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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p><a href="http://dx.doi.org/10.15446/ideasyvalores.v65n161.57406" target="_blank">http://dx.doi.org/10.15446/ideasyvalores.v65n161.57406</a></p>      <p align="center"><font size="4"><b>Mi filosof&iacute;a    <br> Su desarrollo, su tema central  y su naturaleza general</b></font></p>      <P align="right">Peter Frederick Strawson</p>      <p align="center"><font size="3"><B>Nota del traductor</B></font></p>      <p>El presente texto retoma la conferencia que P. F. Strawson present&oacute; en junio de 1988 en la Universidad de Neuch&acirc;tel. La traducci&oacute;n que Serge Friedli y Daniel Schulthess prepararon en vista de la conferencia fue revisada por el autor. </p>      <p>Originalmente publicado en: <I>Revue de Th&eacute;ologie et de Philosophie</I>, Vol. 120, 1988, pp. 437-452.</p>      <P align="right">Alejandro P&eacute;rez    <br> Institut Jean-Nicod - Par&iacute;s - Francia <I><a href="mailto:alejotou@gmail.com">alejotou@gmail.com</a></I></p>  <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se me ha invitado hoy a dar una exposici&oacute;n personal de "mi filosof&iacute;a". Pero aunque <I>sea</I> fil&oacute;sofo, no soy, por as&iacute; decirlo, ni Descartes ni Kant. En otras palabras, no tengo una <I>doctrina </I>junta y completa, ni ning&uacute;n sistema unificado para proponer. Solamente he abordado varias cuestiones en diferentes momentos. Entonces, &iquest;qu&eacute; debo hacer? Bien, hay tres cosas al menos que puedo realizar, y quiz&aacute;, poco a poco a medida que avance, podr&iacute;a considerar m&aacute;s. En primer lugar, la serie de cuestiones que me he planteado no es un conjunto <I>arbitrario</I>; se puede encontrar en su desarrollo un hilo conductor inteligible; se puede ver, por as&iacute; decirlo, c&oacute;mo una cosa conduce a otra. As&iacute;, un objetivo que yo podr&iacute;a fijar es el de trazar el hilo conductor de este desarrollo, y es la primera cosa que tratar&eacute; de emprender.</p>      <p>En segundo lugar, debo reconocer que un conjunto o grupo particular y muy fundamental de las cuestiones o problemas estrechamente ligados ha sido central, sino en su totalidad, s&iacute; dentro de la mayor parte de mi trabajo. As&iacute;, el segundo objetivo que tratar&eacute; de realizar es decir cu&aacute;l es este inter&eacute;s central y explicar lo que pienso. Por el momento, solo lo <I>mencionar&eacute;</I> y dejar&eacute; su descripci&oacute;n para m&aacute;s tarde. Lo que tengo, entonces, en mente es el inter&eacute;s por una operaci&oacute;n fundamental de la <I>palabra</I> o del <I>pensamiento</I>, y por los <I>objetos</I> de esta operaci&oacute;n: pienso en la operaci&oacute;n de referencia y de predicaci&oacute;n o, si lo prefieren, en las categor&iacute;as gramaticales de sujeto y de predicado. En estos t&eacute;rminos, me parece que hablo de una cuesti&oacute;n de filosof&iacute;a del lenguaje, y este es el caso, aunque tambi&eacute;n sea una cuesti&oacute;n de ontolog&iacute;a o de metaf&iacute;sica, ya que son numerosos aquellos que han pensado y dicho que lo que estamos forzados, en un &uacute;ltimo an&aacute;lisis, a tomar como objetos de nuestras referencias o como sujetos de nuestras predicaciones es, precisamente, lo que &uacute;ltimamente tenemos por <I>existente</I>. As&iacute;, la l&oacute;gica y la gram&aacute;tica engendran la ontolog&iacute;a. Y esta preocupaci&oacute;n que es m&iacute;a &ndash;a prop&oacute;sito de la referencia, la predicaci&oacute;n y sus objetos&ndash;, de hecho ha atravesado muchos de mis escritos, desde el art&iacute;culo "Sobre la referencia" (1950) a muchos textos ulteriores. Igualmente ha dominado m&aacute;s de un libro (entre los que se destacan <I>Individuos</I> y <I>Sujeto y predicado en l&oacute;gica y en gram&aacute;tica</I>). Y debido a que mis puntos de vista sobre estos temas han evolucionado con el tiempo, la segunda cosa que tratar&eacute; de formular tiene relaci&oacute;n con la primera. Ser&aacute; claro, a medida que avanzo, que se entrecortar&aacute;n mutualmente.</p>      <p>Finalmente, pasemos a la tercera cosa que tratar&eacute; de emprender, relacionada con el tercer aspecto unificador de mi obra. Consiste en la concepci&oacute;n general que tengo de la naturaleza de la filosof&iacute;a, tal como trato de practicarla. Desde luego, no es la sola concepci&oacute;n posible o existente de la filosof&iacute;a, pero es aquella que, a mis ojos, aporta m&aacute;s promesas de resultados a la vez esclarecedores y verdaderos, y quiz&aacute;, por esta misma raz&oacute;n, no ofrece ninguna esperanza de resultados admirables, altamente sistem&aacute;ticos y simplificadores. As&iacute;, la tercera cosa que tratar&eacute; de emprender hoy ser&aacute; explicar mi concepci&oacute;n general de la naturaleza de la filosof&iacute;a.</p>      <p align="center"><B>I</b></p>      <p>As&iacute; es nuestro programa, y su primer punto es ofrecer una reconstrucci&oacute;n racional de la historia de "mi desarrollo filos&oacute;fico" (para retomar una expresi&oacute;n de Russell, que la utiliza como t&iacute;tulo de una de sus &uacute;ltimas obras). Y bien, las cuestiones que al comienzo de mi carrera retuvieron m&aacute;s mi atenci&oacute;n fueron los asuntos de la filosof&iacute;a de la l&oacute;gica y de la filosof&iacute;a del lenguaje. Por ejemplo, yo trat&eacute;, en primer lugar, de resolver ciertos problemas que parecen estar ligados a la naturaleza de la necesidad l&oacute;gica o, m&aacute;s espec&iacute;ficamente, a que una proposici&oacute;n siga necesariamente otra proposici&oacute;n o se <I>derive </I>de ella. Dicho de paso, esta tentativa fue un fracaso. Comet&iacute; un error francamente evidente, y nunca volv&iacute; a publicar el art&iacute;culo (que apareci&oacute; originalmente en <I>Mind</I> en 1948). Despu&eacute;s, atra&iacute;do por la noci&oacute;n de referencia, fui conducido a criticar la c&eacute;lebre teor&iacute;a de las descripciones de Russell. A Russell le interesaban las descripciones singulares definidas, es decir, las expresiones de la forma "el tal y cual", el singular gramatical, y daba una soluci&oacute;n a ciertos problemas que planteaban las frases de este tipo, transcribiendo lo que cre&iacute;a ser su forma o car&aacute;cter l&oacute;gico real, dentro de lo que es hoy admitido como la notaci&oacute;n de la l&oacute;gica formal moderna. La soluci&oacute;n era simple y elegante. Pero me parec&iacute;a en ese entonces (1950) &ndash;y me parece todav&iacute;a&ndash; que la teor&iacute;a representaba <I>err&oacute;neamente</I> el verdadero car&aacute;cter y la funci&oacute;n de estas expresiones, tales como las utilizamos y comprendemos efectivamente, y lo hac&iacute;a descuidando aspectos pragm&aacute;ticos, contextuales y comunicativos de sus usos. La cuesti&oacute;n fue y es todav&iacute;a controversial.