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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[AUTONOMÍA Y RECONOCIMIENTO<a name=s1></a><a href="#1">¹</a>]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Abstract: This essay is divided in two main parts. The first one will be a short description of the deficiencies found in moral reflection which seem to lead the discussion towards the concept of recognition. Charles Taylor and Axel Honneth, who are one of the main characters in these debates, give very good reasons to turn the argument towards the subject of recognition, but they do not seem to agree either in its definition, or in the right way to recover the Hegelian thesis, nor even in the way to approach the relationship between autonomy and recognition. The second part will introduce, therefore, the proper Hegelian concept, with the intention of emphasizing the essential link -not the rupture- between the notion of recognition and the conceptual model of free will or spirit.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p><b>        <center>     <font face="verdana" size="4">AUTONOM&Iacute;A Y RECONOCIMIENTO<sup><a href="#1" name="s1">1</a></sup></font></center></b></p>       <p><b>        <center>     <font face="verdana" size="3">(AUTONOMY AND RECOGNITION)</font></center></b></p>       <p><b>MIGUEL GIUSTI</b>    <br>   PONTIFICIA UNIVERSIDAD CAT&Oacute;LICA DEL PER&Uacute;    <br>   <a href="mailto:mgiusti@pucp.edu.pe">mgiusti@pucp.edu.pe</a></p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">       <p><b>Resumen:</b> El presente ensayo contiene dos partes. En la primera se hace   una breve descripci&oacute;n de las carencias de la reflexi&oacute;n moral a las que   parece venir al encuentro el concepto de reconocimiento. Charles Taylor y   Axel Honneth, protagonistas en estos debates, dan buenas razones para   dirigir la discusi&oacute;n hacia el tema del reconocimiento, pero no coinciden ni   en su definici&oacute;n, ni en el modo de recuperar la tesis de Hegel, ni tampoco en   la forma de tratar la relaci&oacute;n entre autonom&iacute;a y reconocimiento. En la   segunda parte se analiza la concepci&oacute;n propiamente hegeliana, con la   intenci&oacute;n de destacar el nexo esencial, no la ruptura, que existe entre la   noci&oacute;n de reconocimiento y el modelo conceptual de la voluntad libre o del esp&iacute;ritu.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b> Palabras clave:</b> Hegel, Ch. Taylor, A. Honneth, reconocimiento, moral</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">       <p><b>     Abstract:</b> This essay is divided in two main parts. The first one will be a     short description of the deficiencies found in moral reflection which seem     to lead the discussion towards the concept of recognition. Charles Taylor     and Axel Honneth, who are one of the main characters in these debates,     give very good reasons to turn the argument towards the subject of     recognition, but they do not seem to agree either in its definition, or in the     right way to recover the Hegelian thesis, nor even in the way to approach     the relationship between autonomy and recognition. The second part will     introduce, therefore, the proper Hegelian concept, with the intention of     emphasizing the essential link &ndash;not the rupture&ndash; between the notion of recognition and the conceptual model of free will or spirit.</p>       <p><b> Key words:</b> Hegel, Charles Taylor, Axel Honneth, recognition, morality.</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">       <p><b><font face="verdana" size="3">     Introducci&oacute;n</font></b></p>         <p>Sobre el problema del "reconocimiento" hay actualmente una     suerte de revival conceptual. No es que no se tuviera antes noticia     de la importancia del concepto, ni que no haya habido tampoco     estudios suficientemente serios sobre la recepci&oacute;n hegeliana de la filosof&iacute;a pr&aacute;ctica de Fichte<sup><a href="#2" name="s2">2</a></sup>. Ni siquiera puede decirse que la &eacute;tica     hegeliana haya estado ausente de los debates recientes de la moral,     pues es bien sabido que la oposici&oacute;n conceptual que Hegel mismo     acu&ntilde;&oacute; entre "moralidad" y "eticidad" ha servido durante a&ntilde;os de     marco de referencias para el intercambio de argumentos entre los     principales fil&oacute;sofos protagonistas de aquellos debates<sup><a href="#3" name="s3">3</a></sup>. Como en     otros casos en la moral contempor&aacute;nea, lo que ocurre m&aacute;s bien es que     el curso de la discusi&oacute;n, que suele seguir los vaivenes de las demandas     de la sociedad, parece necesitar hallarse en un atolladero para     que se piense en recurrir a viejos conceptos de la tradici&oacute;n en busca de     ayuda. Cuando las posiciones se han atrincherado de tal manera que     no hallan forma de zanjar la disputa, o cuando los planteamientos en     juego no parecen ya poder dar cuenta de cuestiones centrales de la     experiencia moral, entonces se vuelve la mirada hacia otros autores, o     hacia otros conceptos del pasado, con la esperanza de encontrar all&iacute;     motivos que permitan enriquecer la discusi&oacute;n o acaso hasta solucionar     la controversia. Esto viene ocurriendo intermitentemente en diversos     campos de la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, y, pese a     eventuales reservas, es bueno que sea as&iacute;, porque all&iacute; apreciamos el   eco de una experimentada conciencia hermen&eacute;utica.</p>         <p>       Pero &iquest;cu&aacute;l es, m&aacute;s exactamente, el atolladero en el que se halla la       filosof&iacute;a moral contempor&aacute;nea y que la lleva a recurrir al concepto de       reconocimiento? &iquest;Qu&eacute; experiencias morales esenciales parecen no       hallar all&iacute; una adecuada conceptualizaci&oacute;n, y por qu&eacute; puede haberse       llegado a pensar que el paradigma del reconocimiento podr&iacute;a servir       para darles cabida, o para tender puentes entre las posiciones en disputa?       Para responder a estas preguntas, y para entrar as&iacute; paulatinamente       en materia, recordaremos brevemente las dos publicaciones       con las que se puso en marcha el giro reciente hacia el paradigma del       reconocimiento, ambas aparecidas coincidentemente en 1992 -ostensible       signo de los tiempos. Me refiero a las obras de Charles Taylor, El       multiculturalismo y la pol&iacute;tica del reconocimiento (Taylor<sup>c</sup>), y de Axel       Honneth, La lucha por el reconocimiento (Honneth<sup>b</sup>). Me sit&uacute;o pues,       como puede apreciarse, en el terreno de la filosof&iacute;a moral contempor&aacute;nea.       Es desde all&iacute; que tratar&eacute; de abordar el problema de la relaci&oacute;n       entre los conceptos de autonom&iacute;a y reconocimiento, con el convencimiento       de que aquella relaci&oacute;n pone de manifiesto una fruct&iacute;fera y perdurable       controversia entre Kant y Hegel. Que &eacute;sta sea una controversia perdurable, lo muestra el simple hecho de que los argumentos de ambos       cl&aacute;sicos siguen emple&aacute;ndose con abundancia y con convicci&oacute;n en       los debates actuales. En qu&eacute; sentido &eacute;sta sea, adem&aacute;s, una controversia       fruct&iacute;fera, es algo que me corresponder&aacute; mostrar en el curso de esta exposici&oacute;n.