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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Hobbes, Thomas. Elementos filosóficos. Del ciudadano. Traducción y prólogo de Andrés Rosler. Buenos Aires: Hydra, 2010. 385 pp]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p><a href="http://dx.doi.org/10.15446/ideasyvalores.v65n161.57465" target="_blank">http://dx.doi.org/10.15446/ideasyvalores.v65n161.57465</a></p>      <p align="center"><font size="4"><b>Hobbes, Thomas.</B> <I>Elementos filos&oacute;ficos. Del ciudadano</I>. Traducci&oacute;n y pr&oacute;logo de Andr&eacute;s Rosler. Buenos Aires: Hydra, 2010. 385 pp.</font></p>      <P align="right"><I>Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen.</I>    <BR>  MATEO 5:44</p>      <p align="center"><B>I</b></p>     <p>Carl Schmitt, en su c&eacute;lebre ensayo <I>El concepto de lo pol&iacute;tico</I> (1932), indaga sobre la insuficiencia de la relaci&oacute;n entre el Estado y lo pol&iacute;tico como presunci&oacute;n l&oacute;gica; esto debido a la amplitud de las interpretaciones a prop&oacute;sito del Estado y la dificultad de referirse a su esencia en t&eacute;rminos estrictos. Por ello, Schmitt se&ntilde;ala que lo pol&iacute;tico posee categor&iacute;as espec&iacute;ficas, independientes de otras materias, como la moral, lo est&eacute;tico y lo econ&oacute;mico, entendi&eacute;ndolo entonces como una conceptualizaci&oacute;n aut&oacute;noma y, a fin de cuentas, como la diferenciaci&oacute;n entre el amigo y el enemigo (<I>cf. </I>2009 56). As&iacute;, lo pol&iacute;tico se entender&aacute; desde el conflicto y, para efectos del texto en comento, desde la oposici&oacute;n te&oacute;rica que realiza Thomas Hobbes al republicanismo. El lobo de Malmesbury es el <I>hostis</I> de la rep&uacute;blica.</p>      <p>Reci&eacute;n iniciado el pr&oacute;logo, Andr&eacute;s Rosler puntualiza que la intenci&oacute;n del <I>De Cive</I><sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> es defender "la soberan&iacute;a del Estado  como un ant&iacute;doto contra las tendencias anarquizantes del republicanismo en el contexto de la guerra civil inglesa" (9); esto no como una apolog&iacute;a a la errada creencia de la justificaci&oacute;n a las monarqu&iacute;as absolutas, sino como la defensa que realiza Hobbes de la autonom&iacute;a de la pol&iacute;tica y, por ende, de la soberan&iacute;a. Lo anterior debido a que el republicanismo niega la proximidad inevitable entre la rep&uacute;blica y el Estado, defendiendo esta tesis en su hegemon&iacute;a te&oacute;rica, la cual se manifiesta en ideas tales como ciudadan&iacute;a, derecho, ley, pueblo y, por sobre todo, libertad. El punto ciego que encuentra Rosler es la homologaci&oacute;n que realiza Hobbes entre los conceptos de <I>res publica</I> y Estado, logrando con esto que la monarqu&iacute;a &ndash;al igual que la Rep&uacute;blica&ndash; considere a quienes tiene bajo su poder como ciudadanos y no meramente como s&uacute;bditos, y, de esta forma, resolver la crisis provocada por la guerra civil inglesa (<I>cf. </I>11). Por esto, nos referimos a un <I>De Cive</I> y no a un <I>De Principe</I>.</p>      <p align="center"><B>II</b></p>     <p>Desde hace ya algunos a&ntilde;os, Hydra viene asombr&aacute;ndonos con la reedici&oacute;n de textos que no tuvieron continuidad, o que su acceso al universo de la filosof&iacute;a y teor&iacute;a pol&iacute;tica es cada vez m&aacute;s problem&aacute;tico, por lo que esta edici&oacute;n del <I>De Cive</I> no es un evento que podamos obviar o &ndash;negligentemente&ndash; restarle el valor simb&oacute;lico que representa, aun con la salvedad de que sea probablemente uno de los textos &ndash;de los publicados por la editorial&ndash; que mayor cantidad de veces ha sido editado en espa&ntilde;ol.