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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Dennett, Daniel C. Dulces sueños: Obstáculos filosóficos para una ciencia de la conciencia. Buenos Aires/Madrid: Katz Editores, 221p. (2006). [Título original: Sweet Dreams: Philosophical Obstacles to a Science of Consciousness. MIT Press: Cambridge, MA. 213 p. (2005)].]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>Dennett, Daniel C. Dulces sue&ntilde;os: Obst&aacute;culos    filos&oacute;ficos para una ciencia de la conciencia. Buenos Aires/Madrid: Katz    Editores, 221p. (2006). [T&iacute;tulo original: Sweet Dreams: Philosophical    Obstacles to a Science of Consciousness. MIT Press: Cambridge, MA. 213 p. (2005)].</b></font></p>       <p> <b>FELIPE DE BRIGARD</b>    <br>   UNIVERSIDAD DE CAROLINA DEL NORTE,    <br>   CHAPEL HILL     <br>   <a href="mailto:brigard@email.unc.edu">brigard@email.unc.edu</a></p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p> Aunque fue publicado originalmente como el sexto volumen de la serie de conferencias    Jean Nicod, &#8220;Dulces sue&ntilde;os&#8221; nos ofrece en realidad mucho    m&aacute;s que las transcripciones revisadas de las afamadas charlas que Dennett    dictara en el 2001. En realidad, &eacute;stas no constituyen sino la mitad del    libro (cap&iacute;tulos 2 a 5). El resto lo complementan dos reimpresiones de    art&iacute;culos recientes (cap&iacute;tulos 6 y 8) y dos transcripciones de    charlas anteriores (cap&iacute;tulos 1 y 7). Con su tradicional elocuencia humor&iacute;stica,    Dennett se aproxima a los problemas filos&oacute;ficos del estudio de la conciencia    a trav&eacute;s de un escrutinio bidimensional. Por un lado, hay una dimensi&oacute;n    cr&iacute;tica, constituida por los cap&iacute;tulos 1 al 5, y a la que claramente    apunta el subt&iacute;tulo del libro: los obst&aacute;culos filos&oacute;ficos    para una ciencia de la conciencia. A lo largo de estos cinco cap&iacute;tulos,    Dennett reorganiza sus herramientas argumentativas buscando desmantelar c&eacute;lebres    argumentos esc&eacute;pticos manufacturados por los rivales del enfoque cient&iacute;fico.    Por otro lado, est&aacute; la dimensi&oacute;n constructiva de los cap&iacute;tulos    6, 7 y 8 que, probablemente, alude al t&iacute;tulo de la obra: dulces sue&ntilde;os;    la id&iacute;lica visi&oacute;n que representa el haber resuelto, de una vez    por todas, la irritante pregunta por la posibilidad de una ciencia de la conciencia;    una pregunta que, lejos de ayudarnos en el proceso de descubrir su naturaleza,    ha convertido a la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica de la conciencia en    una tarea bastante enrevesada. Al final la moraleja es clara: para poder materializar    esos dulces sue&ntilde;os, debemos primero reconocer el enga&ntilde;oso encanto    de ciertos obst&aacute;culos filos&oacute;ficos, de modo que podamos sortearlos    volviendo de nuevo en las serenas aguas de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica.    La tarea no es sencilla, y los obst&aacute;culos, infortunadamente, no son pocos.</p>     <p> El primero y m&aacute;s importante de ellos, se&ntilde;ala Dennett, es producto    de lo que &eacute;l denomina &#8220;La corazonada zombi&#8221;: la infundada    intuici&oacute;n de que hay una diferencia entre ser una persona real y ser    un zombi. Mas si en realidad existe tal diferencia &#8211;se pregunta Dennett&#8211;    &iquest;en qu&eacute; consiste? Dado que los zombis &#8211;se supone&#8211;    son entidades posibles, su car&aacute;cter amenazante ha de encontrarse en el    hecho de que pueden ser concebibles. Ahora, &iquest;en qu&eacute; sentido son    concebibles los zombis? Obviamente hay un sentido en el que un zombi es concebible:    en tanto que posibilidad l&oacute;gica. No hay nada l&oacute;gicamente contradictorio    en decir que uno puede comportarse como si fuera un ser consciente, actuar como    un ser consciente y pensar como un ser consciente, sin tener la m&aacute;s m&iacute;nima    conciencia de dichas experiencias. Sin embargo, que algo sea l&oacute;gicamente    posible no significa que sea genuinamente posible. Por ejemplo, es l&oacute;gicamente    posible concebir un s&uacute;per-s&uacute;per hombre: un ser humano que pueda    viajar m&aacute;s r&aacute;pido que la velocidad de la luz. Tal s&uacute;per-s&uacute;per    hombre, no obstante, es tanto f&iacute;sica como biol&oacute;gicamente imposible    (cf. Dennett<sup>b</sup>: 104). Es claro que no conocemos todas las posibilidades    l&oacute;gicas que yacen por fuera del reino de las posibilidades genuinas.    