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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>Revista Al Margen (No. 21-22, marzo-junio 2007). Hannah Arendt: Pensadora en tiempos de oscuridad. 374p.</b></font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">      <p>   Con motivo del centenario del nacimiento   de Hannah Arendt, en el 2006, esta edici&oacute;n   de la revista Al Margen re&uacute;ne 19 autores   en un homenaje que recoge diferentes perspectivas en torno a los aspectos m&aacute;s importantes del pensamiento de la autora: su cr&iacute;tica a la metaf&iacute;sica, su profundo compromiso con lo moral, sus reflexiones sobre pol&iacute;tica, sus reflexiones sobre est&eacute;tica y su manera de entender la historia.</p>     <p> En t&eacute;rminos generales, los art&iacute;culos de Miguel Abensour (&ldquo;La lectura arendtiana del mito de la caverna&rdquo;) y Jacques Taminiaux (&ldquo;Hannah Arendt y la deconstrucci&oacute;n de la metaf&iacute;sica&rdquo;) ense&ntilde;an l&uacute;cidamente de qu&eacute; manera el pensamiento de Arendt est&aacute; atravesado por una contundente cr&iacute;tica a la filosof&iacute;a pol&iacute;tica y a la relaci&oacute;n que la metaf&iacute;sica ha pretendido imponer sobre ella. M&aacute;s precisamente, las perspectivas de Abensour y Taminiaux develan la manera como, para Arendt, la filosof&iacute;a y los fil&oacute;sofos, desde Plat&oacute;n e incluyendo a Heidegger, han pretendido hacerse a un lugar privilegiado entre las dem&aacute;s disciplinas y entre los dem&aacute;s mortales, para querer darnos a entender que los modelos dise&ntilde;ados por el fil&oacute;sofo son los depositarios de la verdad sobre lo bueno, sobre lo malo y sobre lo que habr&iacute;a que hacer para estar del lado de lo bueno. La tarea de deconstrucci&oacute;n de la metaf&iacute;sica llevada a cabo por Arendt se traduce, para Abensour, en una inversi&oacute;n del platonismo, esto es, en rehabilitar la pol&iacute;tica, en abrirle paso para permitir que la capacidad pol&iacute;tica de los no iniciados se devele sin que se imponga sobre ella el modelo dise&ntilde;ado por el pensador profesional. Para Taminiaux, deconstruir la metaf&iacute;sica significa, por su parte, desmantelar las cuatro falacias, propias del pensamiento modelador: 1) que pensar equivale a detenerse, a abstenerse de actuar, 2) que para pensar hay que retirarse, estar solo 3) que la b&uacute;squeda de la verdad equivale a la b&uacute;squeda del conocimiento, y 4) que la realidad est&aacute; en otra parte, m&aacute;s all&aacute; del bien y del mal.</p>     <p> De los tres art&iacute;culos de este volumen de Al Margen dedicados al aspecto moral en la obra de Arendt, el primero de ellos (de Richard Bernstein) insiste en ofrecer las razones por las cuales las reflexiones no sistem&aacute;ticas de la autora sobre lo moral podr&iacute;an constituirse en claras lecciones para explicar los fen&oacute;menos de maldad que vive hoy el mundo. En efecto, seg&uacute;n Bernstein, bien puede ser que a los ojos de un lector desprevenido la relaci&oacute;n entre los t&eacute;rminos &ldquo;mal radical&rdquo; y &ldquo;mal banal&rdquo; en la obra de Arendt resulte poco articulada y hasta ambigua. Sin embargo, la misma relaci&oacute;n puede ser reconstruida en t&eacute;rminos sistem&aacute;ticos para mostrar justamente su intimidad. En esta medida, un lector cuidadoso ver&aacute; en el sentido de los t&eacute;rminos &ldquo;mal radical&rdquo; y &ldquo;mal banal&rdquo; la base para entender c&oacute;mo, aun hoy, el fen&oacute;meno de la banalidad del mal es la fuente del mal radical, esto es, del car&aacute;cter superfluo al que hemos condenado a vivir a tantos seres humanos que