepci&oacute;n    del tiempo, problema que es asumido por una gran tradici&oacute;n de pensamiento    que pasa por Kant, Husserl y Heidegger. En realidad, seg&uacute;n Ric&#339;ur,    una reflexi&oacute;n &quot;pura&quot; acerca del tiempo es imposible, por lo    cual es preciso recurrir a la interpretaci&oacute;n. Entre el &quot;tiempo del    mundo&quot; y el &quot;tiempo del alma&quot; existe un elemento mediador que    es el &quot;tiempo narrado&quot;. Para Ric&#339;ur existe una correlaci&oacute;n,    no accidental, entre la actividad de narrar una historia y el car&aacute;cter    temporal de la experiencia humana. Dicho con otros t&eacute;rminos, &quot;el    tiempo se convierte en tiempo humano en la medida en que &eacute;l es articulado    bajo la forma narrativa, y (...) la narraci&oacute;n alcanza su significaci&oacute;n    plena cuando ella se vuelve una condici&oacute;n de la existencia temporal&quot;    (Ric&#339;ur 1983: 85).    <br>   El proyecto ric&#339;uriano de la hermen&eacute;utica de s&iacute; se ir&aacute;    a enriquecer con los an&aacute;lisis realizados a partir de distintos trabajos.    Pi&eacute;nsese, particularmente, en los an&aacute;lisis sobre la identidad    narrativa que hace referencia a la capacidad que tiene el hombre de narrar y    de narrarse a s&iacute; mismo. Esta cuesti&oacute;n abre la v&iacute;a a una    problem&aacute;tica que exigir&aacute; varios a&ntilde;os de trabajo, y que    estar&aacute; en el centro de una gran obra de madurez que viene a constituir    como una especie de s&iacute;ntesis de la propuesta filos&oacute;fica de Ric&#339;ur:    se trata de <i>S&iacute; mismo como otro</i>, publicado como reelaboraci&oacute;n    de las c&eacute;lebres <i>Gifford Lectures</i>, pronunciadas en 1986 en Edimburgo.    <br>   Varias intenciones filos&oacute;ficas presiden la elaboraci&oacute;n de esta    obra. En primer lugar, la oposici&oacute;n entre &quot;s&iacute; mismo&quot;    y &quot;yo&quot;, hecho indicador de la primac&iacute;a de la mediaci&oacute;n    reflexiva sobre la posici&oacute;n inmediata del sujeto. En segundo lugar, el    doble sentido que se le reconoce a la palabra &quot;identidad&quot;, siguiendo    los t&eacute;rminos latinos <i>idem</i> e <i>ipse</i>. As&iacute;, la &quot;ipseidad&quot;,    a diferencia de la &quot;mismidad&quot;, no comporta la afirmaci&oacute;n de    un n&uacute;cleo inmodificable de la personalidad (como la perseverancia del    car&aacute;cter), sino la modalidad de identidad que subyace a la estabilidad    que el sujeto tiene frente a una promesa. En tercer lugar, como lo sugiere el    t&iacute;tulo mismo, la dial&eacute;ctica entre &quot;s&iacute; mismo&quot;    y &quot;otro&quot;, no como si se tratara de una simple comparaci&oacute;n (s&iacute;    mismo semejante a otro), sino como una verdadera implicaci&oacute;n, s&iacute;    mismo en cuanto otro. Estas reflexiones suponen la cr&iacute;tica de las filosof&iacute;as    que exaltan el <i>Cogito</i>, al situarlo en el rango de una verdad primera,    as&iacute; como las filosof&iacute;as que lo humillan, reduci&eacute;ndolo a    una pura ilusi&oacute;n. Ni exaltado, ni humillado, el <i>Cogito</i> hermen&eacute;utico    es un &quot;<i>cogito</i> roto&quot;. En esta obra, Ric&#339;ur busca elaborar    una &quot;fenomenolog&iacute;a hermen&eacute;utica de s&iacute;&quot; en la    cual se va a responder de diferentes maneras y en distintas etapas a una pregunta    absolutamente central, &quot;&iquest;Qui&eacute;n?&quot;: &quot;&iquest;Qui&eacute;n    habla?&quot;, &quot;&iquest;Qui&eacute;n act&uacute;a?&quot;, &quot; &iquest;Qui&eacute;n    se narra?&quot;, &quot;&iquest;Qui&eacute;n es el sujeto de imputaci&oacute;n?&quot;.    A cada una de las cuestiones la respuesta ser&aacute;: &quot;s&iacute; mismo&quot;.    <br>   Ric&#339;ur se ha presentado siempre como un cr&iacute;tico atento de su propia    obra. As&iacute;, luego de la redacci&oacute;n de la monumental obra <i>S&iacute;    mismo como otro</i>, &eacute;l siente la necesidad de llenar una laguna que    hab&iacute;a quedado en su reflexi&oacute;n sobre el tiempo y la narraci&oacute;n,    y que se refiere a un elemento que juega un papel de mediaci&oacute;n entre    estos dos: se trata de la memoria, y su correlato, el olvido. De esta forma,    Ric&#339;ur contin&uacute;a su hermen&eacute;utica de la condici&oacute;n humana,    que es temporal e hist&oacute;rica, tejida a la vez de memoria y de olvido.    