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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[HEGEL Y LA &#8216;SUPERACIÓN' DE LA RELIGIÓN]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[(HEGEL AND THE &#8216;OVERCOMING' OF RELIGION)]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Abstract: On the basis of Tugendhat's distinction between religion and mysticism, which has been taken up in his own way by J. Ratzinger, this paper examines the Hegelian idea according to which philosophy subsumes the representational form of religion into the concept. Does this imply that the Christian Religion is reduced by Hegel to some kind of mysticism? The paper explores the pros and cons of this reading, leaving the question open by conditioning it to a better understanding of the Hegelian concept of freedom.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p><b>        <center>     <font face="verdana" size="4"> HEGEL Y LA 'SUPERACI&Oacute;N' DE LA   RELIGI&Oacute;N</font></center></b></p>       <p><b>        <center>     <font face="verdana" size="3">(HEGEL AND THE 'OVERCOMING' OF RELIGION)</font></center></b></p>     <p><b>JORGE AURELIO D&Iacute;AZ</b>    <br> UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA BOGOT&Aacute;, COLOMBIA    <br> <a href="mailto:jadiaza@unal.edu.co">jadiaza@unal.edu.co</a></p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><b>Resumen:</b> A la luz de la distinci&oacute;n elaborada por E. Tugendhat entre religi&oacute;n y m&iacute;stica, retomada a su modo por el te&oacute;logo J. Ratzinger, se examina la idea hegeliana seg&uacute;n la cual la filosof&iacute;a eleva la forma representativa propia de la religi&oacute;n a concepto. &iquest;Significa esto que la religi&oacute;n cristiana es reducida por Hegel a una m&iacute;stica? Se examinan los pros y contras de esta lectura, dejando abierta la pregunta, al condicionarla a una mejor comprensi&oacute;n del concepto hegeliano de libertad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b> Palabras clave:</b> Hegel, E. Tugendhat, religi&oacute;n, m&iacute;stica.</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><b>   Abstract:</b> On the basis of Tugendhat's distinction between religion and   mysticism, which has been taken up in his own way by J. Ratzinger, this   paper examines the Hegelian idea according to which philosophy subsumes   the representational form of religion into the concept. Does this imply that   the Christian Religion is reduced by Hegel to some kind of mysticism? The   paper explores the pros and cons of this reading, leaving the question open   by conditioning it to a better understanding of the Hegelian concept of freedom.</p>     <p><b> Keywords:</b> Hegel, E. Tugendhat, religion, mysticism.</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>   En la Conferencia titulada Las ra&iacute;ces antropol&oacute;gicas de la religi&oacute;n y   la m&iacute;stica, Ernst Tugendhat analiza ambos fen&oacute;menos, la religi&oacute;n   y la m&iacute;stica, como dos formas de responder a lo que, de manera   general, &eacute;l denomina la "mala suerte", es decir, el conjunto de frustraciones   que sufre un ser humano, la mayor de las cuales, pero no la &uacute;nica, es la muerte. Como "en principio la mala suerte no se puede superar" y "en particular, nunca habr&aacute; remedio contra la muerte" (Tugendhat: 9) &ndash;dice Tugendhat&ndash;, los seres humanos nos vemos frente a tres alternativas. Una es "apretar los dientes", que es la opci&oacute;n que &eacute;l atribuye a Freud, y podr&iacute;amos tambi&eacute;n decir que a Nietzsche. La otra es la religi&oacute;n, en la que podemos encontrar a su vez tres niveles o tres posturas escalonadas en su desarrollo hist&oacute;rico: la primera trata de lograr una influencia m&aacute;gica sobre los poderes divinos a los que atribuye la causa de sus posibles frustraciones; la segunda busca mover la voluntad divina mediante la oraci&oacute;n, y es "la postura religiosa propiamente dicha" (Tugendhat: 11). Pero hay una actitud superior, que "parece ser la m&aacute;s alta a la que se pueda llegar" (Tugendhat: 12), y es la que vemos expresada por Jes&uacute;s en su oraci&oacute;n en el huerto de los olivos: "Padre m&iacute;o, si es posible l&iacute;brame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres t&uacute;" (Mt. 26, 39).</p>     <p>   Ahora bien, a quien la opci&oacute;n de Freud no le resulta satisfactoria y,   por otra parte, como lo expresa Tugendhat, considera la opci&oacute;n religiosa   excluida por lo que llama "una obligaci&oacute;n de honestidad intelectual"   (Tugendhat: 14), le queda como tercera alternativa la m&iacute;stica,   a la que define de manera tentativa como "un estado de conciencia en   el que el sujeto se siente unido con la totalidad de las cosas, o con el   ser, o con Dios" (Tugendhat: 15). Este &uacute;ltimo caso, el de la uni&oacute;n con   Dios, se refiere, claro est&aacute;, a la m&iacute;stica dentro de la religi&oacute;n.</p>     <p>   No considero necesario entrar a detallar las caracter&iacute;sticas de la   m&iacute;stica y sus diversas interpretaciones en el Budismo y el Tao&iacute;smo, tal   como lo hace el conferencista; b&aacute;stenos tomar las dos opciones que   presenta como caminos posibles para enfrentar la "mala suerte", y   que corresponden en sus l&iacute;neas generales a las mismas que analiza   Joseph Ratzinger (el actual Pont&iacute;fice Romano) en un art&iacute;culo cuyo   t&iacute;tulo es: "La unidad y la pluralidad de las religiones. El lugar de la fe   cristiana en la historia de las religiones" (Ratzinger: 15ss.). En este   caso la contraposici&oacute;n sirve para distinguir las religiones monote&iacute;stas   (Juda&iacute;smo, Cristianismo e Islam) de las m&iacute;sticas orientales, lo que   viene a concordar con la anotaci&oacute;n de Tugendhat: "Si la potencia   divina es adem&aacute;s concebida como personal, se trata de un dios"   (Tugendhat: 11).