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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ADAPTACIÓN ARGENTINA DE UN INVENTARIO PARA MEDIR IDENTIDAD DE ROL DE GÉNERO]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Buenos Aires Facultad de Piscología ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Se tradujo al castellano la versión original del Cuestionario Bem Sex Role Inventory (Bem, 1974) y se lo adaptó a población adolescente argentina. El instrumento fue autoadministrado por 434 alumnos (13-20 años) de Escuelas Públicas de Buenos Aires, Argentina. Se obtuvieron los baremos y se clasificó cada sujeto según los métodos de Bem. Alrededor del 40% de la muestra se identificó con estereotipos sociales del propio género. Los varones integraron sus características femeninas más fácilmente que las mujeres sus comportamientos masculinos. Comparando los resultados con los obtenidos por Bem, se confirmaron estudios transculturales que indican que los países latinoamericanos privilegian comportamientos estereotipadamente femeninos, evidenciando una mejor armonía interpersonal y un privilegio por el cuidado del otro por sobre los beneficios individuales.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="right">ART&Iacute;CULOS</p>     <p>    <center><font size="4"><b>ADAPTACIÓN ARGENTINA DE UN INVENTARIO PARA MEDIR IDENTIDAD    DE ROL DE GÉNERO<sup>1</sup></b></font></center></p>     <p>    <center><font size="3"><b>ARGENTINE ADAPTATION OF AN INVENTORY TO MEASURE GENDER-ROLE    IDENTTITY</b></font></center></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b>VERÓNICA C. VEGA<sup>2</sup></b>    <br>   Universidad de Buenos Aires, Argentina</p>     <p><sup>1</sup>Esta investigación formó parte de una Beca de Doctorado    de la Universidad de Buenos Aires. (UBACyT) al proyecto Conducta Sexual y Género    en adolescentes mujeres con Trastornos de la Conducta Alimentaria. Deseo agradecer    especialmente la generosidad y la permanente ayuda de la Dra. María Cristina    Richaud de Minzi (CIIPME-CONICET), quien me asesoró y guió en el análisis estadístico    realizado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup>2</sup>Correspondencia: Verónica Vega. Facultad de Psicología,    Universidad de Buenos Aires, Argentina. Correo electrónico: <a href="mailto:vvega@psi.uba.ar">vvega@psi.uba.ar    </a></p> <hr size="1">     <p><b>ABSTRACT</b></p> The aim of the work was to adapt the Bem Sex-Role Inventory (Bem, 1974) to an  argentine adolescent population. The original version was translated to Spanish,  and was self-administered to 434 adolescents (both sexes, 13-20 years old), pupils  of Public High Schools of Buenos Aires, Argentina. Scores were obtained and each  subject was classified according Bem&#39;s methods. Nearly 40% of the sample identified  themselves with stereotypes for their own gender. Boys integrated their feminine  modalities easier than girls their masculine behaviors. When comparing results  with Bem’s, I corroborated cross-cultural studies indicating that Latin- American  countries privilege stereotypically feminine behaviors. Results may suggest a  better interpersonal harmony and greater caring for others over individual benefits  in Latin-American countries.      <p><b>Key Words:</b> gender, adolescence, androgyny. </p>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p> Se tradujo al castellano la versión original del Cuestionario    Bem Sex Role Inventory (Bem, 1974) y se lo adaptó a población adolescente argentina.    El instrumento fue autoadministrado por 434 alumnos (13-20 años) de Escuelas    Públicas de Buenos Aires, Argentina. Se obtuvieron los baremos y se clasificó    cada sujeto según los métodos de Bem. Alrededor del 40% de la muestra se identificó    con estereotipos sociales del propio género. Los varones integraron sus características    femeninas más fácilmente que las mujeres sus comportamientos masculinos. Comparando    los resultados con los obtenidos por Bem, se confirmaron estudios transculturales    que indican que los países latinoamericanos privilegian comportamientos estereotipadamente    femeninos, evidenciando una mejor armonía interpersonal y un privilegio por    el cuidado del otro por sobre los beneficios individuales.      <p><b>Palabras clave:</b> género, adolescencia, androginia. </p> <hr size="1">     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>Cada sociedad considera que ciertos atributos son estereotipadamente    femeninos o masculinos, expresando de esta manera una ideolog&iacute;a determinada    sobre los roles de g&eacute;nero. Person y Ovesey (1983) denominaron al conjunto    de comportamientos propios de cada g&eacute;nero a trav&eacute;s de los cuales    hombres y mujeres se diferencian: identidad de rol gen&eacute;rico&uml;. Se    trata de un fen&oacute;meno complejo en el que intervienen una amplia gama de    variables, como las caracter&iacute;sticas psicol&oacute;gicas individuales,    la estructura anat&oacute;mica del individuo, las pautas educacionales y culturales    vinculadas a valores, prescripciones y mandatos, as&iacute; como los discursos    que indican una socializaci&oacute;n diferencial de varones y mujeres. </p>     <p>Tradicionalmente la masculinidad y la feminidad han sido conceptualizadas    como extremos opuestos en una dimensi&oacute;n bipolar que ubica a un individuo    de lado u otro de la clasificaci&oacute;n dicot&oacute;mica (Bem, 1981). En    funci&oacute;n de ello, Bem (1974) fundamenta la necesidad de construir un instrumento    que indague identidad de g&eacute;nero mediante categor&iacute;as m&aacute;s    abarcativas que den cuenta de una posible integraci&oacute;n de aspectos menos    estereotipados y por ende m&aacute;s saludables en un sujeto. As&iacute; dise&ntilde;a    en 1974 el Bem Sex Role Inventory (BSRI) con el objeto de indagar emp&iacute;ricamente    el concepto de &uml;androginidad psicol&oacute;gica&uml;, definida como la integraci&oacute;n    intrasubjetiva de aspectos femeninos y masculinos. La categor&iacute;a de andr&oacute;gino    en la dimensi&oacute;n de g&eacute;nero no es un h&iacute;brido psicol&oacute;gico    que se ubica a mitad de camino entre la masculinidad y la feminidad extremas.    Se trata de aquel individuo que posee cualidades masculinas y femeninas bien    definidas y que las utiliza como recursos ps&iacute;quicos que le permiten funcionar    de una manera m&aacute;s saludable y menos r&iacute;gida. De esta manera, el    constructo de Bem, ampl&iacute;a el concepto de g&eacute;nero a una dimensi&oacute;n    m&aacute;s flexible de la transmisi&oacute;n social permitiendo integrar aspectos    femeninos y masculinos sin afectar el sentimiento de la propia identidad de    rol de g&eacute;nero. </p>     <p>Diversos estudios actuales han hallado que existe una asociaci&oacute;n    positiva entre la identidad de g&eacute;nero estereotipadamente femenina medida    con el Bem Sex Role Inventory- y la tendencia a padecer un trastorno de    la conducta alimentaria. Utilizando dicho instrumento, investigadores como Behar,    de la Barrera y Michelotti (2001, 2002, 2003); Hepp, Spindler y Milos (2005);    Klingenspor (2002); Meyer, Blisset y Oldfield (2001) hallaron que las pacientes    con trastornos de la conducta alimentaria se identifican con una identidad de    g&eacute;nero estereotipadamente femenina en el BSRI, mientras que aquellas    que conformaron los diversos grupos control de las distintas investigaciones    lo hac&iacute;an con las categor&iacute;as andr&oacute;gino o indiferenciado    del mismo instrumento. Los resultados corroboraron la teor&iacute;a de Bem (1974,    1981) dado que aquellos grupos control que pose&iacute;an mayor flexibilidad    y mejo-res elementos adaptativos para enfrentar determinadas circunstancias    dif&iacute;ciles eran los que se identificaban como andr&oacute;ginos. Por otra    parte, se sabe que las autoconcepciones de hombres y mujeres en lo que respecta    a la masculinidad y feminidad muestran cambios hist&oacute;ricos e in-fluencias    socioculturales. Un metaan&aacute;lisis de estudios realizados con muestras    norteamericanas de 1970 a 1995 ha encontrado un aumento en la escala de masculinidad    y pocos cambios temporales en la escala de feminidad tanto en las mujeres como    en los hombres. De hecho, se registr&oacute; que dicho aumento fue m&aacute;s    fuerte en las mujeres que en los hombres (Twenge, 1997). En relaci&oacute;n    con las diferencias culturales, los resul-tados no presentan un modelo un&aacute;nime.    