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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La Universidad: un acercamiento histórico-filosófico]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Specialization has led to the breakdown of knowledge with the current university system to blame. This is a pressing issue worldwide. The reasons include social issues, educational models and the complexities of academic life. In contrast, this review explores the model of universities prevalent during medieval times in terms of teaching, research, community service, internationalization and autonomy, all pointing to an educational par excellence.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>La Universidad: un acercamiento hist&oacute;rico-filos&oacute;fico</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center">   <font size="3" face="verdana"><b>The University: A Historical-Philosophical Approach</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>   <b>Jes&uacute;s Salvador Moncada   *</b></p>     <p>   Universidad La Salle, M&eacute;xico D. F. *<a href="mailto:smoncada18@yahoo.com.mx">smoncada18@yahoo.com.mx</a></p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>   <b>Resumen</b></p>     <p>   En nuestros d&iacute;as es un hecho que las especializaciones han ocasionado la disgregaci&oacute;n   del conocimiento humano. La universidad actual es la representaci&oacute;n m&aacute;s   concreta de esta disgregaci&oacute;n, y el car&aacute;cter de su quehacer se ha convertido en una   inquietud relevante en todas las culturas por la multiplicidad de versiones que se   tienen acerca de sus funciones sustantivas, dada la complejidad de su din&aacute;mica   acad&eacute;mica. En contraste con esta desarmon&iacute;a contempor&aacute;nea, la presente revisi&oacute;n   muestra la evoluci&oacute;n de la universidad medieval y coloca un especial &eacute;nfasis en su   sistema organizativo, el cual dio origen a las funciones sustantivas de docencia,   investigaci&oacute;n y servicio a la comunidad, en un ambiente de internacionalizaci&oacute;n y   autonom&iacute;a universitaria, apuntal&aacute;ndola como la instituci&oacute;n de estudios superiores   por excelencia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <b>Palabras clave:</b> Universidad, Edad Media, Studium generale.</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>   <b>Abstract</b></p>     <p>   Specialization has led to the breakdown of knowledge with the current university   system to blame. This is a pressing issue worldwide. The reasons include social   issues, educational models and the complexities of academic life. In contrast, this   review explores the model of universities prevalent during medieval times in terms   of teaching, research, community service, internationalization and autonomy, all   pointing to an educational par excellence.</p>     <p>   <b>Keywords:</b> University, Middle Age, Studium generale.</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>   Centrada en la concepci&oacute;n de la realidad y del saber heredado   del mundo cl&aacute;sico de los griegos, el cual form&oacute; parte del cristianismo   y el que a su vez le imbuy&oacute; su esp&iacute;ritu, la universidad ha   encauzado, a trav&eacute;s de sus funciones sustantivas, la inquietud del   ser humano por conocer su posici&oacute;n dentro del mundo. Como instituci&oacute;n   emblem&aacute;tica que ha centrado su quehacer en la b&uacute;squeda   del conocimiento, su desarrollo ha transformado las civilizaciones   y ha dado un rico significado al sentido de vida de las culturas.</p>     <p>En el presente estudio se realizar&aacute; un recorrido hist&oacute;ricofilos&oacute;fico   de la universidad, desde sus or&iacute;genes hasta su expresi&oacute;n   contempor&aacute;nea. Se hace un &eacute;nfasis en el sistema organizativo de la   instituci&oacute;n medieval, y en c&oacute;mo &eacute;ste ha forjado las claves que sustentan el deber ser de las universidades actuales.</p>     <p> <font size="3" face="verdana"><b>Universitas</b></font></p>      <p>   La palabra universitas es de origen latino, y significa el conjunto   integral y completo de los seres particulares constituidos en una   colectividad determinada. Ulpiano hace referencia a la universitas   de los curiales: todos los pertenecientes al cuerpo de los trabajadores   de la curia forman la universitas, y cada uno representa, ya sea   de manera individual o colectiva, el nombre de la universidad, pues   el derecho del cuerpo recae en uno.<sup><a href="#1" name="s1">1</a></sup> Para Marciano, la universidad   no pertenece a uno, sino a todos. La compara con los teatros y   los estadios de las ciudades, los cuales pertenecen a los ciudadanos.   Qui&eacute;n pertenezca a una universitas, o sea, a un cuerpo o conjunto   de personas, debe ser evidente para todos.<sup><a href="#2" name="s2">2</a></sup> Cicer&oacute;n se refiere a la   universitas rerum (totalidad de cosas que integran el universo) y a   la universitas generis humani (totalidad de personas en el espacio y   en el tiempo que constituyen la humanidad). El "Digesto Romano"   establece la oposici&oacute;n entre la universitas y los singuli: si alguien le   debe algo a la universidad, no se lo debe a cada uno de sus miembros; ni lo que debe la universidad se le debe a cada uno.<sup><a href="#3" name="s3">3</a></sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   En la Edad Media el vocablo universitas, del cual se deriva la   palabra espa&ntilde;ola "universidad", se emple&oacute; originariamente para   designar cualquier comunidad o corporaci&oacute;n considerada en su   aspecto colectivo. Cuando se lo usaba para designar a un cuerpo   dedicado a la ense&ntilde;anza y a la educaci&oacute;n, se requer&iacute;a de un complemento;   as&iacute; se dec&iacute;a: universitas magistrorum et scholarium (totalidad   del gremio de maestros y alumnos). La universitas, t&eacute;rmino que pod&iacute;a   ser substituido por los de corpus, collegium, societas, communio,   consortium, consiste en la corporaci&oacute;n, cuya especificaci&oacute;n pod&iacute;a ser de scholarium o de magistrorum, dando origen de esta manera a   las dos formas t&iacute;picas de tal organismo, bien como corporaci&oacute;n   de estudiantes, cuya finalidad era obtener grados acad&eacute;micos para   ocupar puestos en la sociedad, o bien como corporaci&oacute;n de ense&ntilde;antes, quienes se dedicaban a la investigaci&oacute;n.</p>     <p>   Hacia fines del siglo XIV la palabra universitas empez&oacute; a emplearse   sola, con el significado exclusivo de comunidad de maestros   y de disc&iacute;pulos, cuya existencia corporativa hab&iacute;a sido reconocida   por la autoridad eclesi&aacute;stica o civil, o por ambas a la vez (Rashdall).   En nuestros d&iacute;as se entiende por universidad la corporaci&oacute;n de profesores y estudiantes dedicados a los estudios superiores.</p>     <p>   Universitas fue el nombre que se atribuyeron las agrupaciones   de maestros y estudiantes pertenecientes a diversas naciones,   quienes concurr&iacute;an al centro de ense&ntilde;anza o studium ya desde el   siglo XI. La designaci&oacute;n m&aacute;s antigua y usual en la Edad Media era   studium, y despu&eacute;s studium generale, designaci&oacute;n que implica un   centro de instrucci&oacute;n para todos; es decir, el generale se refer&iacute;a al   p&uacute;blico que pod&iacute;a frecuentarlo, de diversas nacionalidades, credos y razas, y al &aacute;mbito de los estudios que en &eacute;l se realizaban.