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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[PREDICTIBILIDAD DEL RENDIMIENTO EN LA LECTURA:: UNA INVESTIGACIÓN DE SEGUIMIENTO ENTRE PRIMER Y TERCER AÑO*]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Este artículo muestra los resultados obtenidos en un estudio de seguimiento de tres años, de 262 niños de estatus socioeconómico bajo que cuando ingresaron al primer año fueron evaluados en algunos procesos psicolingusticos. Los resultados muestran que el reconocimiento del primer fonema de las palabras, la identificación de algunos nombres propios y el conocimiento de algunas letras del alfabeto predicen significativamente el rendimiento de la lectura en el primero, segundo y tercer año, y discriminan entre niños con alto y bajo rendimiento]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">      <p align="CENTER"><b><font size="4">PREDICTIBILIDAD DEL RENDIMIENTO EN LA LECTURA:    UNA INVESTIGACI&Oacute;N DE SEGUIMIENTO ENTRE PRIMER Y TERCER A&Ntilde;O<sup><a href="#p*">*</a></sup></font></b></p>     <p align="CENTER"><b> <font size="3">PREDICTABILITY OF READING PERFORMANCE: A    FOLLOW UP STUDY BETWEEN FIRST AND THIRD GRADES</font></b></p>     <p align="CENTER"><b>LUIS BRAVO-VALDIVIESO</b></P>     <p align="CENTER"><b>MALVA VILLAL&Oacute;N Y EUGENIA ORELLANA<sup><a href="#p**">**</a></sup></b></P>     <p align="CENTER"> Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile </P>     <P><a name="p*"><sup>*</sup></a>Investigaci&oacute;n con financiamiento FONDECYT # 1010769    de Chile </P> <a name="p**"><sup>**</sup></a>Correspondencia: LUIS BRAVO VALDIVIESO, E-mail:<a href="mailto:abravov@uc.cl">abravov@uc.cl</a>;  MALVA VILLAL&Oacute;N, E-mail: <a href="mailto:malva@uc.cl;">malva@uc.cl;</a> EUGENIA  O RELLANA,E-mail:<a href="mailto:eorellae@uc.cl ">eorellae@uc.cl </a>  <hr size="1">     <p><b>ABSTRACT</b>    <br>   This article presents the results of a follow-up study of 262 low socio-economic    children between the entry to the first grade to the end of third grade. Children    were assessed with several psycholinguistic tests at the moment of their entry    to first grade and reassessed in reading at the end of each grade. Phonological    awareness of the first phoneme, knowledge of the alphabetic letters and recognition    of some written names, predicted reading and differentiated significantly between    children with high and low performance in reading in first, second and third    grade.</P>     <p><b>Key words:</b> children, education, reading.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </P>     <p><b>RESUMEN</b>    <br>   Este art&iacute;culo muestra los resultados obtenidos en un estudio de seguimiento    de tres a&ntilde;os, de 262 ni&ntilde;os de estatus socioecon&oacute;mico bajo que cuando ingresaron    al primer a&ntilde;o fueron evaluados en algunos procesos psicolingÃ¼&iacute;sticos.    Los resultados muestran que el reconocimiento del primer fonema de las palabras,    la identificaci&oacute;n de algunos nombres propios y el conocimiento de algunas letras    del alfabeto predicen significativamente el rendimiento de la lectura en el    primero, segundo y tercer a&ntilde;o, y discriminan entre ni&ntilde;os con alto y bajo rendimiento.</P>     <p><b>Palabras clave:</b> ni&ntilde;os, educaci&oacute;n, lectura.</P> <hr size="1">     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N </b></p>     <p>El objetivo de este art&iacute;culo es presentar la predictibilidad del aprendizaje    del lenguaje escrito en un estudio de seguimiento de tres a&ntilde;os de escolares    primarios. Sus resultados muestran que es posible evaluar a su ingreso al primer    grado algunas variables psicolingÃ¼&iacute;sticas que predicen el aprendizaje    del lenguaje escrito en los a&ntilde;os siguientes. Los ni&ntilde;os fueron evaluados al iniciar    el primer grado y posteriormente reevaluados en lectura a fines de cada a&ntilde;o    escolar. El resultado de este seguimiento permite entregar a psic&oacute;logos escolares    y a maestros, una t&eacute;cnica psicopedag&oacute;gica simple para discernir cu&aacute;les    alumnos, al ingresar al primer grado, tendr&aacute;n mayores dificultades con    la lectura y cu&aacute;les tendr&aacute;n mayores probabilidades de &eacute;xito.  </P>     <P> <i>El aprendizaje inicial del lenguaje escrito</i></P>     <P>Publicaciones anteriores (Bravo, Villal&oacute;n Orellana 2002a, 2002b, 2003)    mostraron la predictibilidad del comportamiento lector de los dos primeros a&ntilde;os    primarios, mediante la evaluaci&oacute;n de la habilidad fonol&oacute;gica para discriminar    el primer fonema de las palabras, de la capacidad para identificar algunos nombres    escritos supuestamente conocidos y reconocer letras del alfabeto, antes del    inicio de la ense&ntilde;anza formal de la lectura. La hip&oacute;tesis de la presente publicaci&oacute;n    es que los mismos procesos son tambi&eacute;n predictivos del rendimiento en    el lenguaje escrito a fines del tercer a&ntilde;o. La importancia que tiene la persistencia    de su predictibilidad es que esos procesos psicolingÃ¼&iacute;sticos ser&iacute;an    componentes m&aacute;s estables del aprendizaje lector. La persistencia de la    predictibilidad durante tres a&ntilde;os tambi&eacute;n se&ntilde;alar&iacute;a que esas habilidades    contin&uacute;an ejerciendo influencia en el aprendizaje del lenguaje escrito    durante las etapas siguientes al proceso de decodificaci&oacute;n inicial.