</p>         <p>       Mi argumentaci&oacute;n tendr&aacute; dos partes. En la primera, me apoyar&eacute; en       Taylor y Honneth para hacer una breve descripci&oacute;n de las carencias       de nuestra reflexi&oacute;n moral a las que parece venir al encuentro el concepto       de reconocimiento. Veremos all&iacute; en qu&eacute; medida la constelaci&oacute;n       contempor&aacute;nea predetermina en cierto modo la recepci&oacute;n de la concepci&oacute;n       hegeliana -cosa que se presta, como es obvio, a una serie de       tergiversaciones m&aacute;s o menos deliberadas. Taylor y Honneth dan       buenas razones para dirigir la discusi&oacute;n hacia el tema del reconocimiento,       pero no coinciden, ni en su definici&oacute;n, ni en el modo de recuperar       la tesis de Hegel, ni tampoco en la forma de tratar la relaci&oacute;n       entre autonom&iacute;a y reconocimiento. Siendo este &uacute;ltimo el tema que m&aacute;s       nos interesa, pasaremos, en la segunda parte, a explorar la concepci&oacute;n       propiamente hegeliana, con la intenci&oacute;n de destacar el nexo       esencial, no la ruptura, que existe entre la noci&oacute;n de reconocimiento y       el modelo conceptual de la voluntad libre o del esp&iacute;ritu. Sobre esa base       propondr&eacute; cuatro tesis generales: sobre la mediaci&oacute;n &eacute;tica de la autonom&iacute;a,       sobre la cuesti&oacute;n de la identidad, sobre el problema del no-reconocimiento       (o del menosprecio) y sobre la normatividad moral a la que       puede aspirarse por medio de semejante noci&oacute;n. Intentaremos as&iacute; ligar la interpretaci&oacute;n exeg&eacute;tica con las necesidades de la discusi&oacute;n actual.</p>         <p><b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center> I </center></b></p>         <p>       Volvamos entonces a 1992, en primer lugar al libro de Charles Taylor.       Se nos propone all&iacute; reintroducir en el debate de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica la       noci&oacute;n de "reconocimiento" con el prop&oacute;sito de conceptualizar adecuadamente       el reclamo de las comunidades o los grupos culturales       cuyas diferencias parecen perder relevancia en el marco de la concepci&oacute;n       liberal o universalista predominante. Es la demanda del multiculturalismo       la que esta noci&oacute;n quiere atender, y es en pol&eacute;mica con el       universalismo que ella se plantea. Conviene advertir, por lo pronto,       aunque ello ser&aacute; motivo de ulteriores consideraciones, que la cuesti&oacute;n       del reconocimiento es abordada desde el inicio conjuntamente con la       cuesti&oacute;n de la identidad. En este punto coinciden Taylor y Honneth,       y aqu&iacute; habremos de reconocer nosotros m&aacute;s adelante una genuina intuici&oacute;n hegeliana.</p>         <p>       No es, por cierto, ninguna novedad que Taylor, como comunitarista,       mantenga una pol&eacute;mica con el universalismo acerca de cuestiones fundamentales referidas a la definici&oacute;n de la vida buena o a la justificaci&oacute;n       epistemol&oacute;gica del universo moral<sup><a href="#4" name="s4">4</a></sup>. Lo novedoso del texto que       comentamos es m&aacute;s bien que se recurra ahora a la noci&oacute;n del "reconocimiento"       para ofrecer una nueva perspectiva de conciliaci&oacute;n entre       las posiciones contrapuestas, es decir, para terciar en este debate.       Siendo un buen conocedor de la obra de Hegel, Taylor advierte que el       tema del reconocimiento adquiere su carta de ciudadan&iacute;a al menos       desde la Fenomenolog&iacute;a del esp&iacute;ritu de Hegel, pero, en contra de lo que       acaso podr&iacute;a esperarse, no parece interesarle mucho la interpretaci&oacute;n       hegeliana del concepto. Sus fuentes principales son m&aacute;s bien Rousseau       y Herder. En ellos, espec&iacute;ficamente en la idea rousseauniana de una       voz interior de la naturaleza que anida en cada individuo, y en la concepci&oacute;n       expresivista herderiana de la originalidad del sujeto, cree encontrar       Taylor una clara tendencia moderna de subjetivizaci&oacute;n, que &eacute;l       caracteriza globalmente como "el ideal de la autenticidad" (Taylorc:       47). En torno a este tema giran, come se sabe, varias obras importantes       del mismo autor (cf. Taylor<sup>a</sup> y Taylor<sup>b</sup>). El ideal de la autenticidad no       es la &uacute;nica forma de subjetivizaci&oacute;n que experimenta la cultura en la       modernidad; a su lado, y en paralelo, se produce, en palabras suyas, el       reemplazo de la cultura medieval del "honor", sobre la cual se levanta       una sociedad jer&aacute;rquica, por la cultura de la "dignidad", que sirve de       fundamento a una sociedad igualitaria y que est&aacute;, naturalmente, asociada       a la noci&oacute;n de autonom&iacute;a y a la filosof&iacute;a de Kant. Sobre la base       de estas consideraciones puede Taylor plantear luego una contraposici&oacute;n       gen&eacute;rica entre, de un lado, la "pol&iacute;tica del universalismo",       centrada en la concepci&oacute;n igualitaria sobre la dignidad del ser humano       y en la noci&oacute;n de autonom&iacute;a y, de otro lado, la "pol&iacute;tica de la       diferencia", centrada en la nueva noci&oacute;n de autenticidad, es decir,       en la idea apenas esbozada de reconocimiento. &Eacute;l mismo aboga, evidentemente,       por la pol&iacute;tica de la diferencia, y cree que esta nueva       interpretaci&oacute;n podr&iacute;a o deber&iacute;a permitirnos corregir nuestra comprensi&oacute;n       de la sociedad liberal, es decir, deber&iacute;a ayudarnos a superar       la contradicci&oacute;n artificial sobre la que se alza la controversia entre comunitaristas y liberales.</p>         <p>       No es mi intenci&oacute;n ahondar en esta propuesta global, simplificada       aqu&iacute; para efectos de la exposici&oacute;n, sino tan solo mostrar el contexto de       aparici&oacute;n del concepto de reconocimiento en la obra de Taylor. Si se       nos propone recuperar esta noci&oacute;n, es pues con la idea de modificar el       rumbo de la discusi&oacute;n generalista entre comunitaristas y liberales, a partir de la experiencia del multiculturalismo, que parece justamente       poder caracterizarse como una demanda de reconocimiento. En su       visi&oacute;n del problema, el reconocimiento puede ser el n&uacute;cleo integrador       de una concepci&oacute;n liberal, pero s&oacute;lo si se toma distancia de       aquella otra versi&oacute;n del liberalismo que se apoya sobre el paradigma       de la autonom&iacute;a. No es casual, me parece, que sus fuentes hayan       sido Rousseau y Herder, y no Hegel. Porque en la conceptualizaci&oacute;n       hegeliana del problema no es preciso, y ni siquiera posible, renunciar a la noci&oacute;n de la autonom&iacute;a del sujeto.