habitan hoy la tierra. En el recorrido que, por su parte, hace Anabella Di Pego del problema del mal en la obra de Arendt, la posibilidad de establecer un &iacute;ntimo v&iacute;nculo entre los t&eacute;rminos &ldquo;mal radical&rdquo; y &ldquo;mal banal&rdquo; es menos clara de lo que lo es para Bernstein. Tal como lo entiende Di Pego, a diferencia de Bernstein, lo destacable de la relaci&oacute;n entre los dos t&eacute;rminos no es su v&iacute;nculo causal, sino m&aacute;s bien el hecho de ser ambos f&oacute;rmulas distintas para explicar la motivaci&oacute;n. Sin embargo, quien tome en serio la afirmaci&oacute;n tanto de Bernstein como de Di Pego acerca que &ldquo;el mal banal&rdquo; alude m&aacute;s a un fen&oacute;meno que a una doctrina, estar&aacute; m&aacute;s de acuerdo con Bernstein en que todo lo que quiso decir Arendt con el t&eacute;rmino &ldquo;banalidad del mal&rdquo; es que no se necesita hacerse a motivos perversos para cometer actos horrendos. Una lectura tambi&eacute;n cuidadosa de las reflexiones de Arendt sobre la Cr&iacute;tica del juicio de Kant, deja nuevas lecciones sobre el profundo sentido de lo moral en la autora. Es esto lo que queda claro con la lectura del texto de Beth&acirc;nia Assy (&ldquo;Cultivando sentimientos p&uacute;blicos&rdquo;). El eje de la reflexi&oacute;n de Assy es el concepto de &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo;, tal como Arendt lo hace suyo en su trabajo sobre Kant. Mientras Kant nos ense&ntilde;&oacute; que el sentido com&uacute;n no puede ser concebido sin la mediaci&oacute;n de los dem&aacute;s, Arendt ampl&iacute;a y profundiza en el lugar de esta mediaci&oacute;n para hacernos ver de qu&eacute; manera el sentido com&uacute;n es lo que hace p&uacute;blicamente reflexivos los sentimientos, en &uacute;ltimas, es lo que dispone para los juicios morales bien formados.</p>     <p> El tercero de los aspectos alrededor de los cuales gira la reflexi&oacute;n sobre la obra de Arendt en este volumen es el de la pol&iacute;tica. En el primero de los art&iacute;culos de esta parte del libro, &Eacute;tienne Tassin le sigue el rastro a la noci&oacute;n de &ldquo;libertad del pueblo&rdquo; contenida en el Ensayo sobre la revoluci&oacute;n, de Hannah Arendt. El prop&oacute;sito del autor es mostrar en qu&eacute; medida la aparente y usual cercan&iacute;a que solemos establecer entre los t&eacute;rminos &ldquo;la voluntad del pueblo&rdquo; y &ldquo;la soberan&iacute;a del pueblo&rdquo;, desde la perspectiva de Arendt, es, en cualquier caso, peligrosa. Tanto como a estos dos t&eacute;rminos le sean asignados sus bien diferenciados lugares, se entender&aacute; en rigor el sentido que tendr&iacute;a para Arendt la expresi&oacute;n &ldquo;el pueblo no quiere&rdquo;. Tambi&eacute;n, y como en este art&iacute;culo, el lugar del concepto de poder en Arendt sirve a Claudia Hilb (en &ldquo;Violencia y pol&iacute;tica&rdquo;) para mostrar en qu&eacute; medida la tradicional identificaci&oacute;n entre &ldquo;poder&rdquo; y &ldquo;dominaci&oacute;n&rdquo; es, en estricto sentido, antipol&iacute;tica. El hecho de que estos dos t&eacute;rminos no sean vistos como sin&oacute;nimos pasa por entender el sentido del t&eacute;rmino &ldquo;violencia&rdquo; en Arendt. Sin embargo, si la violencia, como lo sugiere Hilb, puede ser puesta en el terreno fenomenol&oacute;gico en el que Arendt sit&uacute;a a la acci&oacute;n (dado el car&aacute;cter impredecible de sus consecuencias), entonces ella misma dejar&iacute;a de hacer parte del acervo sem&aacute;ntico con el que Arendt la ha identificado. El prop&oacute;sito de la autora, por lo dem&aacute;s h&aacute;bil y sugestivamente logrado, es resolver esta aparente