Algunos estudios indican que en las culturas asi&aacute;tico tradicionales y    en las africanas las diferencias de g&eacute;nero podr&iacute;an ser m&aacute;s    bajas que en las culturas occidentales (Fiske, Markus, Kitayama &amp; Nisbett,    1998; Okeke, Draguns, Sheku &amp; Allen, 1999). Otros estudios sugieren la existencia    de una feminidad m&aacute;s alta en los pa&iacute;ses y muestras colectivistas,    como asi&aacute;ticos o latinoamericanos (Damji &amp; Lee, 1995; Hofstede, 2001    citado en Moya, P&aacute;ez, Glick, Fern&aacute;ndez Sedano &amp; Poeschl, (2001)).    Los estudios transculturales han proporcionado apoyo mixto acerca de la validez    del BSRI como indicador de masculinidad y feminidad en una gama amplia de culturas.    Algunos estudios que investigan su fiabilidad confirman que la escala tiene    una consistencia interna alta con participantes de EE.UU., China, India, Malasia    y asi&aacute;ticos-musulmanes (Damji &amp; Lee, 1995). Tambi&eacute;n se han    encontrado &iacute;ndices de fiabilidad satisfactorios en las versiones del    BSRI en japon&eacute;s, alem&aacute;n, &aacute;rabe, italiano (Lenney, 1991),    franc&eacute;s, portugu&eacute;s y espa&ntilde;ol (Amancio, 1993; Lorenzi Cioldi,    1993; Moya, 1993 citado en Moya, P&aacute;ez, Glick, et al., 2001). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Partiendo de la evidencia anteriormente se&ntilde;alada en la    cual distintas investigaciones hallaron que existe una asociaci&oacute;n positiva    entre la identidad de g&eacute;nero femenina (medida con el BSRI) y la presencia    de trastornos de la conducta alimentaria, y debido a que la Argentina es un    pa&iacute;s con una alta prevalencia de adolescentes con dichos trastornos (Quiroga,    Zonis &amp; Zukerfeld, 1998; Vega, 2004; Vega &amp; Quiroga, 2003) se considera    necesario contar con un instrumento adaptado y validado en poblaci&oacute;n    adolescente argentina que permita identificar poblaci&oacute;n con alta vulnerabilidad    a dichos tras-tornos a trav&eacute;s de la medici&oacute;n del tipo de identidad    de g&eacute;nero. Al mismo tiempo, se someter&iacute;a a prueba emp&iacute;rica    el hallazgo de los estudios transculturales que afirman que las sociedades latinoamericanas    tienden a identificarse m&aacute;s f&aacute;cilmente con aspectos femeninos.</p>     <p>Los objetivos del siguiente trabajo fueron adaptar y validar el    Cuestionario Bem Sex Role Inventory de Sandra Bem (1974) en adolescentes argentinos.</p>     <p><b>M&Eacute;TODO </b></p>     <p><em>Participantes </em>    <br>   La muestra del estudio estuvo formada por 434 adolescentes alumnos de Escuelas    P&uacute;blicas de Educaci&oacute;n General B&aacute;sica y Ciclo Polimodal    del Distrito Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, Argentina. De ellos, 167    son varones (el 38,5%) y 267 son mujeres (el 61,5%). La media de edad se sit&uacute;a    en 15,92 a&ntilde;os y una desviaci&oacute;n t&iacute;pica de 1,433 (rango 13-20).  </p>     <p><em>Dise&ntilde;o y procedimiento </em>    <br>   Se tradujo la versi&oacute;n original de 60 &iacute;temes del Bem Sex Role Inventory    (BSRI) mediante el m&eacute;todo de retrotraducci&oacute;n (ingl&eacute;s-castellanoingl&eacute;s)    hasta lograr una coincidencia del 80% entre ambas versiones. Durante el mes    de sep-tiembre de 2003, se concurri&oacute; a dos Escuelas P&uacute;blicas de    Educaci&oacute;n General B&aacute;sica y Ciclo Polimodal del Distrito Avellaneda,    Provincia de Buenos Aires, Argentina y se aplic&oacute; dicha traducci&oacute;n    en forma auto-administrada y grupal a los alumnos presentes que contaban con    el consenti-miento informado firmado por sus padres y que ten&iacute;an entre    13 y 20 a&ntilde;os de edad (7 sujetos por cada &iacute;tem del BSRI), obteniendo    una muestra de 434 sujetos de ambos sexos. Se les asegur&oacute; a los participantes    la confidencialidad de la informaci&oacute;n proporcionada. El cuestionario    tiene como &uacute;nico encabezamiento &uml;Bem Inventory&uml; para reducir    la posibilidad de respuestas influidas por el conocimiento o deducci&oacute;n    del prop&oacute;sito de las escalas. Concretamente los participantes deb&iacute;an    leer el listado de 60 adjetivos del BSRI e indicar en una escala Likert el grado    de identificaci&oacute;n con cada adjetivo del listado (1=nunca o casi nunca    y 7= siempre o casi siempre). Las preguntas de comprensi&oacute;n de los adjetivos    que surgieron durante la administraci&oacute;n fueron respondidas de manera    neutral, en un lenguaje coloquial