</p>         <p>       Muy diferente es la posici&oacute;n de Axel Honneth, quien por cierto plantea       el problema desde una perspectiva que bien podr&iacute;amos considerar       universalista. En su libro La lucha por el reconocimiento, publicado       igualmente en 1992, lo que nos propone es retomar el concepto de "reconocimiento" del joven Hegel, con la finalidad de emplearlo sistem&aacute;ticamente como clave de lectura moral de la historia de las reivindicaciones pol&iacute;ticas o, en sus palabras, como "gram&aacute;tica de los conflictos sociales"<sup><a href="#5" name="s5">5</a></sup>. La demanda que all&iacute; se expresa es doble: es, de un lado, la necesidad de ofrecer una explicaci&oacute;n m&aacute;s convincente de la motivaci&oacute;n moral que anima las protestas ciudadanas o culturales, y es, de otro lado, la necesidad de corregir el excesivo formalismo de la posici&oacute;n universalista habermasiana de la que &eacute;l mismo se siente deudor. A diferencia de Taylor, sin embargo, Honneth retoma el concepto de reconocimiento del propio Hegel, convencido de que hay all&iacute; una rica intuici&oacute;n sistem&aacute;tica que ha permanecido, nos dice, "infecunda hasta hoy" (Honnethb: 13), y que &eacute;l va a tratar de hacer fecunda a la luz de las investigaciones sociol&oacute;gicas, filos&oacute;ficas y psicoanal&iacute;ticas de fecha reciente. Esa intuici&oacute;n sistem&aacute;tica quiere extraerla de Hegel mismo, y por eso hace una reconstrucci&oacute;n exeg&eacute;tica de la evoluci&oacute;n del concepto en el per&iacute;odo de Jena. Su fuente principal es el Sistema de la eticidad de 1802/1803, pues, en su interpretaci&oacute;n, &eacute;ste es el texto en el que Hegel entiende el reconocimiento como un proceso intersubjetivo de constituci&oacute;n progresiva de la identidad en el marco de sucesivas y cada vez m&aacute;s complejas formas de socializaci&oacute;n: la familia, el derecho, la comunidad &eacute;tica (cf. Honnethb: 42). No habi&eacute;ndose consumado a&uacute;n, en Hegel, el tr&aacute;nsito al paradigma sistem&aacute;tico de la conciencia y del esp&iacute;ritu, el proceso de reconocimiento cumple una funci&oacute;n generadora de socialidad, y permite conceptualizar el incremento de individualizaci&oacute;n asociado a la mediaci&oacute;n de la comunidad. Esta pista sugerente habr&iacute;a sido abandonada, piensa Honneth, en los textos posteriores, comenzando ya por los fragmentos sobre la "Filosof&iacute;a del esp&iacute;ritu" de 1803/1804, en los que Hegel subordinar&iacute;a la estructura intersubjetiva del reconocimiento al movimiento especulativo y autogenerador del esp&iacute;ritu. M&aacute;s ostensible se har&iacute;a esta tendencia, como es natural, en la Filosof&iacute;a del esp&iacute;ritu de 1805/1806, as&iacute; como en F, a fortiori en los textos de madurez. "La ventaja te&oacute;rica que Hegel consigui&oacute; al plegarse a la filosof&iacute;a de la conciencia, la obtuvo a cambio de la renuncia a un intersubjetivismo fuerte" (Honneth<sup>b</sup>: 43).<sup><a href="#6" name="s6">6</a></sup></p>         <p>       Hay que decir, por cierto, aunque sea solo de paso, que la forma en       que Honneth procede con los escritos de Hegel plantea m&aacute;s de una       dificultad. En primer lugar, por estar premunido de una hip&oacute;tesis       sistem&aacute;tica tan acabada al momento de abordar los textos, su trabajo       exeg&eacute;tico parece tener exclusivamente una funci&oacute;n de corroboraci&oacute;n,       lo que no ayuda precisamente a comprender la peculiaridad de la       interpretaci&oacute;n hegeliana del reconocimiento. En segundo lugar, en       cuanto a la plausibilidad de la tesis misma, que es por lo dem&aacute;s una       vieja tesis de Habermas (cf. Habermasa: 11-51)7, no llega a entenderse       del todo por qu&eacute; la adopci&oacute;n del marco sistem&aacute;tico del esp&iacute;ritu habr&iacute;a       de tener como consecuencia necesariamente la anulaci&oacute;n de la relevancia       del proceso de reconocimiento; por el contrario, ese mismo       marco puede ofrecer una perspectiva conceptual m&aacute;s rica que complemente,       sin negarla, la idea intersubjetiva originaria. Esto es, finalmente,       lo que ha hecho el propio Honneth en su &uacute;ltimo libro sobre Hegel,       Leiden an Unbestimmtheit, publicado en 2001, en el que trata de "hacer       fecunda", siempre en la clave del reconocimiento, la estrategia metodol&oacute;gica       seguida por Hegel en FD (Cf. Honnetha y mi rese&ntilde;a: Giusti<sup>d</sup>).       Y, en este caso, la concepci&oacute;n especulativa del esp&iacute;ritu ya no parece       ser un obst&aacute;culo insuperable para descubrir la relevancia de la estructura       compleja del reconocimiento en la obra tard&iacute;a.</p>         <p>       Hechas estas reservas, pasemos a comentar brevemente lo que       Honneth considera el n&uacute;cleo de la propuesta sistem&aacute;tica hegeliana       en torno al reconocimiento, porque ella nos va a servir luego como       hilo conductor de la discusi&oacute;n. Escribe Honneth:</p>         <p><ul>       Para Hegel, la estructura de tal relaci&oacute;n de reconocimiento rec&iacute;proco       es siempre la misma: en la medida en que un sujeto se sabe       reconocido por otro en algunas de sus facultades y cualidades, y       [se sabe] por ello reconciliado con &eacute;ste, llega tambi&eacute;n a conocer facetas de su propia e irreemplazable identidad y, con ello, a       contraponerse nuevamente al otro como un particular. (Honneth<sup>b</sup>:       28)    </ul></p>         <p>       As&iacute; como est&aacute; aqu&iacute; formulada, esta estructura compleja comprende       diversos momentos enlazados entre s&iacute; en un mismo movimiento: el       momento del reconocimiento no s&oacute;lo no se contrapone al momento       de la autonom&iacute;a, sino, parad&oacute;jicamente, la necesita y la promueve.       La necesita como instancia previa para que pueda producirse una relaci&oacute;n       igualitaria y, por ende, conflictiva entre los sujetos; y la promueve       porque, aun siendo de naturaleza integradora, tiene sobre el individuo       el efecto de fortalecer y enriquecer su identidad, es decir, su autonom&iacute;a.       Mientras m&aacute;s exitosa sea la experiencia del reconocimiento, es       decir, mientras m&aacute;s s&oacute;lidos sean los lazos que unen al individuo con       su comunidad, m&aacute;s posibilidades tiene &eacute;l mismo de diferenciarse y de       adquirir conciencia de su particularidad. Esta me parece una formulaci&oacute;n       muy sugerente del problema, aunque quiz&aacute;s no reproduzca       exactamente la intuici&oacute;n originaria de Hegel, como veremos a continuaci&oacute;n.       Pero ella puede poner adem&aacute;s de relieve otro aspecto de la       estructura del reconocimiento que es esencial, aunque quiz&aacute;s no sea       tampoco tan central en Hegel: la posibilidad de entender qu&eacute; ocurre en       el individuo cuando &eacute;ste no ve cumplidas sus expectativas normativas       de reconocimiento, es decir, cuando su desconocimiento es percibido       como una experiencia de menosprecio o de negaci&oacute;n de su propia identidad.       Es claro que de all&iacute; brota una fuente de motivaci&oacute;n moral.</p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>       Honneth no oculta, sin embargo, que sus prop&oacute;sitos no son exeg&eacute;ticos,       sino sistem&aacute;ticos. Lleva por eso el agua a su molino, y traduce y       corrige la concepci&oacute;n de Hegel desde una perspectiva comunicativa, o       discursiva, despoj&aacute;ndola de su aparente envoltura metaf&iacute;sica. Pero lo       hace de una manera que ilustra bien la fecundidad que puede tener el       concepto de reconocimiento en la discusi&oacute;n actual. En tres sentidos       debe ser, si no modificado, al menos complementado, en su opini&oacute;n, el       modelo hegeliano: 1) la tesis de la constituci&oacute;n del sujeto por medio del       reconocimiento rec&iacute;proco debe ser reelaborada a partir de los estudios       emp&iacute;ricos de la psicolog&iacute;a social; 2) la idea de que hay tres formas       fundamentales y sucesivas de reconocimiento (el amor, el derecho y la       eticidad) debe ser contrastada con una fenomenolog&iacute;a emp&iacute;rica de las       formas de reconocimiento en la sociedad actual; y 3) el proceso global       de formaci&oacute;n (el Bildungsprozess) del individuo a trav&eacute;s de dichas etapas       debe ser corroborado por investigaciones hist&oacute;ricas que den cuenta       de las experiencias reales y las motivaciones morales de los conflictos       sociales (cf. Honneth<sup>b</sup>: 85-89). Todo lo cual equivale a "actualizar el       modelo te&oacute;rico de Hegel en las condiciones del pensamiento postmetaf&iacute;sico"       (Honneth<sup>b</sup>: 89). </p>         <p>&nbsp;</p>     </p>         <p>Es hora, sin embargo, de que dejemos esta presentaci&oacute;n general,   quiz&aacute;s excesivamente expositiva, para pasar a contrastar estas propuestas   con las tesis del propio Hegel sobre el reconocimiento, es decir,   para preguntarnos en qu&eacute; medida los esfuerzos de reconstrucci&oacute;n   hacen o no violencia a los textos. Pero, m&aacute;s all&aacute; de esta cuesti&oacute;n estrictamente   inmanente a la argumentaci&oacute;n hegeliana, lo que habr&aacute; de   preocuparnos ser&aacute; cu&aacute;n fruct&iacute;fera est&aacute; siendo la recuperaci&oacute;n de la   noci&oacute;n de reconocimiento para el replanteamiento de los problemas morales a los que hemos venido haciendo alusi&oacute;n.