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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Correspondencia entre Locke y Molyneux acerca de la identidad personal y el derecho a castigar justamente a un ebrio que no es consciente de sus acciones]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2"></font>     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>Correspondencia entre Locke y Molyneux acerca de la     identidad personal y el derecho a castigar justamente   a un ebrio que no es consciente de sus acciones</b></font></p> <font face="verdana" size="2">     <p align="right">   Introducci&oacute;n, traducci&oacute;n y notas  Carlos G. Patarroyo G. </p>     <p align="right">   * Universidad Nacional de Colombia, <a href="mailto:cgpatarr@cable.net.co">cgpatarr@cable.net.co</a></p>   <hr size="1"> </font>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p> <font face="verdana" size="2">     <p>   El Ensayo sobre el entendimiento humano es el producto de casi   veinte a&ntilde;os de estudios, reflexiones, adiciones y reevaluaciones de   John Locke sobre el origen, los l&iacute;mites y el apropiado uso del entendimiento   del hombre (cf. Rogers 7). Pese a ser publicado con la   fecha de 1690, su primera edici&oacute;n vio la luz en 1689, y es un hecho   innegable que la discusi&oacute;n constante de sus contenidos con varios   de sus conocidos tuvo mucho que ver con la maduraci&oacute;n de buena   parte de las ideas all&iacute; presentes. Este proceso de discusi&oacute;n es,    seg&uacute;n   lo admite Locke en la Ep&iacute;stola al lector, lo que dio inicio al proyecto   mismo de escribir el Ensayo:</p>     <p>   Cinco o seis amigos est&aacute;bamos reunidos en mi despacho   discutiendo un asunto muy lejano a &eacute;ste, y prontamente nos vimos   detenidos por las dificultades que surg&iacute;an de todos lados. Despu&eacute;s   de habernos roto la cabeza, sin siquiera acercarnos a la soluci&oacute;n de   estas dudas que nos dejaban perplejos, vino a mi mente la idea de que   hab&iacute;amos tomado un camino errado, y que antes de embarcarnos en   investigaciones de esa naturaleza, era necesario que examin&aacute;ramos   nuestras propias habilidades, y vi&eacute;ramos qu&eacute; objetos est&aacute;n    a nuestro   alcance o m&aacute;s all&aacute; de nuestros entendimientos. Lo propuse a los   presentes, quienes asintieron r&aacute;pidamente, y acto seguido se acord&oacute;   que &eacute;sta deb&iacute;a ser nuestra primera investigaci&oacute;n. (Locke    I XLVI)</p>     <p>   El intercambio de ideas con amigos y conocidos no se detuvo   con la primera edici&oacute;n. Al contrario, fueron abundantes las reuniones   y cartas en las que se discut&iacute;an los contenidos del Ensayo   y que llevaron, en 1694, a la publicaci&oacute;n de una segunda edici&oacute;n   revisada y ampliada. La correspondencia que Locke sostuvo con   William Molyneux (1656-1698) durante este per&iacute;odo influy&oacute; de   manera decisiva en los contenidos de la segunda edici&oacute;n. El producto   m&aacute;s conocido de este intercambio es la inclusi&oacute;n de lo que   ahora se conoce como "El problema de Molyneux":</p>     <p>Suponga que un hombre, que naci&oacute; ciego y ahora es un adulto,   aprendi&oacute; a distinguir mediante el tacto un cubo y una esfera, hechos   del mismo metal y del mismo tama&ntilde;o, de manera que puede decir,   cuando toca alguno de los dos, cu&aacute;l es el cubo y cu&aacute;l es la esfera.   Suponga ahora que el cubo y la esfera son colocados en una mesa   y que el hombre recobra su vista. Preg&uacute;ntese entonces: &iquest;podr&aacute;    este   hombre, por medio de la vista, y antes de tocarlos, distinguir cu&aacute;l es   el cubo y cu&aacute;l es la esfera? (Locke I 132)<sup><a href="#**" name="s**">**</a></sup></p>     <p>   Pero la influencia de Molyneux en Locke no se limit&oacute; a este problema.   La segunda edici&oacute;n del Ensayo presenta tambi&eacute;n un cambio   en el cap&iacute;tulo titulado "De la potencia", donde las sugerencias    de   Molyneux llevaron a Locke a cambiar la secci&oacute;n central por una   nueva versi&oacute;n, en la que se presenta una discusi&oacute;n mucho m&aacute;s    larga   acerca del libre albedr&iacute;o y la libertad humana (cf. Milton 20).   Es tambi&eacute;n gracias a este intercambio de ideas con Molyneux que   la segunda edici&oacute;n del Ensayo se ve enriquecida por la adici&oacute;n    de   un cap&iacute;tulo enteramente nuevo: "De la identidad y la diversidad"   (cf. Allison 41, Milton 20). En una carta del 2 de marzo de 1693,   Molyneux responde a la pregunta de Locke acerca de si considera   que alg&uacute;n tema de l&oacute;gica o metaf&iacute;sica debe ser incluido    en la   segunda edici&oacute;n del Ensayo: "ninguno, a no ser que usted considere   inapropiado insistir m&aacute;s particularmente y en extenso sobre '&aelig;tern&aelig; veritates' y sobre el 'principium individuationis'"    (Locke IX   310)   <sup><a href="#***" name="s***">***</a></sup>. Locke acepta la sugerencia y comienza la escritura del cap&iacute;tulo,   cuyos borradores env&iacute;a juiciosamente a Molyneux y que &eacute;ste   comenta a vuelta de correo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   En "De la identidad y la diversidad" Locke presenta, como bien   lo resalta Allison, "el primer tratamiento sistem&aacute;tico de la identidad   personal en la historia de la filosof&iacute;a moderna" (Allison 41).    