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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana"> </font>     <p  align="center"><font size="3" face="verdana"><b>GUILLERMO  HOYOS V&Aacute;SQUEZ<br />   (1935-2013)</b> </font></p> <font size="2" face="verdana"></font>     <p  align="center"><font size="2" face="verdana"><i><font size="3">In memoriam</font><a href="#_ftn1" name="_ftnref1" title="" id="_ftnref1"><sup>1</sup></a></i></font></p> <font size="2" face="verdana"> <hr size="1">     <p  align="justify">En la escena filos&oacute;fica  hispanoparlante, sin duda Guillermo Hoyos V&aacute;squez ha sido uno de los pensadores  colombianos con mayor reconocimiento nacional e internacional. A trav&eacute;s de sus  c&aacute;lidos seminarios filos&oacute;ficos en la Universidad Nacional de Colombia y la  Pontificia Universidad Javeriana, sus brillantes exposiciones en foros  acad&eacute;micos del pa&iacute;s y del extranjero, sus siempre informados y profundos  textos, contribuy&oacute; como pocos a la formaci&oacute;n filos&oacute;fica y human&iacute;stica de varias  generaciones de estudiantes colombianos y latinoamericanos, influencia que, a  trav&eacute;s de sus escritos y de sus disc&iacute;pulos, sin duda perdurar&aacute; en el futuro.  Adem&aacute;s, por medio de la labor que desempe&ntilde;&oacute; en el Consejo Nacional de  Acreditaci&oacute;n y en otras instituciones p&uacute;blicas y privadas, de su participaci&oacute;n  en redes investigativas como la de educaci&oacute;n en valores de la Organizaci&oacute;n de  Estados Iberoamericanos (OEI) y la de filosof&iacute;a pol&iacute;tica  del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO),  y de sus constantes intervenciones en defensa de la libertad y la justicia en  la sociedad colombiana, fue art&iacute;fice de una conciencia cr&iacute;tica en el pa&iacute;s,  condici&oacute;n indispensable, seg&uacute;n &eacute;l mismo se&ntilde;alaba, para que edifiquemos una  genuina democracia. </p>     <p  align="justify">Estas entrevistas, realizadas en el  momento en que Hoyos estaba culminando su fruct&iacute;fero magisterio en la Facultad  de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, dejan por fuera su  &uacute;ltima etapa en la Universidad Javeriana, no menos brillante. Al frente del  Instituto Pensar y, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, del Instituto de Bio&eacute;tica de dicha  universidad, imprimi&oacute; un sello propio en esos dos centros de estudio e  investigaci&oacute;n, pero no porque acaparase la orientaci&oacute;n doctrinal y  disciplinaria de sus actividades, sino porque propici&oacute; el despliegue pluralista  de m&uacute;ltiples discursos acad&eacute;micos y sociales, como los estudios culturales, los  estudios de g&eacute;nero, la bio&eacute;tica sin ataduras cientificistas ni confesionales. </p>     <p  align="justify">&quot;Pensar en p&uacute;blico&quot;, como espacio de  di&aacute;logo abierto que &eacute;l mismo dise&ntilde;&oacute; para dar cabida a diversas expresiones  disciplinarias, ideol&oacute;gicas y culturales, bien podr&iacute;a servir de divisa de lo  que durante toda su trayectoria fue su quehacer filos&oacute;fico de cara a la  ciudadan&iacute;a. Como en los &uacute;ltimos a&ntilde;os gustaba repetir con J. Habermas, en las  democracias no son los gobernantes, pero tampoco los cient&iacute;ficos ni los  fil&oacute;sofos, es la sociedad civil, son los movimientos sociales, son los  ciudadanos unidos por una comunicaci&oacute;n permeable al disenso y a las  diferencias, los que tienen la &uacute;ltima palabra. Potenciando las ense&ntilde;anzas de I.  Kant, para Hoyos filosofar entre nosotros no pod&iacute;a ser otra cosa que ejercer  &quot;el uso p&uacute;blico de la raz&oacute;n&quot;.</p>     <p  align="justify"><b>Formaci&oacute;n  filos&oacute;fica y pol&iacute;tica</b></p>     <p  align="justify"><i>Leonardo Tovar</i>: &iquest;Cu&aacute;l era el ambiente pol&iacute;tico ideol&oacute;gico y partidista en el  seno de su familia? &iquest;Hasta d&oacute;nde persisten o se han transformado estas primeras  influencias?<i> </i></p>     <p  align="justify"><i>Guillermo Hoyos</i>: Soy el &uacute;ltimo hijo de una familia t&iacute;picamente antioque&ntilde;a: padre  de Marinilla, madre de Fredonia, tres hermanos mayores optaron por la vida  religiosa en la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s. Yo har&iacute;a lo mismo. En esta tradici&oacute;n era  obvia una posici&oacute;n pol&iacute;tica conservadora y una formaci&oacute;n ideol&oacute;gica cat&oacute;lica,  acentuada por la educaci&oacute;n impartida por los hermanos de las Escuelas  Cristianas del Instituto San Carlos de Medell&iacute;n y luego por los del Colegio de  los Jesuitas. Este tipo de educaci&oacute;n puede, pienso yo, dejar influencias, en el  sentido de ciertos elementos importantes del comunitarismo contempor&aacute;neo, como  cuestionamiento a las pretensiones dogm&aacute;ticas del racionalismo en moral y  pol&iacute;tica, que pretenden en la modernidad ser la panacea. Hay aspectos de la  formaci&oacute;n cristiana que pueden articularse como sensibilidad moral, solidaridad  con el &quot;otro&quot;, compromiso con la comunidad. Lo cual no quiere decir que estos  aspectos no puedan estar presentes en otras religiones, visiones  omnicomprensivas del bien o ideolog&iacute;as pol&iacute;ticas.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: &iquest;C&oacute;mo  percib&iacute;a durante su ni&ntilde;ez y su juventud el problema de la &quot;violencia&quot; de los  cuarenta y los cincuenta?</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify"><i>G. H.: </i></i>La informaci&oacute;n sobre la violencia pol&iacute;tica de la  &eacute;poca llevaba, en el ambiente descrito, a percibir ese conflicto como una lucha  entre buenos y malos, algo semejante a como se percibi&oacute; la Segunda Guerra  Mundial. No se daban tampoco, en la opini&oacute;n p&uacute;blica de la sociedad antioque&ntilde;a,  elementos para analizar el problema desde sus ra&iacute;ces econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas o  ideol&oacute;gicas. Pienso que una de las deficiencias de la educaci&oacute;n es que no  proporcione esta clase de elementos de juicio, necesarios en los ni&ntilde;os y en  los j&oacute;venes para el desarrollo de sus criterios y de su autonom&iacute;a, y para  acceder a la mayor&iacute;a de edad.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: &iquest;Qu&eacute;  orientaci&oacute;n pol&iacute;tica ideol&oacute;gica recibi&oacute; durante sus a&ntilde;os de formaci&oacute;n como  jesuita?</i> </p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>La formaci&oacute;n de los jesuitas en los a&ntilde;os cincuenta era  fundamentalmente conservadora y marcadamente &quot;cat&oacute;lica&quot;, tradicionalista.  Recuerdo todav&iacute;a las reacciones frente al 9 de Abril de 1948, vivido en la  Escuela Apost&oacute;lica del Morti&ntilde;o, cerca de Zipaquir&aacute;. Era la chusma y los  comunistas (no muy lejanos del liberalismo) quienes pretend&iacute;an tomarse mediante  la revoluci&oacute;n el poder y perseguir a la Iglesia. El argumento apolog&eacute;tico de  la &uacute;nica religi&oacute;n es quiz&aacute;s el que m&aacute;s se me ha grabado en la memoria y, por  ello, el que m&aacute;s rechazo hoy. Esto se expresaba de manera muy marcada en el  sentido que se daba en ese entonces a la evangelizaci&oacute;n por parte de la  religi&oacute;n cat&oacute;lica frente a otras iglesias protestantes.</p>     <p  align="justify">En este contexto tradicionalista,  doctrinario y apolog&eacute;tico, es importante analizar el sentido altamente  positivo de la intensa formaci&oacute;n humanista y de una s&oacute;lida disciplina  acad&eacute;mica en &aacute;reas como las ciencias y la filosof&iacute;a. Creo que esta relaci&oacute;n  directa con la cultura universal permit&iacute;a, dentro de los l&iacute;mites ideol&oacute;gicos  anotados, una apropiaci&oacute;n comprensiva, cr&iacute;tica y ponderada de las ideas y movimientos  de la &eacute;poca. Realmente se volv&iacute;a a la mejor y m&aacute;s aut&eacute;ntica tradici&oacute;n de las  humanidades cl&aacute;sicas. Se analizaban los textos &quot;mayores&quot; de la tradici&oacute;n  griega y latina en su lengua original: Homero, S&oacute;focles, Plat&oacute;n, Horacio,  Virgilio, Ovidio, Cicer&oacute;n, C&eacute;sar, Suetonio, etc. La lectura daba campo a la  interpretaci&oacute;n personal y a la discusi&oacute;n, as&iacute; esta no siempre hubiera sido la  m&aacute;s documentada. Esta tradici&oacute;n se complementaba con el conocimiento de los  cl&aacute;sicos de la literatura universal: Cervantes, Schiller, Shakespeare, el  teatro espa&ntilde;ol y el franc&eacute;s, etc. Los estudios de historia del arte, en  especial del arte moderno, con el mejor material disponible en el momento,  fueron una experiencia muy significativa. Se trataba, pues, de una formaci&oacute;n  human&iacute;stica muy completa, con maestros especializados en las diversas &aacute;reas, durante  tres a&ntilde;os de estudio de tiempo completo. A esto se a&ntilde;ad&iacute;a luego un a&ntilde;o dedicado  exclusivamente a las ciencias naturales y tres a&ntilde;os de filosof&iacute;a.</p>     <p  align="justify">Desafortunadamente, la filosof&iacute;a que  se aprend&iacute;a entonces en la formaci&oacute;n sacerdotal no era la mejor. Como lo acabo  de escribir en<i> </i>&quot;Medio siglo de filosof&iacute;a moderna  en Colombia: reflexiones de un participante&quot; &ndash;<i>Revista de  estudios sociales </i>3 (1999)&ndash;:</p>     <blockquote>       <p  align="justify">La  filosof&iacute;a en Colombia todav&iacute;a no se recupera de cierta herencia ib&eacute;rica no  moderna, y menos a&uacute;n de la &eacute;poca de la Regeneraci&oacute;n y de la neoescol&aacute;stica  impulsada por Carrasquilla, cuando, comprometida con el esp&iacute;ritu concordatario  de la educaci&oacute;n cat&oacute;lica, era <i>ancilla</i> <i>theologiae</i>, en &eacute;pocas en que esto significaba m&aacute;s  apolog&eacute;tica que filosof&iacute;a de la religi&oacute;n. Por lo menos hasta iniciados los  a&ntilde;os sesenta, se practic&oacute; no s&oacute;lo en los seminarios, sino tambi&eacute;n en las  universidades donde la Iglesia influ&iacute;a directa o indirectamente, una filosof&iacute;a  neoescol&aacute;stica con m&aacute;s prejuicios que razones. Se trataba de una concepci&oacute;n  m&aacute;s sistem&aacute;tica que hermen&eacute;utica de la filosof&iacute;a: l&oacute;gica y metaf&iacute;sica, teor&iacute;a  del conocimiento, cosmolog&iacute;a, psicolog&iacute;a natural y teolog&iacute;a racional, &eacute;tica  general y especial, historia de la filosof&iacute;a, algunos cursos complementarios  de humanidades. Pero la orientaci&oacute;n sistem&aacute;tica, en lugar de beneficiarse del  m&eacute;todo del an&aacute;lisis, fomentaba el memorismo. La historia de la filosof&iacute;a, m&aacute;s  en b&uacute;squeda de adversarios que de problemas que abrieran la filosof&iacute;a a  preguntas pertinentes, terminaba por ser un resumen de doctrinas y posiciones,  en lugar de llevar a los textos originales. Tampoco la sistem&aacute;tica, as&iacute; fuera  para fortalecer la argumentaci&oacute;n desde los textos cl&aacute;sicos de Arist&oacute;teles,  Agust&iacute;n, Tom&aacute;s o Su&aacute;rez, se apoyaba en las fuentes primarias. Estas eran  reemplazadas por textos tradicionales, orientados a consolidar una doctrina  considerada la de la filosof&iacute;a perenne. Se desperdiciaba as&iacute; la formaci&oacute;n en  filolog&iacute;a cl&aacute;sica, &oacute;ptimo instrumento para interpretar las fuentes, ahora m&aacute;s  bien al servicio de un discurso alejado del lenguaje y de la problem&aacute;tica  filos&oacute;fica contempor&aacute;nea. As&iacute; no se llegaba ni a Plat&oacute;n, ni al neoplatonismo  de San Agust&iacute;n o de Descartes, ni a Arist&oacute;teles, ni al de Tom&aacute;s, ni siquiera  al Tom&aacute;s de Su&aacute;rez, sino al int&eacute;rprete espa&ntilde;ol o romano de toda esa tradici&oacute;n  en t&eacute;rminos de defensa de un sistema que ni te&oacute;rica ni pr&aacute;cticamente era  aut&oacute;nomo, sino que estaba al servicio de una doctrina basada en un dogma que  determinaba el campo tanto de la teor&iacute;a como de la pr&aacute;ctica. All&iacute; no hab&iacute;a  lugar para la aut&eacute;ntica discusi&oacute;n, la que se alimenta de la comprensi&oacute;n del  oponente por parte del proponente; por el contrario, el proceso de  argumentaci&oacute;n era disecado en formalismos programados casi rituales, porque su  objetivo no era encontrar, mucho menos construir verdades, sino demostrarlas,  refutando al oponente. Esto tiene consecuencias graves desde el punto de vista  moral. Si a la raz&oacute;n pr&aacute;ctica se le niega su uso pragm&aacute;tico, que fue lo que  hizo el conservatismo aliado con la Iglesia al desterrar al utilitarismo de la  escuela, y tambi&eacute;n se le niega el uso moral, porque este es tutelado por el  dogma, s&oacute;lo le queda un sentido subjetivo de responsabilidad, que sin el  equilibrio de lo &uacute;til, por un lado, y de lo universalizable, por el otro, termina  por atrincherarse en los moralismos o en las buenas intenciones, sin  posibilidades de incidencia razonable en el espacio p&uacute;blico de la sociedad y  del Estado. La pol&iacute;tica es entonces demonizada, si no se deja instrumentalizar  para los fines de la religi&oacute;n: no queda motivaci&oacute;n posible para un actuar  p&uacute;blico secular y posmetaf&iacute;sico. Entonces no hay que extra&ntilde;arse de la &quot;p&eacute;rdida  de valores&quot; que nunca fueron tales, sino m&aacute;s bien imposiciones, de las que  inclusive parece sano liberarse, si no es que se aparenta respetarlas para  delinquir m&aacute;s tranquilamente &quot;en derecho&quot;. El proceso de modernizaci&oacute;n  sorprendi&oacute; a la sociedad colombiana, no preparada para construir aut&oacute;nomamente  su sentido de ciudadan&iacute;a, muy distinto del de la tradici&oacute;n de la &quot;ciudad de  Dios&quot; como ideal terreno.</p> </blockquote>     <p  align="justify">As&iacute; que  una formaci&oacute;n human&iacute;stica s&oacute;lida y amplia, y una disciplina de trabajo  intelectual riguroso, desafortunadamente no tuvieron continuidad, en un primer  momento, en una filosof&iacute;a aut&eacute;ntica. Resulta curioso que la formaci&oacute;n human&iacute;stica  fuera m&aacute;s abierta y pluralista que la formaci&oacute;n filos&oacute;fica. Pero es, sin embargo,  explicable, dado que la filosof&iacute;a estaba concebida como preparaci&oacute;n para una  teolog&iacute;a dogm&aacute;tica.</i></p>     <p  align="justify"><i>L. T.: &iquest;Cu&aacute;les  fueron las influencias ideol&oacute;gicas m&aacute;s importantes durante sus a&ntilde;os de estudio  en Europa? &iquest;Cambi&oacute; su visi&oacute;n pol&iacute;tica sobre Colombia all&iacute;?</i> </p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Mi primera experiencia europea de casi once a&ntilde;os  tiene dos etapas diferentes, precedidas por un per&iacute;odo de apropiaci&oacute;n del  alem&aacute;n y de conocimiento inicial de la Alemania de la posguerra (1963). De este  per&iacute;odo inicial recuerdo tres meses transcurridos en Berl&iacute;n, no muy lejos del  reci&eacute;n construido muro divisorio de los dos mundos de la posguerra. Creo que  all&iacute; me hice definitivamente antiestalinista, al mirar y o&iacute;r lo que realmente  se estaba organizando al otro lado en nombre de la revoluci&oacute;n socialista. Luego  viene la primera etapa, conformada por los estudios de teolog&iacute;a en la Facultad  Teol&oacute;gica de Frankfurt am Main, probablemente la mejor en su g&eacute;nero de aquella  &eacute;poca. Fueron a&ntilde;os muy marcados por la renovaci&oacute;n del Concilio Vaticano II, con todo lo que ello signific&oacute; para la  modernizaci&oacute;n de la Iglesia Cat&oacute;lica. No exagero si afirmo que mis maestros  pertenecieron al grupo de te&oacute;logos que hicieron el Concilio: tres de ellos  fueron te&oacute;logos conciliares. Pero toda la escuela teol&oacute;gica de Sankt Georgen  estuvo metida en esa experiencia de debate al interior de la teolog&iacute;a cat&oacute;lica,  marcada por la personalidad y por el trabajo impresionante de Karl Rahner y  tambi&eacute;n de Hans Urs von Balthasar y Edward Schillebeeckx, tan s&oacute;lo por recordar  algunos de los grandes te&oacute;logos del momento.