<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup> En esta oportunidad es Andr&eacute;s Rosler quien nos sorprende con una minuciosa traducci&oacute;n del lat&iacute;n al espa&ntilde;ol del primer cl&aacute;sico de los escritos pol&iacute;ticos de Thomas Hobbes, el cual constituye el &uacute;ltimo eslab&oacute;n de su ambiciosa colecci&oacute;n titulada <I>Elementos de la filosof&iacute;a (o filos&oacute;ficos)</I>, compuestos por sus tratados sobre el hombre, el cuerpo y el ciudadano.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La historia del texto escrito por Hobbes &ndash;y traducido en esta ocasi&oacute;n por Rosler&ndash; no deja de ser curiosa y comprende, a su vez, una doble significaci&oacute;n, la primera de orden cronol&oacute;gico y la segunda de trascendencia te&oacute;rica. La primera se remite a m&aacute;rgenes de tiempo, debido a que el <I>De Cive</I> fue publicado antes que los dos libros que deb&iacute;an antecederle, precisamente como reacci&oacute;n a la realidad pol&iacute;tica inglesa, en la que herv&iacute;an las discusiones sobre la obediencia y el poder de los ciudadanos frente a la autoridad, antecedente tr&aacute;gico de la guerra civil y la preocupaci&oacute;n de Hobbes por la estabilidad del Estado. En segundo lugar, la publicaci&oacute;n de este libro no es indiferente a los c&iacute;rculos intelectuales de la &eacute;poca; de hecho, en su autobiograf&iacute;a en verso, Hobbes admite que conoce la fama que engloba su obra y su amplia recepci&oacute;n por toda Europa. Lo interesante de este punto es lo cuantitativo del prestigio que le otorg&oacute; su <I>Tratado sobre el ciudadano</I>,<I> </I>que es incluso mayor &ndash;dentro de la historicidad de la &eacute;poca&ndash; que el reconocimiento que m&aacute;s tarde le provino del propio <I>Leviathan</I>,<I> </I>que publicar&iacute;a en 1651 y har&iacute;a inmortal su nombre. La raz&oacute;n de su notoriedad la podemos justificar por la pureza argumentativa del <I>De Cive</I>, en cuanto <I>opera prima</I> de su teor&iacute;a pol&iacute;tica y, al mismo tiempo, por ser el m&aacute;s filos&oacute;fico de todos sus libros, sum&aacute;ndole a ello la estructuraci&oacute;n de m&aacute;ximas elementales para la concepci&oacute;n moderna sobre lo pol&iacute;tico y la postulaci&oacute;n de una tesis m&aacute;s que reveladora: hallar en la soberan&iacute;a del Estado la soluci&oacute;n al conflicto pol&iacute;tico. Con esta afirmaci&oacute;n, Hobbes invita a pensar la soberan&iacute;a como elemento trascendente del Estado y l&iacute;mite expreso del dios mortal, idea que m&aacute;s tarde tendr&iacute;a eco en te&oacute;ricos como Georg Jellinek y, por supuesto, Carl Schmitt, quien se sustentar&iacute;a en esta tesis para afirmar en la primera l&iacute;nea de su <I>Teolog&iacute;a Pol&iacute;tica</I> que soberano es quien decide en la excepci&oacute;n (<I>cf. </I>Schmitt 1985 35).