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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana"></font>     <p align="center"><font size="3" face="verdana"><b>N&Uacute;MERO ESPECIAL</b>    <br>   </i></i><i>PLAT&Oacute;N Y LA POL&Iacute;TICA SOCR&Aacute;TICA</i></font></p> <font size="2" face="verdana"> <hr size="1">     <p>S&oacute;crates  es un revolucionario pol&iacute;tico. Este pensador, que evit&oacute; sistem&aacute;ticamente desarrollar  una carrera p&uacute;blica y que m&aacute;s bien eligi&oacute; ejercer una suerte de antipol&iacute;tica,  es responsable de la m&aacute;s importante transformaci&oacute;n en la forma como los griegos  entend&iacute;an esta actividad. De modo muy consciente y sin deseo de suprimir las  aristas m&aacute;s parad&oacute;jicas de su pensamiento, S&oacute;crates se aparta de los est&aacute;ndares  pol&iacute;ticos de su &eacute;poca y propone como tarea central del aut&eacute;ntico pol&iacute;tico la  transformaci&oacute;n personal de sus cong&eacute;neres. El aut&eacute;ntico pol&iacute;tico es aquel que,  allende cualquier mejora social, act&uacute;a sobre el alma misma de sus conciudadanos  para producir una revoluci&oacute;n moral. Conceptos como <i>felicidad</i>, <i>virtud</i> y <i>cuidado de s&iacute; mismo</i> se vuelven as&iacute; obligatorios a la hora de delimitar el campo de la pol&iacute;tica,  determinar sus objetivos y realizar una valoraci&oacute;n de los esfuerzos que se realicen  en esta &aacute;rea. El instrumento para realizar estos cambios pol&iacute;ticos se aleja,  por supuesto, de las pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas corrientes. Al ejercer su actividad de  manera privada y no p&uacute;blica, su quehacer se concentra en el examen de sus  contempor&aacute;neos. Su instrumento pol&iacute;tico es, por tanto, el di&aacute;logo socr&aacute;tico. De  este modo, filosof&iacute;a y pol&iacute;tica emergen en una nueva y excitante conexi&oacute;n,  donde la filosof&iacute;a no trata simplemente sobre pol&iacute;tica, sino que es ella misma  pol&iacute;tica.</i></p>     <p>La  radicalidad de sus objetivos y de sus m&eacute;todos vuelve al programa pol&iacute;tico  socr&aacute;tico no s&oacute;lo revolucionario, sino que, hay que reconocerlo, lo coloca al  borde del fracaso. Si &eacute;ticamente S&oacute;crates con su actitud frente a su injusta  condena a muerte triunfa, pues incluso frente a los m&aacute;s grandes peligros no  deja de guiarse por su famoso principio de que la justicia es el m&aacute;s alto bien,  su pol&iacute;tica, en la medida en que lleva a la desaparici&oacute;n del pol&iacute;tico mismo,  plantea la pregunta por la viabilidad de tal programa. Filosof&iacute;a y pol&iacute;tica  est&aacute;n aqu&iacute; no s&oacute;lo en estrecha conexi&oacute;n, sino en m&aacute;xima tensi&oacute;n. El periplo de  S&oacute;crates puede ser entonces visto como un modelo a seguir, pero tambi&eacute;n a  corregir o a olvidar. En cualquiera de los tres casos hay que dialogar con  S&oacute;crates.