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">Esta experiencia de teolog&iacute;a  conciliar modernizadora, unida a la confrontaci&oacute;n necesaria con la mejor  teolog&iacute;a evang&eacute;lica, en un ambiente intelectual contestatario como el de  Frankfurt en estos a&ntilde;os (quiz&aacute;s los m&aacute;s fecundos de la primera Teor&iacute;a Cr&iacute;tica  de la Sociedad, cuando en la Universidad de Frankfurt Theodor Adorno, Marx  Horkheimer y J&uuml;rgen Habermas preparaban a quienes en mayo de 1968 hicieron la  revuelta), fue definitiva en mi formaci&oacute;n intelectual. Estos tres elementos  explican quiz&aacute; lo que m&aacute;s me impact&oacute; de la formaci&oacute;n teol&oacute;gica: por un lado, en  relaci&oacute;n con la teolog&iacute;a protestante, el m&aacute;s profundo sentido de la  hermen&eacute;utica en un discurso y un saber teol&oacute;gico que reconstru&iacute;a cada vez m&aacute;s  radical y cr&iacute;ticamente la dogm&aacute;tica, retomando la tradici&oacute;n y el mensaje  originario; y, por otro lado, en relaci&oacute;n con el pensamiento cr&iacute;tico de los  intelectuales, un sentido de teolog&iacute;a moral que m&aacute;s bien parec&iacute;a un pretexto  para volver a lo propio de la moral moderna en la patria de Kant.</p>     <p  align="justify">Para responder, por lo tanto, a su  pregunta desde esta primera experiencia, s&oacute;lo puedo decirle que me fui  volviendo tremendamente cr&iacute;tico con respecto a la Iglesia colombiana, a su dogmatismo  y autoritarismo, a su falta de esp&iacute;ritu renovador, a su concepci&oacute;n  reaccionaria de la sociedad y de la moral. Concretamente, pensaba que nos hab&iacute;a  hecho falta la tradici&oacute;n de la reforma y sus consecuencias con respecto a la  secularizaci&oacute;n de la sociedad. Las pretensiones de la Iglesia Cat&oacute;lica  colombiana concordataria me parec&iacute;an ya entonces perjudiciales para el  desarrollo de la ciudadan&iacute;a en nuestro pa&iacute;s.</p>     <p  align="justify">La segunda etapa de mi permanencia en  Alemania son seis a&ntilde;os de estudios doctorales de filosof&iacute;a en la Universidad  de Colonia, una de las m&aacute;s antiguas de Occidente y con una tradici&oacute;n acad&eacute;mica  de las m&aacute;s significativas. Llegu&eacute; en 1967 a una Escuela de Filosof&iacute;a marcada  por tres l&iacute;neas muy destacadas: la fenomenol&oacute;gica, representada por Ludwig  Landgrebe, quien hab&iacute;a sido asistente de Edmund Husserl en Friburgo y uno de  sus mejores sucesores, la filosof&iacute;a medieval viva en el Thomas Institut,  regentado por los mejores exponentes de esa tradici&oacute;n, y la filosof&iacute;a del  idealismo alem&aacute;n.</p>     <p  align="justify">Fui disc&iacute;pulo  del profesor Ludwig Landgrebe, de quien aprend&iacute;, adem&aacute;s de fenomenolog&iacute;a y  mucha filosof&iacute;a, cierto eclecticismo y sincretismo sensato. La experiencia de  la universidad alemana ha sido para m&iacute; lo m&aacute;s importante en mi desarrollo  intelectual y humano. Me impresionaron profundamente no s&oacute;lo los profesores  con su sabidur&iacute;a y su humanismo aquilatado, sino tambi&eacute;n sus alumnos, los  j&oacute;venes docentes, por su esfuerzo por aprender, y los estudiantes por su  dedicaci&oacute;n y cultura. Naturalmente, no quiero magnificar; pero sin duda el  ambiente de discusi&oacute;n, de verdadera &quot;ilustraci&oacute;n&quot;, de cr&iacute;tica, de pluralismo,  de seriedad, de honestidad intelectual, de autenticidad, marcaba la vida  universitaria de aquellos a&ntilde;os. Adem&aacute;s, se me qued&oacute; grabado el reconocimiento p&uacute;blico  de lo que significaba la universidad para la sociedad y para la ciudad misma.  Las condiciones de trabajo en la universidad, sus bibliotecas y las  facilidades para aprender daban testimonio de lo que una cultura espera y necesita  de su universidad.</p>     <p  align="justify">En este ambiente, del cual podr&iacute;a  todav&iacute;a decir mucho m&aacute;s, tuve la aut&eacute;ntica experiencia filos&oacute;fica, con todo lo  que ella implica en relaci&oacute;n con la vocaci&oacute;n intelectual, el h&aacute;bito de la  lectura comprensiva, el aprendizaje y el ejercicio del argumentar sistem&aacute;tico,  de la cr&iacute;tica y del discutir en el ambiente de las que, m&aacute;s tarde, J&uuml;rgen  Habermas llamar&iacute;a &quot;ciencias de la discusi&oacute;n&quot;. El trabajo en una disertaci&oacute;n  que conduce al doctorado permite aprovechar lo mejor de la formaci&oacute;n en  investigaci&oacute;n de la universidad alemana.</p>     <p  align="justify">En un  principio, en mayo de 1968, una de las universidades m&aacute;s tradicionales de  Alemania tuvo que confrontarse tambi&eacute;n con la revuelta. Pienso que sacamos buenos  resultados de ella, pues desde entonces en nuestros seminarios estuvieron  presentes tambi&eacute;n temas y autores relacionados con el pensamiento cr&iacute;tico y  con la filosof&iacute;a pol&iacute;tica. En el paro estudiantil de mayo del 68, le&iacute;amos <i>Conocimiento e inter&eacute;s</i> de J&uuml;rgen Habermas. El ambiente  alem&aacute;n cambi&oacute; radicalmente, parec&iacute;a como una preparaci&oacute;n para la mayor crisis  de la nueva democracia de la posguerra, la del terrorismo de los a&ntilde;os setenta.  Se dio la discusi&oacute;n p&uacute;blica pol&iacute;tica y, aunque algunas veces falt&oacute; madurez y  se demoniz&oacute; a la izquierda y a los intelectuales, el balance de la evoluci&oacute;n  ideol&oacute;gica de la sociedad alemana en aquellos a&ntilde;os es favorable</p>     <p  align="justify">De nuevo,  para contestar su pregunta, desde la universidad era obligatorio pensar en el  sistema educativo colombiano, echando de menos un compromiso mayor del Estado  con la calidad de nuestra educaci&oacute;n en sus diversos niveles. Pero sobre todo,  en especial por el ambiente provocado por mayo del 68, me fui volviendo  sumamente cr&iacute;tico con respecto a la situaci&oacute;n social de Colombia. Si bien ya se  percib&iacute;an los ecos de la Teolog&iacute;a Pol&iacute;tica y de su versi&oacute;n Latinoamericana y  tercermundista como &quot;Teolog&iacute;a de la Liberaci&oacute;n&quot;, la perspectiva era m&aacute;s socio-pol&iacute;tica  que teol&oacute;gica. Pienso que ya mi formaci&oacute;n filos&oacute;fica en Colonia, as&iacute; hubiera  sido muy marcada por un sentido epistemol&oacute;gico de la fenomenolog&iacute;a,  precisamente debido al movimiento estudiantil de aquellos a&ntilde;os y a la presencia  del pensamiento de la Teor&iacute;a Cr&iacute;tica de la Sociedad en el ambiente intelectual  europeo, puso las bases para mi desarrollo filos&oacute;fico en la direcci&oacute;n de la  filosof&iacute;a moral, pol&iacute;tica y del derecho, en la cual encuentro hoy la mejor  respuesta a las intenciones aut&eacute;nticas de una &quot;filosof&iacute;a latinoamericana&quot;.</p>     <p  align="justify"><b>La  fenomenolog&iacute;a como plataforma</b></p>     <p  align="justify"><i>L. T.: Entiendo  que usted se define ante todo como fenomen&oacute;logo. &iquest;Quiere relatarnos c&oacute;mo se  origin&oacute; su inter&eacute;s en la obra de Husserl y en el movimiento fenomenol&oacute;gico?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Como lo advierte usted, el inicio de mi formaci&oacute;n  filos&oacute;fica fue en la fenomenolog&iacute;a. Mis estudios de teolog&iacute;a en Alemania me  llevaron a ella, cuando renunci&eacute;, en buen momento, a hacer estudios de  filosof&iacute;a de la ciencia. Pero esperaba en un principio que Husserl podr&iacute;a darme  esta dimensi&oacute;n de la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica. Pensaba en el Husserl de las <i>Investigaciones l&oacute;gicas.</i> Pero tampoco este fue mi tema  central, aunque recuerdo haber tomado dos seminarios con Jan Pato&#269;ka,  precisamente sobre las relaciones de Husserl y Bolzano articuladas en esta  obra. El Husserl de Ludwig Landgrebe, asistente de Husserl antes de la guerra,  con quien comenc&eacute; mis estudios de fenomenolog&iacute;a en 1967 en la Universidad de  Colonia, era sobre todo el de <i>La crisis.</i> &Eacute;l hab&iacute;a  colaborado en la elaboraci&oacute;n de algunas de las obras del &uacute;ltimo Husserl, como,  por ejemplo, en <i>L&oacute;gica formal y l&oacute;gica trascendental.  Experiencia y juicio</i> es un caso especial, dado que Husserl dej&oacute; en sus  manos gran parte del trabajo. De todas formas, su conocimiento de la obra de  Husserl y de categor&iacute;as como &quot;mundo de la vida&quot; (<i>Lebenswelt</i>),  &quot;intencionalidad&quot;, &quot;historicidad&quot;, etc., hac&iacute;an de Landgrebe el gu&iacute;a por  excelencia para quien quisiera iniciarse en el estudio de las obras del &uacute;ltimo  Husserl.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">Creo que, sin saberlo entonces, ya mi  inter&eacute;s giraba en torno a la &eacute;tica. El tema de mi doctorado lo delata:  intencionalidad como responsabilidad, teleolog&iacute;a de la intencionalidad en  Husserl. En verdad, s&oacute;lo quer&iacute;a aclarar en qu&eacute; sentido utilizaba Husserl los  mismos t&eacute;rminos para la historia y para la intencionalidad: teleolog&iacute;a y  responsabilidad. Hoy advierto que all&iacute; hay todav&iacute;a toda una tem&aacute;tica para  investigar en la fenomenolog&iacute;a. Lo estoy intentando con base en las nuevas  publicaciones de la obra in&eacute;dita, y teniendo en cuenta el inter&eacute;s actual por  los sentimientos morales, cuya experiencia es, sin duda, un tema fenomenol&oacute;gico  de gran relevancia.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: Inspirado en la fenomenolog&iacute;a, usted  adelant&oacute;, en los a&ntilde;os setenta y ochenta, un cuestionamiento frontal al  positivismo. En la actualidad, &iquest;qu&eacute; queda de esas cr&iacute;ticas? &iquest;El creciente  inter&eacute;s de los pensadores colombianos por la filosof&iacute;a de la ciencia y por la  filosof&iacute;a anal&iacute;tica no est&aacute; en contrav&iacute;a de sus prevenciones anti-positivistas?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Es correcto, muy desde el comienzo de mi actividad  en la c&aacute;tedra y en publicaciones de la &eacute;poca, orient&eacute; mi lectura de Husserl, en  &iacute;ntima relaci&oacute;n ya entonces con las tesis de la Teor&iacute;a Cr&iacute;tica de la Sociedad,  hacia una epistemolog&iacute;a de las ciencias sociales, lo que me llev&oacute; a la cr&iacute;tica  al positivismo cient&iacute;fico en dichos discursos. Para ello basta con leer  diagonalmente <i>La Conferencia de Viena</i>,<i> La crisis</i> y <i>La l&oacute;gica</i> de  Husserl, y algunas de las obras m&aacute;s significativas de la Escuela de Frankfurt.  Con Landgrebe hab&iacute;amos realizado seminarios sobre estos temas: el concepto de  ideolog&iacute;a y <i>Conocimiento e inter&eacute;s </i>(la lecci&oacute;n  inaugural y el libro) de Habermas; se ten&iacute;a adem&aacute;s toda la interpretaci&oacute;n de la  problem&aacute;tica del &quot;mundo de la vida&quot; en relaci&oacute;n con la positivizaci&oacute;n de las  ciencias. Pero nuestra cr&iacute;tica al positivismo nunca fue anticient&iacute;fica.  Cont&aacute;bamos tambi&eacute;n con uno de los mejores conocedores de Heidegger y sab&iacute;amos  de las trampas de sus cuestionamientos fundamentalistas. Esto no nos imped&iacute;a  proponer la tesis, que fue una de las primeras que inspir&oacute; mis trabajos de esa  &eacute;poca: determinar y dar sentido a la racionalidad positiva desde la  racionalidad dial&eacute;ctica. Algo semejante a lo que formula Habermas en las  relaciones entre mundo de la vida y sistema, o entre racionalidad comunicativa  y racionalidad estrat&eacute;gica.</p>     <p  align="justify">Mi  preocupaci&oacute;n por la epistemolog&iacute;a de las ciencias sociales    me llev&oacute; a establecer importantes relaciones con el Consejo Latino- americano  de Ciencias Sociales (CLACSO), de cuya comisi&oacute;n  de trabajo &quot;Epistemolog&iacute;a y Pol&iacute;tica&quot; fui fundador y coordinador desde el  Centro de Investigaci&oacute;n y Educaci&oacute;n Popular (CINEP),  durante varios a&ntilde;os. De esa &eacute;poca son dos publicaciones significativas, <i>Epistemolog&iacute;a y pol&iacute;tica. Cr&iacute;tica al positivismo de las ciencias  sociales en Am&eacute;rica Latina desde la racionalidad dial&eacute;ctica</i> y <i>El sujeto como objeto de las ciencias sociales</i>, en las  cuales se recogen sendos seminarios de CLACSO en  Bogot&aacute;, en los que participaron fil&oacute;sofos y cient&iacute;ficos sociales de Am&eacute;rica  Latina para discutir las relaciones entre los dos paradigmas.</p>     <p  align="justify">El haber estado siempre alerta frente  al peligro del reduccionismo anti-cientificista no me ahorr&oacute;, sin embargo, la  cr&iacute;tica de colegas que pensaban que se criticaba el positivismo cient&iacute;fico, sin  haber todav&iacute;a tenido acceso a los frutos frescos de la ciencia. Estimo que mi  mejor respuesta a su ingenuidad est&aacute; en mi trabajo para la Misi&oacute;n de Ciencia y  Tecnolog&iacute;a de 1991: <i>Elementos filos&oacute;ficos para la  comprensi&oacute;n de una pol&iacute;tica de ciencia y tecnolog&iacute;a.</i></p>     <p  align="justify">Hoy considero que se han tomado al  menos posiciones claras con respecto a la funci&oacute;n de la filosof&iacute;a y de las  ciencias sociales cr&iacute;ticas, que les permiten un desarrollo digno en el conjunto  de los diversos saberes. Mi aporte a esta problem&aacute;tica no se qued&oacute; en la  teor&iacute;a; en los lugares en los que he podido intervenir, he promovido las  pol&iacute;ticas correspondientes de desarrollo equitativo y equilibrado de las  ciencias blandas: me refiero a mi pertenencia por cuatro a&ntilde;os al Consejo  Nacional de Ciencias Humanas y Sociales de Colciencias, y a mi Coordinaci&oacute;n,  durante dos a&ntilde;os y medio, de la Comisi&oacute;n Nacional de Doctorados y Maestr&iacute;as.  All&iacute; procur&eacute; defender en todo momento la necesidad de un desarrollo sustantivo  de las ciencias de la discusi&oacute;n, dado que el problema del positivismo  cient&iacute;fico es m&aacute;s de desequilibrio y de unilateralidad desde las ciencias  duras, que de su propio desarrollo espec&iacute;fico. Algo semejante he intentado  desde la Asociaci&oacute;n Colombiana para el Avance de la Ciencia (ACAC).</p>     <p  align="justify">Esta posici&oacute;n cr&iacute;tica frente al  positivismo cient&iacute;fico, pero no reduccionista con respecto a las ciencias, me  permite mirar con satisfacci&oacute;n lo que usted llama el desarrollo de la filosof&iacute;a  de la ciencia y de la filosof&iacute;a anal&iacute;tica entre nosotros. Lo considero muy  saludable para la filosof&iacute;a misma, con tal de que no caiga en el reduccionismo,  la unilateralidad y el desequilibrio. Inclusive desde la fenomenolog&iacute;a misma  puedo comprender que de ella se desprenden dos paradigmas muy diferentes de la  filosof&iacute;a, ricos en su complementariedad: una corriente cognitivista y una m&aacute;s  heredera del idealismo.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: Sin duda,  la fenomenolog&iacute;a se encuentra detr&aacute;s de algunas de las corrientes filos&oacute;ficas  m&aacute;s significativas del siglo </i><i>XX</i><i>, como la  ontolog&iacute;a heideggeriana, la hermen&eacute;utica, el post-estructuralismo franc&eacute;s, la  misma teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa. No obstante, todas ellas estiman  excesiva la persistencia de Husserl en la subjetividad moderna, y proponen el  lenguaje como nuevo horizonte de la reflexi&oacute;n. Si este diagn&oacute;stico es acertado,  &iquest;qu&eacute; alcance posee una lectura fenomenol&oacute;gica del giro ling&uuml;&iacute;stico  contempor&aacute;neo?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Como todos sus diagn&oacute;sticos hasta ahora, tambi&eacute;n este es acertado.  Cuando en 1985-1987 estuve como profesor invitado en la Universidad de  Wuppertal en Alemania, tuve la oportunidad de profundizar en el pensamiento del  que he denominado el segundo Habermas: el de la teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa.  Mi primer planteamiento con respecto al cambio de paradigma en relaci&oacute;n con  las tesis de <i>Conocimiento e inter&eacute;s</i> y con la fenomenolog&iacute;a  husserliana, qued&oacute; consignado en un extenso art&iacute;culo publicado en la revista <i>Ideas y Valores</i>, titulado: &quot;Comunicaci&oacute;n y mundo de la  vida&quot; (1986).