Simplemente no contamos con un mecanismo a priori para distinguirlas. La pregunta    al respecto de si los zombis han de tomarse como una posibilidad genuina, o    si, por el contrario, no son m&aacute;s que una mera posibilidad l&oacute;gica,    no puede contestarse a priori; de hecho, esto es justamente lo que los partidarios    del argumento de los zombis tienen que asumir. A menos, claro, que tengamos    buenas razones para creer que nuestra concepci&oacute;n de un zombi es solamente    aparente. Esa es la sugerencia de Dennett. Una cosa es decir que puede haber    zombis, y otra, muy distinta, es concebir a un zombi. Dennett opina que simplemente    no podemos tener una concepci&oacute;n genuina de un zombi, puesto que una vez    hemos concebido todo lo que es concebible al respecto de la naturaleza de la    mente humana, no queda lugar para la corazonada zombi. En otras palabras: si    usted se diera a la tarea de concebir a su clon, un ser anat&oacute;micamente    id&eacute;ntico a usted, que se comportara exactamente de la misma manera en    que usted lo har&iacute;a en cualquier situaci&oacute;n posible, y que poseyera    tambi&eacute;n las mismas creencias, los mismos deseos y las mismas esperanzas    que usted tiene acerca del mundo &#8211;incluyendo, por supuesto, creencias,    deseos y esperanzas respecto a usted mismo&#8211; entonces tendr&iacute;a que    explicar la naturaleza de aquel supuesto residuo que lo lleva a asumir que la    experiencia consciente de su clon es, en alg&uacute;n sentido relevante, diferente    de la suya. &iquest;En qu&eacute; podr&iacute;a consistir ese residuo? Probablemente    en nada. La corazonada zombi desorienta nuestras intuiciones, llev&aacute;ndonos    a creer que, incluso una vez compiladas todas las partes de nuestra experiencia    consciente, todav&iacute;a hay algo que nos hace falta; pero no.</p>     <p> A pesar de ello la corazonada zombi es bastante poderosa. &iquest;Cu&aacute;l    podr&iacute;a ser la fuente de su poder? Quiz&aacute;s tenga que ver con nuestra    inclinaci&oacute;n a pensar en t&eacute;rminos de lo que Dennett ha denominado    &#8220;el teatro cartesiano&#8221;: la perniciosa idea de que debe haber &#8220;un    lugar en el que todo se junta frente a la conciencia&#8221; (Dennett<sup>a</sup>:    39). Debido a nuestras enraizadas creencias cartesianas, parece casi inevitable    dejar de pensar en la experiencia consciente como si fuera una obra de teatro    de la cual el yo, indivisible, es su &uacute;nico auditor. Dennett, empero,    ha argumentado profusamente, en varias ocasiones, y al menos desde 1991, que    una teor&iacute;a seria de la conciencia debe desmantelar el teatro cartesiano.    No s&oacute;lo porque la evidencia psicol&oacute;gica y neurol&oacute;gica reciente    as&iacute; lo sugiere, sino tambi&eacute;n porque nuestros esquemas metaf&iacute;sicos    se ver&aacute;n favorecidos una vez abandonemos tan pesada carga cartesiana.    Siempre existe la posibilidad de naturalizar el viejo postulado cartesiano,    consider&aacute;ndolo como una pregunta cient&iacute;fica sensata. Aunque quiz&aacute;s    algo similar al teatro cartesiano pudiera encontrarse en el cerebro, por razones    que Dennett discute en los cap&iacute;tulos 3, 6 y 7, tal hip&oacute;tesis resulta    muy poco plausible. Para poder ser estudiada cient&iacute;ficamente, la unidad    de la conciencia debe cuestionarse, y debe destronarse la idea de que hay un    hom&uacute;nculo &uacute;nico e indivisible dentro de nosotros.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Las ideas no vienen solas, sin embargo, ni aparecen sin raz&oacute;n aparente.    