</p>     <p>La filosof&iacute;a pol&iacute;tica griega es un  di&aacute;logo con S&oacute;crates. Al igual que en el caso de la &eacute;tica, su pensamiento  pol&iacute;tico influenci&oacute; a fil&oacute;sofos posteriores de todas las escuelas, tanto a  Plat&oacute;n como a Arist&oacute;teles, tanto a los c&iacute;nicos como a los estoicos, por no  hablar de su influencia en escuelas tard&iacute;as como la de los neoplat&oacute;nicos. Sin  embargo, quien convierte a S&oacute;crates en el objeto mismo de su pensamiento es su  m&aacute;s famoso alumno: Plat&oacute;n. Quiz&aacute; sea correcta la interpretaci&oacute;n est&aacute;ndar que  tiende a etiquetar unos di&aacute;logos de Plat&oacute;n como socr&aacute;ticos, con el supuesto de  que expresan sin mayores alteraciones el pensamiento de este fil&oacute;sofo. Sin  embargo, la influencia de la pol&iacute;tica socr&aacute;tica es omnipresente en toda su  obra. Y tiene que ser as&iacute;, pues si hacer pol&iacute;tica y dialogar est&aacute;n en la  estrecha conexi&oacute;n se&ntilde;alada arriba, el pensamiento pol&iacute;tico de S&oacute;crates es  inherente a la obra plat&oacute;nica.</p>     <p>En este n&uacute;mero especial se recogen  una serie de art&iacute;culos que estudian algunas de estas resonancias en el  pensamiento de Plat&oacute;n. Dada la peculiaridad de la teor&iacute;a pol&iacute;tica socr&aacute;tica,  las resonancias son perceptibles en &aacute;reas que van m&aacute;s all&aacute; de los t&oacute;picos corrientes  sobre teor&iacute;a pol&iacute;tica. Abarca t&oacute;picos aparentemente ajenos, como el de la escritura,  los mitos, la metaf&iacute;sica, entre otros.</p>     <p>Dos autores de este volumen focalizan  sus ensayos en la relaci&oacute;n entre S&oacute;crates y Plat&oacute;n: Christopher Long y  Francisco J. Gonzalez. El primero, al preguntar por la conexi&oacute;n entre pol&iacute;tica  socr&aacute;tica y escritura plat&oacute;nica; el segundo, al plantear las tensiones entre  filosof&iacute;a y pol&iacute;tica en el pensamiento de Plat&oacute;n y en int&eacute;rpretes ulteriores de  este &uacute;ltimo.</p>     <p>Long, en &quot;Socrates: Platonic  Political Ideal&quot;, dirige sus esfuerzos a mostrar que la escritura plat&oacute;nica es  la continuaci&oacute;n y ampliaci&oacute;n del quehacer pol&iacute;tico de S&oacute;crates. La escritura  plat&oacute;nica es pol&iacute;tica porque exige al lector interactuar no s&oacute;lo con la obra  escrita sino con su comunidad. Esto es as&iacute; porque, al igual que el di&aacute;logo que  sosten&iacute;a S&oacute;crates con sus interlocutores, pretende transformar la vida entera  del lector, y con ello su actuar y su interactuar con sus cong&eacute;neres. Esta  forma de entender la escritura plat&oacute;nica la resume Long en su caracterizaci&oacute;n  de lo que llama &quot;imaginaci&oacute;n hermen&eacute;utica&quot;. La imaginaci&oacute;n hermen&eacute;utica, en  contraste con el mero ejercicio hermen&eacute;utico de interpretar un texto, ata&ntilde;e no  s&oacute;lo a la relaci&oacute;n entre texto y lector, sino que se extiende a las relaciones  entre el lector y los miembros de su comunidad. Imaginaci&oacute;n hermen&eacute;utica es lo  que promueve el di&aacute;logo plat&oacute;nico y en esto mismo se materializa la influencia  de la pol&iacute;tica socr&aacute;tica en Plat&oacute;n.</p>     <p>Si el ensayo de Long se interesa por  develar la continuidad del texto plat&oacute;nico con el ideal pol&iacute;tico socr&aacute;tico,  Francisco J. Gonzalez, en &quot;Socrates on Philosophy and Politics: Ancient and  Contemporary Interpretations&quot;, se interesa en se&ntilde;alar las tensiones que existen  entre ambos autores y los ecos de tal tensi&oacute;n en pensadores posteriores.  