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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>Bernal, B. El arte como acontecimiento.   Heidegger-Kandinsky. Medell&iacute;n:   Universidad de Antioquia, Facultad   de Artes, 2008. 145 pp.</b></font></p><hr size="1">     <p>   Este libro, recientemente publicado   por la Universidad de Antioquia, recoge   los resultados de una investigaci&oacute;n   llevada a cabo por Beatriz Elena Bernal,   fil&oacute;sofa y actualmente profesora de la   Facultad de Artes de dicha Universidad.   El tema central: la filosof&iacute;a del arte de   Heidegger, y sus encuentros y desencuentros   con la pintura y la teor&iacute;a del arte de   Wassily Kandinsky. El objetivo del libro,   como lo expone la profesora Bernal desde   su introducci&oacute;n, es hacer un recorrido   por los escritos principales de Heidegger   en torno al arte &#8211;particularmente sus   textos, conferencias y cursos de los &uacute;ltimos   a&ntilde;os de la d&eacute;cada de 1930&#8211;, y mostrar   c&oacute;mo coinciden, se ven reflejados y   parecen hablar a trav&eacute;s de las obras y escritos   sobre arte de uno de los primeros   artistas abstractos del s. XX. De la misma   manera, en ocasiones ser&aacute;n los textos   de Heidegger los que, a la luz de las   interpretaciones de Bernal, confirmar&aacute;n   las expectativas de Kandinsky con respecto   a las posibilidades del arte en una   nueva &eacute;poca.</p>     <p>   Puede verse que la investigaci&oacute;n de la   profesora Bernal ha sido extensa, tanto   con relaci&oacute;n a Heidegger, como en lo que   se refiere a Kandinsky. Con respecto al   primero, la autora se ha tomado el trabajo   de llevar a cabo un recorrido por todos   aquellos textos en los que, a partir de   un &quot;giro&quot; hacia la obra de arte, se llevar&aacute;   a cabo el replanteamiento de su posterior   b&uacute;squeda filos&oacute;fica &#8211;textos que van desde   las diversas conferencias que se publicar&iacute;an   posteriormente bajo el t&iacute;tulo de   &quot;El origen de la obra de arte&quot;, pasando por   los cursos sobre la poes&iacute;a de H&ouml;lderlin,   hasta las muy posteriormente publicadas   Contribuciones a la filosof&iacute;a, y los ensayos   alrededor de la pregunta por la t&eacute;cnica.   En su lectura detallada de algunos   de estos textos, la intenci&oacute;n de la autora   apunta a indicar una &quot;filosof&iacute;a del arte&quot;   en Heidegger que no podr&iacute;a desligarse   de su &quot;pregunta por el ser&quot;, y, por consiguiente,   dice ella, de la pregunta por la   verdad como &quot;acontecimiento-apropiador&quot;   [Ereignis]. La lectura de la profesora   Bernal es, en este sentido, una lectura   orientada al desarrollo de una propuesta   concreta en Heidegger que, a partir de un giro hacia el arte como acontecimiento   desencubridor y fundador, lo   convierte en el tr&aacute;nsito y la apertura hacia   &quot;otro comienzo&quot;, hacia una &quot;nueva   historia&quot; de fundaci&oacute;n del &quot;Dasein hist&oacute;rico&quot;   (ver especialmente el cap&iacute;tulo   5 del libro). &Eacute;stas son las palabras de   la autora. La pregunta que queda es si,   quiz&aacute;s, en ellas no se refleja un af&aacute;n por   encontrar en Heidegger una propuesta   similar al &quot;mesianismo&quot; caracter&iacute;stico   de los textos sobre arte de Kandinsky. Y,   m&aacute;s all&aacute; de ello, si la misma aproximaci&oacute;n   al Heidegger de la &eacute;poca no requerir&iacute;a   de una mirada cr&iacute;tica que, aprovechando   la distancia, pudiera nutrirse   incluso de textos posteriores heideggerianos,   donde quiz&aacute;s este &quot;mesianismo&quot;   deba releerse a la luz de nuevos y distintos   matices.</p>     <p>   En lo que respecta a los textos de   Kandinsky &#8211;m&aacute;s que a su obra pict&oacute;rica,   que aparece s&oacute;lo a trav&eacute;s de unos contados   ejemplos a lo largo del libro, con   unas buenas im&aacute;genes a color como soporte&#8211;,   la profesora Bernal atiende cuidadosamente   a los distintos recorridos   te&oacute;ricos del artista. No es f&aacute;cil seguirle la   pista a un escritor que, como Kandinsky,   escrib&iacute;a &quot;sobre la marcha&quot;, y proyectaba   en sus textos cada vez nuevos intentos   de respuesta a sus interrogantes. En   este sentido, la autora logra proponer   una imagen m&aacute;s o menos unificada de la   posici&oacute;n de Kandinsky frente al arte, haciendo   &eacute;nfasis sobre todo en su proyecto   de &quot;unificaci&oacute;n de las artes&quot; y en el anuncio   de una &quot;nueva &eacute;poca espiritual&quot; para   la que el arte &quot;concreto&quot; ser&iacute;a la preparaci&oacute;n.   