Y la idea &#8220;clara y distinta&#8221; de Descartes acerca de un yo indivisible    no es la excepci&oacute;n. Si bien tiende a operar como un axioma en sus meditaciones    metaf&iacute;sicas, la idea de una res cogitans tiene, para Descartes, al menos    dos motivaciones claras. En primer lugar, logra acomodar sin esfuerzo otra convicci&oacute;n    clara y distinta: la del libre arbitrio. En segundo lugar, permite adjudicarle    al &#8220;yo&#8221; una autoridad epistemol&oacute;gica completa sobre su propia    vida mental. Estas dos caracter&iacute;sticas de nuestra herencia cartesiana    (el libre arbitrio en un mundo mecanicista y la certeza epistemol&oacute;gica    de los reportes en primera persona), junto con la corazonada zombi, sustentan    lo que Dennett denomina &#8220;la tesis del zombismo&#8221;: &#8220;la falla    fundamental de toda teor&iacute;a mecanicista de la conciencia es que no puede    dar cuenta de esa importante diferencia [entre una persona real y un zombi]&#8221;    (29. &Eacute;nfasis a&ntilde;adido). Ya mencion&eacute; que no es evidente que    haya tal diferencia. Cuestionemos ahora el texto italizado: &iquest;toda teor&iacute;a    mecanicista? Nuevamente nuestro cartesiano sentido com&uacute;n resulta ser    un mal gu&iacute;a cuando se trata de averiguar qu&eacute; significa &#8220;mecanicista&#8221;;    particularmente cuando tratamos de ajustar dicha noci&oacute;n a nuestra concepci&oacute;n    actual de teor&iacute;a mecanicista de la mente: el funcionalismo. Por ello    Dennett distingue aqu&iacute; al buen funcionalismo del mal funcionalismo. Los    fil&oacute;sofos tienden a confundirlos &#8211;sugiere&#8211; cosa que complica    con frecuencia el camino de la ciencia de la conciencia. Quiz&aacute;s el modo    m&aacute;s frecuente en que los fil&oacute;sofos confunden al funcionalismo    bueno con el malo, es al adoptar una interpretaci&oacute;n extremadamente amplia    del principio de realizabilidad m&uacute;ltiple (PRM). De acuerdo con este principio,    en tanto que el estado mental sea descrito funcionalmente, no importa en qu&eacute;    tipo de sustrato se implemente dicha descripci&oacute;n funcional. As&iacute;    enunciado, PRM deja abierta la puerta del funcionalismo para que se cuelen argumentos    como el Cuarto Chino de Searle o la Naci&oacute;n China de Block. Esta clase    de argumentos &#8211;supuestamente&#8211; nos enfrentan a una paradoja irremediable:    o bien aceptamos PRM, permitiendo as&iacute; posibilidades absurdas de implementaci&oacute;n,    o bien nos volvemos estrictos al respecto de los materiales en los que las descripciones    funcionales pueden ser implementadas, corriendo el riesgo de devolvernos a una    improbable teor&iacute;a de identidad. &iquest;Hay alguna alternativa? Dennett    cree que s&iacute; &#8211;con tal de que ajustemos nuestra noci&oacute;n de    funcionalismo. Su sugerencia es que hay un sentido en el que, en t&eacute;rminos    generales, PRM es cierto. Pero tambi&eacute;n es cierto que hay un sentido en    el que el sustrato neuronal importa. Ambos sentidos se complementan en lo que    Dennett denomina funcionalismo minimalista, la idea de que &#8220;la neuroqu&iacute;mica    es importante porque y s&oacute;lo porque hemos descubierto que los diferentes    neuromoduladores y otros mensajeros qu&iacute;micos que se difunden en el cerebro    tienen papeles funcionales que crean diferencias significativas&#8221; (35).</p>     <p>Entendamos en qu&eacute; consiste esta jugada que, pienso yo, reduce el funcionalismo    a su m&aacute;s segura expresi&oacute;n: la de ser una necesidad conceptual.    Hubo un tiempo en el que Alan Turing sugiri&oacute; que la mente pod&iacute;a    ser considerada como una m&aacute;quina de Turing. M&aacute;s tarde Hilary Putnam    se las arregl&oacute; para vender esta hip&oacute;tesis funcionalista, cuando    todo el inter&eacute;s filos&oacute;fico se le invert&iacute;a a versiones radicales    del materialismo. Ahora Dennett nos invita a reconocer, no s&oacute;lo que la    hip&oacute;tesis funcionalista es m&aacute;s que una mera hip&oacute;tesis,    sino tambi&eacute;n que resulta menos dif&iacute;cil de aceptar, toda vez que    uno reconozca su adecuada formulaci&oacute;n: si usted cree en un mundo monista,    atomista y material, y si usted cree tambi&eacute;n que hay una explicaci&oacute;n    mecanicista que da cuenta de la interacci&oacute;n de las part&iacute;culas    materiales, quiz&aacute;s entonces se pregunte si acaso hay una descripci&oacute;n    finita y mec&aacute;nica de dicho proceso de interacci&oacute;n. Tal descripci&oacute;n    es justamente un algoritmo, y dicho proceso es lo que Turing llam&oacute; &#8220;computaci&oacute;n&#8221;.    