<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0120-0062</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Ideas y Valores]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Ideas y Valores]]></abbrev-journal-title>
<issn>0120-0062</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Filosofía.]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0120-00622012000100005</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[PERDÓN Y ARREPENTIMIENTO: LA EXPERIENCIA DE JEAN AMÉRY]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Forgiveness and Repentance: The Experience of Jean Améry]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[RUEDA]]></surname>
<given-names><![CDATA[CAMILA]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Nacional de Colombia  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2012</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2012</year>
</pub-date>
<volume>61</volume>
<numero>148</numero>
<fpage>79</fpage>
<lpage>99</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0120-00622012000100005&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0120-00622012000100005&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0120-00622012000100005&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Jacques Derrida ha propuesto entender el perdón como lo imperdonable: para que el perdón sea puro, su objeto debe ser lo imperdonable. Plantea, además, que no debe haber ninguna condición para que el perdón sea otorgado. Se busca mostrar que esta pureza debe ser sacrificada, ya que, para que una víctima perdone, es necesario que haya arrepentimiento y petición de perdón por parte del victimario. Se examina el objeto del perdón como lo monstruoso, utilizando para ello el ejemplo de Jean Améry.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Jacques Derrida has suggested that forgiveness should understood as the unforgivable: in order for forgiveness to be pure, its object must be the unforgivable. Furthermore, he states that no conditions should be imposed on granting forgiveness. The article seeks to show that this purity has to be forgone since the offender has to repent and ask for forgiveness, in order for a victim to forgive. The article also examines the monstrous as the object of forgiveness, using the case of Jean Améry as an example.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[J. Améry]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[J. Derrida]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[arrepentimiento]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[perdón]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[J. Amery]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[J. Derrida]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[repentance]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[forgiveness]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana">      <P  align="center"><b><font size="4">PERD&Oacute;N Y ARREPENTIMIENTO:LA  EXPERIENCIA DE JEAN AM&Eacute;RY</font></b><font size="2"><a href="#*" name="s*"><sup>*</sup></a></font></p>     <P  align="center"><font size="3" face="verdana"><I>Forgiveness and Repentance: The Experience of Jean Am&eacute;ry</I></font></p>      <P  align="center">&nbsp;</p>     <P  align="right"><b>CAMILA RUEDA</b>    <br>   Universidad Nacional de Colombia    <BR> <a href="mailto:camilarueda@gmail.com"><i>camilarueda@gmail.com</i></a></p>     <P  align="right"><I>Art&iacute;culo recibido: 4 de febrero de 2011; aceptado: 29 de abril de 2011.</I></p> <hr size="1">     <p><B>Resumen </b></p>     <p> Jacques Derrida ha propuesto entender el perd&oacute;n como lo imperdonable: para que el perd&oacute;n sea puro, su objeto debe ser lo imperdonable. Plantea, adem&aacute;s, que no debe haber ninguna condici&oacute;n para que el perd&oacute;n sea otorgado. Se busca mostrar que esta pureza debe ser sacrificada, ya que, para que una v&iacute;ctima perdone, es necesario que haya arrepentimiento y petici&oacute;n de perd&oacute;n por parte del victimario. Se examina el objeto del perd&oacute;n como lo monstruoso, utilizando para ello el ejemplo de Jean Am&eacute;ry. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p><I>Palabras clave:</I> J. Am&eacute;ry, J. Derrida, arrepentimiento, perd&oacute;n. </p> </blockquote> <hr size="1">     <p><B>Abstract </b></p>     <p> Jacques Derrida has suggested that forgiveness should understood as the unforgivable: in order for forgiveness to be pure, its object must be the unforgivable. Furthermore, he states that no conditions should be imposed on granting forgiveness. The article seeks to show that this purity has to be forgone since the offender has to repent and ask for forgiveness, in order for a victim to forgive. The article also examines the monstrous as the object of forgiveness, using the case of Jean Am&eacute;ry as an example. </p>     <blockquote>       <p><I>Keywords: </I>J. Amery, J. Derrida, repentance, forgiveness. </p> </blockquote> <hr size="1">     <P  align="right"> <I>&#91;M&#93;e impone con el pu&ntilde;o su propia corporalidad. Me atropella y de ese modo me aniquila &#91;...&#93;    <br>   Cuando no cabe esperar ninguna ayuda, la violaci&oacute;n corporal perpetrada por el otro se torna una    <br>  forma</I> <I>consumada de aniquilaci&oacute;n total de la existencia. (M&aacute;s all&aacute; de la culpa y la expiaci&oacute;n, </I>Jean Am&eacute;ry<I>).</I></p>     <p>Jean Am&eacute;ry fue un poeta vien&eacute;s que naci&oacute; en 1912; su verdadero nombre era Hans Maier. Ten&iacute;a ascendencia jud&iacute;a, pero nunca practic&oacute; ni la cultura ni la religi&oacute;n jud&iacute;a. En 1935, cuando se promulgaron las leyes de N&uacute;remberg,<a href="#pie1" name="spie1"><sup>1</sup></a> Am&eacute;ry tom&oacute; conciencia por primera vez de su condici&oacute;n de jud&iacute;o, pues dichas leyes especificaban que se consideraba jud&iacute;o todo aquel que tuviera ascendencia jud&iacute;a. A partir de ese momento, Am&eacute;ry sinti&oacute; muy de cerca la posibilidad de ser candidato al exterminio (<I>cf</I>. Oca&ntilde;a 16). Entre 1938 y 1939, Am&eacute;ry inici&oacute; una traves&iacute;a por Europa para evitar ser capturado por el r&eacute;gimen nazi y despu&eacute;s de un tiempo se uni&oacute; a un grupo de resistencia. Debido a su participaci&oacute;n en este grupo, Am&eacute;ry fue torturado durante tres meses por soldados de la Gestapo. En el momento de su captura (23 de julio de 1943), ten&iacute;a un pasqu&iacute;n en el que se incitaba a los soldados alemanes a abandonar al r&eacute;gimen. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para Am&eacute;ry, la tortura de la que fue v&iacute;ctima fue uno de los episodios m&aacute;s traum&aacute;ticos de su vida. Despu&eacute;s fue enviado a Auschwitz el 15 de enero de 1944, donde realiz&oacute; trabajos forzados hasta su liberaci&oacute;n, el 15 de abril de 1945. Despu&eacute;s de ser liberado por los soldados brit&aacute;nicos, Am&eacute;ry vivi&oacute; con un gran resentimiento toda su vida y, producto de este resentimiento, decidi&oacute; rechazar su lengua materna (el alem&aacute;n) y cambiar su nombre a "un pseud&oacute;nimo de resonancias rom&aacute;nticas" (144). En su libro <I>M&aacute;s all&aacute; de la culpa y la expiaci&oacute;n</I>, &eacute;l dedica un cap&iacute;tulo a hablar sobre la tortura de la que fue v&iacute;ctima. </p>     <blockquote>       <p>Del techo abovedado del <I>b&uacute;nker</I> colgaba una cadena que corr&iacute;a en una polea, de cuya extremidad pend&iacute;a un pesado gancho de hierro balanceante. Se me condujo hasta el aparato. El gancho estaba sujeto a la cadena, que esposaba mis manos tras mis espaldas. Entonces se elev&oacute; la cadena junto con mi cuerpo hasta quedar suspendido aproximadamente a un metro de altura del suelo. En semejante posici&oacute;n, o m&aacute;s bien suspensi&oacute;n, con las manos esposadas tras las espaldas y con la &uacute;nica ayuda de la fuerza muscular, s&oacute;lo es posible mantenerse durante un periodo muy breve en posici&oacute;n semi-inclinada. Durante esosminutos, cuando ya se han consumido las &uacute;nicas fuerzas sobrantes, el sudor nos cubre la frente y los labios y comenzamos a resoplar, no se podr&aacute; responder a ninguna pregunta. &iquest;C&oacute;mplices? &iquest;Direcciones? &iquest;Lugares de encuentro? Estas palabras apenas son audibles. La vida recogida en un &uacute;nico, limitado sector del cuerpo, es decir, en las articulaciones del h&uacute;mero, no reacciona, pues se encuentra agotada completamente por el esfuerzo f&iacute;sico. &#91;Cuando me rend&iacute; al dolor&#93; o&iacute; entonces un crujido y una fractura en mis espaldas que mi cuerpo no ha olvidado hasta hoy. Las cabezas de las articulaciones saltaron de sus cavidades. El mismo peso corporal provoc&oacute; una luxaci&oacute;n, ca&iacute; al vac&iacute;o me encontr&eacute; colgado de los brazos dislocados, levantados bruscamente por detr&aacute;s y desde ese momento cerrados sobre la cabeza en posici&oacute;n torcida. Tortura, del lat&iacute;n <I>torquere</I>, luxar, contorcer, dislocar: &iexcl;Toda una lecci&oacute;n pr&aacute;ctica de etimolog&iacute;a! Adem&aacute;s sobre mi cuerpo cruj&iacute;an los golpes con el vergajo, y algunos de ellos desgarraron los pantalones ligeros de verano que vest&iacute;a ese 23 de julio de 1943. </p>       <p>Ser&iacute;a del todo irrazonable querer describir en este punto los dolores que me infligieron. &#91;...