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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">       <p align="center"><b><font size="4">TRADUCCI</font><font face="verdana" size="4">&Oacute;</font><font size="4">N</font></b></p>     <p align="center"><font size="3" face="verdana"><b>UNA INTRODUCCI&Oacute;N AL SIMPOSIO DE PLAT&Oacute;N</b></font><a href="#*" name="s*"><sup>*</sup></a></p> <font face="verdana" size="3">    <p></font>     <p align="right"><b>Alexander Nehamas</b>    <br> Department of Philosophy    <br> Princeton University – EE. UU.    <br> <a href="mailto:nehamas@princeton.edu"><i>nehamas@princeton.edu</i></a></p>  <hr size="1">      <p align="justify">El <i>Simposio </i>es uno de los di&aacute;logos m&aacute;s conocidos y  de los m&aacute;s influyentes  de la obra de Plat&oacute;n. La importancia y la popularidad de  este di&aacute;logo tienen como origen varios factores. As&iacute; como estos factores  llegan a ser en s&iacute; mismos estimulantes para la vida, as&iacute; tambi&eacute;n llegan  a ser dif&iacute;cilmente agrupados en una totalidad. Para sus lectores,  el <i>Simposio </i>presenta al menos cuatro aspectos  distintos. Y, as&iacute;  mismo, este di&aacute;logo es le&iacute;do, al menos, por cuatro razones diferentes. La  primera de ellas obedece a que el <i>Simposio </i>contiene  una serie  de discursos acerca del amor (<i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>). Esta raz&oacute;n es el argumento principal  para que los lectores se sientan atra&iacute;dos por este di&aacute;logo. La  segunda raz&oacute;n tiene que ver con que all&iacute; se desarrolla de forma v&iacute;vida  y expl&iacute;cita la descripci&oacute;n de la &quot;Forma&quot; plat&oacute;nica. De acuerdo con  lo que afirma S&oacute;crates en su discurso, la &quot;Forma&quot; plat&oacute;nica descansa  en la Forma de la Belleza y esta, a su vez, es el objeto final del  amor (Simposio 209e-212a).<a href="#pie1" name="spie1"><sup>1</sup></a> Por  consiguiente, el di&aacute;logo ofrece informaci&oacute;n  vital para comprender la naturaleza de las Formas, que, seg&uacute;n  Plat&oacute;n, son los constituyentes &uacute;ltimos de la realidad. La tercera raz&oacute;n  radica en que el <i>Simposio </i>suministra una extraordinaria descripci&oacute;n  de S&oacute;crates, y ello, a partir de sus propias palabras, por medio  de los comentarios de los dem&aacute;s participantes en el banquete y, por  supuesto, a trav&eacute;s del extenso discurso de Alcibiades (215a-222b) -siendo  este el tema del di&aacute;logo-. Finalmente, desde una &oacute;ptica m&aacute;s formal,  la &uacute;ltima raz&oacute;n tiene que ver con que el <i>Simposio </i>es  una de las m&aacute;s  ingeniosas composiciones dram&aacute;ticas que jam&aacute;s se hayan escrito en  la historia de la filosof&iacute;a. El &eacute;xito de Plat&oacute;n en esta obra reside en haber  presentado un sumario de argumentos filos&oacute;ficos y abstractos en  relaci&oacute;n con un nuevo mundo, a partir de las opiniones expuestas de  manera ligera por cada uno de los participantes; tarea que lleva a menudo  a convertir este documento en una pieza de comedia, y a la vez  en un objeto de estudio y de admiraci&oacute;n.</p>     <p align="justify">El <i>Simposio </i>es el reporte de un banquete ofrecido  por el joven   poeta  Agat&oacute;n. Este banquete es organizado con el fin de celebrar su   primera  victoria tr&aacute;gica -lograda nada menos que con su primera   obra-  en las contiendas dram&aacute;ticas durante las fiestas Leneas en   la  ciudad de Atenas, en el a&ntilde;o 416 a. c. En este fest&iacute;n se encuentra   S&oacute;crates,  quien por cierto es el personaje m&aacute;s viejo de todos los invitados,   ya  que para esta fecha &eacute;l habr&iacute;a de tener m&aacute;s de 50 a&ntilde;os. En   alg&uacute;n  momento, entre los a&ntilde;os 406 y 400 a. c., acontece la narraci&oacute;n   de  un cierto Apolodoro, quien relata los detalles del banquete. Esto se   puede  deducir porque cuando a Apolodoro se le pidi&oacute; relatar los hechos   del  banquete, Agat&oacute;n hab&iacute;a estado ausente de Atenas por varios   a&ntilde;os  (172c). En cuanto al di&aacute;logo real, existen dos alusiones a hechos   hist&oacute;ricos  (182b, 193a) que muestran que Plat&oacute;n debi&oacute; de haber escrito   el  di&aacute;logo despu&eacute;s del a&ntilde;o 385 a. c.,<a href="#pie2" name="spie2"><sup>2</sup></a>  mientras que el hecho de que   Fedro  mencione solamente de manera hipot&eacute;tica un regimiento de   amantes  (178e-179b) implica que el di&aacute;logo fue terminado antes del   a&ntilde;o  378 a. c., cuando la ciudad de Tebas estableci&oacute; precisamente el   famoso  regimiento llamado &quot;La Sagrada Banda&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Cabe  aclarar que no hay ninguna prueba concluyente de que realmente   haya  acontecido el banquete que Plat&oacute;n describe en este di&aacute;logo.   Pese  a esto, nada excluye la posibilidad de que dicha cena haya ocurrido   efectivamente,  aun cuando el Arist&oacute;fanes hist&oacute;rico, quien en el   di&aacute;logo  est&aacute; en muy buenos t&eacute;rminos con todas las personas presentes,   ya  hab&iacute;a atacado a S&oacute;crates en su pieza dram&aacute;tica <i>Las nubes</i>, y pronto   habr&iacute;a  de enfrentarse con Agat&oacute;n en la obra <i>Tesmoforiazusas</i>. No   obstante,  Plat&oacute;n hace su mejor esfuerzo para sugerir que Apolodoro,   el  narrador del di&aacute;logo, est&aacute; &uacute;nicamente repitiendo una historia que   &eacute;l  ha escuchado de alguien m&aacute;s (173b). El <i>Simposio </i>se  describe bajo   el  estilo de narraci&oacute;n indirecta. Este estilo es tambi&eacute;n utilizado por   Plat&oacute;n  en el <i>Parmenides</i>, un di&aacute;logo que narra una conversaci&oacute;n en   la  cual Plat&oacute;n no pudo haber participado. A partir de la comparaci&oacute;n   entre  la narraci&oacute;n indirecta de los dos di&aacute;logos podemos especular   que,  si no el evento mismo, por lo menos los detalles que describe el   <i>Simposio </i>pueden ser una invenci&oacute;n de Plat&oacute;n.</p>     <p align="justify">Esta  especulaci&oacute;n se hace m&aacute;s plausible cuando consideramos el   hecho  de que la parte crucial del discurso de S&oacute;crates acerca del <i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>   es  un supuesto reporte de las opiniones de Diotima. Ella es una sacerdotisa   de  Mantinea, de la que &uacute;nicamente sabemos por lo que S&oacute;crates   nos  cuenta. En primer lugar, Diotima alude en su discurso al punto de   vista  que Arist&oacute;fanes acaba de presentar en el banquete (204d-e, 212c).   En  segundo lugar, lo anterior sugiere que, como S&oacute;crates pretende,   aunque  Diotima realmente hubiera existido, el contenido de lo dicho   por  ella a S&oacute;crates no lo pudo haber elaborado ella misma mucho antes   de  que ocurriese la fiesta donde S&oacute;crates relata este episodio. En   tercer  lugar, Plat&oacute;n hace que S&oacute;crates admita que no puede comprender   a  Diotima (206b) y hace que Diotima le advierta a S&oacute;crates que &eacute;l   no  puede ser iniciado en &quot;los ritos finales y en la suprema revelaci&oacute;n&quot;<a href="#pie3" name="spie3"><sup>3</sup></a>   del  amor (210a). Acaso esta sea la manera como Plat&oacute;n indica que los   puntos  de vista presentados hacia el final del discurso de S&oacute;crates no   son  de S&oacute;crates, sino del propio Plat&oacute;n.