</P>     <P> Esta investigaci&oacute;n tiene como base te&oacute;rica el modelo de â€œalfabetizaci&oacute;n emergenteâ€,    que plantea que el aprendizaje de la lectura es un proceso continuo que se inicia    a partir del desarrollo del lenguaje oral y de la conciencia fonol&oacute;gica, en    interacci&oacute;n con los est&iacute;mulos del medio ambiente alfabetizado. Muchos    ni&ntilde;os empiezan a ver desde peque&ntilde;os palabras escritas que el ambiente les estimula    para reconocer su significado (Whitehurst Lonigan, 1998). Este modelo    se&ntilde;ala que hay una continuidad en el aprendizaje entre el desarrollo del lenguaje    oral y el aprendizaje del lenguaje escrito a trav&eacute;s de algunos procesos    cognitivos que se desarrollan progresivamente y que pueden ser determinantes    del &eacute;xito en las etapas siguientes del aprendizaje de la lectura. Las    investigaciones sobre este tema (Goswami, 2002; Scarborough, 2002) han permitido    comprobar que los ni&ntilde;os que se inician con la toma progresiva de conciencia    de las unidades fonol&oacute;gicas que componen el lenguaje oral discriminan entre    las palabras de su lenguaje familiar; luego, por influencia del medio letrado,    adquieren el conocimiento de las formas de representaci&oacute;n gr&aacute;fica de    algunos sonidos en letras y palabras. La asociaci&oacute;n entre los procesos fonol&oacute;gicos    y los visuales constituye una base cognitiva para iniciar la decodificaci&oacute;n    y el reconocimiento de palabras. Los ni&ntilde;os que ingresan a las escuelas primarias    tienen niveles diferentes de desarrollo cognitivo que explican las diferencias    para iniciarse en el aprendizaje del lenguaje escrito. En consecuencia, el desarrollo    en algunos procesos psicolingÃ¼&iacute;sticos puede ser un buen &iacute;ndice    de la preparaci&oacute;n para aprender el lenguaje escrito. Su evaluaci&oacute;n puede ser    importante para el pron&oacute;stico que los psic&oacute;logos escolares hacen de los ni&ntilde;os    en el momento de su ingreso al primer grado.</P> Parrila, Kirby y McQuarrie (2004) efectuaron un seguimiento donde estudiaron la  predictibilidad de la lectura entre Kindergarten y tercer a&ntilde;o primario, mediante  pruebas de memoria verbal, articulaci&oacute;n de palabras, velocidad de nominaci&oacute;n y  conciencia fonol&oacute;gica, las que fueron evaluadas al comienzo del seguimiento. Sus  resultados se&ntilde;alan que entre primero y tercer a&ntilde;o primario, la conciencia fonol&oacute;gica  fue claramente el predictor m&aacute;s potente de la lectura. Los otros procesos  evaluados tuvieron menor poder predictivo. Por otra parte, Purcell-Gates y Dahl  (1991) han comprobado que los ni&ntilde;os que inician el primer grado con conciencia  de los fonemas, con cierto conocimiento de las letras del alfabeto y con habilidad  para reconocer visualmente algunas palabras escritas, obtienen posteriormente  un mejor nivel de desempe&ntilde;o en lectura.      <P> <i>La conciencia fonol&oacute;gica </i></P> La conciencia fonol&oacute;gica, aparece en muchas investigaciones como la variable con  mayor fuerza predictiva de la lectura inicial (Carrillo, 1994; Stanovich Siegel, 1994; De Jong Van der Leij, 1999; Goswami, 2000; Stanovich, 2000;  Vellutino Scanlon, 2002). Estos resultados no se han encontrado solamente  en lengua inglesa. Tambi&eacute;n se han encontrado diferencias significativas  en la conciencia fonol&oacute;gica entre buenos y malos lectores en ni&ntilde;os de habla castellana  (Bravo, Bermeosolo, C&eacute;spedes Pinto, 1986; Dom&iacute;nguez Cuetos, 1992; Jim&eacute;nez Rodrigo, 1994; Carrillo Mar&iacute;n,  1996; Signorini, 1997; Diuk, Signorini Borzone, 2003; Guardia, 2003).      ]]></body>
<body><![CDATA[<p></P>     <P>Una manera cl&aacute;sica de evaluar la conciencia fonol&oacute;gica es el reconocimiento    del primer fonema de las palabras. Algunos ni&ntilde;os que ingresan al primer grado    ya son capaces de reconocer y separar el primer fonema de algunas palabras simples    y otros no logran hacerlo. Esta diferencia aparece posteriormente en el &eacute;xito    del aprendizaje de la lectura a fines de los dos primeros a&ntilde;os (Bravo, Villal&oacute;n Orellana, 2001, 2003). Los ni&ntilde;os que identifican y a&iacute;slan los fonemas,    tienen mejor base cognitiva para asociar los sonidos de las palabras escritas    con su graf&iacute;a. Hay investigaciones que muestran que hay una interacci&oacute;n    entre las habilidades de procesamiento fonol&oacute;gico desarrolladas en el nivel    preescolar y el per&iacute;odo lector inicial (Bryant Bradley, 1985; Wagner Torgensen, 1987; Adams, 1990; Goswami, 2002). </P>     <P> <i>El conocimiento de las letras </i></P> Por otra parte, otras investigaciones han mostrado que el conocimiento de las  letras del alfabeto, antes de su ense&ntilde;anza formal, es tambi&eacute;n un excelente  predictor del aprendizaje de la lectura, a corto y a largo plazo (Muter, Hulme Snowling, 1997; Whitehurst Lonigan, 1998; Vellutino Scanlon,  2002). El conocimiento espont&aacute;neo de las letras revela que los ni&ntilde;os pueden  haber efectuado aprendizajes impl&iacute;citos de ellas sin una intervenci&oacute;n escolar  expl&iacute;cita, probablemente por influencia de su ambiente. Conocer el nombre  o la pronunciaci&oacute;n de las letras en un sistema alfab&eacute;tico implica identificarlas  mentalmente como unidades de fonemas. Riley (1999) mostr&oacute; la importancia que tiene  el conocimiento ortogr&aacute;fico alcanzado por los ni&ntilde;os para identificar las  letras y para escribir su propio nombre, antes de la instrucci&oacute;n escolar formal.  Los datos de su investigaci&oacute;n se&ntilde;alan que con este medio es posible identificar,  con un 80% de precisi&oacute;n, a los ni&ntilde;os que aprender&aacute;n a leer al final del  primer a&ntilde;o.      <p></P> La predictibilidad del conocimiento de las letras, en el momento de ingresar al  primer grado, sobre el aprendizaje del lenguaje escrito, ha sido corroborada por  los autores de la presente publicaci&oacute;n, en dos estudios efectuados en grupos diferentes.  Encontramos que los ni&ntilde;os que conoc&iacute;an al menos 5 letras del alfabeto cuando  ingresaron al primer curso, tuvieron posteriormente un nivel lector significativamente  superior al resto de sus compa&ntilde;eros (Bravo, Villal&oacute;n Orellana, 2001, 2002b).      <p></P> El conocimiento de las letras est&aacute; asociado a la identificaci&oacute;n de los  fonemas. Hay estudios que muestran que hay una asociaci&oacute;n entre el conocimiento  del nombre de las letras y el desarrollo de las destrezas fonol&oacute;gicas (Stahl Murray, 1994; Johnston, Anderson Holligan, 1996). Un an&aacute;lisis factorial  efectuado con los resultados de un conjunto de pruebas verbales predictivas de  la lectura entre Kinder y primer a&ntilde;o, realizado por Guardia (2003), mostr&oacute; que  el conocimiento del nombre de las letras formaba parte de un mismo factor con  la conciencia fonol&oacute;gica, en ni&ntilde;os de kindergarten. Por otra parte, en un seguimiento  de ni&ntilde;os entre el kindergarten y el primer a&ntilde;o primario, Compton (2000) encontr&oacute;  que los ni&ntilde;os que presentaron el mejor desempe&ntilde;o en la tarea de identificar el  fonema inicial y en el conocimiento del nombre y la pronunciaci&oacute;n de algunas letras,  alcanzaron un mejor desempe&ntilde;o lector en primer grado. Ambos procesos explicaron  el 70% de la varianza en la lectura.      <p></P>     <P> <i>El reconocimiento de nombres escritos </i></P> La tercera variable predictora de la lectura en este estudio, es la habilidad  de los ni&ntilde;os que ingresan al primer a&ntilde;o para reconocer visualmente el significado  de algunos nombres escritos. Este reconocimiento ser&iacute;a una etapa intermedia  entre la lectura logogr&aacute;fica y el reconocimiento l&eacute;xico. En la presente  investigaci&oacute;n se trabaj&oacute; con el conocimiento de nombres propios escritos de la  lista de alumnos del mismo grado, nombres que se suponen son conocidos por el  sujeto. La identificaci&oacute;n de nombres escritos no deriva necesariamente de un aprendizaje  sistem&aacute;tico y formal de ellos, ya que fue evaluada al iniciarse el per&iacute;odo  escolar, sino m&aacute;s bien de la habilidad y del inter&eacute;s de algunos  ni&ntilde;os para asociar los signos gr&aacute;ficos con el significado de las palabras  escritas. Ehri (1999) considera que el reconocimiento visual de palabras implica  el almacenamiento en la memoria de una conexi&oacute;n entre su forma escrita, su pronunciaci&oacute;n  y su significado. Es un proceso que no depende necesariamente de una intervenci&oacute;n  pedag&oacute;gica, sino de la inquietud de los ni&ntilde;os por abordar el lenguaje escrito.  Tambi&eacute;n Compton (2000) encontr&oacute; que las diferencias en el reconocimiento  visual de palabras en primer a&ntilde;o predice significativamente el nivel lector en  los cursos superiores.      <p></P>     <P> La hip&oacute;tesis de esta investigaci&oacute;n de seguimiento entre primero y tercer grado    es que estas tres variables, la identificaci&oacute;n del primer fonema de algunas    palabras simples, el reconocimiento de algunos nombres propios de los compa&ntilde;eros    de curso y la cantidad de letras del alfabeto conocidas, al iniciarse el primer    a&ntilde;o b&aacute;sico, son variables predictivas del aprendizaje formal del lenguaje    escrito, y discriminan el nivel lector que alcanzar&aacute;n los alumnos hasta    fines del tercer grado. La persistencia de su predictibilidad durante tres a&ntilde;os    revelar&iacute;a que ellas constituyen procesos m&aacute;s estables que transitorios    del desarrollo psicolingÃ¼&iacute;stico y que son determinantes para el rendimiento    lector. </P> <b>M&Eacute;TODO </b>      <P><i>Participantes </i></P> Los ni&ntilde;os objeto de seguimiento fueron 262 alumnos de tercer a&ntilde;o primario que  pertenecen al mismo grupo estudiado inicialmente a su ingreso al primer a&ntilde;o (Bravo,  Villal&oacute;n Orellana, 2002a, 2003). Pertenecen a 14 cursos de diferentes escuelas  municipales de la ciudad de Santiago de Chile. El seguimiento se inici&oacute; en el  momento de su ingreso al primer grado cuando los ni&ntilde;os ten&iacute;an una edad  entre 6 a&ntilde;os 2 meses y 6 a&ntilde;os 11 meses. La edad promedio del grupo, en el tercer  a&ntilde;o, es de 9 a&ntilde;os 5 meses, con una proporci&oacute;n equivalente de varones y de mujeres.  El 96% de ellos hab&iacute;a cursado Kindergarten. Respecto al criterio para seleccionar  inicialmente al grupo de seguimiento se eligi&oacute; estudiar a todas las escuelas p&uacute;blicas  â€”de educaci&oacute;n gratuitaâ€” de una misma comuna. Con este criterio se pudo homogeneizar  â€”dentro de lo posibleâ€” la influencia de algunas variables socioecon&oacute;micas de los  alumnos. Todas estas escuelas reciben principalmente a ni&ntilde;os de nivel socioecon&oacute;mico  medio-bajo y bajo.      ]]></body>
<body><![CDATA[<p></P>     <P><i>Instrumentos </i></P> Para efectos de comprobar la hip&oacute;tesis, se aplicaron tres pruebas de una bater&iacute;a  m&aacute;s amplia de evaluaci&oacute;n de ni&ntilde;os de 4 a 7 a&ntilde;os seleccionadas como de mayor  fuerza predictiva en el primer a&ntilde;o como resultado de una investigaci&oacute;n anterior  efectuada en un grupo diferente (Bravo, Villal&oacute;n Orellana, 2001). Las pruebas  fueron las siguientes:      <p></P>     <P> a) Para la conciencia fonol&oacute;gica se utiliz&oacute; la sub-prueba PPL-1 de la prueba    PPL (Bravo, 1997). Esta prueba eval&uacute;a la habilidad de los ni&ntilde;os para    identificar el primer fonema de una palabra. El examinador dice a los ni&ntilde;os    una serie de 8 palabras, y ellos deben verbalizar el fonema de la primera letra,    separ&aacute;ndola del resto de la palabra (Al escuchar pato: deben pronunciar    /p/). Las palabras son: sapo, mesa, rosa, foca, gato, lim&oacute;n, pala y tuna y en    cada una de ellas deben identificar el fonema inicial. Cada respuesta correcta    vale un punto. Los puntos se suman para una evaluaci&oacute;n global de ella. </P> b) Para el conocimiento del alfabeto se utiliz&oacute; la Prueba de Alfabetizaci&oacute;n Inicial  â€œP.A.Iâ€ (Villal&oacute;n Rolla, 2000), de la cual se aplic&oacute; la sub-prueba que eval&uacute;a  el conocimiento de las letras del alfabeto. Consiste en pedir a los ni&ntilde;os la identificaci&oacute;n  de las 27 letras del alfabeto espa&ntilde;ol por su nombre, sonido o como fonema inicial  de una palabra. El puntaje obtenido es igual al n&uacute;mero de letras conocidas.      <p></P> c) Para el reconocimiento de nombres escritos se utiliz&oacute; la prueba ELEA (Orellana,  1994) que eval&uacute;a el conocimiento visual-ortogr&aacute;fico de palabras  escritas. Se aplic&oacute; la sub-prueba ELEA-1, que pide a los ni&ntilde;os identificar los  nombres propios que aparecen en la lista de alumnos de su curso. Se suma la cantidad  de nombres reconocidos correctamente.      <p></P> Estas tres pruebas formaron la variable independiente y por hip&oacute;tesis deber&iacute;an  predecir el rendimiento en lectura.      <p></P> El rendimiento lector alcanzado a fines de cada a&ntilde;o fue la variable dependiente.  Se aplic&oacute; la Prueba Interamericana de Lectura, Nivel 1 para primer a&ntilde;o y Nivel  2, para segundo y tercer a&ntilde;o (Escala Interamericana de Lectura, 1962). En esta  prueba los ni&ntilde;os deben leer las palabras y/o peque&ntilde;os textos y asociarlos con  representaciones gr&aacute;ficas de sus significados. Las palabras de la prueba  en su nivel inicial van desde contenidos concretos y de uso frecuente hasta otros  m&aacute;s abstractos. Esta prueba eval&uacute;a el vocabulario le&iacute;do,  la velocidad de comprensi&oacute;n y la comprensi&oacute;n lectora, dando un puntaje total,  que es la suma de los puntos obtenidos separadamente en cada escala. La lectura  de palabras, frases y textos est&aacute; mediada por dibujos que representan la  idea expuesta en la escritura. Se controla el tiempo de ejecuci&oacute;n de las pruebas.      <p></P> Adem&aacute;s se pidi&oacute;, en el segundo a&ntilde;o, a las maestras evaluar el rendimiento  lector de los ni&ntilde;os en una escala o Â«ratingÂ» de 5 rangos, lo que permiti&oacute; verificar  la validez de la prueba de lectura con el rendimiento efectivo en el aula.      <P> <i>Procedimiento </i></P>     <p>Los ni&ntilde;os fueron evaluados dentro de los dos primeros meses de ingresar a clases,    en el primer grado, con pruebas destinadas a conocer su nivel de desarrollo    en algunas variables que podr&iacute;an ser determinantes del aprendizaje lector    futuro. En Chile, la ense&ntilde;anza formal de la lectura se inicia en el segundo    semestre del primer grado. En el momento de la evaluaci&oacute;n inicial los alumnos    no hab&iacute;an comenzado su aprendizaje. Posteriormente a fines de cada a&ntilde;o    escolar, fueron evaluados en lectura. La administraci&oacute;n de las pruebas iniciales    destinadas a determinar la predictibilidad de la lectura fue efectuada individualmente    por evaluadores independientes a las escuelas<Sub>.</Sub> La administraci&oacute;n    de las pruebas de lectura fue colectiva<Sub>. </Sub></P> En primer lugar, se efectu&oacute; un c&aacute;lculo de confiabilidad y validez de la  prueba de lectura en los mismos ni&ntilde;os y luego, correlaciones m&uacute;ltiples  y de regresi&oacute;n de las pruebas iniciales con las de lectura. Este c&aacute;lculo  permiti&oacute; conocer el grado de predictibilidad de las tres pruebas en conjunto sobre  la lectura de cada a&ntilde;o.      ]]></body>
<body><![CDATA[<p></P> En seguida, con el objetivo de determinar la predictibilidad individual de las  variables independientes, se estudi&oacute; en el primer a&ntilde;o cu&aacute;les ni&ntilde;os ten&iacute;an  mejor y cu&aacute;les peor rendimiento en las pruebas mencionadas, mediante la  dicotomizaci&oacute;n de estas variables, seg&uacute;n el criterio que se se&ntilde;ala m&aacute;s  adelante. As&iacute; fue posible dividir al grupo total entre ni&ntilde;os que hab&iacute;an  logrado un rendimiento sobre el promedio del grupo en cada una de las variables  y los que hab&iacute;an tenido un rendimiento en ellas por debajo del promedio.  Este m&eacute;todo permiti&oacute; agrupar a los ni&ntilde;os en 4 categor&iacute;as, seg&uacute;n  fuera su mejor o peor rendimiento en las variables predictivas. Luego, se efectu&oacute;  un An&aacute;lisis de Varianza de los 4 subgrupos en las pruebas de lectura para  verificar si hab&iacute;a diferencias significativas entre ellos. Se trabaj&oacute; con  un nivel de aceptaci&oacute;n de p&lt; 0.01.      <p>Los c&aacute;lculos, en consecuencia, fueron correlaciones simples y m&uacute;ltiples,    regresi&oacute;n y ANOVA. </p>     <p><b>RESULTADOS </b></p>     <p><i>Validez y confiabilidad de las pruebas de lectura </i></P>     <P> La correlaci&oacute;n entre la prueba de lectura y la evaluaci&oacute;n o Â«ratingÂ» de las    maestras, efectuado a fines del segundo a&ntilde;o, fue r = 0.78 (p&lt;0.01), lo cual    indica que las pruebas de lectura reflejan el grado de aprendizaje lector de    los alumnos. La confiabilidad de la prueba de lectura seg&uacute;n la f&oacute;rmula    de Spearman-Brown de bipartici&oacute;n fue = 0.97. El alfa de Cronbach fue 0.94 (p&lt;0.01).  </P>     <P> <i>Regresi&oacute;n m&uacute;ltiple sobre las pruebas de lectura </i></P> Las correlaciones de las tres variables independientes con las pruebas de lectura  fueron significativas (p&lt;0.01). Las regresiones y correlaciones m&uacute;ltiples  fueron como sigue v&eacute;ase <a href="#t1">Tabla 1:</a>)      <p></P>     <P>Las regresiones se&ntilde;alaron que las tres pruebas en conjunto son predictivas    de la lectura para el primero, el segundo y el tercer grado con una probabilidad    mayor a 0.01, lo cual indica que su evaluaci&oacute;n permitir&iacute;a predecir el    rendimiento lector de los ni&ntilde;os desde el momento de su ingreso a la escolaridad    b&aacute;sica. La fuerza de la predictibilidad decrece con los a&ntilde;os, entre un    49.4% y un 27.9% manteniendo su nivel de significancia. </P>     <P><i>Subgrupos lectores seg&uacute;n rendimiento en las pruebas predictivas </i></P> Para comprobar la segunda parte de la hip&oacute;tesis