Sucede, no obstante, que en su intento   por conectar a Kandinsky con otras   figuras de su tiempo &#8211;Worringer, por   ejemplo, o Sch&ouml;nberg&#8211;, queda finalmente   desdibujada la comparaci&oacute;n prometida   con Heidegger (esto pasa sobre todo en   el cap&iacute;tulo 6); o, por el contrario &#8211;como   sucede en los primeros cap&iacute;tulos&#8211;, la voz   de Kandinsky queda opacada por la preeminencia   de la filosof&iacute;a heideggeriana y   su posible discurso &#8211;un tanto forzado&#8211;   acerca de la pintura de Kandinsky.</p>     <p>   El libro de Beatriz Elena Bernal termina   cayendo as&iacute; en los riesgos que suelen   correrse al llevar a cabo una comparaci&oacute;n:   en lugar de iluminar a cada uno de   los autores con la voz y la riqueza de las   intuiciones del otro, se opacan las particularidades   de cada uno a la luz de comparaciones   que quiz&aacute;s terminen resultando   forzadas. Esto se hace evidente en   la primera parte del libro, donde el t&iacute;tulo   mismo ya sugiere una irrupci&oacute;n de la fi-   losof&iacute;a heideggeriana en la teor&iacute;a del arte   de Kandinsky: Arte y verdad. Es ya dif&iacute;cil   hablar de algo as&iacute; como &quot;lo verdadero&quot;   en la obra pict&oacute;rica de Kandinsky. La   autora parece consciente de ello, por supuesto,   pues dedica gran parte de los dos   primeros cap&iacute;tulos a mostrar en qu&eacute; sentidos   debe entenderse aqu&iacute; la noci&oacute;n de   verdad &#8211;a la luz de la noci&oacute;n de aleth&eacute;ia   y del combate mundo-tierra presentes en   &quot;El origen de la obra de arte&quot;. Sin embargo,   en el momento de poner en escena a   Kandinsky, las aclaraciones preliminares   no s&oacute;lo parecen cobrar un sentido distinto,   sino convertirse en &quot;herramientas&quot;   para abordar, describir y &quot;narrar&quot; lo   que sucede en las obras Composici&oacute;n VII   (1913) y C&iacute;rculo azul (1922). No s&oacute;lo no se   les permite a las obras mostrarse por s&iacute;   mismas, en toda su riqueza de colores y   composici&oacute;n &#8211;y con la ayuda de palabras   del mismo Kandinsky, por ejemplo&#8211;,   sino que se las fuerza a hablar un lenguaje   que resulta, por la manera misma   de exponer, completamente ajeno a ellas.   As&iacute;, la obra Composici&oacute;n VII termina reducida   a ser una especie de &quot;anuncio&quot; de   un acontecimiento hist&oacute;rico por venir:</p>     <p>   [&#8230;] [E]sta obra no habla de lo tr&aacute;gico en   s&iacute;, sino de su presentimiento; quiz&aacute;s de lo tr&aacute;gico c&oacute;smico    al desatarse una tormenta   incontenible que azotar&aacute; a la humanidad;   desastre espiritual reservado para los hombres   de una &eacute;poca agitada. Aunque la pintura   no alude directamente a la guerra, s&iacute;   parece presentirla, y quiz&aacute;s por eso se la ha   denominado Guerra en el aire. (19)</p>     <p>   No s&oacute;lo resulta curioso ver c&oacute;mo esta   composici&oacute;n de Kandinsky es &quot;narrada&quot;   en estos t&eacute;rminos, cuando su intenci&oacute;n   parece ser m&aacute;s bien y justamente la de salirse   de toda posibilidad de narraci&oacute;n (a   este respecto resulta mucho m&aacute;s apropiado   &quot;el enmudecer&quot; propio del arte moderno,   del que habla Gadamer, y que la autora   tambi&eacute;n citar&aacute; en cap&iacute;tulos siguientes),   sino que parece ser adem&aacute;s extra&ntilde;o que   esta descripci&oacute;n se d&eacute; justamente en el   contexto de un intento por responder a la   pregunta acerca de &quot;&iquest;c&oacute;mo sucede ese ponerse   en obra de la verdad en una pintura   concreta como Composici&oacute;n VII?&quot; (17).   &iquest;Es a esto a lo que se refiere Heidegger con   el ponerse en obra de la verdad en el arte?   &iquest;Puede terminar siendo ejemplificado en   una manera tal de &quot;narrar&quot; lo que &quot;sucede&quot;   en un cuadro abstracto?</p>     <p>   Es similar en este sentido el caso de   C&iacute;rculo azul, en el segundo cap&iacute;tulo del   libro, en el que la autora pretende &quot;traducir&quot;   las nociones de mundo y tierra a la   lucha entre colores y figuras en el cuadro.   Por ejemplo:</p>     <p>   [L]a apertura de un mundo se abre en la   configuraci&oacute;n de esta obra en la que emerge   la tensi&oacute;n de la l&iacute;nea curva y la recta, la alternancia   del c&iacute;rculo y el tri&aacute;ngulo, y la presencia   del amarillo c&aacute;lido y el azul fr&iacute;o. (33)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Y m&aacute;s adelante:</p>     <p>   [&#8230;][A]qu&iacute; tiene lugar el combate entre   mundo y tierra que no cesa en su movilidad   en reposo; el negro casi velado de la parte   superior izquierda parece decidido a avanzar   sobre la superficie del plano, mientras la   esfera azul, en su movimiento conc&eacute;ntrico,   tiende a sobresalir por su claridad sostenida y   vibrante, oponi&eacute;ndose a la nada insonora del   negro como silencio definitivo de la muerte o   ausencia de futuro. (34)</p>     <p>   Puede verse, por un lado, la gran sensibilidad   que reflejan las descripciones de   la autora frente a la obra de Kandinsky.   Lo que choca es precisamente la comparaci&oacute;n:   la reducci&oacute;n de las nociones   heideggerianas a elementos pict&oacute;ricos   concretos en la obra de Kandinsky, convirtiendo   as&iacute; a las primeras en una especie   de &quot;gram&aacute;tica&quot; pict&oacute;rica, y a los &uacute;ltimos   en &quot;traducciones&quot; de esas nociones   tan dif&iacute;ciles de interpretar en Heidegger.   Mundo y tierra no son simplemente formas   puestas en juego en la composici&oacute;n;   as&iacute; como las disonancias y armon&iacute;as de   las formas y colores de los cuadros de   Kandinsky parecen no saber nada de esa   &quot;lucha primigenia entre el ocultamiento   y el desocultamiento del ser&quot;, de la que   habla Heidegger.</p>     <p>   La segunda parte, Arte y t&eacute;cnica, resulta   mucho menos forzada en la comparaci&oacute;n,   pero esto parece deberse al hecho de   que all&iacute; se renuncia a la intenci&oacute;n de comparar   &#8211;al menos expl&iacute;citamente&#8211;, y se   presenta m&aacute;s bien a cada uno de los protagonistas   en sus esferas, contextos y lenguajes   propios. As&iacute;, el tercer cap&iacute;tulo se   dedica a desarrollar la relaci&oacute;n entre una   filosof&iacute;a del arte en Heidegger y su pregunta   por la t&eacute;cnica, revelando aspectos   interesantes de dicho hilo conductor.   Independientemente de qu&eacute; tan discutibles   sean o no las sugerencias de la autora   en este apartado, su lectura resulta   cuidadosa y bien estructurada. Las relaciones   entre physis y techn&eacute;, la pregunta   por la esencia de la t&eacute;cnica, y el &quot;paso   atr&aacute;s&quot; sugerido por Heidegger en algunos   de sus escritos en relaci&oacute;n con un   concepto originario de arte, son algunas de las cuestiones que quedan expuestas   aqu&iacute; con claridad. Quiz&aacute;s haga falta,   como se suger&iacute;a anteriormente, cierta   distancia cr&iacute;tica. El lenguaje se torna a   veces, tambi&eacute;n, excesivamente &quot;heideggeriano&quot;.   Pero la lectura de estos apartados   puede resultar muy interesante como   introducci&oacute;n y contextualizaci&oacute;n para un   lector que no se encuentre del todo familiarizado   con esos textos de Heidegger.