Gonzalez parte de la famosa figura del rey-fil&oacute;sofo, y se pregunta si fue  dise&ntilde;ada para expresar una identidad o m&aacute;s bien una tensi&oacute;n. A partir de una  serie de pasajes de la <i>Rep&uacute;blica</i>, el autor muestra  que de ninguna manera Plat&oacute;n est&aacute; convencido de que el gobernante id&oacute;neo sea el  fil&oacute;sofo. Todo lo contrario: existe una tensi&oacute;n expl&iacute;cita entre el fil&oacute;sofo que  ha visto el bien y el gobernante que debe ocuparse de una ciudad imperfecta,  por completo distinta del ideal filos&oacute;fico. La <i>Rep&uacute;blica</i>,  entonces, no es la obra en la que se cristaliza el sue&ntilde;o socr&aacute;tico de aunar  filosof&iacute;a y pol&iacute;tica, sino el escenario en el que Plat&oacute;n devela sus  incompatibilidades. Gonzalez persigue esta tensi&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de Plat&oacute;n y muestra  una nueva forma de entender la relaci&oacute;n de Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles, en la que el  segundo no es simplemente un cr&iacute;tico del primero, sino que se puede observar  una continuidad m&aacute;s estrecha de lo que superficialmente pareciera. Igualmente  muestra c&oacute;mo esta relaci&oacute;n entre filosof&iacute;a y pol&iacute;tica es repensada y  reelaborada en dos pensadores modernos: Heidegger y Foucault, de los cuales el  &uacute;ltimo exhibe una mayor sensibilidad para escuchar los tonos discordantes entre  filosof&iacute;a y pol&iacute;tica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Marina Berzins McCoy y Sara Brill  meditan sobre la filosof&iacute;a pol&iacute;tica plat&oacute;nica desde un punto de vista poco  explorado en interpretaciones tradicionales sobre este t&oacute;pico. Ambas autoras  parten de dos mitos escatol&oacute;gicos en Plat&oacute;n. Resulta natural interpretar tales  mitos como narraciones de ultratumba. Los mitos ser&iacute;an el recurso utilizado por  Plat&oacute;n para informarnos sobre lo que sucede m&aacute;s all&aacute; de nuestra experiencia  humana y que, por su misma naturaleza, no es objeto de un tratamiento  filos&oacute;fico. En contrav&iacute;a con tal tendencia interpretativa, tanto McCoy como  Brill analizan los mitos escatol&oacute;gicos de los que se ocupan como hablando sobre  problemas intramundanos, en este caso en el &aacute;mbito pol&iacute;tico. Los mitos  plat&oacute;nicos, entonces, deben ser le&iacute;dos como piezas filos&oacute;ficas y no como  fantas&iacute;as que describen cosas en las que nos resulta dif&iacute;cil creer.</p>     <p>McCoy, en  &quot;Freedom and Responsibility in the Myth of Er&quot;, se concentra en el mito final  de la <i>Rep&uacute;blica </i>que narra las experiencias en el  Hades de Er, un mortal que consigue regresar del Hades y contar esa experiencia  ultramundana. Pero McCoy descubre en esta historia una reflexi&oacute;n sobre la  libertad y la responsabilidad humanas en un mundo que se caracteriza por poner  l&iacute;mites a su vida cotidiana. El hecho es que los seres humanos estamos  limitados tanto en nuestras posibilidades de conocer, como en nuestra capacidad  de imponernos a la necesidad y controlar circunstancias humanas. Adem&aacute;s,  nuestra vida entera est&aacute; limitada por la muerte. &iquest;C&oacute;mo podemos elegir  correctamente cuando tenemos que tomar decisiones sobre asuntos nuevos de los  que no poseemos pleno conocimiento, limitados por nuestra muerte y sin poder  controlar completamente las circunstancias? Seg&uacute;n McCoy, Plat&oacute;n trata este problema  en aquella parte del mito en el que las almas deben elegir una nueva vida, all&iacute;  muestra que el ser humano debe apelar a la reflexi&oacute;n, a su conocimiento de los  otros (&iquest;no es un di&aacute;logo plat&oacute;nico una forma de mostrar que estamos conectados  unos con los otros?), sin temor a la muerte, precisamente por tratarse de algo  desconocido. El mito, lejos de ser una ficci&oacute;n idealizada de lo que sucede en  ultratumba, trata sobre seres humanos que, apresados en l&iacute;mites, deben tomar  elecciones referentes a una vida imperfecta.