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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Pereira, Gustavo. "Eticidad democrática y lucha por el reconocimiento: una reconstrucción de la influencia de Hegel en la democracia deliberativa", Areté &#91;Pontificia Universidad Católica del Perú&#93;]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Pereira, Gustavo.</B></font>    <br> <font size="3">"Eticidad democr&aacute;tica y lucha por el reconocimiento: una reconstrucci&oacute;n de la influencia de Hegel en la democracia deliberativa", <I>Aret&eacute; </I>&#91;Pontificia Universidad Cat&oacute;lica del Per&uacute;&#93; XXIII/1 (2011): 125-158.</font></p> <hr>     <p>A partir de dos conceptos clave: eticidad y reconocimiento, el autor de este art&iacute;culo se propone mostrar la influencia y vigencia de Hegel en la filosof&iacute;a pol&iacute;tica contempor&aacute;nea que versa sobre la deliberaci&oacute;n, siguiendo para ello la lectura que de estas nociones hacen Albrecht Wellmer y Axel Honneth, respectivamente. Para Gustavo Pereira, la filosof&iacute;a pol&iacute;tica de Hegel da herramientas para explicar la democracia y la din&aacute;mica social contempor&aacute;neas. El concepto de eticidad democr&aacute;tica permite integrar derechos subjetivos y participaci&oacute;n ciudadana sin vulnerar libertades individuales. Por su parte, la din&aacute;mica social puede ser explicada a trav&eacute;s de la necesidad de reconocimiento rec&iacute;proco, la cual implica la constituci&oacute;n de la subjetividad y, seguidamente, la motivaci&oacute;n moral de las luchas de los grupos sociales. Estas dos grandes tesis son desarrolladas por Pereira a trav&eacute;s de su art&iacute;culo, cuyos argumentos ser&aacute;n reconstruidos de aqu&iacute; en adelante. </p>     <p>La filosof&iacute;a pol&iacute;tica de Hegel presenta dos obst&aacute;culos que deben superarse: cierto autoritarismo que parece estar presente en su <I>Filosof&iacute;a del Derecho</I> y la posibilidad de caer en una filosof&iacute;a de la historia cuando se intenta abordar la explicaci&oacute;n de la din&aacute;mica social. Estos dos retos deben enfrentarse por los mismos medios que se intenta recuperar el pensamiento pol&iacute;tico de Hegel. Primero que todo, la soluci&oacute;n que el pensador alem&aacute;n  le intenta dar al problema de la libertad (la eticidad) se puede tomar como plataforma para explicar la democracia moderna. Tal concepto es decisivo para afrontar una interpretaci&oacute;n desde el autoritarismo de la <I>Filosof&iacute;a del Derecho</I>. En segundo lugar, como criterio para explicar la din&aacute;mica social, puede ser tomada la necesidad de reconocimiento rec&iacute;proco. Este concepto permite superar el riesgo de depender de una filosof&iacute;a de la historia a la hora de explicar dicha din&aacute;mica social. </p>      <p>Al final de la secci&oacute;n introductoria, Pereira formula tres tesis. Primero, el concepto de eticidad, entendido como cultura deliberativa, provee las condiciones de posibilidad para que una raz&oacute;n p&uacute;blica densa dinamice la l&oacute;gica de la democracia deliberativa. Segundo, el derecho, la literatura y los recursos morales son medios id&oacute;neos para realizar la eticidad. Tercero, la democracia deliberativa se puede beneficiar de una relaci&oacute;n interna entre eticidad democr&aacute;tica y lucha por el reconocimiento, que explique la motivaci&oacute;n para la acci&oacute;n de quienes comparten una cultura deliberativa. </p>     <p>Karl-Heinz Ilting sostiene que Hegel busca, en su <I>Filosof&iacute;a del Derecho</I>, sintetizar la libertad negativa del liberalismo moderno y la libertad positiva del republicanismo. Seg&uacute;n esta lectura, Hegel se propone criticar y, a la vez, superar el concepto de comunidad formulado desde