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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Benítez, Laura; Monroy, Zuraya; y Robles José A. (Coords.). Filosofía natural y filosofía moral en la modernidad. México: Universidad Autónoma de México, UNAM , 2003. 310 p]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>Ben&iacute;tez, Laura; Monroy, Zuraya; y     Robles Jos&eacute; A. (Coords.). Filosof&iacute;a natural     y filosof&iacute;a moral en la modernidad.     M&eacute;xico: Universidad Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, UNAM , 2003. 310 p.</b></font></p>     <p align="center">   <font size="3" face="verdana"><b>Robles, Jos&eacute; A. y Ben&iacute;tez, Laura     (Comps.). La filosof&iacute;a natural en los   pensadores de la Modernidad. M&eacute;xico: Universidad Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, UNAM ;   Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas, 2004. 176 p. </b></font></p>       <p>Jos&eacute; Luis C&aacute;rdenas   Universidad Nacional de Colombia <a href="mailto:jlcardenasb@unal.edu.co">jlcardenasb@unal.edu.co</a></p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>La filosof&iacute;a natural del siglo XVII<b></b></b></font></p>      <p>   La filosof&iacute;a natural es una de esas ramas   de la filosof&iacute;a que no siempre se sabe muy   bien d&oacute;nde clasificarla, ni c&oacute;mo entenderla.   En la &eacute;poca medieval se ocupaba de todas   las cosas creadas por Dios, es decir, de todo   lo que ocurr&iacute;a en el mundo f&iacute;sico y que se pod&iacute;a   observar mediante los sentidos de forma   directa y sin mediaci&oacute;n alguna. All&iacute; se trataba   de entender las cosas y sus efectos, pero no   se le pon&iacute;a atenci&oacute;n a la manera como funcionaban,   ni c&oacute;mo operaban. En otras palabras,   la filosof&iacute;a natural era, ante todo, especulativa.   A comienzos de la &eacute;poca moderna   (siglo XVII), el estudio del mundo natural comenzaba   a ser reinterpretado, especialmente   por Francis Bacon, quien propon&iacute;a que la filosof&iacute;a   natural deb&iacute;a tener una senda operativa   y pr&aacute;ctica, adem&aacute;s del tradicional camino   especulativo seguido por los aristot&eacute;licos medievales.   El nuevo car&aacute;cter operativo que se   le quer&iacute;a asignar a dicha filosof&iacute;a se caracterizaba   especialmente por: i) un conocimiento   de &ldquo;causas variables o relativas&rdquo;; ii ) manipulaci&oacute;n   de la naturaleza por medio de experimentos   dise&ntilde;ados para reproducir un hecho   espec&iacute;fico del mundo natural; y ii) inclusi&oacute;n   de un doble camino para la producci&oacute;n de conocimiento,   a saber, desde los experimentos   a las causas, y desde las causas a la generaci&oacute;n   de nuevos descubrimientos (ver Bacon El avance del saber Lib II, &sect;&sect;VI-VIII ).</p>     <p>   Sin embargo, fue la senda especulativa   la preferida por los fil&oacute;sofos de la &eacute;poca, ya   que, a diferencia de la filosof&iacute;a natural operativa   baconiana que trabajaba con lo probable   y con el conocimiento provisional y   pr&aacute;ctico que ofrec&iacute;a la habilidad experimental,   aqu&eacute;lla garantizaba un nivel de certeza   m&iacute;nimo que se necesitaba en un tiempo   tan convulsionado como lo fue el siglo XVII.   Para cumplir con ese rasgo epistemol&oacute;gico,   las distintas propuestas de filosof&iacute;a natural   desarrolladas en ese tiempo estaban atadas   a un sistema filos&oacute;fico cuyos principios garantizaban   la validez del conocimiento alcanzado.   