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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Guerra, poder y liberalismo: politización en la obra de Michel Foucault]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper attempts to examine the analysis on liberalism that Michel Foucault developed during his last courses in the Collège de France. This analysis becomes a redefinition of the concept of power, understood as war, and a reflection on the concepts of security and population, by means of which the relation between war, power and liberalism offers a map of the present time, an age when the new rationality of government can be defined as specifically liberal.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>Guerra, poder y liberalismo:   politizaci&oacute;n en la obra   de Michel Foucault</b></font></p>     <p align="center">   <font size="3"><b>War, Power and Liberalism: the Politicization   in the Work of Michel Foucault</b></font></p>     <p>   <b>Joaqu&iacute;n Fortanet</b></p>     <p>   Universidad de Barcelona - Espa&ntilde;a, <a href="mailto:joaquinfortanet@yahoo.es">joaquinfortanet@yahoo.es</a></p>   <hr size="1">     <p>   <b>Resumen</b></p>     <p>   Este texto pretende analizar el an&aacute;lisis del liberalismo que Michel Foucault    realiz&oacute;   en sus &uacute;ltimos cursos del Coll&egrave;ge de France. Tal an&aacute;lisis    pasa por una redefinici&oacute;n   del concepto de poder, entendido como guerra, y una reflexi&oacute;n sobre los    conceptos   de seguridad y poblaci&oacute;n, modos a trav&eacute;s de los cuales la relaci&oacute;n    entre guerra,   poder y liberalismo nos ofrece un mapa de la actualidad en el que la nueva racionalidad   de gobierno puede ser definida como espec&iacute;ficamente liberal.</p>     <p>   <b>Palabras clave</b>: Foucault, liberalismo, guerra, poder, gobierno.</p><hr size="1">     <p>   <b>Abstract</b></p>     <p>   This paper attempts to examine the analysis on liberalism that Michel Foucault   developed during his last courses in the Coll&egrave;ge de France. This analysis    becomes   a redefinition of the concept of power, understood as war, and a reflection    on the   concepts of security and population, by means of which the relation between    war,   power and liberalism offers a map of the present time, an age when the new rationality   of government can be defined as specifically liberal.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <b>Keywords</b>: Foucault, liberalism, war, power, government.</p><hr size="1">     <p>   <b><font size="3">Introducci&oacute;n</font></b></p>     <p>   Podr&iacute;amos entender la tarea de Foucault como un intento de   volver a pensar pol&iacute;ticamente el presente, es decir, como una empresa   de problematizaci&oacute;n de aquellas zonas aparentemente neutras   como el sujeto, el saber o la verdad que, habitualmente, permanecen   desplazadas de los problemas &eacute;tico-pol&iacute;ticos al uso. En este sentido,   es necesario insistir en el sello con el que Foucault mismo tatu&oacute;   su labor: una ontolog&iacute;a hist&oacute;rica de nosotros mismos, un an&aacute;lisis   del presente. Si tuvi&eacute;ramos que acudir a una herencia historiogr&aacute;-   fica para acu&ntilde;ar filos&oacute;ficamente este impulso, la hallar&iacute;amos,    sin   duda, en Kant y en Nietzsche. El gesto foucaultiano es kantiano en   el sentido en que propone una cr&iacute;tica del presente, del aqu&iacute; y    del ahora mediante un an&aacute;lisis de las condiciones de posibilidad de la   constituci&oacute;n de los objetos culturales en relaci&oacute;n con sus l&iacute;mites.   Sin embargo, es nietzscheano en impulso y metodolog&iacute;a: el an&aacute;lisis   es geneal&oacute;gico y ello proporciona una ontolog&iacute;a extra&ntilde;a,    atada a lo   hist&oacute;rico concebido como acontecimiento en lugar de al Ser. Una   ontolog&iacute;a o an&aacute;lisis del presente que busca los l&iacute;mites    para marcar   el lugar de nacimiento (no de origen) y transgredirlos. No se   trata de hallar las condiciones de posibilidad para marcar los l&iacute;mites   necesarios, sino, al contrario, de hallar los l&iacute;mites de la relaci&oacute;n   moral de uno mismo con su cultura para quebrarlos. En el gesto   foucaultiano podemos observar la tarea nietzscheana del derribo de   los &iacute;dolos, del esc&aacute;ndalo de la enculturaci&oacute;n, de la llamada    a no ser   gobernados, a no seguir siendo los sujetos sujetados que somos. En   definitiva, una tarea que posibilita pensar la pol&iacute;tica y la &eacute;tica    cr&iacute;ticamente.   