Su   preocupaci&oacute;n principal all&iacute; es la de separar el concepto de identidad   personal del concepto de substancia, ya que, para Locke, "en la   identidad personal se fundamenta todo el derecho y la justicia de   la recompensa y el castigo" (Locke II 63), y si la identidad personal   no fuera separable de la identidad de la substancia, no tendr&iacute;amos "medios seguros para determinar los l&iacute;mites de la responsabilidad moral" (Allison 43).</p>     <p> "Una cosa es ser la misma substancia, otra ser el mismo hombre,       y una tercera ser la misma persona. Si persona, hombre y substancia       significan tres ideas diferentes, en tanto que la idea pertenece a un nombre,          entonces as&iacute; tendr&aacute; que serlo tambi&eacute;n la identidad"    (Locke   II 52). Locke ofrece tres tipos de identidad. La de las substancias se   determina porque sus partes constituyentes se mantienen iguales   en n&uacute;mero y en la misma configuraci&oacute;n. Pero, "en el caso          de las       criaturas vivas, su identidad no depende de una masa de las mismas       part&iacute;culas, sino de algo m&aacute;s" (id. 49). Una planta, por          ejemplo, o un       animal, cambian sus partes constituyentes a medida que crecen, su       configuraci&oacute;n var&iacute;a y la cantidad de materia tambi&eacute;n; sin          embargo,       el hecho de que todos estos cambios pertenezcan a la misma vida       es lo que permite decir que el roble adulto es la misma planta que       comenz&oacute; como un peque&ntilde;o tallo: "una planta contin&uacute;a          siendo la       misma en tanto participe de la misma vida, y esa vida puede ser       comunicada a nuevas part&iacute;culas de materia unidas vitalmente a la       planta" (id. 50). Esta definici&oacute;n de identidad es la que Locke          aplica       al hombre, en tanto que es considerado un organismo vivo. La defi-       nici&oacute;n de la identidad de substancia decide aplic&aacute;rsela a su cuerpo.       Pero un ser humano tiene una dimensi&oacute;n adicional: no basta con       describirlo como mera materia, o como un simple organismo vivo,       pues posee, adem&aacute;s, inteligencia, racionalidad y, sobre todo, conciencia.       Es en estas caracter&iacute;sticas en las que Locke funda la base de   la identidad personal:</p>     <p>   Habiendo prometido descubrir en qu&eacute; consiste la identidad   personal, debemos comenzar por considerar qu&eacute; significa persona;   y creo que esto es un ser pensante e inteligente, que tiene raz&oacute;n y   reflexi&oacute;n, y que puede considerarse a s&iacute; mismo como el mismo ser   pensante en tiempos y lugares diferentes; lo cual s&oacute;lo puede hacer en   virtud de la conciencia que es inseparable del pensamiento y que me   parece esencial en &eacute;l &#91;...&#93; Pues ya que la conciencia siempre acompa&ntilde;a   al pensamiento, y es eso lo que hace que cada uno sea lo que llama   s&iacute; mismo y le permite, por lo tanto, distinguirse de otros seres   pensantes, solamente en esto consiste la identidad personal, es decir,   la mismidad de un ser racional: y tanto como esta conciencia pueda   extenderse hacia atr&aacute;s a cualquier acci&oacute;n o pensamiento pasados,   hasta all&aacute; alcanza la identidad de esa persona. (Locke II 55)</p>     <p>   Los comentaristas han distinguido dos tipos de identidad personal   en esta propuesta de Locke: una es la sincr&oacute;nica y la otra es la   diacr&oacute;nica (cf. por ejemplo, Jaffe 214 ss. y Bennett 321 ss.). La primera   se presenta cuando una persona, en cierto momento espec&iacute;fico,   reconoce ciertos pensamientos y ciertas acciones como suyos, es   decir, cuando alguien, en el momento de pensar o actuar, reconoce   sus actos como voluntarios y provenientes de su propio ser. La   identidad diacr&oacute;nica es, en cambio, la que se presenta cuando hay   m&aacute;s de un tiempo presente; as&iacute;, una persona reconoce como suyos   pensamientos y acciones que han ocurrido en tiempos pasados. Es a este &uacute;ltimo      a lo que Locke se refiere cuando dice que la identidad   personal se extiende hasta donde alcance la conciencia.</p>     <p>   Si bien Locke fue el primero en tratar juiciosamente el problema   de la identidad personal, y pese a que la importancia hist&oacute;rica   de este hecho es innegable, su soluci&oacute;n, sobre todo en lo referente a   la identidad personal diacr&oacute;nica, cont&oacute; con muchos contradictores,   entre los que se cuentan pensadores de la talla de Thomas Reid y   Joseph Butler. La objeci&oacute;n de Reid   <sup><a href="#****" name="s****">****</a></sup> tiene que ver con la transitividad   de la identidad personal diacr&oacute;nica. Reid pone el ejemplo de   un miembro del ej&eacute;rcito que, siendo ni&ntilde;o, fue castigado por robar,   siendo un adulto defendi&oacute; a su pa&iacute;s en el frente de batalla, y      siendo   una persona mayor fue promovido a general. Para Reid el problema   est&aacute; en qu&eacute; ocurre con la identidad de esta persona si el adulto      recuerda   haber sido castigado cuando ni&ntilde;o, y el general recuerda haber   defendido a su pa&iacute;s siendo un adulto, pero siendo general no recuerda   haber sido castigado cuando ni&ntilde;o (cf. Reid 216-218). Parecer&iacute;a      que,   pese a que hist&oacute;ricamente se preserva paso a paso la identidad, hay un   rompimiento grave cuando se miran los extremos, y el hombre mayor   no ser&iacute;a la misma persona que el ni&ntilde;o. Por su parte, Butler critica      la   teor&iacute;a de Locke de no poder dar cuenta de las instancias en las que   las personas tienen memorias falsas (cf. Butler 325). Ser&iacute;a injusto decir   que la persona que ahora recuerda haber hecho un mal, es digna de   castigo si esta memoria es una memoria falsa, si es el recuerdo de algo   que nunca ocurri&oacute;. Sin embargo, la teor&iacute;a de Locke no parece aportar   ning&uacute;n elemento que pueda impedir este error (cf. Jaffe 219).