<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0120-0062</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Ideas y Valores]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Ideas y Valores]]></abbrev-journal-title>
<issn>0120-0062</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Filosofía.]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0120-00622006000100013</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Herrera, Wilson & De Gamboa, Camila (eds.) Kant: defensa y límites de la razón. Bogotá: Universidad del Rosario,2005. 493p.]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Herrera, W. y De Gamboa, C.: KANT: DEFENSE AND LIMITS OF REASON (Carlos Patarroyo)]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Patarroyo G]]></surname>
<given-names><![CDATA[Carlos]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Nacional de Colombia  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>24</day>
<month>04</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>24</day>
<month>04</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<volume>55</volume>
<numero>130</numero>
<fpage>105</fpage>
<lpage>113</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0120-00622006000100013&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0120-00622006000100013&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0120-00622006000100013&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">      <p> <font size="4">    <center><b>Herrera, Wilson &amp; De Gamboa, Camila (eds.) Kant: defensa y l&iacute;mites  de la raz&oacute;n. Bogot&aacute;: Universidad del Rosario,2005. 493p.</b></center></font> </p>      <p><font size="3">    <center><b>Herrera, W. y De Gamboa, C.: KANT: DEFENSE AND LIMITS OF REASON (Carlos Patarroyo)</b></center></font></p>      <p><b>Carlos Patarroyo G.</b></p>        <p>Universidad Nacional de Colombia</p>       <p><a href="mailto:cgpatarr@cable.net.co">cgpatarr@cable.net.co</a></p>  <hr size="1">       <p>Este libro es, como sus editores bien lo dicen en la introducci&oacute;n, un    homenaje a Kant. En el 2004 se cumplieron 200 a&ntilde;os de su muerte, y si    bien ello implic&oacute; la aparici&oacute;n a finales del mismo a&ntilde;o    y durante todo el 2005 de numerosas publicaciones que procuraban recordar la    vida y obra del fil&oacute;sofo, los editores admiten que este libro no se queda    s&oacute;lo en la memoria del pasado y que &#8220;no tiene un car&aacute;cter    totalmente apolog&eacute;tico&#8221; (22). Por supuesto, entre los diecisiete    art&iacute;culos que componen el libro hay varios cuyo prop&oacute;sito es reconstruir    y explicar el pensamiento de Kant; pero a la vez hay varios que lo critican    e incluso hay un par que, m&aacute;s que explicar su legado, lo utilizan como    un punto de partida para nuevas investigaciones sobre temas actuales. La divisi&oacute;n    tem&aacute;tica del libro se puede resumir de la siguiente manera: una primera    parte se dedica al pensamiento te&oacute;rico de Kant (los tres art&iacute;culos    escritos por Jorge Sierra, Magdalena Holgu&iacute;n y el primero de Melissa    Zinkin); una segunda parte se centra sobre la &eacute;tica kantiana (seis art&iacute;culos:    Camila de Gamboa, Wilson Herrera, &Aacute;ngela Uribe, Lucy Carrillo, Claudia    Card y Sebasti&aacute;n A. Gonz&aacute;lez); una tercera parte trata el pensamiento    pol&iacute;tico del autor (los cuatro art&iacute;culos de Francisco Cort&eacute;s,    Felipe Casta&ntilde;eda, Carolina Galindo y Mauricio Plazas); finalmente, se    encuentran un art&iacute;culo de Germ&aacute;n Vargas sobre la pedagog&iacute;a;    uno de Melissa Zinkin sobre est&eacute;tica, y dos art&iacute;culos bibliogr&aacute;ficos    (Juan E. Consta&iacute;n y Leonardo Tovar) sobre la recepci&oacute;n de Kant    en Colombia.     <br>   Sin embargo, no es en este libro que muchos de los escritos ven por primera    vez la luz; seis de ellos son reimpresiones de art&iacute;culos previamente    publicados, ya sea como cap&iacute;tulos de libros o como art&iacute;culos en    revistas. Por ejemplo, el escrito de Magdalena Holgu&iacute;n, La interpretaci&oacute;n    heideggeriana del esquematismo en Kant, fue publicado por esta misma revista    hace ya m&aacute;s de 20 a&ntilde;os (<i>cf. Ideas y valores</i>, No. 62 de    1983). Ser&iacute;a de todas maneras injusto que el lector de esta rese&ntilde;a    pensara que las dem&aacute;s reimpresiones datan de &eacute;pocas similares.    Todo lo contrario, de las cinco reimpresiones restantes, la m&aacute;s antigua    data del a&ntilde;o 2002. Como dato adicional, vale la pena resaltar que, si    bien no he podido comparar todas las traducciones con sus versiones originales,    brillan por su precisi&oacute;n y cuidado las traducciones que Rosario Casas    ha hecho de los escritos de Melissa Zinkin.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Es dif&iacute;cil catalogar este libro dentro de una categor&iacute;a pedag&oacute;gica    espec&iacute;fica: &iquest;es una introducci&oacute;n al pensamiento kantiano?    