<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0120-0062</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Ideas y Valores]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Ideas y Valores]]></abbrev-journal-title>
<issn>0120-0062</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Filosofía.]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0120-00622008000200014</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Rocha, A., ed. La responsabilidad del pensar]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Serna]]></surname>
<given-names><![CDATA[Pedro Pablo]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad del Norte  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Barranquilla ]]></addr-line>
<country>Colombia</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<volume>57</volume>
<numero>137</numero>
<fpage>169</fpage>
<lpage>172</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0120-00622008000200014&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0120-00622008000200014&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0120-00622008000200014&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>Rocha, A., ed. La responsabilidad     del pensar. Barranquilla: Ediciones Uninorte, 2008. 630 pp.</b></font></p>      <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>   Cuando colegas, disc&iacute;pulos y admiradores   de la obra de un maestro deciden   escribir un texto en homenaje suyo   (Festschrift), no deja uno de encontrar   all&iacute; la huella que, con el trabajo de a&ntilde;os,   este maestro ha ido dejando en ellos.   Despu&eacute;s de leer las 630 p&aacute;ginas del libro   La responsabilidad del pensar, y ver la variedad   de los autores, tanto en su origen   como en su enfoque filos&oacute;fico, un lector   desprevenido confirma el nivel de incidencia   que tiene un buen maestro en la   vida de otros; el maestro que sabe decir   lo que tiene que decir en el momento adecuado.</p>     <p>   El t&iacute;tulo no pod&iacute;a ser mejor: La responsabilidad   del pensar, derivado del   nombre que Hoyos dio a su tesis doctoral   ("La intencionalidad como responsabilidad");   un pensar se convierte en   un imperativo en un pa&iacute;s tan convulsionado y adolorido como el nuestro.</p>     <p>   Esta obra la constituyen tres partes   principales: fenomenolog&iacute;a, &eacute;tica y pol&iacute;tica,   en cada una de las cuales intervienen   autores de car&aacute;cter nacional e   internacional, quienes reconocen en el   profesor Hoyos al colega y al maestro que   ha sido en todos estos a&ntilde;os de investigaci&oacute;n   y de docencia. Son veinte cap&iacute;tulos   de diversos temas que hacen un abordaje   de tres temas importantes en la producci&oacute;n   acad&eacute;mica de Guillermo Hoyos   a lo largo de estos a&ntilde;os en los que hemos   contado con su grata presencia: fenomenolog&iacute;a, &eacute;tica, pol&iacute;tica. No es mi intenci&oacute;n escribir una s&iacute;ntesis de los textos, pero quisiera hacer un acercamiento a algunos conceptos importantes resaltados por algunos de los autores.</p>     <p>   En la primera parte del libro, el mundo   de la vida es un tema recurrente, abordado   desde distintas miradas, pero insistiendo   siempre en el car&aacute;cter husserliano del   tema. Critican la concepci&oacute;n cientificista   que pretende abordar el mundo objetivamente,   sin tener en cuenta los   horizontes o contextos de remisi&oacute;n de   sentido en que abordamos el mundo. &Eacute;sta es la tarea de la fenomenolog&iacute;a: rescatar del olvido al mundo de la vida. "El objetivismo en la ciencia es un olvido del mundo de la vida con sus distintos horizontes de juicio" (Held 4). Horizontes que abren las miradas y posibilitan un encuentro con "lo otro" y con "otro". Este encuentro, posibilitado por el mundo de la vida, se ubica en la orilla contraria al un&iacute;voco mundo del poder tecno-cient&iacute;fico, donde la &uacute;nica voz que se oye es la del totalitario poder econ&oacute;mico y pol&iacute;tico. A este lenguaje se opone el di&aacute;logo propio del "hombre que se abre a la escucha del lenguaje, del ser y de los otros hombres, y se hace di&aacute;logo" (Rocha 197). De acuerdo con Robert Walton, haciendo referencia a Guillermo Hoyos, "el mundo de