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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana"> </font>     <p  align="center"><font size="3" face="verdana"><b>Vanzago, Luca</b>. <br />   <i>Breve historia del alma</i>, De Ruschi, M. J. (trad.). <br />   Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2011. 286 pp.</font></p> <font size="2" face="verdana"> <hr size="1">     <p  align="justify">Hoy en d&iacute;a la mayor&iacute;a de los cursos de filosof&iacute;a de la mente, as&iacute; como los  libros de texto, antolog&iacute;as e historias recientes sobre el tema, suelen  comenzar con el dualismo sustancial de Descartes, dando por sentado que &eacute;l fue  el primero en pensar el tema de la mente, y que antes de &eacute;l nadie pens&oacute; los  problemas relacionados con las preguntas acerca de la naturaleza y del  conocimiento de la mente. &iquest;Es esto correcto? Todos los fil&oacute;sofos que pensaron  algunos de los mismos problemas en t&eacute;rminos de &quot;alma&quot;, antes de Descartes, &iquest;no  deber&iacute;an de ser considerados, de alg&uacute;n modo, como fil&oacute;sofos de la mente?  Pensemos, por un lado, que Descartes mismo sigue utilizando la terminolog&iacute;a del  alma en su filosof&iacute;a y, por otro, que muchos de los fil&oacute;sofos precartesianos  abordaron algunos de los mismos problemas que posteriormente abordar&iacute;a la  moderna filosof&iacute;a de la mente, como la naturaleza de las sensaciones, las  pasiones e incluso la intencionalidad de lo mental (estos &uacute;ltimos t&eacute;rminos que  Brentano tom&oacute; de los medievales).</i></p>     <p  align="justify">Descartes marca un viraje  en la historia de la filosof&iacute;a en muchos sentidos, y ciertamente con &eacute;l empieza  a cambiar el discurso del alma por uno cada vez m&aacute;s centrado en el concepto de  mente. Aunque sigue utilizando el discurso del alma, Descartes empieza a  concebirla de un modo completamente distinto a como se hab&iacute;a concebido antes:  por principio, es probable que &eacute;l sea uno de los primeros fil&oacute;sofos en  introducir el t&eacute;rmino &quot;mente&quot; en su filosof&iacute;a, d&aacute;ndole un significado distinto  al de &quot;alma&quot;. Pero m&aacute;s all&aacute; de la terminolog&iacute;a, Descartes es el primero en  pensar que la caracter&iacute;stica esencial de la mente es la conciencia, y esto ya  marca una diferencia crucial con respecto al discurso acerca del alma que le  hab&iacute;a precedido. Nadie antes de &eacute;l hab&iacute;a hecho de la conciencia el rasgo  esencial del alma. Nadie hab&iacute;a dado tampoco el giro epist&eacute;mico que &eacute;l dio para  abordar uno de los problemas centrales de la metaf&iacute;sica: el problema  mente-cuerpo. Este asunto tiene que ver con cu&aacute;l sea la relaci&oacute;n de los  fen&oacute;menos mentales con los f&iacute;sicos, es decir, de la mente (o el alma) con el  cuerpo. Descartes determina las caracter&iacute;sticas esenciales de la sustancia  pensante y de la extensa a partir del conocimiento que tenemos de ellas. Sin  embargo, a pesar de los intentos de Descartes de dudar completamente de todos  los conocimientos anteriores, de hacer tabla rasa del pasado y de empezar a  partir de una base cierta e indubitable, su filosof&iacute;a es heredera de buena  parte de la teorizaci&oacute;n anterior acerca del alma, particularmente del dualismo  que, de un modo u otro, ha estado casi siempre presente en el discurso sobre  aquella.</p>     <p  align="justify">En todo caso, Descartes inaugura un nuevo modo de pensar acerca del alma,  mucho m&aacute;s cercano a nuestro discurso contempor&aacute;neo acerca de la mente, y por  eso solemos empezar con &eacute;l los libros, las antolog&iacute;as y los cursos de filosof&iacute;a  de la mente, y no, por ejemplo, con los antiguos griegos o con los medievales,  que le atribu&iacute;an al alma caracter&iacute;sticas radicalmente distintas de aquellas con  las que hoy pensamos sobre la mente.