&#93; El dolor era el que era. (Am&eacute;ry 96-97) </p> </blockquote>     <p>Esta descripci&oacute;n ayuda a acercarse, as&iacute; sea s&oacute;lo someramente, a lo que significa ser v&iacute;ctima de una acci&oacute;n tan atroz como la tortura. Esta es descrita por Am&eacute;ry como un acontecimiento que lleva a la v&iacute;ctima al extremo de su fuerza f&iacute;sica y emocional. El tipo de violencia que &eacute;l padeci&oacute; en manos de la Gestapo hizo que sintiera que su vida era aniquilada; provoc&oacute; en Am&eacute;ry la sensaci&oacute;n de que algo muri&oacute; dentro de &eacute;l: "acaba con una parte de nuestra vida que jam&aacute;s vuelve a despertar" (92). En las palabras con las que este escritor describe su suplicio f&iacute;sico, se deja ver tambi&eacute;n un suplicio emocional del que, como &eacute;l mismo dice, nunca se pudo recuperar. El testimonio de Jean Am&eacute;ry describe el tipo de acciones que quiero examinar en este trabajo y a las que califico como casos paradigm&aacute;ticos de da&ntilde;o que suscitan una reflexi&oacute;n sobre el perd&oacute;n. El tipo de acci&oacute;n del que fue v&iacute;ctima Am&eacute;ry hace que a la v&iacute;ctima le sea vulnerada la autonom&iacute;a que normalmente tiene sobre su propio cuerpo. </p>     <p>Cuando se piensa en perd&oacute;n, acciones como la tortura retan a la v&iacute;ctima a perdonar algo que se muestra como imperdonable, un crimen monstruoso. Existe una discusi&oacute;n sobre la posibilidad de perdonar estas acciones que se muestran como imperdonables. Enmarcado en esta discusi&oacute;n, se ubica Jaques Derrida. En una entrevista que dio al diario <I>Le Monde</I>, &eacute;l plante&oacute; una posici&oacute;n sobre este tema, caracterizando el tipo de acciones que son objeto de perd&oacute;n (<I>cf</I>. Derrida 2002). Para Derrida, una acci&oacute;n es objeto de perd&oacute;n s&oacute;lo cuando ella es imperdonable. Esto significa que las condiciones de posibilidad del perd&oacute;n coinciden con las condiciones de su imposibilidad: "el perd&oacute;n perdona solamente lo imperdonable. Uno no puede, o no deber&iacute;a perdonar, no hay perd&oacute;n, si no existe lo imperdonable" (<I>id.</I> 22). El perd&oacute;n, as&iacute;, es visto por Derrida como una paradoja, como algo que irrumpe la l&oacute;gica normal de las relaciones humanas. "El perd&oacute;n debe anunciarse como lo imposible mismo. No puede ser posible m&aacute;s que al hacer lo imposible" (<I>ib&iacute;d.</I>). </p>     <p>La concepci&oacute;n de Derrida sobre el perd&oacute;n tiene varios elementos que quiero diferenciar, con el prop&oacute;sito de destacar aquellos que tendr&eacute; en cuenta y aquellos que no. En primera instancia, es importante mencionar que, seg&uacute;n &eacute;l, el &uacute;nico sentido en el que se puede hablar de perd&oacute;n sin que este resulte vac&iacute;o es en los casos en los que se perdona lo imperdonable. El autor asegura que lo imperdonable es lo l&oacute;gicamente imposible de perdonar y por eso la acci&oacute;n de perdonar es lo imposible mismo. Derrida describe lo imperdonable de una manera que es clave para lo que presento: las acciones objeto de perd&oacute;n son monstruosas (<I>cf.</I> 2002 22). &Eacute;l asegura que los cr&iacute;menes imperdonables son lo que en lenguaje religioso se conoce como "pecados mortales": "&#91;s&#93;i hay algo que perdonar, ser&iacute;a lo que en el lenguaje religioso se llama pecado mortal, el peor, el crimen o el error imperdonable" (<I>ib&iacute;d.</I>), no el pecado "venial", no lo que parece perdonable (por ejemplo una ofensa verbal). Para Derrida, adem&aacute;s, el perd&oacute;n se convierte en lo imperdonable mismo, pues lo que es objeto de perd&oacute;n es tanto el victimario como el da&ntilde;o que &eacute;l provoc&oacute; (<I>cf. id.</I> 26). Esto se ve claramente en el hecho de que el autor asegure que dado que la acci&oacute;n realizada contra la v&iacute;ctima es tan monstruosa que se vuelve imperdonable, entonces el perdonar mismo se vuelve imposible porque la v&iacute;ctima estar&iacute;a perdonando lo imperdonable. </p>     <p>Por otra parte, el autor afirma que el perd&oacute;n no debe guardar una relaci&oacute;n de dependencia con el arrepentimiento. El arrepentido, dice Derrida, es otro, distinto de quien perpetr&oacute; en su momento la acci&oacute;n (<I>cf. </I>2002 26). Por lo tanto, si se perdona s&oacute;lo con ocasi&oacute;n de la petici&oacute;n de perd&oacute;n que solicita el victimario, no se perdonar&iacute;a ni el hecho imperdonable ni a la persona que lo realiz&oacute;. Lo anterior muestra que, para Derrida, tanto el hecho imperdonable, como el perpetrador son, ambos, objetos de perd&oacute;n. </p>     <p>Seg&uacute;n Derrida, el arrepentimiento que el victimario expresa cuando solicita ser perdonado no puede ser tampoco una condici&oacute;n para perdonar, pues si la v&iacute;ctima le exigiera esto al victimario ya no se estar&iacute;a perdonando ni a la persona en tanto perpetrador ni a la acci&oacute;n en tanto imperdonable; se estar&iacute;a perdonando meramente lo que ya se transform&oacute;, se estar&iacute;a perdonando s&oacute;lo al hombre que ya no podr&iacute;a realizar la acci&oacute;n que padeci&oacute; la v&iacute;ctima. Esto se explica de la siguiente manera: cuando alguien pide perd&oacute;n est&aacute; diciendo impl&iacute;citamente que ya no se identifica con su acci&oacute;n y t&aacute;citamente est&aacute; estableciendo un compromiso de no volver a incurrir en una acci&oacute;n semejante. Entonces, cuando se concede el perd&oacute;n a quien ya ha cambiado no se est&aacute; perdonando a quien incurri&oacute; en la acci&oacute;n. Lo anterior sugiere que, para Derrida, perdonar al arrepentido no es en realidad perdonar. Quien perdona, adem&aacute;s, no exige ninguna condici&oacute;n (en este caso trasformaci&oacute;n y arrepentimiento). </p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Imaginen que yo perdono con la condici&oacute;n de que el culpable se arrepienta, se enmiende, pida perd&oacute;n y luego sea transformado por un nuevo compromiso, y que desde entonces &eacute;l no sea m&aacute;s el que se hizo culpable. &iquest;En ese caso se puede hablar todav&iacute;a de perd&oacute;n? Ser&iacute;a demasiado f&aacute;cil en los dos sentidos: se perdonar&iacute;a a uno que no ser&iacute;a el culpable mismo. &iquest;Para que haya perd&oacute;n no habr&iacute;a que perdonar la falta y el culpable <I>en tanto que tales</I>, all&iacute; donde la una y el otro permanecen, tan irreversiblemente como el mal, y que, como el mal mismo, ser&iacute;an capaces de repetirse, imperdonablemente, sin transformaci&oacute;n, sin recuperaci&oacute;n, sin arrepentimiento y sin promesa? &iquest;No se debe sostener que un perd&oacute;n digno de ese nombre, si existe alguna vez, debe perdonar lo imperdonable, sin condiciones? (Derrida 2002 26) </p> </blockquote>     <p>En resumen, para Derrida, las caracter&iacute;sticas del perd&oacute;n que he mostrado en este trabajo son: 1) el perd&oacute;n perdona solamente lo imperdonable y 2) el perd&oacute;n no requiere del arrepentimiento del victimario. Lo que pretendo hacer ahora es mostrar qu&eacute; comparto de la caracterizaci&oacute;n derridiana y qu&eacute; no. </p>     <p>En primer lugar, me gustar&iacute;a analizar la idea de que el perd&oacute;n s&oacute;lo perdona lo imperdonable. Aunque indiscutiblemente en la cotidianidad se utilice la palabra "perd&oacute;n" en muchos otros sentidos, incluso en algunos en los que no se considerar&iacute;a que ciertas acciones sean imperdonables, desde la perspectiva de Derrida, en este trabajo har&eacute; referencia al tipo de cr&iacute;menes que este autor llama <I>imperdonables</I>. Hago esto, no porque crea que las acciones imperdonables sean las &uacute;nicas que se pueden perdonar, sino porque estas son las que resultan pertinentes en las reflexiones filos&oacute;ficas sobre el tema. Esto se aclara mejor si se entiende que cuando se habla del perd&oacute;n se hace referencia, en primer lugar, a la perspectiva de la v&iacute;ctima, pues es ella quien puede o no conceder perd&oacute;n. Si esto es as&iacute;, entonces el tipo de cr&iacute;menes que interesan a la filosof&iacute;a moral son aquellos que retan a la v&iacute;ctima, que le imponen un desaf&iacute;o, dada la solicitud de perd&oacute;n por parte del victimario. En casos como estos no es poco lo que est&aacute; en juego, pues no es poco lo que el victimario arrebata a la v&iacute;ctima con su crimen. Esto se puede ver reflejado en el testimonio de Jean Am&eacute;ry, cuando dice que la tortura tiene como consecuencia la "aniquilaci&oacute;n total de la existencia" (91) o que "acaba con una parte de nuestra vida que jam&aacute;s vuelve a despertarse" (<I>id. </I>92). </p>     <p>Ahora bien, aunque en este trabajo llamar&eacute; al tipo de acciones que invitan a pensar en el perd&oacute;n <I>acciones imperdonables</I>, tomo distancia de algunos de los puntos clave de la concepci&oacute;n de Derrida. Sin embargo, utilizo algunas de las caracter&iacute;sticas que este autor le otorga a las acciones que son objeto de perd&oacute;n para explicar qu&eacute; es lo que quiero llamar <I>acciones que invitan a pensar sobre las posibilidades del perd&oacute;n</I>. Es muy iluminador que Derrida se refiera a lo imperdonable como "pecados mortales" y como "lo monstruoso", pues dichas caracterizaciones ayudan a entender el tipo de acciones que quiero tener en cuenta en este trabajo. Sin embargo, aunque podemos llamar a ciertas acciones imperdonables, en un estricto sentido derridiano, no creo que el perd&oacute;n se pueda identificar con lo imposible o con lo parad&oacute;jico. </p>     <p>Quisiera tomar distancia, entonces, de la concepci&oacute;n de Derrida, seg&uacute;n la cual el perd&oacute;n es lo imposible mismo, pues aunque los hechos que &eacute;l llama imperdonables son los que invitan a hablar de perd&oacute;n, no son esos hechos realmente los que son objeto de perd&oacute;n. Nadie podr&aacute; perdonar una ofensa tan grande como una tortura (por ejemplo); a quien se perdona realmente es a quien cometi&oacute; ese crimen. La tortura o cualquier acci&oacute;n imperdonable se mantienen as&iacute;, imperdonables. Aun cuando, seg&uacute;n Derrida, son las acciones que &eacute;l llama imperdonables las que nos hacen pensar en el perd&oacute;n, no es la acci&oacute;n lo que perdonamos, perdonamos a quien realiz&oacute; esa acci&oacute;n contra nosotros. Es por eso que, creo yo, el perd&oacute;n no es lo imposible mismo. David Novitz asegura que el perd&oacute;n es una acci&oacute;n que siempre tiene un objeto, pero que este objeto no es precisamente la acci&oacute;n que se realiz&oacute; contra la v&iacute;ctima sino la persona que la realiz&oacute;: "&#91;w&#93;hat one forgives, however, is not a wrongful action; rather, one forgives the person who is believed to be responsible and who is blamed and resented for that action" (300). Si se acepta esto &uacute;ltimo, entonces, el perd&oacute;n ya no es imposible, pues no se est&aacute; perdonando lo imperdonable (la acci&oacute;n), sino a un sujeto. </p>     <p>As&iacute;, en este trabajo, el objeto del perd&oacute;n no ser&aacute; aquello que no se <I>puede</I> (en estricto sentido) perdonar o aquello que es imposible perdonar, sino las personas que realizan acciones que por su dimensi&oacute;n y monstruosidad se conciben como imposibles de perdonar. Los hechos que invitan al perd&oacute;n son esas acciones que Derrida llama "monstruosas" y que causan un dolor o un da&ntilde;o irreparables, cr&iacute;menes tan graves como los asesinatos contra personas inocentes, las masacres, las torturas, etc. Quiero resaltar de estas acciones imperdonables el hecho de que escapan a la comprensi&oacute;n humana y por lo tanto tambi&eacute;n lo hacen algunas caracter&iacute;sticas de quienes las realizan. Estas acciones "escapan a la comprensi&oacute;n humana" porque son acciones que impactan y se salen de lo que creemos que es posible; de ellas ni siquiera el perpetrador puede dar una justificaci&oacute;n.