A pesar de esto, muchos fil&oacute;sofos   eran conscientes de que ese saber era probable   y sujeto a unas hip&oacute;tesis te&oacute;ricas que no   se pod&iacute;an comprobar emp&iacute;ricamente, pero que eran racionalmente aceptables.</p>     <p>   Los dos libros que rese&ntilde;amos: Filosof&iacute;a   natural y filosof&iacute;a moral en la modernidad   (FM) y La filosof&iacute;a natural en los pensadores   de la Modernidad (PM), son una   gran oportunidad para conocer los avances   que estudiosos latinoamericanos han   desarrollado sobre los distintos problemas   que ofrece la filosof&iacute;a natural en los inicios   de la Modernidad. Ambos libros son fruto   de dos simposios internacionales organizados   por el &aacute;rea de Historia de la Filosof&iacute;a del   Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas de la   UNAM , dirigidos por dos grandes especialistas   en la filosof&iacute;a moderna temprana: Laura Ben&iacute;tez y Jos&eacute; Antonio Robles.</p>     <p>   Desde la perspectiva ya planteada al comienzo   de este texto, la filosof&iacute;a natural tiene   dos facetas, una especulativa y la otra   operativa. Los art&iacute;culos reunidos en estos   dos libros abordan dicha tem&aacute;tica desde la perspectiva tradicional, a saber,</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   [&hellip;] predomina una preocupaci&oacute;n epistemol&oacute;gica,   [aunque] los autores no han soslayado   los supuestos ontol&oacute;gicos y/o teol&oacute;gicos que   subyacen a las propuestas te&oacute;ricas de los fil&oacute;sofos en estudio. (PM 7)</p>     <p>   Con otras palabras, todos los estudios de   ambos libros enfocan el problema de la filosof&iacute;a   natural desde la faceta especulativa y te&oacute;rica.   En lo que sigue me voy a ocupar de ciertos   art&iacute;culos que abordan algunos de los   m&aacute;s representativos problemas de la filosof&iacute;a   natural, organiz&aacute;ndolos en los siguientes   bloques tem&aacute;ticos: i) el papel de Dios en las   nuevas filosof&iacute;as naturales; ii) l&iacute;mites y pretensiones   del conocimiento; y ii) el problema   del mecanicismo. Obviamente, el lector puede encontrar muchos otros temas, unos   relacionados directamente con la filosof&iacute;a   natural y otros no tanto. Entre los primeros   vale mencionar el art&iacute;culo de Laura Ben&iacute;tez   titulado: Las v&iacute;as de la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica,   en FM, donde la autora propone cuatro v&iacute;as   de investigaci&oacute;n utilizadas a lo largo de la   historia de la filosof&iacute;a, a saber, las v&iacute;as de reflexi&oacute;n   ontol&oacute;gica, epistemol&oacute;gica, cr&iacute;tica y   meta-metodol&oacute;gica (cf. 28) que, dependiendo   de los intereses filos&oacute;ficos de cada &eacute;poca,   se entrecruzan generando nuevos caminos y   sendas investigativas. Es interesente, dentro   de esta perspectiva, preguntarse a qu&eacute; senda   filos&oacute;fica de las propuestas por la profesora   Ben&iacute;tez pertenece la filosof&iacute;a natural,   ya que &eacute;sta no s&oacute;lo involucra compromisos   epistemol&oacute;gicos, sino tambi&eacute;n ontol&oacute;gicos   y cr&iacute;ticos. Adem&aacute;s, teniendo en cuenta   la faceta pr&aacute;ctica desarrollada por dicha filosof&iacute;a   en el XVII, &iquest;hasta qu&eacute; punto ese inter&eacute;s   por lo pr&aacute;ctico, lo &uacute;til y por la experimentaci&oacute;n   abre (o no) una nueva senda   filos&oacute;fica que permite la reformulaci&oacute;n de   conceptos como testimonio, experimento,   