</p>     <p>   Es cierto que subsiste una importante diferencia en la interpretaci&oacute;n   que cada uno de ellos, Tugendhat y Ratzinger, tienen de la relaci&oacute;n   entre religi&oacute;n y m&iacute;stica. Porque para el primero ese "algo sublime" en   virtud del cual "las grandes cultura orientales" ense&ntilde;an a "desprenderse   del yo quiero" (Tugendhat: 15), no es en realidad divino, y no   deber&iacute;a por lo tanto llamarse Dios, porque no tiene car&aacute;cter personal y   por ello no cabe acudir a &eacute;l en busca de ayuda. Mientras que Ratzinger   lo entiende como una figura de la divinidad, si bien carente del atributo   de persona.</p>     <p>   Sin embargo, para el prop&oacute;sito de esta exposici&oacute;n tal diferencia no   resulta significativa, porque lo que me interesa resaltar es la alternativa   entre religi&oacute;n y m&iacute;stica que comparten ambos autores, y que bien   podr&iacute;amos interpretar como la figura de un doble movimiento. Mientras   que en la m&iacute;stica, incluso en ciertas formas de la m&iacute;stica cristiana, el   ser humano renuncia a su voluntad para integrarse como simple momento   de una realidad o de un devenir absoluto, en las religiones monote&iacute;stas   el movimiento tiene su origen en Dios mismo, concebido esta vez   como sujeto que se manifiesta y se entrega a los seres humanos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, espero que este muy somero esbozo de estos dos conceptos   de m&iacute;stica y religi&oacute;n, a la vez contrapuestos y complementarios,   nos pueda ayudar para comprender mejor la forma como Hegel busc&oacute;,   desde la filosof&iacute;a, o desde su filosof&iacute;a, interpretar el sentido de la religi&oacute;n   en general, y de la religi&oacute;n cristiana en particular. Me propongo   entonces leer algunos de los conceptos con los cuales Hegel ha buscado   integrar la religi&oacute;n dentro de su Sistema de pensamiento, a la luz   de la interpretaci&oacute;n que nos ofrecen tanto Tugendhat como Ratzinger   del fen&oacute;meno religioso. As&iacute;, dos preguntas van a guiar mis consideraciones   a este respecto. La primera podemos formularla as&iacute;: &iquest;cabe   entender la propuesta hegeliana como una reducci&oacute;n de la religi&oacute;n a   la m&iacute;stica? Y la segunda, dependiendo de la respuesta que le demos   a la primera, tratar&aacute; de aclarar hasta qu&eacute; punto la religi&oacute;n, y en particular   la cristiana, puede esperar de la filosof&iacute;a una forma adecuada de comprenderla.</p>     <p>   En cuanto a la manera como Hegel entiende la religi&oacute;n, habr&iacute;a   mucho que decir. No en vano el Sistema puede entenderse como un   esfuerzo especulativo por comprender la Modernidad como la realizaci&oacute;n   plena, no s&oacute;lo de lo iniciado por la cultura griega, sino tambi&eacute;n   y sobre todo del mensaje cristiano en toda su rica complejidad.   Ahora bien, en aras de concentrar nuestra atenci&oacute;n, me voy a referir de   manera casi exclusiva a lo expresado por Hegel en la Fenomenolog&iacute;a   del Esp&iacute;ritu, y ello por dos razones. Una es que, como lo reconocen por   lo general los comentaristas, en esta obra logra Hegel formular lo fundamental   de su concepci&oacute;n religiosa, de modo que los cambios que   puedan encontrarse en obras posteriores obedecen a desarrollos o   precisiones de lo dicho por &eacute;l en la Fenomenolog&iacute;a. La otra raz&oacute;n es que   se trata de la obra de Hegel m&aacute;s comentada y m&aacute;s conocida, no s&oacute;lo en su globalidad, sino tambi&eacute;n en lo que concierne a la religi&oacute;n.</p>     <p>   Mi prop&oacute;sito no ser&aacute; repetir o entrar a cuestionar esas interpretaciones,   sino centrarme en lo que considero el punto crucial de la interpretaci&oacute;n   hegeliana, al menos tal como ella puede aparecer a los ojos de   un te&oacute;logo o de un creyente: la idea de que la religi&oacute;n cristiana, pese a   constituir, como dice de la Maza, "la s&iacute;ntesis suprema de todas aquellas   experiencias fundamentales que el hombre puede hacer acerca de   la verdad" (de la Maza: 249), puede y debe sin embargo ser superada   (augehoben) por el pensamiento especulativo, en el triple sentido de suprimida, conservada y elevada. &iquest;En qu&eacute; consiste esa "superaci&oacute;n"?</p>     <p>   Es cierto que Hegel nos asegura que el contenido de la religi&oacute;n se   habr&aacute; de mantener en la filosof&iacute;a, y que s&oacute;lo se trata de un cambio en cuanto a la forma:</p>     <p><ul>   El contenido del representar [propio de la conciencia religiosa]   es el esp&iacute;ritu absoluto [en lenguaje religioso: Dios]; y lo que falta   por hacer es &uacute;nicamente superar [Aufheben] esa mera forma, o, m&aacute;s bien, como ella pertenece a la conciencia como tal, su verdad   tiene que haberse dado ya en las configuraciones de la misma.   (Ph. 549)    </ul></p>       <p>Esta formulaci&oacute;n no puede menos que resultar extra&ntilde;a, si tenemos     en cuenta que la forma, en el caso espec&iacute;fico de la religi&oacute;n cristiana, no   parece que se pueda independizar del contenido, al menos no de manera   completa. &iquest;Puede en realidad una filosof&iacute;a llegar a comprender a   plenitud el contenido de una religi&oacute;n que se dice revelada, sin que por   ello atente contra ese contenido? Es la pregunta que nos hemos hecho   desde el inicio de la exposici&oacute;n: &iquest;hasta d&oacute;nde llegan los l&iacute;mites de la comprensi&oacute;n filos&oacute;fica de una religi&oacute;n que se dice revelada por Dios?</p>       <p>     Para responderla, conviene examinar con atenci&oacute;n en qu&eacute; consiste     ese procedimiento mediante el cual el pensamiento especulativo, es     decir, la filosof&iacute;a, eleva la representaci&oacute;n religiosa a concepto. Esto nos     lleva a contrastar las dos nociones que designan el punto de partida y el     punto de llegada de ese procedimiento: representaci&oacute;n y concepto. Se     trata de transformar la manera representativa como los contenidos religiosos     son comprendidos por la conciencia creyente, para darles la forma de verdaderos conceptos.