Precisamente en esta tarea cr&iacute;tica marcada por la ontolog&iacute;a,   la cr&iacute;tica y la historia geneal&oacute;gica, el an&aacute;lisis de la    forma guerra   resulta crucial para pensar pol&iacute;ticamente el presente. Los trabajos   de Foucault, que basculan desde el an&aacute;lisis de la experiencia del   lenguaje hasta la problem&aacute;tica de las ciencias humanas, cobran un   sesgo eminentemente pol&iacute;tico en el momento en que su obra se abre   a las consideraciones nietzscheanas de la genealog&iacute;a e, inmediatamente,   el concepto de poder pasa a dominar sus an&aacute;lisis sociales.   Si el poder pol&iacute;tico, tradicionalmente, se hab&iacute;a fundamentado    en la   legitimidad, sea tradicional, carism&aacute;tica o racional, Foucault se encarga   de desligarlo de toda fundamentaci&oacute;n y presentarlo de modo   crudo, nietzscheano y nominalista: como una imposici&oacute;n, como el   resultado de una batalla perdida, como una guerra continuada por   otros medios.</p>     <p>   <font size="3"><b>1. Escuchar la batalla</b></font></p>     <p>   Podemos situar la problem&aacute;tica de la guerra, el inter&eacute;s   foucaultiano por la forma discursiva guerra, en el momento   en el que Foucault se plantea las cuestiones del poder de forma   expl&iacute;cita, separ&aacute;ndolas del modelo de la represi&oacute;n. Es    en Vigilar y   Castigar donde podemos encontrar, ya perfectamente planteada,   la concepci&oacute;n de un poder derivado del m&eacute;todo geneal&oacute;gico.    Sin   embargo, ser&aacute; el curso de 1975, Hay que defender la sociedad, el   que trate de manera exclusiva las relaciones entre poder y guerra,   mostrando de qu&eacute; modo el pensamiento de Foucault deja de lado   un concepto econ&oacute;mico, represivo y jur&iacute;dico del poder, para abrazar   el modelo nietzscheano de la guerra. Lo primero a lo que debemos   atender es al hecho de que no existe en Foucault un an&aacute;lisis hist&oacute;rico   del concepto de la guerra (cf. Gros 2005), sino que en su obra se nos   presenta un an&aacute;lisis del modelo discursivo de la guerra que asume   la ca&iacute;da de los grandes relatos legitimadores, convirti&eacute;ndose,    as&iacute;, en modelo explicativo del funcionamiento del poder pol&iacute;tico.    Es decir,   para Foucault la solidez de la guerra viene del hecho de que funciona   como una hip&oacute;tesis explicativa del modo en que se ejercita el poder   pol&iacute;tico, alternativa a las hip&oacute;tesis represiva, ideol&oacute;gica,    econ&oacute;mica   y jur&iacute;dica, inscribi&eacute;ndose en un intento de dar cuenta de ciertos   ejercicios y consecuencias del poder &mdash;como la normalizaci&oacute;n del   sujeto&mdash; que no eran atendidos desde otras perspectivas.</p>     <p>   El Poder es la guerra, es la guerra continuada por otros medios. Y,   en ese momento, se invierte la proposici&oacute;n de Clausewitz, y dir&iacute;amos   que la pol&iacute;tica es la guerra continuada por otros medios. (Defert 16)</p>     <p>   Las consecuencias de esta inversi&oacute;n de la m&aacute;xima de Clausewitz   nos llevan a la consideraci&oacute;n de que las relaciones de poder han sido   establecidas, en un momento hist&oacute;rico dado, por relaciones de fuerza   bajo el prisma de la guerra. Si bien, tradicionalmente, el poder   pol&iacute;tico ser&iacute;a el encargado de detener la guerra y lograr la paz,    incluso   en ese caso lo que se producir&iacute;a es la inscripci&oacute;n de los efectos   de poder de la guerra en el seno de la sociedad, en las instituciones,   en las desigualdades econ&oacute;micas, en el lenguaje y en los cuerpos.