</p>     <p  align="justify">A partir de ese momento, me he  ocupado en desarrollar una posici&oacute;n entre la fenomenolog&iacute;a y la teor&iacute;a de la  acci&oacute;n comunicativa, es decir, entre el mundo de la vida y una concepci&oacute;n  realmente intersubjetiva y no monol&oacute;gica de este. De la fenomenolog&iacute;a conservo  la importancia de la subjetividad, lo concreto del mundo de la vida y el <i>pathos</i> de la responsabilidad; pero la teor&iacute;a de la acci&oacute;n  comunicativa supera definitivamente el solipsismo husserliano, hace expl&iacute;cito  el horizonte de horizontes del mundo de la vida, al establecer desde un  principio la interacci&oacute;n entre sujetos, y desarrolla hist&oacute;rica y socialmente la  responsabilidad en la forma de los diversos usos de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica: el  pragm&aacute;tico, el &eacute;tico y el moral.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">Bueno, ah&iacute; me encuentro. Mi campo  actual de investigaci&oacute;n y de compromiso intelectual es la &eacute;tica. Entendida,  como lo he sugerido antes, en la convergencia con la pol&iacute;tica y en el horizonte  de la moral. En este horizonte contin&uacute;o mi di&aacute;logo con Kant, cada vez m&aacute;s con  el de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica. Por ello espero que mi preocupaci&oacute;n por la &eacute;tica no  termine simplemente en unos cuantos cap&iacute;tulos de &eacute;tica aplicada: a la econom&iacute;a,  a la medicina, al medio ambiente. Aunque considero que estos momentos de  aplicaci&oacute;n de la reflexi&oacute;n &eacute;tica son importantes en el mundo actual, sigo  convencido de que el asunto de la reconstrucci&oacute;n gen&eacute;tica de la &eacute;tica como un  todo, en el que el comportamiento, la convivencia y el compromiso humano ganan  su sentido, prima sobre los aspectos de la &eacute;tica aplicada. Esto me ayuda a  comprender la importancia de la discusi&oacute;n actual en torno a la &eacute;tica y a la  econom&iacute;a, y en relaci&oacute;n con la bio&eacute;tica.</p>     <p  align="justify">En este punto quiero hacer un  reconocimiento expl&iacute;cito a mis colegas de la Universidad Nacional, de los que  he aprendido mucho acerca de la complejidad de los problemas &eacute;ticos. Desde hace  algunos a&ntilde;os venimos trabajando con colegas de diversas &aacute;reas en un Programa  Universitario de Investigaci&oacute;n (PUI) en &eacute;tica.  All&iacute; he aprendido que la filosof&iacute;a sola no puede hoy aportar a la soluci&oacute;n de  los problemas humanos, los de la vida y la muerte, los de los derechos humanos  socioecon&oacute;micos fundamentales y los de la convivencia entre culturas y  cosmovisiones diferentes. Ah&iacute; tenemos de nuevo el asunto de la interdisciplinariedad,  que no puede cultivar quien haya asumido una posici&oacute;n anticient&iacute;fica por  criticar el reduccionismo cientificista.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.:</i> <i>En torno al llamado pensamiento posmoderno,  usted ha declarado que comparte sus cuestionamientos a los totalitarismos de la  racionalidad moderna, pero no el nuevo totalitarismo de ciertos  irracionalismos estetizantes. &iquest;C&oacute;mo permite la fenomenolog&iacute;a distinguir entre  cr&iacute;ticas v&aacute;lidas y cr&iacute;ticas espurias a la raz&oacute;n?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Hay un pasaje en la <i>Conferencia de Viena</i> (1935) de Husserl, que pareciera estar escrito para terciar en el debate entre  modernos y posmodernos. Me refiero al comienzo del numeral II, donde, una vez expuesto el surgimiento de la  filosof&iacute;a en Grecia y su vigencia en nuestro siglo, indica Husserl que su tesis  tiene como enemigos a todos los que desconf&iacute;an de la raz&oacute;n y desacreditan sus  planteamientos como <i>Aufkl&auml;rerei</i> (expresi&oacute;n que me  he permitido traducir como 'ilustracionitis'). Entonces Husserl dice que es m&aacute;s  radical que todos los cr&iacute;ticos de la raz&oacute;n, por cuanto &eacute;l es el m&aacute;s consecuente  de los cr&iacute;ticos del racionalismo, precisamente para liberar una idea de raz&oacute;n  m&aacute;s amplia: la propia de la fenomenolog&iacute;a. Hay aspectos en ella que bien  pudieran considerarse anticipaciones de la cr&iacute;tica posmoderna: la cr&iacute;tica al  positivismo en su nivel m&aacute;s profundo, a saber, el del olvido del mundo de la  vida; la disoluci&oacute;n y descomposici&oacute;n del objeto en m&uacute;ltiples perspectivas y  vivencias; y la concepci&oacute;n de la verdad m&aacute;s como idea regulativa que como  programa preestablecido. Estos planteamientos de la fenomenolog&iacute;a le permiten a  Husserl distinguir entre una cr&iacute;tica que posibilita la reconstrucci&oacute;n y una que  termina en la antifilosof&iacute;a. La <i>skepsis</i> est&aacute; en la  base tanto de la cr&iacute;tica posmoderna como de la fenomenolog&iacute;a. Para esta &uacute;ltima,  es el origen de la aut&eacute;ntica filosof&iacute;a, pero puede ser tambi&eacute;n el lugar de su  contrario, la negaci&oacute;n de la raz&oacute;n, el cansancio y el desprestigio de la  reflexi&oacute;n.</p>     <p  align="justify">Pero, de  nuevo, en estas tesis es necesario ir m&aacute;s all&aacute; de Husserl. Precisamente, una  concepci&oacute;n comunicativa de la raz&oacute;n es la que permite, aceptando plenamente las  cr&iacute;ticas posmodernas a la racionalidad de Occidente, responder, no maldiciendo  de la raz&oacute;n, ni tampoco proclamando su resurrecci&oacute;n con nuevos ropajes, sino  proponiendo el pluralismo de la raz&oacute;n, la raz&oacute;n del nosotros, la raz&oacute;n en  plural. Es el sentido de una epistemolog&iacute;a que se apoya en las teor&iacute;as de la  argumentaci&oacute;n y de una moral, y un derecho que retoman lo mejor de las  tradiciones modernas del contrato social y de la democracia participativa.</p>     <p  align="justify">Por lo  tanto, para resumir, <i>s&iacute;</i> a las cr&iacute;ticas de los  posmodernos a una raz&oacute;n protag&oacute;nica, vanguardista, heroica, cient&iacute;fico-t&eacute;cnica,  que ni siquiera retrocede frente al holocausto, a la destrucci&oacute;n del planeta y  a la pobreza absoluta. Pero <i>no</i> a las propuestas de  olvidarse totalmente de la raz&oacute;n para volver a esteticismos incontrolables, a  nuevas religiones o relatos esot&eacute;ricos. En el medio, en el mejor sentido de la <i>aurea mediocritas</i>, se desarrolla un pensamiento no  &quot;f&aacute;cil&quot; pero s&iacute; flexible, con la fortaleza que puede dar cierta unidad de la  raz&oacute;n, con base en las m&uacute;ltiples perspectivas de quienes cooperan sincera y  aut&eacute;nticamente en la invenci&oacute;n y construcci&oacute;n de lo verdadero y de lo correcto.</p>     <p  align="justify"><b>De la  pol&iacute;tica a la filosof&iacute;a</b></p>     <p  align="justify"><i>L. T.:</i> &iquest;<i>Cu&aacute;l era su posici&oacute;n en los a&ntilde;os sesenta  sobre el Frente Nacional, y qu&eacute; piensa ahora (2000) con perspectiva hist&oacute;rica  sobre dicho acuerdo entre los partidos tradicionales?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>No creo haber tenido una posici&oacute;n clara sobre el  fen&oacute;meno en esos a&ntilde;os. Se pensaba que era la mejor salida de la dictadura y  la posible soluci&oacute;n al problema de la violencia pol&iacute;tica. Mi evaluaci&oacute;n del  experimento del Frente Nacional hoy es muy compleja, naturalmente orientado por  las opiniones de los especialistas. Comparto la idea de que dicha experiencia  no s&oacute;lo posterg&oacute; por a&ntilde;os la evoluci&oacute;n y modernizaci&oacute;n de los partidos  pol&iacute;ticos, necesarias en una democracia madura, sino que permiti&oacute;, en cierta  forma, ocultar las verdaderas causas de la violencia pol&iacute;tica: la desigualdad,  la exclusi&oacute;n y la injusticia.</p>     <p  align="justify">Lo grave es que la clase pol&iacute;tica  misma no parece ser consciente de la postergaci&oacute;n de la experiencia de  democracia en nuestro pa&iacute;s. Como lo dijera hace poco Marco Palacios: &quot;la  democracia sigue siendo la asignatura pendiente de los colombianos&quot;. No s&oacute;lo  no creemos de hecho en ella, sino que no parece que tenga que ser el objetivo  principal de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica, de la acci&oacute;n del Estado y de los  movimientos que deber&iacute;an conducir a la paz. La paz no comenzar&aacute; a mostrarse  en el horizonte, mientras los diversos protagonistas, a uno y otro lado del  conflicto, no se comprometan con la democracia participativa como utop&iacute;a deseable.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify"><i>L. T.: &iquest;Estuvo  usted relacionado de alguna manera con el padre Camilo Torres Restrepo? &iquest;En  alg&uacute;n momento de su carrera como sacerdote se lleg&oacute; a plantear, como &eacute;l, la  opci&oacute;n de las armas?</i> </p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>No tuve una relaci&oacute;n personal con Camilo. Lo escuch&eacute; alguna vez,  lo le&iacute; con entusiasmo, lo coment&eacute; en algunas conferencias en Europa, estuve  relacionado en Lovaina con quienes lo conocieron en sus estudios y en Colombia  con quienes compartieron sus ideas. Recuerdo que en alguna celebraci&oacute;n  religiosa importante, en un aniversario de su asesinato, fui escogido por los  as&iacute; llamados entonces ''movimientos de base&quot; como &quot;predicador&quot;. Revis&eacute;  cuidadosamente sus escritos y su obra; mi paneg&iacute;rico comenzaba parodiando a  Alvaro G&oacute;mez Hurtado, entonces candidato a la presidencia, con la frase:  &iexcl;Camilo s&iacute; habla claro!</p>     <p  align="justify">No, nunca pens&eacute; que s&oacute;lo la opci&oacute;n armada  pudiera ser la salida; s&iacute; pensaba que pudiera y que tuviera que llegar a hacer  presi&oacute;n para una soluci&oacute;n pol&iacute;tica, pero naturalmente no me consideraba  id&oacute;neo desde ning&uacute;n punto de vista para asumir esa tarea, y pensaba que tambi&eacute;n  la confrontaci&oacute;n ideol&oacute;gica, cr&iacute;tica y pol&iacute;tica era necesaria para el cambio.  Simpatizaba entonces con la opci&oacute;n teol&oacute;gica de compromiso radical con dicho  cambio, desde el ejercicio del sacerdocio.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: Al  regresar a Colombia, &iquest;c&oacute;mo se vincul&oacute; con el actual </i><i>CINEP</i><i>? &iquest;Qu&eacute; nos puede relatar de su experiencia  all&iacute;?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Mi inter&eacute;s al regresar a Colombia era poder influir como  intelectual en el cambio social. Mi pertenencia a la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s me  se&ntilde;alaba como campo de trabajo obvio la Facultad de Filosof&iacute;a de la Universidad  Javeriana. Desde el punto de vista de un compromiso m&aacute;s &eacute;tico-pol&iacute;tico con el  cambio social, se presentaba como alternativa interesante el integrarme a una  comunidad de jesuitas que trabajasen en el campo de lo social. En alguna de mis  visitas desde Alemania a Espa&ntilde;a, hab&iacute;a tenido la experiencia muy impactante de  una comunidad de los as&iacute; llamados en aquellos a&ntilde;os &quot;sacerdotes obreros&quot;. Los  jesuitas colombianos ten&iacute;an entonces una obra que se llamaba CIAS (Centro de Investigaci&oacute;n y Acci&oacute;n Social), que  formaba una especie de red con obras semejantes en otros pa&iacute;ses de Latinoam&eacute;rica.  La comunidad de jesuitas que, en colaboraci&oacute;n con otros intelectuales, soci&oacute;logos,  economistas, trabajadores sociales, educadores, se dedicaba a lo que entonces  se llamaba &quot;acci&oacute;n social&quot;, pareci&oacute; ser el mejor lugar para compartir estas  inquietudes de cambio, que no siempre afloraban en la c&aacute;tedra, dada la orientaci&oacute;n  de mi filosof&iacute;a de aquel entonces, m&aacute;s epistemol&oacute;gica que pr&aacute;ctica.</p>     <p  align="justify">Esto cambi&oacute; relativamente pronto,  casi como exigencia de mis estudiantes de la Universidad Javeriana. En 1973,  a&ntilde;o de mi vinculaci&oacute;n a la c&aacute;tedra, el ambiente entre los j&oacute;venes estudiantes  jesuitas estaba marcado por el compromiso &eacute;tico-pol&iacute;tico con el cambio social.  Exig&iacute;an algo semejante de sus maestros y de sus compa&ntilde;eros de comunidad.  Todav&iacute;a recuerdo una ma&ntilde;ana de septiembre de ese mismo a&ntilde;o, es decir, que  apenas llevaba algo m&aacute;s de un mes de clases, cuando nos sorprendi&oacute; la noticia  del asesinato de Allende en Chile y del aborto de su experimento socialista  por la reacci&oacute;n chilena y norteamericana. Cambiamos la &quot;meditaci&oacute;n  fenomenol&oacute;gica fundamental&quot; de Husserl, por un an&aacute;lisis de la situaci&oacute;n,  organizado por los estudiantes, en su mayor&iacute;a j&oacute;venes jesuitas y de otras comunidades.  As&iacute; que, muy pronto, el &eacute;nfasis de mi docencia permiti&oacute; relacionar asuntos de  rigurosa reflexi&oacute;n filos&oacute;fica con aspectos de la pr&aacute;ctica. Recuerdo todav&iacute;a  mis primeros seminarios en la Javeriana, al a&ntilde;o de regresar de Alemania, sobre  la <i>&Eacute;tica a Nic&oacute;maco</i>, de Arist&oacute;teles, y sobre <i>La fundamentaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica de las costumbres</i>, de  I. Kant.</p>     <p  align="justify">En esta nueva perspectiva de la  filosof&iacute;a, sin abandonar el rigor del an&aacute;lisis fenomenol&oacute;gico reclamado por  cierta orientaci&oacute;n epistemol&oacute;gica de mis colegas de c&aacute;tedra y exigido por la  necesidad de orientaci&oacute;n para la pr&aacute;ctica por los alumnos, hice mi primera  traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol de la famosa lecci&oacute;n inaugural de J. Habermas: <i>Conocimiento e inter&eacute;s</i>; a esta sigui&oacute; pronto la segunda: <i>Trabajo e interacci&oacute;n</i>. Ya para esa &eacute;poca, gracias  a la ayuda de fundaciones extranjeras, hab&iacute;amos logrado crear una sede para el  antiguo CIAS, que comenz&oacute; a llamarse, en el  barrio La Merced, &quot;Centro de Investigaci&oacute;n y Educaci&oacute;n Popular&quot; (CINEP), y que se convirti&oacute;, en cierta forma, en lugar  de encuentro de quienes, desde una visi&oacute;n cristiana de la necesidad de cambio  social, pensaban que este podr&iacute;a alcanzarse desde un compromiso pol&iacute;tico,  articulado en procesos educativos con pretensiones radicales de intervenci&oacute;n  p&uacute;blica popular.</p>     <p  align="justify">Desde el CINEP,  y contando con algunos colegas de la Javeriana, realizamos entonces en  Sasaima, Cundinamarca, en noviembre de 1974, lo que llamamos &quot;El Primer  Seminario Nacional de Filosof&iacute;a&quot;, algo sumamente modesto, con veintid&oacute;s profesores  de filosof&iacute;a de diversas universidades de Bogot&aacute;, Medell&iacute;n y Cali. <i>Filosof&iacute;a y sociedad</i>, publicado en junio de 1975 por el CINEP, recog&iacute;a algunas de las ponencias, cuyos autores  vale la pena retener: Francisco Jarauta, Jaime Barrera, Magdalena Holgu&iacute;n,  Luis Enrique Orozco, Fabio V&eacute;lez, John Jairo Betancur, Carlos Benda&ntilde;a, Luis J.  Ortiz, Javier Dom&iacute;nguez. Con mi ponencia <i>Sociedad nueva y  &eacute;tica</i>, una lectura de la moral kantiana, creo que me gan&eacute; la c&aacute;tedra en  la Universidad Nacional. All&iacute; estaba Ram&oacute;n P&eacute;rez Mantilla, quien hac&iacute;a poco  hab&iacute;a sido nombrado Director del Departamento de Filosof&iacute;a por el Rector Luis  Carlos P&eacute;rez, en su empe&ntilde;o de renovaci&oacute;n de la Universidad.</p>     <p  align="justify">Mi presentaci&oacute;n del texto de <i>Filosof&iacute;a y sociedad</i> es significativa de lo que nos  propon&iacute;amos entonces: </p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">Siempre se ha criticado a la  filosof&iacute;a su falta de compromiso efectivo con los problemas reales de la sociedad.  Con toda raz&oacute;n. M&aacute;s a&uacute;n, el compromiso oportunista de algunos fil&oacute;sofos con  las ideolog&iacute;as imperantes ha servido no pocas veces de disculpa para mantener  la 'genuina' reflexi&oacute;n filos&oacute;fica en la neutralidad aparente de la dimensi&oacute;n  te&oacute;rica. Esta actitud asc&eacute;tica viene, sin embargo, muy bien a un positivismo  cient&iacute;fico, cada vez m&aacute;s instalado en Latinoam&eacute;rica, f&aacute;cilmente  instrumentalizable por la burocracia pol&iacute;tica, y de hecho manipulado en  sociedades donde la cr&iacute;tica se relega al ostracismo y se califica de subversiva.  