</p>     <p> <font size="3" face="verdana"><b>Nacimiento de la Universidad</b></font></p>      <p>   Para comprender de manera adecuada el desarrollo y el nuevo   car&aacute;cter que la ense&ntilde;anza asumi&oacute; en el curso de los siglos XII y   XIII, deben analizarse algunas causas que se sumaron para la organizaci&oacute;n   de las primitivas universidades. La aparici&oacute;n y desarrollo   de las universidades fueron antecedidos por el movimiento de renovaci&oacute;n   cultural de la &eacute;poca de Carlomagno, llamado Renacimiento   Carolingio, en el que apareci&oacute; la primera organizaci&oacute;n de escuelas   y los primeros planes de estudio. Sin embargo, gran parte de esta   actividad result&oacute; ineficaz debido a la anarqu&iacute;a que caracteriz&oacute; al mundo cristiano del siglo X.</p>     <p>   No obstante las dificultades que caracterizaron los siglos X y   XI, llamados "oscuros", bajo los bre&ntilde;ales y la maleza salvaje sobrevivi&oacute;   la cultura cl&aacute;sica y la cristiana en invernaderos: las abad&iacute;as,   los conventos, las bibliotecas de los cabildos catedralicios. A la   sombra de las parroquias, de las catedrales y de los claustros se   multiplicaron las escuelas, en favor no s&oacute;lo de cl&eacute;rigos y monjes,   sino tambi&eacute;n de los pobres que no pod&iacute;an recurrir a preceptores   particulares; esto debido al impulso de los p&aacute;rrocos, obispos y las   disposiciones de concilios locales, y en especial de los ecum&eacute;nicos II y IV de Letr&aacute;n (1179-1225).</p>     <p>   Paulatinamente se fue organizando en las ciudades dotadas de   catedral un alumnado sediento de un saber cada vez m&aacute;s universal   y m&aacute;s profundo. Surgieron aqu&iacute; y all&aacute; luminarias del pensamiento   que se congregaban en las grandes abad&iacute;as para alimentar aquella sed y aprovechar las bibliotecas. Los obispos se preocupaban por   coordinar esta conjunci&oacute;n, propiciada por algunos pr&iacute;ncipes, municipios   y providenciales circunstancias. Los Sumos Pont&iacute;fices   alentaban y armonizaban los esfuerzos de unos y de otros. En ese   contexto aparecieron las m&aacute;s antiguas universidades, las de Bolonia,   Par&iacute;s y Oxford, cada cual considerada como un studium generale o   una universitas magistrorum et scholarium. Sus antecedentes fueron   la escuela de Derecho en Bolonia, varias escuelas de Filosof&iacute;a en Par&iacute;s y las escuelas mon&aacute;sticas en Oxford.</p>     <p>   Sobre las razones de su origen existen varias teor&iacute;as. Una de   ellas, la de la tradici&oacute;n, se&ntilde;ala las caracter&iacute;sticas de esas primeras   universidades como el resultado de su v&iacute;nculo estructural directo   con las instituciones educativas del mundo &aacute;rabe oriental, de la   civilizaci&oacute;n bizantina y de los monasterios de la Alta Edad Media.   Otra, la teor&iacute;a del intelecto, sustenta que su aparici&oacute;n fue motivada   por el inter&eacute;s en el conocimiento, lo que propici&oacute; el establecimiento   de un foro para el libre desarrollo intelectual. Finalmente, la teor&iacute;a   social considera que las universidades surgieron como una nueva   forma de comunidad, en donde las personas viv&iacute;an, trabajaban y   estudiaban juntas. Lo m&aacute;s probable es que la combinaci&oacute;n de estas tres teor&iacute;as expliquen justamente esa aparici&oacute;n (Sanz).</p>     <p>   Varios elementos convergen para el nacimiento y florecimiento   de la universidad. Son factores principalmente de orden pol&iacute;tico,   social, cultural y religioso. Europa en el siglo XII viv&iacute;a en la unidad   de la cristiandad como una familia de pueblos: una sola era la fe.   Las culturas y las lenguas continuaban la diversificaci&oacute;n iniciada   siglos antes, pero se cre&iacute;a y se alababa al mismo Dios. Se dictaban   las lecciones de teolog&iacute;a, derecho, medicina y ciencias naturales en   una misma lengua: el lat&iacute;n. Desde el siglo XI hasta mediados del   siglo XVIII se utiliz&oacute; el lat&iacute;n como la lengua acad&eacute;mica para la ense&ntilde;anza y el aprendizaje.</p>     <p>   La reconquista parcial de Espa&ntilde;a provoc&oacute; la migraci&oacute;n de eruditos &aacute;rabes y jud&iacute;os hacia otros pa&iacute;ses. La toma de Constantinopla en el a&ntilde;o 1204 y el establecimiento del imperio latino de Oriente abrieron las puertas para estudiar los manuscritos conservados en Grecia y Asia menor. Estos acontecimientos permitieron que hubiera un inter&eacute;s por el conocimiento de las lenguas griega y &aacute;rabe, que se multiplicaran las traducciones de manuscritos de estas lenguas al lat&iacute;n y que se diera un enriquecimiento en las bibliotecas: la nobleza y la burgues&iacute;a descubrieron el valor cultural que hasta entonces era poco estimado por ellas. Esto hizo que promovieran los estudios, lo que les permiti&oacute; disponer de personas preparadas para poder acrecentar sus bienes y dominios. Fueron introducidas nuevas materias de estudio, se acrecent&oacute; el material cient&iacute;fico, se conoci&oacute; mejor a Arist&oacute;teles, lo cual oblig&oacute; a buscar nuevas metodolog&iacute;as acomodadas a cada una de las ciencias y a procurar la sistematizaci&oacute;n de cada una de ellas. Entre los a&ntilde;os 1250 y 1270 aparecieron las Sumas: la de la sabidur&iacute;a cristiana de San Buenaventura, la cient&iacute;fico-filos&oacute;fica de San Alberto y la teol&oacute;gica de Santo Tom&aacute;s. Fruto de todo ello fue el nacimiento de la Escol&aacute;stica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Los acad&eacute;micos universitarios elaboraron grandes edificios te&oacute;ricos:   las Summae teol&oacute;gicas, el Corpus del derecho civil y el Corpus   del derecho can&oacute;nigo, los Specula filos&oacute;ficos, los modelos, mapas y   tablas astron&oacute;micos; todo ello para entender y aplicar las leyes divinas   y humanas que reg&iacute;an la unidad espiritual y f&iacute;sica del mundo.   El punto de convergencia de las construcciones te&oacute;ricas era Dios en   la cima del universo, y, en la Tierra, sus representantes espirituales y   pol&iacute;ticos que se encargaban de hacer realidad las ideas trascendentes.   El factor religioso fue as&iacute; decisivo para el desenvolvimiento hist&oacute;rico   de la universidad. Ya hemos visto c&oacute;mo muchas escuelas mon&aacute;sticas   y catedralicias desembocaron en la creaci&oacute;n del mayor n&uacute;mero de   universidades de aquel entonces. Pero adem&aacute;s de esto, en el siglo XIII   nacieron dos &oacute;rdenes religiosas, sin las cuales no hubiese sido posible   el r&aacute;pido desarrollo de las universidades. En el a&ntilde;o 1217 los dominicos   entraron en Par&iacute;s, y en 1219 llegaron los franciscanos, quienes establecieron   sus respectivos Studia. En 1224 ambas &oacute;rdenes entraron a   Oxford. Por otra parte los Sumos Pont&iacute;fices fueron los primeros en   proteger las universidades al conferirles su estatuto jur&iacute;dico.</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Universidad Medieval</b></font></p>      <p>   A partir del a&ntilde;o 800, una vez establecido el Imperio Cristiano de   Occidente, se observ&oacute; una estrecha vinculaci&oacute;n entre las estructuras   pol&iacute;ticas del reino terrenal y las estructuras eclesi&aacute;sticas, de modo   que la armaz&oacute;n sociopol&iacute;tica del feudalismo depend&iacute;a en su estabilidad   del Estado imperial y de la Iglesia, mientras que, desde los siglos   VII y VIII, el Islam hab&iacute;a conquistado el marco geogr&aacute;fico del mundo   grecorromano, el Mar Mediterr&aacute;neo.