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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Hans Küng. El principio de todas las cosas. Ciencia y religión. Trad. José Manuel Lozano Gotor. Madrid: Trotta. 229 pp. (2007)]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p><b>        <center>     <font face="verdana" size="4">Hans K&uuml;ng. El principio de todas   las cosas. Ciencia y religi&oacute;n. Trad.   Jos&eacute; Manuel Lozano Gotor. Madrid: Trotta. 229 pp. (2007).</font></center></b></p>     <p><b>&Aacute;LVARO CORRAL</b>    <br> UNIVERSIDAD DE BOGOT&Aacute; JORGE TADEO LOZANO    <br> <a href="mailto:alvaro.corral@utadeo.edu.co">alvaro.corral@utadeo.edu.co</a></p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>   Este libro es uno de los m&aacute;s recientes   en la prol&iacute;fica serie de textos   con que el profesor Hans K&uuml;ng ha   enriquecido la reflexi&oacute;n sobre asuntos   de teolog&iacute;a. Este texto es tambi&eacute;n   la continuaci&oacute;n de un conjunto de   reflexiones acerca del problema de   la existencia de Dios, con particular   consideraci&oacute;n de los avances de las   ciencias naturales, como la f&iacute;sica y la   biolog&iacute;a, y del progreso en las ciencias   formales, como la matem&aacute;tica   y la l&oacute;gica, desde el advenimiento   de la modernidad en el siglo XVII.   Estamos hablando de una continuidad   con su anterior libro: &iquest;Existe   Dios? Respuesta a la pregunta sobre la   existencia de Dios en la modernidad,   publicado en alem&aacute;n en 1978, un a&ntilde;o   antes de que el Vaticano le retirara   al profesor Hans K&uuml;ng la licencia   eclesi&aacute;stica para ense&ntilde;ar en una facultad   de teolog&iacute;a cat&oacute;lica. Este ser&aacute;   otro cap&iacute;tulo bochornoso para la   historia de la Iglesia Cat&oacute;lica al lado   del caso Galileo, Darwin, Teilhard   de Chardin, y otros tantos casos sobre los cuales pesa un veto ignominioso.</p>     <p>   El prop&oacute;sito fundamental de este   nuevo texto es mostrar que la relaci&oacute;n   entre ciencia y religi&oacute;n no debe   entenderse bajo el esquema de un   modelo de integraci&oacute;n, en el sentido   de que los te&oacute;logos &ldquo;acomodan   los resultados cient&iacute;ficos a sus dogmas&rdquo;   (53), o &ldquo;los cient&iacute;ficos instrumentalizan   la religi&oacute;n en beneficio   de sus tesis&rdquo; (53). En segundo lugar,   tampoco pretende el autor un modelo   de confrontaci&oacute;n entre ciencia   y religi&oacute;n, que aparentemente se   encuentra totalmente superado. La   propuesta del profesor K&uuml;ng es la   de articular &ldquo;m&aacute;s bien un modelo de   complementariedad basado en la interacci&oacute;n   cr&iacute;tico-constructiva de ciencia   y religi&oacute;n, en el que se respeta la   esfera propia de cada una de ellas,   se evita toda transici&oacute;n ileg&iacute;tima, y   se rechaza toda absolutizaci&oacute;n, y en   el que, no obstante, por medio del   cuestionamiento y enriquecimiento   mutuo, se intenta hacer justicia al   conjunto de la realidad en todas sus   dimensiones&rdquo; (53). Este modelo de   complementariedad entre ciencia y   religi&oacute;n parece exigir la presencia de   dos modelos cognitivos diferentes.   El libro consta de cinco cap&iacute;tulos,   que culminan con un ep&iacute;logo en el   que se pretende abordar el final de   las cosas, y al que no me referir&eacute; en   esta presentaci&oacute;n, dado el talante   personal&iacute;simo que ha querido imprimirle   su autor. En los cinco cap&iacute;tulos,   el profesor K&uuml;ng hace un resumen   del estado actual de las ciencias   y, luego de presentar algunos   interrogantes espec&iacute;ficos que en su   opini&oacute;n no han sido respondidos,   indica que esas preguntas ofrecen el   espacio suficiente para la reflexi&oacute;n   religiosa. Examinar&eacute; con cuidado   los argumentos a favor de la tesis   de que la ciencia s&oacute;lo puede llegar   hasta un l&iacute;mite en el tratamiento   de los problemas, despu&eacute;s del cual   es necesario llamar al te&oacute;logo para   responderlos. Si esta empresa no   resulta plausible, debemos concluir   m&aacute;s bien la incompatibilidad entre la ciencia y la religi&oacute;n.</p>     <p>   1. En el primer cap&iacute;tulo, titulado &ldquo;&iquest;Una teor&iacute;a unificada del todo?&rdquo;, K&uuml;ng examina los problemas m&aacute;s significativos de la cosmolog&iacute;a desde sus avances por parte de Cop&eacute;rnico, Galileo, Kepler y Newton, hasta las actuales discusiones planteadas por Stephen Hawking acerca de una explicaci&oacute;n unificada del universo f&iacute;sico. Para continuar con el talante omnicomprensivo del libro anterior &iquest;Existe Dios?, K&uuml;ng acompa&ntilde;a la discusi&oacute;n de las diferentes especulaciones cosmol&oacute;gicas con reflexiones provenientes de la filosof&iacute;a de la ciencia. Hace particular menci&oacute;n de reconocimiento a los aportes de Karl Popper sobre el falsacionismo y el falibilismo, y a los aportes del fil&oacute;sofo de la ciencia Thomas Kuhn sobre el concepto de paradigma para explicar las revoluciones cient&iacute;ficas. En este primer cap&iacute;tulo se valora significativamente la cr&iacute;tica de Popper al modelo positivista, seg&uacute;n el cual s&oacute;lo los enunciados formales de la matem&aacute;tica y de la l&oacute;gica, y los enunciados de las ciencias emp&iacute;ricas, son proposiciones con sentido, mientras que todas las dem&aacute;s, en el nivel de lo meta-emp&iacute;rico, deben ser descartadas como pseudo-cient&iacute;ficas. La propuesta epistemol&oacute;gica planteada por Popper desde los a&ntilde;os treinta del siglo anterior, pretende mostrar que la ciencia tiene en el meollo de sus problemas preguntas no resueltas sobre el &lsquo;sentido&rsquo; del concepto de sentido. Es as&iacute; como Popper indica que la discusi&oacute;n sobre el estatus cient&iacute;fico de las proposiciones emp&iacute;ricas no es una discusi&oacute;n que se dirime en los estrados de cada una de las ciencias particulares. Establecer un criterio de demarcaci&oacute;n para saber cu&aacute;les teor&iacute;as son o no cient&iacute;ficas es una tarea que no se resuelve apelando totalmente a proposiciones emp&iacute;ricas. Popper se&ntilde;al&oacute; que el criterio de verificaci&oacute;n que rein&oacute; durante varios siglos en la ciencia es inalcanzable para los seres humanos por nuestras limitaciones para conocer. Como a la vez resulta posible indicar con hechos concretos que el ser humano y las ciencias han podido progresar y generar conocimientos, Popper propone como criterio de demarcaci&oacute;n para las proposiciones cient&iacute;ficas la falsabilidad de las teor&iacute;as. Esta falsabilidad consiste en que las teor&iacute;as cient&iacute;ficas son aquellas que contienen proposiciones subordinadas por medio de las cuales puedo pensar o llegar a concluir que la teor&iacute;a que estoy defendiendo puede ser falsa, si esta teor&iacute;a se somete a un experimento crucial. Darwin y Einstein son ejemplos paradigm&aacute;ticos de lo anterior, por cuanto sus teor&iacute;as contienen proposiciones condicionales del estilo: &ldquo;si tal asunto llegara a ocurrir, es necesario reconocer que la teor&iacute;a que estoy proponiendo se derrumba sin m&aacute;s&rdquo;. En otras palabras, Popper se&ntilde;al&oacute; que las teor&iacute;as cient&iacute;ficas no son inmunes al error. Por esta raz&oacute;n, las teor&iacute;as de Marx o las de Freud no son, en su opini&oacute;n, teor&iacute;as cient&iacute;ficas, por cuanto todos los fen&oacute;menos pueden explicarse desde ellas mediante una estrategia de ajuste permanente que las protege del error. El error y su reconocimiento frontal se convierten en el eje por medio del cual, gracias a la experimentaci&oacute;n, se indica cu&aacute;ndo es la hora de abandonar una teor&iacute;a cient&iacute;fica. A pesar de que no todos los cient&iacute;ficos en el &aacute;mbito de las ciencias naturales y formales, y quiz&aacute; mucho m&aacute;s en el &aacute;mbito de las ciencias sociales, reconozcan estas cuestiones de talante filos&oacute;fico, hoy en d&iacute;a se entiende la racionalidad cient&iacute;fica y la din&aacute;mica misma de los cient&iacute;ficos en su tarea colectiva en la historia, como una raz&oacute;n limitada, falible y cr&iacute;tica. La raz&oacute;n ni se endiosa, ni tampoco se aniquila.