</p>     <p>   Pero los planteamientos de Locke acerca de la identidad personal   no son ingenuos. &Eacute;l mismo se preocup&oacute; por pensar en las   posibles objeciones que se podr&iacute;an hacer en contra de su teor&iacute;a      y, si   bien no anticip&oacute; las reci&eacute;n mencionadas de Reid y Butler, pens&oacute;    en   una no menos interesante:</p>     <p>   &#91;P&#93;osiblemente se me haga esta objeci&oacute;n: suponga que pierdo por   completo la memoria de algunas partes de mi vida, sin la m&aacute;s m&iacute;nima   posibilidad de recuperarlas, de manera que tal vez nunca m&aacute;s vuelva   a ser consciente de ellas. &iquest;No soy acaso la misma persona que realiz&oacute;   esos actos y que tuvo esos pensamientos de los que alguna vez fue   consciente, pese a haberlos olvidado ahora? A lo cual respondo que   debemos examinar a qu&eacute; se aplica la palabra yo que, en este caso, es   solamente al hombre &#91;...&#93; puesto que las leyes humanas no castigan al   demente por las acciones del hombre cuerdo, ni al hombre cuerdo por   las acciones del demente, consider&aacute;ndolos, por lo tanto, dos personas   diferentes; lo que es de alguna manera explicado por nuestra manera   de hablar &#91;...&#93; cuando decimos que esa persona est&aacute; fuera de s&iacute;,      o no   es s&iacute; mismo. (Locke II 64) </p>     <p>La respuesta de Locke a esta objeci&oacute;n auto-inflingida deja ver   claramente dos cosas: su fidelidad a la teor&iacute;a de la identidad personal   diacr&oacute;nica, hasta el punto de admitir que una persona que   olvida sus acciones es una persona diferente de aquella que las realiz&oacute;,   y su profundo inter&eacute;s de ligar su teor&iacute;a de la identidad personal   a las pr&aacute;cticas de castigo y recompensa. El mismo Locke dir&aacute; que    el   concepto de persona es un t&eacute;rmino "forense que imputa las acciones   y su m&eacute;rito, y por lo tanto pertenece s&oacute;lo a los agentes inteligentes,   capaces de una ley, de la felicidad y de la desgracia" (Locke II 69).</p>     <p>   Sin embargo, si bien parece ser f&aacute;cil entablar de esta manera   el puente entre la ley, la recompensa y el castigo con la identidad   personal, no lo es tanto cuando esta ley es la ley humana. Las pr&aacute;cticas   humanas castigan al sobrio por lo que hizo el ebrio, y si lo   que se castiga es a la persona, bien podr&iacute;a decirse que si el sobrio   no recuerda lo que hizo el ebrio &mdash; no es consciente de sus acciones   pasadas&mdash;, entonces son dos personas distintas y es injusto castigar   a uno por lo que el otro ha hecho. Lejos de criticar las pr&aacute;cticas   comunes de la ley, Locke ingenia un argumento para mostrar c&oacute;mo   pueden las leyes, justamente, castigar a quienes no son conscientes   de haber realizado acciones punibles:</p>     <p>   Pero, &iquest;no es un hombre, sobrio y ebrio, la misma persona? &iquest;Por   qu&eacute; m&aacute;s se le castigar&iacute;a por el acto que ha cometido estando    ebrio,   pese a no tener despu&eacute;s conciencia de ello? Es la misma persona   tanto como lo es el hombre que camina y hace otras cosas mientras   duerme, y que es responsable por cualquier mala conducta que realice   en ese estado. Las leyes humanas castigan a ambos con la justicia correspondiente   a la medida de su conocimiento pues, en estos casos,   no pueden distinguir con certeza qu&eacute; es real y qu&eacute; es fingido.    Y   as&iacute; la ignorancia en la ebriedad o en el sue&ntilde;o no es admitida    como   excusa. Pues el castigo se liga a la personalidad, y la personalidad a   la conciencia, y pese a que el ebrio puede no ser consciente de lo que   hizo, las judicaturas humanas lo castigan justamente porque el hecho   es probado en su contra; pero la falta de conciencia no puede ser   probada a su favor. Sin embargo, en el gran d&iacute;a en el que los secretos   de todos los corazones sean expuestos, puede ser razonable pensar   que a nadie se le har&aacute; responder por algo de lo que no sabe nada, pero   recibir&aacute; su condena de acuerdo con aquello de lo que sea acusado o   excusado por su conciencia. (Locke II 69)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Locke divide la ley y la justicia en humana y divina (cf. Jolley   118 y Allison 46). La humana, al tener un conocimiento imperfecto   e incompleto, no puede acceder a las mentes de los acusados con   el fin de saber, m&aacute;s all&aacute; de lo que ellos confiesan, si realmente    son   conscientes de lo que han hecho o no. Por ello, su condena ha de basarse   en un m&eacute;todo menos refinado: la evidencia disponible. El acto puede ser    probado en contra del ebrio, pero &eacute;ste no puede probar   que no era consciente cuando lo realiz&oacute; o, en otras palabras, que esa   conciencia no es la misma que tiene ahora estando sobrio. Sin embargo,   este caso no escapar&aacute; a la justicia divina cuando &eacute;sta, con un   conocimiento perfecto, juzgue a cada uno por lo que revele su conciencia.   Es precisamente aqu&iacute; donde comienza la discusi&oacute;n entre   Locke y Molyneux que el lector encontrar&aacute; traducida a continuaci&oacute;n.   