<a href="#pie4" name="spie4"><sup>4</sup></a></p>     <p align="justify">Palabras  como <i>feast </i>(fest&iacute;n, banquete) y <i>dinner party </i>(cena especial,   convite)  no son buenas traducciones para la palabra griega   <i>symposion</i>, la cual significa literalmente <i>drinking together </i>(beber en   compa&ntilde;&iacute;a  de alguien).<a href="#pie5" name="spie5"><sup>5</sup></a> Si  bien la comida era siempre servida en dichas   ocasiones,  esta era consumida r&aacute;pidamente durante el comienzo   de  la noche para que los participantes llegaran al objetivo verdadero   de  la reuni&oacute;n. Este objetivo consist&iacute;a en beber con exageraci&oacute;n,   en  muchos casos bajo la direcci&oacute;n de alguien elegido como &quot;l&iacute;der&quot;   (<i>symposiarchos</i>), quien ten&iacute;a la autoridad para coordinar la ejecuci&oacute;n   de  dos tareas. La primera de ellas era proponer innumerables brindis,   usualmente  hechos de izquierda a derecha; la segunda, establecer   cu&aacute;nta  bebida cada invitado habr&iacute;a de consumir. Era caracter&iacute;stico   de  estas reuniones que j&oacute;venes flautistas (<i>aul</i><i>&#275;</i><i>trides</i>) del sexo femenino   acostumbraran  brindarles entretenimiento sexual y musical a los    invitados,  y que, posteriormente, las veladas concluyeran con los invitados   embriagados  durmiendo en los sillones donde hab&iacute;an comido y   bebido  durante toda la noche.</p>     <p align="justify">Conviene  se&ntilde;alar que los invitados a la cena de Agat&oacute;n se resienten   de  las secuelas de la embriaguez de la noche anterior. Y pronto   ellos  deciden beber con moderaci&oacute;n y despachar a las flautistas antes   de  lo acostumbrado (176a-e). En cambio, todos llegan al com&uacute;n acuerdo   de  iniciar un di&aacute;logo sobre <i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>,  o m&aacute;s bien de tejer una serie de   discursos  en alabanza a <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>(176e-177e). Estos discursos tambi&eacute;n eran   realizados  respetando el orden de izquierda a derecha, y es por esta   raz&oacute;n  que S&oacute;crates, que llega tarde a la cena y comparte el sill&oacute;n de   Agat&oacute;n,  es el &uacute;ltimo expositor.</p>     <p align="justify">La  palabra griega que se usa generalmente para &quot;amor&quot; es <i>philia</i>.   Esta  palabra se usa con indistinci&oacute;n para los sentimientos hacia los   amigos,  hacia los familiares y hacia los amantes. <i>Er</i><i>&#333;</i><i>s </i>se refiere particularmente   a  un v&iacute;nculo intenso y a un deseo en general. Sin embargo,   esta  palabra es utilizada con mayor frecuencia para referirse al amor y   al  deseo apasionados, generalmente sexual, y tambi&eacute;n para dar cuenta   del  dios que personifica este estado. Debido a que la lengua griega   carece  de la convenci&oacute;n en ingl&eacute;s de usar may&uacute;scula inicial para los   nombres  propios, s&oacute;lo es posible saber a qu&eacute; se refiere la palabra <i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>   en  cada caso a partir del contexto. As&iacute;, pues, una buena traducci&oacute;n al   ingl&eacute;s  del <i>Simposio </i>deber&iacute;a moverse constantemente entre &quot;<i>he</i>&quot; (para   referirse  al dios) e &quot;<i>it</i>&quot; (con referencia al estado afectivo). <i>Er</i><i>&#333;</i><i>s </i>y <i>philia</i>   pueden  coexistir. Y esto se hace evidente en el ejemplo de Alcestis   en  la discusi&oacute;n de Fedro. Alcestis fue la &uacute;nica dispuesta a morir en   lugar  de su esposo: &quot;en raz&oacute;n del amor (<i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>) que le ten&iacute;a a su esposo,   Alcestis  fue tanto m&aacute;s all&aacute; del sentimiento familiar (<i>philia</i>),  que hizo   que  sus suegros parecieran como extranjeros&quot; (179c).<a href="#pie6" name="spie6"><sup>6</sup></a></p>     <p align="justify">No  obstante, el amor sobre el que se discute y al que se alaba en el     <i>Simposio </i>es primordialmente el amor homosexual, a pesar del caso de   Alcestis,  que tambi&eacute;n es mencionado por Diotima -aunque esta vez   con  una interpretaci&oacute;n considerablemente distinta (208d)-. Es cierto   que  Er&iacute;ximaco generaliza en su discurso el fen&oacute;meno del amor para   aplicarlo  a casi todas las cosas del mundo, y que Arist&oacute;fanes pone   el  amor homosexual y el amor heterosexual exactamente en el mismo   nivel.  Pero Pausanias y Agat&oacute;n son totalmente indiferentes en   relaci&oacute;n  con la heterosexualidad; Fedro menciona el tema de la homosexualidad   casi  como un asunto m&aacute;s entre tantos y, finalmente,    S&oacute;crates  pone el tema, junto con el deseo de procreaci&oacute;n, fuera de   la  &quot;escalera del amor&quot;, la cual lleva desde el amor por un joven bello   concreto  hasta el amor por la Belleza en s&iacute;.</p> </font>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana">El  &eacute;nfasis que hace Plat&oacute;n sobre el amor homosexual no es nada   f&aacute;cil  de entender para el p&uacute;blico del siglo XX. En realidad, es un hecho   notable  que el <i>Simposio</i>, la primera discusi&oacute;n expl&iacute;cita sobre el amor   en  la literatura y la filosof&iacute;a occidentales, empiece como una discusi&oacute;n   sobre  el amor homosexual, dejando pronto de lado todo tipo de amor   entre  individuos. Tal como se insiste en las partes finales del discurso   de  S&oacute;crates (208c-212a), los objetos reales del amor son la fama, la belleza   de  los cuerpos en general, las almas bellas, la belleza en las leyes,   en  las pr&aacute;cticas y en la ciencia, y, finalmente, la Belleza en s&iacute;, en toda   su  pureza y en toda su generalidad.</font></p> <font face="verdana" size="2">    <p align="justify">En  efecto, estas dos caracter&iacute;sticas del <i>Simposio </i>-que  el amor   considerado  es primordialmente el amor homosexual y que, por cierto,   este  amor pronto se vuelve muy abstracto y muy general- est&aacute;n   interconectadas.  Con frecuencia, las relaciones homosexuales griegas   ten&iacute;an  una dimensi&oacute;n crucial de naturaleza educativa y &eacute;tica. Esto   Plat&oacute;n  lo asumi&oacute; y lo desarroll&oacute; desde una perspectiva abstracta, obligado   por  sus propias posiciones filos&oacute;fico-te&oacute;ricas.</p>     <p align="justify">En  la antigua Atenas se aceptaba y esperaba que hombres de mayor   edad  se enamoraran de j&oacute;venes menores, es decir, de adolescentes, y que   buscaran  gratificaci&oacute;n sexual en ellos. Por lo general, tales relaciones   exist&iacute;an  paralelamente a los matrimonios convencionales, en el caso del   hombre  mayor, y a la expectativa de estas relaciones, en el caso del joven.   Aquel  era llamado el &quot;amante&quot; (<i>erast</i><i>&#275;</i><i>s</i>), y este, el &quot;amado&quot; (<i>er</i><i>&#333;</i><i>menos</i>).   Estas  relaciones eran asim&eacute;tricas de diferentes maneras. En primer lugar,   se  supon&iacute;a que el joven era conquistado s&oacute;lo con dificultad y que   deb&iacute;a  resistirse a los avances apasionados y a menudo extravagantes del   amante.  En segundo lugar, una vez conquistado, era de esperarse que   el  amado no disfrutara del acto sexual; al contrario, disfrutar del acto   sexual  era se&ntilde;al de una naturaleza depravada. Jenofonte escribe al respecto   en  su propio <i>Simposio </i>(viii 21): &quot;En la relaci&oacute;n sexual el  joven no   comparte  el placer del hombre mayor, como s&iacute; lo hace una mujer; fr&iacute;o,   sobrio,  el joven amado contempla al otro, al amante, embriagado en   deseo  sexual&quot;.