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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Jullien, François. El rodeo y el acceso. Estrategias del sentido en China, en Grecia]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana"> </font>     <p  align="center"><font size="3" face="verdana"><b>Jullien, Fran&ccedil;ois</b>. <br />   <i>El rodeo y el  acceso. Estrategias del sentido en China, en Grecia</i>, Correa, B.  (trad.). <br />   Bogot&aacute;: Embajada de Francia / Universidad Nacional de Colombia, 2010.  442 pp.</font></p> <font size="2" face="verdana"> <hr size="1" />     <p  align="justify">Este  libro, escrito por el sin&oacute;logo franc&eacute;s Fran&ccedil;ois Jullien y publicado por la  Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia con el  apoyo de la Embajada de Francia, constituye una muy amena lectura que permite  comprender las profundas diferencias y las grandes riquezas que ofrece, para  nuestra mentalidad de occidentales, una cultura milenaria y rica como lo es la  cultura china. &quot;Espero de este rodeo por China -dice al autor al terminar su  escrito-, que nos abra una perspectiva: la de poder interrogarnos a partir de  un cierto afuera&quot; (421). </p>     <p  align="justify">La  evaluaci&oacute;n de este libro deber&iacute;a ser la tarea de un aventajado conocedor de esa  cultura milenaria. Sin embargo, aunque el libro cumple con todas las exigencias  de una investigaci&oacute;n en profundidad, est&aacute; redactado en un lenguaje perfectamente accesible a  lectores </i>que, como en mi caso, somos legos en el  asunto. A esto se a&ntilde;ade que la labor realizada por el traductor y por los  editores ha dado como resultado un ejemplar de muy agradable lectura. </p>     <p  align="justify">El libro presenta, en sus quince cap&iacute;tulos, las  m&aacute;s diversas y variadas perspectivas sobre la idiosincrasia de la cultura  china, y su t&iacute;tulo se&ntilde;ala muy bien su objetivo central: mostrarnos c&oacute;mo y en  qu&eacute; sentido la cultura china se diferencia de la occidental, de origen griego,  en su modo de confrontar la realidad en general y a los seres humanos en  particular: en lugar de acceder a ellos de manera frontal, busca el <i>acceso</i> mediante una serie muy particular de <i>rodeos</i>. </p>     <p  align="justify">Con  gran cuidado, el texto nos va guiando a lo largo de esos rodeos, de modo que  cada uno de los quince cap&iacute;tulos se ofrece como una nueva ventana que permite  otear horizontes inesperados. Ahora bien, por razones de tiempo y por sesgo  profesional, no voy a presentar en esta rese&ntilde;a una visi&oacute;n panor&aacute;mica del libro,  sino que centrar&eacute; mi atenci&oacute;n en el cap&iacute;tulo IX,  cuyo tema ha despertado mi particular inter&eacute;s. Podemos considerarlo como una  especie de degustaci&oacute;n. </p>     <p  align="justify">El  t&iacute;tulo del cap&iacute;tulo es muy claro: &quot;Del maestro al disc&iacute;pulo: la palabra no es  sino indicial&quot;<i>.</i> Con lo cual se nos da un ejemplo m&aacute;s, y muy diciente, del sentido que tiene el  t&iacute;tulo del libro: <i>El  rodeo y el acceso.</i> Porque, como reza un viejo adagio oriental: un  tornillo se demora m&aacute;s en penetrar que una puntilla, pero es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil  de extraer. Idea que Jullien expresa con magistral claridad: &quot;En China, la  reticencia con respecto al poder de explicaci&oacute;n de la palabra ha fundado su  &lsquo;sutilidad&#39;; lo no dicho aflora al nivel del discurso y se convierte en <i>lo alusivo</i>&quot;  (423). </p>     <p  align="justify">El  cap&iacute;tulo comienza con un importante se&ntilde;alamiento: la preocupaci&oacute;n de Confucio  como maestro </p>     <blockquote>       <p  align="justify">no es el conocimiento (que tiene como mira la  Verdad), sino la regulaci&oacute;n de la conducta -que permite adaptarse a la  regulaci&oacute;n del mundo. Lejos de pretender describir lo real, la palabra de  Confucio, pronunciada de Maestro a disc&iacute;pulo y en relaci&oacute;n con la  circunstancia, no puede ser sino indicativa; en lugar de desplegarse como <i>logos</i>, su  virtud es la de ser <i>indicial.