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<journal-title><![CDATA[Revista Latinoamericana de Psicología]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Fundación Universitaria Konrad Lorenz]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[APEGO, EMOCIÓN Y REGULACIÓN EMOCIONAL. IMPLICACIONES PARA LA SALUD]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[ATTACHMENT, EMOTION AND EMOCIONAL REGULATION. IMPLICATIONS FOR HEALTH]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[El presente artículo tiene como objetivo realizar una revisión teórica, que permita conocer las relaciones que se han encontrado entre los distintos estilos de apego, las emociones que caracterizan estos estilos, y las distintas estrategias de regulación emocional utilizadas en cada uno de ellos. Para lograr una mayor comprensión, se explicita además cómo se van desarrollando los estilos de apego en los sujetos, en la medida que esto se encuentra en íntima relación con la aparición de las emociones y las estrategias de regulación. Se discute lo anterior considerando los principales hallazgos de investigaciones relevantes en el tema, y las implicancias de la presencia de emociones específicas y utilización de las distintas estrategias de regulación emocional, en el bienestar y salud física de las personas.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[regulación emocional.]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">      <P align="right"><b>ARTICULOS</b></P> </font>     <p align="center"><font size="2" face="verdana"><font size="4"><b>APEGO, EMOCI&Oacute;N Y REGULACI&Oacute;N EMOCIONAL. IMPLICACIONES PARA LA SALUD </b></font></font></p>     <p align="center"><font size="2" face="verdana"><font size="3"><b>ATTACHMENT, EMOTION AND EMOCIONAL REGULATION. IMPLICATIONS FOR HEALTH</b></font> </font></p> <font size="2" face="verdana">     <P align="CENTER"> <b><font size="2">LUSMENIA GARRIDO-ROJAS</font></b><sup><a href="#p1">1</a></sup>  </P>     <P align="CENTER"> Universidad Cat&oacute;lica del Maule, Talca, Chile </P>     <P><a name="p1"><sup>1</sup></a>Correspondencia: LUSMENIA GARRIDO ROJAS, Universidad    Cat&oacute;lica del Maule, Talca, Chile. E-mail: <a href="mailto:lgarrido@ucm.cl">lgarrido@ucm.cl    </a></P> <hr size="1">     <P><b>ABSTRACT</b></P>     <P>This article aims to make a theoretical revision on the relations between different    styles of attachment, emotions that characterize these styles, and emotional    regulation strategies used in each one of them. It is also explained how these    attachment styles develop in relation with the appearance of emotions and regulation    strategies. This idea is discussed considering the main results of relevant    research, and the implications of the presence of specific emotions and the    use of different strategies of emotional regulation upon people&#39;s well-being    and physical health.</P>     <P><b>Key words:</b> attachment, emotions, emotional regulation.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><b>RESUMEN</b></P>     <P>El presente art&iacute;culo tiene como objetivo realizar una revisi&oacute;n    te&oacute;rica, que permita conocer las relaciones que se han encontrado entre    los distintos estilos de apego, las emociones que caracterizan estos estilos,    y las distintas estrategias de regulaci&oacute;n emocional utilizadas en cada    uno de ellos. Para lograr una mayor comprensi&oacute;n, se explicita adem&aacute;s    c&oacute;mo se van desarrollando los estilos de apego en los sujetos, en la    medida que esto se encuentra en &iacute;ntima relaci&oacute;n con la aparici&oacute;n    de las emociones y las estrategias de regulaci&oacute;n. Se discute lo anterior    considerando los principales hallazgos de investigaciones relevantes en el tema,    y las implicancias de la presencia de emociones espec&iacute;ficas y utilizaci&oacute;n    de las distintas estrategias de regulaci&oacute;n emocional, en el bienestar    y salud f&iacute;sica de las personas.</P>     <P><b>Palabras clave:</b> apego, emociones, regulaci&oacute;n emocional.</P> <hr size="1">     <P><b>LA TEOR&Iacute;A DE APEGO </b></P>     <P>John Bowlby (1986, 1998), psiquiatra y psicoanalista, trabaj&oacute; durante a&ntilde;os    en cl&iacute;nica infantil y plante&oacute; la teor&iacute;a del apego, la que concibi&oacute;    como una tendencia de los seres humanos a establecer v&iacute;nculos afectivos    s&oacute;lidos con personas determinadas a trav&eacute;s de la vida. A trav&eacute;s    del tiempo, la propuesta de Bowlby se ha convertido en una de las teor&iacute;as    m&aacute;s influyentes en la psicolog&iacute;a, siendo de inter&eacute;s para    distintos autores; incluso es considerada actualmente como un cuerpo s&oacute;lido    y sistem&aacute;tico con importante investigaci&oacute;n emp&iacute;rica (Feeney Noller,    2001; Hazan Shaver, 1994; Lecannelier, 2001, 2002a; Marrone, 2001; Mart&iacute;nez    Santelices, 2005; Moneta, 2003; Shaver Mikulincer, 2002b). </P>     <P> Para Bowlby (1986), el comportamiento de apego es todo aquel que permite al    sujeto conseguir o mantener proximidad con otra persona diferenciada y generalmente    considerada m&aacute;s fuerte y/o sabia, propio del ser humano, que motiva la    b&uacute;squeda de proximidad entre el ni&ntilde;o peque&ntilde;o y sus padres o cuidadores.    Se enfatiza que la experiencia del ni&ntilde;o con sus padres tiene un rol fundamental    en la capacidad posterior del ni&ntilde;o de establecer v&iacute;nculos afectivos y    que las funciones principales de ellos ser&iacute;an proporcionar al ni&ntilde;o una    base segura y, desde all&iacute;, animarlos a explorar; es importante que el    ni&ntilde;o pueda depender de sus figuras de apego y que &eacute;stas puedan contener    y proteger al ni&ntilde;o cuando lo necesita. La interacci&oacute;n que se produzca entre    el cuidador y el ni&ntilde;o podr&aacute; dar cuenta de la calidad del v&iacute;nculo,    lo que tendr&iacute;a que ver con lo que Bowlby (1980) identific&oacute; como modelos    operantes internos, que ser&iacute;an expectativas que posee el ni&ntilde;o acerca    de s&iacute; mismo y de los dem&aacute;s, y que le hacen posible anticipar,    interpretar y responder a la conducta de sus figuras de apego, ya que integran    experiencias presentes y pasadas en esquemas cognitivos y emocionales. En la    misma l&iacute;nea, Fonagy et al. (1995) se&ntilde;alan que a partir de experiencias    repetidas con sus figuras de apego, los ni&ntilde;os desarrollan expectativas en cuanto    a la naturaleza de las interacciones. As&iacute;, las relaciones tempranas de    apego poseen amplia influencia en la capacidad para regular el estr&eacute;s,    en la regulaci&oacute;n de la atenci&oacute;n y en la funci&oacute;n mentalizadora de los sujetos    (Fonagy Target, 2002). Crittenden (1990, 1995) tambi&eacute;n habla de modelos    internos, que implican cierta forma de procesar la informaci&oacute;n acerca de la    conducta de las figuras de apego y, asimismo, mayor o menor tendencia a ciertos    tipos de psicopatolog&iacute;a. </P>     <P><i>Diferencias individuales en la calidad del apego </i></P>     <P> Las primeras investigaciones detalladas de las diferencias individuales en    apego fueron dirigidas por Ainsworth (Fenney Noller, 2001), quien trabaj&oacute; con    Bowlby en una asociaci&oacute;n importante y prol&iacute;fica (Marrone, 2001). Bas&aacute;ndose    en una serie de observaciones realizadas a trav&eacute;s de un procedimiento    estandarizado de laboratorio llamado Situaci&oacute;n Extra&ntilde;a (Strange Situation),    de interacciones madre-hijo, Ainsworth, Blehar, Waters y Wall (1978) desarrollaron    la primera clasificaci&oacute;n de apego en ni&ntilde;os y describieron tres patrones generales:    seguro, inseguro evitativo y ambivalente. A trav&eacute;s de la situaci&oacute;n extra&ntilde;a,    beb&eacute;s con apego seguro presentan conductas de exploraci&oacute;n activa, se    disgustan ante la separaci&oacute;n del cuidador pero cuando &eacute;ste vuelve tienen    una respuesta positiva frente a &eacute;l y suelen consolarse con facilidad;    beb&eacute;s con apego evitativo presentan conductas de distanciamiento, no    lloran al separarse del progenitor, suelen concentrarse en los juguetes y evitan    el contacto cercano; por &uacute;ltimo, beb&eacute;s con apego ambivalente reaccionan    fuertemente a la separaci&oacute;n, presentan conductas ansiosas y de protesta como    llorar y aferrarse, suelen mostrar rabia, no se calman con facilidad y no retoman    la exploraci&oacute;n. Posteriormente, Main y Solomon (1986), agregaron una cuarta    categor&iacute;a desorganizada para algunos beb&eacute;s que muestran conductas    desorientadas en presencia del progenitor. Un aspecto interesante de esta clasificaci&oacute;n,    es que se basa en la expresi&oacute;n y regulaci&oacute;n emocional; la calidad del apego    se establece fundamentalmente dependiendo de cu&aacute;n bien est&aacute; la    regulaci&oacute;n emocional di&aacute;dica al servicio de la exploraci&oacute;n y el dominio    (Sroufe, 2000b). </P>     <P> A trav&eacute;s del tiempo, el inter&eacute;s por la evaluaci&oacute;n se ampli&oacute;    al &aacute;mbito del apego adulto. Una de las pioneras fue Mary Main, quien    junto a su equipo dise&ntilde;aron la Adult Attachment Interview (George, Kaplan Main,    1985, citado en Feeney Noller, 2001), que mide las representaciones actuales    de las experiencias de apego a trav&eacute;s de la narrativa. Se establecieron    tres patrones de apego: seguro, indiferente y preocupado. M&aacute;s tarde se    formularon dos nuevas categor&iacute;as: irresuelto/desorganizado e inclasificable    (Marrone, 2001). Adultos seguros realizan relatos coherentes y consistentes    de su infancia, integran experiencias distintas, reflexionan acerca de sus vivencias    y poseen sentido de equilibrio; adultos indiferentes realizan relatos incoherentes    e incompletos y tienen vac&iacute;os en su memoria, minimizan la relevancia    