el derecho natural moderno, el cual la ve como una unidad de muchos, como una conexi&oacute;n de sujetos singulares aislados que no se compadece con una comunidad &eacute;tica. Para tal cr&iacute;tica y superaci&oacute;n, el fil&oacute;sofo alem&aacute;n apunta al desarrollo de una propuesta de integraci&oacute;n de ciudadanos libres en una comunidad &eacute;ticamente integrada. A partir de Hegel, puede afirmarse que la libertad, vista desde el liberalismo, se concentra en la <I>particularidad </I>de un sujeto que simplemente defiende sus derechos individuales. Pero esta concepci&oacute;n s&oacute;lo da lugar a una racionalidad estrat&eacute;gica de la acci&oacute;n que, a su vez, produce un antagonismo social general; pero los sujetos tienen que ser algo m&aacute;s, algo distinto. Esa libertad no es pensable coherentemente sin su integraci&oacute;n a un contexto de libertad p&uacute;blica; esto es, una <I>universalidad</I> que sea fundamento necesario de la <I>particularidad</I>, poder sobre esta y fin &uacute;ltimo de esta. El Estado ser&iacute;a la esfera de esa eticidad sustancial, en la cual se supere el mencionado antagonismo y se proceda al restablecimiento de la libertad com&uacute;n bajo las condiciones de la modernidad. All&iacute;, las instituciones pol&iacute;ticas son el lugar de esa libertad comunitaria y racional. En ese entorno ser&aacute; posible la realizaci&oacute;n de la libertad misma. </p>     <p>En la sociedad civil, el Estado tiene la forma solo de una externalidad, as&iacute; que, para asegurar la auto-integraci&oacute;n de la sociedad, Hegel apela a la corporaci&oacute;n. Esta forma de organizaci&oacute;n, pensada por Hegel, es sustancialmente diferente a las corporaciones en el Antiguo R&eacute;gimen, por lo que supera las cr&iacute;ticas liberales y revolucionarias a las corporaciones. Para el fil&oacute;sofo alem&aacute;n, las funciones primarias de las corporaciones son la socializaci&oacute;n y la educaci&oacute;n. Es por eso que tal asociaci&oacute;n combina la capacitaci&oacute;n para los negocios con la capacitaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a. As&iacute; se reduce la brecha entre burgueses, orientados para la vida de los intereses, y los ciudadanos, orientados para la vida en com&uacute;n. All&iacute; opera una transici&oacute;n desde la corporaci&oacute;n hacia el Estado. Es el Estado, entonces, el que resulta ser condici&oacute;n de posibilidad de la corporaci&oacute;n, a la vez que la corporaci&oacute;n propende por la formaci&oacute;n del esp&iacute;ritu de Estado. </p>      <p>En la din&aacute;mica de las corporaciones puede verse un proceso de deliberaci&oacute;n que supera el t&iacute;pico atomismo de la democracia representativa, dirigido al &uacute;nico acto pol&iacute;tico de elegir a los representantes. En la corporaci&oacute;n se vive el proceso de reflexi&oacute;n que <I>termina </I>en la Asamblea de los Estamentos, es decir, aqu&iacute; no es la Asamblea la que delibera y, como resultado, toma las decisiones. Tal funci&oacute;n de la corporaci&oacute;n hace posible la identidad pol&iacute;tica de los sujetos. La construcci&oacute;n de la ley es resultado de la expresi&oacute;n material y real de la opini&oacute;n p&uacute;blica. Esta opini&oacute;n p&uacute;blica, a su vez, experimenta un proceso constante de transformaci&oacute;n, de tal manera que alcance un nivel superior. En todo caso, Hegel ve que la opini&oacute;n p&uacute;blica debe ser controlada para evitar la manipulaci&oacute;n. Pero es la opini&oacute;n p&uacute;blica la que hace posible la vida p&uacute;blica, a trav&eacute;s de los mecanismos de di&aacute;logo en los que solo triunfan los mejores argumentos y la verdad surge del debate mismo. </p>     <p>La vigencia de la propuesta de Hegel est&aacute; en su respuesta a las condiciones