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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Duque, Félix. "El reino de los fines es el reino de los medios", Logos . Anales del Seminario de Metafísica [Universidad Complutense de Madrid, España] 42 (2009): 61-71]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana">     <P   align="left" ><b>DI&Aacute;LOGO</b></P > </font>     <P   align="center" ><font size="3" face="verdana"><B>Duque, F&eacute;lix.     <BR>   </B>&quot;El reino de los fines es el reino de los medios&quot;, <I>Logos .     <BR>   Anales del Seminario de Metaf&iacute;sica </I>    <BR> &#91;Universidad Complutense de Madrid, Espa&ntilde;a&#93; 42 (2009): 61-71. </font></P > <font size="2" face="verdana"> <hr size="1">     <P   align="justify" >La teor&iacute;a moral kantiana constituye un abatimiento para cualquier lector medianamente atento, y no s&oacute;lo por la vehemente solidez y alcances de la propuesta, sino tambi&eacute;n porque, dada la tendencia a leerla a la luz del dualismo hombre fen&oacute;meno-hombre no&uacute;meno, parece destinada a quedarse en el pa-pel. En el art&iacute;culo &quot;El reino de los fines es el reino de los medios&quot;, F&eacute;lix Duque articula una atractiva manera de conciliar el aspecto moral y el aspecto pol&iacute;tico de la teor&iacute;a kantiana, que resulta, al mismo tiempo, un ant&iacute;doto contra el mencionado dualismo. </P >     <P   align="justify" >El punto de partida de esta empresa es sustentar la necesidad de aclarar la segunda formulaci&oacute;n del imperativo categ&oacute;rico, por cuanto se <I>expresa</I> de manera contradictoria (que el hombre &quot;nunca pueda ser utilizado <I>meramente </I>como medio por nadie &#91;ni siquiera por Dios&#93; sin ser al <I>mismo tiempo y en este respecto </I>fin &eacute;l mismo&quot;). El autor defiende que no se trata, como suele ser interpretado, de una simple distinci&oacute;n  <B></b>entre dos aspectos del hombre (su posibilidad de ser usado como medio y su estatus de <I>fin en s&iacute; mismo</I>), enunciada, accidentalmente, de manera err&oacute;nea. En efecto, asumir que as&iacute; fuera implicar&iacute;a destinar al hombre a ser un &quot;ciudadano de dos mundos&quot; heterog&eacute;neos e irreconciliables (63), perspectiva de la que Kant, dice Duque, toma distancia. La tesis, pues, es que la formulaci&oacute;n citada del imperativo categ&oacute;rico es m&aacute;s bien la clave para entender que la consecuci&oacute;n del &quot;reino de Dios en la tierra&quot; puede ser, realmente, un objetivo realizable por el hombre (siempre asint&oacute;ticamente). </P >     <P   align="justify" >Ahora bien, &iquest;por qu&eacute; ser&iacute;a necesario hacer evidente esto? Si bien Kant reconoce la posibilidad de que cada hombre abrace la Buena Voluntad, esto no es garante de que se realice alguna vez el reino de los fines: las pasiones halan con fuerza al hombre, en especial a la hora de establecer fines, cosa para la cual no se puede confiar en el entendimiento, que sirve &uacute;nicamente para calcular y ponderar los medios m&aacute;s id&oacute;neos de realizaci&oacute;n. Por esto es poco probable que, dada la naturaleza h&iacute;brida del ser humano, este pusiera la ley moral por encima del inter&eacute;s personal; el amado Yo, el ego&iacute;smo y la vanidad impiden que los seres humanos consigan lo que incluso un grupo de demonios con entendimiento podr&iacute;a conseguir: constituir un Estado conforme a lo que saben les es m&aacute;s conveniente. Ese panorama hace necesaria la entrada en escena de un elemento sobrehumano como garante del cumplimiento del fin teleol&oacute;gico de la existencia humana (la paz perpetua): la Naturaleza, conductora secreta de las acciones humanas al servicio de la realizaci&oacute;n del reino de los fines. </P >     <P   align="justify" >Con la acci&oacute;n directora de la Naturaleza como pivote se desarrolla la tesis central de Duque; la idea es que en la manera como esta act&uacute;a <I>al interior</I> del hombre (en la estructura de sus pasiones) se evidencia el modo en que Kant relaciona la pol&iacute;tica con la moral, en la conciliaci&oacute;n <I>f&aacute;ctica </I>del reino de los fines con el reino de los medios. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   align="justify" >El papel de la Naturaleza es operar un cambio sobre las pasiones humanas de manera que, en la carrera por satisfacerlas, el hombre en realidad resulte instituyendo los valores que dan lugar al reino de los fines. En muy pocas palabras, aquello suceder&iacute;a de la siguiente manera: la libertad externa, primera y m&aacute;s importante pasi&oacute;n humana, se expresa en tres pasiones, a saber, ansia de riqueza, de poder y de fama, cuya realizaci&oacute;n inmediata por parte de los hombres s&oacute;lo resulta en el caos. El hombre, cayendo en la cuenta, toma las medidas pertinentes para que la satisfacci&oacute;n de las pasiones no implique su desaparici&oacute;n: </P >     <blockquote>       <p align="justify">Lo que hay que hacer es, justamente, reflexionar: hacer retornar la pasi&oacute;n a su origen, reforzando al &quot;yo&quot;, corrobor&aacute;ndolo. La pasi&oacute;n devuelta, la