se agrup&oacute; a los ni&ntilde;os seg&uacute;n  su rendimiento en las tres variables independientes y luego fueron comparados  en su rendimiento lector, mediante un An&aacute;lisis de Varianza. Con este objetivo  se dicotomizaron las tres variables en puntajes sobre y bajo el promedio. Luego  se agruparon los ni&ntilde;os mediante la comparaci&oacute;n de su puntaje con el promedio obtenido  en cada prueba. Los puntajes de corte de las variables fueron los siguientes:  en la prueba de identificaci&oacute;n del primer fonema de una palabra (PPL-1), el promedio  del grupo fue 2. En consecuencia, se consider&oacute; 2 como puntaje de corte, quedando  en el grupo superior los sujetos que tuvieron 2 o m&aacute;s puntos. En la prueba  de reconocimiento l&eacute;xico de nombres propios (ELEA 1) tambi&eacute;n el  promedio del grupo fue 2. En consecuencia, se produjo el corte con el reconocimiento  m&iacute;nimo de 2 nombres. En el conocimiento de las letras del alfabeto (PAI),  el promedio fue 12. En esta prueba se consider&oacute; como puntaje de corte el reconocimiento  de 12 o m&aacute;s letras.      <p></P> Estos tres criterios tomados en conjunto indican cu&aacute;les eran los ni&ntilde;os  que hab&iacute;an iniciado activamente el procesamiento fonol&oacute;gico, el reconocimiento  l&eacute;xico de la escritura y la noci&oacute;n alfab&eacute;tica y por lo tanto estar&iacute;an  mejor preparados para aprender a leer.      ]]></body>
<body><![CDATA[<p></P>     <P> El procedimiento mencionado permiti&oacute; agrupar a los ni&ntilde;os en los siguientes    subgrupos: Subgrupo 1 formado por los ni&ntilde;os que no lograron &eacute;xito en    ninguna de las tres pruebas; subgrupo 2 formado por los ni&ntilde;os que tuvieron puntaje    igual o superior al promedio en una prueba; subgrupo 3 que conten&iacute;a a    los ni&ntilde;os que igualaron o superaron el promedio en las dos pruebas; subgrupo    4, en donde estaban los ni&ntilde;os que superaron el promedio en las tres pruebas.    El porcentaje de los ni&ntilde;os pertenecientes a cada subgrupo fue el siguiente (v&eacute;ase    <a href="#t2">Tabla 2):</a> </P>     <p>      <center>       <p><a name="t1"><img src="img/revistas/rlps/v38n1/1a01t1.gif"></a> </p> </center>     <p></p>     <p>        <center>     <a name="t2"><img src="img/revistas/rlps/v38n1/1a01t2.gif"></a>    </center> </p>     <P>Seg&uacute;n esta distribuci&oacute;n, y de acuerdo con la hip&oacute;tesis planteada, inicialmente    un 28.2% de los ni&ntilde;os que ingresaron al primer grado tendr&iacute;an un nivel    psicolingÃ¼&iacute;stico apropiado para iniciar la lectura formal. En el otro    extremo, el 33.6% no hab&iacute;a desarrollado los procesos de conciencia fonol&oacute;gica,    conciencia visual-ortogr&aacute;fica ni el conocimiento de las letras del alfabeto    y por lo tanto debieran estar en los niveles inferiores de lectura. </P>     <P> <i>El rendimiento en lectura en los cuatro subgrupos </i> </P> Con objeto de comprobar que las variables mencionadas permiten determinar a los  ni&ntilde;os con mayor y menor nivel lector, los cuatro subgrupos fueron comparados en  el rendimiento obtenido en las pruebas de lectura. Los resultados homogeneizados  en puntajes estandarizados â€œTâ€ son como sigue.      ]]></body>
<body><![CDATA[<p></P>     <P>De acuerdo con la prueba de significancia de las diferencias entre grupos de    Scheff&eacute;, en el 1&ordm; a&ntilde;o el rendimiento del subgrupo 1 fue significativamente    inferior al de los subgrupos 2, 3 y 4. En el otro extremo, el subgrupo 4 fue    significativamente superior al grupo 2 y 3. En 2&ordm; y 3&ordm; a&ntilde;o los subgrupos 1 y    4 fueron significativamente diferentes de los otros grupos (v&eacute;ase <a href="#f1">Figura    1</a>) </P> Este resultado se&ntilde;ala que, desde el punto de las variables predictivas, el grupo  estudiado se puede agrupar en niveles de lectura. El 28.2% de los ni&ntilde;os que formaron  el subgrupo 4 tuvieron un rendimiento superior en las tres variables iniciales  y mejor rendimiento en lectura en todo el per&iacute;odo estudiado. En el otro  extremo, se encuentra el 33.6% de los ni&ntilde;os, del subgrupo 1, que tuvieron un rendimiento  insatisfactorio en todas las variables predictivas y luego el m&aacute;s bajo  rendimiento en lectura. Entre ellos aparecen dos subgrupos (2 y 3) con rendimiento  intermedio, tanto en las variables predictivas, como en lectura, que est&aacute;n  formados por el 38.2% de los sujetos agrupados.      <p>        <center>     <a name="f1"><img src="img/revistas/rlps/v38n1/1a01f1.gif"></a>    </center> </p>     <p><b>DISCUSI&Oacute;N </b></p>     <p>El objetivo de esta investigaci&oacute;n ha sido confirmar la presencia de variables    predictivas del aprendizaje de la lectura en los tres primeros a&ntilde;os primarios,    lo que permite detectar, al inicio de la escolaridad, cu&aacute;les ser&aacute;n    los ni&ntilde;os que tendr&aacute;n mayor necesidad de una ayuda especial. La predictibilidad    y discriminaci&oacute;n encontrada entre diferentes grupos con distinto rendimiento,    hace suponer que los procesos psicolingÃ¼&iacute;sticos involucrados en las variables    evaluadas inicialmente, tienen un papel importante en el reconocimiento de las    palabras escritas, y pueden ser &iacute;ndice de su aprendizaje futuro. Seg&uacute;n    los c&aacute;lculos de regresi&oacute;n, la predictibilidad de las tres variables mencionadas    es del 49.4%, del 39.9% y 27.9% respectivamente de las varianzas lectoras, en    cada grado escolar. Es decir, que un porcentaje importante de la variabilidad    del rendimiento en la lectura estar&iacute;a predeterminado por el nivel de    desarrollo de los procesos cognitivos que los alumnos traigan a su ingreso a    la escuela. Por otro lado, el hecho de ser evaluados al ingresar al primer a&ntilde;o    indica que son procesos que forman parte de la alfabetizaci&oacute;n emergente que    los ni&ntilde;os ya han comenzado a desarrollar antes