Molyneux considera que la respuesta de Locke es insuficiente,   y que en el caso del ebrio hay un agravante adicional que se ha   debido tener en cuenta: que la ebriedad es, en s&iacute; misma, una falta, y   una falta no puede ser arg&uuml;ida como una excusa para otra falta.   Locke, por su parte, reconoce que el argumento de Molyneux   es fuerte, pero no acepta usarlo porque, de ser cierto, derrumbar&iacute;a   su teor&iacute;a, ya que si todo acto que se realiza en estado de ebriedad es   punible, la conciencia en &eacute;l no es un factor relevante para la imputaci&oacute;n   de responsabilidad. El argumento de Molyneux no tiene nada   que ver con la conciencia y, por lo tanto, con la identidad personal.   Molyneux acepta la explicaci&oacute;n de Locke y, dejando aparentemente   el asunto de lado, le pregunta por sus opiniones acerca del caso   de un ebrio que no recuerda sus acciones y un enfermo mental   que cae en lapsos de man&iacute;a de los que luego no tiene recolecci&oacute;n   alguna. Para Molyneaux, la distinci&oacute;n principal en estos casos tiene   que ver con aquello que lleva al estado en el que se realizan las   acciones punibles que luego no son reconocidas: en el caso de un   mani&aacute;tico se trata de un acto involuntario, de una enfermedad que   no controla; pero en el caso del ebrio se trata de un acto voluntario,   de una decisi&oacute;n consciente de beber. A lo que Locke responde:</p>     <p>   Concuerdo con usted en que siendo la ebriedad un defecto   voluntario, la falta de conciencia no puede ser arg&uuml;ida en favor del   ebrio; y en que siendo la man&iacute;a involuntaria, una desgracia, y no una   falta, el mani&aacute;tico s&iacute; tiene derecho a esa excusa, que ciertamente    es   justa, si realmente se trata de una man&iacute;a. Todo lo que le resta a la   justicia humana en este caso es distinguir, cuidadosamente, qu&eacute; es   real y qu&eacute; es fingido. (Locke IX 336)</p>     <p>   Si bien la correspondencia entre los dos contin&uacute;a hasta la muerte   de Molyneux en 1698, esto es lo &uacute;ltimo que se dice acerca de este   tema, y ni la segunda edici&oacute;n del Ensayo, ni sus ediciones posteriores,   muestran modificaci&oacute;n alguna en el contenido espec&iacute;fico   concerniente a este problema. Para Allison esta admisi&oacute;n de Locke   trae serias consecuencias para su teor&iacute;a pues "es bastante claro    que,   al admitir la validez de la objeci&oacute;n de Molyneux, Locke reconoce   un caso donde la responsabilidad moral se extiende m&aacute;s all&aacute; de    la   conciencia" (Allison 47).</p>     <p>Oponi&eacute;ndose a la cr&iacute;tica de Allison, Paul Helm y Nicholas Jolley   consideran que la acusaci&oacute;n de Allison es injusta y se basa en una   interpretaci&oacute;n incorrecta de lo dicho por Locke. Helm dice:</p>     <p>   El Profesor Allison pregunta: &iquest;Qu&eacute; ha ocurrido con la teor&iacute;a    de   Locke de la identidad y la responsabilidad despu&eacute;s de este intercambio   de cartas? La respuesta correcta, sin duda, es &eacute;sta: no ha cambiado.    La   teor&iacute;a mantiene el mismo lugar en la mente de Locke que ten&iacute;a    antes.   S&oacute;lo se puede pensar que ha cambiado si se confunden los siguientes   principios:</p>     <p>   (1) Ya que la ebriedad es voluntaria, un hombre ebrio es   responsable por todos los actos que comete en esa condici&oacute;n, ya sea   que estas acciones sean o no realizadas conscientemente.</p>     <p>   (2) Ya que la ebriedad es voluntaria, un hombre ebrio debe   presumirse consciente de sus acciones en ese estado.</p>     <p>   Lo que Locke "admite" no es (1) sino (2), y (2) es perfectamente   compatible con su doctrina en el Ensayo II, 27. 22 en el que &eacute;l est&aacute;   escribiendo acerca de la "medida del conocimiento" de la ley inglesa.   (Helm 671)</p>     <p>   Por su parte, Jolley defiende a Locke de la siguiente manera:</p>     <p>   El punto que desea enfatizar Locke no es que, pese a que el ebrio   (el hombre que antes estaba ebrio y ahora est&aacute; sobrio) es realmente   inconsciente del acto criminal, su falta de conciencia no debe ser   permitida en el tribunal a su favor; se trata, m&aacute;s bien, de que no se   debe presumir que carece de la conciencia tal como &eacute;l lo dice. En otras   palabras, las cortes no deben aceptar como genuina su declaraci&oacute;n   interesada acerca de su estado mental. El punto de Locke concierne al   hecho, no al derecho. (Jolley 119)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Pese a lo que dicen Helm y Jolley, parece ser que la admisi&oacute;n de   Locke introduce un elemento adicional a la teor&iacute;a, a saber, el hecho   de que el acto que lleva al estado en el que se comete el crimen   haya sido voluntario. La conciencia all&iacute; se presume pero de ninguna   manera se puede probar (&eacute;sta ser&iacute;a la funci&oacute;n del juicio    divino). Por   su parte, no parece quedar claro qu&eacute; ocurre con el maniaco, y hasta   d&oacute;nde es justo suponer que &eacute;ste realmente no era consciente de    sus   actos. La preocupaci&oacute;n de Allison podr&iacute;a mantenerse intacta si    se   piensa, y no sin fundamento, que la admisi&oacute;n de Locke no dista   mucho de parecerse a la primera propuesta de Molyneux que aqu&eacute;l   rechaz&oacute; tan tajantemente y acus&oacute; de ser da&ntilde;ina para su    teor&iacute;a. Es el   incurrir conscientemente en un acto que puede llevar a la p&eacute;rdida   de conciencia, lo que hace que el acusado pierda el derecho a utilizar   la falta de conciencia como una defensa. La bebida, como un acto   tal, parece te&ntilde;ir todas sus consecuencias. &iquest;Qu&eacute; tan lejano    es esto de   decir que la bebida, por ser un acto ilegal, ti&ntilde;e sus consecuencias,    tal   como lo propon&iacute;a Molyneux? Locke rechaza esta propuesta porque ella misma    no trataba de la identidad personal, pero no es claro que   su admisi&oacute;n cambie mucho este panorama.