</p>     <p>   El Poder pol&iacute;tico, en esta hip&oacute;tesis, tendr&iacute;a como objetivo   reinscribir perpetuamente esta relaci&oacute;n de fuerza, por medio de   una suerte de guerra silenciosa, e inscribirla en las instituciones, en   las desigualdades econ&oacute;micas, en el lenguaje, hasta en los cuerpos   de unos y otros. Este ser&iacute;a pues el primer sentido de la inversi&oacute;n    del   aforismo de Clausewitz: la pol&iacute;tica es la continuaci&oacute;n de la guerra   por otros medios; es decir, la pol&iacute;tica es la sanci&oacute;n y la reconducci&oacute;n   del desequilibrio de fuerzas manifestado en la guerra. Y la inversi&oacute;n   de esta proposici&oacute;n querr&iacute;a decir tambi&eacute;n otra cosa: en    el interior de   esta paz civil, las luchas pol&iacute;ticas, los enfrentamientos a prop&oacute;sito    del   poder, con el poder, por el poder, las modificaciones de las relaciones   de fuerzas &#91;...&#93; todo eso, en un sistema pol&iacute;tico, s&oacute;lo deber&iacute;a    ser   interpretado como continuaciones de la guerra. Y deber&iacute;a descifrarse   como episodios, fragmentaciones, desplazamientos de la guerra   misma. No se escribir&aacute; m&aacute;s que la historia de esta misma guerra,   incluso cuando se escriba la historia de la paz y de sus instituciones.   (Foucault 1997 16)</p>     <p>   La violencia de la guerra ser&iacute;a traducida, silenciosamente, en   violencia social, en violencia de la paz y la pol&iacute;tica; en tanto continuaci&oacute;n   de la guerra por otros medios, mantendr&iacute;a, silenciosamente,   la violencia de la guerra encarnada ahora en la paz social. La paz,   pues, nos ser&iacute;a dada como una suerte de guerra silenciosa. De tal   modo que, a la hora de escribir la historia, aunque sea la historia de la   misma paz o de la sociedad, no podr&iacute;amos hacer otra cosa que escribir   la historia de la guerra, de los enfrentamientos, los desplazamientos, las victorias    y derrotas. La historia, pues, no ser&iacute;a otra cosa que historia   de los vencidos, y la pol&iacute;tica, pese a ser la &uacute;nica alternativa   a la guerra, no dejar&iacute;a de ser, en el l&iacute;mite, otro modo de ejercerla,   un modo de defender la victoria de los vencedores y reproducir la   derrota de los vencidos. Vemos as&iacute; que el tradicional axioma por el   cual el poder pol&iacute;tico se encargar&iacute;a de defender la sociedad entra    en   crisis bajo esta hip&oacute;tesis (cf. Chevallier 34). En lugar de defender    la   sociedad, el poder pol&iacute;tico se defiende contra los otros, defiende su   dominaci&oacute;n contra la rebeli&oacute;n, defiende sus privilegios, su victoria,   su conquista del poder. Sumidos en esta perspectiva, la llamada de   Foucault es clara. Es necesario hacer genealog&iacute;a, es necesario decir   la actualidad del presente buceando en esas luchas, prest&aacute;ndoles   o&iacute;do. Contra el imperativo "hay que defender la sociedad",    se levanta   otro de inspiraci&oacute;n nietzscheana: "atender al estruendo de la   batalla".</p>     <p>   <font size="3"><b>2. La disciplina</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El modelo de este nuevo poder concebido bajo el prisma de   la guerra sustituye al cl&aacute;sico poder fundado sobre la figura del   soberano. Este nuevo poder es formulado por Foucault como   modelo disciplinario. Si el antiguo poder soberano se caracterizaba   por el gasto del poder, por su visible ostentaci&oacute;n, por la necesidad   de fundar una unidad de poder aplicable al todo social, el nuevo   poder disciplinario poseer&aacute; dos caracter&iacute;sticas in&eacute;ditas:    no es   jur&iacute;dico y presupone la m&aacute;xima efectividad del ejercicio del poder.   Se encarga de formar individuos y no de dominarlos. Su modelo es   el pan&oacute;ptico, su principal efecto, la normalizaci&oacute;n, que no deriva   de ninguna ley, sino que crea una norma a partir del principio de   comparaci&oacute;n establecido en el juego normalizador de las instituciones   y dispositivos penitenciarios, m&eacute;dicos y psiqui&aacute;tricos que   forman el mecanismo del poder disciplinario (Ewald 43). Con ello   es posible afirmar que la normalizaci&oacute;n de la mec&aacute;nica disciplinaria   no obedece a los c&oacute;digos del derecho, sino a un saber propio,   no jur&iacute;dico: las ciencias humanas. Las disciplinas, tal y como lo   evidencia, para Foucault, el desarrollo del saber m&eacute;dico (jurisprudencia   de esta mec&aacute;nica disciplinaria), poseen un c&oacute;digo propio,   un saber propio, que choca frontalmente, una vez desarrollado,   con el saber tradicional del derecho y la soberan&iacute;a. No se trata de   ejercer m&aacute;s poder, de dominar, de lograr un todo social sobre un   territorio, sino de ejercer mejor el poder, de formar individuos,   de normalizar mediante la red de t&eacute;cnicas y saberes al grupo de   individuos creando sociedad. Se observa toda una nueva red de   saberes que corresponde a las ciencias humanas. La nueva teor&iacute;a   de la disciplina se llama sociolog&iacute;a, medicina, antropolog&iacute;a:    teor&iacute;as   forjadas en &iacute;ntima conexi&oacute;n con las pr&aacute;cticas disciplinarias.    