El atreverse a reflexionar en un pa&iacute;s donde la filosof&iacute;a es o lujo de unos  pocos o instrumento te&oacute;rico de distracci&oacute;n especulativa, es por lo menos un  fen&oacute;meno curioso o un desaf&iacute;o. La filosof&iacute;a ha pretendido siempre ser una  respuesta a los problemas del hombre en sociedad. No siempre lo ha logrado, y  la causa principal de su fracaso ha sido el pretender dar una respuesta desde  un nivel tan abstracto, que los problemas reales de la sociedad se le han escapado.</p> </blockquote>     <p  align="justify">Visto as&iacute;, sobriamente, a la  distancia de m&aacute;s de veinticinco a&ntilde;os, creo que mi posici&oacute;n fundamental no ha  variado con respecto a la filosof&iacute;a y con respecto al compromiso pol&iacute;tico de  los intelectuales. Vinieron luego los Seminarios de la Comisi&oacute;n de Estudios  &quot;Epistemolog&iacute;a y Pol&iacute;tica&quot;, de la CLACSO.  Seminarios que me correspondi&oacute; coordinar durante cuatro a&ntilde;os, y que nos dieron  la oportunidad, en el CINEP, de intercambiar  nuestras posiciones &eacute;tico-pol&iacute;ticas con notables representantes de las ciencias  sociales en Am&eacute;rica Latina. De esa &eacute;poca son las publicaciones colectivas:<i> Epistemolog&iacute;a y pol&iacute;tica. Cr&iacute;tica al positivismo de las  ciencias sociales en Am&eacute;rica Latina desde la racionalidad dial&eacute;ctica</i> y <i>El sujeto como objeto de las ciencias sociales: las relaciones  entre epistemolog&iacute;a y pol&iacute;tica en las ciencias sociales en Am&eacute;rica Latina</i>.</p>     <p  align="justify">Fue la misma &eacute;poca de la represi&oacute;n  con base en el Estatuto de Seguridad del Presidente Julio C&eacute;sar Turbay. El CINEP estuvo en la mira. El Partido Liberal instaur&oacute;  desde el gobierno, apoyado o tolerado por la opini&oacute;n p&uacute;blica y por los medios,  una de las olas represivas m&aacute;s absurdas que haya vivido Colombia en el siglo XX. Los liberales no han podido distanciarse ni ideol&oacute;gica  ni pol&iacute;ticamente de esta concepci&oacute;n err&oacute;nea del poder. Los conservadores  menos. Hace pocos d&iacute;as, con motivo del esc&aacute;ndalo de Dragacol, en el que ha  estado involucrado Hugo Escobar Sierra, entonces Ministro de Justicia, quien  nos condenaba en cuanto &quot;moralista&quot; conservador y ahora delinqu&iacute;a en  &quot;derecho&quot;, se me hizo claro por qu&eacute; la doble moral es la que quita toda  legitimidad a quienes en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas han sido la clase pol&iacute;tica colombiana  que ha agenciado el poder del Estado.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: &iquest;Hasta  qu&eacute; punto la persistencia de la mentalidad cat&oacute;lica entre nosotros sirve de  obst&aacute;culo cultural contra el pluralismo moral propio de una democracia moderna?  A partir de su trabajo en el </i><i>CINEP</i><i>,  &iquest;estima usted posible que los creyentes participen en la creaci&oacute;n de una  sociedad secularizada?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Creo que cierto tipo de mentalidad cat&oacute;lica entre nosotros s&iacute; es  un obst&aacute;culo serio para la tolerancia y el pluralismo. Pero no es asunto s&oacute;lo  nuestro, ni del catolicismo solamente. Creo que tambi&eacute;n en Europa y en Estados  Unidos el pluralismo real todav&iacute;a est&aacute; por inventar. Todo lo que se pueda  avanzar en esta direcci&oacute;n es progreso moral. De manera concreta, en Colombia  hay niveles de intolerancia por parte de la religi&oacute;n que habr&iacute;a que censurar a  toda costa. Hay dos campos importantes de trabajo en esta l&iacute;nea del fomento del  pluralismo: la educaci&oacute;n desde los primeros a&ntilde;os y todo el trabajo cultural y  pol&iacute;tico en la opini&oacute;n p&uacute;blica. Aqu&iacute; los medios de comunicaci&oacute;n tienen una  inmensa responsabilidad, de la que no los advierto demasiado conscientes. Dado  el ambiente actual de resurgimiento de las religiones y de florecimiento de una  &quot;nueva era&quot; de creencias y pr&aacute;cticas, es importante reconocer que la actitud  cr&iacute;tica no se forma con base en la descalificaci&oacute;n de todo fen&oacute;meno de &iacute;ndole  religiosa como conciencia falsa. Precisamente, la filosof&iacute;a podr&iacute;a prestar un  gran aporte en la reflexi&oacute;n sobre el fen&oacute;meno religioso en las diversas  culturas, con lo cual se podr&iacute;a fomentar precisamente su significado para la  convivencia humana.</p>     <p  align="justify">Pero hay otro aspecto importante del  asunto religioso entre nosotros: las m&aacute;s recientes intervenciones de la Iglesia  en relaci&oacute;n con problemas de la violencia y de los derechos humanos han  mostrado que en la religi&oacute;n pueden encontrarse aut&eacute;nticos motivos de compromiso  con lo humano. Pero hay que ser muy delicados y claros en este asunto, de  suerte que no se piense que se instrumentaliza la religi&oacute;n o la Iglesia para  asuntos pol&iacute;ticos, o que la Iglesia y la religi&oacute;n est&aacute;n encontrando nuevas  formas de intervenci&oacute;n social como legitimaci&oacute;n p&uacute;blica de sus instituciones.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.</i>: <i>A partir de su llegada a la Universidad  Nacional, &iquest;c&oacute;mo ha repercutido en su compromiso pol&iacute;tico su dedicaci&oacute;n  exclusiva a la actividad acad&eacute;mica?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Creo que precisamente la actividad acad&eacute;mica puede ser una manera  interesante de participar pol&iacute;ticamente. Ya de hecho los destinos de una  universidad como la Nacional son un <i>politicum</i>. Es  decir, la pol&iacute;tica universitaria es parte de la pol&iacute;tica nacional. Sin una  educaci&oacute;n p&uacute;blica de calidad, carece el Estado democr&aacute;tico de derecho de una  de sus principales fuentes de legitimidad y, a la vez, sin dicho tipo de educaci&oacute;n,  carece la ciudadan&iacute;a de una fuente irrenunciable de formaci&oacute;n para la democracia.  Esto no quiere decir que la educaci&oacute;n privada no pueda ser subsidiaria de la  p&uacute;blica. He tenido momentos de actividad importante en pol&iacute;tica universitaria,  como representante de los profesores en el Consejo Superior de la Universidad  Nacional (1982-1984), como Decano de la Facultad de Ciencias Humanas  (1988-1990), como miembro del Consejo Nacional de Ciencias Humanas y Sociales  de Colciencias (1991-1995), como Coordinador de la Comisi&oacute;n Nacional de  Doctorados y Maestr&iacute;as (1995-1998). He participado en diversas comisiones para  an&aacute;lisis de aspectos relacionados con la Educaci&oacute;n Superior. Mi posici&oacute;n sigue  siendo que el sentido de lo p&uacute;blico en el &aacute;mbito educativo est&aacute; &iacute;ntimamente  relacionado con la formaci&oacute;n de ciudadanos</p>     <p  align="justify">Pienso que la c&aacute;tedra universitaria,  sobre todo en ciertas instituciones, y lo que ella conlleva de participaci&oacute;n  en otra serie de eventos acad&eacute;micos, es un lugar significativo de intervenci&oacute;n  pol&iacute;tica por su car&aacute;cter p&uacute;blico y por su pertinencia formativa. Desde mis estudios  de filosof&iacute;a y desde mis primeras clases en la Javeriana, en el Rosario, en el  Externado y en los Andes, pero especialmente en la Universidad Nacional, he  considerado que los temas de la filosof&iacute;a tienen siempre relevancia en la  cultura, la sociedad y la dimensi&oacute;n pr&aacute;ctica. Adem&aacute;s, ya el mismo t&iacute;tulo de mi  tesis doctoral, <i>Intencionalidad como responsabilidad</i>,<i> </i>sugiere que mi orientaci&oacute;n filos&oacute;fica ha sido la de la  raz&oacute;n pr&aacute;ctica. Mi relaci&oacute;n con la Escuela de Frankfurt, y en especial con el  pensamiento de J. Habermas, me llevaron muy pronto a lo que recientemente  nombr&eacute; como &quot;convergencia entre &eacute;tica y pol&iacute;tica&quot;. Esto coincide hoy en d&iacute;a con  lo que he analizado en mis dos &uacute;ltimas publicaciones: &quot;Filosof&iacute;a latinoamericana  significa uso &eacute;tico de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica&quot; -<i>Isegor&iacute;a</i> 19 (1998): 79-96- y el ya mencionado &quot;Medio siglo de filosof&iacute;a moderna en  Colombia&quot;.</p>     <p  align="justify">Debo mucho de mis posiciones  pol&iacute;ticas a la Universidad Nacional. Pero creo que ha llegado el momento de que  lo que ella ha significado y significa en el desarrollo moral y pol&iacute;tico del  pa&iacute;s sea tambi&eacute;n posible en otras instituciones del sistema p&uacute;blico, y  tambi&eacute;n, &iquest;por qu&eacute; no?, del sistema privado. Nunca he podido comprender que la  posici&oacute;n privilegiada por su historia, su tradici&oacute;n y su fortaleza acad&eacute;mica  actual tenga que significar un reconocimiento legal de &quot;exclusividad&quot; de la  Universidad Nacional con respecto al resto del sistema. Formulado positivamente:  cuando se habla de educaci&oacute;n superior y de movilizaci&oacute;n de la sociedad civil  por su reforma, habr&iacute;a que se&ntilde;alar metas muy claras, en el sentido de  fortalecer econ&oacute;mica, acad&eacute;mica y pol&iacute;ticamente el sistema de universidades  p&uacute;blicas en todo el pa&iacute;s, al establecer formas de interrelaci&oacute;n, cooperaci&oacute;n y  gesti&oacute;n que permitan devolver a la universidad p&uacute;blica colombiana su funci&oacute;n  renovadora.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify"><i>L. T.: A trav&eacute;s  de los a&ntilde;os, &iquest;cu&aacute;l ha sido su posici&oacute;n respecto a la lucha guerrillera en  Colombia? De igual modo, &iquest;c&oacute;mo ha analizado el papel de los movimientos de  izquierda?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Lo he insinuado antes. Pienso que la violencia puede ser  inclusive necesaria en alg&uacute;n momento, es decir, cuando lo p&uacute;blico est&aacute; tan  cerrado, que la &uacute;nica forma de poder ser &quot;incluido&quot; un sector de la sociedad  tenga que ser &quot;a bala&quot;. Pero, por favor, es el extremo, es s&oacute;lo el medio, nunca  puede ser el fin. Un poco, como se suele formular con respecto a la desobediencia  civil, su legitimidad est&aacute; ligada a las posibilidades de soluci&oacute;n de conflictos  y de reconocimiento p&uacute;blico de los intereses que se reclaman mediante ella y  que pretenden ser del &quot;com&uacute;n&quot;. As&iacute; que la lucha guerrillera, mientras mantenga  &ndash;no s&oacute;lo en el papel&ndash; &quot;su prop&oacute;sito pol&iacute;tico&quot; de lucha por la inclusi&oacute;n, por  un pa&iacute;s donde quepamos todos, es no s&oacute;lo comprensible, sino leg&iacute;tima. Pero  naturalmente la legitimidad de esa forma de lucha est&aacute; absolutamente  condicionada por la opci&oacute;n clara y efectiva con respecto a otras formas de  participaci&oacute;n pol&iacute;tica, minimizando gradualmente los costos, estando atentos  imaginativa y flexiblemente a las alternativas negociadas, respetando derechos  fundamentales sin los que no ser&aacute; posible reconstruir nunca la nueva sociedad.</p>     <p  align="justify">No creo que un determinado movimiento  guerrillero pueda contentarse con la afirmaci&oacute;n ret&oacute;rica de ser &quot;pol&iacute;tico&quot;,  cuando de hecho todas sus formas de lucha y su falta de propuestas de  alternativas pol&iacute;ticas no le permiten diferenciarse de otras fuerzas oscuras  paraestatales o estatales, cuyo discurso pol&iacute;tico careciera de legitimidad.  Aqu&iacute; ya no se trata de ret&oacute;rica o nominalismo pol&iacute;tico. La gente espera que a  las declamaciones correspondan actitudes y acciones pol&iacute;ticas que superen esa  &quot;doble moral&quot;. Vistos as&iacute;, los movimientos de izquierda terminan por ser la  alternativa real a la lucha armada. El problema es cuando la derecha no sabe  distinguir entre una y otra opci&oacute;n, y demoniza todo pensamiento cr&iacute;tico y  contestatario. Este ha sido el caso colombiano, y por eso va a ser tan dif&iacute;cil  hacer la paz. El exterminio de la izquierda no ha dejado salida pol&iacute;tica en  Colombia. Si se quiere buscar, hay que convencer a la guerrilla de que aqu&iacute;  es posible la oposici&oacute;n real como alternativa de poder pol&iacute;tico, sin estar  amenazado por ello. Y la guerrilla tiene que poder demostrar que le apuesta a  la salida pol&iacute;tica. Esto en el papel es sencillo, pero no parece serlo en la  realidad.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: A  prop&oacute;sito de quienes se oponen con las armas al sistema vigente, algunos  analistas estiman que, despu&eacute;s del derrumbe del campo socialista, resulta  cuando menos anacr&oacute;nico seguir sustentando la acci&oacute;n pol&iacute;tica en la fracasada  ideolog&iacute;a marxista. &iquest;Qu&eacute; piensa usted sobre la vigencia del marxismo? &iquest;C&oacute;mo ha  evolucionado en su obra la relaci&oacute;n con el pensamiento de Marx?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Yo pienso que precisamente ahora, terminada la guerra fr&iacute;a, una  vez &quot;desmacartizado&quot; el marxismo, es quiz&aacute; el mejor momento para comprender  todo el mensaje de Marx. Personalmente, creo que su intenci&oacute;n profundamente  moral queda todav&iacute;a por analizar: hay que investigar acerca de la convergencia  entre &eacute;tica y pol&iacute;tica en la obra de Marx. Este es un tema interesante de  trabajo acad&eacute;mico. Yo no me he ocupado expresamente del pensamiento de Marx.  Pero como todo estudioso de los pensadores de la primera Escuela de Frankfurt y  como fil&oacute;sofo interesado por los problemas de nuestra sociedad, le&iacute; con inter&eacute;s,  en especial los escritos de juventud: <i>Ideolog&iacute;a alemana</i>,<i> La cuesti&oacute;n jud&iacute;a</i>,<i> Los Manuscritos.</i> Todav&iacute;a recuerdo nuestro seminario de Marx, todos los lunes en el CINEP, cuando durante varios a&ntilde;os le&iacute;mos <i>El Capital</i>, desde la primera hasta la &uacute;ltima p&aacute;gina. Creo  que no muchos en la izquierda pueden ufanarse de esto.</p>     <p  align="justify">Al revisar  &uacute;ltimamente algunos de los escritos de Enrique Dussel, en especial su &quot;obra  mayor&quot;, la <i>Filosof&iacute;a de la liberaci&oacute;n en la edad de la  globalizaci&oacute;n y de la exclusi&oacute;n</i>, advierto que se malinterpreta, por  ejemplo, a J. Habermas, cuando se insiste en que, para estar cerca de las  intenciones de Marx, hay que citarlo continuamente. No creo que la <i>Teor&iacute;a de la Acci&oacute;n Comunicativa</i> y sus aplicaciones en  la moral, la pol&iacute;tica y el derecho est&eacute;n tan distantes de las intenciones de  Marx como pretende Dussel, quien en estos asuntos siente m&aacute;s con el coraz&oacute;n de  lo que argumenta con la raz&oacute;n. As&iacute; que, como en muchos otros aspectos de la  filosof&iacute;a, tambi&eacute;n en este del compromiso pol&iacute;tico, m&aacute;s valen la tranquilidad,  la argumentaci&oacute;n serena y el pensar sobrio. Esto no significa, sin embargo, que  crea que hay que arrepentirse del radicalismo de mayo del 68 o de las utop&iacute;as  de los setenta. Quienes quisieran hoy cobrar cuentas a la izquierda por algo  que ellos ni siquiera en su falta de imaginaci&oacute;n se atrevieron a pensar,  deber&iacute;an m&aacute;s bien ocuparse del liberalismo realmente existente, tampoco mejor  que el socialismo real que fracas&oacute;. Entonces lo que queda es el futuro, sin  dejarnos amedrentar por quienes insisten en que la historia ha llegado a su fin  y que todo est&aacute; ya programado. En esta perspectiva, Marx sigue vigente.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: &iquest;Ha  participado alguna vez en alg&uacute;n partido o movimiento pol&iacute;tico?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>No, ni en los partidos tradicionales, ni en los de izquierda. He simpatizado  con estos &uacute;ltimos, cuando se han presentado como aut&eacute;nticas alternativas  pol&iacute;ticas, porque pienso que la verdadera democracia participativa no es  posible sin &quot;la inclusi&oacute;n del otro&quot;, que haga posible un pa&iacute;s para todos, en  el que quepamos todos, basado en la &quot;justicia como equidad&quot;. Cuando los  liberales no aguantaron m&aacute;s a Luis Carlos P&eacute;rez en la Rector&iacute;a de la  Universidad Nacional, publiqu&eacute; un ensayo muy largo que se titulaba <i>El experimento marxista en la Universidad Nacional</i>.