<a href="#pie2" name="spie2"><sup>2</sup></a>  Como dice Am&eacute;ry, este tipo de acciones "nos desaf&iacute;an de forma extrema &#91;...&#93; en ese punto no hay posibilidad de abstracci&oacute;n ni la imaginaci&oacute;n es capaz siquiera de aproximarse a la realidad" (87). Es f&aacute;cil deducir por qu&eacute; las acciones monstruosas se salen de la comprensi&oacute;n humana si pensamos, por ejemplo, en la tortura que sufri&oacute; Am&eacute;ry. En la descripci&oacute;n que &eacute;l hace de ella, se puede ver que el dolor emocional al que lo llevan no es banal. En la tortura, se ve c&oacute;mo la v&iacute;ctima es llevada a niveles de dolor f&iacute;sico tan grandes que pierde la seguridad en el mundo. Tal como lo dice Elaine Scarry, en su libro <I>The Body in Pain</I>, el dolor intenso destruye el mundo y la conciencia de la v&iacute;ctima: con el dolor f&iacute;sico intenso "the created world of thought and feeling, all the psychological and mental content that constitutes both one's self and one&acute;s world, and that gives rise to and is in turn made possible by language, ceases to exist" (30). </p>     <p>El hecho de que las motivaciones del perpetrador se salgan de la comprensi&oacute;n de lo que consideramos posible en el momento en el que &eacute;l realiza la acci&oacute;n criminal, hace que lo concibamos como alguien que no podr&iacute;a ser perdonado. Sin embargo, aunque el hecho mismo del da&ntilde;o producido por su acci&oacute;n no pueda ser cambiado, es posible pensar que el criminal pueda tomar distancia en relaci&oacute;n con lo que hizo; que pueda, con ello, y pasado un tiempo, no querer reconocerse en la acci&oacute;n en la que incurri&oacute;. De ah&iacute; derivo yo la posibilidad de que &eacute;l pueda ser perdonado como aquel que sabe que lo que hizo es imperdonable. </p>     <p>Quisiera hacer hincapi&eacute; en el hecho de que la acci&oacute;n monstruosa o imperdonable que realiza el victimario es una acci&oacute;n que, al salirse de la comprensi&oacute;n humana, es irracional y, por lo tanto, el perpetrador mismo se ve como lo irracional. Ahora bien, lo racional puede entenderse en dos sentidos: instrumental y normativo (en un sentido moral). La racionalidad instrumental se refiere, en este contexto, a los motivos que un agente tiene para realizar su acci&oacute;n; es decir, se refiere a la posibilidad de responder a la pregunta "&iquest;para qu&eacute; lo hiciste?", desde el punto de vista meramente de la utilidad que le reporta su acci&oacute;n. La racionalidad normativa moral se refiere, m&aacute;s bien, a las justificaciones de una acci&oacute;n; es decir, a si el agente puede responder a la pregunta "&iquest;por qu&eacute; lo hiciste?", desde un punto que vincule, a trav&eacute;s de sus razones, a los otros. Lo anterior remite a la posibilidad que, asumo, tiene el perpetrador de dar razones <I>a la v&iacute;ctima</I> acerca de por qu&eacute; decidi&oacute; llevar a cabo la acci&oacute;n, sin referirse a ella como un simple medio para alcanzar un fin determinado y a que este fin debe ser coherente con el hecho de que el hombre vive en sociedad. </p>     <blockquote>       <p>El aspecto normativo y moral de nuestra racionalidad pr&aacute;ctica es esencial a ella porque est&aacute; &iacute;ntimamente ligado a la existencia de la sociedad y a la existencia del individuo dentro de la sociedad. Acci&oacute;n inmoral es acci&oacute;n irracional porque ella PUEDE implicar que el individuo sea excluido de la sociedad y porque en muchos casos ella PUEDE <I>ocasionar la destrucci&oacute;n de la sociedad en cuanto contribuye en alguna medida a esa destrucci&oacute;n. </I>(Hoyos 206, los dos primeros &eacute;nfasis son del original y el &uacute;ltimo es m&iacute;o) </p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En los casos de acciones que en este contexto Derrida califica como monstruosas, el agente no puede ofrecer este tipo de justificaci&oacute;n, pues es imposible entender c&oacute;mo su acci&oacute;n contribuye al bienestar de la sociedad; m&aacute;s bien su acci&oacute;n estar&iacute;a contribuyendo al detrimento de esta. Por otra parte, las acciones monstruosas no pueden ser vistas como fines en s&iacute; mismas, sino que son identificables s&oacute;lo como medios para obtener otra cosa, cualquiera que esta sea. Por ejemplo, se podr&iacute;a pensar que la tortura que sufri&oacute; Am&eacute;ry era un medio que utilizaban los soldados de la Gestapo para desarticular los grupos que iban en contra del r&eacute;gimen nazi, pero no es posible justificar la tortura como un fin en s&iacute; mismo. Es por esto que una acci&oacute;n monstruosa puede ser considerada irracional, desde un punto de vista normativo moral. Es decir, desde el punto de vista normativo, el perpetrador de una acci&oacute;n atroz es irracional, pues no puede dar razones que sean v&aacute;lidas intersubjetivamente para realizar la acci&oacute;n monstruosa, independientemente de que, desde el punto de vista instrumental, el perpetrador pueda ser visto como racional. </p>     <p>Sin embargo, es posible tambi&eacute;n admitir que, desde ning&uacute;n punto de vista, las acciones monstruosas pueden considerarse como racionales. Para entender esto es necesario hacer una distinci&oacute;n entre explicaciones y justificaciones. &Aacute;ngela Uribe, siguiendo a Michael Stocker, hace una distinci&oacute;n muy &uacute;til entre estos dos &aacute;mbitos: "&#91;a&#93;ll&iacute; donde exigimos una explicaci&oacute;n estamos preguntando por motivos; all&iacute; donde exigimos una justificaci&oacute;n estamos preguntando por razones" (Uribe 149). En los casos en los que una persona realiza una acci&oacute;n imperdonable se puede, en efecto, rastrear los motivos del victimario. Siguiendo el ejemplo que Uribe utiliza en su texto "La casa Arana" (<I>cf. </I>2009), un grupo de perpetradores, apelando a excusas, puede llegar a aducir en su defensa que torturaban y mataban a un grupo de v&iacute;ctimas con prop&oacute;sitos civilizatorios.<a href="#pie3" name="spie3"><sup>3</sup></a> Incluso, as&iacute; se crea que estas no eran las verdaderas motivaciones de sus actos, siempre se pueden encontrar motivaciones para las acciones monstruosas. No obstante, las explicaciones no son lo mismo que las justificaciones, pues ning&uacute;n perpetrador de una acci&oacute;n monstruosa puede aludir en su defensa razones normativas, esto es, <I>justificar su acci&oacute;n ante la v&iacute;ctima</I>. Es esto &uacute;ltimo lo que hace que la v&iacute;ctima perciba la acci&oacute;n como irracional. Es m&aacute;s, con frecuencia, las v&iacute;ctimas, al no encontrar justificaciones para la acci&oacute;n realizada en contra suya, no pueden tampoco entender o encontrar explicaciones. Es por esto que la acci&oacute;n, desde el punto de vista de la v&iacute;ctima, se vuelve absolutamente irracional: "&#91;p&#93;ara quien ha sido v&iacute;ctima de un da&ntilde;o que percibe como voluntario e in&uacute;til (o para quienes hablamos en su nombre), all&iacute; donde no hay una justificaci&oacute;n no hay lugar, tampoco, para una explicaci&oacute;n" (<I>ib&iacute;d.</I>).