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Haber ampliado este punto hasta   aqu&iacute; me parece muy relevante para   lo que pienso desarrollar m&aacute;s adelante.   Sobre todo por cuanto, en su   libro anterior, K&uuml;ng dej&oacute; la impresi&oacute;n   de que el racionalismo cr&iacute;tico   defendido por Popper era un racionalismo   ideologizante que deber&iacute;a   ser superado. En este libro, por el   contrario, parece aceptar las tesis del   racionalismo cr&iacute;tico para explicar la   din&aacute;mica de la ciencia en la formulaci&oacute;n,   discusi&oacute;n, contrastaci&oacute;n emp&iacute;rica y eliminaci&oacute;n de teor&iacute;as.</p>     <p>   2. El segundo cap&iacute;tulo abre tambi&eacute;n   con un interrogante: &iquest;Dios como   principio? A continuaci&oacute;n se afirma   la tesis seg&uacute;n la cual la ciencia contempor&aacute;nea   da &ldquo;fe&rdquo; del concepto   cosmol&oacute;gico est&aacute;ndar (cf. 56), al afirmar   que el universo tuvo un comienzo   hace m&aacute;s o menos 14.000   millones de a&ntilde;os. Algo que K&uuml;ng como te&oacute;logo bien informado no   pone en duda. &iquest;En qu&eacute; sentido se   utiliza aqu&iacute; la expresi&oacute;n &ldquo;fe&rdquo;, cuando   K&uuml;ng afirma con &eacute;nfasis que el   ser humano no est&aacute; en condiciones   de concebir lo m&aacute;s abarcador? Si   seguimos las recomendaciones de   Popper presentadas por K&uuml;ng en el   cap&iacute;tulo anterior, resulta necesario   recordar que Popper en algunos de   sus escritos mencion&oacute; con cierta   mofa que &eacute;l no cre&iacute;a en la creencia   (cf. Popper). En otras palabras, quer&iacute;a   llamar la atenci&oacute;n sobre el hecho   de que las proposiciones y los enunciados   de las ciencias son completamente   independientes de si alguien   tiene alguna creencia al respecto o   no, aun cuando, por supuesto, se   acepta que todas las teor&iacute;as son construcciones   humanas formuladas en alg&uacute;n momento preciso del tiempo.</p>     <p>   As&iacute;, la propuesta del origen, comienzo   o principio (Anfang und   Ursprung) de todas las cosas no constituye   una creencia y mucho menos   un objeto de fe, aun cuando algunos   cient&iacute;ficos de gran renombre y autoridad   en su campo hayan sugerido   una opci&oacute;n tal. La creencia del   f&iacute;sico en la existencia de un episodio   singular no constituye en s&iacute; una   creencia, sino que es tan s&oacute;lo la consecuencia   l&oacute;gica m&aacute;s coherente con   las observaciones en el marco de   una teor&iacute;a dada. En este caso, las observaciones   del astr&oacute;nomo Hubble   acerca de la velocidad con que se   alejan las galaxias unas de otras, y   el enfriamiento sucesivo derivado   de la observaci&oacute;n de la informaci&oacute;n   espectral proveniente de las galaxias,   seg&uacute;n la cual existen diferencias   de temperatura que se correlacionan   con el grado de alejamiento,   nos lleva a suponer que en alg&uacute;n   momento calculable en el pasado la   cantidad de materia y de proto-part&iacute;culas   estaba m&aacute;s comprimida y por   lo tanto reinaba una mayor temperatura.   Esa suposici&oacute;n entonces nos   confronta con el posible hecho de una gran explosi&oacute;n (Big-Bang).</p>     <p>   En ese sentido, K&uuml;ng menciona   la interrogaci&oacute;n del periodista norteamericano   Gregg Easterbrook: &ldquo;&iquest;Hay que creer que el estallido inicial ha producido miles de millones de galaxias a partir de una unidad diminuta? &iquest;Y eso no es una suerte de &lsquo;creencia cient&iacute;fica en los milagros&rsquo;?&rdquo; (57). Con esa pregunta, K&uuml;ng hace la admonici&oacute;n de que, as&iacute; como el te&oacute;logo bien informado &ldquo;considera bien fundado el modelo est&aacute;ndar de la f&iacute;sica&rdquo; (57), exige a la vez que &ldquo;los cient&iacute;ficos bien informados no entiendan el &lsquo;principio&rsquo; de todas las cosas como un inicio arbitrario&rdquo; (57). Se trata de una exigencia bien extra&ntilde;a, pues a continuaci&oacute;n K&uuml;ng nos pide pensar en el principio absoluto. En mi opini&oacute;n debemos ajustar las preguntas hechas por el periodista, para evitar caer en la exigencia de que el cient&iacute;fico tenga que pensar no solamente en un principio relativo, sino tambi&eacute;n en un principio absoluto.</p>     <p>   En primer lugar, se debe formular   la pregunta con independencia   de si alguien tiene o no una creencia   sobre el contenido mismo de la proposici&oacute;n.   La ciencia se ocupa de establecer   si la proposici&oacute;n &ldquo;el estallido   inicial ha producido millones de galaxias   a partir de una unidad diminuta&rdquo;   es una proposici&oacute;n verdadera   o no. Sabemos de antemano que no   estamos en condiciones de verificar   directamente la proposici&oacute;n, pues   no est&aacute;bamos all&iacute; para efectuar la   observaci&oacute;n. La ciencia supone que   as&iacute; fue, mientras no se demuestre   con observaciones o con otras teor&iacute;as   de mayor alcance explicativo   que la suposici&oacute;n inicial es falsa. El   segundo ajuste consiste en declarar   como irrelevante para la ciencia la   pregunta de si esa descripci&oacute;n de un   estado primigenio de cosas por su &ldquo;singularidad&rdquo; es un milagro o no. La tarea del cient&iacute;fico consiste precisamente en explicar, si sigue el modelo de la racionalidad cient&iacute;fica de talante cr&iacute;tico y falibilista, que el sentido de las proposiciones de una teor&iacute;a cient&iacute;fica se obtiene al estipular condiciones restrictivas que pueden conducir a una falsaci&oacute;n de la teor&iacute;a en cuesti&oacute;n. En este caso concreto de las teor&iacute;as cosmol&oacute;gicas, las observaciones sobre el fen&oacute;meno del alejamiento entre s&iacute; de las galaxias, el enfriamiento paulatino del universo, y el fen&oacute;meno de la radiaci&oacute;n tenue de fondo detectado por Penzias y Wilson en la d&eacute;cada de los sesenta, llevan a la hip&oacute;tesis de la gran explosi&oacute;n. Lo m&aacute;s significativo para la ciencia actual consiste en que la pregunta inicial de K&uuml;ng sobre &ldquo;&iquest;qu&eacute; ocurri&oacute; antes?&rdquo; o la indagaci&oacute;n sobre un principio absoluto, se responde con un ignorabimus. No llegaremos a saberlo, por cuanto la pregunta carece de sentido. Lo m&aacute;ximo que podemos decir, con base en nuestras hip&oacute;tesis mejor confirmadas, y no por ello verdaderas, es que debemos concebir el universo como si fuera una singularidad. Esta es tan s&oacute;lo una invitaci&oacute;n que conlleva a admitir como posible la verdad del contrario.