y en voz alta. La duraci&oacute;n de la auto-administraci&oacute;n    del BSRI fue de 40 minutos aproximadamente. </p>     <p><em>Instrumento </em>    <br>   El BSRI es un cuestionario autodescriptivo que presenta en su versi&oacute;n    original una lista de 60 adjetivos de los cuales 20 corresponden a estereotipos    culturales de rasgos femeninos (p.ej., afectuoso, sensible a las necesidades    de los dem&aacute;s, tierno, que ama a los ni&ntilde;os), 20 corresponden a    rasgos estereotipadamente masculinos (p.ej., ambicioso, independiente, en&eacute;rgico,    asertivo) y los 20 restantes son neutros (p.ej., feliz, malhumorado, confiable,    celoso). El sujeto debe res-ponder en una escala Likert de 7 puntos el grado    de identificaci&oacute;n de s&iacute; mismo con cada una de las 60 caracter&iacute;sticas    que se le presentan. La escala va desde el 1= nunca o casi nunca al 7= siempre    o casi siempre y se encuentra escrita sobre cada categor&iacute;a de la escala.    Bem recomienda utilizar el m&eacute;todo de la mediana para clasificar a los    sujetos.</p>     <p>En dicho m&eacute;todo se obtienen los valores brutos del sujeto    en masculinidad y feminidad sumando todos los valores asignados a los atributos    de cada escala y dividiendo por la cantidad de atributos de la escala (n= 20).    En caso de que el sujeto no asignara un valor a alg&uacute;n &iacute;tem, se    deber&aacute; restar la cantidad de &iacute;temes sin responder. En funci&oacute;n    de las respuestas, cada sujeto obtiene dos puntajes brutos independientes (uno    en la escala de masculinidad y otro en la escala de feminidad). A partir de    ellos se halla la tipolog&iacute;a de g&eacute;nero correspondiente al sujeto    seg&uacute;n 4 categor&iacute;as posibles: femenino, masculino, indiferenciado    o andr&oacute;gino. La categor&iacute;a femenino refleja a individuos cuyas    actitudes y comportamientos se ajustan a las definiciones culturales estereotipadas    para tal g&eacute;nero. Un individuo resulta clasificado como femenino si el    valor bruto obtenido en la escala feminidad supera a la mediana para su sexo    y grupo de edad -y al mismo tiempo, el de la escala masculinidad es inferior    o igual a la mediana para su sexo y grupo de edad. Para que un sujeto sea categorizado    como masculino debe suceder lo inverso, debiendo ser su valor bruto en la escala    de masculinidad mayor a la mediana para su sexo y grupo de edad y simult&aacute;neamente    el obtenido en la escala de feminidad menor o igual a la mediana. Un sujeto    es clasificado de andr&oacute;gino cuando el valor bruto obtenido en ambas escalas    (feminidad y masculinidad) es superior a la mediana para su sexo y grupo de    edad. Los sujetos andr&oacute;ginos se sienten refleja-dos en rasgos de ambos    g&eacute;neros m&aacute;s all&aacute; de las pautas culturales, sin por ello    sentirse cuestiona-dos en su identidad de g&eacute;nero. Estos individuos tienden    a ser psicol&oacute;gicamente m&aacute;s saludables, pueden seleccionar el comportamiento    m&aacute;s acorde a los requerimientos de cada situaci&oacute;n y desarrollan    un mejor autoconcepto, autoestima y autoeficacia. La androginidad es un buen    indicador de ajuste social en la adultez. Son sujetos m&aacute;s pl&aacute;sticos    y flexibles que los anteriores. Finalmente, los sujetos clasificados como indiferenciados    reflejan d&eacute;biles identificaciones con las caracter&iacute;sticas de ambos    g&eacute;neros y son aquellos que han obtenido valores brutos inferiores a la    mediana en cada escala. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>RESULTADOS </b></p>     <p>Utilizando el m&eacute;todo de clasificaci&oacute;n de la mediana    (Bem, 1981) los resultados obtenidos mostraron que el 42% de las adolescentes    mujeres de la muestra argentina se identific&oacute; a s&iacute; misma como    femenina, seguida por un 26% que resultaron clasificadas en la categor&iacute;a    de indiferenciada, un 19,7% de mujeres clasificadas en la categor&iacute;a de    andr&oacute;ginos y un 12,3% en la de masculinas. Ello significa conductualmente    que casi la mitad de las adolescentes de la muestra resalta las caracter&iacute;sticas    que tradicional y estereotipadamente una sociedad adjudica al sexo femenino;    o bien, en segunda instancia, prefiere poseer identificaciones d&eacute;biles    