Ciertamente hay en &eacute;l escritos muy esquem&aacute;ticos e introductorios,    en ocasiones demasiado expositivos &#8211;como ocurre con el de Camila de Gamboa    sobre la tercera antinomia de <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</i>    y el de Germ&aacute;n Vargas sobre la <i>Pedagog&iacute;a</i>&#8211;, pero tambi&eacute;n    hay muchos otros que requieren de parte del lector un conocimiento previo de    la filosof&iacute;a kantiana; tal es el caso, por dar un ejemplo, de los tres    art&iacute;culos que tratan de epistemolog&iacute;a. As&iacute; pues, no es    una simple introducci&oacute;n al pensamiento kantiano, pero tampoco es un libro    para eruditos en el tema, ya que los escritos se caracterizan por su f&aacute;cil    lenguaje y argumentaci&oacute;n. Basta entonces con que el lector conozca de    manera muy general los lineamientos principales de las propuestas kantianas,    para que pueda leer el libro sin mayores inconvenientes.    <br>   Es imposible hacer un comentario de cada uno de los art&iacute;culos en la corta    extensi&oacute;n de una rese&ntilde;a, raz&oacute;n por la cual me limitar&eacute;    tan solo a comentar, en la medida de lo posible, uno de cada una de las secciones    del libro. </p>     <p>I. El primer escrito de Melissa Zinkin, <i>La argumentaci&oacute;n de Kant    en la Anfibolog&iacute;a</i>, tiene como objetivo principal presentar dos posibles    visiones de la cr&iacute;tica que Kant le hace a Leibniz en el rara vez comentado    ap&eacute;ndice a la Anal&iacute;tica Trascendental de la <i>Critica de la raz&oacute;n    pura</i>. La idea de Zinkin es se&ntilde;alar que una primera lectura de la    Anfibolog&iacute;a muestra que la cr&iacute;tica kantiana a Leibniz no es de    preocupaci&oacute;n alguna para el &uacute;ltimo, pues es s&oacute;lo si se    asume una perspectiva trascendental del conocimiento &#8211;cosa que Leibniz    no hace&#8211; que se presentan las ambig&uuml;edades y anfibolog&iacute;as    se&ntilde;aladas por Kant. Nos dice Zinkin que la cr&iacute;tica de Kant es    de car&aacute;cter negativo, donde afirma que si no se reflexiona de manera    trascendental, se es susceptible de caer en ambig&uuml;edades en el uso de los    conceptos. Por supuesto, a medida que la autora expone las debilidades de la    cr&iacute;tica tal como es vista en una primera lectura, se va haciendo clara    para el lector toda la argumentaci&oacute;n de la Anfibolog&iacute;a. La idea    de Kant es mostrar que puede haber un doble uso de los conceptos; pero antes    de ver su doble uso, es necesario aclarar de qu&eacute; conceptos se est&aacute;    hablando. Se trata de cuatro conceptos en particular, los cuales son denominados    por Kant <i>Conceptos de reflexi&oacute;n</i>: identidad y diferencia, concordancia    y oposici&oacute;n, interior y exterior, y determinable y determinaci&oacute;n.    El uso inadecuado de estos conceptos puede desembocar en una ambig&uuml;edad:</p>     <p>La ambig&uuml;edad se debe al hecho de que los conceptos de reflexi&oacute;n    pueden utilizarse para comparar tanto representaciones intelectuales que se    originan en el entendimiento como representaciones sensibles que se originan    en la intuici&oacute;n sensible. A menos que se aclare qu&eacute; tipo de representaciones    se est&aacute;n comparando, habr&aacute; ambig&uuml;edad con respecto a lo que    se quiere significar con estos conceptos y con los juicios que se emitan sobre    ellos (73).</p>     <p>La ambig&uuml;edad se soluciona acudiendo a la <i>Reflexi&oacute;n trascendental</i>,    que se encarga de cavilar acerca de las representaciones ya dadas y determinar    entonces con qu&eacute; facultad (intelecto o sensibilidad) estas han de ser    comparadas. El problema, nos dice Zinkin, no es insignificante, pues en el fondo    lo que est&aacute; en juego es la posibilidad de determinar &#8220;si nuestros    conceptos son puramente intelectuales o si tienen validez objetiva&#8221; (74).    La cr&iacute;tica de Kant a Leibniz, pues, no es del todo ingenua. Kant sabe    que Leibniz no se sentir&iacute;a inclinado a aceptar el modo de reflexi&oacute;n    trascendental, pues para este &uacute;ltimo no hay all&iacute; realmente un    problema: </p>     <p>Pero esta advertencia no constituye un argumento capaz de convencer a un leibniziano    de la necesidad de la reflexi&oacute;n trascendental, dado que, para &eacute;ste,    no existe problema alguno ni nada que necesite aclararse con respecto a una    ambig&uuml;edad en el pensamiento: simplemente asume que as&iacute; es la sensibilidad.    Tal como se&ntilde;ala Kant, Leibniz considera la sensibilidad como &#8220;un    tipo de representaci&oacute;n confusa&#8221; y no como &#8220;una especial fuente    de representaciones&#8221; (75).