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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Carlos Casale Rolle. &#8220;Wolfhart Pannenberg y el reto de la Modernidad: Pensar a Dios y al hombre desde la mediación&#8221;, Teología y Vida (U. Católica de Chile) 47 (2006): 5-46]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>Carlos Casale Rolle. &ldquo;Wolfhart Pannenberg y el reto de la Modernidad: Pensar a Dios y al hombre desde la mediaci&oacute;n&rdquo;, Teolog&iacute;a y Vida (U. Cat&oacute;lica de Chile) 47 (2006): 5-46.</b></font></p>      <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>   Excelente art&iacute;culo, que presenta muy bien, tanto el desaf&iacute;o que le plante&oacute; Ludwig Feuerbach a la teolog&iacute;a, como el intento hecho por el te&oacute;logo Wolfhart Pannenberg de asumirlo y responderlo. Casale analiza de manera muy clara las l&iacute;neas fundamentales   de la llamada &ldquo;teolog&iacute;a de la mediaci&oacute;n&rdquo;, que, en una clara confrontaci&oacute;n con la posici&oacute;n de Karl Barth, se propone defender la necesaria &ldquo;mediaci&oacute;n&rdquo; de la reflexi&oacute;n racional en la evaluaci&oacute;n del objeto mismo de toda teolog&iacute;a: el concepto de Dios.</p>     <p>   La relaci&oacute;n problem&aacute;tica de la teolog&iacute;a (o la fe) con la raz&oacute;n se halla en el coraz&oacute;n mismo de la tradici&oacute;n teol&oacute;gica cristiana desde sus comienzos, y marca profundamente   toda la cultura occidental. Pero con la Modernidad esa relaci&oacute;n ha tomado modalidades   muy peculiares, que Pannenberg caracteriza como el paso de una cosmo-teolog&iacute;a, de origen griego, a una teolog&iacute;a centrada en la antropolog&iacute;a, y de manera m&aacute;s particular en la historia, sobre todo en la historia de las religiones. Pero no voy a entrar a analizar los aspectos interesantes   que presenta esa propuesta teol&oacute;gica, ni tampoco la clara presentaci&oacute;n que de ella nos hace Carlos Casale, sino que voy a fijarme en un punto que ha despertado mi inter&eacute;s: el apoyo que ha buscado Pannenberg en la filosof&iacute;a hegeliana de la religi&oacute;n, con cuyo concepto de infinitud pretende confrontar el desaf&iacute;o del ateismo moderno.</p>     <p>   Es cierto que Carlos Casale presenta una observaci&oacute;n cr&iacute;tica con respecto a la utilizaci&oacute;n, por parte de Pannenberg, de ese concepto hegeliano de infinito. Pero la observaci&oacute;n no me parece que apunte a lo que considero el verdadero coraz&oacute;n del problema. Porque, para decirlo en pocas palabras, no creo que la doctrina hegeliana de la religi&oacute;n pueda apuntalar ninguna teolog&iacute;a cristiana que podamos llamar ortodoxa. Y llamo ortodoxa a una teolog&iacute;a que pretenda ser fiel a las exigencias b&aacute;sicas de la fe cristiana.</p>     <p>   No es posible entrar a sustentar aqu&iacute; esta tesis de manera consistente. Pero voy a se&ntilde;alar algunos argumentos que podr&iacute;an desarrollarse a este respecto.</p>     <p>   En primer lugar, la filosof&iacute;a hegeliana rechaza toda trascendencia que pudiera condicionar la radical inmanencia de su monismo ontol&oacute;gico, es decir, se niega a aceptar que haya realidad alguna que pueda incidir &ldquo;desde fuera&rdquo; en la realidad como tal. Es cierto que hay en Hegel una clara trascendencia   del ser humano, y de la humanidad en general, pero esa trascendencia no va m&aacute;s all&aacute; de la historia, de la realizaci&oacute;n de los seres humanos en la espacio-temporalidad.   Es lo que ha sido llamado una &ldquo;trascendencia   en la inmanencia&rdquo;.</p>     <p>   Pueden darse varias razones para pensar que le filosof&iacute;a de la religi&oacute;n de Hegel no da pie para la defensa de una concepci&oacute;n de Dios como la que propone el cristianismo.   Una es negativa: Hegel nunca se refiere en forma clara a una vida despu&eacute;s de la muerte. La resurrecci&oacute;n de Cristo &mdash;porque sobre la resurrecci&oacute;n de los seres humanos como tales no parece decirnos nada&mdash; s&oacute;lo se lleva a cabo en la autoconciencia de la comunidad de los creyentes. Y la otra raz&oacute;n es positiva: su radical monismo metaf&iacute;sico, que no permite pensar en &ldquo;lo absolutamente   otro&rdquo;. Precisamente su concepto de infinito busca pensarlo como el devenir mismo que se mantiene igual a s&iacute; precisamente   en cuanto sale de s&iacute; para recuperarse en su otro.