</p>         <p><b>    <center> II</center></b></p>         <p>       Con respecto a la teor&iacute;a del reconocimiento en Hegel, es indispensable       hacer algunas constataciones preliminares que despejen en cierto       modo el terreno para el an&aacute;lisis, y que nos eviten frecuentes malentendidos.       En primer lugar, es preciso admitir, si no simplemente recordar,       que el concepto mismo de Anerkennung no posee una funci&oacute;n sistem&aacute;tica       decisiva en la obra de madurez de Hegel. Basta echar un vistazo a       FD, por ejemplo, para caer en la cuenta de que el t&eacute;rmino no forma       parte de la estructura conceptual b&aacute;sica de la obra, y que aparece en       ella tan solo una decena de veces, y ni siquiera todas ellas en el sentido       espec&iacute;fico de una compleja relaci&oacute;n intersubjetiva (cf. FD: &sect;&sect; 57, 71,       192, 206, 253, 260, 331, 349). Otro tanto ocurre con E, donde el reconocimiento       aparece, esta vez s&iacute; en forma expl&iacute;cita, bajo el t&iacute;tulo "La autoconciencia       que reconoce" ("Das anerkennende Selbstbewubtsein"), como       segundo momento de "La autoconciencia", es decir, en el restringido       espacio que le corresponde all&iacute;, como es sabido, a "La fenomenolog&iacute;a       del esp&iacute;ritu" en el marco de "El esp&iacute;ritu subjetivo"<sup><a href="#8" name="s8">8</a></sup>. Esto no quiere       decir, por cierto, que la ausencia del t&eacute;rmino equivalga a la ausencia       del problema por &eacute;l descrito, pero s&iacute; quiere decir que su ausencia es       relevante y no puede pasarse por alto. El mismo Robert Williams,       quien ha querido demostrar recientemente que el reconocimiento es la       clave de lectura de toda la obra de Hegel, se ve obligado a precisar       preliminarmente que dicho concepto desempe&ntilde;a un papel "operativo" y no "tem&aacute;tico"(cf. Williams: 1)<sup><a href="#9" name="s9">9</a></sup>.</p>         <p>       En segundo lugar, conviene recordar tambi&eacute;n que el concepto de       reconocimiento aparece con frecuencia s&oacute;lo en los escritos de Jena, pero que, siendo este un per&iacute;odo de tanteos sistem&aacute;ticos, no es f&aacute;cil       dar una explicaci&oacute;n unitaria de las distintas versiones que all&iacute; se encuentran.       Es evidente que, si deja de ocupar esa posici&oacute;n preponderante,       es porque Hegel encuentra un criterio de articulaci&oacute;n conceptual       m&aacute;s id&oacute;neo, m&aacute;s d&uacute;ctil acaso, para expresar el conjunto de determinaciones       que est&aacute;n en juego en la relaci&oacute;n de reconocimiento rec&iacute;proco.       Este hecho suele llevar a los int&eacute;rpretes a hacer especulaciones sobre       la p&eacute;rdida que el cambio implica; lo hemos visto en el caso de Honneth,       pero se puede apreciar asimismo en las interpretaciones m&aacute;s cl&aacute;sicas       de Ludwig Siep o Andreas Wildt (Cf. las obras ya citadas en la nota 1,       en especial, Siepb y Wildt). No obstante, lo que deber&iacute;a llamar nuestra       atenci&oacute;n -valga esto como tercera constataci&oacute;n- es que Hegel, aun       habiendo cambiado de registro categorial, no parece hallar objeci&oacute;n       en seguir utilizando el concepto de reconocimiento en concordancia       con el de esp&iacute;ritu. De all&iacute; puede extraerse, me parece, una doble lecci&oacute;n:       1) que la concepci&oacute;n hegeliana de la libertad recoge la intuici&oacute;n       central contenida en la noci&oacute;n de reconocimiento, y 2) que esta misma       noci&oacute;n, con lo que ella implica, ilumina a su manera en ciertos pasajes       el sentido de aquella concepci&oacute;n de la libertad. Esta complementaci&oacute;n       rec&iacute;proca entre los conceptos puede servirnos para entender mejor la Aufhebung hegeliana del concepto kantiano de autonom&iacute;a.</p>         <p>       Traigamos un momento a la memoria el &sect; 436 de E, que es el par&aacute;grafo con el que se cierra la exposici&oacute;n del reconocimiento en la E. Leemos all&iacute;:</p>         <p><ul>       La autoconciencia universal es el saber afirmativo de s&iacute; mismo en       otro s&iacute; mismo, cada uno de los cuales, como singularidad libre,       tiene autosuficiencia absoluta (absolute Selbst&auml;ndigkeit), pero, en       virtud de la negaci&oacute;n de su inmediatez o deseo, no se distingue       de la otra, es universal y objetiva, y la universalidad real como       reciprocidad la tiene [cada una] sabi&eacute;ndose reconocida en el       otro libre, y eso lo sabe en tanto ella reconoce al otro y lo sabe libre. (E: 480-481)    </ul></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>       Cito, como es obvio, la estupenda traducci&oacute;n de Ram&oacute;n Valls. Este       par&aacute;grafo me parece emblem&aacute;tico de la s&iacute;ntesis que Hegel da por supuesta       entre el paradigma del esp&iacute;ritu y el del reconocimiento. Lo       comentaremos enseguida. Pero su particular relevancia reside en el       hecho de que, a continuaci&oacute;n, en la Observaci&oacute;n al par&aacute;grafo, se sostiene       que esta estructura de reconocimiento es "la sustancia de toda       espiritualidad esencial, de la familia, de la patria, del Estado..., de       todas las virtudes, del amor, de la amistad, de la valent&iacute;a, del honor y de la fama" (E: 481).</p>         <p>       Sorprende quiz&aacute;s esta declaraci&oacute;n tan enf&aacute;tica, y esta enumeraci&oacute;n       tan ca&oacute;tica, pero es claro que Hegel est&aacute; atribuyendo a todas las formas sustanciales del esp&iacute;ritu una misma estructura, que puede expresarse       simult&aacute;neamente por medio del registro conceptual del esp&iacute;ritu y del reconocimiento.</p>         <p>       La universalidad de la autoconciencia es llamada "universalidad       real como reciprocidad" ("reelle Allgemeinheit als Gegenseitigkeit"). Ella       expresa el movimiento del reconocimiento, pero en el lenguaje autorreflexivo       del concepto. Es, por as&iacute; decir, la perspectiva de la totalidad       la que aparece en el primer plano, y la que permite la asociaci&oacute;n con el       concepto integrador de reconocimiento. Desde esta perspectiva, la relaci&oacute;n       entre las autoconciencias es percibida como un desdoblamiento.       Desde la perspectiva opuesta, en cambio, es decir, desde la de los       individuos que se encuentran en situaci&oacute;n de conflicto, la totalidad       aparecer&aacute; como el resultado de un proceso de enfrentamiento y reconciliaci&oacute;n.       