Aceptar al funcionalismo no es ya un asunto de preferencia: es simplemente un    hecho.</p>     <p> Aparentemente, una vez aceptamos la verdad del funcionalismo, la posibilidad    de obtener una descripci&oacute;n final de &#8220;el algoritmo de la mente&#8221;    parecer&iacute;a seguirle<sup><a href="#1" name="s1">1</a></sup>. Sin embargo,    como las descripciones son la clase de cosa que podemos expresar, son por tanto    susceptibles de ser estudiadas y explicadas a partir de un punto de vista de    tercera persona. Quiz&aacute;s no incluyamos algunos detalles en nuestras descripciones,    pero &eacute;stos no tendr&aacute;n mayor relevancia. Como lo dice Dennett:    &#8220;En mi opini&oacute;n, si usamos los m&eacute;todos en tercera persona    de la ciencia para estudiar la conciencia, la ignorancia residual que tendremos    que admitir no ser&aacute;, al fin y al cabo, ni m&aacute;s perturbadora, ni    m&aacute;s frustrante, ni m&aacute;s desconcertante que la ignorancia imposible    de eliminar del estudio de la fotos&iacute;ntesis, los terremotos o los granos    de arena (44).</p>     <p> Parece imposible, dir&iacute;an los esc&eacute;pticos. Una explicaci&oacute;n    en tercera persona sobre la mente no puede decirnos nada al respecto de la naturaleza    subjetiva de la experiencia consciente, de nuestros qualia. Y dado que la ciencia    es, por definici&oacute;n, una actividad en tercera persona, debemos aceptar    que es muda al respecto de los qualia. Por lo tanto, cualquier teor&iacute;a    de la conciencia formulada en tercera persona ser&aacute; incompleta. Aunque    no puede ser incorporada en un reporte externo, la fenomenolog&iacute;a subjetiva    de nuestra conciencia es una innegable realidad de nuestra experiencia en primera    persona. Y de mi experiencia en primera persona simplemente no puedo equivocarme.    &iquest;O s&iacute;?</p>     <p> Dennett se enfrenta a esta posibilidad pregunt&aacute;ndose directamente si    hay algo de lo cual uno puede tener conocimiento ver&iacute;dico e inefable    al interior de la propia experiencia consciente<sup><a href="#2" name="s2">2</a></sup>.    Para poder entender la respuesta que Dennett sugiere, voy a reformular la pregunta    en su forma negativa: &iquest;acaso hay algo que nadie m&aacute;s que uno mismo    puede saber acerca de su propia conciencia? La idea b&aacute;sica de su persuasiva    respuesta puede decantarse en la siguiente reductio:</p>     <p> A. Hay algo (X) que nadie m&aacute;s que yo (Y) puedo saber acerca de mi experiencia    consciente, i.e. algo de lo cual s&oacute;lo yo tengo conocimiento subjetivo.</p>     <p> Definici&oacute;n: Y tiene conocimiento subjetivo de X sii X pertenece al    dominio epistemol&oacute;gico de Y (i.e. X es epist&eacute;micamente accesible    por parte de Y) y de nadie m&aacute;s que Y.</p>     <p> 1. Si X existe, entonces es algo acerca de lo cual Y puede pensar.</p>     <p> 2. Si Y puede pensar acerca de X, entonces X es algo que Y puede comunicar.</p>     <p> 3. Si X es comunicable, entonces es p&uacute;blico. Por tanto,</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> 4. Si X es p&uacute;blico, entonces es objetivamente (o, al menos, intersubjetivamente)    cognoscible.</p>     <p> Definici&oacute;n: Y tiene conocimiento objetivo de X sii X no est&aacute;    limitado al dominio epistemol&oacute;gico de Y (i.e. X es epist&eacute;micamente    accesible por muchos individuos, incluyendo Y).</p>     <p> 5. Pero si Y tiene conocimiento objetivo de X, entonces A es falso. QED.</p>     <p> Examinemos el argumento. La premisa 2 puede atacarse, obviamente, sosteniendo    que hay algo que yo conozco pero de lo cual no puedo tener pensamientos (sean    proposicionales, conceptuales, no-conceptuales, ic&oacute;nicos, etc.). He aqu&iacute;    una posibilidad nada absurda: que X sea un &#8220;saber-c&oacute;mo&#8221; (know-how).    