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</front><body><![CDATA[ <p  align="center"><font size="3" face="verdana"><b>Respuesta al comentario de Christian</i> Steve  Ramos</b>. <br /> &quot;Villavicencio, Luis. &lsquo;El constructivismo kantiano seg&uacute;n Rawls como fundamento  de los derechos humanos&#39;&quot;,     <br> <i>Ideas y Valores</i> LX/147 (2011): 280-282.</font></p> <font size="2" face="verdana"> <hr size="1" />     <p  align="justify">Agradezco el comentario de Chris-tian Ramos y tambi&eacute;n a <i>Ideas y Valores</i> por propiciar este espacio de di&aacute;logo  acad&eacute;mico, tan escaso en esta parte del mundo universitario.</p>     <p  align="justify">Intentar&eacute; hacerme cargo, brevemente, de algunas (son muchas y  variadas en verdad) de las objeciones planteadas. En primer lugar, respecto de  la presunta circularidad del argumento rawlsiano, baste insistir en que debemos  distinguir cuidadosamente tres puntos de vista distintos para comprender adecuadamente  el aparataje justificador de la teor&iacute;a: el punto de vista de las partes en la  posici&oacute;n original, el de las ciudadanas y ciudadanos en una sociedad bien  ordenada y el de usted y yo que estamos verificando si la justicia como equidad  nos ofrece una comprensi&oacute;n plausible de la libertad y la igualdad, valores fundacionales  de la modernidad (Villavicencio 33). En cada una de esas perspectivas, las  elecciones se fundan en razones distintas y cumplen funciones diversas. En  efecto, la posici&oacute;n original no es nada m&aacute;s que un mecanismo de representaci&oacute;n,  no directamente justificatorio, cuya funci&oacute;n es escenificar la concepci&oacute;n que  los sujetos tienen de s&iacute; mismos. Comprendida la posici&oacute;n original de este modo,  la objeci&oacute;n de que se trata de un mecanismo dise&ntilde;ado <i>ad  hoc </i>para obtener un resultado previamente conocido no es pertinente, ya  que es la consistencia con dichas concepciones la que le otorga sentido al  artificio. A su turno, los ciudadanos de una sociedad bien ordenada justifican  los principios de la justicia como equidad echando mano a un equilibrio  reflexivo pleno, a trav&eacute;s del cual han considerado las principales concepciones  de la justicia que se encuentran en la tradici&oacute;n filos&oacute;fica y las han ponderado  de manera adecuada. Por &uacute;ltimo, los lectores de Rawls -aquellos que vivimos en  las sociedades reales que no est&aacute;n bien ordenadas, pues tenemos visiones  contrapuestas sobre el modo en que deben articularse la libertad y la igualdad-  juzgamos la correcci&oacute;n de la justicia como equidad pregunt&aacute;ndonos si es posible  alcanzar una justificaci&oacute;n p&uacute;blica que satisfaga la exigencia de un consenso,  por superposici&oacute;n entre doctrinas comprehensivas, en funci&oacute;n de razones  pol&iacute;ticamente neutrales (<i>cf. </i>Rawls 1999 257-260 y  2002 55-65; Pe&ntilde;a 2002 389-394 y 2011 185-194).</p>     <p  align="justify">En segundo lugar, sobre la relaci&oacute;n entre los derechos jur&iacute;dicos y  los derechos morales, y su protecci&oacute;n en aquellos ordenamientos jur&iacute;dicos que  no los reconocen, tiendo a simpatizar (debo reconocer que con alg&uacute;n recelo  positivista) con el planteamiento de Alexy. La propiedad esencial que constituye  al derecho, en opini&oacute;n de Alexy, es su naturaleza dual, es decir, el concepto  de derecho no s&oacute;lo se compone de la dimensi&oacute;n real o f&aacute;ctica (cuyo componente  central es la pretensi&oacute;n de validez), sino tambi&eacute;n por la dimensi&oacute;n ideal o  cr&iacute;tica que se vincula con la pretensi&oacute;n de correcci&oacute;n, consustancial al  derecho y conforme a la cual cualquier regla puede ser invalidada si nos  enfrentamos con una incorrecci&oacute;n moral extrema. Luego, a mi modo de ver, alguna  forma de no-positivismo incluyente -inspirada en la tesis de Radbruch de que la  injusticia extrema no es derecho- es una buena respuesta al malestar que, con  raz&oacute;n, pone de manifiesto el comentarista. Una regla jur&iacute;dica podr&aacute;, entonces,  perder su validez cuando es extremadamente injusta, o sea, cuando se vulneran  los derechos humanos m&aacute;s b&aacute;sicos de las personas (Alexy 73-98).