la vida es el horizonte universal de sentido y la inagotable fuente de validaci&oacute;n de las posiciones sostenidas en la comunicaci&oacute;n" (29). El yo reflexivo puede ampliar el horizonte de la reflexi&oacute;n y evitar la raz&oacute;n monol&oacute;gica como &uacute;nica productora de sentido; por ello se rescata el car&aacute;cter pluralista del mundo de la vida que se establece como un "espacio de tolerancia en el que se constituyen las relaciones onto-pol&iacute;ticas del ser-con-los otros: los v&iacute;nculos de coexistencia" (Jaramillo 114); los mismos que posibilitan el acercamiento entre la visi&oacute;n particularista propiciada por el mundo de la vida, que nos permite una visi&oacute;n contextuada, y la visi&oacute;n universalista, que nos sirve de fundamento para criticar y evaluar argumentos. Esta mirada nos libera de la parcialidad de nuestros horizontes de partida, posiblemente muy subjetivos, y ampl&iacute;a as&iacute; nuestros juicios y cualifica las decisiones que afectan la convivencia. El mundo de la vida es as&iacute; un espacio de apertura, en el que "se fundan las posibilidades de la coexistencia pac&iacute;fica y de la autonom&iacute;a" (Id. 115).</p>     <p>   En torno al tema de la fenomenolog&iacute;a,   Husserl le da un sentido pr&aacute;ctico al   concebirla como un ethos en el que convergen   las tareas cr&iacute;ticas pedag&oacute;gicas del   fil&oacute;sofo y de los miembros de la comunidad,   y tiene como tarea fundamental   la de reconstruir el sentido verdadero   del ser humano. En esa b&uacute;squeda de   sentido el fil&oacute;sofo toma conciencia del   mundo particularista, pragm&aacute;tico y utilitario   en el que vive, y, mediante la fenomenolog&iacute;a,   ofrece espacios de intermediaci&oacute;n   entre los mundos particulares   y otras culturas, visiones y experiencias,   sin caer por ello en un universalismo   abstracto que tambi&eacute;n puede llegar   a ser homogenizador. No es otro el sentido   del m&eacute;todo fenomenol&oacute;gico y de su   puesta en obra: la apertura de horizontes   siempre abiertos en virtud de la aprehensi&oacute;n   activa de las relaciones descriptivas,   comprensivas y comunicativas que   hacen posible las m&uacute;ltiples formas de encuentro   con el otro. En suma, despliegue   fenomenol&oacute;gico de las diferentes "pol&iacute;ticas"   del reconocimiento, y de ah&iacute; el ejercicio   fenomenol&oacute;gico como un desocultamiento   que encuentra su fundamento   en el Dasein y, "con su an&aacute;lisis en ser y   tiempo, comienza tambi&eacute;n la dilucidaci&oacute;n   de la historicidad de este mundo"   (Jaramillo 165). Es clara pues la &iacute;ntima   relaci&oacute;n sujeto-mundo. Esta interdependencia   es la que posibilita la creaci&oacute;n de   sentido. Por ello s&oacute;lo hay sujeto porque   hay mundo, y hay mundo porque hay   sujeto. Esto es, en s&iacute;ntesis, el anclaje mismo de la correlaci&oacute;n.</p>     <p>   Esta interrelaci&oacute;n entre mundo y sujeto   posibilita el encuentro entre un sujeto   y otro sujeto. Ya Husserl afirmaba que, "nacido dentro de la comunidad, debo el contenido de mi respectiva representaci&oacute;n del mundo a la constante comunicaci&oacute;n con otros sujetos" (citado por Walton 36), ubicando as&iacute; la importancia de un otro en la transmisi&oacute;n de sentido y validez. Esto es concebido como intersubjetividad constituyente. La experiencia particular del mundo incluye a los otros, no s&oacute;lo como objetos del mundo, sino tambi&eacute;n como co-constituyentes del mundo, y por lo tanto de mi mundo, porque soy lo que soy como herencia.</p>     <p>   El texto La responsabilidad del pensar   resalta el modo como el sujeto se hace solidario,   cr&iacute;tico y responsable con otros de   la sociedad, la cultura y el mundo, pero   para ello se hace necesario el uso de la   palabra que es la que posibilita la apertura   de horizontes y en ella se devela la experiencia   misma del otro y su mundo (cf. &Aacute;ngela Calvo 361). Este reconocimiento del otro es lo que M&oacute;nica Jaramillo llama desencapsulamiento, en el cual el sujeto encontrar&aacute; siempre un entorno m&aacute;s amplio, y entra as&iacute; a una din&aacute;mica comunitaria con las caracter&iacute;sticas y dificultades propias de ese mundo