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1" title="" id="_ftnref1"><sup>1</sup></a> La cuesti&oacute;n es saber si al hablar  estos &uacute;ltimos de &quot;alma&quot; y nosotros de &quot;mente&quot;, estamos hablando de lo mismo. En  los hechos parecemos dar por sentado que no hablamos de lo mismo: solemos  pensar que &quot;alma&quot; es un concepto de corte religioso o un sobreviviente en el  lenguaje com&uacute;n de una concepci&oacute;n que ya est&aacute; superada y que no tiene mucho que  ver con nuestro concepto cient&iacute;fico de lo que es la mente. Por eso, la  filosof&iacute;a de la mente contempor&aacute;nea, pero tambi&eacute;n la psicolog&iacute;a, las ciencias  cognitivas y las neurociencias han erradicado completamente el concepto de alma  de su terminolog&iacute;a; y por eso la historia de la filosof&iacute;a de la mente no  empieza con los fil&oacute;sofos precartesianos que hablaban del alma.</p>     <p  align="justify">Sin embargo, tambi&eacute;n hay que decir que, dado que muchos de los fil&oacute;sofos  antiguos y medievales se refirieron a diversos temas que hoy en d&iacute;a se abordan  en la filosof&iacute;a de la mente, no nos parece tan extra&ntilde;o que muchos autores  actuales los incluyan en historias de la filosof&iacute;a de la mente o de la  psicolog&iacute;a, o que se hable, por ejemplo, de la filosof&iacute;a de la mente helenista,  cuando en realidad los estoicos y los epic&uacute;reos estaban hablando del alma. No  obstante, proceder de modo contrario, es decir, incluir a los neurocient&iacute;ficos  y a los cient&iacute;ficos cognitivos contempor&aacute;neos en una historia del concepto del  alma nos parece extra&ntilde;o, y seguramente los primeros en protestar ser&iacute;an ellos  mismos. Esto puede deberse a que: a) el concepto de mente es m&aacute;s amplio que el  de alma, en el sentido de que recoge temas abordados por los te&oacute;ricos del alma,  mientras que este &uacute;ltimo concepto no comprende temas recogidos por el concepto  de mente; b)&nbsp;el concepto de alma tiene connotaciones religiosas y  metaf&iacute;sicas, que el concepto de mente no necesariamente tiene, y eso permite  que podamos hablar de la mente sin esas connotaciones, pero no a la inversa.  Por ejemplo, entre las connotaciones religiosas o metaf&iacute;sicas que el concepto  de alma suele tener est&aacute; la idea de su inmortalidad con respecto al cuerpo, por  el contrario, el concepto de mente no necesariamente tiene este tipo de  connotaciones; c)&nbsp;dadas esas connotaciones, el concepto de alma, como un  concepto explicativo, le presenta a la ciencia (a las neurociencias, pero  tambi&eacute;n a la psicolog&iacute;a) m&aacute;s problemas de los que resuelve. Pensemos  simplemente en los conocidos problemas del dualismo interaccionista de Descartes,  como el de explicar la forma en que dos sustancias radicalmente distintas, una  material y otra inmaterial, puedan interactuar. Su incapacidad para explicar no  s&oacute;lo la interacci&oacute;n, sino muchos otros fen&oacute;menos relacionados (las acciones  intencionales, la percepci&oacute;n, la identidad personal, la libertad de la  voluntad, etc.), coadyuvaron a que se abandonara el muy cargado concepto de  alma a favor del m&aacute;s neutral concepto de mente.</p>     <p  align="justify">En su <i>Breve historia del alma</i>, el fil&oacute;sofo  italiano Luca Vanzago sostiene que el discurso antiguo sobre el alma y el  moderno discurso sobre la mente se refieren a lo mismo; que de alg&uacute;n modo hay  continuidad entre estos dos conceptos, y que se puede trazar una historia que  comienza con los elementos m&iacute;tico-religiosos en el discurso del alma, que sigue  a trav&eacute;s de la filosof&iacute;a antigua, pasa por medievales y modernos, por Kant y el  idealismo alem&aacute;n, por la psicolog&iacute;a del siglo XIX,  por Freud, por la fenomenolog&iacute;a husserliana y por el existencialismo, para  terminar con la filosof&iacute;a anal&iacute;tica, las ciencias cognitivas y las neurociencias.  