</p>     <p  align="justify">&iquest;Pero, qu&eacute; significa, en &uacute;ltimas,  participar en un partido o movimiento pol&iacute;tico? Precisamente, los partidos, al  menos entre nosotros, son poco flexibles, muy carentes de imaginaci&oacute;n,  posiblemente la mayor virtud pol&iacute;tica de todas, y se han convertido en logias,  clubes, sectas, c&iacute;rculos de amigos o de clientes, etc. Han dejado de ser  partidos pol&iacute;ticos. Entonces, parece que la alternativa que tiene el ciudadano  interesado en pol&iacute;tica es participar en movimientos m&aacute;s flexibles, lo cual no  significa que estos puedan reemplazar a los verdaderos partidos, pero quiz&aacute;s  estos verdaderos partidos todav&iacute;a est&eacute;n por inventarse entre nosotros.  Desafortunadamente, la clase pol&iacute;tica, de derecha, izquierda y centro, no  parece acertar con el objetivo fundamental de la pol&iacute;tica deliberativa y de la  democracia participativa, como articulaci&oacute;n de la soberan&iacute;a popular y &uacute;nica  fuente de legitimidad del poder: el Estado de derecho.</p>     <p  align="justify">No se puede olvidar que el derecho es  &quot;correa de transmisi&oacute;n&quot; (J. Habermas) de los intereses de solidaridad propios  de la soberan&iacute;a popular hacia otras fuentes de poder: el pol&iacute;tico y el  econ&oacute;mico. Sin esta correa de transmisi&oacute;n, que hace del derecho arma de lucha  emancipatoria y &quot;popular&quot;, la democracia queda al servicio de cualquier poder:  la religi&oacute;n, el moralismo, la fama, el dinero, el prestigio, el amiguismo.  Entonces, no habr&iacute;a que extra&ntilde;arse de que tampoco la subversi&oacute;n, desde alguno  de los extremos, est&eacute; preocupada por la pregunta acerca de la legitimidad y  de los hechos que la ponen de manifiesto ante la opini&oacute;n p&uacute;blica y la participaci&oacute;n  ciudadana.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify"><i>L. T.: &iquest;C&oacute;mo ha  colaborado usted con los procesos de paz que han adelantado los &uacute;ltimos  gobiernos?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Tuve la oportunidad de colaborar en los procesos de paz del  presidente Belisario Betancur. Precisamente, en mi calidad de profesor de la  Universidad Nacional, fui designado en 1984 como miembro de la Comisi&oacute;n de  Verificaci&oacute;n de los acuerdos de paz. Fue una experiencia sumamente  interesante. Estuvimos cuatro veces en La Uribe, donde tuve la oportunidad de  conocer a la c&uacute;pula guerrillera de aquel entonces; en uno de esos viajes fuimos  sorprendidos por las FARC con la fundaci&oacute;n de la  Uni&oacute;n Patri&oacute;tica. Parec&iacute;a que todo iba a resultar. Pude conocer desde cerca a  muchos pol&iacute;ticos reales. Me har&iacute;a interminable haciendo mi apreciaci&oacute;n desde  lejos de lo que entonces percib&iacute; de algunos de ellos. Considero interesante  dejar constancia de mi insistencia, entonces, con Alvaro Leyva, en que en la  Comisi&oacute;n se integraran los militares mismos, algo que siempre rechaz&oacute; Jaime  Castro, y que ahora vuelve a reclamarse.</p>     <p  align="justify">A los  pocos meses fui tambi&eacute;n designado para colaborar en el Di&aacute;logo Nacional  propuesto por el grupo guerrillero M-19. All&iacute; fui  Presidente de una de las Comisiones de Di&aacute;logo, la de Universidad. De nuevo,  la experiencia fue impresionante. La comparaci&oacute;n de los dos procesos dar&iacute;a  para muchos an&aacute;lisis. Pero quiero al menos dejar de nuevo la constancia de que  la universidad, en general, y en especial la p&uacute;blica, es un espacio y un tema  primordial en todo lo relacionado con la paz en este pa&iacute;s, precisamente por su  vocaci&oacute;n de formadora de ciudadanos.</p>     <p  align="justify">Ya de nuevo en Alemania, una vez que  languideci&oacute; el proceso de paz de Betancur, pude presenciar con nostalgia por  televisi&oacute;n c&oacute;mo el fundamentalismo torpe del M-19  liquidaba en el Palacio de Justicia lo poco que se hab&iacute;a hecho y lo mucho que  quedaba por hacer. Si la pol&iacute;tica es el arte de lo posible, no se puede jugar  con lo imposible, como sucedi&oacute; entonces y como parece a veces que va a suceder  ahora. &iexcl;No es posible negociar con un gobierno, si la sociedad civil est&aacute;  secuestrada!</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: &iquest;Qu&eacute;  participaci&oacute;n tuvo usted en los debates que se suscitaron alrededor de la  Constituci&oacute;n de 1991?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Desafortunadamente, s&oacute;lo tuve participaci&oacute;n acad&eacute;mica en algunas  comisiones previas; concretamente, en la de cultura. Fui un fervoroso de la  Constituci&oacute;n desde el momento de su convocatoria; considero que de lo m&aacute;s torpe  del presidente Gaviria fue ordenar el ataque a La Uribe el mismo d&iacute;a de las  elecciones para la Constituyente, en lugar de haberla aplazado hasta convencer  a las FARC; tampoco estuve de acuerdo con el  acoso para terminar su texto en s&oacute;lo cinco meses. Pero fui lector cuidadoso de  la nueva Constituci&oacute;n y todav&iacute;a lo soy. Considero que esta ya ha dado lo mejor  de s&iacute;: hacer conciencia en el pueblo del principio de soberan&iacute;a popular como  procedimiento. Desde 1991, los colombianos saben que ellos mismos hacen y pueden  hacer las constituciones. De modo que si ahora en los procesos de paz hay que  concertar una nueva carta, mejor. Ya sabemos c&oacute;mo se hacen, sabemos que deben  participar todos, si queremos que all&iacute; se invente un nuevo pa&iacute;s &quot;en el que  quepamos todos&quot;.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.:  Precisamente, desde su promulgaci&oacute;n, usted se ha expresado a favor de los  derechos y de las instituciones estatuidas en la Carta Pol&iacute;tica de 1991. No  obstante, a esta altura (1998), parecer&iacute;a que ya se trata de una constituci&oacute;n  desgastada, al punto de que tanto voceros del establecimiento como de la  insurgencia armada abogan por reformarla. &iquest;Comparte usted la necesidad de un  nuevo cambio constitucional como condici&oacute;n para lograr la paz en Colombia?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Efectivamente, comparto con muchos la opini&oacute;n de que si fuera  necesario discutir acerca de la necesidad de una nueva Constituci&oacute;n, por ejemplo,  en el proceso de di&aacute;logos de paz, esto deber&iacute;a promoverse. Ante todo, porque  estimo que la Constituci&oacute;n del 91 ya dio lo mejor de s&iacute;: a saber, el que la  gente haya comprendido que las constituciones de los pueblos las hacen los  mismos implicados; la dignidad secular de la Constituci&oacute;n del 86 no era  accesible al pueblo, se pensaba que no era alterable; que las constituciones  eran sacrosantas; ahora la gente sabe que la Constituci&oacute;n tiene legitimidad por  el proceso pol&iacute;tico democr&aacute;tico que la haya producido.</p>     <p  align="justify">Adem&aacute;s, hoy hay que reconocer que, en  el proceso constitucional del 91, faltaron sectores importantes de la poblaci&oacute;n  colombiana, en especial quienes se opon&iacute;an al sistema vigente. Si se busca  reconstruir un pa&iacute;s en el que quepan todos los colombianos, cualesquiera que  ellos sean, es necesario abrir un debate constitucional en el que todos tengan  cabida. Creo que este es uno de los retos a la democracia participativa. S&oacute;lo  un renovado proceso de participaci&oacute;n nos puede ir formando en lo que Habermas  ha llamado &quot;patriotismo constitucional&quot;. Se entiende entonces por constituci&oacute;n  aquella carta de navegaci&oacute;n o de convivencia en la que nos educamos para  aprender a solucionar gradualmente y por las buenas los problemas que nos hemos  acostumbrado a solucionar, desde hace mucho tiempo, s&oacute;lo de forma violenta.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: &iquest;Ser&iacute;a  correcto afirmar que usted ha evolucionado ideol&oacute;gicamente desde posiciones  socialistas de izquierda a posiciones liberales de centro? &iquest;C&oacute;mo se autodefine  ideol&oacute;gicamente?</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify"><i>G. H.: </i>Me parece que usted caracteriza correctamente, en t&eacute;rminos  tradicionalistas, lo que ha ocurrido. Yo pienso que lo que ha cambiado en estas  postrimer&iacute;as de milenio es el modo mismo de hacer pol&iacute;tica. La cr&iacute;tica  posmoderna al protagonismo, vanguardismo y fundamentalismo de la modernidad  tiene consecuencias radicales en el arte de la pol&iacute;tica, en la conformaci&oacute;n  de la sociedad civil, en el sentido mismo de la vida de los ciudadanos todos.  Por lo tanto, habr&iacute;a que matizar algunos puntos de su apreciaci&oacute;n. Vi&eacute;ndolo a  distancia, debo reconocer que mi simpat&iacute;a por la izquierda en los a&ntilde;os de  Alemania y durante muchos a&ntilde;os en Colombia ten&iacute;a que ver con una concepci&oacute;n de  justicia como equidad a la base del ordenamiento social y como fuente &uacute;ltima  de legitimidad del Estado democr&aacute;tico y social de derecho. Dado que parte de la  izquierda, al menos el comunismo y ciertamente la guerrilla, no parecen  apostarle realmente, aunque s&iacute; ret&oacute;ricamente, a la democracia participativa y  al Estado de derecho, dado que no se trata de la izquierda por la izquierda,  considero que es necesario buscar alternativas ideol&oacute;gicas y pol&iacute;ticas. Este  es el espacio en donde la filosof&iacute;a moral, pol&iacute;tica y del derecho  contempor&aacute;nea est&aacute; logrando sus mejores reflexiones, sus m&aacute;s razonables  s&iacute;ntesis y sus discursos m&aacute;s motivadores y convocantes.</p>     <p  align="justify">El debate entre liberales y  comunitaristas, las posiciones de la &eacute;tica discursiva, la pol&iacute;tica  deliberativa, la democracia radical (participativa), la relaci&oacute;n entre pluralismo  razonable y consenso sobre m&iacute;nimos, etc., toda esa serie de categor&iacute;as y  formas de argumentaci&oacute;n que confluyen en &quot;la convergencia entre &eacute;tica y  pol&iacute;tica&quot; me confirman en que cierto eclecticismo no s&oacute;lo en moral, sino sobre  todo en pol&iacute;tica, es la mejor respuesta, para el fil&oacute;sofo, al problema de la <i>skepsis</i> y, para el ciudadano, a la urgencia de construcci&oacute;n  de convivencia. No creo, pues, que me sienta bien de liberal de centro, menos  en Colombia, donde los liberales han perdido ya m&aacute;s de una vez la oportunidad  de serlo. A veces pienso que, desde ciertas posiciones republicanas,  eventualmente el comunitarismo conservador podr&iacute;a lograr algo; pero si se  confunde el gobernar con los mejores con el gobernar con los amigos, algo de lo  que los comunitaristas no siempre han podido curarse, tendremos de nuevo  resultados funestos.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: &iquest;C&oacute;mo  analiza usted la actual coyuntura pol&iacute;tica del pa&iacute;s (2000), sobre todo en lo  concerniente a la paz?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Antes de hacer mi an&aacute;lisis, quiero recordar a Kant en un pasaje  que no me canso de leer y citar. En 1797 escrib&iacute;a Kant, en la conclusi&oacute;n a la  doctrina del derecho, en <i>La metaf&iacute;sica de las costumbres:</i> </p>     <blockquote>       <p  align="justify">Ahora bien, la raz&oacute;n pr&aacute;ctico-moral  expresa en nosotros su veto irrevocable: no debe haber guerra; ni guerra entre  t&uacute; y yo en el estado de naturaleza, ni guerra entre nosotros como Estados que,  aunque se encuentran internamente en un estado legal, sin embargo,  exteriormente (en su relaci&oacute;n mutua) se encuentran en un estado sin ley &ndash;porque  este no es el modo en que cada uno debe procurar su derecho. Por lo tanto, la  cuesti&oacute;n no es ya la de saber si la paz perpetua es algo o es un absurdo, y si  nos enga&ntilde;amos en nuestro juicio te&oacute;rico si suponemos lo primero, sino que  hemos de actuar con vistas a su establecimiento como si fuera algo que a lo  mejor no es, y elaborar la constituci&oacute;n que nos parezca m&aacute;s id&oacute;nea para  lograrla (tal vez el republicanismo de todos los Estados sin excepci&oacute;n), y  acabar con la terrible guerra, que es el fin al que, como su fin principal, han  dirigido hasta ahora todos los Estados sin excepci&oacute;n sus disposiciones  internas. Y aunque esto &uacute;ltimo &ndash;lo que concierne al cumplimiento de este  prop&oacute;sito&ndash; quedara como un deseo irrealizable, no nos enga&ntilde;ar&iacute;amos ciertamente  al aceptar la m&aacute;xima de obrar continuamente en esta direcci&oacute;n: porque esto es  un deber; pero tomar como enga&ntilde;osa a la ley moral en nosotros mismos  despertar&iacute;a el repugnante deseo de preferir hallarse privado de raz&oacute;n y verse  sometido, seg&uacute;n sus principios, junto con las restantes clases de animales, al  mismo mecanismo de la naturaleza.</p> </blockquote>     <p  align="justify">Kant insiste en el sentido del  imperativo moral en contra de la guerra y a favor de la paz. No es asunto de  posibilidad, de viabilidad emp&iacute;rica, no se trata de un argumento meramente  sociol&oacute;gico o pol&iacute;tico; es un deber de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica el buscar la paz, as&iacute;  todas las circunstancias y los hechos mismos indicaran que ello no es posible.  Se trata, en efecto, de un imperativo procedente de la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica  sobre el deber ser, no con base en lo que es, en lo f&aacute;ctico, sino contando con  la libertad de acci&oacute;n del sujeto. Es interesante descubrir, en proposiciones  como estas, la naturaleza misma del conocimiento y de la argumentaci&oacute;n filos&oacute;fica.  Por ello, la conclusi&oacute;n es taxativa: quien s&oacute;lo se deje orientar por la facticidad,  por los hechos emp&iacute;ricos, permanece al nivel de los animales, privado de  raz&oacute;n. Porque acceder al uso de raz&oacute;n significa atreverse a pensar no s&oacute;lo  como posible, sino como necesaria la convivencia humana, apoyada en el derecho  como soluci&oacute;n pol&iacute;tica razonable a la insociable sociabilidad de los humanos.</p>     <p  align="justify">A partir de este imperativo  categ&oacute;rico por la paz, pienso que mientras se supedite la b&uacute;squeda de la paz a  fidelidades partidistas o personales, o se la ponga en funci&oacute;n del prestigio  pol&iacute;tico, se carece de los argumentos para mover a la contraparte de  posiciones ambivalentes y oportunistas. Cada d&iacute;a soy m&aacute;s pesimista, creo que  realista, en el sentido de que el proceso mismo requiere un compromiso &eacute;tico  de todos los actores. El punto de vista &eacute;tico exige un m&iacute;nimo de autenticidad,  de veracidad, de compromiso con la cosa misma. Esto no se est&aacute; cumpliendo. Tambi&eacute;n  exige que se busque, ante todo, la reconstrucci&oacute;n del tejido ciudadano con base  en la defensa de los derechos humanos, de la dignidad humana, de la vida  humana. Tampoco esto parece ser el norte de la negociaci&oacute;n, si durante ella no  se percibe ning&uacute;n esfuerzo por comenzar por alg&uacute;n lado. La b&uacute;squeda de la paz  no puede ser s&oacute;lo tarea de unos pocos, los amigos del presidente y la c&uacute;pula  guerrillera; es asunto de todos los colombianos. Todos tenemos que ponernos  &quot;la camiseta de la paz&quot;. Esto permitir&iacute;a reducir el amarillismo de los medios,  el pseudo-protagonismo de asesores y pont&iacute;fices de la paz de uno y otro lado.</p>     <p  align="justify">Si los que dicen que quieren la paz y  que quieren negociarla auscultan la opini&oacute;n del p&uacute;blico, y si los que tienen  que poderla comunicar y hacerla p&uacute;blica se comprometen tambi&eacute;n con la &quot;cosa  misma&quot;, menos con la &quot;chiva&quot;, el <i>rating</i>, sus due&ntilde;os  y los premios de periodismo, de pronto volvemos y ponemos la paz al alcance de  la sociedad civil, que es la que, en &uacute;ltimas, deber&iacute;a exigirle a las partes m&aacute;s  renuncia a los intereses particulares para buscar los comunes, m&aacute;s  imaginaci&oacute;n y visi&oacute;n para mirar por encima de las coyunturas y obst&aacute;culos,  m&aacute;s flexibilidad y coherencia para llegar al pa&iacute;s donde quepamos todos.