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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Rodríguez López, Blanca. Fuera de equilibrio. Moralidad y racionalidad indirecta. Madrid: Ed. Complutense, 2008. 201 pp.]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Rodr&iacute;guez L&oacute;pez, Blanca. Fuera de   equilibrio. Moralidad y racionalidad indirecta.   Madrid: Ed. Complutense, 2008.   201 pp.</b></font></p>  <hr size="1">      <p>   Esta obra se presenta de una manera   franca: explicita qu&eacute; problema te&oacute;rico   abordar&aacute; y con qu&eacute; instrumental, y as&iacute;   lo hace de comienzo a fin. El marco   te&oacute;rico general desde el que se afronta   es la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional en su   vertiente normativa (en adelante, TER),   la cual insta a los agentes a maximizar su   utilidad y la cuesti&oacute;n de la que se ocupa   tiene la envergadura de dilema: aqu&eacute;l   que se establece en determinados casos   entre la racionalidad y la moralidad. En   otros t&eacute;rminos, esta obra trata de hallar   v&iacute;as que acaben con la imposibilidad   te&oacute;rica que tiene un agente para actuar   racional y moralmente al mismo tiempo   en interacciones como las planteadas   por el cl&aacute;sico dilema del prisionero, en   las que la utilidad que obtienen todos   los agentes implicados que siguen los   dictados de TER mejorar&iacute;a si ninguno de   ellos lo hiciera. En principio, parece que   ante estos casos s&oacute;lo cabe optar entre   dos opciones: obrar racionalmente o actuar moralmente.</p>     <p>   El libro est&aacute; dirigido a un p&uacute;blico   interesado y formado en filosof&iacute;a, no   necesariamente familiarizado con las   teor&iacute;as de la elecci&oacute;n racional, que son   suficientemente explicitadas al comienzo   del libro. La argumentaci&oacute;n evita complejidades   t&eacute;cnicas innecesarias y reposa en   numerosos ejemplos pr&aacute;cticos y gr&aacute;ficos   que hacen m&aacute;s comprensible una lectura   en la que se conjugan el debate te&oacute;rico y la iron&iacute;a.</p>     <p>   La autora, la doctora Rodr&iacute;guez, es   profesora de la Universidad Complutense   de Madrid desde 1997. Imparte clases en   las facultades de Psicolog&iacute;a, Filosof&iacute;a y en   la EU de Trabajo social. Est&aacute; especializada   en teor&iacute;a de la racionalidad pr&aacute;ctica, fi-   losof&iacute;a pol&iacute;tica y &eacute;tica. Entre sus &uacute;ltimos   trabajos publicados podemos destacar "El agente racional y sus acciones", "Los asuntos de los dem&aacute;s: preferencias irracionales, preferencias externas y felicidad", "Preferencias pasadas y utilidad" y "Macbeth y la daga voladora: la consideraci&oacute;n utilitarista de las intuiciones morales". El tema que ocupa este libro es una de las inquietudes que m&aacute;s ha trabajado.</p>     <p>   El conflicto abierto entre ambas teor&iacute;as   normativas, TER y la &eacute;tica, ocupa   pr&aacute;cticamente el grueso del desarrollo   argumental, desde el convencimiento de   que es ineludible hallar una soluci&oacute;n satisfactoria   pues no es aceptable convivir   con dos teor&iacute;as, por lo general aceptadas,   que en situaciones l&iacute;mite se bifurquen   y prescriban opciones contradictorias.   Ante esta disfunci&oacute;n, la autora   se suma, desde el horizonte de la doctrina   utilitarista, a la discusi&oacute;n te&oacute;rica   que se ocupa de solucionar el problema.   Su estrategia es minuciosa: llevar hasta   el final las exigencias de ambas teor&iacute;as   en colisi&oacute;n. Para ello analiza en primer   lugar si el dilema que se presenta puede   solucionarse racionalmente, si los intentos   anteriores de soluci&oacute;n son concluyentes,   si existen otras v&iacute;as posibles, si   esto implica modificar los fundamentos   de TER y finalmente si TER puede mantenerse   vigente o inalterada despu&eacute;s de   esta revisi&oacute;n.</p>     <p>El punto de partida es la presentaci&oacute;n   de TER como una teor&iacute;a perfectamente   v&aacute;lida individualmente, pero aparentemente   contraproducente en el plano   colectivo, ya que si todos los agentes   obraran de modo racional el resultado   ser&iacute;a peor del que obtendr&iacute;an si actuaran   moralmente (esto es, irracionalmente).   La tesis que defiende la obra es que esto   no significa que TER quede invalidada.   