con los roles de g&eacute;nero antes que sentirse identificada con caracter&iacute;sticas    social-mente masculinas. Ello da como resultado que las dos categor&iacute;as    que implican un grado de aceptaci&oacute;n de atributos masculinos (la categor&iacute;a    de andr&oacute;gino y la de masculino) fueran las que menor grado de elecci&oacute;n    tuvieron por parte de las mujeres. En cuanto a los adolescentes varones de la    muestra argentina, tambi&eacute;n se identificaron en primera instancia con    el rol de g&eacute;nero que corresponde a su sexo biol&oacute;gico (masculino:    37%), aunque luego -a diferencia de las mujeres- aceptaron rasgos del otro sexo    siguiendo as&iacute; un 28,5% sujetos clasificados de andr&oacute;ginos, posterior-mente    un 25,5% de indiferenciados y finalmente un 9,1% de varones clasificados como    femeninos. Por lo tanto, a los adolescentes varones argentinos les resulta m&aacute;s    sencillo aceptar rasgos femeninos (incluidos en la categor&iacute;a de andr&oacute;gino),    que a las chicas aceptar como propios roles que social-mente son considerados    masculinos (p = .046), (v&eacute;ase <a href="#t1">Tabla 1</a>). Concordantemente, al analizar    las escalas masculinidad y feminidad que componen el BSRI, los valores obtenidos    por las mujeres en la Escala Femineidad fueron superiores a los de los varones    (t=6.06) y los valores de los varones en la escala Masculinidad fueron superiores    a los obtenidos por las mujeres en la misma escala (t=8.25). Esto ser&aacute;    retomado en el siguiente punto como elemento de validaci&oacute;n te&oacute;rica    de la adaptaci&oacute;n del constructo. En este sentido, dicho resultado es    interpretado como un indicador conductual de la necesidad que tienen los adolescentes    por asumir roles sociales estereotipados para su propio g&eacute;nero en un    proceso paulatino de inserci&oacute;n social y de consolidaci&oacute;n de una    identidad de g&eacute;nero definitiva. </p>     <p>    <center><a name="t1"><img src="img/revistas/rlps/v39n3/1a07t1.gif"></a></center></p>     <p>Por su parte, Bem hall&oacute; en la muestra con estudiantes universitarios    de Stanford que el 39% de las mujeres eran clasificadas como femeninas, un 30%    de andr&oacute;ginas, seguidas de un 18% de indiferenciadas y un 12% de masculinas.    Al realizar una comparaci&oacute;n entre las adolescentes argentinas y las norteamericanas    (ver <a href="#t2">Tabla 2</a>), se puede notar que las adolescentes norteamericanas    tienden a aceptar roles masculinos (30% andr&oacute;ginas y 12% masculinas)    con mayor facilidad que las argentinas (19,7% andr&oacute;ginas y 12,3% masculinas),    lo cual indica conductualmente que las adolescentes argentinas son m&aacute;s    estereotipadas en su identidad de rol femenino que sus pares norteamericanas.    En cuanto a la poblaci&oacute;n masculina, Bem inform&oacute; que el 42% de    los varones americanos eran como femeninos. La secuencia descripta es la masculinos,    un 20% eran andr&oacute;ginos, un 27% misma que la hallada en la muestra argentina    eran indiferenciados y un 12 % eran clasificados (<a href="#t3">Tabla 3</a>).  </p> <b>      <p>    <center><a name="t2"><img src="img/revistas/rlps/v39n3/1a07t2.gif"></a></center></p>      <p>    <center><a name="t3"><img src="img/revistas/rlps/v39n3/1a07t3.gif"></a></center></p> </b>      <p><em>Confiabilidad y Validez</em></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con los datos obtenidos se analiz&oacute; la confiabilidad del    instrumento mediante el coeficiente Alpha Cronbach. Se obtuvo tal coeficiente    para las categorias de feminidad y masculinidad de varones y mujeres. La consistencia    interna result&oacute; satisfactoria (<a href="#t4">tabla 4</a>). Asimismo,    se analiz&oacute; la correlaci&oacute;n de cada it&eacute;m con ambas escalas    para corraborrar que pertenecieran a al escala apropiada. </p>     <p>    <center><a name="t4"><img src="img/revistas/rlps/v39n3/1a07t4.gif"></a></center></p>     <p>Se obtuvieron los coeficientes de correlaci&oacute;n para cada    &iacute;tem de la adaptaci&oacute;n del cuestionario original con ambas escalas    (masculinidad y feminidad) con el objeto de constatar o refutar que en la muestra    argentina, pertenecieran efectivamente a la misma escala que en la muestra norteamericana    (<a href="#t5">tabla 