de entrar a este grado y por    lo tanto no dependen inicialmente de la influencia escolar primaria, sino de    los a&ntilde;os pre-escolares. </P>     <P> Estos tres procesos, evaluados en conjunto, ser&iacute;an un elemento clave    en la interacci&oacute;n cognitiva que se produce entre los ni&ntilde;os y los m&eacute;todos    de ense&ntilde;anza de la lectura explicando as&iacute; su incidencia en los a&ntilde;os posteriores    a su evaluaci&oacute;n inicial. El hecho de identificar los fonemas iniciales se&ntilde;ala    que han adquirido una base fonol&oacute;gica suficiente para seguir operando con el    resto de los fonemas que componen las palabras. La identificaci&oacute;n de algunas    letras indica que ya han iniciado el desarrollo de la conciencia alfab&eacute;tica    y el reconocimiento de nombres escritos muestra que hay en ellos un inter&eacute;s    para descubrir el significado del lenguaje escrito y cierto grado de desarrollo    de la conciencia visual-ortogr&aacute;fica.</P>     <P> La identificaci&oacute;n del fonema inicial es una variable compleja cuyo desarrollo    comienza con una sensibilidad para percibir rimas y ritmos, que ser&iacute;an    procesos de recepci&oacute;n pasiva y que posteriormente se expresa en la habilidad    para efectuar intervenciones fonol&oacute;gicas activas sobre las palabras, tales como    agregar s&iacute;labas, suprimir fonemas o invertir la pronunciaci&oacute;n de las    palabras (Bravo, Villal&oacute;n Orellana, 2002a). Los ni&ntilde;os que al ingresar    al primer grado presentaron mejor desarrollo fonol&oacute;gico lograron mejor rendimiento    posterior en la lectura inicial, confirmando as&iacute; los resultados de numerosas    investigaciones ya mencionadas efectuadas en diferentes idiomas. En consecuencia,    esta prueba indicar&iacute;a un nivel del umbral lector. La decodificaci&oacute;n y    el reconocimiento de las palabras escritas implican una interacci&oacute;n continua    entre las estrategias metodol&oacute;gicas de ense&ntilde;anza y la conciencia que tienen    los ni&ntilde;os de los fonemas que configuran las palabras y de que pueden operar    sobre ellos. Esto explicar&iacute;a por qu&eacute; se mantiene la predictibilidad    de esta prueba sobre el rendimiento durante los tres a&ntilde;os. Ella ser&iacute;a    &iacute;ndice de un proceso metalingÃ¼&iacute;stico m&aacute;s amplio, que determina    el reconocimiento de palabras escritas y la lectura comprensiva durante los    tres primeros a&ntilde;os. Este resultado converge con el seguimiento efectuado por    Parrila, Kirky y Mc Quarrie (2004) quienes concluyeron tambi&eacute;n que la    conciencia fonol&oacute;gica fue claramente el predictor m&aacute;s fuerte de la lectura    entre primero y tercer a&ntilde;o. Ellos emplearon pruebas de aislamiento de fonemas    iniciales, medios o finales, adem&aacute;s de integrar fonemas. </P>     <P>El reconocimiento de nombres escritos, antes de aprender a decodificar, implica    el desarrollo inicial de una conciencia l&eacute;xica y visual-ortogr&aacute;fica    que permite a los sujetos discriminar las sutilezas de las diferencias gr&aacute;ficas    del lenguaje escrito. Los ni&ntilde;os que identifican palabras escritas, antes de    aprender a decodificarlas, est&aacute;n adquiriendo un l&eacute;xico visual.    Este l&eacute;xico est&aacute; generalmente formado por palabras de alta frecuencia    que tienen cierto inter&eacute;s cultural para ellos. De esta manera se explicar&iacute;a    que sea un factor determinante en la lectura durante los tres primeros a&ntilde;os    de escuela primaria. </P> El conocimiento de las letras del alfabeto, antes de su ense&ntilde;anza escolar formal,  fue la tercera variable predictiva de la lectura. Es en la primera etapa del aprendizaje  del lenguaje escrito cuando conocer las letras facilita la decodificaci&oacute;n de las  palabras. El conocimiento de las letras antes de iniciar este aprendizaje, revela  cierto grado de desarrollo psicolingÃ¼&iacute;stico y perceptivo junto con el inter&eacute;s  de los ni&ntilde;os por iniciarse en el lenguaje escrito. Evidentemente hay en este proceso  una influencia cultural y familiar especialmente cuando los ni&ntilde;os viven en ambientes  alfabetizados y ya poseen libros. Su valor predictivo durante los tres a&ntilde;os del  seguimiento muestra que los mejores lectores ya conocen el mayor n&uacute;mero  de letras antes de empezar el aprendizaje escolar de la lectura.      <p></P> Las diferencias en lectura observadas entre los subgrupos con distinto rendimiento  en las pruebas iniciales pueden considerarse una confirmaci&oacute;n emp&iacute;rica  de su validez como pruebas predictivas. Los ni&ntilde;os que tuvieron un rendimiento  sobre el promedio en las tres variables independientes, tambi&eacute;n tuvieron  los mejores promedios en lectura a finales de cada a&ntilde;o. En cambio, los ni&ntilde;os que  fracasaron en las tres pruebas, tuvieron un rendimiento significativamente inferior  en lectura. La evaluaci&oacute;n en conjunto de las tres variables permitir&iacute;a  determinar con un margen significativo de seguridad cu&aacute;les son los ni&ntilde;os  con m&aacute;s alta y m&aacute;s baja probabilidad de aprender a leer cuando ingresan  al primer a&ntilde;o. En el grupo en estudio aparece un 33.6% de los ni&ntilde;os que no reunir&iacute;a  las condiciones psicolingÃ¼&iacute;sticas suficientes para aprender a leer en el  primer grado, cuyo rendimiento en lectura fue inferior al de sus compa&ntilde;eros durante  los tres a&ntilde;os.      ]]></body>
