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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Carlos López Beltrán. 2004. El sesgo hereditario:Ámbitos históricos del concepto de herencia biológica. Estudios sobre la ciencia. México: UNAM. 248 p.]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Carlos López B.: THE HERITAGE TWIST. HISTORICAL CONFINES OF THE CONCEPT OF BIOLOGICAL HERITAGE (Maximiliano Martínez)]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p><font size="2" face="verdana">     <p><font size="4">    <center> <b>Carlos L&oacute;pez Beltr&aacute;n. 2004. El    sesgo hereditario:&Aacute;mbitos hist&oacute;ricos del concepto de herencia    biol&oacute;gica. Estudios sobre la ciencia. M&eacute;xico: UNAM. 248 p.</b></center></font></p>      <p><font size="3">    <center><b>Carlos L&oacute;pez B.: THE HERITAGE TWIST. HISTORICAL CONFINES OF THE CONCEPT    OF BIOLOGICAL HERITAGE (Maximiliano Mart&iacute;nez)</b></center></font></p>      <p> <b>Maximiliano Mart&iacute;nez</b></p>     <p> Universidad Nacional de Colombia</p>      <p><a href="mailto:naturalmax@hotmail.com">naturalmax@hotmail.com</a></p>      <p>&nbsp;</p> <hr size="1">       <p>&iquest;A qu&eacute; refiere el concepto de herencia? Esta pregunta parecer&iacute;a    tener en ciertos &aacute;mbitos una respuesta obvia: a aquel mecanismo biol&oacute;gico    que causa la transmisi&oacute;n de los rasgos, tanto t&iacute;picos como accidentales,    de los organismos a trav&eacute;s de las generaciones. El objetivo de Carlos    L&oacute;pez Beltr&aacute;n en su libro El sesgo hereditario. &Aacute;mbitos    hist&oacute;ricos del concepto de herencia biol&oacute;gica, es mostrar la g&eacute;nesis,    construcci&oacute;n y consolidaci&oacute;n de dicho concepto, argumentando,    para sorpresa de muchos, que la noci&oacute;n de &#8216;herencia biol&oacute;gica&#8217;    es un concepto de origen m&aacute;s bien reciente, producto de situaciones socioculturales    espec&iacute;ficas y contingentes que se ubican en un contexto muy diferente    al anglosaj&oacute;n (mendeliano): la comunidad m&eacute;dica francesa del siglo    XVIII. Es precisamente este gremio el que por primera vez compila las previas    y escasas investigaciones acerca de &#8216;lo hereditario&#8217;, fundamentadas    en una noci&oacute;n gris, pre-te&oacute;rica y metaf&oacute;rica, para posteriormente    construir un concepto con referencia objetiva y suficiente independencia te&oacute;rico-emp&iacute;rica    con respecto a otras nociones con las que se entremezclaba (el ambiente, por    ejemplo). Es en este marco en donde se pasa de un uso adjetival de &#8216;lo    hereditario&#8217;, al uso sustantivo de &#8216;la herencia&#8217;. En palabras    del autor: se reifica una met&aacute;fora. El concepto contempor&aacute;neo    de &#8216;herencia&#8217; se construye sobre estas bases, ya que es retomado    por Darwin, Galton, Spencer y Weissman (168-9), abriendo paso a un poderoso    proyecto de investigaci&oacute;n en donde dicho concepto, ahora con un indiscutible    estatus ontol&oacute;gico, se ubica como piedra angular. Resulta interesante    la menci&oacute;n de la obra (tradicionalmente desconocida) Tratado de la herencia    Natural, de Prosper Lucas (1850). Seg&uacute;n L&oacute;pez Beltr&aacute;n,    &eacute;sta influy&oacute; notablemente en Darwin, Galton y Weissman (84 y 169).    Para nadie es un secreto la enorme influencia que he tenido el concepto de herencia    biol&oacute;gica en los &aacute;mbitos cient&iacute;ficos, sociales y culturales    desde 1900. La historia que nos cuenta el autor es precisamente la de su nacimiento    y consolidaci&oacute;n.