De hecho, parece sostener que el concepto de mente se puede absorber completamente  en el de alma; porque de otro modo no se explica uno afirmaciones como esta,  referida a las neurociencias: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">Lo que se puede decir es  que el concepto de alma est&aacute; resurgiendo con una fuerza que era insospechable  s&oacute;lo unos a&ntilde;os atr&aacute;s. Si por tal concepto se entiende, como se ha intentado  hacer en este trabajo, un campo sem&aacute;ntico abierto (que incluye problem&aacute;ticas  diversas y quiz&aacute;s a veces heterog&eacute;neas, pero conectadas entre s&iacute; por la  cuesti&oacute;n central de la 'autointerrogaci&oacute;n'), entonces es evidente que ese campo  no s&oacute;lo no ha agotado sus propias fuerzas, sino, por el contrario, parece  reencontrarlas y recibir otras nuevas. Bastar&iacute;a evocar el fascinante  descubrimiento de las neuronas espejo. (277)</p> </blockquote>     <p  align="justify">Sospecho que a Giacomo Rizzolati, el neurofisi&oacute;logo que descubri&oacute; las  neuronas espejo, le sorprender&iacute;a saber que ha ayudado al resurgimiento del  concepto de alma. Igualmente, al hablar sobre Jerry Fodor, Vanzago nos dice que  &quot;la psicolog&iacute;a es irreductible a la neurolog&iacute;a, aunque no requiere una  metaf&iacute;sica del alma como contenido&quot; (251). Es indudable que Fodor est&aacute; de  acuerdo en que la psicolog&iacute;a no requiere ninguna metaf&iacute;sica del alma, pero  estoy seguro de que esta aclaraci&oacute;n le resultar&iacute;a muy extra&ntilde;a.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">Creo que Vanzago est&aacute;  equivocado y que no podemos ni debemos tomar como sin&oacute;nimos los t&eacute;rminos  &quot;mente&quot; y &quot;alma&quot; (e incluso &quot;esp&iacute;ritu&quot;). &Eacute;l est&aacute; consciente de esto, por  ejemplo, cuando afirma que </p>     <blockquote>       <p  align="justify">los t&eacute;rminos que en el curso de los siglos primero han acompa&ntilde;ado y  luego han sustituido el antiguo t&eacute;rmino &quot;alma&quot; (como, por ejemplo, mente,  psique, conciencia, subjetividad, yo, identidad, per   sona y otros m&aacute;s) no negaron el sentido profundo de la interrogaci&oacute;n sobre s&iacute;  mismo que realiza el ser humano. (11) </p> </blockquote>     <p  align="justify">O cuando nos dice: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">El t&eacute;rmino mismo &quot;alma&quot; parece perder peso y consistencia, a favor de  sin&oacute;nimos s&oacute;lo aparentes, que en realidad son traducciones parciales y  fraccionamientos de un complejo sem&aacute;ntico cargado de matices. El resurgimiento  de una conciencia de la complejidad del problema, que todav&iacute;a no es plena, pero  que se percibe apremiante, es quiz&aacute;s la marca de la &eacute;poca actual y de su  recuperaci&oacute;n del antiguo t&eacute;rmino, que vuelve a la luz despu&eacute;s de un eclipse de  siglos. (15) </p> </blockquote>     <p  align="justify">&iquest;Son sin&oacute;nimos aparentes,  traducciones parciales? Puede ser. Lo que no resulta convincente, a partir de  su historia, es que estemos recuperando el antiguo t&eacute;rmino &quot;alma&quot;, despu&eacute;s de  haberse eclipsado. Si es de la mente de lo que estamos hablando, el concepto  nunca se eclips&oacute; &minus;y probablemente tampoco el de alma, s&oacute;lo que en otros  contextos&minus;.</p>     <p  align="justify">Vanzago reconoce que el  t&eacute;rmino &quot;alma&quot; ha sido sustituido y, sin embargo, insiste en seguir utilizando  este t&eacute;rmino tan cargado para darle sentido y unidad a su historia. Otros que  han hecho historias similares del concepto de alma han sido menos ambiciosos &ndash;o  m&aacute;s realistas&ndash; y han preferido terminar su historia en alg&uacute;n punto de la &eacute;poca  moderna, que es cuando realmente el concepto de alma se sustituye por el de  mente.