</p>     <p>   Ot&oacute;n I, quien se benefici&oacute; de la descomposici&oacute;n feudal, conform&oacute;   en el siglo X el Sacro Imperio Romano-Germ&aacute;nico, de corte carolingio   y protector de la Iglesia. El Imperio termin&oacute; al inicio del siglo   XI con la muerte del &uacute;ltimo y tercero de los Otones; sin embargo al   poco tiempo, con la ascensi&oacute;n al trono del pont&iacute;fice Gregorio VII -el   papa Hildebrando- (1073-1085) se logr&oacute; la separaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico   tras las discrepancias de Gregorio VII con el Emperador Enrique   IV de Alemania. Esta separaci&oacute;n o di&aacute;stasis fue identificada con la   palabra latina Imperium, que se escind&iacute;a del Sacerdotium, s&iacute;mbolo de   la autoridad eclesi&aacute;stica, y que significaba el triunfo de la autonom&iacute;a   del esp&iacute;ritu frente al orden material y b&eacute;lico; autonom&iacute;a del esp&iacute;ritu   en la moral y en la ciencia, frente al poder pol&iacute;tico, e incluso frente al   eclesial administrativo. </p>     <p>En este periodo medieval, tambi&eacute;n conocido como benedictino   en honor a los monjes amanuenses de las obras filos&oacute;ficas y literarias   de la Antig&uuml;edad Cl&aacute;sica, nacieron las universidades. Para entender   el sentido hist&oacute;rico de las universitas es necesario recapitular   los or&iacute;genes helen&iacute;stico, romano y cristiano de nuestra civilizaci&oacute;n occidental.</p>     <p>   La universidad en un primer momento fue una mera y espont&aacute;nea   combinaci&oacute;n de disc&iacute;pulos o de maestros, o de ambos cuerpos,   formada probablemente a imitaci&oacute;n de los gremios que tanta importancia   adquirieron durante los siglos XIII y XIV en todos los centros   comerciales y artesanales de Europa. Estas organizaciones tend&iacute;an   primordialmente a salvaguardar la continuaci&oacute;n de s&iacute; mismas y a   asegurar la mutua protecci&oacute;n de sus miembros, especialmente los   gremios o corporaciones de forasteros desprovistos de los derechos del ciudadano (Rashdall).</p>     <p>   Era la forma medieval de las corporaciones artesanales la que   informaba a la instituci&oacute;n del Studium generale, las que estaban   orientadas a la continuaci&oacute;n de s&iacute; mismas. El ideal de la corporaci&oacute;n   de profesores (docentes) para la continuaci&oacute;n de ella misma era   el de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica realizada en una facultad o escuela,   en la cual los maestros adiestraban una peque&ntilde;a pero elegida cantidad   de alumnos para seguir su obra. Por su parte, la universidad de   los scholarium ten&iacute;a como ideal lograr la licentia docendi o el t&iacute;tulo   de magister o de doctor para ense&ntilde;ar en los institutos escol&aacute;sticos de grado inferior a la universidad.</p>     <p>   De este modo la universidad, compuesta en gran parte de estudiantes   de pa&iacute;ses extranjeros, era una combinaci&oacute;n formada para la   protecci&oacute;n de sus miembros contra las extorsiones de los ciudadanos   y de otros desagradables incidentes que en tiempos medievales implicaba la residencia en un pa&iacute;s extra&ntilde;o.</p>     <p>   En su primera fase de desarrollo<sup><a href="#4" name="s4">4</a></sup> la universidad funcionaba por   una concesi&oacute;n hecha por el cancelario de una catedral, o por otra   autoridad an&aacute;loga, a determinados maestros para que abriesen otras   escuelas diferentes a la catedralicia en la cercan&iacute;a de las iglesias.   Pero era la catedral, es decir, el obispo y el cabildo de can&oacute;nigos, que   amalgamaba a unos y a otros, la que daba unidad a los varios studia   en un studium generale, aprobaba los estatutos, los programas de   estudio y confer&iacute;a la licentia docendi o doctorado. De esta manera   fue como muchas escuelas monacales o episcopales se trasformaron en facultades donde se pod&iacute;an obtener los respectivos t&iacute;tulos.</p>     <p>   Se dio un paso adelante cuando las facultades consiguieron este   privilegio para sacudirse la f&eacute;rula del can&oacute;nigo canciller y, finalmente, para conciliar derechos y evitar ri&ntilde;as o dificultades, se empez&oacute; a   reconocer que sin permiso del Papa, del Emperador o del Rey no   pod&iacute;a constituirse un studium generale con la facultad de conferir   grados acad&eacute;micos. Estos en un principio no significaron m&aacute;s que   las licencias para ense&ntilde;ar que, como hemos visto, eran concedidas   por el cancelario escol&aacute;stico u otro dignatario de una iglesia catedralicia.   Despu&eacute;s fueron los Sumos pont&iacute;fices o los Reyes quienes   fundaron, promovieron o reconocieron los studia generalia, o sea, la licencia de ense&ntilde;ar en cualquier parte del mundo (Castiello).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Se formaron entonces los gremios o corporaciones de maestros,   que otorgaban libremente sus propias licencias sin necesidad   de ninguna autorizaci&oacute;n eclesi&aacute;stica o civil, aunque en estos casos   la licencia era de car&aacute;cter local. No obstante, hacia fines del siglo   XIII, algunas de las grandes escuelas, debido a la calidad de su ense&ntilde;anza,   tuvieron una importancia que traspas&oacute; los l&iacute;mites de la   localidad respectiva. En realidad un doctor de Bolonia o de Par&iacute;s   pod&iacute;a ense&ntilde;ar en cualquier lugar de Europa, mientras empezaban   a ser reconocidas las otras escuelas con el nombre de studia generalia.</p>     <p>   Poco a poco los studia generalia llegaron a tener un significado   m&aacute;s t&eacute;cnico y definido, pues el emperador Federico II, mediante   una bula, confiri&oacute; el studium generale a la escuela de N&aacute;poles. En el   a&ntilde;o 1229 el Papa Gregorio IX hizo lo mismo con Toulouse, y en el   1233 concedi&oacute; el privilegio de que cualquiera que en aquella universidad   se hubiera recibido de doctor o de maestro pudiera, sin nuevo   examen, ense&ntilde;ar en cualquier otra parte, dando as&iacute; origen al reconocimiento   retroactivo de estudios ya realizados. A partir de all&iacute;   otras bulas papales e imperiales fundaron nuevos studia generalia,   y en el a&ntilde;o 1292 las universidades de Bolonia y de Par&iacute;s obtuvieron   las bulas de aprobaci&oacute;n del Papa Nicol&aacute;s IV. Desde entonces empez&oacute;   a prevalecer entre los jurisconsultos la noci&oacute;n de que la esencia del   studium generale era el privilegio de conferir el ius ubique docendi,   y que ning&uacute;n estudio nuevo pod&iacute;a adquirir tal posici&oacute;n sin una bula   papal o imperial. Sin embargo, ya exist&iacute;an algunos estudios generales   de fama bien notoria, como era el caso de Oxford, a los que no se   les negaba el derecho de conferir t&iacute;tulos aunque carecieran de dichas   bulas. Estos estudios generales se consideraban como studia generalia   ex consuetudine. En Espa&ntilde;a algunas universidades de fundaci&oacute;n real se consideraban studia generalia respectum regni (Borrero).</p>     <p>   En el siglo XII se organiz&oacute; el esquema general de estudios a   manera de proped&eacute;utica por la que habr&iacute;an de pasar quienes aspiraban   a estudios superiores. Se estableci&oacute; la facultad menor de "artes" o habilidades, dividida en el trivium (gram&aacute;tica, ret&oacute;rica y dial&eacute;ctica), y en el quadrivium (aritm&eacute;tica, geometr&iacute;a, astronom&iacute;a y m&uacute;sica). Y en el mismo siglo XII las universidades enriquecieron este esquema aprovechando los conocimientos importados de origen &aacute;rabe, jud&iacute;o y griego, con las lenguas, alquimia, matem&aacute;ticas y medicina (Gilson). La traducci&oacute;n latina de las obras de Arist&oacute;teles, pedida por Santo Tom&aacute;s a Guillermo Moerbeke, permiti&oacute; una estructuraci&oacute;n m&aacute;s cient&iacute;fica y racional, tanto en el orden de las ciencias mismas, como en la teolog&iacute;a. Una vez cursadas las "artes" se optaba por la teolog&iacute;a, el derecho o la medicina, y posteriormente aparecieron la filosof&iacute;a y otras facultades.