comunidad cient&iacute;fica, etc.? Tambi&eacute;n es &uacute;til, para comprender la diversidad de elementos involucrados en el surgimiento de la nueva filosof&iacute;a de la naturaleza, el texto de Guillermo Boido y Eduardo H. Flichman: Categor&iacute;as historiogr&aacute;ficas y biograf&iacute;as cient&iacute;ficas: &iquest;una tensi&oacute;n inevitable? (tambi&eacute;n en FM), donde los autores muestran la tensi&oacute;n entre la historia de lo que hoy llamamos ciencia en la revoluci&oacute;n cient&iacute;fica, y el cruce de tradiciones que muestran las distintas biograf&iacute;as de los personajes hist&oacute;ricos que elaboraron el nuevo saber del mundo.</p>     <p>   Volviendo a los bloques tem&aacute;ticos propuestos,   al primero (i) le pertenecen textos   como Filosof&iacute;a natural y filosof&iacute;a moral   en Newton: la verdad de los dos libros, de   Guillermo Boido (en FM); Pierre Gassendi y   la potentia dei absoluta, de Leonel Toledo,   y el texto de Diana Cohen, titulado: Spinoza   y los modos infinitos, o la tensi&oacute;n entre lo   absoluto y lo singular (ambos en PM). Este   tr&iacute;o de art&iacute;culos muestra a dos pensadores   preocupados por garantizar y fundamentar   la participaci&oacute;n de Dios en los procesos del   mundo (Gassendi y Newton); y a otro preocupado   por excluirlo totalmente: Spinoza.   Tanto Newton como Gassendi coinciden en   defender la voluntad de Dios como un elemento   importante para comprender los fen&oacute;menos   naturales. Pero, si Dios voluntariamente   puede alterar el orden de las cosas   que cre&oacute;, &iquest;qu&eacute; puede conocer con certeza el   ser humano, si todo est&aacute; sujeto al arbitrio   divino? La respuesta que nos ofrece Toledo consiste en sostener que:</p>     <p>   [&hellip;] las tesis voluntaristas no excluyen la posibilidad   de construir teor&iacute;as acerca del mundo   natural. La postura voluntarista nos previene   de hacer aseveraciones que limiten el poder   de Dios sobre la creaci&oacute;n. Dicha tesis sostiene   que a Dios no le es imposible la designaci&oacute;n   de nuevos principios que han de regir el universo. (PM 87)</p>     <p>   Es por esto que Gassendi puede adoptar el   atomismo como un modelo explicativo probable,   al que lo &uacute;nico que se le exige es que   explique de manera coherente los fen&oacute;menos   del mundo natural. N&oacute;tese tambi&eacute;n que, en el   fondo del voluntarismo, est&aacute; la tesis de que el   ser humano no logra conocer la naturaleza de Dios y mucho menos sus designios.</p>     <p>   Sin embargo, el uso del Dios newtoniano,   tal como lo explica Boido, no tiene el problema   anterior, porque Newton defiende una metaf&iacute;sica   de Dios muy apartada de los complejos problemas teol&oacute;gicos tradicionales, y prefiere:</p>     <p>   [U]n Dios b&iacute;blico, el Dios de Israel, amo y se&ntilde;or   de su creaci&oacute;n, que ejerce su dominio sobre el   mundo natural y moral como lo har&iacute;a un emperador feudal con sus vasallos. (PM 296)</p>     <p>   As&iacute;, el problema que ve Newton no es la   imposibilidad de conocer por parte del ser   humano la voluntad divina, sino la carencia   de un m&eacute;todo, tanto para conocer el mundo natural, como para entender el mundo espiritual   como est&aacute; consignado en la Biblia.   La soluci&oacute;n de Newton consiste en extrapolar   su m&eacute;todo en filosof&iacute;a natural al campo   espiritual, para comprender mejor las profec&iacute;as   y dem&aacute;s ense&ntilde;anzas de las Sagradas   Escrituras, todo ello sustentado en la tesis   de que el mundo natural y el moral son   una faceta de la obra de Dios que no excluye   un nivel de racionalidad suficiente para ser comprendido por el hombre.