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</front><body><![CDATA[   <font face="Verdana" size="2">     <p><a href="http://dx.doi.org/10.15446/ideasyvalores.v65n162.59712" target="_blank">http://dx.doi.org/10.15446/ideasyvalores.v65n162.59712</a></p>      <p align="center"><font size="4"><b>Giusti, Miguel. </B><I>Disfraces y extrav&iacute;os. Sobre el descuido del alma.</I> Ciudad de M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2016. 248 pp.</font></p>      <p>"El alma &ndash;dice Miguel Giusti al comenzar su libro&ndash; fue una bella y ef&iacute;mera fantas&iacute;a griega que representaba la vida. Tras el persistente descuido al que ella est&aacute; hoy soterradamente &ndash;es decir, disfrazadamente&ndash; expuesta, sin embargo son aparentes algunos pocos y t&iacute;midos destellos" (11-12). Con esto &uacute;ltimo se refiere el autor a aquello que, acaso, podr&iacute;a llegar a proteger el alma de la indefensi&oacute;n en la que la deja estar disfrazadamente expuesta.</p>      <p>Quien lee <I>Disfraces y extrav&iacute;os</I> se ve a s&iacute; mismo movido, como la masa que es sostenida por el hilo de un p&eacute;ndulo, entre una y otra de las formas de descuido, entre uno y otro de los destellos. El hilo de ese p&eacute;ndulo es la afortunada forma de escritura escogida por Giusti para llevar a sus lectores de uno a otro de los extremos del arco, es decir, para situarlo en el movimiento pendular que es su libro.</p>      <p>Antes de decir algo acerca del al arco mismo &ndash;y para continuar con las met&aacute;foras&ndash;, quisiera referirme a la forma como est&aacute; escrito <I>Disfraces y extrav&iacute;os</I>; es decir, al hilo del p&eacute;ndulo. Gracias a este, Giusti convierte a sus lectores en verdaderos testigos no solo del descuido del alma, de los disfraces y de los extrav&iacute;os detr&aacute;s de los cuales ese descuido se oculta, sino, tambi&eacute;n, de los destellos que asoman espor&aacute;dicamente entre las sombras. Quisiera, para empezar, explicar por qu&eacute; raz&oacute;n creo que el hilo de este p&eacute;ndulo al que me refiero es ya uno de esos destellos.</p>      <p>En su libro, <I>Introducci&oacute;n a la &eacute;tica</I>, Bernard Williams dice: "La filosof&iacute;a moral contempor&aacute;nea ha encontrado una original manera de ser aburrida, ella consiste en no discutir, en absoluto, las cuestiones morales" (XVII). Con esta afirmaci&oacute;n no quiere Williams referirse directamente a los asuntos que la filosof&iacute;a moral contempor&aacute;nea prefiere dejar de lado, aun cuando su importancia sea ostensible. La afirmaci&oacute;n hace pensar, m&aacute;s bien, en la intrincada y tediosa manera de hablar que muchos de los m&aacute;s conocidos fil&oacute;sofos morales han escogido, justamente para no decir lo que hay para decir y, por lo tanto, para no ver lo que est&aacute; ah&iacute; para ser visto. El problema radica no solamente en el hecho de que aquello que est&aacute; ah&iacute; para ser visto lo est&aacute; de un modo que no verlo resulta escandaloso. El problema, adem&aacute;s, es que la lista de esos asuntos es interminable (<i>cf</i>. Giusti 11).