</p>       <p>     Comencemos por examinar esos contenidos, siguiendo para ello el     excelente ordenamiento del texto de la Fenomenolog&iacute;a propuesto por     Johannes Heinrichs en su estudio sobre La l&oacute;gica en la 'Fenomenolog&iacute;a     del Esp&iacute;ritu'<sup><a href="#1" name="s1">1</a></sup>. Seg&uacute;n Heinrichs, el texto sobre la Religi&oacute;n revelada     consta de 4 partes, cuyos subt&iacute;tulos son: 1. Las condiciones de la religi&oacute;n     revelada; 2. El contenido simple de la misma; 3. Sus niveles de     conciencia; 4. El contenido desarrollado. Me interesa, por supuesto,     el contenido, tanto el simple como el desarrollado, ya que ser&aacute; ese     contenido el que deber&aacute; ser elevado o superado en cuanto a su forma     representativa; pero, en aras de la brevedad, me fijar&eacute; en el contenido     simple y sus niveles de conciencia, donde se trata precisamente de la     doctrina de la Encarnaci&oacute;n como doctrina fundamental del Cristianismo,     y s&oacute;lo en forma muy somera har&eacute; menci&oacute;n del contenido desarrollado,     que corresponde a las otras dos tesis fundamentales del Cristianismo: la Trinidad y la Redenci&oacute;n.</p>       <p>     Para comprender mejor dicho contenido, conviene tener en cuenta el     movimiento que precede a su formulaci&oacute;n en la Fenomenolog&iacute;a, movimiento     que corresponde a una visi&oacute;n hist&oacute;rica de las religiones, y que     va de las religiones naturales hasta la religi&oacute;n revelada, es decir, el     Cristianismo. Hegel visualiza este movimiento a partir de la doctrina central de la Encarnaci&oacute;n de Dios, la Menschwerdung, el 'volverse     hombre'. Cada una de las religiones que han precedido al Cristianismo     ha significado un paso en el proceso de concebir a la divinidad     como autoconciencia, es decir, a imagen y semejanza del ser humano,     de modo que, cuando Dios se vuelve hombre, el proceso ha llegado a su culminaci&oacute;n. Escuchemos a Hegel:</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><ul>     El momento del ser inmediato se halla de tal manera en el contenido     del concepto, que el esp&iacute;ritu religioso, en el retorno de     toda esencialidad a la conciencia, se ha convertido en s&iacute; mismo simple y positivo [&hellip;]. (Ph. 527)    </ul></p>       <p>     Traduzcamos: la historia de las religiones es la historia del "retorno     de toda esencialidad a la conciencia", en otras palabras, el mismo     proceso del saber especulativo: lograr que toda exterioridad venga a     convertirse en un momento de la conciencia misma, de modo que la     realidad en &uacute;ltimo t&eacute;rmino tenga la misma configuraci&oacute;n que la conciencia,     es decir, que sujeto y objeto se identifiquen. Y esa historia de     las religiones ha llegado a su meta en el Cristianismo, porque el "momento     del ser inmediato", es decir, la concreta realidad de lo singular, es     tan indispensable al concepto, que en ese proceso hist&oacute;rico el esp&iacute;ritu     religioso ha llegado a convertirse en un s&iacute; mismo simple y positivo, en     otras palabras, ha tomado forma en una persona singular y concreta. Se     trata entonces de la Encarnaci&oacute;n como la realizaci&oacute;n plena de Dios como Esp&iacute;ritu.</p>       <p>     De ah&iacute; que "esta encarnaci&oacute;n de la esencia divina &ndash;prosigue Hegel&ndash;,     o que ella esencialmente y de manera inmediata tenga la figura de la     autoconciencia, es el contenido simple de la religi&oacute;n absoluta" (Ph.     528). Se trata de la Encarnaci&oacute;n entendida como la doctrina fundamental     del Cristianismo. Y es precisamente este contenido el que deber&aacute;     adquirir, mediante la filosof&iacute;a, una nueva forma, ya no representativa,     sino conceptual: "Las esperanzas y expectativas del mundo precedente &ndash;dice Hegel&ndash; persiguen &uacute;nicamente esta revelaci&oacute;n, contemplar lo que la esencia absoluta es, y encontrarse a s&iacute; mismo en ella" (Ph. 530).</p>       <p>     Para ello el contenido religioso deber&aacute; seguir un proceso que Hegel     compara &ndash;pero no identifica&ndash; con el paso de la conciencia desde la     certeza sensible por la percepci&oacute;n hasta el entendimiento. Se parte     de la presencia inmediata y sensible del Dios encarnado, para elevarse     a la universalidad abstracta de la representaci&oacute;n, y llegar as&iacute;     finalmente al concepto especulativo. En este sentido la muerte de     Jes&uacute;s es interpretada como el primer paso, dentro de la religi&oacute;n revelada,     por el que la conciencia creyente deja de ver a Dios en forma     sensible, y comienza a comprenderlo de manera espiritual. Pero esta     conciencia mantiene todav&iacute;a el car&aacute;cter de representaci&oacute;n, porque proyecta ese contenido fuera de ella misma en un pasado y en un     futuro: en la vida, muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo en el pasado, y en la futura salvaci&oacute;n escatol&oacute;gica.</p>       <p>     Es cierto que en la persona de Jes&uacute;s el creyente puede ver y o&iacute;r a Dios     en forma inmediata, pero por ello mismo no lo comprende tal como en     realidad es, es decir, como esp&iacute;ritu. Se trata, es cierto, de la presencia     de Dios mismo, que en la persona de Jes&uacute;s ha llegado hasta su total     exteriorizaci&oacute;n, hasta su total ser otro. Y como autoconciencia, Dios es     precisamente en la medida en que, en su total ser otro, se mantiene     id&eacute;ntico consigo. Este punto es crucial para comprender la interpretaci&oacute;n     hegeliana: ser autoconciencia, ser s&iacute; mismo, significa estar siendo     uno mismo precisamente en su constante estar siendo otro, mantener la propia identidad en el continuo estarse volviendo otro.</p>       <p><ul>     Por eso &ndash;nos dice&ndash;, en esta religi&oacute;n la esencia divina se ha revelado.     