</p>     <p>Sin embargo, Kant considera que la filosof&iacute;a de Leibniz s&iacute; cae    en un problema serio que necesita ser solucionado. Tomemos uno de los conceptos    de reflexi&oacute;n antes mencionados: identidad y diferencia. La perspectiva    trascendental de Kant permite ver que hay dos posibles usos de estos conceptos,    uno l&oacute;gico y uno real. La diferencia es sencilla: en la identidad l&oacute;gica    dos conceptos son id&eacute;nticos cuando el an&aacute;lisis de cada uno revela    los mismos predicados; en la real la identidad s&oacute;lo dice que dos objetos    pueden ser pensados mediante el mismo concepto. Ahora bien, es aqu&iacute; donde    Kant cree encontrar bases para su cr&iacute;tica; nos dice Zinkin: </p>     <p>Puesto que Leibniz no reconoce la posibilidad de la ambig&uuml;edad en aquello    que podemos pensar mediante conceptos, no logra ver otro campo de conocimiento    posible, el del mundo de la experiencia sensible. Por ejemplo, se&ntilde;ala    Kant, dado que Leibniz puede comparar dos gotas de agua s&oacute;lo mediante    el intelecto, debe decir que en realidad son una y la misma. En consecuencia,    no ve la posibilidad de que haya dos gotas de agua que existen cada una en su    propio lugar en el espacio. (76).</p>     <p>Pero para Zinkin esta cr&iacute;tica no se aplica en realidad a Leibniz, ya    que &eacute;ste s&iacute; tiene c&oacute;mo establecer la diferencia:</p>     <p>Leibniz le responder&iacute;a a Kant que, aparte de todo lo dem&aacute;s, s&oacute;lo    si las dos gotas de agua fueran exactamente iguales en cuanto a sus predicados    espaciales y temporales, podr&iacute;a decirse que tiene que ser una y la misma    gota de agua (76).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La distinci&oacute;n en Leibniz depende entonces de que la descripci&oacute;n    del concepto en cuesti&oacute;n involucre todos los predicados apropiados. Si    hay diferencia entre ellos, se encontrar&aacute; la diferencia entre las dos    gotas de agua.     <br>   Lo mismo ocurre con las cr&iacute;ticas de Kant que se basan en cualquiera de    los otros tres conceptos de reflexi&oacute;n. Para todos, ellos Leibniz parecer&iacute;a    tener una respuesta que no lo obligar&iacute;a a asumir la reflexi&oacute;n    trascendental. La conclusi&oacute;n parecer&iacute;a ser entonces que la cr&iacute;tica    de Kant es vac&iacute;a y que no aplica sino a aquellos que ya han asumido una    perspectiva trascendental; espec&iacute;ficamente en el caso de Leibniz, nos    dir&aacute; la autora, &#8220;Puesto que Leibniz no cree que exista &#8220;el    uso emp&iacute;rico de los conceptos&#8221;, resulta dif&iacute;cil ver c&oacute;mo    pueda afirmar Kant que la filosof&iacute;a de Leibniz hace una posible &#8220;perversi&oacute;n&#8221;    de ese uso (78).     <br>   Sin embargo, Zinkin considera que una lectura m&aacute;s profunda de la Anfibolog&iacute;a    permite salvar la cr&iacute;tica kantiana: </p>     <p>Si la cr&iacute;tica de Leibniz que hace Kant en la Anfibolog&iacute;a ha de    tener alguna validez, es preciso entenderla no como una cr&iacute;tica acerca    de si Leibniz puede explicar los juicios acerca de los objetos sensibles, sino    acerca de si puede explicar las sensaciones mismas (78). </p>     <p>Aqu&iacute; la autora retoma la idea kantiana seg&uacute;n la cual el mundo    est&aacute; constituido por fuerzas de atracci&oacute;n y repulsi&oacute;n que    nos hacen posible sentir lo que nos es dado sensiblemente. As&iacute;, nuestra    capacidad de sentir &#8211;nos dice Zinkin&#8211; consiste en la capacidad de    nuestra mente para recibir un objeto y encontrar placer o experimentar un rechazo    hacia &eacute;l. La lectura cuidadosa de la <i>Anfibolog&iacute;a</i> revela    entonces: &#8220;la manera en que la reflexi&oacute;n trascendental distingue    las representaciones sensibles de las intelectuales determinando si se refieren    o no a un mundo constituido por fuerzas&#8221; (79).     <br>   Es aqu&iacute; donde Leibniz s&iacute; tendr&iacute;a problemas: </p>     <p>As&iacute;, seg&uacute;n Kant, aunque Leibniz puede distinguir entre dos cosas    id&eacute;nticas que se hallan en espacios diferentes simplemente pensando que    tienen predicados espaciales diferentes, lo que no puede explicar es la propiedad    no-intelectual de la resistencia de algo a que su espacio sea penetrado (79).  </p>     <p>Visto desde la perspectiva de un mundo compuesto por fuerzas, la diferencia    entre las dos gotas de agua se podr&iacute;a explicar con base en nuestro sentimiento    de repulsi&oacute;n frente al hecho de que el espacio de una sea ocupado por    la otra. Pero ya que este sentimiento no es intelectualizable, sino que s&oacute;lo    puede ser sentido, Leibniz no puede dar cuenta de &eacute;l. &iquest;Afecta    esto realmente a Leibniz? En principio pareciera que no, pues &eacute;ste, nos    dice Zinkin, rechaza la experiencia sensible subjetiva; sin embargo, la autora    muestra bien su posici&oacute;n al afirmar, al cierre de su escrito: &#8220;pero    los seres humanos no somos meros intelectos, como cree Leibniz&#8221; (82).