pasi&oacute;n que va, por as&iacute; decir, de vuelta, es la <I>libertad</I>, o sea la parad&oacute;jica liberaci&oacute;n <I>en </I>el hombre (no realizada <I>por </I>el hombre) de la <I>extraposici&oacute;n </I>de su naturaleza, para introyectarla, reconoci&eacute;ndola bajo la vestidura <I>l&oacute;gica</I> de Ley moral. &#91;&hellip;&#93; La identidad es la libertad que los dem&aacute;s reconocen en m&iacute;, y a la vez la libertad por la que uno se reconoce a s&iacute; mismo como siendo fiel, leal a s&iacute; mismo. (70) </p> </blockquote>     <P   align="justify" >En la <I>reflexi&oacute;n </I>se encuentran las condiciones necesarias para satisfacer  <B></b>las pasiones sin llegar a la autodestrucci&oacute;n, condiciones que se corresponden con los principios de una <I>rep&uacute;blica federal mundial</I>: </P >     <blockquote>       <p align="justify">De hecho, preciso es reconocer que el ansia de riquezas s&oacute;lo puede ser satisfecha si inhibimos violentamente nuestro deseo inmediato de satisfacci&oacute;n y convertimos a los entes mundanos en objeto de un trabajo com&uacute;n. Lo que hace valiosas a las cosas es el trabajo depositado en ellas. Tal es el primer valor, la base de la relaci&oacute;n entre hombres y cosas, o sea: la base de la sociedad. Por el trabajo el &quot;yo&quot; empieza a saberse como un &quot;nosotros&quot;. Por el trabajo, tambi&eacute;n, las cosas pueden ser intercambiadas como mercanc&iacute;as con valor de cambio -recu&eacute;rdese en el mercado-, convirti&eacute;ndose en propiedades. La propiedad es, as&iacute;, junto con el trabajo, una riqueza refleja: una pasi&oacute;n que est&aacute; de vuelta. (69-70) </p> </blockquote>     <P   align="justify" >As&iacute; mismo, el ansia de dominio, que tiene al <I>derecho</I> como resultado de su reflexi&oacute;n, encarnado en el Estado o en la <I>libre asociaci&oacute;n</I> entre los hombres, es garant&iacute;a de que, en cuanto son todos iguales, puede disfrutarse del resultado de la primera pasi&oacute;n refleja. Y el ansia de fama, cuya reflexi&oacute;n es la instituci&oacute;n del <I>mercado</I>, la libre competencia, per-mite &quot;ser reconocido por sus iguales ante la Ley&quot; (71). </P >     <P   align="justify" >Esa libertad, cuya envestidura l&oacute;gica es la Ley moral, constituye el motor de la acci&oacute;n humana, debido a su estatus de pasi&oacute;n &quot;refleja&quot;. Se ha operado as&iacute; una transformaci&oacute;n que resulta en la libre dejaci&oacute;n, por parte de cada individuo, de su arbitrio, convirti&eacute;ndose en medio para los dem&aacute;s, y, en el mismo ejercicio, tanto &eacute;l como los otros fines en s&iacute; mismos. Es as&iacute;, dice Duque, como se puede &quot;resolver la contradicci&oacute;n&quot; de la segunda formulaci&oacute;n del imperativo categ&oacute;rico, y se hace evidente, entonces, c&oacute;mo la idea del reino de los fines y el ideal de la paz perpetua son la base normativa para una rep&uacute;blica federal mundial. </P >     <P   align="justify" >Seg&uacute;n Duque, en la afirmaci&oacute;n del &quot;yo&quot;, el hombre se convierte (&iquest;o se realiza?) <I>a la vez</I> en medio y fin. Pero pregunto si esta propuesta no implica un cierto abandono de uno de los aspectos m&aacute;s fuertes de la teor&iacute;a misma. Uno de los puntos m&aacute;s interesantes, por lo menos para m&iacute; (y eso puede ser un simple rezago del dualismo), es que, con independencia de c&oacute;mo sean las cosas, la Ley moral permanece inc&oacute;lume; sin importar si existe la propiedad privada o no, si las pasiones del hombre son estas o aquellas, y pareciera que en el modelo de Duque la idea del reino de los fines tuviera sentido porque las pasiones y, a&uacute;n m&aacute;s, la mejor manera de realizarlas, son las que son, es decir, las pasiones tal y como las explica el art&iacute;culo, y su realizaci&oacute;n necesaria, la reflexi&oacute;n que se lleva a cabo. Pero tal vez uno quisiera decir algo distinto, como, por ejemplo, que las pasiones no son algo innato, sino que, por el contrario, son el resultado de nacer en la sociedad en que se nace y de pertenecer a la tradici&oacute;n cultural a la que se pertenece. As&iacute;, las pasiones surgir&iacute;an de la instituci&oacute;n de una cierta manera de relaci&oacute;n entre los hombres, y de ellos con las cosas, que puede no ser &uacute;nica. </P >     <P   align="justify" >Si la idea anterior tiene sentido, en-tender las pasiones como la base que sostiene y justifica la moral implica quitarle a esta la pretensi&oacute;n de universalidad y necesidad que s&iacute; pod&iacute;a tener  <B></b>cuando proven&iacute;a de las <I>estructuras</I> de la racionalidad. Pero entonces la idea de que los or&iacute;genes de la moral se&ntilde;alan hacia el federalismo mundial como la manera adecuada de gobierno, por lo menos de la manera aqu&iacute; tratada, no es consecuente con la moral kantiana, pues implica despojarla de esa parte tan fuerte y atractiva, sin la que no estoy segura de que pueda seguirse llamando kantiana: el hecho de que sea universal, inmutable, necesaria. </P > <hr size="1">     ]]></body>
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