del apego, tienen imagen positiva de las figuras de apego pero no logran dar    ejemplos concretos de ello y suelen negar experiencias negativas; adultos preocupados    se aprecian rabiosos, otorgan relatos detallados de los conflictos que tuvieron    con sus figuras de apego, oscilan entre evaluaciones positivas y negativas sin    notarlo y su lenguaje suele ser confuso, vago y poco claro (Moneta, 2003). </P>     <P> Mart&iacute;nez y Santelices (2005), se&ntilde;alan que luego de estos primeros intentos    y hasta la actualidad, ha sido enorme la diversificaci&oacute;n en la medici&oacute;n del    apego adulto. Esto ha implicado complejidades y desaf&iacute;os a los investigadores,    ya que los estudios han surgido desde &aacute;reas diversas de la psicolog&iacute;a    y, adem&aacute;s, han realizado distintos &eacute;nfasis en la conceptualizaci&oacute;n    del apego adulto, en la forma de evaluar, en el foco de la evaluaci&oacute;n, en el    tipo de instrumentos utilizados, entre otros (Bartholomew, 1994; Bifulco, 2002;    Griffin Bartholomew, 1994; Harris, 2002; Hazan Shaver, 1994; Jacobvitz, Curran    Moller, 2002; Mart&iacute;nez Santelices, 2005; Shaver Mikulincer, 2002b; Stein,    Jacobs, Ferguson, Allen Fonagy, 1998; Stein et al., 2002; Waters, Crowell, Elliott,    Corcoran Treboux, 2002). A&uacute;n considerando estas dificultades (para un    an&aacute;lisis m&aacute;s exhaustivo, dirigirse a las referencias ya mencionadas),    se reportar&aacute;n los resultados m&aacute;s comunes de investigaciones que    han utilizado metodolog&iacute;as distintas en sus procesos de evaluaci&oacute;n. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><b>ESTILOS DE APEGO Y EMOCIONES CARACTER&Iacute;STICAS </b></P>     <P> Existe cierto acuerdo actualmente, en relaci&oacute;n con la presencia de emociones    espec&iacute;ficas, en mayor o menor grado e intensidad, en cada estilo de apego. Tomando    el aporte de distintos autores, es posible dilucidar qu&eacute; relaciones se han ido    estableciendo y, aunque existe un amplio espectro de investigaciones en el &aacute;rea,    se aprecian ciertas coincidencias que son las que se tratar&aacute; de relevar. </P>     <P> <i>Apego seguro </i></P>     <P> Ainsworth et al. (1978), se&ntilde;alan que las emociones m&aacute;s frecuentes de los beb&eacute;s    con apego seguro en la situaci&oacute;n extra&ntilde;a, son la angustia ante las separaciones    del cuidador y la calma cuando &eacute;ste vuelve; en la interacci&oacute;n con el cuidador    relevan la calidez, confianza y seguridad. Kobak y Sceery (1988), en investigaci&oacute;n    en adolescentes y apego, concluyen que cuando los pares eval&uacute;an a sujetos con    apego seguro aprecian menores &iacute;ndices de ansiedad en comparaci&oacute;n con ambos grupos    inseguros, e &iacute;ndices m&aacute;s bajos de hostilidad que en el estilo evitativo; el    reporte de los sujetos con apego seguro involucra menos s&iacute;ntomas de estr&eacute;s.  </P>     <P> Mikulincer, Shaver y Pereg (2003), reportan que en el estilo seguro existe    baja ansiedad y evitaci&oacute;n, seguridad en el apego, comodidad con la cercan&iacute;a    y con la interdependencia, y confianza en la b&uacute;squeda de apoyo y otros    medios constructivos de afrontamiento al estr&eacute;s. Para Magai, Hunziker,    Mesias y Culver (2000), este estilo est&aacute; marcado por expresiones faciales    de alegr&iacute;a y un sesgo favorecedor de la verg&uuml;enza; por el contrario,    est&aacute; negativamente asociado al rasgo de emoci&oacute;n negativa y a la tendencia    de que los afectos negativos recorran la conciencia. En la rabia en particular,    Mikulincer (1998) se&ntilde;ala que cuando personas seguras est&aacute;n enojadas tienden    a aceptar su ira, expresar su enojo controladamente y buscar soluciones a la    situaci&oacute;n. En un estudio que explora la relaci&oacute;n entre estilos de apego y s&iacute;ntomas    de ansiedad y depresi&oacute;n (Muris, Mayer Meesters, 2000), se reporta que ni&ntilde;os    con estilo de apego seguro exhiben menores niveles de ansiedad y depresi&oacute;n,    comparado a los ni&ntilde;os con estilos inseguros. </P>     <P> Kerr, Melley, Travea y Pole (2003), exploran la relaci&oacute;n entre apego adulto,    experiencia y expresi&oacute;n emocional, y encuentran que el grupo seguro reporta    niveles m&aacute;s altos de afecto positivo, gran cantidad de energ&iacute;a y placer, alta    concentraci&oacute;n y bajos niveles de tristeza y apat&iacute;a. En la vejez, Consedine y    Magai (2003) se&ntilde;alan que mayor seguridad en el apego se asocia con mayor alegr&iacute;a,    inter&eacute;s, tristeza, rabia y miedo; esto se explica por la presencia de un repertorio    emocional balanceado y apertura a la experiencia emocional, lo que incluye la    habilidad de reconocer y expresar estr&eacute;s emocional; adem&aacute;s, este estilo se asocia    no s&oacute;lo con contacto m&aacute;s frecuente y mayor intimidad, sino tambi&eacute;n con un mayor    n&uacute;mero de individuos en la red social, lo que posibilita en estos sujetos mayor    cantidad de experiencia emocional. </P>     <P> <i>Apego ansioso ambivalente </i></P>     <P> Ainsworth et al. (1978), se&ntilde;alan que las emociones m&aacute;s frecuentes de los beb&eacute;s    con apego ambivalente en la situaci&oacute;n extra&ntilde;a es la angustia exacerbada ante    las separaciones del cuidador y la dificultad para lograr la calma cuando &eacute;ste    vuelve; en la interacci&oacute;n con el cuidador relevan la ambivalencia, enojo y preocupaci&oacute;n.    Kochanska (2001), en investigaci&oacute;n con ni&ntilde;os peque&ntilde;os, se&ntilde;ala que el grupo ambivalente    exhibe la mayor disminuci&oacute;n en el desarrollo de emociones positivas entre los    9 y 33 meses, y el mayor malestar en episodios dirigidos a elicitar emociones    positivas; responden m&aacute;s temerosos no s&oacute;lo a est&iacute;mulos que producen temor, sino    tambi&eacute;n a est&iacute;mulos elicitadores de alegr&iacute;a. El miedo fue la emoci&oacute;n m&aacute;s fuerte.  </P>     <P>Mikulincer (2003), enfatiza que en el estilo ansioso ambivalente se aprecia    alta ansiedad y baja evitaci&oacute;n, inseguridad en el apego, fuerte necesidad de    cercan&iacute;a, preocupaciones en cuanto a las relaciones y miedo a ser rechazado.    En la misma l&iacute;nea, Mikulincer, Gillath y Shaver (2002), se&ntilde;alan que en este    estilo se facilita la accesibilidad a las preocupaciones en relaci&oacute;n al rechazo;    para Lecannelier (2002b), el estado emocional predominante es la preocupaci&oacute;n    y el miedo a la separaci&oacute;n. Vald&eacute;s (2002), adem&aacute;s de enfatizar las emociones    de miedo y ansiedad, indica una baja tolerancia al dolor. Consedine y Magai    (2003) coinciden, al se&ntilde;alar que en la vejez tard&iacute;a el estilo ambivalente posee    alta afectividad negativa, presentando miedo, ansiedad y verg&uuml;enza. </P>     <P> Kobak y Sceery (1988), incluso llaman preocupado a este estilo; se caracteriza    por evidentes sentimientos de ansiedad durante la entrevista de apego adulto;    los pares tambi&eacute;n los caracterizan con un predominio en los &iacute;ndices de ansiedad,    y los sujetos con este patr&oacute;n tienen una percepci&oacute;n mayor de s&iacute;ntomas que el    estilo seguro. Magai et al. (2000), coinciden en el estilo preocupado, encontrando    que &eacute;ste se asocia con la presencia de un conflicto interno, emociones de rabia,    enojo, estr&eacute;s y afecto depresivo. Asimismo, Crittenden (1995), enfatiza la presencia    de rabia y ansiedad en este estilo. Considerando la rabia en particular, Mikulincer    (1998) se&ntilde;ala que los sujetos ambivalentes propenden a la ira, caracteriz&aacute;ndose    por presentar enojos con alta hostilidad. Kerr et al. (2003), se&ntilde;alan que sujetos    pertenecientes al estilo ambivalente reportan los niveles m&aacute;s altos de afecto    negativo; malestar, enojo, repugnancia, culpa, miedo y nerviosismo y menores    niveles de calma y serenidad. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P> <i>Apego ansioso evitativo </i></P>     <P> Ainsworth et al. (1978), se&ntilde;alan que las emociones m&aacute;s frecuentes de    los beb&eacute;s con apego evitativo en la situaci&oacute;n extra&ntilde;a es la ausencia    de angustia y de enojo ante las separaciones del cuidador, y la indiferencia    cuando vuelve; en la interacci&oacute;n relevan distancia y evitaci&oacute;n. Mikulincer (2003),    enfatiza que en el estilo evitativo no hay seguridad en el apego, se produce    una autosuficiencia compulsiva y existe preferencia por una distancia emocional    de los otros. Sin embargo, se ha constatado en ni&ntilde;os con este estilo que, aunque    &eacute;stos parecen despreocupados por las separaciones, muestran signos fisiol&oacute;gicos    que denotan la presencia de ansiedad y esta activaci&oacute;n se mantiene por mucho    m&aacute;s tiempo que en los ni&ntilde;os seguros (Byng-Hall, 1995), lo que tambi&eacute;n    ha sido demostrado en beb&eacute;s (Sroufe Waters, 1977). En una investigaci&oacute;n    realizada con ni&ntilde;os en la etapa de ingreso a la guarder&iacute;a, Ahnert, Gunnar,    Lamb y Barthel (2004), encontraron mayores niveles de cortisol, de llanto y    agitaci&oacute;n, en la fase de adaptaci&oacute;n de los ni&ntilde;os con apegos inseguros a la madre.    Lo anterior concuerda con los resultados de Kobak y Sceery (1988), quienes se&ntilde;alan    que el autoreporte de los sujetos con estilo evitativo no refleja afecto negativo    ni s&iacute;ntomas de estr&eacute;s y, sin embargo, los pares los consideran    ansiosos y con un predominio de la hostilidad. Los autores conceptualizan esta    incongruencia como un sesgo hacia el no reconocimiento de afecto negativo.