de posibilidad de la libertad moderna, la cual implica una tensi&oacute;n entre la perspectiva individualista de la tradici&oacute;n liberal y la perspectiva comunal del republicanismo. Sin embargo, una propuesta m&aacute;s radical est&aacute; en Alexis de Tocqueville. Este fil&oacute;sofo pens&oacute; en una libertad indisoluble, primero, de la toma en com&uacute;n de las decisiones sobre asuntos comunes; segundo, de una opini&oacute;n p&uacute;blica deliberante en t&eacute;rminos de clarificaci&oacute;n, transformaci&oacute;n y cr&iacute;tica de opiniones, preferencias e interpretaciones individuales; y, tercero, de un igual derecho de los sujetos a influir y cooperar en la configuraci&oacute;n de la vida colectiva y el establecimiento de fines. As&iacute;, la libertad negativa queda convertida en positiva. En tal escenario se restablecen, en un nuevo nivel, las relaciones comunitarias entre individuos. All&iacute; hay eticidad, en cuanto praxis comunitaria que atraviesa las instituciones de la sociedad, y se convierte en un componente del car&aacute;cter, las costumbres y los sentimientos morales de los sujetos. De ese modo, el proyecto de Hegel sienta unas bases que se pueden radicalizar a partir de Tocqueville, quien ha hecho a&uacute;n m&aacute;s posible hablar de cultura deliberativa. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La conexi&oacute;n entre derechos y participaci&oacute;n es inestable. Los derechos amenazan una vida comunitaria, ya que su formulaci&oacute;n apunta a llevar una vida desligada, separada, que diga <I>no</I>. Uno de los espacios en los que se puede lograr equilibrio entre derechos y participaci&oacute;n est&aacute; en las estructuras no-centrales, plurales, es decir, en las asociaciones, instituciones y espacios p&uacute;blicos aut&oacute;nomos situados por fuera del Estado. All&iacute;, la participaci&oacute;n se vuelve costumbre; se conjugan los valores y principios del liberalismo con la legitimidad emanada de la participaci&oacute;n. As&iacute; hay eticidad, pero una eticidad no-subordinada a lo pol&iacute;tico. </p>     <p>La propuesta de la doble dimensi&oacute;n de la ciudadan&iacute;a excluye la democracia representativa, que reduce al ciudadano a un mero elector, y la democracia  participativa, que limita al escenario pol&iacute;tico la realizaci&oacute;n de los sujetos. El modelo le apuesta a una esfera p&uacute;blica amplia donde tengan lugar luchas, asociaciones y grupos, adem&aacute;s de aprendizaje moral y pol&iacute;tico, as&iacute; como cambios en la valoraci&oacute;n social. Esto, en conformidad con la reciprocidad igualitaria, de acuerdo con la cual ninguna minor&iacute;a va a restringir sus derechos; esto redunda en una autoadscripci&oacute;n voluntaria, que implica una apertura a formas m&aacute;s amplias de pertenencia y autodeterminaci&oacute;n, y una libertad de salida, que permita desvincularse de un grupo. Lo anterior implica tomar en serio la libertad y autonom&iacute;a en Kant, las cuales llevan a profesar igual consideraci&oacute;n y respeto por todos los seres humanos en cuanto libres y aut&oacute;nomos. </p>      <p>Este tipo de modelos generan dificultades de aplicaci&oacute;n. El concepto de raz&oacute;n p&uacute;blica, acu&ntilde;ado por Rawls, muestra esta dificultad, y afecta directamente el alcance de la democracia deliberativa. Este concepto restringe el ejercicio de la raz&oacute;n p&uacute;blica a cuestiones de justicia, opera como un principio regulativo acerca de c&oacute;mo deber&iacute;a razonarse (y no como proceso de reflexi&oacute;n), y restringe fuertemente los espacios sociales en los que se ejerce la raz&oacute;n p&uacute;blica. Frente a esto &uacute;ltimo, resulta fuertemente separado el &aacute;mbito p&uacute;blico del &aacute;mbito dom&eacute;stico, que es en donde se