5</a>). Tal como se esperaba, los &iacute;temes femeninos    presentan mayor coeficiente de correlaci&oacute;n con el valor obtenido en la    escala femineidad. Los &iacute;temes 50, 53 y 56, fueron las excepciones a dicha    escala. Por lo tanto, en la muestra argentina los adjetivos: &uml;cr&eacute;dulo&uml;,    &uml;infantil&uml; y &uml;que no usa lenguaje vulgar&uml;, correlacionaron m&aacute;s    con la escala masculinidad. Se realiz&oacute; el mismo procedimiento para con    los &iacute;temes masculinos (v&eacute;ase <a href="#t6">Tabla 6</a>). Respecto de &eacute;stos,    se puede observar que los &iacute;temes 19 (&uml;dispuesto a arriesgar-se&uml;)    y 37 (&uml;anal&iacute;tico&uml;) no presentaron un coeficiente de correlaci&oacute;n    muy distinto en ambas escalas, por lo que se podr&iacute;an considerar neutros    y no masculinos. Es decir que las adolescentes argentinas se consideran tan    arriesgadas y anal&iacute;ticas como los varones, siendo &eacute;sta una diferencia    con la sociedad norteamericana. Sin embargo, dado que eliminarlos o reemplazarlos    alterar&iacute;a sustancialmente el instrumento original, se decidi&oacute;    conservarlos en la escala masculinidad. </p>     <p>    <center><a name="t5"><img src="img/revistas/rlps/v39n3/1a07t5.gif"></a></center></p>      <p>    <center><a name="t6"><img src="img/revistas/rlps/v39n3/1a07t6.gif"></a></center></p>     <p>DISCUSI&Oacute;N </p>     <p>Con el objeto de obtener un instrumento que permita estudiar identidad    de g&eacute;nero en adolescentes argentinos se adapt&oacute; el instrumento    BSRI y se lo administr&oacute; a una muestra de 434 adolescentes de ambos sexos    comprendidos entre los 13 y los 20 a&ntilde;os (media de edad: 15,92 y desviaci&oacute;n    t&iacute;pica: 1,433). Los resultados obtenidos indicaron que alrededor del    40% de los adolescentes de la muestra, se identific&oacute; con los estereotipos    sociales para su propio g&eacute;nero. De ello se infiere que los adolescentes    se identificaron m&aacute;s con lo que socialmente se espera de ellos, que con    la posibilidad de integrar aspectos socialmente considera-dos del otro g&eacute;nero.    Esto concuerda con las teor&iacute;as que sostienen que durante la adolescencia    la estereotipia sobre el g&eacute;nero permite la construcci&oacute;n paulatina    de una identidad, con sus consecuentes identificaciones y que a ello se debe    que los adolescentes se agrupen con pares del mismo sexo (Blos, 1981; Erikson,    1968; Quiroga 1997; Ubillos &amp; Navarro, 2004). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El mayor porcentaje de las mujeres de la muestra se ubic&oacute;    en la clase femenina y el mayor porcentaje de varones lo hizo en la clase masculina.    Ello podr&iacute;a deberse a la necesidad de asumir roles sociales estereotipados    en su propio g&eacute;nero, como resultado de una pauta identificatoria t&iacute;pica    de las primeras subfases de la adolescencia. Sin embargo, al indagar la &uml;androginia&uml;    (posibilidad de integrar aspectos del otro g&eacute;nero) existe una diferencia    significativa (p = .046) entre los varo-nes y las mujeres argentinos. A los    varones argentinos les resulta m&aacute;s sencillo integrar aspectos femeninos    (andr&oacute;gino: 28,5%), que a las mujeres considerar como propios ciertos    aspectos masculinos (andr&oacute;gino: 19,7%). Esta diferencia podr&iacute;a    deberse a una pauta de nuestra cultura, que considera socialmente negativo que    una mujer tenga caracter&iacute;sticas &uml;masculinas&uml;, mientras no sucede    lo mismo cuando es el hombre el que presenta caracter&iacute;sticas del otro    g&eacute;nero. Recordemos que las caracter&iacute;sticas femeninas del BSRI    se refieren a cualidades que se relacionan con la expresi&oacute;n de los afectos:    &uml;afectuoso&uml;, &uml;tierno&uml;, &uml;sensible a las necesidades de los    dem&aacute;s&uml;, &uml;comprensivo&uml;, etc; mientras que algunas de las caracter&iacute;sticas    mascu-linas del BSRI son &uml;agresivo&uml;, &uml;en&eacute;rgico&uml;, &uml;individualista&uml;,    &uml;dominante&uml; etc. Por lo tanto, se podr&iacute;a inferir que, en nuestra    sociedad, un adolescente var&oacute;n puede expresar sus afectos y ser tierno    y cari&ntilde;oso sin que ello implique una renuncia a su masculinidad, mientras    que en las mujeres