apor&iacute;a. Como en el art&iacute;culo de Hilb, en el siguiente de este grupo de textos &ldquo;Preeminencia y potencialidad del poder en Hannah Arendt&rdquo;, Lucas G. Martin se propone resolver una aparente ambig&uuml;edad en la reflexi&oacute;n de Arendt sobre la naturaleza del poder. En particular sobre el hecho de que, leyendo entre l&iacute;neas, en algunos textos de Arendt el poder no parezca estar tan alejado de la violencia. A diferencia del tratamiento que da Hilb al mismo tema, la reflexi&oacute;n de Martin atiende a la perspectiva del historiador asumida por Arendt en algunos de sus escritos. Desde esta perspectiva, sin embargo, no queda tan clara la posibilidad de eludir el hecho de que los conflictos de poder se parezcan en Arendt demasiado a los conflictos violentos. Volviendo a la tarea reconstructora de la metaf&iacute;sica que los primeros art&iacute;culos de este volumen le han atribuido a la obra de Arendt, Diego Paredes se propone en su texto develar las implicaciones pol&iacute;ticas y morales de la reivindicaci&oacute;n que hace Arendt del mundo de las apariencias, del mundo de las sombras, para los &ldquo;pensadores profesionales&rdquo;. Una vez que en su texto Paredes destaca dicha reivindicaci&oacute;n, &eacute;l se pregunta, sin embargo, si no habr&aacute; una tensi&oacute;n entre ella y lo dicho por la autora en sus &uacute;ltimos escritos. Mientras, por una parte, en los primeros textos de la obra de Arendt se afirma la pluralidad en la forma de abrirle un paso al mundo de las apariencias, en sus &uacute;ltimos escritos la autora sugiere que el pensar reflexivo pasa por un abandono del mundo de las apariencias. Aun cuando no es su pretensi&oacute;n resolver de una vez y para siempre dicha tensi&oacute;n, este art&iacute;culo da un primer paso hacia ese prop&oacute;sito.</p>     <p> Los tres art&iacute;culos que se presentan en este volumen bajo el t&iacute;tulo &ldquo;historia&rdquo;, ponen en l&uacute;cidos di&aacute;logos la obra de Arendt con la obra de tres autores distintos: Benjamin, Tocqueville y Strauss. En el primero de ellos, Marine Leibovici identifica tres aspectos comunes en las concepciones de historia de Arendt y de Benjamin: 1) el rechazo a la noci&oacute;n de progreso, 2) el rompimiento con el esencialismo hist&oacute;rico y 3) la afirmaci&oacute;n de la discontinudad temporal. Lo com&uacute;n en las concepciones sobre la historia en Arendt y en Benjamin es matizado, sin embargo, por Leibovici con lo que llama la &ldquo;irreductible utop&iacute;a&rdquo; caracter&iacute;sticamente jud&iacute;a en Benjamin; esto es, el car&aacute;cter redentor de la justicia que, por su parte, Arendt se resiste a afirmar. En su texto sobre Tocqueville y Arendt, Se&ccedil;kin Sertdemir, por su parte, se propone rastrear la noci&oacute;n de libertad pol&iacute;tica contenida en los textos de los dos autores. Este recorrido pasa en Sertdemir por mostrar que el concepto de libertad pol&iacute;tica, tanto en Tocqueville como en Arendt, est&aacute; estrechamente vinculado 1) a sus cr&iacute;ticas al individualismo moderno, 2) a las respectivas maneras de entender los procesos revolucionarios que tuvieron lugar en Francia y en los Estados Unidos, y 3) a la manera como ambos hacen de la participaci&oacute;n en los asuntos p&uacute;blicos el coraz&oacute;n de la libertad pol&iacute;tica. Sin embargo, seg&uacute;n Sertdemir, el &eacute;nfasis que tanto Arendt como Tocqueville ponen en el asunto de la participaci&oacute;n es en cada caso distinto. Es en este punto donde se dejan ver las divergencias entre los dos autores en relaci&oacute;n con el concepto de libertad pol&iacute;tica. Aun cuando Leo Strauss y Hannah Arendt han sido com&uacute;nmente