</p>     <p>Brill, por su parte, en &quot;On the Uses  and Abuses of Eschatology for Life&quot;, explora el mito final del <i>Fed&oacute;n</i> donde, al igual que en la <i>Rep&uacute;blica</i>,  el motivo en la superficie es bosquejar algunos hechos sobre la vida  ultraterrena. El mito, sin embargo, trata menos un problema escatol&oacute;gico que,  en palabras de Brill, una &quot;fenomenolog&iacute;a de la violencia&quot;. Aunque su ensayo se  extiende sobre varias consideraciones, una central es mostrar que el mito es  una reflexi&oacute;n sobre el actuar humano en la comunidad humana. Al describir el  destino de las almas despu&eacute;s de su muerte, Plat&oacute;n tiene cuidado en indicarnos  que este destino est&aacute; en conexi&oacute;n con el medio en el que desarrollan su periplo  de ultratumba. De este modo, seg&uacute;n Brill, el mito sugiere que las circunstancias  en las que el alma desarrolla su vida son solidarias con el tipo de vida que se  desarrolla. En particular, las almas que deben expiar culpas entran en una  dial&eacute;ctica con sus propias v&iacute;ctimas en la que la expiaci&oacute;n no es posible sin  cierto reconocimiento y aceptaci&oacute;n por parte de las v&iacute;ctimas.</p>     <p>Los ensayos de Sergio Ariza, Nicol&aacute;s  Parra y Alfonso Fl&oacute;rez exploran aspectos adicionales de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica  en los di&aacute;logos plat&oacute;nicos. Ariza, en &quot;Men&oacute;n el <i>politikos</i>.  Pol&iacute;tica y unidad del alma en el <i>Men&oacute;n</i> de Plat&oacute;n&quot;,  se pregunta por la importancia de la pol&iacute;tica en el di&aacute;logo <i>Men&oacute;n</i>. Un di&aacute;logo que, aunque se desarrolla con un  pol&iacute;tico y cuya conclusi&oacute;n es que el aut&eacute;ntico virtuoso es el pol&iacute;tico en su  labor de educar a otros pol&iacute;ticos, no se lo relaciona en la literatura  especializada con este t&oacute;pico. Para Ariza, la pol&iacute;tica est&aacute; presente en el  concepto mismo de <i>virtud</i> que buscan los  participantes del di&aacute;logo, no s&oacute;lo porque busquen la cualidad que habilita a  alguien para ser gobernante, sino tambi&eacute;n porque tal cualidad consiste en  instaurar un orden pol&iacute;tico en el alma, en el que el conocimiento toma el papel  de gu&iacute;a y gobernante sobre otros impulsos ps&iacute;quicos. De este modo, el <i>Men&oacute;n</i> prefigura algunas ideas expuestas con mayor  claridad y complejidad en la <i>Rep&uacute;blica</i>, donde la  analog&iacute;a del alma con una <i>polis</i></i> permite a Plat&oacute;n crear un modelo tanto psicol&oacute;gico como pol&iacute;tico.