</p>      <p>Esta edici&oacute;n de Hydra nos ofrece &ndash;adem&aacute;s de una envidiable traducci&oacute;n&ndash; un pr&oacute;logo, tres grandes partes y un glosario. En primer lugar, es imposible ignorar el vasto estudio preliminar que realiza Rosler al inicio de esta obra y que humildemente decide llamar "pr&oacute;logo", cuando desde la p&aacute;gina 9 a la 101 demuestra con precisi&oacute;n e inteligencia admirables una profundizaci&oacute;n cr&iacute;tica a la teor&iacute;a pol&iacute;tica de Hobbes, defendiendo su autonom&iacute;a y, por sobre todo, su rechazo de los ideales del republicanismo; no en balde titula a esta parte <I>El enemigo de la rep&uacute;blica: Hobbes y la soberan&iacute;a del Estado</I>. Este falso pr&oacute;logo contiene treinta ac&aacute;pites estrictamente ordenados en raz&oacute;n de las partes que dividen la obra y en las explicaciones necesarias que debe contener, por lo que se ajustar&iacute;a m&aacute;s a un <I>estudio preliminar </I>que a un pr&oacute;logo a secas. Posterior a estas referencias se decide a parcelar el texto en tres grandes cap&iacute;tulos, el primero titulado <I>Libertad</I>, el segundo <I>Poder</I> y el tercero <I>Religi&oacute;n</I>. En la primera parte indaga sobre la antropolog&iacute;a hobbesiana y su matriz directa en el estado de naturaleza, a prop&oacute;sito del rol de la violencia como causa de lo pol&iacute;tico y condici&oacute;n m&aacute;xima del estado de guerra, donde se desata y comulga el <I>ethos</I> ego&iacute;sta del individuo, que pese a combatir una realidad hostil le sobrevive el deseo de paz. Seguramente lo m&aacute;s relevante de este cap&iacute;tulo &ndash;y tambi&eacute;n lo demuestra en su pr&oacute;logo&ndash; es la conjuraci&oacute;n de las leyes de la naturaleza como catalizadoras de la soluci&oacute;n mesi&aacute;nica de este estado, por medio de su cat&aacute;logo moralizante que insta a la consagraci&oacute;n positiva de sus preceptos a trav&eacute;s de la figura del pacto.</p>      <p>En su segundo cap&iacute;tulo, titulado <I>Poder</I>, Hobbes pretende ahondar en la conceptualizaci&oacute;n sacra de la teor&iacute;a pol&iacute;tica que despu&eacute;s har&iacute;a eco en Schmitt, al extremo de postular en su <I>Teolog&iacute;a pol&iacute;tica</I> que los conceptos pol&iacute;ticos de la modernidad son nociones teol&oacute;gicas secularizadas (<I>cf. </I>1985 95). De aqu&iacute; deviene la categorizaci&oacute;n pol&iacute;tica del mundo moderno que fue conocida por los medievales, pero no desde la ra&iacute;z t&eacute;cnica de la teor&iacute;a pol&iacute;tica, sino desde la materializaci&oacute;n de la <I>praxis</I>. Es entonces con Thomas Hobbes con quien comenzamos a discutir entelequias discursivas no desarrolladas en el pensamiento del Medioevo, e iniciamos el debate sobre conceptos tales como poder, autoridad y, por supuesto, soberan&iacute;a.</p>      <p>El tercer cap&iacute;tulo del <I>De Cive</I> sigue la l&iacute;nea de otros textos del autor, tales como el <I>Leviathan</I> o <I>El tratado sobre el hombre</I>,<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> y le otorga al final de su cuerpo un cap&iacute;tulo dedicado de manera exclusiva a la <I>Religi&oacute;n</I>, lo cual no es un fen&oacute;meno intrigante, sino absolutamente comprensible en la Inglaterra del siglo XVII, gobernada por la omnipresencia de la Iglesia y las guerras religiosas que se extendieron por todo Europa, adem&aacute;s de su constante an&aacute;lisis de las escrituras &ndash;aunque torpe, oportunista y abusivo&ndash; como fundamentaci&oacute;n de su filosof&iacute;a, que servir&aacute; m&aacute;s tarde para invocar una teolog&iacute;a pol&iacute;tica con gran presencia dentro de su obra. Este punto no deja de ser relevante, al extremo de se&ntilde;alar que la religi&oacute;n es el fundamento &uacute;ltimo de la teor&iacute;a hobbesiana, fundado en la pretensi&oacute;n de hallar en el cristianismo la g&eacute;nesis del entendimiento del poder soberano.