<a href="#pie7" name="spie7"><sup>7</sup></a> Por  &uacute;ltimo, al menos idealmente, la relaci&oacute;n involucraba   al  amante en el papel de maestro &eacute;tico e intelectual, y al joven, en el   papel  de su estudiante. Este ten&iacute;a toda la disposici&oacute;n para aprender y, a   su  vez, no ten&iacute;a nada qu&eacute; ense&ntilde;arle al maestro. Cabe se&ntilde;alar que una relaci&oacute;n   homosexual  adecuada era con frecuencia una parte crucial en la    socializaci&oacute;n  para la vida c&iacute;vica de los hijos de las buenas familias. Una   vez  el joven alcanzaba la adultez, dejaba de ser un amante para convertirse   en  un amigo: la relaci&oacute;n conclu&iacute;a. Relaciones a largo plazo entre   adultos,  como la sostenida entre Agat&oacute;n y Pausanias (<i>cf</i>.  193b-c), no eran   la  regla, sino la excepci&oacute;n. Ciertamente, las actitudes de los atenienses   hacia  los temas homosexuales no fueron completamente consistentes. Las familias  proteg&iacute;an a los j&oacute;venes menores de los avances de los   hombres  mayores. No obstante, los hombres mayores eran animados a   pretender  a los j&oacute;venes y eran admirados por sus conquistas. A pesar de   los  beneficios &eacute;ticos de las relaciones entre amantes y amados, rendirse   a  un amante, y en especial con demasiada prontitud, era considerado   con  frecuencia una verg&uuml;enza.</p>     <p align="justify">En  el <i>Simposio</i>, las alabanzas a <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>pueden ser divididas, a grandes   rasgos,  en dos grupos. Los primeros tres discursos, el de Fedro,   el  de Pausanias y el de Er&iacute;ximaco, se agrupan consecuentemente en   una  categor&iacute;a, y los otros tres, el de Arist&oacute;fanes, el de Agat&oacute;n y el de   S&oacute;crates,  se clasifican en otra.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Aunque  los tres interlocutores parezcan estar tratando de llegar a   un  acuerdo sobre el doble criterio impl&iacute;cito en las actitudes de Atenas   hacia  la pederastia, y de defender a <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>en contra de ciertos ataques,   el  primer grupo de discursos es m&aacute;s bien convencional, ya que sus   elogios  hacia <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>est&aacute;n enfocados en los efectos que produce. Muy   seguramente  esos ataques debieron de haber sido un lugar com&uacute;n en   aquel  entonces.</p>     <p align="justify">Sin  embargo, de este primer grupo se puede decir que ninguno   de  estos discursos es puramente convencional. Por ejemplo, el &eacute;nfasis   apasionado  de Fedro en torno de la virtud y acerca del autosacrificio   va  m&aacute;s all&aacute; de la pr&aacute;ctica com&uacute;n. Su estilo es simple, pero cuidadosamente   balanceado  y conciso. No obstante, su entusiasmo lo lleva a   decir  cosas extravagantes: que el amor es la mejor gu&iacute;a hacia la virtud   -un  punto tambi&eacute;n compartido por S&oacute;crates, pero sustentado sobre la   base  de una concepci&oacute;n radicalmente diferente de <i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>- y que la virtud   es  m&aacute;s valiosa cuando est&aacute; conectada con el amor. La virtud que   le  interesa destacar a Fedro es el coraje que conduce al autosacrificio, y   para  desarrollar este tema &eacute;l distorsiona la leyenda de Orfeo con el fin   de  acomodarla a sus prop&oacute;sitos (179d). A los ojos de Fedro, el amor no   tiene  ning&uacute;n lado oscuro y el elogio de sus efectos es indiscriminado.</p>     <p align="justify">Pausanias  no est&aacute; dispuesto a compartir el ilimitado entusiasmo de  Fedro. Si bien &eacute;l contin&uacute;a elogiando los efectos de <i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>, Pausanias distingue  entre un tipo de amor vulgar y otro noble. El amor vulgar est&aacute;  dirigido indiferentemente tanto a las mujeres como a los hombres adolescentes:  el prop&oacute;sito del amor vulgar es una gratificaci&oacute;n puramente  sexual. El amor noble es un tipo de amor exclusivamente homosexual,  y concierne al bienestar del alma del amado. Hay algo  desconsiderado y arrogante en la actitud m&aacute;s bien mojigata de Pausanias.  No resulta descabellado pensar que Arist&oacute;fanes, quien tuvo hipo  mientras Pausanias hablaba (185c-e), pudo haberse aprovechado de  su problema para burlarse del interlocutor. De cualquier modo, vale  la pena recordar que Arist&oacute;fanes tuvo hipo al menos durante una parte  de la exposici&oacute;n intelectualmente elaborada de Pausanias.</p>     <p align="justify">La  distinci&oacute;n de Pausanias entre el amor noble y el amor vulgar es   retomada  por Erix&iacute;maco, quien ampl&iacute;a el significado de &quot;amor&quot; hacia   &quot;atracci&oacute;n&quot;  o incluso hacia &quot;armon&iacute;a&quot;. A su vez, y sin que lo defina   m&aacute;s,  esto le permite a Erix&iacute;maco darle cr&eacute;dito al amor por sus efectos   ben&eacute;ficos  no s&oacute;lo en la medicina -&eacute;l nunca se cansa de recordarnos que   es  su propio campo-, sino tambi&eacute;n en la m&uacute;sica, en la meteorolog&iacute;a y   en  la adivinaci&oacute;n. El estilo de Erix&iacute;maco es extremadamente pedante,   al  igual que lo es su comportamiento durante todo el <i>Simposio</i>. Plat&oacute;n,   sin  duda, est&aacute; satirizando la importancia y la extraordinaria buena   opini&oacute;n  que &eacute;l mismo posee sobre el significado de la medicina. En   general,  es digno de atenci&oacute;n ver c&oacute;mo muchos de los discursos en esta   obra  contienen elementos de parodia: incluso, ni siquiera sale ileso el   h&aacute;bito  que tiene S&oacute;crates de involucrarse en la dial&eacute;ctica a trav&eacute;s del   m&eacute;todo  de preguntas y respuestas (194a-e, 199b ss<i>.</i>).</p>     <p align="justify">El  segundo grupo de discursos comienza con la gran exposici&oacute;n   de  Arist&oacute;fanes. Este discurso est&aacute; en agudo contraste con las   vagas  abstracciones de Erix&iacute;maco. De este modo, Arist&oacute;fanes lleva   nuevamente  la discusi&oacute;n hacia el tema de los sentimientos que los individuos   tienen  entre s&iacute;. Arist&oacute;fanes narra un mito seg&uacute;n el cual los   seres  humanos originariamente eran de tres sexos -masculino, femenino   y  masculino-femenino-, y ten&iacute;an el doble de los miembros y de   los  &oacute;rganos que tenemos hoy en d&iacute;a. Por ciertas razones, los dioses   decidieron  dividir por la mitad a los seres humanos. Esta es la causa   por  la que en la actualidad cada uno de nosotros est&aacute; en busca de una   mitad  de la misma naturaleza y con la cual podamos pasar el resto de   nuestras  vidas. El amor es el deseo de encontrar nuestra otra mitad   original,  y nuestra preferencia sexual est&aacute; determinada por el sexo de   ese  ser original doble del cual desciende cada uno de nosotros. De esta   forma,  la narraci&oacute;n de Arist&oacute;fanes interpreta el amor homosexual y   el  amor heterosexual como amores absolutamente naturales, pero haciendo   otra  contribuci&oacute;n crucial a la progresi&oacute;n de los discursos.</p>     <p align="justify">Por  su originalidad, el discurso de Arist&oacute;fanes es absolutamente   asombroso.  Aunque contenga una parodia en su uso del mito, dicho   discurso  en su totalidad es altamente serio, y su opini&oacute;n acerca   del  amor no tiene paralelo en los comienzos de la literatura griega.   