manifiestan las diferencias sociales, culturales y religiosas de los sujetos, lo cual las excluye de la reflexi&oacute;n pol&iacute;tica. En cambio, el modelo deliberativo incide directamente sobre las l&iacute;neas demarcatorias entre lo p&uacute;blico y lo privado. Igualmente, no se centra en el poder coercitivo del Estado, sino en procesos no-coercitivos de formaci&oacute;n de la opini&oacute;n en una esfera p&uacute;blica abierta. Asimismo, ampl&iacute;a el di&aacute;logo pol&iacute;tico m&aacute;s all&aacute; de la adjudicaci&oacute;n legal. De esa manera, toda pr&aacute;ctica colectiva resulta percibida por los ciudadanos como resultado de su deliberaci&oacute;n. </p>     <p>La democracia deliberativa puede ser sintetizada en un modelo de doble v&iacute;a, que acepte la regulaci&oacute;n e intervenci&oacute;n jur&iacute;dica con m&eacute;todos estatales y considere que la controversia y el di&aacute;logo son esenciales. Para tales efectos, tres principios son relevantes. Primero, reciprocidad: los participantes deben valerse de razones y principios que otros est&eacute;n dispuestos a aceptar. Segundo, publicidad: deliberaciones abiertas en t&eacute;rminos de posiciones p&uacute;blicamente defendibles. Tercero, responsabilidad: posiciones y decisiones justificadas. </p>     <p>Para Pereira, tres son los posibles medios para la promoci&oacute;n de la democracia deliberativa. El primero es el derecho: las normas jur&iacute;dicas pueden promover ciertas conductas y desestimular otras, sin embargo, es riesgoso suscitar una cierta forma de vida buena a partir del Estado, ya que puede violentarse la igual consideraci&oacute;n y respeto a otros estilos de vida. Es por eso que los derechos y libertades personales deben ser un campo invulnerable en cualquier modelo de democracia deliberativa. El segundo medio es la literatura: los textos literarios proveen a los sujetos de narraciones que propician procesos de auto-comprensi&oacute;n, en cuanto promueven la empat&iacute;a en t&eacute;rminos de reconocimiento de los sentimientos morales del otro y sus caracter&iacute;sticas culturales. El tercer medio son los recursos morales: estos obran como disposiciones de los sujetos y, a la vez, como convicciones que dan lugar a modos de entendimiento, di&aacute;logo y acuerdo, no s&oacute;lo para la satisfacci&oacute;n de intereses, sino tambi&eacute;n en el escenario de contradicciones y luchas. Es en este &uacute;ltimo aspecto donde cobra relevancia el reconocimiento. </p>      <p>Para el Hegel del per&iacute;odo de Jena, seg&uacute;n Axel Honneth, la vida social se cumple bajo el imperativo de un reconocimiento rec&iacute;proco, ya que s&oacute;lo se constituye la identidad de los sujetos si estos se conciben como compa&ntilde;eros de interacci&oacute;n. A partir de lo anterior, Honneth formula tres modos de reconocimiento rec&iacute;proco: las relaciones primarias de amor y amistad (naturaleza necesitada del sujeto); las de derecho, que aseguran el reconocimiento jur&iacute;dico (tratamiento igualitario asegurado por la positivizaci&oacute;n de los derechos); y la adhesi&oacute;n solidaria que expresa la comunidad de valor (valoraci&oacute;n social sim&eacute;trica &ndash;toda persona es igualmente valiosa&ndash; entre sujetos individualizados y aut&oacute;nomos). Estas formas de reconocimiento se corresponden con tres formas de establecer relaciones consigo mismo: la autoconfianza, el autorrespeto y la autoestima. A su vez, en sentido contrario al anterior, est&aacute;n las formas de menosprecio o de negaci&oacute;n del reconocimiento: menosprecio pr&aacute;ctico, en el que se le retira a un hombre la disposici&oacute;n sobre su propio cuerpo; menosprecio personal, que excluye al sujeto de ciertas pretensiones individuales que puede reclamar en cuanto miembro de la comunidad