</p>     <p>   Curiosamente, estas posturas acerca del   papel de Dios no suenan muy modernas, especialmente   para el creador de nuestra idea   de Ciencia como lo fue Newton. Por lo general   el problema no se plantea, y simplemente   se postula que hay una separaci&oacute;n estricta   entre Religi&oacute;n y Ciencia, y se sigue adelante   explicando los logros cient&iacute;ficos de Newton.   Pero en realidad esa separaci&oacute;n se puede encontrar   en el siglo XVII y se puede argumentar   a favor de ella, s&oacute;lo que hay que buscarla,   no en los personajes que hoy denominamos   cient&iacute;ficos, sino en algunas tesis filos&oacute;ficas   escandalosas para la &eacute;poca como las que   propone el fil&oacute;sofo holand&eacute;s Spinoza. Para &eacute;l, sostiene Cohen, la causa del movimiento, principio de todo proceso f&iacute;sico (al menos dentro de una estricta concepci&oacute;n mecanicista), no es Dios, como lo sosten&iacute;a Descartes, sino que el movimiento es en s&iacute; mismo:</p>     <p>   [U]na causa f&iacute;sica actuando en las causas f&iacute;sicas   particulares, y no es sino la cantidad constante   de movimientos singulares que estas causas intercambian en el universo. (PM 132)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Al no ser Dios la causa del movimiento, la   comprensi&oacute;n de su naturaleza y de su relaci&oacute;n   con el mundo pasan al plano metaf&iacute;sico,   y all&iacute; &Eacute;l se concibe como la Sustancia a partir   de la cual se derivan l&oacute;gicamente los dos atributos   existentes: Pensamiento y Extensi&oacute;n; y   a partir de estos atributos, los respectivos   modos infinitos que abarcan toda la diversidad   del mundo f&iacute;sico. La Sustancia (Dios)   se convierte as&iacute; en el dominio de lo absoluto,   mientras que los modos pasan a ocupar el dominio de lo singular (cf. PM 132).</p>     <p>   As&iacute;, el problema para Spinoza no es encontrar   y justificar la funci&oacute;n epistemol&oacute;gica y   ontol&oacute;gica de Dios en la filosof&iacute;a natural, sino   justificar racionalmente por qu&eacute; &Eacute;l debe ser   excluido de la explicaci&oacute;n de los fen&oacute;menos f&iacute;sicos.   Y la mejor manera de hacer esto es mostrar   la independencia del mundo f&iacute;sico, el cual   surge de Dios, pero como un mecanismo con   sus propias leyes de funcionamiento, complejas,   y sin embargo, al fin y al cabo, tan racionales como la misma naturaleza de Dios.</p>     <p>   El segundo bloque tem&aacute;tico (ii) es el m&aacute;s   amplio de todos, y tiene que ver con los aspectos   epistemol&oacute;gicos involucrados en las   distintas filosof&iacute;as naturales desarrolladas.   Quiero resaltar aqu&iacute; los siguientes textos:   Las teor&iacute;as de la luz de Thomas Hobbes:   un itinerario azaroso, de Germ&aacute;n Franco   Toriz; Berkeley: &iquest;esc&eacute;ptico malgr&eacute; lui? de   Jos&eacute; Robles; y un texto corto, pero muy interesante,   de Larry Laudan llamado: Algunas   hip&oacute;tesis sobre la certeza moral en el pensamiento jur&iacute;dico (todos en FM).