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2" title="" id="_ftnref2"><sup>2</sup></a> Muchas de las razones para pensar que cuando hablamos de mente no  estamos hablando del alma se encuentran en el propio libro de Vanzago. El  concepto de alma se us&oacute; inicialmente, en muchas concepciones religiosas y  prefilos&oacute;ficas, en el sentido de soplo o aliento vital que da vida a los  cuerpos que anima. De hecho, esta idea del alma no era extra&ntilde;a a concepciones  animistas del mundo, que pensaban que distintos objetos o fen&oacute;menos naturales  (como el &aacute;rbol, el cielo o el rayo) estaban animados o pose&iacute;an un alma propia.  Todo esto cabe en el concepto de alma, pero no en el de la mente. Por ejemplo,  no cabe en ninguna de las distintas concepciones del concepto de mente un  paralelismo como el que Vanzago hace entre la noci&oacute;n indoeuropea del alma y la  de Homero: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">en ambos casos, el alma  est&aacute; localizada en una parte del cuerpo que no queda claramente especificada;  est&aacute; inactiva cuando el cuerpo act&uacute;a; puede abandonar al cuerpo en estados  particulares, como un desmayo; no tiene conexiones f&iacute;sicas directas; constituye  una precondici&oacute;n para la continuaci&oacute;n de la vida, en el sentido de que si se  pierde la <i>psykh&eacute;</i>, el cuerpo no sobrevive;  representa, por &uacute;ltimo, al individuo despu&eacute;s de su muerte. (24)</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">Tampoco cabe en el  concepto de mente la noci&oacute;n pre-existencialista del alma que encontramos en  Plat&oacute;n, seg&uacute;n la cual las almas existen antes de informar el cuerpo y se  incorporan a &eacute;l en alg&uacute;n momento de la gestaci&oacute;n. Ciertamente, tampoco creo que  haya modo de que la idea de la inmortalidad del alma &ndash;en sus versiones plat&oacute;nicas  o religiosas&ndash; quepa en ninguna de las distintas concepciones modernas de la  mente. Ni qu&eacute; decir de la idea de la reencarnaci&oacute;n o de la transmigraci&oacute;n de  las almas. Y no se trata solamente de distintas concepciones de un mismo  concepto, sino de conceptos que tienen distintos campos sem&aacute;nticos &ndash;no tan  abiertos como Vanzago quiere hacernos creer&ndash;.</p>     <p  align="justify">Es cierto que solemos  pensar el alma m&aacute;s o menos en los t&eacute;rminos que nos hered&oacute; el cristianismo: una  entidad o sustancia inmaterial que nos da vida, que es distinta al cuerpo, pero  que es el principio de la sensibilidad y de la racionalidad, y que puede  pervivir m&aacute;s all&aacute; de la vida y de la descomposici&oacute;n del cuerpo. Indudablemente,  un concepto as&iacute; no cabe bajo ninguna concepci&oacute;n moderna de lo que es la mente. Sin  embargo, uno de los logros del libro de Vanzago es el de mostrarnos que ni en  la Antig&uuml;edad ni en el Medievo hubo una sola concepci&oacute;n acerca del alma. No es  igual la concepci&oacute;n hom&eacute;rica del alma que la plat&oacute;nica, ni esta que la  aristot&eacute;lica. Mientras que Plat&oacute;n sostiene una separaci&oacute;n ontol&oacute;gica entre el  alma y el cuerpo, para Arist&oacute;teles no hay separaci&oacute;n. Arist&oacute;teles critica la  idea plat&oacute;nica de la trascendencia absoluta del mundo ideal y de la separaci&oacute;n  ontol&oacute;gica entre cuerpo y alma, y le contrapone una unidad esencial de forma y  materia en el ser humano. El alma es la forma del cuerpo y estas dos est&aacute;n  indisolublemente unidas. Esto tiene como consecuencia un dualismo de tipo muy  distinto del plat&oacute;nico o del cartesiano. Usualmente pensamos en el dualismo a  partir de estos dos &uacute;ltimos, pero se nos olvida que hay distintos tipos de  dualismo y el hilem&oacute;rfico aristot&eacute;lico es uno de ellos &ndash;es el que, por cierto,  influir&aacute; m&aacute;s