</p>      <p>Este punto merece ser mencionado en el presente contexto, debido a su conexi&oacute;n evidente con mi proyecto siguiente, mi primera obra, <I>Introducci&oacute;n a la teor&iacute;a l&oacute;gica</I> (1952). En efecto, en aquella obra, no contento con presentar como en otros textos una<I> introducci&oacute;n</I> a la l&oacute;gica formal moderna, me dediqu&eacute; a combatir lo que ve&iacute;a como una ilusi&oacute;n; a saber, que la l&oacute;gica formal, tan clara y potente como sea, constituye un instrumento suficiente para revelar de manera clara todos los rasgos estructurales m&aacute;s generales del lenguaje que utilizamos. La l&oacute;gica formal es, m&aacute;s bien, un tipo de abstracci&oacute;n idealizada, revelando desde luego, con una impecable claridad, ciertos rasgos estructurales ciertamente fundamentales del discurso y, por lo tanto, del pensamiento, toda vez que se hace abstracci&oacute;n de otros u omiti&eacute;ndolos. Tambi&eacute;n, toda tentativa de presentarla como una herramienta plenamente adecuada para el an&aacute;lisis del funcionamiento del lenguaje en general conduce necesariamente a una representaci&oacute;n err&oacute;nea. Este inter&eacute;s me ha acompa&ntilde;ado desde entonces, de manera intermitente, particularmente dentro de mi cr&iacute;tica reciente (largamente in&eacute;dita) a la sem&aacute;ntica formal popularizada por Donald Davidson. Pero el objetivo inmediato de la obra de 1952 era simplemente proporcionar una luz a la vez sobre la naturaleza de la l&oacute;gica formal moderna y sobre ciertos aspectos del funcionamiento del lenguaje en general. Cada aspecto se esclarece por la consideraci&oacute;n del otro.</p>      <p>El hilo conductor del desarrollo que conduce de aqu&iacute; a mi obra siguiente, el m&aacute;s conocido, <I>Individuos </I>(1959), es de nuevo m&aacute;s evidente. Todo inter&eacute;s por la l&oacute;gica y el lenguaje debe incluir un inter&eacute;s por esta operaci&oacute;n b&aacute;sica a la que ya he hecho alusi&oacute;n, la operaci&oacute;n de referencia y de predicaci&oacute;n, o su combinaci&oacute;n. Nada puede ser m&aacute;s fundamental dentro del habla o del pensamiento que la operaci&oacute;n de seleccionar una entidad individual (refiri&eacute;ndose con un nombre o quiz&aacute; con una descripci&oacute;n) y decir pensar algo al respecto (predicar algo). Ya he se&ntilde;alado la conexi&oacute;n entre esta operaci&oacute;n y la ontolog&iacute;a, la teor&iacute;a de lo que existe fundamentalmente. Es entonces natural preguntarse cu&aacute;les son los objetos de referencia, o los sujetos de predicaci&oacute;n b&aacute;sica, o los m&aacute;s primitivos o fundamentales. En <I>Individuos</I>, defend&iacute; la tesis de que son &ndash;y esto necesariamente&ndash; los individuos espacio-temporales de tipo m&aacute;s o menos substancial o relativamente persistentes, es decir, personas, animales y objetos materiales inanimados. Lo que decimos de manera caracter&iacute;stica <I>con respecto a</I> tales individuos espacio-temporales, lo que <I>predicamos</I>, es que poseen clases generales, etc. O, en t&eacute;rminos filos&oacute;ficos familiares, <I>predicamos universales </I>de <I>particulares</I> tomados como <I>sujetos</I>. Pero, &iquest;se puede <I>explicar</I> esta asociaci&oacute;n b&aacute;sica de la distinci&oacute;n l&oacute;gica o gramatical entre sujeto y predicado con la diferencia ontol&oacute;gica entre particular y universal? Y esa es la segunda cosa principal que trat&eacute; de hacer en esta obra: yo daba una teor&iacute;a destinada a explicar esta asociaci&oacute;n b&aacute;sica, pero hice mucho m&aacute;s. La teor&iacute;a que explicaba por qu&eacute; la asociaci&oacute;n era fundamental tambi&eacute;n declaraba por qu&eacute; no deb&iacute;a ser exclusiva &ndash;como no lo es dentro de nuestra pr&aacute;ctica ling&uuml;&iacute;stica ordinaria&ndash;. Los universales (las cosas generales o abstractas) pueden servir y sirven de objetos de referencia, de sujetos de predicaci&oacute;n, igual que las cosas particulares o espacio-temporales, cuando los particulares no pueden nunca realizar el papel de predicado. Por consiguiente, si admitimos la conexi&oacute;n entre ser un objeto de referencia y ser una entidad, algo que existe &ndash;si admitimos la conexi&oacute;n entre la l&oacute;gica y la ontolog&iacute;a&ndash;, alargamos el campo de los existentes, de las entidades, incluyendo las entidades abstractas o intencionales, tales como cualidades, propiedades, clases, tipos, n&uacute;meros, conjuntos, relaciones, etc. Y dentro de un n&uacute;mero importante de escritos ulteriores defend&iacute; esta extensi&oacute;n &ndash;contra una oposici&oacute;n fuerte&ndash;. Volver&eacute; a esta pregunta m&aacute;s tarde dentro de mi conferencia, cuando llegue al segundo objetivo que me he fijado, y dir&eacute; m&aacute;s sobre lo que lo he llamado mi preocupaci&oacute;n con respecto a la referencia y la predicaci&oacute;n.</p>      <p>Pero volvamos ahora a la b&uacute;squeda del hilo conductor de mi desarrollo. Mi obra siguiente, <I>Los l&iacute;mites del sentido</I> (1966), consist&iacute;a en un estudio cr&iacute;tico de la <I>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</I> de Kant. De nuevo, era un resultado m&aacute;s bien natural de su predecesor, <I>Individuos</I>, ya que en este &uacute;ltimo estudio me encontraba, con frecuencia, en situaci&oacute;n de investigar las condiciones que vuelven posibles ciertos tipos de conocimientos y de experiencias que hacemos, o ciertos tipos de distinciones que de hecho retenemos. Por ejemplo, cada uno puede distinguir y distingue, por una parte, entre &eacute;l mismo y su estado de consciencia y, por otra, lo que no es &eacute;l mismo, un estado de su consciencia; o a&uacute;n m&aacute;s, cada uno puede atribuir y atribuye los estados de consciencia a &eacute;l mismo y a otros. Preguntar cu&aacute;les son las condiciones de posibilidad para dichas cosas es hacer una interrogaci&oacute;n que recuerda la investigaci&oacute;n de Kant sobre las condiciones de posibilidad de la experiencia en general. Como se sabe, &eacute;l relacionaba la satisfacci&oacute;n de dichas condiciones con fuentes subjetivas: encontraba dentro de la <I>sensibilidad </I>espec&iacute;ficamente humana la fuente de las formas espaciales y temporales de la percepci&oacute;n sensible (o "intuici&oacute;n sensible", <I>Anschauung</I>), y situaba en nuestro <I>entendimiento </I>humano la fuente de los conceptos <I>a priori</I> de un objeto en general (las "categor&iacute;as", por ejemplo de la substancia y de la causalidad). Tambi&eacute;n declaraba que la experiencia y el conocimiento humanos tienen una estructura necesaria definida por estas formas y estos conceptos, pero sosten&iacute;a tambi&eacute;n que los objetos de esta experiencia (incluidos nosotros mismos en cuanto que nosotros nos conocemos) no son sino las apariencias de las cosas tal como son en ellas mismas (o como somos en nosotros mismos). Con respecto a las cosas tal como son en ellas mismas, no podemos conocer nada. De ah&iacute; el nombre de "idealismo trascendental" que le dio a su filosof&iacute;a. La tarea que me asign&eacute; en <I>Los l&iacute;mites del sentido</I> era la de desatar lo que cre&iacute;a ser substancialmente verdadero dentro de la <I>Cr&iacute;tica </I>(un libro que consideraba, y que considero todav&iacute;a, como la obra particular m&aacute;s eminente de la filosof&iacute;a occidental moderna), y liberarlo del idealismo metaf&iacute;sico que, tal como lo comprend&iacute;a al menos, me parec&iacute;a falso o incluso, sobre la