</p>      <p>En cierta ocasi&oacute;n, alguno de aquellos que, como dice Giusti en su libro, consiguen hacer del vino un buen remedio (<I>pharmakon</I>) (178-180), contaba que, entre quienes tuvieron la fortuna de conocerlo, Williams usaba con frecuencia el t&eacute;rmino "filosof&iacute;a de trinchera". Con este t&eacute;rmino, por lo que entiendo, designaba Williams justamente el modo aburrido del que, con frecuencia, se valen muchos autores en filosof&iacute;a moral &ndash;y en otras &aacute;reas&ndash; para hacer del oficio poco m&aacute;s que un h&aacute;bil artilugio, un disfraz detr&aacute;s del que se esconde una peligrosa frivolidad. El sentido de lo fr&iacute;volo se puede aclarar con las siguientes palabras de Williams: "el deseo de reducir al m&iacute;nimo &#91;la posibilidad de que su&#93; compromiso moral sea visible" (XVIII). La disposici&oacute;n de quien, de esta forma intrincada y tediosa, puede ser comparado con la actitud, a la vez amenazante y temerosa, del soldado artillero. Como el soldado, el fil&oacute;sofo de trinchera act&uacute;a creyendo que aquello que se pone en juego, mientras se esconde detr&aacute;s de su forma de expresarse, es nada menos que su propia vida. Bajo estas condiciones, las acciones del experto en trinchera se reducen y se concentran en cargar y recargar su arma compulsivamente, con el prop&oacute;sito de ponerla, una y otra vez, en condiciones de disparar a todo lo que se mueva. La diferencia entre el soldado y el fil&oacute;sofo es evidente. Mientras que la creencia del soldado que est&aacute; detr&aacute;s de la trinchera es, con todo, una creencia bien fundada, la del fil&oacute;sofo no lo es. Y, sin embargo, el aburrido estilo de este &uacute;ltimo busca hacernos creer que con su forma de hablar no solo est&aacute; en juego su vida, sino tambi&eacute;n la nuestra. Tengo la impresi&oacute;n de que es justamente esta suerte de "trincherismo filos&oacute;fico" el que, en tantas y penosas ocasiones, convierte a grupos numerosos de fil&oacute;sofos inteligentes poco m&aacute;s que en los colaboradores de esa suerte de "entorno corporativo", al que alude Giusti en el primero de sus ensayos (19).</p>      <p>Los entornos desde los cuales hacemos hoy filosof&iacute;a han pasado de ser ligeros y l&uacute;cidos, a ser laber&iacute;nticos y burocratizados. Como bien se sabe, la burocracia es una forma de gobierno que se caracteriza por ser el gobierno de nadie. Y los laberintos burocratizados son, por su parte, los que ya desde hace varios a&ntilde;os vienen proponiendo el destierro contra quienes hablan en primera persona, desde alg&uacute;n lugar reconocible.</p>      <p>El hilo del p&eacute;ndulo &ndash;el estilo&ndash; con el que Giusti lleva a sus lectores de un lado al otro, entre destellos, disfraces y extrav&iacute;os, es no solamente una buena manera de darnos a entender que aquello que a &eacute;l mismo le importa, importa verdaderamente. Es tambi&eacute;n el vestigio del lugar y del tiempo desde donde alguien, con sus cinco sentidos bien despiertos, ve, oye y siente lo que hay para ver, para o&iacute;r y para sentir.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El peso que pende de este hilo del que hablo se mueve ligero entre uno y otro de los lugares a los que nos quiere llevar Giusti, desde su propio lugar y sin disfraz. Uno de los ensayos, "Fracaso de la filosof&iacute;a como disciplina", deja ver de qu&eacute; modo resulta tan costoso encontrarse uno mismo en aquello a lo que puede estar dedicando su vida. Me veo obligada a hacer manifiesta mi gratitud por la manera como, con su libro, Giusti ha conseguido mostrarnos que ese mismo &ndash;el de la primera persona del singular&ndash; deber&iacute;a ser el lugar para la filosof&iacute;a en general. Quiz&aacute; por el costoso camino que esta afirmaci&oacute;n sugiere, y dado el ejemplo que el libro nos da, otros vayamos abriendo los ojos al destello: consiguiendo, con trabajo, que sea la filosof&iacute;a misma, y no otra cosa distinta de ella, la que decida su propio dominio.