</p>     <p>   El cuarto cap&iacute;tulo cumple la misma   funci&oacute;n, esta vez en relaci&oacute;n con   Kandinksy y su cr&iacute;tica al excesivo materialismo   en el arte de su &eacute;poca. Queda   claro &#8211;aunque s&oacute;lo t&aacute;citamente, pues la   autora apenas sugiere, sin desarrollar expl&iacute;citamente,   una comparaci&oacute;n&#8211;, que la   posici&oacute;n de Kandinsky respecto a las posibilidades   del arte de su &eacute;poca y del advenimiento   de un tiempo espiritual es   mucho m&aacute;s optimista que la mirada heideggeriana   de la t&eacute;cnica. El apartado dedicado   a Worringer parecer&iacute;a tener la intenci&oacute;n   de acentuar ese optimismo, pero   sucede all&iacute; lo mismo que en otras secciones   del libro: las relaciones entre un ac&aacute;pite   y otro se desdibujan, dejando casi inconexos   los apartes entre s&iacute;. No obstante,   el cap&iacute;tulo despierta el inter&eacute;s, y recoge   una parte muy importante de los desarrollos   del pintor en torno a sus primeras   manifestaciones de arte abstracto, y   su b&uacute;squeda por justificar te&oacute;ricamente   el nuevo estilo.</p>     <p>   Finalmente se llega a la tercera parte   del libro, donde tendr&iacute;a que estar desarrollada   a cabalidad la tesis anunciada   desde el principio: Arte y acontecimiento   apropiador. El cap&iacute;tulo cinco, a pesar de   convertirse, como se suger&iacute;a ya m&aacute;s arriba,   en una lectura quiz&aacute;s excesivamente   &quot;mesi&aacute;nica&quot; de la propuesta heideggeriana   en las Contribuciones, es el mejor   logrado de todo el libro. Presenta un dominio   extenso de los textos de Heidegger   de la &eacute;poca, y desarrolla la noci&oacute;n de   acontecimiento, central en la propuesta   general del libro. Parece incluso, en alg&uacute;n   momento, quedar sugerida una tesis,   que sin embargo no es desarrollada:   la idea de que la filosof&iacute;a heideggeriana,   al comenzar a preocuparse por la obra de   arte, ser&iacute;a ella misma tambi&eacute;n como una   pintura de Kandinsky, en la que las resonancias   e interludios preparar&iacute;an para la   apertura de un &quot;nuevo horizonte&quot; (cf. 91).   Aqu&iacute; no es ya la nrraci&oacute;n lo que habla en   la obra, sino su &quot;silenciamiento&quot; (id. 94),   introduciendo con ello elementos que   parecer&iacute;an ser m&aacute;s apropiados que aquellos   utilizados en los primeros cap&iacute;tulos   para una &quot;mirada&quot; a la particularidad de   la obra de Kandinsky.</p>     <p>   El sexto cap&iacute;tulo deja anunciada,   pero sin resolver, una tesis que, en su   misma formulaci&oacute;n, resulta ya lo su-   ficientemente problem&aacute;tica: la idea de   que en el proyecto de Kandinsky de una   &quot;unificaci&oacute;n de las artes&quot; podr&iacute;a leerse   una posible interpretaci&oacute;n de la afirmaci&oacute;n   heideggeriana &quot;todo arte es en   esencia poema&quot;. La autora sugiere que   lo segundo parece ya anunciar o traer   consigo el proyecto de unificaci&oacute;n de todas   las artes, tal y como intentar&aacute; llevarlo   a cabo Kandinsky en proyectos como el   de Sonoridad amarilla, durante sus a&ntilde;os   en la Bauhaus. El cap&iacute;tulo, sin embargo,   no se dedica a sostener la plausibilidad   de esta lectura, sino que describe   a grandes rasgos el sentido del proyecto   de Kandinsky y sus relaciones con   Sch&ouml;nberg &#8211;determinantes para esta idea   de unificaci&oacute;n. Deja al lector, por lo tanto,   con el sinsabor de no haber resuelto   los problemas sugeridos.</p>     <p>   Es &eacute;sta tambi&eacute;n la misma sensaci&oacute;n   que queda, en general, despu&eacute;s de haber   le&iacute;do el libro en su totalidad. Un t&iacute;tulo   tan sugestivo requerir&iacute;a de respuestas mucho m&aacute;s contundentes,    desarrollos   m&aacute;s cuidadosos, y una comparaci&oacute;n que   iluminara las preguntas de las que parten   ambos autores, antes que opacar sus   proyectos a la luz de conceptos ajenos   a sus propuestas. La autora muestra un   buen manejo de los textos, y puede verse   que el libro es el resultado de un proyecto   extenso de investigaci&oacute;n; pero ser&iacute;a   interesante comprender c&oacute;mo pretende   escapar a las cr&iacute;ticas que aqu&iacute; se le han   formulado. Podr&iacute;a ser el comienzo de un   di&aacute;logo fruct&iacute;fero entre dos autores que,   como Heidegger y Kandinsky, parecen   tener a&uacute;n tanto que decirnos.</p>     <p align="right">   <b>Mar&iacute;a del Rosario Acosta L&oacute;pez</b></p>     <p align="right">   Universidad de los Andes   <a href="mailto:maacosta@uniandes.edu.co">maacosta@uniandes.edu.co</a> </p>  </font>     ]]></body>
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