fe de las mejores ideas de Kant mismo, de una inteligibilidad o de una coherencia dudosa. Pero la interpretaci&oacute;n de la <I>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</I> no es un tema f&aacute;cil, y puede que lo haya hecho mal. Las cosas ser&aacute;n quiz&aacute; m&aacute;s claras si digo que daba al libro <I>Individuos</I> el subt&iacute;tulo: "Ensayo de metaf&iacute;sica descriptiva". Por "metaf&iacute;sica descriptiva" entiendo una tentativa de revelar y dilucidar los trazos m&aacute;s generales de la estructura conceptual por medio de la cual pensamos a prop&oacute;sito del mundo y de nosotros mismos. Opon&iacute;a la "metaf&iacute;sica descriptiva" a una metaf&iacute;sica "revisionista", que tiende a <I>corregir</I> esta estructura de manera verdaderamente radical, a <I>revisar </I>nuestra imagen del mundo, no simplemente a la manera como las ciencias naturales la revisan cuando aportan nuevos e importantes descubrimientos emp&iacute;ricos, sino sosteniendo que nuestra imagen ordinaria del mundo es enteramente tramposa, que la realidad es por completo diferente de la manera como la concebimos normalmente. Se podr&iacute;a decir que lo que intentaba hacer, en el caso de Kant, era subrayar y, con reservas, defender la fuerte orientaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica descriptiva que contiene su obra, mientras se rechaza la doctrina revisionista de las cosas tal como son en ellas mismas, de la realidad en s&iacute; enteramente exterior a nuestra experiencia o a nuestro conocimiento.</p>      <p>Esta obra sobre Kant fue seguida por un buen n&uacute;mero de art&iacute;culos sobre diferentes temas, entre los cuales se encuentran los problemas de la filosof&iacute;a del lenguaje y de la filosof&iacute;a de la l&oacute;gica que predominaba de nuevo. Esta serie culmina con otro libro, <I>Sujeto y predicado en l&oacute;gica y en gram&aacute;tica</I> (1974), que, por un lado, figuraba un nuevo giro, pero que, por otro, podr&iacute;a considerarse como una continuaci&oacute;n que prosegu&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s todos los intereses que he mencionado hasta aqu&iacute;. Era un nuevo giro en la medida que, en esta segunda parte, se dirig&iacute;a de manera expl&iacute;cita a la gram&aacute;tica. Pero manifestaba una continuidad de dos maneras importantes. En primer lugar, part&iacute;a del caso fundamental de la predicaci&oacute;n singular definida, discutida en <I>Individuos </I>&ndash;algo fundamental tanto en l&oacute;gica como en el discurso o el pensamiento en general&ndash; y, sobre esta base, buscaba dar una presentaci&oacute;n que explicara las nociones gramaticales del <I>sujeto</I> y del <I>predicado</I> en general. En segundo lugar, recurr&iacute;a impl&iacute;citamente a la idea kantiana de que existen ciertas categor&iacute;as del pensamiento humano y ciertas formas de la experiencia humana que son fundamentales &ndash;el inter&eacute;s de este recurso consiste en el hecho de que podr&iacute;amos razonablemente encontrar dentro de todo lenguaje humano algunos tipos generales de elementos sem&aacute;nticos y ciertos tipos generales de <I>combinaciones</I> sem&aacute;nticamente significantes de elementos&ndash;. Si es as&iacute;, entonces la gram&aacute;tica o la sintaxis de todo lenguaje de este tipo debe poseer la una o la otra manera de realizar o de representar formalmente estos tipos de combinaciones sem&aacute;nticamente significantes; esta ser&iacute;a la condici&oacute;n esencial de la gram&aacute;tica de un lenguaje. De manera clara, los medios o los mecanismos formales por los cuales esta condici&oacute;n general es cumplida pueden variar y var&iacute;an, en efecto, enormemente de un lenguaje a otro. Es la raz&oacute;n por la cual las gram&aacute;ticas difieren entre s&iacute; profundamente, seg&uacute;n los diferentes lenguajes. Si podemos comprender los arreglos sint&aacute;cticos y formales particulares de un lenguaje singular, que son, precisamente, unas maneras espec&iacute;ficas de satisfacer las condiciones sem&aacute;nticamente fundadas de este lenguaje (condiciones que podr&iacute;an ser, en general, similares para todos los lenguajes humanos), habr&iacute;a razonablemente expuesto, parcialmente, los fundamentos explicativos de la gram&aacute;tica. La idea, en general, era entonces que para dar una explicaci&oacute;n verdadera de la gram&aacute;tica era necesario establecer lazos claros y transparentes entre los rasgos sint&aacute;cticos y formales del otro.</p>      <p>Desde luego, eso no era sino un programa que, es preciso decirlo, no realic&eacute; para ning&uacute;n idioma en particular; para ilustrarlo parcialmente, primero imagin&eacute; diferentes enriquecimientos sem&aacute;nticos y l&oacute;gicos de un lenguaje-tipo b&aacute;sico, muy simple, que contiene solamente referencias singulares definidas y predicaciones, y despu&eacute;s consider&eacute; diferentes maneras por medio de las cuales cada etapa del enriquecimiento de las condiciones gramaticales esenciales pod&iacute;an ser satisfechas formalmente. Quiz&aacute; no sea sorprendente que, entre todos mis libros, este &uacute;ltimo haya sido el menos popular y haya llamado menos la atenci&oacute;n &ndash;aunque no sea, por supuesto, aquel que me haya costado menos esfuerzo&ndash;, ya que el libro es denso y complicado, y no posee sino un contenido filos&oacute;fico poco evidente. De todos modos, le tengo un cari&ntilde;o especial (as&iacute; como uno puede sentirse de cara a un ni&ntilde;o desahuciado).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esto nos lleva a 1974 y de paso al interrogante: &iquest;qu&eacute; ha pasado en los &uacute;ltimos doce a&ntilde;os? Y bien, se puede encontrar una serie habitual de art&iacute;culos sobre las cuestiones de filosof&iacute;a del lenguaje, de epistemolog&iacute;a y de metaf&iacute;sica. Pero en 1985 apareci&oacute; lo que fue casi mi &uacute;ltima obra, llamada <I>Escepticismo y naturalismo: algunas posiciones</I>. En esta &uacute;ltima hay de nuevo una conexi&oacute;n evidente con <I>Individuos</I>, ya que en <I>Escepticismo y naturalismo</I> mi inter&eacute;s se centraba de nuevo en la descripci&oacute;n o en el recuerdo de algunos rasgos centrales de nuestra manera ordinaria de pensar y de hablar, rasgos que se podr&iacute;a decir que hacen parte de nuestra <I>metaf&iacute;sica natural</I>. Pero lo hice esta vez con el objetivo particular de confrontar ciertos aspectos de nuestro pensamiento ordinario con algo que podr&iacute;a parecer como <I>retos</I> para su aceptaci&oacute;n como v&aacute;lidos o justificados. Los retos en cuesti&oacute;n son de dos tipos radicalmente distintos. Uno proviene del escepticismo filos&oacute;fico tradicional, que busca poner en duda la pertinencia de nuestras razones de creer en cosas tan fundamentales como la existencia de un mundo f&iacute;sico externo, e incluso cuestiona nuestras razones de creer en cualquier cosa, salvo en el contenido inmediatamente presente de la consciencia individual. El otro tipo de reto es totalmente diferente. Podr&iacute;amos llamarlo el reto del cientificismo reductor. Es cientificista, en el sentido de que toma como asegurada la realidad del objeto de la ciencia f&iacute;sica, es decir, <I>grosso