</P>     <P> Kochanska (2001) reporta que los ni&ntilde;os evitativos son muy temerosos a los    33 meses, y con altas probabilidades de expresar ese temor, y que presentan    los puntajes m&aacute;s altos al examinar el total de emociones negativas a    esta edad. Kerr et al. (2003) coinciden al se&ntilde;alar que este grupo reporta bajos    niveles de emociones positivas; experimentan m&aacute;s afecto negativo que    el grupo seguro y menor afecto negativo que el grupo ambivalente. Espec&iacute;ficamente    en relaci&oacute;n con la rabia, Mikulincer (1998) se&ntilde;ala que el estilo evitativo se    inclina a la ira pero, aunque presenten intensos episodios de enojo con alta    hostilidad, tienden a esconder su ira mediante la negaci&oacute;n de su emoci&oacute;n o mostr&aacute;ndose    positivo. En la vejez tard&iacute;a, este estilo se asocia con menor alegr&iacute;a    y m&aacute;s inter&eacute;s, menos verg&uuml;enza y miedo; esto es conceptualizado    por los autores como un indicador de la tendencia de este estilo a la minimizaci&oacute;n    del afecto (Consedine Magai, 2003). </P>     <P> <b>DESARROLLO DE LOS ESTILOS DE APEGO </b> </P>     <P> En la teor&iacute;a e investigaci&oacute;n acerca del apego, se mantiene la hip&oacute;tesis    de que las reglas que regulan el estr&eacute;s relacionado a los afectos, evolucionan    en el contexto de la responsividad parental a las se&ntilde;ales de estr&eacute;s del    ni&ntilde;o (Kobak Sceery, 1988; Sroufe, 2000a). En esta l&iacute;nea, una propuesta    interesante de c&oacute;mo pueden desarrollarse los distintos estilos a trav&eacute;s    de la interacci&oacute;n de los ni&ntilde;os con sus figuras de apego, es realizada por Crittenden    (1995). En el apego seguro, los cuidadores responden a las conductas reflejas,    afectivas y condicionadas del ni&ntilde;o, y son capaces de confortarlos cuando es    necesario, de modo que &eacute;stos son reforzados en su comportamiento (Crittenden,    1995); las principales caracter&iacute;sticas del cuidador son la capacidad    de animar e interactuar con el ni&ntilde;o, sensibilidad a las se&ntilde;ales emocionales    y habilidades en apaciguar y modificar conductas en respuesta a las se&ntilde;ales    del ni&ntilde;o (Perris, 2000). Los sujetos de este grupo representan a sus padres    como amables y disponibles en momentos de estr&eacute;s, y tienen un buen recuerdo    de sus experiencias de apego (Kobak Sceery, 1988). Lo anterior se relaciona    con los resultados encontrados por Magai et. al. (2000), ya que el apego seguro    presenta una asociaci&oacute;n negativa con las pr&aacute;cticas de crianza que incluyen    como m&eacute;todo la retirada del amor al ni&ntilde;o. </P>     <P> En los ni&ntilde;os con apego evitativo, de alg&uacute;n modo las madres han rechazado    las se&ntilde;ales afectivas lo que se convierte en un castigo, y el ni&ntilde;o aprende a    inhibir las respuestas castigadas. Si el ni&ntilde;o protesta por el rechazo de la    madre, &eacute;sta responde con la emoci&oacute;n de rabia; as&iacute;, al inhibir    la se&ntilde;al afectiva se reduce el rechazo y la rabia de la madre y, a la vez, el    ni&ntilde;o aprende que la expresi&oacute;n de afectos es contraproducente (Crittenden, 1995).    Perris (2000), se&ntilde;ala que los cuidadores de estos ni&ntilde;os se caracterizan por    una carencia en la validaci&oacute;n de las se&ntilde;ales emocionales, no disponibilidad    emocional, rechazo en forma manifiesta y aversi&oacute;n al contacto corporal cercano.    Tambi&eacute;n Byng-Hall (1995), refiere que al observar ni&ntilde;os con estilo evitativo    en sus hogares, se aprecia que son rechazados por sus padres; &eacute;stos sienten    aversivo que el ni&ntilde;o busque contacto f&iacute;sico y tienden a retirarse ante    su tristeza. Esto coincide con el reporte de sujetos con este estilo, quienes    se&ntilde;alan haber experimentado considerable rechazo y carencia de amor desde los    padres (Kobak Sceery, 1988). En cuanto a las pr&aacute;cticas de crianza de    los padres de ni&ntilde;os con estilo evitativo, se se&ntilde;ala que giran en torno al castigo    f&iacute;sico y la retirada del amor (Magai et al., 2000).</P>     <P>En el caso del apego ambivalente, la conducta afectiva de los cuidadores es    err&aacute;tica, cambiante o inconsistente, ya que la mayor&iacute;a de las veces no responden    en forma adecuada a las necesidades del ni&ntilde;o, pudiendo producirse una sobre    o sub-responsividad. As&iacute;, el ni&ntilde;o no logra predecir c&oacute;mo responder&aacute;n sus cuidadores,    lo que les genera rabia y ansiedad (Crittenden, 1995). Son cuidadores que se    caracterizan por la intermitencia en su capacidad de responder con sensibilidad,    inaccesibles en lo emocional, y con mezclas impredecibles de respuestas que    no satisfacen de modo consistente las necesidades de apego del ni&ntilde;o (Perris,    2000). En relaci&oacute;n con la teor&iacute;a del aprendizaje esto se explica a trav&eacute;s del    condicionamiento operante, donde la conducta de la madre se estructura en un    programa de reforzamiento impredecible, lo que aumentar&iacute;a la tasa de respuesta    del ni&ntilde;o; &eacute;stos experimentan la asociaci&oacute;n temporal de su deseo y satisfacci&oacute;n,    con emociones de rabia, miedo e incertidumbre (Crittenden, 1995). </P>     <P> Todo lo anterior, implica la generaci&oacute;n de emociones diversas que integran    estructuras cognitivo-afectivas; ni&ntilde;os seguros aprenden el valor predictivo    y comunicacional de las se&ntilde;ales interpersonales, dando sentido a cogniciones    y afectos; ni&ntilde;os evitativos aprenden a utilizar su cognici&oacute;n en ausencia de    interpretaci&oacute;n de se&ntilde;ales afectivas y ni&ntilde;os ambivalentes se refuerzan por sus    conductas afectivas, aunque no aprenden una organizaci&oacute;n cognitiva que les permita    reducir la inconsistencia en sus madres (Crittenden, 1995). A&uacute;n considerando    esta propuesta, es necesario se&ntilde;alar que no todas las investigaciones muestran    la primac&iacute;a de las conductas de la madre como fuente principal en la    formaci&oacute;n de los estilos de apego (Grossmann et al., 2002; Grossmann, Grossmann    Zimmermann, 1999; Lamb, 2005). De Wolff e Ijzendoorn (1997), realizan un meta-an&aacute;lisis    que incluye 66 estudios con antecedentes parentales que se relacionan con seguridad    en el apego, con el objetivo de dilucidar si la sensibilidad materna se asocia    con la seguridad del apego en el ni&ntilde;o, y con qu&eacute; fuerza. Los resultados    muestran una asociaci&oacute;n mediana entre sensibilidad materna y apego seguro, concluyendo    que es un factor importante pero no &uacute;nico, lo que subraya la necesidad    de una aproximaci&oacute;n multidi-mensional de los determinantes del apego y la regulaci&oacute;n    emocional, en lugar de centrarse s&oacute;lo en la sensibilidad materna; parece necesario    acercarse al contexto global y ambiental, que incluya la interacci&oacute;n entre la    sensibilidad materna, acumulaci&oacute;n de estresores y factores de riesgo, sistemas    familiares y eventos vitales (De Wolff Ijzendoorn, 1997). Esto ya ha sido incorporado    en investigaciones actuales, en que se han integrado otras posibles figuras    de apego como la presencia de abuelas en el caso de madres adolescentes (Carrillo,    Maldonado, Saldarriaga, Vega D&iacute;az, 2004). </P>     <P> <b>ESTILOS DE APEGO Y ESTRATEGIAS DE REGULACI&Oacute;N EMOCIONAL </b></P>     <P> Los estilos de apego se asocian a ciertas emociones y, adem&aacute;s, se relacionan    con la expresi&oacute;n de &eacute;stas y su regulaci&oacute;n; de este modo, las estrategias    utilizadas para expresar y regular emociones, act&uacute;an de acuerdo al estilo    de apego (Kobak Sceery, 1988; Lecannelier, 2002a; Vald&eacute;s, 2002). En la    literatura cient&iacute;fica revisada, es posible apreciar la inexistencia de    un acuerdo en relaci&oacute;n al concepto de regulaci&oacute;n emocional; se discute la delimitaci&oacute;n    entre emoci&oacute;n y regulaci&oacute;n emocional (Cole, Mart&iacute;n Dennis, 2004; Eisenberg    Spinrad, 2004; Reeve, 2003; Ulich, 1985); la presencia de distintas perspectivas    tanto te&oacute;ricas como metodol&oacute;gicas (Langlois, 2004); la insistencia en la complejidad    y multidimensionalidad del concepto (Stifter, 2002; Diamond Aspinwall, 2003);    las distinciones en la conceptualizaci&oacute;n, medici&oacute;n e importancia del contexto    (Fox Calkins, 2003; Kopp Neufeld, 2003); aspectos biol&oacute;gicos y efectividad de    las estrategias (Silva, 2003), y las relaciones entre desarrollo y regulaci&oacute;n    emocional (Bell Calkins, 2000; Diener et al., 2002; Eisenberg Moore, 1997; Lecannelier,    2002a; Sroufe, 2000a, 2000b; Stifter, 2002; Walden Smith, 1997). No es tema    de este art&iacute;culo esta discusi&oacute;n, aunque parece relevante explicitarla,    y se&ntilde;alar cu&aacute;l es la conceptualizaci&oacute;n que se adopta en &eacute;ste.  </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Thompson (1994), define regulaci&oacute;n emocional como el &quot;proceso de iniciar, mantener,    modular o cambiar la ocurrencia, intensidad o duraci&oacute;n de los estados afectivos    internos y los procesos fisiol&oacute;gicos, a menudo con el objetivo de alcanzar una    meta&quot; (p. 106). Esta definici&oacute;n se considera como base, ya que permite conceptualizar    la regulaci&oacute;n emocional como un proceso que ayuda al ser humano a manejar sus    estados emocionales, para lo que puede utilizar distintos tipos de estrategias    que conducen a ese objetivo. Una de las tesis de este art&iacute;culo, enfatiza que    la elecci&oacute;n de estas estrategias, tiene que ver con el estilo de apego que tenga    el sujeto, es decir, en cada estilo se tienden a privilegiar ciertas formas    de manejar y regular las emociones. </P>     <P> Para Sroufe (2000a), el apego es concebido como la regulaci&oacute;n di&aacute;dica de la    emoci&oacute;n; pronostica que cuando esta regulaci&oacute;n es eficaz en la primera infancia    a trav&eacute;s de un apego seguro, tendr&aacute; consecuencias en la expresi&oacute;n, modulaci&oacute;n    y flexibilidad en el control de las emociones por el ni&ntilde;o. Se&ntilde;ala que ni&ntilde;os    con apego seguro expresan directamente sus emociones, exhiben notable curiosidad,    gusto por la exploraci&oacute;n y expresividad afectiva; en situaciones de afecto intenso    permanecen organizados, manifiestan esfuerzos por modular la excitaci&oacute;n, presentan    flexibilidad en lo emocional adecuando la expresi&oacute;n de sus impulsos y emocionalidad    al contexto. Adem&aacute;s, acuden eficazmente a otros cuando sus propias capacidades    fallan. Por el contrario, Sroufe enfatiza que en general, sujetos con historias    de apego ansioso tienden a experimentar dificultades para manejar los desaf&iacute;os    emocionales de las relaciones con sus iguales. Lo anterior concuerda con los    resultados de una investigaci&oacute;n realizada por Kerr et al. (2003), cuyo objetivo    era explorar la relaci&oacute;n entre el estilo de apego adulto, experiencia y expresividad    emocional, en que los participantes con estilo seguro son los m&aacute;s expresivos    emocionalmente y reportan niveles m&aacute;s bajos de inhibici&oacute;n emocional; participantes    con estilos inseguros, tanto ambivalentes como evitivos, presentan indicadores    de expresi&oacute;n emocional significativamente m&aacute;s bajos que los de estilo seguro    y ambos grupos reportan mayor inhibici&oacute;n emocional que los del grupo seguro.    En cuanto a experiencia emocional, los grupos de estilos seguros y ambivalentes    reportan los m&aacute;s altos niveles de intensidad emocional total y el grupo seguro    es significativamente m&aacute;s alto que el grupo evitativo. Al examinar por separado    experiencias afectivas positivas y negativas, el grupo ambivalente reporta los    niveles m&aacute;s altos de afecto negativo, mientras que el grupo seguro reporta los    niveles m&aacute;s altos de afecto positivo. El grupo evitativo reporta los niveles    m&aacute;s bajos de experiencia emocional total y bajos niveles de emociones positivas.    Kerr et al. (2003), concluyen que si bien el grupo ambivalente no se considera    a s&iacute; mismo expresando m&aacute;s emoci&oacute;n que el grupo seguro, estos tienen altos niveles    de inhibici&oacute;n emocional y de experiencia emocional total, y los m&aacute;s altos niveles    de afecto negativo. Estos resultados apoyan la noci&oacute;n que los niveles de expresividad    en su conjunto, de sujetos con estilo ambivalente, no representan la cantidad    de emoci&oacute;n que ellos experimentan, especialmente emociones negativas. Por otro    lado, en el estilo evitativo se aprecia una incongruencia importante, ya que    reporta niveles bajos de experiencia emocional total y, sin embargo, sus puntajes    en inhibici&oacute;n fueron tan altos como los de los participantes ambivalentes, lo    que sugiere una falta de conciencia o incapacidad de reconocer sus experiencias    emocionales internas y dificultad en la expresi&oacute;n de emociones. M&aacute;s a&uacute;n, Kobak    y Sceery (1988), se&ntilde;alan que existe dificultad en el recuerdo de experiencias    estresantes en la ni&ntilde;ez, y lo conceptualizan como un intento de aislar o minimizar    el estr&eacute;s en el &aacute;mbito de los afectos, asociado a la experiencia de rechazo.  </P>     <P> En una l&iacute;nea similar, Diener et al. (2002) realizan una investigaci&oacute;n que    examina las estrategias conductuales para la regulaci&oacute;n emocional, expresi&oacute;n    emocional, estilos reguladores y calidad del apego con la madre y el padre de    ni&ntilde;os de 12 y 13 meses de edad. Los autores concluyen que los ni&ntilde;os con apego    seguro a ambos padres, muestran mayor consistencia en estrategias orientadas    hacia &eacute;stos, que los ni&ntilde;os con apego inseguro a uno o ambos padres. Otro aspecto    relevante, es que el nivel de malestar y estr&eacute;s experimentado es mayor en los    ni&ntilde;os ambivalentes que en los seguros, cuando se desv&iacute;a la atenci&oacute;n parental    y el ni&ntilde;o no tiene alternativas de ocupar su atenci&oacute;n. En relaci&oacute;n a la utilizaci&oacute;n    de estrategias conductuales, los resultados de Diener et al. (2002) muestran    que ni&ntilde;os con estilo de apego evitativo hacia el padre, son m&aacute;s propensos a    comprometerse en t&eacute;cnicas distractoras en situaciones estresantes, que ni&ntilde;os    con apego seguro o ambivalente. En cambio, ni&ntilde;os ambivalentes con sus padres    tienden a la auto-tranquilizaci&oacute;n, comprometi&eacute;ndose en conductas tales como    chuparse el pulgar. Los descubrimientos de esta investigaci&oacute;n aportan evidencia    emp&iacute;rica en que la calidad del apego del ni&ntilde;o al padre se encuentra asociado    en forma significativa al desarrollo de estilos de regulaci&oacute;n emocional. </P>     <P> Mikulincer y Sheffi (2000), relacionan estilos de apego con ciertas reacciones    cognitivas ante el afecto positivo; personas con apego seguro reaccionan a &eacute;ste    con una mejor ejecuci&oacute;n en la resoluci&oacute;n creativa de problemas, personas con    apego evitativo no presentan diferencias en sus reacciones cognitivas tendiendo    a distanciarse mentalmente del material afectivo, y sujetos con apego ambivalente,    no reportan aumento en el afecto positivo y muestran una peor ejecuci&oacute;n en la    resoluci&oacute;n creativa de problemas en afecto positivo. En este &uacute;ltimo caso, los    sujetos suelen adoptar una postura r&iacute;gida y una actitud hipervigilante hacia    la novedad y la incertidumbre, y activan reacciones defensivas que intentan    negar la experiencia afectiva; esto puede tener que ver con la emoci&oacute;n predominante    de temor, encontrada en otras investigaciones (Kochanska, 2001). </P>     <P> Lecannelier (2002b) se&ntilde;ala c&oacute;mo ni&ntilde;os con distintos patrones de apego presentan    diferencias en su narrativa, lo que muestra &eacute;nfasis en ciertas estrategias de    regulaci&oacute;n emocional. En el estilo de apego seguro, Lecannelier (2002b) plantea    que existe una descripci&oacute;n y elaboraci&oacute;n de las emociones, a la vez que una    contextualizaci&oacute;n relacional de &eacute;stas; para el codificador queda la percepci&oacute;n    de un ni&ntilde;o que se siente c&oacute;modo en la expresi&oacute;n de sus afectos, sin restricciones    emocionales, y sin &iacute;ndices de ansiedad durante la entrevista. Al contrario,    en el caso del estilo evitativo aparece una sobrerregulaci&oacute;n emocional; es escasa    la aparici&oacute;n de los afectos en la discusi&oacute;n, ya sean positivos o negativos,    quedando la impresi&oacute;n de que el sujeto intenta dejar fuera los estados emocionales,    haciendo la menor referencia posible a ellos. En el estilo ambivalente, una    de las caracter&iacute;sticas principales tiene que ver con la presencia de un estado    emocional constante que es la preocupaci&oacute;n, sobretodo en relaci&oacute;n con las figuras    de apego, y el predominio del miedo a la separaci&oacute;n, por lo que una estrategia    es estar muy cerca de los padres.</P>     <P> Otros autores como Mikulincer et al. (2003), tambi&eacute;n establecen relaciones    entre estilos de apego y regulaci&oacute;n emocional, y se&ntilde;alan que una de las mayores    fuentes de variaci&oacute;n en las estrategias de regulaci&oacute;n del afecto, tiene que    ver con la disponibilidad de la figura de apego. En el apego seguro se describe    una disponibilidad de esta figura, que promueve la formaci&oacute;n de un sentido de    seguridad; as&iacute;, se forman expectativas positivas acerca de la disponibilidad    de los otros y visiones positivas del s&iacute; mismo como competente y valorado. Cuando    otros significativos no est&aacute;n disponibles o no responden a las necesidades,    la b&uacute;squeda de proximidad fracasa en aliviar el malestar y no se logra seguridad    en el apego; as&iacute;, se forman representaciones negativas del s&iacute; mismo y los otros,    y se desarrollan estrategias de regulaci&oacute;n afectiva distintas a la b&uacute;squeda    de proximidad (Mikulincer et al., 2003). As&iacute;, los estilos de apego inseguros    son caracterizados por el fracaso del alivio del estr&eacute;s a trav&eacute;s de la b&uacute;squeda    de proximidad, lo que trae como consecuencia la adopci&oacute;n de otras estrategias    de regulaci&oacute;n emocional. Esto coincide con los resultados de Florian, Mikulincer    y Bucholtz (1995), que reportan que personas con estilo seguro reportan una    b&uacute;squeda mayor de apoyo emocional e instrumental que los estilos inseguros y,    a su vez, tienden a percibir a los otros significativos como entregando altos    niveles de apoyo. Lo contrario sucede en personas con estilos inseguros, ya    que tienden a percibir un nivel relativamente bajo de disponibilidad en el apoyo    emocional e instrumental de otros y presentan una baja tendencia a la b&uacute;squeda    de apoyo social en tiempos de necesidad. </P>     <P> Lo anterior es coherente con los resultados de Kobak y Sceery (1988), quienes    se&ntilde;alan que sujetos con estilo seguro reconocen el estr&eacute;s y recurren a otros    en b&uacute;squeda de apoyo, en cambio, el estilo evitativo est&aacute; organizado por reglas    que limitan el reconocimiento del estr&eacute;s y, asimismo, los intentos asociados    de b&uacute;squeda de apoyo. En el estilo ambivalente, reportan una atenci&oacute;n directa    al estr&eacute;s y a las figuras de apego, en un modo hipervigilante, que finalmente    inhibe el desarrollo de la autonom&iacute;a y autoconfianza. En la misma l&iacute;nea se encuentra    lo reportado por Byng-Hall (1995), quien se&ntilde;ala que los ni&ntilde;os que poseen un    estilo evitativo tendr&iacute;an como estrategia el mantener distancia, tanto f&iacute;sica    como emocional, para reducir la probabilidad de arrebatos emocionales que puedan    conducir al