</p>     <p>II. Camila de Gamboa, en El car&aacute;cter emp&iacute;rico e inteligible de    las acciones humanas, trata el problema presentado por Kant en la Tercera Antinomia    de la <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</i>. La anterior es la famosa    antinomia que trata de la libertad humana. En l&iacute;neas generales, se trata    del problema que surge con la contraposici&oacute;n entre una visi&oacute;n    cient&iacute;fica y fenom&eacute;nica del mundo, en donde prima la explicaci&oacute;n    causal de los eventos y donde, por supuesto, todo ocurre seg&uacute;n leyes    necesarias y no hay, por tanto, libertad; y una visi&oacute;n en donde la libertad    puede ser pensada como perteneciente al mundo. El art&iacute;culo es meramente    expositivo; desglosa cuidadosamente tanto la tesis como la ant&iacute;tesis    de la antinomia y explica que: </p>     <p>Para Kant el origen de las antinomias se encuentra en un conflicto entre la    raz&oacute;n y el entendimiento. En Kant el entendimiento es la facultad para    conocer el mundo de la experiencia, y en el que todos los objetos nos est&aacute;n    dados como fen&oacute;menos. Es por eso que el entendimiento es la facultad    que permite explicar los fen&oacute;menos. La raz&oacute;n, en cambio, es la    facultad que permite pensar los no&uacute;menos, y en la que se hallan las ideas    trascendentales, como la libertad trascendental. En el caso de la tercera antinomia,    la ant&iacute;tesis representar&iacute;a las pretensiones del entendimiento,    mientras que la tesis representar&iacute;a las pretensiones de la raz&oacute;n    (90).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La autora pretende defender la visi&oacute;n compatibilista de Kant, para lo    cual se dedica a exponer c&oacute;mo el Idealismo trascendental es una herramienta    necesaria para entender de manera correcta la explicaci&oacute;n kantiana de    la libertad humana: </p>     <p>En la soluci&oacute;n de la tercera antinomia, Kant no afirma que la tesis    y la ant&iacute;tesis sean correctas. S&oacute;lo intenta probar, basado en    su propia distinci&oacute;n entre fen&oacute;menos y no&uacute;menos (condiciones    sensibles y no sensibles), que la libertad trascendental es compatible con las    leyes naturales. De esta forma, Kant defiende una tesis compatibilista (92).</p>     <p>De Gamboa expone como salida a la antinomia la explicaci&oacute;n que de ella    da Henry E. Allison en su libro <i>El idealismo trascendental de Kant: Una interpretaci&oacute;n    y defensa</i>. As&iacute;, nos dice la autora: </p>     <p>Allison afirma que la clave para resolver el problema de esta aparente paradoja    es considerar la distinci&oacute;n entre fen&oacute;menos y no&uacute;menos    como una distinci&oacute;n epist&eacute;mica y no como una distinci&oacute;n    ontol&oacute;gica. Si asumimos que la distinci&oacute;n entre fen&oacute;menos    y no&uacute;menos es ontol&oacute;gica, tambi&eacute;n estar&iacute;amos afirmando    que hay dos mundos diferentes y reales. En consecuencia, las acciones humanas    pertenecer&iacute;an a estos dos mundos. En este sentido, la distinci&oacute;n    ontol&oacute;gica es muy problem&aacute;tica &#91;...&#93; Si interpretamos la distinci&oacute;n    trascendental de Kant en un sentido epist&eacute;mico, no tenemos &#8220;dos    mundos&#8221;, sino dos perspectivas diversas con respecto al mismo acto humano    (95).</p>     <p>La propuesta de Allison permite mostrar c&oacute;mo puede ser Kant un compatibilista,    a la vez que explica la soluci&oacute;n a la Tercera antinomia de la raz&oacute;n    pura. De Gamboa termina su escrito haciendo una aclaraci&oacute;n acerca de    lo que Kant pretend&iacute;a hacer en su antinomia:</p>     <p>Kant intenta mostrar que el car&aacute;cter fenom&eacute;nico y noum&eacute;nico    de las acciones humanas tiene dos funciones diferentes: la primera, explicar    la acci&oacute;n, y la &uacute;ltima, imputar responsabilidad por la acci&oacute;n.    Por una parte, cuando consideramos a los seres humanos como fen&oacute;menos,    el entendimiento permite explicar c&oacute;mo las acciones ocurren en el mundo    de los sentidos. Por otra parte, cuando consideramos las acciones humanas en    su car&aacute;cter noum&eacute;nico, la raz&oacute;n tiene la funci&oacute;n    de pensar si las acciones siguen sus propias leyes. En este caso nos hallamos    con el problema de la imputaci&oacute;n (97-8).    <br>       <br>   En definitiva el art&iacute;culo reproduce la interpretaci&oacute;n m&aacute;s    conocida de la Tercera antinomia y no ofrece al lector que ya la conoce ning&uacute;n    elemento nuevo. Ver, a la vez, el Idealismo trascendental como una tesis epistemol&oacute;gica,    m&aacute;s que ontol&oacute;gica, es tambi&eacute;n lo usual en la mayor&iacute;a    de los lectores de Kant, quienes tienen esto claro ya desde el Pr&oacute;logo    a la segunda edici&oacute;n de la <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</i>.  </p>     <p>III. En &quot;El pensamiento pol&iacute;tico de Kant: <i>La Metaf&iacute;sica    de las costumbres&quot;</i> Francisco Cort&eacute;s se propone hacer una exposici&oacute;n    de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica kantiana que, contraria a algunas interpretaciones    cl&aacute;sicas, muestre la estrecha relaci&oacute;n entre moral y pol&iacute;tica    en el entramado filos&oacute;fico de Kant. Para Cort&eacute;s &#8220;el prejuicio    existente sobre la aparente distancia de Kant de la pol&iacute;tica tiene que    ver con la prioridad que el mismo Kant le dio a la moralidad y al derecho sobre    la pol&iacute;tica &#91;...&#93; Esta aparente distancia es el resultado de una equivocada    comprensi&oacute;n de la teor&iacute;a de la pol&iacute;tica en Kant.&#8221;    (211) La soluci&oacute;n a esta mal-interpretaci&oacute;n es una exposici&oacute;n    cuidadosa en la que se vea c&oacute;mo la moral y el derecho se relacionan con    la pol&iacute;tica. Para Cort&eacute;s la relaci&oacute;n es tan estrecha que    se puede decir sin reparos que &#8220;la pol&iacute;tica [est&aacute;] subordinada    a la moral a trav&eacute;s del derecho&#8221; (212); esta subordinaci&oacute;n    es necesaria si la pol&iacute;tica quiere alcanzar su cometido, pues s&oacute;lo    as&iacute; le es posible crear las condiciones que hacen viable tanto la felicidad    como la libertad. De manera esquem&aacute;tica, el proceso de interrelaci&oacute;n    de las tres materias es resumido por al autor al decir que: </p>     <p>El objetivo de la moral consiste en determinar el conjunto de obligaciones    que los individuos tienen entre s&iacute; para lograr un orden en el que primen    el respeto a la libertad de cada miembro de la sociedad, en cuanto hombre, y    los valores de autonom&iacute;a, igualdad, dignidad humana, independencia y    justicia; la moral es, en este sentido, la doctrina que ense&ntilde;a, no c&oacute;mo    hemos de ser felices, sino c&oacute;mo debemos llegar a ser dignos de felicidad    &#91;...&#93; A trav&eacute;s del derecho, la moral puede, adem&aacute;s de exigirle    al hombre que limite sus aspiraciones de felicidad de acuerdo con las exigencias    del deber, obligarlo, mediante la facultad de coacci&oacute;n &#8211;el Estado&#8211;,    a someter el uso de su libertad a la posibilidad de existencia de una legislaci&oacute;n    universal. Finalmente, la pol&iacute;tica, entendida como aplicaci&oacute;n    de la doctrina del derecho, tiene como fin crear las condiciones para que todos    los hombres puedan obtener su propio bienestar. El problema propio de la pol&iacute;tica    es, seg&uacute;n Kant, &#8220;conseguir la felicidad del p&uacute;blico, conseguir    que todo el mundo est&eacute; contento con su suerte&#8221; (212).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La subordinaci&oacute;n del derecho a la moral es malentendida, dice Cort&eacute;s,    cuando se establece como fin del Estado la eliminaci&oacute;n del ego&iacute;smo.    No se trata, en la pol&iacute;tica kantiana, de que el individuo abandone sus    deseos, sus inclinaciones y su b&uacute;squeda de la felicidad; se trata en    realidad de que pueda mantenerlos mediante una regulaci&oacute;n racional del    arbitrio, de manera que el objeto del querer de su arbitrio sea conciliable,    seg&uacute;n leyes universales, con el objeto del querer del arbitrio del otro.    De esta manera, y en contra de lo que creen pensadores como Hobbes y Schopenhauer,    el concepto de <i>derecho</i> no se puede fundamentar solamente en la coacci&oacute;n    externa. Dice el autor:</p>     <p>La interpretaci&oacute;n que quiero defender aqu&iacute; es que el concepto    de derecho formulado por Kant no puede entenderse correctamente si se reduce    al elemento que comprende la coacci&oacute;n exterior. Para Kant, actuar en    concordancia con el derecho de forma racional significa que se sigue el derecho    no solamente por el elemento coactivo impl&iacute;cito en &eacute;l, sino porque    est&aacute; en el inter&eacute;s de todos los hombres respetar la libertad de    los otros (215).