Ciertamente,  el discurso de Arist&oacute;fanes anticipa muchas versiones   rom&aacute;nticas  y modernas del amor, en especial la idea de que el amor   rec&iacute;procamente  atrae a dos individuos &uacute;nicos para que se unan como   una  sola persona. Frente a todos sus elementos c&oacute;micos, en el discurso   resuena  con frecuencia una nota triste: el objetivo del amar, que consiste   en  forjar una persona a partir de dos, no puede ser alcanzado.   Lo  que tenemos, en cambio, es la satisfacci&oacute;n temporal de relaciones   sexuales,  y estas son, en el mejor de los casos, promesa de una felicidad   m&aacute;s  permanente y de una uni&oacute;n m&aacute;s estrecha.</p>     <p align="justify">Arist&oacute;fanes  da un giro a la discusi&oacute;n, la cual pasa de los beneficios   del  amor a la naturaleza del amor, un asunto que el primer grupo   de  discursos no estim&oacute; o descuid&oacute;. Esto ocurre cuando Arist&oacute;fanes   da  una explicaci&oacute;n, bien que fantasiosa, del deseo que las personas   tienen  de compartir largas etapas de sus vidas en compa&ntilde;&iacute;a de otros.   Y  esta es precisamente la estrategia que Agat&oacute;n adopta en su propio   encomio,  muy al comienzo de su intervenci&oacute;n: &quot;&#91;M&#93;e parece que todos   los  que han hablando antes no han encomiado al dios, sino que han   felicitado  a los hombres por los bienes que &eacute;l les causa. Pero ninguno   ha  dicho cu&aacute;l es la naturaleza misma de quien les ha hecho estos regalos&quot;   (195a).  Luego, por medio de una parodia muy h&aacute;bil de oratoria,   Agat&oacute;n  procede a elogiar a <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>como el m&aacute;s joven, el m&aacute;s hermoso   y  el m&aacute;s virtuoso de todos los dioses, y a explicar los beneficios del   Amor  relacion&aacute;ndolos directamente con la juventud, con la belleza y   con  la virtud del Amor.</p>     <p align="justify">El  discurso de Agat&oacute;n es, gratamente, el m&aacute;s c&oacute;mico de los seis   discursos.  Y aunque Agat&oacute;n es un tr&aacute;gico, S&oacute;crates afirmar&aacute; m&aacute;s   adelante  en la obra que un buen poeta tr&aacute;gico tambi&eacute;n deber&iacute;a ser   capaz  de escribir con estilo c&oacute;mico (223d). Sin duda alguna, Plat&oacute;n   nos  quiere hacer notar que ni su poeta tr&aacute;gico, ni mucho menos su   poeta  c&oacute;mico -Arist&oacute;fanes- siguen exclusivamente su propia y especial   musa.  Aqu&iacute; el joven orador, ya completamente embriagado con   su  propio honor, est&aacute; inequ&iacute;vocamente jugando a burlarse de todos.   Agat&oacute;n  se complace con una parodia desenfrenada del estilo y del argumento   sof&iacute;stico  de Gorgias, se satisface con expresiones sexuales   de  doble sentido, e interrumpe con pullas acerca de la edad y de la   fealdad  de S&oacute;crates, su compa&ntilde;ero de asiento. De todos modos, como   &eacute;l  mismo insiste, aunque buena parte del discurso es medio en serio y   medio  en broma, partes del discurso tienen la intenci&oacute;n de ser serias.</p>     <p align="justify">S&oacute;crates  no hace otra cosa que alabar la metodolog&iacute;a utilizada   por  Agat&oacute;n de mencionar primero las caracter&iacute;sticas de <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>y luego   los  beneficios que <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>presta. Esto se articula muy bien con la propia   pr&aacute;ctica  dial&eacute;ctica de S&oacute;crates (<i>cf</i>. Menon 71b). No obstante, &eacute;l no   acepta  ninguna de las conclusiones a las que llega Agat&oacute;n a trav&eacute;s de   su  m&eacute;todo. De forma caracter&iacute;stica, aunque parezca un poco fuera   de  lugar aqu&iacute;, S&oacute;crates cuestiona a Agat&oacute;n del mismo modo como   generalmente  lo hace en relaci&oacute;n con sus interlocutores en las obras   de  Plat&oacute;n m&aacute;s expl&iacute;citamente dial&eacute;cticas (199c-201c). S&oacute;crates lleva a   Agat&oacute;n  a convenir en que <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>es el deseo de belleza -aqu&iacute; est&aacute; un primer   intento  de definici&oacute;n de la naturaleza de <i>er</i><i>&#333;</i><i>s-</i>. Posteriormente,   S&oacute;crates  afirma que <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>no puede ser bello, puesto que nadie desea lo   que  ya tiene o lo que ya es. As&iacute;, pues, desde la perspectiva de S&oacute;crates   de  que todas las cosas buenas son bellas, <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>no puede ser ni bueno ni   virtuoso  (199c-201c).</p>     <p align="justify">Una  vez que S&oacute;crates le ha dicho que guarde silencio, le indica a   Agat&oacute;n  que &eacute;l mismo en un momento de su vida hab&iacute;a cometido el   error  de pensar que <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>era bello y bueno. Diotima fue quien sac&oacute;   a  S&oacute;crates de ese error. Diotima, una sacerdotisa de la ciudad de   Mantinea,  quien fuera maestra de S&oacute;crates en temas del amor, ahora   ser&aacute;  recordada por S&oacute;crates en el relato de la conversaci&oacute;n que tuvo   con  ella. El resultado de esta conversaci&oacute;n es que <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>no es ni bello ni   feo,  sino algo &quot;intermedio&quot;; y lo mismo es verdad para la bondad, para   la  divinidad y para la sabidur&iacute;a de <i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>:</p> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eros est&aacute; enamorado de lo que es bello,  y la sabidur&iacute;a es extremadamente     bella. De aqu&iacute; se sigue que el Amor  debe ser un amante de la     sabidur&iacute;a (<i>philosophos</i>/fil&oacute;sofo) y, en cuanto tal, el Amor est&aacute; a medio     camino entre ser sabio y ser ignorante.  (204b)</font></p> </blockquote> <font face="verdana" size="2">     <p align="justify">La  raz&oacute;n por la cual Agat&oacute;n y el joven S&oacute;crates estuvieron tentados   a  atribuirle a <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>todas las cualidades buenas, los lleva a concebir   a <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>seg&uacute;n el modelo del amado y no seg&uacute;n el modelo del amante.   Ellos  se enfocaron en el amado, que es el objeto del deseo y que   es,  as&iacute;, joven, bello y bueno; y no se enfocaron -como habr&iacute;a sido lo   correcto-  en el modelo del amante. El amante carece de estas caracter&iacute;sticas,   pero  a&uacute;n est&aacute; lo suficientemente cercano a ellas para   reconocerlas  y apreciarlas (204c). Nosotros debemos tener en cuenta   esta  idea, pues ella m&aacute;s adelante ser&aacute; de gran importancia cuando   trabajemos  la figura de S&oacute;crates en el <i>Simposio</i>. Ahora  bien, el aspecto   es  tambi&eacute;n importante en el contexto inmediato, porque muestra   que  Plat&oacute;n ya hab&iacute;a comenzado a modelar una concepci&oacute;n convencional   del  amor para adaptarla a sus propias necesidades filos&oacute;ficas.   Hasta  ahora hemos visto que tradicionalmente se esperaba que el   amante  fuera el maestro de su amado: la sabidur&iacute;a era la contribuci&oacute;n   del  amante a la relaci&oacute;n en la cual el amado &uacute;nicamente prove&iacute;a   belleza  f&iacute;sica. Al incluir la sabidur&iacute;a entre una de las cosas bellas,   S&oacute;crates  ha dejado de considerar al amante como proveedor de sabidur&iacute;a,   para  convertirlo en perseguidor de ella. As&iacute;, en cierta manera,   esta  es una de las ideas m&aacute;s cruciales presentadas en el <i>Simposio</i>, y   ella  determina el resto del discurso de S&oacute;crates: la filosof&iacute;a, es decir,   la  b&uacute;squeda de la sabidur&iacute;a, est&aacute; motivada por el amor. De hecho, la   filosof&iacute;a  es la mayor expresi&oacute;n del amor.