sobre el escolasticismo tomista del catolicismo&ndash;. Es dualista,  porque sigue pensando el alma y el cuerpo como dos principios metaf&iacute;sicos de  distinta naturaleza, aunque no como dos <i>sustancias </i>diferentes,  como lo har&aacute; posteriormente el dualismo cartesiano. Por otro lado, Arist&oacute;teles  sigue pensando el alma en relaci&oacute;n con lo &quot;'divino', con lo eterno y lo  inmutable&quot;, en un sentido similar a como lo hab&iacute;a hecho Plat&oacute;n. Asimismo, sigue  a Plat&oacute;n en su divisi&oacute;n tripartita del alma y distingue un alma vegetativa  (destinada a la nutrici&oacute;n y a la reproducci&oacute;n), una sensible (que compartimos  con los animales y que tiene funciones de percepci&oacute;n e imaginaci&oacute;n) y una  racional o intelectiva (que es propia de los seres humanos). Esta divisi&oacute;n  tambi&eacute;n la har&aacute;n los escol&aacute;sticos, pero se perder&aacute; en la Modernidad, con el  abandono filos&oacute;fico del concepto de alma.</p>     <p  align="justify">Las concepciones del alma  de Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles tambi&eacute;n son muy diferentes de las helenistas; por  mencionar s&oacute;lo dos, la epic&uacute;rea y la neoplat&oacute;nica. Epicuro sosten&iacute;a una visi&oacute;n  materialista y atomista del mundo y, por consiguiente, tambi&eacute;n del alma: aunque  el alma es distinta del cuerpo, cuando este perece, muere tambi&eacute;n el alma. No  hay inmortalidad del alma, lo cual obviamente tiene implicaciones sobre temas  como el sentido de la vida y la moralidad. Y nada pod&iacute;a ser m&aacute;s distinto a la  concepci&oacute;n epic&uacute;rea del alma que la visi&oacute;n neoplat&oacute;nica que encontramos en  Plotino: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">&#91;E&#93;n vez de decir que el  alma est&aacute; en el cuerpo, sostiene que el cuerpo est&aacute; en el alma &#91;...&#93;. El alma es  una sola, y como tal, el resultado de un proceso que parte del Uno, como un  rayo de luz que emana del sol. Este rayo de luz pierde progresivamente  esplendor y claridad a medida que se aleja de su origen, como tambi&eacute;n pierde  consistencia. El alma incorporada es, por lo tanto, casi un simulacro de ese  origen. Pero puede reconquistarse a s&iacute; misma y a su verdadera naturaleza si abandona  las apariencias, es decir, la corporeidad, y recupera su propia y verdadera  realidad, que ha quedado olvidada en cuanto tal y que, por lo tanto, hay que  redescubrir. (56)</p> </blockquote>     <p  align="justify">Una concepci&oacute;n como esta no s&oacute;lo nos deja perplejos a nosotros, sino que  tambi&eacute;n dej&oacute; perplejos a muchos co   mentaristas antiguos. Sin embargo,    oiremos ecos de estas ideas en las con   cepciones renacentistas del alma, par   ticularmente a trav&eacute;s del hermetismo.</p>     <p  align="justify">El cristianismo nos presenta el cambio m&aacute;s radical con respecto a las  perspectivas del alma en la Antig&uuml;edad: para griegos y romanos antiguos, el  cuerpo es mortal y corruptible, pero no es la sede del mal, como lo ser&aacute; para  los cristianos. Para estos &uacute;ltimos, la carne es considerada pecaminosa por  naturaleza; la muerte implica el regreso del cuerpo a la tierra, y el alma  regresa a Dios, que fue quien la cre&oacute; (o, en su caso, va al infierno). La  muerte &quot;es el camino a la inmortalidad, el premio a la virtud&quot; (59). Pero con  el cristianismo tambi&eacute;n surgen otros rasgos que hoy en d&iacute;a pensamos que son  caracter&iacute;sticos del alma: su realidad y su individualidad personal originarias,  que derivan directamente de la creaci&oacute;n divina; la carga moral que se le asigna  al alma, sobre todo en su relaci&oacute;n con el cuerpo. Es en conexi&oacute;n con la  dimensi&oacute;n moral del alma que surgen en el cristianismo los conceptos de cielo e  infierno (y muy posteriormente, en los principios de la Baja Edad Media, el  