</p>     <p>   Dejo en manos del lector el juicio de si basta o no la defensa   que hacen Helm y Jolley de la consistencia de la teor&iacute;a de Locke,   o si Allison tiene raz&oacute;n al decir que su aceptaci&oacute;n de la cr&iacute;tica    de   Molyneux trae serias consecuencias para la teor&iacute;a.</p>     <p>   La traducci&oacute;n se ha basado en la edici&oacute;n de las obras completas   de Locke publicadas en diez vol&uacute;menes para T. Tegg en Londres en   1823. Esta traducci&oacute;n corresponde, espec&iacute;ficamente, a las p&aacute;ginas   328 a 336 del noveno volumen.</p>     <p align="center">   ***</p>     <p align="center">   Molyneux a Locke</p>     <p align="right">   Dubl&iacute;n, diciembre 23 de 1692</p>     <p>   Se&ntilde;or,</p>     <p>   He le&iacute;do por tercera vez su Ensayo sobre el entendimiento humano,   y siempre hago nuevos descubrimientos de algo profundo en &eacute;l.   Deber&iacute;a emprender nuevamente esta tarea, pero para ello esperar&eacute;   su nueva edici&oacute;n que, espero, est&eacute; casi terminada. La satisfacci&oacute;n   que usualmente siento al leer todas las cosas que vienen de usted, me   ha llevado recientemente a revisar su cap&iacute;tulo sobre "identidad    y diversidad"   en lo concerniente a su exactitud. Sigo teniendo la misma   opini&oacute;n que antes, pero me ha surgido un pensamiento que no se me   present&oacute; en mi primera lectura. Se trata de la secci&oacute;n 22, en    la que   usted da las razones por las que la ley puede castigar justamente   a un hombre sobrio por lo que hizo cuando estaba ebrio, o a un   simple caminante por lo que hizo cuando caminaba dormido. Pese   a ser esto enteramente verdadero en el caso del son&aacute;mbulo<sup><a href="#1" name="s1">1</a></sup>, no lo   concibo tan acertado en el caso del ebrio, pues la ebriedad es en s&iacute;   misma un crimen y, por lo tanto, nadie puede alegarla como excusa   de otro crimen. En la ley encontramos que "matar a un hombre por   accidente no es capital<sup><a href="#2" name="s2">2</a></sup>"; sin embargo, si estoy realizando un acto   ilegal, como disparar a un venado en el parque para robarlo, y por   accidente mato a un hombre, esto es capital; pues el acto que estaba   realizando, y que fue la ocasi&oacute;n para mi perjuicio, era en s&iacute;    mismo ilegal y no puedo aducirlo como excusa. En el caso del son&aacute;mbulo    su   respuesta es enteramente verdadera y acertada; pero la del caso del   ebrio es, de alguna manera, insuficiente. El sonambulismo es un tipo   de desorden que no puede ser controlado o prevenido por el paciente.   Pero la ebriedad es un acto deliberado que el hombre puede evitar   y prevenir f&aacute;cilmente. M&aacute;s a&uacute;n, sea lo que sea que diga    la ley en este   caso, pienso que si yo fuese juez de alguien que mat&oacute; a otro mientras   caminaba dormido, no violar&iacute;a la buena conciencia si lo absolviera;   pues ciertamente &eacute;l no es due&ntilde;o de s&iacute;<sup><a href="#3" name="s3">3</a></sup> durante esos ataques,    y por las   circunstancias ser&iacute;a f&aacute;cil distinguir qu&eacute; tanto ha fingido    o no.</p>     <p>   Me complacer&iacute;an mucho una o dos l&iacute;neas de respuesta que me   permitieran saber qu&eacute; tan adelantado est&aacute; su trabajo, y qu&eacute;    otras   cosas tiene en el yunque frente a usted, entre las que espero no   haya olvidado sus Pensamientos sobre moralidad. Me siento muy   complacido de presentarle esta solicitud habiendo sido el primero,   presumo, que lo inclin&oacute; hacia ello.</p>     <p>   Hay un caballero en esta ciudad, un Capit&aacute;n Henry Monk, un   pariente cercano de los Albermales, quien me dice que lo conoci&oacute;   hace tiempo y siempre lo menciona con el m&aacute;s alto respeto. El otro   d&iacute;a me solicit&oacute; que le trasmitiese su m&aacute;s humilde disposici&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Soy,   apreciado Se&ntilde;or,   su m&aacute;s obediente servidor,</p>     <p>   Will Molyneux</p>     <p align="center">   Locke a Molyneux</p>     <p align="right">   Oates, enero 19 de 1693</p>     <p>   Honorable Se&ntilde;or,</p>     <p>   No puedo tomar m&aacute;s que como un gran signo de su amabilidad   hacia m&iacute; el que ocupe tanto de su tiempo en el estudio de mis   pensamientos, cuando usted tiene otros mucho mejores con qu&eacute;   superarlos. A esto usted agrega este compromiso ulterior: que usted   lee mi libro para mi instrucci&oacute;n, ofreci&eacute;ndome notas de lo que   usted considera incorrecto en &eacute;l. &Eacute;ste es un buen oficio que pocos   en el mundo realizan tan bien como usted, y que merece mi particular   reconocimiento. Y me confieso no menos agradecido cuando   difiero de usted, que cuando, convencido por su mejor juicio, recibo   de usted la oportunidad de enmendar aquello que antes era   incorrecto. &Eacute;sta ha sido siempre su intenci&oacute;n, a la cual, en ambos   casos, debo mi gratitud.</p>     <p>Usted duda de si mi respuesta en el caso del ebrio es acertada.   