As&iacute;, Foucault, ampar&aacute;ndose en la hip&oacute;tesis de la guerra,    establece un   nuevo tipo de poder llamado disciplinario que corresponder&iacute;a a ese   ejercicio mediante el cual la guerra se perpet&uacute;a en la paz convirti&eacute;ndose   en cifra de la misma. Un poder que se encarga de formar   sujetos d&oacute;ciles y &uacute;tiles mediante las disciplinas, y que tiene    en la   normalizaci&oacute;n lograda por la homogeneizaci&oacute;n institucional la   herramienta encargada de excluir, desacreditar, encerrar, silenciar   y deslegitimar a todo individuo o discurso que entre en conflicto   con los vencedores, reproduciendo la guerra no en campo abierto,   sino en los intersticios de las instituciones, los espacios, los saberes,   los horarios y los cuerpos.</p>     <p>   <b><font size="3">3. Hacer vivir, dejar morir</font></b></p>     <p>   Este poder llamado disciplinario se ejerci&oacute; a partir del siglo   XVII, pudi&eacute;ndose localizar su nacimiento hist&oacute;rico en la aparici&oacute;n   de los Hospitales Generales. Sin embargo, la evoluci&oacute;n del poder   pol&iacute;tico llev&oacute; a Foucault a reconsiderar la concepci&oacute;n    de un poder   basado casi exclusivamente en las disciplinas. La constataci&oacute;n de   la aparici&oacute;n de nuevos fen&oacute;menos relacionados con el concepto   de poblaci&oacute;n, sobre todo a partir del siglo XVIII, provocar&aacute;n    que   Foucault reconsidere el alcance y las estrategias de las relaciones   de poder, si bien mantendr&aacute; todav&iacute;a el modelo de la guerra como   hip&oacute;tesis geneal&oacute;gica y explicativa de su funcionamiento. Este   nuevo poder que se ocupa de la vida, de la poblaci&oacute;n, de la especie,   es llamado biopoder, y no supone tanto una ruptura con el anterior   modelo disciplinario, como una consecuencia producida por llevar   al l&iacute;mite el modelo de la guerra. Si la guerra cl&aacute;sica se caracterizaba   por hacer morir y dejar vivir, la nueva guerra que aparecer&aacute; bajo   el modelo del biopoder se caracterizar&aacute; por hacer vivir y dejar   morir. Se trata de la producci&oacute;n de la misma vida. A este biopoder   le corresponde una biopol&iacute;tica que, mediante los mecanismos de   control, intervendr&aacute; a un sujeto a quien ya no s&oacute;lo se le requerir&aacute;    ser   &uacute;til y dominado, sino ser productivo al nivel de la especie. Se trata   de un paso de una concepci&oacute;n negativa del poder (locura, prisi&oacute;n)   a una eminentemente productiva: es el poder el que produce, el   que hace vivir de determinado modo, el que deja morir, pues la   muerte ya no es objeto de poder como lo era en anteriores &eacute;pocas:   es la vida misma el centro neur&aacute;lgico de la batalla. La guerra se   ha extendido hasta lo m&aacute;s &iacute;ntimo de uno mismo. El uno mismo   es el resultado de una batalla perdida. La guerra produce la vida,   la asegura, la mantiene, garantiza la supervivencia de la especie.   Una dominaci&oacute;n total que apenas cuenta con un par contrario que   permita limitarla, criticarla o incluso definirla. En las sociedades   de control, parece decirnos Foucault, la vida es la reproducci&oacute;n   de la victoria de los vencedores, el resultado perdido en la batalla por nosotros    mismos. Sumidos en el escenario del biopoder, el   &uacute;nico posible reproche o cr&iacute;tica al biopoder es necesariamente    la   opci&oacute;n por la no intervenci&oacute;n. Frente a la intervenci&oacute;n    del poder   en la vida misma, la resistencia a dicha intervenci&oacute;n pasar&aacute; por   reclamar una menor intervenci&oacute;n de los poderes, las instituciones,   los medios de control. Dejar hacer a la vida, al cuerpo, dejar que la   especie se desarrolle aut&oacute;nomamente, sin imposici&oacute;n alguna que   no sea natural; &eacute;stas son las consecuencias l&oacute;gicas de la oposici&oacute;n   a un biopoder