</p>     <p> Cuando una v&iacute;ctima sufre el da&ntilde;o que el perpetrador le causa, identifica en ese mismo instante la acci&oacute;n que padece como irracional y esta identificaci&oacute;n no le permite encontrarle sentido a la supuesta utilidad de la acci&oacute;n que esgrimir&iacute;a, dado el caso, un perpetrador. Esto se debe a que, para las v&iacute;ctimas, las explicaciones de un victimario suelen tener tintes de justificaci&oacute;n. Para la v&iacute;ctima, la acci&oacute;n que le ha causado un hondo da&ntilde;o no tiene orden o lugar en el mundo, de all&iacute; que el victimario suela ser considerado como una especie de "monstruo". Desde la perspectiva de la v&iacute;ctima, entonces, la acci&oacute;n nunca podr&aacute; ser racional, aunque desde la perspectiva de una tercera persona se le pueda encontrar una racionalidad instrumental. De todas maneras, una acci&oacute;n que produce un da&ntilde;o irreparable es irracional desde un punto de vista normativo. El victimario es irracional en sentido normativo, no s&oacute;lo para la v&iacute;ctima sino para cualquier persona que eval&uacute;e su acci&oacute;n. </p>     <p>Ahora bien, para que algo que se considera incomprensible (por ejemplo, la acci&oacute;n imperdonable y el perpetrador de esta acci&oacute;n) se vuelva comprensible, es necesario que tenga lugar una transformaci&oacute;n en el victimario. No obstante, la acci&oacute;n imperdonable (como la tortura) permanece en el pasado y esto es lo que la hace (a la acci&oacute;n) in-transformable, con lo cual permanece imperdonable. Sin embargo, el perpetrador de dicha acci&oacute;n s&iacute; puede querer tomar distancia de su acci&oacute;n y rechazarla por medio del arrepentimiento, y por lo tanto dejar de ser considerado como irracional e imperdonable. Es precisamente esta condici&oacute;n la que, a mi modo de ver, hacer viable la posibilidad del perd&oacute;n. </p>     <p>Con esto &uacute;ltimo, me refiero a la segunda caracter&iacute;stica que Derrida le atribuye al perd&oacute;n: el hecho de que no requiere del arrepentimiento del victimario. Como plante&eacute; anteriormente, Derrida cree que cuando una v&iacute;ctima perdona s&oacute;lo con ocasi&oacute;n del arrepentimiento de su victimario, realmente no est&aacute; perdonando genuinamente. Lo anterior, seg&uacute;n el autor, se debe a que el arrepentimiento trae impl&iacute;cito el hecho de que quien lo siente ya no es la misma persona que cometi&oacute; la acci&oacute;n monstruosa. As&iacute;, el arrepentido no ser&iacute;a capaz de incurrir en la acci&oacute;n que realiz&oacute;. No obstante lo que plantea Derrida, se debe tomar en cuenta que aun cuando se perdona a alguien s&oacute;lo si se ha transformado de tal forma que la v&iacute;ctima ya no lo ve como lo incomprensible y monstruoso, este sigue siendo la misma persona que realiz&oacute; la acci&oacute;n imperdonable. Es decir, quien realiz&oacute; el acto monstruoso y la persona trasformada no pueden ser separadas radicalmente. Es necesario suponer que son una misma persona por razones morales y jur&iacute;dicas. En otras palabras, quien cometi&oacute; una acci&oacute;n monstruosa y quien despu&eacute;s se arrepiente de ella son la misma persona, aunque cuando se arrepienta ya no se identifique con su acci&oacute;n anterior. Es importante notar que, aunque el arrepentido no se identifique con las acciones del victimario, fue &eacute;l mismo quien incurri&oacute; en la acci&oacute;n y es esto lo que permite que se arrepienta. Lo anterior es una prueba de que el perpetrador y quien se arrepiente por su propia acci&oacute;n son la misma persona y, por lo tanto, que el arrepentido es imputable por lo que hizo en el pasado, aun cuando ya no se identifique con esa acci&oacute;n. Esto se puede entender m&aacute;s claramente cuando se analiza un caso: sup&oacute;ngase que el torturador de Am&eacute;ry hubiera aparecido a pedirle perd&oacute;n.<a href="#pie4" name="spie4"><sup>4</sup></a>  No es posible decir que este hombre, por arrepentirse, ya no es el mismo que tortur&oacute; a Am&eacute;ry y que por eso no se le puede imputar responsabilidad moral o jur&iacute;dica. Es posible que haya habido una suerte de transformaci&oacute;n en &eacute;l, pero eso no lo libra de la responsabilidad. Se debe suponer, entonces, que el torturador es moral y jur&iacute;dicamente responsable por su acci&oacute;n, por lo tanto, que es el mismo que tortur&oacute; a Am&eacute;ry; su arrepentimiento lo transforma de alg&uacute;n modo, pero eso no lo exime de la responsabilidad por la acci&oacute;n y tampoco lo convierte en otra persona.<a href="#pie5" name="spie5"><sup>5</sup></a> Ahora bien, las acciones no deben ser directamente identificadas con las personas, si lo fueran, la acci&oacute;n de arrepentirse har&iacute;a que el torturador fuera considerado como otra persona, pues en su estado (de arrepentimiento) ya no podr&iacute;a torturar a ning&uacute;n ser humano. No obstante, para poder juzgar al torturador debemos suponer que es la misma persona que incurri&oacute; en la acci&oacute;n ofensiva, pero tambi&eacute;n que sus acciones no equivalen a su persona. </p>     <p>Despu&eacute;s de reconocer que es necesario asumir que alguien que cometi&oacute; una acci&oacute;n monstruosa y que se arrepinti&oacute; de ella posteriormente es la misma persona, asumo tambi&eacute;n que no es realmente posible que una v&iacute;ctima perdone a su verdugo sin que este haya reconocido el terrible da&ntilde;o que caus&oacute; su acci&oacute;n y haya pedido perd&oacute;n. Si no se cumplen estas condiciones, el victimario seguir&iacute;a apareciendo ante su v&iacute;ctima como incomprensible y, por lo tanto, como imperdonable. </p>     <p><B>&iquest;Qu&eacute; le sucede a la v&iacute;ctima de una acci&oacute;n monstruosa? </b></p>     <p> Cuando el victimario comete un acto monstruoso contra su v&iacute;ctima, le est&aacute; vulnerando el dominio sobre su propio cuerpo.<a href="#pie6" name="spie6"><sup>6</sup></a>  Esta forma de da&ntilde;o, desde el punto de vista de la v&iacute;ctima, es sufrida como un desprecio a su integridad elemental. Seg&uacute;n Axel Honneth, el control sobre el propio cuerpo y la confianza que se tenga en el mundo son necesidades elementales que s&oacute;lo los <I>otros</I> pueden satisfacer (<I>cf. </I>1992 79). Siguiendo a Jeffrey G. Murphy, cuando se comete un acto atroz contra alguien se le est&aacute;, al mismo tiempo, comunicando algo: se le est&aacute; transmitiendo la idea de que es menos persona que el perpetrador; se le est&aacute; degradando. Al realizar una acci&oacute;n monstruosa contra su v&iacute;ctima, el perpetrador est&aacute; despreciando en ella algo que todos necesitamos: el control sobre nuestro propio cuerpo. Cuando alguien provoca este tipo de da&ntilde;o contra otra persona, la est&aacute; tratando como una cosa, como algo que no tiene el suficiente valor como para ser tratado como una persona. El da&ntilde;o producido sobre la v&iacute;ctima de este modo tiene, para Honneth, una dimensi&oacute;n psicol&oacute;gica importante (<I>psychological health</I>) (<I>cf</I>. 1995 135). Este da&ntilde;o es causado por el hecho de que la v&iacute;ctima est&aacute; completamente a merced del victimario. Despu&eacute;s de sufrir una forma grave de desprecio, la v&iacute;ctima siente que no puede comunicar lo que ha vivido ("&#91;s&#93;er&iacute;a del todo irrazonable querer describir en este punto los dolores que me infligieron. &#91;...&#93; El dolor era el que era" &#91;Am&eacute;ry 97&#93;). La condici&oacute;n de incomunicabilidad del dolor es justamente lo que, seg&uacute;n Elaine Scarry, hace que el mundo pierda sentido: no hay confianza en el propio cuerpo y el mundo deja de ser un lugar seguro (<I>cf. </I>30). Por lo tanto, se limita la posibilidad de producir acciones. </p>     <p>Para Honneth, la forma de desprecio que se transmite a una v&iacute;ctima, a trav&eacute;s de las acciones que le impiden disponer libremente de su cuerpo, causa heridas </p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>que puede&#91;n&#93; llevar al desmoronamiento de la identidad de la persona completa. </p>       <p>Aquellas formas de maltrato practicado en las que a una persona le son retiradas por la fuerza todas las posibilidades de libre disposici&oacute;n sobre su cuerpo, representan la manera m&aacute;s primitiva de humillaci&oacute;n personal. (1992 80, 81)<a href="#pie7" name="spie7"><sup>7</sup></a> </p> </blockquote>     <p>La tortura de la que Am&eacute;ry fue v&iacute;ctima hace que se experimente el sentimiento de estar indefenso ante la voluntad de otro, lo que causa la p&eacute;rdida de confianza en s&iacute; mismo y en el mundo: "&#91;t&#93;he further consequences, coupled with a type of social shame, is the loss of trust in oneself and the world, and this affects all practical dealings with other subjects, even at a physical level" (Honneth 1995 132-133). </p>     <p>Un ejemplo claro de la forma de desprecio a la que hago referencia, pero esta vez desde la perspectiva de los victimarios, es la creencia que ten&iacute;an los alemanes nazis cuando llamaban "ratas" o "plaga" a los jud&iacute;os y los somet&iacute;an a trabajos forzados, torturas y muertes masivas. Uno de los testimonios que muestra este desprecio de los alemanes nazis hacia los jud&iacute;os es el de Heinrich Caraf Einsiedel, un piloto de caza alem&aacute;n durante la Segunda Guerra Mundial: "&#91;A&#93;ntes de iniciar la campa&ntilde;a de Rusia se nos dijo que el enemigo no era humano sino infra-humano. Los eslavos y los jud&iacute;os eran infra-humanos y deb&iacute;an ser exterminados para que consigui&eacute;ramos espacio vital" (Remy 2005). El testimonio de Irene Horowitz muestra c&oacute;mo es percibida, desde el punto de vista de la v&iacute;ctima, esta forma de degradaci&oacute;n: "&#91;s&#93;ol&iacute;a ir a la escuela con mis compa&ntilde;eras polacas y ucranianas, &eacute;ramos amigas, jug&aacute;bamos y cant&aacute;bamos juntas, de repente dejamos de ser personas, tan s&oacute;lo &eacute;ramos jud&iacute;os" (<I>ib&iacute;d.</I>). </p>     <p>Otro de los testimonios que muestra ese desprecio se encuentra en el libro de Hanna Arendt, <I>Eichmann en Jerusal&eacute;n,</I> all&iacute; se puede ver que algunos de los nazis hac&iacute;an una distinci&oacute;n clara entre qui&eacute;nes merec&iacute;an morir y qui&eacute;nes no. Esta diferenciaci&oacute;n estaba medida por la idea de que algunos de los jud&iacute;os eran personas y otros eran s&oacute;lo animales. En una carta que Wilhem Kube escribi&oacute; a su superior, se puede ver que &eacute;l tiene un problema con exterminar jud&iacute;os que "proced&iacute;an" de su propio "medio cultural", pero no con los jud&iacute;os que &eacute;l mismo consideraba animales: "&#91;c&#93;iertamente, soy un hombre duro, plenamente dispuesto a colaborar en la soluci&oacute;n del problema jud&iacute;o, pero los individuos que proceden de nuestro propio medio cultural son ciertamente distintos de los que constituyen las animalizadas hordas nativas" (Arendt 2009 143). </p>     <p>En estos tres ejemplos se puede ver c&oacute;mo se percibe, tanto desde la perspectiva de la v&iacute;ctima como desde la del victimario, el desprecio. El desprecio del que es v&iacute;ctima Irene Horowitz produce en ella un dolor muy hondo que se ve reflejado en las l&aacute;grimas que derrama al grabar el documental, d&eacute;cadas despu&eacute;s de haber sido v&iacute;ctima del desprecio de los alemanes. Los testimonios de Wilhem Kube y de Heinrich Caraf Einsiedel muestran c&oacute;mo los victimarios de acciones monstruosas desprecian a sus v&iacute;ctimas y de ese modo las reducen a menos que personas. La forma de desprecio que experimenta la v&iacute;ctima se da, como ya se ha dicho, precisamente porque en el acto monstruoso el victimario est&aacute; rebajando a menos que humano a la persona que tiene enfrente, dici&eacute;ndole impl&iacute;citamente que su existencia no es valiosa y que por eso hace lo que hace con &eacute;l, lo cual produce el sentimiento de desconfianza frente al mundo. </p>     <p>Cuando, como en la descripci&oacute;n de Am&eacute;ry, tiene lugar una tortura, el victimario desprecia a la v&iacute;ctima haciendo uso de su fuerza f&iacute;sica. Por medio de la tortura se transmite a la v&iacute;ctima la idea que ella ya no tiene una "disposici&oacute;n aut&oacute;noma sobre su propio cuerpo" (Honneth 1992 81) y eso causa, como ya he dicho antes, que haya un desconocimiento de la integridad de la persona, pues cuando se le violenta la "disposici&oacute;n &#91;...