La autora defiende la estrecha relaci&oacute;n   que existe entre moral y autointer&eacute;s. Pero   antes denuncia los intentos precedentes de   solucionar este dilema. En su opini&oacute;n, el   dilema como tal no tiene soluci&oacute;n posible,   pero s&iacute; es posible encontrar una soluci&oacute;n   para TER, como veremos.</p>     <p>    El libro arranca con una secci&oacute;n introductoria   que se ocupa de presentar   formalmente los fundamentos te&oacute;ricos   y el campo de aplicaci&oacute;n de TER. Una   vez sentadas todas las premisas de   partida, la segunda parte entra de lleno   en materia con el estudio de temas de   calado moral, como son la negociaci&oacute;n,   el regateo y la racionalidad de mantener   los acuerdos, siempre desde el supuesto de   que hablamos de agentes racionales que   aplican los dictados de racionalidad que   les marca TER.</p>     <p>   La autora desbarata intentos previos   de solucionar el dilema, ya que, lamentablemente,   son inconcluyentes e ingenuos   porque tratan de asimilar altruismo y   autointer&eacute;s. El mero hecho de cooperar   no puede considerarse un fin valioso en   s&iacute; mismo. Del mismo modo, considera   est&eacute;riles los intentos tendentes a   demostrar que los dilemas simplemente   no se dan. Las situaciones dilem&aacute;ticas   est&aacute;n ah&iacute;, poniendo a la moral y la raz&oacute;n   maximizadora ante disyuntivas cuya   existencia no puede negarse sin m&aacute;s.</p>     <p>   La racionalidad de adoptar el punto de   vista moral abre el tema de la moral como   punto de vista. Esta perspectiva permite   que el agente racional pueda realizar   dos tipos de ordenaciones completas   de preferencias: una adoptada desde el   punto de vista de su inter&eacute;s personal y   otra desde el punto de vista moral, esto   es, desde aquella perspectiva hipot&eacute;tica   de la que ya hablara Adam Smith con   su espectador imparcial. Naturalmente,   es inevitable que el conflicto surja   entre ambas; es entonces cuando cabe   preguntarse qu&eacute; criterio ha de usarse   para optar entre las preferencias reales   y las hipot&eacute;ticas. Ante esta disyuntiva,   TER, teor&iacute;a ubicada en el punto de vista   del agente individual y ajena al colectivo,   se limita a sugerir que se usen los medios   necesarios, pol&iacute;ticos y morales, para   evitar llegar a estas situaciones. Ahora   bien, si no se puede modificar la situaci&oacute;n   externa ni las preferencias internas, el   dilema sigue ah&iacute; y es irresoluble. En estos   casos, lo que es racional individualmente   resulta ser un fracaso colectivo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Con esta desoladora conclusi&oacute;n, nos   adentramos en la parte final del libro,   donde la cuesti&oacute;n se centra en hallar las   razones por las que un agente racional   debiera obrar moralmente. No parece f&aacute;cil   encontrar v&iacute;as que hagan que una teor&iacute;a   de la racionalidad prescriba acciones   irracionales. Se baraja la hip&oacute;tesis de   dar con una teor&iacute;a de la racionalidad   alternativa capaz de ofrecer una salida.   Con este fin se analiza pormenorizadamente   la teor&iacute;a de los objetivos presentes   de Parfit, quien argumenta que tener   preferencias morales es perfectamente   racional, y que en consecuencia actuar   moralmente es tan racional como actuar   guiado por el autointer&eacute;s. Esta teor&iacute;a   alternativa, admite la estrategia moral si   el agente decide voluntariamente actuar   guiado por esta preferencia. Pero esto   es tambi&eacute;n insuficiente: har&iacute;a falta una   teor&iacute;a que adem&aacute;s de considerar racional   obrar moralmente lo prescribiera como la &uacute;nica estrategia posible en    las situaciones   de dilema que estamos tratando y no   existe ninguna teor&iacute;a de la racionalidad   que exija adoptar el punto de vista moral.   En consecuencia, se concluye que, al igual   que TER, esta alternativa es insatisfactoria   en la medida en que tambi&eacute;n da lugar a   dilemas.</p>     <p>   Se emprende nuevamente el camino   para hallar los motivos por los que un   agente racional debiera ocuparse de la   moralidad, a pesar de no desear actuar   moralmente. En esa tesitura es donde la   autora presenta un concepto clave: la racionalidad   indirecta. Gracias a esta noci&oacute;n,   extensamente desarrollada y clarifi-   cada con ejemplos, se puede concluir que   la conducta moral (a la que consider&aacute;bamos   irracional hasta ahora) puede considerarse   en ciertos casos una estrategia   de racionalidad indirecta. En los dilemas   que nos ocupan, s&oacute;lo se obtienen los mejores   resultados a los que cabe aspirar si   se siguen m&eacute;todos indirectos de racionalidad.   