</p>     <p>   Lo interesante de este conjunto de art&iacute;culos   es que abordan desde distintas propuestas   epistemol&oacute;gicas un aspecto que es rara   vez mencionado en los libros de historia de la   filosof&iacute;a, a saber, la conciencia de que en filosof&iacute;a   natural el conocimiento que se puede   alcanzar es probable, tentativo y sujeto a variaciones,   lejano de las pretensiones de certeza   que influ&iacute;an a la nueva filosof&iacute;a. Laudan   identifica los or&iacute;genes de esta manera de concebir   la epistemolog&iacute;a de la filosof&iacute;a natural &ldquo;en los argumentos de los astr&oacute;nomos y los f&iacute;sicos de los siglos XVI y XVII.&rdquo; (FM 266), y en pensadores como Descartes y Kepler. Esta tesis va en contra de la afirmaci&oacute;n tradicional, que sostiene que hay una influencia directa del Derecho ingl&eacute;s en la epistemolog&iacute;a de fil&oacute;sofos naturales ingleses como Wilkins, Boyle y Locke, de la siguiente manera: fue la filosof&iacute;a natural la que adopt&oacute; el empleo de la certeza moral, una prueba fuerte pero que no garantizaba ninguno de los rasgos de la demostraci&oacute;n tradicional (cf. FM 266), y la que dio origen a un empirismo probabilista y sujeto a la comprobaci&oacute;n por la experiencia. A diferencia de esto, Laudan sostiene que fue el Derecho ingl&eacute;s el que adopt&oacute; los nuevos modelos argumentativos de la filosof&iacute;a natural, no necesariamente inglesa, sino francesa y alemana.</p>     <p>   Lejos de determinar cu&aacute;l de las dos tesis   es cierta, lo interesante es que pensadores   como Hobbes y Berkeley sostuvieron en   sus trabajos acerca del mundo f&iacute;sico una posici&oacute;n   totalmente probabil&iacute;stica en los resultados   de sus investigaciones. Tal como   lo muestra el texto de Franco sobre los trabajos   de Hobbes acerca de la luz, las teor&iacute;as   desarrolladas por &eacute;ste a lo largo de su obra   s&oacute;lo pretenden dar una explicaci&oacute;n plausible   de la naturaleza de la luz, incluso adoptando   una idea tan hipot&eacute;tica y problem&aacute;tica   como lo era la cuesti&oacute;n del vac&iacute;o f&iacute;sico. En   este caso, si bien Hobbes sosten&iacute;a que el vac&iacute;o   era metaf&iacute;sicamente inexistente, en una   obra tan importante como De Corpore, en   el caso de la explicaci&oacute;n de la luz, el vac&iacute;o &ldquo;proporcionaba una coherencia l&oacute;gica a una teor&iacute;a preponderantemente mecanicista del movimiento de la luz&rdquo; (FM 149). Algo similar ocurre con Berkeley (un pensador del siglo XVIII que comparte muchos de los problemas del XVII). Seg&uacute;n Robles, a pesar de que los sentidos nos muestran un mundo real, Berkeley considera que las relaciones que podemos establecer entre los fen&oacute;menos que se dan en &eacute;l no las podemos conocer con total certeza (cf. FM 217). La principal raz&oacute;n de esa imposibilidad cognoscitiva es que, al ser el mundo natural una creaci&oacute;n de Dios, s&oacute;lo &Eacute;l puede conocer los designios con los cuales cre&oacute; voluntariamente el mundo. Al ignorar el ser humano los designios de la voluntad divina, &uacute;nicamente le queda el camino de la posibilidad y lo hipot&eacute;tico. Sin embargo, Berkeley (como Hobbes) no abandon&oacute; nunca la pretensi&oacute;n de conocer con certeza las cosas, pero para ello los dos eran conscientes de que ten&iacute;an que abandonar el mundo natural para refugiarse en el mundo de las matem&aacute;ticas, un saber construido por la mente humana de acuerdo a su voluntad, donde la necesidad de las conclusiones obtenidas es garantizada por la correcta deducci&oacute;n de unas premisas verdaderas.