&#93; sobre su cuerpo" (<I>ib&iacute;d.</I>) se le est&aacute; impidiendo actuar en el mundo. Como vimos, tambi&eacute;n Am&eacute;ry asegura que en la tortura se superan las posibilidades de dolor f&iacute;sico y que despu&eacute;s de ella, as&iacute; no queden huellas f&iacute;sicas en el cuerpo, queda un da&ntilde;o del cual la v&iacute;ctima nunca se recupera (<I>cf</I>. 83, 89). </p>     <p>Seg&uacute;n Axel Honneth, la construcci&oacute;n de la dignidad y de la integridad de las personas tiene lugar a trav&eacute;s de las relaciones mediadas por el reconocimiento: </p>     <blockquote>       <p>&#91;S&#93;i un concepto de la dignidad del hombre, de su completa integridad, se logra s&oacute;lo aproximativamente en el camino de una determinaci&oacute;n de los modos de la ofensa personal y el desprecio, entonces eso significa a la inversa que la integridad de la persona humana depende constitutivamente de la experiencia de reconocimiento intersubjetiva. (1992 79) </p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo importante ac&aacute; es ver que, para el autor, este proceso de considerarse una persona &iacute;ntegra s&oacute;lo tiene lugar con la mediaci&oacute;n del <I>reconocimiento</I>. </p>     <p>Honneth describe los tipos de degradaciones que puede sufrir un ser humano, como enfermedades producidas por el desprecio (o la falta de reconocimiento). El autor dice que en nuestra pr&aacute;ctica ling&uuml;&iacute;stica existe una categorizaci&oacute;n de los tipos de ofensas de las que se puede ser v&iacute;ctima y que cada una de ellas deja una forma de vac&iacute;o en la v&iacute;ctima. El tipo de ofensas como torturas o violaciones, que "privan &#91;a la v&iacute;ctima&#93; de la autonom&iacute;a incorporada en el trato consigo mismo y destruyen con ello una parte de la elemental confianza en el mundo" (Honneth 1992 84), causan en la v&iacute;ctima una "muerte ps&iacute;quica". La muerte ps&iacute;quica es un tipo de p&eacute;rdida de la autoestima y de lo que ac&aacute; hemos llamado "integridad". Esta parece ser una de las m&aacute;s profundas p&eacute;rdidas que sufren las v&iacute;ctimas, pues las desestabiliza y las hace considerar que no son valiosas. Seg&uacute;n lo que hemos visto hasta ahora, las acciones monstruosas son el tipo de acciones que Honneth describe como aquellas que afectan a la persona en su integridad f&iacute;sica y psicol&oacute;gica m&aacute;s elemental. Seg&uacute;n el autor alem&aacute;n, existen otros dos tipos de desprecio: el que causa "muerte social", es decir, afecta el "respeto moral de s&iacute; mismo", y el que causa la denigraci&oacute;n de la dignidad cultural, que genera un sentimiento de "ultraje" y de p&eacute;rdida del <I>status</I> de persona (<I>id. </I>85-86). </p>     <p>Para Honneth y para Hegel, las experiencias de la p&eacute;rdida de control sobre el mundo y sobre uno mismo pueden ser "resarcidas" a partir del reconocimiento que se da a la v&iacute;ctima a trav&eacute;s del "amor" (<I>cf. </I>Honneth 1995 95). El amor puede ser tanto de tipo familiar, como filial o amoroso. Seg&uacute;n Honneth, todos los seres humanos necesitamos amor, y la v&iacute;ctima de una acci&oacute;n atroz necesita una proyecci&oacute;n positiva de s&iacute; misma que se puede conseguir a trav&eacute;s del amor. Esto se explica porque la v&iacute;ctima necesita sentimientos de estima que le permitan recuperar la autoestima. En este proceso de recuperaci&oacute;n de la autoestima, no se requiere necesariamente pasar por una fase de perd&oacute;n hacia el victimario. La propuesta que nos presenta ac&aacute; Honneth es valiosa, como tambi&eacute;n pueden llegar a serlo muchos esfuerzos por proponer formas de reintegraci&oacute;n y reconocimiento social.<a href="#pie8" name="spie8"><sup>8</sup></a> Sin embargo, ninguna de estas formas en las que las v&iacute;ctimas reintegran la dignidad perdida apunta a un proceso de perd&oacute;n. Mi propuesta es entonces que, aunque la v&iacute;ctima no necesite que el victimario se arrepienta para restablecer su autoestima, aunque ella misma pueda hacer este proceso, dicho arrepentimiento s&iacute; es necesario para el perd&oacute;n. Para que la v&iacute;ctima pueda llevar a cabo un proceso de perd&oacute;n hacia su victimario, despu&eacute;s de que este le ha desconocido su integridad, debe darse el reconocimiento, por parte del perpetrador, de esa integridad que le desconoci&oacute;, lo que se lleva a cabo por medio del arrepentimiento y la petici&oacute;n de perd&oacute;n. </p>     <p><B>El perd&oacute;n es posible s&oacute;lo cuando se hace compatible con el respeto propio </b></p>     <p> Como se vio, despu&eacute;s de padecer la acci&oacute;n que he calificado ac&aacute; como monstruosa, la v&iacute;ctima siente que se le ha arrebatado su integridad, al serle negada la autonom&iacute;a sobre su cuerpo y, consecuentemente, su confianza en el mundo. De all&iacute; que en este trabajo quiera defender la tesis seg&uacute;n la cual s&oacute;lo cuando la v&iacute;ctima siente que se le reconoce aquello que se le ha desconocido (su integridad m&aacute;s elemental) puede ella perdonar. Si una v&iacute;ctima perdona sin exigir este tipo de reconocimiento est&aacute; subestimando el da&ntilde;o que se le hizo y por lo tanto, de alguna manera, irrespet&aacute;ndose. El obispo Joseph Butler, en su texto <I>Fifteen Sermons</I>, asegura que el resentimiento es un sentimiento natural que Dios le dio a los hombres para defenderse de las ofensas que sufren: "&#91;resentment&#93; stands in our nature for self-defence" (Butler 3), "It is to be considered as a weapon put into our hands by nature, against injury, injustice and cruelty" (<I>id.</I> 4). Es decir, cuando alguien es v&iacute;ctima de una ofensa, su reacci&oacute;n inmediata es el resentimiento contra su ofensor. Para Butler este sentimiento es, no s&oacute;lo natural, sino necesario. </p>     <p>Lo que dice Butler es &uacute;til para entender qu&eacute; ocurre en la v&iacute;ctima cuando sufre un da&ntilde;o irreparable y por qu&eacute; perdonar a un agresor debe ir acompa&ntilde;ado de respeto hacia s&iacute; mismo. Tal como dice Butler, el sentimiento que se desata en la v&iacute;ctima es natural<a href="#pie9" name="spie9"><sup>9</sup></a>  y se produce sobre todo por un instinto de autoconservaci&oacute;n que ayuda a contrarrestar el da&ntilde;o que se ha hecho. Tras ser objeto de acciones imperdonables, se despierta en la v&iacute;ctima un sentimiento de resistencia frente a la acci&oacute;n de su victimario: el resentimiento, seg&uacute;n Butler. Para este autor, el grado de resentimiento se determina seg&uacute;n el tipo de acci&oacute;n que se ha causado (<I>cf.</I> Butler 4). Tomando la teor&iacute;a de Butler es posible pensar que dados unos actos monstruosos, el resentimiento de la v&iacute;ctima es muy hondo. En el momento en el que la v&iacute;ctima se enfrenta con su victimario y considera otorgarle perd&oacute;n, ella debe hacer que su concesi&oacute;n de perd&oacute;n sea compatible con el respeto a s&iacute; misma, pues fue justamente la falta de este respeto la que gener&oacute; el resentimiento. </p>     <p>Siguiendo a David Novitz, sin que la v&iacute;ctima sienta resentimiento hacia el victimario, no hay lugar para hablar de perd&oacute;n. Solamente se puede hablar de &eacute;l cuando la v&iacute;ctima cree que ha sido seriamente herida, de lo contrario, no se estar&iacute;a perdonando nada.<a href="#pie10" name="spie10"><sup>10</sup></a>  En este orden de ideas, el resentimiento contra el victimario, que tiene lugar para protegernos del mal del que somos v&iacute;ctimas, s&oacute;lo surge cuando estamos convencidos de que nos han hecho da&ntilde;o. Ahora, dado que el resentimiento tiene raz&oacute;n de ser y gracias a que est&aacute; en nosotros para protegernos, no es tan f&aacute;cil perdonar; de hacerlo apresuradamente se estar&iacute;a incurriendo en una suerte de irrespeto contra nosotros mismos. Seg&uacute;n Novitz, otorgar perd&oacute;n en las condiciones inadecuadas, es decir, cuando este no es coherente con el respeto propio, puede ser considerado un vicio: "&#91;p&#93;eople who forgive too readily, I argue, do not manifest the right degree of self-respect; they underestimate their own worth and fail to take their projects and entitlements seriously enough" (299).<a href="#pie11" name="spie11"><sup>11</sup></a> </p>     <p>En el testimonio de Am&eacute;ry se hace evidente que el rencor que &eacute;l mantuvo hacia sus torturadores hasta su muerte era una manera de protegerse, de respetarse y de protestar contra el da&ntilde;o que le causaron. Para &eacute;l, perdonar, es decir, eliminar el rencor, significaba "convertirse en c&oacute;mplice de &#91;...&#93; &#91;sus&#93; torturadores" (149). Por ello dice: "&#91;m&#93;i rencor, &#91;...