</p>     <p  align="justify">Para terminar, me parece que la incomodidad con las conclusiones  que plante&eacute; en torno a la cuesti&oacute;n de si es posible o no fundamentar  objetivamente un cat&aacute;logo universal de derechos humanos, se vincula directamente  con la posici&oacute;n meta&eacute;tica que subyace al art&iacute;culo y que aqu&iacute; intentar&eacute;  explicitar. Los enfoques meta&eacute;ticos sobre el an&aacute;lisis del concepto de justicia  suelen clasificarse en <i>cognoscitivistas</i> (si se  considera que es posible discernir racionalmente entre juicios morales) y <i>no cognoscitivistas</i> (si se postula que no es posible  discutir racionalmente en torno a los juicios morales). Ahora bien, desde el  punto de vista del modo en que podemos fundamentar nuestros juicios morales,  podemos identificar tres grandes modelos: un cognoscitivismo fuerte (el  objetivismo), un cognoscitivismo d&eacute;bil (el constructivismo) y un no  cognoscitivismo a secas (el subjetivismo) (<i>cf. </i>&Aacute;lvarez  2002; Hare 1999; Nino 1996 y Squella, Villavicencio &amp; Z&uacute;&ntilde;iga 272-279). El  modelo subjetivista de fundamentaci&oacute;n de la moral -como postura meta&eacute;tica- nos  remite al empirismo, m&aacute;s precisamente a Hume. En &eacute;poca m&aacute;s reciente, el rechazo  del objetivismo ha llevado tambi&eacute;n a propuestas como la de Mackie (17-55), que  llama a abandonar la creencia en la existencia de valores objetivos, pues ellos  no ser&iacute;an m&aacute;s que actitudes del agente que &eacute;l mismo adoptar&iacute;a como pautas de  referencia v&aacute;lidas para la acci&oacute;n moral. Mackie parte del reconocimiento del <i>escepticismo moral</i> en cuanto <i>doctrina  negativa</i>, es decir, como aquella posici&oacute;n que intenta establecer lo que  &quot;no existe&quot;: los juicios con valor objetivo o de verdad universal descansar&iacute;an  en la <i>teor&iacute;a del error</i>, seg&uacute;n la cual la apelaci&oacute;n  que hacemos constantemente a pretendidos principios de verdad que validar&iacute;an  nuestras afirmaciones morales, no quedar&iacute;a confirmada por la mera invocaci&oacute;n de  tales principios. Seg&uacute;n Mackie, estar&iacute;amos apelando a principios que creemos  que se justifican por s&iacute; mismos, pero que en realidad no tienen ning&uacute;n sustento  ontol&oacute;gico, de modo que la argumentaci&oacute;n moral, producto de tales principios,  no ser&iacute;a m&aacute;s que un gran error. El problema del subjetivismo es que nos lleva,  inevitablemente, al relativismo moral, ya que no puede escapar del <i>dilema subjetivista</i>. El subjetivista debe elegir entre  admitir que sus juicios de valor tienen la pretensi&oacute;n arbitraria de ser impuestos  a otros o admitir el dudoso car&aacute;cter moral de unos juicios de valor sin  pretensi&oacute;n prescriptiva universal.</p>     <p  align="justify">El modelo objetivista, por su parte, se caracteriza por postular  que existen valores &eacute;ticos objetivos y un modo de conocerlos. Es, por lo tanto,  no esc&eacute;ptico en relaci&oacute;n con los problemas propios de la meta&eacute;tica te&oacute;rica.  Probablemente, el mejor ejemplo de una fundamentaci&oacute;n objetivista de la moral  es la &eacute;tica de las virtudes aristot&eacute;lica que, en palabras de MacIntyre, se  funda en la oposici&oacute;n entre el ser humano tal como es y el ser humano tal como  ser&iacute;a si realizara su naturaleza esencial. La &eacute;tica es la disciplina que nos  ilumina el camino para poder transitar desde el primer momento al segundo, en  el marco de tres ideas que no pueden olvidarse si se quiere mantener la  racionalidad objetiva de la &eacute;tica: la idea de una naturaleza humana  inapropiada, la concepci&oacute;n de las reglas de una &eacute;tica racional y la noci&oacute;n de  una naturaleza humana como podr&iacute;a ser si realizara su <i>telos  esencial</i>.