<sup><a href="#5" name="s5">5</a></sup></p>     <p>   Un n&uacute;mero destacado de estudiantes eran cl&eacute;rigos, la mayor&iacute;a   de los rectores, cancilleres y maestros eran can&oacute;nigos, cl&eacute;rigos regulares   y religiosos de diversas &oacute;rdenes. No hab&iacute;a carreras cortas.   Algunas de ellas ten&iacute;an duraci&oacute;n de ocho a catorce a&ntilde;os. Por otra   parte, el ansia de formaci&oacute;n acad&eacute;mica seria y la creciente necesidad   de que hubiese personas preparadas para las curias obispales y para   las aulas regias, hizo que algunos centros de educaci&oacute;n tuvieran un   crecido n&uacute;mero de estudiantes.</p>     <p>   La primera universidad que se conoce en el siglo XI es la de   Salerno. &Eacute;sta hab&iacute;a sido anteriormente una escuela de medicina, y   continu&oacute; si&eacute;ndolo despu&eacute;s de que se constituy&oacute; en studium generale.   Federico II, en el a&ntilde;o 1231, la reorden&oacute; y estableci&oacute; que fuese la &uacute;nica   facultad de medicina del reino. &Eacute;sta, como la universidad de Bolonia   y la de Par&iacute;s, nacieron de una escuela especializada (Rashdall).</p>     <p>   La universidad de Bolonia tiene sus ra&iacute;ces en el siglo XI. La   facultad original fue la de leyes, en 1087, a la que se a&ntilde;adieron alrededor   del a&ntilde;o 1200 la de medicina y la de filosof&iacute;a. La facultad   de teolog&iacute;a vino a ser reconocida el a&ntilde;o 1360 por Inocencio IV. De   esta manera nacieron las universitates tomadas bajo el sentido de   corporaci&oacute;n. La universidad bolo&ntilde;esa cultiv&oacute; principalmente la   ciencia del derecho civil, perfeccionado por el jurisconsulto Irnerio,   y el derecho can&oacute;nico, perfeccionado por Graciano, que coleccion&oacute;   las leyes en el Decretum Gratiani e hizo de esta ciencia una disciplina   aut&oacute;noma. Esta universidad se caracteriz&oacute; en particular por   ser de estudiantes, los cuales se constituyeron en gremio; eleg&iacute;an   a su rector, contrataban a los profesores, les pagaban los sueldos y   organizaban una polic&iacute;a especial para averiguar si los profesores   llegaban a tiempo a clases y terminaban con puntualidad. Ejerc&iacute;an   adem&aacute;s una estricta censura sobre los libreros y copistas, con el fin   de que no corrompieran los textos con erratas, omisiones o interpolaciones   (Rashdall).</p>     <p>   En Par&iacute;s naci&oacute; la universidad de maestros, quienes se agremiaron   para afirmar poco a poco su autoridad frente a los poderes   constituidos y conquistar derechos estables. Posteriormente se integraron los alumnos. La uni&oacute;n de estos dos gremios (tanto de   maestros como de estudiantes) fue lo que dio origen a la universidad.   Tres causas convergieron para la fundaci&oacute;n y desarrollo de la   universidad de Par&iacute;s. Primeramente, la existencia de un medio escolar   muy floreciente desde el siglo XII, luego la ense&ntilde;anza dada por   los Victorinos y por profesores como Abelardo, quien con su ense&ntilde;anza   atrajo hacia Par&iacute;s un gran n&uacute;mero de estudiantes procedentes   de Italia, Inglaterra y Alemania, y, en tercer lugar, la protecci&oacute;n de   los Papas y de los Reyes de Francia. El papado jug&oacute; el papel principal   en la organizaci&oacute;n y desarrollo de la universidad. De hecho   el verdadero fundador, protector y jefe de la naciente universidad   de Par&iacute;s fue Inocencio III, a quien &eacute;sta debe, m&aacute;s a&uacute;n que al Rey,   los privilegios que le concedieron la independencia. Fue tambi&eacute;n el   primero que le dio los reglamentos destinados a protegerla del error.   Honorio III favoreci&oacute; la instalaci&oacute;n de los dominicos y franciscanos   en Par&iacute;s, y en el a&ntilde;o 1220 recomend&oacute; a los franciscanos ante los   maestros de la universidad. Gregorio IX, en el a&ntilde;o 1228, concedi&oacute;   de manera oficial que las &oacute;rdenes mendicantes formaran parte del   personal docente. Alejandro IV consider&oacute; la universidad de Par&iacute;s   como el centro intelectual de toda la humanidad. En el a&ntilde;o 1255 el   Papa expres&oacute;:</p>     <p>   La ciencia de las escuelas de Par&iacute;s es en la Santa Iglesia como el &aacute;rbol   de la vida en el para&iacute;so terrenal y como la l&aacute;mpara resplandeciente en   la casa del Se&ntilde;or. Como una madre fecunda en erudici&oacute;n hace brotar   con toda abundancia de sus fuentes de doctrina salvadora los r&iacute;os que   van a regar la faz est&eacute;ril de la tierra; alegra por doquiera la Ciudad de   Dios y distribuye las aguas de la ciencia que hace correr por las plazas   p&uacute;blicas para refrigerio de las almas sedientas de justicia. Es Par&iacute;s   donde el g&eacute;nero humano, deformado por la ceguera de su ignorancia   original, recobra su vista y belleza por el conocimiento de la verdadera   luz que despide rayos de ciencia divina. (citado por Gilson: 371)</p>     <p>   En las ciencias m&eacute;dicas sobresalieron las universidades de   Salerno, N&aacute;poles y Montpellier, que desde fines del siglo XII se beneficiaron   con las novedades cient&iacute;ficas de los &aacute;rabes, espa&ntilde;oles y   jud&iacute;os. Nicol&aacute;s IV otorg&oacute; a Montpellier su constituci&oacute;n definitiva   en el a&ntilde;o 1289.</p>     <p>   En Inglaterra florecieron dos centros del saber. La universidad   de Oxford fue el resultado de la fusi&oacute;n de dos escuelas monacales   del siglo XII, y se constituy&oacute; en studium generale gracias a la protecci&oacute;n   del Papa Inocencio IV. La ense&ntilde;anza de Oxford tuvo una gran   originalidad: el inter&eacute;s religioso era tan fuerte como en Par&iacute;s, pero   la manera de subordinar las ciencias a la teolog&iacute;a era m&aacute;s libre. En   esta universidad Arist&oacute;teles fue tan admirado como en Par&iacute;s. Sin   embargo, el centro de atenci&oacute;n se enfoc&oacute; en el elemento emp&iacute;rico del aristotelismo, dejando de lado el metaf&iacute;sico. La perspectiva de la   ciencia era m&aacute;s apegada al &aacute;rabe Alhac&eacute;n que al mismo Arist&oacute;teles;   se dio gran importancia a las ciencias naturales y a las matem&aacute;ticas,   preparando el terreno al empirismo occamista. La universidad   de Cambridge fue una prolongaci&oacute;n de la escuela fundada por los   can&oacute;nigos de Saint Giles, que posteriormente creci&oacute; con las migraciones   de estudiantes tanto de Oxford como de Par&iacute;s, y con la   docencia de los franciscanos y los dominicos (Rashdall).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   A partir del a&ntilde;o 1243 existi&oacute; en Roma el studium curiae, en el   que por dos per&iacute;odos tuvo c&aacute;tedra Santo Tom&aacute;s de Aquino, y que   bajo Urbano IV, gran protector de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, cobr&oacute;   gran auge y prestigio. La universidad de Salamanca naci&oacute; por la   iniciativa de los soberanos Alfonso IX, San Fernando y Alfonso X   el sabio, y en 1255 recibi&oacute; del Papa Alejandro IV los privilegios y   prerrogativas de studium generale.</p>     <p>   Y as&iacute; se podr&iacute;a seguir enumerando la aparici&oacute;n de la multitud   de universidades que se dieron en la Edad Media: en Francia, las   universidades de Angers y Toulouse (1227- 1229) son derivaciones de   la de Par&iacute;s. Las dem&aacute;s, Montpellier (1137), Orl&eacute;ans (1235), Avignon   (1303), etc., no nacieron de ninguna dispersi&oacute;n parisiense, pero participaron   de los caracteres de la universidad de Par&iacute;s. Otro tanto   puede decirse de Salamanca, Praga, Viena, Erfurt, etc.