Cada individuo posee, leemos, "autosuficiencia absoluta"       como "singularidad libre"; pero la conciencia de esta singularidad es       obtenida s&oacute;lo a trav&eacute;s del movimiento que la vincula a otra conciencia       igualmente libre, es decir, solo a trav&eacute;s del movimiento de su negaci&oacute;n       en la universalidad. El individuo es devuelto a s&iacute; mismo en esta relaci&oacute;n,       a la vez que reconoce al otro en su peculiaridad o su diferencia.       La uni&oacute;n entre los individuos, expresada por la universalidad, no       solo presupone, pues, la autonom&iacute;a, sino que adem&aacute;s la cultiva, porque       por su intermedio los individuos recuperan su identidad y aprenden       algo m&aacute;s sobre su diferencia con respecto a los otros. Por eso dice       Hegel que, para el individuo, el reconocimiento significa un "saber afirmativo de s&iacute; mismo en otro s&iacute; mismo".</p>         <p>       Ante una reflexi&oacute;n como &eacute;sta, nos viene a la memoria seguramente el       pasaje de F en el que Hegel presenta la estructura formal del reconocimiento,       la cual, por cierto, es caracterizada all&iacute; mismo tambi&eacute;n como un "desdoblamiento de la autoconciencia en su unidad" ("Verdoppelung des Selbstbewubtseins in seiner Einheit") (F: 113-115). El pasaje es conocido, pero curiosamente no suele interesar a los int&eacute;rpretes del tema, acaso porque el posterior episodio de la lucha a muerte posee tanto dramatismo, que atrae por completo la atenci&oacute;n. Y, sin embargo, Hegel sostiene que aquella estructura formal es "el concepto puro del reconocimiento" ("der reine Begriff des Anerkennens") (F: 115). Que se le considere "puro", significa que a&uacute;n tendremos que observar c&oacute;mo la conciencia realiza ella misma la experiencia del paulatino descubrimiento de su contenido. Pero, como esta experiencia no acaba sino con la propia F, el concepto de reconocimiento acompa&ntilde;ar&aacute;, tambi&eacute;n categorialmente, todo el itinerario de la conciencia y del esp&iacute;ritu. Por eso se presta tanto F para una lectura en clave del reconocimiento, ya que las indicaciones sobre el desarrollo progresivo de la estructura formal las va dando el propio Hegel. No es &eacute;sta, sin embargo, la &uacute;nica obra que admite una lectura semejante, como veremos enseguida. Sin intentar reconstruir ahora dicha compleja estructura de simetr&iacute;as, sino destacando tan s&oacute;lo su parentesco con el pasaje anterior de E, cito las l&iacute;neas con las que se cierra la presentaci&oacute;n, para volver luego sobre ellas:</p>         <p><ul>       Cada extremo es para el otro el t&eacute;rmino medio a trav&eacute;s del cual       es mediado y unido consigo mismo, y cada uno de ellos es para       s&iacute; y para el otro una esencia inmediata que es para s&iacute;, pero que,       al mismo tiempo, s&oacute;lo es para s&iacute; a trav&eacute;s de esta mediaci&oacute;n. Se       reconocen como reconoci&eacute;ndose mutuamente (Sie anerkennen sich als gegenseitig sich anerkennend). (F: 115)    </ul></p>         <p>       Si la lectura que propongo es correcta, es decir, si la noci&oacute;n de       reconocimiento no se contradice, sino que se complementa, con el       concepto de autoconciencia o de esp&iacute;ritu, entonces no hay raz&oacute;n       para separar ambas estrategias como si se tratase de dos paradigmas       irreconciliables, y s&iacute; la hay en cambio para buscar puntos de apoyo       en los dos modelos en vistas a su esclarecimiento rec&iacute;proco. Esto es       v&aacute;lido especialmente en lo que concierne a la cr&iacute;tica de Hegel al concepto       de autonom&iacute;a. Avancemos, pues, por esta l&iacute;nea, y tratemos a continuaci&oacute;n       de definir los puntos centrales de la concepci&oacute;n hegeliana del       reconocimiento, pero colocando como tel&oacute;n de fondo el contexto de       la discusi&oacute;n contempor&aacute;nea mencionado en la primera parte, es decir,       pensando en mostrar la relevancia de la recuperaci&oacute;n de dicha concepci&oacute;n       en la actualidad. Esto significa no s&oacute;lo que me mantendr&eacute; en un       nivel generalista, sino tambi&eacute;n que tomar&eacute; eventualmente distancia       de una lectura inmanente de la obra de Hegel. Para facilitar la presentaci&oacute;n,       voy a proceder formulando diversas tesis que pasar&eacute; luego a explicar.</p>         <p>       Mi primera tesis es que, en esencia, la concepci&oacute;n hegeliana del       reconocimiento es un intento de ofrecer una mediaci&oacute;n &eacute;tica (sittliche       Vermittlung) de la noci&oacute;n kantiana de autonom&iacute;a. Es mediaci&oacute;n, no       anulaci&oacute;n. Y es adem&aacute;s el &uacute;nico modo de hacer posible, y de hacer       cabal, la conciencia de la propia identidad. Por la mediaci&oacute;n, el sujeto       puede afirmarse en su diferencia, y debe reconocer la diferencia del otro.       M&aacute;s adelante iremos, con Honneth, m&aacute;s lejos en esta direcci&oacute;n para       sostener que el reconocimiento permite un incremento de la particularidad &ndash;aunque tomemos as&iacute; acaso distancia de Hegel.</p>         <p>       Esta primera tesis no es ciertamente muy original. En un sentido       general, es sostenida por muchos; en un sentido restringido, es la tesis       de Andreas Wildt en su conocido libro sobre el tema, que lleva, dicho       sea de paso, el mismo t&iacute;tulo que nuestra reflexi&oacute;n: "Autonom&iacute;a y reconocimiento".       Pero Wildt se interesa principalmente por la dimensi&oacute;n       subjetiva emocional que el individuo necesitar&iacute;a poseer o haber cultivado       para hallarse en condiciones de experimentar su autonom&iacute;a. Lo       que yo quisiera destacar, en cambio, es el modo en que Hegel retoma la noci&oacute;n de autonom&iacute;a en su concepci&oacute;n de la voluntad libre, pues es       por esa v&iacute;a que aparece m&aacute;s claramente el nexo con Kant y el sentido de la mediaci&oacute;n.</p>         <p>       En la estructura conceptual que define a la voluntad libre en la Introducci&oacute;n       a FD, la autonom&iacute;a est&aacute; representada por el momento de la       universalidad o, en todo caso, por la relaci&oacute;n establecida entre la universalidad       y la particularidad. Tomado por s&iacute; solo, el principio de       autonom&iacute;a adolece de indeterminaci&oacute;n, no s&oacute;lo en el sentido de que es       una universalidad sin contenido, sino tambi&eacute;n en el sentido de que       necesita desarrollarse o precisarse conceptualmente para adquirir       significaci&oacute;n. Esto es lo que ocurre en el proceso global de los tres momentos       del concepto, cuando la voluntad aut&oacute;noma se particulariza y       se reconoce a s&iacute; misma &ndash;es decir, redescubre su autonom&iacute;a&ndash; en el producto       mismo de su particularizaci&oacute;n o, en t&eacute;rminos m&aacute;s gen&eacute;ricos, en       la comunidad &eacute;tica que est&aacute; siendo continuamente actualizada por       aquella autonom&iacute;a. No quiere decirse con esto, naturalmente, que       Hegel no haya criticado la concepci&oacute;n kantiana de la moral, incluyendo       la noci&oacute;n misma de autonom&iacute;a; muy por el contrario, sabemos que       llega al extremo de desacreditarla en bloque como inadecuada para       expresar "el punto de vista de la eticidad" (cf. especialmente la Observaci&oacute;n       al &sect; 33 de FD). Pero ello no lleva a Hegel a abandonar el concepto       o la perspectiva de la autonom&iacute;a kantiana, sino a reinterpretarla a       la luz de la l&oacute;gica de la acci&oacute;n. Es posible, en efecto, sugerir la hip&oacute;tesis       de que Hegel reformula el concepto moderno de voluntad en clave       teleol&oacute;gica, es decir, con el dinamismo de un proceso pr&aacute;ctico que pone en obra un telos social en el que el sujeto pueda reconocerse<sup><a href="#10" name="s10">10</a></sup>.