<body><![CDATA[<p></P>     <P> En conclusi&oacute;n, los resultados obtenidos en este seguimiento confirman la predictibilidad    del aprendizaje de la lectura a partir de variables evaluadas al inicio de la    escolaridad primaria. Las tres pruebas administradas al ingreso predijeron en    conjunto el rendimiento de la lectura en los tres a&ntilde;os siguientes, aunque declinando    en su fuerza predictiva. A medida que los alumnos avanzan de curso empiezan    a intervenir otros procesos cognitivos m&aacute;s complejos que explican la    disminuci&oacute;n de la predictibilidad. Los alumnos que al ingresar a primer a&ntilde;o    logran identificar al menos dos fonemas iniciales, reconocer dos o m&aacute;s    nombres escritos y conocer m&aacute;s de doce letras, fueron lo que lograron    un mejor nivel de lectura. Por otra parte, los ni&ntilde;os que no pudieron efectuar    exitosamente estas pruebas tuvieron un rendimiento significativamente inferior    a los otros subgrupos. La evaluaci&oacute;n con este criterio de los alumnos que ingresan    al primer a&ntilde;o, permite discriminar entre los ni&ntilde;os que tendr&aacute;n atraso    para aprender a leer y los que tendr&aacute;n m&aacute;s &eacute;xito. </P> <b>REFERENCIAS </b>      <!-- ref --><P>Adams, M. J. (1990). Learning to read: Thinking and learning about print. Cambridge,  MA: MIT Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-0534200600010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Bravo L., Bermeosolo, J., C&eacute;spedes, A. Pinto, A.    (1986). Retardo lector inicial: Caracter&iacute;sticas diferenciales en el proceso    de decodificaci&oacute;n. Revista Latinoamericana de Psicolog&iacute;a, 18, 73-86.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-0534200600010000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Bravo, L. (1997). Prueba experimental pre-lectora (PPL). Bolet&iacute;n de    Investigaci&oacute;n Educacional, 12, 79-90. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0120-0534200600010000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Bravo, L., Villal&oacute;n, M. Orellana, E. (2001). Procesos predictivos del    aprendizaje inicial de la lectura en primero b&aacute;sico. Bolet&iacute;n de    Investigaci&oacute;n Educacional, 16, 149-160. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-0534200600010000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Bravo, L., Villal&oacute;n, M. Orellana, E. (2002a). La conciencia fonol&oacute;gica    y la lectura inicial en ni&ntilde;os que ingresan al primer a&ntilde;o b&aacute;sico. Psykh&eacute;,    11, 175-182. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0120-0534200600010000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Bravo, L., Villal&oacute;n, M. Orellana, E. (2002b). Diferencias de preparaci&oacute;n    para el aprendizaje de la lectura en ni&ntilde;os que ingresan al primer a&ntilde;o b&aacute;sico.    Bolet&iacute;n de Investigaci&oacute;n Educacional, 16, 156-171. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-0534200600010000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Bravo, L., Villal&oacute;n, M. Orellana, E. (2003). Predictividad del rendimiento    de la lectura: El Segundo A&ntilde;o b&aacute;sico. Psykh&eacute;, 12, 29-36&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-0534200600010000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Bryant, P. Bradley L. (1985). Childrenâ€™s reading problems. Oxford: Blackwell&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-0534200600010000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Carrillo, M. S. (1994). Development of phonological awareness and reading    acquisition. Reading and Writing: An Interdisciplinary Journal, 6, 279-298.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-0534200600010000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Carrillo, M. Mar&iacute;n, J. (1996). Desarrollo metafonol&oacute;gico y adquisici&oacute;n    de la lectura: Un programa de entrenamiento. Madrid: Ministerio de Educaci&oacute;n    y Ciencia. CIDE. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-0534200600010000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Compton, D. (2000). Modeling the growth of decoding skills in first grade    children. Scientific Studies of Reading, 4, 219-259. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-0534200600010000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>De Jong, P. Van der Leij, A. (1999). Specific contributions of phonological    abilities to early reading acquisition. Journal of Educational Psychology, 91,    450- 476. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-0534200600010000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>   Dom&iacute;guez, A. Cuetos, F. (1992). Desarrollo de las habilidades de reconocimiento de palabras en ni&ntilde;os con distintas competencias lectoras. Cognitiva, 4, 193-208. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-0534200600010000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Diuk, B., Signorini, A. Borzone, A. M. (2003). Las estrategias tempranas    de lectura de palabras en ni&ntilde;os de 1&ordm; a 3&ordm; a&ntilde;o de educaci&oacute;n general b&aacute;sica:    Un estudio comparativo entre ni&ntilde;os procedentes de distintos sectores sociales.    Psykh&eacute;, 12, 51-62. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-0534200600010000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Ehri, L.C. (1999). Phases of development in learning to read words. En J.    Oakhill R. Beard (Eds.), Reading development and the teaching of reading    (pp. 79-108). Oxford: Blackwell. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-0534200600010000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Goswami, U. (2000). Phonological and lexical processes. En M. Kamil, P. Mosenthal,    P. Pearson R. Barr. (Eds.), Handbook of reading research, Vol III (pp.    251-267). Londres: L. Erlbaum Ass. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-0534200600010000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Goswami, U. (2002). Early phonological development and the acquisition of    literacy. En S. Neuman D. Dickinson. (Eds.),Handbook of early literacy    research (pp.111-125). Londres: The Guilford Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-0534200600010000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Guardia, P. (2003). Relaciones entre habilidades de alfabetizaci&oacute;n emergente    y la lectura desde nivel de transici&oacute;n mayor a primero b&aacute;sico. Psykh&eacute;,    12, 63-79. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-0534200600010000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Guidance Testing Association (1962). Escala Interamericana de Lectura. San    Antonio, Texas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-0534200600010000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Jim&eacute;nez, J. E. Ortiz, M. R. (1995). Conciencia fonol&oacute;gica y aprendizaje    de la lectura: Teor&iacute;a, evaluaci&oacute;n e intervenci&oacute;n. Madrid: S&iacute;ntesis.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-0534200600010000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Jimenez, J. Rodrigo, M. (1994). Is it true that the differences in reading    performance between students with and without LD cannot be explained by IQ?    Journal of Learning Disabilities, 27,155-163.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-0534200600010000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Johnston, R. S., Anderson, M. Holligan, C. (1996). Knowledge of the alphabet    and explicit awareness of phonemes in pre readers. The nature of the relationship.    Reading and Writing: An Interdisciplinary Journal, 8, 217-234. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-0534200600010000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Muter, V., Hulme, C. Snowling, M. (1997). Segmentation, not rhyming,    predicts early progress in learning to read. Journal of Experimental Child Psychology,    65, 370-396. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-0534200600010000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Orellana, E. (1994). Una experiencia con lenguaje escrito en el nivel preescolar.    Bolet&iacute;n de Investigaci&oacute;n Educacional, 9, 118-133. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-0534200600010000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Parrila, R., Kirby, J. Mc Quarrie, L. (2004). Articulation rate, naming    speed, verbal short-term memory and phonological awareness: Longitudinal predictors    of early reading development? Scientific Studies of Reading, 8, 3-26. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-0534200600010000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Purcell-Gates, V. Dahl, K. L. (1991). Low-SES childrenâ€™s success and    failure at early literacy learning in skills-based classrooms. Journal of Reading    Behavior, 23, 1-34. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-0534200600010000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Riley, J. (1999). The reading debate. En T. Nunes (Ed.), Learning to read:    An integrated view from research and practice (pp. 217, 227). Dordrecht: Kluwer.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-0534200600010000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Scarborough, H. (2002). Connecting early language and literacy to later reading    (dis)abilities: Evidence, theory and practice. En S. Neuman D. Dickinson.    (Eds.), Handbook of early literacy research (pp. 97-110). Londres: The Guilford    Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-0534200600010000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Stahl, S. A. Murray, B. A. (1994). Defining phonological awareness and    its relationship to early reading. Journal of Educational Psychology, 86, 221-234.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-0534200600010000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Stanovich, K. E. (2000). Progress in understanding reading. Nueva York: The    Guildford Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-0534200600010000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Stanovich, K. E. Siegel, L. (1994). The phenotypic performance of reading-disables    children: a regression based test of the phonological-core variable difference    model. Journal of Educational Psychology, 86, 221-234. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-0534200600010000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Signorini, A. (1997). Word reading in Spanish: A comparison of skilled and    less skilled beginning readers. Applied Psycholin-guistics, 18, 319-344. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-0534200600010000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Vellutino, F. R. Scanlon, D. M. (2002). Emergent literacy skills, early    instruction and individual differences as determinants of difficulties in learning    to read: The case for early intervention. En S. Neuman D. Dickinson. (Eds.),Handbook    of early literacy research (pp. 295-321). Londres: The Guilford Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-0534200600010000100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Villal&oacute;n, M. Rolla, A. (2000, Mayo). Estudio del proceso de Alfabetizaci&oacute;n    inicial en ni&ntilde;os chilenos de sectores pobres. Presentado en el cuarto Encuentro    Nacional sobre Enfoques Cognitivos actuales en Educaci&oacute;n, Santiago de Chile,    P. Universidad Cat&oacute;lica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-0534200600010000100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Wagner, R. Torgesen, J. (1987). The nature of phonological processing    and its causal role in the acquisition of reading skills. Psychological Bulletin,    101, 192-212. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-0534200600010000100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Whitehurst, G. J. Lonigan, C. J. (1998). Child development and emergent    literacy. Child Development, 69, 848-872. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-0534200600010000100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P> Recepci&oacute;n: mayo de 2004 </P>     <P>Aceptaci&oacute;n final: diciembre de 2005 </P> </font>      ]]></body>
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