argetinas el hecho de ser agresivas, dominantes &oacute;    en&eacute;rgicas las descalifica como &uml;femeninas&uml;, ya que parece ser    que socialmente femineidad se asocia a docilidad y sumisi&oacute;n. Ahora bien,    la observaci&oacute;n de que los varones argentinos integran m&aacute;s f&aacute;cilmente    los aspectos del otro g&eacute;nero, que sus pares femeninas, tambi&eacute;n    nos interesa a los fines de conocer si sucede lo mismo en la muestra masculina    norteamericana. Ello permitir&iacute;a conocer si la diferencia es entre g&eacute;neros    (masculino/femenino); es decir si se mantiene la misma observaci&oacute;n en    la muestra norteamericana o bien si se trata de una diferencia cultural (argentina/    EEUU) que hace que los varones argentinos sean m&aacute;s expresivos que sus    pares norteamericanos. Al estudiar a la poblaci&oacute;n masculina de ambas    muestras, hallamos que las discrepancias se ubican en las categor&iacute;as    de femenino, masculino y neutro. Los resultados obtenidos en la muestra argentina    - indican que los adolescentes argentinos se consideran menos femeninos, menos    masculinos y m&aacute;s andr&oacute;ginos que los norteamericanos (andr&oacute;gino:    28,5% y 20% respectivamente).Al mismo tiempo los &iacute;temes &uml;cr&eacute;dulo&uml;,    &uml;infantil&uml; y &uml;que no usa lenguaje vulgar&uml;, agrupados en la escala    de femineidad en el instrumento original; no correlacionaron con dicha escala,    sino con la de masculinidad; lo que podr&iacute;a indicar que los varones argentinos    tienen m&aacute;s incorporados a su personalidad ciertos aspectos que en la    sociedad norteamericana se consideran privativos de las mujeres. </p>     <p>Todos estos elementos podr&iacute;an corroborar estudios previos    (Fern&aacute;ndez, Alvarez, Velasquez &amp; Ruiz, 2002; P&aacute;ez &amp; Fern&aacute;ndez,    2004; Zubieta, Fern&aacute;ndez, Vergara, Mart&iacute;nez &amp; Candia, 1998)    en los cuales se ha afirmado que los pa&iacute;ses latinoamericanos privilegian    comportamientos ligados a patrones estereotipadamente femeninos, lo cual indica    una mayor pertenencia a una cultura en la cual la armon&iacute;a interpersonal,    el cuidado por el m&aacute;s d&eacute;bil y las relaciones comunales son privilegiadas    por sobre la instrumentalidad y los logros individuales. </p>     <p>En pa&iacute;ses como Chile, Costa Rica, Holanda y Escandinavia    tambi&eacute;n se han hallado altos &iacute;ndices de femineidad por lo cual    son considerados poco competitivos y m&aacute;s permisivos (P&aacute;ez &amp;    Fern&aacute;ndez, 2004). En estos pa&iacute;ses los varones no se sienten presionados    a responder machistamente para ser considerados valiosos. </p>     <p>As&iacute;, a pesar de la segregaci&oacute;n de g&eacute;nero    m&aacute;s elevada, los habitantes de latinoamericanos, valoran m&aacute;s el    comportamiento social femenino (tanto en hombres como en mujeres), mientras    que otros estudios sugieren la existencia de niveles m&aacute;s altos de masculinidad    en los pa&iacute;ses individualistas (Basow, 1986; Sugihara &amp; Katsurada,    1999). </p>     <p>Esta hip&oacute;tesis ha sido corroborada en nuestra muestra ya    que al estudiar ambas muestras (argentina y norteamericana) en cuanto a las    diferencias de medias, se advierten diferencias significativas en la escala    masculinidad, tanto en hombres como en mujeres; siendo las medias de la muestra    argentina m&aacute;s bajas en masculinidad que las informadas por Bem en la    muestra norteamericana.</p>     <p>En este sentido, interpretamos que la mayor plasticidad de los    varones argentinos para integrar sus aspectos femeninos puede ser considera-da    como la consecuencia de pertenecer a un pa&iacute;s colectivista y m&aacute;s    femenino que EEUU. </p>     <p>Si se comparan los resultados en las muestras femeninas argentina    y norteamericana, se puede observar que existe entre ambas poblaciones una diferencia    en las clases neutro e indiferenciado. En la muestra norteamericana es mayor    la cantidad de mujeres andr&oacute;ginas (30%) que en la muestra argentina (19,7%),    mientras que en la muestra argentina es mayor la cantidad de mujeres indiferenciadas    (26%) que en la muestra norteamericana (18%). Probablemente, la diferencia de    porcentajes se debe a que la muestra