rechazo; de tal modo, el ni&ntilde;o no aprende a explorar sentimientos    e intimidad. Al contrario, en el estilo ambivalente la estrategia es mantener    cercan&iacute;a, pegarse al padre, ser demandante, infantil, e incluso, amenazar con    mayor distancia para estimular a la otra persona a estar m&aacute;s cerca. </P>     <P> Shaver y Mikulincer (2002a), realizan una recopilaci&oacute;n de una serie de investigaciones    en relaci&oacute;n con estilos de apego y estrategias de regulaci&oacute;n afectiva. Se&ntilde;alan    que individuos con apego seguro se sienten menos amenazados por informaci&oacute;n    potencialmente estresante, pueden experimentar, expresar y autorevelar verbalmente    emociones, y no llegan a estar perdidos en una escalada de preocupaciones y    memorias negativas. Buscan apoyo cuando se encuentran bajo estr&eacute;s y utilizan    medios constructivos de afrontamiento; sienten comodidad al explorar nuevos    est&iacute;mulos, son menos hostiles a miembros de otros grupos y m&aacute;s    emp&aacute;ticos hacia personas que lo necesitan. Los sujetos evitativos se    caracterizan por realizar una desactivaci&oacute;n de estrategias, incluyendo una exclusi&oacute;n    defensiva de pensamientos y recuerdos dolorosos, no reconocimiento de su propia    hostilidad, segregaci&oacute;n de los sistemas mentales y disociaci&oacute;n entre los niveles    conciente e inconsciente de respuesta. Por &uacute;ltimo, individuos ansiosos    exhiben una variedad de efectos compatibles con la noci&oacute;n de la hiperactivaci&oacute;n    de estrategias, incluyendo r&aacute;pido acceso a recuerdos dolorosos, propagaci&oacute;n    autom&aacute;tica de la emoci&oacute;n negativa desde un incidente recordado a otro,    y un cierre cognitivo parad&oacute;jico en respuesta a la inducci&oacute;n de afecto positivo.    Su inhabilidad para regular recuerdos emocionales negativos, es compatible con    la constante preocupaci&oacute;n en que permanecen; a menudo pueden llegar a estar    perdidos en recuerdos emocionales negativos (Shaver Mikulincer, 2002a). </P>     <P> En relaci&oacute;n con lo anterior, y como una forma de organizar la informaci&oacute;n    te&oacute;rica y emp&iacute;rica que ha surgido en la tem&aacute;tica, Shaver y Mikulincer (2002a)    proponen un modelo integrativo de la activaci&oacute;n, sobreactivaci&oacute;n y desactivaci&oacute;n    del sistema de apego. Sujetos con apego seguro, ante los signos de amenaza activan    el sistema de apego, buscan la proximidad de la figura de apego y, si &eacute;sta es    disponible, hay un sentido de base segura activ&aacute;ndose estrategias de compromiso    en exploraci&oacute;n, afiliaci&oacute;n, toma de riesgos, actividades prosociales y dar cuidado.    En cambio, cuando la figura de apego no est&aacute; disponible, hay inseguridad en    el apego y pueden producirse dos situaciones; si la opci&oacute;n de b&uacute;squeda de proximidad    no es viable, hay una desactivaci&oacute;n de estrategias, como la supresi&oacute;n de emociones    negativas y de cogniciones, y un distanciamiento de la amenaza y de los contextos    de apego, lo que se produce com&uacute;nmente en el estilo evitativo; la distancia    incluye inatenci&oacute;n activa a los eventos amenazantes y supresi&oacute;n e inhibici&oacute;n    de pensamientos y recuerdos evocadores de estr&eacute;s y de sentimientos de vulnerabilidad.    La otra posibilidad, es que la b&uacute;squeda de proximidad s&iacute; sea viable y se produzca    una sobreactivaci&oacute;n de estrategias, con lo que aumenta el estr&eacute;s, se produce    una hipervigilancia y rumiaci&oacute;n, lo que tiende a suceder en el estilo ambivalente.    Esto tiende a mantener un sentido de malestar y dolor, lo que concuerda plenamente    con la investigaci&oacute;n de Mikulincer et al. (2002), que reporta una aumentada    activaci&oacute;n de las representaciones de las figuras de apego en el estilo ambivalente,    tanto en contextos neutrales como amenazadores; lo anterior sugiere una activaci&oacute;n    cr&oacute;nica y disfuncional del sistema de apego, preocupaciones en relaci&oacute;n al apego    y la imposibilidad de diferenciar los contextos de amenaza, lo que exacerba    el estr&eacute;s.</P>     <P><b>DISCUSI&Oacute;N </b></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P> Este art&iacute;culo ten&iacute;a como objetivo realizar una revisi&oacute;n acerca de las relaciones    que se han encontrado entre estilos de apego, emoci&oacute;n y regulaci&oacute;n emocional    y discutir posibles relaciones con la salud f&iacute;sica de los seres humanos a partir    de diversas investigaciones en el &aacute;rea. Lo anterior surge como relevante ya    que si bien la literatura en apego es sumamente amplia y variada, no es posible    encontrar una sistematizaci&oacute;n, en nuestro medio, que permita conectar los distintos    temas; Waters et al. (2002), se&ntilde;alan que existe relativamente poca investigaci&oacute;n    que conecte la seguridad en el apego a la regulaci&oacute;n del afecto. M&aacute;s dif&iacute;cil    a&uacute;n es encontrar investigaciones que relacionen los estilos de apego con la    salud f&iacute;sica. </P>     <P> Lo anterior da cuenta de un &aacute;rea potencial de investigaci&oacute;n que ha sido escasamente    explorada, ya que el &eacute;nfasis a trav&eacute;s de la historia han sido las relaciones    entre apego y psicopatolog&iacute;a. </P>     <P> En cuanto a estilos de apego y emociones m&aacute;s frecuentes, en el apego seguro    se presentan mayor cantidad de emociones como confianza, alegr&iacute;a, placer, calma    y tranquilidad; en el estilo evitativo predominan emociones de ansiedad, miedo,    rabia, hostilidad y desconfianza y, en el estilo ambivalente, resaltan emociones    como preocupaci&oacute;n, rabia, miedo, estr&eacute;s y ansiedad. Con respecto a las estrategias    de regulaci&oacute;n emocional, en el estilo seguro se utilizan mayormente estrategias    de b&uacute;squeda de proximidad, afiliaci&oacute;n, exploraci&oacute;n; alta expresi&oacute;n de las emociones    y b&uacute;squeda de apoyo social. En el estilo evitativo se tienden a utilizar estrategias    de inhibici&oacute;n emocional, distanciamiento de lo emocional y afectivo, exclusi&oacute;n    de recuerdos y pensamientos dolorosos, inhibici&oacute;n de b&uacute;squeda de proximidad,    supresi&oacute;n de emociones negativas y distanciamiento de los contextos de apego.    En el estilo ambivalente se utilizan con mayor frecuencia estrategias de b&uacute;squeda    de proximidad hacia las figuras de apego, hipervigilancia, rumiaci&oacute;n, y sobreactivaci&oacute;n    general del organismo, inhibici&oacute;n emocional, atenci&oacute;n directa al estr&eacute;s, acceso    constante a recuerdos emocionales negativos, activaci&oacute;n cr&oacute;nica y disfuncional    del sistema de apego. </P>     <P> Considerando estos hallazgos, surgen algunos an&aacute;lisis que parece relevante    destacar, y que se relacionan con tres &aacute;reas principales; por un lado, la presencia    de ciertas emociones y estrategias en cada estilo, conducen a preguntarse por    la salud f&iacute;sica de los sujetos, debido a la multiplicidad de investigaciones    que vinculan la presencia de emociones espec&iacute;ficas y la salud del ser humano.    Luego, este mismo an&aacute;lisis, conduce al cuestionamiento de la efectividad de    las estrategias de regulaci&oacute;n utilizadas ya que, a la luz de estos hallazgos,    algunas estrategias podr&iacute;an parecer m&aacute;s bien desrreguladoras. Por &uacute;ltimo, surge    la relevancia de los estilos de apego por sus implicancias para el desarrollo    de cada sujeto, y desde all&iacute;, rescatar el aporte de investigaciones que enfatizan    la importancia de distintos factores en la formaci&oacute;n de estos, enfatizando por    cierto la familia, y centr&aacute;ndose no s&oacute;lo en la d&iacute;ada madre-hijo, sino tambi&eacute;n    en el v&iacute;nculo que se produce entre padre-hijo, lo que puede influir en el dise&ntilde;o    y aplicaci&oacute;n de programas de prevenci&oacute;n, ampliando las posibilidades de favorecer    el desarrollo de apego seguro en los ni&ntilde;os. </P>     <P> El primer an&aacute;lisis se relaciona con la presencia de distintas emociones    en cada estilo y los efectos en la salud f&iacute;sica. Diversos autores enfatizan    que se ha comprobado que hay ciertas emociones da&ntilde;inas para la salud f&iacute;sica    (Barra, 2003a, 2003b; Cacioppo, 2003; Crossley Morgado, 2004; Fredrickson, 2001;    Mendoza Mendoza, 2001; Nieto-Munuera, Abad, Albert Arreal, 2003; Ryff Singer,    2003; Salovey, Rothman, Detweiler Steward, 2000; Suinn, 2001; Vald&eacute;s    De Flores, 1990), entre las que destacan la rabia, ira, ansiedad, hostilidad    y estr&eacute;s; &eacute;stas pueden afectar la probabilidad, inicio y progresi&oacute;n    de enfermedades diversas, como afecciones card&iacute;acas, c&aacute;ncer, artritis,    SIDA, hipertensi&oacute;n arterial, entre otras. Al relacionar esto con los estilos    de apego, se hipotetiza que los estilos inseguros, tanto ambivalente como evitativo,    est&aacute;n m&aacute;s expuestos a problemas de salud f&iacute;sica por la    presencia constante, justamente, de las emociones que producen los mayores da&ntilde;os    seg&uacute;n lo reportado en la mayor&iacute;a de las investigaciones. Todo    lo contrario deber&iacute;a ocurrir en el estilo de apego seguro; el hecho de    presentar en mayor medida emociones como alegr&iacute;a, confianza, seguridad    y tranquilidad, podr&iacute;a conducir a un mayor bienestar en la salud del    individuo; seg&uacute;n lo que reporta Fredrickson (2001), las emociones positivas    ayudan al crecimiento social, a la resiliencia psicol&oacute;gica, a la conexi&oacute;n social,    a ampliar repertorios de acci&oacute;n y pensamiento, a deshacer la persistencia de    emociones negativas y mejorar el bienestar emocional. En la misma l&iacute;nea,    Ryff y Singer (2003) enfatizan que las emociones positivas pueden ser protectoras    y promover una salud positiva. </P>     <P> En un segundo an&aacute;lisis, al considerar qu&eacute; efectos podr&iacute;an    tener las estrategias de regulaci&oacute;n emocional utilizadas en los distintos estilos,    se podr&iacute;a continuar con hip&oacute;tesis tendientes a esperar una mejor salud    f&iacute;sica en estilos de apego seguro, y un deterioro mayor de &eacute;sta,    en ambos estilos inseguros. El estilo seguro se caracteriza por estrategias    centradas, por un lado, en la b&uacute;squeda de apoyo y proximidad, y por otro,    en la expresi&oacute;n de las emociones que sienten, ya sean positivas o negativas;    estas estrategias de regulaci&oacute;n son consideradas como positivas y protectoras    de la salud de los sujetos, especialmente el apoyo social y la expresi&oacute;n emocional    (Barra, 2003a, 2003b; King Miner, 1998; Pennebaker, 1997; Pennebaker Seagal,    1999; Salovey et al., 2000). En el estilo evitativo en cambio, la tendencia    central es a la supresi&oacute;n emocional e inhibici&oacute;n de b&uacute;squeda de proximidad.    