</p>     <p>   Como vemos, la filosof&iacute;a natural era un total   desaf&iacute;o para los nuevos fil&oacute;sofos del siglo   XVII, especialmente en una &eacute;poca que exig&iacute;a   certezas. Pero s&oacute;lo fue hasta los siglos XVIII y   XIX cuando la filosof&iacute;a natural se transform&oacute;   en lo que conocemos como Ciencia, cuando   consolid&oacute; y termin&oacute; de establecer una relaci&oacute;n   fruct&iacute;fera con lo que muchos pensadores   anteriores hab&iacute;an intuido correctamente   (y en algunos casos aplicado): que si quer&iacute;amos   certezas ten&iacute;amos que emplear alg&uacute;n   tipo de matematizaci&oacute;n de los fen&oacute;menos   naturales que permitiera establecer conexiones   y relaciones universales y estables.</p>     <p>   Un tercer grupo de art&iacute;culos (ii) lo podemos   ubicar alrededor del problema del mecanicismo,   su concepci&oacute;n y alcances explicativos.   Cabe resaltar dentro de esta tem&aacute;tica   el art&iacute;culo de Carmen Silva: Origen y naturaleza   del mecanicismo en el siglo XVII   (en FM) y Filosof&iacute;a natural, C&aacute;tedra Boyle   y mec&aacute;nica cu&aacute;ntica: Newton, sus comentarios   a Bentley y un ep&iacute;logo con David   Bohm, de Jos&eacute; A. Robles (en PM).</p>     <p>   Un rasgo que caracteriz&oacute; la filosof&iacute;a natural   de la modernidad fue la concepci&oacute;n de   que todo proceso natural se pod&iacute;a reducir   a una explicaci&oacute;n del movimiento, choque   y forma de peque&ntilde;as part&iacute;culas que constitu&iacute;an   todo lo existente; las cosas f&iacute;sicas s&oacute;lo   eran agregados de part&iacute;culas en movimiento   y reposo. A esto se le llam&oacute; mecanicismo.   Silva toma a Robert Boyle como uno de los   representantes de dicha concepci&oacute;n. Debido   a las tensiones epistemol&oacute;gicas que generaba   el escepticismo en el XVII, se ofrecieron   dos conceptos de mecanicismo, &ldquo;uno apoyado   en la epistemolog&iacute;a cartesiana, y el otro compatible con una epistemolog&iacute;a probabilista   y empirista&rdquo; (FM 158). A este &uacute;ltimo   pertenece el que defiende Boyle, basado especialmente   en su concepci&oacute;n de la materia   como algo inerte, cuyo movimiento es causado   y guiado en &uacute;ltima instancia por Dios;   y por la tesis fuerte de que ser mecanicista (o,   en sus t&eacute;rminos, corpuscularista) no implica   excluir a Dios como creador, sino que, por   el contrario, exige reconocer en los procesos   naturales una inteligencia superior (cf. FM   164). En general, el an&aacute;lisis que ofrece Silva   de las ideas mecanicistas de Boyle es correcto,   salvo que deja a un lado un problema del   que era plenamente consciente Boyle: los l&iacute;mites   del mecanicismo. Para Boyle la explicaci&oacute;n   mecanicista no era la &uacute;nica, sino la   m&aacute;s plausible; incluso lleg&oacute; a defender la conocida   explicaci&oacute;n aristot&eacute;lica de las causas   finales, las cuales cumplen para &eacute;l las siguientes   funciones: i) permiten comprender   fen&oacute;menos como los biol&oacute;gicos (especialmente   la anatom&iacute;a), que escapan a la relaci&oacute;n   materia/movimiento; y ii) permiten reconocer   m&aacute;s f&aacute;cilmente a un Dios que no   s&oacute;lo crea y administra las leyes naturales,   sino a un Dios que dise&ntilde;a de acuerdo a fines.   En este sentido, la explicaci&oacute;n por v&iacute;a   de causas finales no tiene por qu&eacute; ir en contrav&iacute;a   de los objetivos de la filosof&iacute;a natural   de Boyle, y va en contra de la percepci&oacute;n com&uacute;n   de que en el XVII hab&iacute;a un rechazo generalizado   a la explicaci&oacute;n teleol&oacute;gica.