&#93; &#91;lo&#93; conservo por amor propio, por razones de salud personal, cierto, pero tambi&eacute;n para que sirva de provecho al pueblo alem&aacute;n" (<I>id. </I>165). </p>     <p>Para poder hacer coherente el perd&oacute;n con el respeto propio, es necesario que la integridad de la v&iacute;ctima le sea reconocida por parte de la persona que le provoc&oacute; el da&ntilde;o. Esto no quiere decir, como ya se ha dicho, que la &uacute;nica manera como la v&iacute;ctima vuelve a sentirse &iacute;ntegra es a trav&eacute;s del reconocimiento, por parte de su victimario, de que ella, en efecto, es &iacute;ntegra. Me refiero con esto al hecho de que si se quiere hablar de perd&oacute;n al victimario, es necesario que este reconozca en la v&iacute;ctima lo que despreci&oacute; a trav&eacute;s de su acto monstruoso. Si esta condici&oacute;n no se cumple, la v&iacute;ctima estar&iacute;a perdonando a alguien que le caus&oacute; un da&ntilde;o irreparable sin siquiera estar segura de que esa persona le puede conceder alguna forma de reconocimiento. Otorgar perd&oacute;n sin que se d&eacute; esa condici&oacute;n contradice el respeto propio y la integridad, pues la v&iacute;ctima estar&iacute;a otorgando perd&oacute;n a alguien que la desprecia;<a href="#pie12" name="spie12"><sup>12</sup></a> hacer esto ser&iacute;a como aprobar la degradaci&oacute;n de la que es v&iacute;ctima. </p>     <p><B>El perd&oacute;n es relacional </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Cuando se habla de perdonar a alguien, se hace referencia a una acci&oacute;n que se realiza en la compa&ntilde;&iacute;a del otro. Si las acciones que invitan a plantear la posibilidad de perdonar son de un ser humano contra otro, el perd&oacute;n tambi&eacute;n debe expresar una forma de relaci&oacute;n entre un ser humano y otro. En efecto, es imposible incurrir en una acci&oacute;n imperdonable contra otro sin que haya un v&iacute;nculo dual entre una v&iacute;ctima y un victimario. As&iacute; mismo, es imposible perdonar a otro en su ausencia. Esto significa que el perd&oacute;n no puede tener lugar en soledad. </p>     <p>De no entenderse el perd&oacute;n como una relaci&oacute;n entre, al menos, dos personas, este viene a ser entendido como una suerte de terapia por la que pasa la v&iacute;ctima y a trav&eacute;s de la cual olvida o trata de recordar sin rencor la acci&oacute;n de la que fue objeto, y no algo a trav&eacute;s de lo cual se establece una relaci&oacute;n. Este tipo de terapia usualmente es identificada con el perd&oacute;n. Es como si la v&iacute;ctima, para poder vivir tranquila, acudiera a ponerse en paz con su victimario sin tenerlo presente. Muchas veces la terapia no lleva a olvidar una acci&oacute;n que ha causado mucho da&ntilde;o, aun cuando cumpla el papel de proporcionarle tranquilidad a la v&iacute;ctima. Sin embargo, en los casos en el que el <I>perd&oacute;n </I>tiene solamente esta funci&oacute;n terap&eacute;utica, no hay un verdadero perd&oacute;n al victimario; lo que hay es un proceso por medio del cual la v&iacute;ctima encuentra la manera de seguir con su vida. Esta suerte de terapia, aunque puede llegar a ser valiosa para la v&iacute;ctima, no es identificable con el perd&oacute;n, pues la v&iacute;ctima s&oacute;lo perdona a la idea de su victimario, mas no perdona realmente a quien cometi&oacute; contra ella una acci&oacute;n monstruosa. As&iacute;, el perd&oacute;n debe estar mediado por la participaci&oacute;n de quien cometi&oacute; el agravio. Esta mediaci&oacute;n requiere de la presencia activa del victimario en la solicitud de perd&oacute;n. La manera como el verdugo debe participar en este proceso es mediante el arrepentimiento y la solicitud de perd&oacute;n. </p>     <p>Lo anterior significa que el perd&oacute;n no puede ser otorgado si no es la expresi&oacute;n de un encuentro cara a cara; es decir, si en &eacute;l no est&aacute;n presentes tanto la v&iacute;ctima como el victimario. Nadie puede pedir perd&oacute;n por un crimen que no cometi&oacute;; nadie puede otorgarlo si no es la v&iacute;ctima directa: </p>     <blockquote>       <p>&#91;I&#93;t seems to us that forgiveness can only be asked or granted "one to one", "face to face", so to speak, between the one who has committed the irreparable or irreversible wrong and he or she who has suffered it and who is alone in being able to hear the request for forgiveness, to grant or refuse it. (Derrida 2001 25) </p> </blockquote>     <p>Los descendientes de los alemanes nazis no pueden pedir perd&oacute;n a los jud&iacute;os por el holocausto, m&aacute;s que como un acto simb&oacute;lico a trav&eacute;s del cual se asume una responsabilidad pol&iacute;tica.<a href="#pie13" name="spie13"><sup>13</sup></a> Tampoco los descendientes de los jud&iacute;os pueden perdonar a los torturadores de otros jud&iacute;os. Para que el perd&oacute;n se lleve a cabo, es necesario que tanto v&iacute;ctima como victimario est&eacute;n presentes. En los casos de asesinatos, evidentemente, la v&iacute;ctima directa no est&aacute; para perdonar el hecho. Esto desemboca en que el asesinato es un crimen por el cual no se puede perdonar al victimario. Ahora bien, en esos casos de asesinato la v&iacute;ctima directa no es s&oacute;lo la persona que muri&oacute; sino las personas que se ven afectadas emocionalmente por la p&eacute;rdida de sus seres queridos. Es por esto que la personas afectadas podr&iacute;an tambi&eacute;n, dado el caso, otorgar perd&oacute;n, pero s&oacute;lo por el da&ntilde;o infligido contra ellas, no contra su ser querido muerto. </p>     <p>Ahora, el hecho de que el perd&oacute;n sea algo que se otorgue al victimario, y el hecho de que exija su presencia, desemboca en las caracter&iacute;sticas de las que he hablado y que Derrida describe como constitutivas del perd&oacute;n. La primera de ellas es que el perd&oacute;n no es pol&iacute;tico<a href="#pie14" name="spie14"><sup>14</sup></a>  y no tiene nada que ver con el hecho de atenuar la pena legal que se le impondr&iacute;a a un victimario,<a href="#pie15" name="spie15"><sup>15</sup></a>   y la segunda es que el perd&oacute;n debe darse cara a cara, entre v&iacute;ctima y victimario (<I>cf. </I>Derrida 2002 28). En el texto citado (2002), Derrida hace referencia a las peticiones p&uacute;blicas de perd&oacute;n que se han presentado en nuestro tiempo y las identifica como procesos de amnist&iacute;a pero no como procesos de perd&oacute;n puro. Seg&uacute;n el autor, estos actos pol&iacute;ticos no son procesos de perd&oacute;n porque cuando se hace una petici&oacute;n p&uacute;blica de perd&oacute;n se est&aacute; buscando algo (econ&oacute;mico, social o pol&iacute;tico). Para este autor el perd&oacute;n no debe seguir ninguna finalidad. Hablando sobre las peticiones de perd&oacute;n por la Guerra de Argelia y la Segunda Guerra Mundial, Derrida dice: </p>     <blockquote>       <p>&#91;E&#93;n todas las escenas geopol&iacute;ticas &#91;...&#93; se abusa a menudo de la palabra "perd&oacute;n". Porque se trata siempre de negociaciones m&aacute;s o menos confesadas, de transacciones calculadas, de condiciones y, como dir&iacute;a Kant, de imperativos hipot&eacute;ticos. </p>       <p>Hay siempre un c&aacute;lculo estrat&eacute;gico y pol&iacute;tico en el gesto generoso de quien ofrece la reconciliaci&oacute;n o la amnist&iacute;a (Derrida 2002 26, 27). </p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es cierto que el perd&oacute;n no debe servir a ninguna funci&oacute;n pol&iacute;tica, ni econ&oacute;mica, ni de ning&uacute;n tipo que no sea el esfuerzo de restituirle a la v&iacute;ctima lo que se le ha arrebatado. El perd&oacute;n, en definitiva, no puede pensarse como algo que sirve para otra cosa que no sea la restituci&oacute;n de lo que se le ha negado a la v&iacute;ctima en el momento de la acci&oacute;n monstruosa; debe ser un proceso pensado s&oacute;lo para la v&iacute;ctima y en funci&oacute;n de ella, la restituci&oacute;n de la v&iacute;ctima debe ser el fin del perd&oacute;n. Pablo De Greiff (en un comentario que hace a la entrevista de Derrida en <I>Cultura Pol&iacute;tica y Perd&oacute;n. cf.</I> 2002) encuentra un problema en la forma como Derrida entiende el perd&oacute;n. Para De Greiff, el perd&oacute;n debe tener la funci&oacute;n de restablecer una relaci&oacute;n entre v&iacute;ctima y victimario y all&iacute; donde no hay arrepentimiento no hay restablecimiento de esa relaci&oacute;n (<I>cf</I>. <I>id.</I> 42). Estoy de acuerdo con la sospecha de De Greiff, pero no del todo con su justificaci&oacute;n a esa sospecha. Es decir, creo que el perd&oacute;n no puede ser posible si no hay un genuino arrepentimiento del victimario, pero creo que esto no se debe a que donde no hay arrepentimiento no se cumple la funci&oacute;n del perd&oacute;n. Esto no implica que la posici&oacute;n de De Greiff, que propone que el perd&oacute;n tiene como funci&oacute;n restablecer la confianza social, no sea plausible. Puede ser que, en t&eacute;rminos sociales, el perd&oacute;n s&iacute; cumpla una funci&oacute;n, pero como una consecuencia de que una v&iacute;ctima otorgue perd&oacute;n, no como una condici&oacute;n para que perdone. </p>     <p> En la misma l&iacute;nea de De Greiff se encuentra la posici&oacute;n del Obispo Butler<a href="#pie16" name="spie16"><sup>16</sup></a>  que asegura que el perd&oacute;n es el proceso que realiza la v&iacute;ctima de retractarse y renegar (<I>forswearing</I>) del resentimiento que sent&iacute;a por su victimario. Dice tambi&eacute;n Butler, en <I>Fifteen Sermons</I>, que una de las razones para perdonar es justamente que el resentimiento puede generar acciones anti-sociales como la venganza (<I>cf</I>. serm&oacute;n 8). Creo que desde el punto de vista de la v&iacute;ctima, el restablecimiento de la confianza no justificar&iacute;a de un modo claro su perd&oacute;n. Cuando "&#91;p&#93;or ejemplo a nombre de la 'reconciliaci&oacute;n nacional', la expresi&oacute;n a la cual De Gaulle &#91;...&#93; ha recurrido en el momento en el que &#91;...