Su estar revelada consiste claramente en que se sabe lo que     ella es. Y viene a ser sabida precisamente en cuanto es sabida     como esp&iacute;ritu, como esencia que es esencialmente autoconciencia. (Ph. 528)    </ul></p>       <p>     As&iacute;, cuando se predica de Dios que es justo, bondadoso, santo, etc.,     s&oacute;lo tenemos modos de pensar sobre Dios, pero Dios mismo permanece     oculto, ya que, en cuanto tales predicados "son sabidos, su fundamento     y esencia, el sujeto mismo, no est&aacute; todav&iacute;a revelado, e igualmente las     determinaciones del universal no son este universal mismo" (Ph. 528). En     esas condiciones Dios no es todav&iacute;a la justicia misma, la bondad, la     santidad, etc., porque para ello hay que concebirlo como autoconciencia,     es decir, como actividad que se realiza ella misma en su estar     saliendo fuera de s&iacute;, lo cual significa que existe precisamente en el acto     mismo de revelarse. Ahora bien, que su concepto consista precisamente     en ese revelarse, es lo que constituye su verdadera sustancia.     Con lo cual tenemos aqu&iacute; lo que significa concebir la sustancia a la     vez como verdadero sujeto: significa concebirla como actividad de auto-constituci&oacute;n.</p>       <p>     Y esto, nos dice Hegel, s&oacute;lo es accesible para una autoconciencia que pueda reconocerse a s&iacute; misma en su objeto:</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><ul> &Eacute;l [Dios] es sabido como autoconciencia y se revela inmediatamente   para &eacute;sta, porque &eacute;l es esta misma; la naturaleza divina   es lo mismo que la humana, y es esta unidad la que es intuida. (Ph. 529)    </ul></p>       <p>     Para ello ser&aacute; necesario elevar la presencia inmediata singular a     representaci&oacute;n, lo que implica la desaparici&oacute;n del singular como tal, o,     como dice Hegel, que el singular lleve a cabo en s&iacute; mismo el movimiento del ser sensible, es decir, el movimiento que hab&iacute;a realizado el objeto     de la certeza sensible, y que consiste en convertirse en el universal     abstracto propio de la percepci&oacute;n: de ser Dios presente de manera inmediata, pasa a convertirse en un "haber sido". Por eso:</p>       <p><ul>     [&hellip;] la conciencia, para la cual &eacute;l tiene esa presencia sensible,     deja de verlo y o&iacute;rlo; y precisamente porque ella s&oacute;lo lo ha visto     y o&iacute;do, ella misma se convierte en conciencia espiritual, o, as&iacute;     como antes &eacute;l se hac&iacute;a presente para ella como ser-ah&iacute; sensible, ahora se le hace presente en el esp&iacute;ritu. (Ph. 531)    </ul></p>       <p>     Como simple conciencia que ve y oye su objeto, el creyente se comporta     como "conciencia inmediata", no reflexiva, y de ah&iacute; que el objeto     se le presente como algo que le es por completo ajeno, extra&ntilde;o, que no     ha sido asumido por el pensar, de modo que en ese objeto la conciencia     no se reconoce a s&iacute; misma. Pero, al desaparecer la inmediatez del objeto, la conciencia debe volver sobre s&iacute; para recuperarlo dentro de s&iacute; misma.</p>       <p>     Sin embargo, en este movimiento se lleva a cabo un cambio de la     mayor significaci&oacute;n, porque, al desaparecer el objeto inmediato de su     creencia, la conciencia misma tiene que convertirse de conciencia     inmediata en conciencia universal de la comunidad creyente. Para     comprender esto debemos recordar un principio fundamental de     movimiento de la Fenomenolog&iacute;a, seg&uacute;n el cual sujeto y objeto son     inseparables, de modo que una transformaci&oacute;n en el objeto implica     tambi&eacute;n una transformaci&oacute;n igual en el sujeto. Por eso, al desaparecer     el objeto inmediato de la creencia, al morir Cristo, la conciencia de los     creyentes deja de ser la conciencia inmediata que lo ve y lo oye, para     convertirse en la conciencia de la comunidad creyente que mantiene en ella el recuerdo de haberlo visto y haberlo o&iacute;do.</p>       <p>     Hyppolite, en nota a su traducci&oacute;n de la Fenomenolog&iacute;a al franc&eacute;s,     se&ntilde;ala que en este punto Hegel asume la posici&oacute;n de la teolog&iacute;a cat&oacute;lica,     para la cual tanto la tradici&oacute;n como la Escritura constituyen fuentes     del mensaje revelado: "el Cristo hist&oacute;rico no debe ser separado de su     interpretaci&oacute;n hist&oacute;rica en la comunidad" (II: 270, n. 31). Sin embargo,     el texto apunta m&aacute;s all&aacute;, porque la utilizaci&oacute;n del verbo aufstehen     para referirse al hacerse presente de Dios a la conciencia, insin&uacute;a     claramente la resurrecci&oacute;n: la Auferstehung. Es la comunidad misma     la que, con su fe, hace presente a Dios como esp&iacute;ritu, y es en ella donde Cristo resucita.</p>       <p>     As&iacute; explica Hegel c&oacute;mo la espiritualizaci&oacute;n que se lleva a cabo en la     comprensi&oacute;n de Dios no llega sin embargo al nivel propiamente conceptual,     porque para esa comunidad, aunque Dios viene a ser un objeto     de su fe y de su culto, un objeto en ese sentido espiritual, mantiene     no obstante una distancia con respecto a ella, distancia que muestra el     car&aacute;cter representativo de la misma. En efecto, el objeto de esa fe lo constituye la figura de Jes&uacute;s, su vida, muerte y resurrecci&oacute;n ocurridas en el pasado, y la salvaci&oacute;n como acontecimiento que est&aacute; por venir:</p>       <p><ul>     Pasado y lejan&iacute;a son s&oacute;lo la forma imperfecta &ndash;dice Hegel&ndash; como     la manera inmediata es mediada o puesta como universal; &eacute;sta     s&oacute;lo de manera superficial se ha sumergido en el elemento del     pensar, se ha mantenido en ello como manera sensible, y no ha     sido puesta como una con la naturaleza del pensar mismo. S&oacute;lo     ha sido elevada a la representaci&oacute;n, porque &eacute;sta consiste en la     conexi&oacute;n sint&eacute;tica de la inmediatez sensible y de la universalidad o del pensar. (Ph. 531-532)    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul></p>       <p>     Podemos as&iacute; comprender la diferencia que establece Hegel entre la     representaci&oacute;n y el concepto. Para la primera el objeto de conocimiento     es algo inmediato, o mediado de manera imperfecta, ya que se muestra     como extra&ntilde;o y opuesto a la conciencia, de modo que se hace presente     como algo otro para ella, y sus elementos se muestran igualmente como     diversos y dispersos entre s&iacute;. La categor&iacute;a principal aqu&iacute; es la inmediatez,     la cual determina el contenido de la conciencia como un ser objetivo,     d&aacute;ndoles el mismo car&aacute;cter de objetos a las distinciones que haya en     ese ser objetivo, ya que las considera como entidades exteriores unas     con respecto a otras y externas a la conciencia. El concepto, en cambio,     retoma dichos elementos, y con ellos al objeto mismo, para comprenderlos     como momentos de su propia constituci&oacute;n. Para lo cual la autoconciencia     deber&aacute; extenderse hasta poder abarcar dentro de s&iacute; ese momento de alteridad.