</p>     <p>   Otro l&iacute;mite de la concepci&oacute;n mecanicista   de la naturaleza ten&iacute;a que ver con fen&oacute;menos   claramente conocidos por sus efectos,   como la &ldquo;acci&oacute;n a distancia&rdquo;. Robles plantea   el problema as&iacute;:</p>     <p>   [&hellip;] c&oacute;mo es que puede darse &lsquo;acci&oacute;n a distancia&rsquo;,   esto es, que la causa se encuentre separada   del efecto, y que no haya entre ellos un nexo   de alg&uacute;n tipo. (PM 143)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   La respuesta que Newton ofreci&oacute; a finales   del XVII y comienzos del XVIII se apartaba   de cualquier concepci&oacute;n mecanicista, y se   refugiaba en oscuras cuestiones teol&oacute;gicas.   Para Newton era claro que dicho fen&oacute;meno   era algo evidente, pero entraba en conflicto   con su concepci&oacute;n de la materia como algo   inerte, por lo cual era claro para &eacute;l que deb&iacute;a   existir un ser espiritual capaz de organizar   todo el universo con leyes que, si bien escapan   a nuestra racionalidad, permiten que el   mundo funcione como lo hace. Robles no se   conforma con se&ntilde;alar este problema en los   inicios de la modernidad, sino que lo extrapola   a los problemas actuales de la mec&aacute;nica   cu&aacute;ntica, donde ciertas &ldquo;entidades ocultas&rdquo;   operan en algunos fen&oacute;menos, obligando a   los f&iacute;sicos a especular sobre una entidad que,   como el Dios newtoniano, est&aacute; operando en   el mundo f&iacute;sico.</p>     <p>   A pesar de que los temas tratados en esta   rese&ntilde;a s&oacute;lo son una muestra de la variedad   de los t&oacute;picos y cuestiones que el lector puede   encontrar en estos dos libros, hay un gran   olvido por parte de autores y editores, al no   incluir alg&uacute;n art&iacute;culo donde se destaque la   otra faceta importante de la filosof&iacute;a natural   del XVII: el aspecto operativo y experimental   que est&aacute; en el fondo de cualquier investigaci&oacute;n   seria que pretenda generar nuevo conocimiento.   Esta perspectiva impone nuevos   problemas de los que no todos los pensadores   de la &eacute;poca fueron plenamente conscientes.   Por ejemplo, el papel de la experimentaci&oacute;n   en la obtenci&oacute;n de conocimiento y su   forma de validaci&oacute;n, que exig&iacute;a una pr&aacute;ctica   experimental cuidadosa, tecnol&oacute;gicamente   desarrollada, y que inclu&iacute;a el testimonio   de personas calificadas para atestiguar   los resultados experimentales como probablemente   correctos, fueron atacados de distintas   formas por los fil&oacute;sofos naturales que   prefer&iacute;an el camino especulativo. De hecho,   la misma concepci&oacute;n de lo que significa hacer   un experimento fue un tema que no obtuvo   una respuesta &uacute;nica, ya que estaban   aquellos que prefer&iacute;an lo que hoy llamamos   experimentos mentales (Galileo, Hobbes,   Descartes, etc.), y otros que sosten&iacute;an que el experimento consist&iacute;a en la manipulaci&oacute;n   de la naturaleza por medio del arte humano,   creando efectos y fen&oacute;menos que no   se presentan en el mundo natural, pero que   son una gran oportunidad para arrancarle   los secretos ocultos a la naturaleza. Robert   Boyle, Robert Hooke y, al menos desde una   perspectiva te&oacute;rica, Francis Bacon, son un   ejemplo de esta tendencia. Con sus trabajos,   le agregaron a nuestra naciente idea de   Ciencia el ingrediente experimental y pr&aacute;ctico   del cual hoy &eacute;ste es parte fundamental.</p>     <p> </p> </font>      ]]></body>
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