convertido en trascendental. Sin embargo, Foucault   se percata de que la llamada a la no intervenci&oacute;n posee demasiadas   similitudes con el liberalismo, sistema pol&iacute;tico que, a finales de los   setenta, est&aacute; viviendo sus mejores momentos en Estados Unidos   e imponi&eacute;ndose globalmente. El modelo de la guerra, llevado   a su extremo l&oacute;gico, nos lleva a una cr&iacute;tica de la guerra que    se   identifica en su estrategia con las m&aacute;ximas de un liberalismo que   para Foucault, parad&oacute;jicamente, representaba la culminaci&oacute;n   de ese biopoder. De ah&iacute; la contradicci&oacute;n que se da en la reflexi&oacute;n   foucaultiana: "estar&iacute;a tentado de ver en el liberalismo una forma   de reflexi&oacute;n cr&iacute;tica sobre la pr&aacute;ctica gubernamental"    (Foucault   1996 820). Foucault, en los a&ntilde;os inmediatamente posteriores a su   curso Hay que defender la sociedad, se vio abocado a una decisi&oacute;n   de la cual depender&iacute;a el resto de su obra y su trayectoria pol&iacute;tica:    o   bien asumir el modelo de la guerra hasta el final y constatar que el   liberalismo es una alternativa a un biopoder que lleva a la guerra   total, o bien constatar que el modelo de la guerra no da cuenta de   los mecanismos por los cuales somos gobernados, pues parte esencial   de ese gobierno es llevado a cabo por un sistema pol&iacute;tico-econ&oacute;mico   llamado liberalismo. La decisi&oacute;n final ser&aacute; esta &uacute;ltima    opci&oacute;n, es   decir, un abandono parcial del modelo de la guerra y un cambio en el   modo de concebir el poder mediante una nueva atenci&oacute;n a las ra&iacute;ces   econ&oacute;micas de las relaciones de poder.</p>     <p>   <font size="3"><b>4. Laissez-faire</b></font></p>     <p>   Es en esta problem&aacute;tica en la que se ofrece una explicaci&oacute;n al    hecho   de que Foucault no volviera a plantear el concepto de biopoder   y, en cambio, dedicara su curso en el Coll&egrave;ge de 1978, en principio   llamado Naissance de la biopolitique, al estudio de la forma de   gobierno llamada liberalismo. De alg&uacute;n modo, se abr&iacute;a camino la   evidencia de que la forma guerra, por s&iacute; sola, no pod&iacute;a dar cuenta    de   los procesos a los que, a partir de ahora, Foucault llamar&aacute; gobierno.   Procesos tales como la gesti&oacute;n de la poblaci&oacute;n, la inclusi&oacute;n    de la   libertad en la racionalidad pol&iacute;tica, o los mecanismos a trav&eacute;s    de   los cuales el gobierno asegura a su poblaci&oacute;n, no pueden ser le&iacute;dos,   ni desde el paradigma estricto del poder, ni desde el biopoder. Por   ello Foucault propone un cambio de an&aacute;lisis: en lugar de analizar el    ejercicio del poder, pasa a analizar el modo en que se gobierna a   los hombres. Se sustituye el modelo guerra bajo el que se destilaban   las relaciones de poder sobre los individuos, por el an&aacute;lisis de las   pr&aacute;cticas de gobierno, pr&aacute;cticas que se ejercer&aacute;n sin regulaci&oacute;n    del   exterior (laissez-faire) bajo el abrigo de un nuevo saber (econom&iacute;a   pol&iacute;tica), con un objetivo (seguridad) y una superficie de inscripci&oacute;n   (sociedad civil). Podemos describir el an&aacute;lisis foucaultiano a partir   de cuatro grandes desarrollos: el primero, el car&aacute;cter autorregulativo   del liberalismo; el segundo, el car&aacute;cter productor de realidad;   el tercero, la seguridad; y el cuarto, la inserci&oacute;n de todo ello en la   sociedad civil bajo el modelo del homo economicus.</p>     <p>   <b>4.1. Car&aacute;cter autorregulativo</b></p>     <p>   Las pr&aacute;cticas de gobierno que se dan en el liberalismo no poseen   una limitaci&oacute;n exterior, sino que es el propio gobierno el que   se autolimita teniendo como criterio la propia acci&oacute;n de gobierno,   sus t&eacute;cnicas y sus procedimientos. La autolimitaci&oacute;n se traduce    en   la m&aacute;xima liberal: siempre se gobierna demasiado. El instrumento   te&oacute;rico que permite una autolimitaci&oacute;n del gobierno de este tipo,    el   saber que da cuerpo a toda una serie de pr&aacute;cticas de gobierno autorreguladas   es, como hemos apuntado ya, la econom&iacute;a pol&iacute;tica: "&#91;l&#93;   a econom&iacute;a pol&iacute;tica va a habitar en el interior mismo de esta    raz&oacute;n   gubernamental que los siglos XVI y XVII hab&iacute;an definido, y no va a   ser exterior como las limitaciones anteriores procedentes del derecho"   (Foucault 2004 16). La racionalidad pol&iacute;tica del liberalismo es   un modo de racionalidad que no admite nada exterior a &eacute;l mismo.   