</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Universidad Renacentista</b></font></p>      <p>   Durante su desarrollo, la universidad recibi&oacute; la influencia de los   nuevos estados que surgieron, as&iacute; como del movimiento humanista.   En la primera mitad del siglo XV las relaciones de los pont&iacute;fices   con las universidades continuaron siendo las mismas, los Estados   procuraron proteger y multiplicar las universidades. Pero las har&iacute;an   cada vez menos universitas: de una instituci&oacute;n perteneciente   a toda la humanidad, la convirtieron en una instituci&oacute;n de Estado,   en un centro nacional cada vez m&aacute;s especializado y menos rico en   contenido universal y en extensi&oacute;n humana. Esto dio como resultado   la desaparici&oacute;n de muchas universidades. Mientras que en   1789 exist&iacute;an 143, en 1815 s&oacute;lo hab&iacute;a 83. Las 22 universidades francesas   hab&iacute;an sido abolidas y reemplazadas por colegios y facultades   aisladas. Durante la Ilustraci&oacute;n la tendencia dominante orient&oacute; la   educaci&oacute;n hacia el conocimiento pr&aacute;ctico y hacia las carreras que   pod&iacute;an resolver situaciones de inter&eacute;s cotidiano.</p>     <p>   Con el transcurso del tiempo, el m&eacute;todo escol&aacute;stico en la universidad   lleg&oacute; a su declive. Lo que la revitaliz&oacute; fue la influencia de   los humanistas, sobre todo en Alemania con los trabajos de Erasmo   y Reuchlin, quienes buscaron realizar un estudio cr&iacute;tico de las   obras maestras de la antig&uuml;edad y una interpretaci&oacute;n racional de   las Escrituras y de los Padres. El principio que vino a provocar un desarrollo en la universidad entendida como studium generale fue el   humanismo. Este se caracterizaba por la afirmaci&oacute;n de la humanitas,   de la cr&iacute;tica, de la individualidad y de la vida, entendidas como   arte y creaci&oacute;n (Gilson). Desde luego este movimiento no apareci&oacute;   de la noche a la ma&ntilde;ana, pues fue el resultado de un proceso hist&oacute;rico   por el cual se trat&oacute; de superar la contraposici&oacute;n abstracta frente   a la Edad Media, a la que se consideraba dominada por la autoridad   y el dogma, as&iacute; como por el universalismo abstracto, &eacute;tico, teol&oacute;gico   y pol&iacute;tico.</p>     <p>   Tomando como base el concepto ciceroniano de humanitas, en   su significado de valor intelectual y &eacute;tico, el humanismo orient&oacute; sus   esfuerzos de renovaci&oacute;n, estableciendo los studia humanitatis o de   las letras humanas, gracias a los cuales se reforz&oacute; el contacto con   la antig&uuml;edad. De ah&iacute; que en la cultura human&iacute;stica se distingan   dos momentos fundamentales: el uno filos&oacute;fico, caracterizado por   la b&uacute;squeda de aquello que sobreviv&iacute;a de la civilizaci&oacute;n antigua, y   el otro especulativo, caracterizado por el encuentro con una concepci&oacute;n   humana de la vida, cuyo centro lo constituye el hombre,   gracias a los valores espirituales y morales de la humanitas. Aunque   estos dos momentos se distingan, no pueden sin embargo separarse.   Ante la cultura medieval, caracterizada por su dimensi&oacute;n literal y   dogm&aacute;tica, se busca la imagen del hombre que brota de las grandes   obras de la cultura pagana. Y mientras se estudian tales obras, se   afirma el sentido de la cr&iacute;tica, se ampl&iacute;an los horizontes de la cultura,   se universaliza el significado de la mente, y se hace del hombre el   centro del universo y, por tanto, objeto de atenci&oacute;n y de estudio.</p>     <p>   Teniendo como principio la doctrina intelectualista de Plat&oacute;n,   Marsilio Ficino elabor&oacute; una visi&oacute;n c&oacute;smica y espiritual que une en   s&iacute; tanto la trascendencia como la inmanencia, y que tom&oacute; sobre todo   de Plotino, con su teor&iacute;a del doble acto, seg&uacute;n la cual ning&uacute;n ser   perfecto permanece inmutable consigo mismo, sino que, mientras   permanece en s&iacute;, emana y pasa su acci&oacute;n a otro, es decir, se proyecta   a s&iacute; mismo en el otro. El universo es comparado a un cerco cuyo   centro es Dios y su superficie no es m&aacute;s que el mismo centro en su   dinamismo y desarrollo. Dios se encuentra dentro de cada ser, con   tal de que no se identifique con ninguno de los entes. El hombre, por   tanto, es el microcosmos que encuentra en s&iacute; las notas del macrocosmos,   y es la realidad toda que se hace presente a s&iacute; misma. El centro   del universo es Dios, pero el punto de vista de la reconstrucci&oacute;n especulativa   de los grados y de las formas del ser es el hombre. De esta   manera resulta una visi&oacute;n antropoc&eacute;ntrica del mundo. As&iacute; naci&oacute; el   concepto de la dignidad del hombre, que es afirmada por Giovanni   Pico della Mirandola, y puesta como fundamento de la libertad de   la mente y de la capacidad de asemejarse a cualquier cosa creada, y   aun a Dios mismo.</p>     <p>Con este movimiento filos&oacute;fico-cultural del humanismo se lleg&oacute;   al Renacimiento, &eacute;poca durante la cual el ordenamiento de la   universidad madura en su conjunto, y despierta de nuevo la vitalidad   que parec&iacute;a haberse agotado, sobre todo en lo que respecta a la   investigaci&oacute;n. En nombre de estas nuevas ideas se lleg&oacute; al desprecio   de las tradiciones y se dio inicio a un movimiento de reacci&oacute;n.   Fue sobre todo en la facultad de las artes en donde florecieron los   nuevos conceptos y los m&eacute;todos filos&oacute;ficos, como el de estudiar a   Arist&oacute;teles en el texto original, darle mayor campo a las matem&aacute;ticas,   la astronom&iacute;a y la medicina, preparando as&iacute; el campo a los grandes descubrimientos.</p>     <p>   La Reforma protestante y su combinaci&oacute;n con el humanismo   marcaron el fin del concepto de universidad que hab&iacute;a prevalecido   durante la Edad Media. Adem&aacute;s, las universidades se conformaron   como estados territorialmente independientes. La universidad de   Wittenberg lleg&oacute; a convertirse en modelo para las nuevas universidades   protestantes y para impulsar la reforma de otras. Por su lado,   las universidades cat&oacute;licas, sumidas en la profunda crisis ocasionada   por la ruptura de la unidad religiosa, encontraron una v&iacute;a de   desarrollo en la Societas Jesu o Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, orden religiosa   fundada por San Ignacio de Loyola y reconocida por el Papa en 1540.   Los jesuitas, en su prop&oacute;sito de divulgar la fe cat&oacute;lica, establecieron   con &eacute;xito un sistema de colegios que eran, a su vez, instituciones religiosas   y de educaci&oacute;n superior. Sus modelos fueron los sistemas de   Oxford y de Par&iacute;s, e incluyeron elementos humanistas, siguiendo el   ejemplo de Lovaina y de las universidades del Estado espa&ntilde;ol (Sanz).</p>     <p>   Humanismo, Renacimiento, Reforma y Contrarreforma fueron   as&iacute; los movimientos clave que caracterizaron la vida en los siglos   XV, XVI y XVII. Estas corrientes occidentales tambi&eacute;n influyeron   notablemente en las instituciones universitarias de los pa&iacute;ses de   Europa del Este.