</p>     <p  align="justify"><b>De la  filosof&iacute;a a la pol&iacute;tica</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify"><i>L. T.: En el  debate que se suscit&oacute; en 1996 con ocasi&oacute;n de los cincuenta a&ntilde;os del Departamento  de Filosof&iacute;a de la Universidad Nacional, se contrapusieron la imagen  &quot;cient&iacute;fica&quot; del fil&oacute;sofo como &quot;pensador profesional&quot; y la imagen &quot;rom&aacute;ntica&quot;  del fil&oacute;sofo como &quot;buscador de la verdad&quot;. &iquest;En cu&aacute;l de estos dos &quot;perfiles&quot; se  encuadra su labor como fil&oacute;sofo? &iquest;O habr&iacute;a que considerar una tercera v&iacute;a, el  fil&oacute;sofo como &quot;intelectual cr&iacute;tico&quot;?</i><a href="#_ftn2" name="_ftnref2" title="" id="_ftnref2"><sup>2</sup></a><i> </i></p>     <p  align="justify">Quiero, ante todo, aclarar que me  gust&oacute; mucho el debate, as&iacute; no se hubiera llegado muy lejos, pero fue un buen  comienzo. Los t&eacute;rminos de &quot;pensador profesional&quot; o &quot;filosof&iacute;a a pedacitos&quot; y  &quot;filosof&iacute;a rom&aacute;ntica&quot; me parecen bien elegidos para iniciar la discusi&oacute;n.  Encuentro interesante que se considere una tercer&iacute;a, bajo el t&iacute;tulo de  &quot;intelectual cr&iacute;tico&quot;. Pero creo que de pronto los &quot;cient&iacute;ficos&quot; volver&aacute;n a  identificar al intelectual cr&iacute;tico con el rom&aacute;ntico.</p>     <p  align="justify">Otro aspecto de la discusi&oacute;n entre  nosotros acerca de dos enfoques en la filosof&iacute;a es la relaci&oacute;n que tiene dicha  discusi&oacute;n con la que se da en otras latitudes, quiz&aacute;s con m&aacute;s sangre y menos  raz&oacute;n. Me refiero a la discusi&oacute;n entre filosof&iacute;a anal&iacute;tica y filosof&iacute;a  continental. Pienso que un buen desarrollo de la filosof&iacute;a actual en nuestro  pa&iacute;s tendr&iacute;a que poder hacer real la complementariedad entre filosof&iacute;a  anal&iacute;tica y filosof&iacute;a trascendental, o entre epistemolog&iacute;a y filosof&iacute;a moral y  pol&iacute;tica, o entre racionalidad sist&eacute;mica y racionalidad comunicativa. Lo  importante no son tanto los peligros que conllevan los t&eacute;rminos extremos,  cuanto profundizar en el sentido de la complementariedad misma. Entre nosotros,  afortunadamente, creo que estamos preparados para seguir discutiendo sin  demasiada sangre entre estas dos orientaciones de la filosof&iacute;a actual. No creo  que el asunto deba decidirse por aspectos exteriores, como, por ejemplo, los de  la profesionalizaci&oacute;n de la filosof&iacute;a. Y como no se trata de decidir entre una  y otra orientaci&oacute;n, sino de fomentar ambas, lo importante ser&iacute;a ir mostrando  posibilidades de relacionarlas en las diversas &aacute;reas de la filosof&iacute;a: por  ejemplo, es sabido que en fenomenolog&iacute;a se puede avanzar en el campo anal&iacute;tico,  pero tambi&eacute;n en el de la &eacute;tica y los sentimientos morales; <i>Liberalismo pol&iacute;tico</i> de John Rawls tiene aportes de  an&aacute;lisis importantes, y <i>Facticidad y validez</i> de  J&uuml;rgen Habermas tiene planteamientos muy significativos desde la as&iacute; llamada  perspectiva &quot;rom&aacute;ntica&quot;. El problema estar&iacute;a en la unilateralidad y  reduccionismo de una de las dos concepciones. Creo que el intelectual cr&iacute;tico,  del que usted habla, viene m&aacute;s del lado del fil&oacute;sofo rom&aacute;ntico, pero de todas  formas tambi&eacute;n un buen fil&oacute;sofo de la ciencia, un fil&oacute;sofo anal&iacute;tico puede  desempe&ntilde;arse como cr&iacute;tico de muchos aspectos del desarrollo de la sociedad.  Pienso concretamente en todo lo relacionado con el as&iacute; llamado positivismo  cient&iacute;fico, cuyo nuevo nombre bien podr&iacute;a ser el viejo t&eacute;rmino de &quot;falacia  naturalista&quot;.</p>     <p  align="justify">En el caso colombiano, me alegra que  la discusi&oacute;n entre diversos enfoques de la filosof&iacute;a nos tome bien preparados a  los del lado del romanticismo. En efecto, pienso que en el pa&iacute;s se viene  haciendo una reflexi&oacute;n seria sobre los asuntos de la filosof&iacute;a moral y pol&iacute;tica  y del derecho. Podemos enfrentarnos con buenos argumentos desde la raz&oacute;n  pr&aacute;ctica a quienes pretendieran hacer de la filosof&iacute;a s&oacute;lo una epistemolog&iacute;a en  el &aacute;mbito de la raz&oacute;n te&oacute;rica.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: A  prop&oacute;sito, durante el pasado Foro Nacional de Filosof&iacute;a celebrado en Cartagena  (mayo de 1998), usted advirti&oacute; contra los peligros de asignarle a la filosof&iacute;a  una misi&oacute;n meramente cr&iacute;tica. &iquest;No resulta extra&ntilde;a esta manifestaci&oacute;n,  proviniendo del principal gestor de la &quot;teor&iacute;a cr&iacute;tica&quot; en Colombia?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Me honra con lo del principal gestor de la &quot;teor&iacute;a cr&iacute;tica&quot;.  Simplemente, creo que he sido un buen divulgador de la filosof&iacute;a de los  pensadores de la Escuela de Frankfurt. En esta labor me ha acompa&ntilde;ado Rub&eacute;n  Jaramillo, con matices a veces diferentes, sobre todo porque su fuerte ha sido  el de los padres de la teor&iacute;a, T. Adorno, M. Horkheimer y H. Marcuse, y mi  &eacute;nfasis ha sido toda la obra de J. Habermas. Precisamente, una de las  diferencias, acentuadas por Habermas con respecto a los fundadores de la teor&iacute;a  cr&iacute;tica es que, mientras aquellos defend&iacute;an una teor&iacute;a <i>cr&iacute;tica</i> de la sociedad, &eacute;l pretende desarrollar una <i>teor&iacute;a</i> cr&iacute;tica de la sociedad. Con esto quiere dar a entender el &eacute;nfasis cr&iacute;tico, casi  fundamentalista, de obras como <i>Dial&eacute;ctica de la  ilustraci&oacute;n</i> o <i>Dial&eacute;ctica negativa</i>, y el  &eacute;nfasis constructivo o reconstructivo de su pensamiento, sobre todo a partir de  la <i>Teor&iacute;a de la Acci&oacute;n Comunicativa.</i></p>     <p  align="justify">La cr&iacute;tica  no puede ser fin en s&iacute; misma, sino que debe despejar un nuevo camino te&oacute;rico,  en el caso del segundo Habermas, el de la reconstrucci&oacute;n de las teor&iacute;as  sociales con ayuda de la racionalidad comunicativa, lo que le ha permitido  llamarlas precisamente &quot;ciencias de la discusi&oacute;n&quot;. Por ello Habermas ha ido  desarrollando discursos m&aacute;s te&oacute;ricos que cr&iacute;ticos, caracterizados sobre todo  por sus pretensiones propositivas, &quot;reformistas&quot;, en el mejor sentido de la  palabra, como el de la &quot;&eacute;tica discursiva&quot; y, m&aacute;s recientemente, el de su <i>&quot;</i>filosof&iacute;a del derecho&quot;, esa nueva obra mayor: <i>Facticidad y validez. Sobre el derecho y el Estado democr&aacute;tico  de derecho en t&eacute;rminos de teor&iacute;a del discurso.</i></p>     <p  align="justify">Habr&iacute;a que decir, por lo tanto, que a  la pregunta, tanto de Adorno en los sesenta como de Habermas en los setenta, de  &quot;&iquest;para qu&eacute; todav&iacute;a filosof&iacute;a?&quot;, se puede dar una respuesta positiva y no  meramente cr&iacute;tica. Tiene sentido asignarle tareas positivas, sistem&aacute;ticas a la  filosof&iacute;a, no necesariamente opuestas a sus funciones cr&iacute;ticas, como la de  coordinar el di&aacute;logo y la discusi&oacute;n entre los diversos saberes, criticar sus  pretensiones absolutistas y fundamentalistas (el caso del positivismo  cient&iacute;fico), e insinuar algunos puntos de consenso entre las diversas  concepciones del bien, la moral y la filosof&iacute;a misma.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: En  efecto, como usted lo ha expuesto en varias ocasiones, Habermas abandon&oacute; la  actitud negativa a ultranza de los maestros de la Escuela de Frankfurt y abri&oacute;,  con su teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa, la posibilidad de una filosof&iacute;a social  de tono m&aacute;s afirmativo. En Colombia, donde la irracionalidad y la barbarie  siguen enquistadas en las relaciones hist&oacute;ricas, &iquest;existen las condiciones para  esta reconciliaci&oacute;n con el presente, posibilitada en Europa por la vigencia  del Estado democr&aacute;tico de derecho?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Precisamente, eso era lo que quer&iacute;a a&ntilde;adir en la anterior  respuesta. Que en la discusi&oacute;n filos&oacute;fica colombiana y latinoamericana hayamos  podido avanzar algo, de suerte que inclusive podamos afirmar hoy que &quot;filosof&iacute;a  latinoamericana&quot; significa &quot;uso &eacute;tico de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica&quot;, en el sentido en  que lo explica el mismo Habermas, significa que cada vez nuestro di&aacute;logo con  las filosof&iacute;as de otras latitudes tiene m&aacute;s sentido y gana cada vez m&aacute;s vigencia.  No me refiero s&oacute;lo a la filosof&iacute;a alemana. Pienso tambi&eacute;n en la francesa, la anglosajona  y la espa&ntilde;ola. Concretamente, la filosof&iacute;a del derecho de Habermas, expuesta en <i>Facticidad y validez</i>, tiene un gran significado  para la actual discusi&oacute;n en torno a la democracia participativa en Colombia. La  tesis habermasiana es que el derecho, tanto el que se refiere al sistema de los  derechos humanos, como el que tiene que ver con las estructuras del Estado de  derecho democr&aacute;tico, debe emanciparse de la moral y de la metaf&iacute;sica  (iusnaturalismo), precisamente para poder ganar toda su legitimidad a partir de  la pol&iacute;tica, de una pol&iacute;tica que no sea mera <i>Realpolitik</i>,  sino la convergencia entre &eacute;tica y pol&iacute;tica en la sociedad civil. Se trata,  pues, de un sentido fuerte de pol&iacute;tica, en el cual tiene pleno significado  hablar de democracia participativa en el sentido de nuestra Constituci&oacute;n del  91.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">Frente a quienes consideran que el  derecho s&oacute;lo es aparato ideol&oacute;gico del Estado y que los cambios revolucionarios  s&oacute;lo tienen una legitimaci&oacute;n pol&iacute;tica y no jur&iacute;dica &ndash;y esta fue la tesis del  mismo Habermas en sus escritos de <i>Teor&iacute;a y praxis</i>&ndash;,  &eacute;l defiende ahora que el derecho es acci&oacute;n estrat&eacute;gica, acci&oacute;n instrumental que  gana todo su sentido y legitimidad en procesos pol&iacute;ticos de amplia  participaci&oacute;n ciudadana. Por eso estoy totalmente de acuerdo con Reyes Mate,  quien, al comentar la traducci&oacute;n del libro de Habermas al espa&ntilde;ol, escrib&iacute;a en <i>El Pa&iacute;s</i> de Madrid que con este libro &quot;sacaba el derecho  del infierno&quot;: s&iacute;, del infierno en el que se halla en muchos pa&iacute;ses, donde  todav&iacute;a es instrumento de dominaci&oacute;n de un poder pol&iacute;tico autoritario y de un  poder econ&oacute;mico explotador. Pero si se pone el derecho al servicio del tercer  poder social, el de la solidaridad, entonces puede llegar a ser un buen  instrumento de emancipaci&oacute;n y liberaci&oacute;n.</p>     <p  align="justify">Para sugerir que esto no es mera  utop&iacute;a, quisiera referirme a un desarrollo del discurso sobre los derechos  humanos entre nosotros: si antes dicho discurso era para legitimar su  funcionalidad con respecto a las luchas pol&iacute;ticas, hoy ya se los fundamenta a  partir de la &eacute;tica y del derecho. Son, en cierta manera, tan co-originarios  como la pol&iacute;tica, y no meramente sus comodines. Quiero adem&aacute;s indicar algo con  respecto a la democracia participativa. Pienso que una evaluaci&oacute;n de los  &uacute;ltimos procesos electorales en Colombia nos permite indicar que la democracia  participativa comienza ya a dejar de ser mera letra constitucional, para  inspirar a los movimientos populares en sus luchas por mayor participaci&oacute;n en  la cosa p&uacute;blica, tanto a nivel local como nacional.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: Para  retornar al &aacute;rea pol&iacute;tica, &iquest;qu&eacute; piensa usted de la acusaci&oacute;n formulada contra  el posmodernismo de servir de ideolog&iacute;a al actual orden neoliberal de dominaci&oacute;n?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Decir que los posmodernos son los ide&oacute;logos del  neoliberalismo me parece algo exagerado. En este punto, como en algunos otros  de la filosof&iacute;a, como, por ejemplo, con respecto a la <i>skepsis</i>,  creo que lo mejor es reconocer la verdad del postmodernismo para poder se&ntilde;alar  y criticar sus l&iacute;mites. Pues bien, la virtud de los posmodernos ha sido renovar  la cr&iacute;tica contra cierto modernismo arrogante, para poder volver a la g&eacute;nesis  de la modernidad. Pienso que algunos aspectos de la descripci&oacute;n fenomenol&oacute;gica  de las vivencias se comprenden mejor desde la actitud de los posmodernos que  desde el positivismo mismo. En cambio, creo que precisamente cierto  funcionalismo, criticado desde el principio tanto por la fenomenolog&iacute;a como por  los actuales posmodernos, s&iacute; sirve muchas veces de justificaci&oacute;n ideol&oacute;gica al  neoliberalismo. Cuando se privilegia, por encima de todo, la eficiencia, la  eficacia, el &eacute;xito, se opta por un pragmatismo cuya &uacute;nica &eacute;tica es la del  impacto, ciega a problemas m&aacute;s fundamentales de las sociedades contempor&aacute;neas,  como la pobreza absoluta, los derechos socioecon&oacute;micos, las posibilidades de  participaci&oacute;n pol&iacute;tica de las mayor&iacute;as, etc.</p>     <p  align="justify">Pero creo que algo importante de esta  tem&aacute;tica es la urgencia de un di&aacute;logo m&aacute;s estrecho entre la filosof&iacute;a y la  econom&iacute;a. Hace alg&uacute;n tiempo vengo leyendo los trabajos de Adela Cortina acerca  de la &eacute;tica de las empresas y las organizaciones. Creo que la filosof&iacute;a debe  una respuesta coherente a las inquietudes que provienen hoy en d&iacute;a de la  econom&iacute;a. Concretamente, me interesa mucho el que los economistas y los  fil&oacute;sofos en Colombia logren elaborar un modelo de gesti&oacute;n econ&oacute;mica que  responda operativamente a las inquietudes de John Rawls en <i>Teor&iacute;a de la justicia</i>, &iquest;hay un modelo econ&oacute;mico que en  Colombia pueda responder a los principios de la justicia como equidad?&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p  align="justify"><i>L. T.: Profesor  Hoyos, &iquest;qu&eacute; papel juega el concepto fenomenol&oacute;gico de &quot;mundo de la vida&quot; </i>(Lebenswelt)<i> en la construcci&oacute;n de una &eacute;tica  pol&iacute;tica de la democracia? La recuperaci&oacute;n de la comunidad moral por parte del  comunitarismo y del contexto de habla por parte del posmodernismo (v. gr.  Rorty), &iquest;recoge de forma adecuada esta referencia mundano-vital de la  fenomenolog&iacute;a?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Creo que el concepto de &quot;mundo de la vida&quot; de la fenomenolog&iacute;a,  enriquecido por la teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa desde los actos de habla,  es muy sensible a la problem&aacute;tica pol&iacute;tica. Desde un punto de vista cr&iacute;tico, se  puede comprender en toda su radicalidad el sentido de la &quot;colonizaci&oacute;n&quot; del  mundo de la vida por la racionalidad sist&eacute;mica, cuando se lo debilita  comunicativamente y se lo despoja de todo simbolismo cultural. Pienso que en el  discurso pol&iacute;tico, la mejor manera de comprender el sentido de la as&iacute; llamada  &quot;sociedad civil&quot; es precisamente esta estructura comunicativa del mundo de la  vida que lo hace &aacute;mbito de lo p&uacute;blico. Por ello estimo que el comunitarismo y  el contextualismo tienen raz&oacute;n al buscar profundizar en las ra&iacute;ces del mundo de  la vida y de la sociedad civil para motivar el compromiso &eacute;tico-pol&iacute;tico de los  asociados. Esta es su verdad. En este punto superan a las morales de corte  kantiano racionalista. Pero en el momento en que absolutizan esta concepci&oacute;n de  la moral y consideran que no es necesario ni posible argumentar en b&uacute;squeda de  acuerdos sobre m&iacute;nimos, el comunitarismo y el contextualismo se vuelven  unilaterales, y tienen inclusive el peligro de caer en nacionalismos y  fundamentalismos perjudiciales. En mi <i>&Eacute;tica para  ciudadanos</i> he insistido en la complementariedad necesaria entre el  comunitarismo y otras formas de argumentaci&oacute;n moral, dado que con ello se puede  llegar a reconocer lo mejor de las corrientes comunitaristas en actitud de  &quot;pluralismo razonable&quot;, pero superando su provincialismo en b&uacute;squeda del  consenso sobre m&iacute;nimos.