Los &#8220;saberes-como&#8221;, sin embargo, son tambi&eacute;n el tipo de cosa    que puede ser comunicable. Ellos comparten, junto con los verbos de &eacute;xito    de Austin, una suerte de &#8220;publicidad&#8221;. Despu&eacute;s de todo, saber    c&oacute;mo se hace algo s&oacute;lo puede demostrarse cuando tal cosa efectivamente    se lleva a cabo; de otra forma uno simplemente estar&iacute;a mintiendo. De    modo que, aun si X es un saber c&oacute;mo, X es comunicable, y por tanto el    resto del argumento (desde la premisa 4) sigue funcionando.</p>     <p> La premisa 3 tambi&eacute;n puede ponerse en duda: yo puedo pensar acerca    de algo incomunicable. Esta aseveraci&oacute;n ofrece dos posibilidades: (a)    que el contenido de mi pensamiento supere el poder expresivo de mis conceptos    (en tanto que veh&iacute;culos de pensamientos comunicables), o (b) que yo tenga    algo as&iacute; como un lenguaje privado. En contra de (b) uno puede presentar    su versi&oacute;n favorita del argumento wittgensteiniano en contra de los lenguajes    privados. En contra de (a) uno puede sugerir una versi&oacute;n alternativa    de contenido no-conceptual. Esta &uacute;ltima alternativa podr&iacute;a funcionar,    pero ciertamente desplaza la carga de la prueba hacia los partidarios del contenido    no-conceptual. Finalmente, si uno acepta la premisa 4 &#8211;que parece innegable&#8211;    la premisa 5 se sigue l&oacute;gicamente.</p>     <p> Aqu&iacute; Dennett parece hacerle eco a la tradici&oacute;n psicol&oacute;gica    de Vygotski (y filos&oacute;fica de Hegel), al favorecer la preeminencia del    contenido mental sobre la conciencia. Una vez que aceptamos que el contenido    es ab initio p&uacute;blico, es natural asumir que, para estudiar cient&iacute;ficamente    a la conciencia, una perspectiva en tercera persona bastar&aacute;; i.e. una    perspectiva que tome el contenido fenomenol&oacute;gico de la conciencia a la    par con los juicios objetivos de los neur&oacute;logos y los psic&oacute;logos.    Una perspectiva desde la cual lo subjetivo y lo objetivo se fundan en la arena    de la intersubjetividad o, como Dennett la llama, &#8220;la hetero-fenomenolog&iacute;a&#8221;:    &#8220;El m&eacute;todo de la hetero-fenomenolog&iacute;a recoge todos los datos    necesarios para una teor&iacute;a de la conciencia de un modo neutral. Una ciencia    de la conciencia en &#8216;primera persona&#8217;, o bien colapsar&aacute; con    la hetero-fenomenolog&iacute;a tarde o temprano, o bien manifestar&aacute; un    sesgo inaceptable en sus supuestos iniciales&#8221; (74).</p>     <p> La hetero-fenomenolog&iacute;a parece ser la versi&oacute;n dennettiana de    una epistemolog&iacute;a naturalizada (Quine). Para empezar, uno puede utilizar    a la hetero-fenomenolog&iacute;a para resolver el famoso problema epistemol&oacute;gico    de las otras mentes (del cual, creo, el problema de los qualia nos es m&aacute;s    que un subproducto). &iquest;C&oacute;mo puedo saber que otra persona percibe    el rojo del mismo modo en que yo percibo el rojo? Quiz&aacute;s esta persona    haya sufrido una inversi&oacute;n espectral, por lo cual ella llama (objetivamente)    rojo a lo que (subjetivamente) percibe como azul. Cuando la inefable subjetividad    de nuestra experiencia crom&aacute;tica es el &uacute;nico patr&oacute;n de    comparaci&oacute;n, nuestro sue&ntilde;o de certidumbre desaparece bajo una    nube de escepticismo. Pero &iquest;qu&eacute; ocurrir&iacute;a si desafi&aacute;semos    dicho patr&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si este patr&oacute;n    resultara incapaz de pasar el examen de confiabilidad en tanto que criterio    de la experiencia subjetiva propia? Dennett nos ofrece dos bombas de intuici&oacute;n    &#8211;la ceguera al cambio (change blindness) y el s&iacute;ndrome de Clapgras&#8211;    para demostrar lo poco confiables que resultan ser nuestros propios juicios    cualitativos. Al sustituir el escenario de &#8220;otras mentes&#8221; por el    de &#8220;otros tiempos&#8221;, Dennett nos