</p>     <p>Parra, en &quot;Friendship and War: True  Political Art as the Alliance of Philosophy and Rhetoric in Plato's <i>Gorgias</i>&quot;, se pregunta por la relaci&oacute;n de la ret&oacute;rica y la  filosof&iacute;a en el <i>Gorgias</i> de Plat&oacute;n y el aporte de  tal relaci&oacute;n a la teor&iacute;a pol&iacute;tica plat&oacute;nica. Seg&uacute;n Parra, si se parte del  an&aacute;lisis del comportamiento de los personajes, se puede descubrir que ret&oacute;rica  y filosof&iacute;a no aparecen en este di&aacute;logo como &aacute;reas competitivas, sino en  t&eacute;rminos de cooperaci&oacute;n. Esto es lo que muestra el comportamiento de S&oacute;crates y  Gorgias en el di&aacute;logo: ambos est&aacute;n interesados en el di&aacute;logo y en crear una  comunidad de amigos. Esta relaci&oacute;n se ha de proyectar a la relaci&oacute;n entre la  filosof&iacute;a y la ret&oacute;rica. Este deseo de amistar la ret&oacute;rica y la filosof&iacute;a hace  clara la vocaci&oacute;n pol&iacute;tica de Plat&oacute;n, porque muestra que se interesa en una  reflexi&oacute;n filos&oacute;fica con capacidad de persuadir y, por tanto, de transformar  las almas de los individuos.</p>      <p>Finalmente,  Fl&oacute;rez explora el problema de la econom&iacute;a en la </i>filosof&iacute;a plat&oacute;nica, en particular en la <i>Rep&uacute;blica</i>. No es un tema novedoso, pues son conocidas las  afirmaciones de Plat&oacute;n sobre comunismo, la pobreza de los fil&oacute;sofos y sus advertencias  sobre los peligros del ansia de riquezas. Lo que es novedoso es el acercamiento  de Fl&oacute;rez a partir del concepto de &omicron;&#8016;&sigma;&#943;&alpha;. Como es  sabido, el t&eacute;rmino griego &omicron;&#8016;&sigma;&#943;&alpha; posee un doble sentido: se lo puede entender  como riqueza o como esencia. Fl&oacute;rez observa que el problema del dinero, al cual  va a referir el t&eacute;rmino &omicron;&#8016;&sigma;&#943;&alpha;, est&aacute; sugerido en varios apartados de la <i>Rep&uacute;blica</i>, y que la obra misma parece estar estructurada  como el pago de una deuda, esto es, en t&eacute;rminos econ&oacute;micos. El autor muestra  que ciertas caracter&iacute;sticas que tiene la &omicron;&#8016;&sigma;&#943;&alpha; en su calidad de dinero, como su  invisibilidad, su car&aacute;cter abstracto, su capacidad de funcionar como una medida  de valor, parecen coincidir con caracter&iacute;sticas que tiene la &omicron;&#8016;&sigma;&#943;&alpha; en sentido  metaf&iacute;sico, y propone una unidad entre ambos conceptos, con lo cual pretende  mostrar que lo econ&oacute;mico no est&aacute; ausente en la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica de Plat&oacute;n.</p>     <p>Es evidente que este conjunto de  art&iacute;culos est&aacute; lejos de agotar el tema de la pol&iacute;tica socr&aacute;tica y su resonancia  en el pensamiento plat&oacute;nico. Temas cl&aacute;sicos como el de obediencia a la ley, la  actitud de estos fil&oacute;sofos frente a los reg&iacute;menes de Atenas y Esparta, el papel  de la religi&oacute;n, no son abordados aqu&iacute;. Tampoco es de esperar alg&uacute;n tipo de  uniformidad en el acercamiento a los problemas tratados, incluso cuando dos  trabajos coinciden en interpretar un mismo di&aacute;logo o en emprender el an&aacute;lisis  de problemas semejantes. Sin embargo, es precisamente en esta diversidad de  miradas y en el esfuerzo por abrir nuevas formas de entender t&oacute;picos cl&aacute;sicos  donde se ha de esperar que el lector encuentre el est&iacute;mulo necesario para  participar en el di&aacute;logo propuesto aqu&iacute;.</p> <hr size="1">     <p align="right"><b>SERGIO ARIZA</b>    <br>   Editor  invitado    <br>   Universidad de los Andes - Colombia</p> </font>     ]]></body>
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