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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ornelas, Jorge. La disolución kantiana del idealismo. En: Dianoia vol. L, 55, nov. 2005: 95-117.]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p><b>        <center>     <font face="verdana" size="4">Ornelas, Jorge. La disoluci&oacute;n   kantiana del idealismo. En: Dianoia   vol. L, 55, nov. 2005: 95-117.</font></center></b></p>       <p><b>CARLOS G. PATARROYO G.</b>     UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA     <a href="mailto:cgpatarr@cable.net.co">cgpatarr@cable.net.co</a> </p> 	    <p>&nbsp;</p> <hr size="1">          <p>El art&iacute;culo de Ornelas se centra   en el estudio de las dos secciones de   la Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura que tradicionalmente   han sido identificadas   como aquellas en las que Kant ofrece   una respuesta al desaf&iacute;o esc&eacute;ptico:   la Refutaci&oacute;n al idealismo (RI) y   el Cuarto paralogismo (CP). El autor   intenta defender en su escrito   varios puntos de no poca importancia   en la interpretaci&oacute;n de la obra   de Kant. Por un lado, desea reivindicar   la importancia del CP, pues la   mayor&iacute;a de los comentaristas de la   obra de Kant han encontrado en la   RI un argumento m&aacute;s s&oacute;lido en contra   del esc&eacute;ptico y por ello han relegado   al CP a un segundo plano. Por   otro lado, desea mostrar, en contra   de muchas de las interpretaciones   m&aacute;s comunes y reputadas de la primera   Cr&iacute;tica, que la estrategia con la   que Kant enfrenta al esc&eacute;ptico en la   RI es distinta de la estrategia usada   en el CP. Finalmente, ello le permite   proponer que la RI y el CP son complementarios,   en la medida en que   el segundo disuelve el problema que queda abierto con el primero.</p>       <p>     Para lograr sus prop&oacute;sitos,     Ornelas comienza por hacer una exposici&oacute;n     del problema del mundo     externo, es decir, "el problema de     justificar nuestro presunto conocimiento     del mundo externo apelando     a nuestra experiencia" (97). Se     dice que tenemos dos tipos de creencias,     por un lado, las creencias que     tienen como contenido estados     mentales y, por el otro, creencias que     tienen como contenido hechos del     mundo objetivo (en oposici&oacute;n a los     estados subjetivos de las primeras).     Las creencias del primer grupo han     sido consideradas como infalibles     y auto-justificadas, mientras que     siempre ha habido una petici&oacute;n de     justificaci&oacute;n de las segundas. Tradicionalmente,     para justificar una     creencia del segundo tipo, vg. "hay     un gato sobre la alfombra", se acude     a una creencia del primer tipo,     vg. "veo un gato sobre la alfombra".     La justificaci&oacute;n de nuestro conocimiento     del mundo exterior se da en     forma de una inducci&oacute;n que va de     las creencias del primer tipo a las creencias del segundo.</p>       <p>     El problema aparece cuando el     esc&eacute;ptico abre la posibilidad l&oacute;gica     de que las creencias del primer tipo     no correspondan con los hechos de     las creencias del segundo, cosa que     com&uacute;nmente hace mediante el argumento     del sue&ntilde;o, invalidando as&iacute; la inducci&oacute;n.</p>       <p>     Seg&uacute;n Ornelas, hay varias estrategias     para enfrentar este desaf&iacute;o: (1)     Refutaciones: cuyo proceder consiste     en mostrar que lo que el esc&eacute;ptico     duda (el conocimiento del mundo     externo) es verdadero, con lo cual     no habr&iacute;a raz&oacute;n alguna para la duda.     (2) Disoluciones: cuyo proceder no es     responder al esc&eacute;ptico, sino impedir,     desde el origen mismo de la     duda, que &eacute;sta surja, es decir, mostrar     que la duda esc&eacute;ptica es un sinsentido     o un problema mal planteado.     A la vez, las disoluciones     pueden subdividirse en dos grupos:     (2.1) Disoluciones sem&aacute;nticas: que     afirman que el argumento presupone     un marco te&oacute;rico que distorsiona     el significado de ciertos conceptos     fundamentales, con lo cual la     conclusi&oacute;n esc&eacute;ptica es un sinsentido.     (2.2) Disoluciones no sem&aacute;nticas:     que afirman que el desaf&iacute;o esc&eacute;ptico "s&oacute;lo es inteligible a la luz del tradicional     proyecto moderno de colocar     el conocimiento sobre sus leg&iacute;timos     fundamentos, proyecto que establece     requisitos demasiado altos para     que algo cuente como conocimiento,     y que, al parecer, nunca podr&iacute;an     ser satisfechos: infalibilidad, indubitabilidad     [&hellip;]" (100). Los defensores     de las disoluciones no sem&aacute;nticas     proponen abandonar este proyecto     moderno como respuesta al desaf&iacute;o     esc&eacute;ptico; si el conocimiento no     requiere indubitabilidad y certeza     absoluta, las dudas esc&eacute;pticas son inofensivas y terminan por desaparecer.</p>       <p>     Sin embargo, Ornelas advierte     que cada uno de los tipos de disoluci&oacute;n     tiene un aspecto vulnerable: en     el caso de las sem&aacute;nticas, si se toma     la palabra "sinsentido" en su acepci&oacute;n     estrictamente sem&aacute;ntica, es decir,     como "carente de significado",     se presenta un conflicto con el hecho     de que podemos entender el desaf&iacute;o     del esc&eacute;ptico y hasta considerarlo     razonable. En el caso de las no sem&aacute;nticas,     la debilidad radica en el     hecho de que hacen del escepticismo     un problema asociado a ciertos supuestos     te&oacute;ricos pertenecientes espec&iacute;ficamente     a la teor&iacute;a moderna del     conocimiento, cuando parece ser que     el escepticismo es m&aacute;s un problema     intuitivo "al que cualquiera podr&iacute;a     llegar sin presuponer marco te&oacute;rico alguno" (100).</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>     Ornelas cataloga la RI como un     caso de refutaci&oacute;n al desaf&iacute;o esc&eacute;ptico,     y al CP como un caso de disoluci&oacute;n     del mismo. Sin embargo, alega que     el CP no padece de las debilidades     reci&eacute;n explicadas de las disoluciones,     pues Kant muestra c&oacute;mo la duda esc&eacute;ptica     es, a la vez, un argumento     sem&aacute;nticamente inteligible y un sinsentido     epistemol&oacute;gico, mientras que reconoce su car&aacute;cter intuitivo.</p>       <p>     Es aqu&iacute; donde radica gran parte     de la importancia del art&iacute;culo de     Ornelas, pues, al mostrar que ambas     propuestas son estrategias     diferentes, est&aacute; poniendo en evidencia     un error com&uacute;n en la ex&eacute;gesis     kantiana: autores como Allison,     Guyer, Ameriks, Bennett y Stroud     parecen pasar por alto la distinci&oacute;n     que hay entre la RI y el CP en cuanto a la diferencia de sus prop&oacute;sitos.</p>       <p>     El que la RI sea una refutaci&oacute;n no     es algo dif&iacute;cil de mostrar; no s&oacute;lo es     un punto com&uacute;n entre los comentaristas     de Kant, sino que es adem&aacute;s     evidente por la forma misma de la     respuesta, que es presentada por     Kant como un argumento trascendental.     El idealista esc&eacute;ptico, a quien     va dirigida la respuesta, defiende     que: (a) lo &uacute;nico que se puede conocer     de manera inmediata y con absoluta     certeza es el Yo y sus contenidos     mentales, y que por ello (b) la     existencia del mundo externo es indemostrable     y dudosa. La estrategia     de Kant ser&aacute; mostrar que nuestra     relaci&oacute;n con el mundo externo     no es inferencial, sino que, por el     contrario, la conciencia de la propia     existencia requiere de la conciencia     inmediata de cosas externas. Como     todo argumento trascendental, se     trata de mostrar que lo que el esc&eacute;ptico     niega es en realidad una condici&oacute;n     de posibilidad de lo que afirma.     As&iacute;, el esc&eacute;ptico acepta y afirma     (a), pero Kant le mostrar&aacute; que ello     presupone ya una conciencia inmediata     del mundo exterior. Al refutar     la verdad de (a), cae por su propio     peso (b), demoliendo as&iacute; el argumento esc&eacute;ptico.