Para examinar si lo es o no, debemos considerar lo que estoy haciendo   all&iacute;. Tal como lo recuerdo (pues no tengo ese cap&iacute;tulo aqu&iacute;   conmigo) all&iacute; estoy mostrando que el castigo se liga a la personalidad,   y la personalidad a la conciencia: &iquest;c&oacute;mo puede entonces ser   castigado un ebrio por lo que hizo, si no es consciente de ello? A esto   respondo: las judicaturas humanas lo castigan justamente porque el   hecho es probado en su contra, pero la falta de conciencia no puede   ser probada a su favor. Usted piensa que esto no es suficiente y que   yo deber&iacute;a agregar la raz&oacute;n com&uacute;n de que, siendo la ebriedad    un crimen,   un crimen no puede ser aducido como excusa de otro crimen.   Pienso que no puedo usar esta raz&oacute;n, tan buena como sea, ya que no   se relaciona con mi argumento, pues &iquest;qu&eacute; tiene que ver esto con    la   conciencia? M&aacute;s a&uacute;n, este es un argumento en mi contra, pues si    un   hombre puede ser castigado por cualquier crimen que haya cometido   mientras estaba ebrio, del que puede no ser consciente, mi hip&oacute;tesis   se derrumba. Acepto que es justo su ejemplo del crimen capital de   aquel que mata a un hombre por accidente mientras roba un venado,   y tambi&eacute;n lo son otros similares; pero, le ruego que note que no conciernen   a mi argumento, pues no hay duda alguna de la conciencia en   &eacute;l, y s&oacute;lo muestra que cualquier acto criminal infecta sus consecuencias.   La ebriedad, en cambio, tiene algo peculiar cuando destruye la   conciencia, y as&iacute;, las instancias que usted ofrece no justifican el castigo   de una acci&oacute;n realizada en estado de ebriedad, que ha sido total   e irrevocablemente olvidada. Mi argumento es suficiente para este   prop&oacute;sito, y remueve la objeci&oacute;n sin entrar en la discusi&oacute;n    sobre el verdadero   fundamento de la situaci&oacute;n, ni mostrar qu&eacute; tan razonable es   para la justicia humana castigar el crimen de un ebrio del que se pod&iacute;a   suponer que no era consciente, lo cual me habr&iacute;a involucrado in&uacute;tilmente   en un largo discurso y en una impertinente digresi&oacute;n. Pues, le   pregunto, si un hombre, al beber descontroladamente, sufre de una   fiebre, y en el frenes&iacute; de su enfermedad (que tal vez no dur&oacute;    m&aacute;s de   una hora), cometi&oacute; alg&uacute;n crimen, &iquest;lo castigar&iacute;a    por ello? Si usted no   considerara esto justo, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a pensar que es justo    castigarlo por   cualquier acto cometido en un frenes&iacute; alcoh&oacute;lico, sin ninguna    fiebre?   Ambos actos tienen la misma causa criminal: la ebriedad; y ambos   fueron cometidos sin conciencia. No voy a extenderme a otras instancias   particulares que pueden traer dificultades acerca del castigar o no   castigar el crimen de un ebrio inconsciente, y que no se resolver&iacute;an   f&aacute;cilmente sin indagar sobre la raz&oacute;n seg&uacute;n la cual la    justicia humana   debe proceder en esos casos, tema que excede al asunto actual. As&iacute;,   Se&ntilde;or, he puesto frente a usted las razones por las que he permitido   que ese pasaje contin&uacute;e inmodificado, sin ninguna adici&oacute;n en &eacute;l;   deseo que ponga a un lado su amistad hacia m&iacute;, y que s&oacute;lo use    su   juicio al considerarlas. Y si usted contin&uacute;a siendo de la opini&oacute;n    de que he de incluir la raz&oacute;n seg&uacute;n la cual un crimen no puede    ser aducido   como excusa de otro, le ruego me lo haga saber tan pronto como le sea   posible, para que yo pueda agregar lo que sea necesario a este lugar   entre las erratas, antes de que mi libro, que avanza r&aacute;pidamente, y del   que creo que ya hay cerca de ciento cincuenta p&aacute;ginas impresas, est&eacute;   terminado. Y ahora, Se&ntilde;or, pese a que no he estado de acuerdo con su   opini&oacute;n en este punto, le ruego me crea que estoy tan agradecido con   su amabilidad en &eacute;l, como si me hubiera mostrado algo que, seg&uacute;n   su raz&oacute;n, me hubiese parecido el m&aacute;s grande error. Y le pido el    favor   de que, cuando pueda echar un vistazo a cualquiera de mis escritos,   contin&uacute;e comunic&aacute;ndome sus observaciones.</p>     <p>   Usted me escribe como si la tinta tuviese sobre m&iacute; el mismo hechizo   que, como dicen los italianos, la argamasa tiene sobre otros: una   vez he puesto all&iacute; mis dedos, nunca m&aacute;s puedo retirarlos. Confieso   que veo muchos temas, doquiera que poso mis ojos, que merecen ser   tratados de una manera distinta a como yo creo que lo han sido; pero   esto requiere de manos m&aacute;s h&aacute;biles y de cuerpos m&aacute;s fuertes    de los   que tengo para manejarlas. Adicionalmente, cuando reflexiono sobre   lo que he hecho, me sorprendo de mi osada insensatez, que tanto me   ha expuesto en esta &eacute;poca ilustrada, cr&iacute;tica y de vista aguda.    No digo   esto para excusar una perezosa holgazaner&iacute;a a la que quiera dedicar   mis pocos d&iacute;as restantes. Creo que cada uno, de acuerdo con el sendero   en que la Providencia lo ha ubicado, est&aacute; comprometido a trabajar   tanto como le sea posible por el bien p&uacute;blico; de lo contrario no tiene   ni el derecho a comer. Bajo esta obligaci&oacute;n de hacer algo, no encuentro   nada m&aacute;s fuerte que me indique qu&eacute; debo hacer, que aquello con   lo que me comprometen sus deseos. No s&eacute; si el intento exceder&aacute;    mis   fuerzas, pero ya que hay varios aqu&iacute; que se unen a usted en impulsarme   a hacerlo (en la &uacute;ltima entrega de correo recib&iacute; una carta sobre    el   mismo caso de dos de mis amigos en Londres), creo que debo ocupar   mis pensamientos en ello a la primera oportunidad. Y si, no obstante,   fallo en mi objetivo, habr&eacute; justificado mi obediencia hacia usted y   hacia otros de mis ingeniosos amigos.