</p>      <p>En &uacute;ltimo t&eacute;rmino, Rosler nos entrega un <I>Glosario</I> que ocupa las &uacute;ltimas veintid&oacute;s planas de su trabajo, dedic&aacute;ndose a indagar sobre la comprensi&oacute;n de doce nociones y expresiones que no dejan de ser altamente significativas para el tratamiento de la historia conceptual, primero en la teor&iacute;a pol&iacute;tica de Hobbes y, de manera m&aacute;s actual, en los ensayos pol&iacute;ticos de Carl Schmitt. </p>      <p align="center"><B>III</b></p>      <p>La gran problem&aacute;tica sobre el republicanismo y el antagonismo de Hobbes se fundan, sin duda alguna, en la idea de  libertad. En palabras de Quentin Skinner, "Hobbes es el enemigo m&aacute;s temible de la teor&iacute;a republicana de la libertad, y sus intentos por desacreditarla constituyen un verdadero hito en la historia del pensamiento pol&iacute;tico en lengua inglesa" (12). Sin embargo, esto no es nuevo en el an&aacute;lisis del pensamiento hobbesiano, una vez que entendemos como antecedente suyo la presencia de Galileo y el concepto de movimiento. A partir de all&iacute;, el lobo de Malmesbury comprende la filosof&iacute;a como la ciencia del movimiento e indica que lo que se mueve son los cuerpos, existiendo los naturales &ndash;filosof&iacute;a de la naturaleza&ndash; y los artificiales &ndash;filosof&iacute;a pol&iacute;tica&ndash;, de modo su inter&eacute;s recae sobre estos &uacute;ltimos en virtud de la respuesta cient&iacute;fica que pueden otorgar. Debido a esto, Hobbes emplea un directo rechazo de la metaf&iacute;sica de Ren&eacute; Descartes y se encasilla dentro del materialismo que, en un lenguaje sencillo, afirma una &uacute;nica realidad compuesta de materia y dinamismo. De all&iacute; que para el ingl&eacute;s la libertad se entienda como la ausencia de impedimentos externos al movimiento (<I>cf. </I>Hobbes 1940 106).</p>      <p>No es novedad que Hobbes inicie su <I>Tratado sobre el ciudadano</I> titulando el cap&iacute;tulo inicial <I>Libertad</I>, pues <I>prima facie</I> esta se entiende como la moneda de cambio de la ruleta hobbesiana en la apuesta por el Estado. La situaci&oacute;n anterior a la elevaci&oacute;n del soberano es, a fin de cuentas, un estado de inseguridad permanente con momentos de violencia siempre puntuales (<I>cf. </I>Zarka 140), y no una <I>barbarie</I> homologada a un campo en plena batalla; si bien no negamos la inmanencia del da&ntilde;o o las consecuencias del acto, s&iacute; comprendemos que las potencialidades de muerte en este estado son m&aacute;s altas que en las del Estado instituido por la autoridad, pero no hacemos parte de la infantil interpretaci&oacute;n que lee este momento del estado natural como un combate primitivo fuera de la raz&oacute;n y, al mismo tiempo, purgado de todo atisbo de tensi&oacute;n.</p>      <p>Con base en lo anterior, lo que favorece la actuaci&oacute;n de los individuos en la construcci&oacute;n hipot&eacute;tica de Hobbes no es sino la ausencia de una normativa investida de facultades coactivas que hagan un alto al fuego dentro del esquema de guerra. A esto se suma la irrestricta libertad que domina la conducta de quienes integran el <I>orbe</I> pol&iacute;tico y buscan invocar una instancia de relevo. Entonces, no deja de ser importante la trascendencia te&oacute;rica de este elemento dentro de la consecuci&oacute;n ca&oacute;tica y dual de su entendimiento pol&iacute;tico.