muestra lo dif&iacute;cil que le    resulta al &#8220;quali&oacute;filo&#8221; llegar a un acuerdo sobre la continuidad    de sus propios qualia. Al igual que con los cambios en el mundo, cualquier patr&oacute;n    de medida tiene una naturaleza objetiva, de tercera persona, y parece ser que    nada eminentemente subjetivo puede jugar ese rol. A lo que nos referimos con    &#8220;qualia&#8221; resulta ser, de hecho, algo de lo que s&oacute;lo podemos    dar cuenta desde un punto de vista de tercera persona: el punto de vista de    la hetero-fenomenolog&iacute;a. As&iacute;, su supuesto car&aacute;cter subjetivo    se desvanece. En palabras de Dennett: &#8220;El precio que hay que pagar para    obtener el respaldo de la ciencia en tercera persona es directo: hay que aceptar    que lo que se quiere decir con &#8216;lo que me pasa/ pas&oacute; a m&iacute;&#8217;    es algo que la ciencia en tercera persona puede corroborar o refutar&#8221;    (108).</p>     <p> Que el tribunal definitivo de nuestra experiencia consciente haya de encontrarse    por fuera, en el mundo intersubjetivo de la hetero-fenomenolog&iacute;a, no    s&oacute;lo es epist&eacute;micamente relevante: tambi&eacute;n implica una    conclusi&oacute;n metaf&iacute;sica importante. Alguien podr&iacute;a pensar    que la estrategia de Dennett aqu&iacute; es banal: que da lo mismo que un quale    sea aquello de lo que somos conscientes ahora o aquello de lo que fuimos conscientes    hace un instante, con tal de que uno pueda ser capaz de identificar la existencia    de la cualidad subjetiva de la experiencia. Pues bien, ese es el punto: justamente    no podemos. O, al menos, no podemos hacerlo en el sentido filos&oacute;ficamente    relevante. Dennett quiere se&ntilde;alar que no hay nada en nuestra experiencia    subjetiva que pueda ser utilizado como un mecanismo confiable para la identificaci&oacute;n    y reidentificaci&oacute;n de un &uacute;nico quale. Y si no contamos con ello    &iquest;qu&eacute; raz&oacute;n tenemos para incluir a los qualia dentro de    nuestro esquema ontol&oacute;gico? &iquest;Acaso tan s&oacute;lo el &#8220;aqu&iacute;    y ahora&#8221; de un mero impulso visceral? &iquest;Puede un &#8220;mero impulso&#8221;    destronar el criterio metaf&iacute;sico quineano: &#8220;no hay entidad sin    identidad&#8221; (no entity without identity)?</p>     <p> Hablemos ahora de Mary, la mitol&oacute;gica cient&iacute;fica del color que,    tras haber sido educada en cromatolog&iacute;a mientras se encontraba encarcelada    en una prisi&oacute;n blanca y negra, finalmente es liberada y enfrentada a    colores reales. El famoso experimento mental de Frank Jackson es el &uacute;ltimo    obst&aacute;culo que Dennett sortea en el cap&iacute;tulo 5. Su estrategia de    ataque &#8211;&#8220;girar todas las perillas [para] ver si el experimento sigue    bombeando las mismas intuiciones&#8221; (124)&#8211; no s&oacute;lo es divertida    de leer: tambi&eacute;n resulta reveladora. En filosof&iacute;a, lo usual es    &#8220;suspender&#8221; ciertas creencias con el fin de aceptar el experimento    mental de alguien m&aacute;s. Es decir, uno tiene que abandonar una serie de    creencias y/o permitir algunos supuestos moment&aacute;neamente, manteni&eacute;ndolos    siempre en mente, para que el juego pueda jugarse. Por ejemplo, si se me pide    que imagine que mi cerebro ha sido conectado a una serie de terminales de computador,    al mismo tiempo se me est&aacute; pidiendo que &#8220;suspenda&#8221; ciertas    creencias (relativas a ciertas posibilidades fisiol&oacute;gicas y neuroqu&iacute;micas,    digamos) que podr&iacute;an afectar el resultado del experimento mental. De    eso se trata el juego. La suspensi&oacute;n, no obstante, es temporal, y deber&aacute;    involucrar un n&uacute;mero reducido de creencias que de ning&uacute;n modo    pueden entrar en conflicto con la moraleja que se busca extraer; precisamente    porque, cuando hay conflicto, el experimento falla. El problema con el Gedankenexperiment    de Jackson es que nos fuerza a suspender tantas creencias que directamente afectan    la intuici&oacute;n que se busca movilizar, que el experimento parece fallar    desde su misma concepci&oacute;n. Para que funcione, nos toca suspender toda    suerte de creencias al respecto de la imposibilidad de una noci&oacute;n terriblemente    arcana de un conocimiento proposicional atomista que, se supone, Mary tiene.    