purgatorio), como lugares a donde las almas van y reciben un premio o un  castigo por las acciones que han realizado en este mundo. La carga moral que el  cristianismo le asigna al m&aacute;s all&aacute; es algo que el mundo cl&aacute;sico nunca le dio al  Hades, que era simplemente la morada de los muertos. Sin embargo, la discusi&oacute;n  del cristianismo sobre la vida del alma m&aacute;s all&aacute; de la muerte es algo que est&aacute;  ausente del libro de Vanzago. Ese es un defecto del libro, y un defecto que se  debe, me parece, a que se centra casi exclusivamente en la exposici&oacute;n de las  teor&iacute;as del alma que encontramos en fil&oacute;sofos particulares (ni siquiera en  poetas, como en el caso de Dante, que es quien vendr&iacute;a aqu&iacute; m&aacute;s a cuento), y no  siempre enmarca a estos fil&oacute;sofos dentro del movimiento del esp&iacute;ritu (usando el  t&eacute;rmino en su sentido hegeliano) del que forman parte.</p>     <p  align="justify">Vanzago sigue el recorrido  del concepto del alma a lo largo de la Modernidad, primero que nada a trav&eacute;s de  la filosof&iacute;a de Descartes. Creo, como he tratado de hacerlo ver antes, que  Descartes no es un autor m&aacute;s en la historia del concepto del alma, y eso no es  del todo claro en las p&aacute;ginas que Vanzago le dedica. En particular, en el  cap&iacute;tulo en que se expone su teor&iacute;a, titulado &quot;La revoluci&oacute;n cient&iacute;fica y las  modernas concepciones filos&oacute;ficas del alma&quot;, no se ve claramente la transici&oacute;n  entre el concepto de alma y el de mente, el progresivo abandono de la  terminolog&iacute;a del alma, quiz&aacute;s debido a que Vanzago sostiene que durante ese  tiempo y hasta el siglo XXI se ha seguido  hablando de alma. Pero, a pesar de todo, los mismos fil&oacute;sofos que &eacute;l aborda van  cambiando su terminolog&iacute;a, y eso va sucediendo paulatinamente a trav&eacute;s de las  obras de Spinoza, Leibniz, Locke, Berkeley y, particularmente, Hume. A partir  de una posici&oacute;n empirista del conocimiento, Hume hace una cr&iacute;tica radical a la  tesis ontol&oacute;gica de la sustancialidad del alma. No hay tal cosa como un alma  que conforme nuestra identidad personal a trav&eacute;s del tiempo, sino s&oacute;lo una  colecci&oacute;n de percepciones interconectadas con cierta coherencia; t&eacute;rminos como  &quot;alma&quot;, &quot;yo&quot;, &quot;mente&quot; o &quot;persona&quot; se refieren a esa colecci&oacute;n de percepciones y  no a una sustancia o entidad con estatuto ontol&oacute;gico, como quer&iacute;an Descartes y  otros te&oacute;ricos del alma inmaterial. Con Kant es claro que el discurso del alma  va de salida en la filosof&iacute;a. Las contadas menciones al tema del alma en la <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</i> est&aacute;n muy acotadas dentro de  discusiones que, en otro tiempo, se hubieran puesto en t&eacute;rminos de la  naturaleza intelectiva del alma o de las facultades del alma. Kant no lo hace  as&iacute;, y las cuestiones de los l&iacute;mites de la raz&oacute;n pura, de la naturaleza de la  experiencia, de la est&eacute;tica trascendental, de las categor&iacute;as, etc., no est&aacute;n  enmarcadas en la discusi&oacute;n sobre el alma. El concepto trascendental del sujeto  no es equivalente al concepto del alma. Ni el idealismo alem&aacute;n ni los fil&oacute;sofos  posteriores durante el siglo XIX volvieron a la  preocupaci&oacute;n anterior por el alma. Al contrario, algunos de ellos prefirieron  deshacerse del concepto, como en el caso de Nietzsche, quien afirma en <i>As&iacute; habl&oacute; Zaratustra</i>: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">A los despreciadores del cuerpo  quiero decirles mi palabra. No deben aprender ni ense&ntilde;ar otras doctrinas, sino  tan s&oacute;lo decir adi&oacute;s a su propio cuerpo &ndash;y as&iacute; enmudecer. &quot;Cuerpo soy yo y  alma&quot; &ndash;as&iacute; habla