De no hacerlo as&iacute;, la racionalidad   estricta podr&iacute;a resultar un inconveniente:   de ser perfectamente racionales, nadie   cumplir&iacute;a sus promesas una vez obtenido   el beneficio. Se hace necesario "atarse a   uno mismo", es decir, usar estrategias que   fuercen a alcanzar resultados racionalmente   deseables, a los que precisamente   la propia racionalidad impide acceder.</p>     <p>   Llegados a este punto, se concluye   afirmando que TER considera aceptables   estas estrategias irracionales si con ello   se logra maximizar la utilidad, que es   a fin de cuentas el objetivo sustantivo   de TER. Obrar racionalmente es s&oacute;lo un   medio entre otros en pos de tal objetivo.   Por tanto, ser&aacute; seguir TER con &eacute;xito el   procurar adquirir ciertas disposiciones   como cumplir lo acordado, cooperar,   respetar la palabra dada, fomentar el   sentido del deber o la compasi&oacute;n, etc. si   con ello se logra maximizar la utilidad.   Ello con independencia de que los actos   concretos puedan ser considerados   irracionales. Cuando TER es contraproducente   a nivel individual, TER exige la &uacute;nica salida posible: dar el salto de perder moment&aacute;neamente el s&oacute;lido equilibrio de la raz&oacute;n para actuar irracionalmente. Atarse a uno mismo, como hizo Ulises para no sucumbir al embrujo de los cantos de sirenas, es una decisi&oacute;n perfectamente racional. En conclusi&oacute;n, TER se mantiene intacta como teor&iacute;a normativa que prescribe la conducta moral como estratagema para perseguir la mayor utilidad posible.</p>     <p>   A lo largo del libro y del hilo de la argumentaci&oacute;n,   se abordan una serie de temas   de inter&eacute;s para el lector interesado en   filosof&iacute;a pol&iacute;tica: la salvaguarda lockeana,   los gorrones y par&aacute;sitos, el binomio reciprocidad-   cooperaci&oacute;n, la estabilidad de   los acuerdos y las v&iacute;as para imponerlos,   los medios coercitivos, la obediencia,   etc. Por &uacute;ltimo, un tema que aparece   fugazmente al concluir el libro es la   sugerente afirmaci&oacute;n de que bajo el deseo   incondicionado de obrar moralmente se   esconde, al fin y al cabo, un sutil m&eacute;todo   de racionalidad indirecta que persigue   el mejor inter&eacute;s posible. A menudo se   oculta este car&aacute;cter de estratagema de   la moralidad, precisamente con el fin de   reforzar su uso, pero pueden extraerse   interesantes consecuencias del v&iacute;nculo   oculto que subyace entre ambas.</p>     <p>   A pesar del escaso predicamento con   el que cuenta TER en Espa&ntilde;a, existe   una vasta tradici&oacute;n internacional que   hace uso de ella desde finales del siglo   XIX adem&aacute;s de en econom&iacute;a, en otras   ciencias sociales y humanas. El texto   se inscribe dentro de este contexto,   haciendo abundantes referencias a las   obras m&aacute;s sobresalientes que se ocupan   de la &eacute;tica y TER, con las que entabla   un di&aacute;logo colectivo, construyendo sus tesis desde algunos puntos aceptados    y   rebatiendo otros para seguir su propia   v&iacute;a. Por eso, parte de la altura de esta   obra se debe a que se erige desde las contribuciones   de la literatura especializada   precedente, desde donde emprende un   camino propio cuyo resultado tiene el   m&eacute;rito de haber elevado el nivel te&oacute;rico   de la discusi&oacute;n notablemente.</p>     <p>   Como se concluye en el libro, los   dilemas no pueden solucionarse, pero   recorrer el camino que estos nos abren   no es en absoluto est&eacute;ril. Mirar al abismo   puede causar v&eacute;rtigo, pero proporciona   tambi&eacute;n una visi&oacute;n en profundidad que   de otro modo ser&iacute;a inaccesible. Esta obra   tiene esa profundidad y es, en resumen,   un libro l&uacute;cido, bien construido y de   lectura placentera que desbroza las posibilidades   que tenemos, en tanto que   agentes racionales, de obrar moralmente   sin olvidar nuestros intereses ni   traicionar la raz&oacute;n... O quiz&aacute;s traicion&aacute;ndola,   racionalmente.</p>     <p>   <b>Juan A. Fern&aacute;ndez Manzano</b></p>     <p>   Universidad Complutense de Madrid   <a href="mailto:jafmanzano@filos.ucm.es">jafmanzano@filos.ucm.es</a></p> </font>      ]]></body>
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