</p>      <p>Quien, entonces, se disponga para abrir los ojos sabr&aacute; ver que desde el lugar de la filosof&iacute;a s&iacute; que son visibles otros lugares, cuidadosamente proscritos por el trincherismo filos&oacute;fico: Par&iacute;s, 7 de enero del 2015; Nueva York, 11 de septiembre del 2001; los Andes Peruanos, a comienzos de este siglo; la Atenas de S&oacute;crates; as&iacute; como el ancho mundo de Alexander von Humboldt a comienzos del siglo XIX.</p>      <p>A trav&eacute;s de algunos de los 18 ensayos que constituyen el libro, y de la mano de Arist&oacute;teles, pero tambi&eacute;n, y sobre todo, de la de Hegel, nos lleva Giusti a pensar en serio sobre el sentido que, si se les mira bien, habr&iacute;an de tener algunos de los conceptos centrales de la filosof&iacute;a moral y pol&iacute;tica actuales: el de pluralismo, el de libertad, el de reconocimiento y el de tolerancia. Bien visto, como afirma Giusti, el pluralismo no es otra cosa que un concepto que se pretende ver como un hecho. Bien vista, la libertad no puede ser entendida, sin m&aacute;s, como ausencia de coerci&oacute;n. Bien visto, el concepto de reconocimiento no debe ser diluido en el curso de la presencia fantasmag&oacute;rica de Kant, oculta tras "los giros hegelianizantes" (137) <I>&agrave; la</I> Honneth.</p>      <p>En algunos de los ensayos que contiene el libro, su autor no se refiere directamente a estos tres conceptos. Y, sin embargo &ndash;al menos al lector puede llegar a parecerle as&iacute;&ndash;, ellos est&aacute;n, por decirlo de alg&uacute;n modo, en el transfundo. Con el "trasfondo" aludo al hecho de que esos mismos conceptos aparecen en su forma de hablar acerca de Alexander von Humboldt y de Alonso Cueto; en su disposici&oacute;n para entender de qu&eacute; modo el mundo puede llegar a ser "verdaderamente descubierto" (188), tanto por aquel que, cargado de instrumentos de medici&oacute;n, atraviesa las monta&ntilde;as, los r&iacute;os y las selvas, como por aquel que, leyendo, llega "verdaderamente" hasta la blancura de una ballena.</p>      <p>Los conceptos de pluralismo, reconocimiento y libertad, desde ese trasfondo, aparecen tambi&eacute;n en la interesada disposici&oacute;n de Giuisti por dar sentido al lugar que V&iacute;ctor Krebs propone para lo &eacute;tico en lo est&eacute;tico. Algo an&aacute;logo a esto sucede en el homenaje que se hace en el libro a Eduardo Rabossi. Quien, habituado a precisar las particularidades de una situaci&oacute;n con el prop&oacute;sito de darse a responder por lo que esta exige, ser&aacute; tambi&eacute;n el mismo que pueda hablar de aquellos que son sus amigos como lo hace Giusti. &Eacute;l ser&aacute;, con todo, el mismo que no se dejar&aacute; convencer por los lugares comunes, y por la estridencia con la que se suelen invocar el pluralismo, la libertad y el reconocimiento.</p>      <p>Hay un aspecto de <I>Disfraces y extrav&iacute;os</I> que est&aacute; presente en algunos de los ensayos, y que, a mi modo de ver, es persistente. Esta persistencia se resolvi&oacute;, al menos para m&iacute;, en una suerte de emplazamiento. El emplazamiento es expl&iacute;cito en el primero de los ensayos, y si no lo es en los dem&aacute;s, a mi modo de ver, s&iacute; est&aacute; sugerido al menos en la mayor&iacute;a de ellos. En la introducci&oacute;n, como hemos visto, dice Giusti: "el alma es una alegor&iacute;a de la vida" (11). Y m&aacute;s adelante, en el segundo de los ensayos, se&ntilde;ala: </p>      <blockquote>     <p>&#91;L&#93;a aceleraci&oacute;n y el rumbo inesperado que tomaron los