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: En  funci&oacute;n de la mencionada &eacute;tica pol&iacute;tica de la democracia, usted ha entrecruzado  el acercamiento neo-contractualista de Rawls con el acercamiento discursivo de  Habermas. En s&iacute;ntesis, &iquest;qu&eacute; aporta cada uno de estos enfoques y qu&eacute; aporta la  articulaci&oacute;n entre los dos?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Su pregunta me permite aclarar algo de mi <i>&Eacute;tica  para ciudadanos</i> que no creo que haya sido comprendido plenamente. El  fuerte de la propuesta de John Rawls es la estructura del modelo. En efecto,  creo que frente a la cr&iacute;tica comunitarista a las morales kantianas, s&oacute;lo  quedaba la soluci&oacute;n propuesta por Rawls: el &quot;pluralismo razonable&quot;. Este pluralismo  significa que yo reconozco la diversidad de morales, religiones, filosof&iacute;as,  visiones del mundo y de la vida, y concepciones del bien, y que, sin embargo,  no renuncio a argumentar en asuntos de &eacute;tica y moral en b&uacute;squeda del &quot;consenso  entrecruzado&quot; sobre m&iacute;nimos, sobre los cuales sea posible construir las bases  de la convivencia social contempor&aacute;nea. Por lo tanto, el pluralismo razonable y  el consenso entrecruzado se condicionan mutuamente, pues s&oacute;lo los pluralistas  pueden arriesgarse a llegar a acuerdos m&iacute;nimos, y s&oacute;lo desde estos m&iacute;nimos es  posible seguir perteneciendo a los m&aacute;ximos. M. Walzer ha utilizado los t&eacute;rminos  de &quot;tenues&quot; y &quot;densos&quot;. Pero si el fuerte de la propuesta rawlsiana son las  estructuras, el de la propuesta de Habermas es el de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica  que da vida a esas estructuras y las pone en movimiento para que no se queden  en meras formas contractuales. Pero si se relacionan din&aacute;micamente las visiones  omnicomprensivas del bien, de la vida, de la moral, etc., como de hecho sucede  en la sociedad actual, el pluralismo razonable se va convirtiendo en forma de  vida de las comunidades concretas. La participaci&oacute;n pol&iacute;tica permite superar la  mera tolerancia, que siempre sigue amenazando con volverse indiferencia,  frivolidad y cinismo. Y es precisamente dicho compromiso, en su forma m&aacute;s  actual de democracia participativa, el que mejor nos permite pasar del  pluralismo razonable al acuerdo sobre m&iacute;nimos, aquellos m&iacute;nimos &eacute;tico-pol&iacute;ticos  que pueden dar legitimidad a un patriotismo constitucional, si se entiende la  constituci&oacute;n como cartilla de aprendizaje de formas de convivencia y de  soluci&oacute;n pac&iacute;fica de los conflictos. Para resumirlo: el modelo y la estructura  es el del liberalismo pol&iacute;tico, la gram&aacute;tica y la sintaxis son las de la  participaci&oacute;n pol&iacute;tica.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: Tanto  Habermas como Rawls se reconocen herederos de la &eacute;tica kantiana, si bien aducen  haberla trascendido a trav&eacute;s de un liberalismo meramente pol&iacute;tico y de la argumentaci&oacute;n  intersubjetiva, respectivamente. En su caso particular, &iquest;qu&eacute; se conserva y qu&eacute;  se rechaza de la filosof&iacute;a pr&aacute;ctica de Kant?</i> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify"><i>G. H.: </i>No creo que sea necesario hablar de rechazo de algo en la &eacute;tica  kantiana. He encontrado ciertamente, como usted lo indica, que tanto Rawls como  Habermas hacen dos propuestas novedosas de superaci&oacute;n o actualizaci&oacute;n de la  moral kantiana. En especial, la reconstrucci&oacute;n discursiva del imperativo  categ&oacute;rico kantiano me parece sumamente acertada, y ha sido la propuesta m&aacute;s  sensata para poder insistir en el universalismo moral. El que s&oacute;lo consideremos  v&aacute;lidas aquellas normas en cuyo establecimiento hubieran podido participar  virtualmente y estar de acuerdo quienes son afectados por ellas, es algo que  hoy en d&iacute;a tiene la mayor aplicaci&oacute;n. El discurso sobre los derechos humanos y  los asuntos de la justicia, tambi&eacute;n a nivel internacional, carecer&iacute;an de  incidencia si no fuera por la vigencia del universalismo que imprimi&oacute; Kant a la  moral.</p>     <p  align="justify">El otro aspecto en el que creo que  valdr&iacute;a la pena seguir insistiendo, desde una perspectiva de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica  de estirpe kantiana, ser&iacute;a en la &iacute;ntima relaci&oacute;n entre moralidad y libertad. En  la actual discusi&oacute;n en torno a la filosof&iacute;a moral, pol&iacute;tica y del derecho  habr&iacute;a que resaltar una y otra vez el que s&oacute;lo en una actitud moral radical es  posible descubrir el aut&eacute;ntico sentido de la libertad humana. Esto es aut&eacute;ntica  herencia kantiana, como lo indiqu&eacute; desde mis primeros trabajos sobre Kant, y  que no creo deba perderse hoy.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: Aunque  procuraba distinguir las competencias de cada esfera, en definitiva Kant  postulaba que la &eacute;tica deb&iacute;a orientar la pol&iacute;tica y el derecho. Sin embargo,  Rawls y Habermas tienden, en sus &uacute;ltimas obras, a concederles mayor independencia  funcional a estos &uacute;ltimos. &iquest;No se corre as&iacute; el riesgo de una positivizaci&oacute;n del  pensamiento y de la acci&oacute;n pol&iacute;tica y jur&iacute;dica?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>No lo creo. Yo mismo he insistido en que la  emancipaci&oacute;n del derecho con respecto a la moral, propuesta por Habermas, as&iacute;  amenace con dejarle campo libre a la as&iacute; llamada <i>Realpolitik</i>,  es a la vez la mejor manera de desarrollar un sentido m&aacute;s aristot&eacute;lico de la  pol&iacute;tica, inspirado desde sus ra&iacute;ces por una comprensi&oacute;n societal de la &eacute;tica.  El principio discursivo es a la vez fundamento de la moralidad y, en cierto  paralelismo, de la constituci&oacute;n de la pol&iacute;tica y del derecho, en el sentido m&aacute;s  originario de la &eacute;tica. No podemos confundir los esfuerzos de concreci&oacute;n de un  pensamiento filos&oacute;fico con el positivismo. En especial, casos como el  colombiano exigen mucha imaginaci&oacute;n del fil&oacute;sofo para poder intervenir con su  discurso en las situaciones conflictivas concretas, como son la guerra y la  paz, la violencia, el sentido del derecho, tanto de los derechos humanos como  el Estado de derecho democr&aacute;tico. Se trata de temas muy concretos y a la vez  muy filos&oacute;ficos.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: M&aacute;s all&aacute;  de la mera tolerancia y del pluralismo pol&iacute;tico, los te&oacute;ricos del  multiculturalismo han enunciado la exigencia del reconocimiento afirmativo de  las diferencias. &iquest;Qu&eacute; tan cerca nos hallamos en Colombia de un pleno respeto  por la diversidad cultural?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Estoy de acuerdo con los te&oacute;ricos del multiculturalismo en la  necesidad del reconocimiento de las diferencias. Pero ya va siendo hora de  aclarar te&oacute;ricamente con ellos c&oacute;mo podemos defendemos de las &quot;trampas&quot; del  multiculturalismo. En el I Congreso Iberoamericano de Filosof&iacute;a, en Espa&ntilde;a, que  acaba de pasar (1998), Victoria Camps y Ernesto Garz&oacute;n Vald&eacute;s llamaron la  atenci&oacute;n enf&aacute;ticamente acerca de los peligros del triunfalismo multiculturalista.  Es impresionante su voz de alerta, sobre todo viniendo de donde viene.</p>     <p  align="justify">Por mi parte, quiero reiterar la  figura argumentativa, corriendo el riesgo de ser repetitivo: hay que reconocer  que el multiculturalismo no es un problema; se trata m&aacute;s bien de una riqueza  &eacute;tnica y cultural. Pero tambi&eacute;n puede ser un peligro cuando se ignora, por  principio, que desde la diferencia tambi&eacute;n es posible reconocer a la vez las  diferencias de aquellos a quienes se exige que las reconozcan. Entonces no todo  lo que ha hecho Occidente tiene que ser rechazado ahora, porque hayamos  descubierto la necesidad del reconocimiento de las diferencias. Y quiz&aacute;, a  pesar de todas las deficiencias y exageraciones, lo m&aacute;s importante de la  modernidad de Occidente es el descubrimiento de la universalidad de la  subjetividad, de su dignidad, de su identidad, a pesar de todas las diferencias  de color, religi&oacute;n, raza, inclusive de g&eacute;nero. Me parece una posici&oacute;n  excesivamente c&oacute;moda la de algunos adalides de las diferencias al criticar a  ultranza todo esfuerzo por llegar a los m&iacute;nimos culturales, pol&iacute;ticos,  jur&iacute;dicos e institucionales que puedan fomentar la convivencia y posibilitar la  cooperaci&oacute;n. Siempre ser&aacute;n opositores de toda propuesta pol&iacute;tica, estar&aacute;n  siempre a la espera para criticar lo que no funciona como otro exceso de la  raz&oacute;n unificadora. Para esto ni siquiera es necesario tener imaginaci&oacute;n, dado  que el abstencionismo y el negativismo radicales son inm&oacute;viles, dogm&aacute;ticos en  su indiferencia frente a todo argumento, caprichosos por cuanto se cierran a  todo razonamiento.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: De la mano del multiculturalismo, tambi&eacute;n  se ha replanteado la discusi&oacute;n en torno a la inserci&oacute;n cultural del mismo  pensamiento filos&oacute;fico. En nuestra regi&oacute;n, algunos autores han expuesto  incluso el proyecto de una filosof&iacute;a genuinamente latinoamericana. Dado que  usted desecha esta alternativa, &iquest;c&oacute;mo concilia la universalidad propia del  filosofar con la necesidad de responder a los diferentes contextos de  aplicaci&oacute;n?</i></i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>No es que yo haya rechazado el que se haga filosof&iacute;a  en, desde o sobre Latinoam&eacute;rica. Lo que nunca he entendido del todo es que  para ello haya que adjetivar la filosof&iacute;a. Recientemente he escrito un trabajo  que titulo: &quot;Filosof&iacute;a Latinoamericana significa uso &eacute;tico de la raz&oacute;n  pr&aacute;ctica&quot;<i>.</i> En &eacute;l afirmo que la actual filosof&iacute;a  moral y pol&iacute;tica en Latinoam&eacute;rica responde con creces a las inquietudes,  intuiciones y exigencias de los fil&oacute;sofos de la liberaci&oacute;n, evitando su  mesianismo. Posteriormente, como ya lo he insinuado arriba, he tenido  conocimiento del voluminoso libro de Enrique Dussel, <i>&Eacute;tica  de la liberaci&oacute;n en la edad de la globalizaci&oacute;n y de la exclusi&oacute;n</i>, cuya  lectura no me ha hecho cambiar de opini&oacute;n. Me preocupa sobre todo el talante  &quot;latinoamericanista&quot;, muy suspicaz ante todo lo europeo, lo cual no creo que  ayude mucho a la &quot;cosa misma&quot;. Debo reconocer, sin embargo, que el di&aacute;logo  reciente entre Dussel y Karl-Otto Apel promete algo mejor; al menos descongelar  cierta situaci&oacute;n en la que se han instalado los liberacionistas al considerar  que lo que no se hace en su equipo es falso o al menos indiferente con respecto  a las tareas urgentes de la filosof&iacute;a entre nosotros.</p>     <p  align="justify"><b>El compromiso  del fil&oacute;sofo</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify"><i>L. T.: En la  &uacute;ltima parte de esta entrevista, propongo que volvamos a hablar de la situaci&oacute;n  del quehacer filos&oacute;fico en Colombia. Despu&eacute;s de tres d&eacute;cadas de actividad  docente e intelectual, &iquest;estima usted que se puede hablar de la existencia de  una comunidad filos&oacute;fica en nuestro pa&iacute;s, suficientemente consolidada hacia  dentro y plenamente reconocida por los dem&aacute;s sectores de la cultura?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Ya he dicho algo a este prop&oacute;sito. Creo que entre nosotros se  avanza en la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica. Considero importante el que haya j&oacute;venes  dedicados al asunto y que se est&eacute;n formando bien, tanto en el pa&iacute;s como en el  extranjero. Pienso, sin embargo, que habr&iacute;a que fomentar m&aacute;s la comunicaci&oacute;n y  el debate. Adem&aacute;s de los foros nacionales de filosof&iacute;a y otras actividades  semejantes, ser&iacute;an igualmente importantes seminarios especializados.  Desafortunadamente, se cuenta con poco apoyo de las instituciones y del Estado  para el fomento de la filosof&iacute;a y, en general, de la cultura y de las ciencias  sociales. Siempre que se recorta el presupuesto de inversi&oacute;n, se comienza por  estas &aacute;reas que siguen siendo consideradas como de &quot;adorno&quot;. Nada extra&ntilde;o que  para la mayor&iacute;a de los estudiantes sigan siendo &quot;costuras&quot;. Mi participaci&oacute;n en  ciertos &oacute;rganos de decisi&oacute;n, como lo he indicado antes, me permite ser cr&iacute;tico  en este sentido. Hasta ahora el apoyo sustantivo del Estado, de las instituciones  y del sector privado a las humanidades, la cultura y las ciencias de la  discusi&oacute;n no supera en mucho la mera ret&oacute;rica. Sin un apoyo decidido por parte  del Estado, de las instituciones y del sector privado a las ciencias sociales y  a la filosof&iacute;a, no podemos esperar que en nuestra cultura se den signos  promisorios de paz y convivencia. Lo que est&aacute; en juego es la sustancia misma de  la sociedad, de nuestras formas de vida y del sentido de la educaci&oacute;n para las  generaciones j&oacute;venes. Habr&iacute;a, pues, que revisar los diversos aspectos de las  pol&iacute;ticas que tienen que ver con la financiaci&oacute;n de programas de estas  disciplinas, con las bibliotecas, las becas, los congresos, los seminarios,  etc. De todo esto se habla mucho, se hacen &quot;Misiones&quot;, pero en definitiva no se  hace lo que hay que hacer. Entonces, todo el discurso sobre las comunidades  acad&eacute;micas se queda en la pura formulaci&oacute;n, se hace depender todo de la  iniciativa de unos cuantos idealistas y el pa&iacute;s sigue siendo atrasado en  pol&iacute;ticas culturales. Este atraso es incultura, y la incultura se paga con  intolerancia, autoritarismo, improvisaci&oacute;n y violencia.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: De cara a  la sociedad civil, &iquest;qu&eacute; tanto contribuyen los intelectuales en general y en  especial los fil&oacute;sofos a la animaci&oacute;n &eacute;tica de nuestros debates p&uacute;blicos?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Deber&iacute;an contribuir m&aacute;s, pero falta el est&iacute;mulo suficiente para  poderlo hacer con sentido. Ni los pol&iacute;ticos, ni los medios, ni el sector  privado tienen mayor inter&eacute;s por estos temas de la cr&iacute;tica cultural y de la  sustancia &eacute;tica de la sociedad. En la inauguraci&oacute;n del Congreso Internacional  de Bio&eacute;tica, celebrado en Bogot&aacute; a principios de junio de 1998, se tuvo una  mesa redonda en la que los principales medios de comunicaci&oacute;n reconocieron su  culpa en el pasado y su responsabilidad en el presente con respecto al <i>ethos</i> de lo p&uacute;blico en Colombia. Falta ver si no se trat&oacute;  de nuevo de un recurso de publicidad para estar en la noticia.</p>     <p  align="justify">Los fil&oacute;sofos y los intelectuales en  general son tenidos en Colombia como asunto ex&oacute;tico, naturalmente no necesario,  superfluo con respecto a las urgencias del pa&iacute;s. De todas formas, las  orientaciones para el obrar o ya las tienen quienes deciden, o son asunto de la  religi&oacute;n o de cierto instinto privado o de los partidos establecidos.  Sencillamente, el clima cultural est&aacute; tan enrarecido, que no parece tener mucho  sentido pronunciarse desde este &aacute;ngulo. Si acaso, si se logra poner todo el  sensacionalismo que pueda interesar a los medios, en general tan superficiales  como la clase dirigente, es posible llegar con alg&uacute;n mensaje. La pregunta es si  el sensacionalismo puede sostenerse y si el mensaje mismo puede superarlo.