</p>     <p align="justify">En  general, Diotima define a <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>como  el deseo de posesi&oacute;n continua   de  las cosas buenas (206a). No obstante, dado que esto equivale   a  definir a <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>como el deseo de felicidad (204e), Diotima intenta   ofrecer  una explicaci&oacute;n m&aacute;s detallada, la cual aplicar&aacute; posteriormente,   y  en particular, al amor y al deseo sexual. A continuaci&oacute;n, ella   pasa  a decir que el amor es espec&iacute;ficamente el deseo de reproducir   y  de &quot;dar nacimiento en la belleza&quot; (206b-e).<a href="#pie8" name="spie8"><sup>8</sup></a>  As&iacute;, Diotima afirma:   &quot;Impulso  creador &#91;...&#93; tienen, en efecto, todos los hombres, no s&oacute;lo seg&uacute;n   el  cuerpo, sino tambi&eacute;n seg&uacute;n el alma, y cuando se encuentran en   cierta  edad, nuestra naturaleza desea procrear&quot; (206e).<a href="#pie9" name="spie9"><sup>9</sup></a>  Este deseo de   reproducci&oacute;n,  que tambi&eacute;n es un deseo de inmortalidad (206e-207a),   puede  involucrar descendencia f&iacute;sica, o gloria, o acciones buenas en   general:  cualquier cosa que proceda de un individuo, pero que permanezca   m&aacute;s  all&aacute; de su muerte.</p>     <p align="justify">En  el <i>Simposio</i>, para Plat&oacute;n, al igual que para S&oacute;crates y para   Diotima,  los frutos m&aacute;s duraderos son los actos virtuosos. Estos actos   los  produce un amante, quien, por un lado, es atra&iacute;do por un alma   noble.  El alma noble existe en el interior del cuerpo bello de un joven;   seg&uacute;n  Diotima, los amantes que &uacute;nicamente fecundan &quot;seg&uacute;n su   cuerpo&quot;  son atra&iacute;dos por las mujeres. Y, por otro lado, el amante que   produce  actos virtuosos en unidad con su amado deja tras de s&iacute; hijos   &quot;m&aacute;s  bellos y m&aacute;s inmortales&quot; (209c). Por ejemplo, el caso de &quot;los hijos&quot;   de  los grandes poetas y de los grandes legisladores de Grecia (209d).</p>     <p align="justify">El  discurso de S&oacute;crates bien podr&iacute;a haber finalizado en este   punto.  De hecho, hay diferencias importantes entre el discurso de   S&oacute;crates  y los discursos que lo precedieron. Su discurso comienza, por   ejemplo,  con un duelo dial&eacute;ctico que es, para decir lo menos, inusual   en  el contexto de un encomio formal. No tienen precedentes en la   historia  de la ret&oacute;rica ni los puntos de vista que S&oacute;crates presenta y   que  le atribuye a Diotima, ni tampoco el recuento de la conversaci&oacute;n   imaginaria  sostenida con ella. La idea de que <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>es un &quot;fil&oacute;sofo&quot; y   la  definici&oacute;n de amor como el deseo de procrear en lo bello son claras   innovaciones  de Plat&oacute;n, y el tono del discurso, a pesar de algunos   toques  ligeros aqu&iacute; y all&aacute;, es mucho m&aacute;s serio que cualquiera de los   otros  discursos, elev&aacute;ndose hacia un notable <i>crescendo </i>en  208c-209e.   Sin  embargo, a pesar de todas estas diferencias, hasta este punto el   discurso  de S&oacute;crates muestra una clara continuidad en relaci&oacute;n con   los  dem&aacute;s discursos. S&oacute;crates se ha enfocado en el amor rec&iacute;proco   entre  individuos y, a pesar de sus varios desacuerdos con los primeros   oradores,  ha atribuido a este amor el mismo tipo de beneficios que   Fedro  y que Pausanias hab&iacute;an presentado en la discusi&oacute;n. El discurso   de  S&oacute;crates es m&aacute;s complejo que cualquiera de los otros, a pesar de   que  hasta ahora no haya a&ntilde;adido nada verdaderamente novedoso a la   semblanza  de <i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>.</p>     <p align="justify">Es  justo aqu&iacute; el momento cuando los lectores de Plat&oacute;n, familiarizados   con  las convenciones de los discursos formales de alabanza   (<i>enc</i><i>&#333;</i><i>mia</i>), habr&iacute;an estado listos para que S&oacute;crates se detuviera a la   espera  de que algo extraordinario ocurriese. En lugar de culminar   su  discurso, S&oacute;crates reporta que Diotima le dijo que todo lo que ella   hab&iacute;a  dicho hasta este momento sobre el amor, lejos de agotar el tema   -como  de manera perfectamente natural era de suponerse-, constitu&iacute;a   &uacute;nicamente  los medios y las piedras pasaderas para algo m&aacute;s,   esto  es, para &quot;el misterio final y m&aacute;s elevado&quot; del amor. As&iacute; mismo,   ella  le dice a S&oacute;crates que, aunque tratase de explicarle ese misterio, &eacute;l   estar&iacute;a  completamente incapacitado para entenderlo (210a).</p>     <p align="justify">Nos  encontramos sobre un terreno del todo nuevo. Diotima   describe  un tipo de &quot;ascenso&quot; del amor (210a-210d). Un amante se   enamora  primero de un cuerpo bello &uacute;nico, el cual le inspira a dar   a  luz bellas ideas. Pero el amante, como sabemos, ama la belleza, y   la  belleza en todos los cuerpos es la misma: por lo tanto, el amante   se  dar&aacute; cuenta de que sus razones para amar a un individuo &uacute;nico   son  tambi&eacute;n razones para su transformaci&oacute;n en amante de todos los   cuerpos  bellos, y de que &eacute;l como amante valora menos que antes su   amor  m&aacute;s primordial. El amante observa ahora que la belleza del   alma  es m&aacute;s noble que la belleza de los cuerpos, y se dirige ahora   hacia  la creaci&oacute;n de &quot;ciertas ideas, pues ellas har&aacute;n mejores a los hombres   j&oacute;venes&quot;.  Al buscar dichas &quot;ideas&quot; o &quot;discursos&quot; (<i>logoi</i>),  el amante   llegar&aacute;  a comprender que &quot;las actividades y las leyes&quot; que expresan   dichas  ideas son en s&iacute; mismas hermosas por derecho propio, y que se   consagrar&aacute;  por completo a ellas. A su turno, estas actividades y estas   leyes  manifiestan conocimiento y dependen de &eacute;l. Y ahora el amante   pasa  a vincularse nada menos que con &quot;ese grandioso mar de la belleza   y,  mir&aacute;ndolo fijamente, el amante engendra muchas ideas y muchas   teor&iacute;as  gloriosamente bellas, en desbordante amor por la sabidur&iacute;a   (<i>philosophia</i>)&quot; (210e).</p>     <p align="justify">Estas  ideas son radicalmente nuevas. Plat&oacute;n comienza con el concepto   usual  del <i>amor </i>como un v&iacute;nculo que une a dos personas.  Luego   explota  el punto de vista de que las relaciones homosexuales ten&iacute;an   una  dimensi&oacute;n educativa, y conecta esto con su propia idea de que el   amor  es un deseo por la sabidur&iacute;a, para m&aacute;s tarde combinar esto con   lo  que para &eacute;l es un supuesto fundamental, a saber, que si nosotros   amamos  o deseamos algo por alguna raz&oacute;n X, entonces esta raz&oacute;n X   es  el objeto primario de nuestro amor o deseo. De este modo, en cada   escal&oacute;n  del ascenso el amante &quot;se eleva&quot; hacia un amor por algo que   explica  la belleza del objeto existente en el escal&oacute;n inferior. Y es en raz&oacute;n   de  la belleza de ese objeto que el amante ama el objeto. Entonces,   <i>amor</i>, que en este momento ya se ha convertido en otra palabra  para   <i>filosofia</i>, ha dejado muy atr&aacute;s su relaci&oacute;n con v&iacute;nculos entre  personas:   nada  de lo anterior se podr&iacute;a haber esperado de la primera parte del   discurso  de S&oacute;crates.