</p>       <p>     As&iacute; pues, dado que la filosof&iacute;a convierte representaciones en pensamientos,     y pensamientos en conceptos, la conciencia al conocer asume     una relaci&oacute;n de identidad con respecto a sus objetos, y &eacute;stos la asumen     con respecto a ella. La separaci&oacute;n se transforma en transparencia. De     ah&iacute; que Ringleben, al analizar la relaci&oacute;n entre representaci&oacute;n y concepto,     recalque: "Este retornar a s&iacute; mismo del esp&iacute;ritu en la concepci&oacute;n     de la necesidad es &eacute;l mismo necesario. Es la incondicionalidad de la raz&oacute;n que llega a estar cierta de s&iacute; misma" (Ringleben: 35).</p>       <p>     Me voy a permitir transcribir el p&aacute;rrafo completo en el que Hegel nos     explica esta diferencia entre representaci&oacute;n y concepto, referida al caso espec&iacute;fico de la fe en la comunidad creyente:</p>       <p><ul>     Esta forma del representar constituye la determinaci&oacute;n en la que     el Esp&iacute;ritu es consciente de s&iacute; en su comunidad. Ella no es todav&iacute;a     la autoconciencia del mismo [Esp&iacute;ritu] que se ha extendido     hasta su concepto como concepto: la mediaci&oacute;n es todav&iacute;a imperfecta.     Por lo tanto, en esta conexi&oacute;n del ser y del pensar     tenemos la insuficiencia de que la esencia espiritual se halla     todav&iacute;a afectada con un desdoblamiento no reconciliado entre     un aquende y un allende. El contenido es verdadero, pero todos sus momentos, al estar puestos en el elemento del representar,     tienen el car&aacute;cter de no haber sido comprendidos [conceptualizados],     sino de aparecer como aspectos por completo autosuficientes     que se relacionan entre s&iacute; de manera externa. Que el     contenido verdadero consiga tambi&eacute;n su verdadera forma     para la conciencia, para ello se hace necesaria la educaci&oacute;n m&aacute;s     elevada de esta &uacute;ltima, que eleve su intuici&oacute;n de la sustancia     absoluta hasta el concepto, y que iguale para ella misma su conciencia     con su autoconciencia, tal como ello ya ha acontecido para nosotros o en s&iacute;. (Ph. 532)    </ul></p>       <p>     Para el prop&oacute;sito que nos ocupa, este p&aacute;rrafo nos dice lo fundamental.     El car&aacute;cter de representaci&oacute;n que tiene la comprensi&oacute;n de Dios en     la Comunidad creyente consiste en que &eacute;sta no se comprende a s&iacute;     misma como la realizaci&oacute;n misma de Dios, sino que proyecta fuera de     s&iacute; misma, en el pasado y en el futuro, en el aquende y en el allende, esa     realidad. De ah&iacute; que la elevaci&oacute;n de la forma representativa a la forma     conceptual consista en que la Comunidad comprenda que en ella misma     y por ella misma Dios se hace efectivo como autoconciencia en el     ahora y en el aqu&iacute;. Esto ser&aacute; posible cuando se alcance "la educaci&oacute;n     m&aacute;s elevada" de esa conciencia (die h&ouml;here Bildung), es decir, un pensamiento     en verdad especulativo en el que la identidad de los momentos     contrapuestos se logre, no al margen o en contra de su contraposici&oacute;n,     sino mediante ella misma. Esto significa que Dios y la comunidad creyente     sean diferentes, pero que lo sean en el sentido de que esta &uacute;ltima venga a ser la realizaci&oacute;n concreta de aqu&eacute;l.</p>       <p>     Para una mejor comprensi&oacute;n de este proceso puede servirnos retomar     aquello que ya mencionamos antes, y que Hegel, en el Pr&oacute;logo a     la Fenomenolog&iacute;a, se&ntilde;ala como la tarea fundamental de su proyecto     filos&oacute;fico: que la sustancia sea comprendida igualmente como sujeto.     Recordemos el texto: "En mi opini&oacute;n, que tendr&aacute; que justificarse &uacute;nicamente mediante la exposici&oacute;n del Sistema, todo depende de concebir y expresar lo verdadero no como sustancia, sino igualmente como sujeto" (Ph. 19).</p>       <p>     La formulaci&oacute;n misma no deja de resultar un poco extra&ntilde;a, porque     comienza diciendo que lo verdadero no debe ser concebido y expresado     como sustancia, pero de inmediato se corrige para a&ntilde;adir: "sino     igualmente como sujeto". Pareciera significar que la sustancia debe     ser concebida como sujeto, y s&oacute;lo entonces podr&aacute; ser comprendida     como verdadera sustancia, es decir, que s&oacute;lo como sujeto la sustancia puede ser comprendida de manera correcta.</p>       <p>     Pues bien, tal vez la mejor interpretaci&oacute;n de este crucial texto nos la     ha ofrecido Dieter Henrich en un art&iacute;culo cuyo t&iacute;tulo es: "L&oacute;gica     hegeliana de la reflexi&oacute;n". All&iacute; nos dice que esta f&oacute;rmula contiene al     menos tres condiciones para su ejecuci&oacute;n. La primera es que, mientras no haya sido concebida como sujeto, la sustancia como mera sustancia     carece de toda realidad o efectividad. Esto, como sabemos, lo hab&iacute;an     visto ya, no s&oacute;lo los empiristas como Hume, al negarle al concepto     de sustancia un referente real, sino ya tambi&eacute;n los escol&aacute;sticos, cuando     propusieron como definici&oacute;n adecuada de sustancia la de principium     actionis, principio de acci&oacute;n. Y esto mismo podemos constatarlo en las     m&oacute;nadas leibnicianas, verdaderas sustancias, precisamente porque     son puntos de energ&iacute;a; o en la f&oacute;rmula Spinocista de essentia actuosa.     