acontecimientos hist&oacute;ricos de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas han hecho enmudecer, o al menos han silenciado parcialmente, los relatos conceptuales que nos serv&iacute;an de referencia. El mundo no cambi&oacute; de acuerdo a nuestras previsiones te&oacute;ricas, y nuestras categor&iacute;as no logran dar cuenta de los cambios, ni, menos a&uacute;n, prever su desenvolvimiento. (28) </p> </blockquote>      <p>Si nuestras previsiones te&oacute;ricas y nuestras categor&iacute;as vienen perdiendo de vista al mundo, quiz&aacute;s se deba ello, como creo que se sugiere en el libro, no solamente a la forma atrincherada de ver la realidad, propia del desempe&ntilde;o actual de muchos fil&oacute;sofos morales, sino tambi&eacute;n a las razones que explican el rumbo mismo que han venido tomando los acontecimientos a los que se refiere la cita. Quiero sugerir con esto que no solamente quienes dedicamos nuestra vida a la filosof&iacute;a hemos perdido de vista aquello que hacemos. Todas y cada una de las formas de burocracia son expresiones del hecho de no saber concebir ya, para cada cosa que se hace, una unidad entre lo que se hace, es decir, lo que se produce, lo que se imagina para eso que se hace y lo que se siente mientras se dispone uno para llevar a cabo el producto hasta terminarlo. En t&eacute;rminos aristot&eacute;licos, esto significa que nuestro modo de producir cosas es poco m&aacute;s que compulsivo; y significa tambi&eacute;n que, por el camino de la compulsi&oacute;n, perdemos de vista no solo el <I>&eacute;idos</I>, sino tambi&eacute;n el <I>telos</I> de eso que hacemos (Anders 256).</p>      <p>Como Prometeo, estamos, si se quiere, desbordados por lo que hacemos (Anders 256-259). Eso que hacemos, si bien es verdad que requiere de nuestra diligencia, tambi&eacute;n requiere de nuestra imaginaci&oacute;n y de nuestros sentimientos; requiere, en t&eacute;rminos de Giusti, de nuestra capacidad para mirar hacia atr&aacute;s y para escuchar (<i>cf</i>.54).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>"El alma es una alegor&iacute;a de la vida", dice Giusti. Quisiera entender el sentido de esta afirmaci&oacute;n de la siguiente manera: el alma se actualiza no solamente en nuestra capacidad para producir cosas, sino en nuestra capacidad para imaginar y para sentir cosas acerca de lo producido. Bien podemos vivir haciendo m&aacute;s y m&aacute;s. Sin embrago, como sabemos, resulta muy costoso hacer m&aacute;s y m&aacute;s, si aquello que hacemos desborda lo que es posible imaginar y lo que se puede sentir. Despu&eacute;s de todo, no es otra cosa que la compulsi&oacute;n la que nos conduce, disfrazados, al extrav&iacute;o del mundo y sus sentidos.</p> <hr>      <p><B>Bibliograf&iacute;a </b></p>     <!-- ref --><p>Anders, G. <I>La obsolescencia del hombre. Vol. I. Sobre el alma en la &eacute;poca de la revoluci&oacute;n industrial</I>. Valencia: Pretextos, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659990&pid=S0120-0062201600030002100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Williams, B. <I>Morality: An Introduction </I><I>to Ethics</I>. Cambridge: Cambridge University Press, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1659992&pid=S0120-0062201600030002100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <p align="right">Angela Uribe Botero    <br> <I>Universidad Nacional de Colombi,a Bogot&aacute; - Colombia</I>    <br> <i><a href="mailto:auribeb@unal.edu.co">auribeb@unal.edu.co</a></I></p>  </font>      ]]></body><back>
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