modo</I>,<I> </I>el movimiento de la materia o de los cuerpos dentro del espacio y el tiempo, y es<I> reductor</I>, en la medida que sugiere que todas las otras cosas, a las cuales estar&iacute;amos normalmente dispuestos a atribuirles alg&uacute;n tipo de realidad independiente, son solamente subjetivas &ndash;un asunto de sensaciones o de sentimientos &uacute;nicamente subjetivos&ndash; o efectivamente reducibles a lo f&iacute;sico, o los dos a la vez. As&iacute;, por ejemplo, es ilusorio suponer, seg&uacute;n esta perspectiva, que los atributos morales caracterizan realmente y objetivamente las acciones o las caracter&iacute;sticas humanas, o que las cualidades sensibles segundas, tal como se comprenden ordinariamente, caracterizan en realidad las cosas f&iacute;sicas, o que las nociones intencionales, como las de propiedad o cualidad, de proposici&oacute;n y de necesidad anal&iacute;tica, se aplican realmente a cualquier cosa. Y en cuanto a los contenidos de consciencia mismos &ndash;ya sean eventos o estados mentales&ndash;, deben ser <I>identificados</I>, en &uacute;ltima instancia, dentro de las versiones extremas de esta perspectiva, con los eventos o estados f&iacute;sicos del organismo.</p>      <p>Ahora bien, estos tipos de reto &ndash;el del escepticismo tradicional y el del cientificismo reductor&ndash; son de manera manifiesta muy diferentes el uno del otro y, correlativamente, las respuestas que les daba son diferentes. En el caso de la duda esc&eacute;ptica tradicional, sostengo que los argumentos de la cuesti&oacute;n son vanos tanto de un lado como del otro, puesto que estamos inevitable y naturalmente apegados a las creencias; por ejemplo, a la existencia de un mundo f&iacute;sico &ndash;que el escepticismo presenta como desprovisto de justificaciones adecuadas (esta respuesta no es desde luego nueva: se puede encontrarla a la vez en Hume y en Wittgenstein)&ndash;. En el caso del cientificismo reductor, adopt&eacute; una posici&oacute;n un poco diferente. Distingu&iacute;a dos perspectivas o dos puntos de vista. Uno es el punto de vista humano, natural o com&uacute;n, en el cual estamos dispuestos a aceptar &ndash;como lo muestran suficientemente nuestras costumbres ordinarias de pensamiento o de habla&ndash; todo lo que es puesto en duda por el otro punto de vista, la perspectiva reductora. El otro es el punto de vista reductor o cientificista mismo. La diferencia con relaci&oacute;n a mi manera de tratar la duda esc&eacute;ptica tradicional (por ejemplo, con respecto a la existencia del mundo f&iacute;sico) consiste en lo siguiente: mientras que la duda esc&eacute;ptica es <I>puramente</I> te&oacute;rica y no representa una posici&oacute;n que nos sea pr&aacute;cticamente posible sostener, es totalmente diferente desde el punto de vista cientificista o reductor. Nos <I>es</I> posible sostener o adoptar este punto de vista, al menos temporalmente y en ciertos objetivos particulares, y lograr ver el fen&oacute;meno en cuesti&oacute;n dentro de esta perspectiva. Incluso en ciertos objetivos, a la vez te&oacute;ricos y pr&aacute;cticos, puede ser algunas veces deseable o incluso necesario proceder as&iacute;. De ese modo, en un sentido, el conflicto entre las dos perspectivas es resuelto reconociendo a cada posici&oacute;n la validez <I>de su propio punto de vista</I>. Pero sin duda esta apariencia de armon&iacute;a o de reconciliaci&oacute;n es, en otro sentido, tramposa, ya que el punto de vista reductor es uno estrictamente <I>limitado</I> que no adoptamos y no podemos adoptar en la pr&aacute;ctica de manera coherente y permanente. As&iacute;, poco importa si una concesi&oacute;n le es hecha &ndash;se le reconoce sus derechos exclusivos, por decirlo as&iacute;, sobre un cierto territorio del pensamiento humano&ndash;, el reto que parece elevar frente al punto de vista humano es rechazado de manera decisiva. Nuestra metaf&iacute;sica natural es mantenida, y es en este punto donde se encuentra la conexi&oacute;n con la metaf&iacute;sica descriptiva de <I>Individuos</I>.</p>      <p>Despu&eacute;s de <I>Escepticismo y naturalismo</I>, publiqu&eacute; otro libro, en franc&eacute;s, bajo el t&iacute;tulo de <I>An&aacute;lisis y metaf&iacute;sica</I>. Fundado esencialmente en los cursos de introducci&oacute;n dados en Oxford estos &uacute;ltimos diecinueve a&ntilde;os, su inter&eacute;s dentro del presente contexto viene de su conexi&oacute;n con la tercera y &uacute;ltima cuesti&oacute;n que he prometido emprender en la conferencia de hoy; a saber, la descripci&oacute;n de la concepci&oacute;n general de la naturaleza de la filosof&iacute;a tal como trat&eacute; de practicarla. Esta es la raz&oacute;n por la cual vuelvo a posponer para m&aacute;s tarde su evocaci&oacute;n. Ante todo, debo intentar llevar a cabo la segunda tarea que me he propuesto.</p>     <p align="center"><B>II</b></p>      <p>La segunda tarea era la de describir y explicar una preocupaci&oacute;n que ha sido central dentro de una gran parte de mi obra &ndash;que ha sido, si ustedes lo quieren, su <I>leitmotiv</I>&ndash;. La he descrito cuando me refer&iacute; al inter&eacute;s por una cierta operaci&oacute;n fundamental del habla y del pensamiento, y por los objetos de esta operaci&oacute;n. La operaci&oacute;n en cuesti&oacute;n es la de identificar alguna entidad <I>individual</I>, y caracterizarla o describirla de un cierto modo <I>general</I>; o, en otros t&eacute;rminos, la operaci&oacute;n de la referencia singular definida como acompa&ntilde;ada de predicaci&oacute;n. Esta es la combinaci&oacute;n b&aacute;sica que reconoce nuestra l&oacute;gica corriente. Parece que debe reflejar alg&uacute;n rasgo fundamental de nuestro pensamiento a prop&oacute;sito del mundo. As&iacute;, nuestra primera cuesti&oacute;n podr&iacute;a formularse de la manera siguiente: &iquest;qu&eacute; subyace y explica, en la realidad o en nuestro pensamiento con respecto a la realidad, la distinci&oacute;n formal entre los dos tipos de t&eacute;rminos que entran dentro de esta combinaci&oacute;n b&aacute;sica? Esta es la cuesti&oacute;n que trat&eacute; de resolver de diferentes maneras en distintas obras: especialmente en la segunda parte de <I>Individuos</I>, en un art&iacute;culo llamado "T&eacute;rminos singulares y predicaci&oacute;n", retomado en los <I>Estudios de la l&oacute;gica y de la ling&uuml;&iacute;stica</I>, y en el primer cap&iacute;tulo de <I>Sujeto y predicado en l&oacute;gica y en gram&aacute;tica</I>. He dicho que trat&eacute; de responder de diferentes maneras. Sin embargo, estas no entraban en conflicto, sino que eran m&aacute;s bien complementarias, ya que conten&iacute;an la siguiente tesis central (a t&iacute;tulo expl&iacute;cito o impl&iacute;cito): lo que en el fondo apoya o subyace en la distinci&oacute;n formal de los t&eacute;rminos dentro de la combinaci&oacute;n fundamental es la distinci&oacute;n ontol&oacute;gica o metaf&iacute;sica entre, por un lado, los <I>particulares espacio-temporales</I> y, por otro, los <I>conceptos generales o los universales</I>. Son individuos espacio temporales particulares que juegan el papel de los objetos b&aacute;sicos de la referencia identificadora o de sujetos b&aacute;sicos de proposiciones del tipo "sujeto singular-predicado", y son conceptos generales o universales que son predicados, que son significados por t&eacute;rminos de predicado en dichas proposiciones. Esta tesis es defendida en detalle, de manera diferente pero complementaria, en las obras que acabo de mencionar. No voy a tratar de resumir ahora estos argumentos m&aacute;s bien complicados, pero me parece que tienen todav&iacute;a un valor explicativo decisivo. Ahora bien, sus conclusiones, es decir, lo que explican, no es nada nuevo. Hay una asociaci&oacute;n tradicional en filosof&iacute;a occidental entre la distinci&oacute;n <I>l&oacute;gica</I> del sujeto y del predicado y la diferencia ontol&oacute;gica del particular y del universal. Son argumentos explicativos, m&aacute;s que conclusiones que se revelan relativamente nuevas.