Las investigaciones enfatizan que la supresi&oacute;n e inhibici&oacute;n de las emociones    produce efectos perjudiciales en la salud f&iacute;sica de los sujetos (Barra,    2003a, 2003b; Giese-Davis Spiegel, 2003; Salovey et al., 2000; Silva, 2003),    as&iacute; como tambi&eacute;n la falta de apoyo social (Salovey et al., 2000).    Por otra parte, el estilo ambivalente se caracteriza por una hipervigilancia,    rumiaci&oacute;n, y sobreactivaci&oacute;n general del organismo como estrategias reguladoras,    sumado a la inhibici&oacute;n emocional, atenci&oacute;n directa al estr&eacute;s y acceso    constante a recuerdos emocionales negativos. Diversas investigaciones se&ntilde;alan    que la afectividad negativa perjudica la salud f&iacute;sica (Barra, 2003a,    2003b; Salovey et al., 2000); a lo anterior se suma lo perjudicial de la inhibici&oacute;n    emocional, ya explicado anteriormente, y tambi&eacute;n la atenci&oacute;n constante    al estr&eacute;s e hipervigilancia, que van perpetuando la sobreactivaci&oacute;n del    organismo y as&iacute;, la generaci&oacute;n y mantenimiento de diversa sintomatolog&iacute;a    en la salud f&iacute;sica de los individuos (Barra, 2003a, 2003b; Crossley Morgado,    2004; Mart&iacute;nez-S&aacute;nchez, P&aacute;ez, Pennebaker Rim&eacute;, 2002;    Mendoza Mendoza, 2001; Nieto-Munuera, Abad, Albert Arreal, 2003; Salovey et    al., 2000; Suinn, 2001; Vald&eacute;s De Flores, 1990).</P>     <P> A partir del an&aacute;lisis realizado, surge como relevante la pregunta de qu&eacute; tan    efectivas son las estrategias utilizadas por los sujetos en la regulaci&oacute;n de    sus emociones. Si se consideran los resultados m&aacute;s destacados de las investigaciones,    parece m&aacute;s bien que en el caso de ambos estilos inseguros, tanto evitativo como    ambivalente, las estrategias escogidas pueden hacer al sujeto m&aacute;s vulnerable    a determinadas problem&aacute;ticas en su salud f&iacute;sica, ya que adem&aacute;s de no lograr    terminar con las emociones que gatillaron las estrategias, estas emociones tienen    efectos negativos en la salud de los sujetos. A partir de esto, parece pertinente    el cuestionamiento de si en este caso se podr&iacute;a hablar de estrategias que pueden    llegar a ser incluso desrreguladoras para estos sujetos, debido a la ineficacia    en la modulaci&oacute;n de las emociones, y la mayor probabilidad de consecuencias    negativas posterior a su utilizaci&oacute;n. M&aacute;s a&uacute;n, ser&iacute;a interesante dilucidar si    existe mayor riesgo en uno de los dos estilos inseguros, o si, dependiendo de    las distintas estrategias utilizadas, existan tendencias diferenciales en la    generaci&oacute;n y desarrollo de enfermedades espec&iacute;ficas. </P>     <P> Esto conduce al tercer an&aacute;lisis, que se centra en la relevancia de    los estilos de apego en la salud de los seres humanos y la consecuente sensaci&oacute;n    de una necesidad creciente de generar propuestas de promoci&oacute;n e intervenci&oacute;n,    en relaci&oacute;n a mejorar la calidad del estilo de apego en b&uacute;squeda de la    formaci&oacute;n de apegos seguros. Esto ya ha sido puesto en pr&aacute;ctica en diversos    lugares, y la investigaci&oacute;n da cuenta de resultados positivos; un ejemplo de    ello, es el desarrollo que ha tenido en Colombia el Programa Madre Canguro (PMC),    que ya ha sido objeto de estudio y que se ha evaluado como un factor protector    de d&iacute;adas madre-hijo (Ortiz, Borr&eacute;, Carrillo Guti&eacute;rrez,    2006). Adem&aacute;s, parece tambi&eacute;n fundamental poner atenci&oacute;n a las    diversas investigaciones que han comenzado a relevar la importancia no s&oacute;lo    de la madre, sino tambi&eacute;n de otros v&iacute;nculos en este proceso de    formaci&oacute;n, lo que ampl&iacute;a las posibilidades de integrar a otros miembros    de la familia en el desarrollo de programas de prevenci&oacute;n y/o intervenci&oacute;n,    aumentando a su vez, las opciones de generar un apego seguro con al menos uno    de los padres. </P>     <P> Un desaf&iacute;o pendiente, es realizar investigaciones que permitan evaluar    relaciones entre estilos de apego y salud f&iacute;sica, para as&iacute; poder    evaluar las hip&oacute;tesis aqu&iacute; planteadas. Aunque en la literatura se han    documentado relaciones entre estilos de apego y psicopatolog&iacute;a (Allen    et al., 2001; Andersson Perris, 2000; Bowlby, 1986, 1988; Crittenden, 1995;    Egeland Carlson, 2004; Gonz&aacute;lez M&eacute;ndez, 2006; Green Goldwyn, 2002;    Moneta, 2003; Muris, Mayer Meesters; 2000; Sroufe, 1997; Sroufe, 2000b), se    aprecia una carencia en torno a lo que sucede con la salud f&iacute;sica que    ser&iacute;a importante dilucidar, ya que se esperar&iacute;a confirmar que    los estilos inseguros poseen diversos factores de riesgo, que implican una mayor    propensi&oacute;n al desarrollo de afecciones en su salud f&iacute;sica. </P>     <P> Por &uacute;ltimo, es necesario se&ntilde;alar que las investigaciones utilizan instrumentos    diversos que no necesariamente coinciden en los resultados encontrados, lo que    mantiene preguntas sin respuestas definitivas en distintas tem&aacute;ticas relacionadas    al apego. Esto reafirma la necesidad de seguir investigando, con el objetivo    &uacute;ltimo de llegar a resultados fiables y as&iacute; poder mejorar la calidad de vida    del ser humano. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P> <b>REFERENCIAS </b></P>     <!-- ref --><P> Ahnert, L., Gunnar, M., Lamb, M. Barthel. M. (2004). Transition to child care:    associations with infant-mother attachment, infant negative emotion and cortisol    elevations. Child Development, 75, 639-650. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0120-0534200600030000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Ainsworth, M., Blehar, M., Waters, E. Wall, S. (1978). Patterns of attachment:    A study of the strange situation. Hillsdale, N.J.: Erlbaum. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0120-0534200600030000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Allen, J., Huntoon, J., Fultz, J., Stein, H., Fonagy, P. Evans, R. (2001).    A model for brief assessment of attachment and its application to women in inpatient    treatment for trauma-related psychiatric disorders. Journal of Personality Assessment,    76, 421-447.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0120-0534200600030000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Andersson, P. Perris, C. (2000). Attachment styles and dysfunctional assumptions    in adults.Clinical Psychology and Psychotherapy, 7, 47-53. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0120-0534200600030000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Barra, E. (2003a) Influencia del estado emocional en la salud f&iacute;sica. Revista    Terapia Psicol&oacute;gica, 21, 55-60. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-0534200600030000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Barra, E. (2003b). Psicolog&iacute;a de la salud. Santiago: Mediterr&aacute;neo. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0120-0534200600030000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Bartholomew, K. (1994). Assesment of individual differences in adult attachment.    Psychological Inquiry, 5, 23-67. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-0534200600030000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>< Bell, K. Calkins, S. (2000). Relationships as inputs and outputs of emotion    regulation. Psychological Inquiry, 11, 160-163. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0120-0534200600030000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Bifulco, A. (2002). Attachment style measurement: A clinical and epidemiological    perspective. Attachment Human Development, 4, 180-188. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-0534200600030000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Bowlby, J. (1980). La p&eacute;rdida afectiva. Buenos Aires: Paid&oacute;s. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0120-0534200600030000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Bowlby, J. (1986). V&iacute;nculos afectivos: formaci&oacute;n, desarrollo y p&eacute;rdida. Madrid:    Morata.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-0534200600030000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Bowlby, J. (1998). El apego y la p&eacute;rdida – 1. El apego. Barcelona: Paid&oacute;s.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-0534200600030000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Byng-Hall, J. (1995). Creating a secure family base: some implications of attachment    theory for family therapy. Family Process, 34, 45-58.