<a href="#pie10" name="spie10"><sup>10</sup></a></p>     <p align="justify">Pero  el amor al conocimiento, contin&uacute;a Diotima, no es la etapa   final  de este ascenso. Enfatizando la novedad y la naturaleza controversial   de  lo que pronto se nos dir&aacute; (210e), ella revela ahora &quot;la raz&oacute;n   para  todos estos dolores previos del parto&quot;. Si de forma correcta el   amante  se ha dirigido hacia las cosas, en cierto momento, &quot;de repente&quot;   (<i>exaiphn</i><i>&#275;</i><i>s</i>) -luego regresaremos sobre esto- el amante ver&aacute; &quot;la   raz&oacute;n  de todos sus dolores previos del parto&quot;. Esta raz&oacute;n, por mor de   la  cual todo lo dem&aacute;s ha sido emprendido, es la Belleza misma, la cual   es  causa de que todo lo dem&aacute;s sea bello y es el objeto &uacute;ltimo de todo   <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>(esto desde el punto de vista visionario y audaz de Plat&oacute;n).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Esta  &quot;Forma&quot; de la Belleza es pura, inmutable, bella en todos los   modos,  no es vista con los ojos del cuerpo y est&aacute; separada de todas las   cosas  que derivan de ella su belleza. La &quot;Forma&quot; de la Belleza existe   independientemente  de todas las cosas bellas, y nunca nada de lo que   les  sucede a las cosas bellas puede afectarle. En el <i>Simposio </i>nada se   nos  ense&ntilde;a acerca de la relaci&oacute;n entre la Belleza y la multiplicidad de   las  cosas bellas; cuya belleza se explica por la Belleza, que tambi&eacute;n   responde  por ella. Ahora bien, en relaci&oacute;n con este asunto conviene   examinar <i>Fedro </i>100d, as&iacute; como otros di&aacute;logos donde se  presenta de   manera  sistem&aacute;tica la teor&iacute;a plat&oacute;nica de las Formas. En el <i>Simposio</i>,   lo  que s&iacute; se nos ense&ntilde;a es que, a pesar de las muchas formas y de los   objetos  diversos que desea, todo amor -lo sepamos o no- est&aacute; dirigido   a  la naturaleza misma de la Belleza. Y as&iacute;, pues, <i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>, al que primero   nosotros  consideramos como el deseo de poseer sexualmente el cuerpo   de  otra persona, resulta ser un deseo de inmortalidad, de sabidur&iacute;a   y  de contemplaci&oacute;n de un objeto que no es de ninguna manera ni   corporal  ni f&iacute;sico. Adem&aacute;s, s&oacute;lo cuando un amante se consagra a la   b&uacute;squeda  de la Belleza como un todo, &quot;llegar&aacute; a ser posible para &eacute;l dar   a  luz, no ya im&aacute;genes de virtud &#91;...&#93; sino la virtud verdadera&quot; (212a).   El  deseo sexual, encauzado apropiadamente, conduce no simplemente   a  la gratificaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n a la vida buena.</p>     <p align="justify">El  final del discurso de S&oacute;crates es radicalmente diferente de todo   lo  que lo ha precedido: la atmosfera del fest&iacute;n de Agat&oacute;n parece haber   cambiado  por completo. Pero Plat&oacute;n no deja que dure por mucho   tiempo  este serio estado de &aacute;nimo casi hier&aacute;tico. Una de las m&aacute;s grandiosas   caracter&iacute;sticas  dram&aacute;ticas del <i>Simposio </i>consiste en la manera   como  la seriedad alterna con la despreocupaci&oacute;n, la instrucci&oacute;n alterna   con  el humor, la autorrevelaci&oacute;n alterna con la iron&iacute;a. Y uno de los   giros  m&aacute;s h&aacute;biles del di&aacute;logo ocurre al final del discurso de S&oacute;crates,   con  el ingreso de un Alcibiades ebrio, quien hace su mejor esfuerzo   para  convertir el sobrio fest&iacute;n en un concurso de bebedores (212c ss.).</p>     <p align="justify">&quot;De  repente&quot; (<i>exaiphn</i><i>&#275;</i><i>s</i>) el ruidoso Alcibiades y sus compa&ntilde;eros   de  parranda son escuchados en la puerta de Agat&oacute;n: Plat&oacute;n parece   estar  marcando expl&iacute;citamente un giro en la atmosfera, que Diotima   hab&iacute;a  creado con su propio giro en el estado de &aacute;nimo y que hab&iacute;a prevalecido   anteriormente  cuando ella presentaba la Forma de la Belleza.   Tambi&eacute;n  la Forma de la Belleza, como ya hemos visto, viene &quot;de repente&quot;   a  consideraci&oacute;n (210e).<a href="#pie11" name="spie11"><sup>11</sup></a> Aun  cuando la entrada bulliciosa de   Alcibiades  apenas parece compatible con la revelaci&oacute;n de Diotima -de   hecho,  parece que lo contrario ser&iacute;a lo correcto-, la contribuci&oacute;n de   Alcibiades  al di&aacute;logo es tan central como la de ella, y lo que Alcibiades   tiene  para revelar es as&iacute; mismo de la mayor importancia.</p>     <p align="justify">Ya  hemos visto que Diotima ha argumentado que <i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>deber&iacute;a   ser  concebido, no bajo el modelo del amado, sino bajo el modelo del   amante: <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>no es ni bello ni totalmente feo, es m&aacute;s bien el perseguidor   de  la belleza; <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>no es ni sabio ni est&uacute;pido, es m&aacute;s bien el admirador   (<i>philosophos</i>) de la sabidur&iacute;a; <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>no es ni dios ni mortal, es m&aacute;s bien un   &quot;esp&iacute;ritu&quot;  (<i>daim</i><i>&#333;</i><i>n, daimonion</i>, 202d-203a). En todo caso, a lo largo de   todo  el <i>Simposio </i>S&oacute;crates ha dicho que ama a hombres  j&oacute;venes bellos y a   adolescentes  bellos; S&oacute;crates es el perfecto fil&oacute;sofo; e incluso S&oacute;crates es   calificado  por parte de Alcibiades con el apelativo de <i>daimonios </i>(219c).   Esto  sugiere que el modelo bajo el cual <i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>ha de ser concebido no es tanto el del amante en general,  cuanto el de S&oacute;crates en particular. En &uacute;ltimas, S&oacute;crates ya ha admitido que &quot;la  &uacute;nica cosa que yo afirmo comprender   es  el arte del amor&quot; (177d). Al mismo tiempo, la identificaci&oacute;n de S&oacute;crates con el  amante y con el amor mismo sugiere que S&oacute;crates no   es  el adecuado objeto del amor: su papel, como en el caso del amante y   del  amor mismo, es el del perseguidor y no el del perseguido.</p>     <p align="justify">Y,  sin embargo, el asunto es mucho m&aacute;s complicado. Una vez m&aacute;s   la  expresi&oacute;n &quot;de repente&quot; hace su aparici&oacute;n en el di&aacute;logo. Cuando   Alcibiades  se dirige al asiento donde est&aacute; Agat&oacute;n, con el fin de ponerle   una  corona de cintas que ha tra&iacute;do especialmente para ese prop&oacute;sito,   Alcibiades  no consigue ver que S&oacute;crates tambi&eacute;n se encuentra all&iacute;   sentado.  &Uacute;nicamente despu&eacute;s de que Alcibiades se dispone a sentarse,   es  cuando &eacute;l finalmente reconoce a S&oacute;crates y se dirige a &eacute;l dici&eacute;ndole:   &quot;Te  has acomodado aqu&iacute; acech&aacute;ndome de nuevo, seg&uacute;n tu costumbre   de  aparecer de repente (<i>exaiphn</i><i>&#275;</i><i>s</i>) donde yo menos pensaba que   ibas  a estar&quot; (213c). As&iacute;, despu&eacute;s de que S&oacute;crates ha sido impl&iacute;citamente   identificado  con el amor y con el amante, y mientras que &eacute;l y   Alcibiades  parecen estar de acuerdo en el hecho de que S&oacute;crates es el   amante  y Alcibiades es su amado, el lenguaje de Alcibiades conecta a   S&oacute;crates  con la descripci&oacute;n que hace Diotima sobre el objeto &uacute;ltimo   del  amor, es decir, con la Forma de la Belleza. Este es un punto crucial,   y,  sin embargo, no se le asigna aqu&iacute; demasiada importancia. Plat&oacute;n   parece  estar estableciendo lo que m&aacute;s tarde nos ser&aacute; posible ver como   un  indicio sutil sobre la manera como hemos de entender a S&oacute;crates   en  esta obra. M&aacute;s adelante volveremos sobre este tema.