</p>     <p>Lo que Cort&eacute;s pretende mostrar es que Kant articula mediante el concepto    de derecho dos elementos: &#8220;la aspiraci&oacute;n individual a la felicidad    determinada por el ego&iacute;smo y la aceptaci&oacute;n racional de alg&uacute;n    grado de coacci&oacute;n que permita hacer coincidentes las aspiraciones de    felicidad de cada uno con las de los dem&aacute;s&#8221; (229). Es precisamente    el elemento de la aceptaci&oacute;n racional de la coacci&oacute;n el que permite    hacer el v&iacute;nculo con la &eacute;tica que tanto interesa al autor. Aceptar    racionalmente esa coacci&oacute;n es, a la vez, aceptar los derechos, la libertad    y la dignidad de los dem&aacute;s. Restringirse a la visi&oacute;n seg&uacute;n    la cual es s&oacute;lo la coacci&oacute;n externa la que influye en el hombre    para el respeto y acatamiento de las normas, termina dejando como resultado    el que las normas se sigan por puro temor. Pero en la visi&oacute;n que est&aacute;    ligada a la &eacute;tica y a la aceptaci&oacute;n racional de la coacci&oacute;n,    &#8220;la coacci&oacute;n supuesta por el derecho no reside en el motivo del    temor o la violencia, sino, m&aacute;s bien, en la comprensi&oacute;n de que    respetando el derecho podr&aacute; cada hombre disfrutar de su libertad y realizar    las satisfacciones que constituyen su felicidad&#8221; (230).     <br>   Esta visi&oacute;n mostrar&iacute;a mejor que la otra interpretaci&oacute;n,    seg&uacute;n la cual la pol&iacute;tica s&oacute;lo pretende la superaci&oacute;n    del ego&iacute;smo y lo hace s&oacute;lo mediante la coacci&oacute;n externa,    es errada e insuficiente para comprender c&oacute;mo se da realmente la obediencia    de las leyes por parte de los ciudadanos. A la vez, es esta interpretaci&oacute;n    errada la que permite la tradicional escisi&oacute;n entre pol&iacute;tica y    moral en Kant, que es precisamente la escisi&oacute;n que el autor se ha propuesto    desacreditar al considerarla injusta y errada. </p>     <p>IV. Al leer el segundo art&iacute;culo de Melissa Zinkin, titulado El cine    y la Imaginaci&oacute;n Trascendental: Kant y <i>The Lady Vanishes</i> de Hitchcock,    uno no puede sino recordar la afirmaci&oacute;n que hace John McDowell en su    libro <i>Mente y mundo</i> sobre la interpretaci&oacute;n que hace Strawson    de la filosof&iacute;a kantiana: &#8220;No estoy seguro de si el Kant de Strawson    es ciertamente Kant, pero estoy convencido de que el Kant de Strawson est&aacute;    cerca de conseguir lo que Kant quer&iacute;a conseguir&#8221;. Parafraseando    a McDowell, he de decir que no estoy seguro de que el Kant de Zinkin sea realmente    Kant, y ciertamente estoy seguro de que lo que Zinkin hace a partir de la teor&iacute;a    kantiana no estaba dentro de los objetivos del mismo Kant. Este art&iacute;culo,    como se afirm&oacute; anteriormente, pertenece a aquellos que parten de la propuesta    kantiana para ir m&aacute;s all&aacute; de ella, en este caso espec&iacute;fico,    con respecto al tema de la est&eacute;tica. El objetivo principal de Zinkin    es utilizar la teor&iacute;a kantiana de la imaginaci&oacute;n trascendental    como una alternativa para las teor&iacute;as sobre el cine; as&iacute;, pretende    poder explicar ciertas experiencias significativas del cine &#8220;como aquello    que se hace posible a ra&iacute;z de formas temporales espec&iacute;ficas&#8221;    (352).     <br>   Es aqu&iacute; donde la interpretaci&oacute;n original de Zinkin de la teor&iacute;a    de Kant toma forma, pues cree que, si bien en la <i>Critica de la raz&oacute;n    pura</i> la imaginaci&oacute;n est&aacute; guiada por las categor&iacute;as,    en el caso del cine y su experiencia est&eacute;tica la imaginaci&oacute;n se    halla guiada por reglas diferentes. Lo que hace posible esta afirmaci&oacute;n,    para la autora, es la teor&iacute;a est&eacute;tica kantiana seg&uacute;n la    cual la relaci&oacute;n est&eacute;tica con un objeto se da cuando la imaginaci&oacute;n    est&aacute; libre de reglas. Para Zinkin el hecho de que Kant diga &#8220;libre    de reglas&#8221; pero que a la vez no diga nunca que la imaginaci&oacute;n act&uacute;a    de manera arbitraria o irregular es lo que le permite pensar que ese &#8220;libre    de reglas&#8221; se refiere solamente a las categor&iacute;as, como reglas para    el conocimiento emp&iacute;rico, pero que no cierra la puerta a que la imaginaci&oacute;n    est&eacute; sujeta a otras reglas no cognoscitivas, en este caso, est&eacute;ticas:</p>     <p>En efecto, en la tercera <i>Cr&iacute;tica</i>, Kant no afirma nunca que la    imaginaci&oacute;n act&uacute;e de manera irregular o arbitraria cuando se halla    involucrada en la producci&oacute;n de un juicio de gusto. Dice solamente que    la imaginaci&oacute;n no est&aacute; sujeta a las reglas particulares el entendimiento,    como s&iacute; lo est&aacute; en la primera <i>Cr&iacute;tica</i>, donde las    categor&iacute;as determinan c&oacute;mo la imaginaci&oacute;n debe esquematizar    el tiempo &#91;...&#93; vale la pena preguntar qu&eacute; esquemas de tiempo crear&iacute;a    la imaginaci&oacute;n en su libertad de las leyes del entendimiento. Sugiero    que la respuesta a esta pregunta ser&iacute;a una teor&iacute;a kantiana del    cine; una teor&iacute;a de las formas temporales creadas por la imaginaci&oacute;n    en conformidad con leyes diferentes de aquellas articuladas en la teor&iacute;a    del conocimiento de Kant (356).