</i> (227) </i></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">Analiza  luego esa relaci&oacute;n pedag&oacute;gica entre maestro y disc&iacute;pulo, y descubre en ella  cinco caracter&iacute;sticas: se trata de una relaci&oacute;n pragm&aacute;tica, de incitaci&oacute;n, de  indicios, no doctrinal y estrictamente alusiva. Todas ellas tipifican muy bien  lo que Jullien nos ha querido se&ntilde;alar con los t&eacute;rminos del rodeo y el acceso. </p>     <p  align="justify">1.  Ahora bien, en cuanto a la primera caracter&iacute;stica, la <i>pragm&aacute;tica</i>, no se trata  simplemente del truismo que inculcan todas las ense&ntilde;anzas morales, de que lo  importante no es hablar sino actuar. Confucio busca ser vigilante con respecto  a la palabra, evitando la originalidad y buscando m&aacute;s bien profundizar la  evidencia. Al mantenerse retirada y cuidarse de todo artificio, la palabra se  vuelve confiable y suscita adhesi&oacute;n. &quot;Gracias a ella &#91;dice Confucio&#93;, el  gobernante puede hacerse obedecer sin tener que ordenar, le bastar&aacute; predicar  con el ejemplo&quot; (229). </p>     <p  align="justify">Jullien  hace notar que la doctrina de Confucio ignora por completo el problema de la  mentira, que el cristianismo profundiz&oacute; con su concepto de pecado. El sabio  chino considera que &quot;la palabra sigue siendo un instrumento sin dimensi&oacute;n subjetiva.  Por esto, no hay preocupaci&oacute;n por un desdoblamiento posible del discurso entre  apariencia y verdad&quot; (230). </p>     <p  align="justify">2.  En segundo lugar, la pedagog&iacute;a confuciana tiene el car&aacute;cter de una <i>incitaci&oacute;n</i>.  &quot;Conviene cuidarse de hablar &#91;nos explica Jullien&#93;, para que la palabra tenga  m&aacute;s efecto. Toda la ense&ntilde;anza de Confucio reposa sobre el principio de una  intervenci&oacute;n m&iacute;nima por parte del Maestro&quot; (230). Se busca con ello que el  disc&iacute;pulo acceda por s&iacute; mismo al descubrimiento. </p>     <p  align="justify">Esto,  a su vez, exige del disc&iacute;pulo una apertura y un despliegue. Por eso, s&oacute;lo  cuando el esp&iacute;ritu del interlocutor se halla dispuesto, puede el Maestro  ofrecer su ense&ntilde;anza. Pero entonces pocas palabras bastan: &quot;Yo planteo un  &aacute;ngulo &#91;dice Confucio&#93;, y si el interlocutor no encuentra a su turno los otros  tres, yo no contin&uacute;o&quot; (231). </p>     <blockquote>       <p  align="justify">Encontramos  ah&iacute; &#91;comenta Jullien&#93; lo que constituye el valor de la palabra, sea po&eacute;tica o  reflexiva, en el seno de la tradici&oacute;n china: su car&aacute;cter de &lsquo;incitaci&oacute;n&#39;, su  dimensi&oacute;n alusiva. Para ser eficaz, la palabra debe permanecer incipiente,  solamente empezar a decir; su riqueza reside en lo impl&iacute;cito. (231) </p> </blockquote>     <p  align="justify">Ahora bien, si el maestro s&oacute;lo debe intervenir  cuando el disc&iacute;pulo est&aacute; dispuesto, esto implica, a su vez, que no debe  desaprovechar la ocasi&oacute;n cuando esta se presenta: &quot;cuando se puede conversar  con alguien y no se lo hace, se despilfarra a la persona &#91;dice Confucio&#93;; y  cuando no se puede conversar con alguien y, no obstante, se lo hace, es la  palabra la que se despilfarra&quot; (233). </p>     <p  align="justify">Sin embargo, el prop&oacute;sito no es promover el  di&aacute;logo, sino imitar a la naturaleza: la palabra debe parecerse a la lluvia que  cae y que, sin darse cuenta, hace crecer todo. No se trata entonces de acumular  discursos o de apegarse a f&oacute;rmulas consagradas, por justas que ellas sean,  porque toda formulaci&oacute;n es temporal y ninguna es en verdad suficiente. El poder  de una palabra se halla as&iacute; menos en su contenido que en su oportunidad. Una  vez m&aacute;s, comenta Jullien, nos encontramos con el principio fundamental de  lectura: &quot;lo que cuenta no es la palabra propiamente dicha, sino aquello en lo  que ella desemboca, su &lsquo;m&aacute;s all&aacute;&#39;&quot; (235). &quot;El Maestro, en China, habla menos de  lo que indica; no entrega un mensaje, sino que llama la atenci&oacute;n, incita a la reflexi&oacute;n&quot;  (236). </i></p>     <p  align="justify">3.  