com&uacute;n: conflictos, oposici&oacute;n, desacuerdos (cf. Jaramillo 128). En este entorno m&aacute;s amplio el ser humano se encuentra con otro, un extra&ntilde;o que lo modifica, y con el cual se hace necesario establecer un ejercicio de plena habla y escucha; lo que hace que lo distinto se me haga presente. Este ejercicio dial&oacute;gico es el que Alfredo Rocha plantea a lo largo de su art&iacute;culo: "El sentido de la comprensi&oacute;n", en el que insiste en la necesidad de realizar un ejercicio comprensivo desde unas relaciones discursivas horizontales, "que superen la verticalidad caracter&iacute;stica de las relaciones en las que prima la unilateralidad" (178). Aqu&iacute; el lenguaje cumple un papel fundamental, porque es el que muestra al hombre mismo que es "divisado", "apropiado" y "presentido" por su interlocutor en el di&aacute;logo. &Eacute;sta es la orientaci&oacute;n que Rocha le da al concepto de Ereignis, por el que los interlocutores se dejan pertenecer mutuamente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   La segunda parte del libro (&eacute;tica) la comienza   el profesor Muguerza haciendo   un acercamiento al concepto de responsabilidad,   y relacion&aacute;ndolo a una &eacute;tica de   las convicciones. Retoma a Kant parafrase&aacute;ndolo   al decir "las responsabilidades   sin convicciones ser&iacute;an ciegas y las convicciones   sin responsabilidad ser&iacute;an vac&iacute;as"   (277). Esta visi&oacute;n implica riesgos en   t&eacute;rminos &eacute;ticos, que obligar&iacute;an a que el   individuo responda por las consecuencias   al hacerse responsable de sus convicciones.   En este sentido es comprensible   que insista en que "los seres humanos,   por el contrario, har&aacute;n bien perseverando   en el intento de transformar el mundo   cuando el mundo es un mundo, como   el nuestro, tenido por injusto, y ser&iacute;a de   desear que los fracasos no les quiten las   ganas de seguirlo intentando una vez y   otra" (ibid). Este sentido de responsabilidad   le compete tambi&eacute;n a los ciudadanos   comunes cuando toman conciencia de   sus responsabilidades en cuanto ciudadanos,   y participan e influyen en las decisiones   que les pueden afectar. Cuando el   ciudadano toma conciencia de sus derechos   y los exige, se est&aacute; haciendo part&iacute;cipe   del ejercicio deliberativo que ampl&iacute;a el espectro de lo p&uacute;blico.</p>     <p>   La Universidad, por su ejercicio acad&eacute;mico   e investigativo, tambi&eacute;n tiene una   responsabilidad especial frente a lo p&uacute;blico.   Por ello Adela Cortina, retomando   el ejemplo de Guillermo Hoyos, insiste   en que la tarea que hist&oacute;ricamente se le   ha dado a la Universidad es la de buscar "formar profesionales excelentes desde una comunidad de ense&ntilde;anza e investigaci&oacute;n que busca la verdad y la justicia de forma desprevenida a trav&eacute;s del di&aacute;logo y la deliberaci&oacute;n p&uacute;blica, forjando ciudadanos comprometidos con el orden local y con el cosmopolita [&hellip;]" (310).</p>     <p>   La responsabilidad con el mundo se   refleja de manera clara en el cuidado del   medio ambiente. Ana Patricia Noguera   retoma los aportes que el profesor Hoyos   le hizo a la reflexi&oacute;n sobre el medio ambiente,   y que le mostraron a ella c&oacute;mo el   pleno ejercicio comunicativo y educativo   permite y fortalece el cuidado del medio   ambiente, al generar la necesaria crisis de   sentido en el ser humano de hoy, condicionado   totalmente por una visi&oacute;n positivizada   del mundo, que desde la racionalidad   instrumental ve a la naturaleza   s&oacute;lo como un medio. De ah&iacute; que ella proponga   una manera distinta de percibir la   naturaleza, mostrando el modo como el   ejercicio contemplativo, propiciado por   el arte, reconcilia al ser humano con el mundo.</p>     <p>   En la tercera parte del libro se aborda   el problema de la responsabilidad con   el otro como individuo que, en circunstancias   concretas, se encuentra excluido,   enmudecido y victimizado, pero sobre el   cual se proponen tambi&eacute;n alternativas   desde el reconocimiento y la justicia, el   testimonio, la acci&oacute;n y la imaginaci&oacute;n, la identidad.