Aqu&iacute; reaparecer&aacute;n algunos temas abordados precedentemente, como    son la culpabilidad, lo justo, as&iacute; como aquel de una dif&iacute;cil,    casi improbable pero sin embargo posible experiencia de reconciliaci&oacute;n    en el perd&oacute;n. Esta ser&aacute; la problem&aacute;tica abordada en <i>La    memoria, la historia y el olvido</i>, obra monumental que revela nuevamente    la responsabilidad de este fil&oacute;sofo por su cuidado, y su constancia en    buscar y proponer nuevos elementos, quiz&aacute; faltantes, que vendr&iacute;an    a completar su anhelada antropolog&iacute;a.    <br>   Si se mira en su conjunto la obra filos&oacute;fica de Ric&#339;ur, puede afirmarse    que &eacute;sta se encuentra animada por un impulso que bien podr&iacute;a llamarse    heur&iacute;stico. Este fil&oacute;sofo elabora su pensamiento de manera progresiva,    sobre los &quot;residuos&quot; de problem&aacute;ticas precedentes, a trav&eacute;s    de problemas fragmentarios o, seg&uacute;n sus propias palabras, gracias &quot;a    aprietos de pensamiento bien delimitados&quot; (Ric&#339;ur 1995:125). En cada    escrito hay algo que se le escapa y que permanece descentrado en relaci&oacute;n    con los textos precedentes, y que ser&aacute; retomado posteriormente con nuevo    &iacute;mpetu, pues &quot;aquello que hab&iacute;a sido un fragmento de convierte    en la nueva envoltura, la totalidad&quot; (Ric&#339;ur 1995: 127). Ric&#339;ur    comienza por apreciar las fronteras y los l&iacute;mites, antes de situarse    en el coraz&oacute;n mismo de las problem&aacute;ticas examinadas. En estos    t&eacute;rminos se pronuncia, hablando de su propio trabajo: &quot;Yo creo que    todo aquel que escribe realiza esta experiencia de un tema que, inicialmente,    ronda por las m&aacute;rgenes de la conciencia para instalarse despu&eacute;s    en el centro y convertirse en obsesivo&quot; (Ric&#339;ur 1995: 126).    <br>   Adem&aacute;s de los ya mencionados anteriormente, los temas abordados permanentemente    por Ric&#339;ur sorprenden por la diversidad, por la articulaci&oacute;n, por    la agudeza y el rigor de su tratamiento. Pi&eacute;nsese, por ejemplo, en los    siguientes: el problema del mal, la relaci&oacute;n entre filosof&iacute;a y    religi&oacute;n, el deseo de una vida buena, la relaci&oacute;n entre &eacute;tica    y moral, la filosof&iacute;a de la esperanza, el cuidado de lo justo, el reconocimiento,    problema abordado en su &uacute;ltima obra aparecida en el a&ntilde;o 2004<sup><a href="#6">6</a></sup>.        <br>   Frente a una obra tan monumental, multiforme y diversificada como la suya, no    es nada f&aacute;cil identificar un hilo conductor que sirva como tema unificador    de su pensamiento. Sin embargo, &eacute;l mismo se ha pronunciado al respecto    en estos t&eacute;rminos: &quot;A primera vista mi obra es muy dispersa. Ella    aparece as&iacute; porque cada libro se organiza alrededor de una cuesti&oacute;n    limitada: lo voluntario y lo involuntario, la finitud y el mal, las implicaciones    filos&oacute;ficas del psicoan&aacute;lisis, la innovaci&oacute;n sem&aacute;ntica    en la met&aacute;fora viva, la estructura ling&uuml;&iacute;stica de la narraci&oacute;n,    la reflexividad y sus estadios. Ha sido solamente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os    que he pensado poder situar la variedad de estas aproximaciones bajo el t&iacute;tulo    de una problem&aacute;tica dominante. Yo le he dado por t&iacute;tulo el hombre    actuante o el hombre capaz (...) Es entonces, en primer lugar, el poder de recapitulaci&oacute;n    del tema del hombre capaz que me ha parecido, por contraste con la apariencia    de dispersi&oacute;n de mi obra, como un hilo conductor cercano a aquel que    yo he admirado tanto en Merleau-Ponty durante estos a&ntilde;os de aprendizaje:    el tema del &#8216;yo puedo&#8217;&quot; (Ric&#339;ur 2000a: 15-16; 2002: 44).    