</p>     <p>As&iacute;, en su art&iacute;culo, Zinkin procura encontrar algunos <i>esquemas</i>    temporales (parecidos a los expuestos en el Esquematismo trascendental de la    primera <i>Cr&iacute;tica</i>, pero donde lo que condicione a la imaginaci&oacute;n    no sea una categor&iacute;a) que se apliquen espec&iacute;ficamente al caso    del cine. Dos son sus intereses particulares: los juicios interrogativos y los    juicios metaf&oacute;ricos. La experiencia del <i>suspenso</i> tomar&iacute;a    la forma de los primeros y el recurso de la met&aacute;fora f&iacute;lmica asumir&iacute;a    la forma de los segundos.     <br>   El desarrollo de esta osada teor&iacute;a se vale de una conocida pel&iacute;cula    de Hitchcock: <i>The Lady Vanishes</i>, cuya trama se centra en la inexplicable    desaparici&oacute;n de Miss Froy en medio de un tren y los constantes alegatos    in&uacute;tiles de la &uacute;nica persona que parece haberla visto abordo,    Iris, a quien, por supuesto, los dem&aacute;s pasajeros acusan de haberse imaginado    las conversaciones con Miss Froy. A lo largo de la pel&iacute;cula hay ciertas    pistas que podr&iacute;an corroborar que Miss Froy realmente abord&oacute; el    tren, y es all&iacute; donde el suspenso se hace m&aacute;s evidente, pues &eacute;stas    aparecen en lugares y situaciones en donde Iris parece no poder verlas (pero    el p&uacute;blico en el cine s&iacute; las ve con claridad). Un ejemplo concreto    se puede encontrar en la escena en la que aparece en el vapor de la ventana    el nombre que la misma Mis Froy escribi&oacute; para Iris. El p&uacute;blico    est&aacute; expectante ante la posibilidad de que Iris voltee hacia la ventana    y vea el nombre en el vapor, antes de que desaparezca, y es entonces donde el    juicio interrogativo futuro hace su aparici&oacute;n: &iquest;Ver&aacute; lo    escrito?, &iquest;lo ver&aacute; a tiempo? Esta experiencia est&eacute;tica    del cine, la del suspenso compartido por los espectadores, es la que Zinkin    pretende explicar mediante alguna forma temporal a partir de la imaginaci&oacute;n    trascendental kantiana: </p>     <p>El suspenso es lo que sucede cuando la imaginaci&oacute;n trata de crear una    forma de tiempo en la que un acontecimiento puede ocurrir m&aacute;s pronto,    imaginando un objeto o acontecimiento futuro y tratando de conectarlo con el    que est&aacute; presente &#91;...&#93; &iquest;Cu&aacute;l es el esquema del tiempo    creado por la imaginaci&oacute;n para hacer posible pensar ese objeto suspendido?    Tendr&iacute;a que ser una forma temporal que haga flotar el futuro sobre el    presente. En dicha forma de tiempo, dos momentos diferentes existir&iacute;an    uno al lado del otro, pero no ser&iacute;an continuos (363).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Zinkin propone entonces un esquematismo trascendental est&eacute;tico para    el caso del suspenso. Aqu&iacute;, a diferencia de algunos esquemas cognoscitivos    presentes en la primera Cr&iacute;tica, como el de la causalidad, que enlaza    dos representaciones consecutivas en el tiempo, o el de la sustancia, que es    la permanencia continua de algo, el del suspenso se caracteriza por no ser continuo,    es decir, no se trata de una sola l&iacute;nea de tiempo, sino de dos, una flotando    sobre la otra, el futuro flotando sobre el presente.     <br>   El segundo caso que interesa a Zinkin es bastante similar. Utiliza para ello    la escena de la pel&iacute;cula en la que el recuerdo de Miss Froy se apodera    de la pantalla y si bien no est&aacute; en ninguna parte espec&iacute;fica,    se nota que ella <i>es</i> el tren, que est&aacute; en todas partes. Claro,    Miss Froy no ha salido sino en el comienzo de la pel&iacute;cula, as&iacute;    que esta met&aacute;fora f&iacute;lmica cumple, seg&uacute;n Zinkin, con un    esquema bastante diferente al del suspenso: &#8220;Las met&aacute;foras f&iacute;lmicas    son aquellas en las que una representaci&oacute;n se superpone a otra con el    fin de alterar la experiencia. Aqu&iacute; la forma temporal es una en la que    el pasado se superpone al presente&#8221; (364). Nuevamente el esquema no obedece    a la singularidad de la l&iacute;nea temporal o a la continuidad de la misma,    sino que hay dos tiempos, uno flotando sobre el otro.     <br>   Zinkin no pretende que su art&iacute;culo sea alguna forma de <i>Deducci&oacute;n    trascendental</i> de las reglas est&eacute;ticas, lejos de ello, est&aacute;    consciente de que la tarea apenas comienza y que lo dicho aqu&iacute; es s&oacute;lo    un abrebocas a una posibilidad muy concreta: </p>     <p>Aunque en su <i>Cr&iacute;tica del juicio Kant</i> escasamente menciona el    tiempo, sugiero que entendamos la forma est&eacute;tica del mismo no como la    l&iacute;nea regular que describe en su <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n    pura</i>, sino como es presentada en el cine, donde los momentos pueden superponerse,    repetirse, ocurrir r&aacute;pida o lentamente y quedar en suspenso (367).