</p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>       Ahora bien, la estructura y el desarrollo de FD se orientan por las "determinaciones de la voluntad" ("Willensbestimmungen"), las cuales sirven de base a su vez para las "formas de existencia del derecho" ("Daseinsformen des Rechts"). Esta composici&oacute;n conceptual compleja nos es especialmente importante por dos razones: 1) porque s&oacute;lo al final del proceso, cuando la composici&oacute;n abarque a todas las determinaciones en su interacci&oacute;n, podr&aacute; decirse que la voluntad es libre, o tambi&eacute;n aut&oacute;noma, en sentido pleno; y 2) porque cada una de las estaciones o figuras de la voluntad puede ir apareciendo como un enriquecimiento paulatino de la identidad del sujeto o de su libertad. Esta &uacute;ltima es precisamente la lectura que hace Honneth en el libro reciente ya citado, Leiden an Unbestimmtheit, que lleva por subt&iacute;tulo Eine Reaktualisierung von Hegels Rechtsphilosophie: lo que all&iacute; se nos propone es una suerte de fenomenolog&iacute;a de las figuras de la libertad desde la perspectiva del sujeto que experimenta el enriquecimiento progresivo de su identidad.</p>         <p>Por lo que hemos venido diciendo sobre la relaci&oacute;n entre el registro   del reconocimiento y el de la l&oacute;gica del concepto, no debe extra&ntilde;ar que   en la eticidad, que representa la dimensi&oacute;n de la totalidad o de la   "universalidad real", aparezcan las tres relaciones sustanciales que   desde el inicio hab&iacute;an constituido las estaciones del reconocimiento:   el amor (la familia), el derecho (la sociedad civil) y la comunidad &eacute;tica (el Estado). Los registros conceptuales se enriquecen rec&iacute;procamente.</p>         <p>       Vistas as&iacute; las cosas, no cabe sino expresar reservas con respecto al       uso que hace Taylor &ndash;y, con &eacute;l, otros comunitaristas&ndash; de la noci&oacute;n de       reconocimiento. Al plantear una oposici&oacute;n entre el reconocimiento y       la autonom&iacute;a &ndash;cosa que, como vimos, hace apoy&aacute;ndose en Rousseau y       Herder, no en Hegel-, pasa por alto el esfuerzo de mediaci&oacute;n efectuado       por este &uacute;ltimo, y retrotrae el planteamiento del problema a un       nivel inferior de complejidad. Esta deficiencia categorial se deja sentir       de modo ostensible en la discusi&oacute;n en torno al as&iacute; llamado "yo (o       sujeto) desarraigado"<sup><a href="#11" name="s11">11</a></sup>. Comunitaristas y universalistas han sostenido       durante a&ntilde;os una controversia sobre la legitimidad de la concepci&oacute;n       moderna del sujeto, sea en su versi&oacute;n kantiana o en su versi&oacute;n       contractualista. Pero, para expresarlo en t&eacute;rminos hegelianos, es       como si unos hubieran tomado partido por la "universalidad" de la       voluntad (por la autonom&iacute;a) y otros por la "singularidad" (por la       eticidad), pero sin tematizar, ni unos ni otros, el momento de la "particularizaci&oacute;n"       o de la "acci&oacute;n", que es el que permite relacionar y       poner en movimiento los extremos. El concepto de reconocimiento, en       el sentido en que lo hemos estado exponiendo, puede servir efectivamente       para replantear la globalidad del problema, porque, a diferencia       de lo que sugiere Taylor, con &eacute;l designa Hegel una relaci&oacute;n de mediaci&oacute;n entre extremos que no pierden sino recuperan su autonom&iacute;a.</p>         <p>       Paso, aunque sea escuetamente, a mi siguiente tesis. Si la primera       era, digamos, estrictamente hegeliana, esta segunda toca un asunto       que, si bien est&aacute; presente en Hegel, no lo est&aacute; de modo tan expl&iacute;cito. Me       refiero a que el paradigma del reconocimiento permite efectuar una       lectura invertida de la experiencia de los sujetos implicados en esta       relaci&oacute;n, de suerte que pueda proponerse, al lado de la tipolog&iacute;a de las       formas exitosas de reconocimiento en el amor, el derecho y la eticidad,       tambi&eacute;n una tipolog&iacute;a de formas de menosprecio, en las que, precisamente       por ser entendidas desde la perspectiva del reconocimiento       fallido, anida un potencial de motivaci&oacute;n moral. Como dijimos al       comienzo, este punto es el que ha conducido m&aacute;s directamente a la       recuperaci&oacute;n de la noci&oacute;n de reconocimiento en la actualidad. Aqu&iacute; coinciden Taylor y Honneth, pero a ellos se suman tambi&eacute;n otros autores       desde diferentes tradiciones. Y se entiende que as&iacute; sea, porque       la demanda de reconocimiento es uno de los fen&oacute;menos m&aacute;s claros y       m&aacute;s intensos de la evoluci&oacute;n social de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. No deja       de ser interesante, por lo dem&aacute;s, que el &aacute;ngulo desde el que se aborda       la cuesti&oacute;n sea, no la demanda de reconocer, sino la de ser reconocido:       culturas, subculturas, g&eacute;neros, etnias, razas, muy diversos grupos       sociales se han alzado en tiempos recientes con una reivindicaci&oacute;n de       este tipo. Y el concepto de reconocimiento ha estado all&iacute;, a la mano, para dar expresi&oacute;n a esa demanda.</p>         <p>       No obstante, no toda noci&oacute;n de reconocimiento es tan d&uacute;ctil o tan       compleja como la de Hegel. En el caso de Taylor, as&iacute; como en el de       otros protagonistas de estos debates, por ejemplo en Nancy Fraser<sup><a href="#12" name="s12">12</a></sup>, se       tiende a contraponer el as&iacute; llamado "modelo del reconocimiento" al "modelo de la redistribuci&oacute;n", asociando el primero a reivindicaciones de tipo cultural que el segundo no estar&iacute;a supuestamente en condiciones de contemplar. Se reproduce as&iacute;, bajo nuevas denominaciones, la contraposici&oacute;n que se trataba precisamente de superar.</p>         <p>       En Hegel, dec&iacute;a, esta dimensi&oacute;n del problema no est&aacute; formulada de       modo tan expl&iacute;cito. Pero est&aacute; ciertamente presente. Y la manera m&aacute;s       certera de encontrarla es recordando el papel que en todos los periodos       de la evoluci&oacute;n de su pensamiento ha jugado, en t&eacute;rminos morales, la       problem&aacute;tica del delito. Hegel parece haber estado siempre fascinado       por el sentido moral que puede encerrar la violaci&oacute;n voluntaria de una       norma social, y ha tratado por eso de ofrecer una explicaci&oacute;n de dicha       conducta. Lo ha hecho enmarc&aacute;ndola precisamente en la din&aacute;mica del       reconocimiento. Porque, desde esta perspectiva, el delito adquiere el       sentido de una protesta contra la experiencia de frustraci&oacute;n derivada       de una expectativa normativa incumplida. De ah&iacute; que la soluci&oacute;n al       problema del delito no pueda ser nunca simplemente el castigo -porque       el castigo no reconoce la motivaci&oacute;n ni la legitimaci&oacute;n moral-, sino m&aacute;s bien la satisfacci&oacute;n del reconocimiento frustrado.