Para explicarnos la tercera caracter&iacute;stica de la pedagog&iacute;a confuciana, a saber,  su car&aacute;cter <i>indicial</i>,  Jullien se&ntilde;ala c&oacute;mo, al descubrir a Confucio, Hegel se mostr&oacute; decepcionado. No  encontr&oacute; en &eacute;l sino una &lsquo;moral buena y honesta&#39; (236), de cuya ense&ntilde;anza no  hab&iacute;a nada que recoger. Y ello se debe a que consider&oacute; como trivialidades lo  que, nos dice Jullien, &quot;habr&iacute;a que leer como verificaciones que indican, por  uno y otro rodeo, el camino de un progreso&quot; (236). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">Es  verdad que los aforismos de Confucio nos pueden desconcertar por su  inconsistencia te&oacute;rica, por su aparente simplicidad, pero hay que leerlos como  indicaciones que apuntan a algo que va m&aacute;s all&aacute;, como se&ntilde;ales de un camino que  debemos recorrer. De ah&iacute; que su riqueza resida sobre todo en su alcance: son  puntos de partida que deben ser desarrollados en todos sus sentidos. </p>     <p  align="justify">As&iacute;,  para ense&ntilde;ar la virtud de la humanidad que se expresa en la solidaridad, nos  encontramos con la siguiente reflexi&oacute;n: &quot;El Maestro pescaba con ca&ntilde;a y no con  red; en la cacer&iacute;a no disparaba nunca sobre un p&aacute;jaro que estuviera posado&quot;  (239). De esa manera, lo particular concreto, lo biogr&aacute;fico, abre la mirada a  una visi&oacute;n m&aacute;s amplia, y vemos que las palabras no est&aacute;n ah&iacute; para ser comprendidas,  sino para saborearlas y para dejarse empapar por su sentido. Con ello, a su  vez, se obstaculiza de manera discreta la especulaci&oacute;n. </p>     <p  align="justify">4.  Esto nos permite comprender por qu&eacute; puede decirse, en cuarto lugar, que la  pedagog&iacute;a de Confucio <i>no es doctrinal</i>. Para explicarnos esto, Jullien comienza  preguntando si esa forma de ense&ntilde;anza no viene a depender m&aacute;s de la autoridad  del Maestro que del valor intr&iacute;nseco de lo que ense&ntilde;a. Como en efecto le  sucedi&oacute; al confucionismo durante la dinast&iacute;a de los Han (del 206 a.C. al 220  d.C.), </p>     <blockquote>       <p  align="justify">&iquest;A  qu&eacute; precio una sabidur&iacute;a de la regulaci&oacute;n personal -cuya sutileza no le viene  de que tiene una posici&oacute;n fija, sino de que, en la relaci&oacute;n de Maestro a  disc&iacute;pulos, no deja de adaptarse a la experiencia en curso- puede transformarse  en ideolog&iacute;a dominante? (246) </p> </blockquote>     <p  align="justify">Porque  en este caso la ense&ntilde;anza deja de ser incoativa y antidogm&aacute;tica, para  convertirse en una serie de consideraciones meramente formales que promueven el  conformismo. Al convertirse la moral en estereotipo, su cualidad de apertura se  invierte en su contrario, se anquilosa y busca simplemente adaptarse a la  circunstancia. Jullien nos dice que los letrados chinos fueron conscientes de  esa p&eacute;rdida y se&ntilde;alaron c&oacute;mo, a la muerte de Confucio, la conversaci&oacute;n sutil no  fue continuada. Porque el sentido indicial es ese delicado equilibrio que  permite se&ntilde;alar sin exhibirse, comenzar a decir lo necesario, pero dando m&aacute;s  amplitud a lo no dicho. Esto le permite mantenerse en la insinuaci&oacute;n, sin caer  en la insignificancia de lo anecd&oacute;tico y de los abstractos preceptos morales. </p>     <p  align="justify">5. Finalmente, para entender el car&aacute;cter <i>alusivo</i> de la ense&ntilde;anza confuciana, Jullien hace notar c&oacute;mo en las narraciones suele  mostrarse el desamparo que experimenta el disc&iacute;pulo ante las ense&ntilde;anzas de su  maestro. Esto ha llevado a comparar con frecuencia a Confucio con la figura de  S&oacute;crates, ya que ambos emplearon la ense&ntilde;anza oral y su inter&eacute;s estaba en la  conducta y en la experiencia moral. Ambos confesaron igualmente su profunda  ignorancia y no pretendieron poseer una doctrina, sino obedecer a un impulso  profundo que los blindaba frente a las amenazas de sus contempor&aacute;neos. Y ambos  rindieron testimonio de respeto frente a las pr&aacute;cticas religiosas  establecidas.