</p>      <p>La libertad republicana es contraria al imperio ajeno de los principios naturales o a la reprimenda coactiva de un tercero frente a las cualidades intr&iacute;nsecas que les confiere la naturaleza; el temor de la rep&uacute;blica es, entonces, a la dominaci&oacute;n y su libertad consiste en la ausencia absoluta de aquella. Esto tiene a su vez cuna en Benjamin Constant, quien realiza una clasificaci&oacute;n de la idea de libertad indicando que existe una propia de los antiguos y una m&aacute;s propia a&uacute;n de los modernos; a la primera la describe desde el reconocimiento del ciudadano con lo p&uacute;blico y, por tanto, como cierta paridad en los intereses de ambos, lo cual nos hace converger hacia lo colectivo; mientras que la libertad de los modernos se reduce al individuo sin m&aacute;s, en esta noci&oacute;n se abandona lo sagrado de lo p&uacute;blico y se dirige ahora al mundo privado y al imperio de la independencia o, como se&ntilde;ala Hobbes, al <I>foro interno</I> de los sujetos (<I>cf. </I>Constant 424-425).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En pleno siglo XX , Isaiah Berlin publica <I>Dos conceptos de libertad </I>(2001)<I> </I>y<I> </I>toma como antecedentes las ideas de Constant para postular una nueva dicotom&iacute;a a prop&oacute;sito de la libertad, comprendi&eacute;ndola ahora desde la proposici&oacute;n de libertad positiva y negativa; la primera es heredera directa de la libertad de los antiguos que se&ntilde;alaba Constant y prefiere un rol activo de los agentes en su autodominio, mientras que la libertad negativa se refiere a la ausencia de interferencia y se aproxima a la libertad de los modernos. Sobre esto, Philip Pettit sostiene que existe un reduccionismo evidente en la propuesta de Berlin, y esto se revela en que existe una tercera libertad, la libertad republicana, que comparte elementos de ambas, pues, coincide en entender la libertad como la ausencia de externalidades que influyan en la decisi&oacute;n, es decir, est&aacute; a favor de una comprensi&oacute;n de libertad ausente no tanto de interferencia como s&iacute; de dominio,<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup> lo cual comulga con la idea de libertad positiva, y eleva precisamente a la idea de dominio como la corona de este tipo de libertad pol&iacute;tica; en otras palabras, entiende la libertad como no dominaci&oacute;n, lo cual se distingue diametralmente de la no interferencia, ya que la dominaci&oacute;n presupone una homologaci&oacute;n de amo y esclavo, por ende, de dominador y dominado.</p>      <p>El republicanismo viene a ser la ant&iacute;tesis hobbesiana de la afirmaci&oacute;n de la libertad, porque Hobbes, <I>grosso modo</I>, intercambia la libertad del estado de naturaleza, que responde a una potencial dominaci&oacute;n por otro, a favor de la configuraci&oacute;n autoritaria de un Estado que normalice la excepci&oacute;n pol&iacute;tica y otorgue un orden normativo coactivo mayor que el rigor moral de las leyes de la naturaleza. Lo anterior en honor a la soberan&iacute;a como regente absoluto del nuevo orden y, por tanto, como superaci&oacute;n racional y pol&iacute;tica del estado de naturaleza. El republicanismo nuevamente se ve negado por el papel neutralizador del nuevo Estado ante la participaci&oacute;n directa del ciudadano en las instancias pol&iacute;ticas de car&aacute;cter p&uacute;blico, aunque, como justificaci&oacute;n de fondo, Hobbes, los integra en todo momento, al ser el Estado imagen y semejanza de la voluntad del pueblo. </p>      <p align="center"><B>IV</b></p>      <p>De acuerdo con lo anterior, Thomas Hobbes es, para el republicanismo, lo que Al Capone o John Dillinger fueron en los a&ntilde;os treinta para la sociedad norteamericana, el s&iacute;mbolo criminal &ndash;en este caso, pol&iacute;tico&ndash; que viene a negar los principios y el orden imperante de la realidad descriptiva &ndash;al menos, del republicanismo&ndash;, por medio de la