</p>      <p>Hay una orientaci&oacute;n, dentro de la tradici&oacute;n a la que acabo de hacer referencia, seg&uacute;n la cual la noci&oacute;n de "particular" deber&iacute;a ser remplazada por el concepto de "substancia", que designar&iacute;a los <I>sujetos</I> fundamentales de la predicaci&oacute;n o del pensamiento en general. Ahora bien, dentro de la larga historia de la filosof&iacute;a occidental, la noci&oacute;n de "substancia" ha sido interpretada seg&uacute;n una variedad de maneras desconcertantes. Sin embargo, es Arist&oacute;teles (figura clave de esta tradici&oacute;n) quien ha identificado las <I>substancias primeras</I> como una subclase de particulares espacio-temporales; a saber, los individuos substanciales, espacio-temporales y relativamente persistentes que ejemplifican alg&uacute;n principio de organizaci&oacute;n distintivo, como el hombre o el caballo individuales (<I>cf. </I>las <I>Categor&iacute;as</I>). Y dentro de la primera parte de <I>Individuos</I>, como lo he dicho precedentemente, he avanzado a una conclusi&oacute;n similar, sustentando que los objetos materiales y las personas, relativamente persistentes, son los particulares de base desde el punto de vista de la identificaci&oacute;n y de la referencia.</p>      <p>Pero no es el fin de la historia. Hasta el presente hemos llegado a dos tesis: en primer lugar, que la distinci&oacute;n entre particulares y universales provee el fundamento ontol&oacute;gico de la distinci&oacute;n l&oacute;gica entre la referencia y la predicaci&oacute;n o entre el sujeto y el predicado; en segundo lugar, que los particulares substanciales relativamente persistentes son, desde el punto de vista de la identificaci&oacute;n y por lo tanto de la referencia, los particulares b&aacute;sicos. Pero es evidente que, dentro del hilo conductor de un discurso o de un pensamiento elaborado, nos referimos frecuentemente no solo a los particulares espacio-temporales, sino que tambi&eacute;n a los universales y, de manera general, a los objetos abstractos tomados como sujetos de predicaci&oacute;n. Como es el caso cuando decimos, por ejemplo, que "el coraje es una parte necesaria de la virtud aut&eacute;ntica" o que "7 es un n&uacute;mero primo". Todo pasa como si, una vez dotado del fundamento ontol&oacute;gico firme que ofrece el particular espacio-temporal, la noci&oacute;n <I>de objeto de referencia</I> pudiera, por as&iacute; decirlo, adquirir alas y elevarse dentro de las esferas m&aacute;s et&eacute;reas de lo abstracto, de manera que el general o el universal, el concepto o la idea, no est&aacute;n m&aacute;s confinados dentro de su papel predicativo b&aacute;sico, pero pueden figurar <I>ellos mismos </I>como objeto, es decir como sujeto de predicados que le son propios. Tal es la apariencia y, como yo lo sostengo, tal es la realidad. Dentro de esta apariencia, no hay nada a mis ojos de falso o de metaf&iacute;sicamente contestable.</p>      <p>Pero esta perspectiva no es de ninguna manera universalmente aceptada. Es m&aacute;s bien expuesta a objeciones provenientes de diferentes direcciones. La forma m&aacute;s com&uacute;n de objeci&oacute;n es la siguiente: es simplemente una ilusi&oacute;n, suscitada por el lenguaje, por nuestras costumbres de lenguaje vagas y c&oacute;modas de suponer que hay cosas tales como los universales o las propiedades u objetos abstractos en general. Todo lo que existe realmente debe encontrarse dentro de la naturaleza, en el espacio y el tiempo. Una tesis que se resume en la c&eacute;lebre f&oacute;rmula de Locke: "Todas las cosas que existen son solamente particulares". Ahora bien, algunas veces es <I>c&oacute;modo hablar</I> como si las ideas generales o abstractas reenviaran a las cosas reales, y encontramos ciertamente <I>indispensable</I> utilizar los t&eacute;rminos generales para clasificar las cosas naturales seg&uacute;n sus semejanzas. Pero es un error pensar en estos principios de clasificaci&oacute;n de las cosas reales como si fueran ellos mismos cosas reales. As&iacute;, dentro del inter&eacute;s por la claridad metaf&iacute;sica u ontol&oacute;gica, deber&iacute;amos estar listos para interpretar toda referencia aparente a similares seudobjetos como <I>una simple comodidad</I> del lenguaje &ndash;y, de hecho, podemos a menudo eliminar dichas referencias aparentes por una frase, colocando nuestro principio general de clasificaci&oacute;n en su lugar propio como predicado y no como sujeto&ndash;. De modo que en lugar de decir "el coraje es una parte necesaria de una virtud aut&eacute;ntica", podamos decir "ning&uacute;n hombre no es aut&eacute;nticamente virtuoso si no es valiente". Aqu&iacute; la referencia aparente a la cosa <I>valent&iacute;a </I>ha desaparecido.</p>      <p>Este reto general es a menudo reforzado por un argumento m&aacute;s espec&iacute;fico, resumido en la c&eacute;lebre f&oacute;rmula de Quine: "Sin identidad no hay entidad". En otros t&eacute;rminos, toda cosa que existe realmente, y que entonces llena las condiciones para ser un aut&eacute;ntico objeto de referencia, debe ser <I>en principio</I> identificable como la cosa que es. Ahora bien, he ah&iacute; una tesis que parece perfectamente aceptable, y lo es si se interpreta de manera suficientemente generosa. Pero ciertos fil&oacute;sofos, particularmente Quine, la interpretan de una manera tan estrecha que excluyen pr&aacute;ctica o completamente todos los universales o las entidades abstractas. La entienden de tal manera que requiere que, para todo candidato aparente o toda entidad que pretenda tener el estatus de objeto real, debe existir alg&uacute;n <I>principio general </I>o <I>criterio de identidad</I> v&aacute;lido para todas las cosas del <I>tipo general</I> al cual pertenece la entidad pretendida. Esta exigencia es por supuesto satisfecha por todos los <I>tipos </I>variados de particulares espacio-temporales a los cuales somos familiares: hombres, caballos, barcos, planetas, monta&ntilde;as, tormentas, etc. En cambio, <I>no </I>es manifiestamente satisfecha por los diferentes tipos de propiedades o cualidades generales que distinguimos: por ejemplo, las cualidades intelectuales, las cualidades de car&aacute;cter, los estilos de arquitectura, etc. Sin embargo, este mismo contraste muestra hasta qu&eacute; punto esta manera de interpretar la exigencia de identificabilidad es err&oacute;nea, ya que, en el caso de las cualidades o propiedades, no tenemos ninguna necesidad de un principio de identidad general com&uacute;n a todas las cualidades del <I>tipo</I> al cual pertenece la cualidad en cuesti&oacute;n. No tenemos tal necesidad, ya que el <I>sentido</I> mismo de la palabra que significa la cualidad lleva su propio principio <I>individual</I> de identidad para ella. Podemos, por ejemplo, identificar la generosidad, cuando la encontramos, sin tener necesidad de un criterio general de identidad para las cualidades de car&aacute;cter. De hecho, se puede defender la tesis seg&uacute;n la cual la posibilidad de identificar individualmente los universales (por ejemplo, el universal <I>hombre</I> o el universal <I>batalla</I>) es una condici&oacute;n previa e incluso la misma cosa que la posesi&oacute;n de un criterio <I>general</I> de identidad para los hombres o las batallas.