</p>         <p>       Mi tercera tesis, que formulo esta vez tomando distancia de la concepci&oacute;n       hegeliana y acerc&aacute;ndome indirectamente a Kant, tiene que ver       con un doble problema de la reconstrucci&oacute;n global del reconocimiento       en Hegel. De un lado, Hegel no parece haber tomado suficientemente       en serio el incremento de particularidad que produce en el individuo       la l&oacute;gica misma del reconocimiento, y que lo lleva a adquirir, en       tanto individuo, un valor siempre mayor. Porque ya se ha dicho: a       mayor reconocimiento, mayor autonom&iacute;a. Hegel piensa m&aacute;s bien que el individuo puede, y hasta debe, ser sacrificado en nombre de una       voluntad superior, de la que &eacute;l mismo es part&iacute;cipe, por supuesto. Aqu&iacute;       hallamos acaso un l&iacute;mite de la asimilaci&oacute;n del registro del reconocimiento       al registro de la autoconciencia. Esto ya lo hab&iacute;a hecho notar       tempranamente Ludwig Siep al analizar nuestra noci&oacute;n en la obra de       Jena: all&iacute; se suele confundir, nos dice, la relaci&oacute;n propiamente intersubjetiva       con la relaci&oacute;n de identificaci&oacute;n que la voluntad particular       debe alcanzar respecto de la voluntad universal (cf. Siepb: 53 ss, 249ss).</p>         <p>       De otro lado, como observa con acierto Honneth, en Hegel se produce       una "sobreinstitucionalizaci&oacute;n de la eticidad" ("&Uuml;berinstitutionalisierung       der Sittlichkeit") (Honnetha: 120ss). Es decir, aun admitiendo       que el proceso del reconocimiento pase por tres momentos sustancial y       cualitativamente distintos, y aun aceptando que todos ellos converjan       en una compleja estructura de determinaciones, no se logra entender       por qu&eacute; tendr&iacute;a que restringirse su realizaci&oacute;n al detallado y obsoleto       marco institucional presentado en FD. La sociedad moderna se ha       diversificado institucionalmente de un modo que Hegel no pod&iacute;a ni       sospechar, y en ella han aparecido nuevas formas de relaci&oacute;n y de realizaci&oacute;n       de los individuos tanto a nivel local como a nivel planetario.       Ello obliga a repensar por completo el sentido de los cauces institucionales       de las formas de reconocimiento. Y obliga por cierto tambi&eacute;n a replantear el valor de la autonom&iacute;a del individuo.</p>         <p>       Mi &uacute;ltima tesis, con la que cierro esta apretada exposici&oacute;n, se refiere       al espinoso problema de la normatividad del reconocimiento. Al respecto,       es indudable que Hegel trabaja con supuestos, o con premisas       metaf&iacute;sicas. Al igual que Kant, por cierto. Como la relaci&oacute;n de reconocimiento       rec&iacute;proco es una perspectiva de la totalidad, y como frente a       ella los individuos hacen valer expectativas normativas, cabe preguntarse       por el fundamento del car&aacute;cter vinculante de dicha relaci&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;l es el ideal de reconocimiento que sirve de punto de referencia moral para el enjuiciamiento de las situaciones en las que dicho ideal no halla cumplimiento? La lucha a muerte entre el se&ntilde;or y el siervo, por ejemplo, s&oacute;lo es comprensible a la luz del supuesto moderno de la igualdad de los seres humanos y de la racionalidad sim&eacute;trica en sus relaciones. La concepci&oacute;n de la eticidad, por su parte, reposa sobre un postulado teleol&oacute;gico relativo al curso racional y necesario del esp&iacute;ritu del mundo. &iquest;C&oacute;mo aspirar a la validez universal de las relaciones de reconocimiento sin recurrir a postulados de este tipo? Sobre este punto reina tambi&eacute;n, como es bien sabido, una perdurable y no necesariamente fruct&iacute;fera controversia entre los fil&oacute;sofos de la moral. Pues aqu&iacute; podr&iacute;a ayudarnos quiz&aacute;s la propia tesis hegeliana sobre el desarrollo de la cultura, aun despojada de sus pretensiones de necesidad. Es la historia del encuentro entre muchas tradiciones la que ha llegado a plasmar hoy en d&iacute;a, de manera a&uacute;n precaria, un ideal relativo de reconocimiento rec&iacute;proco entre todos los seres humanos, que puede hacer las veces de consenso normativo. Es precisamente en ese contexto que la controversia entre Kant y Hegel puede volverse fruct&iacute;fera. Porque en la conceptualizaci&oacute;n del reconocimiento se tematizan simult&aacute;neamente, en un s&oacute;lo movimiento, las dos grandes demandas que animan las reivindicaciones sociales en la actualidad: la demanda de una mayor solidaridad y la demanda del respeto a los derechos del individuo.</p>         <p>&nbsp;</p> <hr size="1"> 	<font face="verdana" size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s1" name="#1">1</a> Una versi&oacute;n preliminar de este trabajo apareci&oacute; en Giustid: 69-83.</p>     <p><a href="#s2" name="#2">2</a> Son conocidos los trabajos de Siepa, Siepb, Wildt, Ottmann.</p>     <p>   <a href="#s3" name="#3">3</a> Entre los numerosos t&iacute;tulos dedicados al tema, baste citar los siguientes,   suficientemente representativos: Kuhlmann, Kimmerle, Schn&auml;delbach. Sobre los   or&iacute;genes y las repercusiones de este debate he escrito hace unos a&ntilde;os un ensayo, al   que me permito remitir en este contexto: Guistic.</p>     <p><a href="#s4" name="#4">4</a> Menciono aqu&iacute; igualmente s&oacute;lo un par de t&iacute;tulos de vol&uacute;menes colectivos en   los que la posici&oacute;n de Taylor juega un papel protag&oacute;nico: Rosenblum, Rasmussen,   Duglas, Thiebaut, Honnethc. Especial menci&oacute;n, por la posici&oacute;n diferenciada que all&iacute; defiende, merece el ensayo (Taylorc: 239-267).</p>     <p><a href="#s5" name="#5">5</a> El subt&iacute;tulo del libro de Honneth es, precisamente, "Por una gram&aacute;tica moral de los conflictos sociales" ("Zur moralischen Grammatik sozialer Konflikte").</p>     <p><a href="#s6" name="#6">6</a> He modificado la traducci&oacute;n castellana, que es frecuentemente imprecisa (cf. versi&oacute;n alemana: 52-53).</p>     <p>   <a href="#s7" name="#7">7</a> En la distinci&oacute;n hegeliana entre relaciones de trabajo y relaciones de reconocimiento   ve Habermas en obra una oposici&oacute;n entre un modelo "instrumental" y un   modelo "intersubjetivo" o "comunicativo" de racionalidad, y considera que Hegel   habr&iacute;a renunciado a este &uacute;ltimo modelo al adoptar el paradigma de la conciencia   en sus &uacute;ltimos escritos de Jena. La misma tesis es sostenida en los primeros   cap&iacute;tulos de Habermasb.</p>     <p><a href="#s8" name="#8">8</a> El reconocimiento stricto sensu ocupa pues s&oacute;lo los &sect;&sect; 430-435 de E.</p>     <p>   <a href="#s9" name="#9">9</a> Williams toma la distinci&oacute;n de E. Fink.</p>     <p><a href="#s10" name="#10">10</a> He tratado de sostener esta tesis en Giustia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s11" name="#11">11</a> La expresi&oacute;n se ha vuelto ya paradigm&aacute;tica para expresar el n&uacute;cleo de la   cr&iacute;tica de los comunitaristas a la concepci&oacute;n moderna o liberal del individuo. Entre muchos otros cf. Sandela: 24 y Sandelb: 81-96.</p>     <p><a href="#s12" name="#12">12</a> Cf. Fraser: 11-66, Part I: "Redistribution and Recognition", e igualmente el   interesante debate que han sostenido Fraser y Honneth en torno a la correcta   interpretaci&oacute;n de los alcances del concepto de de reconocimiento, en Fraser &amp; Honneth.</p> </font>  <hr size="1">     <p><b><font face="verdana" size="3"> Bibliograf&iacute;a</font></b></p>     <!-- ref --><p> &Aacute;lvarez, Mariano y Paredes, Mar&iacute;a del Carmen (eds.). La controversia de   Hegel con Kant. Salamanca: Ediciones Universidad. (2004).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-0062200700010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Douglass, R. B., Mara, M. and Richardson, H. S. (eds.). Liberalism and the   Good. New York: Routledge. (1990).