desobediencia y el desaire irrestricto a lo que se entiende como correcto. En nuestro caso, Hobbes es el<I> public enemy</I> de la ra&iacute;z republicana m&aacute;s profunda en su intento de sustraerse del juego totalizante del poder y las estructuras de dominaci&oacute;n, o bien, el <I>hostis publicus</I> de la Roma de anta&ntilde;o, que posteriormente Schmitt reduce y decide llamar &uacute;nicamente <I>hostis</I>, entendiendo lo p&uacute;blico incorporado a su intenci&oacute;n original, la de contradecir el estatus de la autoridad p&uacute;blica.</p>      <p>Sin lugar a dudas, el trabajo realizado por Andr&eacute;s Rosler ser&aacute; dif&iacute;cilmente ignorado en futuras discusiones filos&oacute;ficas y pol&iacute;ticas, por lo minucioso de su traducci&oacute;n y lo provocativo de las tesis que sostiene en su pr&oacute;logo, que nos convencen cuando ya estamos leyendo de plano la obra. Ahondar mucho m&aacute;s en este breve comentario ser&iacute;a ofender la profundidad del texto y reducir de manera muy simplona su exposici&oacute;n a los asuntos que aqu&iacute; me aventuro a tratar, que son, al final del d&iacute;a, aspectos que &uacute;nicamente invitan a pensar en el coraz&oacute;n pol&iacute;tico del libro, pues la intenci&oacute;n de escribir sobre esta edici&oacute;n no es, por ning&uacute;n motivo, resumir o indagar m&aacute;s all&aacute; en las tesis de Rosler, sino hacer un llamado de atenci&oacute;n a quienes, luego de cinco a&ntilde;os de su primera edici&oacute;n, no han sido interpelados por esta que es la m&aacute;xima obra de Hobbes en lo que a teor&iacute;a respecta y que ha coronado desde siempre la cabeza de su c&eacute;lebre guardi&aacute;n del orden.</p>      <p>Un llamado moderno a repasar los axiomas del viejo lobo de Malmesbury y, por qu&eacute; no, a ponerle precio a su cabeza.</p>  <HR>     <p><b>Notas</b></p>      <P><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup> Andr&eacute;s Rosler privilegia en esta oportunidad el nombre <I>Elementos filos&oacute;ficos. Del ciudadano</I>, porque decide mantener el t&iacute;tulo original que, en 1647, le otorg&oacute; la editorial Elzevenir de &Aacute;msterdam a la segunda edici&oacute;n de la obra de Hobbes, en vez de utilizar el tradicional y coloquial <I>De Cive</I> de la primera edici&oacute;n inglesa.    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup> Esta traducci&oacute;n del lat&iacute;n al espa&ntilde;ol hecha por Andr&eacute;s Rosler y publicada por Editorial Hydra viene a ser la cuarta traducci&oacute;n vertida a este idioma del <I>De Cive</I> de Thomas Hobbes, precedida, en el a&ntilde;o 2000, por la de Carlos Mellizo y Alianza Editorial; en 1993, por la versi&oacute;n de Joaqu&iacute;n Rodr&iacute;guez Feo, publicada en una primera oportunidad por Debate y CSIS, y m&aacute;s tarde, en 1999, por Trotta; mientras que la primera de todas las traducciones se remonta a 1966, realizada por Andr&eacute;e Cathrysse y el Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos de la Universidad Central de Venezuela. Salvo esta &uacute;ltima edici&oacute;n, las traducciones de Mellizo y de Rodr&iacute;guez Feo fueron publicadas en Espa&ntilde;a (Madrid), mientras que la de Cathrysse en Venezuela (Caracas) y la de Rosler en Argentina (Buenos Aires).    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup> V&eacute;ase <I>Leviat&aacute;n o la materia, forma y poder de una rep&uacute;blica eclesi&aacute;stica y civil</I>, <I>El Ciudadano </I>y <I>Tratado sobre el hombre</I>.