el ni&ntilde;o. &iquest;Y por qu&eacute; hablar como los ni&ntilde;os? Pero el despierto,  el sapiente, dice: cuerpo soy yo &iacute;ntegramente, y ninguna otra cosa; y alma es  s&oacute;lo una palabra para designar algo en el cuerpo. (Nietzsche 64)</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">En la segunda parte de <i>Una breve historia del alma</i>,  parece cada vez m&aacute;s claro que los fil&oacute;sofos positivistas del siglo XIX, con el surgimiento de la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica, ya no  hablaban del alma. El t&eacute;rmino hab&iacute;a desaparecido por completo de su  vocabulario. Hablaban de la mente y de una &quot;psicolog&iacute;a sin alma&quot; (146). La  ciencia abandona ese concepto y la cuesti&oacute;n de la existencia del alma  constituye, seg&uacute;n William James, una cuesti&oacute;n privada. Con muchas teor&iacute;as  filos&oacute;ficas durante el siglo XX sucede lo mismo.  La fenomenolog&iacute;a de Husserl, con sus pretensiones de cientificidad, renuncia  casi completamente al concepto de alma. Si ocasionalmente Husserl lo usa, se  trata de un t&eacute;rmino experiencial, sin ninguna implicaci&oacute;n metaf&iacute;sica. El alma  es la mente, la conciencia, lo subjetivo como tal. Lo mismo suceder&aacute; con  quienes se mueven bajo su influencia, como M. Merleau-Ponty, J. P. Sartre y M. Heidegger.  Aunque, particularmente en el caso de Heidegger, uno se pregunta si su teor&iacute;a  tendr&iacute;a que aparecer en un libro como este de filosof&iacute;a de la mente o del alma.  Su tema es la ontolog&iacute;a del ser humano, no propiamente su psique. Pero tal vez  lo mismo pueda decirse de otros fil&oacute;sofos que aparecen en el libro,  especialmente en la segunda mitad.</p>     <p  align="justify">Vanzago dedica el cap&iacute;tulo  final de su libro a un recuento de las principales teor&iacute;as dentro de la  filosof&iacute;a anal&iacute;tica de la mente. En algunos casos no es clara la inclusi&oacute;n de  algunos autores, como G. Frege, quien no aborda el tema de lo mental  propiamente dicho en su obra. Sin embargo, Vanzago hace un repaso bastante  completo de las teor&iacute;as de B. Russell, L. Wittgenstein, G. Ryle (quien  seguramente tambi&eacute;n se hubiera escandalizado de ver su nombre en un libro sobre  la historia del alma), W. van O. Quine, D. Davidson con su monismo an&oacute;malo, H.  Putnam y su funcionalismo, D. M. Armstrong, D. Lewis y otros te&oacute;ricos de la  identidad. Es tambi&eacute;n interesante la discusi&oacute;n de los Churchland sobre el  materialismo eliminativista, quienes seguramente piensan que el concepto de  alma est&aacute; lo suficientemente infectado de error como para eliminarlo, en lugar  de tratar de dar una teor&iacute;a coherente sobre su uso. Pero los Churchland van m&aacute;s  all&aacute; y proponen el completo abandono de toda la terminolog&iacute;a de la psicolog&iacute;a  popular, incluido el concepto de mente. En fin, el recuento en este cap&iacute;tulo  incluye tambi&eacute;n a R. Rorty, S. A. Kripke, Th. Nagel, F. C. Jackson, J. Searle,  D. C. Dennett, J. Fodor, D. Chalmers y F. Varela. Muchos de ellos tienen en  com&uacute;n su rechazo a un dualismo sustancial como el que est&aacute; impl&iacute;cito en la idea  del alma; la mayor&iacute;a de estos pensadores sostiene que la mente es b&aacute;sicamente  un fen&oacute;meno f&iacute;sico o biol&oacute;gico: que la mente es el cerebro &ndash;aunque algunos de  ellos defienden formas de un dualismo de propiedades que se resiste a asimilar  completamente todas las propiedades mentales (en particular la conciencia) a  estados fisicoqu&iacute;micos o neurofisiol&oacute;gicos del cerebro&ndash;.