</p>      <p>As&iacute;, el reto fundado en la interpretaci&oacute;n err&oacute;nea de la exigencia de identificabilidad se desvanece. He indicado que la interpretaci&oacute;n en cuesti&oacute;n no exclu&iacute;a absolutamente todos los universales o entidades abstractas. M&aacute;s particularmente, no excluye las clases (o conjuntos) o los n&uacute;meros; podemos, por ejemplo, dar un criterio general de identidad para las clases de la manera siguiente: la clase <I>x</I> es id&eacute;ntica a la clase <I>y</I>, si y solamente si todas los miembros de <I>x</I> son miembros de <I>y</I> e inversamente. Quine est&aacute; particularmente satisfecho con este resultado, ya que las entidades matem&aacute;ticas, tales como los n&uacute;meros, son esenciales al desarrollo de las ciencias naturales. De este modo, incluso esta aceptaci&oacute;n limitada de entidades testifica de hecho &ndash;bajo una forma modificada&ndash; este nominalismo ideol&oacute;gico, cuya intenci&oacute;n he identificado anteriormente, que consiste en restringir el domino de la realidad al mundo natural dentro del espacio y el tiempo; mientras que la tolerancia m&aacute;s larga, de la cual me hice aqu&iacute; el defensor, tiene en cuenta m&aacute;s generosamente la existencia de objetos que son &uacute;nicamente objetos de pensamiento que no se dan ellos mismos dentro de la naturaleza aunque sus ejemplificaciones se encuentren dentro de ella.<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se podr&iacute;a decir a&uacute;n m&aacute;s &ndash;y lo he dicho en otros lados&ndash; sobre el tema general de mis preocupaciones centrales con respecto a la referencia y la predicaci&oacute;n, el sujeto y el predicado, la identidad y la existencia. Pero pienso que ya es bastante por hoy para cumplir con la segunda tarea que me he propuesto.</p>      <p align="center"><B>III</b></p>      <p>Pasemos entonces ahora a mi tercer objetivo: exponer la concepci&oacute;n general que tengo de la naturaleza de la filosof&iacute;a, tal como trato de practicarla. Un d&iacute;a, mientras iba a dar un curso p&uacute;blico sobre cierto tema filos&oacute;fico, un fil&oacute;sofo americano dentro de la audiencia me sugiri&oacute; la idea de introducir mi curso con una presentaci&oacute;n de los <I>m&eacute;todos</I> que empleo en filosof&iacute;a. Tuve cierta dificultad a acceder a esta petici&oacute;n, ya que no estaba consciente de emplear un m&eacute;todo particular y codificable. De hecho, desear&iacute;a ir m&aacute;s lejos y decir que <I>estoy </I>consciente de <I>no </I>emplear alg&uacute;n m&eacute;todo o enfoque particular y codificable. No obstante, voy a regresar a esta cuesti&oacute;n del m&eacute;todo un poco m&aacute;s tarde, pero &uacute;nicamente a fin de rechazar ciertas recomendaciones metodol&oacute;gicas que han sido hechas o adoptadas y que, para algunas de entre ellas, parecen incluso sugeridas por la exposici&oacute;n que <I>me preparo</I> a dar &ndash;una exposici&oacute;n de <I>objetivos</I> filos&oacute;ficos&ndash;.</p>      <p>&iquest;Cu&aacute;les son en general mis objetivos filos&oacute;ficos? &iquest;Qu&eacute; hay de mi propia concepci&oacute;n, sobre la pr&aacute;ctica de mi filosof&iacute;a? Naturalmente, el pensamiento humano en general &ndash;entiendo por esto el pensamiento ordinario, no filos&oacute;fico, con respecto al mundo y nosotros mismos&ndash; es un asunto fuertemente complicado e incluye un campo indefinidamente grande de ideas o de conceptos. Pero en ese campo indefinidamente grande es posible distinguir un cierto n&uacute;mero de conceptos, o de tipos de conceptos, que son fundamentales, generales, omnipresentes, y que constituyen juntos el cuadro estructural en cuyo interior todo pensamiento elaborado tiene lugar. Para nombrar algunos al azar, tengo en mente ideas como las de espacio, tiempo, objeto, evento, alma y cuerpo, conocimiento, verdad, significaci&oacute;n, existencia, identidad, acci&oacute;n, intenci&oacute;n, causalidad y explicaci&oacute;n. El objetivo de la filosof&iacute;a, a mis ojos, es clarificar o dilucidar el rasgo de dichos conceptos y sus conexiones mutuas. Desear&iacute;a particularmente insistir en la noci&oacute;n de conexi&oacute;n mutua, ya que las ideas de ese tipo, y desde luego un buen n&uacute;mero de otras, forman una estructura que se se&ntilde;ala con conexiones mutuas; esta es una estructura en la cual, como yo lo digo, construimos nuestros sistemas elaborados de creencias, nuestras im&aacute;genes o teor&iacute;as de lo que son las cosas.</p>      <p>Tengo esta descripci&oacute;n del objetivo de la filosof&iacute;a como probablemente aceptable para muchos fil&oacute;sofos contempor&aacute;neos que trabajan en lo que se podr&iacute;a llamar la tradici&oacute;n anal&iacute;tica. Quiz&aacute;s parecer&aacute; menos aceptable para aquellos que se inspiran en ciertos modelos de Europa continental y que podr&iacute;an querer algo m&aacute;s edificante. Pero aceptable o no, es, en efecto, una descripci&oacute;n muy general, m&aacute;s bien vaga, y se podr&iacute;a pensar que sin utilidad pr&aacute;ctica. No <I>parece</I> hacer ninguna alusi&oacute;n a la <I>manera</I> de llevar a cabo esta tarea de clarificar la naturaleza de las conexiones mutuas de los conceptos o rasgos estructurales b&aacute;sicos de nuestro pensamiento. As&iacute;, encontramos la cuesti&oacute;n del m&eacute;todo.</p>      <p>Y por m&aacute;s que pueda ser vaga esta descripci&oacute;n del objetivo filos&oacute;fico, no es dif&iacute;cil ver c&oacute;mo la aceptaci&oacute;n de este objetivo, combinado con ciertos postulados, podr&iacute;a conducir a ciertas conclusiones metodol&oacute;gicas. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a promover la creencia de que hay una manera particularmente justa de considerar las cosas? Voy a mencionar una o dos creencias de este tipo. Por mi parte, no me inscribo en ellas y dir&eacute; por qu&eacute;. Pero vale la pena que estas creencias sean mencionadas, porque han influenciado la pr&aacute;ctica.