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup> Sobre esto se&ntilde;ala Pettit: "Podr&iacute;a ocurrir que mi amo tuviera una disposici&oacute;n afable y no interviniente. O podr&iacute;a simplemente ser que yo fuera lo bastante taimado, o servil, para salirme siempre con la m&iacute;a y acabar haciendo lo que quiero" (41). V&eacute;ase tambi&eacute;n L&oacute;pez de Robles (2010).</P> <HR>      <p><B>Bibliograf&iacute;a</b></p>      <!-- ref --><p>Berlin, I. <I>Dos conceptos de libertad</I>. Madrid: Alianza, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659839&pid=S0120-0062201600020002400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Constant, B. "De la libertad de los antiguos comparada a la de los modernos." Ateneo de Par&iacute;s. Febrero de 1819. Conferencia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659841&pid=S0120-0062201600020002400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Hobbes, T. <I>Leviat&aacute;n o la materia, forma y poder de una rep&uacute;blica eclesi&aacute;stica y civil</I>. Trad. Manuel S&aacute;nchez Sarto. Ciudad de M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1940.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659843&pid=S0120-0062201600020002400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Hobbes, T. <I>El ciudadano. </I>Trad. Joaqu&iacute;n Rodr&iacute;guez Feo. Madrid: CSIC, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659845&pid=S0120-0062201600020002400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Hobbes, T. <I>Tratado sobre el hombre</I>. Trad. Joaqu&iacute;n Rodr&iacute;guez Feo. Madrid: UNED, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659847&pid=S0120-0062201600020002400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>L&oacute;pez de Robles, L. "La concepci&oacute;n republicana de la libertad en Pettit. Un recorrido hist&oacute;rico por Hobbes y Locke." <I>Revista Ingenium</I> 3 (2010): 119-138.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659849&pid=S0120-0062201600020002400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Pettit, P. <I>Republicanismo: una teor&iacute;a sobre la libertad y el gobierno</I>. Barcelona: Paid&oacute;s, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659851&pid=S0120-0062201600020002400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Schmitt, C. <I>Teolog&iacute;a pol&iacute;tica</I>. Buenos Aires: Editorial Struhart &amp; C&iacute;a, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659853&pid=S0120-0062201600020002400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Schmitt, C. <I>El concepto de lo pol&iacute;tico</I>. Madrid: Alianza, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659855&pid=S0120-0062201600020002400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Skinner, Q. <I>Hobbes y la libertad republicana</I>. Trad. Juliana Udi. Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659857&pid=S0120-0062201600020002400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Zarka, Y. <I>Hobbes y el pensamiento pol&iacute;tico moderno</I>. Barcelona: Herder, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659859&pid=S0120-0062201600020002400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> <HR>      <P align="right">Juan Eduardo Erices Reyes<SUP>*</SUP>    <BR> Universidad de Chile - Santiago de Chile - Chile    <BR> <I><a href="mailto:j.erices@live.cl">j.erices@live.cl</a></I></p>      <p><SUP>*</SUP>	Estudiante de Licenciatura en Ciencias Jur&iacute;dicas y Sociales, Universidad de Chile. Ayudante de las c&aacute;tedras de Filosof&iacute;a Moral e Historia de la Filosof&iacute;a del Derecho.</p>  </font>      ]]></body><back>
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