considerados antag&oacute;nicos, Rodrigo Chac&oacute;n hace en su texto un esfuerzo por mostrar las importantes afinidades entre ellos. Al parecer, tanto en Strauss como en Arendt hay una intensa preocupaci&oacute;n por confrontar a la filosof&iacute;a y a la pol&iacute;tica, y por hacerse &ldquo;amigos de la democracia liberal&rdquo;, a trav&eacute;s de dejar clara la distancia entre las dos. Hay, en suma, para Chac&oacute;n una suerte de giro socr&aacute;tico en los dos autores: al paso que confrontan la filosof&iacute;a y la pol&iacute;tica, al paso que niegan las concepciones de verdad tradicionales (normativista e historicista), hacen de sus propias vidas una encarnaci&oacute;n de dicha confrontaci&oacute;n.</p>     <p> En el primero de los art&iacute;culos sobre est&eacute;tica, contenidos en este volumen, Laura Quintana se propone tomar en serio la afirmaci&oacute;n de Arendt seg&uacute;n la cual el pensamiento surge &ldquo;de la actualidad de los incidentes&rdquo;. Para Quintana lo anterior se traduce en cuestionar el punto de vista de Ronald Beiner, seg&uacute;n el cual, en la obra de Arendt, no hay una sino dos teor&iacute;as del juicio. En este sentido, el reto de esta interpretaci&oacute;n ser&aacute; dar cuenta del hecho de que, m&aacute;s que dos teor&iacute;as del juicio, lo que se deja ver en la obra de Arendt es &ldquo;un pensamiento en movimiento&rdquo;. Tomar en serio el hecho de que el verdadero contenido del pensamiento es lo contingente, lo incidental, significa tambi&eacute;n tomar en serio el hecho de que en la obra de Arendt hay una clara y estable relaci&oacute;n entre &ldquo;el cuidado por las cosas del mundo&rdquo; y la teor&iacute;a sobre el juicio de Kant. Por un camino cercano a &eacute;ste, la propuesta interpretativa de Mar&iacute;a del Rosario Acosta (en &ldquo;Acci&oacute;n y juicio en Hannah Arendt&rdquo;) consiste en hacer transparente la impronta &eacute;tica en las reflexiones de Arendt sobre la est&eacute;tica. El camino que recorre Acosta en su prop&oacute;sito pasa por mostrar, en primer lugar, que la apelaci&oacute;n a la est&eacute;tica en Arendt es una alternativa a la l&oacute;gica (instrumental) de la violencia y, en segundo lugar, que en la acci&oacute;n pol&iacute;tica est&aacute;n contenidos varios de los rasgos propios de la actividad art&iacute;stica y del juicio sobre lo bello, tal como &eacute;ste ha sido caracterizado por Kant. A partir de la afirmaci&oacute;n de Arendt seg&uacute;n la cual Benjamin &ldquo;pensaba po&eacute;ticamente, pero no era ni poeta, ni fil&oacute;sofo&rdquo;, Bernardo Correa responde en su texto a la pregunta &iquest;qu&eacute; es, para Arendt, pensar po&eacute;ticamente? Si se atiende a la propuesta interpretativa de Laura Quintana, por su respuesta a esta pregunta parecer&iacute;a, para Correa que, seg&uacute;n Arendt, pensar po&eacute;ticamente no es otra cosa que pensar. Esto es, atender con sentido de realidad a la contingencia y al hecho de que los acontecimientos hist&oacute;ricos no son otra cosa que fragmentos del presente. Como lo ha hecho Mar&iacute;a del Rosario Acosta en su texto, Mario Alejandro Molano destaca los rasgos &eacute;ticos en las reflexiones de Arendt sobre la est&eacute;tica. Su trayecto es sin embargo otro: antes que hacer un contraste entre la est&eacute;tica y la violencia, Molano concentra su atenci&oacute;n en aquello que, seg&uacute;n Arendt, hace de los objetos, objetos valiosos. En este sentido, el valor de los objetos, desde el punto de vista est&eacute;tico, radica en que ellos son la encarnaci&oacute;n del pensamiento. Sin embargo, la impronta &eacute;tica contenida en las reflexiones est&eacute;ticas de Arendt parece, para Molano