</p>     <p>   Esta invitaci&oacute;n a considerar la posibilidad   del contrario, es decir,   aceptar que no hay singularidades   en el Universo, fue analizada por   Kant en el famoso cap&iacute;tulo sobre la   antinomia de la raz&oacute;n pura (KrV   A408-567). Una antinomia aparece   cuando en el sistema de las ideas   cosmol&oacute;gicas la raz&oacute;n quiere proceder   con las ideas trascendentales,   es decir, cuando el entendimiento,   a partir de su experiencia con los   fen&oacute;menos condicionados, intenta   adem&aacute;s pensar el incondicionado.   En estrecha relaci&oacute;n con la tabla de   las categor&iacute;as, son para Kant cuatro   las ideas cosmol&oacute;gicas: si el mundo   tiene un comienzo, si la sustancia est&aacute;   compuesta de partes simples, si la   causalidad es la &uacute;nica ley en el   mundo y, por &uacute;ltimo, si al mundo   pertenece un ser absolutamente   necesario. Para Kant la discusi&oacute;n   de este tipo de cuestiones obliga a   aceptar que es posible afirmar con   igual fuerza argumentativa tanto la   tesis como la ant&iacute;tesis. De ah&iacute; se deriva   una conclusi&oacute;n muy importante,   en mi opini&oacute;n, y es que la raz&oacute;n   humana no puede resolver la antinomia.   Pero tampoco puede ofrecer,   como pretende K&uuml;ng, respuestas a   la pregunta sobre el principio de   todas las cosas que subyace a la antinomia,   pues la raz&oacute;n no puede decir   nada cuando quiere pensar lo incondicionado.</p>     <p>   La tarea de la ciencia es la de aportar   teor&iacute;as explicativas lo suficientemente   poderosas para explicar el   mayor n&uacute;mero de fen&oacute;menos diferentes   entre s&iacute;. Mientras tanto el fil&oacute;sofo   puede recordar que si esta o   aquella teor&iacute;a cient&iacute;fica se involucra   en una antinomia por hacer uso   de una idea trascendental, el adversario   siempre estar&aacute; all&iacute; formulando   sus dudas. Pero antes de analizar si   el cient&iacute;fico puede pensar en un principio   absoluto, pasemos ahora al   reto de la ciencia para buscar una   teor&iacute;a unificada. La raz&oacute;n de ello no   es m&iacute;stica, ni religiosa, sino una sana   aplicaci&oacute;n del principio de econom&iacute;a   formulado por Guillermo de   Ockham: entia non sunt multiplicanda   praeter necessitatem (no se deben   multiplicar los entes sin necesidad).   Seg&uacute;n esta perspectiva, la pregunta   de los cosm&oacute;logos, desde Tales de   Mileto hasta Stephen Hawking, sobre   una teor&iacute;a unificada para la explicaci&oacute;n   de la realidad, es completamente   diferente de la cuesti&oacute;n   acerca del principio absoluto o de la   existencia de Dios, independiente   del hecho autobiogr&aacute;fico de que   muchos cosm&oacute;logos en el pasado, y   cada vez menos en la actualidad,   hayan identificado un intersticio   probable de toque entre las esferas   de indagaci&oacute;n propias de la ciencia   y las de la religi&oacute;n. Lo que s&iacute; resulta   cierto para un n&uacute;mero abrumador   de cient&iacute;ficos del siglo XX, es   que su preocupaci&oacute;n por la b&uacute;squeda   de una teor&iacute;a unificada tiene una   raigambre puramente t&eacute;cnica. </p>     <p>Cuando cient&iacute;ficos como Einstein,   Heisenberg, Feynman, Weinberg,   Hawking y muchos otros, buscan   una teor&iacute;a que unifique bajo un mismo   techo las cuatro fuerzas c&oacute;smicas   presentes en el universo, &ndash;la   fuerza electromagn&eacute;tica, la nuclear   d&eacute;bil, la nuclear fuerte y la gravedad&ndash;,   no est&aacute;n buscando encontrar   otra cosa que un conjunto coherente   de enunciados y proposiciones por   medio de los cuales, de manera m&aacute;s   simple y sencilla (y algunos a&ntilde;aden   m&aacute;s elegante), se puedan explicar   los fen&oacute;menos que antes hab&iacute;a que   explicar en t&eacute;rminos de cuatro principios   te&oacute;ricos diferentes, con sus   respectivas sucesiones subordinadas   de teor&iacute;as y conjuntos de proposiciones.   Si bien es cierto que Plat&oacute;n y   Arist&oacute;teles, as&iacute; como tambi&eacute;n la   mayor&iacute;a de los pensadores medievales   y muchos de los pensadores   modernos, identificaron ese principio   unificador de todas las cosas con   la divinidad, esa transposici&oacute;n deja   de funcionar para la mayor&iacute;a de cosm&oacute;logos   del siglo XX. Incluso cuando   Einstein indicaba que Dios no   juega a los dados (Gott w&uuml;rfelt nicht),   se refer&iacute;a de manera completamente   metaf&oacute;rica al hecho de que, seg&uacute;n su   teor&iacute;a, el azar no tiene cabida en la naturaleza.</p>     <p>   Antes de finalizar el cap&iacute;tulo,   K&uuml;ng indica que, pese a todos los   avances de las ciencias naturales, el   universo contin&uacute;a siendo un enigma.   Las preguntas fundamentales   sobre &ldquo;los sucesos del instante t = 0   son por principio inaccesibles a la   ciencia. Por mucho que se incremente   sin cesar su alcance y sofisticaci&oacute;n,   los m&eacute;todos cient&iacute;ficos no   pueden descubrir qu&eacute; fue lo que   ocurri&oacute; antes de ese instante&rdquo; (86).   Esta es la pregunta fundamental que   K&uuml;ng eleva al estatus de &ldquo;mysterium   stricte dictum, que fulgura como pregunta   en el horizonte m&aacute;s exterior   de nuestra experiencia espacio-temporal,   tanto al principio como al final,   pero tambi&eacute;n en el centro del   mundo y del ser humano&rdquo; (87) y que   no puede ser resuelto por la ciencia.   Por ello la persona humana tiene   dos caminos: el de &ldquo;capitular ante la   pregunta por las causas, renunciando   a ella, o [el de] abordar el problema de Dios&rdquo; (87).</p>     <p>   En primer lugar, es necesario   recordar que la ciencia capitula ante   las preguntas formuladas por K&uuml;ng   por cuanto carecen de sentido, y no   obstante continua tratando de hacer   comprensible lo que nos parece un   misterio. Por eso queda abierta la   cuesti&oacute;n de que el universo sea un   enigma. Luego K&uuml;ng nos invita a   considerar el segundo camino, cuando   afirma que debemos plantear as&iacute;   la hip&oacute;tesis acerca de la existencia   de Dios: &ldquo;si Dios existe, la pregunta   central por el principio de todas las   cosas, la pregunta de por qu&eacute; existe   algo y no nada, estar&iacute;a contestada.   Igualmente resuelta quedar&iacute;a la pregunta   marco por las constantes c&oacute;smicas   que, desde el inicio mismo,   determinan el desarrollo del Universo&rdquo;   (88). A rengl&oacute;n seguido reconoce   que Kant tiene toda la raz&oacute;n   cuando indica que las pruebas cl&aacute;sicas   sobre la existencia de Dios conducen   todas a un callej&oacute;n sin salida,   por cuanto ninguna de las pruebas   puede formularse en el plano de la   raz&oacute;n te&oacute;rica, pues todas ellas suponen   un tr&aacute;nsito no permitido acerca   de lo que nos es posible conocer en el marco de la intuici&oacute;n sensible.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Si bien en el plano l&oacute;gico de las   discrepancias con los ateos y con los   agn&oacute;sticos, K&uuml;ng tiene raz&oacute;n en   apoyarse en Kant para llamar la   atenci&oacute;n sobre el hecho de que si   alguien quiere demostrar la existencia   de Dios est&aacute; en la misma situaci&oacute;n   de aqu&eacute;l que quiera demostrar   lo contrario, resulta que en el plano   discursivo, que se asemeja m&aacute;s a lo   que acontece en el estrado judicial,   es necesario recordar que al esc&eacute;ptico,   a quien se endilga con frecuencia   el mote de ateo, no corresponde   el peso de la prueba. En el estrado judicial la carga probatoria corre por   cuenta del fiscal, quien tiene sus razones   para llamar a alguien a juicio.   