</p>       <p>     Ornelas considera que el argumento     de Kant en la RI, pese a lo     plausible y s&oacute;lido que pueda parecer     en s&iacute; mismo, enfrenta grandes     problemas cuando se lo ha de articular     dentro del idealismo trascendental.     El argumento afirma, como     ya se ha visto, que una condici&oacute;n de     posibilidad de la conciencia de la     propia existencia es la conciencia     inmediata de cosas externas. Ahora     bien, el idealismo trascendental     kantiano presenta una distinci&oacute;n     entre intuiciones y conceptos, y el giro copernicano propone que los     objetos se adecuan a la mente en vez     de a la inversa. Si los objetos se han     de adecuar a las capacidades conceptuales,     debemos ser afectados en la     experiencia por una realidad independiente     que es susceptible de ser     organizada en nuestros conceptos. &iquest;Por qu&eacute; debemos ser afectados por una realidad independiente? Porque de lo contrario &ndash;afirma Ornelas&ndash; lo que entendemos como conocimiento "degenerar&iacute;a en un mero juego autocontenido" (105). As&iacute;, si Kant desea evitar que el conocimiento sea un juego de conceptos vac&iacute;os, ha de afirmar que por medio de la intuici&oacute;n recibimos la materia que da contenido a nuestras creencias; debe haber, por lo tanto, una causa para esa materia, y esa causa es la afecci&oacute;n en nosotros de la cosa en s&iacute;. Pero esto es contradictorio con los l&iacute;mites de la experiencia que el mismo Kant establece, pues se estar&iacute;a aplicando la categor&iacute;a de causalidad por fuera de la esfera fenom&eacute;nica, que es donde tiene su &uacute;nica cabida v&aacute;lida.</p>       <p>     Esto dejar&iacute;a a Kant frente a un dilema:     o se asume que la cosa en s&iacute; es     la causa de los fen&oacute;menos, pero entonces     se ha de adoptar una posici&oacute;n     esc&eacute;ptica frente al conocimiento,     pues se conocer&iacute;an los fen&oacute;menos     pero no sus causas; o se rechaza que     la causa de los fen&oacute;menos sea la cosa     en s&iacute;, con lo cual se confina al conocimiento     a la mera subjetividad, ya     que se conocer&iacute;an solamente representaciones: "o escepticismo o idealismo, pero en ning&uacute;n caso podr&iacute;amos decir que Kant ha demostrado que tenemos conocimiento del mundo externo como exige el esc&eacute;ptico" (106). La validez de la RI s&oacute;lo se presentar&iacute;a en el plano fenom&eacute;nico o emp&iacute;rico, es decir, la RI demostrar&iacute;a que tenemos conocimiento de las cosas externas s&oacute;lo si &eacute;stas son consideradas como representaciones. Pero no es esto lo que interesa al esc&eacute;ptico, pues su desaf&iacute;o va m&aacute;s all&aacute; de las representaciones. As&iacute;, lo que har&iacute;a la RI ser&iacute;a desplazar el escepticismo del plano emp&iacute;rico al plano trascendental.</p>       <p>     Es precisamente ante esta limitaci&oacute;n     de la RI que adquiere fuerza la     interpretaci&oacute;n del CP como una disoluci&oacute;n     en vez de una refutaci&oacute;n. Si     bien Ornelas es consciente de que     su visi&oacute;n del CP como una disoluci&oacute;n,     que m&aacute;s que una respuesta pretende     hacer una suerte de terapia,     puede parecer a algunos una interpretaci&oacute;n     forzada, &eacute;l cree que es bastante     claro que Kant la consideraba     justamente as&iacute;, y prueba de ello est&aacute;     en el lugar que ocupa el CP en la     Cr&iacute;tica. El CP, junto con los dem&aacute;s     paralogismos, est&aacute; ubicado en la     Dial&eacute;ctica trascendental, secci&oacute;n de     la Cr&iacute;tica destinada a "curar" a la raz&oacute;n     de aquellas ilusiones trascendentales     en las que inevitablemente     incurre. Ornelas recuerda al lector     que la Dial&eacute;ctica trascendental "se distingue de las dem&aacute;s secciones de la CRP por el hecho de que Kant utiliza ah&iacute; un m&eacute;todo paradigm&aacute;ticamente