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <font size="3" face="verdana"><b>Universidad Napole&oacute;nica</b></font></p>      <p>   Con la formaci&oacute;n de las sociedades pol&iacute;ticas modernas fue   de vital importancia la capacitaci&oacute;n de los servidores civiles, la   nueva clase social responsable de la administraci&oacute;n territorial.   Fue necesaria una visi&oacute;n espec&iacute;fica en &aacute;reas legales, ajena a las   interpretaciones religiosas que hasta entonces imperaban. Las universidades,   en consonancia con los intereses de los nuevos Estados   nacionales, capacitaron a esta casta, e identificadas con las necesidades   de las comunidades, empezaron a orientar sus servicios para   satisfacerlas. Sin embargo, el inter&eacute;s primordial por responder a   las necesidades inmediatas les hizo perder de vista el car&aacute;cter de su   estudio, de modo que se fueron transformando en institutos t&eacute;cnicos   que buscaban preparar profesionales &uacute;tiles a la sociedad (Sanz).</p>     <p>Con la Revoluci&oacute;n Francesa quedaron abolidas todas las universidades   el 15 de septiembre de 1793, y en su lugar fueron constituidas   escuelas especiales bajo el control directo del Estado, orientadas a   la formaci&oacute;n de profesionales. En 1806 se cre&oacute; la Universidad de   Francia, entendida como la &uacute;nica y gran universidad nacional, de   la cual, en una u otra forma, pasaban a depender todos los centros   universitarios. Era la universidad encargada de la instrucci&oacute;n   y educaci&oacute;n p&uacute;blica, donde recib&iacute;an su formaci&oacute;n desde el profesor   de instrucci&oacute;n primaria hasta el maestro universitario. Napole&oacute;n   concibi&oacute; a la universidad como un ej&eacute;rcito y a los maestros como   oficiales, a los que consider&oacute; como empleados asalariados del   Estado. Era una sola universidad en toda Francia, puesta al servicio del Estado (Borrero).</p>     <p> <font size="3" face="verdana"><b>Universidad Moderna</b></font></p>      <p>   La noci&oacute;n de universidad moderna, que comienza a configurarse   con la apertura de la Universidad de Berl&iacute;n, se&ntilde;ala que la   funci&oacute;n de la universidad no era ense&ntilde;ar el conocimiento aceptado,   sino demostrar c&oacute;mo se hab&iacute;an descubierto tales conocimientos.   Desde esta perspectiva, el estudio de la ciencia se consider&oacute; como   el fundamento a partir del cual era viable el desarrollo de la investigaci&oacute;n   emp&iacute;rica. Wilhelm von Humboldt, en el origen de esta   universidad, persuadi&oacute; al rey de Prusia para que fundara un centro   en Berl&iacute;n basado en las ideas del te&oacute;logo y fil&oacute;sofo Friedrich   Schleiermacher, quien cre&iacute;a fundamentalmente en la importancia   de despertar en los estudiantes la idea de la ciencia y considerar sus leyes como aspectos esenciales de su vida diaria.</p>     <p>   Las ideas y escritos de los fil&oacute;sofos Schelling, en 1803 (Lecciones   sobre el m&eacute;todo del estudio acad&eacute;mico), Fichte en 1807 (Plan razonado   para erigir en Berl&iacute;n un establecimiento de ense&ntilde;anza superior   que est&eacute; en conexi&oacute;n adecuada con una Academia de Ciencias),   Schleiermacher en 1808 (Pensamientos ocasionales sobre universidades   en sentido alem&aacute;n) y, de manera primordial, Guillermo de   Humboldt en 1810 (Sobre la organizaci&oacute;n interna y externa de los   establecimientos cient&iacute;ficos superiores en Berl&iacute;n), sirvieron de base   y horizonte filos&oacute;fico para la fundaci&oacute;n de la Universidad de Berl&iacute;n -inaugurada, definitivamente, el 15 de octubre de 1810, bajo la rector&iacute;a de Schmalz- y, posteriormente, para la radical reorganizaci&oacute;n que sufrir&iacute;an las otras universidades alemanas, as&iacute; como los dem&aacute;s institutos de educaci&oacute;n superior a partir de esa fecha. Docencia e investigaci&oacute;n comenzaron a formar -desde entonces- una indiscernible unidad en la tradici&oacute;n universitaria alemana.</p>     <p><font size="3" face="verdana"><b>Universidad contempor&aacute;nea</b></font></p>      <p>   Desde finales del siglo XIX, el esquema de universidad alemana   influy&oacute; decisivamente en la creaci&oacute;n de la universidad moderna   en Europa, Estados Unidos, Jap&oacute;n y Am&eacute;rica Latina. Fue as&iacute; como   el esp&iacute;ritu cient&iacute;fico moderniz&oacute; las estructuras tradicionales de las   universidades, a la vez que propici&oacute; un clima de libertades en la esfera   de la ense&ntilde;anza, el estudio y la investigaci&oacute;n. Esta renovaci&oacute;n   trajo consigo una expansi&oacute;n extraordinaria de la matr&iacute;cula universitaria.   En 1939 exist&iacute;an cerca de 200 centros, en contraste con los   100 que hab&iacute;a en 1840. En este lapso el n&uacute;mero de maestros se cuadruplic&oacute;   y el n&uacute;mero de estudiantes fue siete veces mayor (Sanz).</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Universidad en Am&eacute;rica Latina</b></font></p>      <p>   Los antecedentes de la Real y Pontificia Universidad de M&eacute;xico   fueron el colegio de San Jos&eacute; de los Naturales y el colegio de la parroquia   de la Santa Cruz de Tlatelolco, primer establecimiento de   estudios superiores en Am&eacute;rica. Dieron vida a la Universidad dos   c&eacute;dulas reales en 1547, fecha oficial de su fundaci&oacute;n, y dos bulas pontificias,   una de Paulo IV en 1555 y otra de Clemente VIII en 1595.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   En Am&eacute;rica Latina la reforma universitaria comenz&oacute; en la   primera d&eacute;cada del siglo XX. Sin duda alguna, el movimiento de   C&oacute;rdoba fue, por sus caracter&iacute;sticas y repercusiones, el que recogi&oacute;   y expres&oacute; con mayor vigor lo que vendr&iacute;a a ser un nuevo ideario   para la instituci&oacute;n universitaria latinoamericana.</p>     <p>   Frente a la ordenada y sistem&aacute;tica discusi&oacute;n filos&oacute;fica que   precedi&oacute; a la reforma de las universidades alemanas, la llamada   Reforma de C&oacute;rdoba fue como una impetuosa vor&aacute;gine de ideas y   acontecimientos de cuyo seno emergieron los m&aacute;s diversos e inesperados   efectos. Pronto las directrices y ecos de aquel movimiento   se extendieron a las otras instituciones universitarias argentinas,   trascendiendo incluso las fronteras de ese pa&iacute;s, hasta convertirse   en una verdadera causa latinoamericana, cuyas manifestaciones   aparecieron sucesivamente en Per&uacute; (1919), Chile (1920), Colombia   (1922), Cuba (1923), Paraguay (1927), M&eacute;xico (1931) y as&iacute; sucesivamente,   casi hasta nuestros propios d&iacute;as, en las m&aacute;s diversas latitudes   del continente.</p>     <p>   La universidad se conceb&iacute;a como una herramienta o instrumento   del cambio social. Su funci&oacute;n primordial, si bien era formar   al estudiante, exig&iacute;a que en semejante formaci&oacute;n se inyectasen los   g&eacute;rmenes y motivaciones que hicieran de ese estudiante un agente   que actuara en forma din&aacute;mica sobre su sociedad para transformarla.   En 1923, con plena convicci&oacute;n de estar interpretando el m&aacute;s   acendrado ideal de la reforma, as&iacute; se expresaba Carlos Cossio en su   obra titulada La reforma universitaria: "La reforma universitaria es   parte de la reforma social a cumplirse en la universidad" (286).