</p>     <blockquote>       <p  align="justify">&#91;Llamar&#93; bueno a algo es por lo tanto tambi&eacute;n formular un juicio  factual. Llamar a una acci&oacute;n concreta justa o correcta es decir lo que un  hombre bueno har&iacute;a en tal situaci&oacute;n, tal proposici&oacute;n tambi&eacute;n es factual. Dentro  de esta tradici&oacute;n, las proposiciones morales y valorativas pueden ser  designadas verdaderas o falsas exactamente de la misma manera que todas las  dem&aacute;s proposiciones factuales lo son. Pero, una vez que desaparece de la moral  la noci&oacute;n de prop&oacute;sitos o funciones esencialmente humanas, comienza a parecer  implausible tratar a los juicios morales como sentencias factuales. (MacIntyre  84)</p> </blockquote>     <p  align="justify">Con todo, el modelo aristot&eacute;lico es insatisfactorio al menos por  dos razones: en primer lugar, choca con el ideal de la autonom&iacute;a individual y,  en segundo lugar, en medio del pluralismo propio de las sociedades modernas, ya  no parece factible determinar cu&aacute;l podr&iacute;a ser el <i>telos</i> esencial del ser humano. El problema del modelo aristot&eacute;lico es que no puede  lograr sentar las bases de una moral que sea, al mismo tiempo, interna y  externa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">  &iquest;</i>Qu&eacute;  </i>nos queda para intentar  contrarrestar la inconformidad  </i>ante  la imposibilidad de fundamentar un cat&aacute;logo de derechos humanos b&aacute;sicos con  validez universal? El &uacute;nico camino meta&eacute;tico que subsiste -filos&oacute;ficamente  convincente- es alguna forma de cognoscitivismo  </i>d&eacute;bil,  cuyo representante m&aacute;s conspicuo es el constructivismo, siendo una de sus  versiones m&aacute;s sofisticadas la justicia como equidad de Rawls. La teor&iacute;a  constructivista, obviando las diferencias entre la gran variedad de modelos  posibles, concuerda con establecer ciertas condiciones procedimentales que  har&iacute;an que los resultados a los que se llegue tuvieran propensi&oacute;n universal.  Bajo unas condiciones &quot;ideales&quot; o &quot;hipot&eacute;ticas&quot;, las conclusiones morales a las  que llegar&iacute;an los sujetos satisfar&iacute;an el requisito de la imparcialidad y, por  tanto, tendr&iacute;an vocaci&oacute;n prescriptiva universal. En palabras del propio Rawls:  &quot;el constructivismo kantiano sostiene que la objetividad moral debe  comprenderse como un punto de vista social adecuadamente construido y que todos  puedan aceptar. Fuera del procedimiento de construcci&oacute;n de principios de  justicia, no hay hechos morales&quot; (Rawls 1999 213). De manera simplificada, el  constructivismo moral aplicado a la filosof&iacute;a pol&iacute;tica pretende sentar las  bases para la aceptaci&oacute;n de un modelo de organizaci&oacute;n social y pol&iacute;tica que <i>construya </i>ciertos principios morales capaces de ser  aceptados por todos los que forman parte de la comunidad pol&iacute;tica.</p>     <p  align="justify">La caracter&iacute;stica m&aacute;s destacada del  constructivismo es que se hace cargo de dos intuiciones, en principio  contradictorias, pero ampliamente compartidas por los hombres y mujeres que  habitamos la modernidad: en primer lugar, que no existen valores objetivos,  pero que eso no implica que no sea posible encontrar la forma de aplicar alguna  clase de &quot;objetividad&quot; a los asuntos pr&aacute;cticos, de manera que podamos dise&ntilde;ar  un procedimiento que nos permita abordar nuestros desacuerdos morales desde un  punto de vista imparcial hacia nosotros mismos y los dem&aacute;s. Y, en segundo  lugar, tiene una mejor explicaci&oacute;n ante la pr&aacute;ctica algo parad&oacute;jica de que  todos actuamos, sobre todo cuando discutimos asuntos &eacute;ticos que nos parecen  relevantes, como si existieran realmente valores objetivos, atribuyendo a  ciertas ideas, usualmente contradictorias entre s&iacute;, un valor intr&iacute;nseco.  Sostener que no hay valores objetivos no equivale, entonces, a defender la  tesis de que no existen cosas que todo el mundo valora. Puede haber,  perfectamente, un acuerdo entre las personas para calificar una conducta como  buena o mala, y de esos acuerdos surgir&aacute;n entonces los valores intersubjetivos.  