De otro lado, se asume que los saberes-c&oacute;mo est&aacute;n ausentes &#8220;de    todo lo que se puede saber sobre la f&iacute;sica&#8221;, y esto es simplemente    absurdo. M&aacute;s a&uacute;n: uno tiene que aceptar una sospechosa teor&iacute;a    causal de la referencia, de acuerdo con la cual s&oacute;lo eventos de un cierto    tipo pueden producir contenidos del mismo tipo. A&ntilde;os de progreso filos&oacute;fico    deben habernos convencido de que tal conclusi&oacute;n es falaz, puesto que    uno puede tener pensamientos acerca de objetos que no ha experimentado directamente.    Y esto es s&oacute;lo el principio de una larga lista. Hay que leer la cr&iacute;tica    de Dennett. Ella ayuda a entender que son tantas las creencias que uno tiene    que suspender para poder aceptar el experimento mental de Jackson, que esto    deber&iacute;a bastar para mostrarnos que no funciona.</p>     <p> Veamos, pues, qu&eacute; es lo que ha hecho Dennett. Primero, nos ha mostrado    que la corazonada zombi no es preocupante; que la posibilidad de los zombis    no es genuina. Segundo, nos ha proporcionado buenas razones para creer que el    funcionalismo es m&aacute;s que una simple hip&oacute;tesis: es el modo correcto    de describir los mecanismos causales de nuestra realidad monista. Tercero, que    al ser la mente parte de la misma realidad funcional, la idea de un teatro cartesiano    no tiene sentido. Lo que s&iacute; tiene sentido, en cuarto lugar, es considerar    a la conciencia como si fuera posterior al contenido mental, el cual es, adem&aacute;s,    p&uacute;blico, intersubjetivo y, por tanto, comprensible desde una perspectiva    de tercera persona. Raz&oacute;n de m&aacute;s para garantizar, finalmente,    que la palabra &#8220;qualia&#8221; no se refiere a nada.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> &iquest;Y ahora qu&eacute;? &iquest;C&oacute;mo debemos proceder con nuestra    tarea de estudiar a la conciencia cient&iacute;ficamente? Dulces sue&ntilde;os    no va a proporcionarnos respuestas emp&iacute;ricas a la pregunta por el tipo    de procesos neurol&oacute;gicos que dan lugar a la experiencia consciente. Este    no es el objetivo de Dennett. Lo que &eacute;l busca es ayudarnos a transportar    nuestra maquinaria te&oacute;rica hacia un suelo cient&iacute;fico m&aacute;s    seguro. Para ello, una ciencia de la conciencia debe sufrir ciertos cambios.    El primero y m&aacute;s importante consiste en aceptar que a la conciencia no    le corresponde una estructura particular en el cerebro. La conciencia tiene    un modo abstracto de existencia, a&uacute;n m&aacute;s abstracto que el modo    de existencia de los contenidos representacionales que se vuelven conscientes.    Como lo dice Dennett: &#8220;la conciencia se parece m&aacute;s a la fama que    a la televisi&oacute;n; no es un &#8216;medio de representaci&oacute;n&#8217;    especial localizado en el cerebro al que deben traducirse los eventos con contenido    para volverse conscientes&#8221; (159).</p>     <p> El nuevo s&iacute;mil de la conciencia como fama es sugerido por Dennett para    reemplazar su teor&iacute;a de las versiones m&uacute;ltiples (multiple drafts    [Dennetta]). Para evitar cualquier posible confusi&oacute;n que su previa teor&iacute;a    hubiere ocasionado, Dennett nos sugiere que hablemos ahora en t&eacute;rminos    de &#8220;celebridad cerebral&#8221; [cerebral celebrity]. Lo que tiene que    hacer una teor&iacute;a de la conciencia es explicar por qu&eacute; ciertos    contenidos y no otros alcanzan la fama. Debido a la naturaleza fluctuante de    nuestra celebridad cerebral, la ciencia de la conciencia deber&aacute; ser una    ciencia de los efectos de la conciencia, que no de sus causas: una ciencia que    reconozca que la conciencia es lo que la conciencia hace. En palabras del mismo    Dennett: &#8220;la &uacute;nica manera de explicar la conciencia es ir m&aacute;s    all&aacute; de ella y dar cuenta de los efectos que tiene cuando se la alcanza&#8221;    (167).