</p>     <p><font size="3" face="verdana"><b>Conclusiones</b></font></p>      <p>   El principio fundamental caracter&iacute;stico de toda universidad ha sido   la de ser un studium generale, tal y como se afirmaba en la universidad   medieval; o sea, un lugar de reflexi&oacute;n metodol&oacute;gica donde se examina   a fondo la realidad con los m&eacute;todos propios de cada disciplina acad&eacute;mica,   contribuyendo as&iacute; al enriquecimiento del saber humano. Si bien   en la &eacute;poca medieval el studium generale se circunscrib&iacute;a a un campo   espec&iacute;fico del saber humano (medicina, derecho, teolog&iacute;a y filosof&iacute;a),   con el crecimiento de la universidad &eacute;sta ha llegado a transformarse en   un studium universitatis, es decir, en un lugar de estudio de todas las   disciplinas correspondientes al arco cultural en que se mueve la sociedad.   Ciertamente el saber humano se ha polarizado, y una expresi&oacute;n   de ello son las especializaciones, que han surgido ante la imposibilidad   de abarcar todo el conocimiento integrado por varias disciplinas. Sin   embargo, no conviene perder de vista el punto focal que da la ciencia,   lugar de convergencia de la cultura general en que vive todo ser humano,   y que tiene raz&oacute;n de ser por &eacute;l mismo. &Eacute;sta se vivencia mediante los   tres principios sustantivos tradicionales de la universidad: la investigaci&oacute;n,   la docencia y el servicio a la comunidad.</p>     <p>   La universidad es una comunidad acad&eacute;mica que de modo riguroso   y cr&iacute;tico contribuye a la tutela y desarrollo de la dignidad humana   y de la herencia cultural, mediante la investigaci&oacute;n, la ense&ntilde;anza y los   diversos servicios ofrecidos a las comunidades locales, nacionales e   internacionales. Es el espacio donde las diversas facultades o studia generalia   entran en di&aacute;logo para llegar a una comprensi&oacute;n m&aacute;s profunda   de lo que es el ser humano, de su sentido en este mundo, de su funci&oacute;n   en la sociedad y de su fin trascendente. La condici&oacute;n para llevar a cabo   estas funciones acad&eacute;micas es la libertad. En la historia, la universidad   ha ca&iacute;do en crisis profunda o ha llegado a desaparecer cuando su   libertad fue abolida por la injerencia del Estado en su ordenamiento   (Rashdall). El saber y la b&uacute;squeda de la verdad requieren un campo de   libertad, ya que de otra manera no se da la ciencia. Es prioritario garantizar   la autonom&iacute;a institucional de la cual debe gozar la universidad   para existir, y la cual le resulta necesaria para cumplir sus funciones   eficazmente.</p>     <p>   En el &aacute;mbito regional, si bien Am&eacute;rica Latina ha tenido una   rica tradici&oacute;n universitaria, desde las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XX   los fen&oacute;menos de la globalizaci&oacute;n y de la apertura econ&oacute;mica han   ubicado a innumerables instituciones de educaci&oacute;n superior en un   papel prioritariamente utilitario, en el que la ense&ntilde;anza, la investigaci&oacute;n,   el servicio a la comunidad y la unidad del saber humano   est&aacute;n ausentes de sus prop&oacute;sitos, tras una l&oacute;gica funcional que s&oacute;lo   admite intereses de orden econ&oacute;mico. Esas instituciones carecen   de toda tradici&oacute;n universitaria, sin embargo, funcionan con el benepl&aacute;cito   de los gobiernos, quienes, al no tener bases regulatorias definidas, les conceden la validez oficial de estudios sin el rigor que   exige el esp&iacute;ritu de una verdadera universidad.</p>     <p>   De este modo, se desde&ntilde;a el car&aacute;cter social, el valor del conocimiento   y el inter&eacute;s p&uacute;blico que deben orientar los prop&oacute;sitos   formativos. Al ser despojado de su cualidad de derecho individual y   social, un amplio segmento de la oferta educativa se encuadra en un   orden pragm&aacute;tico que entra en confrontaci&oacute;n con los supuestos democr&aacute;ticos   de la funci&oacute;n educativa. Revertir esta condici&oacute;n precisa   considerar los nuevos desaf&iacute;os que plantea para nuestra realidad, en   particular para la latinoamericana, el ingreso a la sociedad del conocimiento,   la informaci&oacute;n y el aprendizaje permanente, en un contexto   de apertura a grandes espacios econ&oacute;micos. Para Am&eacute;rica Latina, la   clave de esta nueva universidad deber&aacute; fundamentarse en los tres paradigmas   del siglo XXI: el desarrollo humano sustentable, la cultura   de paz y la educaci&oacute;n permanente, adem&aacute;s de dar prioridad al compromiso   constante de la universidad con los procesos de innovaci&oacute;n.</p>     <p>   Urge, as&iacute;, conducir acciones que rescaten el sentido eminentemente   social que ha legitimado la existencia de la universidad, en la   cual se sustenta, finalmente, el desarrollo real de los pueblos. Basta   reconocerla como la &uacute;nica instituci&oacute;n de origen europeo cuyas estructuras   fundamentales y la naturaleza de su funci&oacute;n social han   prevalecido y se han reforzado a lo largo de la historia. De los tres   poderes medievales, el regnum, el sacerdotium y el studium, el poder   pol&iacute;tico se transform&oacute;, el sacerdotium de la Iglesia perdi&oacute; el monopolio   del poder espiritual, en tanto que el studium, la universidad, se   ha impuesto como la instituci&oacute;n suprema de educaci&oacute;n superior.   En nuestras sociedades contempor&aacute;neas cada vez m&aacute;s interdependientes,   la universidad, como instituci&oacute;n emblem&aacute;tica de   la educaci&oacute;n superior, de la investigaci&oacute;n human&iacute;stica, social y   cient&iacute;fica, de la creaci&oacute;n art&iacute;stica y de la difusi&oacute;n de la cultura, se   coloca en el epicentro de la atenci&oacute;n social, del debate intelectual,   de las preocupaciones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas de nuestros d&iacute;as. Hoy   procede hablar sobre cu&aacute;l es el futuro de la universidad y c&oacute;mo se   constituir&aacute;n las universidades del futuro.</p>     <p>   Un concepto clave para entender el contexto de la instituci&oacute;n   universitaria es el de sociedad del conocimiento. Los conocimientos   ya no s&oacute;lo se producen y se transmiten como en otras &eacute;pocas, hoy   se registran, se aplican, se patentan, se comercializan, se asocian,   se exportan, se importan. Fabricar y prestar un servicio pasa inevitablemente   por la capacidad que se tenga de hacerlo con el valor   que se deriva de la tecnolog&iacute;a. As&iacute;, el valor agregado que ofrecen la   investigaci&oacute;n y la innovaci&oacute;n determinan la competitividad de una   econom&iacute;a. La econom&iacute;a del conocimiento se construye, entonces,   sobre la capacidad que se tenga de incorporar el conocimiento a todos   los sectores del aparato productivo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El papel de las universidades en este proceso es fundamental   y tiende a ser m&aacute;s protag&oacute;nico, en la medida en que se destaque la   relevancia de la internacionalizaci&oacute;n, din&aacute;mica que en las primeras   universidades fue esencial para su difusi&oacute;n y para el surgimiento de una cultura acad&eacute;mica.</p>     <p>   Hoy, la internacionalizaci&oacute;n en las universidades es estrat&eacute;gica   para elevar la calidad de la educaci&oacute;n, y para formar profesionales   que puedan actuar con eficacia en el escenario internacional.   En este proceso, las universidades, con una perspectiva de futuro,   deben desempe&ntilde;ar un papel esencial en la creaci&oacute;n de cuadros   profesionales capaces de adaptarse a la nueva realidad global. No   obstante, la tarea no s&oacute;lo debe centrarse en preparar universitarios   de acuerdo a un perfil exigido por el mercado internacional, sino en   formar ciudadanos con una educaci&oacute;n humanista y con vocaci&oacute;n   social, que sean capaces de conocer, respetar y apreciar las diferencias   culturales de los pa&iacute;ses para actuar en un mundo que demanda   desarrollo, paz y equidad.