terap&eacute;utico para detectar y disolver estas ilusiones" (109). El m&eacute;todo consiste en poner de manifiesto que las ilusiones tienen su origen en una concepci&oacute;n incoherente del mundo, seg&uacute;n la cual &eacute;ste es un todo existente en s&iacute; mismo; esta concepci&oacute;n es el realismo trascendental. Una vez se rechaza este realismo, desaparecen los conflictos que aquejan a la raz&oacute;n. En el caso de los paralogismos, Kant procura mostrar que los conflictos de la raz&oacute;n son producto de silogismos falaces, donde la falla est&aacute; en el uso ambig&uuml;o del t&eacute;rmino medio. La ambig&uuml;edad es una ambig&uuml;edad sem&aacute;ntica, de ah&iacute; que Ornelas considere al CP como una disoluci&oacute;n sem&aacute;ntica.</p>       <p>     El silogismo analizado por Kant     en el CP es el siguiente (cf. KrV: A367):</p>       <p>     *Aquello cuya existencia s&oacute;lo     puede ser inferida como causa de     percepciones dadas posee una existencia     meramente dudosa.     </p>                           </p> *Es as&iacute; que todos los fen&oacute;menos   externos son de tal &iacute;ndole, ya que su   existencia no es percibida inmediatamente,   sino que s&oacute;lo pueden ser   inferidos como causa de percepciones dadas.       <p>     *Por consiguiente, la existencia de     todos los objetos de los sentidos externos es dudosa.</p>       <p>     La ambig&uuml;edad est&aacute; en la expresi&oacute;n "fuera de nosotros", y en todos su derivados (fen&oacute;menos externos, objetos externos), pues: "por un lado se refiere a aquellas cosas que suponemos deben existir (cosas en s&iacute;), pero las cuales trascienden los l&iacute;mites de nuestra experiencia, y, por el otro, a aquellas cosas que representamos en el espacio fuera de nosotros y que s&iacute; forman parte de nuestra experiencia (fen&oacute;menos)" (111). As&iacute;, lo que hace el esc&eacute;ptico, al construir el silogismo, es hablar indistintamente de apariencias como fen&oacute;menos y como cosas en s&iacute;. Mientras la premisa mayor se confina al plano emp&iacute;rico, la menor est&aacute; ubicada en el plano trascendental. Kant alega que la posici&oacute;n del realismo trascendental, desde la que el esc&eacute;ptico habla cuando se refiere a las cosas en s&iacute;, es insostenible: "si tomamos los objetos exteriores por cosas en s&iacute;, es absolutamente imposible comprender c&oacute;mo podr&iacute;amos llegar a conocer su realidad fuera de nosotros, ya que nos apoyamos &uacute;nicamente en la representaci&oacute;n que tenemos. En efecto, nada podemos sentir fuera de nosotros, sino s&oacute;lo dentro de nosotros mismos" (KrV: A378).</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>     Se completa as&iacute;, seg&uacute;n Ornelas,     la totalidad de la argumentaci&oacute;n en     contra del esc&eacute;ptico, pues, por un     lado, la RI demuestra ser infalible     en el plano fenom&eacute;nico, pero desplaza     el escepticismo al plano trascendental,     y, por el otro, el CP muestra     que cualquier duda planteada     desde el punto de vista del realismo     trascendental es insostenible e inv&aacute;lida.     Es ahora el esc&eacute;ptico quien     se encuentra frente a un dilema: o     bien su duda se plantea desde un     plano inv&aacute;lido (lo que muestra CP),     o se plantea desde una base correcta,     pero es refutada inmediatamente     por la RI. Es as&iacute; como, el ver a los     dos argumentos como estrategias     diferentes, permite lograr una complementaci&oacute;n     entre ellos que, en     conjunto, logra una mayor solidez     en contra del esc&eacute;ptico.</p>       <p>     El texto de Ornelas tiene la virtud     de poner de manifiesto, a diferencia     de la mayor&iacute;a de los int&eacute;rpretes, la     distinci&oacute;n entre la RI y el CP, lo que     le permite mostrar c&oacute;mo ambas, tomadas     en conjunto, funcionan como     partes complementarias de una argumentaci&oacute;n     anti-esc&eacute;ptica.</p>   </font>      ]]></body>
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