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0120-0062200700010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Fraser, N. &amp; Honneth, A. Redistribution or Recognition? A Political-Philosophical   Exchange. London/New York: Verso. (2003).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-0062200700010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Fraser, Nancy. Justice interruptus. Critical Reflections on the "Postsocialist"   Condition. New York/London: Routledge. (1997). Versi&oacute;n castellana:   Id. Iustitia interrupta. Reflexiones cr&iacute;ticas. Bogot&aacute;: Siglo del Hombre Editores.   (1997).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0120-0062200700010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">   Giusti, Miguela. "Bemerkungen zu Hegels Begriff der Handlung". (1987).   En: Hegel-Studien 22: 51-71. Versi&oacute;n castellana: "La l&oacute;gica de la acci&oacute;n y   los l&iacute;mites de la voluntad. Reflexiones sobre el concepto de 'acci&oacute;n' en   Hegel". (1991). En: Aret&eacute; III: 207-232.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-0062200700010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Giusti, Mb. "Lassen sich Moralit&auml;t und Sittlichkeit miteinander vermitteln?".   (1991). En: Philosophische Rundschau 38: 14-47.Versi&oacute;n castellana. (1996).   En: Aret&eacute; VIII: 25-64.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-0062200700010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Giusti, Mc. "Rese&ntilde;a de Leiden an Unbestimmtheit. Eine Reaktualisierung der   Hegelschen Rechtsphilosophie". Versi&oacute;n castellana. (2001). En: Aret&eacute; XIII   No. 2: 177-182.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-0062200700010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Giusti, Md. "Autonom&iacute;a y reconocimiento". En: &Aacute;lvarez &amp; Paredes (eds.).   La controversia de Hegel con Kant. Salamanca: Ediciones Universidad: 69-   83. (2004).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-0062200700010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Habermas, J&uuml;rgena. "Trabajo e interacci&oacute;n". En: Id. Ciencia y t&eacute;cnica como   ideolog&iacute;a, Madrid: Tecnos. (1984).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-0062200700010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Habermas, Jb. El discurso filos&oacute;fico de la modernidad. Madrid: Taurus. (1989).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-0062200700010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Hegel, G. W. F. [F]. Fenomenolog&iacute;a del esp&iacute;ritu. Trad. Wenceslao Roces. M&eacute;xico:   Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. (1996).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-0062200700010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hegel, G. W. F. [FD]. Principios de la Filosof&iacute;a del Derecho. Trad. Juan Luis Vermal. Barcelona: Edhasa. (1999).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-0062200700010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Hegel, G. W. F. [E]. Enciclopedia de las ciencias filos&oacute;ficas en compendio. Trad.   Ram&oacute;n Valls Plana. Madrid: Alianza Editorial. (1997).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-0062200700010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Honneth, Axela. Leiden an Unbestimmtheit. Eine Reaktualisierung der Hegelschen   Rechtsphilosophie. Stuttgart: Reclam. (2001).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-0062200700010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Honneth, Ab. Kampf um Anerkennung. Zur moralischen Grammatik sozialer   Konflikte. Frankfurt: Suhrkamp. (1992). Versi&oacute;n espa&ntilde;ola: Id. La lucha   por el reconocimiento. Por una gram&aacute;tica moral de los conflictos sociales. Barcelona:   Cr&iacute;tica. (1997).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-0062200700010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Honneth, Ac. (ed.) Kommunitarismus. Eine Debatte &uuml;ber die moralischen   Grundlagen moderner Gesellschaften. Frankfurt/New York: Campus.   (1993).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-0062200700010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Kimmerle, H., Lefevre, W. A. und Meyer, R. W. (eds.). Hegel-Jahrbuch.   Moralit&auml;t und Sittlichkeit. Bochum: Germinal. (1987).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-0062200700010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Kuhlmann, W. (ed.). Moralit&auml;t und Sittlichkeit. Das Problem Hegels und die   Diskursethik. Frankfurt: Suhrkamp. (1986).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-0062200700010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Ottmann, Henning. Individuum und Gemeinschaft bei Hegel, Band I: Hegel im   Spiegel der Interpretationen. Berlin/New York: Walter de Gruyter. (1977).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-0062200700010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Rasmussen, D. (ed.). Universalism vs. Communitarianism. Cambridge, Mass.:   The MIT Press. (1990).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-0062200700010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Rosenblum (ed.). Liberalism and the Moral Life. Cambridge, Mass.: Harvard   University Press. (1989).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-0062200700010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Sandel, Michaela. Liberalism and the Limits of Justice. Cambridge, Mass:   Cambridge University Press. (1998).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-0062200700010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Sandel, Mb. "The Procedural Republic and the Unencumbered Self" En:   Political Theory 12: 81-96. (1984).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-0062200700010000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Schn&auml;delbach (ed.). Rationalit&auml;t. Philosophische Beitr&auml;ge. Frankfurt: Suhrkamp.   (1984).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-0062200700010000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Siep, Ludwiga. Hegels Fichtekritik und die Wissenschaftslehre von 1804.   Freiburg: Alber. (1970).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-0062200700010000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Siep, Lb. Anerkennung als Prinzip der praktischen Philosophie: Untersuchungen   zu Hegels Jenaer Philosophie des Geistes. Freiburg: Alber. (1979).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-0062200700010000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Taylor, Charlesa. Fuentes del yo. La construcci&oacute;n de la identidad moderna. Barcelona:   Paid&oacute;s. (1996).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-0062200700010000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Taylor, Chb. La &eacute;tica de la autenticidad. Barcelona: Paid&oacute;s. (1994).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-0062200700010000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   Taylor, Chc. Multiculturalism and "The Politics of Recognition". Princeton:   Princeton University Press. (1992). Versi&oacute;n castellana: Id. Multiculturalismo   y "la pol&iacute;tica de reconocimiento". M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.   (1993).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-0062200700010000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Taylor, Chd. "Cross-Purposes: The Liberal-Communitarian Debate". En:   Rosenblum, N. (ed.). 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