El reto </i>&eacute;tico  </i>reside en encontrar los argumentos que  todo agente moral aceptar&iacute;a si se colocara, de buena fe, en las condiciones  ideales de deliberaci&oacute;n que modelan las intuiciones morales que comparte con  los dem&aacute;s sujetos morales. A eso apostamos en las democracias occidentales  modernas.</p> <hr size="1" />     <p  align="justify"><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Alexy, R. <i>El concepto  y la naturaleza del derecho</i>, Bernal, C. (trad.). Madrid: Marcial Pons,  2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000016&pid=S0120-0062201200030002100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">&Aacute;lvarez, S. <i>La  racionalidad de la moral</i>. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y  Constitucionales, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000018&pid=S0120-0062201200030002100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Hare, R. <i>Ordenando la  &eacute;tica. Una clasificaci&oacute;n de las teor&iacute;as &eacute;ticas</i>, Verg&eacute;s, J. (trad.).  Barcelona: Ariel, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000020&pid=S0120-0062201200030002100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">MacIntyre, A. <i>Tras la  virtud</i>, V&aacute;lcarcel, A. (trad.). Barcelona:  Cr&iacute;tica, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000022&pid=S0120-0062201200030002100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Mackie, J. &Eacute;tica. La invenci&oacute;n de lo bueno  y lo malo, Fern&aacute;ndez, T. (trad.). Barcelona: Gedisa, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000024&pid=S0120-0062201200030002100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Nino, C.  &quot;Justicia&quot;. <i>El derecho y la justicia</i>, Laporta, F.  &amp; Garz&oacute;n, E. (eds.). Vol. 11. Enciclopedia Iberoamericana de Filosof&iacute;a.  Madrid: Trotta/CSIC, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000026&pid=S0120-0062201200030002100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Pe&ntilde;a, C. &quot;Equilibrio reflexivo,  constructivismo y raz&oacute;n p&uacute;blica. El problema de la realidad y la justificaci&oacute;n  en filosof&iacute;a pol&iacute;tica&quot;. John Rawls: Estudios en su memoria<i>.  Revista de Ciencias Sociales </i>&#91;Universidad de Valpara&iacute;so - Chile&#93; 47  (2002): 333-437.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000028&pid=S0120-0062201200030002100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Pe&ntilde;a, C.,  Seleme, H. &amp; Vallesp&iacute;n, F. <i>Estudios sobre Rawls</i>.  Madrid: Fundaci&oacute;n Coloquio Jur&iacute;dico Europeo, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000030&pid=S0120-0062201200030002100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Rawls, J. <i>Justicia como equidad. Materiales para una teor&iacute;a de la  justicia,</i> Rodilla, M. A. (trad.). Madrid: Tecnos, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000032&pid=S0120-0062201200030002100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Rawls, J. <i>La Justicia  como equidad. Una reformulaci&oacute;n,</i> Francisco, A. (trad.). Barcelona:  Paid&oacute;s, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000034&pid=S0120-0062201200030002100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Squella, A.,  Villavicencio, L. &amp; Z&uacute;&ntilde;iga, A. <i>Curso de filosof&iacute;a del  derecho</i>. Santiago: Editorial Jur&iacute;dica de Chile, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000036&pid=S0120-0062201200030002100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Villavicencio, L. &quot;El constructivismo  kantiano seg&uacute;n Rawls como fundamento   de los derechos humanos&quot;. <i>Fr&oacute;nesis</i>17/1 (2010):  23-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000038&pid=S0120-0062201200030002100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p> <hr size="1" />     <p  align="right"><b>LUIS VILLAVICENCIO MIRANDA</b><br />   Universidad  de Valpara&iacute;so /<br /> Universidad Diego Portales - Chile<br /> <a href="mailto:luis.villavicencio@uv.cl"><i>luis.villavicencio@uv.cl</i></a></p> </font>      ]]></body><back>
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