</p>      <p>En primer lugar, a t&iacute;tulo de ejemplo preliminar: si alguien desea ser claro a prop&oacute;sito de algo, se puede presumir que es porque no comprende dicha cosa, y eso sugiere un tipo de paradoja dentro de mi descripci&oacute;n del objetivo filos&oacute;fico, ya que hay seguramente un sentido en el cual todos los adultos razonables comprenden perfectamente los conceptos de los que he hablado, sin ahondar en la cabeza a prop&oacute;sito de la filosof&iacute;a. Sus pensamientos y sus discursos ordinarios muestran una competencia perfectamente adaptada al manejo de conceptos como los de conocimiento, verdad, identidad, acci&oacute;n, etc. En efecto, se pueden equivocar: pueden, por ejemplo, declarar, siendo totalmente sinceros, que un enunciado, digamos, a prop&oacute;sito del clima es verdadero, cuando en realidad es falso; pero esto no es un error a prop&oacute;sito de la naturaleza de la verdad, es m&aacute;s bien un error a prop&oacute;sito del clima. As&iacute; que, seamos fil&oacute;sofos o no, tenemos lo que podr&iacute;amos nombrar como un <I>manejo pr&aacute;ctico</I> del equipamiento conceptual en cuesti&oacute;n. Sabemos c&oacute;mo utilizarlo y, en cierta medida, lo comprendemos. Ahora bien, la paradoja aparente desaparece cuando reconocemos que hay un abismo entre c&oacute;mo <I>hacer</I> alguna cosa y ser capaz de <I>decir</I> c&oacute;mo esta cosa se hace. El manejo de la pr&aacute;ctica no conlleva una comprensi&oacute;n clara y expl&iacute;cita de la <I>teor&iacute;a </I>de la pr&aacute;ctica y de los principios que gobiernan su aplicaci&oacute;n. El objetivo filos&oacute;fico es entonces el de destacar estos principios, de desnudar la teor&iacute;a de la pr&aacute;ctica.</p>      <p>Y es en este punto donde la primera receta metodol&oacute;gica que desear&iacute;a mencionar se sugiere por s&iacute; misma. Si tenemos que destacar los principios de una pr&aacute;ctica, es esta pr&aacute;ctica la que debemos estudiar, bajo la forma dentro de la cual se ofrece m&aacute;s directamente a nosotros. La forma bajo la cual el manejo pr&aacute;ctico de conceptos se presenta &eacute;l mismo netamente es el uso, en el habla y en la escritura, de las expresiones ling&uuml;&iacute;sticas de las que disponemos para esos conceptos. Se podr&iacute;a concluir que es en el <I>uso</I> ordinario &ndash;en el uso no filos&oacute;fico de las palabras&ndash;, es decir, dentro del <I>uso</I> que expresa los conceptos problem&aacute;ticos, que podremos encontrar indicaciones para sus comprensiones filos&oacute;ficas. Este es el origen de lo que se llama habitualmente "la filosof&iacute;a del lenguaje ordinario", que es por supuesto un m&eacute;todo filos&oacute;fico &ndash;si realmente ha habido alguno&ndash;, un m&eacute;todo muy fructuoso a su hora y a su manera, particularmente para disipar el no sentido y reducir las pretensiones huecas. Este est&aacute; especialmente ligado al nombre de J. L. Austin, quien lo elev&oacute; al rango de arte, y todo eso con un esp&iacute;ritu admirable.</p>      <p>Sin embargo, aunque no piense que su utilidad se haya agotado o lo ser&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a, esta metodolog&iacute;a sufre &ndash;estoy convencido&ndash; de serios l&iacute;mites. Para expresarme de manera r&aacute;pida: toma muchas cosas por seguras. Las conexiones estructurales que el fil&oacute;sofo desear&iacute;a descubrir se encuentran a menudo en un nivel m&aacute;s profundo que aquel al que este m&eacute;todo puede llegar o exponer. Y no pienso que se puedan detectar muchos trazos de este m&eacute;todo en mi obra &ndash;aunque de pronto se encuentren algunos&ndash;.</p>      <p>La llave para la siguiente receta metodol&oacute;gica que desear&iacute;a evocar est&aacute; contenida dentro de la palabra "an&aacute;lisis" y, de hecho, la "filosof&iacute;a anal&iacute;tica" es una expresi&oacute;n que ser&iacute;a aceptable como descripci&oacute;n de su propia actividad para muchos de los fil&oacute;sofos de la tradici&oacute;n a la cual pertenezco. Pero consideremos algunas implicaciones de la palabra "an&aacute;lisis". Una implicaci&oacute;n por lo menos familiar que posee esta palabra &ndash;quiz&aacute; la implicaci&oacute;n m&aacute;s familiar&ndash; es la de la resoluci&oacute;n de algo <I>complejo </I>en sus <I>elementos</I> y la descripci&oacute;n de las maneras que los elementos <I>se combinan</I> en el complejo. Lo que cuenta como elemento depender&aacute; del tipo de an&aacute;lisis en cuesti&oacute;n. Un an&aacute;lisis qu&iacute;mico se limita a sus elementos qu&iacute;micos. Un an&aacute;lisis f&iacute;sico va m&aacute;s lejos. Los elementos del an&aacute;lisis conducen hacia los elementos <I>&uacute;ltimos</I> o <I>simples</I> del punto de vista del tipo de an&aacute;lisis en cuesti&oacute;n. Ahora bien, parece ser que los conceptos que suscitan un inter&eacute;s filos&oacute;fico, como los que ya he mencionado, son nociones de cierta complejidad, y as&iacute; puede parecer que la llave de su comprensi&oacute;n est&aacute; en la v&iacute;a del an&aacute;lisis. Si tomamos literalmente esas implicaciones de la palabra "an&aacute;lisis", podr&iacute;amos concluir que nuestra tarea es la de descubrir un conjunto de <I>ideas</I> que ser&iacute;an completamente simples y libres de toda complejidad <I>conceptual</I>, y mostrar c&oacute;mo todos nuestros conceptos estructuralmente importantes se podr&iacute;an reconstituir por medio del montaje o por construcci&oacute;n, a partir de estos elementos simples (a partir de &aacute;tomos del an&aacute;lisis, por decirlo as&iacute;). Este programa, bajo la forma extrema, ha sido raramente tomado en serio dentro de la historia de la filosof&iacute;a. Pero se puede decir que Hume y algunos de sus sucesores dentro de la tradici&oacute;n empirista brit&aacute;nica se acercaron bastante, cuando adoptaron como <I>&aacute;tomos </I>del an&aacute;lisis los elementos ef&iacute;meros de la experiencia (que Hume llam&oacute; <I>impresiones</I> simples) y sus supuestas copias dentro de la imaginaci&oacute;n y la memoria, las cuales llam&oacute; <I>ideas</I> simples.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><I>Este</I> programa, bajo su forma extrema, est&aacute; muerto o al menos moribundo. Pero uno de sus parientes, una versi&oacute;n m&aacute;s moderada, permanece bastante vivo. La noci&oacute;n de reducci&oacute;n de conceptos complejos y problem&aacute;ticos a la <I>simplicidad absoluta</I> pudo haber sido abandonada. Pero la noci&oacute;n de un <I>an&aacute;lisis reductivo</I> en general &ndash;es decir la noci&oacute;n seg&uacute;n la cual ciertos conceptos problem&aacute;ticos pueden ser <I>reducidos</I> a otros conceptos que son aceptados como m&aacute;s claros, o enteramente <I>explicitados</I> en tales t&eacute;rminos&ndash; est&aacute; todav&iacute;a presente y floreciente. Hay algunos resultados interesantes que pueden algunas veces ser logrados, as&iacute; como pueden establecerse conexiones interesantes mediante la <I>persecuci&oacute;n</I> de este ideal u objetivo reductor. Pero en lo que concierne al ideal o al objetivo mismo soy extremadamente esc&eacute;ptico. Los conceptos filos&oacute;ficos importantes o interesantes tienden a quedarse obstinadamente irreductibles, en el sentido de que no pueden ser definidos sin m&aacute;s o sin circularidad con la ayuda de otros conceptos. Esta es la raz&oacute;n por la cual desear&iacute;a sustituir la concepci&oacute;n o el modelo <I>reductor</I> del an&aacute;lisis por otra concepci&oacute;n u otro modelo. El modelo de una red o sistema elaborado por conceptos conectados, de manera que la funci&oacute;n de cada uno de ellos no pueda ser bien comprendida, dentro de nuestro sentido filos&oacute;fico de la palabra "comprender", sino captando sus conexiones con los dem&aacute;s y su lugar dentro del sistema. El objetivo filos&oacute;fico, seg&uacute;n este nuevo modelo, ser&iacute;a el de trazar y establecer las conexiones dentro del sistema, sin esperanza o espera de ser capaz de desmantelar o reducir las nociones que examinamos a otras nociones m&aacute;s simples. La <I>palabra</I> "an&aacute;lisis" estar&aacute; entonces en su lugar, puesto que todo informe sistem&aacute;tico de un contexto problem&aacute;tico puede propiamente ser nombrado an&aacute;lisis; pero ser&aacute; abandonada una concepci&oacute;n demasiado espec&iacute;fica o demasiado estrecha del an&aacute;lisis.