All&iacute; la tarea del defensor, como aqu&iacute;   la del esc&eacute;ptico, consiste en exhibir   sus &lsquo;dudas razonables&rsquo;; no tiene por   qu&eacute; probar nada. Para reforzar este   punto, baste recordar las palabras   de Bertrand Russell a prop&oacute;sito de   la falacia en la cual se incurre cuando   se transfiere al esc&eacute;ptico, quien   no afirma ni le interesa afirmar   nada, la carga de la prueba: &ldquo;Mucha   gente ortodoxa habla como si fuera   tarea del esc&eacute;ptico refutar los dogmas   recibidos, cuando es precisamente   la tarea del dogm&aacute;tico demostrarlos.   Esto es por supuesto un   error. Si yo sugiriera que entre la   Tierra y Marte hay una tetera de   porcelana china movi&eacute;ndose en una &oacute;rbita el&iacute;ptica alrededor del sol, nadie estar&iacute;a en condiciones de refutar mi aserto, suponiendo incluso que hubiese sido cuidadoso en a&ntilde;adir que la tetera es muy peque&ntilde;a para ser avistada por nuestros telescopios m&aacute;s potentes. Pero si yo a continuaci&oacute;n dijera que, por cuanto mi aserto no puede ser refutado, resulta que es una presunci&oacute;n intolerable por parte de la raz&oacute;n humana dudar de ello, entonces se podr&iacute;a pensar correctamente que estoy diciendo cosas absurdas. Si adem&aacute;s se afirmara en los libros antiguos la existencia de esa tetera, si se predica sobre ella todos los domingos como una verdad sacra, y si se inculcara en la mente de los ni&ntilde;os de la escuela, entonces la resistencia a creer en su existencia se convertir&iacute;a en una marca de excentricidad y dar&iacute;a a quien duda el derecho a las atenciones del psiquiatra en una &eacute;poca ilustrada, pero tambi&eacute;n al Inquisidor en una &eacute;poca oscura&rdquo; (Russell: 52).</p>     <p>   En su esfuerzo por ofrecer una   prueba, K&uuml;ng nos pide que aceptemos   que la raz&oacute;n no sirve para acceder   a Dios (cf. 88), y propone un camino   que a mi parecer se encuentra   dentro del marco de referencia de   una prueba de existencia. Se trata de   la apelaci&oacute;n a la &ldquo;praxis vivida y   reflexionada&rdquo; (88). Entendiendo este   asunto como una &ldquo;actitud de plena   confianza&rdquo; en la que &ldquo;resulta posible   experimentar, a pesar de todas   las dudas, la realidad del conjunto de lo   real, aceptada al principio como algo   evidente[&hellip;] Y desde semejante actitud   de confianza, abarcadora y racionalmente   justificable, tambi&eacute;n   cabe aceptar la &ndash;a&uacute;n m&aacute;s cuestionada&ndash;   realidad de Dios, de un fundamento   originario de todo lo que existe;   y esa aceptaci&oacute;n repercute en todas   nuestras vivencias, en nuestra conducta,   en nuestras acciones&rdquo; (89). &iquest;C&oacute;mo se entiende aqu&iacute; que la raz&oacute;n no sirva para acceder a Dios, y al mismo tiempo se admite que la actitud de confianza es racionalmente justificable? Apelar a la &lsquo;actitud de plena confianza&rsquo; para mostrar o demostrar la existencia de un ser supremo constituye un argumento que se basa en la experiencia personal. Las pruebas fundadas en la experiencia personal tienen la gran dificultad de la comunicabilidad de todas las experiencias subjetivas, por ejemplo, cuando alguien trata de describir el sabor que tiene tal copa de vino cabernet sauvignon. Hay dos dificultades adicionales. Por un lado, se puede preguntar con qu&eacute; criterio se distinguen las experiencias subjetivas del tipo alucinatorio por medio del cual los psiquiatras tratan de articular una prueba de realidad frente al paciente que padece trastornos esquizoides. Por el otro, no es claro c&oacute;mo, desde una experiencia subjetiva de &lsquo;la confianza plena&rsquo;, surgen elementos para obtener el &lsquo;fundamento &uacute;ltimo de la realidad&rsquo;, y para explicar y comprender mejor las constantes de la f&iacute;sica, tales como la fuerza de atracci&oacute;n, la velocidad de la luz, la constante de Planck y otras cosas por el estilo.</p>     <p>   3. En el tercer cap&iacute;tulo &ldquo;&iquest;Creaci&oacute;n   del mundo o evoluci&oacute;n?&rdquo;, K&uuml;ng lamenta,   y estamos plenamente de acuerdo con &eacute;l, que sectores fundamentalistas   de las religiones m&aacute;s   importantes se muestren hoy en d&iacute;a   expl&iacute;citamente en contra del contenido   explicativo de la teor&iacute;a de la   selecci&oacute;n natural propuesta por Darwin   en 1859, y que hoy es la piedra   angular del edificio de la biolog&iacute;a.   Con creciente preocupaci&oacute;n, K&uuml;ng   hace referencia a encuestas que muestran   el desconocimiento imperante   en el mundo desarrollado sobre este   asunto, particularmente en Norteam&eacute;rica   y en el mundo germano-parlante,   como si las personas que all&iacute;   viven nunca hubiesen asistido a una   clase de biolog&iacute;a. Con igual &eacute;nfasis   constata que, &ldquo;[e]ntretanto, la teolog&iacute;a   se ha ido retirando, sin embargo,   de la idea de la creaci&oacute;n inmediata   del mundo entero por Dios: primero   a la idea de la creaci&oacute;n inmediata   del cuerpo humano (que seg&uacute;n esto,   no tendr&iacute;a su origen en el mundo   animal); luego a la de la creaci&oacute;n   inmediata del alma humana (en   contraposici&oacute;n con el cuerpo); y, por &uacute;ltimo, se renuncia, o al menos eso parece en la actualidad, a toda intervenci&oacute;n divina en la evoluci&oacute;n del mundo y del ser humano&rdquo; (101). Ojal&aacute; que la encuesta se realizara tambi&eacute;n entre los te&oacute;logos y se confirmara un porcentaje alto de suscripci&oacute;n al poder explicativo de las teor&iacute;as de la biolog&iacute;a contempor&aacute;nea. Este resultado ser&iacute;a de gran alivio, e indicar&iacute;a un contraste significativo con la posici&oacute;n del &uacute;ltimo Papa, quien, en alguno de sus documentos, reconoce la importancia de la teor&iacute;a de Darwin para explicar la evoluci&oacute;n de los seres vivos, pero se resiste a aceptar que el ser humano con todas sus facultades mentales (lenguaje complejo, intencionalidad y autoconciencia capaz de reflexi&oacute;n) tambi&eacute;n sea el resultado de procesos aleatorios de selecci&oacute;n natural.</p>     <p>   K&uuml;ng presenta luego los sistemas   filos&oacute;ficos de cuatro autores (Hegel,   Comte, Whitehead y Teilhard de   Chardin) que se han servido del   concepto de progreso para tratar de   comprender los procesos hist&oacute;ricos,   incluidos los del mundo natural.   Frente a estas posiciones, en las cuales   la noci&oacute;n de progreso pareciera   conmutarse con la de evoluci&oacute;n, vale   la pena destacar que, tanto en las   obras de Charles Darwin, como en   las de la gran mayor&iacute;a de bi&oacute;logos   evolutivos del siglo XX (Monod,   Williams, Gould, Dawkins, entre   otros), la selecci&oacute;n natural no tiene   direcci&oacute;n hacia el futuro. Darwin   mismo tuvo muchas precauciones   con el uso del t&eacute;rmino evoluci&oacute;n, y   en su obra principal, El origen de las   especies por medio de la selecci&oacute;n natural,   el t&eacute;rmino evoluci&oacute;n tiene muy   pocas ocurrencias. La biolog&iacute;a no es   en este aspecto una ciencia predictiva,   se parece m&aacute;s a la historia; pero,   a diferencia de &eacute;sta, no trata s&oacute;lo de   singularidades. Desde la biolog&iacute;a no   es posible predecir con seguridad   c&oacute;mo ser&aacute; el aspecto externo o la   estructura interna de un ser vivo en   un momento futuro del tiempo.   