</p>     <p  align="justify">Es muy impresionante la  capacidad de Vanzago para presentar claramente las teor&iacute;as de tantos fil&oacute;sofos,  y es admirable su habilidad para sintetizar tantas teor&iacute;as. En algunos casos,  las presentaciones pueden no ser todo lo fieles o completas que uno quisiera,  pero da un panorama bastante completo de las discusiones sobre el alma y la  mente, y sin duda nos hace reflexionar sobre asuntos como los que he planteado  al inicio de esta nota. Sin embargo, se echa de menos la presentaci&oacute;n de  figuras como Franz Brentano, de quien se hacen muchas menciones, pero cuya  teor&iacute;a de la intencionalidad, que tanto influy&oacute; a fenomen&oacute;logos y anal&iacute;ticos,  ni se presenta ni se discute. Tambi&eacute;n se extra&ntilde;a el innatismo de Noam Chomsky.  Y puesto que el concepto de alma que maneja Vanzago es tan amplio, uno tambi&eacute;n  podr&iacute;a esperar la presentaci&oacute;n de teor&iacute;as psicol&oacute;gicas como la <i>Gestalt</i>, la de Jean Piaget, Lev Vigotsky, los distintos  conductismos psicol&oacute;gicos o los psicoanalistas posfreudianos, entre muchos  otros.</p>     <p  align="justify">No obstante sus muchas virtudes,  una buena parte del libro es meramente expositiva, y en ocasiones uno tiene la  impresi&oacute;n de estar leyendo presentaciones aisladas de las teor&iacute;as de los  distintos fil&oacute;sofos, o m&aacute;s o menos interconectadas entre s&iacute;, m&aacute;s que una  narrativa continua de la historia de un s&oacute;lo concepto, el del alma. Otra  impresi&oacute;n que uno no puede dejar de tener es que, en muchos casos, se nos est&aacute;n  presentando exposiciones de segunda mano. Esto se debe a que hay muy pocas  citas textuales de los autores tratados y a que, en cambio, al inicio de cada  secci&oacute;n hay largas notas al pie de p&aacute;gina con la bibliograf&iacute;a secundaria que se  ha consultado y que se recomienda. De cualquier manera, se trata de un libro  muy interesante, ameno y bien escrito; un libro que cualquier persona interesada  en temas de historia de la filosof&iacute;a, metaf&iacute;sica o filosof&iacute;a de la mente  deber&iacute;a leer.</p> <hr size="1">     <p  align="justify"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1" title="" id="_ftn1">1</a>  Sobre esta invenci&oacute;n  de la mente, v&eacute;ase    el cap&iacute;tulo 1 del libro <i>Philosophy and the  Mirror of Nature</i> (Princeton: Princeton University Press, 1979) de  Richard Rorty, titulado precisamente &quot;The Invention of the Mind&quot;.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2" title="" id="_ftn2">2</a>  V&eacute;ase,  por ejemplo, el libro de Paul MacDonald, <i>History of the  Concept of Mind: Speculations About Soul, Mind, and Spirit from Homer to Hume</i> (Farnham: Ashgate, 2003). Recientemente, y como  coincidencia, se public&oacute; en ingl&eacute;s un libro con el mismo t&iacute;tulo que el libro de  Vanzago, <i>A Brief History of the Soul</i>, de Stewart  Goetz y Charles Taliaferro (Oxford: Wiley-Blackwell, 2011), que tambi&eacute;n abarca  desde Plat&oacute;n hasta la filosof&iacute;a de la mente contempor&aacute;nea, pero, que en vez de  integrar la filosof&iacute;a de la mente a la del alma, se pregunta cu&aacute;les son los  desaf&iacute;os que la ciencia contempor&aacute;nea le plantea al concepto de alma. Owen Flanagan tambi&eacute;n se hace cargo  de estos desaf&iacute;os en <i>The Problem of the Soul: Two Visions  of Mind and How to Reconcile Them</i> (New York: Basic Books, 2002).</p> <hr size="1">     <p  align="justify"><b>Bibliograf&iacute;a </b></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Nietzsche, F. <i>As&iacute; habl&oacute; Zaratustra</i>, </i>S&aacute;nchez-Pascual, A. (trad.). Madrid: Alianza Editorial, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000040&pid=S0120-0062201300010001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> <hr size="1">     <p  align="right"><b>GUSTAVO ORTIZ-MILL&Aacute;N<br />   </b>Universidad  Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico<br /> <a href="mailto:gmom@filosoficas.unam.mx"><i>gmom@filosoficas.unam.mx</i></a></p> </font>     ]]></body>
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