Este saber, en tanto es designado como econom&iacute;a pol&iacute;tica, obtiene   su primer principio del hecho de que el sistema econ&oacute;mico debe ser   limitado por sus propios principios, por la propia naturaleza de los   comportamientos econ&oacute;micos. Hablamos del famoso laissez-faire   liberal. El saber econ&oacute;mico no se interroga sobre el hecho de que las   pr&aacute;cticas gubernamentales sean leg&iacute;timas o no, sino que se interroga   sobre los efectos de los actos de gobierno: qu&eacute; ocurre cuando se   suben los impuestos, qu&eacute; efectos se producen, y nunca si es leg&iacute;tima   dicha subida.</p>     <p>   <b>4.2. Car&aacute;cter productor de realidad</b></p>     <p>   La econom&iacute;a pol&iacute;tica tiende a atribuir sus acciones a procesos   naturales y espont&aacute;neos, surgidos del fluir de las cosas, para pasar   a considerar leyes naturales sus principios, con lo que el liberalismo   entender&aacute; su acci&oacute;n de gobierno como natural. De ah&iacute; las    llamadas a   la no intervenci&oacute;n: no intervenir significa precisamente dejar hacer    los   procesos aparentemente naturales del mercado. Esta concepci&oacute;n de   naturalidad del mercado podr&iacute;a ser llamada falacia liberal, falacia que   tendr&aacute; como consecuencia la producci&oacute;n, en el neoliberalismo,    de una suerte de naturaleza de segundo grado, de una realidad producida   por el gobierno liberal. Y para la producci&oacute;n de dicha realidad se   precisa la intervenci&oacute;n de las instituciones y el estado. Al contrario   que el liberalismo cl&aacute;sico, el neoliberalismo requiere la puesta en juego   de la intervenci&oacute;n supeditada a las reglas del mercado. La realidad,   con esto, no es otra cosa que la racionalidad pol&iacute;tica del gobierno.</p>     <p>   <b>4.3. Seguridad</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Las pr&aacute;cticas de gobierno del liberalismo, fundadas en la econom&iacute;a   pol&iacute;tica como saber privilegiado y sobre el principio de   naturalidad de la acci&oacute;n pol&iacute;tica, responden al modelo de la seguridad.   Seguridad del individuo, seguridad de un territorio, de   una poblaci&oacute;n, y de circulaci&oacute;n. La seguridad, para Foucault,    es   la funci&oacute;n esencial del gobierno liberal. Posee como funci&oacute;n la    de   integrar cada uno de los elementos de lo posible en el espacio contingente   de la sociedad. Las pr&aacute;cticas del liberalismo, pues, est&aacute;n   destinadas a integrar lo posible en un cuerpo social m&oacute;vil, cambiante   y contingente que evite el peligro social mediante el c&aacute;lculo   del riesgo de cada libertad. El liberalismo calcula el coste de cada   libertad en t&eacute;rminos de seguridad, y realiza, a partir de dicho c&aacute;lculo,   intervenciones sobre la realidad de car&aacute;cter quir&uacute;rgico bajo   el modelo de la epidemia. Frente a la epidemia o la plaga, el poder   va a intervenir sobre la realidad inoculando un virus preventivo a   modo de vacuna: frente a la hambruna, la intervenci&oacute;n del nuevo   gobierno liberal ser&aacute; la de inocular el hambre a un peque&ntilde;o grupo   de poblaci&oacute;n mediante la no intervenci&oacute;n en los precios del grano   para as&iacute; garantizar la seguridad del resto.</p>     <p>   <b>4.4. Producci&oacute;n de sociedad</b></p>     <p>   Para Foucault, el neoliberalismo de la Escuela de Chicago no es   tan s&oacute;lo una teor&iacute;a pol&iacute;tica, sino "toda una manera    de ser y pensar,   un tipo de relaci&oacute;n entre gobernantes y gobernados" (Foucault 2004   224), una realidad. Esa realidad de segundo grado, producida por las   pr&aacute;cticas de gobierno del liberalismo, es la integraci&oacute;n social    bajo el   modelo del homo economicus. El homo economicus, surgido a partir   de de la teor&iacute;a del capital humano, consiste en concebir al hombre   como parte del proceso econ&oacute;mico del capital. La consideraci&oacute;n    del   capital humano como realidad