Apela al mecanismo de la selecci&oacute;n   de forma retrospectiva para explicar   la variedad y el aumento de la   complejidad. La incapacidad parcial   de predicci&oacute;n es una consecuencia   directa, no s&oacute;lo de la cantidad de   variables geogr&aacute;ficas, clim&aacute;ticas o   f&iacute;sicas externas al organismo que   pueden incidir en la variabilidad y   en la selecci&oacute;n, sino tambi&eacute;n por el   hecho mismo de que las mutaciones   o errores en los procesos de copiado   de la informaci&oacute;n gen&eacute;tica   que subyacen a la reproducci&oacute;n dependen   completamente del azar. A   pesar de que el DNA ofrece una estructura   molecular bastante estable   y s&oacute;lida para garantizar en un alt&iacute;simo   grado de confiabilidad la replicaci&oacute;n   de las cadenas y secuencias   de nucle&oacute;tidos, estas estructuras no   son inmunes a errores de copiado.   Esa doble fuente de inestabilidad   hace muy dif&iacute;ciles las predicciones,   y por eso resulta equivocado pensar   el proceso de selecci&oacute;n natural como se representa la escala &lsquo;evolutiva&rsquo;   de la naturaleza, de forma que   tendiera en alguna direcci&oacute;n preestablecida   o permitiera colocar un ser   vivo por encima o por debajo de otro.   Para Darwin, y la gran mayor&iacute;a de   los bi&oacute;logos, las especies vivas en la   actualidad est&aacute;n a la misma altura   en el &aacute;rbol que hace gr&aacute;fica la lucha   por la supervivencia. Por ello   es un error confundir la noci&oacute;n de   evoluci&oacute;n con la de progreso, tal   como ocurre con los sistemas filos&oacute;ficos   de Hegel, Comte, Whitehead y Teilhard de Chardin.</p>     <p>   M&aacute;s adelante K&uuml;ng insiste en la   pregunta &iquest;c&oacute;mo pensar en Dios? Y,   luego de reformularla de diversas   maneras, la responde con una exclamaci&oacute;n: &ldquo;&iexcl;Dios est&aacute; en este universo, y este universo est&aacute; en Dios!&rdquo; (111). Admito que no tengo la capacidad para entender esa extrapolaci&oacute;n, sobre todo en el marco de una discusi&oacute;n en la cual se ofrece como modelo la complementariedad entre ciencia y religi&oacute;n. Pareciera como si se tratara de postular la realidad de Dios en tanto fen&oacute;meno envolvente en el que s&oacute;lo cabr&iacute;a la religi&oacute;n. Necesito m&aacute;s d&iacute;as y quiz&aacute; a&ntilde;os para entender mejor el problema. Por ahora tan s&oacute;lo barrunto la presencia de un conflicto, pues pareciera como si los f&iacute;sicos y los bi&oacute;logos estuvieran empecinados en negar la presencia real&iacute;sima de un fen&oacute;meno, que, si bien es incompatible con los modelos explicativos de las ciencias en las que trabajan todos los d&iacute;as, deben aceptar por v&iacute;a de un mecanismo no racional: se trata de la presencia de Dios en el mundo y su intervenci&oacute;n en la biog&eacute;nesis. As&iacute; pues, cuando se apela a visualizar las cosas con mecanismos cognoscitivos diferentes de la raz&oacute;n, sin aportar los argumentos, debo aceptar que no entiendo.</p>     <p>   En este punto creo que se juega   la vida la propuesta de K&uuml;ng sobre   la complementariedad de ciencia y   religi&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de la esfera   diplom&aacute;tica de una entente cordiale,   para pasar a una complementariedad   cognitiva, como si existiera un   mecanismo cognitivo diferente al   de la raz&oacute;n. Si lo que est&aacute; en juego   es la esfera restringida del conocimiento   y no del sentido en general,   incluida las artes, y si se aceptan,   como lo ha hecho K&uuml;ng, las sugerencias   epistemol&oacute;gicas del racionalismo   cr&iacute;tico y la din&aacute;mica en la   articulaci&oacute;n, discusi&oacute;n, contrastaci&oacute;n   y eliminaci&oacute;n de teor&iacute;as en la   ciencia, entonces tenemos que aceptar   tambi&eacute;n que la &uacute;nica esfera de   conocimientos que podemos construir   en sentido estricto es la de la   ciencia. El fen&oacute;meno religioso no   aporta mecanismos cognitivos para   acceder a la realidad que sean diferentes   a los de la ciencia, a no ser   que se quieran instaurar como dogmas   inmunes a cualquier an&aacute;lisis   racional. La racionalidad no se entiende   hoy, como anota K&uuml;ng acertadamente,   a la manera de los pensadores   iluministas de la revoluci&oacute;n   francesa que cambiaron un Dios por   otro. La racionalidad se escribe hoy   con letra min&uacute;scula, se trata de una   raz&oacute;n limitada y falible. Sin embargo,   parece ser esta raz&oacute;n la &uacute;nica   herramienta cognitiva de la que disponemos   los seres humanos. Esta   raz&oacute;n engloba tambi&eacute;n las diferentes   facetas de la vida emocional, sin   que tengan por qu&eacute; oponerse a su   dictado. Lo anterior no supone desconocer   que la realidad que nos rodea   sea compleja y que debamos   plantear diferentes niveles de an&aacute;lisis.   La f&iacute;sica no es la &uacute;nica disciplina   cient&iacute;fica. Pero s&oacute;lo por medio   de referencia ostensiva a los hechos   que la f&iacute;sica no pretende explicar es   como la estructura de la racionalidad   esbozada antes nos obliga a diferenciar   niveles de comprensi&oacute;n   del sentido en general, y que complementan   el &aacute;mbito del conocimiento.   Cuando se&ntilde;alamos las obras   de arte con el dedo tenemos hechos   ante la vista que la f&iacute;sica no pretende explicar. As&iacute; las cosas, la Flauta M&aacute;gica   no se entiende s&oacute;lo desde la ac&uacute;stica,   puesto que en esta genial &oacute;pera   de Mozart no s&oacute;lo vibra el aire al   ritmo de los golpes que se producen   en los diferentes instrumentos,   sino que se producen mensajes y   sensaciones est&eacute;ticas de j&uacute;bilo y alegr&iacute;a,   de tristeza y preocupaci&oacute;n. Por   esa raz&oacute;n los departamentos de   m&uacute;sica no est&aacute;n adscritos a las facultades   de f&iacute;sica en la organizaci&oacute;n   de las universidades. Pero este argumento   de la irreductibilidad de   la m&uacute;sica a la ac&uacute;stica no funciona   cuando se pide para la religi&oacute;n un   estatus similar al de las artes, y as&iacute;   inaugurar un nuevo nivel de comprensi&oacute;n,   por cuanto los hechos de   la religi&oacute;n, en este caso la existencia   de Dios, no se pueden se&ntilde;alar ostensivamente.   Apelar a la inmanencia   como estrategia para demostrar   la existencia de Dios, me recuerda la   sospecha elevada por Hans Albert   acerca de la &lsquo;inmunizaci&oacute;n&rsquo; de una   proposici&oacute;n cuando se quiere hacer   irrevisable un asunto que se quiere   defender como dogma (cf. Albert:   4)1. En el libro anterior sobre la existencia   de Dios, K&uuml;ng mantiene con   Albert una interacci&oacute;n argumentativa   mucho m&aacute;s extensa de la que aqu&iacute; se presenta.</p>     <p>   En la parte final del cap&iacute;tulo,   K&uuml;ng ofrece sus razones para entender   la Biblia como un texto que ofrece   elementos para la comprensi&oacute;n de   la realidad y poder interpretar hechos   que las ciencias no pueden explicar.   