En otras palabras, la sustancia s&oacute;lo puede tener sentido real cuando se la concibe como punto de partida de su propia realizaci&oacute;n.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>     Ahora bien, la segunda condici&oacute;n para llevar a cabo la concepci&oacute;n     de la sustancia como sujeto es que, si el concepto de sujeto debe servir     para expresar la unidad que subyace a toda multiplicidad, entonces     debe ser comprendido como sustancia, es decir, como aquello que permanece     a trav&eacute;s de todas sus diversas manifestaciones. Y de estas     dos condiciones viene a derivarse la tercera, que Henrich formula     as&iacute;: "frente a la unilateral, formal y abstracta subjetividad, hay que     plantear la tesis de que toda subjetividad tiene como tarea hacerse sustancial" (Henrich: 91).</p>       <p>     Si examinamos a esta luz el resultado que deb&iacute;a seguirse de que la     forma representativa que tiene la conciencia religiosa fuera elevada a     concepto, lo que vemos es que concebir a Dios como sujeto significa     comprender precisamente que su realidad concreta viene a darse en la     comunidad creyente como tal, en la cual se hace efectivo en cada momento     hist&oacute;rico. Esto implica que la realizaci&oacute;n de la reconciliaci&oacute;n     de los seres humanos con Dios no se desplaza a un futuro escatol&oacute;gico,     sino que se lleva a cabo en el aqu&iacute; y el ahora de dicha comunidad.     Pero &eacute;sta misma, en la medida en que se comprende como tal, ya no     tendr&aacute; que creer, en el sentido de aceptar algo extra&ntilde;o a su conciencia     como objeto de la misma, sino que podr&aacute; contemplar y vivir, en la     transparencia de su saber especulativo, su propia diferencia con Dios     en el seno de la identidad. La comunidad no es Dios, porque &eacute;ste,     como autoconciencia, no se identifica sin m&aacute;s con cada una de sus     realizaciones particulares. Pero s&iacute; lo es, en el sentido de que en ella y por ella &eacute;l adquiere realidad concreta.</p>       <p>     Hegel, siguiendo en esto la tradici&oacute;n teol&oacute;gica cristiana, pasa a deducir     de la Encarnaci&oacute;n las otras dos fundamentales doctrinas del     Cristianismo, la Trinidad y la Redenci&oacute;n. Pero seguirlo en ello nos     llevar&iacute;a muy lejos de nuestro prop&oacute;sito. Digamos, sin embargo, que la     Trinidad viene a confirmar y desarrollar la idea de que Dios es sujeto, es     decir, un s&iacute; mismo que sale de s&iacute; hasta su otro, y en este otro se identifica     consigo; en otras palabras, que s&oacute;lo existe en el proceso mismo de autoconstituirse.     Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo son as&iacute; los tres momentos de     ese movimiento eterno en el que Dios se configura como sujeto, o, como     dice Henrich, 'cumple su tarea de hacerse sustancial'.                                                     </p>   </p>       <p>Podemos ver entonces que la pregunta que hicimos en un comienzo,   acerca de si la interpretaci&oacute;n hegeliana implicaba una reducci&oacute;n de la   religi&oacute;n a la m&iacute;stica, parece que deber&iacute;a responderse de manera negativa.   Porque Hegel no concibe a Dios como mera sustancia, como ese   algo sublime "que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de nosotros y en relaci&oacute;n con lo cual   nos entendemos como peque&ntilde;os" (Tugendhat: 20), para utilizar los   t&eacute;rminos que emplea Tugendhat para referirse a aquello frente a lo   cual el m&iacute;stico renuncia a su yo. La doctrina hegeliana de la religi&oacute;n   busca, por el contrario, comprender a Dios a la luz de una teor&iacute;a consistente   sobre la subjetividad, y considera que en ello se juega el sentido &uacute;ltimo de la realidad y de su comprensi&oacute;n.</p>       <p>     Sin embargo, esta respuesta resulta en realidad ambigua, si examinamos     con atenci&oacute;n lo que para Hegel significa ser sujeto, y lo que la     religi&oacute;n, en el sentido que le dan Tugendhat y Ratzinger, pretende     expresar cuando dice que Dios es persona. Y esta ambig&uuml;edad salta a     la vista precisamente cuando atendemos a lo que Hegel nos dice sobre     la tercera doctrina fundamental del Cristianismo, la doctrina de la Redenci&oacute;n.</p>       <p>     Si examinamos las muy diversas cr&iacute;ticas que la teolog&iacute;a le ha hecho     a la interpretaci&oacute;n hegeliana de la religi&oacute;n Cristiana, creo que la mejor     formulaci&oacute;n, aquella que apunta de manera directa a lo fundamental,     la encontramos, no en Kierkegaard, sino en el te&oacute;logo calvinista Karl     Barth. Este &uacute;ltimo le objeta a Hegel "desconocimiento de la libertad de     Dios", y lo expresa de manera "incisiva" como "desconocimiento de     la doble predestinaci&oacute;n" (Bartha: 69). Esta &uacute;ltima formulaci&oacute;n nos     deja ver con total claridad a d&oacute;nde apunta su cr&iacute;tica: a la luz de la     revelaci&oacute;n cristiana Dios no puede ser concebido como un ser cuyo comportamiento pueda estar sometido a los c&aacute;nones de nuestra raz&oacute;n.</p>       <p>     Lo que llama la atenci&oacute;n de esta cr&iacute;tica es que viene a coincidir con     la que, desde la filosof&iacute;a, ha hecho de la Maza en la consideraci&oacute;n     final de su excelente art&iacute;culo sobre "La religi&oacute;n como autoconciencia     del Esp&iacute;ritu en la Fenomenolog&iacute;a de Hegel". Nos dice all&iacute; que Hegel     extrapola sin justificaci&oacute;n suficiente el sentido de la revelaci&oacute;n de     Dios, al comprenderla como un total desocultamiento en el que todo     misterio vendr&iacute;a a desaparecer, y que extrapola igualmente el sentido     de la reconciliaci&oacute;n del ser humano con Dios, al comprenderlo "como     una superaci&oacute;n de la facticidad y finitud humanas en un esp&iacute;ritu     universal comprendido sub specie aeternitatis" (de la Maza: 263). Esto &uacute;ltimo entiendo que nos remite al concepto de "ese algo sublime", al que se refiere Tugendhat a prop&oacute;sito de la m&iacute;stica.