</p>     <p align="justify">A  Alcibiades se le pide que haga su propia contribuci&oacute;n de elogio   a <i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>,   pero  &eacute;l se reh&uacute;sa a aceptar esta petici&oacute;n. Seg&uacute;n Alcibiades,   S&oacute;crates  est&aacute; demasiado celoso de &eacute;l como para que &eacute;l, Alcibiades,   se  atreva a elogiar a cualquier otra persona en presencia de S&oacute;crates.   A  continuaci&oacute;n viene un gran n&uacute;mero de bromas simp&aacute;ticas acerca   de  qui&eacute;n est&aacute; celoso de qui&eacute;n, y Erix&iacute;maco sugiere finalmente que   Alcibiades  deber&iacute;a hablar en elogio de S&oacute;crates, lo cual aquel procede   a  hacer (215a ss.).</p>     <p align="justify">Dadas  las conexiones sutiles ya establecidas entre S&oacute;crates y <i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>,   en  contra de lo que nosotros podr&iacute;amos suponer, esto no es un cambio   de  tema. Y, de hecho, el encomio ingenioso de S&oacute;crates hecho por   Alcibiades  desarrolla un cierto n&uacute;mero de temas a partir del discurso   de  Diotima, lo que confirma que ambos discursos son creaciones de   Plat&oacute;n.  Alcibiades afirma que S&oacute;crates es como las estatuas de Sileno:   lejos  de ser bello en su exterior, S&oacute;crates est&aacute; lleno en su interior de   peque&ntilde;as  y adorables figuras de dioses (215a-b). Esto muestra que   S&oacute;crates  no es ni perfectamente bello ni totalmente feo; adem&aacute;s, esto   tambi&eacute;n  ofrece una imagen concreta de la met&aacute;fora de Diotima seg&uacute;n   la  cual el amante estar&iacute;a fecundado &quot;tanto en cuerpo como en alma&quot;.   Que  S&oacute;crates sea un fil&oacute;sofo es, por supuesto, lo m&aacute;s obvio en relaci&oacute;n   con  &eacute;l (218a-b), y Alcibiades regresa una y otra vez sobre el hecho de que   S&oacute;crates  est&aacute; lleno de argumentos y de ideas, los mejores y los m&aacute;s virtuosos   (215b-216c,  221d-222a). As&iacute; mismo, seg&uacute;n Alcibiades, S&oacute;crates   es  casi sobrehumano por tres razones: por su incre&iacute;ble fuerza sexual y   por  su coraje -ambos revelados en una infidencia &iacute;ntima (219e-221c)-,   por  el hecho de compararlo con Sileno quien fuera el compa&ntilde;ero   semidivino  de Dioniso, y, como lo mencionamos antes, por la aplicaci&oacute;n   que  hace Alcibiades a S&oacute;crates de la palabra <i>daimonios</i>.</p>     <p align="justify">Sin  embargo, todas estas alusiones que conectan a S&oacute;crates con     <i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>parecen   venirse  abajo con la conclusi&oacute;n del discurso de Alcibiades.   Aqu&iacute;  Alcibiades hace menci&oacute;n del enga&ntilde;o de S&oacute;crates (222a-b). Este   enga&ntilde;o  ha sido presagiado tanto por el uso de la frase &quot;de repente&quot;   en  213c como por otro comentario discreto en 217c, donde Alcibiades,   describiendo  sus intentos fallidos para seducir a S&oacute;crates, dice que   &eacute;l  invit&oacute; a S&oacute;crates a cenar &quot;&iexcl;como si <i>yo </i>fuera  el amante de S&oacute;crates   y  este fuera mi presa joven!&quot;. Al finalizar su discurso, Alcibiades se   expone  en p&uacute;blico y, expl&iacute;citamente y m&aacute;s o menos en broma, acusa   a  S&oacute;crates de ejercer una pr&aacute;ctica consciente y aberrante: &quot;&eacute;l nos ha   enga&ntilde;ado  a todos nosotros: &iexcl;&eacute;l se presenta a s&iacute; mismo como tu amante   y,  antes de que te des cuenta, t&uacute; mismo, t&uacute;, est&aacute;s enamorado de &eacute;l!&quot;.</p>     <p align="justify">Ahora  hemos dado el c&iacute;rculo completo. El discurso de Agat&oacute;n   concibi&oacute;  y elogi&oacute; al amor como siendo el amado; Diotima identific&oacute;   el  amor con el amante e, impl&iacute;citamente, con S&oacute;crates; Alcibiades,   quien  todav&iacute;a sigue pensando en S&oacute;crates como siendo el amor, ahora   lo  devela como siendo en realidad el amado. No obstante, el c&iacute;rculo   ha  ocasionado una diferencia digna de respeto y de temor. Plat&oacute;n nos   brinda  en S&oacute;crates una uni&oacute;n de amante y de amado, de enga&ntilde;ador y de   enga&ntilde;ado.  Pero la personificaci&oacute;n en S&oacute;crates de dos aspectos de <i>er</i><i>&#333;</i><i>s,</i>   inevitablemente,  va mucho m&aacute;s all&aacute;. A diferencia del amor irreflexivo   por  el amor mismo, en el caso de Agat&oacute;n, que convierte a <i>er</i><i>&#333;</i><i>s</i>en   un  fin   en  s&iacute; mismo, tal cual como Alcibiades lo sabe y lo deja en claro a todo   el  grupo de participantes en la reuni&oacute;n, amar a S&oacute;crates es amar lo que   S&oacute;crates  en cuanto <i>er</i><i>&#333;</i><i>s </i>ama: es decir, la posesi&oacute;n de la belleza, de la   sabidur&iacute;a  y de la bondad. Amar a S&oacute;crates es ser fil&oacute;sofo. Y como bien   sabemos  a partir de muchos otros di&aacute;logos socr&aacute;ticos de Plat&oacute;n, esto es   exactamente  lo que S&oacute;crates quer&iacute;a de todos aquellos hacia los que &eacute;l se   aproximaba  seg&uacute;n su manera directa e incluso ir&oacute;nica.</p>     <p align="justify">Este  punto supremamente serio est&aacute; elaborado a trav&eacute;s de la larga   comedia  que caracteriza el episodio completo protagonizado por   Alcibiades.  No obstante, por supuesto, este punto no pudo ser elaborado   sin  el discurso claramente serio de Diotima, discurso que monta   el  escenario para las payasadas de Alcibiades. Y, a su vez, el discurso   de  Diotima depende crucialmente de una refutaci&oacute;n de las perspectivas   presentadas  con la mayor de las elegancias en las adorables   trivialidades  de Agat&oacute;n. En este di&aacute;logo lo serio y lo c&oacute;mico coexisten   el  uno junto al otro, y cada uno de ellos es igualmente crucial para las   ideas  filos&oacute;ficas que la obra comunica. Que se filosofe con seriedad,   al  mismo tiempo que sean descritos eventos y conversaciones entretenidos   e  incluso c&oacute;micos, no es algo solamente cierto, sino que   adem&aacute;s  puede ser, de hecho, el mensaje con el cual finaliza el mismo   <i>Simposio</i>. Despu&eacute;s de que todos los dem&aacute;s se han marchado o se han   ido  a dormir, el di&aacute;logo acaba en las primeras horas de la ma&ntilde;ana con   un  S&oacute;crates que trata de demostrarle a Agat&oacute;n, el poeta tr&aacute;gico, y a   Arist&oacute;fanes,  el escritor de comedias, que &quot;todo talentoso dramaturgo   tr&aacute;gico  tambi&eacute;n deber&iacute;a ser un poeta c&oacute;mico&quot; (223d).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sea  o no sea correcta esta interpretaci&oacute;n del final del di&aacute;logo, en   todo  caso el <i>Simposio </i>es una obra maestra de la filosof&iacute;a, en  la medida   en  que es, al mismo tiempo, una obra literaria absolutamente perfecta.   Este  di&aacute;logo presenta una concepci&oacute;n corregida y del todo extraordinaria   del  amor, la cual est&aacute; sustentada sobre una visi&oacute;n metaf&iacute;sica.