cuantitativa y econ&oacute;mica supone toda   una suerte de pol&iacute;ticas culturales, sociales y educacionales orientadas   a enriquecer el capital humano con todos los dominios del hombre:</p>     <p>   Se trata de multiplicar el modelo econ&oacute;mico de la oferta y la   demanda, el modelo innovaci&oacute;n-coste-provecho para hacer de ello   un modelo de relaciones sociales, un modelo de la existencia misma,   una forma de relaci&oacute;n del individuo consigo mismo, con el tiempo,   con su entorno, con el futuro, con la familia. (Foucault 2004 247)</p>     <p>Se supondr&aacute; que los fen&oacute;menos sociales tan s&oacute;lo son inteligibles   si siguen la l&oacute;gica natural del mercado. De lo contrario ser&aacute;n   excluidos, descalificados y privados de todo sentido. Si seguimos el   an&aacute;lisis foucaultiano, nos encontramos ante una racionalidad que   no s&oacute;lo crea libertad bas&aacute;ndose en la seguridad, sino que tambi&eacute;n   produce realidad. Y excluye aquellos espacios oscuros que no pertenecen   a la regi&oacute;n del homo economicus, quien va a constituirse en el   referente de inteligibilidad humano y en el encargado de constituir   sociedad, relegando fuera de ella todos los aspectos de lo humano   que no se atengan al c&oacute;mputo econ&oacute;mico.</p>     <p>   <font size="3"><b>5. Entre guerra y liberalismo</b></font></p>     <p>   Una vez recorrido el despliegue foucaultiano de los conceptos   de poder, guerra, biopoder y liberalismo, podemos deducir algunas   consideraciones que se desprenden de estos an&aacute;lisis. En primer lugar,   parece evidente que la guerra, en sentido militar, ha cambiado,   que los modelos anteriores bajo los que se desarrollaba la forma de   la guerra hoy en d&iacute;a se nos aparecen como caducos e incapaces de   dar una explicaci&oacute;n de los conflictos armados que acontecen. Es   aqu&iacute; d&oacute;nde el modo en que Foucault incorpora el tema de la seguridad   y la intervenci&oacute;n se nos muestra m&aacute;s efectivo en el an&aacute;lisis.   Conflictos armados como los de Irak o Afganist&aacute;n no siguen el   patr&oacute;n del poder disciplinario, sino que se nos revelan como estrategias   globales de seguridad. La guerra y la paz han dado paso   a la intervenci&oacute;n y la seguridad. La seguridad, como racionalidad   liberal, reemplaza a la guerra reconfigurando el lugar cl&aacute;sico de las   violencias. Guerra y paz desaparecen, y los t&eacute;rminos intervenci&oacute;n    y   seguridad se destacan como instancias explicativas que gestionan   los modos de violencia en las sociedades globales y liberales.</p>     <p>   La intervenci&oacute;n tiene por funci&oacute;n aumentar el estado de seguridad   general del mundo &#91;...&#93; Si la guerra defend&iacute;a una Patria, un Pueblo,   una Ideolog&iacute;a, la seguridad s&oacute;lo protege a los individuos vivientes    &#91;...&#93;   El atentado terrorista, el arma qu&iacute;mica, son una parte de los peligros   que atentan contra el ser viviente, pero que pertenecen, al fin y al   cabo, al mismo tejido que las enfermedades y epidemias &#91;...&#93; La guerra   como conflicto armado, p&uacute;blico y justo, se borra lentamente, con   sus mentiras y noblezas, sus atrocidades y bondades. El advenimiento   de los estados de violencia, regulados por procesos de seguridad que   prometen reducir los riesgos, se abre ante nosotros. (Gros 240)</p>     <p>   De este modo, a la hora de analizar las nuevas violencias   que desencadena el sistema neoliberal, debemos atender a estos   nuevos modelos de la seguridad y la intervenci&oacute;n, que reducen los   conflictos a c&aacute;lculos econ&oacute;micos seg&uacute;n el modelo m&eacute;dico    de la   epidemia. Sin embargo, no toda la realidad puede ser comprendida seg&uacute;n    el modelo de la seguridad y la intervenci&oacute;n. Hay violencias   que responden a otros modos de poder. De hecho, parece evidente   que en nuestras sociedades conviven diversos tipos de poder bajo   diferentes racionalidades. El prisma de an&aacute;lisis debe ser mutable,   en el sentido de que la realidad no se deja reducir a una instancia   explicativa y trascendental que pudiera dar cuenta tanto de   nuestra sexualidad como de las guerras preventivas. El poder del   soberano, ejemplificado en las muestras m&aacute;s brutales de la violencia   de