&#93; ha cre&iacute;do un deber tomar la responsabilidad de borrar las deudas y los cr&iacute;menes del pasado" (Derrida 2002 26). Lo que se ve aqu&iacute; es una petici&oacute;n de perd&oacute;n interesada, una petici&oacute;n de perd&oacute;n que busca el restablecimiento de nexos pol&iacute;ticos. En el momento en el que los jefes de Estado salen p&uacute;blicamente a pedir perd&oacute;n, lo que realmente quieren es que se restablezca alg&uacute;n tipo de relaci&oacute;n entre pa&iacute;ses o entre grupos sociales. </p>     <p>Adem&aacute;s de que el perd&oacute;n no se puede pedir en manifestaciones p&uacute;blicas, tampoco es posible compararlo con la supresi&oacute;n o la disminuci&oacute;n del castigo legal que un victimario tendr&iacute;a que pagar. Es posible que una persona sea absuelta de un crimen, pero que, sin embargo, su v&iacute;ctima no lo perdone o que, por el contrario, pague una condena cuando la v&iacute;ctima lo ha perdonado. Es importante notar que el perd&oacute;n no tiene nada que ver con las repercusiones legales de la confesi&oacute;n de cr&iacute;menes. No es adecuado comparar el proceso que vive la v&iacute;ctima con el cumplimiento, por parte del victimario, de un proceso legal. </p>     <p>As&iacute;, se puede decir que el perd&oacute;n es una relaci&oacute;n que se da entre la v&iacute;ctima y su victimario en la cual cada uno cumple un rol muy importante. La v&iacute;ctima, al ser herida por su victimario, desarrolla un sentimiento natural llamado resentimiento y el perd&oacute;n tiende a sustituir este sentimiento. Por su parte, el victimario, al herir a su v&iacute;ctima desprecia en ella su autonom&iacute;a corporal y le hace perder la confianza en el mundo, lo cual desemboca en un desconocimiento de su integridad. Es por esto que, en la relaci&oacute;n del perd&oacute;n, el victimario debe reconocer aquello que ha desconocido en la v&iacute;ctima. Esto &uacute;ltimo tiene lugar en el arrepentimiento. </p> <hr size="1">     <p><a href="#s*" name="*"><sup>*</sup></a> 	Este texto es producto de la investigaci&oacute;n llevada a cabo para obtener mi grado de Maestr&iacute;a en la Universidad Nacional de Colombia. Agradezco a la profesora &Aacute;ngela Uribe, a Ricardo Romero, al grupo Racionalidad y Relativismo, al grupo del seminario de investigaci&oacute;n realizado en la Universidad Nacional de Colombia (agosto 2010 mayo 2011) y al &aacute;rbitro de la revista <i>Ideas y Valores</i> por sus aportes a este texto. </p>     <p><a href="#spie1" name="pie1"><sup>1</sup></a> Las leyes de N&uacute;remberg fueron unas normas de car&aacute;cter anti-semita que se promulgaron el 15 de septiembre de 1935. Seg&uacute;n estas leyes, se consideraba jud&iacute;o todo aquel que ten&iacute;a abuelos jud&iacute;os. Entre las leyes se destacaban: 1) la prohibici&oacute;n del matrimonio o cualquier relaci&oacute;n sexual o amorosa entre jud&iacute;os y alemanes, y 2) la prohibici&oacute;n a los jud&iacute;os de reproducirse (<i>cf. </i>Remy). </p>     <p><a href="#spie2" name="pie2"><sup>2</sup></a> Esto no quiere decir que al leer un testimonio de una tortura, como el que Am&eacute;ry escribe en <i>M&aacute;s all&aacute; de la culpa y la expiaci&oacute;n</i>, no podamos acercarnos a lo que vivi&oacute; la v&iacute;ctima. Lo que resulta incomprensible es que estas acciones tengan lugar y que alguien sea capaz de realizarlas. </p>     <p><a href="#spie3" name="pie3"><sup>3</sup></a> En su texto, Uribe utiliza el ejemplo de unos comerciantes peruanos (los hermanos Arana) que en 1903 crearon una empresa de caucho en la Amazonia colombiana. En dicha empresa, los capataces sol&iacute;an torturar a los ind&iacute;genas que trabajaban como esclavos para la empresa cauchera. La explicaci&oacute;n que daban los hermanos Arana para justificar su participaci&oacute;n en la tortura y la esclavitud era que los ind&iacute;genas deb&iacute;an ser civilizados, aun cuando fuese utilizando la fuerza. Entre los maltratos que sufr&iacute;an los ind&iacute;genas dentro de la "Casa Arana" se destacan los asesinatos de ni&ntilde;os peque&ntilde;os al lanzarlos contra un &aacute;rbol y la competencia que hac&iacute;an los capataces de qui&eacute;n mataba m&aacute;s trabajadores al final del d&iacute;a (<i>cf. </i>2009). </p>     <p><a href="#spie4" name="pie4"><sup>4</sup></a> Esto es un caso hipot&eacute;tico, pues no hay registros de que el torturador de Am&eacute;ry se haya arrepentido. </p>     <p><a href="#spie5" name="pie5"><sup>5</sup></a> Ac&aacute; se puede acudir al ejemplo de Karl, el nazi que se arrepiente frente a Simon Wiesenthal. Este autor, en su libro <i>Los l&iacute;mites del perd&oacute;n</i>, describe c&oacute;mo un soldado nazi se arrepiente y le pide perd&oacute;n por el da&ntilde;o que le caus&oacute; al pueblo jud&iacute;o. Este soldado no por haberse arrepentido deja de ser el hombre que asesin&oacute; a miles de jud&iacute;os, ni deber&iacute;a obtener inmunidad frente a su acci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#spie6" name="pie6"><sup>6</sup></a> Esta vulneraci&oacute;n del dominio sobre el cuerpo tambi&eacute;n se da en casos de da&ntilde;o psicol&oacute;gico. La v&iacute;ctima de un da&ntilde;o psicol&oacute;gico monstruoso tambi&eacute;n siente vulnerado el dominio sobre su cuerpo. </p>     <p><a href="#spie7" name="pie7"><sup>7</sup></a> Ac&aacute; es importante aclarar que Honneth utiliza indistintamente los t&eacute;rminos de "desprecio" y "humillaci&oacute;n". </p>     <p><a href="#spie8" name="pie8"><sup>8</sup></a> Como es el caso de las mujeres de Mampuj&aacute;n que, tras vivenciar la masacre de su pueblo y huir de all&iacute;, se han dedicado a hacer mantas tejidas en las que relatan los momentos m&aacute;s dif&iacute;ciles de la masacre y del despojamiento del que fueron v&iacute;ctimas. Estas mujeres fueron v&iacute;ctimas de una incursi&oacute;n para-militar en su caser&iacute;o ubicado en la vereda Brisa de Mar&iacute;a la Baja, Bol&iacute;var. Despu&eacute;s de dicha masacre, los habitantes de Mampuj&aacute;n huyeron hacia Sincelejo, Cartagena y otros municipios cercanos. La actividad de tejer ha ayudado a las mujeres a reconocerse de nuevo como personas &iacute;ntegras y a enfrentar su miedo al mundo. </p>     <p><a href="#spie9" name="pie9"><sup>9</sup></a> No voy a discutir si el resentimiento es un sentimiento dado o no por Dios, como afirma Butler (<i>cf. </i>2), lo importante es mostrar que resguarda de da&ntilde;os contra la integridad propia. </p>     <p><a href="#spie10" name="pie10"><sup>10</sup></a> "&#91;F&#93;orgiveness is called for only when we believe ourselves to have been wronged" (Novitz 302). </p>     <p><a href="#spie11" name="pie11"><sup>11</sup></a> Este pensamiento tambi&eacute;n es expresado por Jeffry Murphy cuando asegura: "&#91;f&#93;orgiveness is acceptable only in cases where it is consistent with self-respect" (Murphy and Hampton 19). </p>     <p><a href="#spie12" name="pie12"><sup>12</sup></a> 	Digo "la desprecia" porque el hecho de no arrepentirse muestra que el victimario no ha dejado de reconocerse en la acci&oacute;n que realiz&oacute; en contra de la v&iacute;ctima. </p>     <p><a href="#spie13" name="pie13"><sup>13</sup></a> 	Esta idea de "responsabilidad pol&iacute;tica" se puede ver en Karl Jaspers como una responsabilidad colectiva por acciones injustas realizadas por el colectivo al que se pertenece. Helmut Dubiel en su art&iacute;culo "La culpa pol&iacute;tica" asegura que el sentimiento de "culpa pol&iacute;tica", que va ligado al de "responsabilidad pol&iacute;tica", s&oacute;lo se puede dar "cuando se ha alcanzado un grado determinado de integraci&oacute;n pol&iacute;tica y cultural en la sociedad" (Dubiel 9). En este caso, entonces, si los alemanes pidieran perd&oacute;n a los jud&iacute;os, este "perd&oacute;n" s&oacute;lo se podr&iacute;a interpretar como la aceptaci&oacute;n de una responsabilidad pol&iacute;tica por la vinculaci&oacute;n cultural que estos sienten con Alemania, no como una acci&oacute;n relacional entre v&iacute;ctima y victimario. </p>     <p><a href="#spie14" name="pie14"><sup>14</sup></a> "&#91;E&#93;l perd&oacute;n permanece heterog&eacute;neo al orden de lo pol&iacute;tico o de lo jur&iacute;dico, tal como se los entiende com&uacute;nmente. En este sentido ordinario de la palabra, no se podr&aacute; jam&aacute;s fundar una pol&iacute;tica o un derecho sobre el perd&oacute;n" (Derrida 2002 26). </p>     <p><a href="#spie15" name="pie15"><sup>15</sup></a> "El representante del Estado puede juzgar pero, justamente, el perd&oacute;n no tiene nada que ver con el juicio" (Derrida 2002 28). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#spie16" name="pie16"><sup>16</sup></a> 	Lo importante ac&aacute; es mostrar que los dos coinciden en un punto central: el perd&oacute;n cumple una funci&oacute;n social, ya sea para evitar que las v&iacute;ctimas cometan acciones antisociales o para que despu&eacute;s de que la v&iacute;ctima otorgue perd&oacute;n se pueda restablecer la confianza social. </p> <hr size="1">     <p><B>Bibliograf&iacute;a </b> </p>     <!-- ref --><p>Am&eacute;ry, J. <I>M&aacute;s all&aacute; de la culpa y la expiaci&oacute;n</I>. Valencia: Pretextos, 2001. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-0062201200010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Arendt, H. <I>Eichman en Jerusalem</I>, Ribalta, C. (trad.). Barcelona: DeBolsillo, 2009. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-0062201200010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Butler, J. "Upon Resentment and Upon Forgiveness of Injuries". <I>Fifteen Sermons</I>. Cambridge: Published by Hilliard and Brown; Boston: Hilliard, Gray, Little, and Wilkins, 1827. Transcribed by LeRoy Dagg, 2002. Reproduced with permission of the Bishop Payne Library, Virginia Theological Seminary, 2005. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-0062201200010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>De Greiff, P. "Debate a partir del texto <I>Pol&iacute;tica y perd&oacute;n</I>, de Jacques Derrida". <I>Cultura pol&iacute;tica y perd&oacute;n</I>, Chaparro, A. (ed.). Bogot&aacute;: Centro Editorial Universidad del Rosario, 2002. 