</p>       <p>     Un ejemplo claro del Dios de la revelaci&oacute;n, reivindicado por la teolog&iacute;a     cristiana, podemos encontrarlo en la narraci&oacute;n del Libro de Job,     cuando, luego de narrar las vicisitudes por las que &eacute;ste hab&iacute;a pasado,     as&iacute; como las conversaciones que lleva con sus amigos y con su esposa buscando comprender lo sucedido, Jahveh mismo se hace presente y     lo interpela, y pr&aacute;cticamente lo abruma con una serie interminable de preguntas, que desarrollan en forma po&eacute;tica la primera de ellas:</p>       <p><ul>     Entonces el Se&ntilde;or le habl&oacute; a Job en medio de la tempestad: &iquest;Qui&eacute;n eres t&uacute; para dudar de mi providencia y mostrar con tus palabras la ignorancia? Mu&eacute;strame ahora tu valent&iacute;a y resp&oacute;ndeme a esta pregunta: &iquest;D&oacute;nde estabas cuando yo afirm&eacute; la tierra? &iexcl;D&iacute;melo, si de veras sabes tanto! &iquest;Sabes qui&eacute;n decidi&oacute; cu&aacute;nto habr&iacute;a de medir, y qui&eacute;n fue el arquitecto que la hizo? (Job 38, 1-5)    </ul></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>     La teolog&iacute;a busca hacer suyo este reproche de Dios a la raz&oacute;n humana     por pretender someterlo a sus juicios y escrutar el misterio de sus     designios, y la filosof&iacute;a, por su parte, acusa a Hegel de depositar una "confianza ilimitada en la raz&oacute;n", al creerla capaz de alcanzar "un saber total sobre esa totalidad, o un saber absoluto sobre el absoluto" &ndash;como dice de la Maza (264). &iquest;Pero es que acaso la raz&oacute;n puede obrar en otra forma? &iquest;No nos hab&iacute;a amonestado ya Spinoza para que no intent&aacute;ramos convertir a Dios en un "asilo de la ignorancia"? En lugar de reprocharle a Hegel que pretenda alcanzar una plena comprensi&oacute;n de la revelaci&oacute;n cristiana dentro de un sistema articulado de manera racional &iquest;no ser&iacute;a mejor, para la teolog&iacute;a, el aprovechar ese poderoso esfuerzo especulativo para precisar mejor d&oacute;nde habr&iacute;a que establecer en realidad los l&iacute;mites de la raz&oacute;n en su relaci&oacute;n con la revelaci&oacute;n? Porque no cabe duda de que los l&iacute;mites establecidos por Kant resultan demasiado estrechos para las necesidades de la teolog&iacute;a. Y otro tanto cabr&iacute;a se&ntilde;alarle a la filosof&iacute;a.</p>       <p>     Ahora bien, si atendemos con cuidado al reproche que se le hace al     proyecto hegeliano, nos encontramos con una situaci&oacute;n muy peculiar.     Preguntemos &iquest;qu&eacute; clase de libertad es la que, seg&uacute;n el te&oacute;logo     Barth, no se le reconoce a Dios? Y tendr&iacute;amos que responder que se     trata de un libre albedr&iacute;o, es decir, de una voluntad que pudiera actuar     por fuera de los l&iacute;mites que le se&ntilde;ala su inteligencia. Porque s&oacute;lo una     voluntad as&iacute; escapar&iacute;a por completo al juicio de la raz&oacute;n, y nos obligar&iacute;a     a reconocer aquello que, en referencia a Calvino, Barth llama la "soberan&iacute;a divina". Es a lo que vimos que apunta su f&oacute;rmula incisiva de la "doble predestinaci&oacute;n".</p>       <p>     Pero entonces, si volvemos a preguntar ahora si la interpretaci&oacute;n     que ofrece Hegel de la religi&oacute;n cristiana puede considerarse como una     reducci&oacute;n de la misma a la m&iacute;stica, debo confesar que mi respuesta es:     no lo s&eacute;. Y no lo s&eacute;, porque no he logrado todav&iacute;a comprender con     suficiente claridad el concepto de libertad con el que opera la reflexi&oacute;n     hegeliana, y que pertenece al coraz&oacute;n mismo de su sistema. Veo all&iacute;     un esfuerzo supremo de la especulaci&oacute;n por integrar el concepto spinocista (o racionalista) de libertad, que niega de ra&iacute;z todo libre     albedr&iacute;o, con un adecuado concepto de pecado, que considera necesario     para comprender esa misma libertad; conceptos que a todas luces     se muestran por completo incompatibles. Pero bien sabemos que una     de las grandes realizaciones hegelianas es la de lograr reconciliar     conceptos, precisamente cuando los mismos han llegado a su m&aacute;s extrema contradicci&oacute;n. No otra es la intenci&oacute;n de su dial&eacute;ctica.</p>       <p>     Ahora bien, para justificar mi perplejidad, perm&iacute;tanme terminar     esta exposici&oacute;n resumiendo los momentos estructurales del concepto     hegeliano de libertad, tal como nos los presenta Ringleben en su ya mencionado estudio sobre el pecado en Hegel.</p>       <p>     En primer lugar, Hegel piensa la libertad como un sapiente retornar     dentro de s&iacute;, o como un estar cabe s&iacute; de manera consciente. Esto significa     que ella es a la vez el proceso de su propia g&eacute;nesis, y el resultado     del mismo, y es en este sentido que la autoconciencia viene a ser elemento     constitutivo de la libertad, o a ser la libertad misma. Ahora bien,     esto implica que la libertad se constituye en cuanto la conciencia toma     distancia de s&iacute; misma, se distingue de s&iacute; o rompe su identidad inicial,     para alcanzar de esa manera su identificaci&oacute;n consigo misma. Por eso     su exposici&oacute;n s&oacute;lo puede llevarse a cabo a trav&eacute;s de alternativas, de     rupturas: finito-infinito, formal-real, abstracto-concreto, etc., de modo     que su realizaci&oacute;n implica siempre la superaci&oacute;n de una ruptura, o la     instauraci&oacute;n de claridad dentro de un contexto de por s&iacute; ambivalente.     Al generarse a s&iacute; misma, la libertad viene a ser lo no-dado por excelencia, lo no-puesto, ya que es ella la que se pone a s&iacute; misma.</p>       <p>     En esto no hace Hegel otra cosa que desarrollar la idea spinocista de     libertad, como conciencia clara de los dictados de la raz&oacute;n. Pero en     esas alternativas entre las que se lleva a cabo la libertad, una de ellas     se muestra como positiva y la otra como negativa para la misma libertad.     