Desde el siglo XIX sabemos, y   eso lo reafirma K&uuml;ng, que la Biblia,   como los dem&aacute;s relatos de creaci&oacute;n   de los diferentes pueblos y &eacute;pocas,   es un testimonio literario concebido   por muchos autores durante cientos   de a&ntilde;os para explicar las preguntas   fundamentales de los seres humanos   ante la carencia de respuestas   cient&iacute;ficas, que se articularon con   posterioridad y muy lentamente   desde los griegos hasta nuestros   d&iacute;as. &iquest;Por qu&eacute;, reconociendo el car&aacute;cter   literario del texto, se sacraliza   y se le otorga a la Biblia un puesto   especial aqu&iacute;, como fuente no s&oacute;lo   para resolver las inquietudes fundamentales   de la cosmolog&iacute;a, sino tambi&eacute;n   para articular respuestas con el   fin organizar la vida social? &iquest;Por   qu&eacute;, en el marco de una proyecci&oacute;n   ecum&eacute;nica, como la que quiere sugerir   K&uuml;ng en su Proyecto de &Eacute;tica   Mundial, se le da mayor prelaci&oacute;n al   texto &lsquo;sacralizado&rsquo; de unas religiones   vivas (la jud&iacute;a y la cristiana), y   no en general a todos los textos de   creaci&oacute;n producidos por los seres   humanos, incluidos los textos de civilizaciones   extinguidas, como la   Cosmogon&iacute;a de Hes&iacute;odo y los poemas   de Homero entre los griegos, y   los textos de las civilizaciones aniquiladas   como el Popol Vuh para los abor&iacute;genes de Centroam&eacute;rica?</p>     <p>   4. El cap&iacute;tulo cuarto se ocupa de   indagar sobre la posible vida en el   cosmos, y en particular sobre la biog&eacute;nesis   en la tierra. Luego de hacer   un recuento de los intentos, hasta la   fecha no probados, de encontrar   vida en otros planetas, K&uuml;ng aborda   la pregunta por la vida en este   planeta y reconoce que todos los seres   vivos tenemos el mismo substrato   material presente en las cuatro   mol&eacute;culas de los &aacute;cidos nucleicos:   adenina, guanina, citosina y timina.   Para responder a la pregunta acerca   de c&oacute;mo surgi&oacute; la vida a partir de lo   inanimado, es necesario hacer un   ejercicio de composici&oacute;n de lugar   para tratar de entender el fen&oacute;meno.   El mismo Darwin no se cansaba   de explicar que los cambios en los   procesos de selecci&oacute;n natural toman   eones, son asunto de un n&uacute;mero muy   grande de generaciones. Hoy la explicaci&oacute;n   est&aacute;ndar para todas las   modificaciones de los seres vivos es   la misma. La complejidad de la estructura   molecular de un organismo como el ojo, de un ser vivo como el   rat&oacute;n, pero igual el surgimiento de   una capacidad como el lenguaje o   una destreza como la de tallar herramientas,   se explican todas por   medio de cambios graduales e insignificantes   en los que s&oacute;lo interviene   la selecci&oacute;n. Esos cambios graduales   son la base de m&aacute;s cambios, que a la   postre, luego de miles de a&ntilde;os, empiezan   a mostrar diferencias significativas.   Es posible que no queden   rastros de esas modificaciones, pues   el registro f&oacute;sil es muy incompleto.   Incluso pueden haber desaparecido   especies intermedias que bien hubieran   servido como muestras de la   existencia de modificaciones menos   visibles. Para la supervivencia de un   ser vivo, ha dicho el bi&oacute;logo ingl&eacute;s   Richard Dawkins (cf. Dawkins), un   ojo imperfecto es mejor que no tener   ning&uacute;n ojo. Sin embargo, es posible   imaginar una trayectoria de   ascenso muy gradual, la cual se puede   constatar con casos y ejemplos   concretos, desde los organismos carentes   de visi&oacute;n hasta aquellos que la tienen muy desarrollada.</p>     <p>   Frente al avance de la biolog&iacute;a   para explicar el origen de la vida   con base en el azar y la necesidad,   tal como lo expusieron Jacques Monod   y Manfred Eigen en sus respectivos   campos de investigaci&oacute;n, K&uuml;ng   aborda un dilema existencial que   plantea en los siguientes t&eacute;rminos: &ldquo;O bien el ser humano dice &lsquo;no&rsquo; al fundamento, soporte y meta originario del proceso de la evoluci&oacute;n: entonces debe asumir el sinsentido de todo el proceso y la absoluta soledad del ser humano[&hellip;] O bien el ser humano dice &lsquo;s&iacute;&rsquo; al fundamento, soporte y meta originario: entonces no puede justificar el sentido b&aacute;sico de la totalidad del proceso y de su propia existencia a partir del proceso mismo, sino que ha de presuponerlo en actitud confiada&rdquo; (145). Deteng&aacute;monos un momento en la formulaci&oacute;n de este dilema. Creo que la aceptaci&oacute;n del contenido de cada uno de los cuernos no implica necesariamente la aceptaci&oacute;n de las dos consecuencias, sin cambiar el sentido de las palabras. Cuando el bi&oacute;logo o el cosm&oacute;logo afirman que no hay un fundamento &uacute;ltimo de la evoluci&oacute;n, ni tampoco detr&aacute;s de la pregunta por el comienzo del Universo, de ninguna manera se deriva que se debe asumir el sinsentido de todo el proceso, pues el t&eacute;rmino &lsquo;sinsentido&rsquo; parece usarse de forma equ&iacute;voca. El sinsentido de la f&iacute;sica en la explicaci&oacute;n del cosmos, y el sinsentido de la biolog&iacute;a en la explicaci&oacute;n del surgimiento de los seres vivos con base en procesos sometidos a la intervenci&oacute;n del azar y la necesidad, no tiene nada que ver con el sentido que los seres humanos damos a nuestras diferentes ejecutorias individuales y colectivas. Podemos perfectamente imaginar que en la evoluci&oacute;n no hay una teleolog&iacute;a, ni unos fines hacia los cuales se dirige el proceso de selecci&oacute;n, y esa es la ense&ntilde;anza de Darwin y de Monod, con sus respectivas teor&iacute;as. De all&iacute; no se deriva que las interacciones sociales est&eacute;n condenadas al sinsentido, la soledad y el abandono. En el plano social, los seres humanos no solamente damos &lsquo;sentido&rsquo; al sentido, sino que adem&aacute;s construimos y moldeamos instituciones en las que exclusivamente se intercambia &lsquo;sentido&rsquo;: la m&uacute;sica y la literatura ser&iacute;an los ejemplos m&aacute;s evidentes. El uso que el bi&oacute;logo o el f&iacute;sico hace del t&eacute;rmino &lsquo;sinsentido&rsquo;, adem&aacute;s de ser una antropomorfizaci&oacute;n negativa para describir un estado de cosas en el universo, no tiene nada que ver con la capacidad de los seres humanos para articular sentido, y por esa raz&oacute;n no se puede aceptar que, al escoger la primera opci&oacute;n del dilema, nos confrontemos con la absoluta soledad del ser humano. Pero tampoco la escogencia de la segunda opci&oacute;n nos lleva necesariamente a la imposibilidad de la configuraci&oacute;n del sentido. Los lazos de solidaridad o de respeto que se tejen entre los seres humanos se construyen al margen de las implicaciones derivadas de las teor&iacute;as biol&oacute;gicas y cosmol&oacute;gicas sobre el origen de la vida o del universo. Constituyen m&aacute;s bien un esfuerzo para convivir, y de esa manera aumentar las posibilidades individuales y colectivas de supervivencia. En este proceso, tanto la religi&oacute;n como las dem&aacute;s instituciones sociales pueden incidir negativa o positivamente en su configuraci&oacute;n.