</p>      <p>Existe todav&iacute;a una concepci&oacute;n de la filosof&iacute;a dotada tambi&eacute;n de implicaciones metodol&oacute;gicas, a la cual har&eacute; referencia y con respecto a la cual, de nuevo, mi impresi&oacute;n es profundamente esc&eacute;ptica. Quiz&aacute; hay muchas personas que tienen la impresi&oacute;n de que las <I>ciencias</I> naturales y formales &ndash;por un lado, la f&iacute;sica, la qu&iacute;mica y la neurofisiolog&iacute;a, y, por otro, las matem&aacute;ticas y la l&oacute;gica&ndash; proporcionan ejemplos esclarecedores de lo que es la investigaci&oacute;n intelectual dentro de lo que mejor que existe, e incluso se puede indubitablemente tener la simpat&iacute;a por este sentimiento. Pero es posible que algunos fil&oacute;sofos, dentro de las concepciones de sus propios temas, prefieran seguir la influencia excesiva de dicha impresi&oacute;n. Podr&iacute;an entonces tender al <I>cientificismo</I> en filosof&iacute;a &ndash;para utilizar de nuevo una palabra horrible que ya he usado&ndash;. Una forma extrema de esta tendencia consistir&iacute;a en adoptar el principio de que un t&eacute;rmino podr&iacute;a ser empleado dentro de la tarea de aclaraci&oacute;n filos&oacute;fica, o al menos que un t&eacute;rmino tan solo podr&iacute;a ocupar un lugar crucial, solamente si ya ha pose&iacute;do un lugar acreditado dentro de las ciencias experimentales o formales &ndash;o al menos pertenece a la misma especie que los t&eacute;rminos cient&iacute;ficos acreditados&ndash;. Despu&eacute;s de todo, uno de los fil&oacute;sofos vivos m&aacute;s distinguido e influyente es reconocido por haber dicho (o escrito): "La filosof&iacute;a (o lo que entiendo por 'filosof&iacute;a') est&aacute; en continuidad con la ciencia".</p>      <p>Ahora bien, no pienso que la filosof&iacute;a (o lo que entiendo por "filosof&iacute;a") sea realmente una extensi&oacute;n de la ciencia, ni la extensi&oacute;n de la historia o de la antropolog&iacute;a social, o un campo de <I>belles lettres</I>. La filosof&iacute;a tiene su propio modo de investigaci&oacute;n sobre la manera en que nuestras ideas m&aacute;s generales se relacionan entre ellas mismas. La tendencia a levantar estas cuestiones caracter&iacute;sticas es inherente al espacio humano, y no conozco ning&uacute;n procedimiento o ninguna receta para lograr respuestas, si no es pensando lo m&aacute;s intensamente que se pueda en esas ideas y cuestiones.</p>      <p>Es con estas reflexiones metodol&oacute;gicas un poco negativas que concluyo el tercer punto que he dicho que quer&iacute;a tratar. Pero se puede pensar que subsiste al menos una cuesti&oacute;n &ndash;quiz&aacute; m&aacute;s&ndash;: &iquest;reconozco <I>influencias</I> particulares en mi trabajo? Y bien, la filosof&iacute;a, no m&aacute;s que en otra rama de la actividad intelectual, no puede desprenderse enteramente de su pasado hist&oacute;rico. As&iacute;, todo fil&oacute;sofo occidental que trabaje en nuestros d&iacute;as ser&aacute; consciente de las conclusiones de algunos de sus predecesores mucho m&aacute;s grandes en la tradici&oacute;n, y ser&aacute; influenciado por dichas conclusiones &ndash;por ejemplo, los trabajos de Arist&oacute;teles, de Hume o de Kant&ndash;, sin importar los desacuerdos con sus propias doctrinas. Y &eacute;l aprender&aacute; en sus escuelas, as&iacute; sea diferenci&aacute;ndose o estando de acuerdo con ellos &ndash;como he aprendido, de una manera o de otra, junto a cada uno de los tres fil&oacute;sofos mencionados&ndash;. &iquest;Qu&eacute; hay de los fil&oacute;sofos de nuestro propio siglo? Para comenzar, me he vuelto hacia los dos fil&oacute;sofos que se puede razonablemente considerar como los padres fundadores de la filosof&iacute;a anal&iacute;tica de nuestra &eacute;poca, es decir, Russell y Moore. Hacia ambos con vista a los problemas que han planteado: hacia Moore en vista de lo que se podr&iacute;a nombrar su virtud filos&oacute;fica. Un poco m&aacute;s tarde fui expuesto, como todos mis contempor&aacute;neos, a las brillantes luminarias que iluminaban la escena de Oxford en los a&ntilde;os cincuenta, Ryle, Austin y Grice, y pienso que debo m&aacute;s al &uacute;ltimo de los tres, con el que he colaborado durante un seminario dentro de la primera d&eacute;cada de los cincuenta. Debo finalmente mencionar a Wittgenstein, no porque piense que hubiera sacado directamente de &eacute;l alguna doctrina u &oacute;ptica <I>particular </I>&ndash;lejos de eso&ndash;, sino porque considero que debe haber aqu&iacute; un tipo de influencia general, no espec&iacute;fica, en la medida en que siento algunas veces como si mi propio trabajo estuviera, en cierta manera, casi en el esp&iacute;ritu de Wittgenstein, incluso si por supuesto no lo est&aacute;. Pero decir eso es algo muy imprudente, y estoy seguro de que sucesores cercanos de Wittgenstein pensar&iacute;an que se trata, en el mejor de los casos, de una ilusi&oacute;n con la que me halago yo mismo. Eso podr&iacute;a ser posible. Pero perm&iacute;tanme concluir diciendo que considero el nombre de Wittgenstein como el &uacute;nico digno, entre los nombres del siglo XX que he mencionado, de figurar entre los tres grandes predecesores a los cuales he hecho alusi&oacute;n anteriormente.</p> <HR>      <p><b>Notas</b></p>      <P><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup> Estas tesis son desarrolladas de manera m&aacute;s importante dentro de varios de mis art&iacute;culos. V&eacute;ase particularmente Strawson (1976 193-219; 1979 3-10; 1974).</P> <HR>      <p><B>Bibliograf&iacute;a</b></p>      <!-- ref --><p>Strawson, P. F. "Universals." <I>Midwest Studies in Philosophy</I> 4.1 (1979): 3-10. <a href="http://dx.doi.org/10.1111/j.1475-4975.1979.tb00369.x" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1111/j.1475-4975.1979.tb00369.x</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659569&pid=S0120-0062201600020001800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Strawson, P. F. "Entity and Identity." <I>Contemporary British Philosophy: Personal Statements. Fourth Series.</I> Ed. Hywel David Lewis. London: Allen and Unwin, 1976. 193-219.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659571&pid=S0120-0062201600020001800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Strawson, P. F. <I>Subject and Predicate in Logic and Grammar</I>. London: Methuen, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659573&pid=S0120-0062201600020001800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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