</p>     <p>   Estoy excesivamente agradecido con el Capit&aacute;n Monk por su   amable recuerdo, y con usted por hab&eacute;rmelo trasmitido y por hacerme   saber que a&uacute;n vive. Le tengo todo el aprecio que un hombre   tan bueno y modesto merece. Cuando lo vea, le ruego le transmita   mi disposici&oacute;n y le haga saber que estoy extremadamente contento   de escuchar que est&aacute; bien y que no me ha olvidado; y que lo estar&iacute;a   mucho m&aacute;s si lo viera otra vez aqu&iacute; en Inglaterra. Por favor comun&iacute;quele   mi m&aacute;s humilde disposici&oacute;n a su hermano.</p>     <p>   Soy,   estimado Se&ntilde;or,   su m&aacute;s humilde y fiel servidor,</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   John Locke</p>     <p align="center">Molyneux a Locke</p>     <p align="right">   Dubl&iacute;n, febrero 17 de 1693</p>     <p>   Honorable Se&ntilde;or,</p>     <p>   Al notar la gran cautela y la profunda consideraci&oacute;n que usted   toma antes de escribir cualquier cosa, no puedo sino sorprenderme   de mi osad&iacute;a cuando me aventuro a objetar alguna de sus posiciones.   Y cuando leo sus respuestas a cualquiera de mis objeciones,   noto mucho m&aacute;s mi debilidad al plantearlas. Tengo un nuevo ejemplo   de ello en su &uacute;ltima carta del 18 de enero, que no lleg&oacute; a m&iacute;   sino hasta antes de ayer<sup><a href="#4" name="s4">4</a></sup>. Ella me satisfizo abundantemente sobre   la duda que albergaba acerca del caso del ebrio, que usted me ha   aclarado en tres palabras, de la manera m&aacute;s convincente. As&iacute; que   pienso que usted no tiene la m&aacute;s m&iacute;nima raz&oacute;n para alterar    ese   par&aacute;grafo, a menos que considere conveniente presentar ese asunto   de una manera m&aacute;s simple, cosa que creo que su &uacute;ltima carta hizo   por m&iacute; mucho mejor que la vig&eacute;simo segunda secci&oacute;n de ese    cap&iacute;tulo.   Esa secci&oacute;n dice:</p>     <p>   22. "Pero, &iquest;no es un hombre, sobrio y ebrio, la misma persona? &iquest;Por qu&eacute; m&aacute;s se le castigar&iacute;a por el acto que ha    cometido estando   ebrio, pese a no tener despu&eacute;s conciencia de ello? Es la misma persona   tanto como lo es el hombre que camina y hace otras cosas mientras   duerme, y que es responsable por cualquier mala conducta que realice   en ese estado. Las leyes humanas castigan a ambos con la justicia correspondiente   a la medida de su conocimiento pues, en estos casos,   no pueden distinguir con certeza qu&eacute; es real y qu&eacute; es fingido.    Y   as&iacute; la ignorancia en la ebriedad o en el sue&ntilde;o no es admitida    como   excusa..." etc.</p>     <p>   Ahora veo aquello que hace que la expresi&oacute;n "correspondiente   a la medida de su conocimiento" all&iacute; contenida no sea tan clara;   algunos podr&iacute;an confundir la palabra "su" como refiri&eacute;ndose    al   ebrio y el son&aacute;mbulo, cuando en realidad se refiere a las leyes,   como si usted hubiera dicho "correspondiente a la medida de ese   conocimiento que las leyes han establecido para proceder".</p>     <p>   Esto es muy evidente en su carta. All&iacute; usted dice "el castigo   se liga a la personalidad, y la personalidad a la conciencia: &iquest;c&oacute;mo   puede entonces ser castigado un ebrio por lo que hizo, si no es   consciente de ello? A esto respondo: las judicaturas humanas lo   castigan justamente porque el hecho es probado en su contra, pero   la falta de conciencia no puede ser probada a su favor." Esto, Se&ntilde;or,   es m&aacute;s que convincente en el caso que est&aacute; tratando, as&iacute;    que no   tengo nada m&aacute;s que ofrecer en este asunto.</p>     <p>Perm&iacute;tame solamente hacerle una pregunta adicional, aunque   sea ajena a los asuntos de los que usted se ocupa en su cap&iacute;tulo sobre   la identidad. &iquest;C&oacute;mo puede ser que la falta de conciencia no pueda   ser probada para el ebrio como s&iacute; lo es para un mani&aacute;tico? La    una es,   creo, tan manifiesta como la otra; y si la ebriedad puede ser fingida,   tambi&eacute;n puede serlo la man&iacute;a. Por lo tanto, me parece que la ley    ha   hecho una diferencia en estos dos casos, &eacute;sta es: "que com&uacute;nmente   se incurre en la ebriedad voluntaria y premeditadamente, mientras   que la man&iacute;a se presenta usualmente sin nuestro consentimiento, o   es imposible prevenirla". Pero basta ya de este asunto.</p>     <p>   No he debido importunarlo con esto pero, seg&uacute;n su candor y su   bondad usuales, usted parec&iacute;a desear mis pensamientos adicionales   sobre ello tan r&aacute;pidamente como me fuera posible.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Soy,   digno Se&ntilde;or,   su m&aacute;s agradecido y humilde servidor.