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: Profesor  Hoyos, hace algunos a&ntilde;os usted desarroll&oacute;, de forma por dem&aacute;s bella, la idea de  Husserl del fil&oacute;sofo como &quot;funcionario de la humanidad&quot;. Dirigi&eacute;ndose en especial  a los estudiantes de nuestros departamentos y facultades de filosof&iacute;a, &iquest;qu&eacute;  significa asumir esta misi&oacute;n encomendada por el padre de la fenomenolog&iacute;a?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>Quiz&aacute;s el pesimismo (o realismo) con el que he respondido las  &uacute;ltimas preguntas aclare algo. El mismo fundador de la fenomenolog&iacute;a dec&iacute;a, en  v&iacute;speras de la Segunda Guerra Mundial, que el mayor mal de Occidente era el  cansancio. Creo que algo as&iacute; pasa en Colombia. Le queda dif&iacute;cil al fil&oacute;sofo en  su soledad despertar la conciencia de responsabilidad, cuando la opini&oacute;n  p&uacute;blica, de mano de los medios, se ha ido acostumbrando a la corrupci&oacute;n por  parte de los dirigentes, a la intolerancia y la violencia por parte de los poderosos,  a las violaciones de los derechos humanos por parte de los que tienen el poder  de las armas, a la indiferencia del Estado y de los poderosos frente a la  injusticia y al autoritarismo de quienes dicen tener responsabilidades  p&uacute;blicas. En esto, las dem&aacute;s ciencias sociales y humanas, as&iacute; como una actividad  cultural cr&iacute;tica y comprometida con los destinos del pa&iacute;s pueden ser de gran  importancia en di&aacute;logo con la filosof&iacute;a. Pero insisto que sin una &quot;conversi&oacute;n&quot;  radical de los medios, nuestro futuro es impredecible.</p>     <p  align="justify">Por todo esto, sin poder repetir hoy  con el optimismo de otros momentos lo del &quot;funcionario de la humanidad&quot;, quiz&aacute;  s&iacute; valga la pena exhortar a los educadores y a los educandos para que no  descansen en pensar e imaginar que sigue teniendo sentido insistir en los  valores de la cultura, de la educaci&oacute;n para la mayor&iacute;a de edad, de la formaci&oacute;n  en valores aut&eacute;nticos.</p>     <p  align="justify"><i>L. T.: Por  &uacute;ltimo, &iquest;qu&eacute; funci&oacute;n pol&iacute;tica estima que ha jugado su pensamiento  &eacute;tico-pol&iacute;tico en torno al Estado democr&aacute;tico de Derecho?</i></p>     <p  align="justify"><i>G. H.: </i>M&aacute;s que un pensador en el &aacute;mbito de la pol&iacute;tica, me considero un  estudioso de los asuntos de la filosof&iacute;a moral, pol&iacute;tica y del derecho, en el  sentido m&aacute;s aut&eacute;ntico del t&eacute;rmino, en el marco de la actual discusi&oacute;n en tomo a  la filosof&iacute;a pr&aacute;ctica. Pienso que el aporte espec&iacute;fico de la filosof&iacute;a a la pol&iacute;tica  es precisamente el infundirle una sustancia &eacute;tica; lo que, a la vez, significa  que el uso &eacute;tico de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica encuentra pleno sentido en la dimensi&oacute;n  pol&iacute;tica. Contra lo que muchos piensan de la inutilidad del pensamiento  te&oacute;rico filos&oacute;fico, tanto neoliberales fan&aacute;ticos como posmodernos esc&eacute;pticos,  considero que el pensamiento es un aporte definitivo para los cambios  culturales y sociales. As&iacute; eval&uacute;o los aportes de los grandes fil&oacute;sofos de  nuestros d&iacute;as. La urgencia de los problemas de la convivencia, de la democracia,  de la justicia, de los derechos humanos y de las relaciones entre pobres y ricos,  poderosos y excluidos, me ha hecho cada vez m&aacute;s gratificante mi acercamiento a  estos pensadores, en los que he encontrado, desde diversas perspectivas y  paradigmas, ese lugar com&uacute;n: la inquietud insobornable e irrenunciable de responder  a la pregunta de Kant: &iquest;qu&eacute; es el hombre?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">Pero quiz&aacute;s algo s&iacute; est&eacute; cambiando en  general acerca de la manera de responder a esa pregunta. Hace algunos meses caracteric&eacute;  la funci&oacute;n de la universidad p&uacute;blica colombiana, en la &uacute;ltima mitad de siglo,  como una especie de evoluci&oacute;n en b&uacute;squeda del sentido de pertinencia, en  b&uacute;squeda de su interlocutor, del &quot;otro&quot; (en el m&aacute;s aut&eacute;ntico sentido  levinasiano), de su responsabilidad y de su compromiso. Quiero repetir esta  caracterizaci&oacute;n, porque en ella puede estar en cierta manera calcada la  evoluci&oacute;n del intelectual colombiano. La reciente historia de la universidad  colombiana nos recuerda una universidad modernizante en la d&eacute;cada de los  cincuenta, que se propuso, con base en el desarrollo de la ciencia, la t&eacute;cnica  y la tecnolog&iacute;a, servir a la industrializaci&oacute;n del pa&iacute;s. Pas&oacute;, en los a&ntilde;os  setenta, a la universidad revolucionaria, muy influida por mayo del 68 de Europa  y por el movimiento estudiantil en Estados Unidos. Se pensaba que la universidad  era la cantera de los revolucionarios o por lo menos del cambio social, y la  caja de resonancia de los conflictos de la &eacute;poca. Quienes llegamos a esa  universidad con el convencimiento de que all&iacute; est&aacute;bamos inventando la nueva  Colombia, a&ntilde;oramos todav&iacute;a hoy el <i>ethos</i> comprometido  de los a&ntilde;os setenta. Vino luego la reacci&oacute;n a la universidad politizada desde  la universidad de investigaci&oacute;n, la cual pretendi&oacute; retomar la idea de los  claustros bajo la nueva figura de la comunidad cient&iacute;fica. La universidad se  repleg&oacute; sobre s&iacute; misma en un narcisismo sospechoso, los mejores establecieron  v&iacute;nculos acad&eacute;micos con el extranjero, se acentu&oacute; la ruptura con una sociedad  que ya comenzaba a desconfiar de la academia y que a veces quisiera prescindir  de ella. La universidad y sus profesores se encerraron en lo suyo: producci&oacute;n  de conocimientos, publicaciones internacionales, acreditaci&oacute;n de los mejores.  Es la universidad de la excelencia. La &uacute;ltima etapa, muy marcada por el <i>kinder</i> andino y javeriano en el Palacio de Nari&ntilde;o<a href="#_ftn3" name="_ftnref3" title="" id="_ftnref3"><sup>3</sup></a> y por asesores improvisados de campa&ntilde;as pol&iacute;ticas, pertenece a quienes  buscaron un nuevo protagonismo de la universidad, al salir abruptamente del  aislamiento para ubicarse de una como gestores en los &oacute;rganos del poder. Es una  nueva universidad pol&iacute;tica, ahora en el gobierno o en la oposici&oacute;n partidista,  que no raras veces confunde la pol&iacute;tica universitaria con meterle pol&iacute;tica  partidista a la universidad. Lo &uacute;nico que decimos hoy de ella, as&iacute; sus  defensores nos detesten por el solo hecho de pensarlo, es que parecen haber  errado tambi&eacute;n el camino, con la gran diferencia de que los anteriores modelos,  menos dogm&aacute;ticos que los de los ne&oacute;fitos del compromiso partidista, todav&iacute;a  se preguntaban por el <i>ethos</i> de la universidad, as&iacute;  lo buscaran en el lugar equivocado. En efecto, ni la universidad modernizante  que redujo muy afanadamente la modernidad a mera modernizaci&oacute;n, ni la revolucionaria  que en su fundamentalismo no pudo dise&ntilde;ar alternativas pol&iacute;ticas de cambio, ni  la narcisista que todav&iacute;a no logra reencontrarse con el pa&iacute;s real, ni la  re-politizada que sigue buscando un futuro al final de la historia, han podido  relacionarse con la sociedad civil, con esa de carne y hueso a la que  pertenecemos, y a la que de todas formas se deben la universidad del progreso,  la del cambio, la de la excelencia y la de la pol&iacute;tica.</p>     <p  align="justify">Desde un  desarrollismo a ultranza, hasta la frivolidad desalmada de los pragm&aacute;ticos,  pasando por el protagonismo revolucionario y por el elitismo cientificista, se  ha considerado al pueblo como masa, como inculto, como menor de edad, y se ha  mirado a la sociedad civil desde las alturas, desde una autonom&iacute;a colindante  con cierto protagonismo vanguardista. Es la dial&eacute;ctica de la Ilustraci&oacute;n, la  crisis de la modernidad en el <i>alma</i> <i>mater</i>, all&iacute; mismo donde esta naci&oacute; y se nutri&oacute;. Pienso,  pues, que la tarea hoy es restablecer la comunicaci&oacute;n con el p&uacute;blico, con la  sociedad civil. Con respecto a ella se gana la pertinencia de la educaci&oacute;n y de  la construcci&oacute;n de lo p&uacute;blico y, por lo tanto, tambi&eacute;n del pensamiento  &eacute;tico-pol&iacute;tico. J&uuml;rgen Habermas lo formul&oacute; hace poco: &quot;No el fil&oacute;sofo, los  ciudadanos han de tener la &uacute;ltima palabra&quot;.</p>     <p  align="justify"><i>P</i><i>ost Scriptum</i> Guillermo Hoyos V&aacute;squez, maestro de humanidad</i></i><a href="#_ftn4" name="_ftnref4" title="" id="_ftnref4"><sup>4</sup></a> </p>     <p  align="justify">&quot;S&eacute; fil&oacute;sofo, pero en medio de tu  filosof&iacute;a s&eacute; hombre&quot;: esta frase de David Hume la cita el joven Kant en sus  reflexiones manuscritas, y ahora me permito citarlos a los dos para rememorar  al maestro Guillermo Hoyos. Otras plumas m&aacute;s atildadas que la m&iacute;a han destacado  su contribuci&oacute;n y continuar&aacute;n estudiando su legado al cultivo disciplinario de  la filosof&iacute;a en Colombia. Kant, Marx, Husserl, Rawls, Habermas han tenido en &eacute;l  (perm&iacute;taseme seguir hablando en presente) no dir&eacute; un divulgador, ni siquiera un  int&eacute;rprete aventajado, sino un interlocutor profundo que hizo significativas  para nosotros las ense&ntilde;anzas de estos y otros cl&aacute;sicos de la tradici&oacute;n  filos&oacute;fica. </p>     <p  align="justify">Quienes como estudiantes, profesores  e investigadores participamos en el amplio campo de los saberes humanos,  sociales, jur&iacute;dicos, pedag&oacute;gicos y, por extensi&oacute;n, en todo el mundo acad&eacute;mico,  de seguro hemos recibido los aportes que &eacute;l ha brindado a nuestro oficio desde  la Universidad Javeriana, desde la Universidad Nacional de Colombia, desde el  Consejo Nacional de Acreditaci&oacute;n (CNA) y desde  tantos otros escenarios educativos e institucionales. As&iacute; los colegas y  estudiantes m&aacute;s j&oacute;venes no hayan tenido oportunidad de seguir sus cursos o  asistir a sus conferencias, podemos afirmar que todos nosotros somos herederos  espirituales directos o indirectos de su tesonera labor en la animaci&oacute;n del  quehacer filos&oacute;fico y human&iacute;stico en nuestro pa&iacute;s. En la escuela de filosof&iacute;a  de la Universidad Santo Tom&aacute;s siempre recordaremos su apoyo a nuestra &quot;baja  Iglesia&quot; y su ense&ntilde;anza de que filosof&iacute;a latinoamericana no es otra cosa que  ejercer el uso p&uacute;blico de la raz&oacute;n. Uso p&uacute;blico cr&iacute;tico en el genuino sentido  kantiano, marxiano y habermasiano, que fue la permanente lecci&oacute;n de ciudadan&iacute;a  que &eacute;l le imparti&oacute; a la sociedad colombiana solidariamente con su ejemplo y con  su discurso.</p>     <p  align="justify">Al recordarlo, sin embargo, deseo m&aacute;s  bien dar testimonio del entra&ntilde;able ser humano llamado Guillermo Hoyos. Lejos de  m&iacute; reclamar la amistad cercana que disfrutaron algunos de sus colegas y  disc&iacute;pulos, pero gracias a su deferencia para conmigo s&iacute; me siento autorizado a  evocar su personalidad. Pasi&oacute;n, responsabilidad y generosidad son los rasgos  que me permitir&eacute; destacar en su car&aacute;cter, desde luego sin pretensiones de  exhaustividad psicol&oacute;gica. Los que compartimos labor y vida con &eacute;l, nunca  olvidaremos las frases c&aacute;usticas con que expresaba su apasionamiento por la  verdad y contra la injusticia. Y la responsabilidad con el pensar y desde el  pensar que &eacute;l descubri&oacute; en su maestro Edmund Husserl, en &eacute;l mismo, como  fenomen&oacute;logo colombiano, se tradujo en la escrupulosidad de sus textos y sus  clases, y en su compromiso con la humanizaci&oacute;n y la democracia en Colombia. De  sus gestos y actos generosos, a veces inmerecidos, como en mi propio caso, nos  beneficiamos varios de quienes tuvimos la suerte de cruzarnos en su camino  profesional y vital.</p>     <p  align="justify">Para celebrar su memoria, no  incurrir&eacute; en la insolencia de aclarar que no fue un ser humano perfecto, pues  ya Porfirio Barba Jacob inventari&oacute; las m&uacute;ltiples tonalidades de lo que implica  ser &quot;un hombre&quot;. Quienes en vida o despu&eacute;s hayan diferido con &eacute;l est&aacute;n en todo  su derecho de controvertirlo; derecho que por lo dem&aacute;s &eacute;l fue ciertamente el  primero en reivindicar. Consciente de su propia val&iacute;a, sin falsas humildades,  polemista nato, se jugaba a fondo en los debates, pero sin sobrepasar los  l&iacute;mites del respeto a sus opositores. Convencido a fondo de sus ideas, ello no  le imped&iacute;a, sin embargo, abrirse a la escucha pluralista de los mejores  argumentos. Antes que un tema de su especializaci&oacute;n, la &eacute;tica del di&aacute;logo fue  para &eacute;l una profesi&oacute;n de fe filos&oacute;fica y humana.</p>     <p  align="justify">Contra lo que sugerir&iacute;a una ex&eacute;gesis  superficial de la sentencia humeana de Kant, en realidad no se trata de  escindir el ejercicio filos&oacute;fico de la condici&oacute;n humana, sino de comprender el  debido <i>telos</i> humano de toda reflexi&oacute;n filos&oacute;fica.  Como nos gusta hacer memoria esta vez del <i>Opus posthumum</i> kantiano, la filosof&iacute;a como amor a la sabidur&iacute;a posee la finalidad primordial  de mejorar rigurosamente a los seres humanos, y nuestro fil&oacute;sofo es una  magn&iacute;fica demostraci&oacute;n de ello. Pero tal misi&oacute;n s&oacute;lo puede tener cabal  cumplimiento en la esfera pol&iacute;tica, como lo declara Hoyos en sus propias  palabras en la entrevista que nos concedi&oacute; hace algunos a&ntilde;os: &quot;Pienso que el  aporte espec&iacute;fico de la filosof&iacute;a a la pol&iacute;tica es precisamente el infundir en  ella una sustancia &eacute;tica; lo que a la vez significa que el uso &eacute;tico de la  raz&oacute;n pr&aacute;ctica encuentra pleno sentido en la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica&quot;. Por todo  ello, nuestro recordado profesor Guillermo fue y seguir&aacute; siendo para nosotros  un insuperado maestro de filosof&iacute;a como insuperable maestro de humanidad. </p> <hr size="1">     <p  align="justify"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1" title="" id="_ftn1">1</a>  Bajo los t&iacute;tulos de  &quot;El compromiso &eacute;tico del pensar&quot; y &quot;El compromiso pol&iacute;tico del pensar&quot;, en 1998  y 2001 respectivamente, se publicaron en la revista <i>Cuadernos  de Filosof&iacute;a Latinoamericana</i>, de la Universidad Santo Tom&aacute;s de Bogot&aacute;,  dos entrevistas que le concedi&oacute; el profesor Guillermo Hoyos V&aacute;squez al profesor  Leonardo Tovar Gonz&aacute;lez. Con motivo de su reciente fallecimiento, ocurrido en  Bogot&aacute; el pasado 5 de enero del 2013, el entrevistador ha fusionado en un texto  integral sus respuestas, a manera de testimonio de viva voz de su legado humano  e intelectual. Hemos considerado que su publicaci&oacute;n en <i>Ideas  y Valores</i> constituye la mejor forma de rendir homenaje a su memoria, y  agradecemos a la revista <i>Cuadernos de Filosof&iacute;a  Latinoamericana</i>, as&iacute; como al entrevistador, la autorizaci&oacute;n otorgada  para ello.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2" title="" id="_ftn2">2</a>  V&eacute;ase, Schumacher, C. &quot;Acerca del pensador  profesional&quot;, <i>Ideas y Valores</i> 46/104 (1997): 20-28.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3" title="" id="_ftn3">3</a>  Se refiere a los  j&oacute;venes ministros y asesores del presidente que proven&iacute;an de la Universidad de  los Andes y de la Pontificia Universidad Javeriana.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4" title="" id="_ftn4">4</a>  Nota escrita el s&aacute;bado  5 de enero del 2013, con motivo de su deceso.</p> <hr size="1">     <p  align="right"><b>LEONARDO TOVAR GONZ&Aacute;LEZ</b><br />   Universidad  Santo Tom&aacute;s - Colombia<br />   <a href="mailto:leotovar@gmail.com"><i>leotovar@gmail.com</i></a></p> </font>      ]]></body>
</article>