norteamericana incluye a adolescentes tard&iacute;as    (universitarias), fase en la cual hay una mayor definici&oacute;n de la identidad    sexual y del g&eacute;nero, y por lo tanto, existe tambi&eacute;n una mayor    posibilidad de identificarse con rasgos socialmente considerados del otro g&eacute;nero    (androginia). </p>     <p>Por otra parte, recordemos que la categor&iacute;a de sujetos    &uml;indiferenciados&uml; se refer&iacute;a a una debilidad en las identificaciones    con ambos sexos y que, tal como se expuso las adolescentes de la muestra (media    de edad: 15,92) se caracterizan por identificaciones transitorias, lo cual probablemente    hace que se hayan ubicado en valores bajos de la escala en las 60 caracter&iacute;sticas    presentadas. </p>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>Amancio, L. (1993). Stereotypes as ideologies: the case of gender    categories. Revista de Psicología Social, 8,163-170.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0120-0534200700030000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Basow, S.A. (1986). Correlates of Sex Typing in Fiji. Psychology    of Women Quarterly, 10, 429-442.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0120-0534200700030000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Behar, R., de la Barrera, M. & Michelotti, J. (2001). Identidad    de género y trastornos de la conducta alimentaria. 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Características    clínicas e identidad genérica en subtipos de trastornos de la conducta alimentaria.    Revista Médica de Chile, 131 (7), 748-758.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0120-0534200700030000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bem, S.L. (1974). The measurement of psychological androgyny.    Journal of Consulting and Clinical Psychology, 42(2), 155-162.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0120-0534200700030000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bem, S.L. (1981). The Bem Sex Role Inventory. Menlo Park, CA:    Mind Garden.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-0534200700030000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Blos, P. (1981). Psicoanálisis de la adolescencia (3ª ed.). México:    Editorial Joaquín Mortiz.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0120-0534200700030000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Damji, T. & Lee, C.M. (1995). Gender role identity and perceptions    of Ismaili Muslim men and women. 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Robinson, P.R. Shaver & L.S. Wrigstman (Eds.).    Measures of personality and social psychological attitudes v.1. San Diego: Academic    Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-0534200700030000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lorenzi Cioldi, F. (1993). Aprés les genres: L’androgynie. Revista    de Psicología Social, 8 (2), 153-162.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0120-0534200700030000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Meyer, C., Blisset, J. & Oldfield,C. (2001). 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(1997). Changes in masculine and feminine traits over    time: A meta-analysis. Sex Roles, 36(5/6), 305-325.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-0534200700030000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ubillos, S. & Navarro, E. (2004). Adolescencia y Educación Sexual.    En, D. Paez, I. Fernandez, S.Ubillos & E. Zubieta (Coord). Psicología Social,    Cultura y Educación (pp.226-259). Madrid: Pearson.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-0534200700030000700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vega, V. (2004). Epidemiología de los Trastornos de la Conducta    Alimentaria (TCA) en población escolar adolescente. Memorias de las XI Jornadas    de Investigación de la Facultad de Psicología de la UBA. Psicología, sociedad    y cultura, 1, 94-95.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-0534200700030000700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vega, V. & Quiroga, S. (2003). Trastornos alimentarios e Imagen    Corporal en mujeres adolescentes. Memorias de las X Jornadas de Investigación    de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, &quot;Salud, Educación,    Justicia y Trabajo. 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