</p>     <p align="justify">Plat&oacute;n  ha tenido &eacute;xito en convencer a generaciones de lectores de   que  sus ideas acerca del amor no son simplemente fantas&iacute;as filos&oacute;ficas   descabelladas,  sino m&aacute;s bien un ideal de acuerdo con el cual la vida   puede  casi ser vivida. Ahora bien, a esto solamente se llega gracias a   que  el di&aacute;logo muestra a un S&oacute;crates que vive con mucha comodidad,   tanto  su vida de todos los d&iacute;as como la b&uacute;squeda de la sabidur&iacute;a; que   es  capaz de ser aqu&iacute; y ahora un hombre bueno, como lo es al consagrarse   a  la persecuci&oacute;n de una Belleza que no existe en este mundo; y   que  es fuerte para soportar el licor, como lo es en su calidad de dial&eacute;ctico   astuto.  Despu&eacute;s de todo, los diversos aspectos de este di&aacute;logo   encajan  entre s&iacute;. El <i>Simposio </i>est&aacute; para ser le&iacute;do y saboreado por  todas   estas  razones: por sus perspectivas filos&oacute;ficas -la teor&iacute;a del amor, la   descripci&oacute;n  de la Forma de la Belleza-, por sus elementos literarios   -el  esplendor de la ocasi&oacute;n que describe, la semblanza de los distintos   oradores,  la caracterizaci&oacute;n de S&oacute;crates- y por el resultado final de   la  interacci&oacute;n entre las dos razones anteriores -la demostraci&oacute;n de   que,  cualesquiera que sean nuestras dudas y cualesquiera que sean nuestras  preocupaciones, el vivir de acuerdo con esa teor&iacute;a del amor ha dado a luz a un h&eacute;roe de nuestra cultura-. </p> <hr size="1"> </font><font size="2" face="verdana">     <p><a href="#s*" name="*"><sup>*</sup></a> El texto corresponde a la introducci&oacute;n al <i>Symposium </i>de  Plat&oacute;n en su traducci&oacute;n   al  ingl&eacute;s por Alexander Nehamas y Paul Woodruff. Agradecemos al autor y a la   editorial  por la autorizaci&oacute;n concedida a <i>Lenguas de fuego, International Center</i>   <i>for Translations in the  Humanities</i>, para la publicaci&oacute;n de la versi&oacute;n en  espa&ntilde;ol en   nuestra  revista. La traducci&oacute;n ha sido hecha por John Didier Anaya J., estudiante de maestr&iacute;a  en Filosof&iacute;a de la Universidad del Valle, Cali, Colombia.</p>  </font>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><a href="#spie1" name="pie1"><sup>1</sup></a> Para  las referencias textuales a la obra de Plat&oacute;n ha sido consultada, aunque no  siempre seguida, la traducci&oacute;n castellana del <i>Banquete </i>de Marcos Mart&iacute;nez Hern&aacute;ndez. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><a href="#spie2" name="pie2"><sup>2</sup></a> En  193a es remotamente posible que Arist&oacute;fanes se est&eacute; refiriendo a una de las   primeras  divisiones de Mantinea por parte de los espartanos, en el a&ntilde;o 418 a. c.,   (<i>cf</i>. Tuc&iacute;dides v 81). Sin embargo, la palabra que Arist&oacute;fanes  usa aqu&iacute; no es precisamente   la  m&aacute;s apropiada para ello. De cualquier manera, para fijar la fecha del di&aacute;logo   es  suficiente la alusi&oacute;n que se establece en 182b: este pasaje menciona la  dominaci&oacute;n de  Jonia en la costa de Asia Menor en el a&ntilde;o 386 a. c. bajo el Imperio persa.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><a href="#spie3" name="pie3"><sup>3</sup></a> La introducci&oacute;n de Nehamas reza: &quot;&#39;the final and highest mystery&#39; of love&quot; (N. del  T.).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><a href="#spie4" name="pie4"><sup>4</sup></a> Muchos  de los puntos de vista que S&oacute;crates expresa en la primera parte de su di&aacute;logo   con  Diotima son compatibles con otros puntos de vista expresados en los di&aacute;logos   socr&aacute;ticos  de Plat&oacute;n. Ahora bien, es de Plat&oacute;n la idea de que el amor es el deseo de   &quot;procrear  en (la presencia de) belleza&quot; (206c) y tambi&eacute;n es de &eacute;l todo lo que sigue, incluida  por supuesto la revelaci&oacute;n de la Forma de la Belleza como el objeto &uacute;ltimo del <i>er&#333;s </i>(209e-212a) (<i>cf</i>.  Vlastos 21 n. 58).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><a href="#spie5" name="pie5"><sup>5</sup></a> Por  esto mismo, en castellano es completamente inadecuado seguir utilizando la  palabra &quot;banquete&quot; para hablar del t&iacute;tulo de este di&aacute;logo (N.  del T.). </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><a href="#spie6" name="pie6"><sup>6 </sup></a>De  aqu&iacute; en adelante, porque la traducci&oacute;n de Gredos no hace justicia a la  distinci&oacute;n   explicada  por Nehamas, y por su mayor precisi&oacute;n y por su indudable expresividad, prefiero  hacer una versi&oacute;n castellana de las l&iacute;neas en ingl&eacute;s seg&uacute;n la traducci&oacute;n de Nehamas y Woodruff (N. del T.). </font></p>      <p><font size="2" face="verdana"><a href="#spie7" name="pie7"><sup>7</sup></a> Citado en: Dover 52. Este estudio es indispensable para una comprensi&oacute;n de las  actitudes griegas,  en especial las de los atenienses.</font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="verdana"><a href="#spie8" name="pie8"><sup>8</sup></a> En especial, prefiero aqu&iacute; la traducci&oacute;n de Nehamas a la de Gredos (N. del T.).</font></p>        <p><font size="2" face="verdana"><a href="#spie9" name="pie9"><sup>9</sup></a> Para mayor informaci&oacute;n sobre esta extra&ntilde;a inversi&oacute;n, la cual considera que el  deseo   de  procreaci&oacute;n es la causa y no el resultado de las relaciones sexuales (<i>cf</i>. Burnyeat).</font></p>       <p><font size="2" face="verdana"><a href="#spie10" name="pie10"><sup>10</sup></a> Es una cuesti&oacute;n compleja y discutida si el amor por individuos <i>en cuanto </i>individuos   se  abandona por completo, o si simplemente recibe menor &eacute;nfasis (<i>cf</i>. Vlastos 32-34).   En  este ensayo se trabaja el primer punto de vista. En Irwin se examina el segundo   punto  de vista.</font></p>        <p><font size="2" face="verdana"><a href="#spie11" name="pie11"><sup>11</sup></a> La misma palabra es usada en 223b para marcar la entrada repentina incluso de  un grupo  de ebrios, que ocasionan la desintegraci&oacute;n de la fiesta despu&eacute;s del final del discurso de Alcibiades.</font></p>    <font face="verdana" size="2"> <hr size="1"> <b>Bibliograf&iacute;a</b>     <p>Brentlinger, J. A. &quot;The Nature of  Love&quot;. <i>Eros, Agape and Philia</i>. New York: Paragon House, 1970. 136-148.</p>     <p>Burnyeat, M. F. &quot;Socratic Midwifery,  Platonic Inspiration&quot;, <i>Bulletin of Institute  of Classical Studies </i>24 (1977): 7-16.</p>     <p>Dover, J. K. <i>Greek homosexuality. </i>Harvard: Harvard University Press, 1978.</p>     <p>Irwin, T. <i>Plato&#39;s Moral Theory: The Early and Middle Dialogues.</i>Oxford: Clarendon  Press, 1977.</p>     <p>Plat&oacute;n. <i>El  Banquete, </i>Nehamas, A &amp; Woodruff, P., trad.,  int y notas. Barcelona: RBA libros. Colecci&oacute;n Cl&aacute;sicos de bolsillo, 2007.</p>     <p>Plat&oacute;n. <i>El  Banquete</i>, Mart&iacute;nez Hern&aacute;ndez, M., trad. Madrid:  Biblioteca Cl&aacute;sica Gredos, 2008.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Plat&oacute;n. <i>Symposium</i>. Nehamas, A &amp; Woodruff, P, trad. al ingl&eacute;s, intr. y notas.  Cambridge:  Hackett Publishing Company, 1989. IX-XVII. </p>     <p>Tuc&iacute;dides. <i>The Peloponnesian War</i>. London / New. York: J. M. Dent /E.P.  Dutton, 1910.</p> Vlastos, G. &quot;The Individual as Object of Love in Plato&quot;. <i>Platonic Studies</i>. Princeton:  Princeton University Press, 1981. 3-42.</font>      ]]></body>
</article>