Estado, nos recuerda el poder de matar; el poder disciplinario   se nos muestra en las pr&aacute;cticas y saberes mediante los que nos   constituimos como sujetos normales, cuerdos, legales; el biopoder   se nos aparece cuando somos tomados como sujetos de poblaci&oacute;n,   sometidos a procesos estad&iacute;sticos; el poder liberal lo encontramos   cuando nos constituimos en homo economicus, formando parte del   capital humano, garantiz&aacute;ndose nuestra seguridad en tanto sujetos   vivientes. Sin embargo, la irrupci&oacute;n del gobierno liberal puede   llevarnos a pensar que la pol&iacute;tica ha sufrido una transformaci&oacute;n   similar a la de la guerra. Al menos, debemos tener en cuenta los   cambios de la guerra a la hora de pensar una pol&iacute;tica bajo la inversi&oacute;n   de la cl&aacute;usula de Clausewitz. Si t&eacute;rminos como guerra y paz han   dejado de marcar el umbral de la reflexi&oacute;n en las sociedades globales,   hemos de considerar la posibilidad de que la guerra ya no sea la   continuaci&oacute;n de la pol&iacute;tica. De hecho, desaparecida la guerra,    quiz&aacute;s   haya desaparecido la pol&iacute;tica como construcci&oacute;n justa de la sociedad   civil, y nos encontremos en la perspectiva de una pol&iacute;tica que es   continuaci&oacute;n de la seguridad. Dec&iacute;a Foucault que "el fin    de lo pol&iacute;tico,   ser&aacute; la &uacute;ltima batalla, y esta &uacute;ltima batalla suspender&aacute;    el ejercicio del   poder como guerra" (Foucault 1997 17). La desaparici&oacute;n del horizonte   de la guerra apunta en la misma direcci&oacute;n que la disoluci&oacute;n de    la   pol&iacute;tica en pr&aacute;cticas de seguridad. Si la guerra desaparece, borrada   como un rostro de arena, entonces nos encontramos en el umbral   de un cambio, de una reconfiguraci&oacute;n in&eacute;dita de las formas cl&aacute;sicas   de guerra y de paz. Enfrentados a la tarea de pensar este cambio, es   necesario continuar la tarea cr&iacute;tica, desvelar las violencias de estas   reconfiguraciones que se anclan en los nudos te&oacute;ricos del liberalismo   a trav&eacute;s de un an&aacute;lisis mutable de la complejidad de lo real,    reclamar   una politizaci&oacute;n que no pasa por los canales usuales de lo pol&iacute;tico,   sino que busca en la regi&oacute;n de la &eacute;tica &mdash;de la experiencia&mdash;    nuevos   modos de gobernarse a s&iacute; mismo que, pese al gobierno de los otros y   el peso de los saberes, posibiliten un espacio en donde sea plausible,   todav&iacute;a, marcar ciertas zonas de resistencia, de alternativa cr&iacute;tica.</p>     <p>   <font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>   Chevallier, Ph. Michel Foucault, le pouvoir et la bataille. Nantes:   Pleins Feux, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S0120-0062200900010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Defert, D. "Le dispositif de guerre comme analyseur des rapports   de pouvoir", Lectures de Michel Foucault, vol.1, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000044&pid=S0120-0062200900010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ewald, F. "Foucault et la norme", Michel Foucault. Lire l'oeuvre.   Grenoble: J&eacute;r&ocirc;me Millon, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S0120-0062200900010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Foucault, M. Dits et &Eacute;crits, vol. IV. Paris : Gallimard, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000046&pid=S0120-0062200900010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Foucault, M. Il faut d&eacute;fendre la societ&eacute;. Paris : Seuil, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0120-0062200900010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Foucault, M. Securit&eacute;, Territoire, Population. Paris : Gallimard, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S0120-0062200900010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Foucault, M. Naissance de la biopolitique. Paris : Gallimard, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0120-0062200900010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gros, F. &Eacute;tats de violence. Paris : PUF, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S0120-0062200900010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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