desdibujarse en La condici&oacute;n humana. Tanto como en este texto se mantiene la oposici&oacute;n entre mundo humano y naturaleza, Arendt estar&iacute;a incurriendo en el antropocentrismo atribuido por ella misma a Kant. Desafortunadamente este aspecto cr&iacute;tico del trabajo de Molano es m&aacute;s bien escueto; le faltan las razones que har&iacute;an de su sospecha algo m&aacute;s que s&oacute;lo una sospecha, para abrirse paso hacia una clara posici&oacute;n cr&iacute;tica. En el &uacute;ltimo de los textos sobre est&eacute;tica contenidos en este volumen, Miguel Gualdr&oacute;n se vale del concepto de acci&oacute;n, tal como lo entiende Arendt, con el prop&oacute;sito de dar cuenta de la concepci&oacute;n arendtiana del juicio. Una vez que revisa la interpretaci&oacute;n que ella hace de las perspectivas kantianas de actor y espectador, una vez que delata la cercan&iacute;a que hay para ella entre estas dos perspectivas, Gualdr&oacute;n defiende la siguiente hip&oacute;tesis: la aparente diferencia entre actuar y juzgar para Arendt es eso, s&oacute;lo aparente. Seg&uacute;n esta propuesta, si se atiende a la manera como proceden tanto el juicio como la acci&oacute;n, el resultado es doble: no s&oacute;lo el juicio se acerca a la acci&oacute;n, sino que &eacute;l mismo puede ser visto como acci&oacute;n.</p>     <p> Dos de los diecinueve textos que contiene este volumen no hacen parte de la reflexi&oacute;n que convoca a los dem&aacute;s en torno a los aspectos centrales de la obra de Arendt. En el primero de ellos Patrice Vermeren, haciendo eco del eje interpretativo que convoca a Abensour y a Jacques Taminiaux, en la primera parte del libro, se propone situar a la figura de Hannah Arendt en el campo agn&oacute;stico de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica de la Francia de hoy. Mientras que para algunos fil&oacute;sofos, como Abensour, la verdadera filosof&iacute;a (encarnada en el pensamiento de Arendt) se burla de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica, para otros, como Alain Badiou, la filosof&iacute;a pol&iacute;tica (incluso en Arendt) es, por definici&oacute;n, una forma de conducir la acci&oacute;n, una forma de socavar las bases de la genuina emancipaci&oacute;n. Este homenaje a Arendt cierra con lo que podr&iacute;a verse como un abrupto y forzoso aterrizaje en la realidad latinoamericana, en particular, en lo que su autora, Marisa Mazza, llama sin m&aacute;s &ldquo;la crisis de la educaci&oacute;n&rdquo;. En su texto Mazza nos da cuenta de los rasgos que podr&iacute;an definir esta crisis. Se vale m&aacute;s bien de uno que otro trozo de Entre el pasado y el futuro, para dar una forma irregular a lo que parece ser nada m&aacute;s que el escueto lamento contra su manera imprecisa de entender la crisis.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> A excepci&oacute;n de este &uacute;ltimo texto, lo que resta de la revista (que es en verdad un libro), es decir, pr&aacute;cticamente todo &eacute;l, es, a mi manera de ver, una valiosa contribuci&oacute;n a la reflexi&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola sobre la obra de Hannah Arendt. El texto no solamente es un verdadero homenaje a la grandeza y a la profundidad del pensamiento de esta autora; es adem&aacute;s una clara lecci&oacute;n de humildad para quienes, antes de leerlo, desconoc&iacute;amos de qu&eacute; modo la obra de Arendt es una apelaci&oacute;n a la sensatez y al sentido de realidad.</p>     <p> <b>&Aacute;ngela Uribe Botero</b></p>     <p>   Universidad Nacional de Colombia.   <a href="mailto:auribe@unal.edu.co">auribe@unal.edu.co</a> </p> </font>      ]]></body>
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