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Muy influido en su metodolog&iacute;a por la tradici&oacute;n historiogr&aacute;fica    francesa (Duhem, Canguilhem, Foucault, etc.), como &eacute;l mismo nos advierte    y justifica de manera elocuente (Cap&iacute;tulo 1), y con un amplio conocimiento    en filosof&iacute;a y teor&iacute;a de la ciencia de corte anglosaj&oacute;n,    L&oacute;pez Beltr&aacute;n hace un cuidadoso y esmerado an&aacute;lisis del    concepto de herencia. Con su investigaci&oacute;n nos propone un cuadro muy    diferente al que esgrime la historia can&oacute;nica de la ciencia: para ella,    nos dice el autor, el fen&oacute;meno de la herencia biol&oacute;gica es un    hecho atendido (aunque de manera intuitiva y pre-te&oacute;rica) por todas las    culturas a lo largo de la historia, hasta la aparici&oacute;n de Mendel. Es    este &uacute;ltimo quien, gracias a sus estudios, descubre las causas reales    de este ubicuo fen&oacute;meno. L&oacute;pez Beltr&aacute;n, utilizando herramientas    historiogr&aacute;ficas de rastreo conceptual, nos muestra otro panorama: &#8216;herencia    biol&oacute;gica&#8217; es un concepto que s&oacute;lo recientemente adquiri&oacute;    estatus te&oacute;rico-emp&iacute;rico, y lo hizo, no debido al descubrimiento    por parte de Mendel de un mecanismo obvio de la naturaleza, sino m&aacute;s    bien a necesidades e intereses determinados por un contexto muy particular,    como resulta ser la comunidad m&eacute;dica del siglo XVIII en Francia. Esto    no quiere decir que L&oacute;pez Beltr&aacute;n no tome en cuenta otros campos    en donde tradicionalmente se usaba cierta noci&oacute;n de lo hereditario como    fundamental, (la genealog&iacute;a, la hibridaci&oacute;n vegetal o la cr&iacute;a    selectiva de animales). El objetivo del autor es m&aacute;s bien delimitar un    campo espec&iacute;fico como &aacute;rea de investigaci&oacute;n, el cual ha    sido generalmente desatendido por las pesquisas historiogr&aacute;ficas. Es    esta delimitaci&oacute;n la que le permitir&aacute; alcanzar importantes resultados    con su trabajo.     <br>   En los cap&iacute;tulos 2 y 6, bas&aacute;ndose en diferentes fuentes textuales    del siglo XVIII y XIX (diccionarios enciclop&eacute;dicos, m&eacute;dicos y    agropecuarios, tratados de medicina), L&oacute;pez Beltr&aacute;n acumula evidencia    de lo que viene a ser la tesis central de su propuesta: mostrar c&oacute;mo    se da el tr&aacute;nsito conceptual y lexicogr&aacute;fico de la idea ancestral    y metaf&oacute;rica de &#8216;lo hereditario&#8217;, hacia una reificaci&oacute;n    encarnada en el concepto de &#8216;herencia biol&oacute;gica&#8217;. Este proceso    de modificaci&oacute;n conceptual, no s&oacute;lo de la noci&oacute;n de &#8216;herencia&#8217;,    sino tambi&eacute;n de la de &#8216;enfermedad&#8217;, se da concretamente en    el &aacute;mbito m&eacute;dico franc&eacute;s del siglo XVIII. Seg&uacute;n    el autor, la observaci&oacute;n de cierta de acumulaci&oacute;n en el tiempo    a trav&eacute;s de las generaciones de un &#8216;patrimonio hereditario f&iacute;sico    y moral&#8217; (rasgos, actitudes) de los linajes era, desde la antig&uuml;edad    y hasta el siglo XVIII, usualmente recogida por la noci&oacute;n metaf&oacute;rica    de &#8216;lo hereditario&#8217;, la cual era anal&oacute;gicamente asociada    a la transmisi&oacute;n de propiedades y t&iacute;tulos familiares (64-5).    <br>   Consecuentemente, el autor dedica los cap&iacute;tulos centrales (3, 4 y 5)    de su obra a narrar detalladamente las disputas m&eacute;dicas que ocurr&iacute;an    en Francia durante el siglo XVIII, las cuales giraban en torno a la pregunta    por la transmisi&oacute;n hereditaria de enfermedades, su realidad y sus causas    f&iacute;sicas. Es necesario apuntar que, seg&uacute;n L&oacute;pez Beltr&aacute;n,    desde la antig&uuml;edad la pregunta por lo hereditario no ten&iacute;a un lugar    espec&iacute;fico en el contexto hipocr&aacute;tico-gal&eacute;nico que domin&oacute;    el campo de la medicina hasta el siglo XVIII (en donde no hab&iacute;a distinci&oacute;n    entre los aspectos biol&oacute;gico y ambiental). Tanto las semejanzas familiares    como las enfermedades se consideraban accidentes que ocurr&iacute;an sobre una    forma o tipo pre-establecido, las cuales pod&iacute;an pasar de una generaci&oacute;n    a otra por v&iacute;a interna o externa (44). Corrigiendo a Peter Mclaughlin,    el autor se&ntilde;ala que en el siglo XVII se pensaba que la transmisi&oacute;n    de la forma se deb&iacute;a a una causa constante, invariable, que daba la estabilidad    a las especies. No estaba relacionada con lo hereditario, ya que esto se refer&iacute;a    m&aacute;s bien a los rasgos accidentales o cualidades secundarias de los organismos    (98).    <br>   As&iacute;, lo hereditario (una noci&oacute;n vaga e imprecisa) era hasta ese    entonces explicado generalmente por una red causal de factores que conjugaba    elementos tanto internos como externos (constituci&oacute;n, temperamento, alimentaci&oacute;n,    ambiente, humores, sangre, etc.). Todos estos factores, indistintamente, ten&iacute;an    incidencia causal en la conformaci&oacute;n particular o idiosincrasia de cada    individuo, mientras que la reproducci&oacute;n del tipo permanec&iacute;a gracias    a una idea preformativa.    <br>   &iquest;Qu&eacute; es lo que hace que la comunidad m&eacute;dica francesa del    per&iacute;odo mencionado sea tan importante para la consolidaci&oacute;n del    concepto contempor&aacute;neo de herencia? Contrario a lo que suced&iacute;a    tradicionalmente, es en ese momento cuando emerge paulatinamente una clara divisi&oacute;n    entre autores que enfocan sus explicaciones de transmisi&oacute;n hereditaria    en factores internos, y los que se enfocan en factores externos, causando tendencias    explicativas dis&iacute;miles en el gremio. Los conflictos entre los m&eacute;dicos    franceses y sus diferentes escuelas (alienistas, vitalistas, humoralistas, solidistas)    a la hora de explicar la persistencia del tipo biol&oacute;gico en los organismos,    as&iacute; como la transmisi&oacute;n de ciertas caracter&iacute;sticas a trav&eacute;s    de las generaciones, consideradas para algunos como rasgos secundarios y accidentales    (como, por ejemplo, las enfermedades), abren espacio para la delimitaci&oacute;n    de un concepto &#8216;duro&#8217; de herencia. Es en este contexto de atenci&oacute;n    y preocupaci&oacute;n por la transmisi&oacute;n hereditaria de rasgos nocivos    (enfermedades), en donde adquiere sentido el delimitar la herencia f&iacute;sica    y encontrar su causa. Los m&eacute;dicos alienistas, por ejemplo, tomando las    disputas acerca de las enfermedades hereditarias, proponen el novedoso concepto    de &#8216;herencia natural&#8217;. Este viene a recoger y ampliar las nociones    m&eacute;dicas previas (transmisi&oacute;n, causalidad latente, homocron&iacute;a)    usadas para explicar dichas enfermedades. Seg&uacute;n el autor, este es un    ejemplo claro de reificaci&oacute;n de una met&aacute;fora: se pasa del uso    del adjetivo &#8216;hereditario&#8217; al sustantivo &#8216;herencia&#8217;    (45).    <br>   Son fines terap&eacute;uticos y m&eacute;dicos los que gu&iacute;an esta nueva    orientaci&oacute;n cient&iacute;fica con &eacute;nfasis en la delimitaci&oacute;n    de lo hereditario. Seg&uacute;n L&oacute;pez Beltr&aacute;n (80-4 y 138-9),    uno de los factores que m&aacute;s influy&oacute; en la consolidaci&oacute;n    del concepto de herencia fue el concurso que promovi&oacute; la Sociedad Real    de Medicina de Par&iacute;s entre 1785 y 1788. El motivo principal del concurso    era responder a un ensayo de Antoine Louis, de 1749, en donde se cuestionaba    la existencia real de la transmisi&oacute;n hereditaria. Esto llev&oacute; a    los m&eacute;dicos franceses de la &eacute;poca a hacer una recopilaci&oacute;n    exhaustiva, tanto de las pruebas y evidencias emp&iacute;ricas de la herencia,    como de los textos que de alguna manera refer&iacute;an a ella. Este es el primer    paso hacia el &eacute;nfasis y delimitaci&oacute;n de la herencia biol&oacute;gica    y sus causas, pues promueve un campo de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica    independiente que estudie la transmisi&oacute;n hereditaria de rasgos f&iacute;sicos    y morales (psicol&oacute;gicos) a trav&eacute;s de una ruta fisiol&oacute;gica.        <br>   Es necesario anotar que en el libro no solamente se narran con detalle las disputas    acerca de lo hereditario en la comunidad mencionada; tambi&eacute;n se exponen    las explicaciones que del fen&oacute;meno daban personajes de la talla de Kant,    Buffon, Blumenbach o Maupertois    <br>   En los cap&iacute;tulos finales, L&oacute;pez Beltr&aacute;n intenta determinar    la influencia de la joven noci&oacute;n de herencia biol&oacute;gica en otros    contextos, como la eugenesia o ingenier&iacute;a social, o su influencia sobre    nociones tan pol&eacute;micas como la de &#8216;raza&#8217;. Con respecto a    la eugenesia, nos dice que el robustecimiento de la noci&oacute;n de herencia    en los siglos XVIII y XIX sirve de soporte a ciertos programas ideol&oacute;gicos    y pol&iacute;ticos que promueven la eugenesia (Galton, por ejemplo). El v&iacute;nculo    es obvio, pues, para justificar el control de la reproducci&oacute;n humana    con fines de &#8216;beneficio social&#8217;, es necesario determinar la cadena    causal que transmite las cualidades f&iacute;sicas y morales de los progenitores    hacia la descendencia, tanto inmediata como de las siguientes generaciones (116).    Con respecto a la noci&oacute;n de raza, sus diferentes versiones y las peligrosas    consecuencias pr&aacute;cticas que de algunas de ellas pueden derivar, nos dice    el autor (entre otras cosas) que, a pesar de la tendencia contempor&aacute;nea    en &aacute;mbitos cient&iacute;ficos y acad&eacute;micos a eliminar la referencia    objetiva del concepto, llegando incluso a proponerse la eliminaci&oacute;n del    vocablo mismo (debido a la imposibilidad de tener criterios para determinar    algo como las &#8216;razas&#8217; humanas), en el habla cotidiana el concepto    contin&uacute;a teniendo una fuerte y angustiosa carga objetiva.     <br>   En resumidas cuentas, El sesgo hereditario es un libro con un prop&oacute;sito    espec&iacute;fico: rastrear los or&iacute;genes del concepto de &#8216;herencia&#8217;    y mostrar c&oacute;mo este se construye, consolida y atrinchera, pasando de    ser una noci&oacute;n gris, metaf&oacute;rica, pre-te&oacute;rica y secundaria,    a convertirse en un concepto con dominio propio, referencia objetiva y poderes    causal y explicativo suficientes para ubicarlo como fundamento de las ciencias    de la vida, y con enorme influencia en los dem&aacute;s &aacute;mbitos de investigaci&oacute;n    y pr&aacute;ctica humanos. Lo interesante de la obra es la manera en que el    autor desmitifica la noci&oacute;n de &#8216;herencia&#8217; que la tradici&oacute;n    anglosajona nos ha trasmitido (en donde su objetividad no es puesta en duda),    cuestionando seriamente sus or&iacute;genes y mostrando c&oacute;mo ciertas    contingencias y eventualidades socioculturales y de pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas    son las que llevan a que el concepto de herencia se ancle y &#8216;sesgue&#8217;    nuestra cotidiana comprensi&oacute;n del mundo.    <br>   La investigaci&oacute;n realizada y plasmada en el texto muestra c&oacute;mo    el autor llev&oacute; a cabo exitosamente una labor dif&iacute;cil y dispendiosa.    Desmarcarse de la historia ortodoxa de la ciencia implica ubicar contextos,    escritos y fuentes generalmente enterrados y olvidados por la comunidad acad&eacute;mica    imperante. El m&eacute;rito de L&oacute;pez Beltr&aacute;n se fundamenta tanto    en la justificada y exhaustiva pesquisa de dichas fuentes, como en su excelente    articulaci&oacute;n. Esto es precisamente lo que le permite contar una historia    diferente. </p> </font>      ]]></body>
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