Esto quiere decir que ella, como posibilidad, puede realizarse o     frustrarse, y s&oacute;lo llegar&aacute; a realizarse superando su deficiencia o su     mal uso. Y es ah&iacute; donde tiene lugar para la especulaci&oacute;n el concepto     de pecado, que Spinoza hab&iacute;a descartado por completo: "En el concepto     de pecado &ndash;dice Ringleben&ndash; la libertad sabe su esencial situaci&oacute;n     de peligro, a la vez de principio y de hecho, y con ello [se sabe] ella     misma" (Ringleben: 284). Por eso el mito del pecado original, que     muestra le necesidad de la conciencia de pecado para la libertad, o     que narra el proceso por el que la conciencia llega a ser ella misma,     hace del Cristianismo una religi&oacute;n de la libertad. "En el pecado la     libertad sabe de s&iacute; en cuanto sabe lo que ella no es; ella no se sabr&iacute;a, si no supiera lo que es el pecado" (Ringleben: 285).</p>       <p>     De esta manera la libertad se muestra siempre como desdoblada o     duplicada, porque distingue en s&iacute; misma a s&iacute; misma de su manera de     presentarse, de modo que ella s&oacute;lo es en la medida en que abarca por igual lo que ella no es, ya que asume dentro de s&iacute; su punto de partida     y su manera de ser, puesto que ella es en realidad su propio origen.     Todo lo cual muestra que la libertad es ella misma necesaria, y esto en     doble sentido. Por una parte, al saberse, ella sabe de su necesidad,     porque, al no tener condiciones ni fundamento, ella es en realidad su     propia condici&oacute;n y su propio fundamento. Pero entonces, por otra     parte, ella no puede no ser, ya que no puede ser pensada sin que por ello mismo sea.</p>       <p> &iquest;Significa esto que la libertad, tal como la concibe Hegel, permite   pensar a un Dios que irrumpe dentro de la existencia humana y se   muestra as&iacute; irreductible para la raz&oacute;n? Si ello fuera as&iacute;, tendr&iacute;amos   all&iacute; una filosof&iacute;a a la que la teolog&iacute;a cristiana no tendr&iacute;a en realidad   nada qu&eacute; reprocharle, y de la que, por el contrario, tendr&iacute;a mucho que   aprender. Pero si no fuera as&iacute;, entonces queda pendiente la pregunta: &iquest;puede la filosof&iacute;a en realidad llegar m&aacute;s all&aacute;? &iquest;No implica entonces   el pensamiento filos&oacute;fico de la revelaci&oacute;n cristiana una inevitable reducci&oacute;n   de la misma a las condiciones de la m&iacute;stica? Debo confesar   que no me encuentro en condiciones de dar respuesta a esta pregunta.</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1"> <font face="verdana" size="1">     <p><a href="#s1" name="#1">1</a> Este libro, a mi parecer, no ha recibido toda la atenci&oacute;n que merece, ya que   presenta muy interesantes indicaciones sobre las relaciones entre las figuras de la   conciencia y los conceptos de la L&oacute;gica, permitiendo una m&aacute;s clara ordenaci&oacute;n del texto de la Fenomenolog&iacute;a.</p> </font>  <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><font face="verdana" size="3"> Bibliograf&iacute;a</font></b></p>     <!-- ref --><p>   Barth, Karla. "Hegel". Trad. Jorge A. D&iacute;az. En: Cuadernos de Filosof&iacute;a Latinoamericana.   Diciembre (1996), Universidad Santo Tom&aacute;s, Bogot&aacute; 68/69: 37-70.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-0062200700010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Barth, Karlb. Die protestantische Theologie em 19. Jahrhundert. Ihre Vorgeschichte und ihre Geschichte. Z&uuml;rich: Theologischer Verlag. (1985).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-0062200700010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   De la Maza, Luis Mariano. "La religi&oacute;n como autoconciencia del esp&iacute;ritu en   la Fenomenolog&iacute;a de Hegel". En: Seminario de Filosof&iacute;a. (1999-2000), Instituto   de Filosof&iacute;a, Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile, Santiago 12-13: 249-265.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-0062200700010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Hegel, G. W. F. [Ph.]. Fenomenolog&iacute;a del Esp&iacute;ritu. Trad. Wenceslao Roces. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. (1966).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-0062200700010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Hegel, G. W. F. La Ph&eacute;nom&eacute;nologie de l'Esprit. T. I-II. Trad. Jean Hyppolite. Paris : Aubier-Montaigne. (s.d).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-0062200700010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Hegel, G. W. F. Ph&auml;nomenologie des Geistes. Hamburg:Verlag von Felix Meiner. (1952).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-0062200700010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Heinrichs, Johannes. Die Logik der 'Ph&auml;nomenologie des Geistes'. Bonn: Bouvier Verlag. (1974).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-0062200700010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Henrich, Dieter. Hegel en su contexto. Trad. Jorge A. D&iacute;az. Caracas: Monte &Aacute;vila Editores. (1987).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-0062200700010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ratzinger, Joseph. Fe, Verdad y Tolerancia. Salamanca: Ediciones S&iacute;gueme. (2005).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-0062200700010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Ringleben, Joachim. Hegels Theorie der S&uuml;nde. Berlin-New York: Walter de Gruyter Verlag. (1977).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-0062200700010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Tugendhat, Ernst. "Las ra&iacute;ces antropol&oacute;gicas de la religi&oacute;n y la m&iacute;stica".   En: Ideas y Valores, Revista Colombiana de Filosof&iacute;a. Diciembre (2001), Universidad   Nacional de Colombia, Bogot&aacute; 117: 7-20. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-0062200700010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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