</p>     <p> Sea cual sea la raz&oacute;n por la cual ciertos contenidos culturales &#8211;ciertos    memes, como &eacute;l los llama&#8211; hacen eco en nuestras &#8220;m&aacute;quinas    joyceanas&#8221; (196), probablemente tendr&aacute; que ver con nuestra capacidad    para reanimarlos. Esta, no obstante, es una hip&oacute;tesis emp&iacute;rica    sobre la cual la filosof&iacute;a tal vez tenga poco que decir. A medida que    aumentan los descubrimientos en psicolog&iacute;a y neurociencia, nos enfrentamos    a la necesidad de revisar constantemente la imagen cient&iacute;fica de la mente    humana. Este puede ser un trabajo tremendamente oneroso, y a veces desgraciadamente    incierto. Por fortuna, la meta se vuelve un poco m&aacute;s alcanzable cuando    pensadores como Dennett nos ayudan a esquivar inc&oacute;modos obst&aacute;culos    filos&oacute;ficos.</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><sup><a href="#s1" name="#1">1</a></sup>Hay que tener mucho cuidado cuando se interpreta esta idea de &#8220;el algoritmo    de la mente&#8221;. Alguien (pace Putnam) podr&iacute;a interpretarla como refiri&eacute;ndose    a una &uacute;nica descripci&oacute;n funcional para todas las mentes humanas.    Dennett no est&aacute; comprometido con este punto de vista. La uniformidad    de nuestras expresiones mentales no nos la proporciona el an&aacute;lisis funcional    de nuestros cerebros. Lo m&aacute;s probable es que nuestras descripciones funcionales    sean muy distintas. La regularidad,   de acuerdo con su teor&iacute;a, ha de encontrarse en el lenguaje intencional    que utilizamos cuando describimos comportamientos uniformes. Es decir: la uniformidad    de nuestra vida mental no depende de que compartamos exactamente   la misma descripci&oacute;n funcional, sino m&aacute;s bien de la uniformidad    de nuestras   predicciones y explicaciones dadas desde la actitud intencional.</p>     <p><sup><a href="#s2" name="#2">2</a></sup>Aqu&iacute; aparece una posible salida para los partidarios de los qualia:    &#8220;el conocimiento   del que Dennett habla tiene la naturaleza de un juicio o de una creencia. Pero    los qualia &#8211;el car&aacute;cter subjetivo de la experiencia&#8211; son    aquello acerca de lo cual son los juicios o las creencias. Lo que est&aacute;    en juego es la res, no el dictum, de dichos juicios y creencias. Y es perfectamente   plausible aceptar una res sin un dictum&#8221;. Tal vez esta salida funcione.    Sin embargo, los partidarios de los qualia tendr&iacute;an que demostrar c&oacute;mo    es posible   que tengamos acceso epist&eacute;mico a dicha realidad. Ellos podr&iacute;an    decir, por ejemplo, que la cobertura epist&eacute;mica de nuestra experiencia    es mayor que la de nuestro conocimiento; es decir, que los qualia son la clase    de cosa que uno puede experimentar sin conocer. Esta movida, empero, resulta    da&ntilde;ina, puesto que hace posible que uno pueda ignorar que uno est&aacute;    experimentando un dolor particular, digamos, mientras uno est&aacute; sintiendo    un dolor, lo cual es contradictorio. A menos, por supuesto, que uno sugiera    un mecanismo epist&eacute;mico confiable para cotejar la diferencia entre una    experiencia consciente ignorada (como un dolor) y cualquier otra operaci&oacute;n    corporal de la que simplemente no tenemos registro fenomenol&oacute;gico (como    los movimientos perist&aacute;lticos de mi est&oacute;mago). Como el &uacute;nico    criterio que parece jugar ese rol es el conocimiento, a los partidarios de los    qualia les tocar&iacute;a convencernos de que hay alg&uacute;n otro.</p> <hr size="1">     <p align="center"> <b><font size="3">Bibliograf&iacute;a</font></b></p>     <p> Dennett, D.C<sup>a</sup>. Consciousness Explained. Boston: Little Brown. (1991).</p>     <p> Dennett, D.C<sup>b</sup>. Darwin&acute;s Dangerous Idea. NY: Simon &amp; Schuster.    (1995).</p>     <p> Quine, W.V.O. &#8220;Naturalized Epistemology&#8221;. En: Ontological Relativity    and Other Essays. NY: Columbia University Press. (1969).</p>  </font>      ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