</p>     <p>V. Los &uacute;ltimos dos art&iacute;culos del libro son de car&aacute;cter    bibliogr&aacute;fico. El primero, Las huellas de una sombra: Kant en el mundo    colonial, es un brev&iacute;simo escrito de Juan E. Consta&iacute;n que ciertamente    no trata de Kant, sino de las razones por las cuales en la &eacute;poca colonial    colombiana Kant estuvo siempre ausente. Consta&iacute;n encuentra una doble    ra&iacute;z para esta ausencia; la primera: </p>     <p>En la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola se gritaban las ideas ilustradas pero    se profesaban las creencias barrocas y contrarreformistas. Y es ah&iacute; donde    podemos explicar las razones por las cuales Kant nunca estuvo entre nosotros    sino hasta bien pasados los a&ntilde;os y lo siglos: nos sent&iacute;amos muy    audaces a la hora de leer y de hacer nuestros planes de estudios, ciertamente,    pero segu&iacute;amos aferrados a nuestra verdadera tradici&oacute;n cultural,    en la cual la iluminaci&oacute;n fue bastante fragmentaria, y heredera adem&aacute;s    de lo que en la propia Europa no era sino un fen&oacute;meno menor con respecto    a corrientes mucho m&aacute;s densas y comprometidas. Por decirlo con otras    palabras, nunca fuimos &#8220;ilustrados&#8221; &#8211;en el sentido europeo    de la expresi&oacute;n&#8211;, y cuando quisimos serlo, le&iacute;mos, lo que    no tocaba y en sus peores versiones (375).</p>     <p>La segunda raz&oacute;n para la ausencia de Kant fue la llegada de la obra    de Wolff cuya distribuci&oacute;n se vio favorecida por el hecho de que se encontraba    en lat&iacute;n. &#8220;Nuestros sabios no sab&iacute;an muy bien ni alem&aacute;n    ni ingl&eacute;s, y las obras latinas del maestro de K&ouml;nisberg eran de    dif&iacute;cil acceso&#8221; (377). Wolff termin&oacute; opacando entonces a    Kant, y las obras del primero parecieron </p>     <p>reveladoras desde la actitud enclaustrada de Hispanoam&eacute;rica, pero despu&eacute;s    superadas con creces por el soberbio edificio del pensamiento kantiano, el cual    nos fue esquivo bien por razones ling&uuml;&iacute;sticas, &#91;...&#93; o bien por    razones hist&oacute;ricas o dogm&aacute;ticas que en mucho le deben al azar    y sobre todo, al camino terco de la historia (377)</p>     <p>Tal vez la inquietud principal que se puede plantear respecto de este art&iacute;culo    concierne a su relevancia. El autor aclara desde la primera nota al pie que    el periodo colonial al que hace referencia va hasta finales del siglo XVIII.    Teniendo en cuenta que la primera edici&oacute;n de la <i>Cr&iacute;tica de    la raz&oacute;n pura</i> ve la luz en 1781, y a sabiendas de la demora en las    traducciones y acceso a libros t&iacute;picos de la &eacute;poca, parece ser    exagerada una investigaci&oacute;n acerca de por qu&eacute; no hay copias de    los libros de Kant en las bibliotecas colombianas en los 19 a&ntilde;os que    siguieron a esta publicaci&oacute;n. </p>     <p>VI. Cierra el libro el art&iacute;culo de Leonardo Tovar Kant a trav&eacute;s    de sus lectores colombianos. Es, por mucho, el m&aacute;s extenso de todos (cercano    a las cien p&aacute;ginas). Se trata de un largo informe acerca de la bibliograf&iacute;a    sobre Kant elaborada en Colombia que adolece, sin embargo, de serias fallas    admitidas por su autor: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La principal carencia para lograr un balance completo de la bibliograf&iacute;a    kantiana en Colombia reside en la omisi&oacute;n de los trabajos de grado. Sobre    todo, echamos de menos las tesis doctorales elaboradas por algunos de nuestros    m&aacute;s eminentes especialistas en universidades extranjeras &#91;...&#93; tampoco    hemos podido obtener la informaci&oacute;n concerniente a publicaciones de colombianos    en el exterior (379).</p>     <p>Ello deja por fuera del listado importantes contribuciones a la cr&iacute;tica    e interpretaci&oacute;n kantiana como son <i>Kant und die Idealismusfrage</i>    de Lu&iacute;s Eduardo Hoyos, o <i>Transzendentaler Idealismus und Widerlegung    der Skepsis bei Kant</i> de Alejandro Rosas, por nombrar tan s&oacute;lo a algunos    de los colaboradores m&aacute;s asiduos de esta revista.     <br>   Sin intentar demeritar el arduo trabajo que la reuni&oacute;n de toda esta bibliograf&iacute;a    habr&aacute; significado, no parece, sin embargo, ser el medio m&aacute;s conveniente    para su divulgaci&oacute;n la impresi&oacute;n en este libro. El cat&aacute;logo    se extiende por m&aacute;s de sesenta p&aacute;ginas y la b&uacute;squeda se    hace un poco tediosa. Bien podr&iacute;a haberse creado alguna suerte de medio    electr&oacute;nico para los compradores del libro, donde pudieran acceder a    una versi&oacute;n digital del archivo &#8211;digamos, en Internet&#8211;, beneficiada    por todas las facilidades de b&uacute;squeda que la inform&aacute;tica ofrece. </p>     </font>      ]]></body>
</article>