</p>     <p>   En nuestro viaje hist&oacute;rico-filos&oacute;fico hemos encontrado evidencias   de que la universidad con sus vicisitudes ha cambiado y se ha   desarrollado a trav&eacute;s de los siglos, pero en esencia sigue enfrentando   hasta hoy los mismos problemas en torno a la investigaci&oacute;n, la   docencia, el servicio a la comunidad, la autonom&iacute;a, la internacionalizaci&oacute;n,   la calidad, el financiamiento y aquello que actualmente   se nos presenta como novedoso, pero que en realidad no lo es: la   clasificaci&oacute;n de las universidades como instituciones de investigaci&oacute;n   y la relevancia de lo internacional ya eran caracterizaciones y aspectos   muy consolidados en las primeras universidades.</p>     <p>   Quienes toman decisiones no siempre toman en cuenta las tradiciones   y el legado de las universidades, aunque estas tradiciones sean   valiosas. Rescatar esos valores debe ser fundamental para entender que   las universidades, desde su origen, son los mejores ejemplos de apertura   y desarrollo que se han sustentado en su naturaleza eminentemente   global y ben&eacute;fica. Lo que hoy precisa la universidad es estructurar   planes de desarrollo que establezcan prioridades institucionales y   acad&eacute;micas, de modo que redimensionen el valor de sus atributos primigenios   vinculados a las nuevas representaciones sociales y a lo que   exigen nuestras sociedades cada vez m&aacute;s interdependientes.</p>     <p>   No hay nada m&aacute;s original que regresar a los or&iacute;genes, y en este   sentido el origen de las universitas nos brinda grandes luces sobre el   papel que juega la universidad contempor&aacute;nea. Consiste en estrechar   los v&iacute;nculos entre los universitarios de los diversos pa&iacute;ses, para contrarrestar   los particularismos y fomentar la ayuda entre los pueblos,   mediante una acci&oacute;n met&oacute;dica al servicio de la ciencia y la cultura.   Pero una tarea as&iacute;, que conecta a los seres humanos y a los pueblos,   ser&iacute;a ineficaz si no culminara en una progresiva coordinaci&oacute;n de los conocimientos entre s&iacute;. Se hace necesario buscar la comuni&oacute;n de   los esp&iacute;ritus a trav&eacute;s de la uni&oacute;n de la verdad, junto con ese cuerpo   de doctrina y ese ambiente de cultura caracter&iacute;stico que busca la   unificaci&oacute;n del saber. Porque la universidad no es una simple yuxtaposici&oacute;n   de institutos, escuelas o facultades extra&ntilde;as las unas de las   otras, sino s&iacute;ntesis de todos los objetos del saber.</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1"> <font face="verdana" size="1">      <p><sup><a href="#s1" name="#1">1</a></sup> "In decurionibus vel aliis universitatibus nihil refert, utrum omnes idem maneant an    pars maneat vel omnes inmutati sint. Sed si universitas ad unam redit, magis admittitur    posse eum convenire et conveniri, cum ius omnium in unum recciderit et stet  nomen universitatis" D. 3, 4, 7, 2. (Ulpianus X ad edictum).</p>      <p>    <sup><a href="#s2" name="#2">2</a></sup> "Universitatis sunt, non singulorum veluti quae in civitatibus sunt theatra et estadia    et similia et si qua alia sunt communia civitatum. Ideoque nec servus communis civitatis    singulorum pro parte intellegitur, sed universitatis et ideo tam contra civem    quam pro eo posse servum civitatis torqueri divi fratres rescripserunt. Ideo et libertus    civitatis non habet necesse veniam edictipetere, si vocet in ius aliquem ex civibus." D.    1, 8, 6, 1. (Marcianus III institutionum).</p>      <p>    <sup><a href="#s3" name="#3">3</a></sup> "Si quid universitati debetur, singulis non debetur: nec quod debet universitati singuli    debet.&raquo; D. 3, 4, 7, 1. (Ulpianus X ad edictum).</p>      <p><sup><a href="#s4" name="#4">4</a></sup> Para una mayor informaci&oacute;n sobre este tema se recomienda la siguiente lectura:  Rashdall, H. Universities of Europa in the Middle Ages, Oxford, 1895.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s5" name="#5">5</a></sup> La clasificaci&oacute;n de las ciencias en Occidente se organiz&oacute; en la forma griega, se a&ntilde;ade    al quadrivium la f&iacute;sica, la psicolog&iacute;a, la metaf&iacute;sica, la pol&iacute;tica y la econom&iacute;a, cuya  existencia acababa de ser revelada por los escritos de Arist&oacute;teles.</p>  </font>  <hr size="1">     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>   Borrero, A. "La autonom&iacute;a universitaria. Breve ensayo hist&oacute;rico y te&oacute;rico".   Autonom&iacute;a universitaria, ed. Zaruk. Bogot&aacute;: Asociaci&oacute;n Colombiana   de Universidades (ASCUN), 2004. 63-75.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-0062200800020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Castiello, J. La universidad. Estudio hist&oacute;rico-filos&oacute;fico. M&eacute;xico: Jus, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-0062200800020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Castrej&oacute;n, J. El concepto de universidad. M&eacute;xico: Oc&eacute;ano, 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-0062200800020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Cossio, C. La reforma universitaria y cultura nacional. Buenos Aires: L. J.   Rosso, 1923.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-0062200800020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Del Mazo, G. Reforma universitaria. La Plata: Raigal, 1955.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-0062200800020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Fuente, Juan Ram&oacute;n de la. "Discurso del Rector en la ceremonia de investidura   de siete personalidades como Doctores Honoris Causa en la   Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico", Gaceta UNAM 3/976,   (abril 16 de 2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-0062200800020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Fichte, Schleiermacher, Humboldt, Nietzsche. La idea de la Universidad   en Alemania. Buenos Aires: Sudamericana, 1959.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-0062200800020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Gacel-&Aacute;vila, J. Internacionalizaci&oacute;n de la Educaci&oacute;n Superior en Am&eacute;rica   Latina y el Caribe: Reflexiones y lineamiento: OUI, AMPEI, Ford   Foundation. Guadalajara: Gr&aacute;fica Nueva Occidente, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-0062200800020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Gilson, E. La filosof&iacute;a en la Edad Media. Madrid: Gredos, 1972.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-0062200800020000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Rashdall, H. The Universities of Europe in the Middle Ages. Oxford:   University Press, 1895.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-0062200800020000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Sanz, N. Legado y patrimonio de las universidades europeas. M&eacute;xico:   Centro Nacional de Evaluaci&oacute;n para la Educaci&oacute;n Superior, A.C. y   Ediciones del Consejo de Europa, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-0062200800020000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Zaruk, X. (ed.) Autonom&iacute;a universitaria: Un marco conceptual, hist&oacute;rico,   jur&iacute;dico de la autonom&iacute;a universitaria y su ejercicio en Colombia.   Bogot&aacute;: Asociaci&oacute;n Colombiana de Universidades (ASCUN), 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-0062200800020000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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