</p>     <p>   5. As&iacute;, pues, llegamos al &uacute;ltimo   cap&iacute;tulo que se ocupa del principio   de la humanidad. La reflexi&oacute;n se   inicia con la menci&oacute;n de los datos   arqueol&oacute;gicos m&aacute;s relevantes sobre   el origen del ser humano en el proceso   m&aacute;s reciente de hominizaci&oacute;n.   K&uuml;ng reconoce que somos descendientes   de una larga cadena de antecesores,   la cual se remonta a los primates   antropoides que empezaron   a moverse en &Aacute;frica hace unos seis   millones de a&ntilde;os, cuando nuestros   antecesores se distanciaron de la l&iacute;nea   de nuestros parientes m&aacute;s cercanos,   los actuales chimpanc&eacute;s. Esto,   por supuesto, no quiere decir que   nosotros descendamos de esta especie   de primates, sino que nuestros &aacute;rboles geneal&oacute;gicos tomaron rutas diferentes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Con respecto al desarrollo de la   conciencia, que en los seres humanos   est&aacute; acompa&ntilde;ada de la aparici&oacute;n   del lenguaje, la intencionalidad y la   capacidad de autorreflexi&oacute;n, K&uuml;ng   considera que se deben superar los   modelos dualistas presentes en la   tradici&oacute;n filos&oacute;fica desde Plat&oacute;n y   Descartes hasta nuestros d&iacute;as, pues &eacute;stos no pueden resolver el problema de la interacci&oacute;n entre la esfera de lo mental y la esfera de lo corporal (cf. 169). La persona humana es una unidad psico-som&aacute;tica, de tal manera que la expresi&oacute;n alma tiene hoy un &ldquo;sentido metaf&oacute;rico: de forma peyorativa (una persona &lsquo;desalmada&rsquo;), arcaizante (un pueblo de quinientas &lsquo;almas&rsquo;), po&eacute;tica (el &lsquo;alma&rsquo; de Europa), lit&uacute;rgica (se alegra mi &lsquo;alma&rsquo; en el Se&ntilde;or) o al hacer uso de siglas modernas (SOS: Save Our Souls)&rdquo; (170).</p>     <p>   Hecha esta aclaraci&oacute;n, K&uuml;ng se   ocupa de la relaci&oacute;n cerebro-mente   en la actualidad, para tratar de encontrar,   desde los conocimientos   actuales de la neurociencia, si el libre   arbitrio es o no una ilusi&oacute;n. All&iacute;   discute con el neuropsic&oacute;logo alem&aacute;n   Gerhardt Roth la tesis seg&uacute;n la   cual el libre arbitrio es un enga&ntilde;o,   cuando este &uacute;ltimo afirma que &ldquo;los   pensamientos que se nos ocurren y   las acciones que llevamos a cabo   est&aacute;n inducidos y dirigidos en gran   medida por el sistema l&iacute;mbico, el   cual influye de manera especialmente   intensa en el l&oacute;bulo frontal del   cerebro&rdquo; (175, all&iacute; la cita de Roth).   En este punto estoy completamente   de acuerdo en que esa reducci&oacute;n no   s&oacute;lo es falsa, sino que adem&aacute;s es   peligrosa, cuando a continuaci&oacute;n nos   dice el mismo K&uuml;ng que, con base   en esos datos emp&iacute;ricos, Roth quiere   proponer una modernizaci&oacute;n del   principio de culpa y responsabilidad   inherente al derecho penal, pues   todas las acciones humanas ser&iacute;an   consecuencia perif&eacute;rica de las interacciones neuronales.</p>     <p>   A pesar de este episodio aparentemente   bochornoso, K&uuml;ng menciona   la existencia del documento Manifiesto   sobre el presente y futuro de la   investigaci&oacute;n sobre el cerebro, suscrito   en Alemania en el a&ntilde;o 2004 por varios   cient&iacute;ficos de la neurociencia,   entre ellos el mismo Roth, en el que   declaran su acuerdo acerca de los   grandes avances de la disciplina en   el nivel superior de las diferentes zonas   funcionales gruesas del cerebro.   Tambi&eacute;n en el nivel inferior de la interacci&oacute;n   neuronal se han logrado   avances significativos en la identificaci&oacute;n   de los diferentes tipos de neuronas,   las funciones de los neurotransmisores,   etc. Sin embargo, los   autores del documento se muestran parcos acerca de lo que se conoce en   el nivel intermedio. &ldquo;Se desconoce por   completo qu&eacute; ocurre cuando cientos   de millones o incluso un millardo   de c&eacute;lulas nerviosas &lsquo;conversan&rsquo;   entre s&iacute;[&hellip;] Pues es ah&iacute; donde se posibilita   el surgimiento de ideas y   sentimientos, de intenciones y efectos,   de la conciencia y de la autoconciencia&rdquo;   (179, all&iacute; mismo la cita del   Manifiesto). Aun cuando K&uuml;ng puede   estar en lo cierto en relaci&oacute;n con   que la neurociencia se encuentra en   pa&ntilde;ales para responder las preguntas   orientadas a explicar la autoconciencia,   y c&oacute;mo a partir de all&iacute; debe   entenderse la cuesti&oacute;n sobre el libre   arbitrio, no estoy de acuerdo con &eacute;l en que pueda afirmarse, &ldquo;sin ambages, [que] de momento el estudio cient&iacute;fico del cerebro no ofrece ninguna teor&iacute;a emp&iacute;ricamente contrastable sobre el nexo existente entre la mente y el cerebro, entre la conciencia y el sistema nervioso&rdquo; (180).</p>     <p>   Sin poder desarrollar en esta presentaci&oacute;n   la exposici&oacute;n de algunos   programas de investigaci&oacute;n como   corresponde, s&iacute; podemos brevemente   mencionar algunas propuestas. En   primer lugar encontramos la teor&iacute;a   de Daniel Dennett, que explica la   conciencia como un modo de acci&oacute;n   del cerebro por medio de un modelo   llamado de los borradores m&uacute;ltiples,   en t&eacute;rminos de un pandemonium   de peque&ntilde;as unidades computacionales   en acci&oacute;n (cf. Dent&eacute;: 253). En   segundo lugar est&aacute; la teor&iacute;a de   Rodolfo Llin&aacute;s sobre la conciencia   como un flujo de interacci&oacute;n neuronal   constante en el umbral de 40   MHz, y que constituye un complemento   a las teor&iacute;as de Crick y de Koch   (cf. Llin&aacute;s y Crack). En tercer lugar,   la teor&iacute;a de John Searle (cf. Searle),   seg&uacute;n la cual la vida mental es la manifestaci&oacute;n   funcional de un &oacute;rgano   como el cerebro, de manera similar   a la digesti&oacute;n que es la funci&oacute;n del   est&oacute;mago. Finalmente encontramos   tambi&eacute;n las propuestas para analizar   la relaci&oacute;n mente-cuerpo en   t&eacute;rminos de una mente encarnada o   incorporada (embodied mind). Entre   los autores m&aacute;s respresentativos podemos   mencionar a Varela (cf. Varela),   Damasio (cf. Damasio) y Gallagher   (cf. Gallagher). Estos autores   en sus textos tambi&eacute;n constatan   que la investigaci&oacute;n en este campo   est&aacute; abierta, y todav&iacute;a est&aacute;n por descubrir   los hechos m&aacute;s importantes,   como cuando Newton, en su momento,   dec&iacute;a que se encontraba   como un ni&ntilde;o jugando en la playa   con las conchas, mientras el oc&eacute;ano   abierto a sus espaldas quedaba   completamente desconocido. En el &aacute;mbito de la investigaci&oacute;n neurofisiol&oacute;gica del nivel intermedio, para regresar a los t&eacute;rminos usados por el Manifiesto referido por K&uuml;ng, hay incluso varios programas de investigaci&oacute;n preocupados en ofrecer una base emp&iacute;rica contrastable para explicar la relaci&oacute;n mente-cerebro. Basta mencionar un par de ejemplos. El programa de investigaci&oacute;n de la llamada vista-ciega, liderado por Lawrence Weiskrantz en Oxford (cf. Weiskrantz). Pacientes que tienen da&ntilde;os en el &aacute;rea visual V-1 en el l&oacute;bulo occipital del cerebro, y sin embargo son capaces de responder a preguntas sobre asuntos que acontecen en el campo visual, como si por la v&iacute;a verbal accedieran a la percepci&oacute;n de lo que no pueden ver. Ese tipo de investigaciones nos permiten dilucidar algunas de las funciones b&aacute;sicas de s&iacute;ntesis de la conciencia humana, y establecer una aproximaci&oacute;n primitiva sobre la manera como &ldquo;dialogan&rdquo; las neuronas entre s&iacute; para lograrlo. Tambi&eacute;n existen programas de investigaci&oacute;n sobre la rivalidad binocular y la permutaci&oacute;n de figuras, que tanto llam&oacute; la atenci&oacute;n de los psic&oacute;logos de la Gestalt en Alemania a comienzos del siglo pasado. Gracias a la nueva tecnolog&iacute;a de imaginer&iacute;a cerebral, es posible identificar el punto del cerebro en el que una informaci&oacute;n pasa de producir una primera experiencia, por ejemplo, tener la imagen de pato, a interpretar esa misma figura como un conejo.