Este tema, que aparece ya en <i>Lo voluntario y lo Involuntario</i>, sirve para    estructurar los diversos problemas de <i>S&iacute; mismo como otro</i>, en la    medida en que la obra presenta sucesivamente cuatro modalidades del &quot;yo    puedo&quot;: yo puedo hablar, yo puedo actuar, yo puedo narrar, yo puedo imputarme    mis propias acciones. Dice entonces Ric&#339;ur: &quot;Bajo estos cuatro t&iacute;tulos    yo podr&iacute;a retomar sucesivamente mis contribuciones a la filosof&iacute;a    del lenguaje, y su organizaci&oacute;n sobre la base de tres unidades de la    palabra, de la frase y del texto; luego, mis contribuciones a la filosof&iacute;a    de la acci&oacute;n, con sus causas y sus motivos, su inserci&oacute;n en el    mundo; despu&eacute;s tambi&eacute;n mi concepci&oacute;n de la narraci&oacute;n    con su poder estructurante en la vida cotidiana, la literatura, la historiograf&iacute;a    y la especulaci&oacute;n sobre el tiempo; en fin, mis visiones sobre la filosof&iacute;a    moral&quot; (Ric&#339;ur 2000a: 16; 2002: 44).     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Ric&#339;ur ha ido configurando progresivamente su antropolog&iacute;a filos&oacute;fica    como una reflexi&oacute;n de conjunto sobre el &quot;hombre capaz de&#8230;&quot;.    Y esta ex&eacute;gesis de las capacidades que hacen humano al hombre ha estado    desde siempre animada por aquella fascinaci&oacute;n y aquel deseo de Ric&#339;ur    de examinar &quot;cu&aacute;nto es magn&iacute;fico ser hombre&quot; (Ric&#339;ur    2000b: 656).    <br>   Sirvan como conclusi&oacute;n de esta visi&oacute;n panor&aacute;mica del itinerario    filos&oacute;fico de Ric&#339;ur, que sigue abierto para ser explorado, sus    propias palabras con las cuales se termina su texto sobre la memoria: &quot;Bajo    la historia, la memoria y el olvido. Bajo la memoria y el olvido, la vida. Pero    escribir la vida es otra historia. Inacabamiento&quot; Ric&#339;ur 2000b: 656).</p> <hr size="2"> <font size="2">      <p> <a name="1">1</a>. Licenciado en Filosof&iacute;a por la Pontificia Universidad    Gregoriana, Roma, y Candidato al doctorado en Filosof&iacute;a por el Instituto    Cat&oacute;lico de Par&iacute;s. Actualmente Rector del Seminario Mayor de Bogot&aacute;.</p>     <p> <a name="2">2</a>. Ric&#339;ur define la problem&aacute;tica en los siguientes    t&eacute;rminos: &quot;Nuestro problema, aqu&iacute;, consiste en mostrar los    recursos de una fenomenolog&iacute;a de la voluntad en este camino que conduce    hacia el umbral de la ontolog&iacute;a; la fenomenolog&iacute;a tiene, en efecto,    un modo peculiar de introducir el pasaje hacia el problema del ser del existente    humano: develando un <i>no-ser</i> espec&iacute;fico de la voluntad, una deficiencia    ontol&oacute;gica propia de la voluntad. La experiencia privilegiada de ese    no-ser, no obstante su tono negativo, comporta ya una dimensi&oacute;n ontol&oacute;gica.    Ella es, si se puede decir, la prueba negativa del ser, la ontolog&iacute;a    del ser perdido. La ex&eacute;gesis de este momento negativo consiste, en una    buena parte, en una fenomenolog&iacute;a de las pasiones, sin que se agote en    ella. Llam&eacute;mosla muy ampliamente una reflexi&oacute;n filos&oacute;fica    sobre la culpabilidad&quot; (&quot;M&eacute;thode et t&acirc;ches d&#8217;une    ph&eacute;nom&eacute;nologie de la volont&eacute;&quot;. En: Ric&#339;ur 1986b:    80).</p>     <p> <a name="3">3</a>. &quot;Si la hermen&eacute;utica consiste en el intento    por sobrepasar la distancia, es necesario que &eacute;sta sea considerada a    la vez como objete de investigaci&oacute;n, come obst&aacute;culo y como instrumento,    a fin de reactualizar el acontecimiento originario de discurso en un nuevo acontecimiento.    Por lo mismo, el nuevo acontecimiento de discurso s&oacute;lo podr&aacute; ser    fiel si &eacute;l es, al mismo tiempo, creador&quot; (Ric&#339;ur 1975, 1: 17).