&nbsp; </p>     <p  align="justify">Sin  embargo, aunque uno y otro practicaron la iron&iacute;a, la de Confucio difiere de la  socr&aacute;tica porque nunca finge adoptar la posici&oacute;n de su interlocutor para  mostrar, en una especie de contragolpe, su inconsistencia. Se trata m&aacute;s bien de  una cr&iacute;tica alusiva y desviada, que busca ser tanto m&aacute;s eficaz, cuanto que no  aprieta a su contrincante, sino que busca acceder a &eacute;l mediante un rodeo. </p>     <p  align="justify">&quot;Si  S&oacute;crates es ir&oacute;nico &#91;nos explica Jullien&#93;, es porque su interlocutor rebasa las  apariencias de su falso saber y aspira a lo verdadero&quot; (253), de modo que &quot;la  iron&iacute;a es ese tratamiento corrosivo que prepara el salto a la conversi&oacute;n&quot; (<i>id.</i>).  Pero la conversi&oacute;n est&aacute; ausente en la ense&ntilde;anza confuciana, y como desconoce la  duplicidad, no tiene que entreabrirse para dejar ver una belleza o una verdad  ocultas. De ah&iacute; que el motivo de la conversaci&oacute;n no sea, para Confucio, la  verdad, y no pueda, por lo tanto, desarrollarse en una dial&eacute;ctica, porque no  busca demostrar, para adecuar la mente con la realidad, sino que su prop&oacute;sito  es adecuar la conducta con la situaci&oacute;n. </p>     <p  align="justify">Su  burla no tiende una trampa a la buena conciencia del interlocutor, como lo hace  S&oacute;crates, sino que se&ntilde;ala una distancia, una desregulaci&oacute;n por exceso o por  defecto en la conducta del disc&iacute;pulo. De ah&iacute; que el desconcierto que produce en  el disc&iacute;pulo no provenga de &quot;la movilidad perturbadora de la dial&eacute;ctica, &#91;...&#93;  sino de que el equilibrio pretendido no pueda mantenerse sino mediante una  continua evoluci&oacute;n&quot; (255) que no se deja identificar. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">No voy a extenderme m&aacute;s. Creo que lo se&ntilde;alado es  suficiente para decir que nos encontramos ante un excelente libro, que puede  ampliar nuestro horizonte de comprensi&oacute;n y nuestra capacidad cr&iacute;tica de manera  muy enriquecedora. S&oacute;lo quiero a&ntilde;adir que Jullien  se&ntilde;ala, igualmente, algunas de las debilidades que conlleva inevitablemente una  cultura como la china y una de ellas es, precisamente, la falta de una trascendencia. </p>     <p  align="justify">Tomado  como est&aacute; en esa visi&oacute;n puramente intramundana, &#91;el letrado chino&#93; est&aacute;  condenado a andar con rodeos respecto al poder, y no encuentra margen de  maniobra sino por la sutilidad. Este margen de maniobra es siempre precario,  porque, en el mejor de los casos, es objeto de un compromiso siempre revisable,  al antojo del pr&iacute;ncipe o del partido (429). </p>     <p  align="justify">S&oacute;lo  me resta, entonces, felicitar a la Facultad de Ciencias Humanas de la  Universidad Nacional de Colombia, a su Centro Editorial, a la Embajada de  Francia en Colombia y, por supuesto, al excelente traductor de la obra,  profesor Bernardo Correa, por ofrecernos la oportunidad de leer en espa&ntilde;ol un  libro como este. </p> <hr size="1" />     <p  align="right"><b>JORGE AURELIO D&Iacute;AZ</b><br />   Universidad  Nacional de Colombia<br /> <a href="mailto:jadiaz9@cable.net.co"><i>jadiaz9@cable.net.co</i></a></p> </font>      ]]></body>
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