40-43. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-0062201200010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Derrida, J. "To forgive: The Unforgivable and the Imprescriptible". <I>Questioning God, J. D.</I>, Caputo, M., Dooley, M. y J. Scanlon (eds.). Bloomington and Indianapolis: Indiana University Press, 2001. 21-51. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-0062201200010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Derrida, J. <I>Cultura pol&iacute;tica y perd&oacute;n</I>, Chaparro, A. (ed.). Bogot&aacute;: Centro Editorial Universidad del Rosario, 2002. 19-37. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-0062201200010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dubiel, H. "La culpa pol&iacute;tica", <I>Revista internacional de filosof&iacute;a pol&iacute;tica</I> 14 (1999): 5-14. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-0062201200010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><I align="justify">Hitler's Holocaust</I>. Dir. Remy, M. P. Producci&oacute;n de MPR Film und Fernsch Produktion GmtH para History Channel, 2000. Traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol 2005. Videocassette. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-0062201200010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Honneth, A. "Integridad y desprecio: Motivos b&aacute;sicos de una concepci&oacute;n de la moral desde la teor&iacute;a del reconocimiento", <I>Isegoria </I>5 (1992): 78-92. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-0062201200010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Honneth, A. <I>The Struggle for Recognition: The Moral Grammar of Social Conflicts</I>. Cambridge, MA: Polity Press, 1995. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-0062201200010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hoyos, L. E. "Razones y motivos para actuar". <I>Relativismo y racionalidad</I>, Hoyos, L. E. (ed.). Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia, 2005. 195-213. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-0062201200010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Murphy, J and Hampton, J. <I>Forgiveness and mercy</I>. Cambridge: Cambridge University Press, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-0062201200010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Novitz, D. "Forgiveness and Self-Respect", <I>Philosophy and Phenomenological Research </I>58/2 (1998): 299-315. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-0062201200010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Oca&ntilde;a, E. "La herida de Am&eacute;ry: M&aacute;s all&aacute; de la mentalidad expiatoria". <I>M&aacute;s all&aacute; de la culpa y la expiaci&oacute;n</I>. Valencia: Pretextos, 2001. 9-36. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-0062201200010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Scarry, E. "The Structure of Torture. The Conversion of Real Pain into the Fiction of Power". <I>The Body in Pain</I>. Oxford-New York: Oxford University Press, 1985. 27-59. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-0062201200010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Uribe, Botero &Aacute;. "Sobre la Casa Arana: &iquest;es el mal por el mal parte de nuestro mundo?". <I>Perfiles del mal en la historia de Colombia</I>. Bogot&aacute;: Editorial Unibiblos, 2009. 137-147. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-0062201200010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Wienthal, S. <I>Los l&iacute;mites del perd&oacute;n</I>. Barcelona: Paid&oacute;s, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-0062201200010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Améry]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Más allá de la culpa y la expiación]]></source>
<year>2001</year>
<publisher-loc><![CDATA[Valencia ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Pretextos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Arendt]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Eichman en Jerusalem]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Ribalta]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>2009</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[DeBolsillo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="confpro">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Butler]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Upon Resentment and Upon Forgiveness of Injuries]]></article-title>
<source><![CDATA[Fifteen Sermons]]></source>
<year>1827</year>
<conf-name><![CDATA[ Transcribed by LeRoy Dagg, 2002. Reproduced with permission of the Bishop Payne Library]]></conf-name>
<conf-date>2005</conf-date>
<conf-loc> </conf-loc>
<publisher-loc><![CDATA[CambridgeBoston ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Published by Hilliard and BrownHilliard, Gray, Little, and Wilkins]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[De Greiff]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Debate a partir del texto Política y perdón, de Jacques Derrida]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Chaparro]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Cultura política y perdón]]></source>
<year>2002</year>
<page-range>40-43</page-range><publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Centro Editorial Universidad del Rosario]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Derrida]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[To forgive: The Unforgivable and the Imprescriptible]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Caputo]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Dooley]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Scanlon]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Questioning God, J. D]]></source>
<year>2001</year>
<page-range>21-51</page-range><publisher-name><![CDATA[Bloomington and Indianapolis: Indiana University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Derrida]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Cultura política y perdón]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Chaparro]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year>2002</year>
<page-range>19-37</page-range><publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Centro Editorial Universidad del Rosario]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Dubiel]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La culpa política]]></article-title>
<source><![CDATA[Revista internacional de filosofía política]]></source>
<year>1999</year>
<volume>14</volume>
<page-range>5-14</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Remy]]></surname>
<given-names><![CDATA[M. P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<collab>Hitler's Holocaust</collab>
<source><![CDATA[Producción de MPR Film und Fernsch Produktion GmtH para History Channel]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-name><![CDATA[Traducción al español 2005. Videocassette]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Honneth]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Integridad y desprecio: Motivos básicos de una concepción de la moral desde la teoría del reconocimiento]]></article-title>
<source><![CDATA[Isegoria]]></source>
<year>1992</year>
<volume>5</volume>
<page-range>78-92</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Honneth]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Struggle for Recognition: The Moral Grammar of Social Conflicts]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge^eMA MA]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Polity Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hoyos]]></surname>
<given-names><![CDATA[L. E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Razones y motivos para actuar]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Hoyos]]></surname>
<given-names><![CDATA[L. E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Relativismo y racionalidad]]></source>
<year>2005</year>
<page-range>195-213</page-range><publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Murphy]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Hampton]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Forgiveness and mercy]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cambridge University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Novitz]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Forgiveness and Self-Respect]]></article-title>
<source><![CDATA[Philosophy and Phenomenological Research]]></source>
<year>1998</year>
<volume>58</volume>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>299-315</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ocaña]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La herida de Améry: Más allá de la mentalidad expiatoria]]></article-title>
<source><![CDATA[Más allá de la culpa y la expiación]]></source>
<year>2001</year>
<page-range>9-36</page-range><publisher-loc><![CDATA[Valencia ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Pretextos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Scarry]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Structure of Torture. The Conversion of Real Pain into the Fiction of Power]]></article-title>
<source><![CDATA[The Body in Pain]]></source>
<year>1985</year>
<page-range>27-59</page-range><publisher-loc><![CDATA[Oxford-New York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Uribe, Botero]]></surname>
<given-names><![CDATA[Á]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Sobre la Casa Arana: es el mal por el mal parte de nuestro mundo]]></article-title>
<source><![CDATA[Perfiles del mal en la historia de Colombia]]></source>
<year>2009</year>
<page-range>137-147</page-range><publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Unibiblos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Wienthal]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Los límites del perdón]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