</p>     <p>   Will Molyneux</p>     <p align="center">   Locke a Molyneux</p>     <p align="right">   Londres, mayo 26 de 1694</p>     <p>   Se&ntilde;or,   La lentitud de la imprenta ha retardado tanto mi respuesta a su &uacute;ltima carta, que espero que mi libro, que ya est&aacute; impreso, encuadernado y listo para ser enviado a usted, sirva como una excusa de mi prolongado silencio. La obediencia con la que los &iacute;ndices y sumarios han sido ordenados de acuerdo con sus deseos, le mostrar&aacute; que este descuido no se ha debido a una falta de deferencia o estima con usted. Y espero que el beneficio que he obtenido de sus reflexiones en varios pasajes de mi libro, lo aliente en la continuaci&oacute;n de esa libertad, hacia un hombre que puede distinguir entre las censuras de un amigo prudente y la jarana de un cr&iacute;tico testarudo. Para m&iacute; no hay nada m&aacute;s aceptable que uno sea despreciado por el otro. Por lo tanto, si usted decide, como parece que lo ha hecho, que ha de continuar invirtiendo m&aacute;s de su tiempo en el examen de mi ensayo, le suplico que juzgue lo que lee tan severamente como le sea posible. S&eacute; que no renunciar&aacute; a la verdad al discutir conmigo, y al seguirla, siempre me complacer&aacute; al ense&ntilde;arme mis errores, o aquellos que usted considera que lo son. Encontrar&aacute; que en esta segunda edici&oacute;n sus consejos no han sido ignorados, y ver&aacute;, en las erratas, que pese    a   que su carta lleg&oacute; un poco tarde, ello no me impidi&oacute; cumplir con    lo   que usted sugiri&oacute; tan amablemente y con tanta raz&oacute;n.</p>     <p>Concuerdo con usted en que siendo la ebriedad un defecto voluntario,   la falta de conciencia no puede ser arg&uuml;ida en favor del   ebrio; y en que siendo la man&iacute;a involuntaria, una desgracia, y no   una falta, el mani&aacute;tico s&iacute; tiene derecho a esa excusa, que ciertamente   es justa si realmente se trata de una man&iacute;a. Todo lo que le resta a   la justicia humana en este caso es distinguir, cuidadosamente, qu&eacute; es real y qu&eacute; es fingido.</p>     <p>   He puesto mi libro, que deseo usted acepte, en las manos de Sr.   Churchill, el librero, quien me ha dicho que lo enviar&aacute; la pr&oacute;xima   semana en un fardo de libros al Sr. Dobson, el librero de la calle   Castle en Dubl&iacute;n; y le he ordenado que incluya una copia de las   adiciones y alteraciones impresas aparte, que lo ayudar&aacute; a hacer de   su antigua copia algo &uacute;til para cualquier joven, tal como ver&aacute;    en la conclusi&oacute;n de la ep&iacute;stola al lector.</p>     <p>   Soy,   Se&ntilde;or, su m&aacute;s afectuoso y humilde servidor,</p>     <p>   John Locke </p>     <p>   <hr size="1"> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s**" name="**">**</a></sup> Un profundo an&aacute;lisis de este problema, as&iacute; como de las respuestas    de Locke, de sus   contempor&aacute;neos y de algunas de las explicaciones desde la ciencia actual,    puede   encontrarse en el libro de Marjolein Degenaar (1996).</p>     <p>  <sup><a href="#s***" name="***">***</a></sup> Es en esta misma carta que Molyneux plantea a Locke el problema del ciego    que recobra la vista (cf. id. 311). </p>     <p><sup><a href="#s****" name="****">****</a></sup> Realmente es una objeci&oacute;n original de Berkeley, pero que la historia    le ha atribuido a   Reid (cf. Berkeley 299 y Jaffe 218). </p>     <p><sup><a href="#s1" name="1">1</a></sup> Es sorprendente que Molyneux diga que la teor&iacute;a es justa en el caso    del son&aacute;mbulo,   sobre todo porque el sonambulismo es tan involuntario como la demencia que   despu&eacute;s defender&aacute; en contra de Locke. En este punto Jolley tambi&eacute;n    se muestra   desconcertado: "curiosamente &eacute;l &#91;Molyneux&#93; cree que es justo castigar    al son&aacute;mbulo,   y acepta las razones de Locke de por qu&eacute; esto es as&iacute;" (118).</p>     <p>   <sup><a href="#s2" name="2">2</a></sup> Se refiere a ser condenable con la pena capital, i. e., la pena de muerte.</p>     <p><sup><a href="#s3" name="3">3</a></sup> Molyneux utiliza la expresi&oacute;n latina "non compos mentis"    en el original.</p>     <p>   <hr size="1"> </p> </font>     <p><font size="3" face="verdana"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p> <font face="verdana" size="2">     <p>   Allison, H. E. "Locke's Theory of Personal Identity: A Re-Examination",   Journal of the History of Ideas 27/1 (1966): 41-58.</p>     <p>   Bennett, J. Learning from Six Philosophers, vol. II. New York: Oxford   University Press, 2003.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Berkeley, G. The Works of George Berkeley, vol. III, ed. Jesoop, T. E. &amp;   Luce, A.A. Londres: Thomas Nelson and Sons, 1950.</p>     <p>   Butler, J. The Analogy of Religion, Natural and Revealed, to the Constitution   and Course of Nature. Ann-Arbor: Scholarly Publishing Office,   University of Michigan, 2005.</p>     <p>   Degenaar, M. Molyneux Problem. Holanda: Kluwer Academic Publishers,   1996.</p>     <p>   Helm, P. "Did Locke Capitulate to Molyneux?", Journal of the History    of   Ideas 42/4 (1981): 669-671.</p>     <p>   Jolley, N. Locke: His Philosophical Thought. New York: Oxford University   Press, 1999.</p>     <p>Locke, J. The Works of John Locke: A New Edition, Corrected, Vol. I, II y IX.   Londres: T. Tegg, 1823.</p>     <p>   Milton, J. R. "Locke's Life and Times", The Cambridge Companion    to   Locke, ed. Chappell, V. New York: Cambridge University Press, 1994:   26-55.</p>     <p>   Reid, T. Enquiry and Essays, ed. Beanblossom, R. E. &amp; Lehrer, K.   Indianapolis: Hackett Publishing, 1983.</p>     <p>   Rogers, G. A. J. "The Intellectual Setting and Aims of the Essay",    The   Cambridge Companion to Locke's "Essay Concerning Human   Understanding", ed. Newman, L. New York. Cambridge University   Press, 2007: 7-32.</p>     <p>   Yaffe, G. "Locke on Ideas of Identity and Diversity", The Cambridge   Companion to Locke's "Essay Concerning Human Understanding",    ed.   Newman, L. New York. Cambridge University Press, 2007: 192-230. </p> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