</p>      <p> <a name="4">4</a>. &quot;Intenci&oacute;n y estructura designan el sentido,    el mundo del texto designa la referencia del discurso, no aquello <i>que</i>    es dicho sino aquello <i>sobre lo cual</i> es dicho. La cosa del texto, he ah&iacute;    el objeto de la hermen&eacute;utica. Y la cosa del texto es el mundo que el    texto despliega delante de &eacute;l&quot; (Ric&#339;ur 1984: 39).</p>      <p> <a name="5">5</a>. Paul Ric&#339;ur, &quot;La fonction herm&eacute;neutique    de la distanciation&quot;. En : Ricoeur 1986a :117. &quot;El concepto &#8216;&#8216;subjetivo&#8221;    que corresponde a aquel del mundo del texto es aquel de apropiaci&oacute;n.    Por esto yo entiendo el acto mismo de <i>comprenderse delante del texto</i>.    Este acto es la exacta contrapartida de la autonom&iacute;a del escrito y de    la exteriorizaci&oacute;n de la obra. No se busca de ninguna manera igualar    el lector a la genialidad del autor. El no responde al autor, sino al sentido    y a la referencia de la obra. El tiene por referente la &#8216;&#8216;cosa&#8217;&#8217;    del texto, el mundo de la obra&quot; (Ricoeur 1984: 46).</p>      <p> <a name="6">6</a>. Paul RIC&#338;UR, <i>Parcours de la reconnaissance</i>,    Trois &eacute;tudes, Paris, Stock, 2004. </p> <hr size="2"> </font>      <p>        <center>     <b>Bibliograf&iacute;a</b>    </center> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. Ric&#339;ur, P. (1975). &quot;La philosophie et la sp&eacute;cificit&eacute;    du langage religieux&quot;. En: <i>Revue d&#8217;Histoire et de philosophie    religieuses</i> 55.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0120-0062200500020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 2. ___________. (1983). <i>Temps et r&eacute;cit</i> I. Paris: &#91;TR, I&#93;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0120-0062200500020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 3. ___________. (1984). &quot;Herm&eacute;neutique de l&#8217;id&eacute;e    de la R&eacute;v&eacute;lation&quot;. En: Ricoeur, P., L&eacute;vinas, E., Haulotte,    E. <i>La R&eacute;v&eacute;lation, Publications des Facult&eacute;s universitaires    Saint-Louis</i>. Bruselas. (2e &eacute;dition).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0120-0062200500020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 4. ___________. (1986a). &quot;De l&#8217;interpr&eacute;tation&quot;. En:    <i>Du texte a l&#8217;action, Essais d&#8217;herm&eacute;neutique</i> II. Paris:    Seuil. &#91;TA&#93;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0120-0062200500020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 5. ___________. (1986b). A l&#8217;&eacute;cole de la ph&eacute;nom&eacute;nologie.    Paris: Vrin. &#91;EP&#93;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0120-0062200500020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 6. ___________. (1995). La critique et la conviction. Entretiens avec F. Azouvi    et M. de Launay. Paris: Calmann-L&eacute;vy. &#91;CC&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0120-0062200500020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 7. ___________. (2000a). <i>Promenade au fil d&#8217;un chemin</i>. En: <i>Turoldo,    F. Verit&aacute; del Metodo. Indagini su Paul Ricoeur</i>. Papua: Il Poligrafoi.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0120-0062200500020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 8. ___________. (2000b). <i>La M&eacute;moire, l&#8217;Histoire, l&#8217;Oubli</i>.    Paris: Seuil.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0120-0062200500020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. ___________. (2002). &quot;Lectio magistralis de Paul Ric&#339;ur. Universit&eacute;    de Barcelone, 24 avril 2001&quot;. En: Jervolino, D. <i>Paul Ric&#339;ur. Une    herm&eacute;neutique de la condition humaine</i>. Paris: Ellipses, Coll. &quot;Philo&quot;    &#91;JERVOLINO&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0120-0062200500020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 10. ___________. (2004). <i>Parcours de la reconnaissance, Trois &eacute;tudes</i>.    Paris: Stock.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0120-0062200500020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br> </font>       ]]></body><back>
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