pol&iacute;tica; y menosprecio del valor social del grupo, que desvaloriza modos de vida individuales y colectivos. Tales formas de menosprecio permiten, primero, identificar diferentes formas de sufrimiento (verg&uuml;enza social) y, segundo, posibilitan identificar aquello que se requiere para asegurar la identidad y la integridad del ser humano a trav&eacute;s de la experiencia del reconocimiento. </p>      <p>El sentimiento de verg&uuml;enza social resulta clave, ya que a trav&eacute;s de este es posible hablar de reconocimiento y de luchas por ese reconocimiento. La verg&uuml;enza es problem&aacute;tica, porque deriva del hecho de que algunos sujetos son minusvalorados, por alguna u otra raz&oacute;n, a trav&eacute;s de diversos mecanismos. De este tipo de situaciones surgen las luchas por el reconocimiento, las cuales son crecientes en tiempos contempor&aacute;neos. Estas luchas muestran que las condiciones para el logro de la autorrealizaci&oacute;n s&oacute;lo son posibles en la interacci&oacute;n con otros. Adem&aacute;s, el reconocimiento deja atr&aacute;s modelos de tolerancia pasiva, en virtud de los cuales no hay involucramiento en el mundo de la vida del otro, sino apenas indiferencia frente a su estilo de vida. En ese sentido, la propuesta de Honneth le apuesta a la idea de respeto activo, que permite tener la experiencia de acceder a los criterios valorativos del otro para as&iacute; comprender cu&aacute;nto le significan. De esa manera, burlas sobre los modelos de vida de otro se traducen, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, en un extra&ntilde;amiento de ese universo valorativo que para ese otro es relevante. En una sociedad deliberativa que le apueste al reconocimiento, los ciudadanos se negar&iacute;an a incurrir en tales pr&aacute;cticas y, mucho menos, bajo la excusa del ejercicio de la libertad de expresi&oacute;n o la libertad de prensa. </p>     <p>Pereira se interesa en retomar, para tiempos actuales, la filosof&iacute;a pol&iacute;tica de Hegel, debido a que esta, a trav&eacute;s de los conceptos de eticidad y reconocimiento, permite proyectar un programa de democracia deliberativa en el que &eacute;tica y pol&iacute;tica se encuentran integradas. El art&iacute;culo es honesto cuando da cuenta de los problemas de aplicaci&oacute;n de este tipo de propuestas, sobre todo desde el lado del republicanismo. Una dificultad que se puede tomar como muestra para ahondar en la reflexi&oacute;n que propone Pereira se encuentra en la proposici&oacute;n de modelos de vida. Se ha pensado en diversas ocasiones que los modelos de democracia deliberativa requieren de cierto modelo de sujeto que los pueda llevar a la realidad. Cuando Pereira habla del derecho como medio para la realizaci&oacute;n de la democracia deliberativa, recuerda este riesgo. Sin embargo, m&aacute;s que en el derecho, los modelos de vida tienen lugar en las pr&aacute;cticas de los sujetos. Estos modelos terminan pensando a los seres humanos alrededor de unos requisitos sin los cuales no se es sujeto h&aacute;bil para lograr la realizaci&oacute;n de un proyecto pol&iacute;tico u otro. Una vez se piensa en un conjunto de requisitos, inmediatamente se excluye a todo sujeto que no se compadezca con estos. Lo interesante es que se le excluye por considerarlo contrario a los prop&oacute;sitos modernistas, libertarios y democr&aacute;ticos. No obstante, se olvida que aquello que se busca con tales propuestas pol&iacute;ticas es incluir, respetar, promover, reconocer. En ese aspecto, entre otros, el debate sigue abierto, as&iacute; como tambi&eacute;n la b&uacute;squeda de nuevas y mejores pr&aacute;cticas. </p>      <p align="right"><b>DIEGO NICOL&Aacute;S PARDO MOTTA</b>    <br> Universidad de los Andes - Colombia    ]]></body>
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