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-0534200600030000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Cacioppo, J. (2003). Introduction: emotion and health. En R. Davidson, K. Scherer,    H. H. Goldsmith (Eds.), Handbook of Affective Sciences (pp. 1047-1052). 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Emotion regulation as a scientific    construct: methodological challenges and directions for child development research.    Child Development, 75, 317-333.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0120-0534200600030000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Consedine, N. Magai, C. (2003). Attachment and emotion experience in later    life: the view from emotions theory. Attachment Human Development, 5, 165-187.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-0534200600030000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Crittenden, P. (1990). Internal representational models of attachment relations.    Infant Mental Health Journal, 11, 259-277.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-0534200600030000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Crittenden, P. (1995). Attachment and psychopatology. En S. Goldberg, R. Muir    J. Kerr (Eds.), John Bowlby&#39;s Attachment Theory: Historical, Clinical and Social    Significance. New York: The Analytic Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-0534200600030000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Crossley, J. Morgado, F. (2004). De fantasmas y demonios. El papel de la emoci&oacute;n    en la g&eacute;nesis y recuperaci&oacute;n de las enfermedades (3ª ed.). Santiago:    Grijalbo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-0534200600030000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>De Wolf, M. , &amp; Ijzendoorn, M. (1997). Sensitivity and attachment: a meta-analysis on parental antecedents of infant attachment.  Child Development, 68, 571-591. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-0534200600030000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Diamond, L. Aspinwall, L. (2003). Emotion regulation across the life span:    An integrative perspective emphasizing self-regulation, positive affect and  dyadic processes. Motivation and Emotion, 27, 125-156.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-0534200600030000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Diener, M., Mangelsdorf, S., McHale, J. Frosch, C. (2002). Infants&#39; behavioral    strategies for emotion regulation with fathers and mothers: Associations with    emotional expressions and attachment quality. Infancy, 3, 153-174.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-0534200600030000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Egeland, B. Carlson, E. (2004). Attachment and psychopathology. En L. Atkinson    S. Goldberg. Attachment Issues in Psychopathology and Intervention (pp. 27-48).    Londres: Erlbaum. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-0534200600030000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Eisenberg, N. Moore, B. (1997). Emotional regulation and development. Motivation    and Emotion, 21, 1-6. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-0534200600030000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Eisenberg, N. Spinrad, T. (2004). Emotion-related regulation: sharpening the    definition. Child Development, 75, 334-339. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-0534200600030000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Feeney, J. Noller, P. (2001). Apego Adulto. Bilbao: Descl&eacute;e de Brouwer.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-0534200600030000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Florian, V., Mikulincer, M. Bucholtz, I. (1995). Effects of adult attachment    style on the perception and search for social support. The Journal of Psychology,    129, 665-676.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-0534200600030000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Fonagy, P., Steele, M., Steele, H., Leigh, T., Kennedy, R., Mattoon, G., et    al. (1995). Attachment, the reflective self and borderline states. En S. Goldberg,    R. Muir J. Kerr (Eds.), Attachment Theory: Social, Developmental and Clinical    Perspectives. New York: Analytic Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-0534200600030000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Fonagy, P. Target, M. (2002). Early intervention and the development of self-regulation.    Psychoanalytic Inquiry, 22, 307-335. Fox, N. Calkins, S. (2003). The development    of self-control of emotion: intrinsic and extrinsic influences.Motivation and    Emotion, 27, 7-26. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-0534200600030000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-0534200600030000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Fredrickson, B. (2001). The role of positive emotions in positive psychology.    American psychologist, 56, 218-226.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-0534200600030000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Giese-Davis, J. Spiegel, D. (2003). Emotional expression and cancer progression.    En R. Davidson, K. Scherer, H. H. Goldsmith. (Eds.), Handbook of Affective Sciences    (pp. 1053-1082). New York: Oxford University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-0534200600030000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez, L. M&eacute;ndez, L. (2006). Relaci&oacute;n entre autoestima, depresi&oacute;n    y apego en adolescentes urbanos de la comuna de Concepci&oacute;n, Chile. Terapia Psicol&oacute;gica,    24, 5-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-0534200600030000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Green, J. Goldwyn, R. (2002). Annotation: attachment disorganization and psychopathology:    new findings in attachment research and their potential implications for developmental    psychopathology in childhood. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 43,    835-846. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-0534200600030000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Griffin, D. Bartholomew, K. (1994). The metaphysics of measurement: The case    of adult attachment. En K. Bartholomew D. Pealman (Eds.), Advances in Personal    Relationships, 5, 17-52. London: Kingsley.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-0534200600030000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Grossmann, K. E., Grossmann, K. Zimmermann, P. (1999). A wider view of attachment    and exploration: stability and change during the years of immaturity. En J.    Cassidy P. Shaver (Eds.). Handbook of attachment: Theory, research, and clinical    applications (pp. 760-786). New York: Guilford Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-0534200600030000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-0534200600030000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Harris, T. (2002). Attachment-related psychodinamics: another shake to the    kaleidoscope.Attachment Human Development, 4, 201-206.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-0534200600030000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Hazan, C. Shaver, P. (1994). Attachment as an organizational framework for    research on close relationships.Psychological Inquiry, 5, 1-22. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-0534200600030000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Jacobvitz, D., Curran, M. Moller, N. (2002). Measurement of adult attachment:    The place of self-report and interview methodologies. Attachment Human Development,    4, 207-215. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-0534200600030000400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Kerr, S., Melley, A., Travea, L. Pole, M. (2003). The relationship of emotional    expression and experience to adult attachment style. Individual Differences    Research, 1, 108-123. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-0534200600030000400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>King, D. Miner, J. (1998) Disclosure of trauma and psychosomatic health: an    interview with James Pennebaker. Journal of Counseling Development, 76, 358-363.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-0534200600030000400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Kobak, R. Sceery, A. (1988). Attachment in late adolescence: working models,    affect regulation and representations of self and others. Child Development,    59, 135-146. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-0534200600030000400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Kochanska, G. (2001). Emotional development in children with different attachment    histories: The first three years.Child Development, 72, 474-490.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-0534200600030000400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Kopp, C. Neufeld, S. (2003). Emotional development during infancy. En R. Davidson,    K. Scherer, H. H. Goldsmith (Eds.), Handbook of Affective Sciences (pp. 347-374).    New York: Oxford University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-0534200600030000400046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Lamb, M. (2005). Attachments, social networks, and developmental contexts.    Human Development, 48, 108-112. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-0534200600030000400047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Langlois, J. (2004). Emotion and emotion regulation: from another perspective.    Child Development, 75, 315-316. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-0534200600030000400048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Lecannelier, F. (2001). Apego, teor&iacute;a de la mente y desarrollo del s&iacute; mismo.    Revista Terapia Psicol&oacute;gica, 19, 105-115. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-0534200600030000400049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Lecannelier, F.(2002a). Apego y autorregulaci&oacute;n en el desarrollo humano. Revista    Persona y Sociedad, 16, 99-110. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-0534200600030000400050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Lecannelier, F. (2002b). La entrevista de apego de ni&ntilde;os Child Attachment Interview-Cai.    Revista Terapia Psicol&oacute;gica, 20, 53-60.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-0534200600030000400051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Magai, C., Hunziker, J., Mesias, W. Culver, L. (2000). Adult attachment styles    and emotional biases. International Journal of Behavioral Development, 24, 301-309.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-0534200600030000400052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Main, M. Solomon, J. (1986). Discovery of an insecure disorganized/disoriented    attachment pattern: Procedures, findings and implications for classification    of behavior. En T. Brazelton M. Yogman (Eds.), Affective Development in Infancy    (pp. 95-124).Norwood: Ablex.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-0534200600030000400053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Marrone, M. (2001). La teor&iacute;a del apego: Un enfoque actual. Madrid:    Psim&aacute;tica. Mart&iacute;nez, C. Santelices, M. (2005). Evaluaci&oacute;n del    apego en el adulto: Una revisi&oacute;n. Psykhe, 14, 181-191. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-0534200600030000400054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-0534200600030000400055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Mart&iacute;nez-S&aacute;nchez, F., P&aacute;ez, D., Pennebaker, J. Rim&eacute;.    (2002). Emoci&oacute;n y salud. En F. Palmero, E. Fern&aacute;ndez-Abascal, F. Mart&iacute;nez,    M. Ch&oacute;liz (Eds.), Psicolog&iacute;a de la Motivaci&oacute;n y Emoci&oacute;n (pp. 515-540).    Madrid: McGrawHill.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-0534200600030000400056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Mendoza, I.J. Mendoza, I. (2001) La ira y la enfermedad cardiovascular. Revista    Latina de Cardiolog&iacute;a, 22, 110-115. Mikulincer, M. (1998). Adult attachment    style and individual differences in functional versus dysfunctional experiences    of anger. Journal of Personality and Social Psychology, 74, 513-524. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-0534200600030000400057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-0534200600030000400058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mikulincer, M. Sheffi, E. (2000). Adult attachment style and cognitive reactions    to positive affect: a test of mental categorization and creative problem solving.    Motivation and Emotion, 24, 149-174. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-0534200600030000400059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Mikulincer, M., Gillath, O. Shaver, P. (2002). Activation of the attachment    system in adulthood: threat-related primes increase the accessibility of mental    representations of attachment figures. Journal of Personality and Social Psychology,    83, 881-895. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-0534200600030000400060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Mikulincer, M., Shaver, P. Pereg, D. (2003). Attachment theory and affect    regulation: The dynamics, development and cognitive consequences of attachment-related    strategies. Motivation and Emotion, 27, 77-102. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-0534200600030000400061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Moneta, M. (2003). El Apego. Aspectos cl&iacute;nicos y psicobiol&oacute;gicos de la d&iacute;ada    madre-hijo. Santiago: Cuatro Vientos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0120-0534200600030000400062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Muris, P., Mayer, B. Meesters, C. (2000). Self-reported attachment style,    anxiety, and depression in children. Social Behavior and Personality, 28, 157-162.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-0534200600030000400063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Nieto-Munuera, J., Abad, M., Albert, M. Arreal, M. (2003). Psicolog&iacute;a    para ciencias de la salud. Madrid: Mc-GrawHill. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-0534200600030000400064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Ortiz, J., Borr&eacute;, A., Carrillo, S. Guti&eacute;rrez, G. (2006). Relaci&oacute;n    de apego en madres adolescentes y sus beb&eacute;s canguro. Revista Latinoamericana    de Psicolog&iacute;a, 38, 71-86. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-0534200600030000400065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Pennebaker, J. (1997) Writing about emotional experiences as a therapeutic    process. Psychological Science, 8, 162-166. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-0534200600030000400066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Pennebaker, J. Seagal, J. (1999) Forming a story: the health benefits of narrative.    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M&eacute;xico: Mc-GrawHill.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-0534200600030000400069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Ryff, C. Singer, B. (2003). The role of emotion on pathways to positive health.    En R. Davidson, K. Scherer, H. H. Goldsmith (Eds.), Handbook of Affective Sciences    (pp. 1083-1104). New York: Oxford University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-0534200600030000400070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Salovey, P., Rothman, A., Detweiler, J. Steward, W. (2000). Emotional states    and physical health. American Psychologist, 55, 110, 121.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-0534200600030000400071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Shaver, P. Mikulincer, M. (2002a). Attachment-related psychodynamics. Attachment    Human Development, 4, 133-161. Shaver, P. Mikulincer, M. (2002b). Dialogue on    adult attachment: diversity and integration. 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Revista Terapia Psicol&oacute;gica, 22, 163-172. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0120-0534200600030000400074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Sroufe, A. (1997). Psychopatology as an outcome of development. Development    and Psychopathology, 9, 251-268.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-0534200600030000400075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Sroufe, A. (2000a). Desarrollo Emocional. M&eacute;xico: Oxford. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-0534200600030000400076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Sroufe, A. (2000b). Early relationships and the development of children. Infant    Mental Health Journal, 21, 67-74. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-0534200600030000400077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Sroufe, A. Waters, E. (1977). Attachment as an organizational construct. Child    Development, 48, 1184-1199.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-0534200600030000400078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Stein, H., Jacobs, N., Ferguson, K., Allen, J. Fonagy, P. (1998). What do adult    attachment scales measure? Bulletin of the Menninger Clinic, 62, 33-81.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-0534200600030000400079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Stein, H., Koontz, A., Fonagy, P., Allen, J., Fultz, J., Brethour, J., Allen,    D. Evans, R. (2002). Adult attachment: what are the underlying dimensions? Psychology    and Psychotherapy: Theory, Research and Practice, 75, 77-91. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-0534200600030000400080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Stifter, C. (2002). Individual differences in emotion regulation in infancy:    A thematic collection. Infancy, 3, 129-132. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-0534200600030000400081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> Suinn, R. (2001). The terrible twos-anger and anxiety. American Psychologist,    56, 27-36.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-0534200600030000400082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Thompson, R. (1994). Emotion regulation: A theme in search for definition.    En N, Fox (Ed.), The development of emotion regulation: Biological and behavioral    considerations, Monographs of the Society for Research in Child Development,    59 (2/3, serial N° 240), 25-52. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-0534200600030000400083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Ulich, D. (1985). El sentimiento. Barcelona: Herder. Vald&eacute;s, M. De Flores,    T. (1990). Psicobiolog&iacute;a del estr&eacute;s. Barcelona: Mart&iacute;nez    Roca S.A. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0120-0534200600030000400084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-0534200600030000400085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Vald&eacute;s, N. (2002). Consideraciones acerca de los estilos de apego y su repercusi&oacute;n    en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica. Revista Terapia Psicol&oacute;gica, 20, 139-149. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0120-0534200600030000400086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Walden, T. Smith, M. (1997). Emotion regulation. Motivation and Emotion, 21,    7-25. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-0534200600030000400087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Waters, E., Crowell, J., Elliott, M., Corcoran, D. Treboux, D. (2002). Bowlby&#39;s    secure base theory and the social/personality psychology of attachment styles:    Work (s) in progress. Attachment Human &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0120-0534200600030000400088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P> Recepci&oacute;n: mayo de 2005</P>     ]]></body>
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