</p>     <p>   Francisco Cort&eacute;s hace un acercamiento   al problema de la justificaci&oacute;n &eacute;tica   y pol&iacute;tica que ofrece el liberalismo con   su indiferencia para con el problema de   los empobrecidos del planeta, y por ello   aborda dos alternativas ofrecidas, desde   los principios de justicia planteados por Rawls, para resolver el problema de la injusticia   y la inequidad al interior de los   naciones. En una visi&oacute;n distinta, y tal vez   complementaria, ubica a Pogge y a otros   autores, quienes, desde una visi&oacute;n m&aacute;s   cosmopolita, ofrecen una alternativa al   problema de la exclusi&oacute;n y la pobreza a   nivel internacional, con la justificaci&oacute;n &eacute;tica que le da sustento a la responsabilidad de los individuos y de los Estados como causantes de pobreza en otras latitudes. Esto lo hace mostrando c&oacute;mo muchas personas pudientes a lo largo del planeta se escudan en el argumento de que no los pueden obligar a un deber positivo de ayudar; y, retomando a Pogge, muestra el modo como algunos pa&iacute;ses ricos, por un lado, y sectores pudientes e influyentes de los pa&iacute;ses pobres, por el otro, han venido incumpliendo el deber negativo de no da&ntilde;ar a otros.</p>     <p>   Propone entonces, como reparaci&oacute;n,   un dividendo global sobre los recursos.   Lo que se pide es la compensaci&oacute;n de la   parte de los recursos del planeta destinado   para aquellas otras personas habitantes   de muchos pa&iacute;ses que son despojadas   continuamente del disfrute de los   mismos. Estos bienes deben destinarse a   los m&aacute;s pobres del mundo. As&iacute;, partiendo   de la base de que "la justicia debe tener   como punto de partida la satisfacci&oacute;n de   las necesidades b&aacute;sicas de todos los hombres,   que aseguren la independencia y la   socializaci&oacute;n" (178), Cort&eacute;s se propone un   modelo interno y externo de justicia que   propicie la satisfacci&oacute;n real de las necesidades   de los excluidos mediante mecanismos   redistributivos de la riqueza, posibilitando   as&iacute; su inclusi&oacute;n, y con ello el   establecimiento de unas nuevas relaciones de poder a nivel interno y externo.</p>     <p>   Por otro lado, abordando el problema   central de la legitimidad, Oscar Mej&iacute;a   realiza un excelente acercamiento a la   filosof&iacute;a habermasiana desde un enfoque   eminentemente pol&iacute;tico, mostrando   las diversas etapas de desarrollo del pensamiento   del autor alem&aacute;n, hasta llegar al   planteamiento de una teor&iacute;a discursiva   del derecho y la democracia como sustento   de toda legitimidad jur&iacute;dica y pol&iacute;tica.   Explicita en su texto el modo como ve en   Habermas el mundo de la vida nutriendo "la reconstrucci&oacute;n normativa de la legitimidad" (505), propiciada por una comunicaci&oacute;n no coaccionada, que va construyendo ciertos niveles de consenso que posibilitan "la formaci&oacute;n racional de la voluntad colectiva. Es la &eacute;tica del discurso, expresada en tales principios, la que determina las condiciones de posibilidad de una racionalidad comunicativa democr&aacute;tica" (id. 509).</p>     <p>   Quiero finalmente resaltar el planteamiento   que hace Germ&aacute;n Vargas sobre el   escenario de "lo p&uacute;blico", primero como   un constructo a partir de la acci&oacute;n y la   imaginaci&oacute;n, y, segundo, aprovechando   las alternativas que ofrecen las nuevas   tecnolog&iacute;as que nos permitir&iacute;an percibirnos   como ciudadanos dialogantes de un mundo com&uacute;n.</p>     <p>   Esta obra cobra importancia no s&oacute;lo   por los ensayos en s&iacute; mismos, sino por el   merecido reconocimiento que se le hace   a la trayectoria filos&oacute;fica y pedag&oacute;gica de   Guillermo Hoyos. La diversidad de t&oacute;picos   que aborda, con la profundidad acad&eacute;mica   de amigos y disc&iacute;pulos, hace de &eacute;ste un buen libro de consulta para quienes caminamos en este horizonte filos&oacute;fico, en el que el profesor Hoyos ha dejado una importante huella.</p>     <p>   <b>Pedro Pablo Serna</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Universidad del Norte, Barranquilla,   Colombia   <a href="mailto:pserna@uninorte.edu.co">pserna@uninorte.edu.co</a> </p> </font>      ]]></body>
</article>