</p>     <p>   Con respecto al problema del libre   arbitrio, estoy de acuerdo con   K&uuml;ng en que el asunto debe analizarse   en un nivel completamente   diferente al de lo que acontece en el   cerebro, as&iacute; conozcamos con detalle   las zonas del cerebro que se iluminan   y se apagan cuando enfrento un   dilema pr&aacute;ctico frente al cual debo   tomar una decisi&oacute;n en cuanto sujeto   responsable y consciente de las consecuencias de mis actos.</p>     <p>   El cap&iacute;tulo cierra con unas reflexiones   sobre el origen biol&oacute;gico   y sociocultural de la &eacute;tica. El paso   del ego&iacute;smo al altruismo rec&iacute;proco   se puede explicar recurriendo a factores   biol&oacute;gicos. Con la aparici&oacute;n   del lenguaje y formas m&aacute;s complejas   de organizaci&oacute;n social, surgen   tambi&eacute;n versiones m&aacute;s sofisticadas   de altruismo, como la empat&iacute;a y el   pensamiento estrat&eacute;gico. &ldquo;Las normas,   los valores y las ideas &eacute;ticas concretas   se fueron configurando poco a   poco en el curso de un proceso socio-   din&aacute;mico de suma complejidad&rdquo;   (188). Esta es la base para sostener el   universalismo de la &eacute;tica que tiene,   a juicio de K&uuml;ng, cuatro caracter&iacute;sticas   comunes: &ldquo;- un sentido de reciprocidad,   justicia, generosidad[&hellip;];   - un profundo respeto por toda forma   de vida[&hellip;]; - determinadas reglas   para la convivencia de los dos   sexos[&hellip;]; - gran respeto por los mayores   (y, al mismo tiempo, atenci&oacute;n a los peque&ntilde;os)&rdquo; (189).</p>     <p>   En el caso de la tradici&oacute;n judeocristiana   que comparte este substrato &eacute;tico, la Biblia aporta una diferencia espec&iacute;fica particularmente relevante para K&uuml;ng. Se trata del papel que juega Dios como &ldquo;autoridad legitimadora y protectora&rdquo; (190) de los par&aacute;metros &eacute;ticos que se quieren transmitir. Esta afirmaci&oacute;n contrasta significativamente con el intento de formulaci&oacute;n de la &eacute;tica de raigambre aut&oacute;noma instaurada por Kant, seg&uacute;n la cual cada persona humana, por el hecho mismo de la libertad, es la &uacute;nica responsable de sus actos y sin ninguna garant&iacute;a exterior. La legitimidad de la acci&oacute;n moral se da en el plano del rechazo a la heteronom&iacute;a. Los ordenamientos sociales de la gran mayor&iacute;a de las democracias actuales est&aacute;n enraizados en tradiciones seculares, en las que se parte de la autonom&iacute;a y de la responsabilidad del individuo como la base misma del ordenamiento social. Por esta raz&oacute;n, muchas de las constituciones pol&iacute;ticas en las democracias rechazan un fundamento de car&aacute;cter teon&oacute;mico, y establecen que los asuntos relacionados con la creencia religiosa deben ser respetados, pero pertenecen a la esfera privada de las personas. En el caso de Colombia, esa declaraci&oacute;n se hace explicita en la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991, cuando se lee en el Pre&aacute;mbulo que es &ldquo;el pueblo en ejercicio de su poder soberano&rdquo; la base de la organizaci&oacute;n social y jur&iacute;dica de la Naci&oacute;n. Lo anterior contrasta con la voluntad del constituyente de 1886, el cual otorgaba la Constituci&oacute;n en nombre de Dios, como fuente suprema de toda autoridad.</p>     <p>   Con ello creo que podemos concluir   indicando que, antes de poder   instaurar la religi&oacute;n como una esfera   independiente de problemas en   relaci&oacute;n de complementariedad con   la ciencia, encontramos m&aacute;s bien   con plenitud la esfera de la &eacute;tica.   Kant, al final de la Cr&iacute;tica de la Raz&oacute;n   Pr&aacute;ctica (KpV A289), daba cuenta de   la complementariedad entre ciencia   y &eacute;tica, cuando mencionaba que en   este mundo s&oacute;lo hay dos realidades   compatibles entre s&iacute;: &ldquo;el cielo estrellado   que est&aacute; sobre m&iacute;&rdquo;, el cual   materializa toda la empresa cognoscitiva   de las ciencias, y &ldquo;la ley moral   que hay en m&iacute;&rdquo;, que representa,   gracias a la raz&oacute;n, el hecho de la libertad   y la posibilidad de construir sociedades en que las personas se   respeten unas otras. Para completar   el espectro, Kant era consciente de   que la experiencia del goce est&eacute;tico   abre un tercer horizonte de sentido   complementario al de la ciencia y al   de la &eacute;tica. Por ello escribi&oacute; la tercera   Cr&iacute;tica sobre la facultad de juzgar.   La esfera de la ciencia, la esfera   de la &eacute;tica y la de las artes parecen   ser aqu&iacute; las &uacute;nicas realidades irreductibles   entre s&iacute;. No parece haber   un espacio para la complementariedad   entre ciencia y religi&oacute;n. En el   marco de la duda razonable y de un   gran respeto por las convicciones   religiosas de las personas, parece ser,   mientras no se demuestre lo contrario,   que fuera de ciencia, &eacute;tica y artes, no hay nada m&aacute;s en el universo.</p>     <p><b><font face="verdana" size="3"> Bibliograf&iacute;a</font></b></p>     <p>   Albert, Hans. Traktakt &uuml;ber die kritische   Vernunft. J.C.B. T&uuml;bingen:   Mohr (Paul Siebeck). (1968). [1980].</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Crick, Francis. The Astonishing   Hypothesis. The Scientific Search   for the Soul. New York&Oacute; Mac Millan Publishing Co. (1994).</p>     <p>   Damasio, Antonio. Descartes&acute; Error:   Emotion, Reason, and the Human   Brain. New York: CIP Putnam. (1994).</p>     <p>   Dawkins, Richard. Escalando el monte   improbable. Barcelona: Tusquets Editores. (1998).</p>     <p>   Dennett, Daniel. Consciousness   Explained. Boston: Little, Brown and Company. (1991).</p>     <p>   Gallagher, Shaun. How the Body   shapes the Mind. Oxford: Clarendon Press. (2005).</p>     <p>   Llin&aacute;s, Rodolfo. The I of the Vortex.   MIT Press. Cambridge:   Cambridge University Press. (1999).</p>     <p>   Popper. Conocimiento objetivo.   Un enfoque evolucionista. Madrid:Tecnos. (1974).</p>     <p>   Russell, Bertrand. &ldquo;Is there God?&rdquo; En:   Why I am not a Christian? (1952).   Citado por: Dawkins, Richard.   The God Delusion. Boston:   Houghton Mifflin Company. (2006).</p>     <p>   Searle, John. The Rediscovery of the   Mind. Cambridge: MIT Press. (1995).</p>     <p>   Varela, Francisco; Thompson, E.;   Rosch, E. The Embodied Mind:   Cognitive Science and Human   Experience. Cambridge&Oacute; MIT. (1991).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Weiskrantz, Lawrence. Consciousness   Lost and Found. A Neuropsychological   Exploration. Oxford:   University Press. (1997). </p> </font>      ]]></body>
</article>