</p>     <p>   A esto se a&ntilde;ade un argumento que no he visto utilizado por los comentaristas. Se trata de la relaci&oacute;n estructural que establece Hegel entre los grandes momentos de la Fenomenolog&iacute;a. Los tres primeros, como bien sabemos, son conciencia, autoconciencia   y raz&oacute;n, a los que corresponden respectivamente   el Esp&iacute;ritu, la Religi&oacute;n y el Saber Absoluto. Esto quiere decir que hay una clara correspondencia entre ambas tr&iacute;adas: el Esp&iacute;ritu corresponde a la conciencia, la Religi&oacute;n es la autoconciencia del Esp&iacute;ritu, y podemos entonces decir que el Saber Absoluto corresponde a la raz&oacute;n. Pues bien, de esta &uacute;ltima nos dice claramente Hegel: &ldquo;[e]l ser-ah&iacute; inmediato de la raz&oacute;n [&hellip;] y sus figuras peculiares no tienen religi&oacute;n, porque la autoconciencia de tales figuras se sabe o se busca en el presente inmediato&rdquo; (Ph. 473). &iquest;Quiere decir esto que la filosof&iacute;a como saber absoluto carece de religi&oacute;n, al menos en el sentido en el que el t&eacute;rmino &ldquo;religi&oacute;n&rdquo; es considerado en estos p&aacute;rrafos, es decir, como trascendencia? Porque all&iacute; se trata de las formas de lo trascendente que han ido apareciendo en diversas figuras de la conciencia: lo suprasensible del entendimiento,   el m&aacute;s all&aacute; de la conciencia desventurada,   la religi&oacute;n del submundo y la fe en el destino propias del mundo griego, el agnosticismo   ilustrado y la religi&oacute;n kantiana de la moralidad (cf. Ph. 473-474). &iquest;Esta forma de entender a la raz&oacute;n no deber&iacute;a servirnos para comprender el sentido en el que la filosof&iacute;a &ldquo;supera&rdquo; (aufhebt) a la religi&oacute;n?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Un argumento m&aacute;s en contra de la utilizaci&oacute;n   de Hegel para apuntalar una teolog&iacute;a cristiana lo hallamos en su cr&iacute;tica a Kant y a Fichte por el concepto de aspiraci&oacute;n infinita sobre el cual estos &uacute;ltimos fundamentan la defensa de la inmortalidad del alma. La apertura de la conciencia humana hacia un m&aacute;s all&aacute; de ella misma no apunta en Hegel, creo yo, a una realidad ella misma trascendente,   sino al propio futuro y al futuro de la humanidad, en donde se encuentra todo el sentido racional de la existencia. Es en el aqu&iacute; y el ahora donde se lleva a cabo el sentido &uacute;ltimo de nuestra existencia temporal.</p>     <p>   Y un argumento final lo podemos hallar en la manera como Hegel ha integrado en su sistema los grandes dogmas del Cristianismo. La Encarnaci&oacute;n de Dios como radical inmanencia de lo divino; la Trinidad, que nos lleva a comprender a Dios como el proceso mismo de lo real como tal; y la Redenci&oacute;n, que nos saca de nosotros mismos para encontrarnos en los dem&aacute;s, en nuestra entrega al servicio de la humanidad. Con ello pretende decirnos que el verdadero fil&oacute;sofo no tiene que acudir a la fe, porque ha podido entender el mensaje que la fe lleva a la conciencia del creyente. Pero de la &ldquo;resurrecci&oacute;n   de la carne&rdquo;, como ya lo se&ntilde;alamos, no nos dice ni una palabra.</p>     <p>   Creo que si alguna lecci&oacute;n puede darnos la filosof&iacute;a de la religi&oacute;n de Hegel, es que la raz&oacute;n no est&aacute; en condiciones de mostrarnos al Dios de la revelaci&oacute;n cristiana, y que el &uacute;nico acceso a &eacute;ste, como bien lo se&ntilde;alara Karl Barth, lo ofrece la fe en el mensaje. Marcel Gauchet lo ha formulado con claridad: con la Modernidad &mdash;nos dice&mdash; &ldquo;el dios de los fil&oacute;sofos se divorcia de manera decisiva del Dios de los te&oacute;logos&rdquo;. Los esfuerzos para apuntalar la teolog&iacute;a en la filosof&iacute;a, pidi&eacute;ndole a esta &uacute;ltima que haga plausible la idea de ese Dios, no parecen muy prometedores. A no ser que nos atengamos al idealismo cr&iacute;tico kantiano.</p>     <p>   <b>Jorge Aurelio D&iacute;az</b></p>     <p>   Universidad Nacional de Colombia   <a href="mailto:jadiaz9@cable.net.co">jadiaz9@cable.net.co</a> </p> </font>      ]]></body>
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